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Murió a fines de septiembre. El protagonista de ojos azules de ‘El buscavidas’, ‘La leyenda del indomable’ y ‘Dos hombres y un destino’ murió en su casa. Llevaba varios años luchando contra el cáncer. A los 83.
[Lynn Smith] Murió Paul Newman, legendaria estrella del cine e irreverente icono cultural que creó una filantropía ejemplar sostenida por las ganancias de una salsa para ensaladas que llegó a ser casi tan famosa como él. Tenía 83 años.
Newman murió el viernes en su casa cerca de Westport, Connecticut, después de una larga batalla contra el cáncer, dijo el publicista Jeff Sanderson.
Increíblemente guapo, Newman mantuvo su condición de superestrella, al mismo tiempo que se protegía de sus corruptas influencias, durante casi cien papeles en Broadway, la televisión y el cine. Como actor y director, llegó a convertirse en un estadista de Hollywood, admirado igualmente fuera de las pantallas por su discreta generosidad, su poco convencional sentido comercial, su pasión por las carreras de auto, su compromiso político y su largo matrimonio con la actriz Joanne Woodward.
Molesto por la fascinación del público por su parecido con una estatua romana, especialmente sus intensos ojos azules, Newman prefería a menudo roles poco convencionales. En los años cincuenta y sesenta, contribuyó a definir al anti-héroe americano y se lo identificó con los encantadores inadaptados, sinvergüenzas y delincuentes en películas clásicas como ‘El buscavidas’ [The Hustler], ‘Hud, el más salvaje entre mil’ [Hud], ‘La leyenda del indomable’ [Cool Hand Luke] y ‘Dos hombres y un destino’ [Butch Cassidy and the Sundance Kid].
La cara de poker de Newman en ‘El golpe’ [The Sting] -astuto, vigilante, distante, divertido, confiado, alerta- resumía su poder como persona y como actor, dijo Stewart Stern, guionista y amigo de toda la vida.
"Nunca ves toda la baraja, siempre hay una carta en algún lugar que podrías jugar o no", dijo Stern. "Quizás tampoco tiene una".
Newman decía que su éxito venía menos de su talento natural que del trabajo duro, suerte, y la tenacidad de un terrier.
"Actuar", dijo una vez, "realmente no es otra cosa que explorar ciertas facetas de tu propia personalidad tratando de convertirse en otra cosa". En sus primeras película dijo que había tratado de adaptarse al personaje, pero que más tarde trató de que "el personaje se acerque a mí".
El actor se enorgullecía, dicen sus amigos, de sus roles más tardíos que fueron nominados al Oscar, en ‘Ausencia de malicia’ [Absence of Malice], ‘Veredicto final’ [The Verdict] y ‘Ni un pelo de tonto’ [Nobody’s Fool], en los que excavó profundamente en complejas emociones de hombres corrientes luchando por la dignidad, la justicia o la comunidad. En 2003 fue nominado a un Oscar por su último largometraje, como un indeciso capo de la mafia en ‘Camino a la perdición’ [Road to Perdition]. Dos años después, a los ochenta, ganó un Emmy por su papel como un padre entrometido en ‘Empire Falls’.
"Es una figura majestuosa en el mundo de la actuación", dijo el director Arthur Penn, que trabajó con él al principio de su carrera. "Hacía de todo, y lo hacía bien".
Parte de una generación de actores de Nueva York tan naturales como caprichosos que se mudaron a Hollywood en los años cincuenta y sesenta, Newman era comparado a menudo con otros actores del Método, como Marlon Brando y James Dean. El crítico de cine David Ansen observó una vez que si el esbelto actor no tenía la presencia física o psíquica de los otros, era más asequible, incluso cuando hacía de canalla.
"Newman", escribió Ansen, "es nuestra gran estrella de peso medio del cine".
Nominado ocho veces a un Oscar en la categoría de Mejor Actor, Newman lo ganó solamente una vez, por ‘El color del dinero’ [The Color of Money] (1986), en la que retomó el papel de ‘Fast’ Eddie Felson, que surgió en ‘El buscavidas’, de 1961. También se llevó a casa varias estatuillas honoríficas en 1985 por los logros de su carrera y en 1993 por sus proyectos humanitarios. Sin embargo, en los últimos años boicoteó las ceremonias de entrega de premios pese a las repetidas nominaciones a los premios Oscar, Emmy y Tony. Llegó a decir que ya no tenía esmoquin.
En la vida real, Newman era "la quintaesencia de la distinción, caballeroso sin ser anticuado", dijo Viktor Navasky, antiguo editor de Nation, una revista liberal en la que Newman invirtió y donde escribía sus ocasionales columnas. Reservado y complejo, Newman disfrutaba con la cerveza y las bromas pícaras, y era un idealista que salió a la calle a protestar contra la guerra de Vietnam.
Le encantó, dicen sus amigos, cuando se enteró de que estaba en la lista de los enemigos del presidente Nixon.

Casado en 1958 con Woodward, su segunda esposa, Newman cultivaba un estilo de vida distintivamente ajeno a Hollywood, viviendo entre su acogedor departamento en Nueva York y una granja remodelada en el boscoso Westport, Connecticut, donde se entregaba a sus pasiones, que incluían la gastronomía y las carreras de coches.
Muy competitivo, Newman se sentía atraído por el autódromo, dijo a periodistas, porque en las carreras, a diferencia de la actuación, la definición de ‘bueno’ no es un sucio asunto de opinión. Aunque empezó a correr a los 47, se clasificó entre el veinticinco por ciento de los mejores pilotos del deporte, y su equipo llegó segundo en el prestigioso torneo de Le Mans en 1979. A los setenta se convirtió en el piloto de más edad en participar en una carrera de autos aprobada profesionalmente cuando su equipo llegó tercero en la carrera de 24 horas en Daytona, Florida.
Todavía corriendo a los ochenta, Newman salvó ileso de un coche en llamas en 2005. Volvió a correr al mes siguiente.
Desde los años ochenta Newman dedicaba más tiempo a Newman’s Own, una compañía de alimentos que fundó como broma y se convirtió en una de las organizaciones de beneficencia más grandes del país. La compañía, que produce aliños para ensaladas naturales, palomitas, salsas y limonada, ha hecho beneficios por sobre los 250 millones de dólares después de pagar los impuestos para cientos de organizaciones, incluyendo la suya propia: Campamentos de Hole in the Wall Gang (en homenaje a la pandilla de bandidos en ‘Dos hombres y un destino’.
Sus amigos dicen que Newman aborrecía lo que llamaba una "filantropía ruidosa". Pensaba que los premios y honores que se le ofrecían eran excesivos y una vez rechazó una medalla oficial en una carta al presidente Clinton, llamando ese reconocimiento como "honorrea".
Si alguien le decía: "‘Qué gran persona es usted’, siempre se denigraría a sí mismo", dijo su amiga Alice Trillin. Para los amigos, Newman era abierto, aunque vago, en cuanto a que no siempre llevó una vida ejemplar. Excepcionalmente tolerante de las debilidades de los otros, dijo, "yo era un idiota".

Empezó Tarde
Sus amigos y vecinos en el suburbio de Shaker Heights, de Cleveland, pueden no haber previsto el futuro como símbolo sexual de Paul Leonard Newman, el segundo hijo de un propietario de una tienda de artículos deportivos.

Nacido el 26 de enero de 1925, Newman era demasiado chico y escuálido como para jugar fútbol americano o béisbol y fue estimulado en las artes por un tío que escribía poesía y su madre, que le enseñó a apreciar la música y los libros y compartía detalles de presentaciones teatrales que había visto.
Aunque, para deleite de su familia, ya actuaba en la escuela básica y en piezas de teatro en la escuela secundaria, dijo que su padre, un ex periodista, estricto y dedicado, lo consideraba un peso liviano y lo trataba a menudo como si se hubiese decepcionado con él.
"Quería demostrarle desesperadamente que de algún modo, en algún lugar en algún momento yo daría el ancho", dijo Newman a la revista Time en 1982. Una de las grandes agonías de su vida, dijo, fue la muerte de su padre en 1950, sin que llegara a ver su éxito.
A los dieciocho se enroló en la Armada con la esperanza de llegar a ser un piloto en la Segunda Guerra Mundial, pero fue rechazado por ser daltónico. Pasó tres años como radio operador de tercera clase a bordo de bombarderos en el Pacífico Sur.
Después de eso se enroló, a los veintiuno, como mechón en el Kenyon College, en Gambier, Ohio, donde pasó algunos de sus días más felices, jugando fútbol, bebiendo cerveza y metiéndose en problemas. Después de que una pelea en un bar terminara con él en el calabozo, lo echaron del equipo y volvió a la actuación.
"Probablemente yo estaba entre los peores actores universitarios de la época", dijo Newman nueve años más tarde. "Me aprendía mis diálogos de memoria y no hacía más que decirlos, sin espontaneidad, sin saber qué significaba actuar y reaccionar".
Sin embargo, el novelista E.L. Doctorov, un mechón en Keyon en ese entonces, recordó que "no cabía ninguna duda sobre su talento". Dijo que Newman era popular porque era el principal actor en el campus y por la lavandería que administraba.
"Siempre fue muy emprendedor", dijo Doctorov.
Tras graduarse en inglés, Newman actuó en producciones de verano e invierno en Wisconsin e Illinois, pensando que podría eventualmente enseñar dicción o drama. Pero entonces se casó con Jacqueline Witte, actriz, con la que tendría tres hijos: Scott, Susan y Stephanie. Scott murió en 1978 por sobredosis de drogas y alcohol.
Cuando murió su padre en 1950, Newman volvió a casa para encargarse de la tienda de artículos deportivos. Un año después la tienda fue vendida y él escapó hacia New Haven, Connecticut, donde durante un corto período estudió teatro en la Universidad de Yale, especializándose en dirección, antes de probar suerte en Nueva York.
"Yo estaba preparado para intentarlo durante un año y, si nada resultaba, volver aYale para sacar los diplomas", le dijo a Lillian y Helen Ros en el libro ‘The Player: A Profile of an Art’. "No tenía ninguna intención de esperar hasta que estuviera viejo y magullado y amargado".
En Nueva York, para entonces el centro de la televisión en vivo y hogar del famoso Actors Studio, Newman siguió algunas lecciones en el Método, una técnica que enfatizaba la naturalidad, mientras se presentaba a audiciones y vendía enciclopedias para mantener a su familia. Más tarde atribuyó todo lo que sabía sobre actuación a la creativa comunidad de actores, escritores y directores del estudio. Llegó a ser su presidente y, aunque nunca se hizo público, financió personalmente las operaciones de la institución durante siete años, cuando empezaron los tiempos difíciles.
Descrito como "guapísimo e intenso", el joven Newman encontró rápidamente algunos papeles menores en programas de televisión como ‘You Are There’, así como un rol como un rico estudiante universitario en la producción de Broadway, ‘Picnic’, en la que él y Woodward eran suplentes. Cuando le ofrecieron el papel principal, como un sensual fanfarrón, el director Joshua Logan dijo que el actor no era el adecuado porque no representaba "una amenaza sexual" -un reto que Newman contrarrestó embarcándose en una rutina -que mantuvo toda su vida- de vigorosos ensayos para mantenerse en forma.
Su matrimonio se empezó a deteriorar justo cuando empezaba a recibir ofertas de trabajo y críticas positivas y las prioridades de su esposa fueron los hijos, de acuerdo a algunos amigos. Newman cayó en un período turbulento en el que él y Woodward empezaron a tener una aventura.

Una vez fue detenido por pasar con luz roja, aplastar unos arbustos y huir de la escena del accidente. El fin de su matrimonio fue largo y agobiador, dijo Stern, porque Newman estaba tan preocupado con ser honesto con su esposa y sus hijos. Su primera esposa obtuvo el divorcio en México en 1957. Newman y Woodward se casaron al año siguiente, una duradera unión que Newman atribuía a las "dosis correctas de lujuria y respeto". La pareja tuvo tres hijos.
Pese a rumores posteriores de que no todo marchaba bien su matrimonio, Stern dijo que la pareja era comprometida y respetaba las opciones de vida del otro. Aunque Woodward bromeó una vez diciendo que "una mente es algo demasiado terrible como para desperdiciar en un Trans Am", según Stern. "Admiraban y respetaban sus talentos y proyectos e idiosincrasias.
Aparecieron juntos en once películas, entre ellas ‘Noche larga y febril’ [The Long Hot Summer], ‘Desde la terraza’ [From the Terrace] y ‘Esperando al señor Bridge’ [Mr. and Mrs. Bridge]. Newman también la dirigió en otras cuatro películas, incluyendo la altamente respetada ‘Raquel, Raquel’ [Rachel, Rachel], sobre una maestra cuyos temores la mantienen atrapada en una pequeña ciudad.
Stern, autor del guión de esa película, dijo que aveces observó a Newman mirando hacer algo a su esposa que lo emocionaba.
"Tenía una expresión de amor en su cara que nunca había visto antes", dijo. "No lo podías mirar demasiado tiempo. Era como abrir la puerta equivocada".
Los estudios de Hollywood reclutaron a Newman en 1954, en una época en que la industria cinematográfica, amenazada por la televisión en vivo, contrató a muchos de los actores, directores y escritores más creativos de Nueva York. De acuerdo a Penn, Newman "era emblemático de lo que estaba por venir, la exigencia de independencia que traía la nueva generación".
Al principio, sin embargo, Newman, el actor serio, no pudo evitar roles de guapo, porque se veía devastadoramente. Cuando la gente lo miraba, dijo Penn, "simplemente se caen".
Newman se sintió particularmente humillado por su primera película, ‘El cáliz de plata’ [The Silver Chalice], en la que aparece como un escultor griego envuelto en una toga, con un diálogo forzado. Cuando la película fue emitida durante una semana en la televisión en 1963, puso un anuncio de bordes negros en Los Angeles Times que decía: "Paul Newman ofrece sus excusas todas las noches esta semana".
Determinado a no ser simplemente el chico guapo del estudio, Newman fue uno de los primeros actores que compró su contrato a Warner Bross para fundar más tarde, con otros colegas, sus compañías de producción propias. La inclinación de Newman de hacer roles variados reflejaba "su imaginación", escribió en sus memorias, ‘An Open Book’, John Huston.
El precio fue una carrera salpicada de papeles equivocados y roles poco memorables, como el de músico de jazz en ‘Un día volveré’ [Paris Blues], anarquista de comienzos del siglo veinte en ‘Lady L’ y agente doble en ‘Cortina rasgada’ [Torn Curtain].
Sin embargo, cuando hacía papeles como sureño temperamental en películas basadas en las piezas de teatro de Tennessee Williams, ‘La gata sobre el tejado de zinc’ [Cat On a Hot Tin Roof] y ‘Dulce pájaro de juventud’ [Sweet Bird of Youth], el público y los críticos lo adoraban. Con el papel de intrigante jugador de billar en ‘El buscavidas’, Newman empezó una serie de papeles que los historiadores del cine han considerado que captaban la esencia del hombre americano de después de la guerra: frío, cínico y confiado de que el mundo de valores tradicionales conocido se derrumbaba a su lado.
Newman se hizo tan popular que más tarde se quejó de que el público y los críticos no habían entendido el punto de ‘Hud, el más salvaje entre mil’, una película en que retrataba al inmoral e insolente hijo de un ranchero. En lugar de ver a Hud como un personaje trágicamente trastornado que sólo pensaba en sí mismo, el público lo adoraba. Se convirtió en un anti-héroe, especialmente entre adolescentes. Newman tocó otro nervio en 1967, con ‘La leyenda del indomable’, en la que es un temerario preso en una cuadrilla de trabajo que es acosado por guardias sádicos. Una memorable escena en la que Luke gana una apuesta comiendo cincuenta huevos duros provocó el nacimiento de torneos en universidades y entre los soldados en Vietnam.
En 1969, cuando era el actor más popular de Hollywood, Newman trabajó como Robert Redford en ‘Dos hombres y un destino’, una película sobre dos amables bandidos que habían sobrevivido su época. La película de vaqueros de más taquilla en la historia del cine, el filme destacaba la cómica coordinación del dúo de guapos. Los fans adoraban la escena en que el par salta por un acantilado y todavía asocian la canción ‘Raindrops Keep Falling On My Head’ con los trucos en bicicleta de Newman.
Redford dijo que fue la película más divertida que había hecho, y consolidó una amistad de toda la vida entre los dos actores.

Lejos de Beverly Hills
Si Newman no se hubiese apartado con su familia del glamour y el materialismo de Beverly Hills a Westport en 1962, le contó al biógrafo Eric Lax, no se habría dedicado nunca a esas otras cosas que hicieron excitante su vida: la política, las carreras de coches y la huerta.

"Es sólo cuando te alejas de California que no puedes tomarte muy en serio" como estrella de cine, dijo.
Durante los años sesenta, Newman se opuso a la guerra en Vietnam. En 1968, trabajó para la campaña contra el candidato en contra de la guerra, el senador Eugene McCarthy, y fue delegado de Connecticut para la Convención Nacional Demócrata. Al año siguiente, él y Woodward se unieron a una manifestación contra la guerra frente a la embajada estadounidense en Londres.
Newman sabía que sus actividades no siempre eran populares, y dijo al New York Time Magazine, en 1966: "Una persona sin carácter no tiene enemigos". Sus amigos dicen que estaba encantado cuando en 1973 fue incluido como el número diecinueve en la lista de enemigos de Nixon, diciendo que lo elevaba a ojos de sus hijos. Newman exponía muy bien sus argumentos políticos, dicen sus amigos, y admiraba abiertamente a algunos conservadores. En 1994 ayudó a su hermano Arthur, un acérrimo republicano, en una exitosa campaña para una sede del Concejo Municipal en Rancho Mirage.
A fines de los setenta, aburrido de actuar, Newman cayó en una depresión que allanó el camino para lo que ha sido llamada una de las transiciones profesionales más exitosas en la historia del cine.
Intrigado por las carreras después de hacer la película ‘Quinientas millas’ [Winning] en 1969, Newman empezó a rodar películas sobre el tema. Su concentración, atletismo y conocimiento le granjearon pronto la simpatía de algunos escépticos que estaban acostumbrados a actores diletantes que rondaban en el circuito, dijo el campeón Mario Andretti.
"Si hubiese empezado antes, habría tenido tanto éxito como con la actuación, sin ninguna duda", dijo Andretti. Cuando Newman formó su propio equipo, el Newman-Hass Indy Car, Andretti corrió por él durante doce años.
Recuperado, Newman volvió a actuar, explorando personajes con una nueva y desconocida profundidad. La crítico de cine Pauline Kael calificó el retrato de Newman de un acabado entrenador de hockey sobre hielo en ‘El castañazo’ [Slap Shot], una comedia de 1977, como "una informal estrella americana en su mejor momento". En los ochenta, participó activamente en Actors Studio en Nueva York, proporcionando fondos y convirtiéndose en presidente del directorio.
En 1981, Newman fue nominado a un Oscar por su papel en ‘Ausencia de malicia’, como un hombre de negocios calumniado por el entusiasta y joven periodista Sally Field, cuyo reportaje conduce al suicidio de su amigo.
Fue nuevamente nominado por su retrato de un abogado alcohólico redimido por su búsqueda de la justicia en ‘Veredicto final’, de 1982.
Cuando en 1986 Newman ganó finalmente un Oscar por ‘El color del dinero’, no fue la mejor película ni de él ni de su director Martin Scorsese y fue considerada por algunos como una compensación por haber pasado por alto ‘El buscavidas’.
Para evitar otra frustración en público, Newman no asistió a la ceremonia. Más tarde explicó: "Es como perseguir a una mujer guapa durante ochenta años. Finalmente cede, y entonces le dices: ‘Lo siento mucho, estoy cansado’".

Su papel en la vida real como ejemplar filántropo de Hollywood empezó justo antes de la Navidad de 1980, cuando él y su amigo Hotchner hicieron en una bañera un montón de aliño de ensalada que debían embotellar sus amigos.
Newman era un perfeccionista, tanto en la cocina como en su arte, dicen sus amigos. "Él sabía la cantidad exacta de grasas que se utilizan para la hamburguesa perfecta", dijo Stern. "En sus ensaladas siempre cortaba el apio del mismo ancho".
En restaurantes Newman era conocido porque pedía aceite de oliva, vinagre, apio cortado, sal, pimienta y mostaza para hacer su propio aliño. En una ocasión, cuando los camareros en el legendario restaurante de Beverly Hills, Chasen’s, no quisieron hacerlo, llevó la ensalada al baño de hombres y tiró el aliño. "Entonces le llevaron los ingredientes que quería y él hizo el aliño", dijo Stern.
Newman dijo a periodistas que nunca imaginó que el aliño terminaría siendo vendido a nivel nacional, pero después de que las sobras de Navidad fueran donadas a tiendas de exquisiteces, la broma se convirtió en un reto.
Cuando quedó claro que el aliño podría ser un negocio rentable, especialmente con su cara en la etiqueta, Newman decidió dar al mundo algo de la suerte que había recibido de este.
"Fue algo espontáneo: ‘Hagamos esto y donemos todo’", contó su hija Nell al New York Times en 1998.
Newman y Hotchner escribieron ingeniosas etiquetas para el lema de la compañía: "Descarada explotación en la búsqueda del bien común", que más tarde se convirtió en el nombre del libro en que describen sus aventuras en el negocio.
La compañía creció y se expandió a toda una gama de productos, entre los cuales se contaban las palomitas, las salas, las salsas para pastas, las marinadas y la ‘Old Fashioned Roadside Virgen Lemonade’, de Woodward.
En 2006 inauguró ‘Dressing Room: A Homegrown Restaurant’ en beneficio de la Westport Country Playhouse, uno de los proyectos favoritos de Newman y Woodward.
Como resultado de su éxito empresarial, Newman donó más de 250 millones de dólares a unas mil organizaciones, incluyendo el Scott Newman Center, dedicado a la educación para prevenir el consumo de drogas, y varios campamentos de Hole in the Wall Gang, destinados a niños con enfermedades graves en Francia, Irlanda e Israel, así como en Estados Unidos. Cada verano Newman se quedaba unos días en el campamento original en Ashford, Connecticut, donde contaba historias de fantasmas y montaba, con otras celebridades, espectáculos para niños que sólo lo conocían como la cara en el cartón de limonada.
"Si dejo algún legado", dijo en 2006, "serán los campamentos".
Antes que contratar a empleados encargados de las subvenciones, sus amigos dicen que Newman y Woodward elegían ellos mismos, informalmente, las organizaciones. Newman firmó una vez un cheque para alguien que llamó a la puerta diciendo que la compañía de bomberos necesitaba un nuevo carro, contó Navasky, el edito de la revista Nation.
Pese a sus temores de que los actores pueden corromperse si dan demasiada importancia a la apariencia, a Newman le gustaba estar en forma. Hacía flexiones y subió y bajó escaleras hasta sus ochenta. Mojaba su cara con agua fría o nadaba en un lago frío toda vez que podía.
En sus setenta, Newman tuvo papeles como hombre mayor sexy en películas como ‘Al caer el sol’ [Twilight] y luego como padre irritable en ‘Mensaje en una botella’ [Message in a Bottle] y ‘Empire Falls’. Fue nominado para un Tony como director de escena en un reestreno de ‘Our Town’, en Broadway, y para un Emmy por la versión para televisión.
Después de ‘Camino a la perdición’, fue una voz para la película de dibujos animados ‘Cars’, en 2006, y narró la película ‘Dale’, de 2007, sobre el destino del chofer de NASCAR, Dale Earnhardt.
Newman no ocultó su desilusión de que el cine hubiera abandonado el ‘teatro de la mente’ por el ‘teatro de los sentidos’. Lamentaba que los astronómicos costes hubieran aumentado la presión sobre actores, guionistas y productores que ya no podían cometer errores y ser parte de un "proceso de crecimiento".
En 1997 insinuó que estaba luchando, le explicaba a Daniel Zwerdling, de National Public Radio, contra el hecho de que "a veces empiezas a perder tu centro... Te conviertes en una colección de manierismos exitosos de los personajes que haces... Lo que tratas de hacer es deshacerte de esos manierismos exitosos, volver al centro de tu propia personalidad".
En 2007, Newman anunció su decisión de retirarse, diciendo que había perdido confianza en sus habilidades y que la actuación era "un libro cerrado para mí".
Además de Doc Hudson, el Hornet animado con voz de Newman en la película ‘Cars’, definió el papel de Sully, en ‘Ni un pelo de tonto’, de 1994, como "lo más cerca que he estado" de representarme a mí mismo. Los críticos llamaron a Sully un "clásico tipo Newman" -una versión más madura de un hombre inteligente y tímido que mantiene a raya a sus amigos y familiares para protegerse a sí mismo. El vínculo con su miedoso nietecito abre la posibilidad de implicarse más con un hijo alejado y el resto de la comunidad.
"El momento más representativo de Paul", dijo Stern, "es cuando él ve a esa señora loca en la calle y le ofrece su brazo y la lleva de vuelta a casa como si fuera una reina. Así es como voy a recordar siempre a Paul: reconociendo la dignidad en otras personas".
Además de su esposa, le sobreviven sus hijas Susan, Stephanie, Nell, Melissa y Clea; dos nietos; y su hermano Arthur.

lynn.smith@latimes.com

13 de octubre de 2008
27 de septiembre de 2008
©los angeles times 
cc traducción mQh
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