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expulsiones en el pj


El justicialismo expulsó a Facino y Ramos. La decisión fue adoptada por unanimidad, ad referéndum del congreso partidario. "Estamos orgullosos de lo que hicimos. Los partidos de la democracia no pueden tener en sus filas a quienes cometieron delitos atroces", dijo el presidente del PJ.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. El consejo ejecutivo provincial del Partido Justicialista expulsó ayer a dos represores reciclados en democracia y hoy presos por delitos de lesa humanidad: Mario Facino, el ex jefe del centro clandestino que operó en la comisaría 4ª y llegó a ser presidente de la comuna de San José del Rincón y Eduardo Ramos, el ex oficial de Inteligencia de la Policía que se infiltró en la Universidad del Litoral y después de la dictadura fue candidato a concejal y a diputado nacional y hasta logró una chapa de asesor en la comisión de Cultura de la Cámara de Diputados de la provincia. La decisión fue adoptada por unanimidad, ad referéndum del congreso partidario y cerrada con un aplauso. "Estamos orgullosos de lo que hicimos. Los partidos de la democracia no pueden tener en sus filas a quienes cometieron delitos atroces como los que padecieron miles de compañeros justicialistas. Esperamos que otras fuerzas políticas hagan lo mismo", dijo el presidente del PJ, Ricardo Spinozzi.
Facino cumple dos condenas: una, a 20 años de prisión por secuestros y torturas a detenidos políticos y otra, a 23 años por el homicidio de una militante de las Ligas Agrarias, Alicia López, en 1976, mientras que Ramos fue sentenciado a 23 años de cárcel por privación ilegítima de la libertad y tormentos. Los dos están detenidos, Facino en su casa por ahora y Ramos, en la cárcel de Las Flores.
El proceso de expulsión de los represores comenzó a principios de julio con un pedido del vicepresidente del PJ, Jorge Fernández, quien reflotó un planteo hecho trece años atrás, en abril de 1997, por una de las víctimas de Ramos, Anatilde Bugna, ex detenida política y querellante en el juicio al ex juez Víctor Brusa. "Hay razones políticas, éticas y jurídicas que justifican esta medida", sostuvo Fernández.
Cuatro meses después, el dictamen del Tribunal de Disciplina del PJ llegó ayer a la mesa del consejo ejecutivo con una recomendación: que se cancelen las fichas de afiliación de Facino y Ramos ad referéndum del congreso partidario. "Leímos el informe del Tribunal de Disciplina y lo aprobamos por unanimidad. Así que ahora lo elevaremos al congreso", explicó Spinozzi.
El presidente del PJ dijo que la purga no tiene antecedentes en el país. "El justicialismo es el primer partido político de Argentina, y tal vez de Latinoamérica, que expulsa de sus filas a dos personas condenadas por delitos atroces de lesa humanidad, como los que padecieron miles y miles de compañeros. Así que mirando hacia adentro, tomamos esa decisión. Y estamos orgullosos de lo que hicimos. Sabemos que también existen represores enquistados en otras fuerzas políticas que probablemente puedan seguir el camino de nuestro partido y fortalecer de esa manera la democracia misma", agregó.
En la misma sintonía se pronunció el vicepresidente del PJ, que promovió la expulsión de los represores. "Es un avance en la calidad democrática que en un partido como el peronismo, donde incluso hay sectores que tienen posiciones encontradas respecto a la política de derechos humanos, hayamos decidido expulsar dos condenados por crímenes aberrantes. Y que esa decisión fuera adoptada por unanimidad", comentó Fernández a Rosario/12.
"No sé si hay otros antecedentes en América Latina, pero sí es valioso señalar la autocrítica que esto significa. Y esperamos que se repita en otros partidos políticos. Porque así como estas personas que actuaron en el marco del terrorismo de estado estaban en el peronismo, es probable que también estén en otras fuerzas políticas", agregó.
Fernández ponderó también la templanza de Anatilde Bugna, quien solicitó la expulsión de Ramos en 1997 con "resultado infructuoso", dijo. "Hace trece años comentó Bugna yo pedí la expulsión de Ramos del justicialismo para que se haga justicia y que la sociedad sepa quién es quién. Pasó el tiempo. El juicio demostró eso. Pero también es importante que no participen más en la vida política cuando salgan en libertad".
Anatilde recibió la noticia de las expulsiones sin alegría. "No estoy contenta. Ha llegado otro momento en que las cosas se logran, con el apoyo de mucha gente. Es la utopía que se hace realidad, hay que buscar el momento y las personas adecuadas para lograrlo. Esto se podría haber logrado hace muchos años, pasaron un montón de dirigentes, entre ellos algunos que fueron compañeros nuestros, y esta decisión se podía haber tomado antes. Se tomó ahora. Y está bien, igual. Lo fundamental es que va a sentar un precedente de acá en más. Es empezar a refundar los derechos de todos. Lo bueno es que si hay una situación similar en otros partidos, se pueda plantear, no es una caza de brujas, sino que se pueda discutir en otros espacios políticos porque debe haber represores enquistado en otros lugares", concluyó Bugna.
20 de noviembre de 2010
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habló juana muñiz barreto


El testimonio de Juana Muniz Barreto en el juicio a Patti, Bignone y otros represores. La hija de Diego Muñiz Barreto, asesinado en 1977, recordó la trayectoria del ex diputado, relató cómo fue perseguido y lo que pasó su familia. Dijo que su padre pudo enviar mensajes desde la cárcel de Escobar y allí reveló que quien lo había secuestrado era Patti.
[Alejandra Dandan] Argentina. "El 6 de marzo de 1977, cuando mataron a mi papá, yo tenía 15 años, Diego 13 y Antonio 11", dijo Juana Muniz Barreto al Tribunal. "Mi mamá nos reunió, nos dijo que lo habían matado, hasta ese momento estaba desaparecido. Fue un desastre para toda la familia, todo estaba conmocionado. Lo único que yo le preguntaba a mi mamá era si iba a poder seguir bailando, porque hacía la escuela de ballet, pero lo que quería decirle era si iba a poder continuar con la vida."
Juana siguió hablándoles a los jueces del Tribunal Oral de San Martín. Sentada, con voz temblorosa. Antonio lloraba en un rincón, dijo. Diego mataba mosquitos con un cucharón contra el techo. "Estábamos los tres congelados –dijo–, pero para nosotros no fue una sorpresa: esperábamos la noticia." Una de las juezas tenía la cara bañada en lágrimas, como Juana.
Así comenzó la tercera etapa del juicio a Luis Abelardo Patti, Fernando Meneghini, Martín "El Toro" Rodríguez, Reynaldo Bignone y Omar Riveros. Esos cinco represores acusados del asesinato del ex diputado Diego Muniz Barreto y del intento de homicidio de su secretario Juan José Fernández. Juana habló sin parar, sin dejar de respirar cortado. "Me gustaría contarles quién era mi papá –se adelantó– y por qué sabíamos que iban a matarlo."
Muniz Barreto tenía 43 años cuando lo mataron. Era hijo de Sacarías Antonio, un coleccionista de arte, y de Jacoba Delia Bunge, muy loca en el sentido más bonito, dijo Juana: era huérfana, había sido criada en un internado inglés y era muy inglesa con sus hijos. Diego tenía cuatro hermanos: Antonio, que estaba en San Pablo; Jovita, muy relacionada por la familia Martínez de Hoz y a la que Diego aludió en uno de los mensajes que logró enviar cuando estuvo secuestrado en la cárcel de Escobar. En el mensaje ya había dicho que Patti era el que los tenía y pedía que Jovita hablara con Joe –por el ministro de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz– para sacarlos. El tercero de esa línea de hermanos era Diego, el más rebelde, y luego estaba Emilio, el menor.
Diego se casó con María Teresa Escalante, con la que tuvo a sus tres hijos. La familia pasó una temporada en Mar del Plata, donde Diego había nacido: "Las últimas vacaciones de mi papá, en enero del ’77, fueron en Mar del Plata. Mi papá tenía una empresa de pesca, vivimos ahí durante un tiempo y después nos mudamos a un departamento frente a la Plaza San Martín".
Juana escuchó hablar de política en 1971. Se acordó de una noche en la que su padre, que era muy buen cocinero, invitó a sus amigos a cenar. Durante la velada, les pidió a los hijos que se presentaran en fila. Juana, que ya estaba en pijama, se presentó como Juana Muniz Barreto, rosista y peronista. Lo mismo Diego y Antonio. "Los amigos se rieron y yo no entendía qué les hacía gracia, pero la gracia era que un Muniz Barreto no podía ser rosista y peronista, pero eso estaba mostrando el giro ideológico de 180 grados que estaba haciendo mi padre: que de asesor de pesca de Onganía en la Junta Militar había pasado a la Juventud Peronista. Viniendo de una familia tan tradicional, al principio causó risa", contó Juana, que es arquitecta pero no ejerce, colabora en moda y diseño en el diario La Nación. Y estaba ahí, ayer, hablando de su vida.
El departamento de la calle Posadas al 1200 empezó a mostrar aquellos cambios. Diego denunciaba a los grupos económicos con su nombre y su dirección. O sea –dijo Juana–, era un blanco muy identificable. A fines de 1972 cayó preso en Devoto. "Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña lo sacaron, pero él, lejos de quedarse callado, denunció el trato a los presos políticos."
En febrero de 1973 le pusieron una bomba que no estalló. El 11 de marzo entró como diputado al Congreso. Y Juana dijo: "Estoy muy orgullosa por eso". Renunció cuando intentaron hacerle firmar un proyecto de leyes represivas y, con él, renunciaron ocho diputados. Ortega Peña ocupó la banca. A esa altura, se sabían perseguidos. No podían hablar con extraños o abrir correspondencia. Habían puesto una puerta blindada y dos policías se instalaron enfrente con largavistas.

Cerca del Golpe
La madre de Juana tenía miedo de que a sus hijos les pasara algo, pero finalmente entendió "que era nuestro papá y que a nosotros no nos podía impedir que lo siguiéramos viendo, por eso estuvimos con él casi hasta que se lo llevaron. Empezó a cambiar de look, se dejó crecer el pelo y la barba la tenía de color naranja". Con esa pinta de hippie, dijo Juana, un día fue a buscarlos con un sombrero de paja y unas pulseras de mostacilla.
Todavía siguió un viaje juntos a Mar del Plata. Esas vacaciones de las que Juana había hablado. En esos días locos, como les dijo Juana, ella se dio cuenta muchos años después, mirando los expedientes, de que su padre intentaba conseguir un pasaporte que le denegaron porque su nombre figuraba en una lista de quienes podían pedir asilo en una embajada. "No querían que se fuera –dijo Juana–, lo querían matar."
Diego había estado preso en Escobar durante unas horas, poco antes. Cuando lo soltaron, Juana le dijo: "Te van a matar, te tenés que ir". Pero él le mostró las marcas de los puños y le dijo que no se iba a ir. Ella insistió: "Papá, te van a matar. Yo no podía hacer más de lo que hice: ¡estas bestias hicieron este desastre de mi familia!".
A Diego lo secuestraron el 7 de febrero de 1977, en una carnicería de Escobar, a seis cuadras de la comisaría. Con él se llevaron a Juan José Fernández, su chofer personal y secretario privado. Iban de compras para hacer un asado. En la puerta de la comisaría quedó estacionado el Fiat 128 rural de Diego. Diego no sabía manejar o era un peligro al volante, y el auto lo manejaba Juan José. En esos días, su madre los llamó para darles la noticia. Sabían que estaba secuestrado y que estaba en Escobar y lo sabían porque Diego había mandado unas notas. En esas notas, dijo, decía que lo tenía Patti.
Alguien les avisó que lo habían visto después en Campo de Mayo, cocinando en el casino de oficiales. "Y como era un gran cocinero –dijo Juana–, yo creía que eso era posible, pero no lo estaban tratando nada bien."
A través de Radio Colonia un día supieron de la muerte. Se dijo que había muerto desnucado en un accidente, en un arroyo del Paraná. A través del relato de Juan José Fernández se supo que no fue así. A Diego lo golpearon con un palo en Campo de Mayo, lo mantuvieron 16 días secuestrado, una noche los bañaron y los sacaron vestidos con trajes. A orillas del río Paraná, les inyectaron un líquido para adormecerlos. Los metieron en el Fiat y los lanzaron al riacho. Juan José, que era jugador de rugby, se salvó. En su escape al exilio dejó escrito su relato ante un escribano. Juan José murió en 1985, tenía 37 años. Juana contó lo que le había dicho su gente: Juanjo nunca pudo salir de ese auto.
Los primeros datos del secuestro de Muniz Barreto se publicaron en el Buenos Aires Herald, junto al nombre de Patti. El nombre también apareció en las listas de la Vicaría General de Buenos Aires. Los datos del asesinato salieron en un cable de Ancla y luego en la carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar. "No nos enteramos por Fernández que fue Patti el que se lo llevó –dijo Juana–, sino por las notas que mandaba mi papá."
En su rol de abogado de Patti, Alfredo Bisordi interrogó a Juana. Le preguntó quién se lo había llevado "detenido". Juana lo corrigió: "Secuestrado", doctor. Y dijo: "Es muy diferente, usted lo debería saber". Al final dijo: "Quería decir que, si les resta algo de humanidad, digan lo que pasó, que nosotros tenemos una tumba, pero faltan muchas tumbas. La tumba de mi papá es el símbolo de las tumbas que faltan".
19 de noviembre de 2010
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caso noble, encontraron perfil genético


La Justicia habría encontrado el perfil genético de Marcela y Felipe Noble.
Argentina. El abogado de las Abuelas de Plaza de Mayo, Alan Iud, confirmó esta mañana que los peritos de parte de ese organismo de derechos humanos "ya adelantaron que se habría encontrado un perfil genético" en las muestras de sangre y saliva de los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble, Marcela y Felipe, lo que permitiría entrecruzarlo con los datos de 2500 familiares de desaparecidos registrados.
Así lo anticipó Iud a la prensa, minutos antes del inicio de la reunión ente la jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado y los peritos en el Banco Nacional de Datos Genéticos que funciona en el Hospital Durand.
19 de noviembre de 2010
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pedagogía de la memoria


Como parte de las actividades académicas, la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) convocó a sus docentes y alumnos a difundir y realizar coberturas de las audiencias en los juicios por delitos de lesa humanidad. También buscan acompañar a los testigos y familiares de víctimas.
[Adrián Pérez] Argentina. La Facultad de Ciencias Sociales (UBA) puso en marcha un programa para relevar los juicios donde se juzga a los represores que actuaron durante la última dictadura en Argentina y acompañar a testigos y familiares que se presentan a dar su testimonio. Como práctica de intervención pedagógica, dentro de las actividades curriculares, los docentes y los estudiantes de Sociales fueron convocados para elaborar material de difusión y realizar coberturas de las audiencias en diferentes soportes, escritos y audiovisuales. Los juicios por los crímenes del terrorismo de Estado en los centros clandestinos de la ESMA, Orletti y Vesubio, además del proceso al ex policía Luis Patti, fueron los que comenzaron a registrarse este año. "La iniciativa le da sentido a nuestra tarea como universidad pública y su compromiso con los derechos humanos", expresó María Rosa Gómez, docente de la carrera de Ciencias de la Comunicación, donde los alumnos trabajan sobre crónicas, notas de color o entrevistas en profundidad.
El proyecto fue impulsado por todos los claustros de la facultad desde abril pasado y la idea de las autoridades es repetir la experiencia el año que viene. La resolución que creó el programa, firmada por el decano Sergio Caletti y votada por el consejo directivo, resaltó la importancia en la construcción de la memoria y la transmisión de la verdad y la necesidad de acompañar a las víctimas de violaciones a los derechos humanos durante las audiencias.
La secretaria de Gestión Institucional de Sociales, Mercedes Depino, consideró que, con esta iniciativa, la facultad se preocupó por construir memoria y profundizar el pedido de verdad y justicia. "Por un lado está la cuestión del acompañamiento a los testigos en los juicios y, por el otro, difundir el cronograma de juicios y las audiencias en el sitio de la facultad" (www.sociales.uba.ar).
María Rosa Gómez, que da clases en el Taller de Expresión III de Comunicación, sostuvo que se decidió incorporar distintos géneros periodísticos como "una práctica que sirve tanto al relevamiento de datos como a la participación concreta en un acontecimiento de una importancia y dimensión históricas". Pensar los juicios como una práctica académica fue, precisamente, uno de los objetivos del proyecto. "Queremos cumplir nuestra función académica, como universidad pública, para que los estudiantes conozcan los hechos recientes trascendentales de la historia argentina", dijo la docente. Se espera difundir las producciones radiales en distintos circuitos, entre ellos la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc). En gráfica se está trabajando para subir las producciones a un blog y, además, se pretende armar un periódico impreso de cuatro páginas, con financiamiento de la facultad, donde se dará difusión a las coberturas, crónicas, entrevistas y columnas de opinión realizadas por los estudiantes. El fiscal Félix Crous, Blanca Santucho y Víctor Basterra, sobreviviente de la ESMA, son algunos de los testimonios recogidos hasta el momento.
A su vez, Gómez reconoció que durante la cobertura de las audiencias los estudiantes "recibieron un fuerte impacto" y quedaron "muy sensibilizados". Pero también "lograron materializar" los testimonios que fueron presenciando. Muchos de esos estudiantes, que no habían nacido durante la dictadura, comenzaron a familiarizarse con las atrocidades cometidas bajo el régimen militar a partir de la cobertura. "Ellos conocían ese pasado a través de sus familias o artículos periodísticos, pero fue a partir de los juicios –señaló la docente– que pudieron comprender que ese horror había sido vivido por esa persona que daba su testimonio."
Una arista aún pendiente del proyecto es la posibilidad de elaborar material de difusión, en soporte informático, sobre los juicios que se están realizando en la ciudad. "Tenemos una propuesta de Hijos para armar una publicación junto con el IUNA", adelantó Depino. Además de esta publicación, a partir del año próximo se espera darles mayor impulso a la cobertura de los juicios para que se sumen más cátedras y estudiantes. "Creemos que recién estamos comenzando a caminar este tema, la facultad está involucrada en la problemática de derechos humanos", concluyó. Además del Taller de Expresión III, también participaron de las audiencias las cátedras Historia social argentina y Análisis de las prácticas sociales genocidas, así como alumnos de Trabajo social.
19 de noviembre de 2010
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madres llevan 1.700 rondas


La Asociación Madres de Plaza de Mayo realizó esta tarde la ronda número 1700 alrededor de la Pirámide de la Plaza, en reclamo por la aparición con vida de sus hijos detenidos-desaparecidos durante la última dictadura militar.
Argentina. "Parece una cifra, pero creo que lo que las Madres hemos logrado en estos 1700 jueves tiene que ver con muchos pero muchos de ustedes: con los que creyeron en las Madres y nos acompañaron en los momentos más difíciles, en los que creyeron en las Madres y están constuyendo maravillas como los Sueños Compartidos", afirmó esta tarde Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. "Las Madres marcamos un camino: no faltar ningún jueves. Cuando llegamos a la Plaza no nos duele nada. Por eso digo que la salud mental está en las plazas, en el trabajo, en la lucha, en las calles, en el pronunciarse, en el hablar, en comprendernos. Basta de mensajitos de textos que ya no nos escuchamos ni la voz, guardénse para los boludos los mensajitos de textos, hablemos, entendámosnos, compañeros", reclamó tras dejar inaugurado el noveno Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos, que organiza la Universidad popular Madres de Plaza de Mayo.
"No es fácil decir que los hijos están vivos, no es fácil asumir esa hermosa responsabilidad de sentir que ellos nos encuentran cuando llegamos a esta Plaza, de sentir que ellos están apoyando lo que hacemos, porque nacieron en ustedes. Nuestros hijos son ustedes. Nuestros hijos nacieron en otros que luchan, y pelean, y que creen en estos sueños maravillosos", agregó Bonafini.
Más adelante, Hebe sostuvo que "esta transferencia de nuestros hijos a otros hijos es lo que nos mantiene fuertes, firmes y convencidas de que la única lucha es ésta, y hoy más que nunca, junto a la querida Cristina. Ella también aprende poco a poco que Néstor está vivo, también en esta Plaza, él también nos acompaña aquí". "Por eso tenemos que aprender a llenar las Plazas, a no quedarnos haciendo muchas reuniones para ver qué vamos a hacer el año que viene. El año que viene es hoy. 2011 es hoy, ’Cristina Presidenta’ es hoy", concluyó Hebe de Bonafini.
"1700 jueves. Quién lo hubiera creído de aquel grupito de locas que enfrentó a la dictadura. No hay en el mundo una organización que haya marchado mil setecientos jueves sin abandonar ninguno", destacaba la invitación de las Madres a la ronda de hoy desde su página de Internet.
Las Madres iniciaron la primera ronda el 30 de abril de 1977. El grupo de mujeres que exigía información acerca de sus hijos desaparecidos estaba encabezado por su fundadora, Azucena Villaflor de Devincenci, y rodeadas por un descomunal despliegue represivo. "Capaz que usted ha venido a la Plaza y nos conoce. Capaz que usted vino alguna vez y nos conoce menos, y a lo mejor usted nunca vino, pero este jueves, aunque a usted le parezca mentira, cumplimos 1700 jueves en la Plaza. Ese mismo día se inicia el IX Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos, a la misma hora, a las 15:30, en la Plaza de Mayo. Acompáñenos", convocaba el mensaje.
19 de noviembre de 2010
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trece condenas en la pampa


Concluyeron juicios por crímenes contra la humanidad en La Pampa y Mendoza. En Mendoza condenaron a perpetua al teniente coronel Aníbal Guevara y a los ex policías Raúl Soppe y Juan Labarta y le dieron ocho años al abogado Raúl Egea. En La Pampa recibieron penas de entre 8 y 20 años nueve represores.
Argentina. Tribunales de Mendoza y La Pampa produjeron ayer sendos fallos en causas por delitos de lesa humanidad, en los que fueron condenados en total trece represores, uno de ellos civil. Miembros del Tribunal II de Mendoza condenaron a prisión perpetua al teniente coronel Aníbal Guevara y a los ex policías Raúl Soppe y Juan Labarta, e impusieron una pena de ocho años de prisión al abogado Raúl Egea, tras el primer juicio por violaciones a los derechos humanos que se realiza en esa provincia. En tanto, el Tribunal Oral Federal de La Pampa condenó a penas que van de 8 a 20 años de prisión en cárcel común e inhabilitación absoluta y perpetua a nueve represores condenados por delitos de lesa humanidad contra 28 víctimas, cometidos en la Subzona 14 con jurisdicción en esa provincia durante la última dictadura cívico-militar.
Ese juicio oral y público comenzó el 2 de agosto en el Colegio de Abogados de Santa Rosa y también se convirtió en histórico porque juzgó por primera vez el accionar de un grupo de policías y militares durante la dictadura. Con absoluto silencio de parte de todos los presentes en la sala, entre ellos el gobernador de La Pampa, Oscar Mario Jorge, se escuchó cada una de las condenas a los nueve imputados, pero ese clima fue interrumpido con silbidos y quejas cuando se escuchó que el ex subcomisario Hugo Marenchino era condenado a la pena de 8 años de prisión. Los nueve condenados por el tribunal, que falló en forma unánime, son el coronel Néstor Greppi (20 años de pena), secretario general de la gobernación de facto; Roberto Constantino (20 años), comisario general; Roberto Fiorucci (20 años), comisario inspector de la Policía, jefe de Informaciones; Omar Aguilera, comisario mayor de la policía y jefe de Operaciones; Néstor Cenizo (14 años), oficial principal, integrante de Informaciones y Operaciones; Carlos Reinhart (20 años), oficial principal, integrante del Grupo de Trabajo de la Subzona 14; Oscar Yorio (12 años), subcomisario de la policía; Athos Reta (12 años), subcomisario de la Brigada de Investigaciones y Marenchino (8 años), subcomisario integrante Grupo de Trabajo Subzona 14. Fueron condenados por los delitos de privación ilegal de la libertad mediando amenazas, privación ilegal de la libertad doblemente agravada, tormentos y allanamiento ilegal. Todos ellos están detenidos desde el inicio del juicio en la Unidad 4 de Santa Rosa y fueron trasladados al Servicio Penitenciario Federal de esa ciudad.
La querella había solicitado una pena de 25 años de prisión en cárceles comunes, que los condenados no cobren más jubilación, pensión o cualquier tipo de remuneración que actualmente perciban, y que se ordene la investigación de la participación civil y los médicos policiales y militares denunciados en el debate oral. En tal sentido, la fiscal federal Marta Odasso decidió abrir otra causa en la que incluiría a civiles, como médicos policiales, que intervinieron en las sesiones de torturas y fueron imputados por las víctimas en este juicio.
En tanto, en Mendoza, el presidente del Tribunal II, Roberto Burad, ordenó que "a los cuatro acusados se les deberán rechazar las solicitudes de excarcelación y prisión domiciliaria y deberán ser trasladados de inmediato a una cárcel común". El juicio se había abocado a los casos de cuatro miembros de la Juventud Peronista, Francisco Tripiana, Roberto Osorio, Pascual Sandoval y José Guillermo Verón, quienes fueron detenidos el 23 de marzo de 1976. Guevara, Soppe, Labarta y Egea se proclamaron inocentes y fueron condenados por homicidio triplemente agravado, aplicación de tormentos, y falsedad ideológica, a excepción del abogado Egea que sólo fue sentenciado por este último delito. Las condenas fueron firmadas por Burad y los jueces Héctor Cortés y Roberto Naciff, quienes además ordenaron investigar a once cómplices cuyos nombres fueron denunciados en las testimoniales, entre los que se encuentra el cura párroco de San Rafael, Franco Revérveri.
Mariano Tripiana, hijo del desaparecido Francisco Tripiana, dijo estar "muy conforme", ya que "realmente no esperaba que iba a haber una justicia tan correcta". Y agregó: "Para mí y mi familia tener justicia fue muy importante en memoria de mi viejo, esté donde esté su cuerpo, porque hacemos esta lucha por él y por todos los compañeros desaparecidos de toda nuestra Argentina".
17 de noviembre de 2010
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hablaron fonderbrider y berardi


El trabajo de nombrar a los desaparecidos. Luis Fonderbrider y Patricia Berardi, del EAAF, declararon en el juicio de El Vesubio. Los miembros del Equipo de Antropología hablaron de su intervención en la identificación de cuerpos de la masacre de Monte Grande y el triple homicidio de Del Viso, dos episodios en los que había víctimas que estuvieron secuestradas en El Vesubio.
[Alejandra Dandan] Argentina. Esta vez el ingreso al infierno se hizo desde los cementerios. Los cementerios del conurbano bonaerense aparecieron como los territorios a los que se destinaba parte de los secuestrados de los centros clandestinos de la provincia. Y uno de los engranajes desde donde se operó el trabajo estructural de la desaparición. Dos integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) reconstruyeron en la sala de audiencias de los tribunales de Comodoro Py cómo dieron cuerpo y nombres a muchos de quienes permanecieron alojados en El Vesubio. Entre otros, los fusilados de la masacre de Monte Grande. Y de Laura Feldman, la estudiante del Carlos Pellegrini cuyo cuerpo fue identificado junto con otras cuatro personas tras la apertura del juicio.
Luis Fonderbrider juró decir la verdad antes de sentarse, frente a la platea vacía de los acusados: ninguno de los represores de El Vesubio estuvo en la sala. Sólo permanecieron dos de los múltiples abogados defensores, uno de ellos dedicado durante buena parte de la audiencia a leer concentradamente una novela.
Fonderbrider explicó lo que hace el EAAF, el equipo dedicado a investigar lo que sucedió con las víctimas de la violencia política en Argentina a partir del trabajo de exhumación de los cuerpos de los desaparecidos. Los destinos de las víctimas, señaló, fueron esencialmente tres: enterramientos como NN en cementerios municipales de todo el país; enterramientos clandestinos en centros de detención o áreas militares como en Santa Fe y Arana y el arrojarlos desde aviones al Río de la Plata.
En la provincia de Buenos Aires –dijo– todos los cementerios del primer cordón recibieron inhumaciones de NN. En 1987, el EAAF realizó un estudio para determinar el número aproximado de inhumaciones clandestinas en los 125 departamentos bonaerenses: quería saber si entre 1970 y 1984 había cambiado la población de personas NN en los cementerios. Para eso, pidieron información sobre el ingreso de los datos. Quince distritos no contestaron porque los libros estaban en poder de la Justicia, pero el resto de las respuestas les permitió indicar que entre ’76 y ’77 el perfil de los NN había "cambiado radicalmente": aumentó el ingreso de NN y las edades bajaron. "Históricamente los NN eran gente mayor, que moría en vía pública o en hospitales –dijo–, eran hombres y no había causas traumáticas." En esos dos años, en cambio, los ingresos fueron producto de muertes violentas, aumentó el número de mujeres y bajaron las edades: en total encontraron un exceso de 1100 NN con patrones diferentes a los NN históricos. "Nos hizo pensar que quedaban sepulturas por recuperar y era dificultoso porque muchos cuerpos pasaron al osario."
El EAAF intervino en varias etapas de la investigación de El Vesubio. Entre ellas, dos casos emblemáticos: la masacre de Monte Grande y el triple homicidio de Del Viso. La llamada masacre de Monte Grande sucedió el 24 de mayo de 1977, cuando fusilaron a 16 personas en una casa del centro de esa ciudad. Los cuerpos fueron enterrados como NN en el cementerio municipal y los nombres se difundieron a través de la prensa con noticias que hablaban de la muerte de "subversivos" en un falso enfrentamiento. El EAAF trabajó en el caso a partir de 1986 a pedido de la Cámara Federal porteña. Revisaron actas de defunción, compararon los libros del cementerio y la información de la prensa. El relevamiento indicó que se había enterrado a 16 personas: 11 varones y 5 mujeres. Todos tenían sepulturas individuales. Supieron que el mismo día del entierro se los exhumó para tomar las huellas dactilares y se los volvió a enterrar, tal como lo contó durante las audiencias uno de los empleados del cementerio. A lo largo del tiempo, encontraron cierta discordancia –frecuente en otros lugares– entre los certificados de defunción y las zonas de entierro. Entre otras razones, dijo Fonderbrider, porque los procedimientos se hacían fuera de hora y sin personal adecuado. Cuando llegaron, notaron que los cuerpos ya no estaban en la zona en la que supuestamente debían estar. Según los libros, nueve se habían identificado y reconocido, pero los otros habían pasado al osario general.
El presidente del Tribunal Oral Federal 4, Leopoldo Bruglia, preguntó varias veces por esos números: eran 16, 9 se reconocieron. ¿Y los otros 7?, preguntó nuevamente. "No estaban en la sepultura –dijo Fonderbrider–, fueron trasladados al osario, lo que haría la identificación imposible: para hacer más espacio dentro del osario, a los cuerpos se los va rompiendo, se van transformando en polvo, lo que vuelve más difícil que quede algo."
La investigación por el triple homicidio de Del Viso los condujo a uno de los depósitos judiciales de La Plata. En 1984, la Justicia había ordenado exhumaciones masivas que se hicieron de forma "acientífica", recordó: "Las hacían los sepultureros con palas mecánicas y lo que sucedió en muchos casos es que en una bolsa había más de un cuerpo, dejaron muchos restos en las sepulturas, se mezclaron y llevaron a depósitos judiciales". Algunos permanecieron en bolsas durante 15 años, a veces volvieron a los cementerios, a los osarios, a veces se destruyeron. Cuando el EAAF se puso a trabajar en La Plata había 100 bolsas con restos de cuerpos. Seleccionaron cinco que habían venido del cementerio de Grand Bourg, donde estaban enterrados los cuerpos. Con la información "antemorten" sobre una de las tres víctimas avanzaron: tenían características generales, sus rasgos odontológicos, las particularidades del cabello. "Seleccionamos uno compatible con Leticia Akselman –dijo–, observamos las lesiones en el esqueleto, los trazos de la fractura, el tórax, los miembros superiores, inferiores, las lesiones de los proyectiles de armas de fuego que coincidían con la autopsia." Por las lesiones de bala, entendieron que Leticia tenía fracturas compatibles con acciones de defensa, y que recibió los disparos de la muerte cuando estaba extendida en el suelo.
También del EAAF, Patricia Berardi reconstruyó el camino de los cinco cuerpos que fueron identificados en el último tiempo: Laura Isabel Feldman, Ofelia Cassano, Generosa Fratassi, Hugo Manuel Mattion y María Luisa Martínez. Habló del funcionamiento de los dos cementerios donde aparecieron: Lomas de Zamora y Avellaneda. El primero, un lugar donde los enterramientos no se hicieron en áreas marginales, sino en todo el lugar, con fosas NN intercaladas entre las de personas con sus nombres. En Avellaneda, en cambio, tuvieron que generar un yacimiento arqueológico para trabajar sobre los cuerpos: estaban alojados en el área 134, un lugar marginal, en el extremo del cementerio, ubicado frente a Villa Corina. La zona funcionó entre abril de 1976 y septiembre de 1978, y la reconocieron por la información de los sepultureros. Les indicaron que ahí había 19 vaqueras o fosas comunes y 18 fosas individuales. Durante la dictadura se tiró abajo un paredón para que los camiones pudiesen ingresar directamente. Los cuerpos se arrojaban de forma invertida para que entrara más cantidad. La vaquera más grande contenía hasta 32 cuerpos: "Pasado un año, un mes o un día, todavía no se puede saber –dijo–, se volvía a abrir para colocar otro cuerpo, por eso son lugares con más de un momento de depósito".
17 de noviembre de 2010
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la mano izquierda de dios


Durante la entrevista con el capitán Adolfo Scilingo, Horacio Verbitsky dio con un dato que detonó su investigación más extensa y exhaustiva: la concepción cristiana de muerte detrás del acto de arrojar prisioneros al río. Así empezaba a develarse la trama de la complicidad estructural de la Iglesia Católica con la Junta Militar en el exterminio bajo la dictadura.
[Martín Granovsky] Argentina. A ‘El silencio’ y ‘Doble juego’, siguieron los cuatro tomos de la ‘Historia política de la Iglesia Católica’ que se acaba de completar con la publicación de ‘La mano izquierda de Dios’. En esta entrevista, Verbitsky habla de los generales más integristas, los obispos más militaristas y la vasta red de relaciones intestinas entre la cruz y la espada.

La cruz y la espada es una imagen que atrasa frente a esta otra: "El capellán debe darnos el aval moral para nuestra lucha, y decirnos que nuestra lucha es una cruzada, para discernirla de la violencia en general". La orden salió de Luciano Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército. La impartió el 18 de agosto de 1976, cinco meses después del golpe, durante una jornada religiosa organizada con el Vicariato Castrense. Ya no era la cruz y la espada en alianza para la conquista de América, por ejemplo, sino la simbiosis de ambas en un mismo artefacto de muerte y gobierno. La orden de Menéndez revela por anticipado tanto el conocimiento de las reglas como la intención de esquivarlas sin culpa ni castigo. Está transcripta en ‘La mano izquierda de Dios’, el tomo cuarto de la ‘Historia política de la Iglesia Católica’ que acaba de publicar Horacio Verbitsky con una documentación tan contundente que asombró a su propio autor. Las referencias forman 1789 citas.

Es casualidad, pero ahora no sé quién les quitará de la cabeza que se trata de un mensaje judeo-masónico –ironiza Verbitsky.

Pero no ironiza del todo. En 1789 la Revolución Francesa derrocó a Luis XVI como exponente del Antiguo Régimen. Y leyendo ‘La mano izquierda de Dios’, sin duda el trabajo más completo sobre el tema pero además un gran libro de historia, hay una conclusión inevitable: en la dictadura los obispos fueron más militaristas que los generales, y los generales más integristas que los obispos.

–Esa fusión es muy impresionante –dice Verbitsky–. Revisando documentos encontré que Jorge Videla en el vivac de Tucumán de la Nochebuena del ‘75 pronunció una homilía. Y las homilías de Tortolo, de Bonamín o de Laise eran directamente arengas militares.

Adolfo Tortolo fue el vicario castrense y presidente de la Conferencia Episcopal. Victorio Bonamín, su segundo en el Vicariato. Juan Rodolfo Laise, el obispo de San Luis. En su investigación Verbitsky cuenta una historia tomada de una sesión de los juicios por violaciones a los derechos humanos. Un oficial relató que Laise le había pedido la desaparición del sacerdote Juan Pablo Melto, que dependía de su diócesis, porque se había casado y participaba en movimientos por la regularización laboral. "¿Usted cree que soy un asesino?", le respondió ofendido el coronel Miguel Angel Fernández Gez. Lo era, y fue condenado en 2009, pero evidentemente sintió que el pedido pasaba algún límite.

–Y además el oficial lo cuenta en un juicio –dice Verbitsky–. La historia completa dice que el oficial fue condenado a prisión perpetua pero el obispo está en libertad.

¿En San Luis?
–No. En Italia, protegido por la Iglesia. En el juicio ni siquiera lograron hacerlo declarar por videoconferencia.

En América latina la jerarquía de la Iglesia Católica no parece haber sido tan homogénea.
–No, el caso argentino es único. Solo puede compararse con la Iglesia española de la guerra civil. En ese momento se implantó el nacionalcatolicismo, o la concepción de la nación católica.

Cada Muerte de Obispo
Francisco Franco era "Generalísimo por la gracia de Dios". La jerarquía católica española justificó el alzamiento del bando nacional contra la República como un nuevo combate de la Cristiandad. Los sacerdotes muertos en el bando franquista, sin embargo, recién fueron beatificados por el Vaticano con el Papa Juan Pablo II, como suele recordar el historiador especializado Julián Casanova. Y el Papa actual, Benedicto XVI, acaba de incursionar en Santiago de Compostela criticando a la sociedad española por lo que definió como "un laicismo agresivo" típico de los años ‘30. Es decir, de la República.
Además del caso español, Verbitsky halla pocos ejemplos similares al argentino. Nombra el Portugal de la dictadura o formas conjuntas de ejercicio político en Estados del centro de Europa. Menciona también al arzobispo Alois Stepinac. Al día siguiente de que Alemania invadió Yugoslavia, en 1941, el fascista Ante Pavelic declaró la independencia de Croacia. Monseñor Stepinac estaba allí, para discernir violencia de cruzada.

–En los otros países de América latina la Iglesia Católica no tuvo esa posición homogénea –dice Horacio–. Quizá por eso fue tan distinta la dictadura argentina de la uruguaya o la brasileña. Todas las dictaduras comparten la doctrina de la seguridad nacional, pero sólo la Argentina sigue la doctrina francesa de la guerra contrarrevolucionaria. Por eso episcopados como el de Brasil, Chile y Uruguay fueron vallas de contención para las dictaduras y de amparo para los perseguidos, mientras en la Argentina la Iglesia forma parte fundamental del dispositivo de legitimación y, más aún, de complicidad directa. A pesar de que la Argentina tiene otra característica especial: es el país con mayor número de obispos asesinados. Mataron a dos, Enrique Angelelli y Carlos Ponce de León, además de una veintena de sacerdotes, centenares de laicos y miles de católicos practicantes.

Del libro no parece posible extraer la conclusión de que llegó la dictadura y la situación cambió de un día para otro. La conclusión es otra: la dictadura fue el momento en que la jerarquía católica ajustó viejas cuentas.
–Tiene que ver con la división profunda de la década del ‘60, con la divisoria de aguas que implicaron el Concilio Vaticano Segundo y la reunión del episcopado latinoamericano en Medellín, en 1968, cuando se plantea un camino revolucionario. El episcopado argentino lo incorpora en su documento de San Miguel, en 1969. Aquí existió un fuerte Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, más fuerte quizá que en otros países de la región. Y llegó a confrontar con el Episcopado como conducción de la Iglesia. Hay documentos sobre reuniones del episcopado a fines de los ‘60 y principios de los ‘70 donde los obispos se quejan de que el Movimiento les disputa lo que ellos llaman "el magisterio". Un dato importante es que, como señala Emilio Mignone en su libro pionero, ‘Iglesia y dictadura’, las Fuerzas Armadas limpiaron el patio trasero de la Iglesia.

Se vengaron de las humillaciones.
–Sí.

Con Dios de Nuestro Lado
El pedido de Laise de que un oficial secuestrase a un sacerdote se inscribe en esa lógica de vendetta. Pero del libro de Verbitsky queda claro que no se trató de una serie de venganzas individuales. Tampoco fue una suma de individualidades la masacre. Dentro de la máquina de matar, el Vicariato Castrense actuó como motor y corazón.
Verbitsky trabajó sobre actas judiciales. "Tengo centenares de testimonios sobre la participación de capellanes en actos de tortura. En algunos casos en forma directa y en otros como justificadores, incluso frente a los presos. Los capellanes les explican que está bien que los torturen, que es correcto que lo hagan. Sólo ponen límites. No más de 48 horas. También hay capellanes que, cuando las víctimas denuncian que fueron torturadas y violadas, dicen que no, que la violación no, y se escandalizan. Uno de ellos sigue en actividad, en Santa Fe."
Adolfo Tortolo, obispo de Paraná, es un personaje central. De 1970 a 1976 fue presidente de la Conferencia Episcopal y desde el retiro del cardenal Antonio Caggiano hasta su muerte, en 1981, fue el vicario general castrense.
En el Comando de Institutos de Campo de Mayo, uno de los tres grandes centros de exterminio junto a La Perla, en Córdoba, y a la Escuela de Mecánica de la Armada, el sacerdote Luis Mecchia comandaba una legión de 33 capellanes. Desde 1961 Mecchia participaba de la implantación de la doctrina de la guerra contrarrevolucionaria. Fundó capellanías en la Escuela de Inteligencia y en la aviación militar y desparramó una consigna: "Si alguien es sorprendido armado, más le vale olvidar su nombre". Un antecedente de los desaparecidos NN. Los capellanes formaron una verdadera red arterial que colaboraba en la cotidianidad de la máquina de matar y a la vez vigilaba y controlaba a los obispos. La guía era una máxima de Tortolo: "Démonos a nosotros mismos y a los militares los motivos teológicos que nos hagan obrar sin temor y en conciencia".
"Conseguí los documentos del Vicariato Castrense", cuenta Verbitsky. "Surge claramente de qué manera el vicario Tortolo y el provicario Bonamín participaban del dispositivo de la represión. En las jornadas de religión que realizaban rotativamente en las tres fuerzas, con participación de los jefes, directamente discutían la táctica y la estrategia de la represión. Transmitían los fundamentos teológicos para fundamentarla. En uno de esos encuentros, Carlos Guillermo Suárez Mason justifica la represión clandestina y los capellanes castrenses lo aplauden."

Cuando Tortolo dice "sin temor", ¿quiere decir "sin temor de Dios"?
-Claro, es alivio y seguridad para matar.

La orden de Menéndez refuerza la simbiosis entre jefes militares y obispos.
–Es que la violencia está mal, pero la Cruzada está bien. El acto violento es legítimo si se inscribe en el plan de Dios, que es uno, inmutable y eterno. Es un intento de congelar la realidad que no podía tener éxito pero explica muy bien lo asfixiante que fue, aparte de la represión, ese proceso militar. Hay muchos documentos de distintas líneas internas de la Iglesia. Explican involuntariamente cómo cubrió un espectro tan amplio de la vida argentina y no se limitó al desafío armado que planteaba la guerrilla.

Esperando al Mesías
El libro cita la revista fascista Cabildo, con los editoriales de Vicente Massot, luego viceministro de Defensa de Carlos Menem, que debió echarlo cuando en un reportaje a este diario Massot justificó la tortura. Massot controla el diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, el único que reivindicó abiertamente al dictador Emilio Massera cuando murió. También estudia el contenido de Verbo y de Mikael, que según Verbitsky reflejan "el tradicionalismo más estricto". En Verbo escribía Guillermo Gueydan de Roussel, colaborador de la Gestapo en Francia, fundador del Colegio Ario de París y presidente del Centro de Estudios Judeo-Masónico. Fue condenado a muerte pero huyó y se refugió en la Argentina. El libro contiene textos de Gueydan de Roussel. Uno dice que los francmasones pusieron en boga "el Mito-Humanidad" y luego los judíos "abrazaron con entusiasmo esa falsa religión humanitaria y creyeron que el advenimiento del Mesías-Humanidad marca el triunfo del antiguo sueño judaico". En Verbo argumentó Miguel Angel Iribarne cosas como que la subversión no es un fenómeno reciente. Su primera etapa consistió en el desplazamiento de los valores religiosos por los políticos. La Cristiandad estalla como orden supranacional y el concepto de gobernante es sustituido por el del rey. La segunda etapa de la subversión es la Revolución Francesa, con el liberalismo y el democratismo, que en la sociedad comunista se transforma en ateísmo militante. En un contrapunto permanente entre doctrina y acción, Iribarne no sólo dirigió Verbo. Formó parte del gabinete del ministro del Interior Albano Harguindeguy.
Mikael toma su nombre del caudillo del ejército celeste que el día del juicio final apartará a los réprobos de los elegidos. La revista era publicada por el seminario de Paraná, a cargo de Tortolo, bajo la dirección del fundador de Tacuara Alberto Ezcurra Uriburu.

La Estrategia de Lucifer
Los liberales se nuclearon en Criterio, pero según Verbitsky la formación dogmática no siempre facilita la distinción entre unos y otros. Durante la entrevista con Radar, Horacio toma un documento y lee unos subrayados en resaltador amarillo: "En el curso de la modernidad el hombre ha cometido deicidios. El Dios creador fue relevado de sus funciones por la ciencia. Se proclamó con jactancia que Dios había muerto. Era la vieja estrategia de Lucifer". Y sigue con otro párrafo: "No hay guerras limpias, todas son sucias por la profundidad del mal".
En ese momento dirigía Criterio Jorge Mejía, que terminó como bibliotecario y jefe de los archivos de la Santa Sede. No hace falta conocer los vericuetos de la inteligencia vaticana para saber la importancia de un bibliotecario. Basta leer ‘El nombre de la rosa’ de Umberto Eco.
En los diferentes documentos, la dictadura y la acción de la Iglesia en ella aparecen como un gran instante de la lucha contra el secularismo que aún preocupa hoy a Benedicto XVI.
Verbitsky subraya, en la doctrina, "la idea del orden natural, el único admisible porque está inscripto por Dios en la conciencia de los hombres. Por eso se explica la amplitud y la diversidad de las fuerzas que cayeron bajo el interés de la represión. De ninguna manera era imprescindible empuñar las armas para caer dentro de esa mira".
¿No hay espacio para diferencias terrenales? Impacta el dato de que, en la comisaría quinta de La Plata, los seminaristas alcanzaban las vituallas a los torturadores. Verbitsky señala que la práctica diaria también dependía de cada obispado. "Después de la pérdida de los Estados Pontificios, en 1870, el mismo momento en que se declaró la infalibilidad papal, la Iglesia quedó muy centralizada en Roma y al mismo tiempo muy descentralizada dentro de cada territorio nacional. Cada obispado es una Iglesia particular, en un determinado territorio, que sólo tiene dependencia jerárquica del Papa. El presidente de la Conferencia Episcopal tiene funciones de Coordinación y no puede hacer nada para sancionar a un obispo. A lo sumo tiene que recurrir a Roma. Por eso no era lo mismo monseñor Antonio Plaza en La Plata, donde se avituallaba un campo de concentración, que San Nicolás, donde monseñor Carlos Ponce de León fue atacado y finalmente asesinado justamente por su compromiso con las luchas populares. Al mismo tiempo, cada conferencia episcopal es el resumen de la relación de fuerzas dentro de cada territorio, porque en definitiva son los obispos los que eligen a la conferencia. Y el Vaticano se guía mucho por esa relación de fuerzas en cada Iglesia nacional. Eso explica que un mismo Papa tenga dos líneas distintas frente a las dictaduras de Chile y la Argentina. Pablo VI apoya a la Vicaría de la Solidaridad en Chile y se resiste a remover al cardenal Raúl Silva Enríquez, y no dice una palabra sobre la Argentina. Hasta se declara fascinado por la personalidad de Massera y le envía una felicitación."
En el libro quedan registrados los matices y los desacuerdos entre obispos. No hablemos de Angelelli, Ponce de León, Novak o De Nevares, que enfrentaron abiertamente la máquina de matar, sino de Justo Laguna.
–Laguna disentía con Tortolo en las discusiones internas y era parte de la comisión de enlace con la Junta Militar que se reunía a comer una vez por mes durante siete años. Deja constancia por escrito que los temas no avanzan y que los militares los entretienen. Pero esos encuentros blanquean a las Juntas. Incluso cuando discuten casos de desaparecidos, lo hacen de modo discreto. De otro modo quedarían obligados a un pronunciamiento público. Conseguí hasta minutas de reuniones con anotaciones a mano de Vicente Zazpe, por ejemplo.

¿Cuál es la conclusión de las minutas del arzobispo de Santa Fe?
Los niveles de complicidad son impresionantes. En un momento Zazpe, Juan Carlos Aramburu y Raúl Primatesta plantean a Videla la necesidad de dar información, y señalan las consecuencias de no hacerlo con mucha lucidez política.

Eran perfectamente conscientes.
Claro. Pero Videla les responde que no sabe cómo hacerlo y que hay que proteger a las personas, o sea a los torturadores. Por eso hablo de complicidad. Parecen dos secciones de un mismo emprendimiento discutiendo en una reunión reservada cómo hacer control de daños: hasta dónde actuar, de qué manera hacerlo, qué conviene más para evitar qué consecuencias negativas. Y todo el tiempo reiterando adhesión, simpatía, respeto, agradecimiento... Los miembros de la Comisión Ejecutiva de ninguna manera fueron los peores. Pero eran la conducción episcopal, y en estos documentos, redactados por ellos mismos, se aprecia un grado de complicidad muy superior a lo que yo podía imaginar cuando empecé esta investigación, la más vasta, profunda y extensa que hice en toda mi vida por entrevistas, documentos, diarios, revistas, publicaciones oficiales y testimonios judiciales. Tengo una habitación entera de documentación.

La CIA, el Papa y la P-2
La habitación entera con documentos sirvió para formar las 1789 citas que divierten a Horacio. Muchas de esas citas surgen de documentos sobre otro tema que venía del tomo tres, Vigilia de armas, y aparece redondeado en La mano izquierda de Dios: la organización fascista Propaganda Dos, o P-Due.

–En la Argentina tuvo una actuación muy fuerte –explica Verbitsky–, pero no tiene sentido analizarla independientemente del Vaticano. Es una rama más. Por ejemplo, tuvo gran importancia en el retorno de Juan Perón a la Argentina para su último gobierno. Antes de regresar, Perón mantuvo una entrevista con el secretario de Estado del Vaticano, Agostino Casaroli, y llegó aquí con la bendición de la Iglesia Católica. Los principales operadores del regreso fueron Licio Gelli y Giancarlo Elia Valori.

Gelli, uno de los jefes de la P-Due, fue condecorado por Perón y terminó como funcionario argentino dentro de la embajada en Italia. Víctor Basterra, secuestrado y sometido a esclavitud en la Esma, dijo a la Justicia que fue obligado a fabricar pasaportes para Gelli.
Y Valori es el vocero de Perón. Cuando yo era más joven que ahora y tenía 30 años, me parecía pintoresco que Perón tuviera como vocero a un italiano en su regreso a la Argentina. Pero después fui sabiendo otras cosas. Valori era un lobbyista de la FIAT que pagó el avión de regreso, y revistaba como caballero de capa y espada del Papa.

En este tomo cuarto contás cómo la P-Due se vincula con las Fuerzas Armadas, con Massera y con Suárez Mason. Pero al mismo tiempo está relatado el vínculo del Vaticano con la inteligencia de los Estados Unidos en el mismo período.
–Es que se relacionan Europa central, Centroamérica y el Cono Sur sobre todo desde que es entronizado Juan Pablo II en 1978. Hay mucha documentación sobre eso y sobre el rol que cumple Antonio Quarracino en la justificación del asesinato de monseñor Oscar Romero en El Salvador.

En 1980. Y casualmente un 24 de marzo. ¿Qué dice Quarracino?
Su informe retrata a Romero como un subversivo. Una cosa que descubrí, y me asombró notablemente, es que todo el establishment de inteligencia y seguridad nacional de los Estados Unidos está integrado en ese momento por católicos, en un país donde el catolicismo no es la religión del poder sino, más bien, de los trabajadores.

El clan Kennedy es una excepción, ¿no? Pero hablemos del establishment de inteligencia.
Comienza con William Casey, jefe de la CIA. Su viuda, que coleccionaba estatuas de la Virgen, cuenta que él se reunía a orar con el Papa. Cumple un papel muy activo Vernon Walters, el experto en misiones especiales. Y recordemos al secretario de Estado Alexander Haig. Hubo más de 15 reuniones secretas entre Walters y Casey con el Papa. Le daban información sobre América Central y Polonia.

En el libro vos marcás que entre esa información figuraba la transcripción de escuchas sobre sacerdotes y obispos de Nicaragua y El Salvador.
Bueno, y el Papa en 1983 dio su respaldo a la dictadura haitiana de Baby Doc y condenó al sandinismo en Nicaragua. Otro nexo importante entre el presidente Ronald Reagan y el Vaticano fue Pio Laghi.

Nuncio en Buenos Aires y después en Washington.
–Exacto. Las relaciones parecen a veces tan naturales, tan regulares, que terminan siendo invisibles.

¿Te propusiste el trabajo de hacerlas visibles?
Sí, pero no sólo en relación con la trama internacional. Mi trabajo fue desnaturalizar lo natural, reconstruir paso a paso qué sucedió, qué se dijo y qué consecuencias tuvo. Restituirle históricamente a la Iglesia Católica su papel político central, que muchas veces aparece escamoteado. Es la única dimensión que me interesa investigar. No opino sobre el dogma.
La tapa del tomo cuatro: Videla, Massera, el jefe aeronáutico Orlando Agosti y Laghi en una cena ofrecida por el cuerpo diplomático a la Junta Militar en 1977.

Historia de una Curiosidad
Los cuatro tomos de Historia política de la Iglesia Católica tienen una advertencia. Dice: "Estas páginas no contienen juicios de valor sobre el dogma ni el culto de la Iglesia Católica Apostólica Romana sino un análisis de su comportamiento en la Argentina como ‘realidad sociológica de pueblo concreto en un mundo concreto’, según los términos de su propia Conferencia Episcopal. En cambio, su ‘realidad teológica de misterio’ sólo coresponde a los creyentes, que merecen todo mi respeto".
Horacio narra que su curiosidad sobre el tema se hizo metódica cuando en 1995 publicó su libro ‘El vuelo’, con la entrevista al marino Adolfo Scilingo. "Scilingo me cuenta que el mecanismo de tirar prisioneros al mar era una forma cristiana de muerte y que los capellanes decían que habían cumplido con su deber al separar la cizaña del trigo. Yo no tenía conciencia de hasta qué punto el estilo de la represión era de cuño eclesiástico y absolutamente inseparable del rol de la Iglesia. Y ahí empecé la investigación."
Dice que fue un trabajo complicado y hoy se ríe de ignorancias propias. "Ni sabía quién había sido el Papa anterior a Pío XII, jefe del Vaticano cuando nací y que murió cuando yo tenía 17 años. Tuve que aprender muchas cosas elementales que ignoraba. Cuando trataba de entender el rol de la Iglesia en la dictadura argentina me faltaban muchos elementos. Tenía demasiados agujeros. Me resultaba incomprensible. Y como la Iglesia es una institución que no es argentina sino supranacional, o concedámosle que es universal, y además bimilenaria, me fui remontando cada vez más en el tiempo y en el espacio. Me intoxiqué de encíclicas, de obras teológicas. Llegué a tener escritas más de 1500 páginas creyendo que eso podía ser un libro. Separé un episodio y en 2005 publiqué ‘El silencio’."
‘El silencio’ es el nombre de la isla del Tigre donde los jefes de la ESMA llevaron a los secuestrados cuando vino a Buenos Aires la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La isla había funcionado como recreo del cardenal de Buenos Aires y el Vicariato la transfirió a los marinos.
Después de ese trabajo Verbitsky publicó Doble juego, "básicamente un análisis de la manipulación informativa de la Iglesia sobre su propia historia en la Argentina".
Como presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales, Verbitsky escribió a uno de los presidentes de la Conferencia Episcopal, Estanislao Karlic, "probablemente el de mayor nivel intelectual y no comprometido con la represión dictatorial, considerado comunista por los militares", por qué no abrían los archivos para que los datos sirvieran a las víctimas de pecados que el Papa había reconocido. Karlic tenía diálogo con Chela Mignone, la esposa de Emilio. "Me mandó una carta muy atenta. Me dijo que el Episcopado no tenía archivos. A mí me pareció una burla en medio de dos mil años de preservación de tesoros en los monasterios. También me mandó un folleto. Cotejé los documentos con lo que se había publicado en los diarios de la época. Ahí descubrí la manipulación. En esa época los documentos se publicaban completos en los diarios. Hoy es inimaginable, aun en los más reaccionarios."
Verbitsky llegó a una hipótesis: el Episcopado preparaba un juego de piezas para el archivo, "como el Vaticano durante el nazismo". Su función era ser descubiertas. "Luego, entonces, quedaría certificado el nivel de preocupación que el nazismo había despertado en el Vaticano."
Había llegado el momento de escribir la ‘Historia política de la Iglesia Católica’. Además de documentos, Horacio vio películas antiguas, como la que el Episcopado filmó en el Congreso Eucarístico de 1934. En una secuencia aparece el delegado apostólico Eugenio Pacelli, luego Papa como Pío XII. Lo recibe el presidente Agustín P. Justo, se suben a una carroza y emprenden el camino del puerto. "Cuando el carruaje está a punto de salir del puerto pasan dos sombras. Me pareció percibir algo familiar. Dura menos de un segundo. La pasé miles de veces hasta que conseguí fijar la imagen. Eran las sombras de Juan Perón y Edelmiro Farrell", cuenta Verbitsky. Fue la tapa del tomo uno.
El título del libro proviene de una frase del arzobispo de Córdoba Raúl Primatesta, que en 1975 dijo: "Dios va a defender su creación. Va a defender al hombre. Pero puede ser que el remedio sea duro, porque la mano izquierda de Dios es paternal, pero puede ser pesada".
En la dictadura los procedimientos de represión se llamaron "por izquierda". Hasta el código de la muerte tiene el sello de un obispo.
15 de noviembre de 2010
14 de noviembre de 2010
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