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culpable de crímenes de guerra


Insólita condena recibe uno de los artífices de la dictadura khmer, que se cobró la vida de 1.7 millones de personas: diecinueve años de prisión. Él fue responsable del asesinato de 14 mil prisioneros.
[Seth Mydans] Phnom Penh, Camboya. Un tribunal respaldado por Naciones Unidas declaró el lunes culpable de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra a un ex alcaide khmer rouge por la tortura y asesinato de más de catorce mil prisioneros.Es la primera figura importante en ser juzgada desde que el sanguinario régimen fuera derrocado hace treinta años.
Pero en una condena que será considerada probablemente como escandalosamente leve, el tribunal lo sentenció a diecinueve años de cárcel -35 años menos los dieciséis años que ya ha cumplido. La fiscalía había demandado cuarenta años. En Camboya no existe la pena de muerte.
El acusado, Kaing Guek Eav, conocido comúnmente como Duch, admitió en el juicio de ocho meses muchas de las acusaciones en su contra. Dirigió un sistema que llegó a simbolizar al régimen que fue responsable de la muerte de 1.7 millones de personas entre 1975 y 1979.
Con una camisa azul de cuello abotonado, bebiendo de vez en vez de un vaso de agua y llevando lo que parecía ser una biblia, escuchó impasible la lectura que hizo el juez de los cargos y el veredicto en su contra. En la sala del tribunal, completamente llena, se podía ver a algunos sobrevivientes de la prisión que dirigió el acusado -tres de los cuales declararon sobre las torturas que sufrieron allí.
El tribunal, que empezó a funcionar en 2006, pasa ahora al ‘Caso Dos’, en el que cuatro altos cargos del régimen khmer rouge ahora encarcelados esperan su juicio para el próximo año. El jefe máximo de los Khmer Rouge, Pol Pot, murió en 1998.
La declaración de Duch no fue clara. En el último día del juicio, en noviembre, pidió inesperadamente ser dejado en libertad, contradiciendo aparentemente una defensa cuidadosamente construida en la que sus abogados trataron de reducir la sentencia a través de admisiones de culpa mezcladas con afirmaciones de que él era solo un eslabón en la jerarquía criminal.
"Soy responsable ante toda la población camboyana de las almas que perecieron", dijo en un momento. "Estoy profundamente arrepentido y lamento la espeluznante escala de muerte".
Pero agregó: "Terminé sirviendo a una organización criminal de la que no me pude zafar. Yo era un engranaje en una máquina. Lo lamento y pido perdón humildemente por las almas muertas".
Muchas de las víctimas, junto con observadores extranjeros, pusieron en duda la sinceridad de su arrepentimiento, ya que fue acompañado por conductas a veces agresivas y actitudes arrogantes ante el tribunal. También eludió responder muchas preguntas específicas.
Pese a esas dudas, David Chandler, un historiador especializado en Camboya, observó que Duch fue el único de los cinco acusados que se declaró culpable.
"Es un tipo que lo pensó, y admitió algunas cosas", dijo Chandler, autor de ‘Voices From S-21’, un libro sobre la cárcel, conocida como S-21, o Tuol Sleng. "Duch es el único ser humano que está siendo procesado. Los otros son monstruos".
Ex maestro, Duch se enorgullecía de la eficiencia de su desempeño, donde las confesiones -algunas de ellas de cientos de páginas mecanografiadas- se extraían mediante torturas antes de que los prisioneros fueron enviados en camión a los campos de la muerte.
Desapareció poco después de que los Khmer Rouge fueran desplazados del poder por la invasión vietnamita y fue descubierto en 1999 por el periodista irlandés Nic Dunlop cuando vivía tranquilamente en un pequeño pueblo camboyano, donde dijo que se había convertido al cristianismo.
En un momento de su testimonio, en una extravagante exhibición de remordimiento, Duch se comparó con Cristo.
"Las lágrimas que corren de mis ojos son las lágrimas de esos inocentes", dijo. "Poco importa si ellos me condenan, incluso a la sentencia más severa. En cuanto a la muerte de Cristo, los camboyanos me podrían condenar a morir de esa manera. Lo aceptaría".
Es común entre los camboyanos -la mayoría son budistas- creer en los espíritus. Tuol Sleng es ahora un museo, y cuando parte de su techo se derrumbó la semana pasada durante una tormenta, algunas personas dijeron que los espíritus de los muertos estaban clamando por justicia.
Paralelamente a los testimonios en la sala, el tribunal ha sido criticado por su aplicación de normas internacionales de justicia en el deficiente sistema judicial camboyano.
"La corte ha hecho frente a acusaciones de sobornos de su personal nacional, fuerte interferencias políticas del gobierno camboyano, ineficiencia burocrática e incompetencia, y inquietantes niveles de conflicto entre el personal nacional y extranjero", dijo John A. Hall, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad Chapman, en Orange, California, que ha estado siguiendo los juicios.
"En realidad, quizás una de las cosas más sorprendentes de momento es que el tribunal no ha colapsado", dijo.
Tras una novedosa decisión, el tribunal aceptó cerca de noventa "partes civiles", que se inscribieron para pedir reparación y estuvieron representados en la corte por abogados que actuaron como fiscales adicionales.
"Durante treinta años, las víctimas de los Khmer Rouge esperaron mientras se libraba una guerra civil, los actores extranjeros reñían entre ellos y los dirigentes de los Khmer Rouge vivían impunes", dijo Alex Hinton, director del Centro para el Estudio del Genocidio, la Resolución de Conflictos y los Derechos Humanos de la Universidad Rutgers, en Nueva Jersey. "Ahora, por primera vez, uno de ellos ha sido juzgado. No se puede subestimar la importancia de este momento".
Pero en el curso de los años, Camboya siguió adelante, con nuevas generaciones, nuevas preocupaciones y nuevos horizontes. Muchos jóvenes no saben mucho sobre la época de los Khmer Rouge, y muchos viejos han optado por olvidar.
"Yo viajo por el campo y casi nadie pregunta por el juicio", dijo Ou Virak, presidente del independiente Centro Camboyano para los Derechos Humanos, que realiza foros sobre temas de interés público. "Ni siquiera mi mamá -y eso que mi papá fue asesinado por los Khmer Rouge".

6 de agosto de 2010
26 de julio de 2010
©new york times
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