Blogia

mQh

quién le paga a moreno ocampo


columna de lísperguer
Fiscal del TPI pide orden de arresto contra Kadafi.

Esto es de un descaro increíble: Mientras la OTAN bombardea la residencia familiar de Gadafi con el propósito explícito de asesinarlo o de asesinar a miembros de su familia para presionarlo a que abandone el poder, el fiscal Moreno Ocampo lo quiere hacer detener. Es muy probable que Gadafi haya cometido violaciones a los ddhh, puesto que ha sido uno de los principales aliados de EUA y la UE en la lucha contra el terrorismo islámico, y eso significa obviamente cárceles secretas, torturas y ejecuciones extrajudiciales. Pero esa responsabilidad es compartida y en un algún momento el ex presidente Bush y Obama mismo deberán ser llevados a juicio por esos crímenes. El fiscal, empero, sólo menciona la represión de los últimos meses, cuyas víctimas han sido groseramente exageradas, presentando a los rebeldes libios, fuertemente armados y dirigidos por militares europeos y norteamericanos, como civiles inocentes.
lísperguer

causas del juez montiglio


Causas por violaciones a derechos humanos del juez Montiglio fueron redistribuidas. Suprema distribuye emblemáticas causas de derechos humanos que investigó el fallecido juez Víctor Montiglio.
Santiago, Chile. La Corte Suprema ordenó redistribuir las causas por violaciones a los derechos humanos que instruía el ministro en visita Víctor Montiglio Rezzio, quien falleció en abril pasado producto de un cáncer linfático que lo aquejó los últimos años.
El Pleno del máximo tribunal determinó que el magistrado Alejandro Solís quedará a cargo de una de las investigaciones más emblemáticas por delitos de lesa humanidad, que es conocida como ‘Caravana de la Muerte’.
En ese marco, el juez Alejandro Madrid, quien actualmente indaga las causas de muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva, se hará cargo de las investigaciones conocidas como ‘Operación Cóndor’ y ‘Operación Colombo’.
Mientras tanto, el juez Jorge Zepeda, que actualmente tramita la investigación por las causas de muerte del ex ministro de la Unidad Popular, José Tohá, tendrá a su cargo las causas conocidas como ‘Calle Conferencia 1 y 2’.
Finalmente el juez Joaquín Billard instruirá las causas ‘Homicidio Salazar Cansen’, ‘Homicidio Álvarez Santibáñez’ y ‘Homicidio González Saavedra’.
Tras el fallecimiento del juez Montiglio, la Corte Suprema había dejado en forma provisoria a cargo de sus investigaciones a la jueza Gloria Ana Chevesich, quien desde ahora está liberada de esta responsabilidad.
17 de mayo de 2011
16 de mayo de 2011
 ©la nación

a la espera del decreto


Presidenta Cristina Fernández promulgará ley que reconoce condición de detenidos-desaparecidos a funcionarios clasificados como despedidos o suspendidos.

[Gustavo Veiga] Argentina. La Comisión de Trabajo por la Reconstrucción de Nuestra Identidad espera por un decreto que disponga –como dice el borrador de su artículo 1º– "la inscripción de la condición de detenido-desaparecido en los legajos de las personas físicas que (...) revistaban como personal dependiente de la Administración Pública Nacional, aun cuando las mismas figuraran dadas de baja". Los empleados que se desempeñan básicamente en el Ministerio de Planificación Federal descubrieron que sus pares, víctimas del terrorismo de Estado, tienen sus legajos plagados de palabras como "baja", "cesante", "suspendido", "despido" o "limitar servicios" y que esto fue posible por leyes como la 21.260, promulgada el mismo día del golpe, y la 21.274, que decretaron despidos masivos entre los trabajadores.
La segunda de las normas, aprobada el 29 de marzo, sostenía en su artículo 1º: "Autorízase hasta el 31 de diciembre de 1976 a dar de baja por razones de servicio, al personal de planta permanente, transitorio o contratado, que preste servicios en la Administración Pública Nacional, en el Poder Judicial, en el Congreso Nacional y en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, entes autárquicos, organismos descentralizados de cualquier carácter, empresas del Estado y de propiedad del Estado, servicios de cuentas especiales, obras sociales y cualquier otra dependencia del mismo".
El decreto que pronto quedará a la firma de la presidenta Cristina Fernández terminará con la adulteración documental de los legajos y se apoya en un expediente de 22 cuerpos y 11.600 fojas. Según los empleados de la Secretaría de Obras Públicas, pesa tanto que tuvieron que moverlo en dos carretillas. La intención de los trabajadores es que el decreto se haga extensivo a un período mucho más amplio, tomando como punto de partida el bombardeo del 16 de junio de 1955 y a todas las víctimas del terrorismo de Estado que lo sufrieron desde adentro.
17 de mayo de 2011
16 de mayo de 2011
©página 12

funcionarios víctimas de la dictadura


Las víctimas de la dictadura que se desempeñaban en empresas publicas. La Comisión por la Reconstrucción de Nuestra Identidad ya identificó a 270 trabajadores que, cuando fueron secuestrados o asesinados, trabajaban en ENTel, Segba, Obras Sanitarias y otras empresas. Sus integrantes piden que se enmienden los expedientes adulterados.
[Gustavo Veiga] Argentina. Primero desaparecieron los trabajadores del Estado y después las empresas. La dictadura cívico militar y el menemismo se repartieron la aciaga faena entre 1976 y 1990. Los integrantes de la Comisión de Trabajo por la Reconstrucción de Nuestra Identidad resumen en un puñado de anécdotas cómo fue la dolorosa secuencia. Julián Scabbiolo detalla que hasta ahora se identificó a 270 compañeros gracias a una investigación iniciada a principios de 2007. Con la ayuda de Obdulia García Piñeiro recuerda los nombres de algunas compañías donde ellos se desempeñaban y que ya no existen: ENTel, Segba, Gas del Estado, Obras Sanitarias, ELMA, Encotel... Diego Rodríguez muestra el legajo con los datos de su padre donde resalta uno, cesante, que tergiversa su condición de desaparecido. Silvina Giaganti cuenta que, en el jardín de infantes de su hijo, una mamá identificó a su tío gracias a la revista en la que colaboran todos, Construyendo memoria. Juan José Leiva recuerda su paso por la línea A del subte hasta el día en que lo forzaron a renunciar y lo secuestró el Ejército.
Los cinco comparten una ronda de mates en el Archivo Nacional de la Memoria, desde donde se decidieron a poner la historia en su lugar. "Parecería que la dictadura transcurrió en paz y orden dentro de la administración pública. Hubo sabotajes, paros y hasta trabajo a tristeza", describe el grupo que espera la firma de un decreto presidencial para reparar la adulteración de expedientes que hablan de bajas, suspensiones y despidos. En su lugar, deberían llevar una inscripción: detenido-desaparecido.
"Empezamos a recuperar los legajos de los trabajadores y fue un gran acontecimiento, porque contenían injusticias. El Estado terrorista era el asesino y además el empleador. Tenemos compañeros a los que detuvieron camino a la empresa, otros a los que desaparecieron en las oficinas y los restantes que eran dados de baja y secuestrados seis meses después. Decidimos no juntar papeles porque sí y asumimos el compromiso de conseguir una herramienta para poder reparar esta situación", dice Scabbiolo, de la Juventud de Obras Públicas. Con el aplomo de un veterano señala: "Tenemos identificados a 270 compañeros, aunque sabemos que son más y que la difusión va a ser determinante para que los familiares se acerquen, conozcan la existencia de la Comisión y puedan brindar su testimonio". Invita a presentarse en el Ministerio de Economía, Hipólito Yrigoyen 250, oficina 1141, o en la ex ESMA, Avenida del Libertador 8151, oficina 69.
A su lado, Leiva comenta que es un "sobreviviente" y que trabajaba en Subterráneos de Buenos Aires, de donde lo forzaron a alejarse en 1978 bajo amenazas de muerte. "Fui perdiendo compañeros que iban cayendo uno tras otro: el ‘Flaco’ Agustín Nuñel, el ‘Tano’ Roberto Rizzi, Correa, Chalampa, compañeros de mucha valía que se los llevaron porque eran los más humanos, los más combativos". Hoy todavía lucha de manera infructuosa para conseguir su reincorporación a Metrovías. Militante de la JP, recuerda con minucioso detalle al interventor, el teniente coronel José Luis Pintos: "Un hombre morocho, alto, que vestía ropa de gala del Ejército, con botas largas, anteojos ahumados, una gorra marrón bien puesta sobre los ojos y la fusta con la que se pegaba en las botas. No lo voy a olvidar más, se paseaba entre nosotros preguntándote qué hacías y apelaba al insulto para intimidar".
García Piñeiro trabaja en la ex ESMA, ese espacio recuperado para mantener encendida la memoria. "Un legajo dice muchísimo de las personas, nos dice que eran excelentes trabajadores, que cumplían evaluaciones. Se ven las historias de sus hijos, cómo crecían, los certificados de escolaridad, son historias que te llenan de cariño. El primer familiar con el que me encontré fue Diego y eso me produjo mucha emoción." Rodríguez, abogado y asesor en derechos humanos de la Legislatura porteña, lo corrobora: "Yo me acerqué a la Comisión por intermedio de Obdulia". Ángel Alberto, su padre, era empleado de Obras Sanitarias. Desapareció el 4 de agosto de 1976. Lo secuestraron en el Bajo Belgrano, en Húsares y Monroe, muy cerca de la cancha de River y del centro clandestino de detención más emblemático de la dictadura, donde ahora los cinco reconstruyen la identidad de los trabajadores del Estado desaparecidos.
Tienen una herramienta a mano para lograrlo. El 27 de marzo de 2007 se firmó un acta acuerdo de colaboración entre la Secretaría de Obras Públicas del Ministerio de Planificación y el Archivo Nacional de la Memoria. Una ambiciosa tarea los mantiene ocupados: desarrollar las tareas de relevamiento y documentación del personal desaparecido que se desempeñaba en el también desaparecido Ministerio de Obras y Servicios Públicos, creado en 1898 y víctima del desguace del Estado en la década del ’90, casi un siglo después. "Un decreto del ’91 lo disuelve. Nosotros teníamos el edificio de la 9 de Julio y Belgrano que el menemismo planteó tirarlo abajo. Todo el personal pasó al Ministerio de Economía y muchos compañeros se fueron por retiro voluntario", señalan.
Además de recuperar legajos, cruzar sus datos con la Conadep y entregarlos al Archivo, la Comisión organiza ciclos de formación en derechos humanos para la administración pública. Son visitas a la ex ESMA que se realizan todos los meses y de las que ya participaron más de 800 trabajadores desde que comenzaron a mediados de 2008. La iniciativa corrió por cuenta de un ex detenido desaparecido que pasó por aquel centro clandestino y es empleado de la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda.
Giaganti, quien junto a Scabbiolo y Leiva se desempeña en la Secretaría de Obras Públicas, redefine el concepto bastardeado que se tiene del empleo público: "Nosotros sentimos que el trabajador del Estado debe cumplir un rol social, para la gente, lo que equivale a construir viviendas o que llegue el agua a un barrio, o instalar cloacas. Cumplimos tareas todos los días con esa convicción. Trabajar en el Estado no estaba bien visto y hoy para nosotros es un orgullo". Rodríguez rescata "el valor histórico de la labor que cumple la Comisión. Yo, como hijo de un desaparecido que formó parte de una empresa pública, tomé el trabajo que hacen como una bandera propia. Y estoy seguro de que servirá para que los empleados actuales conozcan a compañeros que caminaban por los mismos pasillos, que laburaban como ellos y que una política criminal les sustrajo su identidad".
La reconstrucción de esas vidas y de cómo la dictadura militar irrumpió en los organismos del Estado para arrebatarlas, avanza en diferentes narraciones a lo largo de la entrevista. "A los compañeros los secuestraron con las camionetas de las dependencias de empresas públicas y ahora los micros que nos traen a la ex ESMA son para reconstruir la memoria", compara Scabbiolo. "En los legajos que recuperamos había cartas de compañeros pidiendo por alguien que no estaba asistiendo al trabajo. Firmaban notas sabiendo que arriesgaban su vida al pedir por un desaparecido. Se dice que había delaciones de unos a otros, pero nosotros vemos que los legajos dicen otra cosa", explica Giaganti. "Esto no es trabajar sobre el pasado, es trabajar sobre el futuro", concluye García Piñeiro y todos asienten con el convencimiento de que están completando una historia que tiene muchas ventanas abiertas.
17 de mayo de 2011
16 de mayo de 2011
©página 12

su hermana nació cautiva


Clara Petrakos busca a una hermana nacida en cautiverio. Su madre fue secuestrada cuando tenía cuatro meses de embarazo y estuvo detenida en el Pozo de Banfield junto a otras embarazadas y donde habría dado a luz. Juan Miguel Wolk era el jefe de ese centro clandestino.
[Alejandra Dandan] Argentina. Otros sobrevivientes habían hablado de su madre, del nacimiento de un niño y también habían hablado de Clara. Clara Petrakos finalmente se sentó en la sala de audiencias de los Tribunales de Retiro para contar su historia en nombre propio. Y ante preguntas que la llevaban directamente al centro clandestino, se abrió paso a los tumbos para quedarse en los momentos previos, en el antes, en las historias de sus padres vivos, en el compromiso político.
Clara nació el 6 de febrero de 1976, nueve meses más tarde secuestraron a su madre, María Eloísa Castellini. María tenía un embarazo de cuatro meses. Poco tiempo después desapareció su padre, Constantino Petrakos. Su madre, su padre y una hermana o hermano que nació en cautiverio están desaparecidos.
"Quiero seguir un orden cronológico para no olvidarme de nada", dijo Clara ante una pregunta de la fiscalía. A principios de 1974, su madre, que tenía 18 años, trabajaba con un grupo de estudiantes universitarios y con un sacerdote. "Durante el verano se fueron a hacer trabajos voluntarios en vez de irse de vacaciones a Mar del Plata, hacían albañilería y construyeron una escuela, y mi mamá pensaba que era necesaria porque todos debían tener acceso a la educación." Para 1976, ella era maestra en un jardín de Merlo. El 11 de noviembre de ese año la secuestró una patota desde la puerta de la escuela a las 12.45 del mediodía.
"Lo que conozco de ese episodio lo sé por los relatos de las personas que estuvieron con ella", explicó Clara, que una y otra vez intentó fundar el relato en esos datos, tomando en manos un cruce que debería haber hecho la Justicia.
"Mi mamá iba a tomar un colectivo a media cuadra de la escuela, en ese momento se acercan dos o tres, la agarran de los pelos y la meten adentro de un auto."
Clara estaba en ese momento con una de sus tías. A las siete de la tarde, una patota entró al departamento con la madre. "Mamá estaba embarrada y lastimada, yo no me acuerdo pero leí el testimonio de mi tía del ’83 y el del portero del edificio que también la ve embarrada, y que por el estado no la reconoce." Dicen que María estaba con signos de tortura en el cuerpo, en la boca, en el pecho y en la ingle a pesar del embarazo. Que no podía comer ni hablar demasiado, y le pidió a su hermana que la cambiara. La patota estaba ahí esperando a su padre, que nunca llegó porque vio el operativo desde la calle y escapó. Clara estuvo con él algún tiempo, pero después él viajó a España, desde donde desapareció a fines de 1977.
Por mucho tiempo tampoco supo cuál fue el recorrido de su madre. En 2003 conoció a una sobreviviente del Protobanco en Puente 12 que reconoció una foto en una marcha de Abuelas. "Cristina Comandé tenía presente la imagen de mamá, pero mi mamá no le había dicho cómo se llamaba, así que ella no sabía su nombre y ni de mi existencia hasta que me reconoce en la muestra de fotos, reconoce a mi mamá."
María estuvo en el Protobanco hasta fines de diciembre de 1976. Entre enero y marzo no se sabe dónde estuvo y en abril de 1977 estuvo en el Pozo de Banfield.
"Además de mi mamá –dijo Clara– se sabe que hubo otras veinte mujeres embarazadas ahí, hay constancias de que diez tuvieron a sus hijos. Hubo dos abortos por los malos tratos y del resto no se sabe cuál fue el destino. De los diez nacimientos de los que existen constancias, sólo cuatro recuperaron su identidad y muchos años más tarde: María José Lavalle Lemos, Carlos D’Elía, Carmen Gallo Sanz y Victoria Moyano." Entre los que nacieron está además su propia hermana, que todavía no está ubicada.

Las Pruebas
"Cuando mi mamá empieza con el trabajo de parto, las compañeras de celda empiezan a gritar o pedir que se acerque alguien para que pueda salir –dijo Clara–, pero lo único que consiguen es que un guardia abra la puerta de la celda, la celda era muy chiquita, un lugar en el que ni siquiera entraba acostada. Ahí la hacen acostarse en el pasillo, nace mi hermano, la ayudó Patricia Uchanski, que está desaparecida." Todo esto, dijo Clara, me lo "relató" Adriana Calvo, que llegó al Pozo de Banfield cuando Patricia todavía estaba ahí. Entre otros datos, Clara supo que el guardia cortó el cordón umbilical con un cuchillo de la cocina y que después de unas horas a su madre le sacaron al niño al que todos mencionan como niña, "Mi mamá siguió ahí hasta el 25 de abril del ’77, cuando hubo un traslado masivo, sólo quedaron Adriana y Ana de Gatica, que son liberadas."
"El Estado que debería haber buscado en los primeros años hizo poco y nada, no las buscó", dijo Clara. "La excepción fue una comisión que en algún momento pidió investigar las adopciones y las partidas de nacimiento firmadas por el médico Bergés. Las partidas se encontraron en los ochenta, tres de esas partidas recuperaron la identidad, pero muchos años después porque durante años no se hizo nada." La primera causa del caso es de 1986. Entre 1997 y 1998, Clara se acercó a Abuelas. Había leído la historia de Ana Caracoche de Gatica, que había estado con su madre. "Tuvo dos hijos secuestrados en distintos operativos y luego de que es liberada, por muchos años los buscaron hasta que finalmente los ubicaron a los dos, la hija había sido apropiada por un comisario. Yo me dije: ‘¿Cómo teniendo dos hijos apropiados los pudo recuperar a los dos y relativamente en pocos años?’. Ahí fue cuando dije: ‘Tengo que participar en la búsqueda’, y empecé haciendo difusión en los diarios, en las revistas, en Internet."
Un defensor le preguntó en la audiencia por los padres. Puntualmente por la militancia política con esa pose con la que intentan volver a la lógica de la guerra.
"Empecé hablando de la militancia, pero no veo la relación del plan sistemático de apropiación de niños y esa pregunta –le dijo Clara–: pero sí, militaban en el PRT."

–¿Qué es el PRT? –la provocó el abogado. Clara no respondió. No inmediatamente. Lo miró con una mueca. La presidenta del Tribunal, María del Carmen Roqueta, respondió para salir del apuro que era Partido Revolucionario de los Trabajadores. "¿Es así?", le preguntó a Clara. Y entonces Clara dijo que sí.

"Yo quisiera que el Estado busque y encuentre los archivos en donde están los datos de qué pasó con mi hermana y los niños robados", dijo al terminar. "Que pregunten a Juan Miguel Wolk, jefe del Pozo, qué sabe de mi hermana, dónde están los otros chicos, dónde están las personas."
17 de mayo de 2011
16 de mayo de 2011
©página 12

la nieta paula logares


Paula Logares tenía poco más de ocho años cuando fue una de las primeras nietas recuperadas. Su abuela Elsa la ubicó en poder de los apropiadores en 1982, pero recién logró que Paula recuperara su identidad en 1987.
[Alejandra Dandan] Argentina. Paula Logares tiene un recuerdo antiguo de las playas de Mar del Plata, de haber estado una o dos veces ahí. En esas playas aparece una escena, la imagen de los aplausos de la gente. Cree que alguna vez preguntó a quienes suponía sus padres qué es lo que hacía esa gente. Que en ese momento le explicaron que los aplausos eran porque un niño se había perdido, y eran señales para buscar a la familia. "No me acuerdo bien –dice Paula ahora, miles de años después–, pero creo que en ese momento, yo misma, entonces, fragüé una pequeña perdidita, creo que fue así."
Hubo otras dos veces en las que intentó perderse como si intuyera algo de su historia y de un padre que era subcomisario de la brigada de San Justo y, aún bajo la dictadura, aparecía con autos de la Mercedes Benz porque estaba contratado por la compañía. Una vez sucedió en el patio, cuando se quedó mirando una puerta pequeña convencida de que podía llevarla a algún lado. Otra vez ocurrió cerca del Obelisco. Quien hacía de madre entró a un hotel, ella se quedó atrás, imaginó qué pasaría si no la seguía. Lo hizo. No la siguió. Caminó unos metros en dirección contraria hasta que de repente sintió que su apropiadora la agarraba de los brazos.
"Me parece interesante marcar esto de que yo no estaba tan cómoda ahí, desde la perspectiva de una nena", dice Paula. "Yo les decía papá y mamá a ellos pero era como si eso no fuese natural, como si yo estuviese de alguna manera enajenada, viviendo una situación sin vivirla y aun así es como que podía ver los roles de cada uno, tal vez algo que para una criatura no es habitual."
A Paula la secuestraron a los 23 meses de edad. El 18 de mayo de 1978 en Uruguay una patota se la llevó con su madre Mónica Grinspon y su padre Claudio Logares. Era un día feriado, ellos bajaban de un colectivo y subían a otro camino al parque Rodó. Paula estuvo los siguientes seis años con los apropiadores: Raquel Teresa Mendiondo y Rubén Lavallén, el subcomisario de San Justo. Su abuela Elsa Pavón caminó todos esos años para encontrarla. La vio una vez cuando Paula había cumplido seis años, pero cuando quiso volver a verla los Lavallén habían dejado la casa. Las dos contaron la historia en las audiencias por el plan sistemático de robo de bebés. Elsa habló tres horas. Lloró la sala, los abogados y tres de los cuatro jueces del Tribunal Oral Federal 6 que no sabían cómo taparse la cara. La mujer habló de esa lógica siniestra del "acá está" y "acá no está" que reproducen las vueltas de una calesita. Y mientras lo hacía, y revivía cada aparición y desaparición, dijo lo que respondió cuando estaba a punto de encontrarla: "Y si me dicen finalmente que no es ella, no importa: al otro día me pongo los zapatos y empiezo otra vez".

La Reconstrucción de Paula
Paula está convencida de que Lavallén conoció a sus padres porque pasaron por el centro clandestino de la Brigada de San Justo. Los Lavallén la anotaron como hija biológica con dos años menos de edad, como si hubiese nacido más tarde.
Una vez, dice, escuchó en televisión una especie de juego en el que decían: socorro y auxilio. "Me acuerdo que con Lavallén nos pusimos a jugar en la calle, íbamos caminando y cuando él me agarraba yo empezaba a gritar socorro y auxilio. Era un juego –dice–, pero hoy lo miro distinto: creo que hay juegos y juegos y uno no se pone a jugar así, a pedir socorro y auxilio en la calle porque sí."
Dicen que sus apropiadores no pudieron cambiarle el nombre. Que cuando llegó a la casa Paula lo repetía constantemente. "Del nombre yo no me acuerdo tanto –dice Paula–, pero sí de un juego que se repetía. Un día estaba ella, Raquel, y una especie de vecina en el departamento y me dicen: ‘A ver, hoy jugamos a que te llamás de tal manera’. Yo en esos momentos me recostaba en la cama, daba vueltas y cuando me insistían era como si me cansara y me iba a jugar a otra parte."
Años más tarde, ya en casa de su abuela, Paula le preguntó si tenía su ropa de bebé. Habían pasado pocos días desde la recuperación, Paula la estaba midiendo. Ante una imagen de las rondas de las Madres por televisión, ya le había dicho a su abuela que esas mujeres eran locas y los hijos tirabombas. Ahora pedía la ropa. Elsa se la dio. Paula le dijo que una vez también se la había pedido a su apropiadora. La primera vez, la mujer le dijo que no la tenía porque la había donado a los chicos pobres. La segunda vez le dijo lo mismo, pero le preguntó si era egoísta. La tercera vez, le dijo egoísta y le dio una cachetada.
Paula no se acuerda. "Siempre me acuerdo que él le pegaba a ella en general en el baño –dice–, aunque alguna vez lo hizo delante mío. Me acuerdo que ella me pegó una vez, y es más, yo siempre pensé que era la única: yo tiré un plato de porcelana, tendría cerca de ocho años, y sólo me acuerdo que la miré y no volvió a pegarme."

La Búsqueda
Elsa buscó y buscó. Su consuegro le dijo una vez: "¿Se miró al espejo, Elsa?". O: "¿Vio en qué estado está?". Le sugirió que dejase la búsqueda, que a lo mejor su nieta ya estaba con otra familia: "¿Y usted qué va a hacer? ¿Va a volver a sacarle a los padres?". Elsa respondió con lo que iba a decir siempre: que iba a seguir, que ésos no eran los padres.
Con el tiempo, Abuelas tuvo fotos de los Lavallén por una vecina que escuchó una discusión. Elsa vio a Paula en la puerta de la casa, pero cuando intentó volver encontró un cartel de alquiler con el departamento vacío. Dos años después, con la apertura democrática y los murales de Abuelas en las calles, alguien aportó otro dato. Paula estaba ahora a cuatro cuadras de Chacarita. Elsa viajó todos los días desde Banfield a comprar verduras frente a la casa. La primera vez que la vio entró en shock porque su nieta tenía un guardapolvo de preescolar cuando debería haber tenido uno de primaria. Elsa no sabía de la inscripción de nacimiento retrasada ni de lo que después los psicólogos le explicaron como estrés de guerra: desde el secuestro, Paula había empezado a tener retrasos de crecimiento.
Un día siguió a un micro, y supo dónde estaba la escuela. Otro día le pidió a su marido que se acerque a la niña para preguntarle nombre y apellido para la denuncia. Cuando su marido se topó con la niña tuvo la impresión de que ella estuvo a punto de decirle "abuelo". "Mi abuela me contó eso después, pero yo tengo presente otra escena –dice Paula–: tengo el registro de gente que me miraba, y un día hubo alguien que me llama la atención y entonces me acuerdo de haber mantenido la mirada, era la hora de la salida de la escuela, yo iba camino al micro. Yo miro, sostengo la mirada pero no de forma desafiante sino como para ver qué pasaba".
Paula después supo que ése era su abuelo. Que ese día se quedó preocupado porque no sabía si ella había reconocido en forma instintiva algún detalle y que pudiera decir algo en la casa.
Luego de las búsquedas, llegó la denuncia. Hubo jueces que hicieron todo lo posible para retrasar el encuentro. No ordenaron allanamientos, no permitieron los exámenes con los que pese a la diferencia de edad entre las dos Paulas se podía saber si era o no. Cuando el dato finalmente estuvo, hubo quien no quiso entregar a la niña hasta que no resolviera la cuestión de fondo de la causa. Paula finalmente conoció a su abuela en diciembre de 1987, fue la primera nieta restituida por ADN. El juez Andrés D’Alessio de la Cámara de Casación las presentó: "El lugar era como un castillo con sillones enormes y había una mesa ratona. Me acuerdo que me presentan a mi abuela y yo daba vueltas alrededor de la mesa porque no quería entrar en contacto con ella, ella se sienta y me muestra unas fotos de cuando yo era chica, una a upa de mis padres y otra donde estaba yo de beba. Lo que sucedió en ese momento es que en una de esas fotos yo me reconozco, me doy cuenta de que era yo, porque era una foto igual a las primeras que me habían sacado en la otra casa, pero miro y en ese momento no dije nada, y no dije nada por mucho tiempo, tal vez se lo dije años después".
Paula tenía ocho años. "Eso era por el escepticismo que yo tenía, creo que me manejaba un poco así, desconfiaba. De pronto no sé muy bien cómo pero estoy llorando y me agarra sueño, y no era natural. Quería dormirme, como si necesitara descansar, pero no me animaba porque no estaba segura dónde hacerlo. Ahí había una asistente social. Me acuerdo que me dijo que me duerma tranquila, que ella me daba un anillito que tenía: ‘Vos te dormís con el anillo y cuando te despertás me lo das’. Yo le dije que no, y le pedí el otro anillo que tenía en la mano porque me imaginaba que si no me lo había ofrecido era porque tenía más valor."
17 de mayo de 2011
16 de mayo de 2011
©página 12

la muerte del presidente allende


¿Podemos confiar en la investigación judicial de la muerte del presidente Allende?
[Hermes H. Benítez] Chile. No cabe duda que la inesperada noticia, difundida en los últimos días del mes de enero, de que al fin, después de 37, años se realizaría en Chile una investigación judicial de la muerte del presidente Allende -junto con la de otros más de 700 casos de víctimas de violaciones de sus derechos humanos cometidas bajo la dictadura-  fue recibida con beneplácito y optimismo por amplios sectores de la ciudadanía. Esto se explicaría, entre otras razones, por el hecho de que los resultados y conclusiones del estudio metapericial del doctor Luis Ravanal, dadas a conocer en el 2008, han penetrado lentamente en la conciencia pública, terminando por restarle casi toda credibilidad a la "versión oficial" de la muerte del Presidente. De manera que el anuncio de que, por fin, se realizaría, aunque en forma tardía, aquella investigación, que nunca se hizo en  20 años de gobiernos concertacionistas, vino a  producirse en un momento especialmente oportuno.
Tenemos temor de la parcialidad del equipo que realizará la autopsia
Con el correr de los días aquel optimismo colectivo inicial ha ido dando paso a una actitud de cautela hacia la capacidad y la voluntad real de las instituciones judiciales chilenas, y de sus organismos técnicos, de llegar a  establecer de manera definitiva las causas inmediatas de la muerte del presidente Allende. Después de todo, la justicia chilena, tanto bajo la dictadura como posteriormente a ella, actuó en muchos casos como cómplice y encubridora de incontables atropellos a los derechos humanos de miles de chilenos, y por medio de la acción de jueces obsecuentes y prevaricadores, defendió al tirano, así como a centenares de miembros de las FF. AA involucrados en hechos criminales.         
A lo anterior se agrega el hecho que, si hay un organismo público que ha cambiado muy poco desde los tiempos de la dictadura, este es el Servicio Medico Legal, y es precisamente a este al que le corresponderá realizar la totalidad de los peritajes a partir de los cuales se buscará establecer de qué modo preciso murió el presidente Allende. Este organismo tiene una negra historia que, por cierto comenzó el mismo día 11 de septiembre de 1973, cuando sus autoridades, cediendo a las presiones de los golpistas, o por simpatía con sus conductas fascista, hicieron la vista gorda ante múltiples irregularidades, entre las que se cuentan: el ocultamiento de cadáveres, mezcla de restos de diferentes personas, la realización de autopsias incompletas, y  la inhumación ilegal de cuerpos no identificados, tanto en el patio 29 del Cementerio General de Santiago, como en otros lugares del país.         
Como lo ha declarado Juan Pavín, abogado de los dirigentes de la Asociación de Funcionarios del Servicio Médico Legal, gran parte de los problemas que han  venido afectando por largos años a este servicio se originaron  en la severa intervención política  a la que fue sometido bajo la dictadura. Desde aquel momento se rompió allí la antigua y respetable tradición de nombrar médicos de carrera como directores del Servicio Médico Legal, procediéndose a designar doctores que eran enteramente ajenos al campo de la medicina legal. Significativamente, los gobiernos concertacionistas no modificaron esta anómala situación, sino que la mantuvieron, entre otras razones, porque facilitaba la asignación de cargos por medio del cuoteo político.
El primer jefe del SML en ser designado, en 1975, por aquel procedimiento anómalo, fue el doctor Claudio Molina Fraga, bajo cuya gestión se registraron la mayor cantidad de  irregularidades en aquel organismo. Recordemos que fue este director quien, al ser encontrados los restos de varios detenidos-desaparecidos en los hornos de cal de Lonquén, decidió y procedió personalmente a trasladarlos hasta el Cementerio Parroquial de Isla de Maipú, donde los arrojó en una fosa común; mientras los familiares de aquellas víctimas esperaban  infructuosamente la recuperación de las osamentas de sus muertos, en la Iglesia Franciscana de Recoleta, en total desconocimiento de esta terrible y despiadada acción de Claudio Molina Fraga.
Es atingente recordar aquí, también, que este mismo médico, cuya especialidad es la psiquiatría, fue uno de los especialistas del SML que evaluó y certificó el estado mental del dictador Augusto Pinochet, permitiendo así que éste fuera sobreseído en el caso Caravana de la Muerte.      
Otra funcionaria del SML, la doctora América González, que se desempeñó como coordinadora de aquella comisión de especialistas que facilitaron que Pinochet lograra evadir la acción de la justicia, fue quien realizó el peritaje forense del cuerpo de Cecilia Magni, la Comandante Tamara, muerta en 1988, en un ataque al Retén de Carabineros de Los Quéñes. La doctora González determinó en aquella oportunidad  que las múltiples lesiones que la combatiente frentista presentaba en su cuerpo se habrían producido al ser arrastrada ella por las aguas del río Tinguiririca, en cuya rivera fue encontrada muerta. En circunstancias que, como se estableció posteriormente, estas lesiones le fueron provocadas a Cecilia, luego de ser capturada viva, por las torturas que le infringieron miembros de los aparatos represivos de la dictadura.(1)
La misma doctora González, contratada por el SML bajo la dictadura, certificó como "muerte súbita", a consecuencia de una afección cardíaca, el fallecimiento de Carlos Godoy Etchegoyen, brutalmente torturado por medio de electricidad, en febrero de 1985, en la Comisaría de Quintero. Según lo registra el Informe Rettig, los antecedentes de salud previos, así como los protocolos de autopsia,  no dejan duda que la muerte de Carlos Godoy E. fue causada por torturas a las que fue sometido por agentes del estado.  
En lo referente a la identificación de los cuerpos de los siete presos que murieron calcinados en un incendio de la Cárcel de San Miguel, la doctora González ocultó los resultados de los análisis de ADN que daban cuenta de los errores cometidos en la identificación  de aquellos, exactamente como lo había hecho anteriormente, en los casos de las osamentas de los Detenidos Desaparecidos del Patio 29, a los que a continuación nos referiremos.
El historial del SML, durante y posteriormente al fin de la dictadura, contiene un número considerable de otras manchas, por ejemplo, una serie de falsas identificaciones de restos óseos, entre los que se destacan aquellos que fueron encontrados en las tumbas del Patio 29 de Cementerio General. Los primeros reportes sobre la utilización del Patio 29 como lugar de sepultación ilegal de ejecutados políticos luego del golpe, correspondieron a testimonios recibidos por el Comité Pro Paz, pero fue necesario el fin de la dictadura  para que, 18 años después de los asesinatos, se procediera a iniciar investigaciones judiciales en el lugar.
En septiembre de 1991, es decir, durante el primer año de la ‘democracia tutelada’, se dio comienzo,  por orden del Juez Andrés Contreras, a la excavación de las tumbas marcadas con las letras NN de dicho patio. Se determinó que se trataba de 107 tumbas y de 127 cuerpos. Es decir, se había enterrado más de un cuerpo por tumba. Al hacerse público este hecho el dictador comentaría, con su sádico y macabro sentido del humor: "Pero que economía tan grande".              
Los cuerpos desenterrados fueron, entonces, enviados al SML para su correspondiente identificación. Luego de dos años de espera, se inició, por fin, la entrega de los restos identificados a sus respectivos familiares, lo que tuvo lugar durante la dirección del Dr. Cesar Reyes. Las identificaciones continuaron durante los años siguientes, informándose que 30 de los 126 cuerpos encontrados no podrían ser identificados, en razón de sus deterioradas condiciones. Al final, se vino a saber, gracias al trabajo de peritos escoceses, que 48 cuerpos, de un total  de 96 potencialmente identificables, habían sido erróneamente identificados por el SML. Es decir, prácticamente la mitad de las identificaciones hechas en Chile eran erróneas. Pero esta información, contenida en el así llamado "Informe Glasgow", publicada y entregada al SML en octubre de 1995, logró ser mantenida en secreto por sus autoridades durante siete años.
El escándalo público que provocaría el ocultamiento de los resultados de aquel informe, determinaría que la Fiscal Mónica Maldonado debiera ponerse en acción con el fin de  investigar el caso.          
Es necesario recordar aquí, también, al doctor José Luis Vásquez, uno de los que participaron en la realización de la autopsia de Allende en 1973 (que no es médico forense sino ginecólogo), quien sigue trabajando hasta hoy en el SML y el que sin duda participará en el nuevo peritaje forense de los restos del Presidente que se realizará como parte de las tareas de la investigación judicial en curso. El doctor Vásquez adquirió parte de su notoriedad como resultado de su participación en la investigación de dos crímenes emblemáticos de la época de la dictadura: el de Carmelo Soria, y el de Rodrigo Anfrún. Tanto Soria como el niño Anfrún, según llegó finalmente a establecerse, fueron  asesinados por miembros de los aparatos represivos de la dictadura. Sin embargo, en ambos instancias, actuando como forense, José Luis Vásquez dictaminó que, en un caso, la muerte se había producido por efecto de un accidente automovilístico, y en el otro, al ser  agredido sexualmente el niño por un joven con problemas mentales.
Es imposible poder determinar hoy si aquellos errores fueron cometidos como consecuencia de la pura falta de conocimiento tanatológico del doctor Vásquez, o si ellos  no fueron verdaderos errores, sino el resultado, claro y directo,  de acciones  premeditadas y calculadas destinadas a  proteger a los asesinos a sueldo de la dictadura.  Pero como es manifiesto, y es muy importante que el mundo lo sepa, por sí mismos estos hechos ponen en entredicho no sólo la capacidad  profesional de Vásquez, sino también su independencia, imparcialidad y objetividad  para poder participar en el nuevo estudio pericial de los restos de Allende.             

El Ginecólogo Dr. José Luis Vásquez Será Juez y Parte
La gran preocupación que nos asalta hoy es escuchar al gobierno declarar que pondrá a disposición todos los recursos del estado para que se establezca, finalmente, cómo murió Allende,  declarando, por un lado, que se va a convocar a peritos extranjeros, por supuesto elegidos y contratados por aquél, y por el otro, que van a participar en estas investigaciones peritos del Servicio Médico Legal, en circunstancias de que el Dr. José Luis Vásquez, es el mismo médico militar que firmó la autopsia de Allende, realizada entre la noche del 11 y la madrugada del 12 de septiembre de 1973, que, como hemos visto antes, sigue desempeñándose en el SML.
En la actualidad un número importante de peritos, que se encuentran trabajando en aquel organismo desde la época dictatorial, apoyan al Dr. Vásquez, y comparten con él la misma visión política e institucional.

Conexiones Militares Directas de Otro Funcionario del SML
Y al menos en un caso, el del Dr. René López, del departamento de  tanatología del SML, existe una conexión militar y familiar directa, porque aquél es hijo de René López Silva, quien fuera segundo al mando del Campo de Prisioneros de Tejas Verdes.
Vásquez revela que sólo confirmará las conclusiones de la autopsia de 1973
Las sorprendentes declaraciones hechas el jueves 21 de abril por el doctor José Luis Vásquez, en una entrevista que le concediera a Lilian Olivares, periodista  del diario La Segunda (Entrevista a La Segunda, página 6,   Entrevista a La Segunda, página 8.), ponen en evidencia cual es la visión que el médico tiene de la tarea que le corresponderá realizar próximamente en la investigación judicial de la muerte de Allende:
"Esta mañana conversamos con el doctor José Luis Vásquez, quien afirmó que con la nueva tarea, encomendada al SML por el Juez Mario Carroza ‘como se vas a hacer un  nuevo procedimiento, se va a certificar lo que se dice en el Informe’ [es decir, lo que está escrito en el informe de la autopsia  realizada en 1973]".
Pregunta de la periodista: Doctor, ¿Ud. pudo constatar, a ciencia cierta, si el cuerpo del ex presidente Allende tenía uno o dos orificios de bala?
Respuesta de Vásquez: "Si hubiese habido un segundo orificio de bala no pudimos certificarlo. Se produjo un estallido en el cráneo que impedía la posibilidad de reconocer esta situación". (2)
En otras palabras, lo que Vásquez ha declarado más arriba es simplemente que él no hará otra cosa que confirmar las conclusiones de la autopsia de 1973, es decir, la que practicó él mismo. Lo increíble es que lo diga sin el menor empacho. Al parecer, no se ha tomado conciencia de que aquí hay, además, un patente conflicto de interés, porque es manifiesto que nadie puede "autoconfirmarse", ni examinar con objetividad e imparcialidad su propio trabajo de hace 38 años. De allí, entonces, que el doctor Vásquez debería  ser descalificado a priori de participar en estos exámenes, porque al hacerlo estaría actuando simultáneamente como juez y parte.
Esta extraordinaria declaración, y la que le sigue, donde Vásquez niega sin asco que no se pudo constatar la existencia de un segundo orificio en la cabeza del Presidente, porque el estallido craneal lo habría hecho imposible, lo que es enteramente falso porque aquel orificio aparece claramente descrito en el informe de autopsia, lo hace a uno comprender  de inmediato que los resultados del examen forense de los restos de Allende han sido ya predeterminados por los médicos del SML, y que todo este procedimiento forense anunciado no será más que una burda farsa.
Ante esta situación los chilenos no podemos permanecer impasibles. En primer lugar hay que poner en estado de alerta al movimiento popular acerca de los peligros que en este momento se ciernen sobre la investigación de la muerte del Presidente Allende, en la que participarán los mismos médicos militares que luego de practicarle un examen post morten en 1973, ocultaron su informe por 27 años, así como las fotografías y muestras allí tomadas. Y tras los cuales se encuentran las mismas fuerzas políticas conservadoras e instituciones del estado que derrocaron a Allende hace 38 años.    
Tenemos que exigir colectivamente que el doctor Vásquez sea privado de toda participación en las investigaciones judiciales en curso, y que un  equipo de forenses de probada  imparcialidad, objetividad y rectitud, entre los que se cuente el doctor Luis Ravanal Z., sea autorizado para participar, en calidad de observadores, en el peritaje de los restos de Allende, junto a expertos internacionales de las más impecables credenciales profesionales y sin ninguna conexión institucional con las autoridades judiciales y políticas chilenas.
Exigimos que la totalidad de los peritajes sean grabados, desde el primer al último segundo, y que a estas grabaciones se le asigne el carácter de documentos históricos, con copias al Museo de la Memoria y accesibles al público interesado.
El informe final deber ser un documento público y venir firmado por la totalidad de los médicos que participaron en la investigación.
Tenemos que impedir que se vuelva a repetir aquella farsa realizada en 1990, bajo el gobierno de Patricio Aylwin.      

Notas
1.  Como las investigaciones de este caso se encuentran aún abiertas existe la posibilidad de que pudiera producirse más de alguna novedad en lo referente al establecimiento de sus detalles finales.

2. La Segunda, jueves  21 de abril  de 2011. Lilian Olivares: "Los exámenes a los restos de Salvador Allende: Habla el médico que hizo la autopsia en 1973".

(Entrevista a La Segunda, página 6. Entrevista a La Segunda, página 8. El texto de este artículo puede ser leído también a través de La Segunda.

Fuentes
-Víctor Osorio. El escándalo del Patio 29: los errores de identificación. Patio 29, 10 de marzo de 2009.
-Jacmel  Cuevas. Servicio Médico Legal. ¿El purgatorio de la Justicia? El Periodista, viernes 27 de febrero de 2004.
16 de mayo de 2011
24 de abril de 2011
©piensa chile

hidroaysén: bochornosa impudicia


columna de lísperguer
Las relaciones del presidente Piñera con personeros de la empresa HidroAysén.

Lo que ve un ciudadano de a pie como yo sobre HidroAysén son cosas como que el ministro Goldborne fue aproximado para ser director de la empresa, cargo que rechazó para ser ministro; que una familia amiga (Matte) del presidente es propietaria de gran parte de la empresa; que uno de los directores es cuñado del presidente Piñera; que la empresa donó 700 millones de pesos a una fundación de la primera dama; y que el ministro Goldborne, pese a todo, dice que no hay intereses personales en todo esto. ¡Por favor! Dice Goldborne que tener familiares en posiciones importantes no es indicio de nada anormal. Que tus parientes ocupen altos cargos en el mundo público y empresarial no es casualidad. Ocurre porque la inútil autocracia que nos gobierna usurpa los recursos del estado en beneficio de sus familias y su grupo social, y por la misma razón los hijos y cuñados y esposas del 97% de los chilenos no podrán decir nunca lo que dijo, con bochornosa impudicia, el ministro Goldborne.
lísperguer