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un bestial tipo de crueldad


[John M. Glionna] Matan a animales de granja disparando al paso, en una creciente ola de violencia. Los hechores sólo arriesgan cargos de vandalismo.
Las águilas ratoneras llevaron a Nick Bursio hacia su preciada ternera. Encontró el cuerpo sobre un promontorio en el campo, con un agujero de bala cerca del corazón.
Bursio había oído hablar de animales matados por cuatreros, para comérselos. Pero hasta esa mañana de mayo nunca había imaginado algo tan carente de sentido como disparar contra el ganado, simplemente para verlo morir.
"Tenía un sentimiento de vacío en mi estómago, de ver a esa ternera muerta, con su madre mugiendo cerca de ella", dijo el ranchero del condado de Sonoma. "Pensé, ¿qué está pasando con la gente aquí?"
Las autoridades están buscando al tipo que dispara al pasar contra las vacas cuando estas pastan apacibles en las onduladas tierras de pastos a 50 kilómetros al norte de San Francisco. Desde febrero se han encontrado cinco vacas muertas en dos condados, ultimadas con balas de pequeño calibre diseñadas para infligir dolor y sufrimientos prolongados.
En todo el país un creciente número de casos de crueldad contra animales han sido registrados fuera de los límites urbanos: Caballos, vacas, cabras y otros animales de granja, dicen las autoridades, en actos cometidos a menudo por jóvenes resentidos y despiadados, quizás motivados por desafíos.
Aunque no existen estadísticas sobre estos delitos, los diarios detallan decenas de casos. En el otoño pasado, dos estudiantes universitarios de Texas fueron acusados de acuchillar en el cuello de un caballo antes de enterrarle en el corazón el asa de un palo de golf. En 2005 en Pensilvania, tres hombres que conducían un coche robado por diversión mataron a un poni llamado Ted E. Bear que pertenecía a un niño de cuatro años.
El año pasado, dos adolescentes de Tenneessee mataron a balazos a veinticuatro vacas, muchas de ellas preñadas. "Sólo querían ver qué se sentía matando vacas", dijo el sheriff del condado de Hickman, Randal Ward.
California también ha tenido su cuota de violencia rural. Además de los disparos contra el ganado en el norte de California, la policía de Oakland está investigando el asesinato en mayo de quince cabras, matadas cada una de un balazo en la cara cuando estaban acurrucadas en un redil portátil. Los agentes dijeron que los vecinos habían llamado para denunciar "el llanto de bebés".
Los detectives del condado de Fresco arrestaron en 2005 a dos grupos de adolescentes por disparar contra dos docenas de vacas y caballos. En 2003, dos hombres del condado de Sonoma usaron sus coches para arrollar y matar a un caballo llamado Gentle Song.
Sin embargo, el asesinato de animales de granja grandes no recibe demasiada atención en Estados Unidos, donde se reservan las protestas más estridentes para el asesinato de mascotas y otros animales domésticos en los suburbios. Hace poco, Michael Vick, el zaguero del fútbol americano profesional que llegó a primera plana acusado de gestionar una granja para peleas de perro.
Aunque 43 estados han aprobado leyes contra la crueldad contra los animales, rara vez se extienden al ganado -en parte gracias al poderoso lobby de los ganaderos-, provisto que los rancheros observen "prácticas aceptadas de ganadería".
En California, una ley del estado ofrece alguna protección a animales de granja grandes, pero su implementación varía de condado a condado. Como resultado, los fiscales en casos de granjas a menudo se contentan con sentencias por cargos menores de vandalismo.
"Los animales criados comercialmente tienen muy pocas protecciones legales contra la crueldad", dice Gene Baur, presidente de Farm Sanctuary, un grupo que organiza campañas contra la crueldad contra los animales de granja. "Delata un prejuicio contra algunos animales que no está basado en una apreciación racional sobre su capacidad de sentir dolor, sino en el uso que les tenemos reservado".
Algunos estudios sugieren que los jóvenes que cometen actos de crueldad contra los animales a menudo comenten actos criminales violentos cuando alcanzan la madurez. Entre los que atacaron a animales antes de convertirse en asesinos en serie se encuentran Jeffrey Dahmer, Ted Bundy y Albert DeSalvo, el Estrangulador de Boston.
El asesinato al azar de animales más grandes indica una inquietante psicología que los expertos están recién empezando a entender. Incluso cuando son capturados, muchos jóvenes se niegan a hablar sobre sus crímenes.
"Cuando hablas con los chicos y les preguntas por qué lo hicieron, la respuesta más común es que estaban aburridos", dijo Randall Lockwood, vicepresidente de las campañas contra la crueldad de la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad contra los Animales. "Obviamente tienen problemas. La mayoría de los adolescentes que se aburren juegan al baloncesto o van al cine; no se entretienen matando caballos y vacas".
"Pero no les oirás decir: ‘Me siento mal en esta sociedad y este es mi modo de expresarlo'", dijo.
Sin embargo, los investigadores están elaborando un perfil de personalidad de los que matan a animales grandes fuera del contexto de la caza legal. Los abusadores que atacan al ganado actúan movidos por otros motivos que los que prefieren a los animales más pequeños, dice Mary Lou Randour, director nacional de relaciones entre humanos y animales de la Sociedad Protectora. "Dar vueltas en coche buscando a animales que matar es una acción planeada y metódica, que podría ser todavía más patológica y peligrosa. Estos animales pueden ser substitutos del blanco real: un ser humano".
En enero, un niño de dieciséis del condado de Humboldt fue sentenciado a quince años de prisión por el asesinato de un vagabundo. Antes esa misma noche, el adolescente había disparado una docena de balazos contra una vaca, impactándola en la cara y un ojo y destrozándole una oreja, informaron las autoridades.
Semejante violencia preocupa a Cindy Machado, detective de la Sociedad Protectora del condado de Marin. Recorriendo los caminos del condado en su camioneta azul de control animal, está investigando cuatro casos de asesinatos de ganado en el área de San Francisco.
"¿Qué tipo de cobarde se escabulle hasta aquí para meterle bala a esas criaturas?", dice, acercándose hacia unas vacas lecheras que la observan con cautela. "Son grandes y amistosas. No huyen".
En mayo, después de que Bursio encontrara muerta a su vaca charolesa de 270 kilos, Machado llamó al condado de Fresno, donde los detectives habían resuelto en 2005 una serie de asesinatos de animales de granja.
Dice que los casos son similares: "Implican tres factores: armas y niños y caminos secundarios. Es un desastre que está esperando ocurrir".

Craig Allen recuerda que el potrillo no se estaba comportando normalmente: Se negaba a acercarse a la valla junto al camino en el Old English Rancho, una granja de caballos de pura raza en el condado de Fresno.
Los trabajadores encontraron al animal sangrando de una herida de bala en sus nalgas. Allen, el encargado que es responsable de seiscientos caballos, corrió a controlar a los otros potrillos.
Fue el principio del día más terrible de su vida.
Encontró a otro caballo con un ataque de pánico, con un impacto de bala en el cuello y una huella de sangre que caía sobre su pecho, y ayudó a llevar al asustado animal a los establos. Allá, varios hombres sujetaron al caballo mientras un veterinario trataba de pasar un tubo traqueal por su garganta.
Murió a los pocos instantes. "Se ahogó en su propia sangre", dijo Allen.
Ese año, 2005, varios caballos fueron asesinados en el condado de Fresno, entre ellos dos potrancas. Algunos meses antes del ataque contra el Old English Rancho, un ranchero encontró a una de sus vacas yaciendo de costado y dando patadas en el aire, la sangre manando de una herida de bala en su cuello. Otra vaca estaba paralizada. Las dos tenían impactos de bala en la nuca. En total, en cuatro meses desconocidos mataron a dieciséis vacas pertenecientes a varios ganaderos.

Las autoridades arrestaron a dos adolescentes por el caso de las vacas. La familia de uno de ellos guardaba en casa veintiséis armas de fuego.
Pat Sample perdió ocho piezas de ganado a manos de francotiradores. En tribunales, un juez ordenó que los chicos pidieran excusas, pero el ranchero se negó a oírlos. "Le dije al juez que había algo fundamentalmente mal en nuestra sociedad para que los chicos actuaran de ese modo", dijo. "¿Por qué lo hacen?"
Poco después de las detenciones en el caso de las vacas, dos adolescentes fueron condenados en un caso de asesinato de caballos: el atacante y un cómplice. El chico de diecisiete mantuvo su inocencia y se negó a hablar con un psicólogo proporcionado por el tribunal.
Un abogado de uno de los chicos dice que no entiende la motivación de semejantes ataques.
"En el campo, los niños se crían con armas. Disparan contra ardillas y coyotes como parte del control de los depredadores, así que para ellos la idea de disparar desde un vehículo no es extraña", dijo el abogado Mark Coleman. "Sin embargo, no puedo imaginar cómo ocurre la transición hacia disparar contra el ganado".
George Kayian, ex fiscal asistente del condado de Fresno que procesó a los adolescentes del Valle Central, dijo que no tenían demasiado control de parte de los adultos y accedían demasiado fácilmente a las armas. "Ves algo y le disparar, y luego conduces por la carretera para reírte un rato más", dijo Kayian, que lleva ahora un bufete privado. "Ese problema es de otros".
Algunos investigadores dicen que la sociedad está empezando a adoptar una postura más severa sobre ese tipo de crueldad. Después de que dos estudiantes universitarios acuchillaran a una yegua americana de catorce meses llamada Cowgirl Chic en el otoño pasado, Texas mejoró las protecciones de los animales de granja, creando una definición jurídica de tortura que incluye infligir "dolor o sufrimientos injustificables".
"En la mayoría de los lugares tendrías que esforzarte mucho para que consideren que eres cruel con el ganado", dijo Robert Trimble, abogado de la Red por una Legislación Humana de Texas [Texas Humane Legislation Network], una organización sin fines de lucro que promueve las leyes de protección animal. "La industria tiene miedo de que lo que hacen rutinariamente en la ganadería pueda ser considerado crueldad. Estamos trabajando para dar alguna protección a estos animales".
En el Old English Rancho, el día que murió el potrillo, Allen sacrificó al caballo impactado en las nalgas porque la bala había entrado en el abdomen del animal.
Un tercer caballo, impactado en un omóplato, sobrevivió. Allen dijo: "Los bautizamos Bulletproff" [A Prueba de Balas].

Una mañana de junio, Cindy Machado examinaba un oxidado letrero de carretera amarillo junto a un solitario camino secundario: La imagen del toro tenía un agujero de bala en el corazón. Pasó su mano por los mellados agujeros de bala.
Machado piensa que el letrero fue disparado hace poco y que podría ser una pista.
En los kilómetros de tierras de pastos del condado de Marin que constituyen ahora su escena del crimen, busca huellas que el asesino puede haber dejado en el lugar: una suástica grabada en medio de un camino, buzones de correo destruidos, latas de cerveza vacías apachurradas, el letrero de carretera agujereado a balazos.
También trata de calmar los nervios de enfadados rancheros de la localidad, uno de los cuales sufrió un ataque al corazón después de que mataran a una vaca en sus terrenos.
"Hey, todos estamos perdiendo animales; los matan. Pero estos asesinatos son el colmo", dijo Mike Gale, presidente de la Oficina de Agricultura del condado de Marin. "Los rancheros están indignados. Si agarran a uno de esos chicos, me temo que les pueda pasar algo terrible".
Machado conoce la rabia. Ella era ganadera. Las vacas son más que simplemente bifes andantes, dice. Te acostumbras a ellas, les das nombres.
Fotos de la escena del crimen decoran las paredes de la oficina de Machado. Recorre los caminos con un detector de metal para detectar vainas de bala.
Llevó al refugio donde trabaja el cadáver semi podrido de una ternera para radiografiarlo a la búsqueda de fragmentos de metal: "Estaba buscando una aguja en un pajar. Pero tenía que intentarlo".
Los funcionarios han ofrecido una recompensa de dieciséis mil dólares para los casos de ganado del norte de California. Pero de momento no han surgido pistas.
Pero Machado no se rinde. Una tarde se asomó por la ventanilla de su patrullera y le dio su tarjeta de visita a dos niñas y un niño que estaban alimentado al ganado en la granja de la familia. Cuando se alejaba los observó por el espejo retrovisor.
"Los chicos que están matando animales están allá afuera", dijo. "Espero que los capturemos pronto. Realmente necesitan ayuda".

john.glionna@latimes.com

22 de agosto de 2007
17 de agosto de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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