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la obra dispersa de hat


Para sacarse el sombrero. Llegó al cine de manera accidental: una bicicleta lo atropelló, lo enyesaron y le dieron un pase para los cines de Montevideo. Desde entonces, Homero Alsina Thevenet nunca más abandonó las películas.
[A. Buela, E. E. Gandolfo y F. M. Peña] Argentina. Ante todo, Homero Alsina Thevenet fue periodista y maestro de periodistas. Pedía un dato en cada frase, una idea en cada párrafo, y su mejor amenaza era la figura de un lector impaciente al que hay que atrapar en las primeras tres líneas. En la práctica ese lector era él mismo, implacable con las digresiones, las erratas, los datos no verificados, la extensión de los paréntesis, el uso de la primera persona. Había que evitar los signos de interrogación (el lector no quiere preguntas sino respuestas), suprimir las muletillas como "sin duda" (incluirla implica que se está dudando), trepanar adverbios y adjetivos hasta que el texto se sostuviera sin ortopedias. Ahí venía lo más difícil: explicar por qué El ciudadano es una obra mayor, cómo entender a Ingmar Bergman, qué clase de fenómeno fueron las Listas Negras. El problema entonces se invertía y se volvía evidente que, para escribir como él quería, antes había que investigar el tema hasta ser capaz de exponerlo sin que la tiranía de la claridad traicionara sus complejidades. Lo primero que se aprendía con Homero era que nunca nada es fácil.
El cine que más le gustaba era como su prosa: admiraba la síntesis expositiva y el equilibrio entre forma y contenido. Podía encontrar esas virtudes en el Hollywood clásico pero también, como lo prueban sus textos, en el Neorrealismo, en La aventura de Antonioni, en el free cinema británico, en las películas de la Primavera de Praga, en Max Ophüls, en un ejercicio surrealista como Dos hombres y un armario de Polanski, en el cine de Angelopoulos o en un telefilm sobre el motín del Caine. Refunfuñaba contra la Nouvelle Vague porque le molestaban las etiquetas y las modas, pero le gustaba Truffaut y se jugó por La religiosa de Jacques Rivette cuando en Argentina se anunció su estreno en copia mutilada. Cuando el nuevo cine argentino era atacado por la industria y por parte de la crítica, Homero salió a defender Crónica de un niño solo, ópera prima de Leonardo Favio, publicando una crítica muy elogiosa antes de su estreno comercial. Fue el único periodista que se atrevió a escribir sobre Los traidores de Raymundo Gleyzer, asesinado por la dictadura, una década antes de que ese silencio comenzara a quebrarse en 1993. Emprendió una guerra –solitaria pero sin cuartel– contra lo que él llamaba la Teoría del Autor, pero en sus críticas elogió tempranamente los films de Don Siegel y Joseph H. Lewis, directores norteamericanos de clase B luego descubiertos por la crítica francesa. Es cierto que la diplomacia no era lo suyo y que solía volcar sus opiniones en términos que desalentaban el debate. Pero el conjunto de su obra demuestra un gusto amplio y hasta impredecible. Como escribió en alguna parte, el cine fue para él "un mundo ancho y ajeno".
Ejerció la crítica en medios masivos durante un período en que el cine se exhibía exclusivamente en las salas de cine y ocupaba otro lugar en la sociedad. Logró, con otros, mejorar la cultura cinematográfica de varias generaciones de espectadores. Dejó la crítica poco a poco, por otras formas del periodismo cultural que entendió más útiles. Fue el primero en comprender que la reseña de estrenos, tal como se la viene practicando desde que existe, quedó detenida en un sitio donde ya no suceden las cosas que importan. El cine pasó a consumirse mayormente en TV, en formatos digitales hogareños, en Internet o en festivales, y los medios gráficos de gran circulación no dieron adecuada cuenta de ese cambio.

Dado que Homero fue consciente de su lector hasta el extremo de elaborar la mejor prosa posible, sus textos no sólo proporcionan una reconstrucción posible de la evolución del cine como arte y espectáculo, sino también de su circulación, recepción y contexto. Como buen periodista, le importaba comprender y comunicar lo que entendía que era la realidad y esa pretensión informa el conjunto de su obra, que se inicia con la Guerra Civil Española y termina con la globalización. Como además no dejó pasar un solo día de su vida consciente sin escribir algo en algún lado, era inevitable que esa obra dijera también mucho sobre sí mismo hasta constituir una forma posible de biografía.
Pero era improbable que sus textos comunicaran todo esto si al reunirlos y seleccionarlos no respetábamos ciertas proporciones. H. A. T. odiaba generalizar, por lo que su historia ideal del cine nunca fue escrita y sólo podría pensarse en letra chica, hilvanada a través de una larga serie de películas que pertenecen a un contexto antes que a un autor. La selección de textos no podía, por lo tanto, realizarse en base a criterios que en este caso serían improcedentes, como el de tomar sólo lo que escribió sobre "películas importantes" o sobre "sus films preferidos". Lo que había que lograr era que cada período de su trayectoria profesional (que abarcó sesenta y ocho años sin intervalos) estuviera adecuadamente representado en función de su oferta cinematográfica y del modo en que H. A. T. había respondido a ella. Comenzamos a trabajar sobre esa idea y en poco tiempo resultó evidente que no podíamos cumplir con la intención inicial de concentrar semejante obra en un único volumen sin traicionarla. Por eso este libro, que existe gracias al compromiso de Liliana Mazure y José Martínez Suárez, es el primero de una serie. Primero creímos que harían falta dos, luego tres y al momento de escribir esto sospechamos que serán cuatro. Quisimos dar una idea del hombre a través de su obra y esa obra es inmensa.

2 de noviembre de 2009
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comenzó juicio al último dictador


El último presidente de la dictadura, Reynaldo Bignone, y otros ex generales que comandaron Campo de Mayo, comenzaron a ser juzgados ante el Tribunal Federal número 1 de San Martín, por medio centenar de secuestros y desapariciones cometidos en esa guarnición militar.
Argentina. Bignone -junto a Eugenio Guañabens Perelló, Jorge García, Fernando Exequiel Verplaetsen, Carlos Alberto Tepedino, Germán Montenegro- ya se encuentran en la sala de la sociedad de fomento José Hernández de la localidad de Florida donde se realiza el juicio, colmada por familiares de víctimas de la represión.
Los acusados afrontan cargos por allanamientos ilegales, privaciones de la libertad e imposición de tormentos en perjuicio de 56 víctimas cometidos en varios centros clandestinos de detención de Campo de Mayo entre 1976-78.
Al ingresar los represores a la sala, los familiares levantaron fotos de los familiares desaparecidos.
Las audiencias, por las que desfilarán 130 testigos, se realizará en la Sociedad de Fomento José Hernández, ubicada en Hipólito Yrigoyen 4595, de Munro, un tinglado ocupado hasta hace pocos días por una cancha de papi-fútbol que el intendente de Vicente López, Enrique García, se comprometió a acondicionar.

2 de noviembre de 2009
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el horror de fábrica militar


Nueva etapa en el juicio contra responsables de la represión. Declararán en la jornada de hoy tres querellantes: Adriana Arce, Juan Ramón Verón y Juan Rivero, tres sobrevivientes de ese centro clandestino. La compañera de Verón continúa desaparecida. Habrá una radio abierta frente a los Tribunales.
Rosario Argentina. Una nueva etapa en el juicio contra represores de la última dictadura militar en Rosario comienza hoy, con la declaración de sobrevivientes del centro clandestino de detención Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu, ubicado en Ovidio Lagos al 5200. Hasta ahora, los testimonios en el juicio iniciado el 31 de agosto pasado contra Oscar Pascual Guerrieri, Jorge Alberto Fariña, Juan Daniel Amelong, Walter Pagano y Eduardo Costanzo se habían centrado en el centro clandestino de Detención Quinta de Funes. Los tres querellantes que declararán hoy serán Adriana Arce, Juan Rivero y Ramón Aquiles Verón. La audiencia está convocada para las 9.30. Para acompañar el comienzo de esta segunda etapa, el Espacio Juicio y Castigo organizó una radio abierta en la puerta de los Tribunales Federales, en Oroño 940, que continuará durante todo el día.
En la actividad que desarrollará Juicio y Castigo habrá artistas locales que acompañan el reclamo de justicia. Actores, bandas de rock y de folclore confirmaron su presencia. Los organizadores esperan "gran presencia de gente durante toda la jornada". Desde el Espacio Juicio y Castigo aseguraron que seguirán "realizando actividades frente al tribunal para acompañar a los compañeros declarantes". Por eso, organizaciones políticas, gremiales, estudiantiles, sociales y de derechos humanos seran parte del gran marco esperado para acompañar el desarrollo del juicio.
La etapa que comienza hoy, conocida como Fábrica de Armas, está caratulada Amelong, y fue acumulada con la causa Guerrieri. El Tribunal Oral Federal número 1 estará presidido esta semana por Otmar Paulucci. Según detalla el informe elaborado antes del comienzo del juicio por Hijos regional Rosario, en la causa "Amelong", las víctimas son Susana Elvira Miranda, Ariel Eduardo Morandi e Hilda Cardozo, que continúan desaparecidos, así como los querellantes Arce, Verón, Rivero y Olga Regina Moyano.
Hijos también detalla que los acusados son los mismos en ambas causas, y por eso fueron acumuladas. Es decir, todos ellos miembros del grupo represivo responsable de los delitos que se juzgarán en el juicio oral, cada uno de ellos con jerarquía y reparto (de tareas) funcional.
Para mañana está previsto que declare la también sobreviviente Moyano, así como los testigos Ricardo Moyano y Celso Rivero. Para la audiencia del miércoles está prevista la declaración de otros tres testigos: Ariel Alejandro Rivero, Guillermo Germano e Inocencia Deharbe.
Una de las querellantes, Arce, dijo a Rosario/12 al comienzo del juicio que sentía "una profunda alegría porque nunca pensé que llegaría a ver y a vivir este momento. Estoy contenta porque llegó el turno de la otra historia, la no oficial, porque fueron ellos los que contaron la historia, y esta es la verdadera. Esa que sirve para que esto no vuelva a suceder, para que los jóvenes entiendan qué es el terrorismo de estado que se ejerció en este país y nos ocasionó la pérdida no sólo de toda una generación, sino de una segunda que fue la que se educó en la dictadura, así como la pérdida de nuestros valores éticos".
También Ramón Verón, sobreviviente de Fábrica Militar, manifestó el primer día del Juicio la importancia histórica del proceso que se está desarrollando en Rosario. La compañera de Verón, Hilda Cardozo, continúa desaparecida. Verón y Rivero tendrán la oportunidad de contar hoy ante un Tribunal todo lo que vivieron, y quiénes fueron los responsables de su secuestro, así como de la desaparición de sus compañeros.

2 de noviembre de 2009
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quién era bignone


El rostro final.
Argentina. Tras la guerra de las Malvinas, el general Cristino Nicolaides designó en nombre del Ejército al entonces general retirado Reynaldo Benito Antonio Bignone en el Poder Ejecutivo. Las crónicas de la época hablaban de la designación por "un solo voto", el voto del Ejército, en una estructura en la que la Junta de Comandantes se disolvía. Bignone asumió el 1º de julio de 1982 como cuarto jefe del gobierno de la última dictadura. Tenía 54 años. A fuerza del trabajo de los organismos de derechos humanos, en el país se abría el camino de la recuperación democrática. En ese contexto, Bignone inició la negociación con los partidos políticos nucleados en la multisectorial que lideraba Raúl Alfonsín y preparaba la firma de un paquete de leyes de amnistía a los militares.
"¿Cualquier gobierno surgido de las elecciones es mejor que un gobierno militar?", preguntó por aquellos días la revista Gente. "¡No!", respondió el general Bignone. "El fundamento esencial del sistema democrático es que surja el mejor gobierno y entonces le digo que sí, que el mejor gobierno surgido de elecciones, es mejor que un gobierno militar."
Los sobrevivientes de los campos clandestinos recordaron años después otras frases. "En una guerra sucia, el inocente paga por los culpables." Y Bignone es la misma persona que años más tarde, en 2003, admitió ante una cámara oculta que los instructores franceses enseñaron a los militares argentinos el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina de personas. O que el Episcopado argentino aprobó aquella práctica. "Fue una copia", le dijo a la periodista Marie-Monique Robin, intentando comparar la batalla de Argel con la Argentina. "Inteligencia, cuadriculación del territorio dividido en zonas. La diferencia era que Argelia era una colonia y lo nuestro fue dentro del país, era una diferencia de fondo pero no de forma en la aplicación de la doctrina."
Bignone nació en Morón, el 21 de enero de 1928. A los 19 años entró a la Infantería de Marina del Ejército, estudió en la Escuela Superior de Guerra y en la España de Franco. En 1964 ascendió a jefe del VI Regimiento de Infantería, en 1975 a secretario del Estado Mayor del Ejército y quedó como director del Colegio Militar del Palomar. Tras participar del derrocamiento de Isabel Perón, el 28 de marzo de 1976 envió a una patota que ocupó el policlínico Posadas de Haedo, convertido en centro clandestino en un operativo que terminó con 40 secuestrados. Fue subjefe del Comando de Institutos Militares debajo de Santiago Omar Riveros. Dicen que su retiro en 1981, tras la caída de Videla y el distanciamiento con las cúpulas militares que siguieron, le dio una imagen ideal a la que apeló el Ejército para la transición.
Ante la sociedad, dijo que venía a restaurar la democracia. Pero su mandato iba a incluir una tarea clave: la negociación con las fuerzas políticas para el retiro ordenado, sin investigaciones ni sanciones de los dictadores, como recuerdan Eduardo Kimel y María del Carmen Ruiz en 20 años de historia política argentina. El 28 de abril de 1983 firmó el decreto 2726 para destruir la documentación sobre detenciones, tortura y asesinato de desaparecidos. Y dictó el documento final sobre la Lucha contra la Subversión y el Terrorismo, que dictaminaba la muerte de los desaparecidos. El 23 de septiembre firmó la ley de Amnistía o Pacificación Nacional para los miembros de las FF.AA. sobre todos los actos cometidos en la guerra contra la subversión que el Congreso después anulará.
El Juicio a las Juntas de diciembre de 1985 juzgó a nueve integrantes de las tres primeras juntas. La última, presidida por Bignone, fue excluida. En 1984 quedó detenido por la desaparición de dos conscriptos, pero quedó en libertad por las leyes de la impunidad. Fue detenido nuevamente en 1999, en el marco de la investigación por el robo de bebés y el secuestro y desaparición de médicos del Hospital Posadas.

2 de noviembre de 2009
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testimonio contra riveros


Cacho Scarpati, uno de los pocos sobrevivientes de los campos.  Scarpati se fugó de Campo de Mayo y dio sus primeros testimonios en España. Duro militante de los ’70, murió el año pasado, a los 68 años. Sus relatos forman parte de la acusación contra Riveros y los demás represores.
[Diego Martínez] Argentina. Militante de la Resistencia, miembro de las Fuerzas Armadas Peronistas, oficial mayor de Montoneros, Juan Carlos Scarpati fue secuestrado el 28 de abril de 1977, luego de recibir ocho balazos, incluidos dos en la cabeza que le hicieron perder el conocimiento mientras lo trasladaban a Campo de Mayo. Durante veinte días en estado de coma, cuadro que no impidió interrogarlo, fue asistido por una cautiva que se negó a quitarle la vida. "La muerte era un estado de liberación que no todos tuvieron la suerte de alcanzar", escribió años después.
Cuando pudo caminar, lo obligaron a realizar tareas de mantenimiento con la capucha verde oliva a media asta, un salto cualitativo en un chupadero donde la regla era pasar día y noche sentado en el suelo, con capucha y grilletes, sin apoyarse, sin hablar y sin moverse, y que además le permitió conocer en detalle los recovecos del mayor centro clandestino del Ejército.
Pronto comprendió que el destino unánime de quienes caían en manos del general Riveros era "el traslado" y comenzó a soñar con la fuga. El 17 de septiembre, en La Plata, donde un compañero había sugerido que el "Loco César" podía marcar una emisora de Radio Liberación, aprovechó un descuido, redujo a un guardia y escapó. Recuperó a su hija y a los tres meses logró salir a Brasil.
En 1979 hizo su primera denuncia pública desde España ante la Comisión Argentina de Derechos Humanos, la Cadhu. Dibujó planos, detalló nombres de guerra y apodos de interrogadores, miembros de patotas y guardias. Contó que las sesiones de tortura incluían el uso de picanas automáticas, que durante horas efectuaban descargas eléctricas cada cuatro segundos, además de submarinos, ataques con perros de guerra, palizas hasta el desmayo y prácticas de karate, siempre con el enemigo atado y encapuchado.
"El traslado era sencillo", dijo: subían a 40 o 50 cautivos adormecidos a un camión, que los llevaba hasta la cabecera de la pista del Batallón de Aviación 601, donde los embarcaban en aviones con destino a alta mar. Antes les sacaban la ropa y la quemaban. Por las letras y números que les asignaban, calculó que hasta su fuga habían pasado 3500 secuestrados por Campo de Mayo. Dio los nombres y apodos que conoció, tarea que continuó durante tres décadas.
"Detrás de cada nombre hay una historia de horror que cuesta imaginar y sin embargo ocurrió", escribió en 1979. "No fue obra de ‘monstruos’ que cualquier ser normal reconocería apenas los viera. Su aspecto es normal y su actitud también. Tienen hijos, esposas y se creen buenos padres, defensores de ‘la libertad’ y ‘las buenas costumbres’. Las torturas, los desaparecidos, los ‘traslados’, forman parte de la ‘guerra sucia’: es una política previamente calculada y fríamente ejecutada, y no producto de ‘excesos de algunos grupos’ como se pretende hacer creer." Ese mismo año participó de la elaboración de un documento crítico de las organizaciones armadas y de la fundación en el exilio de la Agrupación Eva Perón. Ya en democracia recorrió los restos de "El Campito" con la Conadep y se convirtió en el principal testigo de la causa.
El 24 de marzo de 2006 habló en Campo de Mayo. "No se entiende la saña y las desapariciones sin la historia previa", dijo, y enumeró: bombardeos de Plaza de Mayo, secuestro del cadáver de Evita, secuestro y desaparición de Felipe Vallese, fusilamientos en José León Suárez, en la cárcel de Las Heras, en Campo de Mayo y en Lanús; presos del Conintes, traición de Frondizi, cárcel "por querer traer a Perón". "Hoy todo el mundo reivindica la lucha de los ’70, pero algunos no estuvieron", advirtió, y reclamó "que cada agrupación levante a los caídos con su identidad política".
"Hay que empezar a hablar no sólo de si se luchó o no, sino por qué se luchó. La oligarquía y el imperialismo, con el Ejército como mano de obra, luchó por un país con industrias caídas, entrega del patrimonio nacional, desocupados, hambre y exclusión. Nosotros luchamos por una patria más justa, un país con justicia social. La memoria debe ser integral", reclamó. "Los desaparecidos no eran seres anónimos, tenían un proyecto político, eran luchadores de organizaciones concretas", machacó. "Los sueños no se sueñan, los sueños se construyen", enseñó.
Cacho Scarpati murió a los 68 años, el 16 de agosto de 2008, detalle que no le impide estar presente. El Peronismo 26 de Julio, organización que fundó en 1985 y donde aún se lo considera secretario general, se concentrará a primera hora frente al galpón que oficiará de tribunal para exigir "castigo y cárcel común a los responsables de la ignominia" y para homenajear a su líder "como ejemplo de la victoria".

2 de noviembre de 2009
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el último presidente de la dictadura


Comienza hoy el segundo juicio por violaciones a los derechos humanos en Campo de Mayo. El ex dictador Reynaldo Bignone será juzgado por crímenes de lesa humanidad en Campo de Mayo. Riveros y Verplaetsen van por su segunda condena. Debuta el coronel Tepedino, ex jefe del Batallón de Inteligencia 601.
[Diego Martínez] Argentina. Un cuarto de siglo después de colocarle la banda presidencial a Raúl Alfonsín, el último dictador rendirá cuentas ante la Justicia. Reynaldo Benito Bignone, el general que ordenó incinerar los archivos de las Fuerzas Armadas sobre la guerra sucia y que confesó ante una periodista francesa que los desaparecidos "sólo fueron ocho mil", comenzará a ser juzgado mañana por el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín por crímenes de lesa humanidad en Campo de Mayo, el mayor centro de torturas y exterminio del país durante la última dictadura. El ex presidente de facto tras la aventura de Malvinas, de 81 años, estará acompañado por cinco generales, incluidos tres condenados en agosto por el asesinato de Floreal Avellaneda, más el ex jefe del Batallón de Inteligencia 601, coronel Carlos Alberto Tepedino, y el ex comisario Germán Montenegro. Están imputados por 56 casos de secuestros, tormentos y homicidios.
Ultima escala de miles de desaparecidos, Campo de Mayo es tal vez la mayor deuda del Poder Judicial con la sociedad argentina. A diferencia de la causa ESMA, con setenta procesados y ninguna condena, la mayor guarnición del Ejército va por su segundo juicio con el noventa por ciento de sus represores libres e impunes. La escasez de sobrevivientes es uno de los motivos, tan real como las deficiencias en la instrucción y los obstáculos de la Cámara Federal de San Martín. El condenado más famoso es el general Santiago Riveros, ex jefe del Comando de Institutos Militares, de la ex Zona IV, y responsable de los centros clandestinos El Campito, Las Casitas, el Hospital Militar donde funcionó la maternidad clandestina, y la ex Cárcel de Encausados, que hoy aloja a represores con preventiva pero donde ningún juez realizó nunca una inspección ocular.
Riveros, de 86 años, quien purga su sentencia en el penal de Marcos Paz, volverá a ser juzgado junto con otros dos condenados: los generales Fernando Ezequiel Verplaetsen, 84 años, ex jefe de inteligencia, y Jorge Osvaldo García, 82 años, que esta vez no será juzgado como ex director de la Escuela de Infantería sino del Colegio Militar de la Nación, escala previa al ‘Campito’ de varios secuestrados. García lamentó hace dos meses la pasividad de sus cómplices civiles, "entusiastas de las Fuerzas Armadas de entonces" a quienes "no se les pide adhesión pero sí memoria". El nuevo juicio le permitirá seguir pensando el tema, ya que incluirá el caso de Héctor Ratto, obrero de Mercedes Benz. Su gerente de producción Juan Rolando Tasselkraut entregó en presencia de Ratto la dirección de uno de los catorce delegados de la firma que permanecen desaparecidos.
Los otros dos generales tienen 83 años. Eugenio Guañabens Perelló será juzgado como autor mediato de secuestros y homicidios cuando dirigía en 1977 la Escuela de Servicios para Apoyo de Combate General Lemos y comandaba el área militar 470, en el partido de General Sarmiento. Eduardo Alfredo Espósito fue ese mismo año director de la Escuela de Ingenieros y jefe del área 410, que abarcaba Escobar y Tigre, pagos del preso más famoso de la causa: el ex intendente y torturador confeso Luis Patti.
El séptimo militar es Tepedino, a quien Página/12 fotografió y denunció en 2003 por violar su arresto domiciliario. El coronel retirado de 82 años fue director de Inteligencia Interior de la SIDE entre 1975 y 1977 y comandó el Batallón de Callao y Viamonte en 1978 y 1979. El 601 procesaba y redistribuía la información que los destacamentos de inteligencia del Ejército de todo el país arrancaban en las mesas de torturas. Tanto Bignone como Riveros destacaron en sus indagatorias el rol de los subordinados de Tepedino. "El traslado de detenidos era decidido por personal de inteligencia del Batallón 601 destinado en Campo de Mayo, ya que eran los especialistas en interrogatorios. Gracias a ellos se ganó la guerra", celebró Riveros.
Uno de los torturadores más recordados entre los sobrevivientes fue Néstor León López, miembro de Prefectura Naval a quien el 601 destinó en comisión a El Campito, donde se especializó en militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo. ‘El Alemán’, que usaba una fusta para realzar su autoridad, fue identificado cuando ya había muerto por Juan Carlos Scarpati, que no dudó al ver las fotos de su legajo. También murió a tiempo el teniente coronel Jorge Voso, alias ‘Ginebrón’ o ‘Víctor’, ex responsable del centro clandestino.
Otro interrogador impune pero vivo es Carlos Eduardo Somoza, alias "Gordo" o "Fito", ex miembro de Gendarmería y de la Central de Reunión del 601. Hace treinta años usaba el nombre de cobertura César Ernesto Segal y se especializaba en militantes de Montoneros. Tal como informó Página/12, Somoza se fugó hace tres meses con la colaboración de un agente de la División Operaciones del Departamento Seguridad del Estado de la Policía Federal, que tocó timbre en su casa y fue a un locutorio a avisar que no estaba. La captura frustrada la había requerido el juez Ariel Lijo por su rol en el Operativo Murciélago. Su detención en la causa Campo de Mayo fue solicitada hace dos años, pero ni el ex juez Martín Suares Araujo ni su subrogante Juan Manuel Yalj la ordenaron aún.

2 de noviembre de 2009
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vecina de una cárcel secreta


Senderos que conducían a la muerte. El testimonio de una vecina del centro de detención clandestino ‘La Calamita’. Identificó el camino por donde bajaban los Falcon de la autopista y dos construcciones linderas al chupadero.
[José Maggi] Argentina. María Cristina Figueroa, viuda de Juan Natalio Fratocci, vecina de La Calamita, describió a Rosario/12 "el camino los Falcon verdes". Dijo que "bajaban directamente desde la autopista por la calle Eva Perón. Es más una vez encontraron una chica muerta a tiros calzada con ojotas, en esa calle" de Granadero Baigorria. Y aseguró que en el barrio siempre se habló que había tres casas donde detenían gente: "La Calamita, la casa los turcos, y la casa de los Marrone", enumeró. Las últimas dos construcciones fueron demolidas hace años, de ahí también la importancia del relato. El esposo de María falleció en el año noventa, pero llegó a brindar testimonio sobre el lugar que él mismo había alquilado en 1983 como criadero de pollos.
Según relata hoy su viuda, Fratocci alquiló La Calamita a la familia Benzadón en 1983 junto a un socio Luciano Gisimondo, para criar aves, hasta 1985. María Cristina dice que vive en Granadero Baigorria desde hace 33 años, habita el lugar desde hace 23, pero siempre frecuentó la zona porque era amiga de dos familias, los Lorenzoni, y los Garro. "Estas familias me contaban que veían cómo pasaban los Falcon por esta bajada de la autopista por Eva Perón. Yo los ví, era Falcon verdes, porque la subida a la autopista estaba abierta, no como ahora que hay una terraplén", aclara Cristina. En verdad está cerrada además con un guarda rail. "Después me comentaban que llevaban y traían gente", repite hasta el cansancio. La mujer mide sus palabras y siempre se sitúa fuera de cualquier episodio; aunque denota conocer cada milímetro del barrio, trata de evitar ser testigo directa de lo que allí ocurrió.
Cuando describe la propiedad que está enfrente de La Calamita por Eva Perón, habla de "una casona que era un bar, que antes lo usaba la famila Marrone, y donde también había sótano. La casa la derrumbaron pero dejaron la pileta. Lo hizo una gente que tiene venta de materiales de construcción, no sé por qué lo hicieron a lo mejor es para que no entrara gente".
Según refiere los Marrone son una familia muy conocida de Baigorria, "es más el señor trabaja en la Municipalidad. Vivían ellos pero no sé quiénes la alquilaron. Ahí decían que había túneles, que iban para el lado de La Calamita, y de ahí a la fundición. Esos son los comentarios desde siempre", asegura María.
Entre los recuerdos que dice tener de la charlas con su esposo señala uno: "Mi marido me contó que aparecía gente muerta por acá. Una vez apareció una chica muerta vestida con ojotas boca abajo, entre la autopista y el alambrado. Era una chica que a lo mejor la corrieron, pero era raro porque estaba con ojotas puestas, seguro que la tiraron ahí. Era una chica joven. Eso me comentó porque él siempre vivió acá, y siempre contaba que escuchaba tiros". Su viuda aclara que Fratocci fue citado por la justicia, antes de fallecer el 19 de mayo de 1990.
Los recuerdos no son muchos más. Uno refiere a "muchos autos, que llevaban gente. Un día me acuerdo que ví pasar un Falcon con dos señoras sentadas normal, como pasajeras. Y lo que he sentido son tiros, muchos tiros, en este predio de enfrente. No sé qué hacían: Si los asustaban o los mataban, no lo puedo decir".
La mujer reconoce que con Fratocci habló "de los túneles". Y que alguna vez vió "chatas tipo furgón militar que entraban y salían de La Calamita". También habló de "uniformados del Ejército con ropa verde, y muchos autos entrando y saliendo".
En un parte de la charla reconoce que su esposo "les vendía huevos a los unformados. La gente de los Falcon venía a comprar huevos, pero eran muy respetuosos. Y le querián comprar verduras, pero no había nada de amistad. Lo que pasa era que acá había muy pocos vecinos", se justifica.
"Lo único que me había dicho Fratocci era que ahí hacían represión con la gente (sic). Y me acuerdo que una vez se les quedó un camión y un vecino lo sacó con un tractor".
María recuerda además que su marido le dijo "que cuando pasaba sentía gritos, porque él vivía desde 1937 en esta casa. Y que al anochecer, a las siete y media, ocho de la noche se sentían tiros, y gente en autos que iban y venían. Siempre habló de los Falcon y las chatas, que se abrían desde la parte de atrás".
Sobre la propiedad que esta ubicada frente a la suya, recuerda que vivía la familia de Felipe Seme, "también la copó el ejército para esconder gente. Pero ahora hay personas que ocuparon la propiedad desde hace unos 12 años y derrumbaron ese caserón que también tenía sótano donde había secuestrada gente".
La construcción derrumbada era "un caserón viejo que tenía dos dormitorios con un comedor grande. A esa casa le conocí el sótano, y también la derrumbó una gente que tiene corralón de materiales, hace unos ocho años". Y reconoció que a uno de los vecinos del lugar a "Óscar Lorenzoni lo golpearon varias veces por haber declarado lo que había visto"- concluyó.

1 de noviembre de 2009
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otro vuelo sobre el océano


Avalaron la extradición a la argentina de Julio Alberto Poch. El gobierno español aprobó la continuidad del proceso para extraditar al ex piloto de la Armada detenido por su participación en los vuelos de la muerte.
[Diego Martínez] Argentina. La posibilidad real de juzgar a un piloto de la Armada por arrojar a personas vivas al vacío desde aviones militares comienza a tomar forma. El Consejo de Ministros del gobierno de España aprobó ayer la continuidad del proceso de extradición a la Argentina del teniente de fragata retirado Julio Alberto Poch, detenido hace cuarenta días en el aeropuerto de Valencia, durante una escala de su último vuelo antes de jubilarse como comandante de la aerolínea holandesa Transavia. La decisión de la administración del socialista José Luis Rodríguez Zapatero pone fin a la estrategia del abogado Gerard Spong, prominente defensor de causas impopulares, quien con el argumento de la doble ciudadanía reclamaba la extradición de su cliente a Holanda. Fuentes judiciales consultadas por Página/12 evalúan que el próximo vuelo de Poch sobre el océano Atlántico, ya no como piloto, se concretará dentro de los próximos dos meses.
Poch es el primer militar argentino detenido por confesar su actuación en los vuelos de la muerte, método probado por la ciencia a partir del estudio de los cadáveres que el mar devolvió y aplicado por las tres Fuerzas Armadas con el visto bueno de la jerarquía católica, según declaró Adolfo Scilingo. Su relato ocurrió en un restaurante de la isla de Bali, en Indonesia, luego de que sus compañeros calificaran de "régimen criminal" a la dictadura argentina, tema sensible en el Reino de los Países Bajos por el caso de Jorge Zorreguieta, ex funcionario del dictador Jorge Rafael Videla y padre de una joven que se casó y tuvo hijos con el príncipe de Holanda. A diferencia de lo que ocurre en las aerolíneas argentinas, que en los ’80 se nutrieron de pilotos y mecánicos militares, los holandeses no dudaron en denunciarlo a la Justicia. "Era mi obligación como persona y ciudadano del mundo", explicó Geert Geroen Engelkes, ex jefe de Poch.
La investigación del fiscal Ward Ferdinandusse, que incluyó una semana de trabajo en la Argentina, derivó el año pasado en el pedido de detención del juez federal Sergio Torres, a cargo de la megacausa ESMA, quien antes se trasladó a Holanda para escuchar a los testigos. La captura de Poch se concretó el 22 de septiembre en España. El 6 de octubre declaró ante Eloy Velasco, juez de la Audiencia Nacional. Dijo que "no tuvo nada que ver" con la desaparición de personas. Un día después la embajada argentina en Madrid hizo entrega del exhorto diplomático que ratificó el pedido de extradición y ayer el gobierno de España dio su visto bueno.
La defensa de Poch en Europa estuvo a cargo del penalista Gerard Spong, famoso por el patrocinio de narcotraficantes, del futbolista Patrick Kluivert en una causa por violación y de Bin Laden en un show televisivo. La estrategia de Spong apuntó a lograr la extradición a Holanda. El abogado viajó a Madrid y se paseó por los medios para machacar con la obligación de los Países Bajos de reclamar la repatriación del piloto. "En la Argentina podría estar cinco años sin condena", advirtió, y amenazó con demandar al ministro de Justicia Hirsch Ballin si no hacía lugar al pedido. Agregó que Poch fue piloto naval, pero sólo de aviones de guerra. "En un cazabombarderos sólo caben dos personas, ambos pilotos", dijo.
La estrategia incluyó a la esposa del marino, Elsa Margarita Nyborg Andersen, quien en precario holandés concedió una entrevista a un programa de televisión. "Mi esposo nunca voló ese tipo de aviones. Nunca estuvo en la ESMA. Siempre vivimos en Punta Indio y en Bahía Blanca", dijo, tal vez ignorando que durante la dictadura la Armada les mentía a las familias de oficiales y suboficiales sobre destinos y misiones. Pese a que admitió que dos años atrás Transavia interrogó a Poch sobre los vuelos de la muerte, aseguró que la detención "fue una sorpresa". La señora no aceptó ser entrevistada por este diario. Hace dos semanas renegó de la "cobertura sensacionalista" del caso en Holanda y prometió analizar la rigurosidad de las notas de Página/12 antes de responder preguntas. Ayer prefirió no emitir comentarios. Sólo dijo que no podía hablar por consejo del abogado argentino Gerardo Ibáñez, quien ya se presentó en el juzgado de Torres con una autorización de su nuevo cliente.

31 de octubre de 2009
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