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madres de la plaza


"El pensamiento rebelde no puede prescindir de la memoria." Albert Camus.
[Aída Albarran] Argentina. Plaza 25 de Mayo, día jueves. En el centro, un puñado de madres continúa la ronda; a su lado pocas personas las acompañan mientras conversan animadamente. Sé donde me encuentro, sin embargo vacilo, es que la copia tantas veces repetida en los medios de comunicación carece de esta singularidad dinámica e irrepetible que se manifiesta en la plaza. El atardecer comienza a suavizar los contornos, es marzo, y aunque hace calor las hojitas crujientes de los árboles preanuncian el otoño. Me acerco junto a Pablo Alvarez que será el encargado de presentarlas. La mirada se deleita en los detalles casi insignificantes: los gestos, las sonrisas y los rostros que comienzan a definirse inspiran confianza y serenidad. Sin embargo, después de treinta y un años siento como si algo pesara en mi espalda, es el tiempo transcurrido; tal vez mi presencia es indiscreta o tardía. Nos saludamos y de inmediato las palabras dan lugar al abrazo amigable que exterioriza la disponibilidad de las madres para el afecto y el encuentro y hacen dejar de lado la actitud devota tan funcional a los usos políticos del olvido y la memoria.
Había llegado a la plaza porque pensaba que la ronda de las madres era un acontecimiento que formaba parte de un discurso público, un monumento vivo a la conciencia histórica que interpelaba al silencio para que el pasado tuviera voz, para que la tragedia no se repitiera pero además porque estaba convencida de que las anécdotas cotidianas, los sueños y proyectos de sus hijos debían formar parte de otro relato que le imprimiera al recuerdo un sesgo familiar; la evocación los mostraría como habían sido restituyéndoles la identidad que pretendieron negarles. Al contar desde la perspectiva de madre individual, la memoria cambiaría de ubicación, sería más íntima e inalienable; sólo ellas eran capaces de reconstruir esa relación tan breve como intensa para dejar testimonio de la existencia de sus hijos.

Noemí De Vicenzo
Noemí como el mar se aproxima y se aleja; a veces la mente necesita del olvido para continuar actuando y su presente está cargado de futuro. Cuando Gustavo y Darío llegan a la plaza proyecta su amor hacia los nietos, cuando Lara, Sofía, Abril o Miriam, las bisnietas, corren y se le acercan, sus ojos las iluminan. Entonces con tibieza comparte instantes de su vida, borra los clichés de la Historia. "Los dos son buenitos, afirma orgullosa, hubieran podido hacer o ser cualquier cosa, ¡con lo que les tocó vivir, pobrecitos!" De a poco las palabras rompen el silencio, Gustavo y Darío, hijos de Roberto y Miriam Moro, están allí, con la contundencia de sus sonrisas, de sus proyectos, de sus hijas que corretean por la plaza, con esas palmaditas cómplices y cariñosas sobre los hombros de la abuela; desde pequeños los pusieron a prueba. Gustavo me cuenta: "¿Sabés qué difícil era ir a la escuela en esos años y tratar de contestar quiénes eran y dónde estaban tu papá y tu mamá, ¿cómo explicaba un chico que era hijo de desaparecidos?" Pudieron ser o hacer cualquier cosa, pero están en la plaza, no piden venganza ni "mano dura" sino la restitución de ese orden legal que tanto nos cuesta aceptar como pueblo y que ellos todavía esperan; también muestran la cara más humana y reconocible del despojo. A Miriam, su mamá, la asesinaron, estaba embarazada. Tuvieron el triste privilegio de localizar su cuerpo.

Matilde Toniolli
Chocha siente que no puede escribir, es decir dar un orden a los acontecimientos pero desliza algunos instantes mientras conversa de una manera informal, y esa sucesión que no es lineal adquiere sentido y relevancia porque está hecha en carne viva. "Viví en Rosario, en Córdoba y en Buenos Aires, así comienza a dar cuenta de su vida trashumante estaba en Buenos Aires en el 55 cuando derrocaron a Perón, plena Revolución Libertadora. Tenía la panza así", afirma, y hace un ademán mostrando el tamaño de su vientre. "Los dos hermanos nacieron muy seguiditos, fueron muy compañeros y confidentes. Fijate que coincidencia, ¡plena Revolución Libertadora!, pensar que nosotros jamás habíamos sido peronistas y después el Negro empezó a militar en la escuela secundaria y se hizo peronista, quería un mundo mejor. Siempre le creí, le creo a Carlitos, mi otro hijo ya fallecido que tanto sufrió con la desaparición del hermano, él una vez me confió que el Negro le había asegurado que jamás había tenido un arma en sus manos, lo suyo era la militancia".
Chocha cuenta una vida común trastocada para siempre por el terrorismo de Estado. "Yo era tonta, no entendía nada de política, todavía hoy me cuesta. Mirá que tonta habré sido que el Negro se fue a Córdoba y me dijo, mamá no te preocupes, y yo le creí, justo lo agarraron ahí y nunca más lo vi. Después tuvimos que salir de casa para buscarlo, preguntar dónde estaba y vivir la zozobra de proteger a Alicia, su mujer, ella estaba embarazada cuando lo secuestraron al Negro y le faltaba poco para parir. Fue un tiempo de incertidumbre, gracias a Dios ella conservó la lucidez necesaria para proteger a su hijo. Después de un tiempo pudo salir del país y me lo salvó a Eduardo; tuve suerte de no perder a mi nieto".
"Darwinia Gallichio, madre y abuela de la plaza de mayo; miro el espejo de lo pasado. Veo a mis tres hijas concebidas junto a Carlos; Graciela, Stella y Silvina. Revuelvo el recuerdo y pujo mi gravidez de Stella Maris; la beba crece, la niña traviesa, la mujercita de melena sacude su amor interior al ritmo de Lennon y McCartney. Luego la década del 70, fluye el recuerdo, veo una mujer inteligente, alegre. Enamorada de Juan Carlos, flaco y barbudo, se fueron a su casita de barrio Pichincha. Entre liberación, guitarra, política, trabajo, diferencias, discusión y golpe de Estado hubo amor para engendrar a su hija: Ximena, mi nieta.
Stella Maris viaja, junto con ella su amigo Alfredo Berrutti, a la ciudad de Buenos Aires para tramitar el pasaporte en la sede de la Policía Federal: es 5 de febrero de 1977. Durante la mañana secuestran en la casita de Pichinca a Juan Carlos. Y, supongo que al mediodía, luego del trámite, Stella pregunta por el pasaporte de su esposo. Alfredo esperaba en el pasillo de esas oficinas federales y alguien indagó: "quién tiene a la nena Ximena Vicario", Berruti la sostenía en sus brazos: ’yo’ responde.... desde entonces enhebran la palabra desaparecidos. Carlos Gallicchio, mi esposo, falleció en diciembre de 1980. Tres meses después de una entrevista que nos concedió el Ministro del Interior del gobierno de facto; Carlos preguntó por el presente y el futuro de la beba, nuestra nieta, y el General Albano Harguindeguy contestó, casi fusilándolo: ’jamás va a encontrar a su nieta porque no queremos que se convierta en una guerrillera’".

Norma Vermeulen
"Yo no desconocía lo que hacía mi hijo, era su confidente, por supuesto lo aconsejaba, máxime cuando las cosas se pusieron feas, pero él me respondía que quería que su hija tuviera un país que mereciera ser vivido. Hoy después de tantos años, si bien no tenemos una democracia plena, pese a sus falencias, nada es comparable a una dictadura, más como la del 76 al 83.
Siempre está en mi memoria, lo que me dijo unos antes de que lo llevaran: ’Mami esté donde esté voy a seguir siendo tu hijo’, aún no lo alcanzo a descifrar. Hace 31 años que estoy en la lucha, durante mucho tiempo mi objetivo era tratar de recuperarlo como sea, hoy no sé si es por mi edad y viendo que la justicia fue muy lenta, ya descreo de todo y he perdido en parte la esperanza de saber por lo menos, dónde están sus restos, y además no creo llegar a ver a algunos de los genocidas de Rosario presos, pero no en la casa, sino en cárceles comunes, que es donde deberían estar".

Elsa Massa
"Ya había comenzado su militancia y con ello nuestras discusiones. El ’no te metás’ existió. Cuántas veces los padres lo habremos dicho, no porque no estuviéramos de acuerdo con lo que hacían, pero sí para cuidarlos, preservarlos de males mayores; desgraciadamente los acontecimientos nos dieron la razón. Pero algo tengo que reconocerle, con nosotros cumplió. Le habíamos pedido casi rogando que terminara su carrera y lo hizo, después su participación en la militancia se intensificó y con ello su lucha contra las injusticias, los sufrimientos sobre todo de los más humildes y abrazó una causa que consideró justa y reivindicatoria. El, supimos después de su desaparición, debía volver a Rufino, ciudad donde residía y trabajaba ya que Susana, su compañera, médica patóloga, también desaparecida, había instalado un laboratorio.
Lentamente el ómnibus se alejaba y allí en el andén quedaba Ricardo, parado, saludándonos con su brazo en alto. Entre sus manos el sobretodo gris que había quedado en casa. Se lo había llevado pensando que ese invierno lo iba a necesitar. Fue la última vez que lo vi y esa visión está aferrada en mi memoria. No puedo imaginarlo de otra forma, sólo lo que viví en sus 30 años de vida.
Me pregunto, ¿será que mi alocado subconsciente se niega a aceptar la triste realidad de su ausencia?"

Nelly Galasso
Después de la muerte de su hijo Ricardo fue a Córdoba, le habían sugerido que tomara distancia, que buscara otro sitio para macerar el dolor pero luego de un tiempo volvió a la ciudad de sus amores, a la ciudad que vio nacer y morir a su hijo, a su lugar en el mundo donde estaban sus seres queridos. Una vez de regreso cultivó el perfil bajo, pero no es casual que las Madres de la Plaza la hayan encontrado y le ofrecieran compartir la ronda de los jueves, y allí fue a pedir justicia. Cuando estaba por despuntar la primavera del 2009 y hacía pocos días que habían comenzado los juicios, los pasos de Nelly se silenciaron, su cuerpo dijo basta, pero su voz permanece en Gracias a todos, el libro que publicó, animada por sus hijos, poco antes de morir, Nelly encontró el camino de la ficción para arrancarle a las palabras sonidos perturbadores, para reflexionar acerca de la condición humana, para establecer un diálogo que no cesa.
También, cuando debió escribir sobre su hijo lo hizo sin dudar y convirtió lo acontecido en una pieza literaria que estremece de belleza el dolor, tal vez fue el camino que eligió para hacer verosímil lo real, para hacer imaginable lo inimaginable, para dejar su luz en la oscuridad de la muerte.

Esperanza Labrador
"Mis hijos eran buenísimos, tanto Palmiro como Miguel Angel y Tito que se murió electrocutado, y Manoli, la única mujer y la que me quedó. Los cuatro eran excelentes. No hacían mal a nadie, los vecinos los querían. Por esos los mataron por ser buenos, por pensar en los otros, han matado a una juventud entera, la mejor, ellos no querían que hubiese niños pobres, que le faltara de nada a la gente.
Miguel Ángel, el más chico, y el único nacido en Argentina, empieza a militar a los 15 años en Tacuara, y luego ingresa en la Juventud Peronista. Se inició con algunos amigos en el barrio. Y luego convenció a su hermano Palmiro para que milite.
Siguen pasando los años, hasta que en 1976 se produce el golpe de Estado, empiezan a desaparecer los compañeros de mis hijos, y todo el mundo anda con miedo. Palmiro y Miguel Angel comentaban: ’han matado a tal o a cual’ y eso era muy triste.
Miguel Ángel, los primeros días de septiembre sale a vender calzados a las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, pero todas las noches llama para contar cómo le han ido las ventas y de golpe deja de llamar. Estuvimos cuatro días sin saber nada y nos avisan que lo han visto en Jefatura de policía de Rosario llevándolo de una oficina a otra. Entonces mi marido consulta a dos policías conocidos, Vitantonio y a Avila, y éste último lo acompaña a jefatura. Nosotros presentamos habeas corpus, escribimos al obispo, en fin todo lo que se podía hacer.
Seguimos buscándolo y llega el mes de noviembre en que nos allanan todas las propiedades, roban todo lo que pueden, nos golpean, y nos dicen que han matado a Palmiro. Entonces cuando ellos se van mi marido va a la casa de Palmiro para ver si esto era cierto, y lo matan. También matan a Palmiro y a su compañera Graciela Koatz.
Nomás enterrarlos y el cónsul de España nos saca de vuelta para allá, en donde vivo actualmente, con mi hija Manoli y su esposo. Nos quitaron a nuestros seres más queridos, pero no nos pudieron robar nuestros recuerdos, eso nunca".

Elida López
"En Mar del Plata el ejército acostumbraba a rodear las manzanas y a allanar casas, no sé si en Rosario ocurría lo mismo, tampoco estoy segura si fue así el operativo en el que se llevaron a mi hijo, pero entraron a su casa. Leticia tenía 10 días estaba en su cunita, a mi nuera la dejaron pero le advirtieron que se quedara allí porque la iban a llamar por teléfono, ella lejos de obedecer se fue con los chicos a la casa de sus padres. Unas horas después recibió un llamado de mi hijo, era evidente que lo habían obligado para sacar información de otros compañeros; en determinado momento dijo: ’para mi estoy en la base naval’, en ese instante la comunicación se cortó abruptamente. Esa fue la última vez que lo escuchó o supimos algo de él.
Todo fue y es muy difícil, ahora con los juicios en Rosario revivo muchas cosas; en una de las audiencias escuché a uno de los sobrevivientes de un campo de concentración contar que escuchaba los gritos del hermano como consecuencia de la tortura y también su queja desesperada por el frío que padecía, entonces experimenté como si fuera hoy toda la preocupación y la angustia que yo sentía al pensar en el frío que debía sufrir Adrián en la base". Elida por fin hace una pausa, y me dice: "sabés, allá en el sur hace mucho frío". Asiento con la cabeza, permanezco callada, luego la acompaño, las madres están por recibir una plaqueta de reconocimiento en la plaza.
Las madres no fueron, no son excepcionales ni brujas, son las "locas" de Plaza de Mayo, con ese epíteto trataron desacreditarlas pero lograron lo contrario, distinguidas en su locura no se sentaron a recordar y a llorar en la soledad del cuarto. Su respuesta fue la ronda de los jueves, donde el tiempo se constituyó socialmente y la experiencia personal adquirió un significado histórico, la recreación de la escena formará parte de la Historia pero en el lugar de la escena: en la plaza, se respira la paz de las cosas comunes. Hay que acercarse y escuchar.
27 de febrero de 2011
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otras declarantes, otros horrores


"Les entregaron los cuerpos, pero les prohibieron hacer un velorio, publicar fotos y poner los nombres de los muertos en el cementerio."
Argentina. Virginia Colacray era la esposa de Osvaldo Matosky, que fue secuestrado el 5 de agosto de 1976, en la casa de Hilarión de la Quintana 1571 donde vivía también su bebé de un año y la madre de Matosky. Continúa desaparecido y es una de las 93 víctimas de la causa Díaz Bessone. Por su homicidio calificado está acusado el general Ramón Genaro Díaz Bessone, comandante del Segundo Cuerpo de Ejército hasta el 12 de octubre de 1976. La declaración de Colacray fue evasiva, pero sirvió para establecer que el joven de 24 años fue secuestrado de ese domicilio.
También ayer declaró Miriam Vitantonio, hermana de Héctor, que fue secuestrado el 23 de septiembre de 1976 en su casa de Moreno al 1000, junto a Estrella González, su esposa. El 5 de octubre aparecieron muertos en la Circunvalación, junto a Ruth González, hermana de Estrella, que había estado secuestrada en el Servicio de Informaciones. A Miriam le tocó reconocer los cuerpos. Vio que tanto Héctor como Ruth tenían los dedos de las manos negros, quemados por la picana. A su hermano le faltaba el ojo derecho. Tenían varios balazos. Estrella tenía puesto un baby doll. La versión oficial habló de una muerte en enfrentamiento. "No creo que nadie salga a pasear en auto por la Circunvalación en baby doll", dijo ayer la testigo, que contó también que cuando fue a la Asistencia Pública (emplazada en la misma manzana que hoy está el CEMAR) vio muchos cadáveres en el mismo lugar que el de sus familiares. Al punto que su pantalón se enredó con la mano de una chica que yacía muerta en esa habitación. Les entregaron los cuerpos, pero les prohibieron hacer un velorio, publicar fotos y poner los nombres de los muertos en el cementerio. Sólo podían despedirlos los más íntimos.
[La foto viene del blog el muerto que habla.]
24 de febrero de 2011
23 de febrero de 2011
©rosario 12


declaró nora díaz


Testimonio de una ex médica del Hospital de Niños de Rosario. La radio fuerte para tapar las torturas, los gritos desgarradores de los atormentados, los castigos a su esposo, volvieron una y otra vez en el relato de Nora Díaz, quien estuvo detenida 40 días en el Servicio de Inteligencia.
[Sonia Tessa] Argentina. Cuando terminó de declarar y salió de la sala de audiencias, Nora María del Huerto Díaz soltó un llanto fuerte, desconsolado, en el pasillo por el que entran los testigos que declaran en la causa Díaz Bessone. Estaba sola, pero su dolor se escuchó con nitidez desde afuera. Había contado durante casi una hora cómo la tuvieron secuestrada por 40 días, y hasta al policía que debió firmar su egreso de la Alcaidía, el 19 de julio de 1977, le dio vergüenza poner en el parte que había estado presa todo ese tiempo por "averiguación de antecedentes". Cuando quiso volver a su trabajo como médica de guardia del hospital de Niños Víctor J. Vilela, el jefe del servicio la acusó de haber abandonado su trabajo, y le pidió un certificado que ella, sólo dos días después de haber sido liberada, fue a buscar al mismo Servicio de Informaciones. Se lo dieron, firmado por el comisario Hugo Sandoz. Cuando volvió con su justificación, recibió como respuesta: "Pero acá no dice que no hiciste nada".
El clima de persecución a toda la sociedad instalado por el terrorismo de Estado se hizo presente con fuerza en la declaración de ayer de esta pediatra que fue secuestrada en su casa, cuando tenía 26 años, junto a su esposo, Alberto Fernández, empleado ferroviario. La radio fuerte para tapar las torturas, los gritos desgarradores de los atormentados, los castigos a su esposo, volvieron una y otra vez en el relato de Díaz. "Quiero que entiendan que yo me pasé 33 años de mi vida intentando olvidar esto para poder seguir. Creí que esta declaración se iba a producir mucho antes. Para mí, llegar a los 60 años a contar esto es terrible", dijo ayer frente a los jueces.
La mujer comenzó su historia con el operativo en su casa de Perú 1566, el 10 de junio de 1977, a la madrugada. Estaban durmiendo y escucharon un ultimátum por altavoz. En la puerta había una camioneta del Cuerpo Guardia de Infantería, de la policía provincial. Los efectivos estaban de civil. La pareja tenía una nena de 2 años y pudo dejársela a un vecino, con el teléfono de su padre para que se la entregaran. Desde allí, los llevaron al Servicio de Informaciones. Los primeros cinco días los pasó en una sala donde compartió cautiverio con un muchacho joven de Villa Constitución al que llevaban todas las noches para torturarlo. Mucho después sabría quién era. Permaneció con los ojos vendados y cerca de su esposo. No podía ver las caras de los represores, pero ayer aseguró que reconocía los zapatos de todos los represores.
Allí, cuando la patota iba a buscar gente, sentían alivio. "Cuando salían era como que una respiraba, pero había que esperar que volvieran con algo, porque si no venían a buscar a algunos de los que estaban allí para torturarlos de nuevo", rememoró ayer, sin quebrarse.
Un día, el jefe de guardia, Carlitos Gómez, le dijo que la iban a bajar. Más tarde la trasladaron al sector del sótano, a una de las dos habitaciones de mujeres. "Me di cuenta de que ahí se habían roto todos los códigos, que era difícil saber quién era quién. Había un detenido, apodado El Pollo (por Baravalle, que estuvo imputado en esta causa y se suicidó en Italia en 2008), que estaba con nosotros pero subía libremente y salía con la patota", relató ayer. Para ella, "las noches eran terribles. El repiquetear de la cama de acero cuando aplicaban la picana no me lo puedo olvidar".
En esos interminables días en el sótano, pudo saber que llevaban gente para matarla. "Lo peor que me pasó fue que a los 10 días de estar abajo, llevaron a ese chico que había estado conmigo, que lo torturaron tanto, que se llamaba Jorge, para bañarse, cuando hacían eso nos ponían en una habitación aparte, y nos prohibían hablar, pero nosotros nos ingeniábamos. Era sábado a la tarde. El se asomó en el baño y me dijo: ’Gorda, me llevan a declarar ante el juez militar’. Yo me puse tan contenta, porque había zafado. Ya me había dado cuenta de que ahí mataban gente. Cuando volví con mis compañeras de cautiverio, me dijeron que yo no podía ser más boluda. Que la gente iba a declarar ante el juez los días de semana por la mañana, y que ese chico no volvía más", dijo la testigo. Cuando salió en libertad, se propuso saber quién era ese joven, que le hablaba siempre de su hijo pequeño. Averiguó que se llamaba Jorge Sklate, y está desaparecido.
Un día la llevaron a declarar ante un juez militar, que la amenazó con que nunca más vería a su hija. Ella le gritó que jamás había conocido a un montonero, pero el juez mantuvo su amenaza. No fue la única vez que la llevaron arriba. Para llegar a destino debía ir sorteando cuerpos de personas que estaban tiradas, secuestradas, en ese lugar. La otra vez que la subieron también le taparon los ojos. Escuchó que iba a la oficina del Ciego (el apodo que usaba José Rubén Lofiego, uno de los acusados de esta causa). Allí la interrogaron y le mostraron una foto de Jorge Francesio, que era médico. Ella lo había cruzado en los pasillos del hospital de Niños, pero no lo conocía personalmente. También está desaparecido.
Por orden de uno de los represores, "Darío" (Julio Fermoselle, no está en este juicio), una noche le dieron a Díaz una pastilla para dormir y se llevaron a su marido, a quien sometieron a tormentos que le provocaron diversas heridas. Fernández declaró en este causa en noviembre, y contó que era militante del Peronismo de Base.
Entre los datos que ayer aportó la testigo, habló del "Sargento" como uno de los represores que estaba en el SI. A ese apodo respondía Ramón Rito Vergara, uno de los seis imputados de la causa. Aunque no pudo recordar claramente su aspecto, sí mencionó que era uno de los encargados de buscar y regresar a los detenidos que iban a la sala de torturas. "Si participaba no lo sé, pero ahí todos participaban", dijo la mujer, que tomó más de un vaso de agua durante la declaración. "Dudé mucho si venir, pero sigo pensando que en la vida hay que hacer lo correcto. Acá estoy y esta es mi historia", expresó. Al salir, su cara trasuntaba dolor. Traspasó la puerta de la sala y no pudo contener más el llanto acumulado.
24 de febrero de 2011
23 de febrero de 2011
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liberada de una red de trata


Una joven secuestrada en La Rioja apareció en el partido de La Matanza. Su madre la buscaba desde hace un año. Denunció que había sido captada por una red de trata para ser explotada sexualmente y llegó hasta la presidenta Cristina Fernández. Hace unos días la chica se presentó en un destacamento de Gendarmería.
[Mariana Carbajal] Argentina. Jacqueline Andines no quiere volver a La Rioja. Tiene mucho miedo. Se le nota en la mirada. Y en lo que prefiere callar. Esta adolescente, de 19 años, está bajo el resguardo de la Oficina de Rescate y Acompañamiento de Personas Víctimas de Trata, del Ministerio de Justicia, desde que, hace una semana, apareció en el partido de La Matanza. Hace un año que su madre, María Anahí Ruiz, la buscaba y había denunciado que había sido "chupada" por una red de tratantes para ser explotada sexualmente. Incluso, Ruiz llevó su desesperación –ante la prolongada ausencia de su hija– a la presidenta Cristina Fernández. Jacqueline se presentó el 9 de febrero por sus propios medios en una delegación de Gendarmería Nacional, en la localidad de Virrey del Pino, cuando se enteró por vecinos de la casa en la que estaba viviendo que la estaban buscando por el barrio a partir de una denuncia anónima que había recibido la madre. Además de la Oficina de Rescate, la están acompañando especialistas de la Fundación María de los Angeles, que preside la madre de Marita Verón, Susana Trimarco, entidad que se había presentado como querellante en la causa judicial abierta en La Rioja por la desaparición de la chica.
En enero fueron rescatadas en distintos procedimientos realizados por fuerzas de seguridad, con la presencia de la Oficina de Rescate, 17 mujeres víctimas de trata para explotación sexual en diversos puntos del país, según informó el organismo. A lo largo de 2010, fueron 376 las mujeres liberadas. Y desde que la ley contra la trata entró en vigencia, en 2008, hasta la actualidad, en total se rescataron 744 mujeres de burdeles y VIP y 433 personas más, la amplia mayoría varones, víctimas de trata para explotación laboral, de acuerdo con las estadísticas oficiales a las que accedió Página/12.
Una noche de enero de 2010, Jacqueline, que en ese momento tenía 18 años, salió a bailar con un vecino del barrio Virgen del Valle, en las afueras de la ciudad de La Rioja, donde vivía con su madre, y no regresó nunca más. Desde entonces, y hasta la semana pasada, su familia no había tenido noticias suyas. Jacqueline no se había llevado documentos ni ropa. En su casa quedaron sus dos hijitos, de 4 y 2 años. La Fundación que dirige Trimarco se constituyó como querellante en septiembre, al entender que en el expediente había elementos que indicaban que se trataba de un caso de trata de personas, y para fortalecer el reclamo de la madre, que sentía que no se la escuchaba en los tribunales riojanos.
Jacqueline, finalmente, se presentó espontáneamente ante un destacamento de Gendarmería, que estaba realizando tareas de inteligencia en el barrio para dar con ella a partir de información recibida en forma anónima por su madre en los últimos días. Según pudo saber este diario, la muchacha se encuentra en buen estado de salud.
Intervino el Juzgado Federal N0 2 de Morón, donde brindó una breve declaración el 14 de febrero. Pero el expediente pasó luego al Juzgado Federal de La Rioja, que llevaba adelante la investigación por la desaparición de la adolescente. De todas formas, fuentes de la Oficina de Rescate y Acompañamiento dijeron a Página/12 que no creen que pueda declarar en La Rioja pronto, dado que no está en condiciones emocionales para prestar declaración testimonial y rememorar las situaciones vividas en el último año, en el que habría estado encerrada en distintos burdeles, al parecer, situados en más de una provincia. No está claro todavía cómo pudo zafar de la red que la habría reclutado, dado que no ha querido brindar información al respecto, por temor a represalias sobre ella o su familia.
El rostro de Jacqueline fue difundido en transmisiones televisivas de Fútbol para todos, luego de que la madre se movilizara e hiciera llegar su reclamo a la propia Presidenta, al acercarse en un acto oficial organizado por el gobierno riojano, en el que participó la mandataria a mediados del año pasado. Aún Jacqueline no se encontró con su familia, que se halla en La Rioja, también temerosa por represalias que pudieran sufrir de parte de quienes la habrían tenido secuestrada. Se evaluará, oportunamente, dijeron fuentes de la Oficina de Rescate, si los miembros de la familia ingresan a un programa de protección de testigos.
Desde que desapareció la adolescente, el 8 de enero de 2010, su madre recorrió distintos mostradores, tanto de la policía provincial como de la Justicia para pedir que buscaran a su hija, pero según contó Ruiz, lo único que recibió fueron evasivas. Aunque denunció su desaparición al día siguiente de ver a su hija por última vez, el caso llegó al Juzgado Federal de La Rioja recién el 16 de abril de 2010. Desde mayo, la mujer, de 38 años, que sola mantiene a sus siete hijos y los dos nietos, hijos de Jacqueline, organizaba marchas por las calles del centro riojano, con carteles que pedían ayuda para encontrar a su hija mayor. En su barrio, denunció, otras adolescentes habían desaparecido, presuntamente secuestradas por tratantes con fines de explotación sexual.
23 de febrero de 2011
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tercer juicio contra menéndez


Comienza el tercer juicio en Tucumán contra Menéndez.
Argentina. El proceso por la denominada causa Romero Niklison", tiene como imputado principal al ex comandante del III Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, ya condenado a cuatro cadenas perpetuas, analizará la detención y el posterior asesinato de cuatro militantes peronistas, ocurrido el 20 de mayo de 1976. De acuerdo con el expediente, fuerzas conjuntas del Ejército y de la policía provincial tomaron por asalto la casa de los Romero Niklison y, simulando un enfrentamiento, asesinaron a todos los moradores.
El Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tucumán, integrado por los jueces Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla y Luis López procurará determinar la responsabilidad de Menéndez y del otro imputado, el ex comisario Roberto Heriberto Albornoz, en la causa reabierta en el año 2000, a instancias de la hija de una de las víctimas, María Alejandra Romero Niklison.
Menéndez, quien enfrenta el tercer juicio por delitos de lesa humanidad en la provincia y fue encontrado culpable en las dos ocasiones anteriores, sigue el desarrollo del proceso en una sala especialmente equipada, por cuestiones de salud.
María Alejandra, querellante en la causa, recordó que "yo tenía un año y ocho meses, pero entiendo la opción de vida de mi madre, siempre abocada a la búsqueda de la construcción colectiva de un proyecto de país distinto con igualdad para todos, acceso a la salud y educación y una economía que no sea para unos pocos". Los cuerpos sin vida de las víctimas fueron llevados a la jefatura de la policía de Tucumán y posteriormente inhumados en fosas comunes ubicadas en el cementerio del Norte de San Miguel.
23 de febrero de 2011
22 de febrero de 2011
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testimonio de carlos kruppa


Juicio a la patota. Nuevo testigo en la causa Díaz Bessone. Luego de la declaración de Margarita Molina, y a partir de la indagación de las abogadas Durruty y Asinari, el fiscal Gonzalo Stara pidió que se citara a Miguel Ángel Kruppa para que testifique por el secuestro y asesinato de su hermano.
[Sonia Tessa] Carlos Kruppa tenía 22 años el 16 de julio de 1976, cuando un "grupo de tareas" cortó la luz de su barrio, en Fray Luis Beltrán, y entró a su casa. "Estábamos durmiendo, yo tenía 18 años. Escuchamos voces, como a las 2 y media de la mañana, y entraron con pasamontañas y fusiles, eso fue lo único que alcancé a ver", contó su hermano, Miguel Ángel, la semana pasada, en la puerta de los Tribunales Federales de Rosario, donde se realiza el juicio oral de la causa Díaz Bessone. El joven fue secuestrado, y nunca más supieron de él. La familia recorrió todas las dependencias oficiales, incluso llegó a la cárcel de Coronda, pero no obtuvo una respuesta. Miguel Ángel fue propuesto la semana pasada como testigo en la causa, en la que se investiga el homicidio de su hermano.
El martes pasado declaró una vecina de los Kruppa, Margarita Molina, quien contó que aquella noche de julio de 1976, se oyeron ruidos de autos en la calle General López al 200 de Fray Luis Beltrán. Aunque ella no salió de su casa, alcanzó a oír los gritos desgarradores de la madre de Kruppa, que clamaba para que le dejaran a su hijo. La declaración sirvió para que las abogadas de la querella que la habían ofrecido como testigo --Gabriela Durruty y Daniela Asinari-- indagaran si había algún sobreviviente de la familia. Al saber que el hermano de Kruppa continuaba viviendo en la misma casa de entonces, el fiscal Gonzalo Stara pidió que se lo citara a declarar como testigo de la desaparición de Carlos Kruppa.
Ese mismo día, el testigo Luis Lapisonde contó su secuestro, el 21 de julio de 1976, y que fue llevado al Batallón de Arsenales de Fray Luis Beltrán, donde lo torturaron reiteradamente. En una de esas sesiones lo pusieron en la misma habitación que Kruppa, a quien reconoció por la voz, porque eran vecinos. Nunca más volvió a oírlo. Lapisonde no tuvo dudas sobre el lugar de su cautiverio, ya que conocía perfectamente el Batallón, porque allí estudió y jugó al fútbol, además de reemplazar ocasionalmente a su hermano, que repartía leche.
Mientras tanto, el hermano de Carlos Kruppa esperaba en la vereda de los Tribunales Federales, donde afirmó que nunca había sido citado a declarar. "Esa noche robaron todo lo que tuvieron a mano. Buscaban un mimeógrafo y armas, pero sólo encontraron un rifle de aire comprimido y gomeras", dijo el futuro testigo de la causa Díaz Bessone. "Rompieron todo, se comieron todo lo que había en la heladera, casi me matan al perro, un fox terrier, que se llamaba Rabito y dormía con mi hermano. Cuando estos tipos se acercaron, el perro ladró, y le apuntaron", relató Miguel Ángel.
De hecho, su propio secuestro fue una posibilidad cierta. "En un momento uno de los secuaces preguntó qué hacían, si me llevaban a mí también, pero el otro le contestó que yo era un pendejo", recordó frente a los Tribunales. Esa noche sacaron a su hermano en calzoncillos de la casa, pese al frío. El desató a su padre, al que habían amarrado con un cinto. Había también vecinos que gritaban por la ventana. El joven secuestrado tenía 22 años, trabajaba en la Municipalidad de San Lorenzo.
La búsqueda posterior fue infructuosa. "Hicimos lo que teníamos que hacer, recorrimos todo lo legal, fuimos por todos lados, hasta a la cárcel de Coronda, pero en todos lados nos decían que no estaba", rememoró Miguel Ángel, que espera la oportunidad de declarar en el juicio oral en el que se investiga el homicidio, por el que está acusado el general Ramón Genaro Díaz Bessone, jefe del comando del Segundo Cuerpo de Ejército hasta el 12 de octubre de 1976.
21 de febrero de 2011
©rosario 12
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eua insiste en devolución


El Pentágono baja la voz sobre el avión. Ni Washington se disculpará ni la Argentina devolverá de inmediato lo confiscado. La exigencia se redujo a una entrega "lo más pronto posible".
[Horacio Verbitsky] Argentina. La disputa por la fallida tentativa de una misión militar estadounidense de introducir de modo subrepticio en la Argentina armas, equipos de comunicaciones encriptadas y drogas se canalizará por carriles diplomáticos sin demasiado estrépito. El viernes, el máximo responsable del Pentágono para la región, Frank Mora, hijo de exiliados cubanos, ya no dijo que la devolución del material incautado debe ser inmediata, sino "lo más pronto posible". Esta fórmula tan laxa admite su cumplimiento dentro de dos días, de dos meses o de dos años. Ni la Argentina se apurará a enviarlo de vuelta ni el gobierno de Barack Obama pedirá disculpas, aunque la nota entregada por el Departamento de Estado incluye al menos algunas de las explicaciones que hasta ese momento Estados Unidos no había dado. Ninguno de los dos gobiernos tiene una actitud hostil ni se propone escalar un conflicto que refleja distintas concepciones culturales. Estados Unidos cumple su destino manifiesto de actuar como policía del mundo y se asombra cuando alguien pide documentos a sus hombres, les revisa el equipaje y aplica sus propias leyes. Pero afirmaciones como las del presidente venezolano Hugo Chávez de que Estados Unidos hará "todo lo posible para que Cristina no siga al frente del gobierno" no reflejan la línea oficial argentina.

La Explicación
En su respuesta, el Departamento de Estado minimizó la diferencia entre lo declarado y lo introducido, que redujo a la categoría de un error burocrático respecto de la numeración de una de las armas, y atribuyó la falta de declaración de seis caños de ametralladora a un diálogo previo con los funcionarios del Registro Nacional de Armas (Renar), posición que la Aduana no habría aceptado. Respecto de los equipos de comunicaciones e informática pretendió que fueron declarados en forma genérica como "radios y computadoras" o "major end ítems", que según la definición del Pentágono es "una combinación final de productos terminados listos para su uso, por ejemplo, barcos o aviones". Sobre las drogas narcóticas y estupefacientes, la nota sostuvo que se trataba de "un maletín de primeros auxilios, que contenía morfina y otros materiales para ese fin, incluidas medicinas legales vencidas, ninguna de las cuales iba a ser utilizada por personal no estadounidense". Como puede verse en esta página no era un maletín sino varios cajones. Según el Departamento de Estado tanto los sistemas de comunicaciones encriptadas como las drogas son de uso rutinario en las misiones de sus tropas, ya que pueden ser necesarios en caso de emergencia real. Estados Unidos "reconoce que hubo una discrepancia en las armas declaradas en la lista oficial suministrada a los funcionarios argentinos" y expresa un "compromiso claro de respetar las leyes argentinas vigentes". Cita el Acuerdo vigente desde 1999 sobre Medidas de Seguridad para la Protección de Información Militar Clasificada, que responsabiliza a cada parte por la salvaguarda de la información de la otra parte, ya sea que esté en tránsito o almacenada. Pero en este caso el "material confidencial" no fue proporcionado a la Argentina "en forma directa o indirecta", según contempla aquel acuerdo, sino que se intentó hacerlo pasar bajo una definición genérica que no se ajusta a su índole. Por último, el Departamento de Estado declara su esperanza de que el material sea liberado y devuelto "de inmediato". La ley argentina permite pero no obliga a su destrucción, por lo cual cuando se determine con exactitud de qué se trata, tampoco habría inconvenientes para su devolución. Apenas dos días después de esta nota, el viernes 18, en una entrevista con el inquisitivo reportero colombiano Juan Carlos López, de CÑÑ, Frank Mora bajó el tono en forma ostensible. Ya no habló de devolución inmediata, sino "lo más pronto posible" e insistió una y otra vez que se estaba trabajando para una solución diplomática, que no pasaba porque ninguna de las partes pidiera disculpas.

Amedrentados
Mora también redujo el dramatismo de la primera declaración de su homólogo en el Departamento de Estado, Arturo Valenzuela, según quien los militares de las fuerzas especiales del primer Ejército del mundo se habían sentido "amedrentados" por los funcionarios argentinos (la directora de la Aduana, las médicas del Instituto Nacional de Medicamentos (Iname) y la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), los especialistas de la Aduana, el RENAR y la Policía Aeroportuaria). Con mayor sentido de las proporciones, Mora dijo que las tropas de elite pasaron una situación "desagradable". Insistió en que los vínculos con la Argentina son muy fuertes y que las relaciones están bien institucionalizadas. Mora se ha reunido varias veces con el canciller Héctor Timerman, a quien trató de convencer sobre la necesidad del empleo de las Fuerzas Armadas para enfrentar al "narcoterrorismo", ya que la policía es corrupta. Timerman le respondió que era un error mezclar dos fenómenos distintos, como el terrorismo y el narcotráfico, y le recordó que dentro de Estados Unidos sigue vigente la ley que prohíbe el uso de fuerzas militares en cuestiones de seguridad interior. Lo mismo ocurre en la Argentina, efecto colateral de la última dictadura militar, debido a la desprofesionalización que las Fuerzas Armadas padecieron cuando se las usó para la represión de la disidencia política, armada o no, con métodos criminales. Esta restricción disgusta al Pentágono. Dentro de su trabajo de penetración en los medios académicos, el Comando Sur firmó un acuerdo con la Facultad Internacional de Florida, cuyo Centro de Investigación Aplicada está realizando una investigación sobre "Cultura Estratégica". Su informe sobre la Argentina, de 2010, cuestiona la ausencia de militares y de diplomáticos en el diseño de las políticas de Defensa y de Relaciones Exteriores, a los que en el mejor de los casos se les permite participar en la implementación de las directivas que bajan del Poder Ejecutivo, elaboradas por la presidente y su círculo íntimo, se queja. "Las Fuerzas Armadas están en estado de total abandono y desorganización" y "el uso de la fuerza como una de las herramientas de gobierno parece cosa del pasado".

Disculpas de la Embajada
En sus comunicaciones informales, los norteamericanos se declararon perplejos por la presencia del propio ministro argentino de Relaciones Exteriores en el aeropuerto y por la difusión del caso. La concurrencia de Timerman se explica porque no es la primera sino la segunda vez que los militares norteamericanos intentan ingresar al país materiales no declarados y la difusión fue obra de los propios norteamericanos, como puede comprobarse con la primera crónica del caso, el sábado 12 en La Nación. Aquel primer avión, con personal y pertrechos para el mismo curso, llegó el 6 de agosto de 2010. Personal del (RENAR), de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y de la Administración Nacional de Aduanas detectó que además del material incluido en el manifiesto de embarque la carga incluía un fusil semiautomático Remington, modelo 700, calibre 300 plg; dos pistolas automáticas Beretta M9. 9x19 mm; dos lanzagranadas M320, calibre 40 mm y veinte cartuchos para ese lanzagranadas. La Aduana rechazó el ingreso de ese material sin declarar. Puesta al tanto de lo ocurrido, la embajadora Vilma Martínez dispuso que la máquina regresara con toda su carga a los Estados Unidos. Luego se comunicó con el ministro Julio Alak, por entonces a cargo de la Seguridad, le solicitó disculpas, le rogó que se las transmitiera a la presidente CFK y que el incidente no trascendiera a la opinión pública. La Argentina lo aceptó y la embajada reprogramó el curso. El 10 de febrero llegó el carguero de la Fuerza Aérea estadounidense desde la 7ª Brigada de Paracaidistas de Fort Bragg, Carolina del Norte (en inglés brag significa jactancia, canchereada). Esta vez aparecieron sin declarar una carabina y seis caños para ametralladoras, diversos aparatos electrónicos y de comunicaciones de tal sofisticación que, según los militares norteamericanos, no podían mostrarse a cielo abierto sin graves riesgos de seguridad. También había cajas con medicamentos en apariencia vencidos, un kit para francotirador, una motosierra capaz de cortar columnas de hormigón y numerosas drogas narcóticas y estupefacientes. La confidencialidad concedida en agosto sólo sirvió para que la tentativa de introducir este tipo de elementos en forma clandestina pudiera repetirse seis meses después. Ahora es más probable que no vuelva a ocurrir. En aquel caso se evidenció la discrepancia entre los ministerios de Defensa (Department of Defense, DOD) y de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos (Department of State, DOS). Mientras DOD realizó el envío, DOS lo devolvió a Estados Unidos. No es un caso excepcional, ya que en las últimas décadas, el Pentágono desplazó a la Cancillería en la fijación y ejecución de la política exterior de su país. Según la Oficina de Washington para América Latina (WOLA), con 1.200 hombres el Comando Sur dispone de mayores recursos y personal especializado en la América Latina que la suma de los del Departamento de Estado, de Defensa, de Agricultura, de Comercio y del Tesoro. En el último presupuesto estadounidense, los recursos que el gobierno de Obama destina para la Defensa son diez veces y medio mayores que los asignados a las relaciones exteriores. Con algunas oscilaciones, esa desproporción se mantiene en los últimos 35 años. Era de ocho veces y media bajo el mando de James Carter, trepó a casi quince veces durante la presidencia de Ronald Reagan, descendió a doce veces y media cuando gobernó George Bush y se mantuvo en trece veces durante las administraciones de Bill Clinton y George W. Bush.

Si Ellos Lo Dicen
Una fuente insustituible para conocer los objetivos del Comando Sur es el informe anual de su jefe ante la Comisión de Fuerzas Armadas del Senado de los Estados Unidos, que debe aprobar su presupuesto. El 11 de marzo del año pasado, el brigadier general Douglas Fraser explicó allí que el mayor mercado para los Estados Unidos es el que va desde Canadá hasta la Patagonia, "con casi el 38 por ciento del comercio", contra 31 por ciento de la Cuenca del Pacífico y 21 por ciento de Europa. "Importamos más petróleo crudo de esta región (52 por ciento) que del Golfo Pérsico (13 por ciento)". La inversión extranjera directa de Estados Unidos es igual en la región que en Asia, Medio Oriente y Africa juntas. "En 2011 el intercambio con América Latina será mayor que el de Estados Unidos con Europa y Japón sumados", dijo Fraser. Estados Unidos ya no puede dar por sentado que el American Way of life "sea la ideología única preferida en la región". Dada la presencia de jugadores en expansión global como China, Rusia e Irán la democracia "debe competir en forma activa" en la región con el "populismo y el socialismo". Estados Unidos debe contrarrestar entonces cualquier "mensaje antiestadounidense" y para ello "entrenamos y trabajamos con nuestros socios regionales en el mejoramiento de la seguridad, proveemos asistencia humanitaria y respondemos a desastres". Agregó que el gasto militar per capita en su área de responsabilidad es el más bajo del mundo, igual que la probabilidad de amenazas militares convencionales. "Pero enfrentamos desafíos no tradicionales", alimentados "por las endémicas condiciones de pobreza, la desigual distribución del ingreso y la corrupción". Entiende que "las mismas rutas y redes por las cuales los traficantes contrabandean de 1250 a 1500 toneladas de cocaína por año pueden emplearse en forma deliberada o no para pasar armas, dinero, material fisible o terroristas". El tráfico ilícito "provee un posible nexo para el terrorismo trasnacional y la potencial proliferación de armas de destrucción masiva". Esa forzada lógica lo lleva a concluir que "así como esos dos vectores se funden en un nuevo híbrido, el narcoterrorismo, también deben hacerlo nuestros esfuerzos para contrarrestarlo". De Colombia, esa fusión se traslada ahora al Perú, explicó Fraser. Considera que "el alarmante crecimiento de la violencia criminal" es un "corolario del tráfico ilegal". Esto a su vez "exacerba las condiciones de pobreza e inequidad, obstruyendo los esfuerzos por el desarrollo". Como prueba de este fantástico encadenamiento de factores disímiles el informe consigna que en "nuestra región ocurre uno de cada tres homicidios y uno de cada dos secuestros en el mundo" y la tasa de homicidios, de 27 por cada cien mil habitantes, es la más alta del mundo (en la Argentina es de 5/100.000).

Imágenes y Señales
Una respuesta que el Comando Sur enfatiza es la de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento. Esto requiere "mejor inteligencia de imágenes y señales, amplia área de cobertura, integración de sensores, indicadores de blancos en movimiento". También "herramientas de management, biométrica, contrainteligencia y agentes humanos de recolección de información". Con ese fin "trabajamos con la industria y con la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada en Defensa (Darpa) en busca de soluciones innovativas". Estos párrafos tal vez expliquen parte de la carga no declarada del avión, y algunos episodios recientes de la política nacional y en especial porteña.
21 de febrero de 2011
20 de febrero de 2011
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hizo el mapa de la represión


Indagaran a Alfredo Sotera, que fue jefe del Destacamento de Inteligencia 121. La declaración en el marco de la ex causa Feced, solicitada por los fiscales, comienza a enmendar un espacio de impunidad. Sotera es el autor de un informe sobre los militantes que eran "objetivos" del terror y la suerte que corrieron.
[José Maggi] Argentina. El jefe de Destacamento de Inteligencia 121 durante el primer período de la dictadura militar fue citado a declarar por la justicia federal en el marco de la ex Causa Feced. Se trata de Alfredo Sotera, oficial superior del Ejército Argentino y Jefe del Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario desde el 6 de diciembre de 1975 hasta el 15 de diciembre de 1976. Sotera es el autor de uno de los informes secretos del Ejército donde se señalaban los objetivos y la suerte corrida por los mismos. El documento fue entregado por otro miembro del espionaje militar, Adolfo Salzman, en la Causa Guerrieri. Se comienza a enmendar así un espacio de impunidad al avanzar sobre los responsables de la inteligencia en la implementación del plan sistemático de represión ilegal en esta región zona.
En rigor la declaración llega después de un largo tiempo: lo había pedido la anterior fiscal de la causa Adriana Saccone, y fue completado ahora por los actuales fiscales Gonzalo Stara y Mario Gambacorta. El juez federal Marcelo Bailaque hizo lugar así al pedido de declaración indagatoria y la fijó para el 3 de marzo en San Isidro donde tiene domicilio el ex militar.
El pedido había sido efectuado a fines del año 2009 y esta semana, los fiscales de la causa y a cargo de la Unidad de Asistencia de DDHH concretaron una porción de las imputaciones que ascienden a más de un centenar de víctimas que se investigan en la Causa Feced. Entre los fundamentos utilizados, por el fiscal Stara se resaltó el "carácter fundamental de la Inteligencia en el marco del Plan Sistemático de desaparición de personas".
En esa hipótesis aportó pruebas: el punto 5.024 del R.C. 9 1 del Ejército, "Operaciones contra elementos subversivos", establece que las actividades de inteligencia adquirirán una importancia capital, pues son las que posibilitarán la individualización de los elementos subversivos y su eliminación, y que del mayor o menor esfuerzo de la actividad de inteligencia dependerá en gran medida el éxito de la contrasubversión.
La relevancia que se asigna a la tarea de inteligencia aparece también reflejada en las disposiciones de la Armada (v. Placintara/75, Apéndice 3 del Anexo C, "Propósito", y Apéndice I del Anexo P en cuanto regla que la detención debe prolongarse el tiempo necesario para la obtención de inteligencia, punto 2.4.1.) y de la Aeronáutica, cuya "Orden de Operaciones Provincia" afirma en su punto 16 que el centro de gravedad para el logro de los objetivos estará orientado hacia el área de inteligencia. Agrega que: sin una adecuada inteligencia, será imposible encarar con éxito cualquier acción efectiva contra la subversión".
Con estas bases, el Ministerio Público Fiscal considera que "estando acreditada la responsabilidad primordial y directriz del Ejército Argentino en los hechos que se investigan en la presente causa, no puede desvincularse al responsable de un área fundamental en el marco del plan sistemático de represión clandestina e ilegal, como es la de inteligencia".
Cabe recordar que se encuentra acompañado a la causa el denominado "informe Sotera" donde figuran víctimas de la presente causa Díaz Bessone, como Alejandro Víctor Stancanelli, Pedro Galeano, Carlos Alberto Corbella, Marta Bertolino y Oscar Manzur, entre otros.
Justamente, Bertolino celebró la decisión de Bailaque. "Esto desbarata la estrategia defensiva del imputado Díaz Bessone, ex comandante del Segundo Cuerpo de Ejército: la policía de la provincia estaba indudablemente bajo su control y la inteligencia oficiaba de nexo. Si bien la detención de Sotera es una decisión tardía, es hora de avanzar en esta dirección. Junto con mi marido, Oscar Manzur todavía desaparecido integramos el tristemente conocido "informe Sotera", trabajo último que rinde este personaje al entregar su cargo en el 121", dijo la querellante de la causa Díaz Bessone. "El imputado José Rubén Lofiego, sin ir más lejos, en una de sus numerosas ampliaciones de indagatoria, relata cómo Amelong y Fariña (ambos "Personal de Inteligencia del Ejército", subordinados por lo tanto de Sotera) se disputan mi captura y las decisiones sobre mi destino como prisionera en el ámbito del mismísimo Servicio de Informaciones. Por lo demás, no era extraña la presencia de militares en los interrogatorios, u oficiando de pretendidos jueces en el centro de detención clandestino que funcionaba en la Jefatura de Policía, bajo la órbita del tenebroso Comandante Agustín Feced", agregó Bertolino.
Para la querellante, "el Destacamento de Inteligencia 121 sin dudas estableció una estrategia de barrido de toda la ciudad en busca de militantes populares, contando con la eficacia operativa de las patotas de Feced. El propio Feced no era policía, sino comandante de gendarmería. Los sobrevivientes tenemos la certeza de que en un Centro de Detención Clandestina de la envergadura del Servicio de Informaciones, principal centro de exterminio y de distribución de detenidos de nuestra provincia, obligadamente se trabajaba en línea directa con la inteligencia militar. Y en esto venimos insistiendo, en contra de cualquier hipótesis que busque establecer lo contrario".
Por su parte Elida Luna y Héctor Medina, de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, también acompañaron la decisión judicial manifestando que "desde el propio juicio a las juntas, y las investigaciones realizadas por las organizaciones defensoras de los derechos humanos, era conocido el rol fundamental de la inteligencia en el armado de la represión ilegal. Es una muy buena decisión del juez Bailaque, un logro de los fiscales de la causa Feced".
21 de febrero de 2011
20 de febrero de 2011
©rosario 12
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