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china

esclavizaban a minusválidos


Policía china rescata a treinta hombres minusválidos en allanamiento de fábrica de ladrillos. Según las autoridades, los hombres -minusválidos psíquicos- eran esclavos. Los allanamientos se produjeron después de que un periodista de televisión, que fue vendido a una cantera en la provincia de Henan, denunciara los abusos.
[Barbara Demick] Pekín, China. La policía china allanó fábricas de ladrillos dispersas en una región rural de la provincia de Henan y rescató a treinta hombres minusválidos psíquicos que según las autoridades habían sido reducidos a esclavitud.
Los allanamientos -inusualmente públicos- del lunes fueron espoloneados por el informe de un periodista -de una televisión provincial de Henan- que se apostó disfrazado de minusválido en una estación de trenes, donde fue secuestrado por un reclutador que lo vendió a una fábrica de ladrillos.
El caso causó el bochorno de las autoridades chinas, que han prometido erradicar la esclavitud y el abuso de los minusválidos. En 2007 un escándalo sacudió al país cuando cientos de personas, incluyendo a muchos adolescentes, fueron rescatados de fábricas de ladrillos y minas de carbón donde eran mantenidos cautivos, torturados y mal alimentados.
En el caso más reciente, se informó que algunos de los esclavos eran ciegos. Llevaban siete años trabajando, sin recibir ninguna paga. Eran golpeados con cinturones en la espalda y en la ingle, de acuerdo a un informe de la televisión.
Ocho personas fueron arrestadas.
El periodista de televisión, Cui Songwang, empezó a investigar de manera encubierta a mediados de agosto. Pasó tres horas haciendo ladrillos, periodo durante el cual, dijo, fue golpeado casi constantemente. Una de las personas que lo golpeó con un cinturón era un adolescente que según informó la policía más tarde sólo tenía catorce años.
Liu Yuxia, funcionaria de asuntos civiles en Dengfeng, una de las ciudades donde se allanó una cantera de ladrillos, dijo que no estaba claro si los trabajadores rescatados podrían declarar contra los dueños de la fábrica -debido a su minusvalía psíquica.
"Los hombres apenas pueden contar qué les pasó. No pueden decir cuánto tiempo llevan trabajando ni para quién. Algunos de ellos ni siquiera pueden decirte de dónde son", dijo.
Los rescates han recibido considerable publicidad en los medios chinos, pero los defensores de los minusválidos no se muestran optimistas sobre las perspectivas de introducir reformas duraderas.
"Estos casos son muy frecuentes. La policía no hace seguimientos. En realidad, no hace nada", dijo el miércoles el abogado Zhang Wei, de Pekín, que dirige una organización sin fines de lucro que ayuda a los minusválidos. "Supongo que en este caso estas personas deberían ser llevadas a tribunales, ¿pero de qué delito se les puede acusar? De lesiones deliberadas, de internamiento involuntario -o de operar un negocio ilegal, que sólo es penado con sentencias leves."
He Zhimin, un campesino de la provincia de Shaanxi, ha estado buscando a su hijo minusválido psíquico desde junio del año pasado, cuando una mujer que reclutaba para fábricas de ladrillos le ofreció diez dólares al día y una cajetilla de cigarrillos.
"La policía no me ayuda", dijo He. "Estos asuntos no los toman en serio."
11 de septiembre de 2011
7 de septiembre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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vendía a sus pacientes psiquiátricos


El propietario de la fábrica se escapó llevándose consigo a una docena de discapacitados mentales que trabajaban para él. Director de hospital psiquiátrico vendía a sus pacientes..
Pekín, China. La policía china detuvo al responsable de un centro psiquiátrico en el suroeste del país después de que supuestamente vendiera a sus pacientes a una fábrica para trabajar sin remuneración, informaron hoy las autoridades locales.
El detenido, Zeng Lingquan, es sospechoso de haber vendido como esclavos a discapacitados mentales acogidos en su centro en Quxian (provincia de Sichuan) a una fábrica de arena de cuarzo y talco en el distrito de Toksun, en la región musulmana occidental de Xinjiang. El responsable del equipo policial encargado de la investigación, Xu Jiajun, señaló a la agencia de noticias Xinhua que un grupo de doce efectivos de Quxian se ha desplazado a Xinjiang para liberar a las víctimas de este nuevo escándalo por esclavitud en las manufacturas chinas.
Por su parte el dueño de la fábrica, Li Xinglin, se escapó el domingo a Sichuan llevándose consigo a una docena de discapacitados mentales que trabajaban para él, informó el secretario del Partido en Toksun, Yang Jin. La factoría, llamada Jiaersi Green Construction Material Chemical Factory, ha sido cerrada por las autoridades locales, que se mantienen en contacto con las de Sichuan para detener a Li, cuya esposa se encuentra ya bajo custodia policial.
Jiaersi ocupa una superficie de 6.667 metros cuadrados y produce arena de cuarzo y polvos de talco, entre otros productos, según Xinhua.
Este nuevo escándalo de esclavitud lo destapó un diario local, el Xinjiang Metropolis News, que tras recibir un aviso de que Jiaersi estaba obligando a trabajar a enfermos mentales envió a unos reporteros a entrevistar al dueño con la excusa de realizar un reportaje sobre contaminación ambiental.
Según ese rotativo, a los obreros de Jiaersi, que había sido registrada en julio de 2006, no se les pagaba un salario que en otras plantas de la zona era de mas de 150 yuanes al día (22,5 dólares o 16,7 euros) ni se les proporcionaba mascarillas de protección como estipula la ley de seguridad laboral.
El propio dueño, Li Xingin, señaló al diario que los trabajadores provenían de un centro de acogida para mendigos en Quxian, dirigido por Zeng Lingquan y que en realidad acogía a discapacitados para su adopción.
En 2007 las asociaciones de padres de niños desaparecidos desvelaron que cientos de ellos habían sido vendidos como esclavos en fábricas de ladrillos, que también esclavizaban a retrasados mentales, un caso que conmocionó a la sociedad china.
15 de diciembre de 2010
14 de diciembre de 2010
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nobel de la paz chino sigue preso


El galardonado, el disidente chino Liu Xiaobo, esta preso en su país. El comité noruego puso una silla vacía "que representa el aislamiento y la represión a la que China somete a los disidentes políticos". Beijing calificó la entrega del diploma y la medalla como "una farsa política".
China. El Comité Nobel Noruego entregó ayer simbólicamente el Premio Nobel de la Paz al disidente chino Liu Xiaobo, quien está preso en China por su oposición al régimen y le fue impedido viajar a la ceremonia. Para Liu, crítico literario de 54 años, fue destinada una silla vacía que, según el Comité Nobel, representa el aislamiento y la represión a la que China somete a los disidentes políticos. Beijing, como ya lo había dicho en octubre, cuando se hizo público el premio, calificó la entrega del diploma como "una farsa política".
La ceremonia se llevó a cabo en Oslo, en un ambiente diplomático enrarecido por el furor del régimen comunista chino contra el Comité Nobel y con manifestaciones de decenas de partidarios y de adversarios del disidente frente a la sede de la institución. "Liu no hizo más que ejercer sus derechos cívicos. No hizo nada malo. Debe ser liberado", declaró el presidente del Comité Nobel, Thorbjoern Jagland, poniendo de relieve que la Constitución china garantiza la libertad de expresión y el derecho de criticar al Estado. Al concluir su discurso, Jagland posó el diploma y la medalla de Liu en una silla vacía. "Lamentamos que el laureado no esté hoy aquí", agregó.
Unos 20 países decidieron ausentarse, aunque decenas de otros enviaron a sus representantes a la ceremonia encabezada por el rey y la reina de Noruega. Entre los invitados figuraban varias celebridades, como los actores Denzel Washington y Anne Hathaway, que por la noche presentaron un concierto, y la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, la demócrata Nancy Pelosi.
La actriz sueca Liv Ullmann leyó un texto del disidente, el discurso que el opositor chino dio ante al tribunal que lo condenó el año pasado a 11 años de cárcel por "subversión del poder del Estado por haber participado en la redacción de la ‘Carta 08’", texto que reclama de democratización de China. "Ninguna fuerza podrá frenar la búsqueda de la libertad y China se convertirá al fin y al cabo en una nación regida por la ley, donde los derechos humanos reinen por encima de todo", leyó Ullmann.
"Espero ser la última víctima de la interminable inquisición literaria en China y que en adelante ya nadie sea acusado por sus palabras", agregó.
"Yo no tengo enemigos ni odio." "Ninguno de los policías que me han vigilado, detenido o interrogado, ninguno de los fiscales que me inculparon y ninguno de los jueces que me juzgaron son mis enemigos", puntualizó el texto.
La transmisión de la ceremonia fue censurada en China, donde las pantallas de las cadenas de televisión extranjeras BBC, CCN o TV5 quedaron oscuras en el momento en que se inició. También fueron censuradas en Internet entradas como "silla vacía" y "Oslo".
Liu Xia, la esposa del laureado, está en detención domiciliaria desde el anuncio del premio, el 8 de octubre. Las autoridades chinas impidieron además salir del país a los allegados al intelectual.
El Instituto Nobel de Noruega informó poco antes de comenzar el acto en el ayuntamiento de Oslo que al menos 18 países no asistirían a la ceremonia de entrega del premio. Los países ausentes fueron China, Rusia, Kazajistán, Túnez, Arabia Saudita, Pakistán, Irak, Irán, Vietnam, Afganistán, Venezuela, Egipto, Sudán, Cuba y Marruecos.
Liu, de 54 años, casado y sin hijos, había sido detenido por primera vez tras la represión del movimiento estudiantil de la plaza de Tiananmen, de Beijing, en junio de 1989. Pasó un año y medio tras las rejas, sin sentencia.
Volvió a ser detenido a fines de 2008 por haber impulsado la "Carta 08".
Esta fue la segunda vez en más de un siglo de existencia que el comité del Nobel no puede entregar un premio al laureado o a uno de sus representantes. El único precedente es el del periodista y pacifista alemán Carl von Ossietzky, quien había sido enviado a un campo de concentración por el régimen nazi.
El presidente del comité se interrogó sobre las causas de la intransigencia de China. "Muchos se preguntarán si, a pesar de su poderío actual, China no muestra cierta debilidad al considerar necesario encarcelar a un hombre durante 11 años por el mero hecho de haber expresado sus opiniones sobre la forma en que se debe gobernar el país", dijo Thorbjoern Jagland.
El presidente estadounidense, Barack Obama, Nobel de la Paz 2009, dijo que los valores defendidos por Liu son "universales" y llamó a China a liberar al disidente "lo antes posible". "Liu Xiaobo merece mucho más esta recompensa que yo", aseguró. La jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, también solicitó la "liberación inmediata" de Liu, haciendo referencia a la celebración ayer del Día Mundial de los Derechos Humanos. "En este día, dedicado a los defensores de los derechos humanos en el mundo, pienso en Liu Xiaobo", declaró. Medio centenar de chinos se manifestaron en el centro de Oslo para protestar contra la decisión del Comité Nobel Noruego.
13 de diciembre de 2010
11 de diciembre de 2010
©página 12
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costumbres sexuales a prueba


El jueves, Ma Yaohai, 53, fue sentenciado a tres años y medio de cárcel por ser miembro de clubes que practicaban el sexo en grupo y el intercambio de pareja.
[Edward Wong] Pekín, China. En público, era un profesor de informática divorciado dos veces, dedicado a sus estudiantes y que cuidaba de una madre anciana que sufre el mal de Alzheimer.
En privado, Ma Yaohai, 53, llevaba una vida que fue intolerable para las autoridades chinas: Durante los últimos seis años, fue miembro de clubes informales de swingers que practicaban el sexo en grupo y el intercambio de pareja. En chat rooms online, su nombre de usuario era Roaring Virile Fire [Rugiente Fuego Viril]. Organizó y participó en al menos dieciocho orgías, la mayoría de ellas en el departamento de dos dormitorios en Nanjing donde vivía con su madre, según la fiscalía.
El jueves un tribunal sentenció a Ma a tres años y medio de cárcel, una dura pena por un delito que el gobierno chino llama "lujuria grupal". Ma, ahora el swinger más famoso de China, se mantiene desafiante y piensa recurrir la sentencia, diciendo que su vida sexual es un asunto personal que no está sujeto a la ley mientras no provoque disturbios sociales, dijo su abogado, Yao Yong’an.
"Hay que proteger la privacidad", dijo Yao en una entrevista.
El caso de Ma, que fue detenido en agosto pasado y juzgado en abril, ha llamado la atención en todo China no sólo por sus morbosos detalles, sino también porque plantea interrogantes sobre los intentos de un gobierno autoritario de frenar la libertad sexual y limitar la privacidad en una sociedad donde el rápido crecimiento económico y la ubicuidad de la red han trastocado valores tradicionales.
Tiendas con juguetes sexuales y burdeles -a menudo apenas disfrazados de salones de belleza o salones de masaje- proliferan en las ciudades e incluso en muchos pueblos, mientras que el sexo premarital es común entre las parejas jóvenes.
Decenas de miles de chinos intercambian sus parejas, dice Li Yinhe, el más prominente sexólogo chino. Una página web, Happy Village, tiene un chat room dedicado abiertamente al intercambio de parejas.
En una entrevista con periodistas chinos después de su detención, Ma, un hombre delgado de rostro angular y gafas de marcos negros, defendió su estilo de vida.
"El matrimonio es como el agua", dijo. "Tienes que beberla. El intercambio de parejas es como el vino. Algunos lo encuentran delicioso la primera vez, así que siguen bebiendo. Algunos lo prueban y encuentran malo, así que nunca lo vuelven a beber. Es completamente voluntario. Nadie te obliga".
El Partido Comunista ya no mantiene el estricto control de la vida privada de la gente que hace algunas décadas. Sin embargo, algunos funcionarios todavía tratan de perseguir a los ciudadanos por leyes que parecen increíblemente alejadas de las costumbres sociales. Un ejemplo es la ley penal 301, bajo la cual Ma y otros veintiún swingers fueron procesados y que podría resultar en una condena a cinco años de cárcel.
Los usuarios chinos de internet e incluso algunas agencias oficiales de noticias han debatido sobre el caso. Algunos juristas dicen que el Tribunal de Distrito de Qinhuai, que juzgó a Ma, demoró más tiempo de lo habitual en alcanzar un veredicto, lo que podría indicar que los funcionarios judiciales tuvieron que sopesar varios factores jurídicos y políticos al decidir cómo implementar esta ley.
"Debido al enorme debate que suscitó, parece que la gente está cada vez más consciente de que sus derechos y libertades sexuales están siendo limitados", dijo Li, que, en marzo, presionó sin ningún éxito a asesores de la legislatura para abolir la ley. Li es investigadora en la Academia China de Ciencias Sociales.
"Creo que las autoridades chinas están siempre tratando de dirigir y controlar a la población, a la gente", agregó. "Más allá de perseguir actividades criminales, creen que deben controlar o dirigir a la gente de acuerdo a sus normas".
La ley contra el sexo en grupo, interpretada generalmente por jueces si involucra a tres o más personas, es un residuo de una ley anterior contra el "gamberrismo" que era usado para perseguir a personas que tenían sexo fuera del matrimonio, dijo Li. La ley contra el gamberrismo fue derogada en 1997. Se conoció un notable caso de swingers a principio de los años ochenta, cuando ejecutaron al organizador de un club de swingers que integraba a cuatro parejas de edad mediana, agregó.
Al menos tres encuestas recientes han mostrado que la persecución del sexo en grupo hoy en día no goza de simpatía.
Varias páginas web chinas subieron editoriales haciéndose eco de los sentimientos después de que se anunciara el fallo.
"Este tipo de conducta pertenece a la libertad personal del ciudadano; es parte de los derechos privados de los ciudadanos", escribió un autor, Yi Bo, en una página del departamento de propaganda de la provincia de Shanxi.
Ma no respondió nuestras llamadas después del fallo.
En una entrevista anterior con periodistas chinos, Ma contó cómo se unió a la subcultura swinger. Después de pasar por dos divorcios, Ma empezó a tratar de conocer a mujeres a través de la red. Intercambió mensajes con una mujer de 23 años que se presentaba como Passionate Fiery Phoenix [Apasionada y Fogosa Fénix]. Llegó luego a Nanjing y le dijo a Ma que estaba viajando por el país buscando a swingers.
Decidieron vivir juntos. La Noche Vieja de 2004 intentaron su primera experiencia de intercambio con una pareja en una pequeña ciudad de la provincia de Jiabgsu. Los cuatro jugaron un strip poker, y luego trataron de intercambiar pareja. Pero Ma sufrió un ataque de impotencia.
"Cuando se trató de hacerlo, me puse tan nervioso", dijo a un periodista.
Sin embargo, finalmente venció su ansiedad. En 2007 empezó un chat room en internet llamado "Viaje independiente para maridos, esposas y amantes". En chats online, la gente lo llama Maestro Ma. Tiene más de doscientos miembros.
Ma contó a periodistas que el grupo sexual más grande en el que había participado tenía cuatro parejas.
La policía detuvo a Ma después de allanar un cuarto de hotel en Nanjing en agosto pasado y detener a cinco parejas, por practicar el intercambio de pareja. Los detenidos entregaron a la policía una larga lista de otros swingers, entre los cuales estaba Ma. Los funcionarios finalmente acusaron a 22 personas de 35 actos de lujuria grupal entre 2007 y 2009, 18 de los cuales fueron organizados por Ma, o participó en ellos. Ma fue el único acusado que se negó a declararse culpable.
La Associated Press informó que al principio del juicio de dos días el 17 de abril, Ma estalló: "¿Cómo podría yo alterar el orden social? Lo que pasa en mi casa es un asunto privado".
Ma ha renunciado a su trabajo como profesor en la Universidad Tecnológica de Nanjing y dice que ahora vive de sus ahorros y de la pensión de su madre.
"Encontrar trabajo va a ser muy difícil", dijo en una entrevista anterior con un periodista chino. "Quizás pueda trabajar como representante comercial para juguetes para adultos".

Xiyun Yang contribuyó al reportaje.

7 de junio de 2010
20 de mayo de 2010
©new york times
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hooters en pekín


Pone de relieve contradictorios mensajes sexuales. El Beijing Hooters se parece mucho a su contraparte estadounidense, pero es también una instantánea de las cambiantes actitudes hacia el sexo en China, un país lleno de contradicciones.
[Lily Kuo] Pekín, China. El domingo es una noche lenta para las chicas de Beijing Hooters. Jiang Xin -- or Verano, como se lee en su chapa- aprovecha la oportunidad para enseñar a las nuevas uno de sus bailes de la rutina diaria.
Con sus ojos color humo y su uniforme de ejercicio todo negro, Jian se ve sensual, ardiente y distante, hasta que sonríe. Lo hace cuando aconseja a las chicas soltarse un poco, reír, y dejar de tirar de sus shorts.
El Hooters de Pekín se parece mucho a su contraparte estadounidense. Las camareras llevan shorts de color naranja, panties y una camiseta sin mangas, blanca y encogida. Cuando llegan los clientes, gritan en un incomprensible inglés: "Welcome to Hooters!"
Un letrero que cuelga en los servicios advierte: "Atención. Rubias pensando". Una caja de cristal exhibe un calendario de trajes de baño de Hooters China, jarrones, camisetas y un miniatura de marca Hooters del Templo del Cielo.
En la escala de la evolución sexual de Chine, Hooters cae entre el guiño y la sonrisa. Impensable hace veinte años, el restaurante promueve un tipo lúdico de sexualidad, diferente de los sórdidos salones de masajes del país y chicas de alterne, y, sí, también sirve las famosas alas de la cadena.
El restaurante es otro ejemplo de la globalización en China, pero es también una instantánea de las cambiantes actitudes hacia el sexo en un país lleno de contradicciones. Ya pasaron los días en que las demostraciones públicas de afecto eran mal vistas, aunque algunas cosas siguen estando prohibidas.
La pornografía está estrictamente prohibida. Un campaña del gobierno el año pasado resultó en cinco mil detenciones por distribuir pornografía online. La represión abarcó incluso a los chistes sucios enviados a celulares.
El verano pasado, funcionarios locales impidieron la apertura de un parque temático sexual, ‘Love Land’, en Chongqing, que incluía una enorme colección de esculturas de genitales, calificándola de "influencia nociva".
Sin embargo, las autoridades hacen la vista gorda cuando se trata de los burdeles ilegales. A menudo disfrazados de salones de belleza, siguen siendo una de las vistas más comunes de cualquier ciudad, operando frecuentemente junto a oficinas y escuelas sin que ningún vecino les monte un lío.
"En términos de sexo, China tiene visiones realmente contradictorias, social y personalmente", dice James Farrer, profesor de la Sophia University en Tokyo, que ha estudiado el sexo en China. "Lo que Hooters hace es proponer un nuevo modelo... Es un restaurante casi familiar. Es limpio. Está lejos del escandaloso sexo comercial que ahora invade China".
El Beijing Hooters, uno de los tres en China, se encuentra en la segunda planta de un renombrado bloque de restaurantes y tiendas, sobre una panadería francesa. Pero no tienes que mirar muy lejos para ver los contrastes.
Más abajo en la calle hay dos barberías con mujeres con ropas ligeras que esperan clientes y parecen aburrirse. En el mismo barrio, las tiendas para adultos no se molestan de buscar eufemismos para ocultar lo que venden. Sus letreros dicen simplemente: "Sex Shop".
Esto no es nada anormal en Pekín. Se encuentran burdeles y tiendas de juguetes eróticos incluso en barrios residenciales en todas partes. Junto al Hooters hay un complejo de departamentos. Al otro lado de la calle se encuentra uno de los centros comerciales más de moda de la capital, lleno de famosas marcas extranjeras.
Hooters ha recibido incluso el respaldo del gobierno local. Después de la inauguración del restaurante en Shanghai y Pekín, funcionarios del ayuntamiento bautizaron las cafeterías comiendo allá, contó Stephanie Xu, vicepresidente de márketing de la cadena de restaurantes en China.
La clientela del restaurante está compuesta en gran parte por ejecutivos expatriados bien cuidados, algunos hombres de negocios de paso en la ciudad, parejas e incluso grupos de mujeres. Al personal también se lo elige estrictamente. Las mujeres son entrevistadas para saber si les gusta salir o cómo hablan el inglés.
Xu dice que muchas camareras son estudiantes universitarias que trabajan a tiempo parcial para pagar la matrícula. La paga empieza con quinientos dólares al mes, que pueden subir hasta novecientos dólares. Esos salarios están a la par con lo que gana un universitario recién graduado en Pekín.
Otros ven a Hooters como otro ejemplo más de la influencia occidental del que China podría desprenderse.
Lin Lixia, de Estudios y Servicios Jurídicos para la Mujer, de la Universidad de Pekín, llamó a Hooters un ejemplo de la "economía de las chicas guapas", una estrategia para aprovechar el atractivo sexual femenino. Aunque es bastante habitual en Estados Unidos, el concepto es relativamente nuevo en China, donde las reformas económicas empezaron hace sólo tres décadas.
"Es una cuestión generacional", dijo Lin. "No apoyamos la idea de tomar el cuerpo de una mujer y cosificarlo, pero la gente joven lo quiere y las mujeres también lo quieren".
Sin embargo, para algunas camareras mostrarse extrovertidas y coquetas no es fácil.
"Algunas de las chicas son tímidas al principio, y se sienten incómodas en uniforme", dijo Jiang. "Finalmente aceptan no es algo de clase baja, que simplemente así se ven mejor".
Jiang trabaja en Hooters desde que este abriera sus puertas en Pekín en 2008. En la época estaba estudiando derechos en una universidad en la ciudad. Desde entonces ha abandonado los estudios para trabajar a jornada completa. Que fuera abogado era una aspiración de sus padres, no suya, dice.
Jiang admite que a su novio no le gusta que ella trabaje allí, y sus padres nunca han venido a comer al local. Jiang dice que espera encontrar otro trabajo en ventas.
"No es una carrera, no es algo que puedas hacer toda la vida", dijo. "Pero es una buena experiencia".
Con una tasa de desempleo del 13 por ciento entre universitarios, más mujeres jóvenes están solicitando trabajo en Hooters. Además de verse bien y hablar inglés, necesitan algunas otras habilidades. Jiang les enseña a gritar, a bailar en línea y no se avergüenzan cuando un cliente de habla inglesa les pregunta sobre qué significa la palabra Hooters.
Con una sonrisa tímida, Jiang demuestra cómo responder: "Por supuesto que sé lo que significa".

10 de mayo de 2010
9 de abril de 2010
©los angeles times
cc traducción mQh
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china exporta trabajo de prisioneros


La cara oscura de China: exporta productos hechos por prisioneros en trabajos forzados. Hay al menos 120 empresas chinas que cometen esa modalidad de abuso pese a que las primeras denuncias datan de 20 años atrás.
Pekín, China. China sigue exportando productos hechos por prisioneros de trabajos forzados, casi 20 años después de que esas exportaciones fueran desenmascaradas, informó hoy la fundación Laogai Research, con sede en Estados Unidos.
El estudio de la fundación localizó 120 anuncios en inglés en Internet sobre empresas con conocidas conexiones con el sistema penal de China.
Los anuncios, muchos de ellos en páginas web asociadas al Ministerio de Comercio, son "un indicativo de una economía de exportación rentable" del sistema carcelario chino, apunta el informe titulado: "No apto para la venta: Anunciar productos de trabajos forzados para exportaciones ilegales".
Tras el hallazgo de estos anuncios, el informe concluye que los productos están siendo promocionados de forma activa y vendidos a clientes, incluso clientes de Estados Unidos, señaló Harry Wu, fundador de la Laogai Research Foundation, que advirtió además que se trata de una "violación de la ley china, la estadounidense y los acuerdos internacionales entre China y Estados Unidos".
La fundación lleva el nombre de la enorme ‘laogai’ (reforma a través del trabajo) que se puso en marcha en los años 50 por el Partido Comunista en campos de internamiento, donde había tanto prisioneros políticos como criminales.

La Experiencia de Wu
Wu salió de China y se estableció en Estados Unidos cuando fue puesto en libertad en 1979, tras pasar 19 años en campos de trabajos forzados y prisiones.
En los años 90 regresó a China para documentar los campos de trabajo y aportar pruebas de que los productos que allí se fabricaban estaban siendo exportados.
"Lamentablemente, aunque no ha sido una sorpresa, una mayor exposición del sistema ‘laogai’ ha llevado a más secreto y evasión por parte del gobierno chino", apuntó Wu.
El gobierno chino "promueve de forma activa el comercio de productos ‘laogai’, que es ilegal según la normativa de la exportación china" a través de una página web que patrocina el gobierno de Beijing, añadió.

Testimonio Que Avala Denuncia
Un empleado de una de las empresas que aparecen señaladas en el informe, la Dingjian Commerce and Trade Company, en la ciudad de Chongqing, confirmó a dpa por teléfono que su compañía emplea productos de trabajos forzados.
"Nosotros somos gerentes y procuramos el lugar de trabajo para ellos", dijo la mujer que habló bajo condición de anonimato y explicó la conexión de su compañía con una prisión en el pueblo de Changtan, un pueblo de Chongquing.
La mujer, que no detalles sobre los productos de su empresa que aparecen listados como joyería en el página web oficial. Comentó asimismo que la firma emplea a casi un millar de trabajadores.
Según la fundación, en la actualidad hay entre tres y cinco millones de personas detenidas en cárceles chinas y campos de trabajo, pero no hay una estimación del valor de la producción total en las prisiones.
"Como China califica de secretas todas las estadísticas relacionadas con el ‘laogai’, resulta extremadamente difícil seguir la pista a los productos ‘laogai’".

5 de febrero de 2010
©el comercio
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murió nien cheng


Sobreviviente de la tortura durante la Revolución Cultural china, Cheng narró sus seis años y medio de cárcel en su aclamado libro de memorias, ‘Vida y muerte en Shanghai’. Pese al confinamiento solitario y a la pérdida de sus dientes, se negó a someterse a sus interrogadores.
[Patricia Sullivan] El 2 de noviembre, en su casa en Washington, D.C., a causa de una enfermedad cardiovascular y renal, murió Nien Cheng, cuyo libro de memorias ‘Vida y muerte en Shanghai’ [Life and Death in Shanghai] fue ampliamente elogiado como una de las versiones más fascinantes de la Revolución Cultural. Tenía 94 años.
En una época en que el presidente Mao Tse-tung, de la China comunista, estaba tratando de purgar a sus rivales políticos y reafirmar su autoridad, Cheng, la acomodada viuda de un ejecutivo de una compañía petrolera, fue una de las numerosas profesionales que fueron expulsadas de sus casas por los Guardias Rojos. Fue arrestada en agosto de 1966 y acusada falsamente de ser una espía.
Cheng soportó seis años y medio de confinamiento solitario y torturas en una cárcel, negándose a confesar o a someterse a la voluntad de sus interrogadores. Cuando salió en libertad descubrió que su hija única había muerto, presuntamente por suicidio, pero en realidad golpeada hasta la muerte por Guardias Rojos.
Con simples y exquisitos detalles, el libro de Cheng (de 1987) describe el pensamiento enfermizamente circular de aquellos entusiasmados por la revolución. Sus interrogatorios eran pruebas de voluntad; Cheng se negaba a confesar y respondía con citas del ‘Pequeño Libro Rojo’ de Mao.
Sus secuestradores respondieron con golpizas. Con las esposas tan apretadas, temiendo que pudiera perder sus manos, y encerrada en un calabozo gélido, demasiado pequeño como para que pudiera tenderse, Cheng perdió sus dientes, se enfermó de neumonía y sufrió hemorragias. Combatía su desdicha riéndose de sus acusadores.
"Lejos de ser deprimente, verla combatir con su mente es casi estimulante", escribió Christopher Lehmann-Haupt en la reseña de su libro en The New York Times. "Incluso en inglés, lo agudo de su pensamiento y expresión es tal que constituye un cierto tipo de arte marcial, permitiéndole una y otra vez absorber la fuerza de la lógica de sus interrogadores y utilizarla para su propia ventaja".
Los lectores se quedaron fascinados por la historia, convirtiéndola en un éxito de ventas. El momento era propicio; el totalitarismo y el comunismo estaban bajo ataque en todo el planeta.
Tras su liberación de la prisión, Cheng quedó bajo sospecha. Fue obligada a compartir su casa con otras familias y fue arrancada de una vida confortable para vivir la agobiante miseria de las masas.
Hacia 1980 había logrado salir de China hacia Canadá. Tres años más tarde se mudó a Washington, utilizando el dinero que le dejó su marido en una cuenta en un banco extranjero. En 1987 fue invitada a un banquete oficial en la Casa Blanca, donde conversó con el presidente Reagan. Fue naturalizó estadounidense en 1988.
"Hay muchos chinos que resistieron y muchos que sufrieron mucho más. Algunos de ellos no se recuperaron nunca", dijo. "Pero he tenido el privilegio de escribir sobre la experiencia, y eso fue posible porque logré escapar".

Cheng nació el 28 de enero de 1915 en Pekín, como hija de un viceministro naval, perteneciente a una rica familia de hacendados. En 1935 empezó a estudiar en la London School of Economics, donde conoció a su futuro marido, Kang-chi Cheng.
La pareja volvió a China antes de 1940 y su marido se incorporó al ministerio de relaciones exteriores del Kuomintang, el partido gobernante de la época. La pareja fue enviada a Australia con la misión de instalar una embajada y fueron luego trasladados al ministerio en Shanghai hasta que los comunistas llegaron al poder en 1949.
Con la aprobación del gobierno, el marido de Cheng fue nombrado gerente general de Shell Oil en Shanghai -murió de cáncer en 1957 y ella se incorporó como asesora a la compañía. Su hija, Meiping, quería ser actriz. El régimen comunista no molestaba a profesionales como ella -hasta 1966, cuando Mao Tse-tung lanzó la Revolución Cultural.
Cada vez más preocupada por los Guardias Rojos marchando por su calle, no se sorprendió cuando "de repente empezó a sonar incesantemente el timbre de la puerta".
"Al mismo tiempo, se oía un furioso golpeteo en mi puerta principal, junto con voces histéricas gritando lemas", escribió.
Entraron entre treinta y cuarenta estudiantes secundarios.
Saquearon su casa, la insultaron y ridiculizaron su defensa de las antiguas copas de porcelana china que estaban destrozando. Un mes después fue llevada a un mitin donde fue denunciada y enviada a un centro de detención para prisioneros políticos.
Después de años de prisión, el 27 de marzo de 1973 le dijeron que sería liberada debido a un "mejoramiento en su modo de pensar y en su actitud de arrepentimiento".
Se negó a firmar esa declaración y juró que se quedaría en la cárcel hasta que los funcionarios penitenciarios la declararan oficialmente inocente y publicaran sus disculpas en Shanghai y Pekín.
"El Centro de Detención No. 1 no es un hospicio de ancianos. No te puedes quedar ahí toda la vida", le dijo un interrogador. "Nunca he visto a un prisionero negarse a partir. Usted debe de estar loca".
Cheng fue obligada a marcharse de la prisión. Se enteró entonces de la muerte de su hija. No deja sobrevivientes.

16 de noviembre de 2009
9 de noviembre de 2009
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robo de niños en china


Funcionarios chinos robaban niños para darlos en adopción a parejas extranjeras. En algunas zonas rurales, en lugar de imponer multas por violaciones de las políticas de control de la natalidad de China, codiciosos funcionarios se quedaban con los bebés, que les reportaban cada uno tres mil dólares, si eran adoptados.
[Barbara Demick] Tianxi, China. Al funcionario de planificación familiar le gustaba merodear por el pueblo en la cima de la montaña, buscando encontrar pañales en los tendederos y oír el llanto de un recién nacido con hambre. Un día de la primavera de 2004, se presentó a sí mismo en la puerta de Yang Shuiying y ordenó: "Tráiganme al bebé".
Yang lloró y argumentó, pero, sola con su hijita de cuatro meses, no estaba en condiciones de ofrecer resistencia al hombre al que en Tianxi temían todos los padres.
"Voy a vender al bebé para que sea adoptado por extranjeros. Le puedo sacar un montón de dinero", le dijo a la desconsolada madre mientras la conducía, con el bebé, hacia un orfelinato en Zhenyuan, una ciudad cercana en la provincia de Guizhou, al sur del país. A cambio, le prometió que la familia no tendría que pagar la multa por violar la política china de un niño por familia.
Luego la advirtió: "No se lo cuentes a nadie".
Durante cinco años mantuvo su terrible secreto. "No sabía que ellos no tenían derecho a quitarnos a nuestros hijos", dijo.
Desde principio de los años noventa, más de ochenta mil niños chinos han sido adoptados en el extranjero, la mayor parte de ellos en Estados Unidos.
La sabiduría tradicional dice que los bebés, la mayoría niñas, fueron abandonadas por sus padres debido a la tradicional preferencia por los niños y las restricciones al tamaño de la familia en China. Sin duda, ese fue el caso de decenas de miles de niñas.
Pero algunos padres están empezando a contar desgarradoras historias sobre bebés que fueron separados de sus padres por coerción, fraude o secuestro -a veces por funcionarios de gobierno que cubrían sus huellas pretendiendo que los bebés habían sido abandonados.
Los padres que dicen que sus hijos fueron secuestrados se quejan de que los funcionarios estaban motivados por los tres mil dólares por niño que pagan los padres adoptivos a los orfelinatos.
"Nuestros niños eran exportados al extranjero como si fueran productos de una fábrica", dijo Yang Libing, trabajador inmigrante de la provincia de Hunan cuya hija fue apropiada en 2005. Desde entonces se ha enterado de que la niña se encuentra en Estados Unidos.
Las dudas sobre cómo se conseguían en China niños para ser adoptados han empezado a estremecer a la comunidad internacional de familias adoptivas.
"Al principio, creo, la adopción desde China era una buena cosa porque había tantas niñas abandonadas. Pero luego se convirtió en un mercado manejado por la oferta y la demanda y un montón de gente de nivel local estaba haciendo un montón de dinero", dijo Ina Hut, que el mes pasado renunció como directora de la agencia de adopciones más grande de Holanda, por su preocupación sobre el tráfico de bebés.
El Centro de Asuntos sobre la Adopción de China -la dependencia oficial que supervisa las adopciones nacionales y extranjeras- rechazó múltiples peticiones de reacciones. Funcionarios de la agencia han dicho a diplomáticos extranjeros que creen que los abusos se limitan a un pequeño número de bebés y que los responsables han sido despedidos y castigados.
Para los padres adoptivos, la posibilidad de que sus hijos fueron separados a la fuerza de sus padres biológicos, es aterradora.
"Cuando adoptamos en 2006, se nos contaron las mismas historias, de que había millones de niñas no deseadas en China, que se quedarían en la calle y morirían si no las ayudábamos", dijo Cathy Wagner, una madre adoptiva de Nova Scotia, Canadá. "Yo quiero a mi hija, pero si hubiese sabido que mi dinero provocaría que fuera separada de otra madre que la amaba, no la habría adoptado nunca".

Torciendo las Leyes
El problema se origina en los controles de la población chinos, que limitan a la mayoría de las familias a tener un solo hijo, dos si viven en el campo y el primero es una niña. En todas las ciudades hay una oficina de planificación familiar, usualmente atendida por cuadros leales del Partido Comunista que tienen amplios poderes para ordenar abortos y esterilizaciones. La gente que tiene bebés adicionales pueden recibir multas de hasta seis veces su ingreso anual -multas que son llamadas eufemísticamente "gastos de servicio social", que son una importante fuente de ingresos para los gobiernos locales en las zonas rurales.
"Los funcionarios de la planificación familiar son incluso más poderosos que los del ministerio de Seguridad Pública", dijo Yang Zhizhu, un jurista de Pekín.
En todo el campo pancartas rojas exhortan a "Tenga menos bebés, plante más árboles", y, más ominosamente: "Si tiene hijos adicionales, su familia se arruinará". Pero la ley no otorga derecho a los funcionarios a separar a los bebés de sus padres.
Algunas familias dicen que fueron golpeadas y amenazadas para que entregaran a su hija, o engañadas para que renunciaran a sus derechos como padres.
"Cogieron al bebé y me arrastraron fuera de la casa. Yo estaba gritando -pensé que me iba a desmayar", dijo Liu Suzhen, una frágil mujer del pueblo de Huangxin, cerca de Shaoyang en la provincia de Hunan. Estaba cuidando a su nieta de cuatro meses una noche de marzo de 2003 cuando una docena de funcionarios irrumpieron en su casa.
Contó que la llevaron, a ella y el bebé, a la oficina de planificación familiar, donde un hombre la cogió por un brazo y presionó su huella del pulgar en un documento que no pudo leer.
Una vez que un niño ha sido llevado a un orfelinato, los padres pierden todos los derechos.
"Ni siquiera me dejaban estar en la puerta", dijo Zhou Changqi, un obrero de la construcción cuya hijita de seis meses fue retirada en 2002 por los funcionarios de planificación familiar de Guiyang, en la provincia de Hunan. En los últimos tres años, Zhou trató de entrar repetidas veces en el edificio del Instituto de la Seguridad Social Changsha, uno de los orfelinatos más grandes del país, que envía bebés al extranjero, hasta que un día le dijeron:
"Es demasiado tarde. Su hija se ha marchado a Estados Unidos".

Perversos Incentivos
En la mayor parte de China los campesinos viven temiendo las visitas sorpresivas de funcionarios de planificación familiar. Era ciertamente el caso de los vecinos de Tianxi, un pueblo de 1.800 habitantes envuelto por la niebla y metido muy arriba en las exuberantes montañas cerca de Zhenyuan.
Pese a que la aldea está a dos horas por un camino de tierra lleno de baches y luego una caminata cerro arriba de treinta minutos, los funcionarios de planificación familiar hacen inspecciones frecuentemente, hasta dos veces a la semana. Durante los ochenta y noventa, cuando las familias eran demasiado pobres como para poder pagar, los funcionarios las castigaban saqueando sus casas o confiscando vacas y cerdos, dicen los vecinos.
Entonces, en 2003, las cosas cambiaron. Al año siguiente de que el Instituto de Bienestar Social en Zhenyuan fuera aceptado como participante del floreciente programa de adopciones extranjeras, los funcionarios de planificación familiar dejaron de confiscar animales de granja. En lugar de eso, empezaron a apropiarse de los bebés.
"Si la gente no podía pagar las multas, les quitaban a sus bebés", contó un empleado municipal jubilado, de Zhenyuan, que trabajaba como padre adoptivo para el orfanato.
"Le teníamos terror", dijo Yang Shuiying, la madre de 34 años cuya hija fue apropiada.
En diciembre de 2003, Yang dio a luz a su cuarta hija, en casa, con la ayuda de una partera. Fue un nacimiento no planificado. De hecho, su marido se había hecho una vasectomía hace apenas unos días, antes de que se diera cuenta de que estaba embarazada nuevamente.
"No había planeado tener otro bebé, pero ya que ocurrió, quería criarla yo", dijo Yang, una mujer de voz suave que contó su historia sin levantar la vista.
Su marido, Lu Xiande, sintió todavía más fuertemente que la niña era de la casa. Estaba en el mercado cuando retiraron al bebé y se enfureció cuando se enteró de lo que había pasado.
"La traeré de vuelta", prometió a su desconsolada esposa. Se encaminó hacia la costa este de China, con la esperanza de que como trabajador inmigrado podría reunir el dinero para pagar la multa de planificación familiar. Pero Lu se enfermó y tuvo que volver a casa. Poco después de eso, trató de rebanarse la garganta con un cuchillo carnicero.
Casi todo el mundo en el pueblo conoce a alguien cuyo bebé le ha sido retirado. Un viejo, apoyado en un bastón esculpido a mano, habló sobre cuando le separaron de su nieta. Un hombre más joven habló de una sobrina.
Los campesinos rechazan la sugerencia de algunos de que no quieren a sus hijas y las abandonan sin dificultad.
"Aquí la gente no se deshace de sus hijos. No venden a sus hijos. Niños o niñas, son nuestra carne y sangre", dijo Li Zeji, 32, un campesino que dice que a su tercera hija se la retiraron en 2004.
Según las leyes chinas, los funcionarios deben buscar a los padres biológicos de los bebés abandonados. Cuatro meses después de que fuera apropiada la hija de Yang Shuiying, apareció su fotografía en un aviso en el City Daily de la provincia de Guizhou, junto con la de otros catorce bebés.
El aviso decía, falsamente, que el bebé fue "encontrado abandonado en el umbral de una casa en el pueblo de Tianxi.
"Los que reconozcan a este niño, deben contactarse con el orfanato en sesenta días; de otro modo, el bebé se considerará que ha sido abandonado", decía el aviso del 14 de agosto de 2004.
Los padres dicen que ellos nunca vieron los avisos porque vivían en pueblos remotos donde no llegaban los diarios. Además, muchos de los padres son analfabetos y los funcionarios de planificación familiar les habían dicho que la ley les permitía confiscar a los bebés, así que no se les ocurrió quejarse.
La verdad emergió porque un maestro con parientes en el pueblo de Tianxi oyó sobre las confiscaciones y las informó a la policía y a una agencia disciplinaria. Cuando no hubo respuesta, subió las quejas a la red, que fue retomado por la prensa china en julio de este año después de que algunas historias anteriores fueran censuradas.
El maestro se está ocultando por miedo a la venganza.
La embajada de Estados Unidos dijo en una declaración en julio que le habían informado por la Autoridad Central de Adopciones de China de que "se ha arrestado a siete funcionarios implicados en este caso". Agregaba que "Estados Unidos toma seriamente las acusaciones de que los niños fueron ofrecidos en adopción en el extranjero sin el conocimiento ni consentimiento de sus padres".
Pero en Zhenyuan, los funcionarios negaron que alguien hubiera sido arrestado o despedido de su trabajo. Dijeron que los castigos iban desde descensos hasta menciones en sus historiales. Shi Guangying, la funcionaria que se apropió del bebé de Yang, fue degradada.
Los funcionarios de Zhenyuan defendieron enfadados su conducta.
"Es una mentira que se llevaran a los bebés sin el permiso de los padres. Eso es imposible", dijo Peng Qiuping, funcionario del partido y jefe de propaganda de Zhenyuan. "Esos padres aceptaron que sus hijos fueran dados en adopción. Entendieron que eran codiciosos y tuvieron más hijos de los que pueden mantener".
"Ahora los niños están mejor con sus padres adoptivos que con sus padres biológicos", dijo Wu Benhua, director de la oficina de asuntos civiles de Zhenyuan.
De 2003 a 2007, el orfelinato de Zhenyuan envió sesenta bebés a Estados Unidos y Europa. Dadas las sospechosas aglomeraciones de los bebés listados en los avisos y lo remoto de las aldeas donde sería difícil ocultar y abandonar a un niño, muchos, sino la mayoría, se cree que han sido confiscados por los funcionarios de planificación familiar.
Wu dijo que el dinero recibido de padres adoptivos, en total 180 mil dólares, fue destinado a la compra de alimentos, ropa, ropa de cama y cuidados médicos y para mejorar las condiciones del Instituto del Bienestar Social.
Pero la mayoría de los bebés habían sido dejados con familias que recibían sólo treinta dólares al mes por sus servicios, de acuerdo a un padre adoptivo. Y no había signos evidentes de renovaciones en el instituto, un sombrío edificio de tres plantas donde una pareja de personas de la tercera edad podía ser vista al otro lado de los ventanales enrejados. No permitieron la entrada de periodistas.
"No sabemos qué pasó con el dinero, y no nos atrevemos a preguntar", dijo Yang Zhenping, un granjero de cincuenta años, de Tianxi.
Brian Stuy, padre adoptivo de Salt Lake City que investiga los orígenes de los niños adoptados chinos, ha observado un número inusualmente abultado de bebés mayores declarados como abandonados. Sospecha que se trata de bebés confiscados, robados o entregados bajo coerción.
"Si no quieres una niña, la darás en adopción apenas nazca", dijo Stuy.
Cree que el permiso de adopción de tres mil dólares -unas seis veces el ingreso anual en la China rural y usualmente pagada en billetes nuevos de cien dólares- ha inspirado algunos abusos.
"Es la adopción internacional la que está creando la succión que causa que la planificación familiar recoja niños para hacer dinero", dijo Stuy. "Si no hubiese adopción internacional y el estado tuviera que ocuparse de los niños hasta que cumplieran dieciocho años, ten la certeza de que la planificación familiar no los confiscaría".

Padres Engañados
Las leyes de planificación familiar de China no se limitan a restringir el número de hijos que puede tener una familia. Se supone que las parejas deben solicitar su permiso de paternidad antes de concebir. La edad mínima de las mujeres es de veinte años, y la de los hombres, veinticuatro. Las parejas deben exhibir un certificado de matrimonio, que exige que cada miembro de la pareja tenga su hukou al día -los engorrosos permisos de residencia que controlan dónde vive la gente.
Los vecinos de Gaoping, una pequeña ciudad en la provincia de Hunan, dicen que los funcionarios de la planificación familiar han utilizado la letra chica para confiscar incluso a primogénitos.
Yang Libing y su esposa Cao Zhimei, ambos trabajadores inmigrantes, dijeron que su hija de nueve meses, Ling, les fue retirada en 2005 porque, como trabajadores inmigrantes, no pudieron reunir todos los documentos necesarios para inscribir su matrimonio. Los funcionarios de la planificación familiar local irrumpieron cuando los avejentados padres de Yang cuidaban a la bebita.
Le dijeron al padre de Yang que la familia sería multada con el equivalente de más de mil dólares, pero que si firmaba un documento diciendo que el bebé no era su hijo biológico, sino adoptado, se ahorrarían esa multa.
"Eran personas a las que conocía. Yo confiaba en ellas. Me engañaron", dijo el padre, Yang Qinzheng, miembro del Partido Comunista que, aunque sabe leer, no leyó el documento cuidadosamente porque tiene mala vista.
Entonces los funcionarios se llevaron al bebé a un orfanato en la cercana Shaoyang, prometiendo devolverla después de que sus papeles de inscripción estuviesen en orden. La familia no la volvió a ver.
La pareja, que más tarde tuvo otro hijo, un niño que ahora tiene tres años, todavía llora la pérdida de su hija.
"Todos la adoraban en el pueblo. Tenía los ojos grandes, como platos, y se reía con todo el mundo", dijo Cao, la madre. "Pienso en ella todo el tiempo. Se pregunto si acaso ahora se ve como una niña americana".
En total, dicen los vecinos, en Gaoping los funcionarios confiscaron unos quince bebés. Un maestro de escuela ayudó a las familias de aldeas en las afueras de Gapoing a escribir una petición en 2006, que entregaron a un diputado de la Asamblea Popular Nacional, el cuerpo legislativo chino.
Cuando la noticia apareció en el South China Morning Post, de Hong-Kong, algunos de los funcionarios de planificación familiar fueron reasignados a otras posiciones, pero ninguno fue detenido y ninguna familia ha recuperado a sus hijos.
"Todavía tienen sus trabajos. Realmente no les ha pasado nada, pero al menos han dejado de robar niños", dijo Yang Libing, líder del grupo.
Pero la práctica continúa en otros lugares. En diciembre, en la comuna de Dongkou, a dieciséis kilómetros de Gaoping, los funcionarios de la planificación familiar separaron a un niño de seis semanas de los brazos de su madre, diciendo que la familia debía más de dos mil dólares en multas debido a que era su segundo hijo.
"No nos dijeron qué iban a hacer con el bebé, solamente que lo llevarían al orfelinato, pero me di cuenta de que tenían planes de venderlo", dijo el padre del bebé, Hou Yongjun, profesor de conducción. Incapaz de reunir el dinero en tan poco tiempo, llamó a todo el mundo, incluyendo a un periodista.
A las diez y media de esa noche, la esposa oyó ruidos y alcanzó a ver a dos personas corriendo cuando se asomó a la ventana. Trece horas después de su confiscación, encontró a la bebita en la puerta de su casa, hambrienta, pero ilesa.
Expertos en adopción dicen que el sistema chino necesita ser reformado urgentemente.
Deng Fei, periodista especializado en investigaciones en profundidad de Pekín, que ha escrito frecuentemente sobre el tema, cree que debería haber más control del dinero pagado por los padres extranjeros.
"Ese dinero es un golpe de fortuna para los orfanatos y los funcionarios locales", dice Deng. "Les seduce para salir a buscar bebés para enviarlos al extranjero".
En Filadelfia, Wendy Mailman, que en 2005 adoptó en el orfanato de Zhenyuan que trabajaba como bebés confiscados, ahora pone en duda todo lo que le contaron sobre la niña que según los funcionarios del orfelinato nació en septiembre y fue abandonada en enero.
"¿Qué hace que una madre que no quería a su hija haya sido tan implacable como para esperar lo más crudo del invierno para abandonarla?", se preguntó.
Se pregunta qué debería hacer si descubriera que su hija es una de las bebitas robadas. Sabe que ella no podría devolver nunca a su hija americanizada de seis años, que está obsesionada con ‘SpongeBob’ y odia la clase de cultura china en que su madre la inscribió. Pero dijo: "Me gustaría contarle a la familia biológica que su hija está viva y es feliz y quizás mandarle una fotografía".
"Es decisión de mi hija si más tarde quiera construir una relación con ellos", dijo.
Para muchas familias biológicas, eso sería suficiente.
"Nunca la traeríamos de vuelta, porque una niña educada en Occidente no podría vivir en un pueblo pobre como este", dijo la suegra de Yang Shuiying, Yang Jinxiu.
"Pero nos gustaría saber dónde está. Nos gustaría ver una foto. Y nos gustaría que sepa que la echamos de menos y que no la abandonamos".

Nicole Liu y Angelina Qu, de la oficina del Times en Pekín, contribuyeron a este artículo.

14 de octubre de 2009
20 de septiembre de 2009
©los angeles times 
©traducción mQh
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