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trapos sucios de al qaeda


El castigo por contrariar a un jefe de al Qaeda. Documentos desclasificados hace poco revelan un aspecto poco conocido de la red: una cultura interna que ha sido sorprendentemente burocrática y persistentemente dividida.
[Sebastian Rotella] Londres, Gran Bretaña. Mohammed Atef estaba furioso. El jefe de al Qaeda se había enterado de que un subordinado había violado las reglas repetidas veces. Así que cumplió con su deber como el temido jefe militar de la red terrorista mundial: Escribió un antipático memorándum.
En dos páginas en las que se mezclan floridos términos religiosos con detalladas quejas, el jefe egipcio acusó al militante de sustraer dinero, un coche, un permiso por enfermedad, documentos y un equipo de aire acondicionado durante "una situación de austeridad" para la red. Exigió una detallada carta de explicaciones.
"Estoy muy consternado por lo que has hecho", escribió Atef. "Conseguí 75 mil rupias para tu viaje, con tu familia, a Egipto. Me enteré de que no entregaste el cupón al contable y de que hiciste reservas de otras cuarenta mil rupias y te quedaste con el resto diciendo que tenías derecho a ello... Con respecto al equipo de aire acondicionado...., los muebles usados por los hermanos en al Qaeda no se consideran propiedad privada... Me gustaría que recordáramos, tú y yo, que estas infracciones se castigan".
El memorándum de Atef, que murió luego en el asalto norteamericano contra el refugio afgano de Osama bin Laden en 2001, es uno de los documentos desclasificados hace poco que revelan un aspecto poco conocido de la red. Aunque al Qaeda ha resistido gracias a una estructura suelta y flexible, su cultura interna sin embargo es sorprendentemente burocrática y persistentemente conflictiva, dicen investigadores y expertos.
Los documentos fueron requisados en Afganistán e Iraq y datan de principios de los años noventa hasta el presente. Describen una organización obsesionada con el papeleo y tacaña y aquejada por una dañina propensión a las rencillas.
"El panorama de lucha interna que emerge de los documentos destaca no sólo los fracasos pasados de al Qaeda sino también, y más importante, ofrece una visión de sus debilidades presentes", concluye un estudio de los documentos publicado en septiembre por el Centro de Lucha contra el Terrorismo [Combating Terrorism Center] de West Point. "Hoy al Qaeda está acosada por los retos que salieron a la superficie sobre disputas entre líderes al principio de la historia de la organización".
Después de 2001, funcionarios contraterroristas se esforzaron por entender a un enemigo que ponía en jaque el modo de pensar occidental. En contraste con grupos extremistas patrocinados por estados, al Qaeda era una coalición de redes descentralizadas. En Afganistán, los reclutas tenía acceso a bin Laden y otros cabecillas. A menudo los operativos gozaban de gran autonomía.
Pero el barniz igualitario coexistía con la mentalidad burocrática de los jefes, la mayoría de ellos egipcios con experiencia militar y grupos extremistas altamente estructurados.
"Impusieron la naturaleza ciega y obstinada de la burocracia egipcia", dijo un funcionario antiterrorista británico que pidió permanecer anónimo por razones de seguridad. "Eso se ve en los planes de jubilación que ofrecían, en sus listas de miembros en Iraq, en su actitud insegura sobre sus militantes, las desavenencias entre líderes y facciones".
Como combatientes recién llegados en Iraq hoy, los reclutas de los años noventa rellenaban formularios que eran meticulosamente conservados. Los desgreñados y agotados guerreros sagrados de Afganistán eran pequeños empresarios. Documentaban escrupulosamente sus detalles logísticos -un memorándum notifica el extravío de un rifle Kalashnikov y 125 cartuchos. Se quejaban y reñían por dinero.
En una breve carta de fines de los años noventa, un militante deseaba a Atef "la paz y la piedad y bendición de Dios" y daba "alabanzas al Señor y la salvación de su profeta". Luego va al grano: "Hace tres meses que no recibo mi salario y hace seis que no pago el alquiler... Me pidió usted que se lo recordase; este es un recordatorio".
Un espartano contable egipcio definía las austeras medidas. Mustafa Ahmed Al Yahzid, 52, con formación como contable, dirigió el comité de finanzas de la red entre 1995 y 2007, dijo Rohan Gunaratna, autor de ‘Inside Al Qaeda’.
"Se lo conoce como un administrador muy estricto, que mantiene un rígido control de las finanzas de al Qaeda", dice Gunaratna.
Proliferaban los comités y los títulos. Y durante años los conflictos opusieron al círculo íntimo de bin Laden a las facciones que lo veían como un comandante caótico propenso a cometer errores militares. También lo acusaron, a él y sus lugartenientes de menospreciar a los no-árabes, un persistente punto de conflicto, de acuerdo a un estudio de West Point.
Los desacuerdos eran estridentes. Dos influyentes sirios regañaron a bin Laden "como a un niño desobediente" en un e-mail de 1999, dice el estudio. Le instaron a poner fin a las tensiones con el ulema Omar, el jefe talibán.
"Creo que nuestro hermano [bin Laden] se ha contagiado la enfermedad de las pantallas, de los flashes, de los fans y los aplausos", escribieron los sirios. "Deberías ofrecer excusas por los inconvenientes y presiones que has causado".
Los documentos también sugieren una desgastadora pelea por el control operacional en los últimos años.
Iraq es el mejor ejemplo. El surgimiento de al Qaeda en Iraq bajo Abu Musab Zarqawi atrajo nuevos combatientes y fondos. Pero el iracundo jordano había mantenido su distancia, incluso cuando dirigía su propio campamento de adiestramiento en Afganistán. Mientras los focos se concentraban en él en Iraq, se peleaba con los líderes en Pakistán, que estaban preocupados de que su campaña de atentados y decapitaciones tuviera repercusiones negativas.
Sus intentos por refrenar a Zarqawi son documentados en una carta de un jefe libio conocido sólo como Atiyah. Tropas norteamericanas encontraron la carta de trece páginas en la casa de seguridad donde murió Zarqawi durante el bombardeo de 2006. Atiyah suena un poco como un sabio veterano amonestando y elogiando a la vez a un novato exaltado cuando insta a Zarqawi a mejorar sus relaciones con bin Laden y poner fin a la violencia indiscriminada.
"Querido hermano, hoy eres un hombre público", escribió Atiyah desde Pakistán el 9 de julio de 2005. "Tus acciones, decisiones y conducta significan pérdidas o ganancias no sólo para ti, sino más bien para el islam".
Como se había temido, para cuando murió la campaña de atentados de Zarqawi había debilitado a al Qaeda en Iraq. Tras su muerte, el liderato en Pakistán perdió a un jefe que fue capturado cuando se encontraba en ruta hacia Iraq con la misión de hacerse cargo.
El consejo de Atiyah, que describió la decadencia de los movimientos islámicos argelinos hace una década, sigue siendo relevante, dicen los expertos.
"Se destruyeron a sí mismos con sus propias manos", escribió Atiyah a Zarqawi. "No fueron derrotados por sus enemigos; se derrotaron a sí mismos".

rotella@latimes.com

9 de junio de 2008
16 de abril de 2008
©los angeles times
cc traducción mQh
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