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demonio infiltrado en la iglesia


[Elio Brat]"Lo de Von Wernich fue una blasfemia". Rubén Capitanio, cura y testigo en el juicio.
Será uno de los testigos clave en el caso del ex capellán policial, al que conoció en el seminario platense. Quiere probar que Von Wernich "tenía poder". Por qué piensa que este juicio es bueno para la Iglesia.
Fueron compañeros en el seminario de La Plata. Uno había nacido a pocas cuadras de allí, en el barrio de Los Hornos. El otro venía de 9 de Julio, un pueblo bonaerense camino a La Pampa. Volverán a verse en pocos días más, cuando el jurado que enjuicia a Christian von Wernich en la misma ciudad que los unió alguna vez decida la fecha exacta para oír al sacerdote salesiano Rubén Omar Capitanio. Esta vez llegará desde Centenario, 1200 kilómetros al sur y a 30 kilómetros de Neuquén capital, la ciudad donde nacieron la mayor parte de los obreros de la ex cerámica Zanon. Y será el único religioso, de los 120 testigos, que dará su testimonio ante el mismo jurado que condenó al comisario represor Miguel Etchecolatz, si es que finalmente el obispo emérito de Viedma Miguel Esteban Hesayne no testificará en el juicio.
"La última vez que me encontré con Von Wernich fue cuando él ya era capellán especial de la bonaerense, bajo la orden de monseñor Antonio Plaza. Yo era cura en la villa San Carlos de Berisso y fue un encuentro casual, pero él me demostró que tenía poder, en esos tiempos en que el poder estaba concentrado en la fuerza que decidía la vida y la muerte. Y esto lo voy a exponer ante el tribunal porque fue muy evidente: en esa estructura él tenía poder y lo ejercía."

¿Cómo era la situación en La Plata para que se tuviera que ir a Neuquén?
En el '76 comencé a ver que mi ciudad era avasallada por la dictadura. La vida de Von Wernich y la mía transcurrían por carriles distintos. Empezó a desaparecer gente en Berisso y yo pedía en la misa que rezáramos por los vecinos que estaban desaparecidos. Pero era tanto el terror impuesto que los familiares llamaban por teléfono a la parroquia para agradecer pero negándose a dar su nombre. Entonces mataron a los padres palotinos y el 18 de julio de 1976 asesinaron a Gabriel Longueville y Carlos Murias en La Rioja. A todo esto, yo había averiguado que había una lista de sacerdotes y de La Plata éramos dos, ambos de Berisso: un benedictino que estaba haciendo una experiencia como cura obrero, el padre Luis Casalau, y yo. Allí el obispo Jaime De Nevares me mandó decir que Neuquén me esperaba con los brazos abiertos. Llegué el 7 de agosto de 1976, pensando en volver algún día. Treinta y un años después sigo acá.

En el juicio se tratará la actitud asumida por la Iglesia en tiempos de la dictadura. ¿Usted qué piensa?
Yo he cuestionado y sigo cuestionando el papel de la Iglesia institución, sobre todo en la jerarquía, porque no estuvimos a la altura de los acontecimientos, es decir, del lado de los crucificados. El caso Von Wernich es especial, más que simbólico: Von Wernich se pone del lado de los crucificadores. Y en ese sentido comete una blasfemia diciendo que lo hacía en nombre de Dios. No sé de qué Dios hablaba, ya que no existe ningún Dios que sea partidario de la muerte.

¿Conoce el expediente donde se lo acusa?
Claro que sí. Y le digo que los testigos y las pruebas que hay en el expediente hablan clarísimamente y demuestran más que contundentemente la participación de Von Wernich como cómplice de los crucificadores.

¿Cómo reacciona usted, como religioso también, ante esa evidencia de culpabilidad?
Todo lo que le dije no quiere decir que yo no lo asuma como hermano. Yo esto lo quiero dejar claro, porque me glorio de mis hermanos que me enseñaron con su vida, con su ejemplo, con su compromiso hasta dar la vida. Un Mugica, un Angelelli, unos palotinos, Carlos y Gabriel, Romero en El Salvador y tantos laicos. Como me glorio de ellos, sería incoherente que no asumiera a aquellos que fueron infieles a lo que debían haber sido. Entonces con dolor y con vergüenza yo asumo que Von Wernich es mi hermano. Y esto no quiere decir que no voy a declarar contra él. Yo voy a declarar contra los crímenes que él cometió o de los que está comprobado que fue partícipe.

¿El juicio dividirá a la Iglesia? ¿Le hará un bien o será un desastre?
Este juicio es un gran servicio a la Iglesia, porque le permite a la Iglesia asumir una realidad que todavía no terminó de asumir: que fuimos cómplices, en algún grado y en algunos casos, hasta en grado aberrante, como es el caso de Von Wernich. Por tanto creo que esta es la oportunidad para pedir perdón. Pero para pedir perdón en serio. Y para eso hay que asumir, con vergüenza y con dolor, lo que ha hecho un miembro de la Iglesia, como es el caso paradigmático de Von Wernich.

¿Está en juicio la Iglesia toda?
No. Yo tampoco quisiera que nadie utilizara este juicio para atacar a la Iglesia. Pero tampoco que nadie, y eso puede ser un acto de mucha hipocresía y cinismo, utilice este juicio para decir que se ataca a la Iglesia. Porque lo que está en juicio es un hombre de la Iglesia y todos debemos ser iguales ante la ley. En este caso le tocó a un religioso, un sacerdote. La Justicia comenzará a reparar, condenando en la medida en que tenga que condenar, los males que pudo haber cometido.

¿Qué puede pasar después de este juicio?
Creo que con estos elementos se puede empezar a amasar una verdadera reconciliación: sabiendo lo que pasó, juzgando los delitos que se cometieron, condenando a los responsables y asumiendo cada uno su responsabilidad culpable o inocente. Si no, es todo muy parecido a la impunidad. Y eso hace que no nos ayude: a 30 años todavía no tenemos ni reconciliación ni paz porque no hubo justicia ni hubo verdad. Por eso digo que esto es un bien para el país y un bien para la Iglesia también.

8 de julio de 2007
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revisan rol de iglesia católica


[Horacio Verbitsky] El rol de la iglesia católica en revisión. Una interpretación demoníaca del catolicismo.

El único pronunciamiento de la Iglesia Católica sobre el juicio al capellán Von Wernich fue para confirmar que sigue integrando sus filas. El reproche penal sólo se dirige a él y a sus actos, pero la revisión política y moral abarca el rol de la Iglesia Católica en aquellos años: el de su Vicariato castrense y el de la cúpula de entonces, pero también el de la estructura actual, argentina y romana, que le permitió fugarse de la Justicia y le dio asilo con un nombre falso en una parroquia de Chile.
El único pronunciamiento de la Iglesia Católica sobre el juicio al capellán de la policía de Buenos Aires, Christian von Wernich, fue para confirmar que aún integra sus filas. El proceso penal que comenzó el jueves en La Plata sólo involucra a este sacerdote, que participó en los interrogatorios a personas detenidas-desaparecidas mientras estuvieron alojadas en campos clandestinos de concentración que funcionaron en áreas de acceso restringido en media docena de unidades policiales. Pero el paralelo proceso moral y político comprende también la conducta de la institución eclesiástica a la que sigue perteneciendo.
Esto se refiere al Vicariato castrense del que dependía y a su específica rama policial y a la Conferencia Episcopal Argentina de entonces. Pero también a la estructura episcopal presente, tanto argentina como romana: Von Wernich se fugó de la Justicia con la protección de la Iglesia Católica que, tal como es costumbre con los sacerdotes pedófilos, lo reubicó con otro nombre en una parroquia de Chile, donde fue descubierto y extraditado. Se presentó ante los jueces como sacerdote de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana y vestido con el clergyman que identifica a sus miembros. Todos los corresponsales extranjeros que consultaron con la Conferencia Episcopal se sorprendieron por la negativa a formular cualquier comentario, cosa que sus colegas argentinos consideran natural. El único documento oficial de la Iglesia argentina confirmó que Von Wernich aun integra sus filas. Se trata de un comunicado de la Secretaría General de la Conferencia Episcopal cuyo texto "deja en claro" que es "totalmente inexacto" que el obispo emérito de Viedma Miguel Esteban Hesayne haya sido citado como testigo en el juicio oral y público "que se le sigue al presbítero Christian Federico von Wernich". Sólo el obispo retirado Óscar Justo Laguna se animó a hablar sobre el tema: dijo que ninguna voz de la Iglesia había defendido a Von Wernich, que debía soportar el proceso como cualquier ciudadano común. Sin embargo, al inaugurar en mayo la Asamblea Plenaria del Episcopado, su presidente, cardenal Jorge Mario Bergoglio, aludió al juicio como parte de una persecución calumniosa a la institución.

Importación No Tradicional
Soporte dogmático de todos los golpes de Estado producidos en el siglo XX en el país, la Iglesia Católica argentina desarrolló durante la Guerra Civil Española de 1936-1939 una fuerte identificación con el nacional–catolicismo y el espíritu de Cruzada. A mediados de la década de 1950 fue la fuerza decisiva en el derrocamiento del gobierno popular del presidente Juan Perón y la vía de importación a la Argentina de los métodos de guerra contrarrevolucionaria desarrollados por la organización de militares católicos franceses Cité Catholique durante la guerra colonial de Argelia. Algunos de esos militares y capellanes, como el coronel Jean Gardes y el sacerdote Georges Grasset, huyeron a la Argentina luego de la independencia de Argelia. Grasset llegó en 1961 y estableció aquí lo que llamó una antena de su organización, con el nombre de Ciudad Católica. Gardes, que había sido condenado a muerte en Francia, llegó en 1963 y pudo asentarse en la Argentina gracias a un trato con el servicio de inteligencia de la Armada, representado en la negociación por el capitán de corbeta Federico Lucas Roussillon, que le consiguió los papeles a cambio de que dictara cursos de guerra antisubversiva a los oficiales navales en la Escuela de Mecánica de la Armada.
La Biblia del grupo es el libro ‘El marxismo-leninismo', de su fundador, Jean Ousset, que incluye una recopilación de encíclicas papales condenatorias del comunismo y una doctrina de la guerra contrarrevolucionaria. La primera edición fuera de Francia se publicó en la Argentina en 1961. El traductor al castellano fue el jefe de inteligencia del Ejército argentino, el coronel Juan Francisco Guevara, y el prólogo fue escrito por el presidente de la Conferencia Episcopal y al mismo tiempo vicario general castrense, cardenal Antonio Caggiano. Para el líder de Cité Catholique enemigo es todo aquel que procure subvertir el orden cristiano, la ley natural o el plan del Creador, lo cual explica el amplio espectro de organizaciones y personas que cayeron bajo la atención de sus discípulos. Como dice Caggiano en el prólogo, hay que prepararse para una "lucha a muerte" que califica de "eminentemente ideológica" contra enemigos que todavía "no han presionado las armas". Esta frase es otra constatación rotunda de los alcances del plan de masacre, elaborado antes de que surgiera la primera organización guerrillera en el país.
Ciudad Católica publicó aquí la revista Verbo. Muchos de sus artículos eran traducción de los editados en la versión francesa, Verbe. Pero en algunos casos, como la serie ‘Moral, derecho y guerra revolucionaria', el trasplante incluyó la mera sustitución de nombres en un texto idéntico: donde el original decía Argelia, la copia lo reemplazaba por Tucumán. En Francia se publicaron en 1959 firmados por Cornelius, en la Argentina en 1975, por Centurión. Con citas de San Agustín, Santo Tomás, San Ignacio, Pío X, Pío XI, Pío XII y el ‘Catecismo del Concilio de Trento', desarrollan la doctrina de la guerra justa contra quienes procuran "la Revolución o Subversión del orden natural" y afirman que "ser subversivo es el crimen más grave. Merece entonces de por sí una pena más grave que cualquier otro crimen". El general Ramón Camps, de quien dependía Von Wernich, era integrante de ese grupo.

La Anunciación
Cuando Caggiano se jubiló, tanto la presidencia del Episcopado como el Vicariato General Castrense pasaron a manos de otro miembro de la misma línea integrista, el arzobispo de Paraná Adolfo Tortolo, que ocupó el primer cargo hasta 1976 y el segundo hasta su muerte, en 1981. Es decir que en las dos décadas previas al golpe la prédica jerárquica y la asistencia espiritual a las fuerzas armadas y de seguridad estuvieron monopolizadas por esa tendencia que había sido desplazada en la Iglesia universal desde fines de la Segunda Guerra Mundial por posiciones más respetuosas de la libertad y de la democracia. Tortolo fue comisionado por los jefes de las Fuerzas Armadas para solicitar la renuncia de la presidenta Isabel Martínez. La viuda de Perón se negó, con lo cual comenzaron los preparativos para el golpe militar. En los últimos días de 1975, el presidente del Episcopado anunció su inminencia, no en una capilla de campaña sino en un hotel de cinco estrellas, y su auditorio no estaba integrado por militares sino por hombres de negocios. El prelado citó al poeta franquista José María Pemán y comparó la crisis argentina con la que imperaba en España en vísperas de la Guerra Civil. Sostuvo que Dios permite el mal en vista a los bienes que produce, exaltó las fuerzas latentes y las reservas profundas que surgen en la adversidad para hacer sentir su oculto y misterioso poder y anunció que se avecinaba un proceso de purificación.
Las fuerzas latentes hicieron sentir su oculto y misterioso poder tres meses después. En la noche del 23 de marzo de 1976, los jefes del Ejército y de la Fuerza Aérea, Jorge Videla y Ramón Agosti, visitaron a Tortolo y Bonamín en la sede del Vicariato Castrense. De allí marcharon a tomar el poder. Al salir se cruzaron con un sobrino de Bonamín y su nuera. Luis Bonamín, sobrino nieto del jefe de los capellanes, había sido secuestrado y asesinado por la policía de Rosario y la muchacha, de veinte años, necesitaba ayuda para salir del país, que el provicario le negó. La semana siguiente, Tortolo se declaró en coincidencia con el flamante dictador: "Los principios que rigen la conducta del general Videla son los de la moral cristiana. Como militar es de primera, como católico es extraordinariamente sincero y leal a su fe". También dijo que ante la subversión debían tomarse "medidas duras o violentas".

Una Muerte Cristiana
La semana pasada el tribunal supremo de justicia de España fijó en 1084 años de cárcel la condena contra el capitán de corbeta Adolfo Scilingo, según quien el método de eliminación de los detenidos-desaparecidos, arrojados al mar con vida desde aviones navales, fue consultado por la Marina con la jerarquía eclesiástica, "para buscar que fuese una forma cristiana y poco violenta" de muerte. Así lo informó en la base naval de Puerto Belgrano el comandante de Operaciones Navales, vicealmirante Luis Mendía. Al regresar del primer vuelo, Scilingo se sintió perturbado y recurrió al capellán de la Escuela de Mecánica de la Armada, que le reiteró que era "una muerte cristiana y que en la Biblia está prevista la eliminación del yuyo del trigal".
Poco después del golpe, mientras Tortolo presidía la Asamblea Plenaria del Episcopado, Bonamín imploró la bendición de Dios para los nuevos generales y sus sables e insignias y los llamó "soldados del Evangelio". En el informe Nunca Más, la CONADEP mencionó a cinco capellanes colaboradores con la dictadura, entre ellos Von Wernich, pero dejó en penumbras el comportamiento del Episcopado. Dos años después, el pedagogo Emilio Mignone, ministro de Educación de Domingo Mercante en la provincia de Buenos Aires durante el primer gobierno de Perón y viceministro de Juan Carlos Onganía en la década siguiente, avanzó en su libro clásico ‘Iglesia y dictadura' sobre la complicidad institucional del Episcopado. Según Mignone, padre de una desaparecida, Tortolo defendió la tortura ante sus pares con argumentos de teólogos y pontífices medievales. Mignone menciona a una docena de capellanes de las Fuerzas Armadas y de seguridad, confesores de prisioneros que iban a ser fusilados en la clandestinidad; justificadores del secuestro, tortura y asesinato de otros sacerdotes; teorizadores de que torturar sólo era pecado después de las primeras 48 horas; denunciadores de obispos o sacerdotes como punta de lanza de la infiltración comunista en la Iglesia y/o asistentes a sesiones de torturas. Además consigna un dato personal impresionante: por los seminaristas de Paraná que cuidaron a Tortolo durante el largo deterioro de su mente, Mignone supo que deliraba a los gritos que su madre estaba desaparecida.
El Ejército asignaba un rol de gran importancia a los capellanes a efectos de "fortalecer la mística espiritual y contrarrestar la acción del enemigo. Así lo explica el documento secreto con el que el jefe del Cuerpo I de Ejército, general Carlos Suárez Mason, planificaba sus operaciones: "El objetivo de identificar al hombre con la Patria y el Hogar deberá hacerse sobre la base de una acendrada educación cristiana: DIOS" (mayúsculas, subrayado y sintaxis, del original).

La Cruzada
A la muerte de Tortolo el diario fundamentalista de Bahía Blanca ‘La Nueva Provincia' sostuvo que al gobierno debía interesarle su sucesión por Bonamín para evitar objeciones morales al comportamiento de las Fuerzas Armadas en la guerra antisubversiva, que se libró "bajo una inspiración, según una doctrina y desde una óptica, en última instancia religiosa". Gracias a la conducción enérgica y unitaria de los capellanes destinados a cada unidad, los soldados se convencieron de la legitimidad de la lucha y la necesidad de la victoria. El mérito de Bonamín fue "haber diseñado los grandes lineamientos apostólicos de esta formación con que se templó a los soldados, transformando su campaña en una cruzada. Fue acompañado por capellanes que no se dejaron tentar por el humanismo modernista" y "atenuaron las tensiones del combate y de la vigilia y la justicia de la muerte propia y ajena". La lucha contra la guerrilla era una "causa cristiana y nacional" en la que se expresaban los ideales comunes entre la Iglesia y las Fuerzas Armadas. Por eso "es llegado el momento de que la Espada defienda a la Cruz que defendió a la Espada".
A principios de 1983, cuando la dictadura se caía a pedazos y el Episcopado hacía los mayores esfuerzos por rescatarla y negociar con los partidos políticos una salida que preservara a las Fuerzas Armadas de las consecuencias de sus actos, el encargado de las relaciones políticas del Episcopado, Óscar Justo Laguna, informó a la Asamblea Plenaria obispal que en la reunión mantenida con el último dictador, el general Benito Bignone "defendió la tortura y dijo que se lo habían enseñado sus capellanes castrenses". Laguna le respondió que la tortura es intrínsecamente mala, como establecieron Pablo VI y Juan Pablo II. También le dijo que la Iglesia "tiene principios éticos sobre la reconciliación", pero los obispos "no somos técnicos. Eso compete a los políticos". Casi un cuarto de siglo después, con el juicio a Von Wernich que empezó el jueves y el que comenzará el martes contra los principales jefes del Servicio de Informaciones del Ejército, el sistema político se hace cargo de esa responsabilidad que durante tanto tiempo eludió.

8 de julio de 2007
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agente mató a un testigo


[Cristian Alarcón] El policía preso acusado de matar a un testigo. Ismael Gauna fue detenido por la sospecha de haber matado a un testigo clave del caso Bru.
El Beto Alberto Mauro Martínez se cruzaba al oficial Ismael Gauna en todos lados. Adonde iba, Gauna se aparecía en el auto de la Brigada. Lo miraba de lejos. Lo dejaba caminar, pero le hacía saber que lo tenía cansado. El Beto era un testigo de la desaparición de Miguel Bru en La Plata. Gauna lo había torturado por haber dicho la verdad en el juicio oral: que el comisario permitía el submarino seco y la pateadura. Le conocía la cara, la parada, la manera de mirar. Se detestaban. Por eso salió con las manos en alto, con el torso desnudo, gritando "No me mates", y por eso alguien –alguno de los policías que iba a su encuentro ese 21 de junio de 2002– le dio en el pecho. Se murió en el camino al hospital: eligieron el más lejano para que se desangrara en el camino, dicen los familiares de Beto. Ayer, después de ocho meses de clandestinidad, lo pescaron en la entrada a La Plata. Gauna se había afincado en el barrio El Churrasco.
La historia no es sencilla. Tiene sus complicaciones. Comienza con la desaparición de Miguel. Fue el 17 de agosto de 1993. Lo levantaron cerca de Magdalena, en un campo que estaba cuidando, y lo llevaron hasta la comisaría 9ª, de La Plata. Allí lo torturaron. Miguel había denunciado a la Brigada, a sus hombres más corruptos, por allanamiento ilegal. Se la tenían jurada. Mucho después, durante el juicio oral contra cuatro policías por el crimen, Mauro Martínez confirmaría un dato clave para condenar a los bonaerenses: esa noche Miguel Bru, "un pibe flaquito de ojos claros", había pasado por allí. En el juicio otros presos terminarían de completar la historia: lo sometieron al submarino seco. Lo sacaron por una puerta trasera. Lo hicieron desaparecer. El Beto fue muy firme cuando declaró ante el juez Selagowsky, en la instrucción de la causa que en la 9ª se torturaba con saña y de manera habitual. Se lo dijo en un careo al comisario Ojeda. Lo repitió en la sala del juicio: "Mi vida vale lo que una caja de Rohypnol", dijo esa mañana.
Al poco tiempo lo cruzaron con un patrullero. Lo bajaron en el Bosque a la madrugada. Lo apalearon entre varios. El mensaje era que no debía declarar en el juicio oral. A los dos meses lo hizo. En el juicio condenaron por la muerte de Bru a Justo José López y Walter Abrigo, a prisión perpetua. Juan Domingo Ojeda, el comisario, y Ramón Cerecetto, un oficial, recibieron pingües penas. Los presos dijeron que los pegadores fueron ocho. Sin mácula legal quedaron, entonces, otros cuatro. Magullado, el Beto Martínez llamó a la casa de Rosa Schonfeld, la mamá de Miguel. "Dijo que estaba todo roto. Era la época de los primeros ministros civiles. Lo denunciamos ante el ministro, que no recuerdo quién era. Lo pasó a disponibilidad preventiva, pero recuperó la chapa dos años después", cuenta Rosa. Al tiempo, Martínez cayó preso por un robo. Y logró fugarse de una comisaría de Ensenada. Prófugo, se convirtió en una víctima más vulnerable. Lo buscaba la ley.
El Beto se refugió en lo de unos amigos en 83 y 121, a unas seis cuadras del Hospital San Martín, en el barrio El Carmen. Hasta esa casa llegó la Brigada casi entera: a la cabeza, Gauna. El y Luján Martínez –preso hace ocho meses por el crimen del Beto– se anunciaron a los gritos, mientras Aranda, Valiente, Nager y Predovan se mandaron por los fondos. El Beto los esperaba. Ya había dicho que Gauna lo iba a poner. La versión policial fue que salió a recibirlos armado con un revólver calibre 32. "El sale, levantan los brazos: ‘No tiren, no tengo nada'. Después, pide ‘no me maten delante de los chicos'. Los chicos eran los muchachos que vivían en esa casa. Ellos declaran que no hay tal enfrentamiento, que Gauna se pega un tiro en el pie", explica Rosa.
Ante la Justicia, Gauna no pudo convencer a nadie de su historia. No hubo ni siquiera un policía que lo viera renguear o sangrar por el supuesto tiro que El Beto le dio en el pie. "Estamos convencidos de que se autolesionó cuando iban hacia el hospital", dice Ernesto Martín, abogado de la Asociación Miguel Bru. "Robaron las dos armas de los policías que estaban guardadas en la Fiscalía General", cuenta. Aun así, hace ocho meses ordenaron su detención, imputados de homicidio. Luján Martínez cayó pronto. Se confesó como el que disparó contra El Beto. El, dicen, anduvo por Mar del Plata. Cuando lo agarraron ayer al mediodía iba solo. Los de Delitos Complejos habían mostrado su foto a los vecinos. Se lo veía de vez en cuando, los días lindos, dijeron. El sol le trajo mala suerte. Anoche durmió a la sombra.

7 de julio de 2007
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cura demonio se niega a hablar


[Victoria Ginzberg] El ex capellan de la bonaerense Christian von Wernich no quiso declarar. El cura se negó a la confesión.
Empezó ayer el primer juicio contra un miembro de la Iglesia por homicidios, secuestros y asesinatos durante la última dictadura. El sacerdote no respondió preguntas de los jueces, que leyeron las pruebas acumuladas en su contra. Cecilia Pando fue a apoyar al represor.
Con un chaleco antibalas, traje oscuro, camisa gris y el cuello que lo identifica como cura, Christian Von Wernich entró a la sala de audiencias. Le tomó por un momento la mano a Cecilia Pando, se sentó detrás de un blíndex especialmente instalado para él y posó para los fotógrafos y las cámaras de televisión. Sólo se escucharon unos silbidos por lo bajo. Las Madres de Plaza de Mayo, sentadas en las tres primeras filas de la sala, lo miraban en silencio. Detrás de los jueces, se hacía notar un gran crucifijo. Un momento antes, el sonido de la manifestación que se realizaba en la puerta de los tribunales platenses había llegado con nitidez al primer piso: "Acaba de iniciarse el juicio contra el genocida Von Wernich. Este es un logro del pueblo. Queremos a todos los genocidas en la cárcel ya", decía una mujer que hablaba por un megáfono.
La entrada de Von Wernich, ex capellán de la Policía Bonaerense durante la última dictadura, fue el inicio del primer juicio oral y público en el que se juzgará a un representante de la Iglesia por su participación en crímenes de lesa humanidad cometidos durante el terrorismo de Estado. El sacerdote está acusado de haber participado en siete homicidios y 41 casos de privación de la libertad y torturas contra personas que estuvieron secuestradas en Puesto Vasco, COTI Martínez, Pozo de Quilmes, Comisaría 5 de La Plata y la Brigada de Investigaciones de La Plata. De acuerdo con la acusación fiscal, "el imputado tuvo una conspicua intervención en los centros clandestinos de detención, torturas y eliminación de personas", que comandaba el ex jefe de la Bonaerense Ramón Camps, secundado por Miguel Etchecolatz.
Cerca de las dos de la tarde y después de que el secretario del tribunal que integran Carlos Rozanski, Norberto Lorenzo y Horacio Isaurralde leyera la acusación, un Von Wernich de 69 años y en buena forma se sentó en el banquillo. Golpeó el micrófono para chequear si funcionaba y dijo su nombre completo: "Christian Federico Von Wernich".

¿Tiene apodos? –le preguntó Rozanski.
Queque. Todos me conocen como Queque.

Dijo que había nacido en San Isidro, el 27 de mayo de 1938, y que era soltero.

¿Ocupación?
Sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica Romana –contestó. También señaló que cobraba una jubilación de 250 pesos por haber sido profesor. "La obtuve después de quedar preso. Le recuerdo que estoy preso hace cuatro años –agregó–, antes me alcanzaba lo que me daba nuestra iglesia."

¿Estudios? –siguió Rozanski.
Todos... Primaria completa, secundaria completa y los nuestros.

No le entiendo.
Los nuestros, los estudios eclesiásticos... diez años.

"¡¡Von Wernich asesino!!", se escuchó en ese momento. La sala estaba en silencio. El grito era de la manifestación que había en la calle. El cura se puso el dedo en la oreja e hizo un gesto para dar a entender que no escuchaba.
Rozanski tomó la palabra y comenzó a leer los delitos por los que Von Wernich sería juzgado. Así, nombró a todas las víctimas del cura. Elena de la Cuadra, Héctor Baratti, Juan Ramón Nazar, Luis Velasco, Héctor Ballent, Ramón Miralles, Domingo Moncalvillo, Cecilia Idiart, Jacobo Timerman, Osvaldo Papaleo estaban entre ellas. El acusado se mantenía serio. Se mantuvo de esa forma durante toda la audiencia. A veces levantaba las cejas negras y cada tanto se acomodaba la camisa, como si el alzacuello lo ahogara.
Cuando el juez le preguntó si iba a declarar, contestó que iba a ampararse en su derecho de no hablar. "Siguiendo indicaciones de mi abogado, el doctor Martín Cerolini, no voy a contestar preguntas", dijo.
"¡¡Von Wernich, tu silencio cómplice!!", se escuchó en la audiencia. Otra vez el megáfono que llegaba desde afuera donde, evidentemente, estaban informados minuto a minuto de lo que ocurría en la sala.

Otras Preguntas
Como el cura se negó a declarar –puede hablar en cualquier momento del juicio–, la audiencia de ayer consistió en la lectura de los cargos, las pruebas que se reunieron durante la investigación y dos declaraciones anteriores de Von Wernich. El ex capellán de la Bonaerense estuvo durante todo el tiempo sentado junto a su abogado atrás del blíndex y al lado de Cecilia Pando, que fue a hacer lo que más le gusta: defender a los represores ante las cámaras de televisión. "Esto es un circo romano. ¿Qué tienen contra el padre? ¿Qué le probaron?", decía.
La mampara que protegía al acusado se explica porque el juicio oral contra Etchecolatz, que se realizó el año pasado, terminó con bombitas de témpera roja sobre el represor, su custodia y algunos de los asistentes del público. En La Plata, además, todavía se acuerdan del contenido de un pote de yogur que manchó al mismo Von Wernich cuando fue citado a declarar en el Juicio por la Verdad, el día que quedó detenido por primera vez.
A Pando la seguía otra mujer de anteojos negros y tres hombres. Fueron los únicos que fueron a apoyar al cura. El resto del salón se llenó de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de familiares de desaparecidos y sobrevivientes de la dictadura –los que serán testigos no podían ir–. También estaban el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde; su par de la provincia de Buenos Aires, Edgardo Binstok, y la ex diputada Patricia Walsh.
Durante el cuarto intermedio que se hizo al mediodía, en los pasillos muchos se preguntaban cuándo habría un verdadero pronunciamiento de la Iglesia que repudiara la participación de sacerdotes como Von Wernich –con el aval de la cúpula– en los crímenes de la última dictadura. El interrogante que se hacía la mujer del mayor Mercado frente a las cámaras, en cambio, quedaba bastante resuelto al escuchar el cúmulo de pruebas que hay contra el represor.
Una de ellas es el relato que el policía Julio Emmed hizo ante la Conadep sobre el asesinato de siete personas: "En la Brigada nos esperaba el padre Christian Von Wernich, quien había hablado y bendecido a los ex subversivos. En el coche donde iba yo se encontraba el padre. Yo debía dar el golpe que adormecería a la persona, pero no logré desvanecer al joven y Giménez sacó la pistola reglamentaria. Cuando el NN vio el arma se precipitó contra ella y se entabló una lucha. Le descargué varios golpes en la cabeza con la culata de mi arma. Se produjeron varias heridas y sangró abundantemente, tanto que el cura, el chofer y los dos que íbamos al lado quedamos manchados. Se descendió a los tres cuerpos de los ex subversivos que en ese momento estaban vivos. Los tiraron a los tres sobre el pasto, el médico (Jorge Bergés) les aplicó dos inyecciones a cada uno, directamente en el corazón, con un líquido rojizo que era veneno. Fuimos a asearnos y cambiarnos de ropa porque estábamos manchados de sangre. El padre Von Wernich me habló de una forma especial por la impresión que me había causado lo ocurrido. Me dijo que lo que habíamos hecho era necesario, que era un acto patriótico y que Dios sabía que era para bien del país".
El propio Von Wernich reconoció en dos indagatorias haber estado en centros clandestinos y visto a prisioneros, sólo que en su versión se trataban de sitios "con escudos y banderas" y los desaparecidos eran presos a los que nadie maltrataba.
Hay decenas de testimonios de sobrevivientes que reconocen haber visto y hablado con Von Wernich durante su cautiverio. "La vida de los hombres depende de Dios y de tu colaboración", se le escuchó decir como respuesta a un detenido que rogaba no morir. El cura, además, bautizó a la hija de Liliana Galarza, que nació en la Brigada de Investigaciones. De la ceremonia participaron Camps y Etchecolatz. La niña fue entregada a sus abuelos cuando tenía seis meses, pero su madre continúa desaparecida. El ex capellán también está involucrado en la apropiación de la hija de Héctor Baratti y Elena de la Cuadra que, como sus padres, sigue desaparecida.

Genocidio
Myriam Bregman, abogada de Justicia Ya!, solicitó al tribunal que permita incorporar nueva prueba "para fundamentar que lo que se juzga no son hechos individuales sino colectivos, es el genocidio ocurrido en la Argentina". Marcelo Ponce, de la querella unificada APDH-CTA, también dejó sentada la posibilidad de que a los delitos por los que está acusado Von Wernich se les agregue, en base a los tratados internacionales, el de genocidio. Coincidió con el planteo el representante de la familia Timerman, Alejo Ramos Padilla.
Se prevé que más de 120 personas pasen por el juicio para ratificar la participación de Von Wernich en estos crímenes, aunque las declaraciones podrían ser menos porque algunos testigos no fueron ubicados aún. Los jueces Rozanski, Lorenzo e Insaurralde, los fiscales Carlos Dulau Dumm y Félix Crous y los abogados de las querellas llevarán adelante este proceso que seguirá el martes próximo y terminará el próximo 13 de septiembre.
"Aparición con vida Ya", decían los pañuelos blancos con la cara del testigo desaparecido Jorge Julio López que, al cierre de la audiencia, levantaron varias personas. En silencio. Ya no se escuchaba la manifestación de la calle.

6 de julio de 2007
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drama pasional en prostíbulo


[Cristian Alarcón] Un insólito episodio en un sauna provocó caos en el microcentro. Llegó la toma de rehenes pasional.
Durante toda la tarde, un hombre mantuvo nueve rehenes, al parecer para que su novia dejara la prostitución. Anoche seguía la toma.
La noticia corrió más rápido que el lento avance de los autos por las calles del centro. Supuestos ladrones habían entrado en una financiera y habían tomado de rehén a varias personas. La policía cortó el acceso a la zona de Montevideo y Corrientes. Llegaron los hombres del grupo GEOF vestidos como comandos y decenas de móviles de la policía primero y de la televisión después, hasta saturar la zona y convertirla en una pintoresca romería de curiosos y vecinos. Con el correr de la tarde, el caso –que algunos medios contaban ayer bajo el cartel ‘la inseguridad'– pasó a historia desopilante: un hombre y su amigo habían entrado a un prostíbulo en un departamento para evitar que su novia insistiera con su oficio de meretriz. Caída la noche, el juez a cargo de la causa, Juan Ramos Padilla, habló con los periodistas. "Algo de eso hay. Esperamos que este muchacho se tranquilice y resuelva su problema", dijo al responder sobre la hipótesis de la "toma de rehenes pasional". Anoche, tras la liberación de dos clientes y una mujer, quedaban seis chicas encerradas en su puesto de trabajo.
Cualquiera que al caminar por Corrientes a lo largo de esas seis cuadras que van de Callao a 9 de Julio haya recibido los volantes con la dirección del sauna de Montevideo casi Lavalle podría haber pasado ayer un día de encierro entre las mujeres que trabajan en el lugar. Como les ocurrió a los dos hombres que fueron liberados pasadas las ocho de la noche: clientes del departamento en el que se cobraban 60 pesos "el servicio común". Y cifras inferiores para los servicios rápidos, al paso, como casi todo en el área. La zona se reveló –con el extraño caso– de una altísima concentración de "departamentos privados" que ofrecen sexo express a abogados y empleados de la zona tribunalicia y financiera.
Eran las dos de la tarde cuando alguien alertó a la policía sobre la presencia de dos supuestos ladrones en Montevideo 497. Las versiones fueron cambiando con las horas. Al principio, voceros policiales decían que se trataba de dos ladrones que venía escapando tras haber robado un local comercial de la zona. Nunca se aclaró qué habían asaltado. Ni dónde. Luego la versión cambió a extrema escena de celos. Las tomas de rehenes suelen prestarse, ya se sabe, para historias inverosímiles. Quizá la más exitosa haya sido el brillante robo al Banco Río de Acassuso, en el que los ladrones escaparon por un túnel hacia el Río de la Plata. Lo que se repite son ciertas ceremonias de los captores durante las horas en que se vuelven súbitamente famosos: la presencia de Crónica TV y la comida.
En ambos asuntos, los muchachos al frente de la toma no defraudaron. Eso sí, primero pidieron la tele. Hasta el cierre de esta edición, los dos captores llevaban casi nueve horas controlando la situación. A las cuatro de la tarde armaron una soga con el abundante stock de sábanas para que les entregaran cajas de pizza y gaseosas. A las cinco se tomaron un café. Al final les subieron cigarrillos en un balde con el mismo sistema. Y por fin un televisor para matar el tedio. Siguieron la jornada transmitida en vivo por todos los canales y noticieros. El propio juez lo dijo cuando habló con los periodistas después de las ocho de la noche: "Les pido prudencia porque esta persona está viendo TV", dijo sin querer confirmar las versiones. "Estamos conversando. Les pido seriedad. No voy a confirmar nada. Estamos tranquilos. Tanto las personas que están ahí como este señor que no está bien", dejó entrever el juez.
–¿Hay algo pasional en esto? –le preguntaron.
–Puede haberlo, pero hasta que no pueda escucharlo no puedo decir nada.
El magistrado habló por televisión para desmentir lo que por la tarde sonó en algunas radios, que la policía estaba dispuesta a entrar al departamento. El Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF) –el mismo que actuó en el atrincheramiento del abogado Gabriel Novaro– rodeó el departamento y comenzaron las negociaciones entre el amotinado y un negociador experto de la Federal. Los policías y oficiales de justicia ocuparon el séptimo y último piso del edificio, donde a partir del testimonio de los vecinos se hicieron un cuadro de situación. Además del prostíbulo del tercero había otro. En la calle, al caminar se podía notar la evolución del mercado del sexo en esa zona de tanto tránsito. En dos cuadras tres volantes promocionaban servicios tales como "Modelos Vip, Sarmiento y Montevideo. Spa. Masaje descontracturante en camilla", o "Felinas VIP, 24 horas, privado, domicilio". La calle que no duerme no sólo está llena de librerías y teatros. De hecho, en Internet se puede acceder a la publicidad del sauna tomado que se anuncia como para "gasoleros".

6 de julio de 2007
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se inicia juicio de cura demoníaco


[Victoria Ginzberg] Comienza hoy el juicio contra el ex capellán Christian von Wernich. Un cura que bendijo la represión.
Se prevé que más de 120 testigos declaren contra el sacerdote Christian Von Wernich. Está acusado de haber participado en siete homicidios y 41 casos de privaciones ilegales de la libertad y torturas. Hoy se leerá la imputación y le preguntarán si quiere declarar.
"El sacerdote Christian Von Wernich nos visitó y nos dijo que no debíamos odiar. A pesar del miedo que teníamos no pude aguantar y le dije que difícilmente se podía sentir amor si cinco personas lo estaban torturando. Contestó que nosotros debíamos pagar por lo que habíamos hecho, que debíamos pagar con torturas, con muertes o con lo que fuera necesario porque éramos culpables. Héctor Baratti le preguntó qué tenía que pagar su hija, que tenía días. El sacerdote le respondió que su hija pagaba por lo que habían hecho sus padres." El relato lo hizo Luis Velasco ante la Cámara Federal de La Plata. El hombre, que estuvo secuestrado en la Comisaría quinta de esa ciudad, será uno de los más de 120 testigos previstos en el juicio contra el capellán de Ramón Camps que comenzará hoy. Este proceso oral y público será el tercero contra un represor de la última dictadura después de la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y expondrá la complicidad y apoyo que la conducción eclesiástica dio al terrorismo de Estado.
Von Wernich será juzgado por los jueces Carlos Rozanski, Norberto Lorenzo y Horacio Isaurralde, del Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata. Son los mismos magistrados que el año pasado condenaron a reclusión perpetua al ex director de investigaciones de la Policía Bonaerense Miguel Osvaldo Etchecolatz. El cura está acusado de haber participado en siete homicidios y 41 casos de privaciones ilegales de la libertad y torturas.
El proceso comenzará con la lectura de la acusación de la fiscalía. Luego, Von Wernich será interrogado por el tribunal, aunque tiene derecho a no declarar. Durante la etapa de instrucción, el represor optó por hablar.
A pesar de que dio una versión distorsionada de los hechos, aceptó haber estado en los centros clandestinos de Camps y haber visto a personas que estaban desaparecidas. Claro que, según su declaración, esos lugares eran "comisarías con bandera, escudo, personal uniformado" que él "debía visitar como capellán para dar charlas al personal policial" y donde "aprovechaba siempre para saludar y ver a los que estaban detenidos en el lugar". Agregó que en la comisaría de Don Bosco (el centro clandestino Puesto Vasco) "se encontraba con gente conocida" como Jacobo Timerman, director del diario La Opinión, Osvaldo Papaleo, secretario de prensa de Isabel Perón y el ex juez Julio César Miralles.
Von Wernich señaló que "volvió varias veces a verlos" y que avisaba con tiempo porque organizaban "algo así como un asado para que pudieran almorzar juntos" y que "después se armaban partidos de truco" y que "el clima era muy bueno".
Los detenidos que lograron salir con vida de esos sitios relataron otros hechos. Papaleo, por ejemplo, aseguró que durante su cautiverio "lo hicieron desnudar, lo ataron a un elástico que estaba en el piso en forma horizontal y le aplicaron shocks eléctricos, primero en forma más leve, en la planta de los pies, los muslos y el pecho, a la vez que lo golpeaban con los pies en la cabeza". Agregó que luego "se intensificó el tormento que se extendió a las encías y los genitales". Los sobrevivientes coincidieron además en que con Timerman "había un ensañamiento especial por su condición de judío".
Papaleo y Miralles están en la lista de testigos. En representación de Timerman –fallecido en 1999– estarán sus hijos, entre ellos Héctor, actual cónsul en Nueva York. El Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, el obispo Miguel Hesayne y la ex ministra Graciela Fernández Meijide también serán convocados.
"Voy a dar mi testimonio como hombre comprometido desde la fe. El Evangelio nunca justifica la muerte para salvar el alma", dijo ayer Pérez Esquivel al recordar que el ex marino Adolfo Scilingo le dijo que Von Wernich bendecía a quienes arrojaban los cuerpos de los desaparecidos al mar.
El sacerdote católico Rubén Capitanio, párroco de la ciudad neuquina de Centenario, también declarará en el juicio. "Hay demasiadas pruebas de que ha sido culpable de delitos extremadamente graves, como la tortura, las violaciones, las vejaciones a personas y la complicidad en asesinatos", expresó Capitanio. El sacerdote señaló que "la actuación del padre Von Wernich no era la única posibilidad de ser sacerdote ante el drama de los desaparecidos y los secuestrados" y consideró insuficiente el "pedido de perdón solemne" de la Iglesia Católica en el Congreso Eucarístico Nacional. "Este testimonio me permite asumir con dolor y con vergüenza la actuación de un miembro de la Iglesia de manera tan terrible, y a la vez poder estar del lado de las víctimas, poder declarar en nombre de las víctimas", agregó.
Durante el juicio se ventilará la participación de Von Wernich en crímenes cometidos en cinco centros clandestinos: Puesto Vasco, Coti Martínez, en San Isidro; la Brigada de Investigaciones de Quilmes, el destacamento policial de Arana y la comisaría quinta de La Plata. Está previsto la declaración de alrededor de 70 sobrevivientes y la realización de inspecciones oculares a esos sitios.
La agrupación Justicia Ya!, querellante en el caso, señaló que, "en este juicio, nos proponemos mostrar que Von Wernich fue una pieza clave de ese genocidio. Es decir, que los delitos que cometió no fueron perpetrados en forma aislada, fragmentariamente, sino que se trató de una acción planificada de manera coordinada, en función de la represión ilegal implementada por la dictadura".

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cayó por accidente


[Cristian Alarcón] El hombre que cayó con 173 kilos de cocaína por chocar con el auto.
Es peruano y tiene 30 años. Llevaba la droga en un auto, pero chocó en Flores. Discutió con los ocupantes del otro vehículo y por eso se acercó la policía. Ahora intentan dar con sus jefes.
El hombre adentro del patrullero parece un condenado a muerte. No se le mueve un músculo de la cara. El flequillo despeinado, las manos en la espalda, esposadas, el torso como empujado hacia el suelo por una extraordinaria gravedad, los ojos entrecerrados, como si intentara rezar o insultara por lo bajo su desatino, su mala suerte, el corto camino que hizo la mañana de ayer desde que le cargaron el auto. Alguien, un engranaje de la próspera máquina del narcotráfico local, lo mandó a hacer eso que debe haber parecido un trámite más, bajo el sol generoso de un día diáfano aunque invernal. ¿Qué hacían cinco bolsos azul y rojo llenos de ladrillos de cocaína casi pura? ¿De dónde venían? ¿A dónde iban? Pedro Jesús Guerrero Ayala, 30 años, limeño, declaró que un desconocido lo cargó en Cobo y Curapaligüe, que era un gil, un chofer de la remisería Santa Rosa de Lima, de la Villa 1.11.14, la misma que fue allanada hace un mes por la Justicia federal que persigue a una organización liderada por narcos peruanos en el Bajo Flores. Si se confirma que la cocaína es de máxima pureza, como se presumía ayer pero con estudios aún preliminares, se estaría ante el más grande cargamento del polvo encontrado en la Capital en la última década.
El chofer del infortunio de los 173 kilos iba al volante de un Peugeot 504 gris con vidrios polarizados. La ansiedad por llegar a destino le jugó en contra cuando avanzando por la avenida Juan Bautista Alberdi dobló hacia la derecha en la calle Moreto, como quien va hacia la avenida Rivadavia. Fue justo en esa maniobra donde su coche le tocó la cola a la Fiorino blanca en la que iban dos distribuidores de otras mercaderías, en ese caso legales. El toque les causó un daño menor a los dos vehículos, que se estacionaron casi a la mitad de la cuadra. Los de la camioneta le exigieron los papeles del coche para poder tramitar el pago del seguro. El hombre se negó. Sólo atinó a sacar veinte pesos del bolsillo para ofrecerlos como magra indemnización a los cada vez más enardecidos reclamantes, quienes se los rechazaron. Así vinieron los gritos, la discusión.
Por pura casualidad pasaba por el lugar un patrullero de la comisaría 40ª, que tiene jurisdicción sobre la zona de Parque Avellaneda. Los agentes notaron la discusión. "Se bajaron para prevenir que la cosa pasara a mayores", contó ayer un satisfecho comisario Sergio Maldonado. "Fue un hecho fortuito", reconoció al tiempo que halagó el trabajo de los policías que sospecharon del conductor del Peugeot porque se puso demasiado nervioso al momento de tener que mostrar los papeles. Uno de ellos vio que en el asiento trasero había dos bolsos deportivos llenos y que en uno, con el cierre abierto, se veían unos panes envueltos prolijamente en nylon. Cuando abrió la puerta del coche sintió el olor a aceite automotor y gasoil que salía del paquete. Pensó, por el color exterior de los ladrillos, que se trataba de marihuana. Pedro Guerrero Ayala quedó inmóvil. No iba armado. No se resistió a la detención. Sólo comenzó a esbozar algunas explicaciones que no aclararon sino oscurecieron su delicada situación.
En el baúl aparecieron otros cuatro bolsos. En todos había una cantidad casi similar de panes envueltos: cada uno de unos 1100 gramos. En total fueron hallados 160 ladrillos de cocaína de alta calidad: unos 173 kilos de la sustancia, valuada en el mercado porteño de la droga a entre 6 y 7 mil dólares. Colocada en su frecuente destino europeo la sustancia llega a los 60 mil euros, por eso se calcula que lo que ayer se encontró podría llegar al millón de dólares en nuestro mercado. Y a más de diez millones de la moneda europea. Lo que les causó cierta extrañeza a los hombres de la División Drogas Peligrosas de la Federal fue que el conductor de tamaño encargo no llevaba encima ni siquiera el registro de conductor. Por eso piensan que en algo no mintió en su primera y nerviosa versión ante los policías que lo pillaron: que iba a Floresta.
Ahora, tras el increíble traspié de los narcos, son varios los jueces que quieren hablar con el hombre detenido, además del que ya tiene esta nueva causa federal, Julián Ercolini. En principio, lo que resulta obvio para los pesquisas es que la droga vino en camión del norte, camuflada, por eso el olor a combustible y el aceite. De Pedro Guerrero Ayala sólo se sabe que sería de Lima, llevaría un año y medio en Buenos Aires y vivía en la esquina de Cobo y Curapaligüe. "Es probable que no sea un alto mando de la organización y hasta que no haya ganado demasiado por el trabajo que estaba haciendo", le dijo ayer a este cronista un hombre cercano a las familias peruanas más encumbradas en el mercado ilegal porteño. "Lo que es terrible es que el hombre sabe que está muerto. O porque perdió un millón o porque no quieren que hable, pero corre peligro", le dijo dramáticamente un investigador a este diario. Menos preocupada por el destino del muchacho, otra fuente judicial consideraba el incidente como "la demostración de que las bandas investigadas hasta ahora como la liderada por Marcos Estrada González –el supuesto capo prófugo– son apenas un eslabón de la cadena porque el gran negocio sigue hacia arriba".

4 de julio de 2007
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una nieta recuperada


[Alejandra Dandan] Habla Belén, la nieta 88 recuperada por abuelas de Plaza de Mayo. "Voy a empezar a reconocerme".
"Sumo familia y ahora quiero empezar a reconstruir mi historia, a conocerlos", dijo Belén a Página/12, desde Córdoba, donde dio una conferencia de prensa. Habló de cómo se decidió a buscar su identidad y del encuentro con su familia biológica.
Belén pensó que podía ser hija de desaparecidos hace dos años, cuando la televisión empezó a hablar más francamente de estas cosas. "Yo particularmente no tenía conocidos que habían pasado por estos temas", dijo ayer a este diario. Belén presentó su historia por primera vez ayer, en la casa de las Abuelas de Plaza de Mayo de Córdoba. "Creo que al verme se veían en ellos", contó sobre el encuentro con su familia, que se produjo el lunes en el despacho de la jueza María Servini de Cubría.
Ella nació los primeros días de agosto de 1977 en la maternidad del hospital militar de Campo de Mayo, mientras sus padres estaban secuestrados. Se los habían llevado el 13 de mayo de la casa de Florencio Varela. Horacio Altamiranda y Rosa Luján Taranto se habían conocido en un baile, militaban en el PRT-ERP y a esa altura tenían 21 y 19 años, un hijo de 4 años, una de 2 y a Belén con siete meses y medio en la panza de su madre.
Lo que sucedió con ella y sus padres de allí en adelante ahora es parte de un expediente judicial que conservan las Abuelas, y ella pudo empezar a revisar hace un tiempo. Rosa Taranto estuvo en El Vesubio hasta el momento del parto. Con ocho meses de gestación la trasladaron al hospital militar, para una cesárea. Le arrebataron a su hija apenas nació. Tres meses más tarde, se sabe ahora, el Movimiento Familiar Cristiano –según denunciaron las Abuelas– entregó a esa niña en adopción. Esa niña ahora es la que habla: "Ahora voy a empezar a reconocerme y reconstruir algo que quedó hace 30 años".

¿Cuando empezó la búsqueda?
En realidad fueron varios años de pensarlo, fue plantearlo con mi hermano y mis amigas y un día me tocó tomar la decisión y empecé.
Eso fue para marzo de 2005. Belén ya estaba viviendo en Córdoba, para entonces sabía que había sido adoptada, que quienes la criaron no eran su familia y que no le mintieron.
"Desde que tengo uso de razón –dijo ayer– me lo dijeron, incluso siempre nos dieron la posibilidad de que si teníamos algún tipo de duda nos iban a ayudar."
Y le dijeron que era hora de que busque sus raíces. En su casa vivía un hermano, también adoptado que acompañó ese proceso. La familia completa vivió en Buenos Aires hasta 1987 cuando se trasladaron a Córdoba. Para marzo de 2005, Belén habló del tema con una de sus amigas. Ella se llama María, fue quien se encontró con el 0800 de las Abuelas en un video clip de la Bersuit, y le pasó el número.
–Con ese número llamé por teléfono –dice Belén ahora–, y después llamé a las abuelas de Córdoba, me presenté. "No me voy a animar a hacerlo después", me dije, por eso vine y después, de marzo a septiembre no volví, como que también quería esperar un tiempo.
Entre uno y otro momento, murió su padre y eso terminó siendo clave. Un mes más tarde volvió a Abuelas para terminar la búsqueda. Allí, las Abuelas ya la esperaban con una carpeta de documentos. La Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) le dio su partida de nacimiento, el legajo de adopción y pidió finalmente los análisis genéticos para determinar la filiación. Ese camino terminó el lunes pasado, cuando voló a Buenos Aires para reunirse en el despacho de la jueza federal Servini de Cubría con sus tres abuelos, tíos y dos hermanos.
–Es muy fuerte, no lo podía creer, es como que todavía estoy cayendo –dijo–. Llega un momento en que querés saber quiénes son tus padres, a mí me pasó de más grande, a eso de los 23, de chica o de adolescente, tal vez tuve dudas pero por ahí no tenía ganas de saber.

¿Qué quisiera saber de sus padres?
En realidad es una suma, sumo familia y ahora quiero empezar a reconstruir mi historia, a conocerlos, son muchos, es una familia muy grande.
En la conferencia de prensa estuvo su hermano y ella habló. No es habitual que quienes pasaron por situaciones parecidas se animen a hacerlo tan recientemente. La situación de legalidad que rodeó a la adopción o a lo que ella sabe de ese momento, parece haber ido preparándola. Sabiendo al menos que había otra parte de su historia que no tenía.
"Que no signifique una ruptura con su familia de adopción también la ayudó", explica Gaudalupe Ziraldo, de Abuelas de Córdoba, que acompañó ese proceso. "Muchos vienen después de que sus papás adoptivos fallecen, porque tienen miedo de lastimarlos. En el caso de Belén, es distinto porque su búsqueda no significa una ruptura; de hecho su hermano la acompañó y también su madre y esto de poder sumar y que esto no significa un quiebre también importa."
Como el clip de la Bersuit, las Abuelas hacen circular ese 0800 entre bandas de música, productoras y recitales de todo el país. Saben que sus nietos dejaron de ser niños y ahora están entre los jóvenes. "Con los años, el proceso cambió", señala Ziraldo. "Ellos son los que ahora protagonizan sus búsquedas, llegan con dudas, sus fechas de nacimiento y son partícipes de todo el proceso. Antes los buscaban las abuelas, con una vía legal que se hacía lentísima."
Irma Rojas es la abuela de Belén, la madre de su padre. Ella fue quien empezó a buscarla en 1982, a través de la Justicia. Pasaron 25 años de ese momento. Belén tiene una hija de diez años y ahora ella buscó a su abuela y la encontró.
Entre el lunes y martes último cuando se conoció la noticia, los teléfonos de Abuelas en Córdoba volvieron a sonar. Su caso provocó otros seis aportes de datos de otros casos y la presentación de cuatro personas que quieren saber si son hijos de desaparecidos.

4 de julio de 2007
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