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obispo metodista era agente cni


Presidente de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile fue agente de la dictadura militar.
Chile. El obispo Roberto López Rojas integró la Central Nacional de Informaciones (CNI), sucesora de la DINA como policía secreta de Pinochet. Preguntado si no se considera moralmente impedido de encabezar una institución que aboga por la paz y los derechos humanos, tras haber estado en organismos represivos que violaron esos derechos, como la CNI y los servicios de inteligencia de la Armada, expresó que "no". "Por el contrario, a mucha honra, me siento orgulloso de haber cumplido mis funciones", sostuvo.

El actual presidente de la Iglesia Metodista Pentecostal, la principal congregación evangélica de Chile, con más de dos millones de fieles, el obispo Roberto López Rojas, fue agente de organismos represivos y de espionaje durante la dictadura de Augusto Pinochet.
Así lo pudo confirmar Efe a través de documentos de la Marina a los que tuvo acceso y en una entrevista con el obispo, quien aseguró que no estuvo involucrado en "ningún crimen", pero dijo sentirse "honrado" de haber cumplido las funciones que se le asignaron como suboficial de la institución naval.
López integró la Central Nacional de Informaciones (CNI), sucesora de la DINA como policía secreta de Pinochet.
En su currículo figuran cursos de perfeccionamiento en la CNI y en la Marina donde también operó como agente de la Dirección de Inteligencia de la Armada (Dirinta), entre ellos de "Inteligencia Naval", "Capacitación de inteligencia operacional" y "Guerra especial"
Además, fue agente del Servicio Secreto de la Armada, con operaciones tanto en el ámbito interno como externo de la institución
Su condición de agente aparece confirmada en el "Oficio Ordinario número 1505/0323/1590 INT", de la Marina, al que tuvo acceso Efe.
El documento no detalla qué funciones cumplió el obispo en los organismos donde estuvo, pero señala que López también cumplió tareas en el Estado Mayor de la Defensa Nacional.
En entrevista con Efe, Roberto López confirmó su paso por todos los organismos mencionados, aunque al señalársele la necesidad de grabar algunas de sus respuestas, además de tomar notas, se negó y puso como condición la presencia de un abogado, en una nueva reunión, que él convocaría.
Posteriormente el obispo cambió de opinión y no accedió a una nueva entrevista.
Roberto López no aparece involucrado en delitos de lesa humanidad y asegura que no se avergüenza de su pasado.
Preguntado si no se considera moralmente impedido de encabezar una institución que aboga por la paz y los derechos humanos, tras haber estado en organismos represivos que violaron esos derechos, como la CNI y los servicios de inteligencia de la Armada, expresó que "no".
"Por el contrario, a mucha honra, me siento orgulloso de haber cumplido mis funciones, pues nunca estuve involucrado en ningún crimen", repuso.
En 1985 el juez Carlos Cerda instruyó la causa "ROL 2-77? en contra de la asociación ilícita criminal "Comando Conjunto", por el secuestro y desaparición, en 1976, de los militantes comunistas Edras Pinto Arroyo y Reinalda Pereira Plaza.
Según el expediente de este proceso, el 10 de diciembre de 1985 el juez Cerda ordenó detener a una persona que, desde un vehículo, fotografiaba su ingreso y el del testigo Carlos Paredes a la cárcel santiaguina de San Miguel, donde debía realizar unas diligencias.
Según un oficio redactado por el juez e incorporado al expediente, el detenido dijo llamarse "Roberto Alejandro López Rojas" y aseguró que estaba ahí "para visitar a un amigo que había caído" y que se encontraba detenido.
El juez Cerdas ordenó entonces ingresar a Roberto López al recinto carcelario, para interrogarle e incautarle la máquina fotográfica
En una declaración judicial prestada ese mismo día, López Rojas reconoció haber sido enviado "a tomar fotos de las personas que entraran al presidio"
Posteriormente, el 11 de diciembre de 1985, la Armada envió al juez Cerda el oficio número 40-87, en el que informaba de que López fue enviado a la cárcel "a prestar protección al teniente de la Armada Daniel Guimpert Corvalán".
Este episodio fue confirmado a Efe también por el obispo López, quien permaneció en la Marina entre el 1 de agosto de 1979 y el 15 de julio de 2001.
El teniente Daniel Guimpert fue un triple agente de la DINA, Comando Conjunto e Inteligencia Naval, que actualmente se encuentra procesado por varios crímenes de lesa humanidad.
Testimonios judiciales relativos a los juicios en que está imputado coinciden en que se destacó por su extrema crueldad con los prisioneros.
En 1986 Guimpert figuró en una lista de 40 agentes del Comando Conjunto procesados por el juez Carlos Cerda por el secuestro y desaparición de Edras Pinto y Reinalda Pereira, lista que encabezó el exintegrante de la junta militar, y exjefe de la Fuerza Aérea (FACH), Gustavo Leigh Guzmán, fallecido años después.
11 de abril de 2011
©el mostrador

murió sidney lumet


Prolífico director se mantuvo a distancia de Hollywood. Entre sus numerosas producciones destacan 'Tarde de perros', 'Sérpico' y 'Asesinato en el Expreso Oriente'.
[Dennis McLellan] Murió este sábado pasado el prolífico director Sidnet Lumet, que fuera nominado cuatro veces a un Oscar y conocido por sus sólidas actuaciones en películas como ‘Doce hombres sin piedad’ [12 Angry Men], ‘Tarde de perros’ [Dog Day Afternoon] y ‘Network, un mundo implacable’ [Network]. Tenía 86 años.
Lumet, cuya carrera se extendió durante más de cincuenta años, murió de linfoma en su casa en Nueva York, informó su familia.
Descrito una vez en Variety como un "típico director de Nueva York", Lumet rodó muchas de sus películas en su ciudad natal, incluyendo ‘El prestamista’ [The Pawnbroker], ‘Sérpico’ [Serpico] y muchas otras.
Como escribió una vez el crítico de cine de Los Angeles Times, Charles Champlin, Lumet evitaba Hollywood "con un fervor que no desmerecería a Woody Allen",
"Hollywood es un pueblo fabril" dijo Lumet al Times en 1968. "Allá no hay un mundo real fuera de la filmación. No hay vida orgánica y eso es lo que yo necesito cuando estoy trabajando".
Niño actor en Broadway y en radio en los años treinta, Lumet fue director de CBS en Nueva York en la edad de oro de los dramas de televisión en vivo en los años cincuenta, cuando dirigió su auspicioso primer largometraje ‘Doce hombres sin piedad’.
El drama de tribunales del guionista Reginald Rose de 1957, ambientado en un tribunal de Manhattan, con Henry Fonda a la cabeza de un reparto que recibió tres nominaciones a un Oscar, incluyendo a la mejor película y al mejor director.
Lumet cosechó tres nominaciones a un Oscar por dirección: por la película de un atraco a un banco en Brooklyn, ‘Tarde de perros’, de 1975; la sátira de televisión escrita por Paddy Chayefsky, ‘Network, un mundo implacable’, de 1976; y el drama de tribunales ‘El veredicto final’ [The Verdict], de 1982.
También fue nominado a un Oscar por la adaptación de la obra suya en colaboración con Jay Presson, ‘Príncipe de la ciudad’ [Prince of the City], un drama de corrupción policial dirigido por Lumet en 1981.
Conocido como director de actores, Lumet supervisó numerosas actuaciones que fueron nominadas a un Oscar, incluyendo las de Ingrid Bergman (por ‘Asesinato en el Expreso Oriente’ [Murder on the Orient Express] y Peter Finch, Faye Dunaway, y Beatrice Straight (todos por ‘Network, un mundo implacable’).
Cuando Lumet recibió un Oscar honorario en 2005, el presentador Al Pacino, que había recibido varias nominaciones a un Oscar por su trabajo en ‘Sérpico’ y ‘Tarde de perros’, dijo que el director no estaba siendo homenajeado por su longevidad, sino por la calidad de su obra.
"Una película de Sidney Lumet", dijo Paciono, "tiene una firma, un sello de individualidad, un punto de vista, un sentimiento... Es realmente energía kinésica. Estabas allá cuando contaban la historia. Estaré siempre agradecido, junto con todos los otros actores y guionistas que han aprovechado el genio de Sidney".
Durante su larga carrera en el cine, Lumet dirigió más de cuarenta películas, entre ellas ‘Piel de serpiente’ [The Fugitive Kind], ‘Una vista desde el puente’ [A View From the Bridge], ‘Largo viaje hacia la noche’ [Long Day’s Journey Into Night], ‘Punto límite’ [Fail-Safe; Límite de seguridad; Sin retorno], ‘La colina’ [The Hil], ‘El grupo’ [The Group], ‘Supergolpe en Manhattan’ [The Anderson Tapes], ‘Asesinato en el Expreso Oriente’ y ‘Antes que el diablo sepa que has muerto’ [Before the Devil Knows You’re Dead].
También conoció el fracaso, como con ‘El mago’ (1978), su adaptación del exitoso musical de Broadway.
"Su carrera es algo inconsistente, pero eso se debe a que ha estado trabajando durante tanto tiempo, y cuando tú eres un director que trabaja como Sidney Lumet, tendrás éxitos abrumadores y películas que no son tan buenas", dijo al Times el profesor de historia de cine en la Universidad de Carolina del Sur, Rick Jewell, en 2008.
"Él no era como Stanley Kubrick, el que, una vez establecido, hacía una película cada cinco o siete años", dijo Jewell. "Lumet viene haciendo película tras película desde los años cincuenta. Para mí, es como cuando en los viejos tiempos, algunos directores hacían dos o tres películas al año. Él no tenía ese tipo de productividad, pero de todos modos su producción es extraordinaria".
Como director, Lumet se sentía atraído por historias dramáticas intensas.
Definiendo a Lumet como "uno de los últimos grandes moralistas del cine", la crítico de cine del New York Times, Manohla Dargis, escribió en 2005 que era un "influyente abastecedor de películas sociales (corrupción policial, la injusticia del poder judicial)". Era, escribió, un director cuya imagen de pantalla definitoria "es la de un hombre -y, casi inevitablemente, es un hombre- que lucha con su conciencia y contra el mundo".
"Tenía el poder de ver la verdad", dijo una vez Paul Newman, que fue nominado a un Oscar al mejor actor por su papel como un abogado alcohólico que quiere redimirse en ‘El veredicto final’.
Lumet también gozaba de la reputación de ser un cineasta rápido y eficiente, que terminaba sus películas antes del tiempo programado y con menos presupuesto.
Con su experiencia en el teatro y en la televisión en vivo, ensayaba con sus actores dos o tres semanas antes de empezar a rodar. Normalmente filmaba algunas tomas. Sabía de antemano cómo serían editadas las escenas y filmaba sólo lo que era necesario.
Como cineasta, Lumet creía que la mejor técnica es la que no llama la atención.
"No hay ningún estilo que detectar", dijo al New York Times en 2007, observando que en la mayoría de sus películas "no creo que haya ningún estilo visual porque me esfuerzo por encontrar el estilo visual que corresponde con historias específicas".
Debido a su propia experiencia en actuación, dijo Lumet en la entrevista de 2007 con el New York Times, la mayoría de los actores con los que trabajó sentían que estaban "en buenas manos, pero sin ser consentidos".
Meditando sobre una entrevista con el London Guardian, dijo: "Yo era un actor, por lo tanto sé dónde duele. Sé cuando es particularmente doloroso para ellos, cuando tienen que empezar a preguntarse. Todo buen trabajo es una auto-revelación. Lo sé. Eso lo sé".
Los que conocieron a Lumet trabajando, lo han elogiado por su afinidad con los actores.
"La magia del hombres es que esculpe lo que quiere muy cuidadosamente, y conspira contigo para ayudarle con lo que quiera que sea que tiene en mente", dijo Ossie Davis, que apareció en el drama en una prisión militar durante la Segunda Guerra Mundial, ‘La colina’, de 1965, en una entrevista para la edición de la serie documental ‘The Directors’, de 1997.
En el mismo documental, Rod Steiger, estrella nominada a un Oscar por ‘El prestamista’, el drama de Lumet sobre un sobreviviente del Holocausto acosado por los recuerdos, fue estrenado en Estados Unidos en 1965, observó que "lo importante es que, en lo que concierne a Sidney en su compasión y comprensión de la gente creativa, porque él mismo es muy creativo".
El Gremio de Directores de Estados Unidos, que reconoció la creatividad de Lumet detrás de la cámara con siete nominaciones a la mejor dirección, le otorgó el Premio D.W. Griffith, su más importante reconocimiento a contribuciones importantes al cine, en 1993.
Y en 2005, la Junta de Gobernadores de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas otorgó a Lumet un Oscar honorario en reconocimiento de sus "brillantes servicios para guionistas, actores y el arte del cine".
A los ochenta, sin embargo, Lumet no tenía ninguna intención de retirarse. En una industria que favorece la juventud, desafiaba la convención.
"Cualquiera sea la razón, simplemente sigo trabajando y trabajando, y aparecen cosas que quiero hacer", dijo a Los Angeles Times en 2005. "No sé si es una obsesión. Ciertamente es un modo de vida encantador".
"Si trabajas en el cine, no hay mejor trabajo que el mío. Así que ¿para qué parar antes que te obliguen la naturaleza o los estudios?"

Hijo del actor de teatro judío, Baruch Lumet, y de la bailarina Eugenia Wermus, Lumet nació el 25 de junio de 1924 en Filadelfia, aunque su familia se mudó a Nueva York cuando tenía cuatro años.
Siguiendo los pasos de su padre, Lumet se convirtió a temprana en actor de teatro judío y debutó en Broadway con un pequeño rol en el drama ‘Dead End’, de Sidney Kingsley, cuando tenía nueve.
Lumet, que estudió en la Professional Children’s School, apareció como niño actor en muchas otras piezas en Broadway, y actuó en numerosas series de radio. También tuvo un rol en el largometraje de 1989, ‘El tercio de una nación’ [One Third of a Nation], con Sylvia Sidney en el papel estelar.
Después de servir en el Cuerpo de Señales del Ejército como técnico de radares en Burma e India durante la Segunda Guerra Mundial, Lumet estudió actuación con Sanford Meisner y formó un grupo de teatro en off-Broadway.
Empezó a trabajar en televisión en 1950, contó más tarde, de casualidad.
Se estaba ganando bien la vida como actor y maestro -también había organizado un curso de teatro en la Escuela Superior de Arte Dramático- cuando un amigo actor, Yul Brynner, que había trabajado como director de personal de la CBS-TV, lo invitó a trabajar como director asistente.
Cuando Brynner dejó CBS para trabajar en ‘El rey y yo’ [The King and I] en Broadway, Lumet se encargó del proyecto en el que había estado trabajando Brynner: la serie de antología dramática ‘Danger’.
Lumet dirigió luego la serie de reconstrucción histórica  ‘You Are There’, presentada por Walter Cronkite y otras antologías dramáticas como ‘The Best of Broadway’, ‘The Goodyear Playhouse’ y ‘Studio One in Hollywood’.
Incluso después de lanzar su carrera en el cine en 1957, siguió dirigiendo producciones dramáticas para la televisión, incluyendo ‘The Sacco-Vanzetti Story’ en ‘Sunday Showcase’ y ‘El repartidor de hielo’ [The Iceman Cometh] en ‘Play of the Week’.
En 2001 volvió a la televisión como el creador, productor ejecutivo y principal director de la breve serie de tribunales ambientada en Manhattan, ‘100 Centre Street’ en la A&E Network.
El libro de Lumet, ‘Making Movies’, de 1995, un tomo de memorias profesional y una guía del cine, ha sido calificado como lectura fundamental para futuros cineastas.
Lumet se casó cuatro veces: con la actriz Rita Gam, la heredera Gloria Vanderbilt, la periodista y escritora Gail Jones (hija de la cantante Lena Horne y con el que tuvo dos hijas, Amy and Jenny), y Mary Gimbel.
Aparte de su esposa e hijas, le sobreviven su hinastra stepdaughter Leslie Gimbel, su hijastro stepson Bailey Gimbel, nueve nietos y un biznieto.
11 de abril de 2011
10 de abril de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

el nieto 102


El nieto 102 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo. Ezequiel trabajaba en la Fuerza Aérea cuando confirmó que era hijo de desaparecidos. Después de oponerse a los análisis de ADN, habla del encuentro con su familia. Hoy dice que su objetivo es "sumar".
[Victoria Ginzberg] Argentina. Durante diez años se opuso a que le hicieran una prueba de ADN para establecer si era o no hijo de desaparecidos. Allanaron su casa y se llevaron su ropa, pero eso tampoco dio resultado. Lo pararon en la calle, lo escoltaron al juzgado, le pidieron la remera y otras prendas y entonces sí, se estableció que sus padres eran María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, secuestrados en julio de 1977. La confirmación de esa noticia no se la dio un juez, sino la entonces ministra de Defensa, Nilda Garré. Es que Ezequiel Vázquez Sarmiento trabajaba en la Fuerza Aérea. Es el nieto 102 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo y es la primera vez que da una entrevista. De hecho, él la propuso. "Quiero agradecer", explica: "Yo pensaba que querían revancha y venganza y al final nada que ver. Uno después habla con la gente de allá y lo único que fue es contención y calidez. Para mí, el post enterarme e interactuar con las personas de Abuelas fue muy importante para cambiar los prejuicios".
La particularidad más ostensible del caso de Ezequiel es que al momento de confirmar que era hijo de desaparecidos y durante buena parte de lo que duró el proceso judicial para establecer su identidad, él trabajaba en la Fuerza Aérea. Es el primer nieto recuperado que es empleado de las Fuerzas Armadas. Su apropiador, un oficial de esa misma fuerza, está prófugo desde 2003. Ezequiel lleva su apellido y no quiere modificar esa situación, al menos por ahora. El no dice apropiador. Dice "mi padre", o "la persona que considero mi padre".
Ezequiel vive con la mujer que lo crió, su esposa y sus tres hijas e incorporó a su vida a sus dos parientes biológicas más cercanas: su abuela materna y su tía. Además, otras dos mujeres intervinieron en este proceso: la ministra de Seguridad (en ese entonces de Defensa) y la presidenta Cristina Kirchner.
En septiembre del año pasado, el joven fue convocado al despacho de Garré. No conocía a la funcionaria personalmente y creyó que había hecho algo mal, aunque no sabía bien qué. Se preparó para un reto: "Fue un diálogo muy ameno, ella me quería adelantar y contar el resultado del ADN, pero conteniéndome y respetando mi postura. Me dijo que conocía mi caso y estuvimos hablando un montón, hasta de temas familiares. Fue la primera persona con la que tuve una charla así".
Luego vino el anuncio de las Abuelas de Plaza de Mayo. Ezequiel prefirió mantenerse al margen. Pero la distancia le duró poco. Enseguida decidió hablar con su familia biológica: quería contarles lo que sentía, explicarles. Fue a Mar del Plata para conocer a su tía y a su abuela: "Bajé del avión y en el aeropuerto me esperaba mi tía, la reconocí porque era la única mujer que estaba llorando". Tiempo después ellas vinieron a Buenos Aires. Ezequiel les presentó a la mujer que llama "mamá", o "vieja". "Apenas las saludó, mi mamá se puso a llorar y mi tía y mi abuela biológica la abrazaron, la consolaron. Eso para mí fue muy fuerte. Ellas no tenían rencor ni bronca."

¿Entendés igual que es un poco paradójico, no?
¿Por qué decís paradójico?

Porque tu tía y tu abuela son las víctimas, junto con vos y tus padres, claro.
Para mí fue como decir "a pesar de lo pasado no te tenemos bronca". Ellas empezaron a hablar, a preguntar, y mi vieja les contaba cosas de mi infancia.

¿Qué les dijiste a tus hijas?
Son chicas. La más grande tiene ahora seis años. Cuando en noviembre fuimos a festejar mi cumpleaños a Mar del Plata, estaban mis primas, sus hijas. Mi hija más grande me dice "ahora tengo más primas". Yo sólo les dije: "Ella es la abuela Nely, ella es la tía Pato", creo que es difícil de entender. Aunque ellas lo tomaron como algo natural.

¿Cómo te enteraste de que no eras hijo biológico de quienes pensabas que eran tus padres?
Me enteré en 2001. Hablando con mi mamá, antes de que me llegara la notificación policial. Yo tenía 24 años, estudiaba Economía. Tengo toda la carrera cursada en El Salvador, pero al final dije no, esto es una mentira...

Ah... y estudiaste Derecho, que es algo serio.
(Se ríe.) Bueno, eso dejémoslo para otro momento. Ella me contó que yo no era hijo biológico de ella. Yo le dije "quiero que me cuentes hasta acá". Ahora seguiremos en la causa judicial.

¿Por qué no quisiste saber detalles?
Me contó que ella tampoco sabía de dónde era yo, que con el paso del tiempo se lo planteaba más. Tampoco tuve la necesidad de seguir indagando porque mi principal fuente de preocupación era que no le pasara nada a ella.

A ella.
Sí, a ella. En realidad a los dos, pero a ella en primer lugar.

Dolor
María Graciela Tauro y Jorge Rochistein militaban en Montoneros y estudiaron en la Universidad Nacional del Sur. El, Ciencias Económicas. Ella, Bioquímica. Así se conocieron. Se casaron el 30 de enero de 1976, después de un largo noviazgo, y fueron secuestrados el 15 de mayo de 1977 en Hurlingham. Graciela estaba embarazada. Fueron llevados a la Comisaría 3 de Castelar, luego a Mansión Seré, el centro clandestino que regenteaba la Aeronáutica y a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde nació Ezequiel.
Juan Carlos Vázquez Sarmiento es un oficial de la Fuerza Aérea. Su foto, con la gorra de aviador y bigotes gruesos, se puede ver en alguno de los avisos que el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos publicó ofreciendo cien mil pesos a quienes aporten datos que ayuden a encontrarlo. Está prófugo desde 2003. Las denuncias en la causa señalan que fue miembro de la Regional Buenos Aires de Inteligencia (RIBA) de la Fuerza Aérea. Ezequiel lo defiende de las acusaciones sobre su posible participación en un grupo de tareas.

¿Cómo convivís con el hecho de que quien considerás tu papá está prófugo?
En su momento se toman decisiones..., yo no lo considero responsable. Yo trabajé en la Fuerza Aérea y conozco la responsabilidad de un cabo principal y más en esa época. Para mí es doloroso. Pero ya con el mote de militar y con la gorra en la cabeza se sabía que mucha alternativa no había.

¿No creés que se debería presentar y hacerse cargo?
Por un tema de preservación de él, yo no tengo contacto. Es más doloroso verlo detenido que no verlo.

Haber sabido la verdad de la forma en que haya sido, ¿fue un bien para vos?
Recién ahora me planteo el hecho de sumar. Lo veo como experiencia de vida. Si no se hubiese judicializado el tema supongo que lo hubiese querido saber antes..., pero hoy por hoy, sí, hoy tengo la suerte de que tanto mi vieja como mi familia biológica son personas maravillosas y por el tema judicial por ahí me perdí de diez años, pero ya está. Para mí es fuerte que me hayan buscado y la forma en que lo hicieron sin querer hacerme daño.

¿Pensabas que las Abuelas querían hacerte daño?
No. Yo nunca interactué con ellos. Era un tema judicial. Pero en el imaginario... uno pensaba que era "revancha y venganza", y al final nada que ver. Uno después habla con toda la gente de allá y lo único que fue es contención y calidez. Para mí el post enterarme e interactuar con las personas de Abuelas fue muy importante para cambiar los prejuicios.

La Presidenta
Hace veinte días un grupo de Abuelas de Plaza de Mayo y nietos recuperados fue a visitar a la Presidenta, que los recibió para felicitarlos por el premio que la Unesco le otorgó a la institución. Estela Carlotto invitó a Ezequiel, quien aceptó de buen grado. "Uno no conoce todos los días a un Presidente." El encuentro, que tal vez imaginaba protocolar, lo sorprendió: "Eramos un grupo de veinte personas. Nos reciben en el despacho de ella. Yo sería el séptimo u octavo en la fila de saludos..., entonces se da vuelta Estela y me dice ‘¿la saludaste?, ¿le dijiste quién sos?’. Me agarra y le dice: ‘Presidenta, él es Ezequiel’ y le empieza a contar. Ella deja de saludar a todo el mundo y empieza a hablar conmigo. Me dijo: ‘Quería conocerte pero no queríamos que te generara una presión, por eso ese día con Nilda no te trajimos acá, para que yo pueda hablar con vos, pero estaba interesada en tu caso. Estoy muy contenta de que estés acá’. Se acordaba de cómo había sido el proceso. Yo le agradecí. Para mí fue demasiado fuerte. Estela le dice en un momento: `El es demasiado formal’... yo soy el acartonado. Cuando nos sentamos a la mesa volvió a hablar conmigo. Imaginate todos los problemas que tiene y se preocupaba por mí, no como Presidenta, sino como persona. También le agradecí la contención que me había brindado Nilda, que fue una persona que me contuvo en los peores momentos. No tenía obligación. Fue algo humano y algo muy genuino. Salí bastante emocionado de esa experiencia en Casa Rosada".

La Verdad
¿Cómo te sentiste cuando supiste la verdad?
Yo sabía la verdad, no sabía de quién era. Sabía que mi origen era dudoso. Pero mi hermana también era considerada apropiada y ella en 2005 fue voluntariamente a hacerse el ADN y dio negativo. Ella es hija biológica de la que yo creo que es mi mamá. Yo no sabía si la familia que me reclamaba judicialmente era realmente la familia. Aunque esa no era mi preocupación, sino mi vieja. Se hizo todo lo que se pudo hacer y pude luchar hasta donde pude luchar. Si no fue voluntario deja de ser mi responsabilidad. Si me decís si hoy por hoy lo recomiendo hacerlo así... Es medio heavy...

¿Pero entendés que no había otra alternativa?
Entendía que no había otra alternativa bajo la lógica de defensa planteada por mí.

¿Y estás contento de haber conocido a tu familia?
Sí. Claro. A partir de eso cerré una etapa y abrí otra. Las dos cosas confluyen. Para mí, fue bisagra. Yo tomé la iniciativa de ir a ver a mi familia biológica a Mar del Plata. Me recibieron con los brazos abiertos. Lo único que me dijeron fue que no me querían hacer ningún daño. "Lo único que queremos es encontrarte", me dijeron. Después yo las acompañé al juzgado, porque mi tía y mi abuela quisieron expresar eso en el juzgado.

¿Qué sabés de tus papás?
Mi abuela me mostró fotos de cuando Graciela era chica y bebé. Mis tres hijas son fotocopias y si las ponés al lado de una foto de ella, no sabés cuál es cuál. Del lado paterno no tengo parientes cercanos, hay un primo que vive en Estados Unidos y se contactó conmigo. Se preocuparon por mí, pero es un vínculo más lejano.

Cuando eras chico, ¿sabías que había desaparecidos?
No. Imaginate que yo tengo 33 años. Fui chico en los ’80, ’90. Acá hubo un quiebre después del 2003, del resurgimiento de los derechos humanos.

Bueno, pero pasaron cosas antes. Cuando fueron los 20 años del golpe, en 1996, hubo una movilización muy importante, por ejemplo.
Los noventa fueron despolitizados. La militancia que hay hoy no existía.

¿Y cómo empezaste a trabajar en la Fuerza Aérea?
Yo estudiaba Economía en El Salvador. Mi viejo trabajaba en la Fuerza Aérea y empecé a trabajar ahí. El tema de la abogacía tiene mucho que ver con la causa. Empecé en 2004 a estudiar Derecho por la causa y por tener otra actividad remunerada. Ahora trabajo en el Ministerio de Defensa.

¿Cómo era tener el juicio sobre tu identidad y trabajar en la Fuerza Aérea?
Nunca me pusieron objeciones a nada ni palos en la rueda. Me respetaron el tema. Para mí fue un tema que ellos consideraron privado y me respetaron y siempre el apoyo humano me lo brindaron, pero más que nada las personas.

¿Cómo fue el encuentro con tu familia? ¿Cuándo los conociste?
Yo quería exponerles mis motivos y mi sentir. Abuelas hizo el anuncio un lunes –y agradezco la forma en que lo hicieron, respetaron mi postura– y el jueves tomé la decisión de ir a ver a mi familia biológica a Mar del Plata y exponer mis motivos y mi sentir, quise dar el primer paso. Ellas iban a respetar mis tiempos, así que se emocionaron de que yo haya querido ir a verlas. Me fue a buscar mi tía al aeropuerto y me di cuenta quién era porque era la única mujer que estaba llorando.

Vos te negaste a hacerte el ADN e hicieron un allanamiento que resultó negativo. ¿Me vas a contar qué pasó?
Vinieron un día a las seis menos cuarto de la mañana a casa. Eran dos policías con un perito del Hospital Durand y dos testigos. Se llevaron prendas que estaban en mi casa, por así decir...

Bueno, no me vas a decir. Pero después te fueron a buscar y te llevaron al juzgado.
En definitiva se extrajo ADN de mi remera, que no fue entregada voluntariamente, en el juzgado.

¿Qué les dirías a otros jóvenes, como en el caso de los Noble Herrera, que no quieren hacerse el análisis de ADN?
Si me decís previamente a esta nueva situación..., pero hoy sinceramente les diría "no perdés nada, tratá de sumar y quitate la duda". No sólo para ellos, para cualquiera que esté en esta situación. En definitiva no vienen con mala intención, igual, yo hablo de mi caso personal. Hay que tratar de sumar en la vida.
10 de abril de 2011
©página 12

historia de la nieta 103 (2)


Los documentos sobre la entrega de la nieta recuperada 103. Una carta que confiesa el crimen que se cometía. Rosario/12 revela el contenido de una carta que en agosto de 1976 un grupo de tareas entregó a la familia Kerz junto a una beba de cinco días que, recientemente se comprobó, es la hija de dos militantes del ERP asesinados en Rosario.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. Los análisis genéticos demostraron esta semana que María Pía Josefina Kerz es la hija de Cecilia Barral y Ricardo Klotzman, dos militantes desaparecidos el 2 de agosto de 1976, en Rosario. Ellos tenían 24 años. Y ella apenas cinco días, cuando un grupo de tareas la entregó a una familia de la ciudad de Santa Fe con un biberón, un kilo de leche en polvo y dos cartas. Una es la confesión del crimen de sus padres: "La niña proviene de una familia que ya no existe. Nadie la reclamará nunca, debido a que no está inscripta en ningún lado. Dios valorará lo que ustedes hagan por ella", dice la esquela que hoy revela Rosario/12. Era el 21 de agosto de 1976, sábado, casi a las nueve de la mañana, cuando un Ford Falcon verde clarito, estacionó frente a la casa de los Kerz, en Amenábar al 3.000, a cien metros de la Legislatura y a trescientos de la Casa Gris y el Palacio de Tribunales. A bordo, llegaron tres hombres jóvenes: uno de ellos bajó, entró al living sin golpear y dejó la recién nacida. "Esto es para usted", le dijo a la dueña de casa, Mirta Ovidi de Kerz, que estaba en la puerta, como esperando. Su marido, Serafín Kerz, había salido temprano. Afuera, otro de los individuos amenazó con un revólver al vecino de al lado, Francisco Caminos, y lo obligó a encerrase en su casa, aunque antes vio que arriba del auto también había armas largas. Caminos obedeció y los visitantes se fueron. A la semana, los Kerz lograron una guarda y al año siguiente, la adopción, por consejos de la secretaria del Juzgado de Menores de Santa Fe, Margarita Stella Mayoraz, con quien "tenían trato frecuente" y solían verse en la Catedral Metropolitana, después de misa. Antes de su fallecimiento, Mayoraz tuvo que declarar dos veces, en 2002 y 2004, en otra causa por sustracción de identidad de otra menor, hija de desaparecidos, donde le preguntaron si el Juzgado de Menores había investigado el origen de María Pía. Y ella soltó su confesión: "No, nunca lo investigamos", dijo.
Media hora después de que le dejaron la nena, la señora de Kerz llamó a la Policía. Desde la Seccional Primera, enviaron dos oficiales, Jorge Abero y José González. Abero es el mismo que después operó en el Servicio de Inteligencia (el tristemente célebre D 2), según denunció el año pasado la organización Hijos.
La señora de Kerz les contó entonces lo que había pasado. Recordaba bien la hora: "Eran aproximadamente las 8.50", relató. Ella "se encontraba en la puerta principal" cuando ingresó a su casa "un hombre joven, de estatura regular", "quien dejó sobre el piso del living una criatura de corta edad, le entregó un sobre cerrado y una hoja de papel blanco, escrita a máquina y le dijo: "Esto es para usted"". Y se fue tan rápido cómo había llegado.
El vecino de al lado, Francisco Caminos, testigo de la escena, aportó otros datos. Dijo que el "autor del hecho" "como llamó a quien entregó la nena "llegó al lugar acompañado por otros dos hombres", que lo esperaron "en el interior de un automóvil Ford Falcon, color claro". La policía anotició entonces al juez de Instrucción en turno, Angel Rafael D`Andrea, pariente del entonces subsecretario de Justicia de la provincia, Víctor D`Andrea.
A las 10 de la mañana, por orden del juez D"Andrea, la nena ya estaba en el hospital de Niños, donde la revisaron tres médicos, entre ellos el jefe de residentes, Juan Carlos Beltramino y dos enfermeras. Los cinco tuvieron que firmar un acta, según consta en el legajo "NN s/abandono" del Juzgado de Menores (Nº 20.206). La carátula es otra metáfora santafesina: la beba tenía nombre y padres que no la abandonaron.
Según la señora de Kerz, ella no abrió el sobre que le dejaron con María Pía. Lo abrió uno de los policías. Adentro, había otro sobre cerrado dirigido también a ella y a su marido. Y una esquela con indicaciones, que podría haber escrito el médico que atendió el parto de Cecilia Barral: "Señor Kerz y señora: (La beba) nació con unos días de retraso y como consecuencia, sufre un proceso de deshidratación, que aunque no es grave, (debe) tenerse muy en cuenta. Para ello, además del alimento S 26 cada cuatro horas en una cantidad de 40 a 60 gramos (por ahora), debe tomar té con azúcar. Esto es una indicación para lo inmediato (escrito todo con mayúscula). Luego, el médico será el encargado de determinar su dieta".
A las cuarenta y ocho horas, la Policía clausuró las actuaciones por pedido del Ejército. El jefe del Area 212 era entonces el coronel José María González, pero al expediente de María Pía lo reclamó su segundo, teniente coronel Adolfo Alvarez, quien era el jefe de la plana mayor y jefe del Comando de Operaciones Tácticas (COT), al mando de los grupos de tareas. Alvarez murió impune, imputado por decenas de secuestros, desapariciones y homicidios.
El miércoles 25, el Ejército devolvió el expediente a la Seccional Primera y al día siguiente quedó en manos de la jueza de Menores de Santa Fe, Nelly Ruth Casañas de Puccinelli, quien había sido confirmada en su cargo por la dictadura un mes antes (el 29 de julio de 1976, decreto 2087). La secretaria social era la abogada Margarita Stella Mayoraz.
El viernes 27, la jueza llamó a declarar a la señora de Kerz, quien repitió el relato que había hecho a los policías la misma mañana del sábado 21, pero con algunas variantes. Ya no dijo que "se encontraba en la puerta principal", sino en el interior de su casa, cuando escuchó "ruidos en la sala", fue a ver qué pasaba y se encontró con el hombre que dejó la nena, "un tarro de leche S26, un biberón y un sobre grande". Ante una pregunta, Kerz repitió que le había dicho Caminos, que en estaba en la vereda. Y vio que eran tres hombres que se movilizaba en "un Ford Falcon color verde claro", que "había sido intimidado desde el coche para que entrara a su casa" y "amenazado con armas de fuego de corto alcance" y también "pudo ver en el interior del vehículo, armas largas".
La señora de Kerz dijo que uno de los policías abrió el sobre grande en su casa, donde se enteró de la dieta y las indicaciones médicas para cuidar a María Pía, pero ignoraba el contenido del sobre más pequeño hasta que llegó al Juzgado. La segunda carta también está dirigida a ellos: "Ingeniero Kerz y señora": "(") dejando esa niña en su casa, se arbitrarán las medidas necesarias para que sea bautizada e instruida debidamente", dice la esquela. "(No soy) nadie para (im)pedir que ustedes se hagan cargo personalmente, ni tampoco es mi intención, pero por (favor) no la manden a una casa cuna, de donde puede retirarla cualquiera, que puede o no darle una educación cristiana conveniente. (La niña) proviene de una familia que ya no existe. Nadie la reclamará nunca, debido a que no está inscripta en ningún lado. Dios valorará lo que ustedes hagan por ella".
El mismo día, la jueza Casañas de Puccinelli entregó la recién nacida en guarda a los Kerz, y el 15 de setiembre, las dos cartas originales para "completar la documentación que se le hará conocer a la niña en el momento oportuno". A los dos meses, el 11 de octubre, cuando Caminos tuvo que declarar ante la jueza ya no se acordaba de casi nada, que no había visto "ninguna anormalidad" en el grupo que trasladó la niña y si uno le hizo "seña con un revolver para que entrara a su casa", lo interpretó como que eran "muchachos jóvenes exhibiendo inconscientemente un arma de fuego".
10 de abril de 2011
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nunca se investigó el origen


Mayoraz, secretaria del juzgado de menores.
Santa Fe, Argentina. La secretaria del Juzgado de Menores de Santa Fe, Margarita Stella Mayoraz, ya fallecida, admitió en dos declaraciones judiciales que el tribunal nunca investigó "el origen" de María Pía Josefina Kerz, la hija Ricardo Klotzman y Cecilia Barral. Y que ella aconsejó al matrimonio Kerz qué debía hacer para quedarse con la recién nacida que un grupo de tareas dejó en su casa. "Yo le aconsejé que pidiera la guarda y después gestionara la adopción para darle un vínculo indestructible", reveló.
Mayoraz declaró dos veces en la causa que investiga "la supresión de identidad" de María Carolina Guallane, en la que está procesado el ex juez de Menores, Luis María Vera Candioti. La primera, el 13 de mayo de 2002, ante la entonces fiscal federal Griselda Tessio. El abogado querellante, Jorge Pedraza le preguntó si recordaba algún caso análogo al de Carolina.
"Me acuerdo del caso de una niña, María Pía Josefina Kerz, que fue dejada en un canasto en la casa del ingeniero Serafín Kerz y de su esposa Mirta Ovidi", respondió Mayoraz. "Yo me encontraba con el ingeniero en misa y me relató el caso, que le habían dejado un canasto con una niña en su domicilio. Entonces, yo le aconsejé que pidiera la guarda y después gestionara la adopción para darle un vínculo indestructible", agregó.
Pedraza quiso saber si "había alguna evidencia (que la recién nacida) proviniera de un operativo antisubversivo". Mayoraz contestó: "Sólo por la fecha. Yo lo único que pensé que era una auténtica NN, hija de padres desconocidos. No pensé en un operativo militar".

El abogado insistió: "¿Cómo es que con su problema de memoria se acuerda del caso Kerz?"
-Porque tengo trato frecuente con los Kerz- explicó Mayoraz.

Tessio le preguntó entonces si "el Juzgado de Menores había investigado el origen de esa niña".
No -cerró Mayoraz.

Dos años después, el 25 de febrero de 2004, volvió a declarar en la causa, ahora ante el juez federal Reinaldo Rodríguez. El doctor Pedraza también estaba presente. Y en una de las preguntas le pidieron que ampliara su declaración anterior: "¿Cómo llegó a poder de la familia Kerz esa recién nacida?"

Se la dejaron en un canasto en la puerta del domicilio de la familia Kerz. La encontró el ingeniero Kerz y me consultó qué hacía y le dije que no tenía ningún dato, que podía ser una NN y que hiciera la guarda para mayor seguridad, y luego la adopción. Nunca se supo el origen de esa chica pese a que el tema se debatió en el Juzgado", respondió Mayoraz.
10 de abril de 2011
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fuga de un represor


"Su fuga implica no sólo que pueda evadir la acción de la Justicia, sino que constituye un peligro para el avance de la causa y, fundamentalmente, para la seguridad de los testigos".
Argentina. "Estamos sumamente preocupados por la fuga del genocida de la ESMA Víctor Roberto ‘Lindoro’ Olivera, posibilitada por los responsables de su excarcelación, la Cámara Nacional de Casación Penal, y por quienes debían vigilarlo, el Tribunal Oral y Federal Nº 5", señalaron ayer las Abuelas de Plaza de Mayo, Madres Línea Fundadora, H.I.J.O.S. y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. En un comunicado de prensa, recordaron que el represor había sido identificado "gracias al trabajo de los organismos de derechos humanos, algo que debió haber hecho la Justicia", pero "Casación lo dejó en libertad con el argumento de que no se fugaría". Además, subrayaron que el tribunal que debía garantizar que Olivera no se fugara, el TOF Nº 5, integrado por los jueces Ricardo Farías, Daniel Obligado y Germán Castelli, es "el mismo que tuvo a su cargo la seguridad del represor de la ESMA Héctor Febres, quien murió antes de las sentencias a causa de la ingesta de cianuro en su lugar de detención, sede de la Prefectura". Olivera confesó que en la ESMA hacían desaparecer los cuerpos de los secuestrados incinerándolos, en lo que llamaban "asadito", como alternativa a los vuelos de la muerte. "Su fuga implica no sólo que pueda evadir la acción de la Justicia, sino que constituye un peligro para el avance de la causa y, fundamentalmente, para la seguridad de los testigos que deben declarar desde su condición de sobrevivientes, familiares y compañeros de las víctimas".
10 de abril de 2011
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la abogada del diablo


La declaración de Piumato contra la camarista Cosidoy reavivó otros testimonios. La actual camarista federal era defensora oficial en la época de la dictadura y muy cercana al general Galtieri. La mayoría de los testigos recuerda que en realidad "no sentíamos que nos estaba defendiendo, sino que continuaba interrogándonos".
[José Maggi] Argentina. El lunes 4 de abril el secretario de Derechos Humanos de la CGT nacional Julio Piumato, provocó una fuerte polémica en el seno mismo de la justicia federal rosarina al declarar ante el Tribunal Oral Federal Nº 2, en la causa Diaz Bessone. "Laura Cosidoy visitaba a los detenidos que tenían causa federal en calidad de defensora federal. En esas visitas al Gringo Aloisio y el Tortuga Nassini dos presos rosarinos que estaban en la cárcel de La Plata, junto a Piumato , daban cuenta de la bajeza de la conducta de esta persona, que iba con vestimenta provocativa mostrando sus partes pudendas de manera de cautivarlos, y después sin ningún tipo de vergüenza les proponía que si ellos colaboraban y le daban información de lo que pasaba allí, podía interceder ante Galtieri". Tras la declaración Piumato dejó en claro que están dadas las condiciones para pedir un jury de enjuiciamiento a Cosidoy, "con la larga lista de testigos que están dispuestos a testimoniar en el jury en su contra".
A lo largo del juicio al general Diaz Bessone fueron varios los testimonios que apuntaron contra la actual camarista presentada por algunos comunicadores como "la jueza antidrogas". Estos son algunos de estos testimonios.

* Juan Pablo Bustamante: Denunció que la actual camarista Laura Inés Cosidoy "amenazó a mi madre con hacerla detener por desacato sino dejaba de molestarla pidiéndole información sobre mí persona". El testigo se detuvo en narrar puntualmnte un caso que invoclura a Cosidoy. "En su momento fui condenado por la justicia militar en 1976 y en 1979 el juez federal Guillermo Tschopp me inicia un juicio donde tenía como defensora oficial a Cosidoy, a quien no vi nunca. Sin embargo mis familiares sí la vieron, aunque no tuvieron información a través de ella, e incluso recibieron el maltrato de quien era entonces mi defensora".

* Azucena Solana: "En 1977, estando en Devoto, me trasladan a Rosario para Consejo de Guerra. Tuve causa judicial en la justicia federal; me sobreseyeron. Ahí tuve de defensora oficial a la Dra. Cosidoy, que se presentó en Devoto, nunca me sentí contenida, la justicia estaba en connivencia, para mí era lo mismo la defensora que el coronel González Roulet".

* Víctor Salami: "Nos hicieron una causa Federal a mí y a mi ex compañera, donde nos condenan a 8 años y 6 meses. Como un año y medio después o más se presentó la doctora Cosidoy y se me comunica la condena. Apelan la condena, la confirma la cámara, y después nos enteramos que no se hizo lugar al recurso ante la Corte, pero bueno luego un recurso de queja y el fallo de la Corte llega en el año 82 cuando nosotros habíamos salido con libertad condicional; se anula el fallo del juez y un nuevo fallo que nos absuelve".

* Juan Luis Girolami. Denunció torturas pero nunca pudo ver a su defensora oficial, que era Laura Cosidoy.

* Olga Cabrera Nansen. "Mi padre empieza a hacer gestiones para ver cómo me sacaba de allí y va al tribunal federal donde toma contacto con la Dra. Cosidoy a la que le llevaba flores para congraciarse, cuando me va a ver me dice que a lo mejor ese jueves próximo la Dra. Cosidoy lo ve al mayor Soria y le va a plantear mi situación...".

* José Berra. "En el año 77 me abren una causa judicial de la cual salgo absuelto. Tenía de defensora a la Dra. Cosidoy. No la vi nunca".

* Mirta Castellini. "Mi abogada Defensora era Cosidoy. Cuando iba a Devoto sentía que me interrogaba, nunca sentí que fuera mi defensora porque parecía el enemigo".

* Marta Bertolino. "Al juez Tshopp también le pregunte por mi marido y lo mismo hice con la Dra. Cosidoy que era mi defensora y a mi me acusaron de ser jefa de una organización y ella me dijo que mi marido no figuraba como detenido, que se había fugado. Ante las irregularidades renuncié a los servicios de la doctora Cosidoy ya que me recomendó que no nombrara a mi marido y que confesara. Tomé la decisión de nombrar a Oscar Borgonovo como mi defensor aun asi el juez Tschopp me dio 8 años de condena, la verdad que no había ni pruebas ni nada".

* Esther Bernal. Calificó el comportamiento de Cosidoy como "macabro". Dijo que presionaba a sus familiares para que la obligaran a ella presa en la cárcel de Devoto a firmar un arrepentimiento. Les decía que era la forma de conseguir la libertad, o al menos mejores condiciones de detención. Porque Bernal se negaba a arrepentirse, estuvo "cinco años y medio" sin tocar a su pequeña hija. "Este plan sistemático ilegal tenía otras patas, como la justicia. Una pata muy fuerte era Cosidoy", dijo la testigo.

* Laura Hanono. En el Servicio de Informaciones fue torturada reiteradas veces, en sesiones a cargo de José Rubén El Ciego Lofiego. "Hay una situación de abuso sexual de parte del Cura (Mario Alfredo Marcote), que no llega a consumarse porque llegó un hombre, al que le decían el Armero, que le dijo: ’Dejala tranquila, es muy chiquita’", recordó. En ese momento, Hanono bajó la cabeza y cerró los ojos. Después, siguió declarando. La defensora oficial, Laura Inés Cosidoy , le dijo que iba a estar "20 años presa", después de leer su declaración sobre las torturas sufridas.

* Carlos Corbella. Le designaron como defensora oficial a Cosidoy. "Nunca vi la causa, salvo cuando fueron a Coronda y me hicieron el peritaje caligráfico", recordó. A Corbella le atribuían una declaración que nunca había firmado. Se hizo una pericia caligráfica que demostró el fraude. En julio de 1979, Corbella salió con libertad vigilada. Desde ese momento, buscó en vano entrevistarse con su defensora para que apurase el sobreseimiento, imprescindible para sus posibilidades de conseguir un trabajo. La funcionaria pública jamás lo atendió.
10 de abril de 2011
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el veredicto


El jueves se conocerá la sentencia en el juicio. Los familiares de las víctimas cuentan cómo vivieron el proceso judicial. Esperan que el ex subcomisario reciba una pena en cárcel común, ya que la defensa buscará mantenerlo en una clínica privada. También se resolverá la situación de Reynaldo Bignone, Omar Riveros y otros dos represores.
[Alejandra Dandan] Argentina. Para cada uno, el juicio significó algo distinto. Antonio Muniz Barreto nunca logró dormir antes de las audiencias. Diego, su hermano mayor, el que lleva el nombre del padre, dice que cada día era como limpiar una herida todos los lunes y jueves: "Y empiezo a tener la sensación de que ahora la estoy curando pero que siempre va a estar la cicatriz". Algo de eso sucedió con Manuel y Gastón Gonçalves. Algo de eso, también, con Marisa D’Amico, que sigue convencida de que todavía no termina nada porque tiene que encontrar el cuerpo de sus hermanos. Todos se preparan para acercarse otra vez a José León Suárez, esta vez para la última audiencia: el jueves van a escuchar la sentencia del Tribunal Oral Federal No1 de San Martín, que podrá condenar o no a Luis Abelardo Patti, a Reynaldo Bignone y Omar Riveros, entre otros, por un tramo de los crímenes de la causa Campo de Mayo.
"Fui a todas las audiencias y cada vez que fui abrí esa herida, la limpié todos los lunes y todos los jueves", dice Diego Muniz Barreto. "Y empiezo a tener la sensación de que hay algo de reparación en todo esto muy importante, donde cada uno empieza a estar del lado que tiene que estar y no en ese espacio de los grises: porque cuando yo veía a esa gente circulando por la calle, cobrando pensiones de ex presidentes o convertida en intendente, me parecía que era una situación muy gris: ahora no, más allá de los resultados, el juicio ubicó de un lado a los encausados y del otro lado a las víctimas, nítida y concretamente."
Los Muniz Barreto son tres hermanos, Diego, Juana y Antonio, el músico que vive en Barcelona, es el menor y durante los últimos meses se la pasó yendo y viniendo. "Para mí fue una especie de exposición íntima del dolor más absoluto", explica. "Cuando empecé me sentía súper emocionado, pero por momentos eso cambiaba, de pronto estaba muy cansado, con mucho abatimiento, a veces festejaba y otras quería salir corriendo a hacer aikido, y es eso, no sé, como quedarte desnudo delante de todo el mundo."
El dolor tenía que ver con muchas cosas, como volver a escuchar o conocer detalles de la historia de su padre, el ex diputado Diego Muniz Barreto. Oír cómo lo hundían en un río. Escuchar los detalles de una carta que dejó escrita su secretario privado, la persona a la que arrojaron al río junto a él y se salvó. Una carta que el mayor de los hermanos había leído una vez, y guardó de un golpe en un cajón.
Esos relatos convertidos en prueba durante el juicio a los genocidas ahora terminan. Mañana habrá una audiencia para escuchar las palabras finales de los acusados, que continúa el jueves a la mañana. En la lista están Riveros y Bignone, en ese entonces a cargo del Comando de Institutos Militares de Campo de Mayo; Martín Rodríguez alias "El Toro", uno de los torturadores del campo de exterminio; y los dos policías, Fernando Meneghini, jefe de la comisaría de Escobar durante la dictadura, y Patti, oficial de esa misma comisaría sobre quien se ha comenzado a revelar durante el juicio la posibilidad de que además haya sido espía del Ejército.
En el plano formal, todos tienen pedida la prisión perpetua. Se espera que Meneghini hable en la audiencia del lunes. Lo hizo largamente al comienzo del juicio y tomó notas en cada audiencia. Patti no estuvo casi nunca en la sala. En ocasiones permaneció adentro de una ambulancia privada enviada por la clínica Fleni, donde sigue internado por un supuesto ACV. La suya es acaso la condena más esperada. Las querellas le pidieron prisión perpetua por imputarle el crimen de Gonçalves. A esta altura, las querellas no temen realmente una absolución, pero la tensión está en el lugar de detención. Los defensores de Patti pidieron que permanezca en el Fleni, un espacio que Patti solía usar de bunker político incluso durante su teatralizada situación de enfermo. Los familiares piden cárcel común, que lo trasladen a Marcos Paz, aunque aclaran que si eso no es posible existen lugares alternativos como la cárcel de Ezeiza, donde funciona un centro de salud.
Marisa D’Amico es la hermana de Luis Rodolfo y Guillermo, dos de las víctimas de Patti, casos en este juicio, militantes secuestrados de su casa, sumergidos por el ex intendente de Escobar en un tanque de agua, todavía desaparecidos. Su hermana pasó años buscando respuestas a la pregunta sobre dónde están sus cuerpos. Quiere saber al menos si tiene que poner flores en el Paraná, el Dique del Luján o un arroyo donde tiraron cuerpos carbonizados 18 días después de la desaparición. El 1º de noviembre ella declaró en el juicio: "Al margen de las condenas, que hasta tengo miedo que no sean lo que esperamos, pienso en las cuestiones de privilegio: el privilegio de estar en el Fleni, eso quiero que se corte, porque cómo puede ser que haya gente que está presa por robo de autos, sin matar a nadie y esté en prisiones comunes y éste, que es mucho más que un ladrón de autos, éstos que son asesinos, estén en otro lugar: tengo miedo a esto, a las condenas flojas y al privilegio, por eso digo que para mí el 14 no termina el juicio: termina en todo caso una etapa". Este viernes por la noche, Marisa volvió tarde a casa, preocupada porque "con tantas cosas malas" que le pasaron en la vida, no está segura de llegar en condiciones al día de la sentencia.
Mientras, Manuel Gonçalves termina de organizar a todo correr las cosas con la Municipalidad de San Martín para conseguir un escenario. Manuel y Gastón son los hijos de Gastón Gonçalves, militante de la JP, activista en el territorio de Patti, secuestrado el día del golpe de Estado, encerrado en un celular en el predio de la comisaría de Escobar y asesinado días más tarde en un camino rumbo al río Luján. Buena parte del juicio se trató de probar la relación del crimen con la comisaría y con Patti. Sus hijos también estuvieron cada día de audiencia. Gastón, que es músico de Los Pericos, aparecía cada tanto rodeado de otros músicos de otras bandas, un mundo del rock sumergido en los juicios. Manuel, vestido casi siempre de negro, no lograba entender, antes del verano, cómo iba a hacer para poder esperar todo enero y febrero a la condena.
Los músicos tendrán mucho que ver también el día de la sentencia. A las cuatro de la tarde, cuando comience la audiencia, afuera del tribunal habrá pantallas para seguir el debate. HIJOS prepara para el escenario una radio abierta y luego tocarán Los Auténticos Decadentes.
Pero todo empezará un poco más temprano. Entre las últimas palabras y el momento de la sentencia, la Comisión por la Recuperación de la Memoria de Campo de Mayo marchará con organizaciones sociales, partidos políticos y organismos de derechos humanos desde la esquina de Avenida Márquez y San Martín hacia el auditorio. Si alguna singularidad tuvieron estas audiencias, es que muchas de las pruebas están basadas en el testimonio de las víctimas. Muchas son sobrevivientes de la zona norte, ex militantes, secuestrados muchos de ellos por Patti. Varios sostienen ahora a la Comisión, un espacio que crearon para darle aire a los juicios de Campo de Mayo, organizar las estrategias jurídicas y buscar las pruebas en el territorio. "Este es el cierre de la impunidad de Patti", dice Carlos "Nica" González, de la Comisión. "Patti, porque es el personaje siniestro de la convocatoria, y es Patti como será Rico en un próximo momento, las personas más reconocidas para la gente de los barrios, los hombres comunes, no sólo para la militancia."
El nombre de Patti es lo que se acaba en ese día. El nombre de un hombre vinculado al reciclado en la democracia: "Este personajes usó a las instituciones –dice Giselle Tepper, de HIJOS–, lo que se hace con esto es condenar todo este blanqueo y me parece que si no hubiera habido familiares y abogados detrás de esto, hoy el tipo estaría en el Congreso".
10 de abril de 2011
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