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asesinan a exiliado checheno 2


Exiliado asesinado detalló crueldad sistemática de presidente checheno. Umar S. Israilov s vio a los hombres que llegaron a matarlo. Debe haber intuido sus intenciones, porque echó a correr. 2a entrega: Joven Rebelde, Capturado.
[C.J. Chivers] Para Umar Israilov, el dolor de las guerras chechenas empezó temprano. En 1995 estaba arreando unas vacas cerca de su pueblo, Mesker-Yurt, cuando el lugar fue atacado con fuego de artillería. Se escondió hasta que terminó la descarga. Cuando volvió a casa, halló los restos de su madre acribillada por la metralla. Tenía entonces trece años.
A Israilov lo invadió la rabia, dijo, pero cuando pidió unirse a los rebeldes, lo rechazaron debido a su edad. La primera guerra duró hasta 1996, cuando los separatistas lograron una independencia limitada y las fuerzas armadas rusas se retiraron.
En 1999, durante un período de autogobierno checheno prácticamente anárquico, Israilov asistió a un campamento en Kurchaloi, dijo su padre. El campamento formaba parte de una red de escuelas yihadistas dirigidas por Shamil Basayev e Ibn al-Khattab, comandantes rebeldes cuyo recurso al terrorismo los colocó entre los hombres más buscados de Rusia.
El ejército ruso invadió nuevamente Chechenia en 1999. Israilov aceptó labores de apoyo a una célula de la guerrilla, espiando a las tropas rusas para ayudar a los insurgentes a evitar las emboscadas y manteniendo un alijo de armas en un cementerio. Los militares rusos sospecharon de él, dijo, y las tropas allanaron repetidas veces las casas de sus familiares. Finalmente se incorporó a tiempo completo a las filas de los insurgentes.
Israilov insistió en que él nunca estuvo en combate ni cometió actos de violencia. Esas aseveraciones son frecuentes entre ex combatientes; su versión no pudo ser verificada independientemente.
Los fiscales rusos, en un intento de extraditarlo el año pasado, dijeron que entregó rifles a los insurgentes para montar un ataque contra una comisaría de policía y ayudó a plantar una bomba contra un convoy -un ataque que resultó con un soldado ruso herido gravemente.
Austria rechazó la petición de extradición, diciendo que las evidencias eran insuficientes.
A principios de 2003, Israilov, entonces de veintidós años, estaba viviendo en un refugio subterráneo en el bosque. El 15 de abril, dijo, él y otros dos combatientes salieron a comprar alimento y fueron arrestados por chechenos pro-rusos.
Así empezaron sus penurias. Después de ser golpeado durante dos días, dijo, los tres prisioneros fueron llevados a un gimnasio de boxeo en Gudermes y presentados a Kadyrov. La ropa de Israilov estaban manchada de sangre, y tenía el cuerpo amoratado. Le habían roto la nariz.
Hoy, Kadyrov, 32, es el hombre más poderoso de Chechenia. Educado apenas, pero rebosante de intensidad y confianza en sí mismo, no es solamente el presidente de la república sino además el comandante de facto de sus extensas fuerzas de seguridad y árbitro de gran parte de su flujo de petróleo. Dirige un extravagante culto a la personalidad y ha auspiciado oficialmente el resurgimiento local de la religión y cultura chechenas.
Desde que se hizo con el poder, ha aprendido del estalinismo, del islam sufí, y del nacionalismo checheno para socavar a la insurgencia, doblegar a una sociedad atemorizada y reconstruir la república según sus caprichos.
En el camino, ha sido descrito por sus críticos como el más sádico gángster en la historia de Rusia.
Ha sido acusado de crímenes capitales, carnales y municipales, que van desde asesinatos, torturas y secuestros hasta retozar con prostitutas y el cobro de sobornos de funcionarios públicos para construir monumentos en homenaje a su padre y a sí mismo.
Ha negado siempre todas esas acusaciones. En entrevistas desde 2004 con el Times, a vece se ha reído de ellas, y aunque se llama a sí mismo ""guerrero", insiste en que sólo peleó por la paz.
"Soy musulmán", dijo en 2006, cuando se le presionó por acusaciones de secuestro.
"Un buen musulmán no cometería jamás un crimen", dijo. "Un musulmán está siempre frente a Dios, y será siempre bueno con la gente".
Agregó, mientras llevaba a un periodista a alta velocidad a través de la capital chechena, Grozny, con rifles de asalto en los asientos del coche: "Soy una persona oficial, no un bandido".
El día que Israilov lo llegó a conocer, Kadyrov era casi un desconocido. Su padre, Akhmad H. Kadyrov, que había dirigido en el pasado a los separatistas muftí, había cambiado de lado en 2000 y se había aliado con el Kremlin. La recompensa fue un chollo: su nombramiento al más alto cargo administrativo de Chechenia.
Ramzan Kadyrov dirigió el séquito de guardaespaldas de su padre, una milicia cada vez más grande formada por ex rebeldes conocida como Servicio de Seguridad Presidencial.
El servicio, un alocado regimiento con labores militares, policiales y de inteligencia, no operaba en el marco de la legislación rusa.
"Hemos capturado a unos pobres diablos", dijo uno de sus secuestradores a Kadyrov cuando este salía de su gimnasio, recordó Israilov. Kadyrov rió y ordenó que los llevaran a la base.

6 de febrero de 2009
31 de enero de 2009
©new york times
cc traducción mQh
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