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historiador secreto


‘Secret Historian’, la biografía de Justin Spring del forajido sexual Samuel Steward, también conocido como Phil Andros.
[Andrew Holleran] Samuel Steward, como lo admite incluso Justin Spring, es un "extraño candidato" para una biografía. Autor de una serie de novelas narradas por el puto gay Phil Andros, Steward fue amigo de Gertrude Stein y Alice B. Toklas, durmió con Rock Hudson, Rudolph Valentino y Thornton Wilder, y trabajó con Alfred Kinsey en su estudio sobre la vida sexual de los estadounidenses. Pero también fue alguien que nunca hizo lo que quería: quería vivir en París, pero nunca lo logró; era un escritor que soñaba con escribir una gran novela, pero terminó escribiendo novelas pornográficas; era profesor universitario, pero terminó como artista del tatuaje en los suburbios de Oakland, que es, por supuesto, la razón por la que este libro, que fue nominado al Premio Nacional de Literatura 2010, es tan apasionante: La realidad era más interesante que sus sueños.
Steward quería escribir sobre la homosexualidad en una época en que el tema homosexual era considerado ipso facto pornografía, y es difícil decidir quién lo trataba más brutalmente: los putos que lo golpeaban, o sus editores. Lo principal es que Steward lo apuntaba todo. Él y Kinsey trabaron amistad no solamente debido a que ambos se interesaban en el sexo, sino porque estaban ambos obsesionados con la recolección de datos. Entre estos se encontraba un gigantesco diario sexual que Steward llevaba a petición de Kinsey y la llamada Stud File, en la que todos los que tuvieron sexo con Steward entre 1924 y 1974 fueron apuntados en una tarjeta.
El Sheik conoció a Steward cuando pasaba por Columbus, Ohio, adonde se habían mudado las tres tías solteronas que criaron a Steward después de la muerte de su madre, para darle educación. Excelente estudiante, se doctoró en la Universidad de Ohio y enseñó literatura inglesa en institutos católicos en Chicago -aunque su verdadera carrera era la sexual. Como su héroe, el novelista francés Jean Genet, Steward pasó su vida en lo que se llamaba entonces el ‘rough trade’ [encuentros homosexuales arriesgados con desconocidos] , incluso yendo tan lejos como para hacer el listado de las veinte cosas que le gustaba que le hicieran, y qué no, cuando contrataba a un sádico.
Estas amables instrucciones para una degradación controlada ejemplifican lo que hace tan absorbente la biografía de Spring: el contraste entre el profesor universitario distante y las experiencias que tuvo gracias a su devoción a Priapo. Steward trataba de llevar una vida convencional. Pero cuando estudiaba en la Universidad Du Paul, necesitaba anfetaminas para sobrevivir las clases, montaba orgías en su departamento y se convirtió en un artista del tatuaje después de descubrir que sus invitados lo ignoraban porque era demasiado viejo. El tatuaje le brindó una manera de conservar el acceso a su ideal sexual (el marino) hasta que el Departamento de Inglés se enteró de que había abierto un salón de tatuajes en la ruta del autobús utilizada por una base naval cercana, tras lo cual fue despedido, trasladando su negocio a California, junto cuando los años sesenta conmovieron al mundo con el poder negro, el LSD, las comunas y los Hell’s Angels, que protegían a Steward a cambio de tatuajes. Incluso su biógrafo definió la vida de Steward como llena de "constantes desilusiones, desaliento, aislamiento y rechazo".
Pero, ¿lo era? Después de leer ‘Secret Historian’ es difícil decir si Steward era un héroe o una pesadilla gay. Eso es lo fascinante del libro. "Intenté escribir una biografía", dice Spring, "como pudo haberla escrito Steward: con un mínimo de sermones y un toque lo más liviano posible". Pero esta escrupulosa neutralidad puede dejar apabullado al lector. El problema es que se le reconoce a todo el mismo peso: Steward es asaltado y golpeado tan violentamente que debe operarse de la cadera, Steward le escribe una carta a Alice B. Toklas. Steward, escribe Spring, "no era de los que se compadecen de sí mismos", aunque el tono "seriamente caprichoso" de los propios escritos de Steward hace difícil saber qué sentía realmente. Su bíblico y alcohólico padre decía que la homosexualidad de su hijo le había "partido el corazón". Steward amaba a Kinsey porque Kinsey no se impresionaba con nada ni juzgaba a nadie, lo que llevó a Steward a preguntarse si el rechazo de su padre no le había dejado una cicatriz más grande de lo que pensaba.
Pero debido a que la mayor parte de ‘Secret Historian’ se basa en el diario sexual, lo que obtenemos es más sexo que motivación. "No creo que se trate de hambre de amor", escribió Steward, "porque no sé lo que es el amor. Mi corazón ha estado durmiendo durante largo tiempo". De hecho, Steward creía que los hombres gay eran solitarios -que "deberían vivir solos y aprender a disfrutar de la soledad, y ser autosuficientes". ‘Secret Historian’ vale la pena de ser leído no por las efímeras relaciones del personaje con gente famosa, ni por sus libros (que Spring admite que la mayoría están agotados), sino por el solitario esplendor, el foco demente, el "ensimismado narcicismo" de su búsqueda sexual.
[El libro más reciente de Andrew Holleran es ‘Chronicle of a Plague, Revisited’.]

Secret Historian
The Life and Times of Samuel Steward, Professor, Tattoo Artist, and Sexual Renegade
Justin Spring
Farrar Straus Giroux. 478 pp. $32.50
4 de enero de 2011
3 de diciembre de 2010
©washington post
cc traducción mQh
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