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le agregan manchas al tigre


El juez Sergio Torres mandó a juicio al represor Jorge Acosta. Estarán a su lado en el banquillo otros cinco marinos de la ESMA, entre ellos Ricardo Miguel ‘Sérpico’ Cavallo. Serán juzgados no sólo por la tortura y la desaparición de sus víctimas, sino también por la apropiación de sus bienes.
Argentina. Las partes de la desmembrada causa ESMA van llegando poco a poco a juicio oral y público. El juez federal Sergio Torres elevó el expediente por la tortura, desaparición y apropiación de los bienes de Victorio Cerutti, Horacio Palma y Raúl, Omar, Diego y Mariana Masera Pincolini. Los acusados son seis oficiales de la marina, entre ellos Jorge ‘Tigre’ Acosta y Ricardo Miguel ‘Sérpico’ Cavallo.
El magistrado consideró concluida la etapa sumarial y mandó a juicio oral y público a Acosta, Cavallo, Jorge Radice, Pablo Eduardo García Velasco, Alberto Eduardo González y Juan Carlos Rolón. Estos ex oficiales de la Armada ya están sometidos a juicio por su presunta responsabilidad en el secuestro y desaparición de las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon y del periodista Rodolfo Walsh. Torres sostuvo que los procesados actuaron "con abuso de sus funciones o sin las formalidades prescriptas por la ley" y que cometieron los ilícitos "agravados" por "violencia o amenazas". También tuvo en cuenta el juez que estos marinos represores deben responder por haber sometido a "condiciones inhumanas de vida" a sus víctimas y por la "posterior desaparición" de esas personas, quienes fueron secuestradas por los grupos de tareas de la ESMA con el objeto de apoderarse de bienes de la Sociedad Cerro Largo.
Este tramo de la ‘megacausa’ ESMA, reabierta tras la derogación y declaración de nulidad de las leyes de obediencia debida y punto final, se vincula con los hechos que tuvieron como víctima a Conrado Higinio Gómez, quien fue secuestrado el 10 de enero de 1977, para apropiarse de sus bienes. A lo largo de 40 carillas, Torres efectuó un análisis del modo en que se produjeron los hechos que culminaron con el desapoderamiento de la empresa Cerro Largo S.A., que tenía como principales autoridades a Palma, Cerutti y a Omar Masera Pincolini. Ambos fueron secuestrados en sus respectivos domicilios de Luján de Cuyo, en Mendoza, el 12 de enero 1977, un día después de que Palma corriera igual suerte. En todos los casos, efectivos armados, algunos encapuchados, pertenecientes al Grupo de Tareas 3.3.2, irrumpieron en las viviendas y, bajo amenazas, secuestraron a los tres socios, y también a la esposa e hijos de Masera Pincolini, a quienes luego habrían trasladado a la ESMA. Masera Pincolini intentó proteger a su familia y fue "salvajemente golpeado", al igual que sus hijos cuando trataron de impedir los vejámenes de los que fue objeto su madre y esposa del desaparecido.
Torres indicó que a los procesados se les atribuyó "haber desapoderado el paquete accionario y los bienes que formaban parte del patrimonio de la sociedad Cerro Largo S.A. a través de diversas maniobras" ilícitas, como la extorsión. Señaló el magistrado que "la sociedad Cerro Largo S.A., de las que fueron despojadas las víctimas, pasó a denominarse Hill Ri S.A., cuyos integrantes eran oficiales de la Armada Argentina que utilizaron nombres falsos" para ocultar su verdadera identidad. Torres agregó que "posteriormente el paquete accionario de Hill Ri S.A. fue traspasado a la sociedad Misa Chico S.A., cuyos accionistas eran, entre otros, Eduardo Enrique y Carlos Massera (hijos de Emilio Eduardo Massera)", ex integrante de la Junta Militar, junto a Jorge Rafael Videla y Orlando Ramón Agosti. Para dar por cerrada la investigación, el magistrado evaluó documentación y decenas de testimonios de sobrevivientes de la ESMA y familiares o amigos de las víctimas, obtenidos durante la tramitación del sumario.
Federico Gómez, hijo del secuestrado Conrado Gómez, bregó desde hace años por esta causa, declaró en Argentina y el exterior para denunciar "el segundo despojo", como lo denominó, y también la responsabilidad civil en el caso. Así fue como hace un año Torres ya había enviado a juicio oral a la ex jueza Emilia García, acusada de haber participado en maniobras para despojar de sus bienes a los secuestrados de la ESMA.

13 de marzo de 2010
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ratifican prisión perpetua


Ratificaron las condenas a Bussi y Menéndez.
Argentina. La Cámara Nacional de Casación dejó firmes las condenas a prisión perpetua para los represores Antonio Domingo Bussi y Luciano Benjamín Menéndez, dictadas en el juicio oral en su contra por el secuestro y asesinato del senador Guillermo Vargas Aignasse, ocurrido en Tucumán durante la dictadura. El fallo fue dictado por la sala IV del máximo tribunal penal del país, que rechazó apelaciones presentadas por ambos genocidas condenados el 28 de agosto de 2008.
El Tribunal Oral Penal de Tucumán los encontró culpables de asociación ilícita, desaparición forzada, violación de domicilio, violación ilegítima de la libertad agravada, condiciones tortuosas de detención, aplicación de tormentos reiterados y homicidio calificado, cometidos entre el 24 de marzo y el 6 de abril de 1976. Cuando se conoció la sentencia hubo incidentes por el descontento que un grupo de militantes de derechos humanos expresó respecto de la decisión del tribunal de postergar su pronunciamiento sobre el traslado a una cárcel común de Bussi. Unos 30 manifestantes resultaron heridos luego de la intervención de la Gendarmería, en medio de corridas y una lluvia de gases lacrimógenos. Con la sala de audiencias desalojada, los cruces siguieron entre los defensores de Bussi y los organismos, aunque se limitaron a lo verbal.
El hijo del senador desaparecido, diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse, había mostrado su satisfacción por la condena. La Justicia nunca envió a Bussi a una cárcel común, hoy cumple prisión domiciliaria en un country de Yerba Buena, mientras enfrenta su segundo juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en Tucumán.

13 de marzo de 2010
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le echó la culpa a los jefes


Empezaron a hablar los marinos procesados por los crímenes en la ESMA. Adolfo Donda responsabilizó a sus jefes. De los diecisiete marinos, prefectos y policías que están siendo juzgados por delitos de lesa humanidad, ayer sólo Donda aceptó explayarse en el uso de la palabra. Denunció un acuerdo en los ’80 de la Armada con los radicales para denunciar sólo a los identificados.
[Diego Martínez] Argentina. "Toda la Armada" participó de la represión ilegal, reiteró ayer el capitán Adolfo Donda, imputado por crímenes de lesa humanidad en la ESMA. El ex jefe de operaciones del Grupo de Tareas 3.3 admitió que participó en secuestros, destacó su convicción de que "las órdenes eran sagradas" y renegó del "acuerdo" entre el gobierno radical y la conducción de las Fuerzas Armadas, en los ’80, para juzgar al puñado de represores identificados y garantizar la impunidad del resto. "La Armada negoció con el poder político quiénes iban a declarar", aseguró. Se decidió "sacrificar a un grupo de personas y cubrir al resto", dijo, y contó que cuando Raúl Alfonsín y su canciller Dante Caputo visitaban la Agregaduría Naval en Brasil, donde él estaba destinado, "trataban de que no estuviera cerca para que no saliera en la foto". También declaró el capitán médico Carlos Capdevila, una oración escueta el prefecto Juan Antonio Azic y se negó a declarar el octogenario Manuel García Tallada. La ronda de indagatorias continuará el miércoles con la palabra de Alfredo Astiz.
La mayor parte de las siete horas que duró la audiencia se consumieron en debates sobre temas procesales. Daniel Obligado, presidente del Tribunal Oral 5, informó del rechazo de todos los planteos preliminares: nulidades y prescripciones de los defensores y revocatorias de arrestos domiciliarios de Justicia Ya. El ex canciller Oscar Montes fue el primer convocado a hablar, desde su silla de ruedas:

–No voy a declarar porque no estoy siendo juzgado por mis jueces naturales. No ratifico mis dichos ante jueces militares. Niego todos los cargos y no respondo preguntas –recitó de un tirón.

Comenzó entonces una discusión eterna. Los defensores pidieron que no se consideraran indagatorias las declaraciones ante juzgados militares porque, si bien los marinos no juraban decir verdad, eran "exhortados" a hacerlo. El fiscal Pablo Ouviña argumentó que esos relatos deben validarse y recordó que los propios imputados los ratificaron en 1986 ante la Cámara Federal. El defensor oficial Víctor Valle puso más esmero que los particulares. "Para un militar el principio de disciplina es superior al principio de justicia", destacó. El tribunal anunció un cuarto intermedio de diez minutos que fueron noventa, tomó una resolución que no conformó a nadie y ante nuevos planteos difirió su decisión para el futuro.

No Me Dejen Solo
"Fue una actuación institucional, de toda la Armada", arrancó Donda, de 64 años. "Sin embargo estoy solo, no hay nadie que haya combatido conmigo en el GT 3.3", lamentó, en referencia a sus camaradas y jefes de la ESMA entre 1979 a 1981. El marino negó haber participado en sesiones de interrogatorios, que admitió en 1986. "La explicación es sencilla. En una estructura cada uno tiene una función, no varias. La mía era ser jefe de operaciones: la captura y entrega de terroristas", dijo. "Todos los hechos que aquí se juzgan han sido cometidos en jurisdicción militar, una estructura institucional", machacó.
Luego describió sus vivencias de las negociaciones entre Alfonsín y los militares tras el retorno de la democracia. En 1983, cuando su apellido ya figuraba en todos los listados de represores, fue enviado a la Agregaduría Naval en Brasil. "Cada vez que venía el canciller (Dante) Caputo trataban de que yo no estuviera cerca para que no saliera en la foto", recordó, y agregó que "lo mismo (ocurrió) las dos veces que Alfonsín visitó Brasil".
Citado por el juez Ciro de Martini por el asesinato de Elena Holmberg, declaró y retornó a la Agregaduría. Entonces recibió un ofrecimiento del vicealmirante Ramón Arosa, jefe de la fuerza, para profugarse junto con su familia. En sus palabras: "La Armada se iba a hacer cargo si yo decidía no regresar" a Brasil. Su respuesta, dijo, fue negativa.
Luego comenzó a recibir citaciones de los denominados "juzgados de instrucción militar", a los que Alfonsín encomendó investigar los crímenes de sus propios miembros. Donda aclaró que el secretario era un oficial superior:

Mirá, pibe, acá está lo que te vamos a preguntar –lo recibió.
Señor capitán: ¿por qué yo solo? ¿Dónde están los mandos intermedios? –preguntó Donda.

Son directivas, pibe. Firmá tranquilo, la Armada está en la precisa.

"La Armada decidió mantener silencio", recordó, y citó una frase que los marinos adjudican al contraalmirante Barry Melbourne Hussey: "Los oficiales que han sido identificados por el enemigo deberán pasar por la Justicia". "Los primeros prevaricadores fueron los juzgados militares, que nunca preguntaron por mis jefes", concluyó el razonamiento. "La directiva era sacrificar a un grupo de personas y cubrir al resto", recordó.
A fines de 1986, cuando las cámaras se abocaron a las causas, "la orden era sostener lo dicho en los tribunales militares y de alguna manera mantener silencio", dijo. "Es difícil que un civil lo comprenda, pero las órdenes eran sagradas, no se concebía romper la lealtad al superior aunque notáramos que se equivocaran", explicó. Luego lamentó que "la Armada negoció con el poder político" quiénes serían citados y recordó como un elemento central "el centimetraje de cada uno en la prensa".
Sobre sus quince años de impunidad posteriores sólo emitió elogios involuntarios a Abuelas de Plaza de Mayo, en cuyas causas debió declarar, y a la prensa que recordó su pasado. Dijo que lleva siete años detenido y no conoce al juez Sergio Torres, a quien cuestionó porque "transcurrieron cinco años hasta que citó a declarar a mis superiores". Sobre los testimonios que lo incriminan, dijo que "tienen muchas verdades pero también mentiras". Prometió refutar las mentiras pero no aportar verdades.

El Dilema
Donda dedicó varios párrafos a su hermano desaparecido, con quien "tenía una unión sentimental muy buena, aunque evidentemente cada uno tenía su propio camino y destino", reflexionó. Contó que ya en 1972 el Servicio de Inteligencia Naval lo citó para cuestionarle la militancia de José María Donda, que estudiaba en el Liceo Naval. En 1975 volvieron a reprocharle "que no haya dado parte" de sus actividades. "No puedo hacerme responsable de mi hermano", asegura que respondió.
En 1977, no especificó la fecha, "fuerzas conjuntas allanaron mi casa". Dijo ignorar el motivo aunque supone que fue para "certificar mis actividades", que luego de varios segundos con la lengua atragantada definió como "la defensa de la legalidad". Ese año perdió contacto con José María, pero tuvo un indicio de su suerte: su sobrina fue entregada en guarda por una jueza de menores a la madre de los hermanos Donda, que compartió la guarda con el marino. "Presumí que podían estar presos o desaparecidos", arriesgó.
En 1979, cuando Rubén Chamorro, director de la ESMA, lo convocó para sumarse al grupo de tareas, le pidió ayuda para resolver "mi dilema", dijo: "El paradero definitivo de mis familiares". Agregó que una secuestrada de la ESMA le contó que había militado con José María en la columna oeste de Montoneros y que "muy probablemente" había sido "detenido por la Aeronáutica". Entabló contacto con dos oficiales de la Fuerza Aérea pero, aseguró, nunca le aportaron ninguna información. Sobre el paso por la ESMA de su cuñada María Hilda Pérez de Donda, que dio a luz en cautiverio a la actual diputada Victoria Donda, el marino no dijo una sola palabra.

13 de marzo de 2010
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sobre mi cadáver


Entre brumas, inasible y por encima del resto de los mortales, el fantasma de Néstor Perlongher regresa en dos documentales que aparecen casi simultáneamente: ‘Rosa Patria’, de Santiago Loza, que se presenta en el Malba, y ‘Perlongher’, de Jorge Barneau, todavía sin fecha de estreno.
[Diego Trerotola] Argentina. No resulta ninguna casualidad que cuando uno se enfrenta a los dos documentales sobre Néstor Perlongher surgidos paralelamente en 2009 –sin contacto entre sí, pero que comparten varios entrevistados–, en ambos haya una misma idea central, que al principio parece un error o un capricho: ninguno se preocupa por el retrato visual de Perlongher, que es evocado casi únicamente a través de las palabras y los testimonios, como una suerte de verbo colectivo. El primer documental, ‘Rosa Patria’, de Santiago Loza, muestra al pasar sólo un par de fotografías: algunas de un compañero de militancia del Frente de Liberación Homosexual (FLH), que da su testimonio de espaldas, aunque en una de esas fotos ni siquiera se llega a ver el rostro de Perlongher; otra foto es de su amiga y también compañera de militancia Sarita Torres, para algunos su viuda, donde, asomado a la ventanilla de un micro que lo devuelve a su exilio brasileño, el rostro de Perlongher está "esfumado". El otro documental, de Jorge Barneau, titulado simplemente ‘Perlongher’ y aún inédito, es aún más radical: hay una única foto al principio y en la siguiente hora y media no hay imagen alguna de Perlongher. Con un riguroso blanco y negro contrastado, con un algo de expresionismo fúnebre, el documental de Barneau tiene unas interferencias entre los testimonios, como una luz borrosa que se filtra para contaminar el negro profundo: nada se explica de esa luz que reaparece insistente y que funciona como un fantasma electrónico crujiente que atraviesa la película. Parecería caprichoso interpretar a esa luz como el fantasma de Perlongher, pero si consideramos lo que sucede en el otro documental es tal vez la única manera de entenderla. Loza habla de una suerte de ausencia que Rosa Patria traduce en presencia cercana: "Las ausencias también forman parte. Los materiales que no están, las imágenes que se perdieron. Como una memoria que no logra formarse del todo, fallada. El documental se fue revelando como una invocación, los cercanos lo recuerdan, apenas vemos imágenes de él y sin embargo lo sentíamos próximo". Esa proximidad es absolutamente literal, mientras da su testimonio el escritor Rodolfo Fogwill, responsable de editar el primer libro de poesías de Perlongher, unos extraños ruidos comienzan a escucharse: "¿No será el fantasma de Perlongher?", se pregunta Fogwill frente a cámara. El testimonio siguiente de su amiga y compañera de trips Mónica La Inefable lo confirma: a ella Perlongher, una vez que "ya se había descarnado", se le "presentó varias veces". Una fue en la fiesta de San Juan, frente a un fogón, donde el fuego formó su cara. Más aún: para Mónica los poetas que tienen un estilo similar al neobarroso de Perlongher "no lo imitan, es Néstor que les dicta. Por ejemplo, unos poemas que me leyó Alejandro Ricagno, que creo que es un médium de Néstor". Encadenado, es el mismo Ricagno que cuenta cómo "a veces baja Néstor, baja en la poesía": en la antesala del homenaje a Perlongher en un programa de radio, fue casi poseído por su espíritu y escribió una poesía en estado hipnótico, como si tradujera su verba épica, sensual y barroca rioplatense. Varios testimonios dan fe de la presencia fantasmal de Perlongher, del divagar invisible pero concreto del hacedor y teórico del neobarroso que fusionaba sexo y revolución, mezclando con su estilo "amanerado o manierista", sin perder la "voluntad de hacer pasar el aullido, la intensidad". El acierto fundamental de estos documentales, entonces, es que en ese devenir fantasma de Perlongher terminan restituyendo todo el espesor de la mística del éxtasis con la que el poeta de Avellaneda perfiló su vida y su obra, fundió su carne y su poesía.

El Éxtasis Político
En el documental de Barneau, Christian Ferrer relaciona los textos más citados (¿o ya puede decirse más célebres?) de Perlongher: "Creo que el poema ‘Cadáveres’... a pesar de ser un poema político, hasta el día de hoy los movimientos de DD.HH., la izquierda en general y la crítica literaria más politizada no lo han absorbido aún.
Creo que hay varias razones. Un problema es el rechazo al estilo; otro es la relación profunda entre violencia y erotismo que hay en la obra. Y otro es que la izquierda es solemne, todavía es llorona, que se piensa básicamente como víctima y hace ‘victimología’. Néstor no pensaba así y sus poemas no son eso tampoco. Lo mismo pasa con su Eva Perón, no era la santificada, sufriente, abnegada como se la recuerda en la mitología argentina. Es una Eva Perón de lentejuelas, deseante, plena de vida". Pero también hay otra relación en esa dos obras de Perlongher, el cuento polifónico ‘Evita vive’ y el poema maratónico ‘Cadáveres’, que los convierte en máximos exponentes del barroco de trinchera: en ambos se crean fantasmas para declararle la guerrilla a su tiempo. Sus espectros son los más políticos que la literatura argentina creara. Casi como si fuesen reelaboraciones de cuentos de aparecidos del gótico, pero más que al género fantástico, ahora devienen literatura de combate como documento y resistencia contracultural, intervención poéticopolítica en el contexto inmediato. "Cadáveres" es más bien claro en ese sentido, fue escrito en 1981, en un largo viaje en micro desde Buenos Aires a San Pablo, trip que lo desterritorializaba como a todo exiliado. Al terrorismo de Estado de la junta militar, a la idea de "desaparecidos" de Videla, el poema opone un señalamiento poético de los cadáveres convertidos en fantasmas corpóreos y ubicuos como forma de "hacer inteligible la dictadura militar argentina." Como dice Ferrer, la inteligentzia de las distintas épocas no pueden asimilar su valor, su densa carga política, aunque esa incomprensión es aún más grave con ‘Evita vive’, que provocó mayor resistencia, tardando más de diez años en poder ser publicado en Argentina.

’Evita vive’ fue originalmente fechado por Perlongher en 1975, el año de mayor actividad de los asesinatos de la Triple A, que terminó por disolver al FLH. Y la narración del cuento, podríamos decir, tiene que ver con la respuesta burlona al cantito setentoso "Si Evita viviera sería montonera": a la palabra final del versito, Perlongher, manteniendo la rima, le adosa "cabaretera" y "falopera". De alguna manera, el cuento es una respuesta tanto a la Triple A como al machismo montonero que rimaba "No somos putos, no somos faloperos, somos soldados de FAR y Montoneros", para desmarcarse de cualquier relación con el FLH. La Evita del cuento de Perlongher es una zombie, de uñas verdes y manchas del cáncer ("que no le quedaban nada mal"), y que deambula en distintos espacios marginales, participando del sexo orgiástico como de sesiones drogonas tribales. Este cuento después coincidiría con el relato biográfico que construyó Perlongher para sí, esa "mística del éxtasis" que, heredada del erotismo según Bataille, terminó perfilando de forma ensayística, poética y performática (es decir, en todo el cuerpo de su obra) durante el último lustro de su vida, especialmente a partir de su unión a la secta del Santo Daime. Perlongher, como la Evita del cuento, tras participar de una mística revolucionaria del sexo, se vuelve hacia la droga. Es que él, tras experimentar y militar en una relación dialéctica de sexo y marxismo como práctica orgiástica durante los ’70, se decepciona por cierto triunfo en los ’80 de la cultura gay como una forma de asimilación a la vida burguesa, acentuada por la medicalización de las relaciones por la irrupción del sida, imponiéndose globalmente el modelo gay estadounidense. Esto fue nítidamente descrito por Perlongher en su ensayo "La desaparición de la homosexualidad" (1991), que concluye con un programa alternativo de resistencia: "Abandonamos el cuerpo individual. Se trata ahora de salir de sí". Es decir, alcanzar eso que, parafraseando a Bataille, Perlongher sostenía como "la disolución del cuerpo en lo cósmico (o sea, en lo sagrado) donde se da el éxtasis total, la salida de sí definitiva". Esa disolución que antes encontró en el sexo libertario ahora se lo daba la ayahuasca, una droga que ocupaba el centro de los rituales del Santo Daime, que tenía un plan político que enunció en otro ensayo, "La religión de la ayahuasca": "Hay también una dimensión sociopolítica, pues esta religión propugna un modelo comunitario de gestión de la vida, superando la propiedad privada; así, el carácter "libertador" no se restringiría al nivel místico, sino que debería concernir, se espera, al plano material". No estaba lejos del Perlongher marxista, porque la ayahuasca convertida en religión no era la "droga solitaria del capitalismo", como bien sostiene el Guattari que Perlongher citó, sino un regreso al uso de drogas como "modo colectivo que era el del chamanismo". En esa nueva orgía, ya no sexual sino alucinógena, el cuerpo se hacía otros, otras, abandonaba su materialidad para ser sentimiento oceánico, "un irreductible múltiple", disperso en millones de fragmentos. "Tenía algo de sigiloso, de sustraerse para entregarse más", dice Fernando Noy en la película de Santiago Loza. Y esa entrega, en forma de íntimo clímax comunitario sacrificial del éxtasis drogón, hizo que Perlongher saliera de sí, se sustrajera definitivamente para seguir en un devenir fantasma, como antes él decía que fue devenir mujer o bruja. Y así, espectro al fin, ahora puede aparecer en palabras corpóreas y gestos evanescentes de adalides de lo sublime como Fernando Noy y otrxs que ramifican sus voces en estos documentales o en otras orgías polifónicas que logran transformarse en poesía barrosa. Porque, como escribió Perlongher, "la poesía es un ramo del éxtasis".

13 de marzo de 2010
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sobre la infancia en argentina


En el libro ‘Tiempos de infancia, fragmentos de doscientos años’, Graciela Frigerio y Gabriela Diker reconstruyen los juegos y los deberes, la relación con la familia y con la sociedad que han venido teniendo los niños y niñas argentinos a lo largo de estos doscientos años. Una sugerente selección de imágenes tomadas de archivos y de arcones familiares consigue mostrar de qué color es la edad dorada según pasan los años.
[Laura Rosso] Argentina. ¿Cómo se cuenta la infancia –las infancias, mejor en plural– de estos dos siglos de historia en Argentina? ¿Qué puede capturarse de las infancias, de sus contrastes y diferencias en estos doscientos años? ¿Hay un modo de comprender las infancias en ese recorte? Sin duda, el libro ‘Tiempos de infancia, fragmentos de doscientos años’ (Editorial Santillana), escrito por Graciela Frigerio y Gabriela Diker y editado por Santillana da cuenta de la pluralidad de infancias que han habitado estos doscientos años de historia en nuestro país. Diker y Frigerio, lejos de instalarse en una mirada de totalidad, eligieron mostrar fragmentos. Lo que se vuelve disponible en el libro son tiempos o fragmentos de tiempo. El tiempo es el eje ordenador desde el cual se atraviesan las infancias: los primeros tiempos, el tiempo de juego, los tiempos escolares, los tiempos de trabajo, y los que las autoras llaman el resto del tiempo, el tiempo libre. Y también esos tiempos complejos que atraviesan las infancias, que marcan las infancias: las relaciones entre infancias y políticas.
Las autoras suelen decir que el libro es un caleidoscopio. "El libro tiene una composición arbitraria. Nosotras hicimos un recorte. Nos llevó mucho trabajo y discutimos mucho pensando las categorías, qué poner, qué no poner." En sus doscientas páginas se ofrecen cerca de trescientas imágenes que, lejos de haber sido elegidas al azar, responden a un criterio sobre lo que las autoras querían mostrar. "Nos parecía que las infancias de alguna manera conllevan, arrastran y tienen en su interior modos del tiempo, de ser el tiempo, de ocupar el tiempo, de crear el tiempo. Por supuesto no pudimos poner todos los tiempos y fue muy difícil aceptar que esos títulos que centralizan o focalizan la mirada y la atención en unos tiempos, dejan afuera otros", aclara Frigerio. "Nos importaba cruzar tres temporalidades diferentes: la del tiempo de la infancia como un tiempo de la vida, la de los tiempos institucionales que marcan el transcurrir de la infancia y la del tiempo histórico –destaca Diker–. Entonces necesitábamos cruzar temporalidades que tenían duraciones diferentes, ritmos diferentes y en ese sentido el tiempo se nos convirtió en un eje. También en ese sentido es que decimos que el libro no es una historia de la infancia en la Argentina. Sí, lo que intentamos es historizar ese tiempo de la vida que es la infancia, poner en tiempo histórico ese tiempo de la vida. Y eso da por resultado este libro, que pone a la infancia en escenarios esperables como la familia o la escuela pero también pone a la infancia en escenarios no tan esperables como es el de la política o el del trabajo."
‘Tiempos de infancia...’ ofrece imágenes (de archivos públicos y particulares) y textos de especialistas en diferentes temas, pero es el lector quien además agrega lo suyo. "Para nosotras el lector es aquel que finalmente coloca el caleidoscopio en una figura y dice ‘ésta es la figura que me gusta, ésta es la que me aterra, la que me atrae, la que no soporto, la que me tocó...’ Y recompone así, de algún modo, sus propias imágenes, para repensar sus representaciones, e incluir aquello que aquí no fue considerado", dice Frigerio. Y Diker agrega: "El libro muestra la multiplicidad de formas de transitar la infancia, tanto a lo largo de la historia como en la sincronía; hay muchos modos de ser niño, muchos modos de ser adulto y algo de esa diversidad creo que logramos plasmar, a veces mostrándola de manera directa y a veces simplemente mostrando un contraste. No queríamos hacer una historia que impusiera una especie de universal acerca de lo que la infancia es".

¿Cómo fue el trabajo de selección de las imágenes?
G. D.: –Buscamos operar en algunos casos mostrando el prototipo de la mirada de una época sobre los niños. En el cumpleaños, por ejemplo, hay sólo dos fotos que son muy prototípicas, que indican algo del orden de una recurrencia, de un ritual en relación con la infancia. En otros casos optamos por incluir fotos que justamente rompen el prototipo, conmueven, no es lo que uno espera encontrar ahí.

G. F.: –Hay una foto que es una imagen típica de vacaciones de más de una época, donde hay dos niños subidos a dos burritos y abajo están los paseadores, que son otros dos niños. Esa foto está en el capítulo del trabajo. Ahí nos importaba cómo la misma imagen daba cuenta de dos posiciones de la infancia, el que puede disfrutar de un tiempo libre entendido como vacaciones, el encanto del paseo, la originalidad para un niño de la ciudad de andar arriba de ese burrito en las sierras cordobesas y a la vez poner en evidencia que hay esos otros dos niños para los cuales eso es un trabajo.

G. D.: –Es una foto que perfectamente podría haber estado en el capitulo sobre el tiempo libre, pero que puesta en el capitulo sobre trabajo conmueve lo que uno ve ahí, y lo que ves, en general, son los niños jugando, no los niños trabajando. Nos parecía interesante que por momentos el libro convocara a la propia memoria y que por momentos conmoviera.

Pluralidades y Contrastes
Otro contraste interesante tiene que ver con mostrar –con dos fotos– la recurrencia de un gesto: la misma manera en que dos padres sostienen a su hijo en brazos con un siglo de distancia. Hay también diferencias que son notables a lo largo de un siglo. En el capítulo de juego, por ejemplo, hay una foto que muestra a unos niños jugando a los soldaditos de plomo
y en la otra página, chicos jugando con la play station –probablemente también a un juego de guerra–. "Con cierta economía de imágenes podíamos decir lo que queríamos decir, tanto en lo que permanece en el gesto que insiste como en lo que definitivamente es otra cosa", subraya Diker.
En el libro, imágenes y textos dan cuenta del modo de transcurrir o vivir la niñez. Y lo interesante es que ningún texto alude directamente a una foto. Para las autoras el trabajo con los textos fue tan minucioso como el trabajo con las imágenes. Al respecto, Frigerio relata: "Las imágenes te relanzan, te capturan. Hay mucha resonancia en términos de la biografía de la gente que vio el libro, que lee el libro. Pero también están los textos. Para nosotras el trabajo de los textos implicaba decir de manera muy austera, condensada y la vez clara algo que a veces agregaba a lo que la foto no podía decir. Nos importaba testimoniar con un puñado de ideas que hacen a un marco interpretativo, que no por ser un marco interpretativo es un marco cerrado, sino que es polifónico, plural y pluridisciplinario. Nos parecía que eso compone junto con la imagen algo de estos fragmentos que nosotras habíamos decidido enfatizar".

Pensar en Imágenes
Una vez elegidos los ejes, las autoras encargaron los textos. De algún modo, las biografías de los autores de esas líneas eran las razones por las cuales les solicitaban los trabajos. "Cuando pensamos en Teresa Chiurazzi para la arquitectura escolar sabíamos que ella la ha pensado y puede hablar de esto, o cuando le pedimos a Débora Kantor que trabajara sobre ‘el resto del tiempo’, la recreación y las colonias, sabíamos que Débora es en la Argentina quizás la persona que con más pertinencia, justeza y justicia puede dar cuanta de esto. Convocamos gente que tiene un modo de entender las infancias y la política y la historia argentina, gente con producciones propias y a la vez enfoques muy singulares que nos importaba ofrecer y poner como disponibles para pensar", concluye Frigerio.
El tema de las infancias es un tema en el que tanto Frigerio como Diker vienen trabajando desde hace muchos años, en diferentes espacios de debate, de investigación y de formación. "Es el resultado de una historia de producción colectiva y compartida en muchos casos con la interlocución de los que escribieron los textos del libro –cuenta Frigerio–. Empezamos a hacer de las infancias una cuestión que nos preocupaba, que nos llevaba tanto a reflexionar, pensar e investigar como a intervenir directamente con propuestas concretas en situaciones muy ríspidas, muy ásperas o existencialmente duras. La actualidad de las infancias estuvo en el comienzo de esta historia de fragmentos de infancia". Diker agrega: "Era una novedad para nosotras intentar otra forma de narración, otro modo de narrar, que era jugarnos por las imágenes. Eso fue nuevo y fue súper interesante. Hay en la imágenes una fuente de un decir, de un pensar, de un entender que queríamos agregar a los modos de escritura por los que habíamos transitado antes".

Hay una pregnancia propia de la imagen...

G. D.: –Sí. La imagen muestra el referente y también la mirada del que fotografía. Esas imágenes muestran varias cosas al mismo tiempo.

G. F.: –La imagen dice tanto del que está fotografiado como acerca de quien tomó la imagen, eligió esa pose, ese lugar, ese foco, esa distancia, esa luminosidad. La infancia es el resultado de una producción discursiva, la de las disciplinas, la de las políticas, la de las instituciones y es también el resultado de la mirada que los grandes tienen sobre la infancia, que deciden capturar ese gesto y no otro, esa manera de poner el cuerpo. Eso, lo que está diciendo, es que hay un grande que quiere crear esa infancia, poner ese acento.

G. D.: –Hay dos capítulos que muestran eso con claridad: En "Los recién llegados" la imagen de los bebés, la típica fotografía de estudio de la primera mitad del siglo XX y de la recurrencia de la posición del cuerpo, el modo en que se retrata. Y el otro es el capitulo sobre las fotografías escolares, en realidad se fotografía la normatividad escolar y en ese sentido es muy potente lo que muestra cada imagen.

¿Qué decidieron hacer visible entre tantos posibles para mostrar?
G. F.: –Lo múltiple, lo plural, lo que entendemos que interpela. "Políticas contra la infancia" contrasta con la idea de que toda política dicha para la infancia en efecto apunta a la aparición de un sujeto gozoso. Los chicos están confrontados a políticas contra la infancia. Nos importaba no ahorrar los matices. Cuando uno dice "infancia" se supone que a priori hay algo así como un amor incuestionado y lo que uno puede constatar cuando trabaja en los plurales, en los matices es que esta afirmación tan amorosa merece por lo menos un sobresalto. Mirando a los niños lo que se refleja finalmente es algo del lugar de los grandes.

G. D.: –Quisimos hacer visible una idea que nos orienta desde hace mucho tiempo: es necesario romper toda normatividad para pensar la infancia y para restituir a todos los niños en el universo de la infancia. Lo que hay que romper son los universales sobre lo que un niño debe ser, sobre el modo en que un niño va a ser más sano o más feliz. Sólo discutiendo los universales es posible incorporar a todos los niños en el universo de la infancia y en ese sentido hay algunas fotografías que desnudan esa normatividad, muestran cómo un universal se puso en juego en un momento histórico.
En el epílogo del libro retoman algunas de estas cuestiones: qué hay de las infancias hoy, qué hay de los adultos hoy...

G. F.: –No se puede pensar la infancia por fuera de la relación con los adultos, por fuera de los discursos que los adultos producen sobre la infancia, que imponen a las infancias sobre las prácticas concretas, institucionales, políticas. Las infancias son reveladoras, analizadoras de un modo de entender la relación entre grandes y chicos y en particular de un modo de ser, ejercer, estar siendo, oficiar de grandes. Entendemos que la infancia es siempre relacional. La mirada tiene que ser una mirada reflexiva hacia los adultos. No se puede sacar la infancia del marco de tramas relacionales.

G. D.: –Lo que sí se registra con toda claridad hoy es que durante un tiempo –podemos decir un siglo o un poco más– la escuela y la familia concentraron los espacios de interpelación de la infancia y los espacios de encierro de la infancia. Hoy en día los niños son interpelados por espacios mucho más amorfos, más difusos, como es el mercado y los medios de comunicación, que escapan ya definitivamente al control de los ámbitos tradicionales de encierro del niño y que producen otro cuerpo infantil. Y el resultado es otra infancia.

Premisas para Pensar la Infancia
Ambas autoras se propusieron matizar toda tentación de universalizar un deber ser para atrás o para adelante acerca de la infancia. Lo explican de esta manera:

G. D.: –Quisimos romper ese falso saber que es el prejuicio. El prejuicio es una cuestión muy embromada, algo que se presenta como certeza, convicción apabullante y es un pre-juicio, es decir antecede al encuentro con el otro. Nos importa trabajar en la denuncia del prejuicio, en el sentido de que el prejuicio altera, obtura, excluye. Dar de baja al prejuicio implica dar de baja categorías de pensamiento.

G. D.: –Es una renuncia que es muy complicada de hacer, la renuncia a establecer lo que es bueno para todos los niños, para toda la población infantil. Entonces, por un lado sostenemos que es necesario generar políticas universales en relación con la infancia y al mismo tiempo sabemos que esas políticas universales solo pueden ser efectivas si desmontan un deber ser único aplicable a toda la población infantil. Porque cuando eso no se desmonta, la operación es simplemente de exclusión, es todo o nada, se aplica a los que se consideran niños, estos otros ya no los consideramos niños, están fuera del universo de la infancia. Esa es la operación compleja sobre la que es importante trabajar. Y en un libro como éste, nos recordábamos todo el tiempo que, además de ser bello, había algo que teníamos que decir, no era solo mostrar lindas fotos o ajustar una cronología que mostrara cierta evolución.

¿Cómo ven la infancia hoy?
G. F.: –A veces hay un saber que no termina de ser asumido como saber, hay un saber que uno preferiría ignorar y se ve cuando entrás en ciertos contextos o te confrontas con ciertas historias o ciertas dificultades existenciales donde se condensan las adversidades. Eso fue algo que no sólo no nos dejó indiferentes sino que fue una experiencia; marcó un antes de y un después de. La preocupación sobre las infancias actuales fue como el comienzo de toda esta trayectoria.

G. D.: –Algunas cosas pudimos mostrar y otras seguramente no, pero está claro que lo que hay hoy son otras infancias y otros adultos, otros modos de ocupar esas posiciones. Probablemente lo que hoy uno encuentra es una aceleración del tiempo de la infancia. El tiempo de la infancia deja de ser un tiempo de espera para cuando sea grande, es un tiempo que se juega más en el aquí y ahora. También es, en algunos sectores sociales –por algunas razones en unos y por otras en otros–, un tiempo donde la autonomía aparece más tempranamente. La autonomía en relación con los adultos, sea porque hay que subsistir en la calle solo, o sea por el acceso que hay a la información y a la participación directa en el mercado de consumo. Que los niños sean interpelados directamente por el mercado los pone en un lugar de poder. Y creo que eso tiene que ser registrado como una novedad en algún sentido. Con lo cual uno puede encontrar en la infancia hoy un movimiento de mejoramiento en algunas cuestiones que tienen que ver con la protección de los niños y también algunos movimientos que son regresivos en relación con la infancia. En cualquier caso lo que hay es definitivamente otros adultos, otros modos de ocupar esa posición, otro modo de vínculo con los niños.

El libro está dedicado "a los que vendrán". ¿Por qué?
G. D.: –Porque la infancia es esa recurrencia, siempre hay unos que vienen, que llegan... En verdad queríamos hacer un libro que no fuera solo un libro de lo que fue. La infancia siempre es lo que está por ser, y en ese sentido nos parecía que "a los que vendrán" le daba el tono a por qué querer recuperar esa historia.

G. F.: –Y también porque es un modo de justificar, de argumentar por qué ir para atrás, por qué dejar una traza de lo que ya aconteció. Cuando uno habla de transmisión, de educación o de cultura, siempre las trazas tienen sentido en términos de algo que no es ni lo que uno escribe, fotografía o piensa sino aquello que otros, aún no llegados, van a encontrar. En este sentido es como una oferta a reinterpretar por otros, así como nosotras reinterpretamos a lo largo del libro esas imágenes, esas historias, esas instituciones, bueno... de algún modo siempre la cultura y la educación tienen una dedicatoria que va más allá del presente. Cuando uno piensa en términos intergeneracionales siempre está el que aún no sabemos quién es, el que aún no llegó, para quien de alguna manera tiene sentido hacer algo. Es una apertura al porvenir.

Gabriela Diker es egresada de la UBA y doctora en Educación (Universidad del Valle, Colombia). Autora de numerosos libros, sus artículos han sido publicados en distintos países.

Graciela Frigerio es también egresada de la UBA y doctora en Educación (Universidad de París V, Francia) y autora de numerosos trabajos que analizan la problemática de la educación editados en América latina y Europa.

13 de marzo de 2010
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entre la falta de memoria y el cinismo


Donda fue el primero de los 18 represores, juzgados por los delitos cometidos en la ESMA, en declarar ante el Tribunal Oral Federal 5, que dispuso un cuarto intermedio hasta el próximo miércoles y postergó así las declaraciones previstas para hoy del ex capitán de fragata Alfredo Astiz, alias ‘Cuervo’ y ‘Rubio’.
Argentina. El ex marino, hermano de un desaparecido y tío de la diputada Victoria Donda, acusado de torturar prisioneros en la ESMA durante la dictadura, negó haber cometido ese delito porque su función era la "captura y entrega de terroristas" y acusó a la Armada de "sacrificar" a oficiales, pero destacó que cumplía órdenes "sagradas, aunque sean equivocadas".
"De ninguna manera participé en los tormentos y torturas que se me imputan", declaró Donda ante los jueces Daniel Obligado, Ricardo Farías, y Oscar Hergott. "Mi función era de operaciones: la captura y entrega de terroristas", afirmó. El ex capitán naval también acusó a la Armada de haber entregado a los imputados a la Justicia civil. "La Armada ha decidido guardar silencio y ha sacrificado a un grupo de personas que tuvimos un espíritu de sacrificio", se quejó el ex integrante del grupo de tareas 3.3.2, que actuó en la ESMA, el centro clandestino de detención más grande de la última dictadura, por el que pasaron más cinco mil detenidos desaparecidos.
"Yo estoy solo en este juicio y acá no están mis jefes ni los cuadros intermedios", agregó. Donda y el capitán médico Carlos Antonio ‘Tomy’ Capdevilla fueron los únicos acusados que declararon, mientras se negaron el ex canciller de la dictadura y vicealmirante retirado Óscar Montes, el ex contralmirante Manuel García Tallada y el ex suboficial de Prefectura Naval Juan Antonio Azic."Las órdenes eran sagradas, aunque sean equivocadas", agregó, y dijo que responderá las acusaciones en su contra cuando se digan ante el tribunal.
Donda inició su declaración afirmando que los testimonios que lo incriminan de haber infligido torturas a 13 personas "tienen verdades pero también mentiras". Por su parte, Capdevilla negó las imputaciones en su contra -cinco casos de tormentos- y se valió de problemas de concentración para seguir declarando. "Todo lo que sabía lo he olvidado. He perdido mi capacidad de concentración en los últimos tiempos. Por eso no soy preciso en mi declaración", señaló.
El próximo miércoles, además de Astiz y Acosta serán indagados los ex marinos Néstor Omar ‘Norberto’ Savio, Alberto Eduardo ‘Gato’ González, Jorge Carlos ‘Ruger’ Radice, Antonio ‘Trueno’ Pernías, Ricardo Miguel ‘Sérpico’ Cavallo, Raúl ‘Mariano’ Scheller, Juan Carlos ‘Juan’ Rolón, Pablo ‘Dante’ García Velasco y el ex integrante del Ejército Julio Coronel. También los ex policías Ernesto ‘220’ Weber y Juan Carlos ‘Lobo’ Fotea, y el ex agente penitenciario Carlos Orlando ‘Fragote’ Generoso.
Entre los 85 casos que se les imputan se encuentran los homicidios y desapariciones de la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor de Devicenzi; el periodista y escritor Rodolfo Walsh, y las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon.

13 de marzo de 2010
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fatídica reunión con un compañero


Adriana Arce declaró en el juicio contra Barcos.
Santa Fe, Argentina. Una sobreviviente de la dictadura, Adriana Arce, ofreció ayer al Tribunal Oral de Santa Fe que juzga a un ex agente civil del Ejército, Horacio Barcos, las pruebas que vinculan su martirio en el centro clandestino de la Fabrica de Armas con el secuestro y las torturas a su ex colega ya fallecido, José Alberto Tur y a la esposa de éste, Amalia Ricotti, en mayo de 1978. Arce abrió la segunda jornada en el juicio a Barcos, a quien no reconoció por fotografías, pero presentó en la audiencia un informe de inteligencia elaborado por la Unidad Regional II de Rosario que revela que ella y Tur estaban bajo la lupa y eran investigados por el aparato de inteligencia del Segundo Cuerpo de Ejército. Los dos compartían la militancia en el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Santa Fe (Sintes) y Arce fue secuestrada el 11 de mayo de 1978 cuando regresaba a Rosario en ómnibus después se haberse entrevistado con Tur en Santa Fe. El matrimonio cayó unos días después, el 16 de mayo, en manos de un grupo de tareas que operaba en un centro clandestino al que llamaban "Fabrica" (sic), donde fueron torturados hasta el 31 de mayo de 1978. Lo llamativo es que el Tribunal no aceptó el documento que ofreció Arce porque era una fotocopia simple, pero dejó abierta la posibilidad para que la querella lo incorpore como prueba en el juicio si logra una copia certificada.
Arce relató su militancia en el gremio docente que formaba parte de la Ctera. "Representaba a maestros y profesores de todos los niveles, públicos y privados. Alberto era profesor de San Carlos y delegado en el departamento Las Colonias, ahí lo conocí", dijo Adriana. Después del golpe de 1976, comenzó la represión contra la actividad docente. "Nos allanan el gremio y nos roban toda la documentación", recordó. "En 1978, creíamos que la cosa se estaba normalizando. Entonces, viajo a Santa Fe para reunirme con Alberto Tur porque junto con (el ex secretario general de Sintes) Carlos de la Torre recorríamos la provincia para saber qué compañeros habían desaparecido".
"Vine a Santa Fe. Salí de la escuela donde trabajaba en Rosario, a las 12.30, el 11 de mayo de 1978", expresó Adriana. "Pero a la salida de la escuela vi en la esquina un Fiat 1500 rojo, con dos hombres fuera del coche, uno alto y otro más bajo que simulaba estar vomitando. Me llamaron la atención".
"Subí al colectivo a Santa Fe. Y también subió una persona del norte por el acento, mal vestido, mayor, que se acercó y dijo tonterías, pensábamos que se estaba haciendo el gracioso", continuó el testimonio.
"Llegué a Santa Fe. Me bajo del omnibus y me encuentro con Alberto que me estaba esperando. Cuando íbamos llegando a su casa, volví a ver el Fiat 1500" que había visto en Rosario. "Le dije a Alberto que ese vehículo estaba en la puerta de la escuela cuando salí. Se me paró el corazón. Recuerdo que me dijo: ’Que el miedo no nos coma la cabeza’"
Arce dijo que pasó toda la tarde en la casa de Tur. A la noche, Adriana regresó a Rosario en otro micro, donde volvió a cruzarse "con el mismo señor medio borracho" del viaje de ida. Y al llegar a la estación de ómnibus, la secuestró un grupo de tareas que la llevó al centro clandestino Fábrica de Armas.

12 de marzo de 2010
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ratas con hora para hablar


A partir de hoy, los diecisiete acusados en el juicio oral por los crímenes de la ESMA podrán hacer uso de la palabra. Algunos de los acusados ya declararon en anteriores oportunidades.
[Diego Martínez] Argentina. Luego de escuchar durante tres meses los delitos que se les imputan, en una sala confortable y con todas las garantías del estado de derecho, diecisiete de los cientos de represores que pasaron por la ESMA durante la dictadura tendrán a partir de hoy la oportunidad de declarar en un juicio oral y público. Sus alternativas van desde guardar silencio para proteger a los camaradas impunes, reivindicarse como combatientes victoriosos de una tercera guerra mundial e intentar desacreditar los testimonios de los sobrevivientes que los vieron secuestrar y torturar, hasta confesar cuál fue el destino final de miles de desaparecidos vistos por última vez en la ESMA. La audiencia comenzará a las 10 en el subsuelo de Comodoro Py.
Desde que Raúl Alfonsín encomendó a los militares juzgarse a sí mismos, a fines de 1984, los subordinados de Massera declararon en contextos diversos, ninguno tan desfavorable como el actual, con voceros marginales y Fuerzas Armadas subordinadas al poder político. Ante la posibilidad de que Donda, Astiz & Cía. opten por el silencio, estrategia histórica de la Armada que admitió y burló el capitán médico Carlos Capdevila, Página/12 desmenuzó sus relatos oficiales ante los denominados "juzgados militares", como testigos en el proceso a los ex comandantes, ante la Cámara Federal antes de las leyes de impunidad, en los Juicios por la Verdad a fines de los ’90, y otra vez como imputados tras la reapertura de las causas.
La participación integral de la Armada en la guerra sucia es el principal punto de acuerdo entre los imputados. "La lucha contra la subversión se encaró en forma institucional. Casi todos los integrantes, en particular los oficiales, participaron directamente", declaró en 1986 el ex canciller de facto Oscar Montes. "Desde el almirantazgo hacia abajo, toda la institución conoció y participó", ratificó el contraalmirante Manuel Jacinto García. "La Armada envió a todo el personal necesario, sin distinción de jerarquías, cuerpo o escalafón", apuntó el capitán Néstor Savio. "Se empeñó toda la Armada", dijo el capitán Antonio Pernías, quien lamentó que "por errores de contrainteligencia" hayan quedado "en el candelero" aquellos "que hubiesen sido reconocidos por el enemigo".
La ausencia de límites territoriales para operar y la rotación permanente son útiles para dimensionar la impunidad de la que aún gozan los marinos. "La Unidad de Tareas 3.3.2 operaba en casi todo el país", dijo Acosta. Se podía actuar "en toda la república, de hecho ha ocurrido, como en Misiones", ejemplificó Jorge Radice. "Los grupos de tareas rotaron a la mayor cantidad posible de personal", dijo Montes. "De quince a veinte oficiales y su-boficiales de otros destinos cumplían tareas en la UT 3.3.2 por lapsos de treinta a sesenta días", puntualizó Acosta. "Cuarenta y cinco días", corrigió Juan Carlos Rolón, y agregó que actuaban como "operativos", léase cazadores de enemigos potenciales. Acosta admitió la colaboración de "un sinnúmero de civiles totalmente consustanciados".
Según registros del programa Memoria y Lucha contra la Impunidad del CELS hay apenas ciento ochenta marinos imputados en todo el país, incluidos prófugos e insanos. El mentado "honor naval", que no les impidió arrojar personas vivas al vacío o asesinar a Madres de Plaza de Mayo, sí se aplica para encubrir a los camaradas que los sobrevivientes no identificaron. El condenado Alfredo Scilingo y el médico Capdevila son las excepciones que confirman la regla. Capdevila aportó nombres reales y alias de ex miembros del GT 3.3 como Hugo Siffredi (Pancho), Edgardo Otero (Honda) o Carlos Daviou (Justo). Un año después entregó la resolución secreta 745/78, por la cual Massera condecoró a ochenta y un hombres por su actuación "en el GT 3.3, en operaciones reales de combate". La lista incluye a trece de los que juzga el Tribunal Oral Federal 5 y a veintisiete que el juez federal Sergio Torres todavía no ordenó detener.

Honra de Militar
Una característica común de las declaraciones pasa por ufanarse de la eficacia para interrogar sin admitir las torturas. "Se contaba con minutos para implementar nuevas operaciones", pero "nunca se torturó ni vejó a nadie", aseguró Montes. "Si en menos de dos horas el capturado no daba información, la efectividad de la inteligencia se reducía totalmente", dijo Acosta, que según Massera tenía "una bomba atómica en la cabeza" y para quien las denuncias de torturas son "una infamia". El procedimiento era "de preguntas y respuestas, similar al que estoy siendo sometido ahora", bromeó ante un juez militar. "Imagino que se hacía sentado en una silla, formulándole preguntas y contrapreguntas", sugirió García.

–¿Qué ocurría si el detenido se negaba a declarar?
–No tengo conocimiento.

Otro delito que a diferencia de la desaparición de personas repudian los marinos es el robo de bienes. "Si se llevaron un mueble o una heladera, posiblemente fue para verificar embutes", dijo Acosta. "Me afecta mi honra de militar estar sentado aquí no por haber sido un combatiente del terrorismo sino por haber cometido actos delictivos relacionados con dinero o bienes mal habidos", aseguró Rolón.
También los hermana el pacto de silencio sobre el destino final de los desaparecidos, que sólo Scilingo quebró en público. Montes dijo durante el Juicio a las Juntas que los detenidos que no pasaban al Ejecutivo eran derivados a "tribunales especiales militares", cuyos fallos se intuyen pero nunca se conocieron. Radice llegó a ver "veinte cadáveres en un día", pero "desconoce por completo el destino de los cuerpos". Lo definía "el comandante del GT y diría que escalones superiores de la Armada y del esquema operacional", dijo Acosta, que en los ’70 decía ser Jesucristo y se ufanaba de decidir vidas y muertes. Consultado sobre el significado de palabras de uso común en la ESMA, el Tigre dijo ignorar qué eran Capucha y Capuchita.

–¿Traslado?
–Nada en especial, aun cuando es prácticamente tipificada la expresión para ordenar el movimiento de una persona capturada después de su interrogatorio.

Acosta llegó a afirmar que no hubo detenidos ni secuestrados, sólo inocentes liberados en horas y "terroristas subversivos" que de buen gusto se convirtieron en "agentes de inteligencia".

–¿No había nadie en el medio que "tuviera que ver", en su terminología, y no aceptara colaborar? –se permitió dudar el entonces camarista Ricardo Gil Lavedra, que lo trataba de "capitán".
–Posiblemente, pero qué es lo que pasaba con ellos, no conozco –dijo Acosta, quien el mes pasado se sintió "intimidado" cuando familiares de víctimas aplaudieron la Carta Abierta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh.

No menos desmemoriado estuvo en 1985 Jorge Radice. "La superioridad me fijaba un blanco y yo ejecutaba la orden, accionaba las armas", explicó.

–Dé un ejemplo práctico.
–A su frente hay una ventana. "Bata esa ventana con fuego" (le ordenaban), y tiraba a la ventana.

–¿Alguna vez le fijaron como blanco a un ser humano?
–No recuerdo.

12 de marzo de 2010
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