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piden perpetua para diablo con sotana 2


La querella presentó sus alegatos en el juicio a Christian von Wernich. Con pronóstico de reclusión perpetua.
La Plata, Argentina. Las partes querellantes pidieron la pena máxima y un sector agregó la acusación por genocidio. La fiscalía consideró probada la responsabilidad del ex capellán en delitos contra los derechos humanos durante la dictadura, pero excluyó a uno de los siete homicidios por los que está acusado, lo que generó una polémica. Hoy, el fallo.
Christian von Wernich entró en la sala de audiencia a las 11.30 de la mañana, protegido con un chaleco antibalas. Se sentó detrás de un vidrio blindado, como lo hizo en las audiencias al comienzo del juicio. En La Plata ayer se escucharon los alegatos de los abogados querellantes y de la fiscalía federal del juicio oral al ex capellán de la Policía Bonaerense por su intervención en delitos contra los derechos humanos cometidos durante la dictadura. Aunque por separado, las partes pidieron la pena máxima a reclusión perpetua y un sector impulsó la acusación por genocidio. El ministerio público dio por probada la presencia de Von Wernich en los centros clandestinos, pero le quitó la carga de uno de los siete asesinatos que pesaban en su contra. La decisión provocó críticas entre los querellantes y derivó en el desalojo de la sala. Hoy hará su alegato la defensa del capellán y se espera el veredicto.
Von Wernich es el primer sacerdote de la Iglesia Católica en ser investigado por la Justicia por su relación con la dictadura militar. Su juicio tiene las características de un juicio fundante, es el tercero que llega a la condena luego de la nulidad de las leyes de impunidad. El proceso comenzó con la marca de la desaparición del testigo Julio López, en las jornadas de alegatos del juicio a Miguel Etchecolatz.
"En esta sala hay una silla vacía, la de López", dijo Guadalupe Godoy, abogada del colectivo Justicia Ya!, durante su alegato como querellante. Pero esa silla está "llena de certezas –agregó–: no lograron el objetivo de atemorizar a los testigos, ningún testigo se negó a declarar. López es certeza de la necesidad de los pueblos de poner fin a la impunidad".
En la sala de audiencias presidida por los integrantes del Tribunal Federal 1, Von Wernich permaneció sentado hasta las 21, cuando se levantó la audiencia. Siguió todo con una lapicera en la mano y un par de lentes montados sobre la nariz. Cada tanto, anotaba.
El capellán llegó al juicio acusado de siete homicidios, 32 casos de torturas y 42 de privaciones ilegítimas de la libertad. Entre las víctimas de esos delitos se encuentran el director del diario La Opinión, Jacobo Timerman, secuestrado y torturado en La Plata, y el llamado Grupo de los Siete, los ex militantes montoneros detenidos y ejecutados después de hacerles una promesa de liberación.
Los querellantes llegaron al final del juicio por separado, y con matices jurídicos distintos, pero pidieron la condena de prisión máxima. En esa línea coincidieron los fiscales federales, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y los representantes de las víctimas, como Alejo Ramos Padilla, abogado de Timerman, que pidieron la reclusión o prisión perpetua que, por la ley Blumberg, es de 50 años de prisión. El colectivo Justicia Ya sumó al pedido la incorporación de la figura del genocidio, como sucedió en septiembre del año pasado con el alegato de Etchecolatz.
La fiscalía general que encabezan Carlos Dulau Dumm y Félix Crous le adjudicó a Von Wernich responsabilidad en seis homicidios triplemente calificados, 31 casos de tortura y 42 privaciones ilegales de la libertad. El séptimo homicidio, que quedó desestimado, corresponde al asesinato de María del Carmen Morettini, una ex detenida-desaparecida que formó parte de aquel Grupo de los Siete. Durante el juicio, una testigo abrió la posibilidad de que esa mujer siguiera con vida y como el Tribunal no aceptó convocarla a declarar, la fiscalía no incorporó este crimen a la acusación por falta de elementos de prueba. La acusación a Von Wernich incluyó entonces las ejecuciones de Domingo Moncalvillo, Cecilia Idiart, María Magdalena y Pablo Mainer, Liliana Galarza y Nilda Susana Salomone. La decisión despertó una ola de críticas entre los querellantes.
Fuera de eso, la fiscalía entendió que no hay atenuantes para graduar la condena al ex capellán y amplió la acusación como coautor por torturas agravadas en el caso del periodista Jacobo Timerman. Para los fiscales, el Pozo de Quilmes, Banfield, Arana y el COT 1 de Martínez eran "centros clandestinos de detención, ambientes de ocultamiento de personas, de tortura y de muerte", "todos esos lugares... donde había un policía bueno y uno malo", "en todos esos lugares estuvo Von Wernich".
En su defensa, el capellán sostuvo que recorría esos lugares para ejercer una función pastoral. Pero "evidentemente –dijo Dulau Dumm– no hay pieza procesal que sostenga la función pastoral. Me aferro mucho a las pruebas que acreditan que él tenía un rol de protagonista dinámico, entraba, ponía, sacaba y ponía... era un interrogador habitual".
En el caso de Timerman, la fiscalía determinó –luego de ver "la cucha" donde estuvo secuestrado el periodista– que "evidentemente fue víctima de una despiadada criminalidad del terrorismo. De Von Wernich que no sólo se acercaba, sino que participaba directamente en sus torturas". Y en ese contexto el fiscal recordó una de los textuales más recordados del capellán. Se trata de una nota en la revista Siete Días de 1984 cuando ante una entrevista respondió: "Que me digan que Camps torturó a un negrito vaya y pase, pero cómo se le iba a ocurrir torturar a un periodista sobre el cual había una constante presión mundial".
Los dos fiscales pidieron que la condena a Von Wernich se aplique en el contexto del genocidio ocurrido en el país a partir de 1976, como sucedió con la condena a Etchecolatz, y que se inhabilite al ex capellán de por vida para ocupar cargos públicos. Dulau Dumm aseguró también que debe tenerse en cuenta "la altísima criminalidad de los hechos, la calidad de sacerdote del imputado, la multiplicidad de las víctimas y el daño causado".

Polémica con la Fiscalía
Durante el juicio, la testigo Nora Ungaro declaró que había sido vista con vida María del Carmen Morettini, una integrante del Grupo de los Siete. Lo dijo citando a Nelba Falcone, quien a su vez le había comentado que su hijo Jorge la habría visto en 1993. La fiscalía pidió nuevas medidas al Tribunal antes de acusar a Von Wernich por el homicidio. El fiscal Dulau Dumm pidió que citen a Jorge Falcone, pero los jueces lo rechazaron. Según los fiscales, por eso no computaron su muerte. Para el presidente del Tribunal quedó poco "clara" la explicación. Y eso provocó un fuerte cruce de opiniones con los fiscales. Querellantes y organismos repudiaron la decisión del fiscal y denunciaron que "el discurso del represor" sigue presente en el Estado. "Sorprende porque el daño que se genera en las víctimas es enorme, insoportable. No entendieron la realidad histórica... ¿Por qué no dudamos entonces de los 30 mil desaparecidos?", se indignó el abogado Alejo Ramos Padilla.

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entrevista con un demonio


[Alberto Perrone] Entrevista con Christian von Wernich en 1984. Recuérdese que los muchachos a los que dice que ayudó a escapar, ayudó en realidad a matar. No sabía entonces que sería descubierto.
La Plata, Argentina. A poco de retornada la democracia, en 1984, Christian von Wernich dio una entrevista a la revista Siete Días,donde repasaba su actuación durante la dictadura.

Usted ha sido acusado la semana pasada por diversos testigos como implicado en la desaparición y muerte de los siete jóvenes que estuvieron ilegalmente mantenidos presos y finalmente fueron muertos en un terreno baldío de City Bell, en 1977. ¿Por qué?
Yo me pongo en lugar de las personas que me acusan y lo comprendo. Ellas suponen que esas ocho personas, y no siete como usted dice, están con vida y quieren ‘blanquearlas' definitivamente. Quieren, en mi opinión, difundir la idea de que están muertas para que la organización Montoneros las deje tranquilas y no las busquen más. Esta es mi forma de interpretar esa acusación, porque para mí todos los chicos a los que yo ayudé a escapar del país, cumpliendo directivas de Camps, pueden estar escondidos temblando y esperando que sus antiguos compañeros los descubran y los maten. A mí, las declaraciones de la hermana de Moncalvillo no me ofenden ni me importa que me haya ensuciado, porque reconozco que es verdad que durante unos siete meses varios chicos estuvieron ‘desaparecidos' y yo lo sabía. Los primeros meses estuvieron ‘desaparecidos', como decíamos en nuestra jerga, para todo el mundo y principalmente para sus propios compañeros de la guerrilla. El ‘Mono' era el mayo de aquellos ocho chicos. Tenía 28 años, y como era de La Plata, fue autorizado por Camps para ir a su casa y estar con su mujer en algunas oportunidades.

Si habían sido detenidos, ¿por qué no se los acusó ante la Justicia?
En aquel grupito estaban responsables de sectores intermedios de los Montoneros y se los quiso ‘blanquear', es decir, corresponderles a su colaboración y sacarlos del país rumbo a Uruguay para que no cayeran en manos de sus propios compañeros, que los buscaban para liquidarlos y vengarse. Yo acompañé a cada uno de ellos hasta el Aeroparque o a salir por agua, según como indicaba el procedimiento. Por eso, nadie me puede convencer de que aparecieron muertos por ahí, porque yo me jugué para que salieran del país hasta con sus propios documentos de identidad. Es cierto que los familiares aportaban cantidades variables de dinero según sus posibilidades, porque los chicos tenían que irse al exterior y había que solventar sus primeros gastos. Pero a mí, directamente, ningún padre me podrá echar en cara que me dio un solo peso para sus hijos ‘desaparecidos'. Es incomprensible que ahora surjan estas acusaciones contra los del Proceso. Si se los mostramos a la propia familia cuando nadie creía que estaban con vida, ¿para qué se los iba a matar después? Yo era el nexo de la comunicación con sus padres. Me habían encariñado mucho con aquellos ocho chicos a los que dejé en libertad, convertidos en pasajeros comunes. Ahora, si allá en el Uruguay les pasó algo a alguno de ellos, eso ya escapa a mi responsabilidad. Es una lástima, pero es así.

¿Cuándo se ordenó sacerdote?
Tenía 26 años y estaba en Alemania. Antes había comenzado a estudiar medicina y después estudié en Estados Unidos administración de empresas. Me ordené y fui como diácono a 25 de Mayo. Después pasé a 9 de Julio y viajaba dos veces por semana a La Plata. Me vino la vocación de cura y me ordené en 1976, y como soy de Concordia, el general Ramón Camps me conocía de chico, ya que él es de Paraná. Por eso, y de acuerdo con monseñor Plaza, llegué a ser su cura de confianza para muchas cosas en la lucha contra la subversión. Nunca tuve dudas con lo que hice. Aunque reconozco que a veces no es tan bueno no tener ninguna duda y aceptar todo sin plantear los pro y los contra.

¿Qué opina del programa televisivo ‘Nunca más'?
Se presentaron unos testimonios aberrantes, pero yo quisiera ver si son ciertos. Desconfío. Temo que no sea cierto todo eso. Me parece, en cambio, que se le dio al pueblo el circo que necesita para distraerlo de la falta de pan. Así trabaja la zurda en este país. ¿Qué quiere que le diga? Yo soy partidario de don Álvaro Alsogaray. Siempre lo he votado. Ese sí que es el único que entiende de economía y dice las cosas con claridad.

¿Usted nunca oyó hablar de torturas?
Yo nunca estuve en ninguna dependencia policial o militar donde algún preso me confesara que había sido torturado. Y mire que estuve en relación directa con Jacobo Timerman, el ministro Mirages, Papaleo y muchos más.

¿No cree que Videla lo mandó a Camps a la dirección de Remonta como un castigo después de haberlo puesto en La Plata a cargo de la policía?
Nunca entendí eso así. Tampoco creo que Camps, que por aquel entonces era coronel, haya chantajeado a Videla con no soltar a alguno de los presos reclamados por organismos internacionales a cambio de su ascenso a general. Me parece más lógico pensar que Camps necesitaba reponerse de tanto desgaste y se lo mandó a un lugar tranquilo. Es claro que a él, como soldado, le gustaba la guerra.

¿Qué condiciones tenía aquel Camps que usted conoció?
Nunca lo vi en el frente de combate. Siempre lo vi en su oficina. Pero le creí y nunca se me ocurrió que pudiera estar montando un teatro con el blanqueo de muchos subversivos, que ingresaban así a la vida normal dentro de lo posible. Aquellos dos años en que estuve junto a él jamás vi nada que pueda ser considerado ilícito. Yo actuaba como capellán de la policía. La Iglesia sigue autorizando a sus fieles el empleo del cilicio y otros elementos, que algunos curas se ponen en sus muñecas como metodología para atemperar las pasiones. La diferencia es que los curas se ponen cosas a sí mismos y por propia voluntad y no se las imponen a otros. Es simplemente una penitencia para que el demonio no nos venza. A mí me cuesta creer cuando en el programa ‘Nunca más' se habla de vejaciones, porque yo nunca las vi, ni nadie me lo dijo. Si bien nunca admiré a Camps, porque ésa no sería la palabra que puedo utilizar para con él, estoy convencido de la sinceridad de lo que hizo. Camps quiso trabajar en esta guerra según Isabelita, Luder y todos sus ministros habían indicado. Ellos dijeron ‘aniquilar' y Camps lo tomó al pie de la letra. Ahora, de qué se quejan esos señores peronistas del Congreso. De qué centros clandestinos hablan si yo entraba a todas partes sin tocar el timbre cuando visitaba a los subversivos en los destacamentos policiales y en los militares.

¿No le llama la atención que para usted es siempre falso lo que plantean los sobrevivientes, las organizaciones nacionales y extranjeras por los derechos humanos y que nunca duda de la verdad de lo que afirman Camps, Massera, Videla, Viola y hasta Alsogaray?
Tal vez hubo excesos, pero no me constan. Por otra parte, estoy convencido de que el Congreso quiere la destrucción de nuestras Fuerzas Armadas y de la Iglesia.

Cuando pasamos al amplio living con sillones de cuero y tapices colgando de las paredes, Von Wernich destacó que esa construcción californiana la había hecho él hacía apenas un par de años, donde antes se levantaban unos míseros cuartos. De ahí lo seguimos al sacerdote al lugar acondicionado para su vocación de radioaficionado. En una pequeña estantería con varios libros religiosos estaban los del general Ramón Camps. Cada uno de ellos con una extensa dedicatoria donde se recuerda "al cura y amigo".

Yo no debo utilizar la palabra traición, porque es muy fuerte, pero lo que aquellos chicos hicieron... –dijo casi conteniéndose el cura párroco, y añadió: –A mí los montoneros comunes no me interesaban para nada. Lo mío eran los cuadros medios y altos de los subversivos, para averiguar cómo tenían armada la organización. Como yo acabo de testimoniar una vez más a favor de Camps, antes lo hice en una carta personal que él incluyó en su libro contra Timerman, entiendo que se quiere desacreditarme y anular mi testimonio. Porque todo lo que se dice de mí ahora, cualquiera de los familiares de aquellos ocho chicos lo pudieron declarar hace, como mínimo, seis meses. Y no van a hacer creer que todo fue una maniobra de Camps, porque él lo pudo haber hecho sin dárselo a conocer a los familiares y sin ningún riesgo para su buen nombre. Tampoco es cierto que Camps tuviera una svástica en su escritorio. Allá había un solo despacho, con su antesala y su secretaría, donde yo iba habitualmente y nunca vi nada de esos símbolos nazis. Ahora dicen que ‘Coti Martínez' era un campo de detención clandestino. Antes todos sabíamos que ahí mismo estaba la caminera de la provincia y bajábamos la velocidad al pasar. No temo que por estas acusaciones me puedan echar de mi sacerdocio en la Iglesia ni que sea sacado de mi lugar, como le ocurrió a monseñor Plaza hace poco. Yo sé muy bien lo que hice, por qué lo hice y con quiénes lo hice. Nadie me va a prohibir dar misa ni perderé ninguna de mis atribuciones. Cuando sea el momento la Justicia decidirá, y si la humana se equivoca conmigo, la divina acertará. He vivido una guerra desde un punto de vista ideológico, que es el de un conservador de centro. Hubo una realidad y distintas visiones de esa guerra, que no niego.

9 de octubre de 2007
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piden perpetua para diablo con sotana


Argentina: piden perpetua para ex párroco de El Quisco.
Los querellantes en el juicio al que es sometido Christian Von Wernich solicitaron hoy que el sacerdote, que antes del proceso ejerció como cura en el balneario chileno de El Quisco, sea condenado a reclusión perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar argentina (1976- 1983).
En sus alegatos, representantes de las víctimas de la represión ilegal coincidieron en que el ex capellán de la policía de la provincia de Buenos Aires debe ser condenado por el delito de ‘genocidio' por haber colaborado activamente con el régimen militar.
Tal como ocurre desde julio pasado, cuando Von Wernich empezó a ser juzgado por siete homicidios, 31 casos de torturas y 42 privaciones ilegales de la libertad, el religioso, de 68 años, presenció la audiencia con un chaleco antibalas colocado encima de la vestimenta sacerdotal y rodeado de policías.
Se trata del primer proceso que se realiza en Argentina en el que un sacerdote se sienta en el banquillo de los acusados por violaciones de los derechos humanos perpetradas durante la dictadura.
Los querellantes citaron en sus alegatos las declaraciones de varios testigos de cargo durante el proceso, quienes aseguraron que el ex capellán participó en sesiones de torturas a detenidos en cárceles clandestinas. Entre esas citas, se recordaron las del periodista Héctor Timerman, que aseguró que Von Wernich estuvo presente en las sesiones de tormentos que sufrió su padre, Jacobo Timerman, ya fallecido, y quien estuvo ilegalmente detenido.
El abogado Alejo Ramos Padilla, representante de la familia Timerman, sostuvo que "quedó probado que Von Wernich fue colaborador de los militares", además de señalar que formó "parte de un cuerpo colegiado de la tortura y su rol era de agente de inteligencia. Era un investigador vestido de sotana".
"No es partícipe, es autor y pieza clave del genocidio. Es un engranaje de una única maquinaria represiva que actuaba en todo el país", afirmó a su vez Miriam Bregman, abogada del colectivo de organizaciones de derechos humanos Justicia Ya.
Durante la audiencia también se mencionó el testimonio del ex juez Julio Mirailles, quien declaró que el sacerdote advertía a los detenidos que si "colaboraban con Dios y con la patria no les iban a torturar más".
Tras las exposiciones de los querellantes, se pasó a un cuarto intermedio y esta misma tarde se presume que la Fiscalía pedirá en su alegato que el religioso sea condenado a reclusión perpetua, según adelantaron fuentes judiciales.
Von Wernich es juzgado por el mismo tribunal de la ciudad bonaerense de La Plata que en septiembre del año pasado condenó a prisión perpetua al ex policía Miguel Etchecolatz por homicidios, secuestros y aplicación de tormentos durante la dictadura.
Antes de ingresar hoy a la sala de audiencias donde se realiza el proceso, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel reclamó "un pronunciamiento de la jerarquía de la iglesia" católica por la actuación del sacerdote en el régimen militar.
"La jerarquía de la iglesia se va a tener que pronunciar porque hasta ahora las autocríticas han sido leves", dijo a periodistas el activista de derechos humanos.
Von Wernich fue capellán de la policía de la provincia de Buenos Aires cuando la jefatura de la mayor fuerza de seguridad del país estaba a cargo del fallecido general Ramón Camps, quien había sido condenado a prisión perpetua en 1986 por delitos de lesa humanidad.
Varios sobrevivientes de la denominada "guerra sucia" que desató la dictadura contra sus opositores han asegurado que Von Wernich además de visitar cárceles ilegales, acompañaba a los escuadrones paramilitares que secuestraban personas y presenció fusilamientos.

8 de octubre de 2007
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le llegó la hora al capellán demoníaco


[Sebastián Abrevaya.] Mañana se conocerá el fallo del juicio a von Wernich. El primer sacerdote juzgado por su participación en violaciones a los derechos humanos.
Christian Federico von Wernich nació el 27 de mayo de 1938. Vivió 65 años en libertad hasta 2003, cuando el juez federal Arnaldo Corazza ordenó su detención, tras la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Cuatro años después, el 5 de julio pasado, comenzó el juicio en el que se lo acusa de siete homicidios, 31 casos de torturas y 42 secuestros. Mañana, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata deberá decidir la suerte del primer cura en ser juzgado por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar. La querella expondrá hoy sus alegatos, y el mismo día del fallo lo hará la defensa. Será la primera sentencia desde la desaparición de Julio López, testigo clave en el juicio al represor Miguel Etchecolatz, mano derecha del jefe de la Policía Bonaerense, Ramón Camps. Organismos de derechos humanos se concentrarán frente a los tribunales platenses para observar y escuchar las exposiciones y la sentencia en una pantalla gigante que se instalará en el lugar, a partir de las 10. La Iglesia Católica, hasta ahora, nunca habló oficialmente de la situación de Von Wernich.
En todo el proceso declararon más de setenta personas, de las cuales 41 fueron sobrevivientes de centros clandestinos, 18 familiares de desaparecidos y 15 testigos de secuestros o denominados ‘de concepto'. Además se realizaron inspecciones oculares en cuatro centros clandestinos de detención del llamado Circuito Camps, donde los testigos reconocieron los lugares en los que se movía "libremente" el ex capellán. Salvo en una oportunidad, Von Wernich prefirió no escuchar las audiencias en donde se relató, entre otras cosas, que fue manchado con la sangre de un desaparecido golpeado antes de su asesinato, que bautizó a una beba nacida en cautiverio, cuya madre está desaparecida, y que formó "parte de la patota que interrogaba y torturaba".
"Vamos a demostrar que Von Wernich es una de las piezas del genocidio que se cometió en el país, algo que logramos que el Tribunal reconociera en el fallo condenatorio a Etchecolatz", aseguró la abogada querellante de Justicia Ya, Guadalupe Godoy, que deberá exponer hoy sus argumentos ante Carlos Rozanski, Norberto Lorenzo y Horacio Isaurralde, los miembros del tribunal. Los integrantes del espacio conformado por los organismos de derechos humanos, al igual que el representante de Héctor Timerman –hijo del director de La Opinión, Jacobo Timerman–, afirmaron que pedirán la pena de reclusión perpetua del ex capellán.
Desde que comenzó el juicio, el sacerdote prefirió el silencio. Sólo utilizó su derecho a hablar cuando decidió descalificar a Luis Velazco, uno de los querellantes y testigos más importantes. Lo acusó de colaborar con la dictadura como hombre de inteligencia del Batallón 601. Velazco relató lo que le había escuchado decir en distintos campos de concentración: "Hijo mío, la vida de los hombres la deciden Dios y tu colaboración"; "los hijos deben pagar la culpa de los padres"; "ustedes no tienen que odiar cuando los torturan". Aprovechando una de sus pocas presencias en la audiencia, les pidió a los magistrados que le preguntaran dónde están muchos de sus compañeros, a los que Von Wernich había visitado.
A través de los distintos testimonios se pudo representar la participación de Von Wernich en los siete homicidios por los que está acusado. Domingo Moncalvillo, María del Carmen Morettini, Cecilia Idiart, María Magdalena Mainer, Pablo Mainer, Liliana Galarza y Nilda Susana Salomone formaban parte de lo que se llamó "El grupo de los siete". Graciela Fernández Meijide, entonces secretaria de Actas de la Conadep, ratificó la confesión de Julio Emmed, el custodio de Etchecolatz que participó en los dos operativos realizados para fusilarlos. "Según se les había prometido, irían a Brasil previo paso por Uruguay o Paraguay", consta en la declaración de Emmed incorporada a la causa. Algunos de los detenidos fueron llevados a un "paraje arbolado con mucha vegetación", donde "el médico (Jorge) Bergés les aplicó dos inyecciones a cada uno directamente al corazón de un líquido rojizo, que era veneno". Von Wernich no sólo tenía conocimiento de lo sucedido: le había dicho al oficial que lo que había hecho "era un acto patriótico y que Dios sabía que era para el bien del país".
También se conoció cómo Von Wernich bautizó a la hija de una de las integrantes de ese grupo, Liliana Galarza. Nacida en cautiverio, María de las Mercedes fue luego entregada a sus abuelos, a quienes el cura les decía que "no pidieran un hábeas corpus, que no la buscaran, que no le contaran nada a nadie, que esperaran aproximadamente un año, porque ella iba a buscar la manera de comunicarse desde el exterior donde supuestamente estaba y que si no lo hacía, siguieran esperando". Para la abogada Godoy, éste fue uno de los ejemplos de encubrimiento por parte del sacerdote, porque "les decía a los familiares que no denunciaran, que se callaran, que esperaran". Godoy remarcó que "la presencia de Von Wernich era necesaria porque permitió que los familiares confiaran, que los detenidos creyeran".
El otro eje de los argumentos de la querella estaba centrado en la imposibilidad de realizar una "labor pastoral" dentro de los centros clandestinos. Se supone que ése puede ser el principal argumento de los abogados defensores Juan Martín Cerolini y Marcelo Peña. El filósofo, teólogo y ex cura Rubén Dri explicó ante el Tribunal que "es una aberración aceptar trabajar en un lugar donde se violan todos los derechos cristianos", que el cura "tiene la obligación de denunciarlo", y rechazó totalmente que en esas condiciones puedan realizarse confesiones. Ese mismo día, el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, relató todas las veces que intentó acercarse tanto a la Iglesia Católica como al Vaticano para denunciar las violaciones a los derechos humanos. "Hubo concepciones ideológicas e intereses que han llevado a sectores de la Iglesia a comprometerse con la dictadura y con la represión", aseguró.
Según la visión de Von Wernich, solamente pasó por las cárceles para "visitar" a los detenidos en su condición de representante eclesial. Si el Tribunal no lo entiende así, desde mañana pasará el resto de su vida en la cárcel, como detenido, por su condición de asesino y torturador.

8 de octubre de 2007
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hija de torturador


Fragmento de un libro en construccion del colectivo El Puente. "Soy la hija de un torturador".
Argentina. Una mujer mira con asombro una proyección en la pantalla de cine. Lo que para el resto es una película, para Rita Pretti es la caída de los velos. Reconoce en la mirada de los torturadores de ‘La noche de los lápices' los mismos ojos de su padre. Para ella no hay ficción, sólo una continua realidad. Intuye, lo sabe positivamente, que la función no habrá terminado cuando esté fuera de la sala. Y así sucede. Totalmente conmovida, camina por las calles de una ciudad que la devora. En su cabeza resuena una y otra vez la carta con que se presenta: "Soy la hija de un torturador", y busca tomar distancia de ese linaje que le pesa. No sólo en las miradas, también en los actos confesados por su padre como una manera de hacerla cómplice, reconoce un nuevo horizonte en donde nada quedará oculto. Y es justamente desde ese horizonte que vislumbra reafirmar su identidad, una manera de no "ser la heredera de todo este horror" con el que carga el apellido de su padre. Otra forma de nombrarse cobra relieve para Rita. Sabe que optar por el cambio de identidad no es ocultar su origen y así disolverse en el colectivo social ni que su caso es meramente jurídico, sino también político. En esa elección, en ese pasaje de Pretti a Vagliatti deja una marca con la que resistir a su padre y a su pesada herencia. Nuevas preguntas se generan en la sociedad, como una manera de intentar entender las pesadas consecuencias que se produjeron en los hijos de los represores.
Suele afirmarse que la tragedia clásica se funda en un conflicto familiar, en un giro inesperado con ese otro con el que formamos parte de una sangre en común. Edipo al descubrir quién es la madre de sus hijos, Antígona al cumplir el rito funerario sobre el cuerpo de su hermano. Sin embargo, los mitos no parecen explicar acabadamente lo que sucede en este caso. En la última reunión de diciembre de 2005 se afirma:
Ismael: A mí me parece que hay algo así como ‘la inversión de Antígona', es decir que Rita, me parece, desentierra a Saracho (alias que usaba el comisario Milton Pretti en la represión ilegal). Hay otra inversión y es que se trata de su padre y no de su hermano.
Susana: Y entonces, ¿Edipo y Antígona?
Ismael: ...digo que en el caso de Rita, ¿qué pasa con el mito fundante de nuestra cultura?, ¿no hay que rescribirlo? ¿Se trata de usar, de invertir, de reformar los viejos mitos para entender de lo que hablamos o no hay mito con que explicar este hecho? Porque lo que hacemos no encaja, por algo la repercusión en Europa y América; no había pasado nunca que un hijo/a de algún genocida se hubiera desterrado de la identidad paterna. Hay una grieta, en medio de la sagrada familia, significación central si las hay, ¿no? Lo que hace Rita es enterrar a su papá y desenterrar al torturador impune de Saracho. ¿Se dan cuenta?

7 de octubre de 2007
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puente contra la complicidad


[Marta Dillon] Reuniones entre familiares de víctimas y familiares de represores que repudian la represión. Un puente para romper la complicidad.
Argentina. En la foto, Rita Vagliatti, que decidió repudiar el apellido de su padre, un represor que actuó con Etchecolatz, y adoptar el de su madre, sirvió como detonante para la formación del grupo.
Un grupo de familiares de víctimas de la dictadura se reúne con familiares de los represores. No piensan en ‘reconciliación' sino en ayudarlos a denunciar la historia de sus parientes y en obtener información para las causas por violaciones a los derechos humanos.
Un puente, dice el diccionario, es una construcción que se alza sobre un río para poder atravesarlo. El Puente, así con mayúsculas, es un grupo que intenta levantarse sobre el abismo insondable de la última dictadura militar reuniendo lo que parecía destinado a permanecer separado. En una orilla, familiares de desaparecidos, víctimas de la represión; en la otra, familiares –hijos e hijas, ex esposas en su mayoría– de represores de cualquier jerarquía, hombres que con sus propias manos desgarraron el tejido social hasta convertirlo en una herida tan honda como una fosa. Sobre ese agujero negro, entonces, El Puente: un círculo de diálogo, de investigación, de reflexión que se tiende como una oportunidad para perforar esas cápsulas de silencio en donde los culpables siguen siendo vecinos, padres, hermanos; hombres comunes que circulan con la máscara que les prestó la impunidad y que la Justicia, tarde, todavía no llegó a desgarrar. ¿Y para qué esta reunión imposible? ¿Acaso se busca borrar de las consignas históricas la negativa a la reconciliación? No, a los integrantes de este grupo esa palabra les resulta tan ajena como a la mayoría de los organismos de derechos humanos. Una de las condiciones necesarias para cualquier reunión es que las partes repudien por igual el terrorismo de Estado, sus métodos, sus efectos y la impunidad que todavía protege a la mayoría de sus actores. La otra es que tengan voluntad de decirlo y de quebrar, con la palabra y los actos, el linaje de silencio que inscribió a esta sociedad –a la gran mayoría, aunque todavía cueste reconocerlo– en la casta de los cómplices.

Privado y Público
El detonante de El Puente –aunque esa palabra parece antagónica con la construcción– fue una mujer que en 2005 decidió quitarse el apellido de su padre, un represor que actuó bajo las órdenes de Miguel Etchecolatz conocido como ‘Saracho', para ponerse el de su madre como una forma de volver a inscribirse en la sociedad desde el lugar que ella sentía como propio. Ismael –éste no es su nombre, como no lo será ninguno de los mencionados en esta nota, ya que el miedo es un lugar común sobre todo desde la desaparición de Julio López, aunque sí ofrecen un mail para comunicarse: elpuente07@gmail.com– escuchó a esta mujer decir en privado "soy hija de un represor y no aguanto más" y supo que en esa explosión latía la carga de lo no dicho. Después, ya en el grupo que hasta ahora se ha difundido de boca en boca, escucharon a otra mujer decir "vengo porque soy la ex esposa de un represor, él está libre..., ni siquiera figura en la Conadep... él libre y yo presa de mi silencio". Esa misma mujer preparaba empanadas para las reuniones grupales que provocaron la reacción de la hija de un desaparecido: "Qué hago yo acá, comiendo lo que cocina la mujer de un tipo que pudo haber torturado y matado a mi viejo". Es en esa tensión –esa crueldad– que no pretenden resolver donde se fragua este trabajo tan difícil de entender como de reproducir.
"Los familiares de represores tienen un visto y oído que si no se le da lugar puede perderse y no queremos que quede en lo privado", dice Liliana, otra de las integrantes del grupo que supo militar en el movimiento feminista para retirarse cuando se dio cuenta de que en su vida privada reproducía muchas de las cosas que denunciaba en las marchas y los Encuentros de Mujeres. Quizás esa formación es la que le permite moverse con agilidad en ese límite difuso entre lo privado y lo público y vuelve con insistencia a esa falsa dicotomía. "Esa lógica de separar lo público y lo privado es lo que se perfora en el gruspo. Pensamos un territorio y hasta ahí llevamos la lógica genocida para desarticularla. No sólo a nivel macro, sino en cada una de nuestras actitudes. ¿O no se reproduce esa misma lógica cuando se repite ‘hay que matarlos a todos', cuando vemos lo diferente como amenaza, cuando se trata de poner a las travestis en un ghetto, cuando se piensa en buenos y malos, víctimas y victimarios como si no hubiera límites difusos, como si la sociedad no hubiera estado colaborando con su silencio o con su indiferencia impostada?", pregunta Liliana y se remite a la película de Albertina Carri, Los Rubios, en el pasaje en que los vecinos del matrimonio Carri –secuestrado y desaparecido en 1977– hablan de ellos como amenaza porque escuchaba el tipear de una máquina de escribir. De eso se trata también, "poner el cuerpo", para los integrantes de El Puente, de revisar en cada uno y cada una el "microfascismo" con que nos acostumbramos a convivir.
Para Liliana, además, no es un dato menor que las mujeres, ya sean hijas o ex esposas de represores, sean las más activas: "Hay que tener en cuenta que el genocidio también fue posible porque se fundó en una alianza heterosexual en la que la violencia está naturalizada, hacia las mujeres y hacia quienes escapan de la norma". Ismael y Julio –ex preso político– también coinciden en que ellas son "más activas, más audaces cuando pueden empezar a hablar. Porque estuvieron cercadas con sus hijos dentro de sus hogares que se convertían en virtuales campos de concentración privados. Sufrían violencia y todo tipo de acoso moral".
Lo privado se vuelve público, también, cuando los familiares de represores –que no acudieron a la entrevista porque así se decidió en el grupo– relatan su cotidianidad: "Una compañera cuenta que, por ejemplo, su padre le decía, mientras regaba el jardín y refiriéndose a la manguera ‘apretala que vomita'; otra recuerda que su padre, veterinario militar que actuó en la escuelita de Famaillá, cuando volvía de allí traía como una ‘resaca' y que trataba a la familia como ‘caballos o perros'". Así, la muerte llega a la casa de diversos modos y sus habitantes lo entienden aunque no pueden nombrarlo de inmediato. Esa convivencia con la muerte puede quedar encapsulada, o estallar, o hacerla estallar, que es el objetivo de El Puente.

Condiciones Objetivas
Hace más de un año que este grupo está funcionando, buscando una aproximación a la verdad que genera reacciones difíciles de tramitar. Julio sintetiza: "A los organismos de derechos humanos les da escozor; a los psicólogos les interesa pero no quieren tratar estos casos desde lo social; a la mayoría les genera sorpresa pero pocos se involucran". Ellos se propusieron trabajar con el "otro lado", sabiendo que el grupo de familiares de víctimas del terrorismo de Estado –son apenas ocho– permanecen y los familiares de represores pasan y se van cuando logran nombrar y ser escuchados, pero de eso se trata, de que hablen, pero además que lleguen a hablar en los estrados. El Puente colabora en investigaciones para la búsqueda de quienes fueron niños y niñas apropiados –han aportado datos que por razones obvias no pueden aportar en una entrevista– y también alientan denuncias contra quienes ni siquiera aparecen en el informe Conadep. Pero además van construyendo un modus operandi no ya del terrorismo de Estado sino de las condiciones necesarias para formar represores. "Escuchando los testimonios de los familiares se puede llegar a entender cómo se construye un represor, cómo las escuelas militares o de cualquier fuerza armada se constituyen también en campos de concentración. Hay toda una historia de abuso y violencia que es inherente a la formación de estos cuadros y que después ellos reprodujeron y reproducen en sus hogares", sintetiza Ismael, quien descubrió con sorpresa que alguna vez pensó que los represores "no tenían hijos o hijas, que eran estériles como mulas". Algunos de estos hijos e hijas han hecho caminos inversos a los de sus padres, llegando a militar en partidos de izquierda, "¿pero qué hacen con eso que no pueden decir, que son hijos de represores?", se pregunta Julio. El límite es siempre, para la integración en el grupo, que sean "familiares no cómplices", es decir, que sean capaces de romper la lógica del silencio y de la propia indiferencia, romper la lógica genocida sin invisibilizar sus efectos en estas personas. Y por eso el caso de Rita Vagliatti es fundante, porque al haberse inscripto con el apellido de su madre hizo pública la ruptura con su padre represor y eligió quién quería ser dentro de esta sociedad sin silenciar la historia de su padre, denunciándolo. "Reconocer el silencio colectivo es fundamental para entender cómo fue posible el genocidio y para eso es indispensable saber que cada uno y cada una tejió su parte en ese manto."
Si en El Puente hablan de un modo de justicia alternativa es porque lo cierto es que muchos de los que actuaron en la dictadura están muriendo sin castigo y esa complicidad del Estado –que amparó la impunidad durante años– despoja a los familiares de estos represores de un marco en el cual poder separarse de lo actuado por los protagonistas, dejándolos dentro de una supuesta complicidad. "Estos familiares son parte de la sociedad, tienen información que nos importa, no pueden quedar encapsulados", concluye Ismael, quien, como el resto del grupo, cree que sólo nombrando, haciendo visible cómo se tejió esta sociedad después de la tragedia, con sus grises y sus contrastes, con ese 'microfascismo' interno que asalta los mejores juicios, sólo así será posible construir otros mundos y valorar otros medios más allá de los fines.

7 de octubre de 2007
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reencuentro con la identidad


[Nora Veiras] Convenio internacional para identificar 600 cuerpos de desaparecidos
Argentina. El Equipo Argentino de Antropología Forense firmó un convenio con el gobierno para enviar 3600 muestras de sangre y 600 muestras óseas de desaparecidos a un laboratorio de los Estados Unidos con el fin de establecer su filiación.
En enero, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) empezará a enviar 3600 muestras de sangre de familiares de personas detenidas-desaparecidas junto con 600 muestras óseas de esqueletos recuperados a un laboratorio de los Estados Unidos. "El objetivo es poder hacer cruces en estos dos universos para lograr identificaciones", explicó a Página/12 el presidente del EAAF, Luis Fondebrider. Los restos pertenecen a personas asesinadas en su mayoría entre 1976 y 1977. La masividad de los análisis en poco tiempo será posible por el convenio que firmaron ayer los antropólogos con el Ministerio de Salud y la Secretaría de Derechos Humanos que permitirá lanzar una campaña masiva para la extracción voluntaria de sangre en hospitales públicos.
El acuerdo denominado ‘Iniciativa Latinoamericana para Identificación de Personas Desaparecidas' se realizará en conjunto con instituciones de Guatemala y Perú. En el caso argentino constará de tres etapas: el envío de muestras y restos a los Estados Unidos, la intensificación de exhumaciones de cuerpos enterrados en cementerios y otros lugares donde existen denuncias fundadas de enterramientos ilegales y la creación del Laboratorio de Genética Forense del EAAF, junto con el laboratorio Lidmo de Córdoba. "De esa forma habrá un área específica que se dedique a restos óseos para analizar casos argentinos y después del exterior. El único Banco Genético que existe hoy es el de las Abuelas de Plaza de Mayo, que funciona en el Hospital Durán, y es para identificar a niños desaparecidos. Hay muchos menos niños que personas desaparecidas. Es importante que el Banco estará en manos del Estado, porque a pesar del paso del tiempo los familiares podrán llegar a una identificación", dijo Fondebrider.
La Secretaría de Derechos Humanos se va a encargar de establecer el contacto con los familiares y darles un turno para que se presenten en los bancos de sangre que funcionan en los hospitales –bajo la coordinación del Ministerio de Salud–. Las muestras de sangre van a ser remitidas a la Secretaría de DD.HH. de la Nación, una va a quedar en custodia y otra será enviada a los Estados Unidos para realizar los análisis masivos bajo estrictos acuerdos de confidencialidad. El número de 3600 extracciones es por una cuestión presupuestaria, ya que hay muy pocos laboratorios en el mundo con capacidad para hacer ese tipo de análisis. La identificación dependerá de cuánto material genético se pueda recuperar de los restos óseos y de la cantidad y utilidad de las muestras de sangre. Cuanto más cercano es el parentesco existen más probabilidades de establecer en forma fehaciente la identidad.
Fondebrider explicó que "en los casos en los que tenemos hipótesis de identidad vamos a seguir trabajando con el laboratorio Limbo. Las muestras óseas que se enviarán a los Estados Unidos son aquellas que por los métodos tradicionales de antropología y medicina no pudimos identificar". En algunos casos se trata de restos óseos exhumados hace diez años. Hace veintitrés años que el Equipo de Antropología empezó a trabajar con la información ante mortem, qué enfermedades tuvo la persona, las características odontológicas, a reconstruir la historia de vida. "En muchos casos, los familiares no se acuerdan o no hay registros hospitalarios porque eran gente joven sin patologías específicas. A veces llegamos a muy buenas hipótesis pero no suficientes, por eso recurrimos a la genética, que es una de las tantas formas pero no la única para identificar un cadáver", explicó Fondebrider.
El equipo de antropólogos logró en la Argentina devolverles el nombre y apellido borrado por la represión ilegal a alrededor de trescientos cuerpos, apeló a análisis genéticos en unos ciento veinte casos. "Lamentablemente la enorme ignorancia de jueces, abogados, fiscales sobre lo que significa identificar un cuerpo lleva a recurrir a los exámenes genéticos cuando se pueden resolver con otras técnicas más sencillas, menos caras y tan certeras como la genética", explicó Fondebrider y ejemplificó: "El cuerpo del Che Guevara se identificó por las piezas odontológicas, las víctimas del tsunami también, además de las huellas dactilares".
"Esto es un avance para aclarar la verdad más profunda, para que nada de eso vuelva a suceder", dijo el ministro de Salud, Ginés González García, al firmar el convenio junto al secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y a Fondebrider. El trabajo se financiará con una partida especial del Congreso de los Estados Unidos. El Estado argentino pondrá la red de hospitales y el personal de Derechos Humanos para identificar a los donantes.
A partir del 16 de octubre, la gente se va a poder contactar con las oficinas de derechos humanos del país y acercarse a los bancos de sangre. El 1° de noviembre el Equipo de Antropología lanza una campaña informativa con spots televisivos y afiches con todas las explicaciones. Además se va a habilitar un 0800 para que la gente llame al EAAF.
A mediados del año próximo se tendrán los primeros resultados de los análisis, los antropólogos –que actúan como peritos judiciales– los completarán con las hipótesis que reconstruyen la historia de cada cuerpo y en función de esa reconstrucción informarán a los familiares.
Cuidadoso en extremo de la intimidad de cada historia, Fondebrider destacó que "queremos bajar el nivel de expectativa, es un intento de aumentar el número de identificaciones, no una garantía de identificación en seis meses".
González García dijo que la tarea "no es de este gobierno, sino de la sociedad argentina. Esto es un salto cualitativo".
En el mundo hubo otras tareas de identificación de restos de víctimas de guerras, pero ninguna con las características de este convenio que supone establecer un andamiaje legal e instrumental para continuar el trabajo de recuperación de identidad en forma permanente.

Prestigio
El EAAF nació en 1984, cuando la Conadep y las Abuelas de Plaza de Mayo le pidieron a Eric Stover, entonces director del Programa de Ciencia y Derechos Humanos de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, que colabore en el trabajo de exhumación e identificación de cuerpos. Uno de los miembros de su delegación, Clyde Snow, convocó a un grupo de científicos para comenzar la tarea de lo que es hoy una de las organizaciones más respetadas mundialmente. Este año, Mercedes Doretti, una de sus miembros fundadores, recibió la beca 2007 de la fundación Mac Arthur por su contribución en la búsqueda de la verdad y la justicia.

6 de octubre de 2007
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niño asesino volverá a casa


[Eugenio Martínez Ruhl] El chico que mató al amigo será devuelto a sus padres.
Corrientes, Argentina. El niño de 12 años que confesó ante la policía el homicidio de uno de sus compañeros de séptimo grado ocurrido el jueves pasado tiene al menos una certeza sobre su futuro: que volverá a vivir con sus padres en el corto plazo. Así lo decidió ayer el magistrado a cargo del caso, Néstor Anocíbar, según confirmó el asesor de menores de su juzgado, Enrique Carbone, que fue el encargado de dar el visto bueno a esa medida. Además, el chico fue trasladado a la capital provincial, donde se le realizarán estudios y pericias. Mientras tanto, los familiares y conocidos de la víctima realizarán hoy a partir de las 18 una marcha de silencio para reclamar que la Justicia aloje al chico en un instituto psiquiátrico.
Luego de evaluar que la mejor alternativa para el futuro de E.V., como se denomina en la causa al chico, era devolverlo a sus padres después de que se le realizaran todos los estudios y las pericias psíquicas, Anocíbar puso a consideración de Carbone esa posibilidad. Y el especialista en menores aprobó la iniciativa, que quedó firmada por la mañana.
"El informe psicológico vincular que se les realizó a los padres de E.V. dio como resultado que están mentalmente sanos y en plenas condiciones para hacerse cargo de su hijo y contenerlo. Por eso se decidió entregarles la guarda, que se hará efectiva cuando al chico se le terminen de efectuar todos los análisis y pericias", sostuvo Carbone a Página/12.
Las alternativas no eran muchas, ya que el niño es inimputable por ser menor. Entonces, los otros caminos que podía tomar el juez eran entregarle el cuidado a un familiar que no sea ni el padre ni la madre, o alojarlo en un instituto psiquiátrico juvenil, algo que según la ley correntina y los tratados internacionales sobre el tema sólo se debe hacer como última opción. "La chance de internarlo en un lugar cerrado está absolutamente descartada. No es lo más recomendable para el tratamiento de estos casos", explicó el asesor de menores.
Si bien la entrega de la guarda a los padres que se decidió ayer sólo es provisoria, Carbone aseguró que "el paso para que se transforme en una acción definitiva es meramente formal y se efectivizará en aproximadamente 15 días". El asesor agregó que "la idea es que después de las pericias y los análisis, el chico vuelva con sus progenitores, que son los más indicados para contenerlo y permitirle volver a la vida que hacía antes de este episodio: que se reinserte en el estudio y vuelva a sus actividades. La única diferencia es que tendrá el control del Estado, para que se someta a informes psíquicos cada tres meses y que esté disponible en caso de que la Justicia deba realizarle nuevos peritajes".
Además, durante la tarde de ayer, E.V. fue trasladado a la capital provincial, donde un equipo psiquiátrico del Poder Judicial especializado en jóvenes realizará un diagnóstico sobre su estado psíquico y llevará a cabo las pericias pedidas por la fiscalía. Así, y aunque sin intención, las autoridades lograron resguardarlo de la movilización que la familia de Agustín Esteche, la víctima del homicidio, realizará esta tarde.
Se trata de una marcha de silencio que reclamará que la Justicia no devuelva la tenencia de E.V. a sus padres y que, en su lugar, lo aloje en un instituto. "Si estuvo toda su vida bajo la responsabilidad de ellos y cometió este crimen, lo último que pueden hacer ahora es devolvérselo. Lo tienen que internar en un lugar cerrado", señaló a este diario Liliana Avila, tía de Agustín. La manifestación partirá a las 18 de la casa de la abuela de la víctima, y se dirigirá hasta la vivienda donde se produjo el asesinato.

4 de octubre de 2007
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