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ecuador a un año del golpe


El presidente de Ecuador, Rafael Correa, fue rehén durante diez horas. Lo salvaron el apoyo manifiesto de cientos de personas que se dirigieron al centro médico para respaldarlo, así como la lealtad de los altos mandos militares, que se enfrentaron con los policías insurrectos para rescatarlo.
[Mercedes López San Miguel] Ecuador. "Mátenme si les da la gana", dijo un Rafael Correa visiblemente exaltado, conmovido, poniendo literalmente el pecho en las horas de incertidumbre que se vivían hace un año en Ecuador, cuando un levantamiento policial apoyado por un sector del ejército hacía peligrar la democracia del país. Correa afirma haber sido rehén de los uniformados en el hospital de la policía durante diez horas. Lo salvó el apoyo manifiesto de cientos de personas que se dirigieron al centro médico para respaldarlo, así como la lealtad de los altos mandos militares que se enfrentaron con los policías insurrectos para rescatarlo, no sin poder evitar que hubiera víctimas.
Lo que empezó en la mañana del 30 de septiembre como una protesta de un grupo de policías por la quita de unas condecoraciones derivó en una jornada trágica que quedará en la memoria colectiva, con un saldo de diez muertes, aún por esclarecer. Mientras que el gobierno sostiene que ese día ocurrió un intento de golpe de Estado con riesgo de magnicidio, la oposición afirma que se trató de una insubordinación policial por un cambio en los salarios.
Jorge Muñoz Sánchez, subdirector de la Academia Nacional de Historia de Ecuador, adscribe a la versión del oficialismo. "El 30-S fue un intento de golpe de Estado. Lo curioso es que se buscó aprovechar una tradición que en Ecuador se dio en los años ’90: la caída de los gobiernos por la presión del pueblo en la calle. Sucedió con Abdalá Bucaram, con Jamil Mahuad, con Lucio Gutiérrez. Los golpistas creyeron que la población iba a reaccionar en contra de Correa. Pero ocurrió lo contrario: la gente salió espontáneamente a brindarle su apoyo. La reacción popular descalabró el golpe", dijo Muñoz a Página/12 en Buenos Aires, en donde participó de las II Jornadas de Historia en el Centro Cultural de la Cooperación.
Muñoz señala que otro de los factores que impidió que prosperase la asonada fue que hubiera imágenes que registraran en vivo los acontecimientos. "A las 9 de la mañana, el presidente se dio cuenta de que había un golpe en marcha, entonces ordenó la cadena nacional para que las radios y las emisoras de televisión transmitieran lo que estaba pasando. A los golpistas les falló el control de la información."
Jenny Londoño López, socióloga de la Universidad Central de Ecuador, agrega un elemento que –dice– no mencionan los diarios opositores. "Correa les quitó a los policías el manejo que tenían del tránsito, allí donde ganaban más dinero por el cobro de coimas. Ese es el descontento más grande. En el tiempo que pasó se ha ido destejiendo una serie de mentiras sobre lo sucedido. La mayoría de la prensa decía que no había habido ningún intento de golpe, hasta se llegó a decir que el gobierno había montado todo esto para asegurarse en el poder."
Un año después de la jornada trágica, los familiares de las víctimas expresan su frustración por la falta de avances en el esclarecimiento de lo sucedido. Cinco civiles murieron en Guayaquil por la violencia desatada porque la policía no salió a patrullar, mientras que en Quito murieron un civil, dos policías y dos militares en los enfrentamientos entre los uniformados sublevados y los militares leales al gobierno. Aquel 30 de septiembre, el estudiante universitario Juan Pablo Bolaños, al igual que cientos de personas, acudió al centro médico bajo la consigna de salvar al presidente. Olga Fernández criticó la lentitud de la investigación sobre la muerte de su hijo. "Me siento disconforme porque no han hecho nada", dijo a la televisión pública local. En la reconstrucción de los hechos la semana pasada, en la que participaron el fiscal y testigos, se concluyó que las balas que alcanzaron a Bolaños provenían de la sede del regimiento de Quito, contiguo al hospital y epicentro del levantamiento. Bolaños murió en medio del enfrentamiento entre policías y militares.
Por lo sucedido el 30-S fueron condenados nueve policías, seis de ellos miembros de la escolta legislativa que impidieron que los asambleístas celebraran un pleno y otros tres que estuvieron presentes en el regimiento de Quito durante la revuelta. La Justicia absolvió al entonces director del hospital policial, César Carrión, y al ex coronel Fidel Araujo, considerado por el gobierno uno de los instigadores del levantamiento. Otro de los instigadores, según Correa, habría sido el ex presidente Lucio Gutiérrez. Pero Gutiérrez no tuvo que presentarse ante un tribunal.
El asambleísta opositor César Montúfar denunció que mientras que se procesó a los policías que estuvieron implicados en la sublevación, no hay "un solo acusado o detenido por los muertos" del 30-S. En ese sentido apostó para que una instancia internacional como el Alto Comisionado para las Naciones Unidas para los Derechos Humanos realice una investigación que permita esclarecer los hechos. El presidente afirmó a la cadena Telesur que no se opondría. "No tengo ningún problema que venga una comisión internacional a investigar los hechos del 30 de septiembre, molesta la hipocresía de la oposición."
Un año después quedan interrogantes sin responder. Como, por ejemplo, por qué una parte de los indígenas, base electoral del gobierno, apoyó el levantamiento. O por qué el ejército no intervino antes. "El rescate al presidente demoró. Debió haberse hecho antes. Los militares dicen que esperaron que cayera la noche para actuar y operar de mejor manera. Yo creo que especularon un poco a ver bien para dónde se inclinaban", señala Muñoz. Si hay por lo menos dos versiones de lo ocurrido, también son dos los modos de recordar la fecha. El oficialismo convocó a un acto por el "Día en que triunfó la democracia"; la oposición no se va a manifestar.
1 de octubre de 2011
30 de septiembre de 2011
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comisión de la verdad con problemas


El proyecto, que tiene media sanción en Brasil, sería blanco de sabotajes. La diputada socialista y ex alcaldesa del PT Luiza Erundina denunció que el lobby de los militares actúa para impedir que la Comisión pueda revelar los crímenes de la dictadura.
[Darío Pignotti] Brasilia, Brasil. Presiones cuarteleras, cuándo no. La Comisión de la Verdad sobre los crímenes perpetrados por la dictadura brasileña, aprobada el miércoles pasado en Diputados, merced al empeño político de la presidenta Dilma Rousseff, fue poco menos que mutilada por la presión discreta de las Fuerzas Armadas, o parte de ellas, cuyo brazo ejecutor fueron "sus aliados de siempre, los políticos de la derecha y la prensa conservadora", resume Luiza Erundina. Ex alcaldesa de San Pablo por el Partido de los Trabajadores y en la actualidad una de las diputadas que expresan las reivindicaciones de los organismos de derechos humanos, Erundina presiente que los mismos engranajes capaces de hacer que Brasil esté "a la cola de la verdad histórica en América latina siguen conspirando" para perpetrar su último servicio a la impunidad: sabotear la labor de la Comisión que aún espera el voto de la Cámara de Senadores.
"No tengo ninguna duda, y lo digo con conocimiento porque es un tema en el que he trabajado desde hace muchos años, continúa actuando el lobby de los militares para impedir que la Comisión pueda lograr su cometido y revelar los crímenes de la dictadura, la táctica de la obstrucción está en pie", declaró Erundina.
El miércoles, Diputados concedió media sanción al proyecto enviado por el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, propuesta que motivó una crisis a fines de 2009, cuando los jefes de las Fuerzas Armadas se declararon en virtual insubordinación con la venia del entonces ministro de Defensa, Nelson Jobim. En los ’70 Dilma combatió con las armas a la dictadura y tras su llegada al Palacio del Planalto asumió la pelea contra el olvido con más convicción que su compañero Lula, y en sólo 9 meses de gestión dio pasos efectivos hacia el esclarecimiento de asesinatos, desapariciones y torturas. El primero fue deshacerse del aceitoso Jobim, más subordinado a los generales que al poder civil, y luego instruyó al nuevo ministro de Defensa, Celso Amorim, para que, junto a la ministra de Derechos Humanos, Maria do Rosario Nunes, y el de Justicia, José Eduardo Cardozo, operen para limar resistencias en los cuarteles y el Parlamento.
Luiza Erundina, que dejó el PT de Rousseff y Lula, para afiliarse al Partido Socialista, opina que "el precio pagado por el Ejecutivo para llegar a un consenso y lograr la votación favorable en Diputados fue excesivo". El texto elaborado por el gobierno "ya era originalmente muy cauteloso desde su concepción, pues para no incomodar a los militares, se descartó la posibilidad de que las pruebas obtenidas en la Comisión de la Verdad puedan ser giradas a la Justicia, o sea ya se admitía desde el Planalto que nunca se procesará a los sospechosos", y quedará en pie la Ley de Amnistía, legado del general-presidente Joao Baptista Figueiredo.
A lo anterior se suma que en Diputados "fue mitigada la capacidad de acción de la Comisión, a través de exigencias de última hora planteadas nada menos que por parte del partido Demócratas, el que se formó con los herederos de la dictadura".
"Alguien debería preguntar por qué será que a la Comisión le dieron nada más que dos años de tiempo para investigar, por qué será que no tiene presupuesto propio y por qué se le exige que investigue violaciones de los derechos humanos entre 1946 a 1988, en lugar de que los esfuerzos se concentren en la dictadura, todo eso es para enflaquecerla."
El parecer de Erundina es minoritario en el Parlamento, donde el proyecto fue aprobado por aclamación, contando con el apoyo de fuerzas opositoras, incluso el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), del ex mandatario Fernando Henrique Cardoso. "Este romance político de Dilma y Fernando Henrique fue muy importante, está comenzando a dar frutos concretos porque influyó decisivamente para que hayamos podido aprobar la Comisión de la Verdad", razona Domingos Dutra, diputado del PT.
Presidente de honor del PSDB, Cardoso telefoneó a los congresistas de su agrupación para que voten a favor de la Comisión. "Eso es algo bueno para el país, no tiene sentido prolongar las peleas que vienen del tiempo del presidente Lula, entre el PT y el PSDB", planteó el diputado petista Dutra, más optimista que la socialista Erundina.
Congresistas del gobierno aún abrigan la esperanza de que en algún momento sea abolida la Amnistía y observan a la Comisión de la Verdad como "un paso dentro de un proceso histórico, que esperamos no se agote en averiguar lo que sucedió, esperamos que algún día se haga justicia", redondeó Dutra.
27 de septiembre de 2011
26 de septiembre de 2011
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brasil quiere juzgar a represores


Avanza un proyecto debilitado de Comisión de la Verdad en Brasil. La Cámara de Diputados aprobó la creación de una comisión que investigue las responsabilidades por actos de terrorismo de Estado durante la dictadura. Los culpables no serán castigados: la amnistía no se toca. Se negoció con los militares y la oposición.
[Eric Nepomuceno] Río de Janeiro, Brasil. Hasta el último instante hubo peligro. Irritada por las exigencias del derechista Partido de los Demócratas, el DEM (una contradicción de raíz: es el nuevo nombre del mismo partido que, en tiempos de la dictadura, apoyó al régimen), poco después de las diez de la noche del miércoles la presidenta Dilma Rousseff rechazó cualquier nueva concesión a los que se oponían al decreto que instaura una Comisión de la Verdad para investigar los responsables (sin punirlos) por actos de terrorismo de Estado durante la dictadura militar que duró de 1964 a 1985 en Brasil.
En aquella noche, cuando el diputado derechista Antonio Carlos Magalhaes Neto (su abuelo ha sido uno de los grandes beneficiarios de la dictadura) expuso las exigencias de su partido, el DEM, los ministros de Justicia, José Eduardo Cardozo, y de Derechos Humanos, Maria do Rosario Nunes, decidieron llamar por teléfono a Dilma, en Nueva York. La primera reacción de la presidenta ha sido contundente: no ceder ni un milímetro más. La conversación entre Cardozo y Dilma se dio en una circunstancia que bien ilustra la tensión: eran cuatro hombres y una mujer (Cardozo, el presidente de la Cámara, Marco Maia, del PT; la ministra Maria do Rosario; el líder del PT en la Cámara, diputado Candido Vaccarezza, y el ex guerrillero y actual asesor especial del Ministerio de Defensa, José Genoíno) reunidos en el minúsculo baño del despacho de Maia. Cinco personas en tres metros cuadrados, único local donde pudieron encontrar la privacidad exigida. Y entonces se le explicó a la presidenta, con todas las letras: o se aceptaba la exigencia o el proyecto sería retirado y no volvería a ser apreciado antes del año que viene.
¿Y cuál era la exigencia del DEM? Que la Comisión de la Verdad no incluyese a ningún ex integrante de movimientos que se opusieron a la dictadura, ni por familiares de víctimas ni siquiera por quien tuvo militancia pública contra el régimen militar. El proyecto ya prohibía la participación de militares y policías, bien como sospechosos de haber practicado torturas, asesinatos y secuestros. Con la enmienda del DEM, tampoco podrán participar abogados de presos políticos, por ejemplo.
El proyecto fue enviado al Congreso con carácter de "urgencia urgentísima", lo que impone un acuerdo previo para no ser debatido en el pleno de Diputados y ser votado por los líderes de los partidos, tanto de la alianza de gobierno como de la oposición. Dilma y sus asesores directos temían que, en un eventual debate, fuesen presentadas enmiendas inaceptables tanto por los movimientos de defensa de derechos humanos como de los militares. Para llegar a eso, el gobierno ya había, desde la presidencia de Lula, negociado línea por línea con los militares y con los partidos de oposición. Cuando surgieron exigencias de última hora, Dilma perdió la paciencia.
Tensión máxima en la alianza oficialista, tensión máxima en la oposición: en vísperas de la sesión del miércoles, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso llamó por teléfono al líder de su partido, el PSDB, en la Cámara, diputado Duarte Nogueira, pidiendo que se aprobase el proyecto del gobierno. Diputados del PSDB consideraron la intervención de Cardoso como
inoportuna. Al final, todo resultó: se aprobó un proyecto debilitado, pero que es mejor que nada. Tal y como estaba previsto, no habrá castigo para los responsables por el terrorismo de Estado. Ningún torturador, ningún secuestrador, ningún asesino será punido. La comisión tendrá siete miembros, por un período de dos años. No podrán ser dirigentes partidarios ni ocupar cargos en el gobierno, y quien tuvo militancia contra la dictadura estará vetado. En contrapartida, el resultado de los trabajos de la comisión podrá ser consultado por cualquiera, en el Archivo Nacional.
Ahora, el texto sigue para el Senado. Si es aprobada, esa comisión será el tercer grupo que Brasil crea luego de la democratización, con el objetivo de investigar las violaciones a los derechos humanos ocurridas en la dictadura militar. Las otras dos surgieron en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, él mismo un exiliado en los tiempos del régimen militar. En su primer gobierno (1995-1998), Cardoso creó una Comisión sobre Muertos y Desaparecidos Políticos que, entre otras iniciativas, reconoció oficialmente que por lo menos 136 "desaparecidos" fueron asesinados por militares. Otra estableció indemnizaciones a víctimas de la represión y sus familiares, en casos de asesinatos.
No es, desde luego, lo que esperaban amplios sectores de la sociedad brasileña. Pero es lo que se logró. Como en una canción cantada por Alfredo Zitarrosa, Dilma Rousseff "quiso querer, pero no pudo poder". Logró algo, que es mejor que nada.
24 de septiembre de 2011
23 de septiembre de 2011
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asesinatos selectivos en honduras


Guillermo Padilla Amador, hondureño, exiliado político en Argentina. Participó en la resistencia contra el golpe que derrocó a Manuel Zelaya en Honduras y debió exiliarse un año después. Desde la instalación del gobierno de Lobo, decenas de activistas han sido asesinados.
[Gustavo Veiga] ¿Por qué tuvo que exiliarse en la Argentina después de resistir durante un año en Honduras el golpe de Estado contra Manuel Zelaya?
Porque en mi país hay asesinatos políticos disfrazados y el ejército hondureño tiene los mejores asesores, tanto colombianos como israelitas, para hacerlo. Están apareciendo cantantes de música popular atropellados por un auto o militantes con los bolsillos de los pantaloncillos afuera, eliminados. Han incrementado adrede la violencia para justificar el asesinato político. El gobierno de Porfirio Lobo ha permitido estas muertes, ya son catorce los periodistas asesinados en Honduras durante su gobierno. Por eso no voy a regresar.

¿Cuándo salió de su país?
Yo salí el 26 de junio de 2010, dos días antes de que se cumpliera el primer aniversario del golpe.

¿Estaba amenazado?
Sufrí un intento de secuestro con mi esposa, también un intento de asesinato del que salí bien librado, y lo que no entendían los golpistas es cómo los detectaba o cómo sabía esas cosas. Pudieron haberme matado y no lo hicieron. Lo que querían era secuestrarme y fui muy escurridizo para ellos, siempre los detecté. Querían primero sacarme información y después matarme. Ellos querían saber cómo yo sabía tanto.

¿Y cómo hacía para obtener la información y adelantarse a los golpistas?
Porque era el encargado de la seguridad en el Frente Nacional de Resistencia Popular. La disciplina de los indígenas nos enseñó mucho. Con 150 días en las calles empezamos a adoptar en las movilizaciones el método de tres filas. Ellos están más organizados que muchos. Hacen tres hileras y no se mueven en grupos masivos para poder saber quiénes son los que están provocando disturbios. Era la forma de saber si un infiltrado llegaba a provocar desmadres, como les decimos nosotros allá. Supimos que el alcalde opositor de Tegucigalpa en el momento del golpe mandó a gente con bombas molotov para quemar Popeyes, que son locales de una transnacional de comida rápida. Quemaron un bus y nos lo achacaron a nosotros. No sabe la cantidad de infiltrados que agarrábamos. Se los entregábamos a la Policía y no hacían nada. Tampoco la fiscalía.

¿Usted participó de la toma de la embajada de Brasil donde se refugió el ex presidente Zelaya?
Yo logré quedarme en la embajada y conmigo parte de mi grupo. El núcleo de seguridad de Zelaya, del frente, permaneció. Pero después, por una cuestión estratégica, salí porque había que tener alguien afuera organizando la lucha que continuaba. Con otro grupito seguimos la lucha en las calles. Uno a uno fuimos saliendo y algunos fueron bien detectados. Empezaron a asesinarlos, lo hicieron con dos y seguían a los demás. Entonces nos relevaron a todos, al núcleo, que éramos como cincuenta.

¿Qué hizo después y hasta que logró escaparse de Honduras?
Necesitaba un lugar desde donde luchar. No podía hacerlo desde el frente estudiantil porque ya no era estudiante, no me había matriculado. Y el coordinador era otro. Busqué la plataforma de Derechos Humanos y me dijeron: ven acá. Llegué a ser parte del Codeh, el Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras, y en dos meses empezó una persecución, me empezaron a seguir, a mandar anónimos a la casa de mi hermana. La vigilaban, no había casas seguras, pero nosotros teníamos información fidedigna de qué cosas iban a suceder. No toda la policía y no todo el ejército estaban a favor del golpe. Y eso nos favorecía. Del Codeh pasé a la clandestinidad. En esos tres meses no pudieron sacarme del país. La Plataforma de Derechos Humanos quería hacerme salir hacia España, pero nunca me dieron una visa especial para defensores de derechos humanos, nunca hubo respuesta.

¿Hacia dónde partió finalmente?
Salí hacia Costa Rica. El Codeh me monitoreó desde que dejé Tegucigalpa hasta la frontera con Nicaragua. Crucé ese país entero y no me detuve hasta cuando entré a Costa Rica. Cecilia Arce, una defensora de derechos humanos me llevó a su casa. Ella tenía a bastantes exiliados hondureños. Me permitió quedarme una semana y luego me dijo: "Mi casa no te va a servir. Hay un hondureño que es poeta, te puede ayudar en algo" y fui hacia San José de Costa Rica. Lo busqué a mi compatriota que tiene dos restoranes y me dio trabajo. En la misma semana que empecé, detectamos que monitoreaban el restorán y me seguían.

¿Quiénes lo vigilaban?
Comencé a darme cuenta que Costa Rica es una plataforma de Estados Unidos donde están el DAS colombiano, el Departamento Administrativo de Seguridad, y la CIA. Incluso el FBI hace arrestos ahí, se manejan muy bien. Entonces me di cuenta de que era el peor lugar que podía haber escogido. ¿Por qué no ir a Nicaragua?, diría cualquiera. ¿O El Salvador? Pues bueno, hay cuestiones difíciles de explicar ahorita, me pondrían en una situación muy difícil... Finalmente salimos hacia Bolivia.

¿Lo hizo junto a su familia?
Yo partí un 13 de septiembre de Costa Rica y llegué el 14 a El Alto, en Bolivia. Y el 15 a la misma hora me reencontré con mi mujer y mi hijo. El 15 de septiembre, día de la independencia en Centroamérica, nos reunimos con mi esposa a la una de la madrugada con 6 grados centígrados y a 4 mil metros de altura. Al día siguiente estaba en la Cancillería y no tenía a dónde ir a vivir. Me llevaron a un refugio para inmigrantes, estuve un mes y después me fui a Huanuni, un pueblo minero.

¿Es cierto que descartó como destinos a Perú y Chile porque tenían gobiernos de derecha y a Brasil por el idioma?
Sí, nosotros con mi compañera nos fijamos un objetivo, estudiar. No es fácil. Mi mujer se quedó a media carrera. Ella estudia pedagogía del inglés, es mucho más joven que yo y le estaba deteniendo sus estudios. Tampoco está directamente involucrada en política, aunque en Honduras se expuso a cualquier cosa por mi militancia. Yo sólo tengo tres trimestres en la universidad y estoy parado con mis estudios. Quiero reorientarlos y no será sencillo. En Bolivia iba a ser muy difícil hacerlo.

¿Cómo llegó a Buenos Aires?
En un bus desde La Quiaca, un bus trucho, como le dicen ustedes acá. No me alcanzaba el dinero ya que si venía en un bus normal hacia Buenos Aires no comía y en el camino sólo comimos una vez para guardar dinero. Pagamos uno que nos engañó. Nos dejó en Jujuy, nos cambiaron a otro con olor a vómito y querían cobrarnos aparte porque traía siete maletas. El bus me dejó finalmente un domingo en Plaza Once.

¿Bajo qué condiciones se encuentra en la Argentina?
Hice contacto con Acnur y me mandaron a la comisión católica para la atención de refugiados. Entonces empezaron a investigar un poco y al día siguiente nos dieron una ayuda económica de 700 pesos que no teníamos y eso nos permitió movernos en el subte sin documentos, sin nada. Luego conseguí un documento temporal, el primero que me entregaron en la Argentina. Con él puedo trabajar. Me citaron un día para declarar todo y estoy esperando un fallo que va a ser de seis meses a un año. Si el Estado me diera refugio, yo accedería a estar dos años. Con este documento y a pesar de que es legal para trabajar, nadie nos da empleo.

¿Cómo es su historia familiar? ¿Desde cuándo le comenzó a interesar la política?
Mi padre tenía en su casa un cuadro del Che Guevara y otro de Jesucristo. El decía que los mejores revolucionarios eran el Che y Jesucristo. Y ahí fui entendiendo muchas cosas, escuchando música de los Guaraguao de Venezuela, música revolucionaria. Mi padre era el presidente de un sindicato, el más fuerte de San Pedro Sula, en la costa norte. A él lo hicieron renunciar los militares, le dijeron: deje el sindicato o se muere. A partir de ahí me di cuenta que mi padre tuvo que decidir, siendo miembro del Partido Comunista, entre desafiar a los militares o proteger a sus siete hijos. Mi padre dejó el sindicato ya que otros compañeros habían sido asesinados y desaparecidos. En el PC de Honduras había que estar en la clandestinidad, estaba proscripto, no se podía hablar del PC. Mi mamá tuvo que guardar el cuadro del Che, porque el hecho de tenerlo era suficiente para que te allanaran la casa y pasara algo.

¿De qué años está hablando?
1976, 1977... casi el ’78.

¿Quién era el dictador de Honduras en ese momento?
En ese momento estaba Juan Alberto Melgar Castro, después hubo un triunvirato de militares con Policarpo Paz García a la cabeza. Esos son los que recuerdo porque tenía siete u ocho años. Cuando cambió el escenario político, mi padre empezó a militar dentro del Partido Liberal, que era el partido de Zelaya. Pero siempre formó parte de una facción rodista. Porque en 1981 se hablaba de que Modesto Rodas Alvarado iba a ser el presidente. Pero falleció antes de las elecciones. Es el padre de la que fuera canciller de Zelaya, Patricia Rodas. Y la línea de este hombre era progresista. Yo tengo un hermano gemelo, René, y a ambos mi padre nos decía que leyéramos, nos enseñó a leer. Mi hermano salió de Honduras hacia España al cumplirse el tercer mes del golpe, cuando intentaron asesinarlo.

¿El resto de su familia permanece en su país?
Yo tengo tres hermanos en Estados Unidos y dos en Honduras que estudian en la Universidad Pedagógica. Uno es una persona especial porque tiene quemaduras en casi todo su cuerpo y aun así pertenece a los movimientos estudiantiles. Incluso recibió amenazas y ha sido arrestado ahorita. Se llama Pedro Joaquín. De los cinco varones que somos, el único que hizo el servicio militar fui yo. Me tocó en la fuerza naval en la costa norte, en el Atlántico. Tuve oportunidad de conocer ahí el entrenamiento de la CIA. Lo hacían con el escuadrón piraña y los comandos navales hondureños a los que entrenaban para apoyar a la Contra nicaragüense y atacar a los sandinistas. Además perseguían a los del FMLN de El Salvador en todo el golfo de Fonseca. Recibí en dos meses el entrenamiento de recluta y pasé a ser de Comunicaciones porque antes de entrar era operador de radio. Mi padre me había metido a eso en los medios periodísticos donde trabajó. Así tuve contacto más directo con los oficiales y empecé a saber muchas infidencias, muchas cosas de espionaje desde ahí hacia Nicaragua y El Salvador. Y me di cuenta que se hacía desde la punta de la isla del Tigre, donde había una base de radar norteamericana a donde sólo accedían ciertos oficiales hondureños.

¿Su padre además de sindicalista también es periodista?
Es un luchador ante todo y Premio Nacional de Prensa 2007 Oscar A Flores. Se llama José Manuel Amador y vive en Honduras como jubilado.

¿Después que finalizó el servicio militar, usted qué camino siguió?
Empecé la lucha dentro de los frentes estudiantiles y nos comenzamos a acoplar a algunos que estaban prohibidos en Honduras. Luego, mi hermano gemelo pasó a militar a finales de los ‘90 en el sindicalismo. El ingresó al mismo gremio donde mi padre había sido forzado a irse. René llegó a ser secretario de conflicto, dentro de la directiva. Después integró una organización política llamada Los Necios. Era el único obrero y todos los demás universitarios.

¿Por qué Los Necios? ¿Quiénes son?
Los Necios son una agrupación política que se llama así por la canción de Silvio Rodríguez. Y forman en la Universidad Pedagógica una cadena enorme de jóvenes que empezaron un proyecto político para tener formación política, que no existía. Los estudiantes organizados teníamos que hacer algo y todos los frentes redactamos un manifiesto en el que apoyamos al gobierno de Zelaya y a la cuarta urna. No fue ese día que pasamos a la lucha, pero un miércoles el Congreso se reunió para declarar loco al presidente o algo así. Y al día siguiente, él convocó al pueblo por cadena nacional y miles lo acompañamos en las calles y en buses hacia la Fuerza Aérea para sacar el material electoral que un juez había decretado decomisarlo. Literalmente miles de personas con el presidente a la cabeza sacamos el material electoral de la consulta popular. El gobierno nos había empezado a dar apertura para poder luchar y como los movimientos sociales, sindicales, estudiantiles y profesionales nos fortalecimos, porque él nos escuchaba, estábamos por introducir lo de la cuarta urna. Nosotros veíamos a la Constitución como el despegue para poder salir...

¿Cuál es su opinión sobre Manuel Zelaya?
El ha tenido entre sus principales colaboradores no solo a Patricia Rodas, también a toda una gente que en los ’80 formó parte del frente de reforma universitaria de izquierda, que luego se graduaron y pasaron a formar su equipo. Muchos llegaron a ser ministros. Algunos habían sido desaparecidos temporales y torturados en los ‘80. Esta gente fue la base de la Alianza Liberal del Pueblo (Alipo) del Partido Liberal, que eran de centroizquierda. Y Zelaya en su juventud fue un rebelde, apoyaba al movimiento hippie a pesar de que es un terrateniente de la corona española y su padre, un ganadero y deforestador del bosque en su región, Olancho.

Salvo por esto último, parece la versión idealizada de un joven reformista.
Siempre quería cambios, por eso digo que habría que haberlo conocido en su juventud. También hizo cambios importantes cuando fue ministro en el Fondo Hondureño de Inversión Social durante ocho años. Estuvo en ese tiempo en las regiones más inhóspitas del país y se topó con el pueblo más pobre. O sea, logró ver y palpar la pobreza hondureña como ministro. Llevó a los rincones más apartados las obras sociales. Y se propuso en ese entonces, cuando era ministro, llegar a la presidencia. Sabía que con Estados Unidos no lo iba a hacer y que tenía que desligarse y buscar otra alternativa para poder sacar a Honduras de la pobreza. Fue cuando empezó a chocar con el embajador Charles Ford, quien le llevó la lista de los futuros ministros y le dijo: "Acá están". ¿Y qué contestó Mel? Nada. Le dio a su edecán la lista, dejó a los que coincidían en ella, pero no le hizo caso. Mandó una ley donde prohibía la minería a cielo abierto y favoreció a los campesinos. Empezó a sacarse de encima a los sectores sindicales e incluso hasta las feministas, que lo tenían entre ceja y ceja, lo apoyaron porque vetó la ley de la píldora del día después, una ley que iba a perjudicar a las mujeres.

¿Dónde lo sorprendió el golpe de Estado del 28 de junio de 2009?
El día del golpe, a las 5.20 de la mañana, me desperté y encendí el Canal 8, que es el canal que Zelaya colocó como canal del Estado porque no existía, porque tuvo que sacar hasta un periódico por toda la avalancha mediática que se le venía encima, y sucedió algo extraño. Empecé a ver programas que no tenían nada que ver con la cuarta urna, cuando ya debían estar informando sobre ello. No pasaba nada. Me parecía raro y cinco minutos después, en la TV alguien dejó colocado el cartel "Todos a Plaza Libertad". Sacaron fuera del aire el canal pero el operador logró poner esas palabras. Los militares ya lo habían allanado. Nadie sabía nada. Y los celulares Tigo y Claro no funcionaban, pero si Digicel, una compañía que se declaró neutral, ya que las otras dos tomaron partido por los golpistas. Se filtró entonces por un mensajito el golpe de Estado y que Zelaya estaba siendo secuestrado en ese momento. Fue la hija del presidente que les escribió a Los Necios, específicamente a Gilberto Ríos, el coordinador del grupo: "Gilberto, estoy debajo de la cama, están sacando a mi papá".

Con Zelaya de regreso en Honduras, ¿cuál es la situación ahora?
Con él allá, el Frente Amplio de Resistencia Popular ganaría ampliamente el Ejecutivo pero no el Congreso bajo la Constitución que queremos cambiar. ¿Cuál es el verdadero poder en Honduras? El Congreso. No hay otro poder. Pone a la Corte Suprema, a los fiscales. ¿Y a qué le apuesta la embajada de Estados Unidos? A neutralizar a la izquierda y a los nuevos emergentes como nosotros con el asesinato político disfrazado, a la infiltración de políticos que dicen ayudar a Zelaya y lo hacen equivocarse, a la división partidaria. En el Frente hay peleas para saber quién va a ser el candidato. Apuestan a dividirlo para que no gane la mayoría de diputados. Incluso ganaría con su esposa Xiomara Zelaya como candidata porque Mel no puede serlo. La embajada gringa ya sabe que no tiene más poder en elecciones. Podría hacer un fraude como lo hicieron con López Obrador en México, pero estallaría una guerra civil.
20 de septiembre de 2011
19 de septiembre de 2011
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crímenes impunes en honduras


En el país centroamericano aumentan los asesinatos políticos. La semana pasada fueron asesinados un referente social cercano a Zelaya y un periodista, ambos miembros del Frente Nacional de Resistencia Popular. Ninguna de las muertes de periodistas ha sido esclarecida.
[Gustavo Veiga] Honduras. El crimen político avanza en Honduras con la precisión quirúrgica de un cirujano. La última semana asesinaron a un referente social cercano al ex presidente Manuel Zelaya en la capital, Tegucigalpa, y a un periodista en Puerto Cortés, al norte del país. Los dos tenían en común que integraban el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). Los dos también terminaron agujereados a balazos. "Es una declaración de guerra, éste es un asesinato político que trae un mensaje para mí, para los que están alrededor mío con el fin de detenernos", dijo Mel Zelaya sobre la muerte de Mahadeo Roopchano Sadloo, un ciudadano de Surinam nacionalizado hondureño y al que se conocía popularmente como Emo. Había acompañado al mandatario depuesto desde el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 e incluso se refugió con él en la Embajada de Brasil durante su asilo de cuatro meses. Medardo Flores trabajaba en la radio Uno de San Pedro Sula y administraba las finanzas del FNRP. Es el decimosexto periodista que pierde la vida desde febrero del año pasado.
Guillermo Amador Padilla, un exiliado hondureño en la Argentina, afirma que en su país existe una lista "con los nombres de diez dirigentes del FNRP que van a matar. Mi hermano gemelo René y yo estamos en ella". La denuncia comenzó a ser corroborada hace tiempo –se calcula que asesinaron a unos doscientos opositores desde el derrocamiento de Zelaya– y cobró fuerza con los crímenes de Sadloo y Flores. "Es hora de que pongamos atención a todo lo que está pasando. Parece que hay un plan, pero hay que desarticularlo...", dijo el ex presidente desde Tegucigalpa, ratificando las palabras de Padilla.
Emo, según el propio Zelaya, "era una de las diez personas más significativas del Frente y una de las más reconocidas a nivel mundial". Ataviado con una bandana de color rojo chillón, de larga barba canosa y encendida oratoria, el militante asesinado el martes 6 solía compartir actos y palco con el presidente derrocado. Cuando lo mataron, de cinco balazos, en su gomería del bulevar Suyapa, había llegado momentos antes de exigir la libertad del ex ministro zelayista Alberto Flores Lanza, quien se encuentra bajo arresto domiciliario acusado de fraude y abuso de autoridad. En el FNRP lo defienden con el argumento de que es un preso político del gobierno de Porfirio Lobo Sosa.
Al crimen del dirigente de 55 años se sumó el de Flores, un periodista de 62, graduado en la Escuela de Locutores del Instituto de Ciencias de la Comunicación de Radio Uno, en San Pedro Sula. Agricultor y ganadero también, es la segunda víctima del FNRP en una semana. Lo mataron de nueve balazos en Río Blanquito, departamento de Puerto Cortés, donde vivía "cuando lo emboscaron en el automóvil de regreso a su casa", informó el director de la emisora donde trabajaba, Arnulfo Aguilar. Flores se ocupaba de las finanzas del Frente en la zona norte del país y en la década del 80, durante la dictadura militar, se había marchado al exilio. No había pasado mucho tiempo desde el último caso de un periodista asesinado. El 19 de julio mataron a Nery Orellana en la frontera con El Salvador. Era director de una radio rural.
A pesar de que el presidente Lobo Sosa señaló que "los responsables de estos crímenes serán castigados" y de que "hemos tomado la decisión de poner toda la fuerza del Estado para dar con el paradero de los asesinos de Emo Sadloo", ninguna de las muertes de periodistas ha sido esclarecida, según los cables de agencias internacionales. Tampoco otros crímenes políticos cometidos por sicarios que han gozado de una gran impunidad desde que asaltó el poder el ex dictador Roberto Micheletti.
En Honduras esto resulta posible, entre otros motivos, porque la policía está involucrada en el delito en una proporción elevadísima. El 2 de septiembre, el subdirector de la Policía Nacional, Santos Simeón Flores, informó que entre 1999 y este año hubo 5270 denuncias contra efectivos de la fuerza por actos ilícitos. El director nacional de Investigación Criminal, Marco Tulio Palma, aportó otro dato alarmante el último viernes. En lo que va de 2011 ya hubo 4412 muertes, cuando en igual período de 2010 la cifra había llegado a 4391. Los especialistas hondureños en seguridad vaticinan que este año podría terminar con una tasa de 86 homicidios sobre 100 mil habitantes, una cantidad superior a la de México, país donde la lucha del ejército en las calles contra el narcotráfico elevó los índices de asesinatos hasta las nubes.
Con estas estadísticas, la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) maneja la hipótesis de que el asesinato de Emo se trató de un hecho de delincuencia común y desde el gobierno se ofrece una recompensa de 100 mil lempiras para dar con el o los autores. En ese sentido se expresó Palma: "Es un crimen de delincuencia común lo que está tomando más fuerza y es hacia allí a donde están apuntando los investigadores".
Muy distinta es la posición del FNRP. En un comunicado denuncia que "este nuevo acto de terror es un crimen político con el que se intenta desmovilizar y desmoralizar al Frente Nacional de Resistencia Popular. Responsabilizamos a la oligarquía y a las fuerzas represivas del Estado y exigimos que se esclarezca y se castigue a los autores materiales e intelectuales".
En el velatorio de Sadloo, sus compañeros del Frente detectaron a un agente de inteligencia infiltrado y lo entregaron a la Policía Nacional. Reydi Arturo Ardón Sánchez tenía en su poder una carta con su nombramiento como miembro de los servicios hondureños. Además de este detalle que evidencia su incompetencia, los integrantes del FNRP comprobaron que su rostro coincidía con una imagen que había distribuido su propia fuerza del presunto asesino. El periódico El Libertador publicó la fotografía del espía y el retrato hablado de quien sería el autor material de los disparos contra Emo. Y en efecto, hay cierta coincidencia entre los dos.
"La lucha está empezando, díganles a los sicarios que si quieren sangre hay gente aquí dispuesta para entregarla, porque ya estamos cansados y no van a pararnos con la muerte de ninguno de nosotros", señaló Zelaya, quien recordó a las casi doscientas víctimas de la represión política provocadas desde el golpe de junio de 2009. Otra cantidad similar de hondureños tuvo que exiliarse, como el gemelo Padilla. Para él todo comenzó después de que Micheletti, con respaldo del Congreso, el empresariado y las fuerzas armadas, destituyó al ex presidente. En el cuartel general de Casamata, en Tegucigalpa, la policía y el ejército se pusieron a "elaborar los perfiles de quienes integrábamos el Frente y de sus líderes. Ellos tienen cientos de personas identificadas como estudiantes, dirigentes sindicales y militantes sociales. A mí me advirtieron que mi fotografía y la de mi hermano estaban ahí. Están intentando provocar a la resistencia con estos crímenes. Quieren llevarnos a una guerra civil", concluyó el exiliado hondureño que por ahora sobrevive en Buenos Aires.
13 de septiembre de 2011
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la fuga de punta carretas


Hace cuarenta años lograban escapar en Uruguay 111 presos políticos y cinco comunes. Los ex tupamaros Mauricio Rosencof y Jorge Zabalza rememoran aquel escape mayúsculo. "Cuando le preguntaron a Raúl Sendic cuántos debíamos escapar, él respondió: ‘Todos’", dice Rosencof. "Nos fuimos sin disparar ni un solo tiro", recuerda Zabalza.
[Adrián Pérez] Uruguay. Por sus características épicas y de ribetes cinematográficos, fue considerada la fuga de presos políticos más grande de Uruguay y del mundo, y hasta ocupó un lugar en el Guinness. Mientras se organizaba un levantamiento en la Teja, con el propósito de distraer a las fuerzas de seguridad, en la madrugada del 6 de septiembre de 1971 la "Operación Abuso" ponía fin al encierro de 111 militantes políticos –entre ellos, la cúpula del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros– y cinco presos comunes detenidos en la prisión de Punta Carretas. El gobierno de Jorge Pacheco Areco, que se sobreponía al mal trago provocado por la huida de 38 prisioneras de la cárcel de mujeres, recibía un nuevo golpe. A cuarenta años de aquella jornada, Página/12 habló con dos protagonistas de la masiva fuga.
El penal de Punta Carretas tenía cuatro pisos, con 48 celdas por planta. Alojaba a detenidos por crímenes comunes y a un centenar de presos políticos ubicados entre el segundo y tercer piso. El presidente José Mujica y Eleuterio Fernández Huidobro, actual ministro de Defensa de Uruguay, también escaparon de la cárcel. Construida a principios del siglo XX, la prisión se hizo célebre en 1931 cuando un grupo de ocho anarquistas huyó cavando un túnel.
"Aquello fue un orgasmo nacional, una epopeya", recuerda en diálogo telefónico el ex tupamaro Mauricio Rosencof. Para facilitar la huida, el escritor y otros compañeros ocuparon la casa ubicada en Solano García 2535, frente al penal de Punta Carretas. "Por ahí tenía que salir el túnel, a nosotros nos tocaba distribuir a los compañeros y ponerlos a resguardo. Al salir, el Ñato (se refiere a Fernández Huidobro) contaba un montón de anécdotas", señala. En un momento, los presos sintieron un soplo de aire que llegaba desde el túnel utilizado por los anarquistas. Los tupamaros bautizaron "Lenin" a su excavación y llamaron "Kropotkin" al primer túnel, en alusión al pensador ruso creador del anarco-comunismo. Sellaron aquel momento con un cartel que colocaron en el camino, y que rezaba "Dos ideologías y un mismo objetivo: la libertad".
Para que los presos pudieran escapar, perforaron las celdas desde el tercer piso. Al serruchar los barrotes, el polvillo que se desprendía era barrido con yerba mate lavada para que no quedara rastro alguno. "Hubo una cosa formidable, cuando le preguntaron a Raúl Sendic cuántos debíamos escapar, él respondió: ‘Todos’", subraya.
"A poco de salir, el Pepe vuelve a caer. Tiempo después se hace otro operativo llamado El Gallo, donde huyen 22 compañeros. El Pepe también salió, rajó dos veces, y ahora mirá dónde lo tenemos", dice Rosencof y explica que la primera reacción del preso es pensar por dónde va a zafar. "La libertad está en el que busca alcanzarla –afirma el ex director de Cultura de Montevideo–. Fuimos derrotados militarmente, pero la ética, las ideas, la energía de la militancia y el reconocimiento de la gente nos permitió estar donde estamos, integrando una fuerza como el Frente Amplio, donde la sabiduría de los fundadores permite mantener en una dignidad de acción a bolches, demócratas cristianos y viejos tupas; somos gobierno con todos ellos, estamos muy bien acompañados y los acompañamos muy bien."
Jorge ‘el Tambero’ Zabalza fue uno de los detenidos que escapó de Punta Carretas. Su hermano fue asesinado durante la toma de la cárcel de Pando y es considerado uno de los hombres de confianza de Sendic. A los 68 años sostiene que el deber de un prisionero es escaparse para continuar la lucha. "Desde que fuimos trasladados a Punta Carretas, los proyectos de fuga estuvieron a la orden del día", afirma y recuerda que contaron con el apoyo del resto de la población carcelaria. "Un túnel de 44 metros es algo que no pasa desapercibido en ninguna cárcel; eso tiene que ver con un trabajo político que siempre se hizo, nos fuimos sin disparar ni un solo tiro; buscamos la forma de escaparnos sin poner en riesgo a nadie."
Según Zabalza, en un primer momento la fuga tuvo un significado político muy grande. "La liberación de los 111 tupamaros, entre ellos los principales cuadros, daba la sensación de que en cualquier momento podíamos derrocar al régimen", evalúa. Sin embargo, días después de la Operación Abuso, el gobierno convocó al ejército para que interviniese en la lucha contra los grupos armados. "En cierto modo, ése fue el comienzo del golpe de Estado."
A los 68 años continúa militando. Junto a movimientos sociales, Zabalza entregará hoy un petitorio a Mujica por algunos desalojos. "Queremos ver si se acuerda de sus orígenes y conserva en la memoria el ideario de Raúl Sendic y de los trabajadores cañeros; también saber si en algún rincón del corazón conserva aquellos sentimientos que tuvo cuarenta años atrás", señala. Zabalza considera que la impunidad de los militares que actuaron durante la dictadura se refleja en los excesos de las fuerzas armadas que participan de la Misión de Paz en Haití.
10 de septiembre de 2011
9 de septiembre de 2011
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asesinan a colaborador de mel zelaya


Seis balazos para un colaborador de Mel.
Honduras. Emmo Sadloo, un reconocido referente del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) que encabezó las demandas contra el golpe de Estado contra Manuel Zelaya en junio de 2009, murió tras haber recibido seis balazos disparados por un hombre que viajaba en moto. La hipótesis del "sicario" comenzó a rodar. El propio ex presidente calificó al hecho como un "crimen político" y anticipó que regresaría a Tegucigalpa para mantener una reunión con dirigentes y encabezar las protestas, que ya se están haciendo oír en esa capital.
‘Emo’, como lo conocían, se distinguía por gritar: "El pueblo unido, jamás será vencido" en todas las manifestaciones y reuniones del FNRP. Tenía un negocio de venta de llantas usadas, donde recibió los disparos, y fue llevado de emergencia al Hospital Escuela, pero los médicos no pudieron salvarlo. Su origen era indio y había sido amenazado varias veces por sectores que él mismo identificó como cercanos a Roberto Micheletti, el presidente interino del régimen de facto.
La esposa de Zelaya, Xiomara Castro, calificó a ‘Emo’ como un "símbolo", un "valuarte" de la resistencia, "fue una persona que acompañó a Mel en todas sus giras y estuvo permanentemente al lado de Mel, así que esto no es un crimen común, es un crimen político y una persecución contra del Frente de la Resistencia".
Zelaya disparó: "Repudiamos en una forma muy enérgica y con mucha indignación este crimen, yo creo que ante este tipo de golpes bajos que se le están dando a la gente de la Resistencia no podemos más que pronunciarnos y hacer actividades para demandar al Estado el esclarecimiento y detener esta avalancha criminal".
El ex presidente recordó al dirigente asesinado por haberlo acompañado permanentemente cuando estuvo refugiado casi cuatro meses en la embajada de Brasil al regresar de su exilio en forma clandestina el 21 de septiembre de 2009. "Era una persona noble, abnegada y sumamente valiente, y era más hondureño que muchos hondureños", concluyó.
9 de septiembre de 2011
8 de septiembre de 2011
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mafia controla policía carioca


Vera Malaguti Batista (Instituto Carioca de Criminología) habla sobre la violencia policial en Río de Janeiro.
[Emilio Ruchansky] Brasil. El instituto que dirige Malaguti Batista es independiente del gobierno y hace un seguimiento del aumento de la violencia en las barriadas populares a partir de la llamada "guerra contra la droga" y las políticas denominadas de "pacificación".

¿Qué es el Instituto Carioca de Criminología?
Es un instituto de investigaciones, tenemos una revista que se llama Discursos sediciosos, crímenes, derecho y sociedad, donde trabajamos temas relacionados con el derecho pero también con el arte.

¿Tienen alguna relación con el Estado?
Ninguna, somos totalmente independientes.

¿Cómo monitorearon la incursión del gobierno carioca en las favelas?
Tenemos una evaluación totalmente negativa de una ocupación bélica de las favelas. Es una estrategia para hacer una higienización de la ciudad para los grandes negocios transnacionales olímpicos y futbolísticos.

¿No es una "pacificación" como se plantea desde el gobierno?
Esa palabra en Brasil tiene una historia. Yo investigué lo que ocurrió alrededor de 1830, cuando Brasil se independizó y hubo un montón de rebeliones, historias muy lindas, de indígenas, de esclavos. Hice un libro sobre la llamada "Revuelta de los Malês", de los esclavos musulmanes. "Pacificación" es una expresión militar. Después de esta época de revoluciones republicanas, en el sentido radical del término, las fuerzas armadas del imperio brasileño "pacificaron". Eso quiere decir que en lugares como el estado del Gran Amazonas, que hoy es Amazonas y Pará, se mató a la mitad de la población. "Pacificación", para quien conoce la historia de Brasil, equivale a "dominación de territorio".

O a exterminio...
Sí. En este momento la policía de Río es la que más mata en el mundo. Este mes están "conmemorando" que sólo hubo 800 muertos al año porque se llegó a 1500 hace tres años. Esa es la "pacificación", una especie de Pax romana.

En este momento Río es gobernada por el PBDB, un partido aliado al PT, ¿qué opinión tiene de esa gestión en Río?
El PBDB estuvo durante la dictadura también. Están donde están los negocios. Ahora son centroizquierda pero en sus filas hay gente de centroderecha, es una mixtura. El gobierno de Río tiene una agenda políticamente correcta pero en seguridad las UPP (Unidades de Policía Pacificadora) tienen una pantalla, que es la guerra contra las drogas, contra el crimen, liberar las comunidades de esas mafias... pero por detrás, se puede ver en el mapa de las comunidades pacificadas que todas están alrededor del estadio Maracaná, en la zona Sur (Ipanema, Leblón) porque Río todavía tiene favelas en las áreas ricas, lo bello es que es una ciudad mezclada.

En verdad vive más gente en las favelas que en el trazo histórico de la ciudad. Se ve claro antes de aterrizar en el aeropuerto internacional.
Justamente, el camino desde el aeropuerto, alrededor de los grandes estadios, en las zonas turísticas, todo ha sido "pacificado". La semana pasada entraron a Mangueira, que es un lindo barrio. ¿Qué hicieron? Fueron con tanques de la Marina y destruyeron casas y pequeños negocios que son la economía local pobre. Estas incursiones la municipalidad las llama "choque de orden", es la política de higienización y el fin de la verdadera economía de esos barrios.

Hace algunos años, los comerciantes pagaban escuadrones para matar a los chicos pobres que andaban por el centro, ¿eso volvió a pasar?
No, porque ahora la policía mata oficialmente en nombre de la pacificación y de la guerra contra el narcotráfico. Además, los comerciantes están tranquilos porque en las favelas pacificadas se queda la policía militar. Si usted quiere hacer la fiesta de bautismo de su hijo tiene que pedir permiso a la policía militar, es un control territorial, intenso y militarizado.

¿Cuál es la situación del baile funk en este contexto?
Está prohibido en las comunidades.

Pero es la música más popular y no sólo en las favelas.
Y no siempre es violenta, pero a veces lo es. Prohibirla es parte de la demonización de las actividades de las favelas. Ahora hay funky oficial, del gobierno. Están cooptando artistas famosos para "el funk del bien". Como es una manifestación cultural de masas en Río, es uno de los objetivos militares.

El funk carioca en los ‘70 impulsaba el orgullo negro y también fue perseguido por la dictadura.
¡El propio samba fue criminalizado al principio del siglo 20! Si usted escucha a los artistas negros perseguidos como Bezerra Da Silva, ya fallecido, se notan las mismas miradas sobre las áreas populares, las mismas estrategias, sólo que cambia el leitmotiv, antes era el samba o el capoeira y ahora el baile funk. Tambien está la cuestión sexual.

El baile funk es muy misógino.
Sí... pero hay una cuestión de cierto puritanismo blanco brasileño.

Además, esta música habla del orgullo del usuario de drogas.
Es la crónica de esa vida oprimida. El proibidao (variante del baile funk) incluso es medio un desafío a las investiduras policiales y la política prohibicionista.

¿El control de la policía militar reconfiguró la venta de drogas?
Hubo cambios en la venta al menudeo pero todos sabemos que el prohibicionismo no acaba con la venta de drogas. Los países más rígidos son los que presentan más crecimiento en la producción: Colombia o Perú, antes de (Ollanta) Humala. Brasil cuadriplicó, según el último informe de la ONU, el tráfico de cocaína afuera del continente, como corredor. En Brasil tenemos 40 años de fracaso con la prohibición: aumentaron la producción, la comercialización, el consumo, la corrupción de la policía, la violencia de una forma tremenda. ¿Para qué sirve la política de drogas? Los objetivos que propone no existen.

A la vez es discriminatoria... Se notó en la última marcha mundial de la marihuana en Río y en San Pablo.
Estuvo prohibida. Mi marido, que es abogado, presentó hábeas corpus y conseguimos hacer la marcha en Río, pero en San Pablo fue prohibida ¡y con tiros! Pero ahora la Suprema Corte de Justicia dice que no es apología y legalizó las marchas. Estamos muy atrasados también por los monopolios de los medios de comunicación, no tenemos diarios como Página/12, que es un contrapunto a La Nación y Clarín. Creo que en la Argentina, en todos los asuntos, tienen una agenda política vanguardista; conjugan movimientos políticos populares con causas como el matrimonio igualitario o la despenalización de la tenencia de drogas.

Pero en Río hay más tolerancia en ciertas zonas: se fuma porro en la playa, en las calles. ¿Por qué eso no llega a la política?
Rosa del Olmo, que fue una gran profesora venezolana que murió hace 10 años y deconstruyó en los ’70 esa real política norteamericana, decía en relación con la drogas que hubo una mezcla de desinformación y contrainformación, que produjo una saturación que es funcional a la ocultación del problema. Usted tiene una especie de masacre mediática sobre el problema, pero las personas no tienen información sobre indicadores de salud o propuestas internacionales sobre el tema.

¿Cómo impacta esto sobre los usuarios de drogas?
En Brasil el problema no es tanto la criminalización del consumo, que es cuestión de clase media y está naturalmente descriminalizado. De joven, yo vivía en el barrio de Santa Teresa y ahora en Ipanema. En Ipanema si alguien fuma, la policía no hace nada, pero si ven un vendedor ambulante fumando porro va preso. Hoy en la Corte Suprema existe una discusión muy calificada, tanto, que el voto del fallo por la marcha el juez Celso de Melo, que es un jurista liberal, abrió la discusión para el uso terapéutico de marihuana. Pero la opinión pública está monopolizada por los diarios, la Red O Globo y por un contrapunto evangélico que es aún peor: tienen su red de radio y televisión. Ellos obstruyen la discusión.

¿La Corte no dice nada de la despenalización de la tenencia?
Ese asunto no llegó a la Corte, tiene que ser provocado.

La gente va presa, así que debería haber expedientes en trámite.
Sí, pero el problema principal, donde se sangra literalmente, es en el punto de la venta que involucra a los pobres. En Brasil no existe una especificación en la cantidad de marihuana, por ejemplo. Es una cuestión de interpretación. Yo investigue más de mil procesos cuando empezó esta política represiva, entre el ’68 y el ’78. Si hay dos chicos con la misma cantidad de drogas y uno es blanco de clase media va a ir al psicólogo o al médico, pero si es pobre y negro y vive en la favela es considerado traficante. Creo que el problema es la demonización del tráfico, del comerciante minorista. Entonces pienso que descriminalizar sólo la tenencia va a producir la misma violencia.

También existen las internaciones obligatorias por el Código Penal, como en la Argentina.
Existen y son inconstitucionales. En la guerra contra las drogas se puede hacer todo: torturas, asesinatos... Se creó un sentido común tan fuerte que cuando la policía entra a las favelas y mata a diez personas, ellos dicen: "Son diez traficantes". Y está todo bien. Insisto en que nuestro problema es la comercialización, como en los países andinos es la producción. Este tema va junto en la discusión por la despenalización, que es totalmente correcta y legítima.

Más allá de la Corte, ¿qué postura tiene el gobierno nacional?
El gobierno de Dilma tiene una Secretaría de Política de Drogas en el Ministerio de Justicia Nacional. La titular, Paulina Do Carmo Arruda, dio una entrevista y dijo que el crack, que es un tema terrible, estadísticamente en salud pública es un problema irrisorio. Casi la matan.

¿Cómo evalúa en este sentido la experiencia de Portugal?
Bueno, Portugal descriminalizó el consumo. Hace dos años vino de allá la antropóloga Manuela Ivonne da Cunha, que hizo un estudio sobre las prisiones en Portugal y demostró que la descriminalización produjo un aumento en el encierro de los africanos que venden al menudeo.

Nunca un gran narcotraficante...
Lo mismo pasa en Brasil, donde no existe un gran negocio de drogas, es sólo una categoría fantasmática. Es diferente a Colombia. El prohibicionismo provocó los carteles, como la mafia durante la ley seca.

Entonces, usted cree que se debe legalizar las drogas.
Es lo que decía Rosa del Olmo: controlar por la legalidad. Hasta el crack se puede controlar legalmente, como pasa con la heroína en Suiza o la marihuana en Holanda. El modelo nuestro debe ser soberano, nuestro, de acuerdo con nuestros problemas. Otra cosa que dice Del Olmo es que la agenda de la guerra contra las drogas entró en América latina antes de que tuviésemos un problema efectivo, estadístico, de salud, con el uso de drogas. ¿Será que la guerra produjo el consumo? Hasta la dictadura militar, en Brasil existía una legislación sanitaria sobre drogas ilícitas. En la dictadura entró el modelo bélico, policial, norteamericano. Y también se hizo masivo el consumo de cocaína.

Hoy Brasil es un puerto de salida de cocaína a Europa. Podríamos considerar que ése es el verdadero negocio narco.
Un negocio institucionalizado, si no, no pasaría. Es gracioso, en Brasil siempre dicen "fue preso un gran traficante" y al final es un pibe favelado. La realidad es que en el comercio ilícito las personas se brutalizan, no sólo ellas, la policía también se brutaliza, se van convirtiendo en matadores de pobres: ellos hablan de "autorresistencia", que es una metáfora para encubrir una ejecución policial. Además, se sentó un precedente peligroso, el uso de las fuerzas armadas en funciones policiales en el caso de la pacificación. Y el gobierno de Lula aprobó esto por ley... resultado: aumentó en 40 por ciento el número de presos por tráfico entre 2003 y ahora. En Río hay grupos que venden drogas y no negociaron con la policía, como el Comando Vermelho, y todas las UPP van a las áreas del Comando Vermelho. La policía se queda con el negocio.

Hace algunos años, Fernando Meirelles y José Padilha, directores de ‘Cidade de Deus’ o ‘Tropa de Elite’, aseguraron que el usuario es cómplice del narcotráfico, corriendo el foco de la discusión que debería ser la reforma de la ley.
El film ‘Tropa de Elite’ es una apología de una tortura y la parte dos es más perversa todavía. Creo que ellos plantean una culpabilización del consumidor; estoy en desacuerdo con ellos en ese punto. Dilma llamó a Pedro Abramovay para trabajar en la Secretaría de Políticas de Droga y en una entrevista planteó que además de despenalizar la tenencia, tal vez hacía falta pensar a los traficantes presos sin armas como víctimas de tráfico. Cayó. Dilma lo sacó. Influyeron la opinión pública y el miedo.

¿Conoce a Paulo Texeira? Es un diputado federal que plantea la reforma de la ley de drogas en su país.
Sí, claro. Sufrió una masacre mediática por sus propuestas. Lo tratan de protector, de narco. Mi marido dice que el discurso sobre los traficantes es parecido al religioso, al de un hereje: "Toman el alma de nuestros chicos". El traficante aparece como alguien que va a ir a la escuela y no como alguien que trae una mercadería que otro quiere, como en el capitalismo. Yo gusto de capitalismo pero bueno...

Reconocer el uso es reconocer el mercado.
Pero ahí entra el discurso que usted mencionaba antes: "Entonces la culpa es del consumidor que produce el mercado". Y comienza la demonización del usuario. Es un círculo vicioso, sin objetivdad. La guerra contra las drogas sólo sirvió para aumentar el poder discrecional de la policía, la venta de armas y la legitimación de la truculencia contra los pobres, que es algo histórico de la policía brasileña. Pero cuando uno piensa en cambiar la gente entra en pánico: "Van a liberar" "¿Cómo va a ser?". ¿Y cómo es ahora? ¿Sabe cuántos desaparecidos tenemos ahora en Río? 5000, el año pasado. Parte reaparecen vivos... pero parte de esos desaparecidos están muertos por la guerra contra las drogas.

¿Quién los desaparece?
La policía brutalizada que produjo la guerra.

¿Cuántos aparecen?
No lo sé, son datos clasificados. Tenemos un veedor que dice que los números de seguridad en Río son torturados. Además, el que dirige la parte de estadísticas es un coronel del BOPE (Batallón de Operaciones Policiales Especiales). La semana pasada tuvimos un caso chocante en Río. La policía entró a una favela y les disparó a dos chicos, uno fue herido, el otro murió y lo desaparecieron. Ese chico estaba yendo a la escuela. En las áreas pobres es una tragedia este modelo de seguridad máxima de la UPP.

Tengo entendido que también hay paramilitares.
Sí, les llamamos "milicias". Son policías que viven dentro de las favelas, son escuadrones de la muerte. Al principio los prefectos de Río dijeron que eran "autodefensa contra el narcotráfico" y las permitieron. Luego se expandieron y ahora es policía... contra policía, porque las milicias quieren quedarse con parte del negocio de las drogas. Antes controlaban la venta de gas, las llamadas ilegales, internet, la economía informal. Son mafia. Las autoridades tardaron en darse cuenta, hasta ahora que matan a policías. "Hacen adicionales, es autodefensa contra el narco", decían.

¿Quién financia la milicias?
Se autofinancian. Obligan a pagar una tasa de seguridad y protección. Y no se los puede denunciar porque son policías. ¡Si es el segundo empleo de la policía! Esa es la mezcla loca que estamos viviendo en Río. Esta semana también mataron un chico en el morro. Dijeron: "Era traficante". La familia corre para probar que era trabajador. Si fuera traficante estaba todo bien... ese es el problema.

¿Para la familia también?
...A veces, sí. Esa es la cuestión perversa. Claro que hay lugares donde el traficante es alguien de la favela que mantiene una buena relación, otros son de otras favelas y dominan al barrio por la fuerza. El traficante no existe como categoría fija. Existe un comercio loco, pulverizado, violento. Pero la policía militar brutaliza mucho a los traficantes.

¿Tienen muchos policías militares presos?
Sí, muchos. En general por asesinatos y cada día mas. Por eso, ni Estados Unidos deja que sus fuerzas armadas se metan en problemas internos.
5 de septiembre de 2011
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