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abuelas piden remoción de juez


Fue designado por Videla. Abuelas reclamó la remoción del camarista Vocos Conesa. La titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, reclamó la pronta "remoción" del camarista Eduardo Vocos Conesa, quien en una necrológica elogió al fallecido coronel golpista Mohamed Alí Seineldín y al régimen franquista, al reproducir una cita textual de Primo de Rivera.
Argentina. "Estos dichos en boca de un ciudadano común ya son una barbaridad, pero viniendo de un juez de la Nación son expresiones gravísimas, porque desnudan sin pudor una ideología terriblemente contraria al derecho que representa", opinó Carlotto en declaraciones radiales.
En un aviso fúnebre publicado el pasado fin de semana, el magistrado, que integra la Cámara Federal en los Civil y Comercial porteña, reivindicó al fallecido líder carapintada usando frases del fundador de la fascista Falange española.
"Rendimos el homenaje que la antipatria te niega. Te despedimos con palabras de José Antonio Primo Rivera: "Camarada, nada de un párrafo de gracias, simplemente gracias como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo", decía el aviso publicado por el juez.
Carlotto opinó que "hay muchos jueces que ideológicamente apoyan todo lo que ha sido terrorismo de Estado" y advirtió sobre "la impunidad que tienen para manejarse".
"Hay muchos como él que están tapaditos, pero nos consta que perturban en los procesos, los demoran y defienden más a los victimarios que a las víctimas", puntualizó.
El reclamo de remover a Vocos Conesa de su puesto en la judicatura fue compartido por Benius Szmuckler, presidente del Observatorio de la Justicia Argentina, quien pidió una "acción rápida" del Consejo de la Magistratura.
Aun cuando admitió difícil de instrumentar su propuesta, se manifestó por que el caso sea tratado por el cuerpo en su sesión del jueves, en la que está agendado el eventual desplazamiento del juez de Zárate-Campana, Federico Faggionatto Márquez.
En 2007, el diputado nacional del ARI Adrián Perez había pedido una sanción para Vocos Conesa, a raíz de que este insultó al término de una audiencia a los familiares de las víctimas de la masacre de Las Palomitas, en la que fueron fusilados 12 presos políticos durante la dictadura.

9 de septiembre de 2009
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piden explicaciones a la armada


Defensa le pidió informes a la armada por la exposición de un avión de los vuelos de la muerte. Tras la investigación, publicada en Página/12, en la que se detalla la exhibición en la Base Comandante Espora de una de las aeronaves desde la que se arrojaba a secuestrados vivos al mar, Defensa reclamó una explicación al almirante Jorge Godoy.
Argentina. El ministerio de Defensa le ordenó al jefe de la Armada, Jorge Godoy, que eleve un informe por la exposición de uno de los aviones usados en los vuelos de la muerte en un museo del arma. Otra de las aeronaves fue vendida a un empresario. El comandante de Aviación Naval, contraalmirante Carlos Rodolfo Machetanz, y el ex secretario general de la Marina Adalberto Allovero son quienes tendrán que dar explicaciones sobre el uso y el destino de los aviones. Página/12 informó el domingo que un Electra, bautizado Ushuaia, está en el museo de la Base Aeronaval Comandante Espora, en Bahía Blanca.
Ambos aviones formaban parte de la 1ª Escuadrilla Aeronaval de Sostén Logístico Móvil, que participó de los vuelos. El ex capitán Adolfo Scilingo confesó en 1995 que él había sido asignado a dos operativos en los que se arrojaba a secuestrados de la ESMA vivos al mar y que se usaban los Electra. Hasta 1982, la Armada tenía sólo tres Electra, todos con "portalón trasero, con capacidad de ser abierto en vuelo". El Electra matrícula 5-T-2 está bajo jurisdicción de la Armada. Otro, matrícula 5-T-3, Río Grande, está desde 1997 en un predio de la firma Astilleros Irupé de Marina del Sur SRL, en Camino de Cintura al 8300 de la localidad 9 de Abril, partido de Esteban Echeverría. Y el tercero, matrícula 5-T-1, Antártida Argentina, acaba de ser expuesto para remate en la Base Naval Almirante Zar de Trelew.
La familia de Norma Arrostito, desaparecida luego de un año en la ESMA, pidió a través de su abogado Pablo Llonto al juez federal Sergio Torres que dicte una medida de no innovar sobre los dos Electra en exposición y que disponga su custodia con el fin de realizarles pericias. El magistrado no respondió.
La Armada nunca reconoció institucionalmente que la "valiente muchachada" secuestrara personas, las torturara, las dopara y las arrojara vivas al mar para hacerlas desaparecer. Ahora, el pedido de Defensa a Godoy –realizado en base a la investigación de este diario– reclama, entre otras precisiones, que informe si estaban en conocimiento del uso de los Electra para transporte de secuestrados durante la última dictadura.
El primer testimonio de un represor sobre los vuelos fue el de un ex suboficial de la Policía Federal, Luis Alberto Martínez, en 1981, quien declaró ante la Federación Internacional de los Derechos del Hombre que, tras los interrogatorios bajo tortura, los grupos de tareas de la Seguridad Federal recurrían a los vuelos. Ya en democracia, el cabo Raúl Vilariño describió "los vuelos sin puerta" de la Armada. "Se hacían desde Ezeiza. Se colocaba el avión, se acercaba el camión, se subían los guerrilleros en estado de coma o idiotez y se salía al río. Eran largados desde el aire", detalló, y explicó que la Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros era una "cobertura" de quienes operaban en la ESMA.
Uno de los pilotos de la Marina fue el capitán de corbeta Emir Sisul Hess, quien según el relato de testigos se ufanaba de su participación en la represión ilegal. En los expedientes judiciales se amontonan los nombres de oficiales y suboficiales de la Armada que intervinieron en los sistemáticos y aberrantes métodos para hacer desaparecer a personas. Sin embargo, los responsables de las citaciones no abundan.

9 de septiembre de 2009
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sesión de homenaje a la cidh


A 30 años de la visita de la CIDH en plena dictadura. Una sesión extraordinaria de la Comisión Interamericana de DD.HH. recordará en Buenos Aires aquella visita donde por primera vez se documentaron denuncias por la represión.
Argentina. A 30 años de la histórica visita que realizó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) durante la dictadura, mañana se celebrará el aniversario con una sesión extraordinaria del organismo en el país. En ese marco se realizarán hasta el viernes paneles y mesas donde participarán las autoridades actuales de la comisión y algunos de los integrantes que formaron parte de la comitiva que arribó en 1979. Provocó "esperanzas entre las que buscábamos a dos generaciones en soledad", recordó la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto.
A las 15.30 de mañana, el canciller Jorge Taiana y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, abrirán en el auditorio Manuel Belgrano de la Cancillería la sesión extraordinaria que la CIDH celebrará en el país para conmemorar el 30º aniversario de la visita. Organizado por el gobierno argentino, el evento contará con la presencia de algunos de los integrantes de la misión en 1979 como los ex comisionados Tom Farer, de Estados Unidos, el colombiano Marco Gerardo Monroy Cabra, y el entonces secretario ejecutivo, el chileno Edmundo Vargas Carreño, así como sus autoridades actuales.
Entre los paneles que forman parte de la celebración, y que se extenderán hasta el viernes, a las 16 del miércoles las autoridades de la CIDH analizarán "El Sistema Interamericano de Derechos Humanos hoy", y una hora más tarde tendrá lugar la mesa "La visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la Argentina. Impacto internacional. Significado de la visita 30 años después", con la participación de la ministra de Defensa, Nilda Garré, y los ex comisionados Farer, Monroy Cabra y el periodista de Página/12, Horacio Verbitsky. Al finalizar, Taiana descubrirá una placa conmemorativa.
La CIDH, organismo creado en 1959 por la Organización de Estados Americanos (OEA), recaló en Buenos Aires en 1979 en plena dictadura de Jorge Rafael Videla, quien los recibió a regañadientes con la campaña que decía "Los argentinos somos derechos y humanos" desplegada por todos los medios para contrarrestar la "campaña antiargentina en el exterior", como llamaban a las denuncias sobre desaparición y torturas que los organismos de derechos humanos realizaban fuera del país. En dos semanas, la CIDH recibió 5580 denuncias de violaciones a los derechos humanos y llegó a recorrer algunos de los centros de detención, como la Escuela de Mecánica de la Armada, aunque los detenidos habían sido trasladados y las instalaciones reacondicionadas para esconder rastros.
"La Comisión ha llegado a la conclusión de que, por acción u omisión de las autoridades públicas y sus agentes, en la Argentina se cometieron durante el período 1975 a 1979 numerosas y graves violaciones de fundamentales derechos humanos reconocidos en la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre", señalaba el informe final elaborado por el organismo, rechazado y censurado por Videla y finalmente publicado en 1980. En otra de sus conclusiones, la CIDH planteaba que "en particular, la Comisión considera que esas violaciones han afectado el derecho a la vida, a la libertad personal, a la seguridad e integridad personal, de justicia y proceso regular", y puntualizó sobre "violaciones a la libertad de opinión, a los derechos laborales y políticos".
La visita provocó "esperanzas entre las que buscábamos a dos generaciones en soledad", resaltó la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y recordó cuando formó la larga fila de familiares en la sede de la OEA en Avenida de Mayo al 700 junto con su esposo para entregar la escasa documentación con que contaban sobre el secuestro y desaparición de su hija Laura, embarazada de dos meses y medio de la nieta que, treinta años después, aún no pierde las esperanzas de localizar. Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, también señaló que la visita generó "grandes expectativas por la importancia que tenía que en el mundo se conociera lo que estaba ocurriendo", a pesar de que "las cárceles fueron tapiadas y a los presos se los seguía torturando".

8 de septiembre de 2009
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los vuelos probados


Un método generalizado.
[Diego Martínez] Argentina. Víctimas de cuatro vuelos de la muerte fueron devueltas a las costas e identificadas. Las primeras, arrojadas al Río de la Plata en mayo de 1976, estuvieron secuestradas en Campo de Mayo. Las segundas, en diciembre de 1977, fueron vistas en la ESMA. El tercero, en febrero de 1978, habría estado también en El Campito. Los últimos, a fines de 1978, pasaron sus días finales en El Olimpo. Los casos evidencian una práctica común y prolongada entre militares que dependían del Comando de Institutos Militares, de la Armada y del Primer Cuerpo de Ejército. También es común la respuesta de los magistrados a cargo de las causas: ninguno investiga quiénes participaron de las desapariciones.
En mayo de 1976 el Río de la Plata arrojó en playas del Uruguay los cuerpos de María Rosa Mora y Floreal Avellaneda, secuestrados un mes antes en Vicente López. Tenían signos de torturas y estaban atados de pies y manos. Las huellas dactilares de Mora y el tatuaje con forma de corazón y las iniciales de Avellaneda permitieron identificarlos. El joven de quince años fue visto en cautiverio en Campo de Mayo, donde funcionaba el Batallón de Aviación 601. El año pasado, a pedido del abogado Pablo Llonto, se abrió en el Juzgado de San Martín el caso 323, "Irregularidades en el Batallón de Aviación 601". Tras la renuncia de Martín Suares Araujo la megacausa está a cargo del juez subrogante Juan Manuel Yalj, que ante la consulta de Página/12 manifestó su voluntad de investigar y reclamó "que la Corte Suprema nombre personal, para poder salir a buscar pruebas y no tener que trabajar sólo con las que traen los querellantes".
A fines de 1977 aparecieron en costas de San Bernardo y Santa Teresita los cuerpos de varios familiares de desaparecidos, secuestrados en la iglesia de la Santa Cruz el 12 de diciembre de 1977. Fueron enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle. El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó en 2005 los restos de la monja francesa Léonie Duquet, de Angela Aguad y de tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo: Azucena Villaflor de De Vicenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco. "Las fracturas son compatibles con la caída desde una altura determinada y el impacto contra un cuerpo duro", dictaminó el EAAF. En la causa ESMA, a partir de los casos Scilingo y Hess, se abrió hace siete años la causa conexa 3227 para investigar los vuelos. Hasta el momento es una masa voluminosa de legajos sin procesar.
El 18 de febrero de 1978 apareció en Las Toninas el cuerpo de Roberto Ramón Arancibia, ex miembro del comité central del Partido Revolucionario de los Trabajadores y fundador del Ejército Revolucionario del Pueblo. Fue enterrado como NN en el cementerio de General Lavalle, a metros de las Madres fundadoras. Había sido secuestrado en mayo de 1977 y la principal hipótesis de los investigadores es que permaneció en cautiverio en Campo de Mayo. El diagnóstico del EAAF es idéntico al de las Madres.
En diciembre de 1978 el mar arrojó en playas bonaerenses los cadáveres de los últimos cautivos de El Olimpo, enterrados como NN en General Lavalle, General Madariaga y Villa Gesell. Un informe de la época del Departamento de Estado norteamericano detalla gestiones realizadas por tres Madres y una investigación de un enviado de Clarín, archivada cuando un llamado de la oficina de prensa de la dictadura alertó sobre la "inconveniencia" de publicarla. Los cuerpos fueron exhumados por el EAAF y nueve fueron identificados: Helios Serra, Cristina Carreño, Isidoro Peña, Nora Haiuk de Forlenza, Oscar Forlenza, Jesús Peña, Santiago Villanueva, María Cristina Pérez y Carlos Pacino. A pedido de Lorena Pacino, hija de la víctima, el fiscal federal Federico Delgado inició una instrucción preliminar centrada en las bases aéreas de El Palomar y Morón.

8 de septiembre de 2009
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pesquisa sobre vuelos de la muerte


Un caso emblemático que muestra la falta de una estrategia judicial para investigar los vuelos de la muerte. A cuatro años de concluida la investigación sobre el relato del capitán Emir Sisul Hess como piloto de los vuelos de la muerte, la justicia nunca lo citó a declarar. Una demora que muestra la escasa voluntad judicial en avanzar con esas causas.
[Diego Martínez] Argentina. Son centenares, tal vez miles. Miembros de las tres Fuerzas Armadas, de fuerzas de seguridad y también civiles. Los más jóvenes tienen poco más de cincuenta años. Los mayores rondan los noventa. Un puñado está en prisión. Algunos enloquecieron. Varios trabajan en aerolíneas, nacionales y extranjeras. La mayoría disfruta de hijos y nietos, va a misa y recorre las calles como cualquier vecino. Sólo ellos y sus íntimos conocen el secreto que los degrada: arrojaron a personas vivas, drogadas, indefensas, desnudas, desde aviones en vuelo hacia el vacío. Treinta años después, los vuelos de la muerte aún rinden frutos. Existen casos probados a partir del hallazgo, en costas bonaerenses y rioplatenses, de cadáveres de personas que pasaron por Campo de Mayo, ESMA y Olimpo. Existen miles de desaparecidos a los que se privó hasta de una tumba sin nombre. Existen confesiones públicas y privadas que coinciden en la rotación del personal para sellar el pacto de silencio. No existe, sin embargo, ninguna estrategia judicial para identificar a pilotos y tripulantes.
Si la clandestinidad, la destrucción de pruebas y el silencio impiden poder investigar a fondo cada eslabón del Estado terrorista, identificar a quienes participaron en los vuelos tiene un escollo adicional: no hubo testigos en los aviones. Un sondeo entre querellantes, antropólogos y magistrados sugiere sin embargo que el fin no es utópico. Entre las pruebas disponibles tiene un valor central la confesional, la admisión ante terceros. ¿Alguien pudo no haber relatado la experiencia límite de arrojar a una persona al mar? ¿Morirán los confesores en la complicidad del silencio?
Página/12 publicó ayer la historia de dos aviones Electra en exposición, relatos sobre vuelos de los propios represores y la confesión de un suboficial naval que admitió su participación ante compañeros de trabajo. A cuatro años de concluida la instrucción sobre el relato del capitán de corbeta Emir Sisul Hess como piloto de vuelos de la muerte, la justicia no lo citó a declarar.

"Tipos Muy Pesados"
Nacido en Bahía Blanca en 1949 y miembro de la promoción 102 del comando naval, Emir Sisul Hess integró en 1976 y 1977 la Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros, con asiento natural en la base aeronaval Comandante Espora pero mencionada por el cabo Raúl Vilariño, que ya en 1984 denunció los vuelos, como una cobertura de represores de la ESMA.
Hess era aviador naval y paracaidista. Tenía el grado de teniente de corbeta. Sus jefes eran el capitán de corbeta Néstor Santiago Barrios y el teniente de navío Miguel Angel Robles. En 1978 pasó a la Escuadrilla Aeronaval de Propósitos Generales, bajo el mando del capitán de corbeta Enrique Carlos Isola y del teniente de navío Ernesto Proni Leston.
En 1984, citado a declarar por el contralmirante Horacio Mayorga en un sumario para desacreditar al cabo que describió la vida interna de la ESMA, dijo desconocer a Vilariño. Pasó a retiro en 1991 como capitán de corbeta, con 41 años, e incursionó en el rubro turístico como gerente del complejo Lago Espejo Resort S.A. en Villa La Angostura. En aquel paraíso y en pleno menemato, cuando la impunidad parecía irreversible, tuvo lugar su confesión, el primer relato de un piloto sobre los vuelos que llega a la justicia.
"Contaba en tono burlón cómo las personas pedían por favor y lloraban", declaró José Luis Bernabei, que trabajaba en el complejo frente al lago. "Dijo que las arrojaban al Río de la Plata y que él era piloto. Nombró como compañero a (Ricardo Miguel) Cavallo. Decía que los vuelos salían de Palomar o Morón, que les ponían una bolsa en la cabeza, los subían a aviones y los trasladaban hasta que eran arrojados", contó ante el juzgado de Juan José Galeano.
La base de Palomar es la misma que Rodolfo Walsh vinculó a los vuelos en su Carta Abierta a la Junta Militar. "Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto", calculó en marzo de 1977. Detalló el hallazgo de cuerpos mutilados en costas uruguayas y acusó a las tres Fuerzas Armadas "de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea". Identificó como jefe al brigadier Hipólito Mariani, condenado a 25 años de prisión por crímenes en Mansión Seré pero libre hasta que la Corte Suprema de Justicia confirme la sentencia, y apuntó que "usaron transportes Fokker F-27".
El testimonio ante la Conadep de Arnoldo Bondar, empleado civil en Palomar, sugiere que no sólo los cautivos de la Armada despegaban desde la base de la Fuerza Aérea. "En reiteradas oportunidades vi llegar camiones de la policía de la provincia cargados de jóvenes de ambos sexos que eran embarcados en aviones a motor de dos hélices, generalmente de la Armada. Desconozco el destino. Esta operación se realizaba al costado de la pista principal y casi siempre llegaban antes algunos patrulleros para montar guardia alrededor del avión", declaró.
Cuando Galeano comenzó a investigar a Hess descubrió que no sólo Bernabei había escuchado la confesión. Un empleado sacó el tema después de leer el Nunca Más y Hess reiteró el relato. "Hablaba con bronca y resentimiento. Tenía necesidad de hablar, era un tipo íntimamente trastornado", recordó.

–¿No sentía lástima por esa gente? –le preguntaron.
–No, no sufrían. Los llevaban dopados y los tiraban al río –respondió Hess en tercera persona–. Eran tipos muy pesados. Esos boludos no sabían a dónde iban a parar: al Tigre, al Riachuelo o al río Paraná. Iban cayendo como hormiguitas.

En 2002, cuando trascendió en la prensa que la Cámara Federal porteña había ordenado investigar el caso, el almirante Horacio Zaratiegui afirmó en una carta de lectores de La Nación que en la Armada no existió nunca un oficial Hess. "No sé si existe pero no importa. Sería un capitán de corbeta retirado, aviador naval", lo invocó con precisión el fallecido Florencio Varela en una conferencia ante militares. El abogado, que según el condenado general Santiago Riveros tardó seis años en comprender la lógica castrense, citó un escrito de Hess en el que renegaba por la impopularidad de su oficio. "Un militar se capacita para matar o morir, por supuesto que en salvaguarda de valores superiores. Perder de vista nuestra razón de ser nos puede convertir en cirujanos con aversión a la sangre", lo citó Varela.
La causa por la confesión de Hess, que tiene 60 años, se inició en marzo de 2002. Se sentía perseguido por el juez Baltasar Garzón desde fines de la década del ‘90, cuando el español pidió las primeras detenciones. Su temor aumentó en 2004, cuando la policía comenzó a rondar su casa en El Atardecer 4491, barrio Las Colinas, a cuatro kilómetros de Bariloche. "Para la policía o la Justicia no estoy escondido. Lo que quiero evitar son periodistas y gente relacionada con los derechos humanos", le explicó a un amigo en un llamado que interceptó la justicia.
En septiembre de 2005 el juez federal Julián Ercolini, que reemplazó a Galeano tras su renuncia, declinó la competencia y le envió la investigación a su par Sergio Torres, a cargo de la megacausa ESMA, donde ya existía la causa 3227/02 sobre los vuelos, una recopilación de listados y legajos de marinos sin procesar. Allí, en un despacho de Comodoro Py, descansa desde hace cuatro años.

8 de septiembre de 2009
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su vida pudo haber sido otra


Lisandro Rodríguez Araya habla por primera vez sobre el secuestro y asesinato de su padre. Es hijo del abogado Felipe Rodríguez Araya que fue secuestrado y asesinado en 1975 por una patota que integraba Walter Pagano, uno de los acusados en el juicio por terrorismo de Estado que se sigue en esta ciudad en la causa Guerrieri.
[José Maggi] Lisandro Rodríguez Araya, tiene 34 años. El último martes su rostro bañado en lágrimas irrumpió en la sala de audiencias, detrás del blíndex que separa a represores, jueces, fiscales y defensores del público. Tenía el gesto de alguien que por primera vez escuchaba el destino cruel e inexplicable que había tenido su padre, el abogado Felipe Rodríguez Araya. El párrafo elegido en la lectura del requerimiento de elevación a juicio de la causas Guerrieri-Amelong, fue el de la declaración del agente de inteligencia del ejército Gustavo Bueno que recordaba que quien se jactaba a haber asesinado a Rodríguez Araya era Walter Pagano. El represor no estaba detrás del vidrio, sino que había abandonado la sala y seguía la lectura desde una habitación contigua. De otro modo se hubiesen encontrado cara a cara, y podría haber escuchado a pregunta que desde hace 34 años se hace cada día Lisandro. "Quién le dijo a Pagano que podía ponerse el traje de Dios para decidir que mi padre no debía vivir con su familia".
Lisandro accede por primera vez a una entrevista frontal donde cuenta los detalles de aquella madrugada trágica, reflotada esta semana por la difusión de los juicios por delitos de lesa humanidad. "Viví esta semana con sensaciones cruzadas, con alegría de que se sepa quien fue el que mató a mi padre, y con tristeza por saber cómo fue. Lo más triste es ver con impotencia para atrás de que todo pudo haber sido distinto si no hubiese pasado. Ese día todavía me duele, me dolió un montón porque mi vida podría haber sido otra, esa es la bronca que te da, tanto mi vida como la de mis viejos".
"Felipe Rodríguez Araya era mi papá a quien conozco por lo que me dice la gente sobre él: que era una excelente persona, y que ayudaba a quienes le pedían algo. No lo conocí casi porque tenía nueve meses cuando se lo llevaron la madrugada del 30 de setiembre de 1975.

¿Qué pasó esa noche?
Vivíamos en una departamento de calle Mendoza 606, esquina 25 de Diciembre (actual Juan Manuel de Rosas). Habíamos ido al cine, junto a mi hermano Agustín y mi prima Agustina y mis viejos. Volvimos después de las 12 de la noche, cuando llegó un grupo de personas, que tocó timbre. Mi padre le advirtió a mi madre que no abriera, y que se fijara por el balcón quién era. Vio a un hombre que le preguntó por el portero. ’Ojo que son choros, si le abrís se te meten’, le remarcó a mi madre y le propuso mirar por el balcón de Juan Manuel de Rosas, desde donde vieron que había dos Ford Falcon estacionados, uno verde y otro celeste, de los que bajaron hombres con armas largas. Mi padre se da cuenta entonces que venían por él, mientras mi madre trataba de convencerlo de que se tirara por el balcón a una construcción vecina y escaparse. Mi papá le dijo que se quedaba porque si escapaba nos iban a matar a nosotros. "Me quedo" le dijo. De inmediato se escuchó un estruendo, que fue el explosivo con el que volaron el blíndex de abajo y enseguida golpearon la puerta. Mi padre llamó por teléfono al Comando (Radioeléctrico) y dijo "soy el abogado Rodríguez Araya. Mendoza 606. Es urgente" y corta. Para entonces ya golpeaban la puerta quienes se identificaron como policías mientras se oían de fondo las armas recargándose. ’Abri o tiramos’ gritaron y entonces mi viejo les abrió.

¿Qué pasó entonces?
Entraron varios hombres del grupo mientras mi padre les pedía que se identificaran. Ellos le repetían que se quedara tranquilo que se lo llevaban y que en un rato volvían. Le repitieron a mi madre que no se preocupara que iba a volver pronto. ’Flaco ponete el reloj y los zapatos’ le ordenó uno de ellos al que mi viejo le exigió que se identificara. Este hombre le entregó una credencial a nombre de "Luis Lescano", nombre que lee en voz alta mirando a mi madre con los ojos desorbitados. Mi vieja nunca más pudo olvidar esa mirada, que entendió tiempo después: mi padre se dio cuenta que ya lo habían secuestrado al procurador Lescano, que iba a aparecer muerto junto a mi padre. Uno del grupo agarró el aparato telefónico para romperlo contra el piso, a pesar de que mi viejo le había pedido que no la dejara incomunicada con tres pibes. Cuando salen del departamento mi madre alcanza a anotar una de las patentes de los autos y baja rápido a la calle con nosotros. Aparece entonces un policía en la vereda y pregunta que había pasado y si era esta a casa de donde habían llamado. Terminamos en la comisaría primera haciendo la denuncia.

¿Cuándo encontraron los cuerpos?
Cerca de las 3 de la mañana por un aviso (a LT8) en la autopista a Santa Fe cerca de Ricardone o San Lorenzo. Allí estaba Lescano y papá.

¿Cómo había sido la vida de tu padre?
Mi viejo tenía su profesión de abogado y la ejercía, no era un hombre que iba a armado ni era un guerrillero. Defendía a militantes políticos y a todo el mundo. Y los defendía porque se violaban sus derechos humanos cuando no había muchos abogados que aceptaran esos casos. Me contaron uno de una chica a la que logró sacar de la cárcel para que tenga su hijo. Es decir lo mataron por hacer su trabajo. Mi padre también militaba en la Unión Cívica Radical, en la que mi abuelo era un caudillo. Si no lo hubiesen matado hubiese sido sin dudas parte de la historia de este país.

¿Cómo viviste esta semana el inicio de los juicios por terrorismo de estado?
La verdad es nunca nadie nos dio una mano con este tema, mi madre mucho no podía hacer porque se la pasaba todo el día trabajando para mantenernos, y yo era muy pibe. Pero nadie de la Unión Cívica Radical ni de derechos humanos me dio una mano. Entonces estábamos solos, y no sabíamos donde tocar. Hasta que hice un quiebre cuando nació mi hija: me dio bronca porque mi viejo no la pudo disfrutar, porque podríamos haber sido una familia hermosa, además de que yo no lo pude disfrutar. Y me pone mal darme cuenta la cantidad de cosas que puedo hacer con mi hija que no pude hacerlas con mi papá. Esto también me empuja a ser el mejor padre posible. Esto me hizo un click para empezar a hacer algo.

¿Y que hiciste?
Reabrí la causa por el asesinato de mi padre. Empecé a investigar el tema y mover el expediente, sobre todo en este momento donde todo sale a la luz y es más fácil toda. Ahora tuve ayuda externa, pero la causa reabierta hace un año está en la fiscalía Nº 1 del doctor DiGiovanni y el juzgado de Marcelo Bailaque está lenta, cuesta hacerla avanzar. Empezamos bien pero nos estancamos. Están mi declaración y la de mi madre, y nada más. Esta semana denunciaron al ex fiscal Ricardo Vázquez que tuvo esta causa, y al juez Bailaque por no haber anexado a esta causa la declaración de Bueno diciendo que Pagano lo mató.

¿Qué pudiste rearmar de esa historia?
Tengo la declaración de Gustavo Bueno que es primordial, que dice que uno de los que mató a mi papá es Walter Pagano. Obviamente no fue el único, ya que eran unas nueve personas en el grupo que lo secuestró y asesinó.

7 de septiembre de 2009
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en la senda de la verdad histórica


El juez Rodríguez elevó a juicio oral la causa que investiga la desaparición de Alicia López. En la causa el juez investiga además del destino final de Alicia López, el secuestro y torturas de otro militante: Froilán Aguirre, que sobrevivió a la dictadura. Y el martirio de un ex policía, José Dalmacio Vázquez, en enero de 1977.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. El juez federal Nº1 Reinaldo Rodríguez elevó a juicio oral y público parte de la causa en la que investiga la desaparición de la docente y militante de las Ligas Agrarias, Alicia López, en la que procesó al ex jefe de la seccional 4ª y ex presidente comunal de San José del Rincón, Mario Facino, por "privación ilegal de la libertad agravada, tormentos, encubrimiento y homicidio", en marzo del año pasado. Desde la semana pasada, Facino es juzgado por el Tribunal Oral Federal por otros hechos ocurridos en la 4ª hasta fines de 1976 cuando ascendió otro rango en la jerarquía de la policía santafesina y asumió como jefe del Comando Radioeléctrico.
En la causa, el juez Rodríguez investiga tres hechos: el destino final de Alicia López. El secuestro y torturas de otro militante político, Froilán Aguirre, que sobrevivió a la dictadura. Y el martirio de un ex policía, José Dalmacio Vázquez, que en enero de 1977 intentó llevar una esquela de una docente detenida en la 4ª a la familia de ella. Pero los planteos de las defensas de otros dos imputados lo obligaron a desdoblar el proceso: elevó a juicio oral la parte que investiga la desaparición de López y ahora pretende terminar la instrucción de los otros dos casos para completar el expediente.
Alicia López fue secuestrada el 21 de octubre de 1976 alrededor de la medianoche, en su casa del barrio Candioti, por un grupo de tareas que la llevó a la seccional 4ª. Uno de los testigos de su martirio fue José Shulman, que estaba en otra celda y hoy es querellante en el juicio oral y público a Facino, el ex juez Víctor Brusa y otros cuatro imputados por delitos de lesa humanidad que se inició la semana pasada. El viernes, en la sala de audiencias, Shulman tenía una foto de Alicia, colgada en el pecho.
La desaparición de la docente convirtió a Facino en el primer imputado por homicidio. El 6 de marzo de 2008, el juez Rodríguez lo procesó por "privación ilegítima de la libertad" en concurso real con "tormentos, encubrimiento y homicidio, todos en perjuicico de Alicia López.
La resolución da por probado el secuestro y los padecimientos de Alicia. "Ha quedado demostrado que el día 21 de octubre de 1976, (alrededor de la medianoche) se presentaron varias personas armadas, vestidas de civil, al domicilio de calle Sargento Cabral 1345 de esta ciudad, donde se encontraba la señora Alicia López y sin identificarse, ni mencionar motivo ni lugar, la llevaron detenida", relató el juez.
"Quedó debidamente probado que ella fue vista a partir de esa fecha y durante el mes de noviembre del mismo año, alojada en una celda de pequeñas dimensiones en la comisaría 4ª, en muy mal estado de salud, con signos de haber sido torturada, de carecer de las condiciones mínimas de higiene y alimentación, de encontrarse sin ropa durmiendo en el piso con una manta, de desmayarse cada vez que iba al baño, de haber dicho que fue violada por un oficial que la llevó a su celda, y que antes de eso, fue torturada durante 12 horas con picana eléctrica en el centro clandestino de detención conocido como ’La Casita’. En suma, y como consecuencia de todo ello, durante su encierro presentaba un cuadro general que se deterioraba día a día, siendo vista agonizar en dicha comisaría en el mes de noviembre de 1976, hasta que fue sacada de allí ya sin vida o para ser muerta".
"Quedó demostrado que la detención de López se produjo sin que existiera o se exhibiera orden alguna de autoridad competente", precisó el juez al citar el habeas corpus que la madre de Alicia presentó poco después del secuestro "Y finalmente quedó acreditado que desde su paso por la seccional 4ª, Alicia López jamás fue vista de nuevo con vida ni se supo más nada de ella o del destino de sus restos".
"Del mismo modo se encuentra debidamente probado que durante el lapso en que sucedieron los hechos, el imputado se desempeñó como jefe de la seccional 4º".
El juez enumeró las pruebas contra Facino. "Todo este cúmulo de testimonios y actuaciones labradas desde prácticamente la fecha de los hechos que se investigan como el habeas corpus presentado por la madre de la víctima en noviembre de 1976, tratando de dar con el paradero de su hija , pasando por lo actuado judicialmente luego del regreso de la democracia (entre 1985 y 1987) en la causa en la que se investigó la desaparición de Alicia López a instancia de sus familiares y de las víctimas que la vieron en la comisaría 4ª, hasta llegar a nuestros días, en que por iniciativa de uno de ellos, Alejandro Faustino Córdoba, se reabrió la investigación luego de que estuviera paralizada casi 20 años como consecuencia de las leyes del perdón, resultan tan claras y de tal magnitud que provocan el convencimiento de lo ocurrido con Alicia López (...) y de la responsabilidad que en ellos le cupo al imputado Mario Facino"
"Los numerosos testimonios de las personas que tuvieron la experiencia de ser víctimas y a la vez testigos de los hechos vividos por Alicia López durante su encierro y hacinamiento en una pequeña celda de la comisaría 4ª pudieron dar fe de los padecimientos sufridos por ella, del trato inhumano que se le dispensó y del consecuente deterioro físico que habría derivado en su muerte", sostuvo el juez.
"La mayoría de las personas que prestaron testimonio en la causa fueron testigos directos de los aberrantes hechos sufridos por López en su paso por la seccional 4º, entre octubre y noviembre de 1976, como así también de la actuación que le cupo a Facino como jefe de la comisaría en ese período y más allá de relatar las experiencias traumáticas de las que fueron objeto varios de ellos en dicho lugar, se refirieron muy especialmente a los padecimientos sufridos" por Alicia.

7 de septiembre de 2009
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confesiones de dos hienas


Testimonios de represores sobre el método de arrojar prisioneros al mar. Policías, miembros del Ejército y de la Armada hablaron desde 1981 de la existencia de los vuelos de la muerte. En 1995 el ex marino Adolfo Scilingo se convirtió en el primer represor en confesar su participación.
[Diego Martínez] Argentina. El primer testimonio de un represor sobre los vuelos, en 1981, pertenece a Luis Alberto Martínez, suboficial de la Policía Federal, hoy prófugo por la Masacre de Fátima. Detenido en Suiza por secuestros extorsivos en la Argentina, El Japonés Martínez detalló ante la Federación Internacional de los Derechos del Hombre que, tras los interrogatorios bajo tortura en el tercer piso de Azopardo 680, los grupos de tareas de Seguridad Federal recurrían a los vuelos.
"Oficiales y suboficiales llevaban a los prisioneros en furgones cerrados con destino a aeroparque. Antes de llegar a la vía había una entrada guardada por efectivos de Aeronáutica. Estos traslados tenían lugar de noche. Al llegar recibían una inyección, se les decía contra las fiebres. Eran somníferos que venían en paquetes con etiquetas del Ejército. Los prisioneros eran embarcados a bordo de un avión Fiat Albatros. Después de quince minutos, ya dormidos, eran desnudados. Luego de media hora eran arrojados al mar a la altura de Mar del Plata", declaró. Apuntó que el método existió antes del golpe de Estado. "Estos hechos se remontan a los años 1975-1976, porque luego comenzó a funcionar el Club Atlético", dijo.
Ya en democracia, el cabo Raúl Vilariño se refirió a los "vuelos sin puerta" de la Armada. "Se hacían desde Ezeiza. Se colocaba el avión, se acercaba el camión, se subían los guerrilleros en estado de coma o idiotez y se salía al río. Eran largados desde el aire", relató a la revista La Semana. "Se les daba una medicación que hacía que no se resistiesen. Los tomaban de a uno y los iban lanzando, sin vestimenta y sin nada que pudiera servir para identificarlos", contó. Tras la aparición de cuerpos "en playas de Quilmes y Montevideo empezaron a tirarse más adentro, así los cadáveres molestos no volvían a aparecer", explicó Vilariño, que calificó a la Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros como una "cobertura" de quienes operaban en la ESMA.
En 1995 el ex capitán Adolfo Scilingo admitió ante el periodista Horacio Verbitsky su participación en dos vuelos, ambos desde Aeroparque, en un Skyvan de Prefectura y en un Electra de la Armada. "La mayoría participó, era una especie de comunión." "Era para comprometerlos." "Venían rotando de todo el país. Alguno puede haberse salvado pero de forma anecdótica", contó, y categorizó a los victimarios: oficiales superiores, suboficiales, médicos que daban la última inyección en vuelo, "invitados especiales" que daban "apoyo moral", mecánicos, y hasta un cabo de Prefectura que entró en crisis cuando comprendió su misión.
En su declaración ante la Justicia en España y en entrevistas posteriores, Scilingo detalló que la orden para el primer vuelo se la dio el vicealmirante Adolfo Arduino, que murió impune. La columna desde la ESMA hasta Aeroparque la condujo el capitán Jorge Vildoza, prófugo eterno. Compartió el vuelo con el "teniente Vaca", a quien identificó como el abogado Gonzalo Torres de Tolosa, que está libre, y con el capitán de navío Carlos Daviou, preso en Marcos Paz. Entre los tripulantes que permanecían en actividad, identificó al contraalmirante Basilio Pertiné, cuñado de Fernando de la Rúa, y al almirante Jorge Enrico, jefe del Estado Mayor Conjunto de Carlos Menem, que la semana pasada despidió desde un aviso fúnebre en La Nación a Diana Julio de Massot, directora del diario La Nueva Provincia. Entre los capellanes que sedaban las conciencias de los asesinos identificó a Luis Antonio Manceñido y Alberto Angel Zanchetta, sacerdotes en actividad de la Iglesia Católica, igual que el condenado Christian von Wernich.
También en 1995 dos guardias de Campo de Mayo admitieron que el Ejército recurrió al mismo método de desaparecer personas. El sargento Víctor Ibáñez confesó ante el periodista Fernando Almirón que ‘El Campito’, pegado a la cabecera de la pista del Batallón de Aviación 601, "era el lugar ideal para ocultar idas y vueltas de los aviones: nadie podía ver nada, el perímetro estaba vigilado por Gendarmería". Dijo que vio subir "hasta ochenta personas" en un vuelo. Mencionó los aviones Twin-Otter, Fokker F27, Hércules y Fiat. En el Hércules viajaban dos pilotos, un ingeniero de vuelo, dos mecánicos y el comisario de a bordo, dijo. Los suboficiales se encargaban de buscar a los prisioneros. Los llevaban en camión hasta la pista, les decían que iban a blanquearlos y, con la excusa de una vacuna, les inyectaban un somnífero. "En menos de un minuto estaban como muertos", agregó. El "grupo de eliminación" del Ejército también era rotativo, relató.
El suboficial Pedro Caraballo, que ingresó a Gendarmería como trompetista y terminó como guardia del ‘Campito’, relató ante la Asociación de Abogados que los secuestrados "eran llevados sin cadenas, encapuchados, hasta el avión". Según la declaración, "les aplicaban inyecciones y caían al suelo, no sabe si vivos o muertos. Le contaron que arriba de los aviones les abrían la panza para que se hundieran rápidamente". Los vuelos eran "todos los viernes". A fines de 1977, Caraballo chocó con un auto robado por el Ejército y tuvo la mala idea de declararlo en la comisaría. "Usted es un pelotudo y va a ser castigado", le advirtió el comandante de Gendarmería Horacio Domato, hoy prófugo. Le dieron de baja luego de dos años preso.
El segundo relato conocido de un marino que admitió su participación es el del suboficial Juan Lorenzo Barrionuevo. Contó Jeringa que un día se cansó de inyectar Pentonaval y pidió volar. "Tenía miedo de no animarme a empujar a la gente al vacío, pero me animé. Me sentía Dios, estaba en mi mano la vida o la muerte. Podía sentir la vibración de los cuerpos por los temblores que causa el miedo", le confesó a un guardia del hospital de Ushuaia. Barrionuevo murió el año pasado, en libertad, a los 54 años.
El método también se aplicó en Rosario. Eduardo Constanzo, personal civil del Destacamento de Inteligencia 121, contó el año pasado ante el periodista José Maggi, de Rosario/12, que meses antes del mundial de fútbol de 1978 los secuestrados del centro clandestino La Intermedia fueron ejecutados uno por uno. Según consta en el documento con el que se elevó la causa a juicio, amontonaron los cadáveres en una habitación de la quinta, propiedad de la familia Amelong, y los desnudaron. Luego se ordenó "tapar los balazos con pedazos de trapos, porque los pilotos del Hércules se habían quejado" (sic). Los envolvieron en frazadas y los cargaron en un camión Mercedes Benz 608 que partió hacia el aeropuerto de Fisherton. "Los tiraron a la bahía de Samborombón, se los comieron los tiburones", resumió Constanzo.
Mañana en Página/12 la segunda parte de la investigación sobre los vuelos de la muerte. La confesión que la Justicia mantiene en el cajón. Los cuatro vuelos probados a partir de la identificación forense de las víctimas.

6 de septiembre de 2009
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