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problemas de libia no han terminado


La caída de Muamar al Gadafi, que ha dominado durante largo tiempo la vida en Libia, creará una riesgosa situación de seguridad. La OTAN y la ONU tendrán que enviar ayuda económica y, muy probablemente, cascos azules.
[Max Boot] El gobierno de 42 años de Muamar al Gadafi puede haber terminado, o casi, pero eso no significa que se hayan acabado los problemas de Libia. Incluso bajo las mejores circunstancias, Libia pasará momentos difíciles en su transición hacia cualquier régimen que se aproxime a la democracia. Gadafi ha dominado a tal extremo la vida en Libia con su culto a la personalidad, centrado en su bizarro Libro Verde, que quedan pocas -si acaso- instituciones independientes. Generaciones enteras no conocen otra cosa que su nepotismo.
Y, por supuesto, estas no son las mejores circunstancias. Libia ha sido asolado por seis meses de guerra civil que han acabado con la vida de decenas de miles de personas. No existen cifras exactas, y probablemente no se pueden conocer, pero ya en abril el número de bajas calculado iba de diez mil a treinta mil víctimas. Hoy esa cifra es sin ninguna duda superior, como también la cantidad desconocida de heridos y mutilados. Además, más de un millón de libios han dejado el país como refugiados. Cerca de 240 mil son desplazados internos.
Para tomar sólo un ejemplo del tipo de problemas a los que deberá hacer frente el estado después de Gadafi, imaginemos lo difícil que será resolver disputas de propiedad entre los refugiados que vuelven y aquellos que ocuparon las casas de los que se marcharon.
Y los problemas de Libia se multiplican a partir de aquí. La guerra civil ha devastado la principal industria del país: la producción de petróleo. Los expertos calculan que tomará algunos meses antes de que Libia pueda producir medio millón de barriles al año, y al menos tres años para llegar a su producción de 2010: 1.8 millones de barriles al día. A los precios de hoy (cerca de 108 dólares por barril de crudo), eso representa 118 mil millones de dólares en beneficios perdidos en los siguientes tres años.
La tarea de revivir la golpeada economía libia se hará más difícil con la inestable situación de seguridad. Incluso después de que las defensas de Gadafi empezaran a derrumbarse y los rebeldes entraran a Trípoli, había informes sobre la prolongación del conflicto y la resistencia del régimen. Como en Iraq, muchos de ellos pueden decidir librar una guerra de resistencia.
También existe la probabilidad de que los elementos rebeldes se disputen entre sí, ya que les une poco más que su odio contra Gadafi. Ya en julio el general Abdul Fatah Younis, uno de los comandantes militares rebeldes, fue ejecutado por sus aliados. El Consejo Nacional de Transición se esforzará sin duda alguna por controlar esas bullentes enemistades, considerando su experiencia mínima en el gobierno y su falta de fuerzas de seguridad leales, bien preparadas y equipadas para mandar.
Gadafi era suficientemente fuerte como para prevenir la guerra interna entre las 140 tribus de Libia. Pero una vez desaparecido su estado policial, las tribus lucharán entre sí por beneficios e influencia, y algunos se podrían unir a los extremistas islámicos que también forman parte de la coalición rebelde.
¿Parece este esbozo que ofrece una imagen muy oscura? Espero. Ciertamente, Libia no es un caso perdido. De hecho, los líderes del Consejo Nacional de Transición se han mostrado razonablemente moderados y maduros; tienen suficientes reversas de divisas extranjeras para gastar; y los libios pueden enorgullecerse del hecho de que se encargaron ellos mismos de su propia liberación.
Pero persiste un peligro real de catástrofe, como en Afganistán después del Talibán e Iraq después de Saddam Hussein, países que sucumbieron al caos después del derrocamiento de sus dictadores. Para evitar un resultado tan nefasto, la Organización del Tratado del Atlántico Norte o en su defecto Naciones Unidas, tendrán que ofrecer ayuda económica, asesoría profesional y, muy probablemente, cascos azules.
Como mínimo, se necesitará una fuerza de estabilización para impedir que los presuntos almacenamientos de armas del gobierno libio, incluyendo los sospechados almacenajes de gas mostaza y otras armas potenciales de destrucción masiva, caigan en manos equivocadas. Existen informes de que algunos misiles antiaéreos portátiles de Libia están siendo saqueados; si encuentran camino hacia el mercado de armas global, aumenta la posibilidad de que sean usados por terroristas contra aviones de pasajeros. Una fuerza estabilizadora daría al Consejo Nacional de Transición tiempo para formar y adiestrar a sus propias fuerzas de seguridad.
En Estados Unidos no hay un gran apetito para otra misión con tropas terrestres, que es porqué es importante que los aliados europeos, africanos y árabes carguen con el mayor peso de la pacificación.
Algunos argumentan que una fuerza estabilizadora internacional -lo que significaría enviar tropas extranjeras a Libia- corre el riesgo de cometer el grave error que se cometió en la guerra contra Iraq. Pero eso depende de lo que usted crea que fue el error. ¿Fue la mera presencia de tropas norteamericanas lo que desencadenó la resistencia? En cualquier caso, habría habido una resistencia musulmana sunní a todo régimen dominado por los chiíes. Lo que permitió que la situación se convirtiera en inmanejable fue que Estados Unidos desbandó las fuerzas de seguridad iraquíes y no envió suficientes tropas propias para llenar el vacío.
En contraste, experiencias en situaciones de post-conflicto en Bosnia, Kosovo y Timor Oriental resultaron mejor, porque en los tres países hubo un despliegue substancial de cascos azules internacionales que en Iraq o Afganistán, y ofrecen un mejor modelo para la Libia revolucionaria y sus aliados. Si la OTAN se niega a enviar cascos azules (como es probable en este momento) y si Naciones Unidas no interviene, existe el peligro real de que Libia se convierta en un estado fallido.
[Foto viene del blog karkomen.]
[El autor colabora con Opinion y trabaja en el Council on Foreign Relations.]
30 de septiembre de 2011
24 de agosto de 2011
©los angeles times

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