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obama debe mostrarse firme


Se empieza a desentrañar el acuerdo facilitado por Estados Unidos para restituir al presidente hondureño Manuel Zelaya a su cargo y el gobierno de Obama parece titubear.
La semana pasada el gobierno de Obama facilitó lo que pareció un promisorio acuerdo para poner fin a la crisis política hondureña. Desgraciadamente, esta semana ya empezó a deshilacharse. Los líderes de facto de Honduras están retrasando [el proceso de conciliación], provocando al presidente Manuel Zelaya, al que derrocaron en un golpe militar hace cuatro meses, a emitir un ultimátum desde su refugio en la embajada brasileña en Tegucigalpa, la capital de Honduras.
Los dos lados deben detenerse y concentrarse en la restauración de la democracia antes de la elección presidencial del 29 de noviembre. Entretanto el gobierno de Obama debe mantenerse firme en sus principios y dejar de apartarse de su posición explícita de que Zelaya debe cumplir con los meses que le queden de mandato.
Según el acuerdo, los dos lados debían formar hoy un gobierno de unidad nacional y quedar a la espera de la decisión del Congreso hondureño sobre si restituye o no a Zelaya en su cargo. Aunque el acuerdo no fijó una fecha para la votación ni garantiza específicamente la restitución de Zelaya, llamaba a terminar "con la situación en que se encuentra el país". El depuesto presidente firmó en la aparente creencia de que la votación era una formalidad y que estaría de vuelta en su cargo en menos de una semana. El presidente de facto Roberto Micheletti parece estar dispuesto a negociar para asegurar el reconocimiento internacional de las próximas elecciones y poner fin al aislamiento del país. La Unión Europea, la Organización de Estados Americanos y Estados Unidos han declarado que no reconocerán al nuevo presidente si Zelaya no es primero restituido en el poder.
Ahora Micheletti y sus aliados están nerviosos, esperando llamar a terminar la recesión del Congreso cuando la Corte Suprema y el fiscal general emitan sus opiniones no vinculantes sobre el retorno de Zelaya. Sin el Congreso no se puede formar ningún gobierno. Como es habitual, están tratando de ganar tiempo. Zelaya, en cambio, está amenazando con anular el acuerdo si no es restituido hoy mismo. El campo de Micheletti responde: Lo lamentamos, un acuerdo es un acuerdo. Esto deja a la ministro del Trabajo, Hilda Solís, y el resto de la comisión de verificación en la difícil posición de no tener nada que observar.
Aunque todavía dice que apoya el retorno de Zelaya al poder, el gobierno de Estados Unidos parece estar haciendo cálculos. "Ahora es un proceso hondureño", dijo el portavoz del Departamento de Estado, Ian Kelly. "No debemos interpretar ese acuerdo". Pero es tarea del gobierno seguir exigiendo lo correcto, junto con sus aliados latinoamericanos.
El camino de retorno a la democracia ha estado claro desde el principio: Zelaya debe volver al poder con un acuerdo en que se compromete a no reformar la Constitución -el tema que incitó en primer lugar a la elite hondureña- y sirve de recordatorio de su término como parte de un gobierno de unidad nacional con supervisión internacional. Estados Unidos, que volvió a abrir las puertas de su consulado tras la firma del acuerdo, no debería levantar las sanciones mientras eso no ocurra.
Si el gobierno de Obama prefiere reconocer la elección sin que primero se restituya a Zelaya, se distanciará del resto de los países latinoamericanos. Sería un retroceso para la democracia y Estados Unidos.

17 de noviembre de 2009
5 de noviembre de 2009
©los angeles times
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