justifican torturas y homicidios
18 de marzo de 2010
Alfredo Astiz reivindicó el terrorismo de estado en el juicio por los crímenes en la ESMA. El ex marino justificó la represión ilegal con discursos de Perón sobre la necesidad de "exterminar terroristas". Dijo que la Justicia responde al Ejecutivo y que hay "un ataque organizado y sistemático al grupo de personas que combatió al terrorismo".
[Diego Martínez] Argentina. Alfredo Astiz declaró ayer durante setenta y ocho minutos ante el tribunal que lo juzga por delitos de lesa humanidad en la ESMA. No negó los crímenes que le imputan. No mostró arrepentimiento. No pidió perdón. Admitió los hechos a su manera. Con discursos de Perón sobre la necesidad de "exterminar terroristas". Con los decretos de aniquilamiento de Luder, Cafiero & Ruckauf. Con un supuesto "apoyo de la sociedad, reflejado en el periodismo de la época". Afirmó con esmerado rostro adusto que Néstor Kirchner dio en 2003 "un golpe de Estado" al designar "una nueva mayoría automática" en la Corte Suprema de Justicia, aseguró que el Poder Judicial responde "a las órdenes del Ejecutivo", que existe "un ataque organizado y sistemático al grupo de personas que combatió al terrorismo" y advirtió que "los responsables e implicados en esta persecución deberán responder en el futuro", frase significativa para quien se ufanó de ser "el hombre mejor preparado para matar políticos o periodistas". Hoy a las once tendrá la palabra Jorge Acosta, ex jefe de inteligencia del Grupo de Tareas 3.3.
La jornada comenzó con forcejeos en la vereda de Comodoro Py, donde agentes de la Federal se abalanzaron sobre un camarógrafo de la agencia Reuters para impedirle tomar imágenes del dictador Jorge Videla. El papelón continuó a la tarde, con malabarismos de los penitenciarios que trasladan a los represores para impedir que los reporteros hicieran su trabajo. El fotógrafo de Página/12 tuvo que disparar su cámara con una Itaka pegada al pecho. Los camarógrafos presentes, de canales que curiosamente no cubrieron la declaración de Astiz, aseguran que Videla y los imputados de la ESMA partieron rumbo a Campo de Mayo y Marcos Paz, respectivamente, en el mismo camión del Servicio Penitenciario.
Menos formal que sus camaradas, con jean y pulóver, Astiz caminó hasta la silla reservada a los testigos con el vaso de agua en una mano y una carpeta celeste en la otra. Se sentó, miró hacia la bandeja superior en busca de cariño y se dispuso a dar sus datos.
–¿Apodos? –preguntó el juez Daniel Obligado.
–Alfredo –respondió el hombre, que infiltrado en las Madres de Plaza de Mayo se hacía llamar Gustavo Niño.
–¿Grado militar?
–Capitán de fragata –mintió, pues lo perdió tras ostentar ante una periodista sus dotes como asesino.
Luego leyó en castellano borrascoso un discurso de catorce carillas, que más tarde distribuyó un camarada. Astiz se definió como "democrático y profundamente republicano" y dijo no compartir ideales con ningún totalitarismo, incluido el nacional-socialismo, al que considera "de izquierda (sic)". Luego intentó dar cátedra sobre terrorismo. Recordó la Tricontinental de 1966, la Organización Latinoamericana de Solidaridad y la Junta Coordinadora Revolucionaria en 1974, con la que consideró instituida "una organización terrorista continental dirigida por la Unión Soviética y Cuba". Enumeró acciones militares durante el gobierno peronista anterior al golpe de Estado y reforzó su argumento con citas de Luis Mattini, ex dirigente del PRT, quien admitió que "nunca pensamos en democracia", y de Martín Caparrós, cuando escribió que "creíamos muy sinceramente que la lucha armada era la única forma de llegar al poder".
Dedicó el segundo capítulo a la obediencia debida. Aseguró que fue justificada por San Martín y Belgrano, explicó que como subordinado tenía vedado inspeccionar "lo bueno o malo de una orden" y consideró "ridículo" pretender semejante actitud de un militar "durante el fragor del combate y bajo fuego enemigo". Prefirió no dar ejemplos. En línea con el capitán Adolfo Donda, dijo que "no delinque el militar que cumple órdenes, sino el superior que no se hace responsable de las órdenes que ha dado".
Para justificar el terrorismo de Estado invocó "órdenes verbales" de Perón luego del copamiento del Regimiento de Azul, cuando pidió "aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal". También citó al diputado peronista Alberto Stecco, que propuso "perseguir a los subversivos y aniquilarlos como ratas". Aseguró que "las Fuerzas Armadas cumplieron con el mandato constitucional, con leyes y decretos vigentes, en legítima defensa del Estado y la Nación". Nada dijo sobre la legitimidad del golpe de Estado. Tampoco sobre las normas en las que se fundó el método cristiano de arrojar personas vivas al vacío desde aviones militares.
De los casos que le imputan, sólo se refirió al de las Madres y las monjas secuestradas en la iglesia de la Santa Cruz. Puso en duda "la seriedad de los exámenes" que permitieron identificarlas y pidió que se reiteren. Es comprensible: no podrá ser condenado por homicidio por miles de desaparecidos, pero sí por las víctimas que el Equipo Argentino de Antropología Forense inhumó, identificó y entregó a sus seres queridos.
Producto del "golpe de Estado" kirchnerista existe una "permanente e ilegal presión" del Poder Ejecutivo sobre el Judicial, sostuvo. Le consta por "editoriales del diario La Nación". "¿Qué siento de la Justicia argentina?", preguntó e hizo una pausa cual si fuera a emitir una reflexión profunda. "Que está permanentemente subordinada a las necesidades políticas", respondió. Sugirió "oscuras manipulaciones", advirtió sobre "la creciente inseguridad jurídica que azota a la Nación" y no se privó de amenazar al TOF5. Son "una comisión especial de facto", dijo, y les advirtió que "deberán hacerse cargo de su incalificable accionar cuando vuelvan a imperar las instituciones de la República".
El cierre fue digno de un canalla: "Si realmente quieren saber qué pasó", advirtió en una sala repleta de padres e hijos de desaparecidos que esperan desde hace treinta años una confesión sobre el destino final de sus seres queridos, "deberían juzgarnos como legalmente corresponde, por nuestros jueces naturales, es decir la justicia militar".
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[Edgardo Pérez Castillo] Argentina. "Esos somos nosotros, los luchadores, que cuando nos ponemos la camiseta de la lucha la defendemos a muerte. Y si tenemos que dar la vida, viejo, la tenemos que dar", dice, enérgica, Herminia Severini, rodeada de jóvenes trabajadores que la escuchan y admiran. En esas oraciones la Madre de Plaza de Mayo deja en claro cuál es su esencia. Hija de inmigrantes italianos pobres, nacida en Correa en 1926 como la anteúltima de 16 hermanos, Herminia hizo de la militancia un modo de vida, y la profundizó aún más cuando, en 1977, su hija fue víctima del terrorismo de Estado. A punto de cumplir 84 años, y mientras Adriana María continúa como desaparecida, Severini es la protagonista de ‘Herminia, la vida de una madre’, documental que abre con aquellas palabras de lucha, y que tendrá su estreno pasado mañana, a las 19, en el Centro Cultural La Toma (Tucumán 1349).
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. La sobreviviente de Fábrica Militar de Armas, Adriana Arce vinculó su martirio y el de su colega José Alberto Tur, en mayo de 1978, con la militancia gremial de ambos en el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Santa Fe. "Estábamos bajo la mira del aparato de inteligencia de la dictadura", dijo después declarar en el juicio al ex agente civil del Ejército, Horacio Américo Barcos, acusado por el secuestro y torturas a Tur y a su ex esposa, Amalia Ricotti. Arce estuvo en Santa Fe el 11 de mayo de 1978 para reunirse con Tur, preocupados por los docentes desaparecidos en el gremio. Dos represores a bordo de un Fiat 1500 rojo la siguieron en el viaje de ida y de vuelta a Rosario. Ya cuando Tur la despidió en la estación de ómnibus de Santa Fe se dio cuenta que otros cuatro sujetos lo seguían a él, de cerca. Allí tuvo un mal presentimiento: "Nos van a secuestrar", pensó. Y así fue. Cuando llegó a Rosario, a la noche, un grupo de tareas la secuestró en la Fabrica Militar de Armas y cinco días después, el 16 de mayo, otra patota de la dictadura secuestró a Tur y Ricotti durante dos semanas en otro centro clandestino de Santa Fe -que aún no fue localizado pero al que los represores también llamaban "Fábrica".
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. Uno de los casos por los que será juzgado el general Ramón Díaz Bessone en el juicio oral que comienza el 27 de abril es la escalada de terror del 27 de setiembre de 1976. El ex jefe del Segundo Cuerpo ya está procesado en la megacausa -que se recaratuló con su apellido por el secuestro y el asesinato de Antonio Angel López y Miriam Susana Moro de De Vicenzo y la desaparición de Roberto Enrique De Vicenzo, por lo que ahora el hallazgo y la identificación del cuerpo de este último seguramente cambiará la calificación legal en el proceso.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de dos desaparecidos de la dictadura en Rosario: Roberto Enrique De Vicenzo y Rubén Juan Forteaga, que estuvieron sepultados como NN durante tres décadas en el cementerio de Barrancas. Y ahora avanza en los estudios genéticos para devolverle el nombre a un tercer NN localizado la semana pasada en el cementerio de Santa Fe, pero que los investigadores presumen que estaría vinculado al mismo grupo. "La verdad salió a la luz después de 34 años", dijo una fuente de la investigación que está a cargo del juez federal Nº 1, Reinaldo Rodríguez. De Vicenzo fue secuestrado el 27 de setiembre de 1976 y lo vieron con vida en el centro clandestino ‘El Pozo’ en el Servicio de Inteligencia de la Policía de Rosario, por lo que el hallazgo y su identificación es una prueba clave para reconstruir el circuito del terror en la zona del Segundo Cuerpo de Ejército. Los traslados hacia la muerte: el secuestro, el martirio, la ejecución a la vera de los caminos, la desaparición del cadáver y el enterramiento clandestino.
Argentina. "Este año habrá más listados, con nombres de suboficiales", adelantó el titular del ANM, Ramón Torres Molina, a casi dos meses del más significativo aporte efectuado a la justicia con los nombres de más de 4200 civiles y militares que reportaba al Batallón 601, la más grande estructura de inteligencia del Ejército que operó entre 1976 y 1983.
Argentina. "Es para mí muy emocionante que los responsables estén siendo juzgados", dijo a Página/12 la monja francesa Geneviève Jeanningros, sobrina de Leonie Duquet, la religiosa secuestrada y asesinada por la Armada en un vuelo de la muerte, identificada un cuarto de siglo después por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Luego de ver de cerca, blíndex mediante, a diecisiete imputados de la ESMA, Jeanningros confesó sentirse "impresionada por la soberbia de los militares". "Percibo que todavía tienen poder, también por la fuerza de sus abogados", explicó con mirada serena, la foto de Duquet en la mano y el crucifijo pegado al pecho. Integrante de la congregación Fraternidad de las Hermanitas de Jesús, de origen francés pero radicada en Italia, la monja declaró el 18 de noviembre en el juicio en ausencia al ex almirante Emilio Massera, insano para la Justicia argentina, sano para la italiana. Jeanningros recordó que tuvo poco trato con Duquet porque se radicó en la Argentina en 1949, cuando ella tenía seis años, aunque compartieron varios meses en 1962 y mantuvieron contacto epistolar durante los años siguientes.
Argentina. El capitán médico Carlos Capdevila no aceptó responder preguntas, pero se explayó sobre los testimonios que lo incriminan. De paso lento, voz suave y mirada extraviada, dijo que estaba medicado, aseguró no recordar su número de documento, pero no tuvo problema para memorizar a qué días de la semana correspondían ciertas fechas de 1979. Admitió que trabajó en la enfermería de la ESMA, pero aseguró que "no he sentido nunca gritos de tortura". Sugirió que las declaraciones en su contra fueron "inventadas" y que según los testigos "todos estábamos torturando en todos lados".