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saqueo en el cementerio


[Chris Kraul] Una espeluznante ola de crímenes en la capital venezolana nutre al culto de la magia negra, cuya popularidad se funda en la fe y la política.
Caracas, Venezuela. Merodeando a mitad de la noche por la apartada sección llena de maleza de Las Pavas, en el Cementerio Municipal en el sur de la ciudad, ladrones armados de palancas y martillos primero hicieron añicos la bóveda de concreto de la tumba y la lápida de granito que decía: "A mi querida esposa y madre en el cielo, María de la Cruz Agüero".
Luego levantaron la tapa del ataúd y robaron los huesos de las piernas y la calavera de una mujer que había muerto el 9 de septiembre de 1993. Vendieron los huesos en veinte dólares cada uno, y la calavera en trescientos, dijo el padre Atilio González, el sacerdote católico que reside en el cementerio.
A veces roban de las criptas de este cementerio de miles de venezolanos, incluyendo a tres ex presidentes, esqueletos enteros, especialmente de niños.
"Esta gente inescrupulosa están insultando a Dios y cometiendo un pecado mortal", dijo González. Dijo que las tumbas en los cementerios más grandes de la ciudad son robadas todas las noches, y se está poniendo peor. "Ellos tienen toda la libertad para profanar las tumbas porque el gobierno no hace nada para ponerle fin".
La profanación de la tumba de la mujer fue parte de una macabra ola de crímenes, incluyendo atracos, violaciones y tráfico de drogas, que ha transformado al cementerio en un lugar tan peligroso que los empleados de las funerarias dicen que llevan armas cuando tienen que ir allá. Partes del enorme cementerio, especialmente las apartadas colinas reservadas para los pobres, están en ruinas y cubiertas de maleza, ofreciendo un escondite perfecto para gamberros y vagabundos.
En el pasado, cuando se robaban tumbas, el objetivo principal era robar efectos personales, como joyas o empastes dentales de oro, dijo Odalys Caldera, detective de la policía judicial de la ciudad. Hoy, los ladrones están saqueando las tumbas por razones más siniestras.
Los compradores de los huesos son paleros, practicantes de un culto de magia negra relacionada con la santería, cuyo aumento en popularidad aquí es causado por una extraña pócima de fe y política.
"La santería, la brujería y la magia negra ahora son mucho más abiertas. Esa es la razón", dijo Caldera. "Por supuesto, el estado está consciente de los robos, pero no ha tomado los pasos necesarios para ponerle fin".
La santería, que combina el catolicismo con el espiritualismo africano e indígena, llegó al Nuevo Mundo de la mano de los esclavos de África hace siglos y que todavía florece, particularmente en Cuba, Haití, Brasil y, cada vez más, Venezuela. También es popular en regiones de Estados Unidos con fuertes comunidades de inmigrantes caribeños, tales como el sur de Florida, Washington y Los Angeles, donde se cree que la practican cientos de miles de personas.
Aunque la mayoría de los seguidores de la santería evitan el uso de restos humanos y el satanismo, los paleros la adoptaron. Usan los huesos en rituales de magia negra, en los que el objetivo es echar una maldición contra enemigos: inducir la mala suerte en una esposa infiel, un accidente de carretera para parientes políticos indeseados, una enfermedad grave para un competidor en los negocios, dijo González.
La policía, funcionarios de la iglesia e historiadores ofrecen una variedad de teorías sobre el surgimiento de la santería en general y de la magia negra en particular en Venezuela. Algunos, incluyendo al antropólogo Robert Strauss, señalan el vacío dejado por la iglesia católica que, como en muchos otros países latinoamericanos, ha perdido fieles en Venezuela en beneficio de los evangélicos y otras religiones protestantes. La iglesia tampoco logra despertar interés entre la gente más joven.
"Estamos viendo un nuevo sincretismo que reúne partes de diferentes religiones", dijo Strauss, profesor jubilado de la Universidad Central de Venezuela. "Es como la gente se facilitó las cosas a la hora de satisfacer necesidades espirituales".
González reconoció que el país está sufriendo una crisis de fe.
"La gente está perdiendo la fe", dijo. "En lugar de asumir la responsabilidad de hacer algo bueno, recurren a la brujería, que creen que es el camino más fácil".
Pero otros ven la mano de los políticos. El Padre Manuel Díaz es el párroco de El Hatillo, un suburbio de Caracas donde hace poco tres babalaos de santería, o chamanes, abrieron centros de operaciones. Dice que el gobierno del izquierdista presidente Hugo Chávez está estimulando el surgimiento de la santería para contrarrestar la autoridad de la iglesia católica, a la que Chávez percibiría como enemiga.
En una carta pastoral a sus parroquianos del mes pasado, Díaz dice que el gobierno "tiene planes concretos para minar la autoridad de la iglesia y alinear a los fieles con ciertas ideologías". En la carta, escribió que los líderes del movimiento para desacreditar a la iglesia provenían de un "país del Caribe" no mencionado, presumiblemente Cuba.
Aunque la santería y otras religiones espiritualistas han estado presentes en Venezuela desde los días de la Colonia española, el surgimiento de la magia negra, incluyendo la que es practicada por los paleros, es relativamente nuevo, dijo María García de Fleury, profesora de religiones comparativas en la Universidad de New Sparta, en Caracas.
"Siempre hemos tenido un poco de brujería, pero nada como lo que hemos visto hace poco", dijo De Fleury. "Esto no es venezolano".
Sin ofrecer evidencias sólidas, De Fleury y algunos funcionarios de la iglesia culpan de la creciente presencia de la santería a Cuba, de la que dice que está exportando babalaos junto con doctores, maestros y entrenadores en el marco de unas relaciones económicas más estrechas con Chávez.
"Se debe a que el gobierno está detrás de la santería, promoviéndola, dejando entrar a los babalaos cubanos que están haciendo proselitismo muy activamente", dijo De Fleury.
Aunque sin referirse a la santería, Chávez, en una transmisión de febrero de 2003 de su programa de televisión ‘Aló, Presidente', negó que él fuera un creyente de la magia negra. Se sabe que es algo místico, y algunos dicen que cree que es la reencarnación del líder venezolano del siglo diecinueve, Ezequiel Zamora.
"El presidente Chávez, que conoce la mentalidad de los venezolanos, saca ventaja de su imaginación mágico-religiosa para aumentar su popularidad y la de la revolución", dijo en un ensayo poco después de que Chávez asumiera el poder en 1999, la profesora universitaria Angelina Pollak-Eltz.
Yarlin Mejía, empleado de un hotel que es también un babalao en la barriada de Catia, Caracas, dijo que la mayoría de los creyentes en la santería evitaban la brujería. "Los paleros trabajan para el mal", dijo Mejía. "En mi caso es diferente. Yo trabajo con cosas positivas".
Los domingos llega una media docena de personas a casa de Mejía, donde sus ceremonias incluyen ‘magia blanca' -rituales para ayudar a los creyentes a alcanzar objetivos específicos, sea una casa nueva, un mejor trabajo o éxito en la escuela. Usualmente se sacrifica a un pollo. Mejía dice que está creciendo el interés y lo atribuye a la presencia de cubanos.
"Están en todas partes", dijo Mejía.
El Padre González, cuya parroquia incluye a los cientos de miles de difuntos que pueblan el Cementerio Municipal, hizo una aciaga inspección de los terrenos del cementerio para evaluar las pérdidas.
Media docena más de tumbas habían sido profanadas durante el fin de semana en otra sección del cementerio, un lugar con tumbas de pobres donde se han robado el setenta por ciento de las tumbas, dijo.
Dijo que la floja vigilancia policial ha convertido al cementerio, al que dio su corazón y su alma durante dieciocho años, en un escenario frecuente de crímenes. Tres o cuatro atracos a mano armada y varias violaciones al mes.
María Machado, que vino a visitar la tumba de su marido José, que murió en 2000, dijo que temía por su vida cada vez que venía de visita.
"Esto no era así antes, cuando había otro presidente", dijo Machado. La tumba de su marido estaba junto a varias tumbas saqueadas, y una de ellas tenía los restos de un pollo sacrificado en un rito de santería.
"Me preocupa venir un día y descubrir que mi marido ya no está", dijo Machado. Ella y sus dos nietos eran los únicos visitantes de la sección de Las Pavas del cementerio, que cuando fue fundado en 1867 estaba mucho más allá de las fronteras al sudoeste de la ciudad.
Un día hace poco, el cementerio fue el escenario de un macabro ritual que se ha convertido en algo familiar cuando se entierra a un miembro de una pandilla, dijo González. Dio otro ejemplo de la ausencia de la ley aquí.
Durante la procesión funeral de una víctima de un disparo de 25 años, los amigos repentinamente detuvieron al cortejo y sacaron al cuerpo del ataúd para darle una última vuelta por el cementerio en el asiento trasero de la moto de un amigo.
Como homenaje final antes de la sepultura, el difunto recibió el saludo de treinta armas -pistolas disparadas por sus camaradas. Una de las balas perforó el paraguas del Padre González, que oficiaba la sepultura.
"Ahora no solamente sufro por el dolor que sienten los familiares de los muertos", dijo, "sino también por la falta de respeto hacia este lugar sagrado".

chris.kraul@latimes.com

7 de septiembre de 2007
5 de septiembre de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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2 comentarios

Kamagra Jelly -

me parece del peor gusto del mundo profanar un cementerio, es mas me parece que las autoridades del gobierno deberian tomar mas en serio este asunto, no es solo una increible falta de respeto hacia un lugar de descanzo, es una falta de respeto contra le iglesia competente.

ROCÍO -

Dios mío. Quien todavía cree en Dios en este país que protega muy bien a sus hijos y que les hable o abra los ojos sobre el estado de descomposición que estamos viviendo. Cristo nos arrope con su LUZ.
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