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se extiende guerra en uganda


La guerra en Uganda se extiende hacia el Congo, donde campesinos congoleños sufren la ira de los soldados del Ejército de Resistencia del Señor.
[Edmund Sanders] Primero mataron a los hombres, a menudo sin camisas ni pantalones y con sus brazos amarrados a la espalda. Para no gastar balas, los atacantes trocearon con machetes a sus víctimas o destrozaron sus cráneos a palos.
"Ocurrió paso a paso", dijo Joseph Kpayajadia, 58, un campesino que se ocultó entre los matorrales y presenció el asesinato de su hijo. "Los concentraron formando grupos y se llevaban cinco a seis a la vez para matarlos en la selva. Luego volvían a por más".
Para cuando terminó la carnicería, había 254 personas muertas en nueve aldeas, producto de una serie de ataques que duraron varios días, según funcionarios en Doruma.
Este conflictivo área del nordeste del Congo, donde los conflictos regionales han causado la muerte de más de cino millones de personas en los últimos doce años, es ahora el territorio de uno de los movimientos subversivos más prolongados e más insidiosos de África: el Ejército de Resistencia del Señor, una temible organización de la vecina Uganda que exige una adherencia estricta a los Diez Mandamientos.
El mes pasado, una sorpresiva ofensiva conjunta de los ejércitos de Uganda, Sudán y la República Democrática del Congo trató de aplastar la milicia rebelde, notoria por su utilización de niños en su guarida en el Congo.
Pero antes que matar al elusivo líder del ERS, Joseph Kony, los ataques aéreos contra una media docena de rebeldes en campamentos en la densa selva aquí sólo parecen haber dado nueva vida a un viejo conflicto, convirtiendo la guerra civil en Uganda en una creciente crisis regional.
Después de una pausa en los ataques en los últimos dos años, el ejército rebelde -que se estima cuenta con seiscientos combatientes- se ha dividido en pequeños grupos, dispersándose en diferentes direcciones y aterrorizando a la población civil con las masacres más brutales cometidas por la milicia desde 2004.
Organizaciones humanitarias temen que este foco de resistencia en el norte del Congo esté presenciando el mismo tipo de catástrofe que sufrió Uganda hace diez años. Víctimas congoleñas dicen que la ofensiva militar los ha puesto en la mira de la guerra de sus vecinos.
Los rebeldes escogieron Navidad para iniciar sus represalias, debido a que sabían que encontrarían grandes concentraciones de personas celebrando.
No perdonaron ni a mujeres ni a niños. El padre de una niña de cuatro años, que yacía tieso en el sucio colchón de un hospital, dijo que los atacantes le rompieron el cuello y luego la arrojaron encima de los cuerpos de su madre y dos hermanos. En camas cercanas, otros sobrevivientes, todavía temblando de dolor y miedo, estaban tan traumatizados que han sido incapaces de hablar desde el ataque, dijeron empleados del hospital.
En la región al menos quinientas personas han sido asesinadas y cien mil se han visto desplazadas en los últimos cuatro meses, la mayor parte en el Congo, pero también en el sur de Sudán y en la República de África Central. Según funcionarios, el número de víctimas podría llegar a mil, pero es difícil llevar la cuenta debido a la inaccesibilidad de las densas selvas del Congo y a las condiciones de seguridad. En algunos pueblos, las víctimas todavía yacían donde fueron asesinadas debido a que los campesinos tienen demasiado miedo como para volver.
Representantes del ERS negaron responsabilidad por las masacres en Doruma y otras aldeas, diciendo que habían sido cometidas por una unidad renegada del ejército de Uganda en un intento de responsabilizar a los rebeldes.
"Por un lado, el ejército ugandés dice que el ERS ha sido eliminado, así que ¿cómo podría el ERS haber retornado a matar en esas zonas?", dijo el negociador rebelde David Matsanga.
Las grandilocuentes aspiraciones de Kony sobre la revolución religiosa y la lucha por los marginados habitantes del norte de Uganda desaparecieron hace mucho tiempo, y su organización es conocida por haber secuestrado a más de veinte mil niños ugandeses en los últimos veintidós años, convirtiéndolos en máquinas de matar y esclavos sexuales mediante una combinación de lavado de cerebro, intimidación y drogas.
En 2005 el Tribunal Penal Internacional emitió una orden de arresto de Kony. En los últimos dos años, el líder de la guerrilla ha coqueteado con firmar un tratado de paz, pero las conversaciones se han estancado por su exigencia de que se le otorgue inmunidad.
Durante la mayor parte de ese tiempo, las fuerzas de Kony se han estado ocultando en el Parque Nacional de Garamba, en el Congo, sin realizar grandes actividades y atacando sólo ocasionalmente a la población local. Pero en septiembre, grupos del ERS aumentaron sus ataques contra varias aldeas cerca de la frontera con Sudán, secuestrando a noventa niños, cincuenta de ellos de una misma escuela.
Hasta hoy, cerca de 350 niños han sido secuestrados en el Congo, la mayoría de ellos capturados después de la ofensiva del 14 de diciembre, dijeron organizaciones de ayuda. En algunas aldeas congoleñas, los niños asustados se niegan a ir a la escuela y abandonan sus casas durante la noche, para dormir solos en la selva.
"Piensan que si se dispersan, no podrán ser detectados tan fácilmente por el ERS", dijo Genti Miho, director de la oficina de UNICEG en Bunia.
De momento, la campaña multinacional ha sido elogiada por Naciones Unidas, Estados Unidos y otros países de la comunidad internacional, que dicen que se han cansado de las promesas incumplidas de Kony.
Pero los congoleños dicen que están sufriendo las repercusiones de las campañas ugandesas contra un enemigo de toda la vida, y culpan a su gobierno por no procurarles una mejor protección.
"Somos inocentes", dijo Bertra Bamgbe, 35, una campesina de Faradje, a la que le cortaron la cara con un machete. Perdió la mitad de su oreja izquierda y tiene un tajo de cuatro pulgadas en su mejilla. "¿Por qué no nos protege nadie?"
Felicien Balani, líder cívico de Dungu, donde se han reunido muchas familias desplazadas, dijo que el ERS es "un problema de Uganda. ¿Así que por qué están matando a congoleños? Los gobiernos no planearon esto muy bien y nosotros estamos pagando el precio".
Las perspectivas de una victoria militar rápida parecen estar desvaneciéndose después de algunos reveses iniciales. Hace una semana que las fuerzas ugandesas no atacan con tropas terrestres los campamentos rebeldes bombardeados previamente, lo que hado a los rebeldes del ERS más tiempo para huir.
Las tropas congoleñas no lograron llegar a zonas civiles para prevenir ataques en represalia. De acuerdo a un secuestrado por el ERS, que sobrevivió un ataque aéreo, los rebeldes sabían que serían atacados.
"Nos enteramos de que nos atacarían", dijo la mujer, 20, que fue secuestrada a principios de 2008 en su aldea en la República de África Central. Ahora con un embarazo de ocho meses, la mujer, cuyo nombre se mantiene en reserva por su seguridad, escapó por poco debido a que estaba recogiendo agua cuando atacaron los helicópteros ugandeses.
Su ‘marido’ y otros combatientes del ERS habían abandonado el campamento en la mañana de ese mismo día, dejando atrás a las secuestradas y a los niños que son obligados a cultivar campos cercanos.
"Había mucha gente en los campamentos cuando fueron bombardeados", dijo.
Su historia subraya la necesidad de que los militares muestren moderación, dijeron algunos socorristas, porque la mayoría de los combatientes del ERS son niños secuestrados que han sido obligados a participar en la guerra.
"Aquí los perpetradores son también víctimas", dijo Margarida Fawke, de la agencia de refugiados de Naciones Unidas.
El portavoz del ejército ugandés, mayor Paddy Ankunda, defendió la campaña diciendo que habían requisado alijos de armas, alimentos almacenados y otros suministros. "Hemos podido anular la capacidad de hacer guerra del ERS", dijo Ankunda.
Pero la campaña ha dejado a los campesinos congoleños amargados y desconcertados. La mayoría de ellos no había oído hablar nunca del ERS y no sabían nada de los ataques aéreos hasta que los rebeldes saciaron su ira con ellos.
Leontine Imipavulu estaba bañando su hijito de semanas el día de Navidad cuando una pandilla de hombres en uniforme atacó la choza de barro de su familia. Se ocultó tras unos matorrales a unos metros de distancia, apretando al niño contra su pecho para impedir que llorara, mientras los desconocidos mataban a machetazos a su marido y sus padres.
"Yo fui la única que sobrevivió de mi familia", dijo. "Sólo yo y el bebé. Todavía no sé quiénes eran ni qué querían".

22 de enero de 2009
11 de enero de 2009
©los angeles times
cc traducción mQh
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