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niños robados, legajos desaparecidos


Investigan en San Nicolás 66 expedientes de adopciones durante la ultima dictadura. Como en Capital y San Isidro, en San Nicolás estudian viejos casos que pueden ayudar a encontrar jóvenes que fueron apropiados. Pero allí, hay 44 expedientes que no aparecen y un juez que se resiste a entregar dos legajos.
[Irina Hauser] Argentina. La fiscalía federal de San Nicolás, que encabeza Juan Patricio Murray, investiga 66 expedientes de guarda y adopción que tramitaron durante la última dictadura, con la sospecha de que al menos algunos de ellos pudieron haber escondido la entrega de hijos de desaparecidos. Es el mismo tipo de rastreo que, como reveló Página/12, están realizando el juez Norberto Oyarbide en los juzgados de menores de Capital Federal y la jueza de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, en el juzgado (de la fallecida Ofelia Heft) que dio en adopción a Marcela y Felipe Noble Herrera, mientras la Corte Suprema bonaerense arma una base de datos de consulta permanente sobre procesos de adopción durante el terrorismo de Estado. El caso de San Nicolás pone en evidencia no sólo las irregularidades en los trámites originales de guarda, sino los mecanismos del propio Poder Judicial para, aún hoy, impedir la reconstrucción de historias de vida y la restitución de la identidad de los chicos apropiados. Tan es así que de los expedientes que están en la mira hay 44 que no aparecen, y hasta le abrieron una causa a un juez por resistirse a entregar dos legajos.
El ex juzgado de menores (ahora de responsabilidad penal juvenil) de San Nicolás funciona en una casa. Los expedientes de guardas que ya no están en uso fueron quedando amontonados en una habitación al fondo. "Prácticamente a la intemperie, sucios, con manchas de humedad, rotos", describía un informe de un grupo de especialistas de Abuelas de Plaza de Mayo, que participaron en esta investigación. "Cuando un joven quiere iniciar una búsqueda sobre su origen biológico esta información es fundamental, dato que los empleados (judiciales) no pueden desconocer", resaltaba el documento. Tanto Abuelas como la fiscalía que asumió la pesquisa parten de la idea de que el recorrido y las anomalías en los papeles que dan cuenta de guardas y adopciones durante la dictadura podrían facilitar el hallazgo de chicos nacidos en cautiverio o arrancados a sus padres secuestrados. A su vez, esta información ayudará a establecer la responsabilidad de los jueces en las apropiaciones, a las que procuraron dar aspecto de legalidad.
El equipo de investigaciones de Abuelas pidió al juzgado de San Nicolás 66 expedientes que debieron haber tramitado allí. La respuesta fue que sólo había 22 y el resto era imposible encontrarlos. La mayoría de los que aparecieron son del período 1976-1979, cuando el juez a cargo era Carlos Marchetti, el mismo que la semana pasada la Cámara Federal de Rosario ordenó volver a investigar por las irregularidades advertidas en la adopción de Manuel Gonçalves Granada, quien había sido entregado a personas conocidas del magistrado, y recuperó su identidad en 1995.
Marchetti había dado en guarda a Manuel a una prima de su primo. Nunca publicó edictos ni solicitadas para intentar hallar a su familia biológica y el único papel que daría cuenta de "citaciones cursadas a los familiares" sería falsa: estaba firmada supuestamente por el principal Jorge Russo, que dijo que no conocía a Marchetti, y además por su rango no podía rubricar ese trámite. Los adoptantes figuraban como casados –aunque no lo eran– y se obviaron los informes socioambientales propios de una adopción. En 1977, a una pareja de San Nicolás que preguntaba por el chiquito, el juez les dijo: "Muerto el perro se acabó la rabia". Reconstruir todo esto no fue sencillo ya que faltaba lo fundamental para poder empezar: había sido arrancada la hoja del libro índice que es la que permite identificar el expediente de guarda. En muchos de los casos que están bajo investigación sucedió lo mismo. Faltan esa y otras páginas.
Manuel Goncalves se convirtió en el impulsor de la investigación contra Marchetti, el juez civil de Lomas de Zamora Juan Delfín Castro y otros funcionarios judiciales que posibilitaron la supresión de su identidad. El juez de San Nicolás Carlos Villafuerte Ruzo los había sobreseído con el increíble argumento –revertido por la Cámara– de que la culpa había sido de Ana, la mamá de Manuel, que como forma de protegerse y protegerlo había cambiado su nombre y el de su bebé.
Los 66 expedientes que Abuelas y la fiscalía de Murray rastrean se corresponden con niños que son hallados y entregados al juzgado como "NN". Los documentos fueron requeridos al actual juez de esa dependencia, José Emilio Luciano. La primera respuesta del magistrado fue que las causas de guarda con fines de adopción habían sido remitidas a juzgados civiles. Sin embargo, allí informaron que los datos de los libros del juzgado de menores eran inexactos. No fue el único entuerto que tuvieron las Abuelas y la fiscalía con el juez Luciano. Cuando pidieron la búsqueda de los papeles de un caso específico que había sido señalado por la Conadi (Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad) como el de un probable hijo de desaparecidos, tanto su juzgado como el de la jueza civil Amalia Fernández Balbis contestaron que no los encontraban. El 21 de marzo último fueron intimados por la Suprema Corte bonaerense a "efectuar una exhaustiva búsqueda", "con la celeridad que el caso amerita". Para ese entonces, Luciano ya tenía abierta una causa por resistencia a la autoridad por negarse a dar los expedientes de dos menores hijos de desaparecidos. Murray pidió la indagatoria de Luciano a fines del año pasado, pero hasta ahora el juez Villafuerte Ruzo no le hizo lugar.
Luciano fue secretario de Marchetti en el Juzgado Penal Número 3 de San Nicolás entre 1979 y 1984. Allí tramitó la causa por el asesinato de Osvaldo Cambiasso y Eduardo Pereira Rossi en la que fue sobreseído hacia finales de la dictadura el ex subcomisario Luis Abelardo Patti. Luciano luego devino fiscal y, finalmente, juez de menores. Marchetti se fue a la actividad privada. Es abogado personal de Naldo Brunelli, secretario general de la UOM local quien, según fuentes judiciales, tiene un hijo adoptivo dado en guarda por Marchetti en 1977.
Los 44 expedientes faltantes siguen sin aparecer. Como informó este diario, según explicó el abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, Alan Iud, el 30 por ciento de los 104 nietos que pudieron recuperar su identidad "fueron robados por procedimientos de guarda y adopción", lo que demuestra la importancia de poder sacarlos a la luz.
22 de mayo de 2011
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cae represor de campo de mayo


Detuvieron a un represor de Campo de Mayo a partir de los testimonios de ex conscriptos. Carlos Tomás Macedra logró mantenerse en el anonimato durante 35 años. Ex conscriptos que declararon en la causa de Campo de Mayo lo identificaron como el asesino de Florencia Villagra y el secuestrador de Gustavo Cabezas, y fue detenido. El relato desde adentro.
[Victoria Ginzberg] Argentia. El 10 de mayo de 1976, Gustavo Alejandro Cabezas y Florencia María Villagra estaban repartiendo panfletos en una plaza de Martínez cuando fueron abordados por un grupo de la Sección Segunda de la Compañía Demostración de la Escuela de Comunicaciones de Campo de Mayo a cargo del teniente primero Carlos Tomás Macedra. A Gustavo lo subieron a un auto y se lo llevaron. Florencia logró desprenderse del soldado que la sujetaba y empezó a correr. Recibió un disparo en la espalda y murió. El relato del hecho figura en la declaración de José Luis Aguas, que en ese momento era un conscripto. Aguas vio y sintió cómo ella se apagaba. La agonía duró un minuto. Hasta que dejó de respirar. Al rato llegó la policía. Un agente se acercó, se agachó al lado del cuerpo e intentó sacarle el reloj y una cadenita. Aguas le mostró la pistola. "Si la tocás, te mato", lo amenazó.
Macedra está preso. Fue arrestado hace diez días. Había logrado pasar desapercibido durante 35 años. Su nombre no figuraba en la lista de represores denunciados por los organismos de derechos humanos. No fue reconocido por los sobrevivientes, pero ahora fue mencionado por los conscriptos que están declarando en la causa en la que se investigan los crímenes cometidos en Campo de Mayo. Estos nuevos testigos permitieron acceder a datos y responsables hasta ahora ocultos y, en este caso, reconstruir en detalle el operativo en el que se secuestró a Gustavo Cabezas y se asesinó a Florencia María Villagra.
Los dos jóvenes fueron interceptados el 10 de mayo de 1976 por un grupo de uniformados en la plaza de Martínez. Eso lo narró el mismo día del hecho José Carballo, que estaba con los chicos mientras repartían o pegaban unos volantes alrededor de la plaza. Carballo, que desapareció el 3 de junio de ese año, logró evadir la patrulla del Ejército y fue a la casa de Thelma Jara de Cabezas –la mamá de Gustavo– a avisar que se habían llevado a sus compañeros.
Aguas relató ante el tribunal que abordaron a Gustavo y Florencia porque mientras patrullaban por la zona su jefe los identificó como "sospechosos". "El chico era joven, no tendría 18 años, de pelo medio largo, de tez blanca. Y la chica de la misma edad, muy bonita de cara, tenía una campera de jean tipo Lee. Macedra los separa y comienza a interrogar. Estaban muy nerviosos y lo que decían no coincidía", narró Aguas.

–Estos hijos de puta algo traen, fijate debajo de los autos si hay panfletos o algo que hayan tirado por ahí –le dijo Macedra a Aguas.

El conscripto vio pegatinas en algunas fachadas que hablaban de una reunión universitaria o política. Cuando miró debajo de los autos, vio una bolsa pequeña, pero intentó disimular. Debajo del camión había otra que Macedra también vio, así que no la dejó pasar. El jefe le dijo que la levantara y volviera a la plaza.
Gustavo y Florencia estaban rodeados por soldados. Macedra sacó su 45, le pegó al joven en la cabeza y le dijo: "Hijo de puta, vas a cantar todo lo que sabés". Los conscriptos se sorprendieron, se quedaron "pasmados" (en palabras de Aguas). El chico sangraba. Lo subieron a la camioneta boca abajo. Florencia logró zafarse de la persona que la estaba sujetando y salió corriendo. Avanzó treinta o cuarenta metros, hasta que Macedra sacó su pistola y gritó: "Parate o te mato". Tiró dos disparos hacia arriba. El tercero fue hacia el centro de la espalda de la chica, que cayó al piso. Dos soldados, que venían corriendo desde la camioneta, se quedaron paralizados a unos quince metros de Florencia. Aguas se acercó al cuerpo. Florencia jadeaba. El charco de sangre era grande.
El soldado le dijo a Macedra que estaba viva y que había que llamar a una ambulancia. "No, dejá, yo sé dónde le pegué", fue la respuesta. Aguas se quedó a su lado mientras agonizaba e impidió que un policía rapiñara el cadáver. No vio qué pasó con Gustavo. Un compañero le dijo que lo habían subido a un patrullero.
Cuando llegaron al cuartel, los conscriptos comentaron entre ellos lo que había pasado. Los que se habían quedado dijeron que lo habían escuchado por radio. Que lo habían informado como un enfrentamiento. Los que acababan de llegar aseguraron que no había sido así. Era de madrugada y se fueron a dormir. A las seis de la tarde, Macedra juntó a todo el grupo. "Quiero que sepan que matar a una persona no es nada grato, yo también estoy mal por el hecho sucedido, pero gracias a las declaraciones del detenido hemos encontrado esta bandera y en un domicilio un polígono de tiro", les dijo y desplegó una bandera del ERP. (Gustavo y Florencia militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios, UES, vinculada con Montoneros). Los soldados se mantuvieron en silencio. Macedra agregó: "Ustedes vieron que me tuve que defender, pues me disparó con el treinta y ocho que llevaba en su cartera". Y se fue. Los conscriptos coincidieron en que lo que decía Macedra no era cierto, pero que era la versión que debían dar para no tener problemas si alguien preguntaba. Muchos estaban nerviosos y no querían salir a patrullar nunca más.

Una Colimba Particular
"Con esta declaración y la detención de Macedra queda comprobada la importancia de los testimonios de los que hicieron la conscripción en aquellos años. Demuestra que los oficiales y suboficiales van presos. Tanto los querellantes como los familiares de las víctimas creemos que los conscriptos no tenían más opción que estar ahí, ellos no tienen responsabilidad, incluso hay colimbas desaparecidos, pero necesitamos que se acerquen para que nos ayuden a saber qué pasó con nuestros familiares", dijo a Página/12 Daniel Cabezas, hermano de Gustavo, que impulsa junto con abogados y familiares de desaparecidos en Campo de Mayo una campaña para que los ex conscriptos se presenten como testigos. A diferencia de la ESMA, en Campo de Mayo hay pocos sobrevivientes y el relato de los ex soldados obligados puede revelar nombres de represores desconocidos o detalles sobre el destino de las víctimas, como en este caso.
Durante su declaración, Aguas narró que entró al Servicio Militar a principios de 1976. Fue destinado a la Escuela de Comunicaciones con asiento en Campo de Mayo y luego al Arsenal Esteban De Luca, en Boulogne. Apenas llegado, le informaron que habría un golpe de Estado. Le enseñaron a entrar en viviendas y desplazarse en patrullas por la ciudad. Golpeaban domicilios, revisaban personas, entraban a hoteles transitorios de la Panamericana, entre otras cosas. "Una vez –contó– se detuvo a una persona porque no tenía documentos y así fue que se detuvo a varias, que eran trasladadas a la comisaría de Boulogne. Casi siempre era a esa comisaría y muy rara vez a la de San Isidro y José León Suárez. Cuando pasábamos por las comisarías dentro del patrullaje, algunos policías decían que alguna persona que habíamos detenido, que no era nadie en especial, no la veríamos más. Primero creí que era una bravuconada, pero después nos dimos cuenta, cuando desaparecieron dos compañeros de comando y servicios, cuyos nombres no recuerdo, que aquello podía ser cierto."
Aguas reveló que durante uno de esos "patrullajes" Macedra violó a una chica que había detenido en un "control de autos". Que él y sus compañeros estuvieron como "grupo de apoyo" en un operativo en la zona de Martínez donde murieron dos personas y que también los llevaron a un sitio donde, según les dijeron, estaba escondido Mario Roberto Santucho, el líder del ERP. Allí se limitaron a mirar, pero "cuando terminó el hecho un grupo de soldados que actuó ingresó a la casa y cuando salían, muchos de ellos vomitaban. Se rumoreaba que en el lugar se encontró un matrimonio, un bebé y otra chica más. Los soldados se preguntaban qué grupo de extremistas estábamos buscando si era una familia".
El testigo no tuvo contacto con los sitios que, dentro de Campo de Mayo, fueron usados como centros clandestinos de detención. No vio tampoco a secuestrados pero aclaró que cuando hacían guardia, nadie quería que le tocara el puesto 6 porque desde ese lugar se escuchaban gritos de lamentos y de personas que pedían ayuda.
22 de mayo de 2011
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carta a la liga argentina


Después que terminó el interrogatorio vino a mi lado y me contó, "lo lindas que eran las fotos de mis hijas que estaban en mi casa". Estaba vestida con ropa mía, por lo cual supe que había participado del allanamiento y el saqueo de mi casa. Me sigo preguntando, ¿por qué no la puedo acusar?
[María Inés Luchetti de Bettanín] Argentina. Mi suegra Juani Bettanín y yo recorrimos junto a muchos familiares distintos foros en el extranjero, e iniciamos junto a otros sobrevivientes, la causa Feced en Rosario en diciembre de 1983.  Hemos reclamado por la aparición con vida de mis cuñados Jaime Colmenares, Guillermo Juan Bettanín y Leticia Jones y denunciamos nuestros propios secuestros y el de mis hijas Mariana y Carolina Bettanín, el nacimiento en cautiverio de mi hija Cristina Inés Bettanín, y los asesinatos de mi marido Leonardo Bettanín y mi cuñada Cristina Bettanín el 2 de enero de 1977. Hoy nos encontramos al final de las testimoniales del juicio oral a Díaz Bessone. Quiero decirles que antes de declarar en este juicio el pasado 30 de noviembre, recorrí los recortes periodísticos de 1984 que aún preservo. Y no sólo en mi testimonio y el de mi suegra, sino en el de casi todos los compañeros denunciábamos entonces a cinco ex militantes que optaron por pasar a formar parte del aparato represivo para preservar sus vidas. Nadie en aquellos días objetó nuestra palabra. Como tampoco se objetó en la elevación a Juicio Oral de la Causa Díaz Bessone.
En octubre de 2010 adherí a la carta enviada a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, cuestionando su desistimiento de acusar a Ricardo Chomicki y Nilda Folch, basado en un dictamen de la Procuraduría General de la Nación de 2008. Aquellas palabras tocaron lo más profundo de mi alma y fueron un bálsamo para mi añosa soledad sobre estos temas. Siempre que pensaba en ellos, me inundaba un profundo sentimiento de injusticia no reparada. Me preguntaba ¿por qué no podemos enjuiciar a Folch (la Polaca o Victoria), por denunciar a los guardias que mi suegra le había pedido un cigarrillo? A raíz de esta denuncia de Folch, Darío, un miembro de la Brigada, pateó y golpeó a mi suegra, quien se encontraba a mi lado después de haber sido torturada y violada. Folch también participó activamente en mi interrogatorio la noche en que me secuestraron, me acusó de mentir y fue la causante de que los policías me pegaran aún más. Yo estaba embarazada a término. Después que terminó el interrogatorio vino a mi lado y me contó, "lo lindas que eran las fotos de mis hijas que estaban en mi casa". Estaba vestida con ropa mía, por lo cual supe que había participado del allanamiento y el saqueo de mi casa. Me sigo preguntando, ¿por qué no la puedo acusar?
¿Por qué razón no puedo acusar y pedir juicio y castigo para Ricardo Chomicki (el Cadi), que fue quien marcó a Marisol Pérez Losada en un bar al que ella había ido a una cita con un compañero? Esto sucedió en circunstancias en que Chomicki tomaba alegremente un café en ese bar con miembros de la patota de Feced sin estar en operaciones. Así nos contó Marisol su secuestro. Aún hoy no sabemos qué hicieron con ella, quien la mató, dónde la enterraron. El Pollo Baravalle lo sabía y Folch y Chomicki lo saben. Como también saben quién se llevó a Alicia Tierra, embarazada de cuatro meses y dónde y cómo la mataron.
¿Por qué no podemos acusar y enjuiciar a quienes, eligieron formar parte del enemigo y en esa condición, no como víctimas, picanearon, golpearon y enterraron compañeros en el Servicio de Informaciones de Rosario? ¿Por qué no podemos demandarlos por años de pacto de silencio con las fuerzas represivas? Jamás ninguno de ellos colaboró para encontrar a ningún compañero, ni muerto, ni desaparecido. Ningún familiar tuvo una sola palabra de ellos sobre el destino de sus seres queridos. La complicidad les dura hasta hoy. Tengo muy claro que lo que se está juzgando son delitos de lesa humanidad, perpetrados por un aparato represivo que instrumentó el Terrorismo de Estado para eliminar la resistencia a la dictadura militar. Folch, Chomicki, Brunato y Baravalle decidieron formar parte de él. Me sigo preguntando: ¿aplican ustedes a estos casos la Obediencia Debida contra la cual tanto hemos luchado? Nuestras estrategias de supervivencia y resistencia, en la inmensa mayoría de los sobrevivientes del Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía de Rosario no incluyeron la eliminación de nuestros compañeros para preservarnos. Y elegimos, aún en las peores condiciones, no sobrevivir a cualquier precio. Por ello, tampoco acepto que se tienda un manto de sospecha generalizado sobre nuestras conductas, en el sentido que marca del dictamen de la Procuraduría cuando señala que "todos de alguna manera colaboraban". Porque no ha sido así durante mi cautiverio en el Servicio de Informaciones ni en la Alcaidía de la Jefatura de Policía de Rosario.
Por todo esto propongo que la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, así como lo ha hecho Familiares, den libertad de acción a cada equipo legal, sin presiones sobre ellos, porque no todos los campos de concentración han sido iguales. Por todo lo expuesto les solicito consideren escuchar y respetar mi voz, que se une a la de muchos sobrevivientes del Servicio de Informaciones de Rosario. Y en consecuencia instruyan a sus abogadas (que son también quienes llevan adelante mi querella particular) para que acusen a todos los civiles, militares y eclesiásticos del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército de Rosario y del Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía de Rosario, sin exclusiones de ninguna clase. De lo contrario, debo pedirles que se abstengan de acusar en mi nombre al momento de alegar.
[La autora es sobreviviente del Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía de Rosario (2 1 77 al 11 10 de 1977).]
21 de mayo de 2011
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brasil extradita a militar fascista


Corte Suprema de Brasil extradita a ex militar argentino Tozzo.
Brasil / Argentina. El Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil determinó este jueves por mayoría la extradición del mayor del ejército argentino, Norberto Raúl Tozzo, acusado de participar en la masacre de Margarita Belén, ocurrida en 1976.
Con ocho votos contra uno, la mayoría del pleno se expresó a favor de extraditar a Tozzo, que ahora deberá ser juzgado por el Tribunal de Primera Instancia de Resistencia, capital de la norteña provincia del Chaco (Argentina), según las informaciones del STF en su página de Internet.
El militar es acusado de haber participado el 13 de diciembre de 1976 de la matanza de Margarita Belén, localidad de la provincia del Chaco, en la que murieron 22 presos políticos, en su mayoría militantes del movimiento Juventud Peronista.
No obstante, cuatro de los 22 presos fusilados, en un simulado tiroteo por una supuesta fuga, siguen desaparecidos, razón por la cual la extradición del uniformado fue considerada por el STF como "parcial", pues fue determinada para que Tozzo solo responda ante la Justicia argentina por el crimen de secuestro calificado.
Las desapariciones de ese tipo durante la dictadura argentina son consideradas en ese país como un delito de lesa humanidad que no prescribe, con una pena que puede llevar a la prisión perpetua.
En cuanto a las acusaciones por homicidio, la máxima corte brasileña consideró que estas prescribieron, diferente del tratamiento en Argentina.
Como en Brasil no existe cadena perpetua, Argentina deberá respetar la condena máxima de 30 años estipulada por la legislación brasileña y conmutar el tiempo de cárcel que Tuzzo ya purgó en Brasil, desde su arresto en septiembre de 2008 en Río de Janeiro, detalló el STF.
La defensa de Tuzzo alegó ante el tribunal brasileño la falta de pruebas en las acusaciones y la amnistía concedida por el expresidente argentino Carlos Menem.
Después de la decisión de la Justicia, la extradición ahora deberá ser autorizada por la presidenta brasileña, Dilma Rousseff.
20 de mayo de 2011
19 de mayo de 2011
©la nación

declaró marie monique robin


Declaro la periodista gala Marie Monique Robin. Todo lo que admitió Díaz Bessone.
Argentina. "Ramón Genaro Díaz Bessone me dijo que participó en entrenamiento en la guerra contra la subversión con franceses presentes en Rosario", dijo la periodista francesa Marie Monique Robin, autora del documental ‘Escuadrones de la muerte en la escuela francesa’, quien ayer declaró vía teleconferencia ante el Tribunal Oral Federal N? 2 en el marco de la causa Díaz Bessone. El trabajo muestra al ex general del Ejército reconociendo la instrucción de militares franceses, método con el que se llevó adelante la represión en Argentina. "En él se inscribe acabadamente la influencia de la escuela francesa en la metodología del terror aplicada en Latinoamérica", señaló Robin, quien además remarcó otra confesión militar. "Los generales argentinos me confesaron que no pensaron que después de la guerra iban a encontrarse con los familiares por la calle", afirmó la periodista.
"Me entrevisté con Díaz Bessone el 13 de mayo de 2003 en el Círculo Militar de Buenos Aires, aunque en el documental dieron su testimonio los argentinos (Reynaldo) Bignone, (Albano) Harguindeguy y López Aufranc, además de militares franceses, norteamericanos y chilenos, así como víctimas de la guerra sucia de Argentina y Chile. El documental empieza por la historia de Francia durante la guerra de Indochina en los años 50. Al final de la Segunda Guerra Mundial hubo una guerrilla que luchaba por la independencia. Mi país mandó a militares para terminar con la guerrilla del Viet Mihn y empezó la guerra que duró siete años", expresó la investigadora durante la teleconferencia.
"La lección más importante de los franceses fue la necesidad de un buen aparato de inteligencia. Están en todos los lugares..", reconoce Díaz Bessone. La división del territorio en zonas, subzonas. Todas las fuerzas armadas participaron, sin excepción. En cuanto a los desaparecidos, ¿qué podíamos hacer? ¿Fusilarlos? Se nos venía el mundo encima, ¿Encerrarlos? Un gobierno constitucional los liberaría.." dice Díaz Bessone en el documental.
Robin manifestó ante el TOF 2 que ha ganado "cinco premios internacionales gracias al video". Asimismo, la testigo detalló que, "en esta guerra moderna hay una concepción del enemigo que ya no es un soldado sino cualquiera, es el enemigo interno, como dice Díaz Bessone puede ser cualquiera, un alumno, tu vecino. El blanco es la población. Eso significa que la inteligencia es el arma fundamental. O sea, tortura para sacar la información".
Robin afirmó que "Díaz Bessone dice que cómo iban a sacar información si no se apretaba, se torturaba. La inteligencia es el arma principal. Eso se enseñó en las escuelas militares. Es un modelo de represión urbana. Secuestro, tortura y desaparición. Esto me dolió como francesa".
Comparando la represión en Argelia y Argentina confesó que vio "muchos documentos de archivo, el poder político entregó los poderes especiales al ejército en el caso de Argelia. No procedían los habeas corpus, las familias no sabían donde estaba el desaparecido. Muy pocos intelectuales franceses denunciaron esto y un solo general. Argentina fue el cuarto país en utilizar el método, los nazis, los franceses, Chile y Argentina", agregó.
19 de mayo de 2011
18 de mayo de 2011
©rosario 12

romano hacia la destitución


La Cámara Federal de Mendoza confirmó el procesamiento de uno de sus miembros, Otilio Roque Romano, por delitos de lesa humanidad y resolvió elevar su responsabilidad en los 76 hechos que se le imputan al establecer el grado de "partícipe necesario" en vez del de "secundario".
Argentina. El tribunal envió copia del expediente a la Corte Suprema y el Consejo de la Magistratura para acumular en el trámite de destitución ya iniciado. Otilio Romano está imputado por varios hechos de torturas, homicidio y privación ilegítima de la libertad en la década de 1970 cuando se desempeñaba como fiscal en el tribunal que subrogaba Miret, ya destituido.
Pese a la gravedad de los cargos, por los que podría ser condenado hasta a prisión perpetua, sigue en ejercicio de sus funciones como vicepresidente de la Sala A de la cámara.
El procesamiento había sido dictado por el juez federal Walter Bento, al que la defensa de Romano acusó de "enemistad manifiesta", pese a lo cual el Consejo de la Magistratura de la Nación ya inició un expediente para su destitución.
En el país hay casi medio centenar de funcionarios judiciales imputados por complicidad con delitos de lesa humanidad y sólo en Mendoza hay cuatro ex jueces, tres ex fiscales y el camarista ahora procesado.
19 de mayo de 2011
18 de mayo de 2011
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procesaron a represores de la perla


La Sala A de la Cámara Federal de Córdoba procesó por delitos de lesa humanidad al jefe del centro de clandestino de la última dictadura ‘La Perla’, el capitán retirado Héctor Pedro ‘Vargas’ Vergez, y a su número dos, el capitán retirado Ernesto ‘El Nabo’ Barreiro.
Argentina. Ayer, en la provincia mediterránea, también detuvieron al integrante de los grupos de tareas de la dictadura y ex carapintada Carlos ‘el Indio’ Castillo.
Los camaristas Roque Ramón Rebak, Luis Martínez y Octavio Olmedo, también dictaron el procesamiento del ex comandante Luis Alberto Cayetano Quijano; y Antonio Carlos Burgos, ex jefe del Área Material Córdoba de la Fuerza Aérea.
A Vergez lo procesaron por los homicidios de Pablo Daniel Ortman y Marcelo Leónidas Espeche, mientras que Barreiro Quijano y Burgos quedaron procesados por el homicidio y torturas de Daniel Héctor Rodríguez, todos entre 1976 y 1977.
No es el primer procesamiento para Vergez, ya que antes había quedado imputado por otros casos de delitos de lesa humanidad perpetrados en Córdoba durante el gobierno de ‘Isabel’ Perón, entre 1974 a 1976, por los que deberá ir a juicio.
El ex militar, que está detenido en Campo de Mayo, fue el jefe del Comando Libertadores de América de la Triple A hasta el golpe de Estado y luego pasó a desempeñarse como jefe de ‘La Perla’.
El centro clandestino funcionó en dependencia del Tercer Cuerpo de Ejército y está considerado uno de los más siniestros centros clandestinos de detención y exterminio del Terrorismo de Estado, calculándose que por allí pasaron unos 2 mil prisioneros.
Además, Vergez trabajó para la SIDE durante el gobierno del peronista Carlos Menem e incluso actuó de ’emisario’ ofreciéndole un millón de dólares al detenido Carlos Telleldín, hijo del ex jefe del Departamento de Informaciones (D2) de la Policía, para que desviara la atención en la causa AMIA.
Asimismo, en democracia, estuvo denunciado por liderar la "Asociación Nacional contra la Usura" (ANCU) que presuntamente extorsionaba a endeudados hipotecarios para quedarse con sus bienes.
19 de mayo de 2011
18 de mayo de 2011
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dieciocho años para apropiador


Dieciocho años de prisión para el policía que se apropió de Juan Cabandié, el legislador nacido en la ESMA. El ex agente de inteligencia de la Policía Federal Luis Antonio Falco recibió la máxima pena otorgada hasta el momento para ese delito.
[Victoria Ginzberg] Argentina. Dieciocho años. La pena máxima que, hasta ahora, recibió un apropiador de un hijo de desaparecidos. Esa fue la condena impuesta por la jueza María Servini de Cubría a Luis Antonio Falco por retener y ocultar a Juan Cabandié, además de adulterar su estado civil y falsificar sus documentos. Dieciocho años. Uno más que los que tenía Alicia Alfonsín cuando parió en un cuartito de la Escuela de Mecánica de la Armada. "Estoy aliviado. Feliz de que la Justicia haya actuado", dijo el legislador kirchnerista con voz pausada y calma cuando lo rodearon los micrófonos y las cámaras, todavía dentro de la sala del Palacio de Tribunales.
La audiencia fue corta. La secretaria leyó la condena. La jueza habló poco. Dijo que las fotocopias de la resolución se iban a entregar en la oficina 2113. Se hizo un silencio. El público –compañeros de Juan, su familia, amigos, otros nietos recuperados– y los periodistas se quedaron como esperando algo más. "Queda finalizado el acto", aclaró Servini de Cubría. Había terminado. Y entonces llegaron los aplausos y los abrazos, entre ellos el de Juan y su hermana Vanina, la hija biológica de Falco, que declaró contra su padre en el juicio. Por la ventana entraba la música, el sonido del acto que se estaba preparando a unos metros por los diez años de la causa en la que se investiga si los hijos adoptivos de la dueña de Clarín son víctimas del terrorismo de Estado.
El acusado no estaba. Como la causa se tramitó bajo el viejo código –lo que implicó que el proceso fuera escrito–, el apropiador pidió no concurrir a la lectura del veredicto. Falco, ex agente de inteligencia de la Policía Federal, fue arrestado la semana pasada. El juez Rodolfo Canicoba Corral lo había beneficiado con una eximición de prisión al inicio de la investigación, a pesar de que había estado prófugo. Servini de Cubría lo mandó detener el jueves pasado. Si hubiera ordenado su arresto ayer, en el momento de la sentencia, Falco podría haber seguido en libertad mientras apelaba el fallo. Ahora seguirá preso. Los abogados de Abuelas de Plaza de Mayo Alan Iud, Luciano Hazan y Agustín Chit se retiraron satisfechos: habían logrado la condena más importante para un apropiador. "Poco a poco vamos mejorando", decía Abel Madariaga, secretario de Abuelas y padre de un nieto recuperado.
Cabandié, que fue querellante en la causa, dijo que no le importaba cuantificar la condena, sino que se había hecho justicia. Que siempre pensaba en los 400 chicos que siguen desaparecidos y que fue por eso, justamente, por lo que se había animado a hablar en el acto del 24 de marzo de 2004, cuando se anunció que la ESMA sería un Espacio para la Memoria. "La verdad es la libertad absoluta", dijo en un conmovedor discurso ese día, a tres meses de haber recuperado su identidad. También agradeció a los que lo habían acompañado y habló de Vanina: "Mi hermana fue la primera persona a la que acudí. Hoy somos hermanos más que nunca".
Vanina Falco es la hija del apropiador de Cabandié. Hace 14 años que no lo ve. Antes de las dudas de Juan. Se alejó de la casa por la intolerancia y la violencia de Falco. En un hecho inédito, fue testigo de la causa y declaró contra su padre. "El primer recuerdo que tengo de él –de Juan– es con mi padre entrando con él en brazos. Estaba toda la familia reunida para recibirlo", contó en esa oportunidad. Que Falco esté preso no le genera contradicciones. Ayer estaba feliz. Y emocionada. Se acordaba del día en que Juan la citó en un bar del centro para decirle que creía que no era hijo de "ellos" y que pensaba que a lo mejor era hijo de desaparecidos. En ese momento, vio su vida como una película: la violencia de su padre, su discurso, que Juan nació en 1978, los nombres falsos hallados en una tarjeta, las diferencias físicas, las cosas que Falco le decía ("Yo sé lo que es que me pidan piedad de rodillas", la increpó una vez durante una discusión). Le cayó la ficha al instante y fue como si las piezas del rompecabezas se acomodaran solas.
Vanina y Juan esperan que Falco sea investigado por su rol en la represión ilegal. "Nosotros teníamos que decir que él era visitador médico. El se jactaba de haber hecho allanamientos y obtener artículos como una guitarra o discos. Estaba armado en cualquier momento del día. Y en la casa en la que me hicieron vivir había numerosos recuerdos, platos con escudos", recordó Juan cuando declaró en la causa. El testimonio de Vanina coincidió: "En el Mundial del ’78 mi padre realizaba tareas especiales de control. Estaba en seguridad". También se acordó de la guitarra con la que jugaba Juan. "¿Sabés de dónde la saqué? Me la traje de souvenir de un procedimiento", le dijo Falco. Y de las amenazas e interrogatorios que ella misma sufría. "Una vez, cuando yo tenía alrededor de doce años, encuentro encima de su cómoda una credencial con la foto de él y el nombre de Leonardo Fajardo. Le pregunto quién es y él me dice que era un nombre que utilizaba para hacer ciertas tareas", contó.
Ante la cercanía de la sentencia y con el arresto de Falco, Cabandié no pensó mucho en su apropiador. En cambio, se acordaba de sus padres, Alicia Alfonsín y Damián Cabandié, y del ex presidente Néstor Kirchner, que siempre le marcaba qué jóvenes habían sido ellos cuando se los llevaron.
Alicia y Damián fueron secuestrados el 23 de noviembre de 1977. Ella tenía 16 años (cumplió 17 durante su cautiverio) y estaba embarazada de siete meses. Fueron vistos en el centro clandestino El Banco y desde allí Alicia fue llevada a la ESMA. "Llegó casi rapada. Eso se lo habían hecho en El Banco. Era muy bonita, de una cara angelical, además de una sonrisa cautivante, era realmente un bebé embarazado que causaba ternura. Daban ganas de abrazarla todo el tiempo, era como mi nieta", narró Sara Solarz de Osatinsky, sobreviviente de la ESMA, que acompañó a la mamá de Juan durante el parto. "Nació un varón a quien Bebé (así le decían a Alicia) tenía en brazos siempre y mostraba con mucho orgullo y amor. El nene Cabandié quedó durante un tiempo junto a su madre, supongo que no sabían qué hacer con él o buscaban a quién dárselo." Juan y Alicia estuvieron juntos en la ESMA durante quince días. "Pienso que mis viejos estarían felices por esto. Lo más difícil de todos estos años fue saber que nunca más los voy a ver", dijo Cabandié a Página/12 antes de salir de tribunales.
18 de mayo de 2011
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