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ladrones de niños en aldeas remotas


Organizaciones dedicadas a la explotación del trabajo infantil llegan hasta remotas aldeas de China.
[David Barboza] Liangshan, China. Las escuelas de adobe y ladrillo en las exuberantes aldeas montañosas de este remoto rincón del sudoeste de China son oscuras y pobres incluso en la mejor de las épocas. En estos días, tampoco tienen alumnos.
Los vecinos dicen que niños de hasta doce años son reclutados por organizaciones de trabajo infantil, provistos de carnés de identidad falsos, y llevados a otras regiones del país a cientos de kilómetros, hacia las prósperas ciudades costeras, donde trabajan en turnos de doce horas para producir una gran parte de los juguetes, ropas y electrodomésticos del mundo.
"El año pasado tenía treinta alumnos. Este año sólo tengo catorce. Todos los otros se marcharon a buscar trabajo", dijo Ji Ke Xiaomin, 35, maestra, cuyos estudiantes en el pueblo de Erwu tienen en su mayoría entre doce y catorce años. "Sabes, somos muy pobres. Algunas familias ni siquiera se pueden pagar una bolsa de sal".
Ahora China está investigando hacia dónde fueron atraídos o incluso secuestrados cientos, quizás miles de niños pobres de la minoría étnica yi, en Ligangshan, para trabajar en fábricas que buscan desesperadamente el tipo de trabajo barato que llevó a China hacia la prosperidad en las últimas dos décadas.
Los reclutadores -que investigadores del gobierno y algunos vecinos definen como estafadores- han conectado a dos partes radicalmente diferentes de la turbulenta sociedad china. Han reunido a minorías étnicas que no conocen el desarrollo económico en sus aisladas comarcas montañesas, y dueños de fábricas en las zonas exportadores en la sureña provincia de Guangdong, cerca de Hong Kong.
Los exportadores luchan por ajustarse a una inflación desatada, una moneda en rápido crecimiento y, con alguna ironía, a una estricta implementación de las leyes laborales que hacen más difícil contratar a trabajadores normales sobre bases temporales. El uso de niños trabajadores de regiones remotas, muchos de los cuales ni siquiera hablan mandarín, el principal dialecto nacional, ha proporcionado una solución provisional, aunque ilegal.
El escándalo sobre los niños de Liangshan salió a superficie a fines del mes pasado, cuando el Southern Metropolis, un diario estatal, informó que unos mil niños en edad escolar de la zona estaban empleados en zonas manufactureras cerca de Hong Kong.
El informe fue profundamente embarazoso para Pekín, que se está preparando para recibir las Olimpíadas y tratando de hacer frente a las críticas internacionales por su manejo de los disturbios en el Tibet. La semana pasada, las autoridades en Liangshan dijeron que habían detenido a varias personas por reclutar a niños y por transportarles ilegalmente a las fábricas.
Y funcionarios en Dongguan, una de las zonas manufactureras donde trabajaban los niños, dijeron que habían "rescatado" a más de ciento sesenta menores de esas fábricas. La edad laboral mínima legal en China es dieciséis años.
Ahora los funcionarios han empezado a minimizar el escándalo, diciendo que hay pocas evidencias de violaciones extendidas de las leyes laborales sobre trabajo infantil. Una barrida policial de dos días de más de tres mil fábricas en Dongguan, que fue realizada después de allanamientos iniciales, sólo logró rescatar a diez niños, dijeron los funcionarios.
Pero vecinos de Liangshan dicen que la terrible pobreza, la drogadicción y la falta de trabajo han obligado a muchos niños a marcharse a las fábricas. A veces lo hacen con permiso de sus padres. En otras ocasiones los niños desaparecen, por propia voluntad o con reclutadores, y luego llaman desde el dormitorio de alguna fábrica a cientos de kilómetros de distancia.
"Cuando se marchó nuestra hija, quedamos preocupados", dijo Qi Ji Gu XI, 42, cuya hija de catorce se marchó en febrero pasado. "No sabíamos dónde estaba. Pero entonces nos llamó y nos dijo que era una trabajadora inmigrante en Guangdong".
Esas historias son frecuentes. En más de dos docenas de entrevistas esta semana, los niños que había retornado de las fábricas hablaron sobre penurias y maltratos. Los padres viven con el terrible conocimiento de que sus hijos han sido atraídos para trabajar en esas fábricas. Y otros vecinos dijeron que las condiciones en esos pueblos en las montañas eran tan espantosamente miserables que los jóvenes piensan que la única alternativa es marcharse de casa.
El miércoles más de diez familias entrevistadas en un lapso de cinco horas en la comuna de Zhaojue, en Liangshan, dijeron que tenían hijos trabajando en fábricas donde a menudo ganan menos de noventa dólares al mes por jornadas de doce horas, siete días a la semana. Incluso si los niños estuvieran en edad de trabajar, la paga, el equivalente de veinticinco centavos la hora, y las condiciones de trabajo contravienen las leyes laborales chinas. En las zonas manufactureras, el salario mínimo oficial es de al menos 65 centavos la hora, y los empleadores deben pagar bastante más por las horas extras.
Ji Ke Ri Sha dijo que había pasado más de un año trabajando en fábricas en varias provincias, incluyendo Shandong y Shanxi. Su familia no podía sobrevivir sólo con la agricultura, dijo, así que buscó trabajo en el mundo exterior. Tuvo cuatro empleos diferentes antes de cumplir sus quince.
"Mi padre estaba preocupado de que me marchara, pero no teníamos dinero", dijo tranquilo, sentado en el suelo de adobe de su casa. "Tenía que marcharme, pero el trabajo resultó muy difícil". Un agente de empleos persuadió a sus padres que podría encontrar en una fábrica trabajo para su hijo. Pero el niño dice que el agente hizo un trato secreto con la fábrica, y se embolsillaba la mitad de la paga del niño como la tarifa que le correspondía como reclutador.
Liangshan, conocida anteriormente como la Prefectura Autónoma de Liangshan Yi, puede haberse convertido en un blanco de las organizaciones dedicadas al trabajo infantil debido a que es un lugar desesperado. Las aldeas, habitadas casi exclusivamente por yi, están a horas de viaje por rutas enroscadas a través de la parte densamente forestal de la provincia de Sichuan. La mayoría de la gente vive del cultivo de arroz en granjas de subsistencia. Otros trabajan en el tráfico de drogas. Una de las principales rutas de la heroína pasa por estas partes en dirección a las norteñas Myanmar y Chengdu, la ciudad más grande de la región.
La región sufre el azote de la drogadicción y el SIDA. Mucha gente no tiene educación formal y no habla mandarín, haciendo difícil la búsqueda de trabajo.
Luo Gu A He, 69, dijo que su nieta de catorce se marchó del pueblo de Keqie, hacia Pekín, después de la muerte de su padre, que era drogadicto. Ahora gana cerca de cuatro dólares al día, trabajando siete días a la semana en unas obras, dijo.
"Es demasiado joven", dijo el abuelo. "Me preocupa que esté sola en Pekín. Pero si se quedara conmigo tampoco podría vivir; se moriría de hambre".
Una mujer habló sobre su hija que se marchó de casa a los quince para trabajar en una fábrica de ladrillos en la provincia de Shandong, pero volvió hace poco. "Mi hija fue raptada por un capataz", dijo la mujer, Pa Cha Ri Gu, 62. "Yo tenía miedo, pero somos pobres. Mira lo pequeña que es la casa donde vivimos".
Los vecinos dicen que han oído historias de niños secuestrados y obligados a trabajar en fábricas. Otros aldeanos dicen que padres desesperados, algunos de ellos adictos a las drogas, recurren a vender a sus hijos a traficantes de niños.
A medida que crece la demanda, también ha crecido la oferta. En los últimos años, las fábricas de la costa se han venido quejando por la falta de mano de obra y dicen que muchos trabajadores inmigrantes no quieren trabajar por salarios tan escuálidos en las fábricas de las provincias costeras del país.
Las fábricas mismas se encuentran atrapadas entre los compradores extranjeros, que se han acostumbrado a los precios más bajos de los bienes manufacturados de China, y crecientes costes de la alimentación y la energía. Las ganancias marginales, que nunca fueron muy gordas, se han reducido, y Pekín ha aprobado nuevas leyes laborales que restringen la utilización de trabajadores temporales.
Los agentes de empleo han acudido al rescate, proporcionando a las fábricas niños dóciles con documentos de identidad falsos que aseguran que tienen la edad mínima legal para trabajar, dicen tanto padres como la prensa oficial. Se quedan con la mitad de la paga de los niños, pero la gente en Liangshan necesita ingresos en dinero.
Durante una entrevista con un grupo de vecinos en el pueblo de Keqie, un hombre con una chaqueta de cuero se identificó inicialmente como un agente de empleo, pero luego se negó a dar más detalles, diciendo: "Sólo les ayudo a encontrar una salida".

Chen Yang contribuyó al reporteo de este artículo.

16 de junio de 2008
10 de mayo de 2008
©new york times
cc traducción mQh
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