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represores deben entregar armas


[Nora Veiras] Los represores quedaron desarmados. Más de 160 militares tendrán que entregar sus armas. Fueron inhabilitados.
Argentina. Ante un pedido del Ministerio de Defensa, el Renar dispuso "la inhabilidad preventiva como usuarios de armas" de más de un centenar de militares procesados en causas por delitos de lesa humanidad. En diez días tendrán que entregar revólveres y pistolas.
Muchas son armas viejas, registradas en la época en que eran dueños de la vida y la muerte. Algunos todavía atesoran arsenales caseros, con más de veinte revólveres y pistolas. Son ciento sesenta y dos represores, en su mayoría presos por delitos de lesa humanidad, los que fueron "inhabilitados en forma preventiva" como usuarios por el Registro Nacional de Armas (Renar). El general retirado Ernesto Arturo Alais encabeza la lista, acusado de participar en la represión en Tucumán y más conocido por no haber llegado nunca a reprimir a sus camaradas carapintada en la Semana Santa del '87. Alfredo Astiz, Albano Harguindeguy, Ramón Genaro Díaz Bessone, Pascual Guerrieri, Reynaldo Benito Bignone y Jorge Rafael Videla son otros de los nombres que impresionan todos juntos desde la frialdad de la planilla que el Renar le envió al Ministerio de Defensa.
Desde la cartera, que encabeza Nilda Garré, le llegó a Andrés Meiszner, titular del Renar, la consulta sobre la situación en la que los militares procesados en causas por violaciones a los derechos humanos tenían armas. Meiszner explicó a Página/12 que "la resolución 197 del 2006 modificó los requisitos para habilitar la tenencia de armas de fuego y dispuso que la autorización cae ante la sustanciación de cualquier proceso judicial". Por un antecedente penal se inhabilita preventivamente. El procedimiento supone la notificación para que entreguen las armas en un lapso de diez días, las cuales quedan en custodia del organismo hasta que se termina el sumario y luego se destruyen. Si el titular o un delegado no se presentan, se le da curso a la Unidad Fiscal del Renar para secuestrar el arma.
En el '93, durante el gobierno de Carlos Menem, el Renar pasó a depender de la cartera de Defensa, el año pasado se dispuso que pasara a la órbita del Ministerio del Interior. El caso de Martín Ríos, el francotirador de Belgrano que había obtenido la Credencial de Legítimo Usuario (CLU) de un médico traumatólogo, provocó el cambio de reglas y jurisdicción. La inexistencia de antecedentes penales y el apto en exámenes físicos y psicológicos pasaron a ser excluyentes.
Los represores que engruesan la lista de "inhabilitados" a partir de la notificación del Renar a Defensa, fechada el lunes pasado, no cumplieron con el trámite de reempadronamiento. Muchos ya estaban detenidos el año pasado, el requisito de ausencia de manchas penales quizás los disuadió. Quedará en la duda saber cuál hubiese sido el resultado de las pericias psiquiátricas.
Alais encabeza la nómina por esas cosas de la arbitrariedad del alfabeto, pero su caso es particular. Fue procesado, en el 2004 por orden del ex juez Jorge Urso, acusado de ser partícipe en distintos operativos del Plan Cóndor. Durante el gobierno de Alfonsín, la ley de Punto Final lo había salvado del procesamiento por su actuación durante la represión en Tucumán. En el '87, estaba al mando del II Cuerpo de Ejército y fue quien recibió la orden de terminar con el levantamiento de Semana Santa. Alais nunca llegó a reprimir a sus camaradas de los años de plomo. Como retirado siguió despuntando su pasión y se convirtió en presidente de la Federación Argentina de Tiro General. Su colección de armas terminará ahora fundida por Techint, la empresa encargada de la destrucción una vez que el Renar lo dispone.
El pedido de Defensa obligó a mirar los registros y comprobar que la gran mayoría de los represores ni siquiera se había reempadronado en el '93 y seguían con los permisos de las policías provinciales. Si bien en esos años, la vigencia de las leyes de impunidad y los indultos los dejaba fuera del alcance de la Justicia, los militares optaban por mantenerse alejados del registro oficial de armas.
Alfredo Astiz, el Ángel Rubio, de la Armada convertido en prototipo de la infamia del terrorismo de Estado, ocupa uno de los renglones de la lista junto a los ex presidentes de facto Jorge Rafael Videla y Reynaldo Benito Bignone. El ministro del Interior de Videla Albano Harguindeguy, que supo zafar de la prisión hasta que Urso ordenó su detención en el marco del Plan Cóndor también aparece. El macizo general solía aparecer en las notas sociales de la dictadura "disfrutando" también de la caza de animales.
Alberto Pedro Durán Sáenz, jefe del centro clandestino ‘El Vesubio', denunciado además como violador de las prisioneras, es otro de los inhabilitados a manejar armas junto a Pascual Guerrieri, agente de Inteligencia del Batallón 601 que el año pasado perdió la prisión domiciliaria. A los 70 años, Guerrieri se mostró menos sagaz cuando se presentó en el Regimiento de Patricios pidiendo auxilio porque periodistas de CQC estaban esperándolo en la puerta de su casa. Guerrieri había violado la prisión domiciliaria y temía ser descubierto. El juez Ariel Lijo le revocó el confort de la cárcel hogareña y lo mandó a la prisión en Marcos Paz.
Antonio Pernías, Jorge Radice, Jorge Acosta son algunos de los integrantes de la patota de la ESMA que tendrán que entregar sus armas.
El año pasado, el ex comisario Miguel Etchecolatz perdió la prisión domiciliaria cuando se comprobó que conservaba en su casa un revólver. Condenado a prisión perpetua y recluido en Marcos Paz ya no necesitará el arma.
Los represores quedarán ahora legalmente desarmados.

12 de octubre de 2007
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funan a intendente alberto groppi


[Diego Schurman] Un escrache para el intendente acusado de violar derechos humanos. La agrupación H.I.J.O.S. marchará hoy a la Municipalidad de Esteban Echeverría para repudiar a Alberto Groppi.
Buenos Aires, Argentina. La agrupación Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S.) marchará hoy a las 11.30 hacia la Municipalidad de Esteban Echeverría para escrachar el intendente Alberto Groppi, a quien acusan de ser cómplice de violaciones a los derechos humanos perpetradas durante la última dictadura.
Groppi fue catapultado por los militares como ‘comisionado civil' de Esteban Echeverría entre 1979 y 1983. Según el Nunca Más, el informe de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep), en ese distrito funcionaron cuatro campos clandestinos de detención ilegal y torturas: el Centro de Instrucción Profesional de Aeronáutica, la Comisaría 1ª, La 205 y la Unidad Penal 3 de Mujeres.
La Justicia, tal como anticipó Página/12, ahora investiga el funcionamiento de un quinto centro clandestino en un predio conocido como Transradio Internacional, en donde se encontraron restos de personas que habrían sido privadas de su libertad y desaparecidas.
En su defensa, Groppi había dicho que asumió aquella primera intendencia en el crepúsculo de la dictadura y que entonces no se produjeron secuestros. Hubo que recordarle que la transición democrática no se inició en 1979 –como insólitamente explicó a través de un comunicado–, sino en 1983, y que durante su paso como ‘comisionado civil', en Esteban Echeverría sí se produjeron desapariciones forzadas. A saber: Andrada Cáceres, Juan Sergio (21/9/81); Anfuso Spina, José (18/6/80); De Lilio Vásquez, Miguel Angel (12/80); Milobara Copes, Mirtha Haydée (12/80). Todos estos nombres figuran en el Nunca Más. Allí también se menciona como "ejecución sumaria" a Irabedra Pintos, Eduardo Eugenio (29/4/77). Si bien este último caso es anterior a la gestión de Groppi, el dato tiene un valor adicional: lo asesinaron en Transradio, el predio donde, como se dijo, se investiga el funcionamiento de un centro clandestino.
Según informó la agrupación H.I.J.O.S, una caravana de micros saldrá a las 10 desde la sede porteña de Familiares, en Riobamba 34, hacia la estación de tren de Monte Grande. Desde allí, a las 11.30, se marchará hacia la Municipalidad de Esteban Echeverría. El escrache cuenta con la adhesión de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, el Serpaj –presidido por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel–, y numerosas organizaciones sociales y barriales.
Groppi aspira a su reelección como intendente con una de las tantas listas que se encolumnará en el distrito detrás del kirchnerismo. Amén del escrache, la candidatura ya sufrió numerosas impugnaciones. Una de ellas la presentó Victoria Donda, hija de desaparecidos y concejal de Avellaneda. "No tiene idoneidad moral para presentarse en un proceso democrático quien fue cómplice de la dictadura", consideró.
Donda se presenta como candidata a diputada nacional por la provincia de Buenos Aires en una boleta que lleva a Cristina Kirchner y Daniel Scioli como candidatos a presidenta y gobernador. La paradoja es que en Esteban Echeverría Groppi se colgará de esa boleta, es decir, compartirá el mismo espacio con Donda.
Al respecto, H.I.J.O.S repartió un volante llamando a impedir la reelección del jefe comunal. "Si no hay justicia, hay escrache a Groppi, intendente de la dictadura. Vecino de Esteban Echeverría: no permitamos más impunidad. Súmese al escrache. No vote a Groppi".

11 de octubre de 2007
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preguntas sobre von wernich


[Rolando Concatti] Ahora parece que las palabras sobran.
Ahora que Christian von Wernich ha sido juzgado y condenado, un poco sobran las palabras. Es reiterativo expresar la repugnancia ante un tipo que se valía de su misión presuntamente espiritual para extorsionar a los condenados, o la indignante complicidad de la jerarquía católica –una parte al menos– que lo ha protegido o disimulado de todas las maneras posibles. La condena, sin dudas, es una justa respuesta de la sociedad. Pero quedan en el aire, terribles, numerosas preguntas.
La primera: ¿cómo es posible que individuos de esta catadura lleguen a ser sacerdotes católicos, ministros de Jesucristo?
Porque no es asunto de que Von Wernich de golpe se convirtiera en un monstruo. La cosa venía de siempre. La simulación, el travestismo, la ferocidad fascista y la manipulación de lo cristiano son su historia.
No conozco a este hombre personalmente. Pero en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo del que fui miembro se hablaba bastante de él. No era cura todavía, pero había transitado por muchos seminarios, siempre expulsado. Hasta el obispo Tortolo, jefe de los ultras, lo había echado de Paraná. Cuando esto pasa en el mundo clerical se prenden luces de alarma, muchas sospechas. Pero aquí se agregaban otras razones. En sus repetidas vacaciones forzadas Christian se dedicaba a la buena vida. Y al desparpajo. Contaban de una vez en que deslumbró a sus amigotes en Río de Janeiro, exhibiendo para el asombro y la envidia de todos media docena de documentos ‘alternativos', uno de ellos con credenciales de comisario de la provincia de Buenos Aires. Mostrando incluso un traje de comisario; también una impecable sotana. Merecía sus sobrenombres: ‘El Duque', ‘El Conde', ‘El cura'.
A los tercermundistas nos inquietaba porque era un incondicional de la extrema derecha clerical, los enemigos jurados del Movimiento: los curas Meinvielle, Sánchez Abelenda, el obispo de La Plata Antonio Plaza. Fue este último quien lo ordenó sacerdote. Recuerdo el feroz comentario de Miguel Ramondetti: "¿Y por qué no lo va a ordenar Plaza?, si Plaza nunca ha creído en Dios...".
Otras preguntas, también, si no caemos en el maniqueísmo de suponer que estos hombres son feroces hienas insaciables. No es preciso creerse Dostoievski para saber que en todo criminal anida un corazón retorcido y contradictorio. ¿Qué pudo llevar a Von Wernich, de familia pudiente y estilo disoluto, a elegir el corset clerical, la vida oscura, la perpetua mirada vigilante que siempre soporta un cura? ¿Buscaba una expiación, aunque después su naturaleza ambigua siempre se impusiera por el peor camino? ¿Descargaba en los otros, en el cuerpo de las víctimas, algún odio a sí mismo, a su destino? ¿Aceptaba la "salvación por la tortura" porque él necesita redimirse? ¿O todo fue siempre más cínico, más vulgar, más insignificante?
Otra cuestión, aunque resulte incómoda a nuestro racionalismo, a nuestra desenvoltura posmoderna. Es la cuestión del mal, del mal ejercido contra los inocentes, de la maldad implacable contra la criatura humana. Una interpelación para este tiempo, este país, teatro de horrores que no podemos soportar. Porque hermanos nuestros han sido las víctimas, pero también medio hermanos nuestros han sido los victimarios. Gente nacida en esta cultura, vecina nuestra por muchas avenidas.
Ya sé que el mal no se explica. Que contra el mal se actúa. Pero igual nos estremece. Y es una bocanada de aire puro el que la justicia llegue, aunque sea lerda y de mano vacilante.
Ante lo irremediable, la Conferencia Episcopal, más que una condena, ha emitido una de sus declaraciones de doble rostro. Un "sí, pero...". Apenas salva la ropa. Suena como el clásico: "es un primo raro, familiar lejano, la oveja negra de nuestra familia tan decente...".
De allí la última pregunta: ¿creerá en serio la Jerarquía que con esta declaración basta, que es suficiente para la sociedad? ¿Creerá que puede seguir siendo ‘custodio moral' de la sociedad, advirtiendo y enseñando a gobiernos y políticos, a médicos, a militantes sociales? (Perdonen el escepticismo: ¡sí!, lo seguirá creyendo...).
También es injusto, pese a todo, que resaltemos sólo las amarguras. Lo que pasó en el juicio es una pequeña pero espléndida reivindicación de la dignidad humana, de la vapuleada justicia humana. Lo entendieron los familiares de las víctimas que recibieron la sentencia con aplausos, cantos, lágrimas y abrazos. Las cuentas pendientes no pueden opacar este triunfo de la vida. Las rabias que siguen no nos arruinarán este día conmovedor e histórico.

El autor es ex integrante del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Ensayista y novelista.

11 de octubre de 2007
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la iglesia no lo quiere castigar


[Washington Uranga] Para la Iglesia no fue suficiente. No sancionan a von Wernich a pesar de la condena a perpetua.
La Plata, Argentina. El obispo de 9 de Julio, superior de Von Wernich, postergó sin fecha su resolución sobre la situación del ex capellán. En un comunicado señaló que la decisión se tomará "oportunamente" y pidió "perdón" porque un sacerdote estuviera tan lejos de las exigencias de su misión.
A pesar de la condena por delitos de lesa humanidad, cometidos "en el marco del genocidio", que pesa sobre él, Christian von Wernich no será sancionado por el momento por la Iglesia Católica y por lo tanto podrá seguir ejerciendo el ministerio sacerdotal que lo habilita para celebrar la eucaristía e impartir el resto de los sacramentos. Lo anterior se desprende del comunicado difundido ayer por el obispo de 9 de Julio, Martín de Elizalde. En ese texto el superior eclesiástico del cura señala que "oportunamente se habrá de resolver, conforme a las disposiciones del Derecho Canónico, acerca de la situación de Christian von Wernich". En el mismo documento el obispo pide perdón en nombre de la Iglesia.
La ley eclesiástica determina que ante faltas graves el sacerdote puede ser sancionado con la imposibilidad de ejercer las funciones ministeriales, prohibiéndole de por vida la administración de los sacramentos y la animación pastoral de la feligresía. Aunque no es una medida que la Iglesia acostumbre a adoptar en tiempos actuales, podría darse lugar también a la excomunión, una pena todavía mayor que implica que la persona queda directamente al margen de la comunidad católica. A quien le corresponde adoptar las sanciones, siempre que lo considere oportuno, es al obispo de la diócesis a la que pertenece el sacerdote y, en caso de que el cura no esté de acuerdo con la pena que se le impone, podrá recurrir luego ante los tribunales del Vaticano. La Conferencia Episcopal, que es un órgano colegiado de los obispos, no tiene atribuciones para tomar determinaciones directas en las diócesis o sobre sus sacerdotes, pasando por encima de la autoridad del obispo local. Pese a ello es notorio que en muchos casos la opinión de las autoridades de la Conferencia Episcopal no sólo condicionan sino que presionan, si así lo desean, las decisiones de los obispos particulares.
Por todo lo anterior el pronunciamiento del obispo De Elizalde se esperaba con expectativa tanto en medios eclesiásticos como en los organismos vinculados con los derechos humanos. Fuentes eclesiásticas habían dejado trascender que el anuncio de esas medidas, se daría a conocer de manera simultánea con el comunicado de la Conferencia Episcopal difundido el martes pocos minutos después de que el Tribunal Federal No 1 de La Plata emitió su veredicto condenatorio. No sólo no ocurrió así sino que el obispo De Elizalde decidió postergar una resolución sobre el tema sin ponerle fecha. La ley eclesiástica no contempla plazos para este tipo de medidas.
El comunicado del obispo de 9 de Julio, tras el reconocimiento de la condena que se le impuso a Von Wernich, expresa, "en nombre de la comunidad eclesial, la convicción de que el Evangelio de Jesucristo nos impone a los que queremos ser sus discípulos una conducta que muestre el respeto cabal por nuestros hermanos, condición de una vida social en paz y justicia".
"Lamentamos –dice a continuación– que haya habido en nuestra patria tanta división y tanto odio, que como Iglesia no supimos prevenir ni sanar". Y agrega que "un sacerdote católico, por acción o por omisión, estuviera tan lejos de las exigencias de la misión que le fue confiada, nos lleva a pedir perdón, con arrepentimiento sincero, mientras rogamos a Dios Nuestro Señor que nos ilumine para poder cumplir nuestra vocación de unidad y de servicio".
De Elizalde, que cumplirá 67 años en los próximos días, pertenece a la orden de los benedictinos, y es obispo desde 1999. Antes había ocupado el cargo de abad (superior) de la abadía San Benito en Buenos Aires-Luján. No es un hombre de perfil alto dentro del episcopado y tampoco ha tenido alta exposición pública como miembro de la jerarquía eclesiástica católica.
Después de señalar que la situación del cura condenado se resolverá "oportunamente" de acuerdo a las disposiciones del derecho canónico, el obispo dice que "rogamos por él (por Von Wernich), para que Dios lo asista y le otorgue la gracia que necesita para comprender y reparar el daño ocasionado". Cierra el comunicado diciendo que "esperamos que nuestra sociedad encuentre el camino de la ansiada reconciliación, la cual requiere la verdad y la justicia, el arrepentimiento y el perdón".
En la intervención final que se le concedió en el juicio antes de que el tribunal diese a conocer el fallo que finalmente fue condenatorio, Von Wernich también apeló a la "reconciliación" pero en este caso para decir que "el hombre que quiere reconciliarse necesita paz, si no actúa con el corazón herido" y por lo tanto "va a obrar con el corazón herido y lleno de problemas", en lo que intentó ser un argumento para descalificar a quienes habían brindado testimonio en su contra.

11 de octubre de 2007
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iglesia y dictadura en argentina


[Horacio Verbitsky] A 30 años del golpe que avaló, la Iglesia vuelve a intentar un blanqueo de sepulcros. Un interesante documento publicado por Página 12 en 2006.
Argentina. Omite textos fundamentales, mutila otros y no informa si fueron públicos o secretos. Publica las críticas episcopales por actos represivos pero no las reuniones de camaradería en las que comunicaban su adhesión a la dictadura y encomiaban la "imagen buena de las supremas autoridades". No hay razones para mantener la clausura de los archivos.
Al anunciar la publicación del volumen de documentos eclesiásticos ‘Iglesia y democracia en la Argentina', el diario "La Nación" dijo que de ese modo "el Episcopado toma la delantera o ‘primerea' –término que suele usar Bergoglio– a las numerosas entidades que recordarán el golpe militar de 1976".
Si ése era el objetivo, fue exitoso: mi nuevo libro ‘Doble juego. La Argentina Católica y Militar' recién comenzará a distribuirse esta semana, diez días después que el tomo autocomplaciente presentado por el cardenal Jorge Mario Bergoglio. El cotejo de uno y otro es recomendable, para quienes deseen someter la historia oficial a una revisión crítica, con los documentos que la Iglesia intentó en vano sustraer a la investigación. Mañana a las 7.30 de la mañana entregaré a la prensa en el City Hotel de la calle Bolívar una primera tanda de documentos imprescindibles para emprender esa tarea.

Apoyo al Golpe
En 1975, el gobierno anunció que las elecciones presidenciales se adelantarían de 1977 a 1976 y que la viuda de Juan Perón no sería candidata. En vez de apoyar uno de los pocos gestos razonables de un gobierno desastroso la Iglesia se sumó a la presión por la renuncia de la presidenta. La Conferencia Episcopal afirmó que la Patria "no se identifica con sus funcionarios" y que el bien de la comunidad debe buscarse por encima de las opciones partidarias. Según el nuncio Pío Laghi, la línea política del Vaticano era favorable al mantenimiento de la legalidad pero sin perder la distancia crítica respecto de la presidenta. Lo mismo decían por entonces los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas. Defensa de las instituciones o de la legalidad quería decir renuncia de Isabel Perón. En caso contrario, golpe. Quien le reclamó la renuncia en nombre de la Junta Militar fue nada menos que el presidente de la Conferencia Episcopal y vicario general castrense, Adolfo Tortolo. La noche del 23 de marzo de 1976, un sobrino del provicario castrense Victorio Bonamín lo aguardaba en su sede. Su hijo, Luis Bonamín, había sido secuestrado y asesinado por la policía en Rosario y el hombre buscaba ayuda para tramitar el pasaporte de su nuera, María Teresa Butticé de Bonamín, quien me contó esa historia. La muchacha y su suegro debieron esperar mucho tiempo en un pasillo, porque Victorio tenía una reunión fuera de agenda. Cuando los invitaron a pasar, vieron salir a dos militares uniformados, de quienes el sacerdote se despidió. Después de escuchar el relato de lo sucedido, el provicario apenas dijo:–Él se lo buscó.
Al día siguiente Marité Butticé de Bonamín reconoció a los dos uniformados cuando los vio por televisión. Eran los jefes del Ejército y de la Fuerza Aérea. Isabel Perón se había negado a renunciar. De la Nunciatura, Jorge Videla y Ramón Agosti partieron a tomar el poder. De inmediato, Tortolo exhortó a cooperar con el proceso que restauraría "el espíritu nacional". Los nombres de Tortolo y Bonamín han quedado asociados con el apoyo a la más cruel dictadura de la historia, con la que compartían la ideología integrista en la que la Iglesia formó a las Fuerzas Armadas desde las primeras décadas del siglo pasado. A menos de dos meses del golpe, la Conferencia Episcopal reemplazó a Tortolo por el Arzobispo de Córdoba, Raúl Francisco Primatesta. Esto implicó una cierta flexibilización en el lenguaje, pero no un cambio de fondo. También los sectores eclesiásticos a quienes se menciona como moderados, los Primatesta, Laghi, Carlos Galán u Oscar Justo Laguna se comprometieron con el gobierno militar.

Las Listas de Primatesta
Primatesta era un hombre de extraordinaria comprensión a los planteos militares. Personal del Departamento de Informaciones de la policía cordobesa solicitó a los colegios católicos listas con los nombres y domicilios de profesores y alumnos. Ante una consulta del arzobispo, el director general de Enseñanza Privada, el capitán de la Fuerza Aérea Jorge Eduardo Baravalle, respondió que era preciso asegurar un control efectivo del alumnado a fin de adoptar medidas de seguridad. Primatesta ordenó ese mismo día a los colegios parroquiales y religiosos que entregaran toda la información. Además le escribió una cordial carta a Baravalle: "Como lo hiciera en la entrevista personal que tuvimos en el Arzobispado, quiero reiterarle que en un primer momento la medida provocó inquietud en los responsables de los colegios, sea porque provenía de un Departamento que no suele tener competencia educacional y con prescindencia de una comunicación a la autoridad responsable, que es el Arzobispado o exactamente el propio arzobispo; sea porque situaciones similares en otras ocasiones provocaron molestias y alerta en los padres de los alumnos". Pero las garantías de Baravalle acerca de "la seguridad de los alumnos" (no era eso lo dicho por el aeronauta), lo tranquilizaron. Varios de esos alumnos fueron secuestrados y desaparecieron.

Pureza Química
Durante la primera Asamblea Plenaria posterior al golpe, en mayo de 1976, se dedicó al intercambio de informaciones sobre la barbarie que la dictadura había descargado sobre distintas diócesis, y que no excluía a sacerdotes, instituciones católicas e incluso obispos, como el riojano Enrique Angelelli y el nicoleño Carlos Horacio Ponce de León. Ambos fueron asesinados en los meses siguientes, mediante fingidos accidentes automovilísticos. Hasta el día de hoy la Iglesia no los ha reivindicado como mártires. Ellos dos, Jaime de Nevares, Miguel Hesayne, Juan José Iriarte, Vicente Zazpe, y el propio Primatesta informaron sobre una abrumadora cantidad de secuestros, torturas, asesinatos y saqueos que conocían. Ante la falta de consenso, se sometió a votación si el Episcopado debía comunicar o no esos gravísimos acontecimientos al pueblo de Dios: 19 obispos se pronunciaron por difundirlos, pero el doble, 38, se opusieron. El 13, 14 y 15 de mayo los obispos corrigieron tres versiones del borrador genérico preparado por Antonio Quarracino, Zazpe e Iriarte. En cada revisión el texto se hizo más complaciente con el gobierno.
El Episcopado afirmó que ninguna emergencia autoriza a ignorar los derechos humanos, aunque varía la forma de vivirlos en cada lugar y momento. Dado el desastre financiero y el clima de violencia, no le parecía razonable "pretender un goce del bien común y un ejercicio pleno de los derechos, como en época de abundancia y de paz". Tampoco se podía exigir "que los organismos de seguridad actuaran con pureza química de tiempo de paz" o "no aceptar el sacrificio, en aras del bien común, de aquella cuota de libertad que la coyuntura pide".

Buenos Católicos
En marzo de 1977, la encargada de Derechos humanos del gobierno norteamericano, Patricia Derian, sostuvo en Buenos Aires lo que define como "una larga y dura reunión con Laghi", quien "al principio fingió que no sabía. Después dijo que ignoraba la magnitud del problema. Después dijo que la responsabilidad era de los obispos". El nuncio explicó que junto con algunos obispos "moderados" habían protestado ante el gobierno en privado "por las violaciones a los derechos humanos" y requerido explicaciones sobre "miles de casos individuales", pero sin embargo también hizo una abierta defensa de la dictadura. Los militares estaban sacando a flote a la Argentina y "sabían que habían procedido mal en cuestión de derechos humanos". Muchos tenían "graves problemas de conciencia, que planteaban a los capellanes militares". Algunos podían enfermar por estas "graves perturbaciones". Por eso mismo "no necesitan que los visitantes les recuerden sus culpas. Esto sería frotar sal en las heridas". Le recomendó a Derian que su gobierno fuera "muy cuidadoso en la forma de presentar su política de derechos humanos. El gran peligro era debilitar la posición de aquellos elementos moderados del gobierno que rodeaban a Videla, y que otros generales de línea dura dieran su propio golpe y tomaran el poder". En su opinión el presidente y los jefes militares "eran personas de buen corazón" y Videla "un buen católico". Al mes siguiente Laghi le dijo al embajador estadounidense Robert Hill que el desaparecido periodista y empresario Edgardo Sajón había sido "torturado y asesinado por sus captores". En diciembre de 1978 el primer secretario de la Nunciatura, Kevin Mullen, dijo a la embajada de Estados Unidos que "un oficial de la más alta jerarquía del Ejército" había informado al nuncio que las Fuerzas Armadas "se habían visto obligadas a "encargarse de 15.000 personas" (take care of en el original). La expresión no era equívoca: sus interlocutores archivaron el memorándum sobre la conversación con el título "Número de desapariciones".

Si Ellos Lo Dicen
En enero de 1978, cuando la Unión de Superioras Mayores de Francia pidió que Primatesta usara su influencia en favor de Alice Domon, Léonie Duquet y otros sacerdotes y religiosos de quienes no había noticias, el propio cardenal contestó que "esperamos que las acusaciones veladas o abiertas de connivencia de sacerdotes o religiosos con asociaciones o movimientos de tipo subversivo inaceptables para el cristiano sean todas aclaradas, y que nadie haya sido culpable de semejante error criminal". Por algo habrá sido.
Es indisimulable el fastidio de Galán cuando la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos le ofrece su apoyo ante el arresto de Adolfo Pérez Esquivel. Con tres meses de retraso responde que Pérez Esquivel no trabaja con la Iglesia argentina "y no lo conocíamos aquí tan bien como parece serlo en el exterior". Una organización católica canadiense comunicó su apoyo al "activo compromiso de la Iglesia argentina en defensa de los desaparecidos y sus familias". La respuesta, que también se repitió en muchas otras cartas, fue que "no siempre desde lejos se puede apreciar el espectro completo de la realidad o evitar interpretaciones no tan adecuadas acerca de la acción de la Iglesia". Otra fórmula frecuente, dirigida incluso a quienes aplaudían los esfuerzos episcopales, era que "como las informaciones no siempre son adecuadas, sin duda no es fácil, desde lejos, darse cuenta de lo que significa la subversión en un país ylas secuelas que deja. Dios haga que nunca la conozcan ustedes en el suyo".
La católica estadounidense Shirley Kidd comprendía el riesgo personal o institucional que correría la Iglesia argentina por una "oposición abierta a las políticas opresivas del gobierno". Pero si el cuerpo de Cristo "siempre es doloroso, ¿cómo podemos evitar nosotros, que somos parte de ese cuerpo, compartir ese dolor?" Recibió esta indignada contestación de Galán en nombre de Primatesta:
"No le han informado bien. Aquí en la Argentina se ha vivido un ataque de la subversión marxista (entonces nadie por el ancho mundo se preocupaba por las víctimas) y como consecuencia una represión cuyos efectos aun vivimos y lamentamos, en cuanto afectan a la dignidad del ser humano. La Iglesia no ha dejado de dar su enseñanza, hablando claro de cuanto correspondía hablar. Aquí no se ha callado por miedo, y nadie que ame la verdad y conozca la realidad argentina podrá afirmar lo contrario".
Al pastor escocés Peter Bowes, quien se disculpó aclarando que no estaba bajo las mismas presiones que sus colegas argentinos, cuyo compromiso con los desaparecidos apoyaba, le respondieron que "la Iglesia en la Argentina tiene toda libertad para hablar y manifestarse y lo hace. It is not under pressures" (en inglés en el original: no está sometida a presiones).
Si ellos lo dicen.

Demonios
Mientras la dictadura tuvo poder, la Iglesia veía de un lado al Enemigo absoluto del que abominaba, y del otro a los Soldados del Evangelio, a quienes se permitía señalar en forma reservada sus errores y excesos. Recién cuando advirtió que el Estado Terrorista se desintegraba, el Episcopado acuñó la doctrina de los dos demonios, en un documento de abril de 1983, ‘Dios, el Hombre y la Conciencia'. En 1984 publicó un folleto de 60 páginas, titulado ‘La Iglesia y los derechos humanos', con "extractos de algunos documentos". La comparación de esos fragmentos con los textos originales, el estudio de su contenido, de lo que dice y de lo que omite y del doble juego que despliega, introduce a una historia de perversión e hipocresía refinadas: todos los párrafos lisonjeros para la dictadura, aquellos que encabezaban los documentos y que dieron título a los diarios de la época, fueron censurados en la edición de blanqueo al concluir el gobierno militar, mientras se incluían aquellos del tramo final, encabezados por algún "sin embargo" o "tampoco puede omitirse que". En cambio se editaron como si hubieran sido documentos públicos las cartas con críticas y reclamos que la Iglesia entregaba a la Junta Militar en el mayor secreto.

El Jubileo
En 1995, en respuesta a una nota mía sobre el rol de Laghi durante la dictadura, cinco obispos amigos del ex nuncio (entre ellos Laguna, Jorge Casaretto y Galán) preguntaron en una declaración: "¿Para qué debemos conocer toda la verdad? ¿Para volver a enfrentarnos o para reconciliarnos?" De tan posconciliares olvidaron que "sólo la verdad nos hará libres". En 1996 la Asamblea Plenaria del Episcopado argentino, volvió a defraudar todas las expectativas de una reflexión crítica en una Carta Pastoral sobre "el terrorismo de la guerrilla" y "el terror represivo del Estado". El Episcopado rechazaba "responsabilidades que la Iglesia no tuvo en esos hechos" y sólo admitía que unos católicos intentaron tomar el poder político en forma violenta y establecer una nueva sociedad marxista y otros les respondieron ilegalmente. En conclusión imploró perdón a Dios por los crímenes cometidos por "hijos de la Iglesia", ya fueran guerrilleros, militares o policías". Con ello, consideró que lapidaba en forma definitiva la discusión. No sería así. En la primera semana de marzo de 2000, el Vaticano dio a conocer un documento sobre ‘Memoria y reconciliación', elaborado por una comisión internacional de teólogos. El trabajo fue presentado en conferencia de prensa por el cardenal Joseph Ratzinger, quien explicó que la recuperación de la memoria sólo es posible mediante la profundización teológica sobre la naturaleza de la Iglesia, como comunidad implicada también ella en el "misterio del mal", y en consecuencia necesitada de reforma y arrepentimiento. Ese arrepentimiento alcanzaría la radicalidad necesaria para transformarlo en una profunda recuperación de la memoria, pero también en correcciones incisivas de los mecanismos institucionales de reproducción del integrismo" sólo si "no descargara sobre los individuos la responsabilidad del mal, para dejar inmune a la institución". Según el eminente vaticanista Giancarlo Zizola (quien esta semana pasó por Buenos Aires para ofrecer una conferencia sobre relaciones entre la Iglesia y los estados, en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación), esta visión del ahora pontífice Benedicto sobre el mea culpa por los crímenes cometidos a lo largo de la historia "para mayor gloria de Dios" aún resulta sorprendente para aquellos sectores eclesiásticos "que siguen anclados a la idea de la Iglesia como inmune al mal, como ‘sociedad perfecta' en posesión exclusiva de la verdad". Es el caso del Episcopado argentino, para el que la Iglesia es santa, y sólo sus hijos pecadores, como no se cansa de repetir Laguna.

El Perdón a Brinzoni
Seis meses después, en setiembre de 2000, decenas de miles de militantes católicos acudieron desde todo el país hasta un gran altar instalado sobre un puente en el Parque Sarmiento de Córdoba para participar de una liturgia nocturna que se denominó "la reconciliación de los bautizados". Asistieron sus cien obispos ataviados de blanco. El presidente de aquel Episcopado, Estanislao Karlic, dijo que la violencia guerrillera y la represión ilegítima enlutaron la Patria. Luego siguió una oración: "Padre, tenemos el deber de acordarnos ante Ti de aquellos hechos dramáticos y crueles. Te pedimos perdón por los silencios responsables y por la participación efectiva de muchos de tus hijos en tanto desencuentro político, en el atropello a las libertades, en la tortura y la delación, en la persecución política y la intransigencia ideológica, en las luchas y las guerras, y la muerte absurda que ensangrentaron nuestro país".
Una vez más, colocaba en un mismo plano a la guerrilla y al terrorismo de Estado. Los obispos pidieron perdón a Dios y no a las víctimas, por los actos ajenos y no por los propios. Este deslizamiento semántico también se reflejó en el súbito protagonismo de los laicos, convocados al palco junto a los obispos y religiosos, como implícito señalamiento de quienes tenían la responsabilidad por los hechos abominados. Además, entre los invitados estaba el jefe del Ejército de entonces, el general Ricardo Brinzoni, investigado por su actuación en la masacre de Margarita Belén, pero ningún representante de las víctimas, lo cual señala la persistente incapacidad eclesiástica para asumir la magnitud y la índole de la tragedia. Pero el título del documento (‘Confesión de las culpas, arrepentimiento y pedido de perdón de la Iglesia') y la cobertura de prensa sugerían una cierta voluntad de enmienda, por parte de una nueva conducción episcopal. En consecuencia desde el CELS solicitamos a Karlic la apertura de los archivos eclesiásticos. Respondió que los archivos están en poder de cada diócesis y no de la Conferencia, que sólo tenía el folleto de 1984, del que nos envió una copia. La apertura de los archivos que según Karlic no existían, y que pude estudiar a escondidas gracias a la caridad de obispos, sacerdotes y laicos, es una reivindicación democrática pendiente, igual que la información castrense sobre la represión. Habrá que estar atento a que el Episcopado no practique una cacería de brujas para identificar a quienes me ayudaron.

Luces Malas
En noviembre del año pasado el Episcopado produjo el documento ‘Una luz para reconstruir la Nación', título revelador del rol que la Iglesia no ha dejado de atribuirse. No encontró nada mejor que reciclar el documento de 1981 "Iglesia y Comunidad Nacional", que fue la resignada aceptación eclesiástica del principio de la soberanía del pueblo y el reconocimiento de la autonomía de la pluralista sociedad temporal. Es equivalente al discurso de Nochebuena de 1944 del Papa Pio XII, cuando ya era inevitable la derrota del nazismo en la guerra. Su eje era la denominada reconciliación, es decir el rescate de los militares luego de los desastres cometidos. La Iglesia admitía que la conciencia nacional había situado a la justicia "en el centro de sus anhelos". Sin embargo, advertía que era preciso "establecer la igualdad y la equiparación entre las partes en conflicto" y "alcanzar esa forma superior del amor que es el perdón". En ‘Una luz' por primera vez el Episcopado dijo que la dictadura cometió "crímenes de lesa humanidad", pero también exhortó a juzgar los "crímenes de la guerrilla", en un nuevo intento de equiparación pese a haber admitido que no eran comparables. El documento de esta semana, ‘Recordar el pasado para construir sabiamente el presente' es algo más sobrio, pero insiste en la línea de la declaración de Laguna y Cassaretto de 1995. El golpe fue "consentido por parte de la dirigencia de aquellos momentos", dice, sin referencia al rol activo del Episcopado, y sostiene que la memoria sólo tiene sentido como instrumento de reconciliación. Rechaza tanto la impunidad (por la que ya no puede abogar) como los "rencores y resentimientos que pueden dividirnos y enfrentarnos", como siempre le han llamado al reclamo de justicia. Menos sutil es la recopilación documental difundida el 10 de marzo. El capítulo sobre la defensa de los derechos humanos sostiene que "no debemos tener miedo a la verdad de los documentos". A la verdad, no. Pero a su manipulación sí. Por ejemplo, ese capítulo dirigido a probar que la Iglesia siempre condenó todo tipo de violencia, se abre con el Documento de San Miguel, que en abril de 1969 adaptó a la realidad del país las conclusiones de la Conferencia del CELAM en Medellín. Pero su punto 2 se interrumpe en forma abrupta y, sin explicaciones, se pasa al 4. El final del truncado punto 2 dice que es el deber evangelizador de los obispos "trabajar por la liberación total del hombre e iluminar el proceso de cambio de las estructuras injustas y opresoras generadas por el pecado". El omitido punto 3 es aquel en que el Episcopado sentenció que "la liberación deberá realizarse en todos los sectores en que hay opresión: el jurídico, el político, el cultural, el económico y el social". La introducción del mismo documento, también suprimida, decía que en cumplimiento de las orientaciones fijadas por Pablo VI (que incluían una pastoral dirigida en forma preferencial a sacerdotes, estudiantes, trabajadores y jóvenes, en un continente signado por "el cambio en todos los órdenes") los obispos tendrían "la violencia evangélica del amor para proclamar públicamente nuestro compromiso en todas sus dimensiones". Cuando los jóvenes más generosos que el país produjo en el siglo XX siguieron el camino señalado en este documento, el Episcopado bendijo las armas de los opresores que los masacraron. Los documentos episcopales de los primeros años de la década del 70 son muy distintos a los posteriores, porque recogen el clima de revolución con que el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo condicionó a aquél Episcopado, que le temía como a un "Magisterio paralelo", según la alarmada expresión de varios obispos recogida en el Memo reservado "Puntos conflictivos en la Iglesia argentina", producido por la Conferencia Episcopal Argentina en octubre de 1972 y que, desde luego, tampoco figura en esta recopilación interesada. El tomo no mutila aquellos documentos posteriores al golpe de 1976 que tuvieron difusión pública y que permiten la comparación. Pero omite varios en los que se encomiaba a la dictadura; organiza todo el material en orden cronológico sin indicar qué piezas fueron públicas y cuáles secretas y sólo resume en pocas líneas los encuentros de camaradería de la Comisión Ejecutiva o su presidente con la Junta Militar o su delegado presidencial o de la Comisión de Enlace con los secretarios de las tres Fuerzas Armadas. El memo sobre la reunión de Primatesta, Juan Carlos Aramburu y Zazpe con Videla, Emilio Massera y Agosti del 15 de noviembre de 1976 esconde que la Comisión Ejecutiva del Episcopado les comunicó su adhesión a la dictadura, porque "un fracaso llevaría, con mucha probabilidad, al marxismo". Publica la crítica por la represión sin ley, pero oculta que incluso a solas la atribuyeron a niveles intermedios, mientras destacaban "los notables esfuerzos del gobierno en pro del país" y la "imagen buena de las supremas autoridades". Para no verse obligados a "un silencio comprometedor de nuestras conciencias que, sin embargo, tampoco le serviría al proceso" o "un enfrentamiento que sinceramente no deseamos" la Iglesia propuso abrir un "canal de comunicación", que integraron los obispos Laguna, Galán y Mario Espósito. Al año siguiente, Laguna reconoció la total ineficacia de la Comisión de Enlace. El subrayado en total es suyo, en una nota manuscrita a Zazpe. Sin embargo, las amables reuniones mensuales continuaron durante todo el régimen militar. Al comentar esa carta, en 2002, Galán le escribió a Laguna: "¡Quién nos diera poder vivir de nuevo con la experiencia adquirida". Fantasía vana. Sólo se vive una vez. Como se supone que son creyentes, cuando Laguna lo siga se encontrará con Galán en el infierno.

Blanqueo de Sepulcros
Nada de esto se encontrará en el nuevo blanqueo editorial de sepulcros episcopales con el que Bergoglio (autor de la frase sobre la memoria completa, según reveló Brinzoni en un reportaje) inauguró su mandato al frente de la Iglesia argentina. Sin embargo, está bien archivado en la sede de la calle Suipacha, cuya cesión el Episcopado pidió a la dictadura con la ilusión de mudarse a "una casa mucho más palaciega", a la espera de que alguna futura conducción no contaminada con el pasado decida abrir su consulta.

11 de octubre de 2007
19 de marzo de 2006
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oveja descarriada irrecuperable


[Washington Uranga] El episcopado escribio veinte lineas para pedir reconciliación. Nada más que una oveja descarriada.
La Plata, Argentina. Con la firma del cardenal Jorge Bergoglio, la Iglesia tras la condena a Von Wernich se declaró "conmovida por el dolor que nos causa la participación de un sacerdote en delitos gravísimos, según la Justicia". Insistió con que actuó a título personal.
"La Iglesia en Argentina está conmovida por el dolor que nos causa la participación de un sacerdote en delitos gravísimos, según la sentencia del Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata", comienza diciendo un breve comunicado de la Comisión Ejecutiva del Episcopado que lleva la firma del titular del organismo, el cardenal Jorge Mario Bergoglio y los tres restantes miembros de ese cuerpo eclesiástico. El texto, de apenas veinte líneas y que se conoció pocos minutos después de difundida la sentencia condenatoria contra el sacerdote Christian von Wernich, se ajusta a la línea argumental que ha venido sosteniendo la jerarquía católica reconociendo el pecado personal de algunos de sus miembros en las violaciones a los derechos humanos, pero dejando de lado toda responsabilidad institucional. Contrariamente a las expectativas que se habían generado, incluso por algunos trascendidos de fuentes eclesiásticas, no se conocieron hasta el momento sanciones eclesiásticas contra el sacerdote condenado, medida que en el caso de concretarse tiene que ser adoptada por el obispo de 9 de Julio, Comisión Ejecutiva del Episcopado, superior directo de Von Wernich.
Reiterando también el tono de pronunciamientos anteriores, los obispos dicen que "creemos que los pasos que la Justicia da en el esclarecimiento de estos hechos deben servir para renovar los esfuerzos de todos los ciudadanos en el camino de la reconciliación y son un llamado a alejarnos, tanto de la impunidad como del odio o el rencor". Repiten entonces parte de un comunicado difundido en 1995 en el que se afirmó que "si algún miembro de la Iglesia, cualquiera fuera su condición, hubiera avalado con su recomendación o complicidad alguno de esos hechos (la represión violenta), habría actuado bajo su responsabilidad personal, errando o pecando gravemente contra Dios, la humanidad y su conciencia". Recuerdan también el pedido público de perdón hecho en Córdoba el 8 de septiembre del 2000, que poco satisfizo entonces a quienes reclamaban una autocrítica de la jerarquía eclesiástica. Los obispos cierran su brevísimo documento con una oración a Dios en bien de la "reconciliación de todos los argentinos".
De manera simultánea, al comunicado de los obispos la Iglesia difundió también una declaración de la Comisión de Justicia y Paz, un organismo integrado por laicos católicos, que depende también de la Conferencia Episcopal y cuyo asesor es el obispo de San Isidro, Jorge Casaretto. Allí se dice que "ante el fallo del tribunal que juzgó al sacerdote Von Wernich, la Comisión Nacional de Justicia y Paz quiere manifestar su dolor y su pesar por todas aquellas acciones directas, en colaboración o complicidad, que algunos integrantes de la Iglesia Católica pudieron llevar a cabo y que posibilitaron el secuestro, la tortura y la desaparición de personas durante la última dictadura militar".
Colocándose un paso adelante de lo señalado por los obispos, Justicia y Paz expresa "nuestra solidaridad con todas las víctimas de ese período de nuestra historia, y esperamos que el accionar de la Justicia pueda actuar como reparación y consuelo para los sobrevivientes, sus familiares y los de los desaparecidos". Y agrega el organismo eclesial que "en nuestro compromiso con el presente y de cara al futuro por afianzar un espacio de amistad y diálogo entre los argentinos, que permita convertirnos ‘de habitantes en ciudadanos', queremos afirmar que la violencia, en cualquiera de sus expresiones, no es cristiana ni evangélica, y mucho menos si no respeta a los seres humanos y a sus derechos elementales".
La Comisión de Justicia y Paz termina su comunicado haciendo también una invocación a la reconciliación, aunque con algunos matices respecto de lo afirmado por los obispos. "Que frente al imperativo de que la Justicia busque la verdad sobre el pasado, el desafío de proyectar una nación sin excluidos nos ayude a encontrar los caminos de encuentro y reconciliación que hagan posible, en la justicia y en la paz, la construcción de una patria de hermanos", dice la comisión presidida por el ingeniero Eduardo Serantes.

Precedente Importante
Norberto Lorenzo, uno de los integrantes del Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, calificó la sentencia dictada a Christian von Wernich como "un precedente importante" porque por primera vez "se juzga a un integrante de la Iglesia Católica". Lorenzo consideró que "a nivel personal la Iglesia necesita hacer una autocrítica, en serio, profunda, realista, frente a la sociedad sobre cómo actuaron durante el Proceso militar". El juez remarcó que, a diferencia del juicio al represor Miguel Etchecolatz, "esta vez no hubo presiones" a testigos o integrantes del Tribunal o la querella.
Finalmente destacó la labor del Tribunal, que llevó adelante un juicio durante tres meses "con pocos medios, prácticamente no tenemos computadoras".

10 de octubre de 2007
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demonio condenado a perpetua 2


[Victoria Ginzberg] El ex capellán Christian von Wernich fue condenado a reclusión perpetua. Un genocida que puede dar misa.
La Plata, Argentina. El sacerdote fue considerado partícipe y coautor de secuestros, torturas y asesinatos durante el terrorismo de Estado. El tribunal destacó que fueron hechos cometidos en el marco de un genocidio. Fue la primera condena de este tipo contra un miembro de la Iglesia, que hizo un tibio pronunciamiento y aún no lo sancionó.
Partícipe necesario en la privación ilegal de la libertad agravada de 34 personas y coautor de la aplicación de tormentos agravados de 31. Coautor de la privación de la libertad agravada y del homicidio triplemente calificado de siete personas. Por esos hechos, "delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del genocidio que tuvo lugar en la Argentina entre 1976 y 1983", fue condenado ayer a reclusión perpetua el ex capellán de la policía bonaerense Christian Federico Von Wernich. Fue la primera sentencia contra un miembro de la Iglesia por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura. Fue recibida con aplausos, llantos, lágrimas y abrazos dentro de la sala de audiencias. El Episcopado se limitó a reiterar un viejo pronunciamiento en el que se señalaba que si miembros de la Iglesia participaron de la represión, lo hicieron bajo su responsabilidad personal.
La jornada empezó temprano, con los alegatos de los defensores del cura, Juan Martín Cerolini y Marcelo Peña, que pidieron la absolución de Von Wernich. Después fue el turno del propio acusado. El ex capellán de Ramón Camps habló de "paz", "reconciliación" y acusó de mentir a los testigos que describieron cómo entraba y salía de los centros clandestinos de detención de la provincia de Buenos Aires. Sus "últimas palabras" fueron pocas, pero se preocupó de mencionar al arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio.
La audiencia se reanudó después de una pausa de cuatro horas, que incluyó el desalojo del edificio debido a que un llamado al 911 denunció que había un artefacto explosivo en el lugar. Nadie dio mucho crédito al asunto, pero igual trajo sus molestias. Las Madres de Plaza de Mayo tuvieron que bajar la escalera y esperar un rato bajo la lluvia. La movida duró poco más de una hora. En ese lapso, los movileros se preguntaban dónde estaba el cura, que al parecer era el único que había quedado dentro del edificio cuando la brigada antiexplosivos lo revisaba.
Von Wernich volvió a entrar a la sala a las 19.30, detrás de seis miembros del servicio penitenciario. Uno de ellos le sacó las esposas y el hombre se sentó tras el vidrio blindado especialmente preparado para este proceso. Como en todas las (pocas) oportunidades que se hizo presente en el recinto, llevaba un chaleco antibalas y el cuello que lo identifica como sacerdote. Un crucifijo, detrás de los magistrados, presidía la audiencia.
La lectura de la sentencia fue corta ya que los fundamentos del fallo de los jueces Carlos Rozanski, Norberto Lorenzo y Horacio Isaurralde se conocerán el próximo 1° de noviembre. Pero Von Wernich tuvo que escuchar los nombres de todas sus víctimas. Mientras Rozanski leía los hechos por los que estaba siendo condenado, el ex capellán bajo la mirada. Y cuando el juez mencionó la palabra "genocidio" fue interrumpido por los aplausos del público. Habían ido a presenciar el veredicto, entre otros, el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde, su par de la provincia, Edgardo Binstock, los ex diputados Patricia Walsh y Luis Zamora y la candidata presidencial del MST, Vilma Ripoll.
El cura fue sacado de la sala bajo un escudo de los penitenciarios, aunque no fue necesario protegerlo de ningún objeto lanzado en su contra. El público festejó a los gritos. "Ahora, ahora resulta indispensable aparición con vida y castigo a los culpables", se escuchaba mientras algunos se paraban en las sillas y levantaban pañuelos blancos con la cara de Jorge Julio López, el testigo que desapareció después de declarar contra el represor Miguel Etchecolatz.
Estela de la Cuadra abrazaba a su madre, Licha. Las dos lloraban. "Estoy tranquila, satisfecha. Que esta rata esté presa no me devuelve a mi familia. Pero se lo debíamos a ellos. Y a mis hijos, a mi nieta que está acá afuera y tiene nueve meses. Ahora vamos a encontrar a Ana", le dijo a Página/12. Ana Libertad Baratti es su sobrina, la hija de su hermana Elena y de Héctor Baratti. Los tres siguen desaparecidos. Durante el juicio, el testigo Luis Velasco contó que luego de un "sermón" que el cura dio a los secuestrados en la Comisaría Quinta para que se "arrepintieran", Baratti preguntó qué culpas debía pagar su hija, que acababa de nacer en cautiverio. "Los hijos pagan las culpas de los padres", le contestó el sacerdote.
Los abogados de las querellas se retiraron satisfechos. "Es un día de Justicia. Era lo que esperábamos. Es el fruto del esfuerzo de las Madres y de las Abuelas", dijo Alejo Ramos Padilla, representante de Héctor y Javier Timerman. El secuestro del periodista Jacobo Timerman es uno de los hechos por los que fue condenado el cura. Myriam Bregman, abogada de Justicia Ya! también se mostró conforme, a pesar de que en su alegato había solicitado que se condenara al represor por el delito de genocidio y no por delitos cometidos "en el marco de un genocidio". Bregman destacó que el tribunal calificó al cura como "coautor" de torturas y secuestros y que incluyó en el fallo el asesinato de María del Carmen Morettini, que la fiscalía había desestimado por considerar que no se habían reunidos las pruebas suficientes para acusar al cura por este caso. "Es la condena que habíamos pedido sin perjuicio de la salvedad que hicimos que era muy circunstancial. si Von Wernich está preso es porque la unidad fiscal que represento lo fue a buscar", dijo por su parte el fiscal Carlos Dulau Dumm.
"Yo sé muy bien lo que hice, por qué lo hice y con quiénes lo hice. Nadie me va a prohibir dar misa ni perderé ninguna de mis atribuciones. Cuando sea el momento la Justicia decidirá, y si la humana se equivoca conmigo, la divina acertará", dijo en 1984 Von Wernich en una entrevista publicada por Siete Días que el martes recordó este diario. En algo no se equivocó el sacerdote. Aún hoy, preso en el penal de Marcos Paz y condenado por secuestros, torturas y asesinatos, delitos de lesa humanidad cometidos en el marco de un genocidio, nadie le prohibió a Von Wernich dar misa.

10 de octubre de 2007
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demonio condenado a perpetua


La Justicia argentina condena a cadena perpetua al sacerdote Von Wernich por delitos de lesa humanidad.
La Playa, Argentina. La Justicia de Argentina ha sentenciado hoy a cadena perpetua al sacerdote católico Christian Von Wernich, el primer religioso condenado por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar (1976-1983).
El ex capellán de la policía de la provincia de Buenos Aires, de 68 años, ha sido condenado a la máxima pena prevista por las leyes locales por participar en siete homicidios calificados, 31 casos de tortura y 42 privaciones ilegales de la libertad.
La sentencia ha sido impuesta por el mismo tribunal que en el 2006 condenó a prisión perpetua a un ex policía al cabo del primer juicio oral y público por violaciones a los derechos humanos celebrado tras la anulación parlamentaria de las ‘leyes del perdón', que habían librado de responsabilidad a más de un millar de represores.

Aplausos y Gritos de Euforia
"Todos los hechos referidos son delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del genocidio" perpetrado en Argentina durante el último gobierno de facto, ha señalado el presidente del tribunal, Carlos Rozanski, tras enumerar los casos por los que ha sido sentenciado el sacerdote.
El histórico fallo ha sido celebrado ruidosamente, con aplausos y gritos de euforia, por integrantes de organismos humanitarios que se encontraban tanto dentro como fuera de la sede del tribunal.
Horas antes, la defensa de Von Wernich había solicitado al Tribunal Federal Número 1 de la ciudad bonaerense de La Plata que absolviera al sacerdote, al argumentar que durante el juicio quedaron "más dudas que certezas". "Quizás todo esté listo y todo esté preparado antes de empezar" para condenar a Von Wernich, ha subrayado su abogado, Juan Cerolini, al alegar que este proceso "violó el principio de igualdad ante la ley, como lo violaron los juicios de Nuremberg y Tokio".

"Agente de Inteligencia" de la Dictadura
Cerolini ha asegurado que el religioso sólo "prestaba servicios sacramentales" a las personas detenidas por la dictadura y que "muchos testigos" de cargo en este proceso "echaron a perder todo lo que sabían con todo lo que creían saber".
La querella y la fiscalía, con diferencia de matices, habían pedido este lunes la pena de cadena perpetua para Von Wernich, quien fue capellán de la mayor fuerza de seguridad del país cuando ésta era dirigida por el fallecido general Ramón Camps, condenado a perpetuidad en 1986 por delitos de lesa humanidad.
En las audiencias, numerosos testigos han declarado que Christian von Wernich colaboró con la dictadura ejerciendo el rol de "agente de inteligencia", tal como señaló uno de los abogados querellantes. Entre otras cosas, los testigos han indicado que el sacerdote se ofrecía a confesar a detenidos ilegalmente en centros clandestinos de la dictadura para sacarles información y que incluso participó en sesiones de tortura.

Inspecciones a Centros Clandestinos de Detención
Durante el proceso, que comenzó el 5 de julio pasado, han declarado más de 70 personas, entre supervivientes de la represión, familiares de desaparecidos y testigos de secuestros ocurridos durante el último gobierno de facto.
Además se han realizado inspecciones oculares en cuatro centros clandestinos de detención del llamado Circuito Camps, donde los testigos reconocieron los lugares por los que se movía libremente el ex capellán policial.
Organismos de derechos humanos vienen reclamando con insistencia que la jerarquía de la Iglesia católica argentina se pronuncie sobre la actuación de Von Wernich durante el régimen militar, lo que podría ocurrir en las próximas horas, según conjetura hoy la prensa.

Críticas al Silencio de la Iglesia Católica
Hasta el momento, sólo algunos obispos y sacerdotes han cuestionado "el silencio" de parte de la Iglesia católica en la denominada "guerra sucia", que dejó unos 30.000 desaparecidos, de acuerdo con cifras de entidades humanitarias.
El final del juicio a Von Wernich ha coincidido con una presentación como querellante ante la Justicia de una congregación católica por la desaparición de un sacerdote uruguayo a manos de la última dictadura argentina.

9 de octubre de 2007
©el periódico
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