cumplirán en cárceles comunes
[Diego Martínez] Después de la muerte de Febres, 15 represores de la ESMA van a Marcos Paz. El juez Sergio Torres ordenó el traslado de los marinos que estaban presos en una cárcel militar de Campo de Mayo..
Argentina. Con un cuerpo envenenado de por medio, el juez federal Sergio Torres ordenó ayer trasladar a una unidad bajo custodia del Servicio Penitenciario Federal a los oficiales de la Armada imputados por crímenes en la ESMA. El Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos tomó nota y al atardecer informó que el nuevo destino será un pabellón de la cárcel de Marcos Paz, la misma donde cumplen sus condenas Etchecolatz, Von Wernich & Cía. La medida, otro coletazo de la muerte del prefecto Héctor Febres, es reclamada por fiscales y querellantes desde la reapertura de la causa, en 2003. Los traslados terminarían de concretarse hoy mismo.
El 27 de diciembre de 2005 la sala II de la Cámara Federal le ordenó a Torres que los represores de la ESMA, dispersos en bases navales, pasaran a ser custodiados por penitenciarios. Cinco meses después, la ministra de Defensa, Nilda Garré, sugirió a los magistrados reconsiderar la decisión de enviar genocidas a los cuarteles. Todo siguió igual.
Finalmente, en julio, por iniciativa de Defensa, Torres concedió el traslado de los marinos al Instituto Penal de las Fuerzas Armadas en Campo de Mayo, bajo custodia de Gendarmería. A principios de mes, los ministerios de Defensa y de Justicia firmaron un convenio para que la custodia pase a manos del SPF, medida anunciada para el 1º de enero. Pero ante la solicitud de Abuelas de Plaza de Mayo, formulada el martes pasado, el juez decidió desandar su camino y anticiparse.
Ante el envenenamiento de Febres "se impone una nueva evaluación" sobre lugar y condiciones de detención, escribió. Subrayó su responsabilidad de proteger a los imputados "frente a posibles circunstancias que puedan poner en peligro sus vidas, salud e integridad física" y al mismo tiempo de "garantizar el sometimiento a la acción de la Justicia", que implica entre otras cosas evitar suicidios o asesinatos.
La resolución comprende al ex jefe de inteligencia Jorge Acosta y sus lugartenientes Alfredo Astiz, Antonio Pernías, Carlos Capdevila, Juan Carlos Rolón, Alberto Eduardo González, Jorge Radice, Raúl Scheller, Adolfo Donda, Néstor Savio, Víctor Cardo, Carlos Guillermo Suárez Mason (h.), Carlos Pazo, Hugo Damario y Rogelio Martínez Pizarro.
El juez también ordenó que agentes del SPF reemplacen en la custodia de Juan Antonio Azic –internado en la Clínica San Jorge– a sus camaradas de Prefectura, y en la del marino Pablo García Velazco –en teoría en el Hospital Naval– a "aquella que tuviere en la actualidad" (sic). Para evitar sorpresas, solicitó "un constante y permanente control de salud de los detenidos", de modo de ser informado "sobre cualquier anomalía, descompensación o deterioro en la salud".
Según la solicitud presentada la semana pasada por Abuelas de Plaza de Mayo, la detención "en unidades dependientes de la propia fuerza que integraron o en su propio domicilio constituye claramente un privilegio y dispensa especial, estrictamente prohibida por la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas". El escrito también fue presentado ante los jueces federales Daniel Rafecas, a cargo de la megacausa del Cuerpo I; Alberto Suárez Araujo, que investiga los crímenes en Campo de Mayo, y magistrados del interior del país.
A contramano de Torres, el Tribunal Oral Federal 5 rechazó la solicitud del fiscal Félix Crous de trasladar al capitán Enrique Berthier a una unidad del SPF. Berthier está detenido en Campo de Mayo a la espera del juicio oral por su rol en la apropiación de María Eugenia Sampallo. El TOF 5 es el mismo que –junto con Torres– tuvo bajo su responsabilidad la custodia del prefecto Héctor Febres hasta su muerte por envenenamiento.
Argentina. Con un cuerpo envenenado de por medio, el juez federal Sergio Torres ordenó ayer trasladar a una unidad bajo custodia del Servicio Penitenciario Federal a los oficiales de la Armada imputados por crímenes en la ESMA. El Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos tomó nota y al atardecer informó que el nuevo destino será un pabellón de la cárcel de Marcos Paz, la misma donde cumplen sus condenas Etchecolatz, Von Wernich & Cía. La medida, otro coletazo de la muerte del prefecto Héctor Febres, es reclamada por fiscales y querellantes desde la reapertura de la causa, en 2003. Los traslados terminarían de concretarse hoy mismo.El 27 de diciembre de 2005 la sala II de la Cámara Federal le ordenó a Torres que los represores de la ESMA, dispersos en bases navales, pasaran a ser custodiados por penitenciarios. Cinco meses después, la ministra de Defensa, Nilda Garré, sugirió a los magistrados reconsiderar la decisión de enviar genocidas a los cuarteles. Todo siguió igual.
Finalmente, en julio, por iniciativa de Defensa, Torres concedió el traslado de los marinos al Instituto Penal de las Fuerzas Armadas en Campo de Mayo, bajo custodia de Gendarmería. A principios de mes, los ministerios de Defensa y de Justicia firmaron un convenio para que la custodia pase a manos del SPF, medida anunciada para el 1º de enero. Pero ante la solicitud de Abuelas de Plaza de Mayo, formulada el martes pasado, el juez decidió desandar su camino y anticiparse.
Ante el envenenamiento de Febres "se impone una nueva evaluación" sobre lugar y condiciones de detención, escribió. Subrayó su responsabilidad de proteger a los imputados "frente a posibles circunstancias que puedan poner en peligro sus vidas, salud e integridad física" y al mismo tiempo de "garantizar el sometimiento a la acción de la Justicia", que implica entre otras cosas evitar suicidios o asesinatos.
La resolución comprende al ex jefe de inteligencia Jorge Acosta y sus lugartenientes Alfredo Astiz, Antonio Pernías, Carlos Capdevila, Juan Carlos Rolón, Alberto Eduardo González, Jorge Radice, Raúl Scheller, Adolfo Donda, Néstor Savio, Víctor Cardo, Carlos Guillermo Suárez Mason (h.), Carlos Pazo, Hugo Damario y Rogelio Martínez Pizarro.
El juez también ordenó que agentes del SPF reemplacen en la custodia de Juan Antonio Azic –internado en la Clínica San Jorge– a sus camaradas de Prefectura, y en la del marino Pablo García Velazco –en teoría en el Hospital Naval– a "aquella que tuviere en la actualidad" (sic). Para evitar sorpresas, solicitó "un constante y permanente control de salud de los detenidos", de modo de ser informado "sobre cualquier anomalía, descompensación o deterioro en la salud".
Según la solicitud presentada la semana pasada por Abuelas de Plaza de Mayo, la detención "en unidades dependientes de la propia fuerza que integraron o en su propio domicilio constituye claramente un privilegio y dispensa especial, estrictamente prohibida por la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas". El escrito también fue presentado ante los jueces federales Daniel Rafecas, a cargo de la megacausa del Cuerpo I; Alberto Suárez Araujo, que investiga los crímenes en Campo de Mayo, y magistrados del interior del país.
A contramano de Torres, el Tribunal Oral Federal 5 rechazó la solicitud del fiscal Félix Crous de trasladar al capitán Enrique Berthier a una unidad del SPF. Berthier está detenido en Campo de Mayo a la espera del juicio oral por su rol en la apropiación de María Eugenia Sampallo. El TOF 5 es el mismo que –junto con Torres– tuvo bajo su responsabilidad la custodia del prefecto Héctor Febres hasta su muerte por envenenamiento.
20 de diciembre de 2007
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El coronel Pascual Guerrieri dijo que él y sus colegas de la inteligencia del Ejército no eran represores y que habían cumplido con su deber durante una guerra revolucionaria que se libró sin tambores, clarines, frente ni retaguardia, para poner orden en la sociedad. Agotó así el pobre repertorio de justificaciones para lo que los tribunales nacionales e internacionales consideran crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra sucia militar contra la sociedad argentina.
A la mayor parte de los militares condenados ayer por el juez federal Ariel Lijo no se les conocía el rostro. En algunos casos aún se ignoran sus alias y se desconoce si participaban o no de sesiones de tortura. Se sabe con certeza, en cambio, que sin el aporte de esos anónimos oficiales que en las sombras del Batallón de Inteligencia 601 procesaban testimonios obtenidos a fuerza de picana, redactaban informes para destacamentos de todo el país y señalaban "blancos" que los grupos de tareas debían secuestrar, el mundo no hablaría hoy del genocidio argentino.
Argentina. "Afianzar la Justicia", dice la leyenda del vitral de la sala de audiencias del Palacio de Tribunales. Arriba está la cruz. Y, por encima, el escudo nacional. Con este marco de fondo, el juez federal Ariel Lijo condenó ayer por primera vez desde la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida a altos oficiales del Ejército. El fallo involucró a siete militares y un ex policía federal y agente de inteligencia.
Paraná, Argentina. Diecisiete años de condena para Mirta Chávez y absolución para Raúl Monzón; la sentencia por el secuestro de Fernanda Aguirre, ocurrido el 25 de julio de 2004, envió a prisión a la mujer del principal sospechoso, Miguel Ángel Lencina, quien supuestamente se suicidó ahorcándose en la celda de una comisaría al poco tiempo de ser detenido. Por su lado, Monzón, primo de Lencina, fue absuelto porque los jueces José María Chémez, Hugo Perotti y Ricardo González, de la sala I de la Cámara del Crimen, de Paraná, consideraron que no había pruebas suficientes como para condenarlo. Inés Cabrol, madre de la joven desaparecida, se retiró del tribunal visiblemente indignada y más tarde sostuvo que el tribunal "votó a favor de la mafia". La fiscalía había solicitado 20 años para Chávez y 11 para Monzón, y la familia querellante, entre 20 y 18 para la mujer y entre 18 y 14 para el hombre.
Argentina. Por primera vez desde la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, jefes militares serán condenados por la Justicia argentina. Hoy a las 15, en la misma sala del Palacio de Tribunales en que se realizó el Juicio a las Juntas, el juez federal Ariel Lijo leerá la sentencia del juicio que involucra a ocho represores, entre ellos el general Cristino Nicolaides y la plana mayor del Batallón de Inteligencia 601.
Argentina. "Esa hipótesis es muy firme y la familia no es ajena a esos mismos intereses", respondió una alta fuente del caso cuando Página/12 quiso saber si creía posible que al represor Héctor Febres lo mataron para silenciarlo antes de sus últimas palabras en el juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en su paso por la ESMA. La duda consistía en si la detención de la viuda y los hijos de Febres constituía una línea de investigación sin relación alguna con la posible revelación de información sensible sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas en ese centro clandestino por parte del represor. Si bien la jueza federal Sandra Arroyo Salgado no descarta ninguna de las posibilidades abiertas, en su entorno aseguran que "a esta altura ya casi ni se habla de suicidio". Según pudo saber Página/12, en el juzgado consideran clave el contenido de la computadora de Febres y se quejan porque la escena del presunto homicidio fue "totalmente modificada".
Argentina. "¡Desocúpenme el casino de oficiales que voy a ir con mi familia!", era una de las habituales órdenes que impartía el represor Héctor Febres mientras estuvo detenido en la sede Delta de la Prefectura Naval Argentina. Y volvió a hacerlo dos semanas antes de su muerte, para festejar allí el bautismo de una de sus nietas, tal como describió Página/12 la semana pasada. Durante el allanamiento a la casa del hijo de Febres la Justicia encontró pruebas del acontecimiento familiar celebrado en un edificio público que debía servir como cárcel para este prefecto, enjuiciado por delitos de lesa humanidad. Los investigadores del caso afirmaron que en su vida vieron condiciones de detención "tan irregulares", y uno de ellos consideró que el prefecto que murió envenenado con cianuro "entraba y salía" de su prisión vip. Esta situación, que calificaron de "escandalosa", podría motivar en breve la citación a prestar declaración indagatoria del recién destituido jefe de la Prefectura Carlos Fernández. En la causa hay dos de sus ex subordinados detenidos. Los dos investigadores, de alta jerarquía, consultados por este diario coincidieron en inclinarse por la hipótesis del homicidio.