Blogia

mQh

dos polis condenados a perpetua


Dos ex bonaerenses que torturaron y asesinaron a Andres Núñez en 1990. Un ex sargento y un ex cabo fueron encontrados culpables de torturarlo para que confesara un robo menor. Otro fue declarado inimputable y dos oficiales de La Plata siguen prófugos.
Argentina. La Justicia penal de La Plata condenó a prisión perpetua a dos ex policías bonaerenses por el homicidio del albañil Andrés Núñez, al que hace veinte años torturaron hasta matarlo. Según fallaron los jueces, los policías de la Brigada de Investigaciones de esa ciudad lo asesinaron, mutilaron su cadáver, lo quemaron y lo enterraron en un campo.
La Sala II de la Cámara Penal platense condenó al ex sargento Jorge González por privación ilegal de la libertad calificada en concurso ideal con torturas seguida de muerte y al ex cabo Víctor Dos Santos por este último delito. Las penas fueron impuestas por el voto de las camaristas María Rousech y Laura Lasaga, mientras que el tercer integrante de la Cámara, Raúl Dalto, votó a favor de que se condene a los dos ex policías a reclusión perpetua.
Los camaristas ordenaron por unanimidad remitir las actas de las audiencias a la fiscalía de turno para que investigue si el ex juez penal platense Amílcar Vara encubrió a los policías durante la instrucción de la causa. Dispuso además que se entreguen a la familia los restos de Núñez, a pesar de que el fallo no está firme.
Los jueces dieron por acreditado que el 28 de septiembre de 1990 el albañil Núñez, de treinta años, casado y con una hija menor de edad, fue secuestrado por una partida policial en su casa del partido de Ensenada. Núñez fue trasladado a la Brigada de Investigaciones de La Plata, donde fue sometido a golpes y torturas para que se declarara culpable del robo de una bicicleta.
Para probar la responsabilidad de los dos ex policías, el Tribunal tuvo en cuenta la declaración de otra víctima, Jorge Guevara, detenido y torturado el mismo día que Núñez. Guevara, en esa época de 16 años, declaró que también fue detenido para hacerse cargo de un robo y reveló que en una de las sesiones de tortura "lo trajeron a Núñez y le decían ‘mirá lo que dice éste’".
"Es indiscutible que el hecho se descubrió por Guevara, quien mientras estaba detenido reconoció una mochila que pertenecía a Núñez, que estaba en la Brigada y luego fue hallada en el campo donde quemaron los restos de la víctima", sostuvo el Tribunal. También tomó en cuenta la declaración de otros detenidos en la Brigada el mismo día que llevaron a Núñez, quienes escucharon los gritos del albañil en la tortura y relataron que el guardia que estaba ajeno al hecho les dijo: "Se les fue la mano y se les fue".
Además, hicieron hincapié en la declaración de Alicia Visconti, la mujer del ex policía José Ramos, quien también está procesado pero no pudo ser juzgado debido que fue declarado "inhábil temporalmente para el juicio" porque le diagnosticaron trastornos psicológicos. Visconti declaró que su ex marido le confesó "una noche en que apareció todo sucio y con aliento etílico, que lo tuvieron que hacer, cortarlo y quemarlo". Visconti afirmó que Ramos le contó que en la brigada alguien le pidió a González "que no apretara tanto al chico, pero al boludo se le fue la mano y lo tuvimos que hacer desaparecer".
Los jueces sostuvieron además que "no son creíbles las declaraciones de González, que admite participar de la detención pero no de las torturas", ni las de Dos Santos, que argumentó "haber salido de la sala donde torturaban a Núñez cuando el comisario le pegó un cachetazo". Para los magistrados, González, Dos Santos, el ex oficial Pablo Gerez y el ex comisario Luis Raúl Ponce, estos dos últimos aún prófugos, "conformaban un grupo que realizaba una tarea mancomunada y en la que cada uno ejecutaba una parte y se complementaban".
Sostuvieron que las detenciones de Núñez y Guevara y la prueba de que sacaban a uno y torturaban a otro en la dependencia policial "ilustra con claridad que fueron hechos simétricos de un mismo operativo destinado a esclarecer delitos por métodos ilegales". También identificaron un "pacto de silencio y complicidad de los policías" por mucho tiempo "con el único objetivo de ocultar el delito".
Tras el fallo, Mirna, la mujer de Núñez, aseguró que a pesar de haber pasado 20 años "se hizo justicia, lenta pero justicia", aunque admitió que "todavía falta porque hay prófugos y otros policías que no fueron juzgados". Durante la audiencia, la familia de Núñez estuvo acompañada por los padres del estudiante de periodismo Miguel Bru, que fue secuestrado en 1993 por policías de la comisaría 9ª de La Plata, torturado y asesinado, aunque su cuerpo no pudo ser hallado hasta hoy.
13 de diciembre de 2010
11 de diciembre de 2010
©página 12
rss

crimen con alevosía en soldati


Un joven de 19 años es la cuarta víctima fatal en el Indoamericano. Terminada la tarde, volvió la violencia al parque. Un grupo que parecía organizado atacó a los ocupantes. La Metropolitana no lo impidió. La ambulancia que llevaba herido a un joven fue interceptada: el muchacho fue sacado y rematado en el piso.
[Carlos Rodríguez] Argentina. En el Día Universal de los Derechos Humanos, mientras la presidenta Cristina Fernández, en la Casa de Gobierno, advertía que el gobierno nacional "no está dispuesto" a que la Argentina "se integre al club de los países xenófobos" –en respuesta a las afirmaciones racistas del jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri–, en el predio de Villa Soldati ocupado por vecinos sin vivienda se renovaron los hechos de violencia y se produjo la muerte de un joven de 19 años, con lo que suman cuatro los fallecidos desde el comienzo del conflicto. Anoche, un grupo de supuestos vecinos de los barrios aledaños al Parque Indoamericano ingresaron a los tiros a los lugares ocupados por centenares de familias que resistieron el nuevo desalojo. Durante los disturbios resultaron heridos al menos cuatro ocupantes y dos oficiales mujeres de la Policía Metropolitana. El muerto era un adolescente de 19 años, que fue sacado de la ambulancia por un grupo enardecido y rematado en el piso.
El director del SAME, Alberto Crescenti, confirmó la muerte del joven de que había sido herido y estaba siendo llevado al Hospital Piñero, cuando fue "sacado por la fuerza por desconocidos" cuando ya estaba dentro de la ambulancia. "Lo remataron en el lugar", aseguró Crescenti. La escena provocó un impacto tremendo en el médico que estaba atendiendo al chico herido de bala. El profesional tuvo que ser internado como consecuencia del shock que le produjo lo que le tocó vivir. Ante la gravedad de la situación planteada, los hospitales de la ciudad se declararon en emergencia y establecieron el "código rojo". Además de la muerte del joven de 19 años, el titular del SAME reportó la existencia de "numerosos heridos".
El médico Carlos Russo contó que "un grupo de personas" le apuntó al chofer de la ambulancia mientras "otros tipos abren la puerta trasera, sacan al herido, y ahí le pegan un tiro y ahí le dicen andate".
Crescenti denunció, además, que los "vecinos movilizados" llegaron a disparar incluso contra las ambulancias. Antes habían obligado a los periodistas a bajar o desviar las cámaras, para evitar que tomaran imágenes de los incidentes. El discurso de Cristina Kirchner, transmitido en directo por la cadena nacional, resaltó que "el orden público debe ser custodiado, pero no a costa de vidas de seres humanos".
Por eso no se envió al lugar a la Policía Federal, pero la cuota de violencia la tomaron "por mano propia" los civiles que ingresaron por la fuerza al predio. Los agresores eran liderados por un grupo de 30 personas que los miembros de organizaciones sociales consultadas por Página/12 señalaron como "pertenecientes o allegados" al Sindicato Unico de Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires (Sutecba), liderado por Amadeo Genta y Patricio Datarmine.
El jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, hizo responsable de lo sucedido al gobierno nacional, por no haber enviado a la Federal, como él había pedido públicamente, y sostuvo que "los vecinos tomaron justicia por mano propia, porque se sienten abandonados" en materia de seguridad. Antes de que se produjeran los nuevos hechos de violencia, Federico Orchani, del Frente Darío Santillán, Itai Hagman, de La Mella-Juventud Rebelde, y Gustavo Funes, de la Corriente Clasista y Combativa, expresaron sorpresa por la movilización de los "vecinos" de los barrios aledaños, en tanto y en cuanto "el conflicto por la toma de tierras se desarrollaba dentro del parte y en ningún momento afectó a nadie de los que viven en las casas de la zona". Por eso consideraron que podría tratarse de una "maniobra política" para entorpecer las negociaciones que se habían iniciado en distintos niveles, para encontrar una salida.
A las 19, vecinos de los barrios próximos al Parque Indoamericano comenzaron un corte de calle en la rotonda donde confluyen las avenidas Escalada y Castañares. El objetivo del reclamo: que se vaya la gente que ocupa el parque. Para cumplir esa meta, los vecinos de Lugano y Soldati pidieron en un primer momento que la jueza que tenía en ese momento a cargo la causa, Elena Liberatori, ordenara el desalojo del predio. Hubo insultos para las autoridades políticas y los comentarios xenófobos se fueron multiplicando con el correr de los minutos.
Media hora antes del corte, una vecina que ya estaba lista para protestar conversó con Página/12. Virginia vive en el barrio Samoré. Hace 30 años llegó desde el Uruguay. Ahora reclama que a los ocupantes del Parque Indoamericano "se los lleven en avión a su país". "No los quiero acá", dijo con un gesto de desagrado. Los vecinos comenzaron a llegar de los cuatro costados. Un grupo traía bombos y tiraba petardos.
Mientras los medios periodísticos empezaban a hacer entrevistas, los vecinos tuvieron algunos altercados entre ellos. "No nos dejan hablar a todos", señaló una joven. "Además están haciendo propaganda política y no queremos que haya banderas partidarias", agregó. Con más calma, Graciela señaló que "los gobiernos anteriores no hicieron demasiado por esta zona, pero desde que está Macri hay una ausencia total". "Nadie iría a tomar plazas en Caballito, Puerto Madero o Palermo, esto se puede dar en esta zona que está abandonada", apuntó.
La mujer interpretó que "cuando los ricos se pelean mueren los pobres", en alusión a los cruces entre funcionarios nacionales y municipales. "Todos estos políticos cornudos por qué no se llevan esta gente a su casa", amplió un hombre mayor. De fondo se escuchaba un cántico que se traduciría minutos más tarde en acción física: "Que se vayan todos, que no quede ni uno solo". "No es justo que seamos el inodoro de la ciudad, el Chaco de la ciudad, con el respeto que merece el Chaco. No somos habitantes de segunda o de tercera".
Mientras algunas personas seguían hablando con los medios, un grupo de jóvenes irrumpió y encaró para la entrada que tiene el parque por el Paseo de las Malvinas. Sobre esa calle se apostaban unos quince agentes de la Metropolitana, junto a un móvil. Un grupo avanzaba con decisión y vecinos dispersos iban detrás. Otros gritaban que no se fueran hacia el interior del parque. "Somos más gente que ellos, no vayan", expresó una mujer, sin logro alguno. Los agentes de la policía porteña ni atinaron a resistir el ingreso de los manifestantes. Un oficial le justificó a este medio la inacción: "¿Qué querés que hagamos?, no tenemos capacidad para hacer nada".
Una multitud ingresó corriendo al parque, ladeado por cámaras y periodistas. "Arránquenles la cabeza", gritó una señora, mientras corría detrás de la primera línea de choque. Antes de ir a la caza de los ocupantes, sacaron las cintas y piedras que marcaban los improvisados loteos en la zona más próxima a la entrada del parque. Allí no había ocupantes y fueron encendidas algunas fogatas.
A medida que ganaban terreno, fueron ordenando a los camarógrafos y fotógrafos que se fueran. Casi a la mitad del parque chocaron con quienes hacen la toma de tierras, que los superaban de forma amplia en número. Comenzó una batalla en la que los palos y piedras volaban de un lado a otro, y los sonidos de disparos aumentaban con los minutos. Desde el ingreso al parque de quienes intentaron realizar un desalojo por mano propia hasta que se retiraron, corridos por los ocupantes, transcurrió una media hora.
Finalizados esos sucesos, vecinos de las torres que están sobre Castañares recomendaron guardar las herramientas de trabajo periodísticas. "Los van a matar", advirtieron. Sobre la rotonda, un grupo de los que ingresó a "recuperar" el parque había agredido a trabajadores de prensa y rompió algunos móviles televisivos. En ese momento, esa zona quedó vacía de cobertura periodística. Un móvil de la Metropolitana y agentes de a pie marchaban por Castañares en dirección a la AU7. "Nos estamos replegando porque nos echaron", comunicó un agente mediante un handy.
Una ambulancia del SAME se acercó a la entrada del Paseo Islas Malvinas, pero no podía ingresar. Nuevos disparos se escucharon entonces. Algunos volvieron a ingresar al predio. Minutos más tarde, otra corrida hacia el exterior y gritos indicaban que la situación no se había calmado. En ningún momento personal de la Metropolitana, que estaba allí, intentó controlar la situación.
[Informe de Leonardo Rossi.]
13 de diciembre de 2010
11 de diciembre de 2010
©página 12
rss

niños acusados de terrorismo


Niños indígenas procesados por terrorismo en Chile.
Chile. Organizaciones de derechos humanos denunciaron ayer que el Estado chileno mantiene procesados por terrorismo a tres niños mapuches, pese a los compromisos adquiridos para resolver su situación.
"Los jóvenes mapuches acusados por supuestos delitos terroristas continúan en prisión preventiva en la cárcel de Chol Chol, en Temuco", al sur de Chile, informaron la red de ONG de Infancia y Juventud de Chile y la fundación Anide.
Las entidades recordaron que los menores son acusados por testigos sin rostro, a los que sus abogados no tienen la opción de interrogar, según indica un despacho de DPA. "Cuando el Estado chileno acusa a un niño de terrorista y lo obliga a que esté muchos meses separado de su familia, de su escuela y amigos, sin que su calidad de menor haga ninguna diferencia, está violando la Convención de los Derechos del Niño."
Los niños, que llevan entre seis meses y un año presos en un centro de detención infantil, fueron capturados en el marco de las protestas contra el Estado chileno en territorio mapuche, las que recrudecieron los últimos años y dejaron ya cuatro muertos.
Este año, una treintena de activistas mapuches detenidos estuvieron en ayuno 84 días y llegaron a un acuerdo con las autoridades para modificar la Ley Antiterrorista de Chile.
La norma, reiteradamente criticada por la ONU, permite juicios dobles, testigos sin rostro y excluye la posibilidad de otorgar libertad bajo fianza a los acusados.
Los activistas mapuches presos, acusados de diversos delitos en sus actos de protesta, reclaman autonomía y tierras para su pueblo, reconocido como nación independiente por España y Chile hasta el siglo XIX.
Los gobiernos de los socialistas Ricardo Lagos y Michelle Bachelet optaron por pedir a la justicia su procesamiento por la polémica ley antiterrorista, creada durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).
La crisis entre los mapuches y el Estado no ha podido ser eludida pese a que desde 1990 las autoridades entregaron o regularizaron medio millón de hectáreas de propiedad a estos indígenas.
13 de diciembre de 2010
11 de diciembre de 2010
©correo perú
rss

el ancianato de caballos


Después de patrullar durante años las calles de la ciudad, los caballos de la Policía pasan a su jubilación. ¿Cómo es la vejez de estos animales que parecían entregados a su rutina?
[José Alejandro Castaño] Colombia. Cuando se hacen viejos, los caballos de la policía van a un ancianato en las afueras de Bogotá, a una explanada inmensa de pasto verde rodeado de bosques y montañas y un río de aguas heladas donde viven salamandras. Después de 15 años de patrullar las calles, algunos llegan locos. La demencia es una condición que los hombres parecen heredarles. De pronto, en la quietud del paisaje, como si estuvieran otra vez en las afueras de un estadio amenazados por una turba de hinchas que les lanza piedras, los animales corcovean, erizan las crines, dan pasos temblorosos hacia atrás y, libres de la presión de un jinete que les ordena avanzar, huyen por la planicie entre la niebla que se les enreda silenciosa en los hocicos, en las ramas de los árboles, en los tallos de hierba. Creerán que es gas lacrimógeno.
A veces, como si oyeran el himno nacional, los caballos jubilados se quedan quietos, con las orejas levantadas y los músculos firmes, los ojos nerviosos, las colas tiesas. Alguno, poseído por la obediencia que ya nadie le exige, hace una reverencia con la cabeza y saluda con la pata derecha. Es sorprendente: los ejemplares que logran sortear los peligros que acechan en las calles consiguen sobrevivir de manera prodigiosa en el ancianato, en ocasiones hasta los 38 años, lo que equivale a vivir más de 100 años humanos. Pobres.
El agente Rodríguez recuerda que a su caballo lo apuñaló un hincha de Millonarios, una, dos, tres veces en la grupa, del lado derecho, como poniéndole una marca del odio. Él no escuchó los quejidos del animal, o no los entendió en medio de la barahúnda. La euforia estúpida que el fútbol desata en algunos no es el único peligro que acecha a los caballos de la Policía. Después de un aguacero, el agente Piedrahíta sintió un chisporroteo de luces bajo las herraduras de su compañero. Era de noche. Iban por la acera, al lado de un semáforo que aún no cambiaba a rojo. Él se salvó porque la descarga eléctrica que fulminó a su caballo se detuvo en el borde de la silla. Caer electrocutadas por culpa de las redes de energía que chispean bajo el cemento es otra de las formas en que pueden morir las costosas bestias oficiales, de 35.000 dólares cada una, más de 70 millones de pesos.
Durante su instrucción de un año en la escuela de carabineros, en los mismos predios del ancianato, los aspirantes a policías montados aprenden lecciones sobre maestranza y técnicas de ataque y evasión, cosas que deberían hacerse en una máquina y no en un animal. Se supone que la era industrial trajo consigo los coches blindados y que el caballo como instrumento bélico solo es admisible en los monumentos de bronce y en los libros de historia. La última vez que un ejército de jinetes cabalgó un campo de batalla se produjo una carnicería. Fue en septiembre de 1939.
Los alemanes avanzaron para invadir Polonia, en esos días dueña de una milicia poderosa e inútil: 70.000 jinetes e igual número de caballos adiestrados, la misma cantidad de espectadores que caben en un estadio de fútbol. Hay quienes aún idealizan aquella muestra de arrojo a galope. Los polacos en defensa de su patria, cada uno como un Quijote, lanza en ristre, contra molinos de viento. Pero las aspas eran de acero.
Las tropas alemanas, en un número muchísimo menor, aplastaron a caballos y a soldados. Apenas 35 hombres de la grandiosa caballería seguirían vivos cuando los nazis tomaron Varsovia, la capital, un par de días después. Los campos quedaron sembrados de cuerpos de hombres y de animales descoyuntados por la dureza de las ametralladoras y enlodaron el aire con una pestilencia que duró semanas. Fue el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y la puesta en marcha de la mayor industria militar que el hombre haya visto.
Ya inútiles, los caballos se hicieron metáfora para medir la fuerza de los motores. Y parecía que al fin, como corresponde a su naturaleza dócil, serían utilizados en menesteres menos crueles: tirar de carretas, arrastrar el arado, transportar personas, llevar y traer mercancías, correr en hipódromos, ya nunca más participar en la cacería de seres humanos. A partir de 1940, la crianza del Equus ferus caballus como arma de guerra casi desapareció, pero ocurrió lo predecible de nuestra naturaleza bípeda, ya la quisiéramos cuadrúpeda:
Que en casi ningún lugar la paz fue posible, no del todo, no al menos como reza el sueño, y entonces nuevas y antiguas expresiones de violencia terminaron demandando ingeniosos artefactos de sometimiento para librar otra guerra, esta vez por el control de calles, parques, atrios, puentes, estadios. Se inventaron gases llorosos, pistolas eléctricas, bombas aturdidoras, aguas picantes, balas de goma, todos artefactos que parecen los de un ejército de payasos energúmenos. Surgió un problema.
La carrera armamentista había desarrollado toda suerte de vehículos bélicos, pero eran tan poderosos y rápidos que resultaban excesivos. Frente a una muchedumbre furiosa que quema llantas y lanza piedras, un tanque es inservible, como un revólver para aplastar una mosca. Hasta las patrullas más ligeras, equipadas con vidrios a prueba de impactos y cañones que lanzan agua, suelen quedar varadas en el campo donde se libran las batallas campales. Monumentos, escaleras, hidrantes, piletas, jardines, pueden ser obstáculos insalvables, excepto para un hombre a caballo.

Hoy es un jueves soleado y los potros recién llegados de Argentina aún exhiben un pelaje largo del invierno austral. En promedio, desde las patas hasta la línea del lomo, estos animales suelen superar el metro ochenta de alto, con lo cual la cabeza del jinete casi está a tres metros del suelo, una suerte de gigante. De eso se trata. Los carabineros representan una rudeza contenida. A una orden, sus caballos pueden desatarse con una energía imparable. "Como un Fórmula Uno con cola", dice el patrullero Martínez mientras acaricia el cuello de Carataplán, de 600 kilos de peso, mezcla de percherón y pura sangre inglés. En su plena juventud, el animal encabeza los desfiles militares del 20 de julio y el 7 de agosto, esas procesiones que son, se supone, para enaltecer el espíritu patrio y convencernos a los ciudadanos de que, de ser necesario, los fusiles con miras telescópicas, los tanques de guerra, los aviones supersónicos que pasan dejando unas estelas de colores de circo, nos salvarán de la extinción. No deja de ser una ironía que semejante demostración de la inteligencia humana la encabece un animal. Antes, el caballo estrella de la Policía, el que encabezaba esos desfiles, era Calimío, otro percherón mezclado con pura sangre inglés.
Murió hace poco, recuerda el médico veterinario Ricardo Vega, que es el vigilante de los caballos viejos o dados de baja del servicio por hernias, golpes, fracturas, psicosis después de una trifulca. Él se asegura de que no se enfermen y de que ya nadie los monte o siquiera los persiga para enlazarlos. La orden es que, una vez en el ancianato, las bestias mueran de viejas, hartas de comer el mejor pasto de su vida. Y gracias a esa libertad sin intrusos, Calimío vivió hasta los 36 años, sin dientes, flaco, con el hocico tembloroso y la lengua por fuera, que es un gesto común de los caballos viejos, como si se burlaran de quienes los miran.
Ricardo Vega dice que es culpa de la fuerza de la gravedad, que hace estragos en su corpulencia hasta derribarlos. Cuando eso pasa y los viejos caen vencidos, los policías que los cuidan cavan un hoyo y los entierran allí mismo para evitar desplazar los cadáveres y esparcir enfermedades. El ancianato entonces también es campo santo y sus ocupantes parecen saberlo. El patrullero Martínez dice que los caballos evitan comer el pasto que crece sobre las tumbas. Es un hombre joven, de lentes y apariencia de profesor de escuela. Mientras habla mastica una flor de diente de león.
Los aspirantes a carabineros, cuenta Martínez, deben ser bachilleres campesinos. Ningún joven de ciudad, por listo que sea, logra cabalgar un polo argentino, no en la Policía Nacional. Y la razón es que los patrulleros no solo los montan en sus jornadas de vigilancia. Además deben sacar tiempo para jugar con ellos, darles sus medicinas, herrarlos. "Son fortachones pero dóciles", dice Martínez con el diente de león todavía en la boca. Quizás la docilidad de la que habla el patrullero también se deba a una imposición dolorosa.
A todos los potros, cuando son escogidos para el servicio, de una sola vez, sin que medien más gestos que el brillo quirúrgico de un bisturí, les escinden los testículos. Los caballos de la Policía son eunucos condenados a ser perros guardianes. De nuevo pobres.
Ricardo Vega explica que, de otra manera, con sus órganos completos, los machos no podrían salir a la calle. Al parecer hay pocas cosas más difíciles de controlar que la reacción de un macho que huele a una hembra en celo. Es como si, advierte el médico veterinario, un avión bombardero sufriera una falla general y se precipitara contra la montaña más próxima. La excitación de los caballos es inmediata y no hay rienda, ni brazo, ni valla que pueda evitar que corran desenfrenados. Aquello revela una certeza inapelable: sin testículos, todo lo demás es mansedumbre. Pero siempre hay afortunados.
Unos pocos ejemplares son escogidos para preñar a las yeguas. Son bestias formidables y felices. Liberados de ir a las calles a perseguir gentes, su único esfuerzo consiste en pastar en corrales con 30 hembras que se turnan para montar. Su ración de pasto, salvado y melaza suele ser el doble de un ejemplar patrullero. Si existe, el cielo de los caballos debe ser muy parecido a eso. Al resto les imponen una vida de humanos, con horarios de comida, trabajo y reposo. Sin embargo, hay que admitirlo: incluso a pesar del agotamiento al que terminan sometidos, a las pedreas, a los golpes, a las papas explosivas, al calor del asfalto, al ruido y la contaminación de los carros, ya quisiera alguno de los ocho millones de indigentes que deambulan por las calles del país vivir con tantos cuidados.
El sueño de un menesteroso podría ser ese: ser caballo de los carabineros y no pasar hambre ni frío bajo los puentes y en cambio recibir atención médica y un baño regular con corte de crines y revisión odontológica. Algo anda mal en un país cuyos caballos policiales viven mejor que millones de las personas que protegen. La culpa, claro, no es de las bestias.
En el ancianato, no se sabe si felices o resignados, vagan los caballos viejos y sin que nadie se lo pida repiten las rutinas que les enseñaron. Deben estar enfermos de algo, de humanidad será, para que confundan el viento entre las ramas de los árboles con las notas del himno nacional.
13 de diciembre de 2010
9 de diciembre de 2010
©soho
rss

murió maría esther gatti


Profesora, junto a su esposo se dedicaron a buscar a víctimas de las violaciones a los derechos humanos durante las dictaduras de países vecinos como Argentina, Brasil y Paraguay. Buscó, sin éxito a su hija por décadas y fundó la organización de Madres y Familiares de Desaparecidos Uruguayos.
[Charles Newberry] Uruguay. María Ester Gatti de Islas, la profesora uruguaya que se convirtió en activista de los derechos humanos mientras ayudaba a encontrar personas desaparecidas durante la represión política en Sudamérica, murió en Montevideo. Tenía 92 años de edad. Su muerte fue confirmada por la organización que ella fundó, Madres y Familias de Prisioneros Desaparecidos Uruguayos.
Gatti inició lo que pasaría ser una búsqueda de toda una vida por su única hija y su nieta en 1976, cuando éstas desaparecieron en Argentina durante la dictadura militar de ese país que terminó en 1983. Grupos de derechos humanos estiman que 300 uruguayos desaparecieron en Argentina, Brasil y Paraguay bajo la represión de las dictaduras contra sus opositores políticos.
La hija de Gatti, María Emilia Islas, y su esposo Jorge Zaffaroni, habían ayudado a fundar en Buenos Aires el partido de izquierda Victoria del Pueblo en 1975, semanas después del nacimiento de su hija Mariana Zaffaroni. Huyeron a Argentina cuando se convirtieron en blancos de la dictadura cívico-militar de Uruguay. El 27 de septiembre de 1976, fuerzas argentinas y uruguayas secuestraron a la familia en Buenos Aires.
Gatti empezó a buscar a sus familiares con ayuda de las Abuelas de la Plaza de Mayo, una organización que luchaba por encontrar personas secuestradas por la dictadura militar argentina. Llevaba con ella una foto de los ojos de su nieta, que se convertiría en un símbolo de la búsqueda de personas desaparecidas en Uruguay en los años ’70 e inicios de los ’80. Más tarde fundó Madres y Familias de Prisioneros Desaparecidos Uruguayos.
"Nunca perdí la esperanza ni la voluntad de luchar", dijo en marzo. Nacida en 1918 en Montevideo, María Ester Gatti se recibió de profesora a los 17 años de edad. Pero su negativa a firmar documentos comprometiendo lealtad al presidente Terra, un requisito en esa época para los funcionarios públicos, la dejó fuera de la sala de clases. Trabajó como institutriz hasta que asumió un nuevo gobierno en 1938. Inició entonces una carrera que se extendió por 38 años en escuelas públicas y durante 20 como profesora de geografía en una escuela privada. Se casó con Ramón Islas en 1948 y su hija nació en 1953.
María Ester Gatti nunca encontró a su hija ni a su yerno. Las primeras pistas sobre su nieta Mariana Zaffaroni surgieron en 1983, cuando un oficial militar argentino sugirió que vivía con la familia de un oficial del servicio secreto en Buenos Aires. El proceso para recuperarla se desaceleró después de que los secuestradores huyeron a Paraguay y luego debido a complicaciones legales. En 1992, Gatti encontró a su nieta y la ayudó a recuperar su identidad.
"Tenía mucha convicción. Era firme en sus actitudes", dijo Oscar Urtasun, quien trabajó con Gatti en la organización uruguaya mientras buscaba a su hermano desaparecido en Buenos Aires en 1978. "Ella era el rostro del movimiento, a veces ella sola", agregó. "Logró lo que hizo gracias a un trabajo duro y gracias a la esperanza, y al amor de una madre por su hija". La sobrevivió su nieta.
12 de diciembre de 2010
9 de diciembre de 2010
©la nación
rss

paco condenado a 15 años por asesinato


Caso Mendoza Collío: Justicia militar condena a 15 años de presidio al autor del crimen. El cabo de Fuerzas Especiales Patricio Jara Muñoz fue imputado por el delito de violencia innecesaria con resultado de muerte del comunero mapuche Jaime Mendoza Collío.
Chile. La justicia militar confirmó hoy la pena de 15 años y un día de presidio para el cabo de Fuerzas Especiales de Carabineros Patricio Jara Muñoz, por  el delito de violencia innecesaria con resultado de muerte en contra del comunero mapuche Jaime Mendoza Collío.
Según consignó ADN Radio, el juez militar letrado de Valdivia Eleuterio Ramírez, acogió así la condena propuesta por el fiscal militar de Angol Rodrigo Vera Lama, de aplicar la máxima sanción.
El vocero de la familia de Mendoza Collío, José Naín, señaló que "cual sea la condena que reciba este Carabinero, ello no le repara el dolor ni el daño que se le ha causado (a la familia). Sin embargo, lo toman con mucha calma y esperan sólo que esté la instancia que corresponde, se vaya ratificando y en la medida que vaya avanzando la familia va a ir tomando otras acciones legales, civiles, que permitan de alguna manera reparar el daño irreversible que se le ha causado a esta familia y que el Estado se haga responsable de ello", dijo.
El funcionario de Carabineros, actualmente en servicio activo, podrá apelar a esta resolución recurriendo a la Corte Marcial de Santiago.
Jara Muñoz dio muerte por la espalda a Mendoza Collío durante el desalojo de un predio que reclamaban como tierras ancestrales en agosto de 2009.  
[La foto viene de este blog.]
12 de diciembre de 2010
10 de diciembre de 2010
©la tercera

condenan a narcos con nexos con auc


Condenan en Estados Unidos a dos ‘narcos’ con nexos con las Auc. Christian Fernando Borda, que tenía nexos con ‘Los Mellizos’ Mejía Múnera y ‘Cuco’ Vanoy  y Álvaro Alvarán Vélez, fueron condenados por tráfico de cocaína.
Colombia. Un jurado del Distrito de Columbia (Washington, EEUU) condenó a Christian Fernando Borda, de 46 años y a Álvaro Alvarán Vélez, de 56, extraditados a Estados Unidos en agosto de 2009. Tras dos días de deliberaciones los hallaron culpables del cargo de "asociación ilícita para distribuir cocaína con la intención de importarla a Estados Unidos".
El juez dictará la sentencia el 28 de abril de 2011. La pena tiene una sentencia entre 10 años de cárcel y cadena perpetua, así como una multa de cuatro millones de dólares. Borda tiene una condena previa por narcotráfico, así que su pena mínima será de 20 años en prisión.
Según el cargo, Borda y su socio Alvarán fueron miembros de un cartel de narcotraficantes entre febrero de 2005 y marzo de 2007, que envió varias toneladas de cocaína de Colombia a Estados Unidos, a través de México.
Cuando fue capturado en junio de 2008 Borda fue presentado por la Policía como el encargado de organizar el transporte y el envío de cocaína para ‘Los Mellizos’ Miguel Ángel y Víctor Manuel Mejía Múnera.
El cartel, según un comunicado de la Policía, tenía laboratorios de procesamiento en Cundinamarca, Caldas y Antioquia y redes de transporte a bodegas en Bogotá, Medellín, Pasto, Cúcuta, Puerto Carreño y toda la Costa Atlántica.
Los negocios de Borda llegaban hasta Ecuador, Panamá y parte de Europa donde adquiría embarcaciones para así tener mayor seguridad y control en sus envíos.
Borda estuvo preso en la Florida, Estados Unidos, entre 1998 y 2003, por narcotráfico con un cartel asociado al ex jefe paramilitar Ramiro ‘Cuco’ Vanoy. Un comunicado de la Policía señala que Borda también tenía nexos con Luis Eduardo Cifuentes, alias el ‘Águila’, ex jefe de las autodefensas de Cundinamarca, quien protegía sus laboratorios en Cundinamarca.
El 21 de septiembre de 2006 guardacostas de Estados Unidos y la DEA incautaron 2.5 toneladas de cocaína frente Manta, Ecuador, que estaban en un barco pesquero. En ese momento la droga estaba siendo trasbordada a un buque de mayor calado con destino a México.
La droga estaba avaluada en 15.000 millones de pesos. Grabaciones probaron que el envío era de ‘Los Mellizos’ y de Borda.
En 2005 también cayó un embarque de 1.500 kilos de cocaína ocultos en barriles de aceite de palma en un barco que zarpó de la costa norte de Colombia.
12 de diciembre de 2010
10 de diciembre de 2010
©verdad abierta
rss

miradas para construir la memoria


Estrenan en El Cairo el programa ‘Los días del juicio’ de Señal Santa Fe. Mañana, desde las 20, se verá el segundo capítulo de la serie de 4 producidos por la provincia sobre la causa Guerrieri.
[Edgardo Pérez Castillo] Argentina. ‘Los días del juicio’, el ciclo producido desde Señal Santa Fe que mañana a las 20 pre-estrenará uno de sus cuatro capítulos en El Cairo, tiene un peso histórico consistente. Por un lado, resguarda lo acontecido durante el primer juicio oral y público por delitos de lesa humanidad realizado en los Tribunales Federales de Rosario entre el 31 de agosto de 2009 y el 15 de abril de 2010. Por otra parte, pone al alcance del público general imágenes inéditas de un hecho con connotaciones sociales y políticas únicas para la historia argentina. Bajo la dirección de Pablo Romano, el ciclo es una de las realizaciones llevadas adelante por la Secretaría de Producciones e Industrias Culturales del Ministerio de Innovación y Cultura.
En ese sentido, fue Romano quien resaltó: "Esto se pudo hacer porque hubo una voluntad muy fuerte de Cecilia Vallina (NdR: directora provincial de Producciones e Industrias Culturales). Hablando con ella pensamos que se tenía que hacer algo con los juicios, y se dio una sinergia. El proyecto surgió con la idea de volver a hacerse preguntas con respecto a lo que implicó el exterminio, lo que implica la memoria, lo que implican los archivos, qué categoría se le dan a los archivos, qué puesta en valor se le puede dar a la palabra de los sobrevivientes. Y creo que una de las primeras cosas que nos propusimos fue no hacer documentales para los convencidos, hacer un trabajo para volver a hacerse preguntas y no para encontrar respuestas. Para que la gente se siga preguntando con respecto a uno de los tantos exterminios que sufrimos como argentinos, que somos parte de éso y ver cómo lo elaboramos, cómo lo volvemos a pensar. Ver qué imágenes construimos para hablar de éso".
El proceso judicial, su marco, los protagonistas directos e indirectos, todo conllevó a la obtención de una gran cantidad de material que, a partir del guión realizado por Romano y Federico Actis (con la colaboración de Vanina Cánepa, además productora junto a Gabriel Zuzek), fue amoldado al formato de cuatro capítulos de una hora de duración. "En todo caso hay dos tareas de recorte --explicó el director--. Una durante el rodaje en sí, que es una tarea casi intuitiva de ver, en base a la experiencia propia de cada uno, qué puede funcionar en la narración. Y jugársela por ciertos sujetos, ciertas situaciones. Después está el recorte posterior, que es cuando uno ve todo el material y empieza a ver por dónde viene la historia. Este rodaje se planteó de manera muy inmediata: cuando empezamos a filmar el juicio ya estaba en marcha, entonces en esa inmediatez hay un trabajo de rescatar el espíritu de época, la intuición de ver qué situaciones podían funcionar, buscar sujetos que fueran interesantes porque tienen muchas aristas".
Cada capítulo gira alrededor de determinados personajes o situaciones. El primero se concentra en las implicancias del juicio oral y público, e incluye entrevistas al juez Otmar Paulucci, el secretario Osvaldo Facciano, la fiscal Mabel Colalongo, periodistas y militantes de Derechos Humanos. El segundo --que se proyectará mañana a las 20, gratis, en la sala de Santa Fe 1120-- tiene como protagonista a Ramón Aquiles Verón, sobreviviente del centro clandestino Fábrica de Armas Domingo Matheu. El tercer envío tiene como personaje central al represor Eduardo ‘Tucu’ Constanzo, sumando la palabra de periodistas como José Maggi y Juane Basso. El cuarto está dedicado a la nieta recuperada Sabrina Gullino.
"Si bien está eso, constantemente se hace referencia al proceso judicial, al momento del juicio que está transcurriendo --distinguió Romano--. Cada capítulo va hacia atrás y hacia adelante en el tiempo y, a su vez, cada uno termina en un momento determinado del juicio. El cuarto capítulo termina con la sentencia".
Con la coordinación general de Cecilia Vallina, la producción periodística a cargo de Cánepa y Zuzek y la dirección de Romano, el capítulo que mañana se emitirá en el cine público contó además con el trabajo de imagen de Romano, Arturo Marinho y Florencia Castagnani, y la dirección de sonido de Fernando Romero.
12 de diciembre de 2010
10 de diciembre de 2010
©rosario 12
rss