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el barrio de génesis


[Marcelo Pinto E.] Cómo se vive (o sobrevive) en la población de Génesis, la niña raptada. Traficantes de drogas y pandillas de niños armados aterrorizan a los vecinos.
Las siluetas de los niños se distinguen apenas en la oscuridad. Están encaramados en la parte trasera de un viejo camión fletero y juegan felices... Como si no percibieran el frío otoñal que por las noches hace castañetear los dientes en la villa Cousiño, de Peñalolén.
"¡Yo conozco a la Génesis!", advierte uno de los menores al ver la cámara de La Segunda. "¡Queremos que vuelva. Es nuestra amiga!", reclaman a coro los otros chicos.
La soledad en que se divierten los pequeños es sólo aparente. En cuestión de segundos, varios adultos se acercan y preguntan con suspicacia por qué los niños son fotografiados. Para estar seguros, exigen credenciales.
Los vecinos de la población están espirituados. Con justa razón, temen que el impactante caso de Génesis S.M. (6) pueda repetirse.
La pequeña, que vive en la avenida Caracas de la villa, desapareció el 29 de mayo. El viernes pasado, vale decir 3 días después, fue encontrada por dos carabineros, cerca de las piscinas decantadoras de la quebrada de Macul, a unos 5 kilómetros de su hogar.
Génesis permanecía acurrucada junto a unas piedras. Llevaba puesto sólo un chaleco, tenía hipotermia y estaba semiinconsciente. Exámenes posteriores permitieron concluir que fue víctima de un ataque sexual.
La menor sobrevivió al brutal rapto y se recupera con extraordinaria rapidez en un hospital, mientras la policía trata de identificar y detener a el o los responsables del ataque.
El calvario vivido por la pequeña sacó a la villa Cousiño de su virtual anonimato. Hasta antes del caso de Génesis, el sector sólo había captado la atención pública por ser el barrio de origen de ‘Carlitos Joya' y Mario Améstica, dos de los autores del gran robo al Banco Bice de Vitacura, registrado en mayo de 2004.
La población, donde viven unas 6 mil personas, limita por el norte con Lo Hermida, escenario habitual de violentas protestas en fechas emblemáticas como el 11 de septiembre. Por el sur, el conjunto colinda con la viña Cousiño-Macul, de donde proviene su nombre.
Los pasajes de la población son estrechos e intrincados. Muchas de las casas y departamentos lucen un aspecto deteriorado, a pesar de que en promedio tienen sólo 15 años de antigüedad.
Los graffitis afean la mayor parte de las murallas. Los árboles y áreas verdes, en cambio, escasean.
"Es uno de los sectores más pobres que tenemos en la comuna, donde se concentran algunas dificultades", resume el alcalde de Peñalolén, Claudio Orrego (DC).

‘El Garra' Tiene 12 Años: Es Uno de los Más Temidos
Uno de los principales problemas es la delincuencia.
En el sector hay varios niños y adolescentes que aterrorizan a los vecinos con sus fechorías. Cogotean, roban en las casas, consumen droga en plena calle y a veces hacen ostentación de las armas que poseen.
"Todos los conocemos. A veces se los llevan presos, pero como son menores salen libres al tiro. Tienen entre 8 y 14 años más o menos. Se pasean con cuchillos y de repente hasta con pistolas. De repente andan solos. Otras, en pandilla", asegura una mujer que vive a pocas cuadras de la casa de Génesis.
Uno de los más temidos es ‘El Garra', de unos 12 años. El menor no va al colegio y su padre está en la cárcel, según los vecinos. Otros adolescentes que siembran el miedo en el sector son ‘El Teta', ‘El Potito Rico' y ‘El Cisarro'.

Pobladores: Venta de Drogas Se Concentra en Tres Calles
En el barrio también hay traficantes. Las calles donde más droga se vende son Afluente, Zulia y Montería, conforme al testimonio de los escasos vecinos que, sobreponiéndose al miedo, aceptan hablar del tema.
"Hay focos de microtráfico. Lamentablemente para la policía no ha sido tan fácil desarticularlos, aunque les han dado algunos golpes y hoy se sienten más acorralados que hace un año. Esperamos que logren desbaratarlos", comenta el alcalde Orrego.
Como ocurre en otros barrios periféricos, los narcos de la villa tienen una cierta estructura jerárquica. "Están los que andan en la calle vigilando. Esos son los soldados. A muchos les pagan con droga. Los otros, que están más arriba, son los que venden. Se mueven en las calles como si fueran los dueños", cuenta un vecino.
Las operaciones se desarrollan por lo general al interior de las guaridas de los traficantes. Pero las transacciones en plena calle no son raras, según los pobladores.
"A mí una vez me tocó ver cómo cortaban droga encima del capó de un auto con una tarjeta. Yo pensaba que era azúcar. Pero me explicaron que era cocaína", relata una residente.
Los traficantes se enfrentan ocasionalmente a tiros, pero en la villa reconocen que las balaceras no son tan frecuentes como en las poblaciones del área sur de Santiago.
Sin embargo, igual que sus colegas de otros barrios, los narcos de la Cousiño suelen hacer ostentación de su mejor nivel de vida frente a la inmensa mayoría de pobladores que sobrevive, a duras penas, con trabajos honestos.
"Se pasean en autos último modelo y motos. Mucha gente siente envidia y termina metiéndose en esa cochinada. Son un mal ejemplo", se lamenta una vecina.
En un recorrido por la población, La Segunda observó a varios jóvenes que parecían montar "guardia" en distintas esquinas. "Andan sapeando", comentaban entre dientes cuando veían la cámara de nuestro diario.
Los pobladores coinciden en que los problemas de criminalidad se sienten con mayor fuerza en el sector 3 del conjunto, que corresponde justamente al barrio donde está el hogar de Génesis.

Tragamonedas Son el Principal Pasatiempo
La criminalidad no es la única cruz que dobla la espalda de los residentes de la villa. La pobreza, en el amplio sentido de la palabra, también los agobia.
Los ladrillos de las casas y departamentos disfrazan la falta de recursos que mantiene a muchas familias al borde de la miseria.
"Acá hay que rebuscárselas para ganar platita. Yo, por ejemplo, todas las tardes vendo empanaditas fritas a 150 pesos en la calle. Tengo un carrito, pero mi sueño es tener un techito para protegerme. Me hago mis billetitos", cuenta Roxana Toro, mientras un sartén repleto de aceite hierve frente a sus narices.
Entre los vecinos hay muchos obreros, artesanos, nanas y pequeños comerciantes. Prácticamente en cada cuadra de la población se levantan minúsculos almacenes donde, además de abarrotes, existen tragamonedas.
Las máquinas son el pasatiempo favorito en el barrio. Niños, dueñas de casa y ancianos apuestan con frenesí. "Es bueno. Uno puede ganar sus moneítas... Claro que a veces también se pierde", reconoce Juan, un pequeño que es habitué de las máquinas.
Los chicos son habitualmente quienes más resienten la pobreza y la marginalidad. Unos abandonan el colegio por diversas razones. Otros crecen en el seno de familias que no siempre los cuidan adecuadamente. "También hay embarazos adolescentes", acota el alcalde Orrego.
"La Génesis andaba a veces toda cochina por la calle. Pidiendo plata y hasta comida. Hasta las tantas de la noche. Muchos papás tienen botados a sus cabros", asegura una pobladora.
La directora de la escuela básica del barrio, Patricia Mättig, reconoce que las familia idílicas no abundan en el sector, pero advierte que el maltrato infantil se da muy raramente: "Creo que sólo en una ocasión me ha tocado saber de un alumno golpeado".
Sin embargo, los menores se ven muchas veces obligados a convivir con situaciones de violencia en su vida diaria.
"Da lata. Hay cabros malos que roban o te molestan. A veces prefiero no salir y quedarme encerrada en mi casa", cuenta una adolescente, mientras apura el paso por calle Caracas para alejarse de un niño que -según ella- "es asaltante".
Refugiada en su casa -fría como un témpano-, la madre de la chica reflexiona con desesperanza: "A mí no me gusta vivir aquí. Si tuviera plata, me iría. Pero somos pobres y tenemos que aguantarnos. No queda otra".

Construirán Cuartel Policial
En avenida Los Presidentes hay una cancha de fútbol donde los partidos se suceden uno tras otro. Fue inaugurada hace pocos meses, tiene pasto sintético y es uno de los chiches de la población.
"Este verano tuvimos ahí a 190 niños en escuelas de fútbol. Hemos llevado adelante una intervención significativa en la villa. La gente desesperanzada está viendo ahora la luz al final del túnel", afirma el alcalde Claudio Orrego.
El jefe comunal anuncia que este año se construirá en la villa una subcomisaría de Carabineros. "Es una inversión de $1.100 millones. Habrá 100 carabineros nuevos", detalla. Este cuartel se sumará a la actual comisaría de la comuna, ubicada en Consistorial, a una distancia considerable de la población.
La creación de la Oficina Comunal de Protección de Derechos de la Infancia es otro avance que él destaca: "Ahí se atiende a niños que han infringido la ley, que trabajan, están fuera del colegio o han sido violentados física o sexualmente. No son sólo de la villa Cousiño. Vienen de toda la comuna".
Tanto o más que las obras de mejoramiento en la Cousiño, el alcalde valora la creciente organización de los pobladores. "Antes casi no había trabajo comunitario. Ahora tenemos tres juntas de vecinos activas", cuenta.

Guardería para que Madres Puedan Trabajar
Una de las juntas, llamada 10 de Abril, es encabezada por José Vásquez. "Estamos haciendo cosas para mejorar la vida en nuestro barrio. Tenemos muchas ideas. Una es instalar una clínica veterinaria para esterilizar a las perritas y propiciar una tenencia responsable de mascotas", cuenta.
Entre sus proyectos regalones está la guardería infantil, acondicionada en la misma sede de la junta. "Atendemos a 30 niños de 2 a 4 años para que sus mamás salgan tranquilas a trabajar. Les damos comida, tienen juguetes y los cuidan dos tías".
Dentro de poco se instalarán en el mismo recinto 4 computadores con internet. "La idea es ir avanzando en la alfabetización digital de los vecinos. ¡Tenemos que avanzar!".
-¿No temen que se los roben?
-Estamos concientizando a los vecinos. Hay que convencerlos de que si suena la alarma, tienen que salir con lo que sea a defender lo que es suyo.

10 de junio de 2007
©la segunda
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