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bolivia ratifica constitución


De momento se ha contabilizado un sesenta por ciento a favor de la nueva Constitución, pero persisten reductos de la oposición en el oriente.
[Simon Romero] El Alto, Bolivia. Parece seguro que el presidente Evo Morales obtendrá una fácil victoria en el referéndum del domingo sobre la radical nueva Constitución diseñada para fortalecer la posición de los indígenas de Bolivia. La votación culmina tres conflictivos años de esfuerzos de Morales por reformar un sistema político asociado con siglos de subyugación de los indígenas.
Según informes preliminares de la votación, boletines de la televisión nacional dijeron que cerca del sesenta por ciento de los votantes aprobaron la nueva Constitución. Si ese margen se mantiene, o aumenta, fortalecería el mandato de Morales, dicen aquí algunos comentaristas políticos.
Sin embargo, los conflictos regionales sobre los resultados podrían estallar en los próximos meses. Sobre esos mismos conteos, tanto la prensa privada como la oficial informaron que al menos cuatro departamentos, o provincias, en las revoltosas tierras bajas del oriente boliviano rechazaron la carta magna por un amplio margen.
Artículos formulados vagamente entre los 411 de la nueva Constitución amplían la definición de propiedad para incluir la propiedad comunal; permitir a los indios aplicar castigos corporales según sus propios sistemas judiciales; extender una forma limitada de autonomía a las prefecturas regionales; y reafirmar el control del estado sobre las enormes reservas de gas natural de Bolivia.
Ahora es el Congreso el que deberá redactar las disposiciones de muchos de esos artículos, pero la legislatura es una institución fluida, en la que los indios tienen garantizada su representación en las cámaras.
"Con mi humilde voto estoy creando un poco de esperanza para mis hijos", dijo Ismael Pocoaca, 42, obrero de la construcción que votó el domingo en la mañana en la Escuela Chuquiago Marka aquí en esta ciudad de barriadas en la meseta azotada por el viento que domina la capital de La Paz.
Tras la votación, Pocoaca y otros aimaraes se reunieron frente a la escuela, donde los vendedores ambulantes vendían bocadillos de cerdo frito y carteles de Morales, que fue pastor de llamas en el pasado. "Finalmente estamos reconquistando nuestra dignidad", dijo María Laura, 30, una vendedora de jabón que votó por la nueva Constitución.
Pero mientras los indios celebran en todo el país el resultado de la votación, la Constitución se inicia con una nueva fase de incertidumbre en la dividida Bolivia.
Pocos reclaman saber cómo funcionarán las leyes bajo la nueva Constitución, en qué consistirá la revisión que se le hará en el Congreso o cómo afectará a un país que hace frente este año a una aguda recesión económica.
Funcionarios regionales de las tierras bajas, donde se produce la mayor parte de los alimentos y el petróleo de Bolivia, ridiculizaron la nueva Constitución: "No se puede implementar ninguna Constitución si no ha sido aprobada en todos los departamentos", dijo Carlos Dabdoub, dirigente político de Santa Cruz, un departamento oriental que rechazó la Constitución.
Dada la enconada resistencia en Santa Cruz y otras ciudades, fue extraordinario que se llegara a votar la Constitución. La violencia sobre la Constitución propuesta alcanzó un punto álgido en septiembre, cuando más de dos docenas de campesinos, en su mayoría partidarios de Morales, fueron asesinados en una emboscada en la provincia amazónica de Pando.
Las conversaciones entre los partidarios de Morales en el Congreso y la fracturada oposición produjo un compromiso sobre anteriores versiones de la Constitución. Uno de los artículos más polémicos en el borrador final revertía un plan para permitir que Morales pudiera postular indefinidamente a la reelección, limitando su mandato a cinco años si llega a ganar las elecciones a fines de este año.
Pero otros artículos reflejan la influencia de Morales, 49, que, pese a su origen indígena, no habla fluidamente ni el aimará ni el quechua, las dos principales lenguas indígenas de Bolivia. Comunicándose con la audiencia en español, el lenguaje de la Colonia, ha forjado sin embargo un movimiento político imbuido de nacionalismo y ha realzado la conciencia étnica.
"Después de quinientos años, hemos retomado la Plaza Murillo", dijo Morales a sus partidarios la semana pasada en un discurso en la clausura de la campaña en la plaza mayor de La Paz, a la que los indios no podían entrar entrados los años cincuenta.
La nueva Constitución permitirá a Morales, cuyo gobierno es apoyado económicamente por Venezuela, reafirmar un mayor control de la economía por parte del estado, con artículos que prohíben que las compañías extranjeras repatríen sus ganancias o que recurran al arbitraje internacional para resolver conflictos sobre las nacionalizaciones.
En realidad, Morales se muestra impertérrito ante la escasez de inversiones y el receso de la economía mientras continúa la caída del precio del gas natural boliviano y el vecino Brasil reduce sus importaciones de combustible.
En vísperas de la votación el presidente anunció la nacionalización de la unidad boliviana del gigante del petróleo británico, BP, y creó un nuevo diario, Cambio, controlado por su gobierno. Y después de la reciente expulsión del embajador estadounidense y de agentes de la Administración de Drogas de Estados Unidos [Drug Enforcement Administration, DEA], a los que acusa de espionaje, repitió sus críticas contra Estados Unidos.
"Poco a poco, Bolivia se está cerrando al resto del mundo", dijo Gonzalo Chávez, un economista de la Universidad Católica de La Paz con diploma de Harvard, que piensa que el crecimiento económico este año se reducirá al dos por ciento, después de llegar al seis por ciento en 2008.
Pero otros dicen que la nueva Constitución resuelve la poca representación de los indígenas, mencionando artículos que reservarán escaños para ellos en el Congreso y en otras áreas de una creciente burocracia. Incluso el gabinete de Morales sólo tiene dos ministros indios; sus principales asesores, el vicepresidente (un ex guerrillero) y el jefe de gabinete (un ex militar) son intelectuales de piel clara.
En importancia simbólica, dijo Xavier Albó, académico y lingüista jesuita, la nueva Constitución será el equivalente de la Reconquista española de la Península Ibérica ocupada por los moros hasta 1492. Pero en lugar de derramar sangre en ese proceso, dijo Albó, Bolivia está "avanzando en un proceso democrático que no excluye ni subyuga a nadie".
Algunos bolivianos que leyeron todo el texto de la Constitución tienen otra impresión.
Edmundo Paz Soldán, un escritor de la Universidad de Cornell, dijo que lo hacía recordar un ensayo de Jorge Luis Borges que describe el intento de una enciclopedia china de dividir la fauna en una miríada de categorías absurdas. Por ejemplo, Paz Soldán dijo que la nueva Constitución reconoce 36 grupos indígenas diferentes en Bolivia, algunos de menos de cien personas, pero que no estaba claro cómo precisamente ejercería cada grupo sus nuevos derechos en un país donde los tres grupos principales -los quechua, aimará y guaraní- tenían mucho más influencia.
"El alucinante texto podrá ser ratificado por la mayoría", dijo Paz Soldán. "Pero quizás no sea la receta para un país viable".

26 de enero de 2009
©new york times
cc traducción mQh
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