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sequía amenaza a iraq


Primero la violencia, ahora una sequía amenazan a los campesinos iraquíes. Varios años de precipitaciones reducidas ha convertido a zonas en el norte en un desierto. La desesperación podría empujarlos hacia los insurgentes.
[Alexandra Zavis] Hawija, Iraq. En casi tres años, el campesino Sarheed Ahmed apenas ha tocado su tierra. Tenía demasiado miedo de llamar la atención de los pistoleros enmascarados que aterrorizaban la zona, o de los ataques de los helicópteros norteamericanos que acechaban arriba.
Ahora, dice Ahmed, puede trabajar en su tierra hasta entrada la noche sin preocuparse por su seguridad. Pero por un cruel giro del destino, ahora no está lloviendo.
Después de sobrevivir cinco años de guerra, Iraq hace frente a una severa sequía, que ha perjudicado la producción agrícola y amenaza con diezmar el ganado. En las zonas más afectadas, que estaban cubiertas de dorados trigales y verdes pastizales, se han convertido en un desierto.
Para comunidades como Hawija, una ciudad agrícola al norte del país que está empezando a emerger después de la guerra que opuso a fuerzas iraquíes y norteamericanas contra los militantes sunníes, la sequía se produce en el peor momento. Cómo superarla pondrá a prueba a un gobierno abrumado por la burocracia, la corrupción y la desconfianza.
En Iraq, el mayor empleador es la agricultura, que ocupa al veinticinco por ciento del cuarenta por ciento de la fuerza de trabajo. Funcionarios estadounidenses creen que si la producción pudiera ser aumentada, el sector se convertiría en un motor de estabilidad. Pero las dificultades de la sequía podrían empujar a algunos en los brazos de insurgentes con dinero a la mano para cualquiera que quiera colocar una bomba.
"El noventa por ciento de la gente de Hawija vive de la agricultura", dice Mohammed Hussein, un alcalde de la región. "Si el campesino no puede trabajar su tierra, para alimentar a su familia no le quedará otra opción que el terrorismo".
Las fértiles llanuras entre el Tigris y el Eúfrates se cuentan entre los lugares pioneros de la agricultura hace unos diez mil años. Pero el resto de Iraq es en gran parte árido, donde los campesinos dependen de las erráticas lluvias.
Según el ministerio de Recursos Hídricos, las precipitaciones del invierno pasado, cuando el país recibe la mayor parte de sus precipitaciones, fueron un treinta por ciento del promedio. Durante el clave período de siembra, de octubre a diciembre, muchas regiones no recibieron ninguna precipitación mesurable.
Iraq ha sufrido peores sequías. Pero los efectos son particularmente sensibles ahora que el nivel de los embalses y ríos sigue también bajo después de varios años de precipitaciones reducidas, dijo el ministro de Agricultura, Ali Bahadili, en una conferencia telefónica.
"Son tiempos muy difíciles", dijo.
Los niveles de agua también son determinados por las represas en Turquía, Siria e Irán, y funcionarios iraquíes acusan a sus vecinos de quedarse con más que la cuota correcta. Sin embargo, esos países también han sido atacados por la sequía.
Los canales de irrigación cruzan toda Hawija, pero el nivel del agua es controlado por la Represa Dukan en la región semi-autónoma del Kurdistán en el norte.
Muchos de los campesinos generalmente sunníes de Hawija se convencieron de que la autoridad regional kurda en Irbil estaban reteniendo deliberadamente el agua hasta que oficiales norteamericanos les lleven fotografías que muestren que las reservas de la represa se han reducido en diez billones de galones.
Funcionarios estadounidenses dicen que es un problema de prioridades contradictorias. La región kurda usa la represa para generar electricidad. Así que almacena agua en la primavera, cuando más la necesitan los agricultores, para aumentar las reservas para los agobiantes veranos, cuando la demanda de agua alcanza su punto álgido.
"Hablamos con medio mundo en el gobierno en Bagdad, Irbil y Kirkuk sobre este problema, pero nadie nos presta atención", dijo el presidente del concejo de Hawija, que pidió que se lo identificara solamente por apodo tradicional de Abu Saddam. "La gente en el norte de Iraq... no tienen ningún interés en la situación de los agricultores en Iraq".
Militantes sunníes explotaban este descontento para afirmarse en Hawija, un estratégico cruce entre la rica capital provincial del petróleo, Kirkuk, y la ciudad refinadora de Baiji. Y oficiales estadounidenses temen que la creciente frustración pudiera convertirse nuevamente en un catalizador de la violencia.
"En algún momento la novedad de eso se desgasta, y la gente empieza a querer algo diferente", dijo el mayor Brian Tuson, del Batallón No.1, del 87 Regimiento de Infantería del ejército. "Si creen que el gobierno no responde a sus exigencias, eso podría ser contraproducente".
Los canales de irrigación de Hawija se llenaron por primera vez esta temporada el día que Ahmed empezó a cosechar una mísera y atrofiada plantación de invierno de trigo.
Tiene un pozo, que le proporcionó suficiente agua para plantar la mitad de su terreno de catorce hectáreas. Pero eso no será suficiente para alimentar a las 45 personas que dependen de la granja. Así que Ahmed también trabaja como vigilante de barrio, como parte de un programa militar norteamericano que ha desalojado a los militantes de algunos de los lugares más violentos de Iraq.
"Antes no podíamos sembrar porque teníamos miedo", dijo Ahmed, un fornido hombre en una sudadera marrón desgastada y gafas de sol oscuras. "Ahora puedo trabajar toda la noche, si quisiera. Tenemos libertad, pero no hay agua, ni fertilizantes, ni nada".
El vecino de Ahmed, que no posee un pozo, no pudo plantar nada este año. Su terreno está seco y resquebrajado, e invadido por la mala hierba.
Funcionarios estadounidenses pronostican que este año se cosechará, de un millón de hectáreas, casi cincuenta por ciento menos que el año pasado. En las provincias norteñas de Tamim, Nineveh e Irbil, donde los agricultores dependen fuertemente de las lluvias para regar sus cultivos, se espera que esa cifra descienda hasta en un ochenta por ciento.
El efecto sobre la cosecha de cebada, con la que los pastores alimentan a sus rebaños, ha sido peor. Muchos agricultores han sido obligados a vender algunos de sus animales para comprar pienso para el resto, fueron subastados en los mercados ganaderos en la norteña ciudad kurda de Maidan, donde compradores y vendedores regateaban entre remolinos de viento, provocados por los animales.
Ese día, Rasheed Tahir había llevado 250 corderos de su rebaño de cuatrocientos, pero le desilusionaron los precios, que este año han descendido en cerca de un cincuenta por ciento.
"Mi relación con mis corderos es bastante larga", dijo, abatido. "Antes los cuidaba como un padre a sus hijos... Pero debido a la sequía, no me queda más alternativa que venderlos".
Los efectos no se limitarán a esta temporada. Los campesinos reservan una parte de sus cosechas para usarla como semilla de la próxima. Pero debido a la baja de la producción, muchos tendrán poco o nada que sembrar ni dinero para comprar semillas.
Bahadili, el ministro de agricultura, dijo que el gobierno tomaría medidas para ayudar a los agricultores, incluyendo la excavación de más pozos y la subvención del coste de las semillas, pienso animal, fertilizantes y pesticidas. Pero los agricultores dijeron que ya habían escuchado esas promesas antes.
Funcionarios estadounidenses explican la lenta respuesta del gobierno como una combinación de ineficacia burocrática, corrupción y la prolongada inseguridad en algunas zonas, lugares hacia donde los funcionarios iraquíes se niegan a viajar.
Ahmed, sunní, dijo que no esperaba nada de las autoridades provinciales kurdas en Kirkuk, ni del gobierno chií de Bagdad. El futuro, dijo, "está en manos de Dios".

alexandra.zavis@latimes.com

Caesar Ahmed f Raheem Salman en Baghdad y Asso Ahmed en Maidan contribuyeron a este reportaje.

13 de julio de 2008
26 de junio de 2008
©los angeles times
cc traducción mQh
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