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los dictadores ya no viajan


"Es el hito internacional más importante desde los juicios de Nuremberg". En 1999 Collins volvió a Inglaterra a continuar con sus estudios y pudo ver de cerca lo que ocurría en el piquete que estaba apostado afuera de la clínica.
[Cecilia Yáñez] Santiago, Chile. En el Foro Efecto Pinochet, organizado hace unos días por la Universidad Diego Portales (UDP), el abogado Roberto Garretón expuso que uno de los efectos de la detención de Pinochet en Londres es que ahora los dictadores ya no viajan.
"Hasta Henry Kissinger tiene cuidado sobre adónde va de vacaciones después de un esfuerzo por detenerlo en Francia luego del caso Pinochet", explicó.
Cath Collins, académica de la Escuela de Ciencia Política de la UDP, doctora en Ciencia Política de la Universidad de Londres y magíster en Política Latinoamericana, también participó en ese foro. Collins ha seguido muy de cerca la problemática de los derechos humanos en Chile. El 16 de octubre de 1998 vivía en la población El Volcán de Puente Alto.
"Un vecino se puso a gritar en la calle que Pinochet había muerto. Quedamos todos muy para adentro, pero el rumor de su muerte era mucho más creíble que la verdad que supimos al otro día, que estaba detenido en Inglaterra, fue de verdad insólito", recuerda.
En 1999 Collins volvió a Inglaterra a continuar con sus estudios y pudo ver de cerca lo que ocurría en el piquete que estaba apostado afuera de la clínica.
"En algún momento Lucía Hiriart dijo, ‘esto nos está pasando porque la gente no entiende quiénes somos nosotros’, pero sí lo entendían".
Hoy, Collins compara la detención de Pinochet con los juicios de Nuremberg y señala que se convirtió en un hito importante en materia de derecho internacional que marca un antes y un después.
"Todas las precisiones, los principios bajo los cuales se buscaba la detención existían desde hace mucho tiempo, lo que pasaba es que nunca nadie los había tomado en serio", indica.
A su juicio, después de la detención, Chile ganó "un claro entender: que ya era hora de rayar la cancha y de denominar las cosas como son y si como país no son capaces de hacerlo, alguien más lo hará, ese fue el recado". En otras palabras, a partir de entonces, la tortura se llamó tortura y no ‘apremios ilegítimos’, la dictadura es dictadura y no un ‘gobierno militar’.
"Hasta los militares y la derecha entendieron esto después del caso Pinochet y el Banco Riggs, y empezaron a tomar distancia de la figura de Pinochet", reflexionó Collins.
Otro efecto que provocó esta detención, añade, es el denominado "efecto Garzón" sobre los jueces nacionales. "En el sistema judicial y los jueces, si un país que se cree democrático no es capaz de solucionar sus problemas más graves dentro del marco del derecho internacional al que están suscritos, otras personas lo obligarán a que lo hagan, así funciona el sistema. Entonces, si no quieren que gente extranjera tome medidas, háganse cargo ustedes, y entreguen justicia a sus ciudadanos. En Chile la judicatura ya lo había empezado hacer, pero se apuró más", señaló Collins.

17 de octubre de 2008
©la nación
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