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obama quiere hacer doctrina


El presidente Obama y sus asesores insisten en que la intervención dirigida por Estados Unidos contra Libia no hace parte de una doctrina general para el Medio Oriente. Pero sus planes para la democracia parecen tener características doctrinarias.
[Doyle McManus] ¿Se está formando una doctrina Obama ante nuestros ojos?
El presidente y sus asesores desechan la idea, al menos si eso significa ver la intervención en Libia -dirigida por Estados Unidos- como un modelo talla única.
"Es importante no tomar esta situación particular y luego tratar de proyectar una suerte de doctrina Obama que vayamos a implementar rígidamente", dijo el presidente en una entrevista en televisión el martes. "En esta región, todos los países son diferentes".
Pero entonces Obama siguió adelante y esbozó algo que parece, bueno, como una doctrina en formación. "Queremos asegurarnos de que los gobiernos no ataquen a sus propios ciudadanos", dijo. "Queremos gobiernos que escuchen a su gente. Y usaremos todos los medios para tratar de lograr eso".
Obama insistió en que Libia es "una situación única", una combinación de circunstancias que es improbable que se repita: un tirano que amenaza con masacrar a sus opositores y un fuerte consenso internacional para detenerlo, en un país que es un blanco relativamente fácil y simple. Así que el uso de fuerza militar contra dictadores no es una doctrina, porque no se puede aplicar en general. En lugar de eso, la doctrina reside en el compromiso más importante de Obama después de tres meses de rebeliones en el mundo árabe: que Estados Unidos estará del lado de los demócratas, y usará, dentro de algunos límites, "todos nuestros medios" para tratar de ayudarlos a ganar.
Lo que esto significa en la práctica aún no está claro. Esta semana Obama habló casi exclusivamente sobre Libia, un conflicto en el que su gobierno se inmiscuyó sin explicarlo cabalmente a la opinión pública. Se espera que, en las próximas semanas, hable más a menudo y más ampliamente sobre el futuro de todo el Oriente Medio, incluyendo sus esperanzas de que la ola democrática que tiene convulsionado al mundo árabe se desborde hacia el vecino Irán.
Este es un importante giro después de dos años en que Obama ofreció solo un modesto apoyo a los movimientos de reforma democrática, y tres meses en los que al principio dudó en apoyar a los manifestantes en las calles. (Después de todo, el impulso inicial de su gobierno fue defender al presidente egipcio Hosni Mubarak como un aliado fiable).
Pero el problema más amplio de cuándo debería Estados Unidos intervenir en otros países es algo sobre lo que Obama ha estado pensando durante un largo tiempo. En su libro de 2006, ‘The Audacity of Hope’, planteó una primera versión de las preguntas que los estadounidenses han estado preguntado esta semana.
"Estados Unidos todavía carece de una política de seguridad nacional coherente", se quejó. "En lugar de principios guía, tenemos lo que parece ser una serie de decisiones ad hoc, con dudosos resultados. ¿Por qué invadir Iraq no Corea del Norte o Burma? ¿Por qué intervenir en Bosnia y no en Darfur?"
Una conclusión a la que llegó entonces se repite en sus acciones recientes: "Actuar multilateralmente antes que unilateralmente cuando usemos fuerza en el mundo, es que esto será casi siempre en nuestro propio interés estratégico".
En esos días, e incluso en esta semana, Obama defendió su posición contrastándola con la de su predecesor, George W. Bush, que llevó a Estados Unidos a las guerras en Afganistán e Iraq.
Obama apoyó una de esas guerras, pero no la otra. Pero en este tema, al menos, los dos presidentes parecen coincidir.
En una promesa de 2005, que algunos llamaron la Doctrina Bush, nuestro último presidente también declaró que Estados Unidos estaba de lado de los activistas por la democracia en todas partes. Obama ya ha empleado más fuerza militar en un país de interés estratégico secundario que Bush [en todo su gobierno].
Ahora mismo, Obama y su gabinete están demasiado ocupados con ganar la guerra de Libia como para gastar tiempo redactando los puntos más finos de una doctrina general. Saben que si Moammar Kadafi es derrocado en algunas semanas, se verán fantásticos; pero si Kadafi se mantiene firme, se verán como idiotas perdidos.
Pero el presidente y sus asesores también ven la revolución en el mundo árabe como el acontecimiento más importante hasta la fecha durante el mandato de Obama, tan importante quizás como el fin de la Guerra Fría en 1989.
Ahora están trabajando en una política más amplia para ayudar a que todo salga bien, incluyendo un gran programa de ayuda internacional -que esperan que sea financiado por los estados árabes petroleros- para contribuir al triunfo de la democracia en Egipto, Túnez y otros países.
Todavía no la llaman ‘doctrina’, pero ciertamente se parece mucho a una. De aquí en adelante, dicen, esto será el centro; sobre esto gira la política exterior de Obama.
16 de abril de 2011
31 de marzo de 2011
©los angeles times
traducción mQh

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