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flores de septiembre


Pablo Osores, Nicolás Wainszelbaum y su documental ‘Flores de septiembre’. El dúo de realizadores se propuso retratar la desaparición de tres estudiantes del colegio Carlos Pellegrini, pero también el modo en que la dictadura afectó a todo el universo de docentes y estudiantes, signados por la persecución y la paranoia.
[Óscar Ranzani] Argentina. La relación de Roberto Testa con el colegio Carlos Pellegrini tiene muchos años: actualmente es regente del turno vespertino, pero hace más de dos décadas que está ligado a la institución donde cursó sus estudios secundarios entre 1979 y 1984. Es decir, Testa tuvo casi toda su formación durante la dictadura. Cuando retornó la democracia, un grupo de alumnos de la escuela investigó su funcionamiento durante la etapa más oscura del país y descubrió que en el Pellegrini hubo estudiantes desaparecidos. Basándose en esos datos, Testa retomó el tema en 1995 y realizó su propia investigación, que se publicó en una revista interna del Centro de Estudiantes de aquel entonces. Seis años después, en 2001, los documentalistas Pablo Osores y Nicolás Wainszelbaum –que dictaban cursos sobre cine e imaginario social en el Pellegrini– decidieron motorizar un proyecto cinematográfico sobre este emblemático colegio, uno de los más prestigiosos del país. A poco de iniciada la investigación, conocieron a Testa. Desde entonces, el trío se abocó a elaborar el documental ‘Flores de septiembre’, que se estrenará este jueves en la cartelera porteña, justo cuando se cumplen 34 años de ‘La Noche de los Lápices’.
‘Flores de septiembre’ aborda los efectos de la dictadura en el Pellegrini, pero mucho más que eso. Es una historia sobre la vida cotidiana en los patios del colegio durante el terrorismo de Estado, en la que emergen los recuerdos de aquellos alumnos de los ’70 y sus valores: el amor, la amistad, las ilusiones, pero también las pérdidas de aquella comunidad educativa. A lo largo de casi dos horas, desfilan testimonios de ex alumnos, ex profesores y ex autoridades que trazan un panorama de lo sucedido en las aulas, signadas por un férreo método de control disciplinario. Claro que hay diferencias: mientras el ex rector de los años oscuros se muestra preocupado porque en la actualidad ve a las chicas tomando gaseosa en las escalinatas del Pellegrini, nada dice acerca de los desaparecidos durante su gestión. Hay otros testimonios que no indignan como el anteriormente mencionado, sino todo lo contrario: el de algunos ex alumnos que, por momentos, embellecen el documental con sus relatos recordatorios. Si bien ‘Flores de septiembre’ focaliza en tres casos de de-saparecidos –Mauricio Weinstein, Juan Carlos Mártire y Rubén Benchoam–, el documental se abre hacia testimonios de sobrevivientes de aquella etapa, compañeros de ellos, hayan sido militantes o no. Presentado en el Bafici 2003, ‘Flores de septiembre’ se estrena recién este año, luego de haber atravesado problemas presupuestarios.
El documental arranca en el año 1971. "La idea con esto fue mostrar cómo era el clima previo al auge de masas que se hizo muy visible en 1973, pero que en otros ámbitos había arrancado desde 1968 y 1969 con el Cordobazo", señala Testa sobre el inicio temporal del documental. "La historia central es sobre un grupo de chicos que ingresó a la escuela en 1973. Ellos estaban en primer año en el ’73, en medio de un auge de masas. A sus trece años despertaron a la política con esa sensación de Ahora o nunca, de Vamos por el cambio social y la revolución, etcétera. Así es cómo ellos ingresaron al colegio. Por eso arranca desde un poco antes", agrega Testa.

¿’Flores de septiembre’ tiene como principal objetivo mostrar cuáles y cómo fueron los efectos de la dictadura en el Pellegrini?
Roberto Testa: –Ese es uno de los aspectos. Nosotros creemos que retratar un pequeño universo como el Pellegrini ayuda a pensar qué fue lo que pasó en el país en esa época.

Si bien el documental menciona otros casos, focaliza sobre lo sucedido con Rubén Benchoam, Mauricio Weinstein y Juan Carlos Mártire. ¿Sus historias funcionan como representaciones de ese momento histórico del colegio?
Nicolás Wainszelbaum: –Se centra ahí, pero hay muchos relatos que muestran también la pintura de época. En realidad, es un grupo de cinco amigos, de los cuales ellos tres están desaparecidos. Alejandra Naftal estuvo desaparecida, pero luego fue blanqueada. Y Gustavo Frojan fue un militante que dejó de militar a poco de iniciado el golpe. Esto por un lado. Pero por el otro, hay relatos de los ex alumnos de la misma división que no tenían que ver con la militancia y que también componen este pequeño relato.

Justamente, el film no muestra solamente a los compañeros de militancia, sino también a aquellos que no estaban políticamente comprometidos. ¿Cuál fue el motivo de esta decisión?
R. T.: –Ampliar el espectro de lo que se muestra. Si bien la desaparición de personas es un hecho tan monstruoso que es ineludible a la hora de hablar de la dictadura, la idea era poder caminar un poco por los márgenes de esta historia para poder ver otros sujetos. Es decir, cómo estaba, por ejemplo, aquel que no militaba pero que también sentía miedo porque la situación general era de temor y, a la vez, tenía una relación medio tensa o de no mucha comprensión respecto del que sí militaba. También se muestra cómo estaba el profesor que tenía que dar clase y que tenía miedo no sólo de lo que las autoridades pudieran decirle, sino de lo que los chicos pudieran contar en sus respectivas casas de lo que él decía en clase. Es decir, la idea fue ver todo este marco donde la dictadura afectó, más allá de las desapariciones, hasta el último rincón de este pequeño universo que es la escuela.

Es una película que denuncia la perversión militar y que recuerda a los estudiantes pero, a la vez, muestra el valor de la amistad en tiempos difíciles. No sólo quedan reflejadas las ideas, sino también los sentimientos.
N. W.: –Lo pensamos así porque la trama que buscábamos era esa cosa sobre la adolescencia como gran tragedia y con toda la intensidad y pasión con que se vivía.

R. T.: –Para mí es una película de amor en sus distintas facetas: está el amor de pareja, el amor de amigos, el amor de la familia, el amor a la causa. Es decir, distintas formas de compromiso emocional e intelectual, pero sobre todo emocional, que son la sal de la vida y del relato. Si nosotros hubiéramos intentado una explicación política del Proceso, habríamos hecho un ensayo. Pero no podía haber una película. La película existe desde el momento en que existe todo eso que usted dice.

¿Cómo relacionan aquel pasado de lucha estudiantil con este presente de protestas en los colegios tomados?
R. T.: –Hay una cosa que es insoportable y hay que decirlo: la idea de que los directores de escuela deben mandar a la policía listas con los alumnos que son militantes es una idea propia de la dictadura. Y a pesar de que se pierdan días de clases, que es una pena, está muy bien que haya una respuesta social fortísima contra semejante grado de hijaputez. Está bueno que haya esas respuestas. Así como, en algún momento, también se paró la designación de Abel Posse gracias a una respuesta social muy fuerte. Ahí se ve cuál es el orillo de la política del Gobierno de la Ciudad respecto de la educación. ¿A quién se le puede ocurrir pedirle a los directores de escuelas que denuncien a chicos de 13, 14, 15 o 16 años a la policía? ¡Es enervante!

¿Cómo fue el origen de ‘Crisantemo’, el tema que compuso Luis Alberto Spinetta para el documental?
R. T.: –La música de la película se la habíamos encargado a un productor muy conocido que es Rafael Arcaute, que también es un ex alumno de la escuela. En aquel momento, Rafael estaba trabajando con Spinetta. Y el día que apareció con la canción del Flaco fue increíble. Nosotros no lo podíamos creer. Cuando Rafael me puso los auriculares y me dijo que escuchara sin mencionarme que era de Spinetta, de pronto escuché la voz del Flaco y lo miré sin poder creerlo.
14 de septiembre de 2010
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fiscales en acción


Juicio contra Díaz Bessone.
[Sonia Tessa] Argentina. El día gris y el frío no amedrentaron a quienes todos los días llegan a hacer el aguante en los tribunales federales, en calle Oroño, donde se desarrolla el juicio oral y público contra Díaz Bessone por crímenes de lesa humanidad. En la vereda, hubo mates y una torta con chispitas de chocolate. En tanto, en la corta audiencia de ayer, la secretaria Silvina Andalaf informó que se recibieron "dos resoluciones de la Sala II de la Cámara Nacional de Casación Penal relativas a la recusación de Gonzalo Stara, que habían sido presentadas por la defensa de los imputados José Rubén Lo Fiego y Mario Alfredo Marcote". La recusación fue rechazada. Una vez conocida esta decisión, los fiscales Mario Gambacorta y Gonzalo Stara respondieron los pedidos de nulidades de las defensas, expresadas las semana pasada. Después de escucharlos, el Tribunal presidido esta semana por Jorge Benegas Echagüe decidió pasar a cuarto intermedio hasta el lunes 27 de septiembre, debido a la cirugía prevista de uno de los acusados, José Antonio Scortechini.
Las fotos de desaparecidos que se esparcieron ayer en las sillas destinadas al público llevaban debajo de las imágenes, los nombres. La Madre de la plaza 25 de mayo, Chiche Massa, estuvo sentada con su pañuelo blanco durante la audiencia. En tanto, la histórica militante de organismos de derechos humanos, Alicia Lesgart sostenía entre sus manos, con todo celo, la carpeta con las fotos que hacen honor a los desaparecidos.
Adentro de la sala, en el banquillo, como todos los días, estuvieron sentados Lo Fiego, Scortechini, Marcote, Ramón Rito Vergara y el civil Ricardo Chomicki, que fue secuestrado por la patota, y luego se convirtió en colaborador. El máximo acusado, Ramón Genaro Díaz Bessone, volvió a retirarse a una sala contigua.
A Gambacorta le tocó iniciar la audiencia con los argumentos de la acusación para subrayar la validez del proceso, y responder a los pedidos de nulidad. El fiscal indicó que el principio de juez natural no fue violado, dado que la causa se inició, en 1984, bajo el Código de Justicia Militar, y jamás fue tramitada bajo la ley 2372. De este modo, desmontó el argumento de las defensas sobre la posibilidad de sus representados de elegir un juez diferente al Tribunal Federal Oral correspondiente. En 1994, cuando la causa por los delitos de lesa humanidad se reabrió, estaba vigente el nuevo Código Procesal Penal. "No hubo violación el juez natural, porque no hubo sustracción arbitraria del magistrado actuante", indicó Gambacorta.
Por su parte, Stara respondió sobre la falta de congruencia entre la acusación informada en las indagatorias y las que forman parte de la requisitoria de elevación a juicio oral. El fiscal desestimó tal violación al derecho de defensa en juicio. "La requisitoria guarda correlatos con los hechos descriptos en la indagatoria", dijo el representante del Ministerio Público, quien recordó además que los hechos de cautiverio, privaciones ilegales de la libertad, imposición de tormentos y de condiciones inhumanas de detención formaron parte de un plan sistemático de represión ilegal, y por eso los acusados no pueden alegar sorpresa. "De ninguna manera varió la plataforma fáctica", apuntó Stara.
El fiscal también respondió al pedido de suspensión de las audiencias hasta que se acumulen las causas en curso contra Díaz Bessone, realizado por Gonzalo Miño, el defensor particular del represor. "El Tribunal ha rechazado in límine un planteo similar", recordó Stara. Al mismo tiempo, valoró que no puede ser considerada una cuestión preliminar. Y enumeró las resoluciones que desestimaron estos planteos. "Corresponde dejar sin efecto la acumulación de causas si con eso se provoca un evidente retardo", citó Stara. Cuando la fiscalía terminó, Benegas Echagüe comunicó el cuarto intermedio hasta el lunes 27. Bajo la presidencia de Otmar Paulucci, ese día se conocerá la decisión del Tribunal sobre los pedidos de nulidades. Si ninguno prospera, comenzará la etapa de indagatorias. A la salida, todos los militantes del aguante se retrataron en las escalinatas de Tribunales, con las flamantes fotos de los desaparecidos.
14 de septiembre de 2010
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testigo en peligro


Un testigo protegido vinculó a represores con el crimen de Silvia Suppo. El testimonio fue aportado por la querella. Debía mantenerse bajo estricto secreto, debido al peligro que corría quien accedió a brindar datos. A partir de estos nuevos datos, el juez Alejandro Mognaschi tomó dos nuevas indagatorias.
[Sonia Tessa] Santa Fe, Argentina. La información debía manejarse de manera confidencial, pero se filtró en medios de comunicación de Rafaela y Santa Fe. Un testigo presentado por la querella vinculó el crimen de Silvia Suppo con acusados por causas de lesa humanidad. Lucila Puyol y Guillermo Munne, abogados de Marina y Andrés Destéfani, los hijos de Suppo, concurrieron la semana pasada al juzgado federal número 1, a cargo de Reynaldo Rodríguez, para presentar al testigo, dado que el magistrado lleva adelante la causa por el secuestro y desaparición de Guillermo Hattemer (pareja de Suppo en 1976), así como los secuestros de la propia Suppo y su segundo esposo, Jorge Destéfani. Sin embargo, la fiscal Cintia Gómez y el propio Rodríguez decidieron remitir las actuaciones al juez provincial Alejandro Mognaschi, que tiene a cargo la investigación del asesinato de la testigo y víctima del terrorismo de Estado, ocurrido el 29 de marzo pasado. Mognaschi ya tenía decidido cerrar la instrucción, acusando a Rodrigo Sosa y Rodolfo Cóceres, de 19 y 22 años. Sin embargo, fuentes judiciales confirmaron que la semana pasada -y a raíz de los dichos de este nuevo testigo fueron indagadas otras dos personas.
En tanto, Puyol, Munné y la también abogada querellante Paula Condrac, presentaron la semana pasada un pedido de declinatoria del juez Mognaschi, al entender que el asesinato de Suppo debe investigarse en la justicia federal, ya que está vinculado con la condición de víctima y testigo de delitos de lesa humanidad de quien brindara uno de los testimonios más importantes en la causa Brusa. La causa contra el ex juez federal Víctor Brusa y otros cinco integrantes de los así llamados grupos de tareas, terminó con condenas de entre 21 y 23 años de prisión el 21 de diciembre del año pasado.
Justamente, el pedido para que el testigo declarara bajo protección y reserva de su identidad estuvo fundado en el grave peligro que corría su vida a partir de esa declaración. Sin embargo, el diario Castellanos de la ciudad de Rafaela publicó la información, descalificando los dichos de este nuevo testigo, así como también a la querella.
Tras la filtración, ex detenidos desaparecidos junto a integrantes de organismos de derechos humanos escribieron una carta dirigida "a los/as compañeros/as, hermanos/as, militantes y en especial a quienes honran la memoria de Silvia". La intención fue dilucidar la situación de la causa. "El desarrollo del expediente nos lleva a plantear demasiadas dudas por la impericia policial, las tremendas contradicciones de los funcionarios policiales en sus testimoniales, las llamadas anónimas nunca investigadas y la escasez de medidas que abran una línea de investigación distinta al ’homicidio en ocasión de robo’", dice el documento que no se envió a la prensa.
Entre las dudas que surgen para los militantes, la principal está centrada en la falta de elementos objetivos de prueba. No hay huellas identificables ni sangre en la ropa, en los cuchillos supuestamente usados para matar a la víctima, así como tampoco en la ropa encontrada en un campo cercano a Rafaela. Además, Cóceres no cuenta con ningún antecedente penal, mientras Sosa -con antecedentes de robos es analfabeto, lo que genera dudas sobre la competencia para ejecutar un crimen con tan pocos cabos sueltos. Al mismo tiempo, la pericia del Cuerpo de Médicos Forenses de Rosario no concluyó con certeza que los cuchillos secuestrados fueran los utilizados para matar a Suppo.
En ese escrito, los militantes indican: "Por la seriedad de la información y por razones de seguridad no pudimos informar abiertamente, por lo que acudimos a las autoridades nacionales, que nos brindaron todo su apoyo".
13 de septiembre de 2010
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demasiado enfermo para juicio


Ex represor argentino Bussi no sería juzgado por problemas de salud. El ex comandante de 84 años acusado de delitos de lesa humanidad, padece "severos problemas físicos y psicológicos", sostiene un informe de los peritos revelado por una agencia trasandina.
Argentina. El ex comandante Antonio Domingo Bussi sería eximido de un juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura en Argentina (1976-1983) por padecer "severos problemas físicos y psicológicos", según un informe de peritos forenses que será evaluado por el tribunal a cargo.
El Tribunal Oral Federal en lo Criminal de la provincia argentina de Santiago del Estero analizará el informe de los peritos de la Corte Suprema de Justicia antes de iniciar el martes el juicio por la detención y asesinato en 1976 del estudiante universitario Cecilio José Kamenetkzy.
Bussi, de 84 años, padece "severos problemas físicos y psicológicos", sostiene el informe de los peritos revelado por la agencia local DyN.
El tribunal ya había decidido apartar al ex dictador Jorge Rafael Videla y al ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez del juicio oral, ya que ambos son juzgados en otro debate que se realiza en la provincia de Córdoba y que aún no finalizó.
Los jueces fijarán oportunamente nueva fecha de debate para juzgar a Videla y a Menéndez.
Sí serán juzgados en cambio el ex jefe de los grupos de tareas de la Policía provincial Musa Azar y dos de sus subordinados.
Bussi cumple prisión perpetua domiciliaria tras haber sido condenado en otro juicio por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.
El ex militar comandó el Operativo Independencia que combatió a las guerrillas en la provincia de Tucumán y fue gobernador de ese distrito durante el régimen de facto y luego, tras el fin de la dictadura, por votación democrática.
12 de septiembre de 2010
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anulan causa por ddhh en reconquista


Anularon elevación a juicio de la causa que investiga el terrorismo de estado en Reconquista. Fallas profundas en el debido proceso. El tribunal oral de Santa Fe tomó la decisión sobre esta causa que investiga a seis represores de la III Brigada Aérea de Reconquista, donde operó un centro clandestino de la dictadura. Hay otros cinco policías imputados.
[Juan Carlos Tizziani]  Santa Fe, Argentina. El Tribunal Oral Federal de Santa Fe anuló la elevación a juicio de la causa que investiga a seis represores de la III Brigada Aérea de Reconquista, donde operó un centro clandestino de la dictadura y están imputados el ex jefe de inteligencia de la base, comodoro Danilo Sambuelli y cinco policías de la provincia: Carlos Nickisch, Horacio Machuca, Rubén Molina, Eduardo Luque y Arnaldo Neuman. La decisión fue adoptada por fallas procesales que afectan las garantías del "debido proceso legal" y la "defensa en juicio" de los detenidos, como la "incongruencia" entre los hechos imputados en las indagatorias, en el procesamiento y en la elevación a juicio. El caso más notorio es el de Sambuelli, a quien se lo acusó por la "privación ilegal de la libertad, vejámenes y tormentos" a trece víctimas, se lo procesó por tres hechos "sin definir su situación procesal en los restantes" y en el requerimiento de elevación a juicio, el fiscal lo acusó por seis, entre ellos tres por los que nunca fue procesado. "Esto muestra que se ha trasgredido aspectos esenciales del proceso", señaló el Tribunal que devolvió el expediente al juez federal de Reconquista, Aldo Alurralde, quien ahora deberá sanear las "irregularidades" de la investigación antes de llegar al debate oral y público.
En un fallo con el voto unánime de los jueces María Ivón Vella, José María Escobar Cello y su colega de Rosario, Otmar Paulucci "designado para esta causa , el Tribunal repasó "la situación procesal" de los seis imputados y los hechos que les atribuyeron "en cada acto relevante de la instrucción".













El Tribunal concluyó entonces que "las irregularidades extensamente detalladas, violan expresas normas procesales que exigen por una parte que el juez deba resolver la situación procesal del imputado luego de que éste haya prestado declaración indagatoria, y por otra, que la instrucción debe estar completa, todo ello previo a que se formulen los requerimientos de elevación a juicio de la causa".
12 de septiembre de 2010
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declaró sara méndez, sobreviviente


Sara Méndez, sobreviviente del Cóndor. Del juicio por los crímenes de Orletti al reencuentro con su hijo tras 26 años. Fue secuestrada en Buenos Aires durante una operación conjunta del Plan Cóndor. Luego los militares la trasladaron a su país, Uruguay, en un vuelo clandestino, donde estuvo presa con la hoy primera dama. Un caso testigo.
[Mercedes López San Miguel] Argentina. Fue durante 26 años una madre buscando a su hijo robado por las dictaduras uruguaya y argentina. A su hijo de veinte días se lo quitaron no bien irrumpieron en su casa de Belgrano en julio de 1976. Sara Méndez, que es uruguaya, fue llevada al centro clandestino Automotores Orletti durante una operación conjunta del denominado Plan Cóndor. Luego los militares la trasladaron a su país en un vuelo clandestino. Más tarde estuvo presa en el penal de Punta Rieles con Lucía Topolansky, la esposa del hoy presidente José Mujica. En 2002 pudo ver el rostro ya adulto de su hijo Simón. Sara Méndez contó su historia a Página/12 tras declarar en el juicio oral por los crímenes de Orletti. Enumeró a los implicados argentinos que ella pudo reconocer: el ex jefe de la SIDE Otto Paladino, a Aníbal Gordon y Eduardo Ruffo. Del lado uruguayo, Méndez reconoció al teniente coronel Rodríguez Buratti –quien se suicidó hace cuatro años–, al hoy procesado José Nino Gavazzo y al capitán Manuel Cordero.
La noche del 13 de julio quedó grabada en la memoria de Sara Méndez. "Unas quince personas de civil entraron a mi casa rompiendo puertas. Yo estaba con mi bebé y una compañera que militaba en la izquierda como yo. Tomaron posesión de las dos plantas y ahí mismo empezó el interrogatorio y la tortura para que digamos direcciones y nombres de otros uruguayos que estaban viviendo en Buenos Aires. Mi marido, Mauricio Gatti, no iba a llegar esa noche. Nino Gavazzo y Rodríguez Buratti comandaron el operativo."
Los militares se quedaron con su hijo. "Cuando agarro a Simón en mis brazos me dicen que lo deje, que no lo puedo llevar conmigo. ‘No se preocupe señora’ –lo recuerdo como algo grotesco de quienes ya me habían golpeado e insultado–. Al niño no le va a pasar nada porque no es una guerra contra los niños."
Sara Méndez militaba en el Partido de la Victoria del Pueblo que se había reorganizado en Argentina. "Se conforma un frente de lucha contra la dictadura acá, desde el exilio. Lo paradójico es que el partido se rearme en el exilio y el régimen argentino le aplica un golpe rotundo." Ella dice que no usó armas nunca.
A Sara la trasladaron al centro clandestino Automotores Orletti, en donde estuvo –cree– diez días. "El lugar quedaba en el Bajo Flores, donde por delante pasaba el tren y detrás había una escuela. Ese pozo o chupadero, como le dicen acá, era un lugar de tortura y exterminio. En algunos casos si no lo mataban allí, lo sacaban y ya estaba la desaparición forzada como método represivo. Yo fui secuestrada, no me dieron información, no pude ver a mi familia."
Al otro día de su secuestro su marido Mauricio tuvo indicios de que algo andaba mal. La familia Méndez, alertada por aquél, empieza a buscar a Simón y a ella. Su padre se trasladó a Argentina y junto con gente del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados –Acnur– realizaron la búsqueda. Mauricio Gatti murió en 1991.
Sara Méndez recuerda el montaje de su detención en Uruguay. "Fuimos trasladados 24 personas de Buenos Aires a Montevideo. El hermano de mi marido, Gerardo Gatti, quedó en Automotores Orletti. Nos llevaron en lo que hoy se llama el primer vuelo. Estuvimos cuatro meses como desaparecidos en sedes clandestinas. Luego alquilaron una casa en un balneario y habitaciones en hoteles céntricos de Montevideo, hicieron documentos falsos a gente que se parecía físicamente a nosotros y los mandaron a registrarse en esos lugares. Simularon que habíamos entrado al país por nuestros propios medios. Ahí empezó el montaje. Y luego nos ‘van a detener’ como si estuviéramos parando en esos lugares. Fue una falsa detención en octubre de 1976. Nos llevaron a la Justicia militar, con las actas fraguadas y nos procesaron. Hoy sabemos que entre nuestro secuestro y la detención falsa hubo un segundo vuelo con otros uruguayos."
Luego Sara fue llevada por el mismo Nino Gavazzo al penal de Punta Rieles, en Montevideo, en donde estuvo cuatro años y medio. Allí conoció a quien hoy es primera dama de Uruguay, Lucía Topolansky.
"Eramos compañeras. Estaba también su gemela María Elia. Comíamos juntas, hacíamos actividades de estudio, aprendíamos de la especialidad de la otra. Yo era maestra, Lucía estudiante de arquitectura. María Elia sabía mucho de física. Hacíamos intercambio de conocimiento. Estaba prohibido hacer gimnasia, así que nos turnábamos para poder hacer ejercicio. Las cartas se tenían que leer en voz alta, con lo que sabías todo de la otra. Eran cárceles en donde se ponían en práctica métodos sofisticados: debilitar el ser político. No teníamos ninguna información de lo que pasaba en el mundo, vestíamos uniformes, nos llamaban por un número, era una militarización. Una despersonalización. Las visitas eran escuchadas. Había situaciones de riesgo, estados de alarma, teníamos que hacer cuerpo a tierra."
En la primera visita que recibió Sara Méndez en la cárcel se enteró de que su familia no había logrado ubicar a Simón.
Sara salió de prisión tras cumplir su condena casi cinco años después. Eso sí, bajo libertad vigilada. Todavía Uruguay estaba bajo el régimen militar –la democracia llegaría en 1985–. "Tuve que dar mi domicilio, no podía salir de Montevideo sin autorización, me hacían visitas. Me contacté con lo que era el germen de Abuelas de Plaza de Mayo en Argentina. Chicha Mariani guardó los datos de un niño pelirrojito como Simón en un tarrito de lata y lo enterró. Después no lo pudo encontrar."
Por ese tiempo Sara se iba a ilusionar con que ya había encontrado a su hijo. Estuvo diez años para conseguir que la familia del menor que había sido dejado en el Hospital Norte aceptara hacerle un ADN. Dio negativo. "Tuve que empezar la búsqueda de nuevo."
A raíz de una investigación que realizaron el periodista Roger Rodríguez y el político Rafael Michelini dieron con un ex policía que era quien adoptó a Simón. "Estoy convencida de que ese señor sabía que era un bebé robado", afirma Sara y agrega: "Michelini habló con el ex policía y éste le dijo que iba a contarle a Simón sobre su adopción y que lo buscaba su madre". Simón, con 25 años, se hizo el ADN y se reencontró con su madre.

–¿Cómo fue ese momento?
–Mi vida era la búsqueda. Yo me encontré a un hijo que ya era un adulto. Cuando lo encontré cambió todo para mí. Viajo cada dos meses, o viaja él. El tuvo resistencia a asumir la historia.

El caso del secuestro de Simón está comprendido en la Ley de Caducidad, una norma que impide el juzgamiento de militares y policías acusados de violaciones a los derechos humanos. Hoy el oficialismo uruguayo impulsa un proyecto en el Congreso para interpretar algunos artículos de la norma. "Todavía no se avanzó en nada. El proyecto de ley no lo conoce la ciudadanía", afirmó Sara. Y destacó el rol del centroizquierda. "Con los gobiernos blanco y colorado toda causa quedaba comprendida en la Ley de Caducidad. Desde que asumió el Frente Amplio comenzaron los procesamientos a los militares."
12 de septiembre de 2010
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otro capellán venido del infierno


Las confesiones de Eugenio Zitelli, ex capellán de la policía de Rosario en la dictadura. El actual cura párroco de Casilda, habló hace años en un programa de televisión sobre su papel en la dictadura. Ahora, ese y otros testimonios forman parte de los argumentos con que lo denunciaron en la justicia federal.
[José Maggi] Argentina. "Yo siempre a Feced le decía con la Ley, con la ley por favor. Yo acompañé más de treinta muertos, asesinados de la Policía, compañeros muertos, policías muertos, digamos de atentados terroristas y subversivos. Usted cree que esa situación dentro de la policía no incidía para la reacción de la gente, para la reacción de la represión. Usted cree que eso ayudaba. ¡Era una guerra tremenda!...Yo no justifico en absoluto las reacciones, pero me las explico". La confesión pertenece a Eugenio Zitelli, párroco de Casilda y ex capellán de la policía rosarina durante la dictadura. La hizo en el año 1995 en un programa televisivo, cuya desgabración acompaña ahora la presentación realizada por un grupo de militantes de Casilda junto a organizaciones defensoras de derechos humanos y dirigentes políticos.
La denuncia fue presentada por Claudia Alejandra Nigro, Juan José Noste, Silvio Rosa, Sandra Michelón de la agrupación UMANO (Unidos por la Memoria Ante el Olvido) con el patrocinio de Luciana Censi, Gabriela Durruty, Jesica Pellegrini, Leticia Faccendini y Daniela Asinari. En este sentido la abogada Leticia Faccendini patrocinante de la causa remarco que "el caso del cura Zitelli, resultaría de similares características al caso del capellán Von Wernich, dado que el mismo habría concurrido asiduamente al centro clandestino de detención, habría accedido a las zonas en las que se encontraban ilegalmente privadas de su libertad las víctimas, manteniendo contacto directo con ellas. Y habría justificado los tormentos y torturas de los que eran objeto".
En los fundamentos de la sentencia del Tribunal Oral Federal Nº 1 para el juicio a Cristian Von Wernich se manifiesta que: "Es tan torturador el que enchufa el cable en la pared como el que enciende la radio para que no se escuchen los gritos, el que pasa la picana por los genitales de la víctima, o el que llega después a `aconsejarle’ que hable para no ser torturado nuevamente. Por ello creemos que llegó el momento de investigar las complicidades eclesiásticas con el genocidio en nuestra zona".
Zitelli, actual cura párroco con cargo de "Monseñor" de la Iglesia San Pedro Apóstol de Casilda, se desempeñó como capellán hasta el inicio de la democracia, donde funcionó el Centro Clandestino de Detención en dependencias del Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía de Rosario (Unidad Regional II). En esa función, habría participado de las "misas, confesiones y entrevistas" con los detenidos y detenidas en la mencionada dependencia, en su carácter de capellán de la Policía, de lo cual resultaría una pieza más para el funcionamiento y sostén del mecanismo represivo existente en ese sitio. Ello surge, de la propia declaración de Zitelli en un medio televisivo de la ciudad de Casilda en el programa ‘Contraluces’, conducido por Francisco Campabadal el 26 de setiembre de 1995.
En esa entrevista al ser preguntado sobre su labor como capellán, Zitelli manifestó "la Policía de Rosario es una institución muy grande, tiene muchas áreas, varios cuerpos: infantería, Caballería, en aquel entonces, Bomberos, Escuela de Policía, Policía de Menores, yo trabajé mucho allí con Sacomano, con la Policía de Menores".
De igual modo preguntado sobre su función de capellán cuando hablaba con los presos, el sacerdote manifestó: "Le estoy hablando de los presos comunes, no cierto, después vamos a hablar de los presos"de los presos especiales, primero en forma personal después tenemos las charlas en formas grupales, los que quieren venir y teníamos misas mensuales, esto con los presos comunes, así que había una regla".
En la presentación hay además otros testimonios:

- El del ex sacerdote tercermundista Santiago Maguire quien decía "en 1978, mientras esperaba, contra la pared, que apenas me podía tener y con las esposas, a tres metros estaba Zitelli con Cuccidonchi que fue el director de la cárcel de Coronda más cruel de la historia, pero con cara de bueno cual nipón en las películas de la Segunda Guerra Mundial, que cuando salía el visitante tocaba un timbre y lo liquidaba, así era. Fumando, tomando café los dos, Zitelli y el director este, por fin me hacen pasar, me hace pasar Zitelli, eran dos pares, "que tal cómo está" más que eso no pude hacer, mirarlo seriamente y decirle "y qué te parece". Dice "yo estaba de paso por acá, yo estaba de paso" ¿y cómo anda"", "¿y cómo puedo andar"" insisto, "muy mal, el Señor me asiste". Lo desprecié con la mirada, todo lo que pude. Es lo menos que podía hacer."

- El testimonio de Darío Castagnani: "Mi suegra con militancia católica en Casilda, se había movido y había llegado a la influencia de Zitelli, que era el que podía saber cuál era mi paradero. A los 15 días de detenido me llevaron para arriba vendado, pienso que era el primer piso, me sacaron la venda. Entré y me encontré a este personaje llamado padre Zitelli que yo ni lo conocía. Me dijo "siéntese hijo". Me explicó que las circunstancias eran muy duras, pero que aguantara que esto era una cosa circunstancial en la vida de no sé si era la república o la patria o de la nación, no me acuerdo bien, que tratara de aguantar que esto era circunstancial, que no me iba a pasar nada y que tratara de leer la Biblia, yo le dije "mire leer la Biblia allá" lo único que hay es tortura, palo y nada más no hay nada que leer".

- El testimonio de Olga Cabrera Hansen, incluido en la causa Díaz Bessone: "Por presión de nuestros familiares se logra que el capellán de Alcaidía preste asistencia espiritual, se presentó el cura Zitelli quien solo se indignó frente a las denuncias de violaciones, manifestando que le habían prometido que eso había terminado, respecto a las demás torturas manifiesta que son un medio para obtener información.

- María de las Mercedes Sanfilippo, declara en la misma causa y menciona que: "viene un sacerdote de apellido Zitelli quien, luego de escuchar mi exposición poniéndole en conocimiento de la gente desaparecida y de las torturas recibidas, no dio importancia a mis relatos interesándole solo el hecho de si me habían violado".

- El periodista Carlos Del Frade, en su libro ‘El Rosario de Galtieri y de Feced’ publica declaraciones, de un suboficial retirado de la policía provincial quien "a principios del 76, cuando me tocó hacer guardia en ese entrepiso que daba a la ochava de San Lorenzo y Dorrego, donde una escalera comunicaba a las piezas donde estaban, por separado, las mujeres y los hombres detenidos, asistí a una sesión de tortura donde él (Zitelli) estaba presente".
12 de septiembre de 2010
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declaró sobreviviente adriana marcus


Adriana Marcus, sobreviviente de la ESMA, declaro ayer ante el TOF 5. El trabajo esclavo en la ESMA. Las salidas a comer. Un viaje a México con dos represores. Los pequeños gestos de resistencia, como hacer menos audibles o modificar escuchas telefónicas que les hacían desgrabar.
[Alejandra Dandan] Argentina. "Surrealismo", "condiciones fuera de lo normal", pronunció en la audiencia. Todo estaba ahí dentro, en la Escuela de Mecánica de la Armada. Eran surrealistas, dijo, las rosas negras que el Tigre Acosta mandó una madrugada a la casa de su madre. Fue surrealista subirse en un avión y hospedarse en un hotel pituco de México con dos represores. Fue extraño ver la cara del portero de Mau Mau cuando saludó a Jorge "Tigre" Acosta como al dueño de casa, o pensar que así como otras secuestradas pintaban con lápiz labial las puertas de un baño del Globo para rebelarse, ella pedía calamaretis fritos porque era el plato más caro. Seguir siendo secuestrada a pesar de la falta de grilletes. O seguir sintiendo la presencia de Ricardo Cavallo cuando su tiempo en la ESMA terminó.
Adriana Marcus habló casi tres horas en la audiencia de ayer del juicio por los crímenes de la ESMA. Frente a ella, a unos cinco metros, estaba sentado Ricardo Cavallo con su computadora personal y sus dos abogados. Cavallo, "Marcelo" en el centro clandestino, parecía un joven profesional que podría haber pasado por estudiante de cualquier carrera. Cavallo fue su último guardia personal.
A Adriana la secuestraron el 26 de agosto de 1978; tenía 22 años, hacía el quinto año de Medicina, trabajaba de enfermera en el Hospital Finochietto por la tarde y por la mañana en el Castex. Cuando iba a poner la llave en la cerradura de su departamento, la puerta se abrió. "Adentro estaba oscuro, sentí un grito –dijo–. Después me di cuenta de que había sido yo." Le pusieron esposas, una venda, y la tiraron en la parte de atrás de un auto. En la ESMA, sobre un camastro de metal, con el cuerpo desnudo, brazos y piernas abiertas, "me revisaron todos los orificios posibles en busca de una presunta pastilla de cianuro". La manosearon, la toquetearon, le pellizcaron los pezones amenazándola, preguntándole por personas que supuestamente conocía.
Pasó dos meses en el suelo de gomaespuma de Capuchita. La hicieron bajar varias veces. Verónica Freier, su compañera de celda, estaba segura de que la iban a matar. Le dijo que si a ella le daban alguna tarea, había que aceptarla porque tenía que salvarse para poder contar lo que estaba pasando: "A mí me parecía un horror –dijo Adriana–. Pero me decía que ella era del Partido Obrero y entonces no tenía posibilidad de sobrevivir y que nosotros hiciéramos todo lo posible para sobrevivir".
El 15 de septiembre la dejaron hablar con su familia. La pasaron a Capucha y luego a un "camarote", un cuarto con tres camas, una arriba de la otra. Un día llegó la tarea: la llamaron para preguntarle si podía traducir al alemán un dossier sobre la formación de las distintas organizaciones políticas y militares en la Argentina. Les dijo que sí, pidió un diccionario, no tenían, y ella les pidió permiso para consultar las dudas por teléfono con su padre.
La traducción la hacía en el Dorado, donde había una fotocopiadora y compartía una mesa de trabajo con Cristina, otra detenida. Además desgrababan escuchas telefónicas "poco audibles, a las que hacíamos menos audibles todavía". Omitieron datos o transcribieron fragmentos insignificantes. Un día la llevaron a la "huevera", una habitación tapizada de envases de huevo para disminuir el ruido. Hicieron que se vistiera bien, que se diera vuelta y mirara a un punto fijo. Los represores Emilio Massera y Armando Lambruschini estaban haciendo el cambio de mando, dijo ella, y probablemente reconociendo lo que había.
"Ocurrían cosas extrañas", dijo Adriana cuando la idea de lo surrealista se apoderó de la declaración. Los llevaron a una quinta en Del Viso, en una suerte de paseo de amigos, donde convivían represores y víctimas.
"A ver, subversivas –les dijeron una vez–. ¡Vístanse de mujeres!" Y ellas no sabían si tenían que vestirse para un vuelo de la muerte. La llevaron a cenar al Globo con un algunos compañeros, varones y mujeres. "Era muy difícil sostener esa situación –explicó– porque se armaban debates en los que sentías que nos estaban probando para ver si pisábamos el palito, que San Agustín, que Ortega y Gasset, que el rol de las mujeres, que el feminismo." "Nosotras –añadió– tratábamos de intervenir lo menos posible; tampoco quedarnos calladas: era estar en el filo de la navaja entre no traicionarnos y tampoco abrir un debate para quedarnos en inferioridad y que nos volviesen a meter en Capuchita."
Otra noche la llevaron a Mau Mau. "Sé que estaba Astiz y era muy desagradable porque, si bien no teníamos las capuchas, estábamos presas, y había que estar."
"Acosta nos dijo que se habían equivocado con nosotras –contó–, que nos tenían que haber matado porque íbamos a ser tan hijas de puta de acusarlos en alguno de los Nüremberg, pero nos aseguró que para entonces, él iba a estar muy lejos, que se iba a ir Sudáfrica." Lenta. Calmada. Después de pedir un vaso de agua al tribunal, Adriana continuaba hablando, incluso sobre la posibilidad de ese juicio que les parecía tan lejano. "Teníamos la sensación de que ese estado de cosas eran para siempre, que no iban a terminar."
El 24 de abril de 1979 entró en un período de trabajo forzado en un departamento de Jaramillo y Zapiola en el que funcionaba una oficina de prensa al servicio del proyecto político de Massera, donde clasificaban información. En el garaje había una biblioteca donde habían puesto, "evidentemente", los libros que se habían robado de la casa de los secuestrados. Ellos poco a poco los fueron "recuperando".
Adriana hizo un viaje a México con Adolfo Miguel Donda y Alberto Eduardo "el Gato" González. Le dieron un pasaporte falso. "No sé qué iban a hacer; tal vez el ser tres les era más creíble que ser dos hombres solos." Una primera idea era que iban porque estaba Jaime Dri. Con alguna de sus compañeras, Adriana pensó que quizás iban a ir a buscarlo para mostrarlo como trofeo en la ESMA. Una noche entró en su cuarto el Gato con un intento de empezar un manoseo. "Se ligó un rodillazo y se fue a las puteadas; evidentemente no había conciencia del costo que podría tener, pero no lo tuvo."
En el DF fueron a la iglesia, a comer, vieron El huevo de la serpiente en el cine, anduvieron en el metro y, por el parque de la Universidad Autónoma, Donda le dijo que tenía un hermano que era "subversivo" como ellos, que no había podido hacer nada por él, pero que había "salvado" a su sobrina. (Donda se quedó con la hija mayor de su hermano. La menor, Victoria Donda, nació en la ESMA y fue apropiada luego de la desaparición de sus padres.)
El padre de Adriana pidió por ella en el Ministerio del Interior, en la Embajada de Israel y, como son alemanes, en la Embajada de Alemania. El cónsul o embajador lo puso en contacto con alguien que tiempo después reconocieron como Carlos Españadero, del Servicio de Inteligencia del Ejército. Lejos de ser alguien dispuesto a ayudar, a su padre le pareció que buscaba información. Tiempo después, la embajada aseguró ante el colectivo de exiliados y familiares que le habían salvado la vida. Adriana le dijo al responsable de ese momento que no era así, que más bien había habido complicidad.
10 de septiembre de 2010
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