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motivos del terrorista noruego


Terrorista noruego llama a matar a europeos en castigo por lo que llama "suicidio cultural." Los escritos de Anders Behring Breivik, autor de los atentados terroristas en Noruega, llaman la atención sobre el aumento del extremismo de derecha.
[Henry Chu] Oslo, Noruega. Quería iniciar "una revolución" que rectificara la sociedad noruega y europea. El objetivo: expulsar del continente a los musulmanes y castigar a los "nativos europeos" por desdeñar la protección de sus países contra el "suicidio cultural."
Mientras Noruega lloraba a las 93 personas asesinadas en los dos atentados terroristas del viernes, las radicales ideas del asesino quedaron más claras el domingo y plantearon preguntas sobre la amenaza que representan los fanáticos de extrema derecha en este país y si las autoridades pueden controlarlos.
La amenaza refleja un amargo resentimiento por los cambios demográficos que han ocurrido en Noruega y países vecinos como Suecia, Dinamarca, Finlandia y Holanda, donde la extrema derecha y los partidos contra la inmigración han obtenido importantes logros políticos en los últimos años.
Los detectives aquí en la capital noruega continuaron estudiando el tratado de más de 1.500 páginas que fue subido a la red por Anders Behring Breivik poco antes de que estallara el viernes, en el centro de Oslo, una potente bomba, seguido por un tiroteo en un campamento juvenil asociado al gobernante Partido Laborista, que es relativamente más tolerante hacia la inmigración.
El escalofriante manifiesto llama a una campaña armada contra personas musulmanas que afirma que están invadiendo Europa. Un refrito de elucubraciones políticas, ideológicas y militaristas llenas de odio, el tratado denuncia a los europeos que apoyan el multiculturalismo y aboga por actos espectaculares de violencia utilizando tácticas similares a las empleadas por él mismo el viernes, tales como disfrazarse de policía para engañar a las víctimas antes de asesinarlas.
Breivik ha confesado ser el autor de los dos atentados, que causaron casi cien muertos y al menos cuatro personas todavía desaparecidas, pero sin aceptar su responsabilidad criminal, informó la policía.
Su abogado, Geir Lippestad, dijo el domingo a la radio pública noruega NRK que Breivik "quería cambiar la sociedad y, desde su punto de vista, necesitaba forzarlo mediante una revolución. Quería atacar a la sociedad y la estructura social."
Se espera que el hombre de 32 años comparezca en la corte el lunes, donde dijo que quería "explicarse", dijo Lippestad.
Ahora las autoridades están tratando de determinar la credibilidad de una afirmación en el manifiesto de que hace nueve años, en Londres, Breivik asistió a un encuentro de fanáticos como él, que se hacían llamar los Caballeros Templarios.
Incluso antes de los atentados del viernes, los fanáticos de extrema derecha han sido durante mucho tiempo parte del paisaje social y político de Noruega.
Estuvieron especialmente activos durante los años ochenta y noventa, en la forma de pandillas de skinheads que atacaban a extranjeros en la calle. Durante muchos años, las organizaciones de extrema derecha fueron consideradas la principal fuente de preocupación en las evaluaciones de peligros del servicio de inteligencia noruego.
Pero su influencia se apagó después de que un joven de origen extranjero fuera apuñalado a muerte por un extremista de derechas en 2001, un asesinato que consternó a un país que se enorgullecía de su coexistencia pacífica.
"Eso causó tal conmoción popular contra estos movimientos que, en cierta medida, paralizó el reclutamiento", dijo Tore Bjorgo, profesor en el Colegio Universitario Policial de Noruega y experto en subculturas violentas.
En los últimos diez años, la represión policial y el trabajo preventivo de organizaciones sociales lograron dispersar a muchos de esos grupos, que dejaron de ser vistos como una amenaza.
Al mismo tiempo, la inmigración musulmana -que representa sólo un pequeño porcentaje de la población noruega- y los atentados del 11 de septiembre de 2001 desviaron la atención de las autoridades hacia los musulmanes radicales y provocaron un nuevo tipo de temores.
Las encuestas muestran que casi la mitad de los noruegos se oponen a la política de inmigración del gobierno, que consideran demasiado tolerante. La propia obsesión anti-musulmana de Breivik se produce contra el telón de fondo de un endurecimiento general de los sentimientos hacia los inmigrantes, lo que se refleja en el aumento del partido populista de extrema derecha de Noruega, el Partido del Progreso, que se hizo con más del veinte por ciento de los votos en una elección hace dos años.
La fortaleza política de esos grupos de extrema derecha también es evidente en Dinamarca y en Holanda, donde fuertes logros electorales de esos partidos han obligado a los gobiernos a aceptar algunas de sus demandas para poder aprobar otras leyes.
"El debate sobre los musulmanes en Noruega ha cambiado en la última década", dijo Thomas Hylland Eriksen, profesor en la Universidad de Oslo. "El umbral sobre lo que puedes decir sobre el islam se ha reducido" y sus partidarios, con declaraciones que hace diez años habrían sido considerados incendiarias ahora son una parte aceptable del discurso político.
Breivik se unió al Partido del Progreso, pero lo abandonó hace algunos años por considerar que su posición contra los inmigrantes era muy débil. Comenzó a cultivar ideas mucho más extremistas, algunas de las cuales las habría subido a la red.
Esas opiniones no reservan el odio solamente contra los musulmanes. La cólera de los fanáticos como Breivik se extiende hacia "lo que perciben como la elite política y la traición de Noruega de parte del gobierno socialista", dijo Eriksen.
"Me pregunto a menudo a mí mismo a quién odian más: a los musulmanes o a la gente que defiende a los musulmanes. Me parece que nos odian más a nosotros, a la gente que ellos ven como políticamente correcta", dijo.
Fanáticos de extrema derecha como Breivik están ofreciendo a las autoridades un nuevo tipo de reto que el que representaban los grupos de skinheads de los años ochenta y noventa, dicen expertos. No pertenecen a grupos organizados, sino que forman más bien redes sueltas, a menudo en comunidades online, que son más difíciles de trazar e infiltrar.
"No están orientados hacia la calle", dijo Bjorgo. "Son más intelectuales. Su principal podio son los foros y los debates en internet... Es un tipo de activismo de extrema derecha mucho más sofisticado."
Esto ha limitado la capacidad de maniobra de las autoridades y puede haberlas llevado a subestimar la amenaza que representa ese tipo de extremismo, dicen analistas.
En su evaluación de peligros más reciente, el servicio de inteligencia noruego dijo que los extremistas de derecha habían estado sólo "ligeramente activos" en los últimos años, pero se esperaba "en 2010 un aumento del nivel de actividad, que se prolongaría hasta 2011."
Los extremistas de derecha carecen todavía de líderes, pero "varios participantes quieren revivir las comunidades de extrema derecha", agrega el informe.
Advierte sobre indicios de contactos entre extremistas noruegos con el crimen organizado que podría darles un acceso más fácil a armas, y de vínculos entre organizaciones de extrema derecha en Suecia, Rusia y otros países europeos.
Sin embargo, no parece que Breivik haya estado en el radar de nadie antes de los terribles acontecimientos del viernes.
"Sus declaraciones eran furiosamente anti-musulmanas, pero no predicaba la violencia. Argumentó siempre en términos políticos, llamando a usar medios políticos, lo que es muy típico de ese movimiento", dijo Bjorgo. "Esa es una de las razones por las que no fue nunca detectado por el servicio de inteligencia, porque aparentemente no había nada especial sobre él."
25 de julio de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

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