china adopta el divorcio rápido
[Ching-Ching Ni] El estado dejará intervenir en la vida privada.
Pekín, China. Hace 20 años que están casados. Si no hubiese sido por una ley que les hacía difícil obtener el divorcio, se habrían separado hace mucho tiempo.
"No nos llevamos bien", dijo una obrera jubilada mientras salía de una oficina de registro de divorcios la semana pasada en Pekín, mientras su ahora ex marido se alejaba rápidamente en el viento invernal. "Lo hemos pensado durante mucho tiempo. Las nuevas reglas son mejores. Finalmente, no tenemos molestias".
Se refería a la ley anterior, que exigía que las parejas pidieran permiso a sus empleadores antes de casarse o de terminar un matrimonio.
La ley podía intimidar: Los planes de contraer vínculos pueden ser noticias divertidas para contarle al patrón; pero rompiéndolo provoca pesquisas incómodas sobre la vida personal y sermones para reconsiderar la decisión.
Al terminar con esa medida en el otoño de 2003, el gobierno parece haber provocado una estampida hacia la libertad.
En 2004, la tasa de divorcio aumentó en más de un 21 por ciento en relación con el año pasado, dijo el ministerio de Asuntos Civiles el mes pasado. Eso representó más de 1.6 millones de parejas divorciándose, 300.000 más que en 2003.
Los observadores atribuyen la mayor parte del aumento al trámite simplificado y al aumento general de las libertades personales en China.
"Han mejorado las condiciones de vida de la gente. Pueden cambiarse de trabajo, cambiar de domicilio. ¿Por qué no deberían poder cambiar de pareja sin restricciones innecesarias?", preguntó Shen Yongfeng, un abogado de divorcios de Shanghai.
En el pasado, incluso los que obtenían permiso de sus capataces debían hacer frente a agentes de divorcios del gobierno cuyo trabajo era convencerlos de que no se separaran. Había un período de espera de un mes para pensarlo de nuevo, y los dos miembros de la pareja debían presentarse a todas las citaciones o correr el riesgo de que se cancelara su solicitud. Los que no podían tolerar la tensión y el estigma, lo abandonaban.
Ahora las parejas pueden cambiar sus vidas en 10 minutos.
Si las dos partes acceden a separarse, deben simplemente rellenar el formulario y proporcionar su certificado de matrimonio, legitimación y fotos de sí mismos. Pagan un arancel de tramitación de alrededor de un dólar, y repentinamente ya no están más casados.
"Antes les habríamos ayudado a tratar de superar sus diferencias. Ahora eso se considera privado. Lo único que nos preguntamos es: ¿Es voluntario? No tienen que contarnos los detalles", dijo Dong Hailing, 28, agente de divorcios de Pekín, sentado a su escritorio debajo de un enorme escudo nacional y junto a una bandera china.
Mientras en el pasado el matrimonio ha parecido a algunos como una carga inevitable, ahora existe preocupación sobre la recién adquirida facilidad para divorciarse. La prensa china ha informado sobre parejas que estaban casadas en la mañana y se divorciaron en la tarde y otros que se divorciaron en un día y se volvieron a casar al siguiente.
Alguna gente plantea preocupaciones sobre si la nueva ley puede alentar la infidelidad, con la gente corriendo para dejar a sus esposas por sus enamoradas y simplemente volver a divorciarse si se arrepienten.
"Creo que fue Engels, el teórico del socialismo, el que dijo que el matrimonio sin amor es inmoral", dijo Shen, un abogado de divorcios. "La gente debería tener la libertad de elegir. Creo que es una señal de progreso".
La acometida hacia el altar el año pasado fue menos dramática que la carrera para divorciarse. Aunque las reglas para casarse también fueron simplificadas, el número de recién casados aumentó apenas en un 3 por ciento en 2003, a 8.3 millones.
Muchos jóvenes chinos tuvieron que ahorrar para formar sus familias. Un sondeo reciente concluyó que la boda de muchos de los recién casados, la mayoría de la generación familias con hijos únicos, podría llegar fácilmente a los 24.000 dólares por la ceremonia, el banquete, la sesión de fotos y la luna de miel.
El urbanita chino promedio gana poco más de 1.000 dólares al año. Los granjeros ganan un tercio de eso.
Algunos observadores dicen que las grandes bodas también contribuyen a las cifras de divorcio. "Alguna gente quiere celebrar la boda como el acontecimiento más espectacular de sus vidas", dijo Shen. "Tienden a ser igualmente idealistas sobre el matrimonio. Es fácil sentirse traicionado".
Una preocupación más seria sobre la modernización de las reglas del matrimonio es un reciente aumente en las enfermedades hereditarias y taras de nacimiento. Antes, todos los recién casados prospectivos debían someterse a exámenes físicos y análisis de sangre antes de poder casarse.
Ahora esos pasos son voluntarios, y la mayoría de la gente los está pasando por alto.
"Se simplificó el proceso para darle a la gente más libertad de elección", dijo Lu Jiehua, demógrafo de la Universidad de Pekín. "No nos dimos cuenta de que podía tener un impacto tan negativo".
El tema ha provocado tanta preocupación que algunos delegados del Congreso Nacional del Pueblo están proponiendo transformar las pruebas premaritales en un servicio gratuito de modo que más gente se vea motivada a someterse a ellas antes de casarse.
"Los chequeos de salud premaritales pueden jugar un papel muy importante en asegurar familias sanas y bebés sanos", dijo Siri Tellier, del Fondo de Población de Naciones Unidas en Pekín. "Deberían asegurarse de que sea gratuito y voluntario y algo que vaya más allá del test genético e incluya una asesoría sanitaria más amplia".
12 de marzo de 2005
15 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Pekín, China. Hace 20 años que están casados. Si no hubiese sido por una ley que les hacía difícil obtener el divorcio, se habrían separado hace mucho tiempo."No nos llevamos bien", dijo una obrera jubilada mientras salía de una oficina de registro de divorcios la semana pasada en Pekín, mientras su ahora ex marido se alejaba rápidamente en el viento invernal. "Lo hemos pensado durante mucho tiempo. Las nuevas reglas son mejores. Finalmente, no tenemos molestias".
Se refería a la ley anterior, que exigía que las parejas pidieran permiso a sus empleadores antes de casarse o de terminar un matrimonio.
La ley podía intimidar: Los planes de contraer vínculos pueden ser noticias divertidas para contarle al patrón; pero rompiéndolo provoca pesquisas incómodas sobre la vida personal y sermones para reconsiderar la decisión.
Al terminar con esa medida en el otoño de 2003, el gobierno parece haber provocado una estampida hacia la libertad.
En 2004, la tasa de divorcio aumentó en más de un 21 por ciento en relación con el año pasado, dijo el ministerio de Asuntos Civiles el mes pasado. Eso representó más de 1.6 millones de parejas divorciándose, 300.000 más que en 2003.
Los observadores atribuyen la mayor parte del aumento al trámite simplificado y al aumento general de las libertades personales en China.
"Han mejorado las condiciones de vida de la gente. Pueden cambiarse de trabajo, cambiar de domicilio. ¿Por qué no deberían poder cambiar de pareja sin restricciones innecesarias?", preguntó Shen Yongfeng, un abogado de divorcios de Shanghai.
En el pasado, incluso los que obtenían permiso de sus capataces debían hacer frente a agentes de divorcios del gobierno cuyo trabajo era convencerlos de que no se separaran. Había un período de espera de un mes para pensarlo de nuevo, y los dos miembros de la pareja debían presentarse a todas las citaciones o correr el riesgo de que se cancelara su solicitud. Los que no podían tolerar la tensión y el estigma, lo abandonaban.
Ahora las parejas pueden cambiar sus vidas en 10 minutos.
Si las dos partes acceden a separarse, deben simplemente rellenar el formulario y proporcionar su certificado de matrimonio, legitimación y fotos de sí mismos. Pagan un arancel de tramitación de alrededor de un dólar, y repentinamente ya no están más casados.
"Antes les habríamos ayudado a tratar de superar sus diferencias. Ahora eso se considera privado. Lo único que nos preguntamos es: ¿Es voluntario? No tienen que contarnos los detalles", dijo Dong Hailing, 28, agente de divorcios de Pekín, sentado a su escritorio debajo de un enorme escudo nacional y junto a una bandera china.
Mientras en el pasado el matrimonio ha parecido a algunos como una carga inevitable, ahora existe preocupación sobre la recién adquirida facilidad para divorciarse. La prensa china ha informado sobre parejas que estaban casadas en la mañana y se divorciaron en la tarde y otros que se divorciaron en un día y se volvieron a casar al siguiente.
Alguna gente plantea preocupaciones sobre si la nueva ley puede alentar la infidelidad, con la gente corriendo para dejar a sus esposas por sus enamoradas y simplemente volver a divorciarse si se arrepienten.
"Creo que fue Engels, el teórico del socialismo, el que dijo que el matrimonio sin amor es inmoral", dijo Shen, un abogado de divorcios. "La gente debería tener la libertad de elegir. Creo que es una señal de progreso".
La acometida hacia el altar el año pasado fue menos dramática que la carrera para divorciarse. Aunque las reglas para casarse también fueron simplificadas, el número de recién casados aumentó apenas en un 3 por ciento en 2003, a 8.3 millones.
Muchos jóvenes chinos tuvieron que ahorrar para formar sus familias. Un sondeo reciente concluyó que la boda de muchos de los recién casados, la mayoría de la generación familias con hijos únicos, podría llegar fácilmente a los 24.000 dólares por la ceremonia, el banquete, la sesión de fotos y la luna de miel.
El urbanita chino promedio gana poco más de 1.000 dólares al año. Los granjeros ganan un tercio de eso.
Algunos observadores dicen que las grandes bodas también contribuyen a las cifras de divorcio. "Alguna gente quiere celebrar la boda como el acontecimiento más espectacular de sus vidas", dijo Shen. "Tienden a ser igualmente idealistas sobre el matrimonio. Es fácil sentirse traicionado".
Una preocupación más seria sobre la modernización de las reglas del matrimonio es un reciente aumente en las enfermedades hereditarias y taras de nacimiento. Antes, todos los recién casados prospectivos debían someterse a exámenes físicos y análisis de sangre antes de poder casarse.
Ahora esos pasos son voluntarios, y la mayoría de la gente los está pasando por alto.
"Se simplificó el proceso para darle a la gente más libertad de elección", dijo Lu Jiehua, demógrafo de la Universidad de Pekín. "No nos dimos cuenta de que podía tener un impacto tan negativo".
El tema ha provocado tanta preocupación que algunos delegados del Congreso Nacional del Pueblo están proponiendo transformar las pruebas premaritales en un servicio gratuito de modo que más gente se vea motivada a someterse a ellas antes de casarse.
"Los chequeos de salud premaritales pueden jugar un papel muy importante en asegurar familias sanas y bebés sanos", dijo Siri Tellier, del Fondo de Población de Naciones Unidas en Pekín. "Deberían asegurarse de que sea gratuito y voluntario y algo que vaya más allá del test genético e incluya una asesoría sanitaria más amplia".
12 de marzo de 2005
15 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
dos libros, un partido en china
[Philip P. Pan] Funcionarios prohíben obras de veterano del partido y endorsan biografía de un empresario norteamericano. China no se cansa de hacer el ridículo.
Pekín, China. Dos nuevos libros que penetran en el secreto que rodea a los más importantes líderes chinos están generando susurros y parloteos en todo el país, pero en una maniobra que ofrece una mirada en los intentos del Partido Comunista de modelar la opinión pública, funcionarios de propaganda han prohibido sólo uno de ellos y están promoviendo agresivamente el otro.
El contraste es particularmente impresionante porque el libro prohibido fue escrito por un veterano periodista del partido, empleado durante 35 años por la oficial Agencia de Noticias Nueva China, mientras que el autor del libro favorecido, una biografía del presidente Jiang Zemin, es un financista norteamericano.
Las diferentes respuestas destacan la lucha del partido por el control de su imagen, y las tácticas cada vez más sofisticadas que usa en la prosecución de ese objetivo en una sociedad con creciente acceso a las noticias y a la información. También sugieren que el partido cree que su capacidad de definir su historia sigue siendo fundamental para mantener las riendas del poder.
De muchos modos, los libros presentan versiones opuestas de la historia reciente. La biografía The Man Who Changed China: The Life and Legacy of Jiang Zemin' [El Hombre que Cambió China: Vida y Legado de Jiang Zemin], de Robert Lawrence Kuhn, argumenta que el partido ha llevado al pueblo una estabilidad, prosperidad, prestigio global y libertad personal sin precedentes desde que muriera Mao Zedong en 1976.
El otro libro, un relato de las batallas políticas dentro de la dirigencia sobre el mismo período, cuestiona esa visión, concentrándose en lugar de eso en la galopante corrupción, creciente descontento social y otros problemas causados por la negativa del partido a aceptar reformas democráticas, aunque haya implementado políticas económicas capitalistas.
El libro, Political Struggles in China's Reform Era' [Batallas Políticas en la Era de las Reformas en China], de Yang Jisheng, es también un intento de redefinir el legado de Zhao Ziyang, el jefe del partido purgado por oponerse a la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989. Incluye tres entrevistas realizadas en secreto con Zhao durante los años noventa, cuando vivió bajo arresto domiciliario.
El partido ha tratado de minimizar el papel de Zhao en el surgimiento económico de China y sostiene que su oposición a la represión en Tiananmen fue un "serio error". Algunos analistas extranjeros también han argumentado que Zhao era un líder autoritario que apoyó las manifestaciones pro-democracia en 1989 sólo como un intento de hacerse con el poder.
Pero una serie de libros de antiguos asesores en los últimos años, algunos de ellos basándose en documentos internos sacados fuera del país, han astillado ambas imágenes de Zhao, y es ahora visto por muchos como un partidario de reformas democráticas graduales que dijo a fines de los años ochenta que esperaba que dentro de una década se pudieran realizar elecciones a nivel provincial.
En el libro de Yang, publicado justo semanas antes de la muerte de Zhao en enero, el depuesto líder del partido presenta sus ideas con sus propias palabras, criticando a los líderes actuales por prohibir incluso las conversaciones sobre reformas políticas y una vez más rechazando la justificación del partido de la masacre de Tiananmen.
"Se argumentó que la represión era el último recurso, que no había alternativas. Ese argumento es erróneo", dice Zhao. "Teníamos muchas posibilidades que habrían posibilitado una salida sin derramamiento de sangre".
El gobierno ha prohibido la publicación o venta del libro de Yang en el continente, pero desde noviembre, cuando fue impreso en Hong Kong, miles de copias han sido introducidas a través de la frontera. Los libreros en Hong Kong dicen que han vendido casi todos los ejemplares que fueron comprados por visitantes del continente, y Yang dijo que su editor ha vendido al menos 20.000 copias. El escritor se negó a hacer más comentarios, diciendo que había sido advertido por las autoridades que no hablara con periodistas.
En contraste, la biografía de Kuhn, de Jiang, que sucedió a Zhao en 1989, es expuesto prominentemente en librerías en todo el país. La editorial Shangai Century Publishing Group dice que imprimió un millón de ejemplares y ha vendido 600.000 de ellos desde que el libro fuera lanzado en febrero, transformándolo en un éxito de ventas nacional.
Viajando por el país en una gira de promoción del libro, Kuhn, director general del Smith Barney Citigroup y asesor económico voluntario de funcionarios chinos, ha sido saludado por colas de admiradores que piden su autógrafo y recibido por funcionarios de alto nivel del partido. Agencias de prensa controladas por el estado han colmado el libro de elogios, aunque algunos diarios nacionales no lo han comentado.
La cálida acogida oficial del libro de Kuhn es inusual incluso de acuerdo a las normas del aparato de propaganda del partido, que desde la muerte de Mao en general ha prohibido la publicación de biografías de líderes importantes mientras estén vivos. La excepción hecha con Jiang ha llevado a algunos observadores políticos en Pekín a sugerir que el libro es un intento del antiguo presidente de conservar alguna influencia tras su jubilación.
Las autoridades han otorgado a Kuhn, que habla algo de chino y no es un experto en China, un acceso extraordinario para un extranjero, dejándole reunirse con varios funcionarios de importancia del partido, la hermana de Jiang y, en una reunión informal, con Jiang mismo. El libro presenta algunos materiales nuevos sobre la vida de Jiang, pero la mayoría de las reseñas de la edición inglesa lo han puesto por los suelos como un trabajo servil que exagera el impacto de Jiang y trata de defenderlo de toda crítica.
La edición china es incluso menos reveladora, con referencias a las batallas políticas internas que debió librar Jiang para seguir en el poder y otras materias delicadas borradas por los censores. Kuhn dijo que estaba decepcionado que partes de su libro hayan sido cortadas y dijo que el libro representaba sus mejores esfuerzos por escribir una "historia personal tal como fue contada por la familia, amigos y colegas de Jiang" que transmiten el "modo de pensar" de Jiang en el contexto de la historia y cultura chinas.
La reacción pública en China ha sido mezclada. Algunos lectores han elogiado el libro por romper el tabú sobre la discusión de las vidas personales de altos funcionarios y por presentar detalles de la vida de Jiang que no conocían. Otros se han negado a comprarlo, desdeñándolo como propaganda.
"El libro de Yang era una historia real, pero el de Kuhn es como el de un aficionado admirando a una celebridad. No hay distancia, no hay objetividad", dijo, a condición de conservar el anonimato, un editor chino que ha leído ambos libros. "Es extraño que un occidental escriba algo así".
El editor dijo que el hecho de que Kuhn sea un extranjero es un punto que ayuda a las ventas porque muchos lectores creen que todo libro escrito por escritores chinos sobre los líderes del país es propaganda -a menos que haya sido prohibido.
De hecho, un prominente escritor de Shanghai, Ye Yonglie, ha dicho que la biografía fue sancionada por el partido y que funcionarios anularon un temprano plan de Kuhn y Ye de escribirlo juntos, quizás porque querían el nombre de un extranjero en la cubierta.
Sin embargo, un funcionario de propaganda le envió un billete de avión a principios de 2001 y viajó a Pekín, donde fue presentado a Kuhn y le pidieron que lo ayudara. Ye dijo que él accedió y envió más tarde a Kuhn materiales de investigación que incluían una línea cronológica, una lista de más de 100 proposiciones de entrevistas y una bibliografía.
Pero semanas más tarde, Kuhn envió a Ye un contrato en el que aparecía sólo como investigador jefe y entrevistador, no como co-autor. Cuando lo rechazó, dijo Ye, los funcionarios le dijeron que los "superiores" habían insistido en que Kuhn debía ser el único autor. En el contrato, Kuhn también describía al funcionario de propaganda como "coordinador jefe del equipo chino".
El funcionario, Yang Yang, director general de la Oficina de Información del Consejo de Estado, que se ocupa de la propaganda en el extranjero, confirmó que él había introducido Ye a Kuhn, y Kuhn confirmó que él había ofrecido un trabajo a Ye. Pero Kuhn dijo que escribir el libro con Ye no fue nunca considerado y que la decisión fue sólo suya, no del partido. También rechazó toda sugerencia de que el partido le hubiera encargado que escribiera el libro.
Kuhn dijo que describió a Yang como coordinador jefe del proyecto porque lo consideraba un amigo y quería a alguien de confianza para supervisar a Ye. También dijo que Yang ofrecía consejos y lo ayudó a consultar fuentes importantes a medida que avanzaba la investigación, pero que lo había hecho a nombre personal.
También Yang describió a Kuhn como un amigo, pero dijo que estaba haciendo su trabajo. Dijo que creía que el libro de Kuhn "podría jugar una función de equilibrio contra libros parciales y mal informados sobre el hombre y el país publicados en el extranjero". Pero prefirió no usar la palabra propaganda' para describir su trabajo.
"Nosotros lo llamamos comunicaciones externas", dijo.
12 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
El contraste es particularmente impresionante porque el libro prohibido fue escrito por un veterano periodista del partido, empleado durante 35 años por la oficial Agencia de Noticias Nueva China, mientras que el autor del libro favorecido, una biografía del presidente Jiang Zemin, es un financista norteamericano.
Las diferentes respuestas destacan la lucha del partido por el control de su imagen, y las tácticas cada vez más sofisticadas que usa en la prosecución de ese objetivo en una sociedad con creciente acceso a las noticias y a la información. También sugieren que el partido cree que su capacidad de definir su historia sigue siendo fundamental para mantener las riendas del poder.
De muchos modos, los libros presentan versiones opuestas de la historia reciente. La biografía The Man Who Changed China: The Life and Legacy of Jiang Zemin' [El Hombre que Cambió China: Vida y Legado de Jiang Zemin], de Robert Lawrence Kuhn, argumenta que el partido ha llevado al pueblo una estabilidad, prosperidad, prestigio global y libertad personal sin precedentes desde que muriera Mao Zedong en 1976.
El otro libro, un relato de las batallas políticas dentro de la dirigencia sobre el mismo período, cuestiona esa visión, concentrándose en lugar de eso en la galopante corrupción, creciente descontento social y otros problemas causados por la negativa del partido a aceptar reformas democráticas, aunque haya implementado políticas económicas capitalistas.
El libro, Political Struggles in China's Reform Era' [Batallas Políticas en la Era de las Reformas en China], de Yang Jisheng, es también un intento de redefinir el legado de Zhao Ziyang, el jefe del partido purgado por oponerse a la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989. Incluye tres entrevistas realizadas en secreto con Zhao durante los años noventa, cuando vivió bajo arresto domiciliario.
El partido ha tratado de minimizar el papel de Zhao en el surgimiento económico de China y sostiene que su oposición a la represión en Tiananmen fue un "serio error". Algunos analistas extranjeros también han argumentado que Zhao era un líder autoritario que apoyó las manifestaciones pro-democracia en 1989 sólo como un intento de hacerse con el poder.
Pero una serie de libros de antiguos asesores en los últimos años, algunos de ellos basándose en documentos internos sacados fuera del país, han astillado ambas imágenes de Zhao, y es ahora visto por muchos como un partidario de reformas democráticas graduales que dijo a fines de los años ochenta que esperaba que dentro de una década se pudieran realizar elecciones a nivel provincial.
En el libro de Yang, publicado justo semanas antes de la muerte de Zhao en enero, el depuesto líder del partido presenta sus ideas con sus propias palabras, criticando a los líderes actuales por prohibir incluso las conversaciones sobre reformas políticas y una vez más rechazando la justificación del partido de la masacre de Tiananmen.
"Se argumentó que la represión era el último recurso, que no había alternativas. Ese argumento es erróneo", dice Zhao. "Teníamos muchas posibilidades que habrían posibilitado una salida sin derramamiento de sangre".
El gobierno ha prohibido la publicación o venta del libro de Yang en el continente, pero desde noviembre, cuando fue impreso en Hong Kong, miles de copias han sido introducidas a través de la frontera. Los libreros en Hong Kong dicen que han vendido casi todos los ejemplares que fueron comprados por visitantes del continente, y Yang dijo que su editor ha vendido al menos 20.000 copias. El escritor se negó a hacer más comentarios, diciendo que había sido advertido por las autoridades que no hablara con periodistas.
En contraste, la biografía de Kuhn, de Jiang, que sucedió a Zhao en 1989, es expuesto prominentemente en librerías en todo el país. La editorial Shangai Century Publishing Group dice que imprimió un millón de ejemplares y ha vendido 600.000 de ellos desde que el libro fuera lanzado en febrero, transformándolo en un éxito de ventas nacional.
Viajando por el país en una gira de promoción del libro, Kuhn, director general del Smith Barney Citigroup y asesor económico voluntario de funcionarios chinos, ha sido saludado por colas de admiradores que piden su autógrafo y recibido por funcionarios de alto nivel del partido. Agencias de prensa controladas por el estado han colmado el libro de elogios, aunque algunos diarios nacionales no lo han comentado.
La cálida acogida oficial del libro de Kuhn es inusual incluso de acuerdo a las normas del aparato de propaganda del partido, que desde la muerte de Mao en general ha prohibido la publicación de biografías de líderes importantes mientras estén vivos. La excepción hecha con Jiang ha llevado a algunos observadores políticos en Pekín a sugerir que el libro es un intento del antiguo presidente de conservar alguna influencia tras su jubilación.
Las autoridades han otorgado a Kuhn, que habla algo de chino y no es un experto en China, un acceso extraordinario para un extranjero, dejándole reunirse con varios funcionarios de importancia del partido, la hermana de Jiang y, en una reunión informal, con Jiang mismo. El libro presenta algunos materiales nuevos sobre la vida de Jiang, pero la mayoría de las reseñas de la edición inglesa lo han puesto por los suelos como un trabajo servil que exagera el impacto de Jiang y trata de defenderlo de toda crítica.
La edición china es incluso menos reveladora, con referencias a las batallas políticas internas que debió librar Jiang para seguir en el poder y otras materias delicadas borradas por los censores. Kuhn dijo que estaba decepcionado que partes de su libro hayan sido cortadas y dijo que el libro representaba sus mejores esfuerzos por escribir una "historia personal tal como fue contada por la familia, amigos y colegas de Jiang" que transmiten el "modo de pensar" de Jiang en el contexto de la historia y cultura chinas.
La reacción pública en China ha sido mezclada. Algunos lectores han elogiado el libro por romper el tabú sobre la discusión de las vidas personales de altos funcionarios y por presentar detalles de la vida de Jiang que no conocían. Otros se han negado a comprarlo, desdeñándolo como propaganda.
"El libro de Yang era una historia real, pero el de Kuhn es como el de un aficionado admirando a una celebridad. No hay distancia, no hay objetividad", dijo, a condición de conservar el anonimato, un editor chino que ha leído ambos libros. "Es extraño que un occidental escriba algo así".
El editor dijo que el hecho de que Kuhn sea un extranjero es un punto que ayuda a las ventas porque muchos lectores creen que todo libro escrito por escritores chinos sobre los líderes del país es propaganda -a menos que haya sido prohibido.
De hecho, un prominente escritor de Shanghai, Ye Yonglie, ha dicho que la biografía fue sancionada por el partido y que funcionarios anularon un temprano plan de Kuhn y Ye de escribirlo juntos, quizás porque querían el nombre de un extranjero en la cubierta.
Sin embargo, un funcionario de propaganda le envió un billete de avión a principios de 2001 y viajó a Pekín, donde fue presentado a Kuhn y le pidieron que lo ayudara. Ye dijo que él accedió y envió más tarde a Kuhn materiales de investigación que incluían una línea cronológica, una lista de más de 100 proposiciones de entrevistas y una bibliografía.
Pero semanas más tarde, Kuhn envió a Ye un contrato en el que aparecía sólo como investigador jefe y entrevistador, no como co-autor. Cuando lo rechazó, dijo Ye, los funcionarios le dijeron que los "superiores" habían insistido en que Kuhn debía ser el único autor. En el contrato, Kuhn también describía al funcionario de propaganda como "coordinador jefe del equipo chino".
El funcionario, Yang Yang, director general de la Oficina de Información del Consejo de Estado, que se ocupa de la propaganda en el extranjero, confirmó que él había introducido Ye a Kuhn, y Kuhn confirmó que él había ofrecido un trabajo a Ye. Pero Kuhn dijo que escribir el libro con Ye no fue nunca considerado y que la decisión fue sólo suya, no del partido. También rechazó toda sugerencia de que el partido le hubiera encargado que escribiera el libro.
Kuhn dijo que describió a Yang como coordinador jefe del proyecto porque lo consideraba un amigo y quería a alguien de confianza para supervisar a Ye. También dijo que Yang ofrecía consejos y lo ayudó a consultar fuentes importantes a medida que avanzaba la investigación, pero que lo había hecho a nombre personal.
También Yang describió a Kuhn como un amigo, pero dijo que estaba haciendo su trabajo. Dijo que creía que el libro de Kuhn "podría jugar una función de equilibrio contra libros parciales y mal informados sobre el hombre y el país publicados en el extranjero". Pero prefirió no usar la palabra propaganda' para describir su trabajo.
"Nosotros lo llamamos comunicaciones externas", dijo.
12 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh