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el regreso de una nieta


Carla Rutila Artes dejó España y se radicará en la Argentina. Apropiada por el parapolicial Eduardo Ruffo, quien la sometió a toda clase de vejámenes, Carla recuperó su identidad en 1985. Dos años más tarde, su abuela Matilde la llevó a España. El sábado regresó al país corrida por la crisis económica.
[Juan Carlos Martínez] Argentina. Carla Rutila Artés (35), aquella niña que en 1976 fue apropiada por el parapolicial Eduardo Alfredo Ruffo, miembro de la banda de Aníbal Gordon que actuaba en el centro de tortura y muerte que fue Automotores Orletti durante la dictadura militar, acaba de regresar a la Argentina.
Rodeada por sus tres hijos y todavía con las huellas del viaje que emprendieron en Madrid el viernes 6 de mayo, Carla sintetizó las razones que determinaron su decisión de abandonar España después de casi veinticinco años de residencia en aquel país, al que había llegado en julio de 1987 con su abuela, Matilde Artés.
"La situación económica en España es muy grave. Hay cinco millones de parados. Yo soy uno de ellos, tengo tres hijos y no me quedó otra opción que venir a la Argentina, donde me han prometido un trabajo", explicó Carla a poco de su arribo.
Carla llegó al país el sábado pasado junto con sus hijos, Graciela (16), Anahí (12) y Enrique (7), todos ellos nacidos en España. Había estado en la Argentina en agosto del año pasado, cuando vino para dar testimonio en la causa por la que acaban de ser condenados el nombrado Ruffo (25 años de cárcel), el general Eduardo Rodolfo Cabanillas (perpetua), Honorio Carlos Martínez Ruiz (25 años) y Raúl Antonio Guglielminetti (20 años).
Carla fue recuperada el 24 de agosto de 1985 en un operativo en el que se detuvo a Ruffo y a otros miembros de la banda en una quinta cerca de Pilar. La niña fue restituida en la madrugada del 25, exactamente nueve años después de su secuestro en Bolivia.
Dos años después, su abuela Matilde Artés escapó con ella a España por temor a que Carla, que entonces tenía diez años, pudiera caer nuevamente en poder de Ruffo, quien había quedado en libertad merced a las leyes de punto final y obediencia debida dictadas durante el gobierno de Alfonsín tras el levantamiento carapintada de la Semana Santa de 1987.
"Yo soy chef, preparaba comidas y las llevaba a domicilios de personas mayores, pero no podía sostener los gastos de la casa. La situación familiar se agravó tanto que en los últimos tiempos tenía que ir a buscar comida a centros de ayuda social", reveló Carla.
"Hablé con Estela de Carlotto y le pedí que intercediera y de esa manera pude lograr que me enviaran los pasajes para viajar con mis tres hijos con la promesa de un trabajo", expresó Carla. Ella y sus hijos están momentáneamente alojados en un hotel a la espera de una solución concreta en materia laboral, lo que le permitirá comenzar una nueva etapa de su agitada vida.
"Yo agradezco a las Abuelas por su intervención y lo mismo a Enrique Borcel, presidente del Observatorio Hispano Argentino de Madrid, quien hace poco le envió una carta a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner haciendo referencia a mi situación. No dudo de que la Presidenta intervino, cosa que debo agradecerle en nombre de mis hijos y del mío propio", dijo Carla.

La Odisea de Carla
Carla nació el 28 de junio de 1975 en Lima, Perú. No era su lugar de residencia, pero allí se produjo el parto porque sus padres eran militantes populares que recorrían la geografía latinoamericana luchando contra las dictaduras. De Perú pasó con su madre, Graciela Rutila, a Bolivia, donde su padre fue asesinado por la dictadura de Hugo Banzer y allí comenzó para ella una odisea interminable. Graciela, quien era estudiante, había apoyado una huelga de trabajadores mineros en Oruro. Fue el comienzo del fin para aquella joven. La detuvieron el 2 de abril de ese año, la torturaron y junto con su pequeña hija la trasladaron a la Argentina en el marco del Plan Cóndor. Ambas fueron confinadas en Automotores Orletti, donde la niña fue apropiada por el torturador Eduardo Alfredo Ruffo. Carla tenía un año y tres meses cuando la separaron de su madre, cosa que recordó durante su testimonio en agosto pasado frente al Tribunal Oral que juzgó los delitos de lesa humanidad que se cometieron en ese campo de concentración.
Mientras permaneció en Orletti, la niña fue sometida a vejámenes delante de su madre para que ésta proporcionara información que sus verdugos trataban de sacarle sometiendo a la criatura a lo que se conocía como el submarino: la sumergían en un recipiente de agua caliente para pasarla de inmediato a otro de agua fría.
El martirio para Carla continuó durante los nueve años que permaneció en el hogar de los Ruffo. La propia Carla, en su declaración de agosto, reveló que Ruffo no sólo la sometía a malos tratos, sino que abusaba sexualmente de ella desde los cinco años.
Los fantasmas del pasado siguieron rondando por su existencia. En 1987, una nueva odisea: la fuga de la Argentina porque la impunidad de asesinos y torturadores ponía nuevamente en riesgo su libertad.
En España comenzó una nueva vida. Fue madre a los veinte años. Tuvo otros dos hijos, a los que crió con la ayuda de su abuela por ausencia de apoyo paterno. Luchó a brazo partido para salir a flote. Pero la crisis económica de España la puso entre la espada y la pared.
En un viaje a Madrid, Néstor Kirchner le había dicho: "Carla, no podemos devolverte a tus padres, pero siempre te acompañaremos".
Por eso Carla está de vuelta en el país, ahora con tres hijos y con la esperanza de encontrar aquí el final de su larga e injusta odisea.
"Quiero darles la nacionalidad argentina y una educación basada en los valores de la libertad, la justicia y los derechos humanos, como querían mis padres, como me enseñó mi abuela", dijo Carla.
10 de mayo de 2011
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cita para bergoglio en la justicia


En el marco del juicio por el robo de bebés, el cardenal tendrá que dar testimonio. El Tribunal Oral hizo lugar al pedido de la querella y citó al cardenal primado de la Argentina para que declare lo que sabe sobre la apropiación de hijos de desaparecidos nacidos durante el cautiverio de sus madres. Bergoglio ya testimonió en la causa ESMA.
[Adrián Pérez] El cardenal Jorge Bergoglio se encuentra más cerca de rendir cuentas ante la Justicia por el Plan Sistemático de Apropiación de Menores que se instauró durante la dictadura militar –y que comenzó a juzgarse a fines de febrero en Comodoro Py– después de que el Tribunal Oral Federal 6 hiciera lugar al pedido formulado por el fiscal Martín Niklison y el abogado Alejo Ramos Padilla para que sea citado a declarar como testigo en relación al caso Barati-De la Cuadra. Así lo determinaron los jueces durante la audiencia de ayer, en el marco de la causa contra Jorge Rafael Videla y Reynaldo Benito Bignone por el robo de bebés. El tribunal dispuso que se le envíe un oficio al cardenal para que exprese si desea declarar. Por un recurso del Código Procesal Penal, Bergoglio podría hacer uso del artículo 250 que establece un "tratamiento especial" para "altos dignatarios de la Iglesia". Según la importancia que el juez atribuya a su testimonio y el lugar en que se encuentren, esa prerrogativa determina que los funcionarios podrán declarar "en su residencia oficial, donde el juez se trasladará, o por un informe escrito". No obstante, el artículo 250 también señala que los testigos pueden renunciar a ese tratamiento especial.
"Es un privilegio en función del credo que no puede ser aceptado", dijo el abogado Alan Iud, quien patrocina en el juicio a Abuelas de Plaza de Mayo. De ese modo, los querellantes se opusieron a que el cardenal hiciera uso de tal prerrogativa y solicitaron que Bergoglio acudiera a la audiencia para "garantizar la publicidad de su declaración", así como también para responder a las preguntas de las partes. Iud remarcó, además, que se trata de "un privilegio" que "no puede considerarse válido" ante "una Constitución que reconoce que el Estado es laico".
El pedido para que Bergoglio se presente a declarar se vincula con el testimonio de Estela de la Cuadra, quien presentó una serie de cartas que su padre le había enviado al ahora cardenal –por entonces jefe de los jesuitas– para que intercediera en la búsqueda de su hija desaparecida y de su nieta, nacida en cautiverio durante la dictadura. Tal como informó Página/12, el lunes de la semana pasada De la Cuadra le preguntó al Tribunal: "¿Cómo es que Bergoglio dice que hace sólo diez años sabe del robo de bebés?" "¿Por qué no lo citan? ¿No amerita que diga qué pasó con Ana de la Cuadra?", insistió la hija de Alicia ‘Licha’ De la Cuadra, primera presidenta de Abuelas.
Además de sobrevivientes que estuvieron detenidos en el Pozo de Banfield, ayer se escuchó el testimonio de Carlos D’Elía Pallares, nieto que recuperó su identidad en 1995, a los 17 años. Carlos es hijo de Yolanda Ghelfi y Julio D’Elía Pallares. En Uruguay, su padre militaba en el Grupo de Acción (GAU), estudiaba Economía y era presidente del centro de estudiantes. La dictadura lo detuvo por su participación, pero fue liberado. Eso precipitó el exilio de la joven pareja, que viajó en la Semana Santa de 1974 a Buenos Aires, con la intención de regresar cuando las cosas se calmaran.
En la madrugada del 22 de diciembre de 1977, ambos fueron secuestrados en San Fernando –en un departamento ubicado en la calle 9 de Julio que habían comenzado a pagar con un crédito– por una patota de la Brigada 3 de la policía de la provincia de Buenos Aires que había coordinado el operativo con militares uruguayos. Yolanda estaba embarazada de ocho meses. Según testigos, fueron torturados en la comisaría que se encontraba a metros de la casa y luego trasladados al Centro de Operaciones Tácticas I (COTI) de Martínez, que funcionaba al mando de Ramón Camps, por entonces jefe de la Policía Bonaerense, donde "llevaban a todos los uruguayos en aquel momento".
Una vez en Martínez, cinco detenidos uruguayos, entre los que se encontraba D’Elía Pallares, fueron devueltos a ese país por militares también uruguayos. "Es un hecho que ese traslado existió –aseguró Carlos–. Por la posición que ocupaba en el GAU, es casi seguro que lo llevaron a Uruguay. El testimonio de Luis Taub confirma haber visto a mi papá, en el COTI Martínez, a fines del ’77." Taub también se presentó ayer ante los jueces del TOF 6. En su declaración, aseguró que estuvo por segunda vez en el Pozo de Banfield entre el 27 de diciembre de 1977 y el 1° de febrero de 1978, cuando lo enviaron a la cárcel de Devoto. Pasó la Navidad en el COTI Martínez. "Los uruguayos fueron torturados y luego trasladados al Pozo de Banfield. Ahí vi al cura (Christian) Von Wernich", recordó.
También dijo que en el Pozo de Banfield había dos mujeres embarazadas. "Estaba en un grupo donde una chica tuvo un bebé a fines del ’77 o principios del ’78." Lo recuerda porque, después del parto, lo enviaron a limpiar su celda varias veces. En el silencio del encierro, escuchó el llanto de un bebé. "Por lo que supe, se lo quitaron enseguida", señaló. Durante la audiencia aseguró que la custodia del Pozo de Banfield estaba a cargo de la policía provincial. "Aunque no lo vi, sé que estuvo (Ramón) Camps." Taub cree que el jefe de la policía pasó por el centro clandestino en dos oportunidades y que Jorge Bergés atendía los partos.
Diego Barreda regresaba de trabajar como albañil en Ensenada cuando el 14 de julio de 1978 lo secuestraron cerca de su casa. Había trabajado en el Astillero Río Santiago, pero lo despidieron durante la dictadura. En el Pozo de Banfield se le caía la piel por efecto de la picana. El apoyo de sus compañeros lo tranquilizaba, especialmente el de María. "Ella estaba embarazada y tenía el ‘privilegio’ de juntar un tarro donde hacíamos nuestras necesidades –afirmó el hombre de pelo largo y canas–. Nos higienizábamos con un trapito que ella colgaba para que se secara, en cien días nos bañamos una sola vez."
Cuando llegó al Pozo de Banfield, al hombre de profundos ojos verdes le quitaron el mameluco y los zapatos de trabajo. Con una cobija con la que se cubría, María le cosió un chaleco para que se abrigara. En 1979, ese chaleco pasó a manos de las Madres de Plaza de Mayo. Al igual que Taub, Barreda también escuchó llantos durante su detención. "En un determinado momento tuvimos la certeza de que había nacido", dijo. Por sus cálculos, el nacimiento se produjo entre el 10 y el 20 de septiembre de 1978. La mujer que ayer recordó Barreda es María Asunción Artigas Milo, compañera de Alfredo Moyano y madre de Victoria Moyano Artigas.
Sin saber que su padre se había volcado por esa carrera, Carlos D’Elía Pallares se recibió de economista. "Mi segundo nombre es Rodolfo y a mí nunca me gustó ese nombre", sostuvo. Con el tiempo supo que sus padres (el marino Carlos De Luccia y Marta Leiro, su mujer) eligieron ese nombre por Rodolfo Aníbal Campos, subjefe de la policía de Camps. Carlos consideró que Campos hizo la gestión para que ellos pudieran tener ese hijo que deseaban. La pareja viajó hacia el sur del conurbano bonaerense una mañana de 1978. En una esquina una persona se acercó a su auto y dejó en los brazos de Leira un bebé envuelto en papel de diario, con manchas de sangre. "¡Martita! ¿qué hacés acá?", le preguntó el emisario. Ese hombre era Jorge Bergés, quien había firmado la partida de nacimiento y atendió a Yolanda en el Pozo de Banfield.
10 de mayo de 2011
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el caso de la jueza pons


Empiezan juicios de jueces que colaboraron con la última dictadura argentina en la apropiación de bebés nacidos en cautiverio como hijos de detenidas que fueron posteriormente asesinadas.
Argentina. El abogado Alan Iud cuenta que desde Abuelas de Plaza de Mayo están haciendo una investigación específica sobre el juzgado de Lomas de Zamora que estuvo a cargo de la fallecida jueza Delia Pons, ya que tienen pistas de que pudo haber dado la guarda de hijos de desaparecidos. Cuando las Abuelas visitaban los juzgados en busca de sus nietos secuestrados, la jueza Pons les decía, según cuenta el libro ‘Botín de guerra’: "Señoras, yo personalmente estoy segura de que sus hijos eran terroristas. Para mí, terrorista es sinónimo de asesino. Y a los asesinos no pienso devolverles los hijos. Porque no sería justo hacerlo. Porque no sabrían criarlos y porque no tienen derecho, tampoco, a criarlos. Sin ir más lejos, tengo en este momento en mis manos el caso de los chicos de Julio Ramírez. Ramírez es un criminal, un terrorista confeso (...) Ha solicitado la tenencia de esos pobres niños. Yo jamás se la concederé. Y tampoco me voy a pronunciar por la devolución de ninguno de sus pretendidamente nietos..."
Hasta ahora, dice Iud, el único juez procesado por suprimir la identidad de una hija de desaparecidos, María Sol Guallane, fue el santafesino Luis Vera Candiotti.
[Foto viene del blog burguesasustado.]
10 de mayo de 2011
9 de mayo de 2011
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el plan sistemático


Juicio por la apropiación de bebés en la dictadura. El Tribunal Federal Nº 6 intenta desentrañar el sistema por el cual los hijos nacidos en cautiverio eran entregados a personeros de la represión. El papel de los jueces.
Argentina. A fines de febrero comenzó en los Tribunales de Retiro el juicio oral por el plan sistemático de robo de niños. El Tribunal Federal Oral Nº 6 investiga en particular 35 expedientes, datos de niños y niñas apropiados durante la última dictadura militar. Los casos son sólo algunos de los más de 400 denunciados por las Abuelas de Plaza de Mayo. Algunas de las víctimas recuperaron su identidad o, como dijo Victoria Montenegro –una de ellas–, "aparecieron". Otras, en cambio, permanecen desaparecidas, entre ellas sugestivamente los nietos de las tres primeras presidentas de las Abuelas de Plaza de Mayo: Alicia ‘Licha’ de la Cuadra, María Isabel ‘Chicha’ Chorobick de Mariani y Estela Carlotto. En el juicio, las querellas intentan probar no sólo los datos de cada caso sino la trama que construyó la sistematicidad. El papel de los jueces y la función de todo el sistema judicial en el blanqueo o legalización de esos robos son uno de los aspectos que se abordan. Aún aparecen en la etapa del caso por caso, pero ya empiezan a hablar de la sistematicidad.
El juicio tiene audiencias dos o tres veces por semana, en forma alternada. Los acusados son la línea de los altos jefes responsables políticos de la represión, entre ellos Jorge Rafael Videla, Omar Riveros y Jorge ‘El Tigre’ Acosta, ex jefe de Inteligencia de la ESMA. Los responsables directos o apropiadores directos de los niños se están juzgando sólo en algunos casos. La mayoría ya tuvo su juicio oral y fue condenado o, en otros casos, todavía las causas están en la etapa de investigación y no entraron en el tramo final del juicio oral.
Los casos que se están juzgando son representativos en varios aspectos. Las apropiaciones corresponden a niños nacidos en centros de exterminio de Capital Federal, Gran Buenos Aires y La Plata. La mayoría nació en los tres centros de exterminio con maternidades clandestinas: ESMA, Campo de Mayo y el Pozo de Banfield. Pese a eso, hay casos de nacimientos también en otros lugares como La Cacha o la comisaría 5ª de La Plata. Durante las primeras semanas y hasta ahora, las audiencias se estructuraron alrededor de un caso y de un centro. Hasta ahora se revisaron especialmente los casos del Pozo de Banfield y los centros de detención, torturas y exterminio de La Plata.
De la mano de algunos de esos testigos empezaron a aparecer datos o nombres que exceden los casos en investigación. Hubo testigos que mencionaron por ejemplo nombres de embarazadas con las que se toparon en los centros clandestinos que no forman parte de este tramo de la causa. Y aun así, los jueces y las querellas se detienen en ellos para hacer nuevas preguntas, y apuntar. Esa escucha no parece estar destinada sólo a probar la sistematicidad sino a conseguir lo que alguna de las querellas –como Abuelas de Plaza de Mayo– esperan del juicio, que es ampliar todo lo posible la información a partir de los testigos.
Entre esos nuevos datos aparecieron los nombres y roles de quienes compusieron la pata civil de la represión, entre ellos jueces o fiscales. Uno de los testimonios más rotundos lo dio Estela Carlotto cuando fue convocada a hablar por la desaparición de su hija Laura y el nacimiento en cautiverio de su nieta. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo denunció en esa audiencia al entonces juez de menores Gustavo Mitchell y hoy juez de Casación, por una amenaza. El dato de Mitchell no era nuevo. Su nombre integra la historia de la apropiación de Simón Riquelo, el hijo de Sara Méndez, otro de los casos de este juicio. Mitchell firmó los papeles de adopción por los que Simón terminó anotado como hijo de un comisario. Y si bien es uno de los casos de este juicio, aún no se trató.
Otro de los momentos en los que el juicio tocó las denuncias sobre el Poder Judicial fue el testimonio de Victoria Montenegro, apropiada por el coronel Herman Tetzlaff, a cargo del grupo de tareas que entró a la casa familiar y autor del asesinato de su padre. Victoria denunció en la audiencia al actual fiscal de Casación, Juan Martín Romero Victorica, porque protegió a su apropiador durante las primeras investigaciones judiciales, le nombró a un grupo de abogados que pudieron sacarlo de la cárcel y le daba información adelantada sobre los avances de la causa. La denuncia se escuchó durante el juicio, pero terminó potenciada porque el fiscal del juicio, Martín Niklison, le pidió al Tribunal impulsar una denuncia para investigar a Romero Victorica. Las querellas de Abuelas de Plaza de Mayo y de Chicha Mariani apoyaron el pedido y, un día más tarde, el planteo ganó espacio judicial cuando el TOF 6 lo dio por aprobado.
10 de mayo de 2011
9 de mayo de 2011
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complicidad judicial en robo de niños


La justicia investigará las adopciones de todos los bebés abandonados en la ciudad y la provincia durante la dictadura. El juicio por la apropiación de menores ya provocó otros efectos: el juez Norberto Oyarbide analiza los expedientes penales y tutelares de chicos supuestamente abandonados entre 1976 y 1983.
[Irina Hauser] Argentina. La Justicia comenzó a meterse en un terreno hasta ahora poco explorado, más bien eludido, en las investigaciones sobre apropiación de hijos de desaparecidos: el de las adopciones con las que se intentó dar aspecto de legalidad a la entrega de niños nacidos en cautiverio o arrancados a sus padres secuestrados durante el terrorismo de Estado. Es una pista que inevitablemente lleva también a indagar en la responsabilidad de los jueces que intervinieron en cada caso y que pone al descubierto cómo actuaron algunos de ellos que aún están en funciones. El juez federal Norberto Oyarbide analiza ocho cajas de expedientes penales y tutelares sobre chicos supuestamente abandonados entre 1976 y 1983 que tramitaron en los tres juzgados de menores porteños. La Corte Suprema bonaerense está haciendo un relevamiento de guardas y trámites de adopción durante la dictadura, y ya informó a Abuelas de Plaza de Mayo sobre la existencia de 15 mil expedientes que servirán para cotejar información. La jueza de San Isidro Sandra Arroyo Salgado analiza legajos de 15 adopciones que tramitó la misma jueza que intervino en las de Marcela y Felipe Noble Herrera.
"Tenemos la expectativa de poder detectar el blanqueo de apropiaciones mediante mecanismos de adopción. La posibilidad de encontrar un nieto en esa búsqueda existe y es alta. De los 104 casos resueltos, el 30 por ciento fueron chicos robados por procedimientos de guarda y adopción", señaló Alan Iud, abogado de Abuelas, a Página/12. A la vez advirtió que hasta ahora pocos jueces se han decidido a avanzar contra sus pares envueltos en esos trámites irregulares. "Sólo en Santa Fe se llegó a procesar al juez Luis Vera Candiotti por supresión de identidad", agregó.
Adopciones express
Simón Riquelo recuperó su identidad en 2002, cuando se comprobó que era hijo de Sara Méndez, uruguaya, secuestrada el 13 de julio de 1976 en su casa de Belgrano, en Buenos Aires, por un operativo conjunto del Plan Cóndor. A ella la trasladaron al centro clandestino de detención Automotores Orletti. A Simón, que tenía sólo veinte días, se lo llevaron. "No se preocupe, señora –le dijeron los hombres de civil, después de molerla a golpes–, al niño no le va a pasar nada, porque no es una guerra contra los niños." Sara buscó a su hijo incansablemente, y lo encontró 26 años después. Se lo habían dado en adopción a Osvaldo Parodi, un subcomisario que habría estado vinculado con su propio secuestro, igual que el ex agente de la SIDE Eduardo Ruffo. El policía obtuvo en menos de un mes la guarda definitiva del chiquito. ¿Quién se la dio? El entonces juez de menores Gustavo Mitchell, actual integrante de la Cámara de Casación Penal.
El año pasado, un grupo de querellantes en la causa sobre el plan sistemático de apropiación de hijos de desaparecidos, encabezadas por María Isabel Chorobik de Mariani, fundadora de Abuelas, decidió denunciar penalmente a Mitchell junto con la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires y la Fundación Anahí. En el pedido de juicio político ante el Consejo de la Magistratura también se presentó Hebe de Bonafini. Analizaron qué había hecho el juez al recibir la denuncia del abandono de Riquelo, hallado en teoría en la puerta del Sanatorio Norte –cerca de la casa de Sara– y cómo lo entregó a Parodi. No se hizo "la más mínima medida de investigación tendiente a localizar a los padres o la familia del menor secuestrado, y todo ello frente a la infinidad de hábeas corpus que en aquella época se presentaban", decía la denuncia, que le tocó al juez Oyarbide, y que también pedía que se incautaran los expedientes penales y tutelares vinculados con supuestos abandonos de niños durante la última dictadura.
Oyarbide optó por empezar de la manera más amigable y mandó un oficio en el que pide en buenos términos la documentación a sus colegas de los juzgados de menores. Con este método recopiló unos cuarenta, que están en pleno análisis. El abogado Alejo Ramos Padilla, que representa a Chicha Mariani, querellante, le dijo a Página/12 que en un conjunto de expedientes de abandono de niños tramitados por Mitchell pudo observar el mismo mecanismo: "Llegaba la denuncia de abandono de los bebés, en ascensores, alguna iglesia, en un hall, donde fuera. En cuestión de horas o unos días el juez disponía hasta la guarda definitiva. La guarda provisoria a veces la daba en veinticuatro horas. Tenemos visto un expediente donde dos agentes de Coordinación Federal (centro clandestino de la Policía Federal) llevan un chiquito de dos días de vida al Hospital Elizalde. Pero el juzgado no realiza ninguna medida para ver de dónde salió ese chico o qué pasó con sus padres. Ni en éste ni en ningún trámite de los que pudimos ver", advirtió Ramos Padilla. En el caso de Riquelo, agregó, en la primera foja hay una declaración de un policía de la comisaría 33ª, Vicente Caccaviello, que figura como quien encuentra al bebé. Sin embargo, cuando declaró en la causa contra Ruffo, dijo que ignoraba los hechos y que, si lo hubiera hallado él, obviamente "lo recordaría".
Estela
Hace dos semanas, durante el juicio sobre apropiación de menores, la titular de Abuelas, Estela Carlotto, contó ante el Tribunal Oral Federal 6 (TOF6) una anécdota escalofriante. Cuando buscaba a su nieto en 1978 –relató– acudió a la Casa Cuna porque sabía que había allí una beba cuyos datos y fecha de nacimiento podían coincidir con los del bebé que había dado a luz su hija Laura durante su cautiverio, después del cual fue asesinada. La beba, le dijeron, sólo había estado dos días ahí, pero Estela pudo ver los papeles que decían que el juez era Mitchell. Intentó que la atendiera, pero él le mandó un mensaje a través de un emisario: "El doctor dice que se cuide; por lo que usted hace podría aparecer en una zanja". Años más tarde, Carlotto supo a través de ex detenidas que su nieto era varón. Todavía lo busca. Su reciente testimonio dio lugar a que el TOF6 derivara denuncias al juzgado de Oyarbide y al Consejo.
El abogado Ramos Padilla había hecho una presentación que incluía ese mismo relato de la presidenta de Abuelas publicado en el libro ‘Botín de guerra’, donde además decía que en la Casa Cuna a la nena la llamaban María Julieta. Ramos Padilla sostiene que es Julieta Treviño, a quien Mitchell dio en guarda para su adopción a unos parientes suyos, también "en forma expeditiva". Además, el abogado había cuestionado a su vez a dos funcionarios judiciales que fueron secretarios de Mitchell durante la dictadura. Uno de ellos, José Allevato, lo sucedió más tarde al frente del juzgado. Con el menemismo fue director de Asuntos Jurídicos de la SIDE. El otro, José Martínez Sobrino, integra el TOF6 que lleva adelante el juicio por robo de hijos de desaparecidos, pero por esta denuncia quedó afuera del caso.
Jueces y jueces
Desde que Carlotto volvió a poner el tema en el tapete, la causa de Oyarbide recuperó envión. Por lo pronto ella está citada para dar testimonio este miércoles, dijeron allegados a la causa. Abuelas se presentó como querellante. Pero además, el juzgado resolvió mandar oficios para chequear la nómina de todos los jueces y secretarios que estuvieron al frente de los juzgados de menores durante el terrorismo de Estado. Mitchell, por su parte, hizo una presentación en la que dice que entre 1976 y 1983 habrá tramitado unas cuatro denuncias de bebés que eran denunciados como "NN", abandonados, al año.
También se presentó, de manera espontánea y con un escrito, la actual jueza federal María Servini de Cubría, que fue jueza de menores todo el período investigado. "Quiero aventar toda sospecha sobre mi actuación como magistrado en las causas en las que se involucraba a menores abandonados, tanto durante la dictadura militar, como en los gobiernos civiles constitucionales que lo precedieron y sucedieron en mi gestión de juez", dice. "Arbitré todos los medios entonces a mi alcance para dar con los familiares de los niños encontrados y cuando pude dar con los mismos, dispuse su inmediata entrega", agrega. Servini cuenta dos casos de bebés que aparecieron con cartelitos, uno que decía que era hijo de un miembro de Montoneros, y otro que decía su nombre, Emiliano Hueravilo. En ambos casos encontró a los abuelos con solicitadas en los diarios. Más allá de su autodefensa, Servini le avisa a Oyarbide que debería encontrar en la caja fuerte de su ex juzgado algunos expedientes que podrían dar pistas fuertes sobre apropiaciones de hijos de desaparecidos. "Ordené resguardar las actuaciones de mayor relevancia en el ámbito más seguro y reservado", informa, con lo que deja en evidencia que los jueces sabían perfectamente de dónde podían venir esos chicos que aparecían como por arte de magia y terminaban en hospitales pediátricos.
El expediente a cargo de Oyarbide todavía está en sus inicios. "Es una investigación necesaria", remarcó el abogado Iud. Del mismo modo, contó que el año pasado le pidieron a la Corte bonaerense un relevamiento de expedientes de adopción en la provincia de Buenos Aires, con la intención de tener datos sistematizados y accesibles sobre posibles jóvenes apropiados para cotejar con su propia información. En una acordada, ese tribunal resolvió revisar archivos y libros de mesa de entradas y, luego, al menos 15 mil expedientes. En Capital, Ramos Padilla dice que muchos expedientes tutelares fueron destruidos, quemados, ya en democracia con la excusa de falta de espacio. Sin embargo, agrega Iud, había una acordada de la Corte Suprema que ordenaba preservarlos.
La semana pasada, la jueza Arroyo Salgado, en el contexto de la causa sobre el origen de Marcela y Felipe Noble Herrera, dispuso relevar 15 expedientes de menores anotados como "NN" que tramitaron en el juzgado de Ofelia Hejt (fallecida), la misma jueza que los entregó como hijos adoptivos a la dueña de Clarín. Ramos Padilla sostiene que el expediente que instruye Oyarbide es "la demostración, a partir de Mitchell, de la complicidad judicial, que aún existe, con el sistema perverso establecido para consolidar la apropiación de niños, mediante el robo de su historia, su origen, su identidad y la entrega a los apropiadores a través de un marco de supuesta legalidad judicial".
10 de mayo de 2011
9 de mayo de 2011
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autocultivo y legalización


Más de 10.000 personas en la marcha mundial de la marihuana. De Plaza de Mayo a Congreso, con diputados y legisladores presentes, dieron por muerta la actual Ley de Drogas y exigieron que se despenalizara el consumo de una vez. Las posiciones más duras de los "autolegalistas".
[Emilio Ruchansky] Argentina. Quince mil o doce mil. Por esos números andaba el regateo entre los organizadores de la Marcha Mundial de la Marihuana y los periodistas. Nadie dudó de las cinco cifras: al menos 10.000 personas marcharon ayer desde Plaza de Mayo hasta el Congreso nacional al grito de "¡autocultivo!". El acceso legal a semillas de cannabis, el derecho a su cultivo y cosecha para uso personal, y el expendio legal para uso médico fueron las principales consignas. Hubo políticos y militantes de diversas fuerzas políticas que se sumaron al pedido de despenalización de la tenencia de drogas para uso personal y la tenencia simple, dos figuras "que violan el principio de inocencia y permiten apresar a usuarios y distraer la persecución de los narcos", como lo explicó el diputado nacional de Proyecto Sur Claudio Lozano.
Durante la concentración se fumó y se compartió cosecha bajo el cálido sol otoñal que iluminaba la Casa Rosada. Entre los manifestantes y los cientos de vendedores ambulantes y manteros que los rodeaban, se instaló una radio abierta para difundir el reclamo por un urgente tratamiento legislativo. Allí, una de las autoras del proyecto de ley que el activismo cannábico apoya, la diputada nacional Victoria Donda, dijo que hoy "no te pueden llevar preso si fumás uno y se termina antes de que llegue la policía, pero si tenés tres porros en el bolsillo sí". "¿Entonces uno siempre le tiene que pedir a otro para fumar?", observó Lozano.
Además de Donda y Lozano, estuvieron las diputadas Liliana Parada y Cecilia Merchán y las legisladoras porteñas Laura García Tuñón y María José Lubertino. Esta última habló más tarde sobre el escenario en el Congreso, facilitado por el Instituto Nacional contra la Discriminación: "La sociedad tiene que entender que esta es una discusión trascendental contra los dinosaurios. Tenemos que llevar adelante una nueva ley para que los adultos puedan decidir sobre su propio cuerpo", arengó la legisladora kirchnerista. No hubo dirigentes del radicalismo ni el socialismo ni el GEN, tres partidos que enviaron proyectos de despenalización al Congreso.
Más allá del pedido por una nueva ley, pudo verse un nutrido grupo de activistas que sostienen el "legalícelo usted mismo" como estrategia. Son incipientes asociaciones como el Quilmes Cannabis Club. "Yo enseño a cultivar desde hace 11 años –aseguró un señor de ese club apodado ‘Dedos Verdes’–, y hace 35 que planto. A los socios les exijo que dejen de comprar. Después insisto con que dejen el paco, la cocaína. Y lo digo por experiencia, a mí ya no me quedan dientes y tuve cinco infartos."
Dedos Verdes es un precursor del compostaje a partir de lombrices californianas y de la búsqueda de mejores genéticas de cannabis. "Somos 30 en el club, pero si chiflamos vienen 100", comentó el experimentado cultivador. Hay clubes como el suyo en el norte del conurbano bonaerense y también al oeste. Y más lejos aún, como lo confirma Matías Lobito, que tomó un micro a las 2.30 junto a cuatro amigos y viajó 600 kilómetros para marchar. En Coronel Suárez, su ciudad, nadie sabe que una vez a la semana un grupo de 20 personas se juntan para intercambiar información sobre sustrato, esquejes, plagas y variedades de cannabis.
"Cinco mil años de uso y ninguna muerte", decía la bandera que sostuvieron Lobito y sus amigos. "Yo daría la cara, no tengo problema. El tema en el pueblo es la ignorancia, la de la gente que nos persigue y también la nuestra sobre cómo defendernos", dijo el joven. El futuro, agregó, es incierto pero prometedor: "Nos gustaría formar una asociación, pero primero vamos a ver cuánta gente podemos sumar. Empezamos recién este año, pero hasta ahora no se bajó nadie".
Al lado de Lobito, un grupo de activistas de Monte Grande se mofaba de la falta de espacio para cultivar en las ciudades. "Nosotros sembramos a cielo abierto y sacamos plantas de más de 4 metros y casi no tenemos plagas", decía Martín, quien tenía "razones de peso" para pedir preservar su identidad. En la cabecera de la marcha varios diputados se sumaban al canto: "¡El que no salta no fumó!". Al llegar al cruce de las avenidas de Mayo y 9 de Julio, una manifestante que bien podría haber salido de una clase en la facultad le gritó a un automovilista: "Defendemos derechos constitucionales". Al rato volvió a la carga: "Cortá con la bocina, ¡careta!".
Hubo, por decisión propia, pocas banderas partidarias. Salvo las del Partido Comunista y el Partido de los Trabajadores Socialistas, que llevaron estandartes. Algunos manifestantes caminaron sosteniendo los carteles que servían para unificar esas columnas, aunque no adhirieran a los partidos. Es que esos carteles contenían sus argumentos: "Despenalizar el consumo es combatir el narcotráfico", por ejemplo. "Yo no soy comunista, pero acá no venimos a defender ideologías, sino ideas", aclaró un joven encolumnado detrás del bandera del PC.
Esta marcha se replicó en otras 22 ciudades argentinas. En Córdoba, según los organizadores locales, hubo 2500 personas; en Rosario 3000. Al cierre de esta edición, no se informó de detenciones en ninguna de las manifestaciones. El acto de cierre, en la Plaza del Congreso, sobre un trailer, hablaron Lubertino, Donda y el abogado Joe Stefagnuolo, quien estimó que "la ley de drogas murió y hay que sancionar una nueva para salvar vidas". También hablaron los activistas Juan Pablo Felipponi de Acaba y Matías Faray, del Club de Cannabicultores del Oeste.
Faray salió de la cárcel hace una semana, luego de pasar 15 días por cultivar. Emocionado, afirmó: "La sociedad nos aceptó, saben que no somos delincuentes pero tienen que evolucionar los que están acá atrás (y señaló la Cámara de Diputados)". Luego insistió: "Nosotros con el autocultivo combatimos más el narcotráfico que la policía y la Justicia. Sigan cultivando, no se bajen de la ola, que todavía falta".
8 de mayo de 2011
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la marcha en buenos aires


Marcha mundial de la marihuana en Buenos Aires. Por la despenalización del consumo. Consumidores y cultivadores de cannabis marcharon por el centro de Buenos Aires y otras grandes ciudades argentinas para reclamar la despenalización de la tenencia de drogas para uso personal.
Argentina. No obstante, la prioridad es la "urgente derogación" de leyes que castigan la tenencia de drogas y el cultivo de cannabis para "terminar con la criminalización, discriminación y maltrato a los usuarios", afirmó a la prensa Matías Faray, que estuvo 15 días detenido por cultivar la planta.
Faray subrayó que las cárceles argentinas "están llenas" de personas adictas a las drogas o que consumen marihuana como hábito social, mientras que los narcotraficantes "se llenan de plata" y están libres. Por ello, la diputada de Proyecto Sur Cecilia Mercán argumentó que "despenalizar el consumo es combatir el narcotráfico".
Junto con su par Victoria Donda, Merchán es autora de uno de las propuestas de ley que están en estudio en el Parlamento desde el año pasado. La legisladora destacó que "hay varios proyectos" que sintonizan con el que presentó con Donda sin que haya "ningún avance" en momentos en que "de todas las causas judiciales por drogas, sólo el tres por ciento involucra a narcotraficantes".
"Hay que revertir esa relación: se apresa a los consumidores o adictos en vez de profundizar la lucha contra las bandas de narcotraficantes", agregó y dijo que esta manifestación apunta a llamar la atención para que el Congreso se aboque a debatir "cuanto antes" los proyectos de despenalización del consumo de drogas, entre ellos uno presentado por el oficialismo.
Los manifestantes también exigieron "el reconocimiento de los derechos de los usuarios medicinales" de cannabis, otro lema de la manifestación que llevaron a cabo en sintonía con la organizada por la ONG canadiense Global Marihuana March, que en esta ocasión abarcó a 250 ciudades de 40 países, según indica en su web. En Argentina, las marchas se llevaron a cabo en un total de 23 ciudades.
8 de mayo de 2011
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ahora el jefe de brusa es inocente


La justicia federal desprocesó al ex juez federal de Santa Fe, Víctor Montti. Había sido procesado por falsedad ideológica y encubrimiento por omisión de denunciar torturas a detenidos en la última dictadura militar. Pero ahora, la Cámara lo desprocesó por todos los cargos al considerar que las denuncias no fueron probadas.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. La Cámara Federal de Rosario revocó el procesamiento del ex juez federal de Santa Fe, Víctor Manuel Montti y dictó su "falta de mérito" por todos los delitos de lesa humanidad que pesaban sobre él, entre ellos los "apremios ilegales" al ex diputado justicialista Orlando Barquín, la omisión de denunciar tormentos que padecieron otros dos presos políticos, Roberto Cepeda y José Villarreal y negarle asistencia médica a Cepeda. En un fallo dividido, la Cámara exculpó a Montti por falta de pruebas, al considerar que Cepeda incurrió en "numerosas contradicciones", Villarreal dejó "dudas" en su relato y los dichos de Barquín "carece de credibilidad". Los tres se toparon con Montti en los centros clandestinos de la dictadura, entre ellos la comisaría 4ª, lo denunciaron durante 30 años y recién pudieron llevarlo a juicio cuando cayeron las leyes de impunidad y la causa avanzó a pesar de la excusación masiva de jueces y conjueces -hasta que quedó en manos del abogado Ricardo Lazzarini? y una supuesta "cosa juzgada" que protegía a Montti desde 1984, dictada por el ex juez federal Héctor Trippichio, quien lo benefició con el sobreseimiento sin siquiera indagarlo.
En el juicio al ex juez federal Víctor Brusa y a otros cinco represores, uno de los denunciantes, Francisco Klaric, dijo que Montti integraba la "patota judicial" de la dictadura. El jefe era el ex juez federal Fernando Mántaras, activo colaborador de la represión que murió impune. El número dos y secretario penal, Montti. Y el otro ladero, Brusa, ya condenado a 21 años de prisión por "apremios ilegales" en ocho casos. En la escala jerárquica, Montti era el superior de Brusa, después asumió como juez federal Nº 2 de Santa Fe (entre setiembre de 1983 y octubre de 1984), más tarde se radicó en la provincia de Santa Cruz y se jubiló como fiscal general en Mar del Plata.
Montti había sido procesado el 12 de marzo de 2010, cuando Lazzarini lo consideró "penalmente responsable" de cuatro delitos de lesa humanidad: "falsedad ideológica", "encubrimiento por omisión de denunciar" las torturas a Cepeda y Villarreal, "omisión de auxilio" a Cepeda y "apremios ilegales" a Barquín, todos en "concurso real". Pero ahora, la Cámara lo desprocesó por todos los cargos y dictó su "falta de mérito" al considerar que las denuncias no fueron probadas. La resolución se adoptó en un pleno de la Cámara por cuatro votos a favor (José Toledo, Elida Vidal, Edgardo Bello y Carlos Carrillo) y la disidencia Fernando Barbará, quien votó para que se confirme el procesamiento y se rechacen los agravios de la defensa. La sexta camarista Liliana Arribillaga está apartada de las causas de lesa humanidad.
En la sentencia de 15 fojas, la Cámara comparó los relatos de Cepeda, Villarreal y Barquín que constan en la causa: algunos, aportados hace 35 años en expedientes que armó la dictadura para perseguirlos, en 1976 y 1977. Otros, en el arranque de la democracia, en 1984, o ante el Consejo de la Magistratura de la Nación, en 1999, en el jury que terminó con la destitución de Brusa. Y por último, los que brindaron en 2003 y 2007, en la investigación a Montti. Y en los tres casos, la conclusión de la Cámara fue la misma: la mayoría consideró que las denuncias contra el ex juez no estaban probadas y por lo tanto, lo benefició con una "falta de mérito". Barbará fue el único que votó por confirmar el procesamiento.
Según la Cámara, de los testimonios de Cepeda "surgen numerosas imprecisiones", Villarreal dejó "dudas" que "impiden tener por probado los hechos atribuidos" a Montti y los dichos de Barquín "carecen de credibilidad" para procesar al imputado.
Barquín acusó a Montti de obligarlo a firmar una declaración arrancada bajo torturas en un centro clandestino y judicializada por Mántaras, en un expediente que es la prueba de la infamia. Es un papel que lo obligaron a firmar a punta de picana torturadores del Ejército que dependían del jefe del Area 212. "Me volvieron a decir que firmara y al negarme, me colocaron un paño especial dentro de la capucha que me provocaba de acuerdo con el control que hacían un estado de asfixia, en forma intermitente. Igualmente me quemaban el pecho con cigarrillos y fósforos, reconozco la voz del oficial que antes me había interrogado, finalmente, sometido por los castigos y casi desvanecido, paralizado todo el cuerpo lo que hace que me revise un médico, firmé"", dijo Barquín.
La Cámara se preguntó entonces "cuál podría ser la declaración que Montti le quiso hacer firmar" a Barquín "si la única existente se encontraba firmada y fueron explicadas por el testigo las circunstancias de esa firma. Por el contrario, la existente en la causa judicial, donde intervino Montti y que corresponde a una fecha posterior a la prestada ante el Area 212 es una rectificatoria de aquélla, y a la vez, ratificatoria de la primera prestada en el Juzgado, por lo cual no se presenta como probable que Montti lo hubiera amenazado para que firme una declaración ya firmada (o sea, la del Area 212)", agregó el tribunal.
"En síntesis, carecen de credibilidad los dichos del testigo y sobre esa base no puede afirmarse la probable comisión de hecho ilícito alguno. Por lo expuesto, corresponde revocar el procesamiento y dictar auto de falta de mérito respecto a Víctor Montti", concluyó la Cámara.
8 de mayo de 2011
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