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los desaparecidos del cordón industrial


Presentan la causa por los desaparecidos de la región. El centro clandestino del Cordón Industrial.
Argentina. El Espacio por la Memoria, la Verdad y la Justicia, junto a familiares y amigos de detenidos y desaparecidos del Cordón Industrial presentaron ayer ante la justicia federal la causa por delitos de lesa humanidad del que fueran víctimas trabajadores de esa región. Las víctimas son Hugo Parente, Roberto "Potongo" Camuglia, Rafael Carroza, Ramón Di Fiori, Carlos Kruppa, Lina Funes, Juan José Funes, Oscar Riquelme y Luis Lapissonde, quien es el único sobreviviente del grupo y cuyo testimonio es fundamental para probar la existencia del centro clandestino de detención en el Batallón de Arsenales de Fray Luis Beltrán.
La presentación fue realizada por los equipos jurídicos de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por razones políticas integrados por Isabel Fernández Acevedo, Gabriela Durruty, Leticia Faccendini, Daniela Asinari y Jessica Pellegrini.
"Han pasado más de 34 años del inicio de la última dictadura y 27 años de la recuperación de la democracia, largo período transitado por los luchadores que enarbolaron las banderas del ’Ni olvido ni perdón, justicia’", recordó Soledad Chiodin, miembro del Espacio.
Este colectivo de familiares y sobrevivientes hizo conocer ayer un documento donde señalan que "en el transcurso de estos años el pueblo que no claudicó ni se reconcilió, sufrió las leyes de Obediencia Debida y Punto final y los Indultos a la cúpula militar que había sido juzgada en la Causa 13 parecía que sólo nos dejaba la emblemática frase Nunca Más, pero con todos los genocidas en libertad".
"El tiempo transcurrido -agrega el texto- se ha llevado a los padres y las madres de muchos de los compañeros desaparecidos y se fueron con la incertidumbre de no saber donde estaban los cuerpos de sus hijos y de no poder ver ante un tribunal a los responsables y ejecutores de sus desapariciones".
Y agrega que "los compañeros desaparecidos, doblemente desaparecidos en el Cordón Industrial por la inacción de un poder político y judicial que habiendo sido partícipe de la dictadura en aquella década del 70, demostraba en las décadas posteriores que los lazos de complicidad seguían intactos. Así impuso silencio, perdón e impunidad a los responsables del terrorismo de Estado en el Cordón, y boicoteó la lucha poniendo en duda a todo movimiento popular que tendiera a la Reconstrucción Histórica".
"Pero ni el paso del tiempo, ni la inacción, ni la impunidad garantizada desde los sectores de poder -culmina el comunicado- han doblado la lucha de los que ya no están, de los que ya no volverán. Ellos han dejado la semilla más revolucionaria, la que florece en la militancia y en la convicción de que no hay futuro justo, si el presente se construye sobre los cimientos de la impunidad".
Estuvieron presentes Ana María Medina, prima de Lina Funes y tía de Juan Jose Funes; Gabriela Ayala, sobrina de Rafael Carroza; Rocío Camuglia, nieta de Potongo Camuglia, Luis Lapissonde, Chiquito Camuglia, la nieta de Lina Funes.
13 de noviembre de 2010
12 de noviembre de 2010
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homenaje a roberto borda


Tras cinco años de trabajo, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó el cuerpo del joven por las huellas dactilares que figuraban en un expediente que no se había investigado antes. La recuperación de los restos es imposible.
[Sonia Tessa] Argentina. En la sede del Sindicato de Trabajadores Judiciales, Lidia Borda relató ayer por la mañana cómo fue la identificación de los restos de su hermano Roberto, secuestrado el 7 de julio de 1976, en Rosario. Fue también una forma de homenaje. Después de cinco años de trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en distintos cementerios bonaerenses, se descubrió que pertenecía a Borda el cadáver encontrado el 10 de julio de 1976 al costado de la ruta 178, cerca de Pergamino, en la localidad de El Socorro. Luego de varios años en el cementerio de Pergamino, los restos fueron llevados a un osario común, lo que haya imposible su recuperación. Pero sí pudieron reconstruir el destino final de este joven estudiante de derecho de la Universidad Católica Argentina y empleado del juzgado correccional número 2 de los tribunales provinciales. Su hermana sobrevivió al terrorismo de estado, ya que estuvo detenida entre abril y diciembre de 1976.
En la conferencia de prensa, Borda fue acompañada por su esposo, Carlos Corbella, la madre de la plaza 25 de Mayo, Elsa Chiche Massa y por el secretario general de los Judiciales, Juan Nucci. El pequeño salón estaba repleto de militantes por los derechos humanos y empleados judiciales. Para terminar el encuentro, Borda eligió una frase en honor a su hermano: "Podrán arrancar todas las flores, pero no podrán detener la primavera".
El cadáver de Roberto Borda apareció acribillado, en el camino cercano a Pergamino, en el invierno de 1976. En los Tribunales de San Nicolás se abrió un expediente, que durmió durante años en los cajones. Ese documento -donde estaban registradas las huellas dactilares y fotos del cuerpo- permitió que 34 años después pudiera determinarse la identidad. "Durante cinco años el EAAF, junto a la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, fue cementerio por cementerio en busca de cadáveres NN. En este caso, se trabajó sobre el expediente judicial. Primero los cotejaron con desaparecidos en aquella provincia, y luego empezaron a buscar a personas secuestradas en otros lugares del país", reconstruyó Borda. El caso quedó a cargo del juez de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruso.
En ese sentido, Borda hizo un reconocimiento al empleado judicial que guardó tres expedientes de cadáveres NN en el comienzo de la democracia, cuando llegó la orden de destruir esa documentación. También recordó la incansable tarea de verdad y justicia. "En el año 1979 ya trabajábamos en los organismos de derechos humanos. Acá están las compañeras que tomaban declaraciones a los compañeros que habían salido en libertad y se animaban a contar lo que les había pasado. Fue terrible, no sabíamos si volvíamos a casa", rememoró Borda. No sólo reconoció a las Madres de plaza de Mayo, sino también a sus compañeras de entonces, con las que tomaron esas denuncias. En el salón estaban Ana Moro y Alicia Lesgart, dos de las destinatarias de ese reconocimiento.
Lidia Borda relató los estragos que el terrorismo de estado hizo en su familia. Eran tres hermanos, Lidia, Roberto y Ricardo. Ella estaba detenida el 7 de julio de 1976. Su padre venía desde Rufino para visitarla en la Alcaidía. Para eso había quedado en encontrarse con Roberto, que jamás llegó, porque fue secuestrado. A su hermano desaparecido lo definió como "solidario, siempre ayudando, protegiendo, con gran capacidad". Ricardo, su otro hermano, "era más débil, no pudo soportar lo que nos habían hecho, hizo un proceso de esquizofrenia y murió al poco tiempo". Lidia lo expresó con todas las letras: "A mí me destruyeron mi familia". La incertidumbre sobre el destino de su otro hermano tuvo más consecuencias. "Mi mamá estaba esperando a Roberto. Cuando murió Ricardo los lloró a los dos, y sobrevivió apenas dos meses. Mi padre comenzó con una demencia senil", relató ayer con entereza. "Estoy acá porque soy la única que queda. Me acompañan mi esposo, mis hijos y toda esta gente querida", dijo. Nicolás, de 25 años y Santiago, de 21, estaban sentados en el piso del pequeño salón del Sindicato, acompañando a sus padres. Corbella declaró el 1º de noviembre en la causa Díaz Bessone, ex Feced, por su propio secuestro y detención en el Servicio de Informaciones.
13 de noviembre de 2010
12 de noviembre de 2010
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siete policías implicados en asesinato


Siete bonaerenses presos por matar a un joven que salía con la mujer de uno de ellos. A Fabián Gorosito lo secuestraron, torturaron y asfixiaron en un descampado de Mariano Acosta. Las sospechas apuntan a que salía con la mujer de un policía de la 6ª de Merlo. Ayer detuvieron a siete, entre ellos a un subcomisario.
[Horacio Cecchi] Argentina. Seis uniformados de la Bonaerense de Merlo quedaron detenidos ayer y un séptimo demorado por orden de la fiscalía de Morón. La imputación: secuestrar, torturar y asesinar al joven Fabián Gorosito, de 22 años y luego arrojar su cadáver a un descampado. La condena que enfrentan, si se superan todos los vericuetos que suelen entrometerse en las acusaciones que incluyen casos de torturas, es la perpetua. Entre los detenidos figura un subcomisario. La sospecha familiar, vecinal y judicial es que el chico tenía "una relación con la mujer de uno de los policías detenidos". Los policías mantuvieron el caso en silencio desde el 14 de agosto pasado, cuando secuestraron al joven cuando salía con sus amigos a un boliche en Marcos Paz. La primera actuación policial fue consecuente con sus costumbres: intentaron cargarle al chico un robo y una violación que, por otro lado, nunca pudieron demostrar que existió. Un día después encontraron su cuerpo en un descampado: quisieron hacer pasar como que se había indigestado.
"Era un trabajador, lo mataron y era un trabajador", dice Carlos Gorosito, padre de Fabián, a Página/12. Trabajaba en el frigorífico próximo a la estación Agustín Ferrari, la anterior a Mariano Acosta. "El 14 de agosto –cuenta Gorosito–, Fabián salió a bailar con unos amigos. Iban a un boliche nuevo que creo que se estrenaba esa noche, en Marcos Paz. El lugar de reunión fue la puerta de la iglesia José Obrero. Es en el barrio Paraíso, es un barrio tranquilo."
Y llegó la policía... Fabián y sus amigos escaparon. ¿De qué? De nada. De la policía. "Les tienen miedo. Siempre detienen pibes y les pegan porque sí y entonces si ven policías corren. Lo que hizo mal mi hijo fue correr al descampado." Quién lo sabe. Es posible. Pero también es probable que Fabián cargara con una marca adicional. Las versiones, incluso, el padre no lo confirmó pero lo deslizó, indican que el pibe salía o había mantenido uno, quizás más encuentros, con la mujer de uno de los uniformados. Entonces, correr al descampado o hacia la urbanización daba lo mismo. En cualquier momento hubiera caído en un megaoperativo de saturación, en un supuesto enfrentamiento.
El 15 de agosto, los padres de Fabián lo buscaron desesperados. En la casa de algunos de los amigos se mencionó la aparición policial. Preguntaron entonces en la 6ª de Merlo, ubicada en la ruta 200, a esa altura avenida Balbín, y Varela. Nada, ni la menor seña por la seccional. Ese día por la tarde, vecinos de un descampado que se abre a unas cinco cuadras a la izquierda de la estación avisaron a los padres que habían encontrado un cuerpo que se asemejaba mucho a Fabián. Lo reconocieron. Murió asfixiado.
La sospecha inmediatamente quedó montada sobre la policía por los relatos de los amigos, pero faltaba todavía la bisagra que atara cabos y subcomisarios. ¿Dónde fueron a reconocerlo? "A la misma comisaría donde dijeron que no lo habían visto", recordó Carlos. Les entregaron las pertenencias de Fabián, entre ellas un celular que no era el del pibe. "Estaba roto, estaba vacío, no era el suyo. Fuimos a reclamar a la comisaría y enseguida apareció el de mi hijo. ¿Error? ¿O rastreo de las llamadas realizadas por el chico?" Al día siguiente, los familiares de Fabián se conectaron con un abogado de la familia. El 17 de agosto, se presentaron ante la Justicia. El caso recayó en la fiscal 4 de Morón, Valeria Courtado. La fiscal pidió la detención de los siete policías y el juez Gustavo Robles, las concedió. El operativo de saturación se realizó esta vez sobre la cresta de la inseguridad, en la misma comisaría. Hoy se les tomará indagatoria a los detenidos.
La investigación fue determinando que en primer lugar se intentó hacer pasar la muerte de Fabián como un accidente producto de una intoxicación y luego una caída en una zanja. Los peritajes en cambio, fueron apuntando a que sufrió un terrible castigo y luego fue llevado al descampado donde murió asfixiado mientras le presionaban la cabeza con la boca contra la tierra. En principio, una de las sospechas de la investigación es que al correrlos la noche del 14 de agosto atraparon a Fabián y lo trasladaron a la misma comisaría 6ª, donde pretendieron que se hiciera cargo de un robo y una violación que jamás pudieron demostrar que hubiera existido.
13 de noviembre de 2010
12 de noviembre de 2010
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declaró ana maría soffiantini


Vio en la ESMA a Norma Arrostito, a Madres y a las monjas francesas. La secuestraron cuando estaba cruzando la calle con sus hijos, un bebé y otro que apenas caminaba. Recordó ante el tribunal la Navidad de 1977 en la que apareció Massera de uniforme y toda su patota. El aliento de sus compañeros para que no se quebrara.
[Alejandra Dandan] Argentina. Ana María Soffiantini entró a la ESMA secuestrada el 16 de agosto 1977. Desde su libertad no estuvo en Capital, dijo, no se encontró con nadie, no leyó muchos libros y no hizo ese trabajo de reconstrucción de otros sobrevivientes. Ayer en la sala de audiencias de Comodoro Py contó, sin embargo, su historia cargada de detalles. Entre otras escenas, la Navidad de 1977, el día que ubicaron a un grupo de secuestrados en la parte ancha de la entrada a la Pecera. "Ahí aparece el máximo asesino que desgraciadamente o felizmente está muerto –dijo–: entró Massera vestido de blanco, acicalado, impecable, también Chamorro, Astiz y los marinos a decirnos Feliz Navidad, cosa que creo –agregó– fue la Navidad más negra de mis días, de todos los compañeros, ver a ese asesino ahí adentro." Después de ahí, Massera, cree, fue a ver a Norma Arrostito.
El día del secuestro, ese 16 de agosto, Ana María estaba en un departamento de la calle Fragata Sarmiento y Juan B. Justo. A eso de las diez o las once de la mañana, bajó a hacer las compras a una verdulería para el almuerzo de los hijos. María apenas caminaba y Luis era un bebé de menos de un año. "Cuando estoy por cruzar la calle con ellos –dijo–, se abalanza violentamente un grupo de hombres al grito de Montoneros, que era la manera para que la gente se quedara impactada, me sacan a Luis de los brazos y a María la levantan, me dan una trompada, me agarran los brazos, me dan patadas en las piernas, no sé si me esposan, me meten en un auto." Ella no sólo pudo registrar los gritos de su hija, sino a los hombres de la patota: Alfredo Astiz, Fragote (Carlos Orlando Generoso), Angosto (Pedro Osvaldo Salvia), Bicho (Carlos Pérez), Chispa (Gonzalo Sánchez), Héctor ‘Selva’ Febres, dijo: "Nombres que después escuché muchas veces".
La hicieron sentar en un banco duro con la capucha. Escuchó ruido de máquinas o de música. Levantó la cabeza con la capucha, vio que en el pasillo medio celeste había un cartel: Avenida de la Felicidad, decía.
La desnudaron y empezó la tortura. Alrededor, los nombres de los represores que ella soltó en tiempo presente: Selva; Trueno (Antonio Pernías), un morocho, transpirado; el Duque (Francis Whamond), el Tigre Acosta que entra y sale. Le dijeron que si no decía quién era iba a pasarle lo que les pasaba a los que estaban ahí: que estaba en la ESMA. Sintió la picana en las plantas de los pies. "Una situación que es terrible, porque la situación en general es terrible, lo que nos motiva a no hablar, no se lo deseo a nadie, ni a los asesinos."
Contra una pared estaba colgado el organigrama de Montoneros, con la estructura, la columna norte, la sur, la oeste. A ella la ubicaban ahí. Lo negó. Llevaron a una compañera: "Ana María Martí –dijo–, con grilletes y cara desencajada, y sus ojos hermosos que eran rojos de llanto, y que con unas palabras muy dulces me dice que aguante, y les dice a ellos que no me conoce, que no me hagan nada, que ella conocía a mi compañero".
Su compañero ya no estaba. Lo habían secuestrado el 20 de octubre de 1976. Whamond le dijo en esa tortura que lo habían matado por no colaborar y ella iba a seguir el mismo destino. En ese momento, llevaron a Norma Arrostito. Ana María nombró una y otra vez a ese cuadro político de Montoneros. Norma, dijo, "estaba engrillada, demacrada, y se me acerca, me agarra el brazo, me dice que resista, que no diga nada, con palabras muy especiales, como que sea lo que sea, íbamos a morir, y yo que la tengo en lo más íntimo de mi corazón y siempre la había respetado, eso me empujó a decir que sí, me convencí de que el destino iba a ser la muerte". No sólo los golpes o el espanto, se había convencido de que estar ahí era estar en el infierno: "Un nivel desconocido, una dimensión espantosa".
Como sucedió con otros, al otro día la vistieron, le pusieron una frazada de la ESMA y la llevaron a su departamento. No tenía las llaves. De un empujón rompieron y abrieron la puerta. Sus padres estaban adentro, horrorizados: "Yo me desprendo de los marinos, tenía los grilletes, las manos encadenadas y me tiro sobre mi madre: le digo que estoy en la ESMA y que la Gaby (por Norma Arrostito) está viva". En el departamento revolvieron todo, pero además le dieron vuelta el bolso. Se le cayó la pastilla de cianuro, ellos no se dieron cuenta. "Cosa que me tranquilizó –dijo– porque yo alegaba no estar donde ellos decían que yo estaba."
Ana María empezó a trabajar tiempo después en el sótano porque suponían que sabía hacer fotos. Trabajar, dijo ella, es una forma de decir porque no trabajaban, eran mano de obra esclava. La bajaban al sótano todos los días aunque, aclaró, que eso de los días no lo sabía: "No sabíamos cuándo era de día o de noche porque estábamos siempre con luces artificiales". Desde un tocadiscos sentían la sucesión de los discos, las canciones de Mercedes Sosa y Serrat. Y una puerta que se cerraba o se trancaba cuando había revuelta o picanas o torturas, y los marinos los protegían porque los suponían parte de un programa de recuperación, que ella y sus compañeros aceptaron sin ponerse de acuerdo, sabiendo que era una simulación. Debía revelar y copiar fotos. Luego, diagramar. Le pidieron el dibujo de un camión para una de las empresas que los marinos habían montado.
En la puerta de ese espacio siempre había un guardia. Algunos rotativos, otros habituales. Aparte de matar, dijo, hacían huevo. Entre ellos, estaba Ernesto Frimón ‘220’ Weber. "Ahí me entero de que 220 había participado de la muerte de Rodolfo Walsh", dijo. Y otro día, una de las veces en las que Alfredo Astiz ocupó esa silla para hablarles de su espíritu cristiano, supo del operativo en la Santa Cruz. "Nos enteramos de que estaban haciendo un trabajo de inteligencia ingresando a un grupo de familiares de los desaparecidos en una iglesia, después supe que era la Santa Cruz. Para el 8 de diciembre, hubo un gran revuelo y empiezan a ingresar gente, y volvemos a pasar por todas las situaciones de horror que eran habituales escuchar en el sótano."
Esa noche la llevaron a dormir a capucha, como siempre. Al otro día, cuando bajó, la agarró Héctor Coquet, uno de sus compañeros, y le dijo: "Mirá lo que han hecho estos hijos de puta: están torturando a las madres y religiosas".
Desde una pizarra ubicada al costado de la sala, Ana María se puso a hacer el dibujo de planos y de calles. Desde un cuartito de baño en construcción, al lado de la Huevera, se ponen a mirar por un pedazo de aglomerado roto: "Yo veo a dos mujeres, y un hombre al lado, estaban muy demacradas, y una más delgada que otra, y con un cartel atrás que decía Montoneros". Y dijo: "Y a Selva golpeando con algo como una manguera gruesa, que es como la de las aspiradoras, vestido de color rosa claro, y un compañero que estaba ahí para sacarle fotos". Supo después que eran las monjas francesas, porque alguno de los compañeros que tenían acceso a los diarios lo leyeron publicado en la prensa. "Sé que estuvieron ahí un tiempo, pero no mucho, no mucho."
Más adelante mataron a La Gaby, el nombre de Norma Arrostito. Ana María se la encontró justo cuando bajaba de Capucha a trabajar con otro de sus compañeros. "Al lado de los baños, estábamos esperando el ascensor para bajar y aparece el Tigre Acosta como loco." Había un enfermero y otros marinos, y ahí, entre los "verdes", el Tigre Acosta que decía: "¡La Gaby se muere! ¡Se nos va! ¡Se nos va!". Y, dice ella, "aparece con La Gaby en una camilla". A los gritos pidió por una de sus compañeras, Jorgelina. Le dijo, vamos, vamos. "Y pensamos que ya estaba muerta, pero parece que todavía no, la vemos color azul grisáceo y se la llevan en el ascensor, nosotros nos quedamos parados, helados: no podíamos creer lo que veíamos, fue un silencio eterno para todos."
El relato siguió. Ana María siguió hablando. Ya habían pasado otros dos testigos. La audiencia había comenzado con un sonido de música molesto en los parlantes. A esa altura, sólo hablaba Ana María. "El horror que pasábamos ahí nos marcó definitivamente nuestras vidas y nuestras familias –dijo–: no les deseo a los que están siendo juzgados acá, que pasen el horror, deseo que se haga justicia."
12 de noviembre de 2010
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intelectuales, ejem, de la ultraderecha


La Nueva Provincia": militar y católica." En un periquete, Néstor Kirchner activó a su Congreso remolón y le mandó instalar el Día del Guerrillero, que de eso se trata, y no del llamado Día de la Memoria... instalando en los niños de las escuelas la idea de que ellos eran sólo unos pobres muchachos románticos." (LNP, 18 de marzo 2006).
[Fortunato Mallimaci] Argentina. Una vez más, elogiando al militar degradado y condenado Emilio Massera, el diario de la familia Massot mostró su admiración por los terroristas de Estado y su odio visceral a la democracia y a la ampliación de derechos "a otros y a otras". Nada nuevo bajo el sol para los que nacimos, vivimos y militamos en nuestra juventud bajo la hegemonía mediática de La Nueva Provincia, LU2 y Canal 9 en Bahía Blanca. Por eso, la mayoría de las manifestaciones populares en los ’60 y ’70 tenían por objetivo las vidrieras del diario local.
La guerra justa, la guerra santa y la cruzada a muerte contra todo aquello que sonara a "subversión" y que contrariara sus principios "occidentales y cristianos", encontraron en sus páginas, en sus comentarios radiales y televisivos un estruendoso eco, apoyo, financiamiento y difusión. Eran coherentes, estaban convencidos, no dudaban, luchaban hasta el final, se sentían cumpliendo una misión sagrada a fin de conseguir sus objetivos no celestiales sino bien terrestres: el mejor enemigo es el enemigo muerto, torturado, detenido-desaparecido. Propagaron la consigna de que la sangre de los "subversivos" era necesaria para redimir la Argentina católica, la auténtica, la verdadera.
Fueron –y son– voceros del poder militar, político, económico, sindical, eclesiástico y académico de la ciudad y la región. Ningún actor dominante quería –quiere– prescindir de su apoyo. Por eso también combatieron –y combaten– toda expresión democrática y popular.
En la década del ’70 –mucho antes de que el golpe cívico-militar–religioso de 1976– colaboraron con la Triple A en el señalamiento y la eliminación de numerosos militantes que cuestionaban sus valores de orden, patria, familia y dios. ¡Cuántos amigos y amigas fueron masacrados en Bahía Blanca y alrededores con y por sus denuncias, sospechas y fichajes! Festejaban cada uno de esos asesinatos junto a sus amistades de la Base Naval de Puerto Belgrano o del V Cuerpo de Ejército. Encubrieron y justificaron todos los crímenes. Sus elogios a Saccheri, Tortolo, Remus Tetu, Massera o al general Vilas inundaron sus páginas queriendo mostrar que "eso" era todo el país, toda la Argentina.
Tocaron el cielo con las manos el 24 de marzo de 1976. Eran católicos y militares hasta los tuétanos y así concibieron el exterminio de los enemigos internos de uno y otro lado. Su sistemática prédica contra el cristianismo liberacionista y la militancia popular es apenas una muestra de ese vínculo perdurable.
Fue uno de los pocos –quizás el único– medio periodístico que tuvo conocimiento previo de la aventura de Malvinas. Y su apoyo fue nuevamente total. ¡La guerra, siempre la guerra, los entusiasmaba!
La democracia no estaba ni está en sus planes. Los perturba y los disloca. La sangre de los dos delegados gremiales de La Nueva Provincia y de los cientos de presos, asesinados y detenidos-desaparecidos en Bahía Blanca mancha a los Massot y sus cómplices locales y nacionales. Cómo olvidar la larga lista de "personalidades" que, sin pudor, publicaron obituarios en el diario La Nación el día de la muerte de la dueña del diario, Diana Julio de Massot, hace pocos meses.
También los desestabilizan los actuales logros en la búsqueda de justicia. Los Juicios por la Verdad, impulsados en soledad por el fiscal Cañon, mostraron que aun en ciudades que se suponen disciplinadas y controladas es posible abrir brechas y recorrer el camino de memoria y verdad.
En estas semanas están por comenzar los juicios a los responsables del terrorismo de Estado en Bahía Blanca. Cuando las sentencias sean dadas, los culpables sean encarcelados y podamos reivindicar a todas nuestras víctimas, veremos que más allá de las escandalosas tapas de La Nueva Provincia hay crecientes sectores de la sociedad bahiense que se indignan y alimentan nuevas esperanzas. Los que creyeron manejar vidas, tiempos y alegrías están ya rindiendo cuentas.
[El autor es doctor en sociología.]
12 de noviembre de 2010
11 de noviembre de 2010
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lofiego era un forajido


Dos mujeres identifican al Cura como represor.
[Sonia Tessa] Argentina. Óscar Bustos, Irma Justa de Canteloro y Ana Esther Fernández fueron los tres testigos que declararon ayer a la mañana en la causa Díaz Bessone. Bustos acusó a Ricardo Chomicky de haber participado en su detención y torturas, en septiembre de 1976. En su indagatoria, el imputado había afirmado que lo secuestraron el 1º de diciembre de 1976. Canteloro, de 82 años, relató su secuestro y posterior detención, porque la patota de Feced consideraba que ella "guardaba" a su yerno, Eduardo Alberto Britos, hoy desaparecido. Esta testigo se refirió a las preguntas intimidantes que su defensora oficial, Laura Inés Cosidoy, le hacía "muy dulcemente", pero siempre acusándola de "saber lo que había pasado". A Fernández la tuvieron más de un año en el sótano del Servicio de Informaciones. Las dos mujeres identificaron sin hesitar a José Rubén Lofiego, como quien comandó sus torturas y privaciones ilegales de la libertad.
Bustos fue secuestrado a mediados de septiembre de 1976, después de 10 allanamientos en su casa de Bella Vista. Se llevaron también a su madre y su padre. Buscaban a su hermano y a un medio hermano. Posteriormente, su hermano Pedro Raúl fue asesinado y Pablo Alejandro fue secuestrado en Campana. Continúa desaparecido. A Oscar lo levantaron en la calle. Lo trasladaron a la comisaría 7ª, donde empezaron a pegarle. En el traslado desde la seccional hasta el Servicio de Informaciones, Bustos identificó con horror, entre los miembros de la patota, a Chomicky, que había sido amigo y compañero de militancia de su hermano. En el SI fue torturado por el propio Chomicky, que le preguntó por el paradero de Pepo (Pedro). También Nilda Folch, novia de Chomicky, participó de los tormentos. Bustos pudo reconocer a la pareja en otro centro clandestino de detención, La Calamita, de Granadero Baigorria, adonde fue llevado dos meses después de su secuestro. Apenas se sentó el testigo, Chomicky comenzó a escribir en un cuaderno, y a intercambiar opiniones con su abogado defensor.
Entre sollozos, Bustos le dijo al Tribunal Oral Federal número 2: "Este es un peso que tengo hace 34 años, que me lo quiero sacar". Contó los brutales golpes y torturas que recibió, así como las secuelas que le provocaron los tormentos. El testimonio de Bustos tuvo una particularidad: ubicó a Chomicky operando junto a la patota de Feced antes de su declarado secuestro. "El sabe muy bien cuándo me vio", respondió ante la insistencia del defensor de Chomicky. Cuando le pidieron que precisara desde cuándo el imputado frecuentaba su casa, Bustos afirmó: "Ojalá estuviera mi hermano, para decir exactamente cuándo lo conoció". El testigo subrayó que su madre "quería como un hijo" a Chomicky, quien fue "como uno más" de su familia. Bustos contó que ocho meses después de su secuestro fue liberado, como así también su padre y su madre. En marzo de 1977 les dieron el cadáver de Pedro, que había sido masacrado.
La última testigo de la mañana fue Canteloro, de 82 años. Antes y después del golpe militar, la mujer sufrió dos allanamientos en su casa. En el primero, del cual no pudo precisar la fecha, la despojaron de todas sus pertenencias y la llevaron detenida por 48 horas junto a sus dos hijas, Dalia y Gloria. La mujer se mudó a otra casa. El 14 de septiembre de 1976, la patota buscaba a su yerno y volvió a allanar su domicilio. A Irma la secuestraron, la llevaron al Servicio de Informaciones. Primero la tuvieron en la parte de arriba, donde estaba la sala de torturas. Allí la interrogó Raúl Guzmán Alfaro, quien la amenazó con un revolver y un cuchillo. La mujer -entonces de 48 años se descompuso. Cuando reaccionó estaba en un pasillo, donde encontró "todos muchachos, vendados". Reconoció a José Berra, y escuchó nombrar a José Aloisio. "Sentí gritos, lamentos, evidentemente les estaban pegando, torturando, azotando", dijo la mujer. Irma estuvo unos meses en el Servicio de Informaciones, fue llevada a la Alcaidía y luego a la cárcel de Devoto. Al salir, en 1978, luego de algunas intimidaciones, se fue del país. La señora dijo que Lofiego comandó "la banda de forajidos" que allanó su casa.
Por su parte, Fernández fue la primera testigo de la mañana. Fue secuestrada en agosto de 1976. Primero estuvo en la parte superior del SI, donde fue torturada durante dos noches, bajo dirección del Ciego. Posteriormente, pudo verle la cara cuando la mantuvieron detenida en el sótano. "Me llamaba para interrogarme. La tortura era verlo a él", dijo la testigo. También lo vio cuando la trasladaron al hospital Centenario, con un principio de enfisema. Lofiego llegaba a la sala con una bata de médico.
11 de noviembre de 2010
10 de noviembre de 2010
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habló el gringo aloisio


El testimonio del ‘Gringo’ Aloisio. Voz y cara de Chomicky.
[José Maggi] Argentina. ‘El Gringo’ José Aloisio (en la foto) marcó ayer en su testimonio dos hechos que provocaron tensión en el recinto donde se juzga a la patota de Feced y el general Díaz Bessone: primero cuando aseguró haber escuchado la voz de Ricardo Chomicky y la prófuga ‘Polaca’ Folch, -quienes se transformaron en colaboradores de los represores , "en la segunda quincena de setiembre de 1976", lo que contrasta con el relato del ‘Caddy’, que aseguró haber sido detenido el 1 de diciembre de ese año. ¿Qué hacía Chomicky en el Servicio de Informaciones tanto tiempo antes de haber sido oficialmente detenido? Esta es la pregunta que quedó flotando en la sala de audiencias. En rigor por la mañana Oscar Bustos había asegurado que Chomicky había participado de su detención ocurrida también en setiembre del 76. El segundo momento de tensión ocurrió cuando el Gringo se dio vuelta y mirando a la cara al ‘Caddy’ le pidió que revelara "dónde estaba Daniel Farías", un compañero de militancia. La cara de Chomicky se desfiguró y empezó a moverse en su asiento. Solo se calmó cuando la presidenta del Tribunal Oral Federal Nº1 Beatriz Baravani, le pidió a Aloisio que se dirigiera hacia el pleno del Tribunal. "Es que esta posición, de espaldas a los imputados, me remite a la forma en que nos interrogaban, sin poder verlos a la cara", recordó el Gringo.
Lo cierto es que con su testimonio, Aloisio derribó uno de los argumentos de la defensa, que intentaba hacer valer el reconocimiento negativo que había tenido lugar sobre las personas de Marcote y de Lofiego. Aloisio aclaró que esos fueron reconocimientos de personas, pero no de voces, que es algo que podría identificar un detenido, torturado, encerrado durante largo tiempo y con los ojos vendados.
Aloisio recordó que escuchó la voz de Folch y Chomicky "entre el 20 y el 22 de setiembre" antes de que lo subieran "a la favela". "Las voces que escuché se movían junto al Gordo Brunato", alias Tu Sam a quien reconoció el día que allanan la casa de su padre para detenerlo, porque iban a la misma escuela.
El Gringo remarcó que "hay contradicciones en las declaraciones de Folch y Chomicky ya que ella en su momento aseguró que la habían detenido el 27 de noviembre, y a él el 1 de diciembre, pero ambos dijeron que los habían detenidos juntos, y que soportaron semanas enteras de torturas. Pero si esto fuera cierto por qué lo detuvieron a Juan Carlos Ramos, en los primeros días de diciembre, el día después que el Caddy durmiera en su casa. Se ve que aguantaron poco la tortura", deslizó con ironía Aloisio dejando trascender lo que muchos militantes sospechan.
Pero otro de los momentos tensos fue cuando el Gringo le preguntó al ‘Caddy’ por Daniel Farías. "Lo pregunté porque era mi compañero del Nacional 2, detenido el 20 de febrero de 1977 en la misma época que Analía Minetti y Horacio Melelli. Y como la Polaca y Chomicky estuvieron colaborando en el Servicio, lo tendrían que haber visto. Lo único que le pedí era que diga lo que pasó".
En cuanto a su declaración Aloisio recordó que fue secuestrado el 14 de setiembre de 1976 en la casa de sus padres en calle La República al 2400 cuando un grupo de entre nueve y diez personas rodearon la vivienda: "En la puerta lo pude ver a Tu Sam. Me golpearon y subieron a un Torino, con el que fuimos hasta una intersección de la avenida Alberdi, donde escuché gritos de una mujer que después supe era la flaca Beletti. Después me enteré que en el mismo periplo lo habían detenido a José Luis ‘Pepe’ Berra".
"El siguiente destino fue el Servicio de Informaciones -agregó- donde sufrí las torturas similares a las relatadas por otros compañeros, luego me trasladaron a la cárcel de Coronda y finalmente a las cárceles de Caseros y La Plata".
Después Aloisio tuvo tiempo de detenerse en un rasgo característico de las últimas declaraciones de víctimas: la actitud que como defensora federal oficial tuvo con ellos la actual camarista federal Laura Inés Cosidoy. Aloisio confesó que nunca la había visto durante su encierro, ni después durante el período de libertad vigilada "cuando tenían que venir a firmar a este mismos edificio, en una oficina del subsuelo ingresando por calle Alvear". Y agregó: "Cuando murió mi padre, estaba detenido en La Plata, y ella no hizo nada para que yo pueda estar en su velatorio".
Un capítulo aparte merece la repetida actitud de los defensores: cotejar las testimoniales de la década del ’80 con las actuales para buscar contradicciones en los relatos. Ayer el tribunal debió zanjar esta diputa entre los querellantes y el fiscal Stara y Germán Artola, abogado de la defensa de los imputados Marcote, Vergara y Scortechini, quien solicitó al tribunal se cotejen los dichos de Aloisio quien señaló en su declaración anterior a varios represores, a los que había sumado ahora otros nombre, el defensor intentó hablar de "contradicción". Las querellas adhirieron a la oposición del fiscal y la abogada Gabriela Durruty agregó: "La cercanía del juicio oral hace que los testigos recuerden más cosas".
11 de noviembre de 2010
10 de noviembre de 2010
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entierro en las sombras


Absoluta falta de interés en deceso de ex dictador. Al diario La Nación, ayer, no llegó ni un solo aviso para Necrológicas.
Argentina. El día después de la muerte de Emilio Massera, los familiares del dictador eligieron la discreción. El matutino La Nación no publicó avisos fúnebres, ni ajenos ni propios, aunque hoy se difundirían algunos saludos del núcleo íntimo del dictador. Sus dos hijos, los únicos allegados que acudieron al Hospital Naval luego de conocerse su fallecimiento, no hicieron declaraciones y aún no se difundió públicamente el lugar o la fecha de las exequias.
Entre los más sorprendidos por la escasa repercusión de la muerte del ex almirante estaban los empleados que reciben los avisos para el diario La Nación, una clásica tribuna de despedidas a represores. El año pasado, el periódico fundado por Bartolomé Mitre fue el lugar que el propio Massera y sus familiares escogieron para saludar a su amigo Federico Barttfeld, un diplomático vinculado con la logia P-2. Quizá por ello el asombro fue grande en Barrio Norte. "Ayer (por el lunes) nos llamaron del diario para informarnos de la muerte de Massera y para decirnos que vivía por esta zona, que nos preparáramos para que llegaran muchos avisos. Pero nada, ni uno solo", reveló a Página/12 uno de los responsables de la receptoría oficial de Arenales 2702. En la sucursal de la calle Juncal, en Retiro, tampoco ocultaron su desconcierto. El empleado del local, además, ratificó: "Nadie del diario nos llamó para decir que no publicáramos algún aviso en particular".
"Nosotros también estábamos extrañados", confesó una fuente del diario de Mitre, quien no obstante reveló que por la mañana "llegaron tres (avisos) de la familia" de Massera para ser publicados hoy. También destacó lo "raro" de que "ningún cavernícola" ajeno al círculo íntimo del ex dictador haya decidido despedirlo por esa vía.
El mismo martes, la Justicia había liberado el cuerpo del dictador para que su familia disponga del mismo, pero sus allegados mantuvieron el hermetismo y no revelaron dónde sería inhumado. Ayer a la tarde circularon rumores sobre un posible entierro en el Parque Memorial de Pilar, pero la empresa negó estar llevando adelante el servicio fúnebre.
11 de noviembre de 2010
10 de noviembre de 2010
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