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católicos en china


[Ching-Ching Ni] Buscan conexión con el Vaticano. Pekín regula a las iglesias locales, impidiendo que la inspiración papal llegue a los feligreses.
Pekín, China. Son las seis de la mañana. En las calles normalmente congestionadas, el tráfico sigue goteando. Pero los feligreses ya están sentados en las bancas de la iglesia católica más antigua de la capital china.
Para los feligreses -en su mayoría ancianos- es un rito diario. Pero hoy han estado más ansiosos que de costumbre por llegar a tiempo a la iglesia. Quieren saber sobre el nuevo Papa. Como muchos en las iglesias autorizadas en China por el Partido Comunista, no saben casi nada sobre Benedicto XVI, el católico más importante del mundo.
"No recuerdo su nombre. El Padre sólo lo mencionó una vez, y me lo perdí", dijo Meng Xianwu, 83, un dependiente de grandes almacenes jubilado con una desteñida chaqueta azul estilo Mao, cuando salía de la iglesia el jueves.
"Deberían habernos contado algo más sobre él, por lo menos escribir su nombre en una pizarra para que pudiéramos leerlo", dijo su esposa, Xiao Mingying, 74.
No es una sorpresa que la información en China sobre el nuevo líder católico sea escasa. El Partido Comunista rompió relaciones diplomáticas con la Santa Sede y expulsó a todos los clérigos extranjeros cuando se hizo con el poder hace cinco décadas. El último Papa Juan Pablo II, que predicó el evangelio en Europa del Este y se ganó la reputación de ser el Papa que ayudó a derrocar el comunismo, era particularmente despreciado en Pekín, que nunca le permitió poner pie en China.
Las relaciones son muy tensas debido a que el Vaticano es el único estado en Europa que todavía reconoce a Taiwán. China considera a la isla como parte de su territorio.
Para subrayar el conflicto, prácticamente ningún órgano de prensa controlado por el gobierno cubrió la elección del nuevo pontífice. El China Daily, el diario del gobierno en lengua inglesa destinado fundamentalmente al consumo externo, publicó una nota breve, de dos frases, sin foto y debajo de un artículo sobre la importancia del control de las inversiones en la industria metalúrgica.
Así es la vida para los católicos de China. Antes de que fueran iniciadas las reformas capitalistas hace más de dos décadas, incluso ir a la iglesia era impensable.
"Durante la Revolución Cultural tuvimos que quemar nuestras biblias y enterrar nuestras cruces", dijo Li Chunxiu, 70, refiriéndose a la campaña de Mao Tse-Tung entre 1966 y 1976 para fortalecer la ideología socialista.
Como muchos de sus amigos feligreses, ha aprendido a vivir con el Papa como un concepto más o menos abstracto. Su gran esperanza es que eso cambie.
"Juan Pablo II dijo que quería normalizar relaciones con China. Yo ruego que el nuevo Papa lo pueda hacer realidad", dijo Li. "Es muy importante para nosotros. Queremos respetar la autoridad del nuevo Papa".
Nantang, o la Catedral del Sur, es una iglesia de piedras gris construida por misioneros italianos en el siglo 16. Se ubica justo al sudoeste de la imponente Plaza de Tiananmen y fue reconstruida la última vez hace unos cien años.
El interior de la enorme y abovedada capilla causa la sensación de una iglesia católica dentro de un templo budista. Largas pancartas rojas verticales con caracteres chinos cuadrados cuelgan desde los altos pilares que contrastan fuertemente con los familiares vitrales que narran la vida y enseñanzas de Cristo.
Las banderas parecen escrituras budistas o esloganes revolucionarios. Pero alaban al Señor y a la Virgen María. Feligreses arrodillados llenan la capilla con extensas oraciones salmodiadas en chino con un ritmo similar a los cánticos budistas.
Cuando Nantang volvió a abrir sus puertas en 1979, era el único lugar en Pekín donde podían orar los católicos. La asistencia, se dice, era menos de cien personas por servicio.
Desde entonces la religión ha vivido un renacimiento. La gente joven en particular se ha volcado hacia la espiritualidad para llenar el vacío dejado por el decline de la ideología maoísta. Ahora hasta 2.000 feligreses atestan las bancas durante la misa del domingo. Muchos otros se reúnen en el puñado que conforman otras iglesias católicas de la ciudad.
"Cada año hay nuevos miembros. Casi el 90 por ciento son gente joven. Algunos se han convertido hace unos días. Los bautizamos en casa", dijo el Padre Zhao Jianmin, 42, un católico de sexta generación. Su padre era un herrero que escondía en casa un Cristo de bronce cuando se consideraba que creer en Dios era contrarrevolucionario.
Cifras oficiales estiman la población católica del país en 5 millones. El Centro de Estudios del Espíritu Santo en Hong Kong dice que la cifra real está cercana a los 12 millones. Hasta que no se diriman las diferencias entre el Vaticano y Pekín, los católicos chinos no serán nunca parte de la comunidad católica global.
Las iglesias oficiales como Nantang caen bajo la dirección del Partido Comunista a través de una organización llamada Asociación Católica Patriótica de China. Es el gobierno chino, no el Vaticano, el que aprueba los nombramientos de obispos. Para Pekín dejar que los elija la Santa Sede sería permitirle entrometerse en asuntos internos chinos.
Como resultado, ha florecido una enorme iglesia clandestina basada en casas privadas, especialmente en el campo. Autoridades no oficiales de la iglesia son a menudo detenidos y acosados por no renunciar a su lealtad a Roma.
Pocos creen que Pekín que se acerque al Vaticano pronto. Pero los católicos chinos están acostumbrados.
"Políticamente no tenemos contactos con el Vaticano, pero como miembros de la iglesia reconocemos al Papa como el jefe de la casa", dijo Sor Catherine Dai Jing, 34, una monja que es católica de tercera generación. "Es nuestro padre, nuestro jefe espiritual".
La abuela de Dai fue educada por misioneros franceses después de que la encontraran abandonada en la provincia de Yunan, al sur de China. Sus cinco hijos estudiaron en escuelas católicas y transmitieron su fe a sus hijos.
Pero la iglesia fue cerrada y convertida en una guardería durante los primeros años de régimen comunista. Fue rehabilitada y reabierta a los fieles a fines de los años noventa.
Su abuela murió sin volver nunca a poner un pie en un templo. Pero se aseguró de que sus hijos conocieran a Dios.
"Acostumbraba a leernos historias de la Biblia y sobre el nacimiento y resurrección de Cristo", dijo Dai, que no había estado en una iglesia desde que llegara a Pekín en 1992.
El feligrés Wang Ying, 50, es una obrera jubilado de una fábrica de plásticos. Era una adolescente cuando su familia fue mandada al campo porque su tío era sacerdote y su tía, una monja.
"Toda vida religiosa terminó con la Revolución Cultural", dijo. "Incluso entonces, mi abuela nunca dejó de rezar. Todas las mañanas y noche la podía oír rezando".
El último deseo de la mujer de 84 años era volver a tocar un rosario, dijo Wang. Ahora, los fines de semana, Wang lleva a su hija en el sexto a la iglesia. No le molesta que no pueda contarle demasiado sobre el nuevo Papa o sus ideas. Tampoco siente la distancia que la separa de Roma y los millones que llegaron a la Plaza de San Pedro a presenciar un acontecimiento histórico, o al menos lo miraron en la televisión.
"Todavía vivo en un país comunista y sé que el trabajo del partido es hacer publicidad para el comunismo, no para el catolicismo", dijo Wang. "Pero la religión no tiene fronteras. Creemos en el mismo Dios. Quizás no pueda viajar a Roma a decir adiós al viejo Papa o a saludar al nuevo, pero mi corazón estuvo alla. Eso es fe".

25 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

ratón mickey en china


[Don Lee] Brecha generacional sobre Disney en China.
Guangzhou, China. Desde que el Ratón Mickey visitara la escuela de Lin Huanbin el verano pasado, contando cuentos de hada y entregando certificados de Mouseketeer, el niño de 11 ha sido incapaz de sacarse a Mi Laoshu de la cabeza.
Al niño le encantan las divertidas desventuras del gran ratón. Guarda una foto de Mickey y él en un cofre. Y cada vez que se presenta la oportunidad, pide a sus padres que lo llevan al Disneyland de Hong Kong, que se inaugura este otoño.
Sus padres no están tan entusiasmados. Están preocupados de los altos precios de admisión al parque temático. El padre del niño, un hombre de negocios, también tiene una preocupación más profunda.
"Si Huanbin recibe demasiada cultura occidental, en el futuro puede desdeñar las relaciones familiares, olvidar a sus ancestros y no volver a nuestra ciudad natal", dice Lin Zhengguang.
En casa de Lin, y en otras muchas en China, hay una distintiva brecha generacional, cultural y económica -y se cree que es un reto importante para la Walt Disney Co. y otras compañías occidentales tratar de vender diversión en el mercado de consumidores emergente de más rápido crecimiento del mundo.
Aunque muchos niños chinos han crecido comiendo en McDonald's y mirando Shaquille O'Neal enfrentarse a Yao Ming, la generación de sus padres no está tan familiarizada ni se siente cómoda con muchos aspectos del modo de vida americano, especialmente si cuesta dinero.
Las películas, parques temáticos y merchadise de diversión chinas -aunque a menudo sin sofisticación técnica o artística- son mucho más baratas, aunque no siempre legales. La venta de baratos DVDs pirateados y otras copias de películas occidentales continúan siendo escandalosa, a pesar de esfuerzos oficiales.
Lo que es más, aunque Pekín ha aliviado recientemente las restricciones sobre los medios de comunicación extranjeros como parte de un programa para alentar las inversiones extranjeras y utilizar la experiencia para la industria de diversión china, los funcionarios siguen mostrándose recelosos de las influencias culturales occidentales.
Eso es particularmente así cuando se trata de sexo, política o costumbres sociales. Se han censurado populares programas de la televisión norteamericana como ‘Amigos'. Pekín ha impuesto durante mucho tiempo una cuota de cuántas películas occidentales se aprobarán para su exhibición en teatros, y películas como ‘Hagan juego', que transforma a criminales en héroes, han sido rechazadas incluso para el mercado de DVDs. Las películas de Hollywood, exhibidas en televisión en horario de máxima audiencia hace una década, ahora son mostradas tarde por la noche, después de la hora de dormir de los niños.
"El gobierno se muestra cauto a la hora de abrir la industria de los medios juveniles a compañías extranjeras", dice Yin Hong, vice-decano de la facultad de periodismo y comunicación de la Universidad de Tsinghua, de Pekín.
Hace poco, unas pocas corporaciones de diversión globales, incluyendo a Sony Pictures Television y Warner Home Video, han sido admitidas para formar empresas conjuntas en China y entrar a mercados que estuvieron cerrados durante mucho tiempo para los extranjeros. Pero el papeleo y reglas del gobierno han retrasado su progreso.
Como otras compañías de diversión occidentales, Disney tiene una larga historia en China. El Reino Mágico ha estado en el Reino Medio desde 1937, cuando se exhibió por primera vez ‘Blancanieves y los siete enanitos' en una atiborrada sala en Shanghai.
Es fácil ver por qué la compañía con sede en Burbank está acelerando aquí sus esfuerzos. China tiene unos 260 millones de niños menores de 15, no mucho menos que toda la población estadounidense.
Los adolescentes mayores también son un mercado atractivo. Disney lanzó recientemente su revista ESPN en China y un servicio de subscripción a celulares, agregándolos a otros negocios que incluyen un programa de televisión diario de 30 minutos llamado ‘Dragon Club', revistas de historietas en chino y cientos de tiendas de artículos de Disney.
Sin embargo, a pesar de la imagen en general favorable y sana de Disney, algunos de sus lanzamientos más recientes, tales como ‘Mulan', no han marchado bien. Se debe en parte a críticas de insensibilidad cultural. Los analistas dicen que los avances de Disney han sido retrasados por una rígida estrategia del todo-o-nada que ha hecho difícil llegar a compromisos con el gobierno y socios chinos.
A fines del año pasado, Disney contrató a Stanley Cheung, un antiguo ejecutivo de Johnson & Johson, para dirigir sus proyectos en China. Disney rechazó peticiones para entrevistar a Cheung y otros gerentes en China.
Pero Robert Iger, el designado presidente de Disney, ha dicho a los inversores que China es una prioridad. Está contando con Hong Kong Disneyland, que se inaugurará el 12 de septiembre, para introducir las ventas al por menor y los negocios de medios en la región, y ha mencionado más inversiones en el futuro, incluyendo la posibilidad de un segundo parque temático chino en Shanghai.
El parque de Hong Kong, de 1.8 billones de dólares, atraerá según proyecciones a 5.6 millones de visitantes en su primer año. De 125 hectáreas, el parque es relativamente modesto en cuanto al tamaño, apenas 10 por ciento del tamaño de Euro Disney y menos de un tercio del Disneyland Resort de Anaheim. Disney dice que incorporará excursiones y programas de sus otros parques, con Hong Kong Disneyland dividido en áreas familiares como País de la Fantasía, Tierra de las Caricaturas y Calle Principal, Estados Unidos.
Un buen 40 por ciento de los visitantes provendrán del continente, muchos de Guangzhou y Shenzhen, donde Disney está haciendo ahora una fuerte campaña.
Los Lin, con su maníaco de 11 años del Ratón Mickey son justamente el tipo de familia que Disney necesita interesar en el parque. Pertenecen entre la bullente clase media china con dinero para gastar en ocio y diversión. Y muchas familias chinas, que sólo tienen un hijo debido a un edicto oficial, están dispuestas a mimar a sus hijos.
Para llegar a esas familias, la compañía con sede en Burbank ha emprendido una inusual campaña de base, uniéndose a la Liga Juvenil Comunista para organizar actividades promocionales en escuelas y comunidades.
En los Palacios de la Juventud gestionados por la liga, una organización mejor conocida por formar cuadros del Partido Comunista antes que por hacer publicidad de marcas americanas, los niños chinos se han enterado de los placeres del Reino Mágico. Este mes representantes de Disney ofrecerán espectáculos nocturnos en varias ciudades de la provincia de Guangdong. Campamentos Disney y más giras por escuelas también están en el programa.
La visita de Disney en julio pasado a la Escuela Experimental Linda Tierra de Guangzhou fue todo un éxito. La escuela privada tiene unos 500 alumnos, desde kindergarten hasta la primaria, la mayoría de ellos de sólidas familias de clase media. La matrícula cuesta hasta 1.450 dólares al año para algunos estudiantes -una enorme suma en una ciudad donde el ingreso per cápita era de unos 1.815 dólares en 2003.
Cuando Mickey y su pandilla llegaron, Zeng Weiqi, una niña de 10 años que no se entusiasma fácilmente, estaba encantada. Después de hacer el Baile de Mickey y de estrechar manos con el ratón -"Me di cuenta de que tenía cuatro dedos", dijo-, la niña pidió a su mamá que la llevara al Disneyland de Hong Kong.
Su madre, Zeng Shaofang, 35, dice que no está preocupada de que las compañías occidentales le laven el cerebro a su hija única.
"Deberíamos exponer a los niños a diferentes culturas", dice Zeng, que enseña cuarto en otra escuela de Guangzhou.
Sin embargo, dice que no tiene sentimientos especiales con respecto a Disney. A diferencia de su hija, ella no conoce ninguna historia, sólo la del Ratón Mickey. Zeng dice que ella prefiere Doraemon, una popular historieta japonesa con un gato robot de enorme y redonda cara, un botón por nariz y un collar con una campanilla.
"Creo que se ajusta mejor a la cultura china", dice. "Según las creencias chinas, una cabeza grande significa que es ‘inteligente'. Y la combinación de sus colores azul y blanco pueden ser más atractivos aquí".
Si Zeng lleva o no a su hija al Disneyland de Hong Kong dependerá del tiempo y del dinero, dice. China tiene una de las tasas de ahorro más altas del mundo, un 40 por ciento, y Zeng y su marido, también maestro, no son una excepción. Pero sus ojos se abrieron cuando se enteró del precio de la entrada para el Disneyland de Hong Kong: 38 dólares los adultos, y 27 los niños de 3 a 11. Es más cara los fines de semana y durante vacaciones escolares.
Eso es un montón incluso para la gente de Guangzhou, que tiene quizás el ingreso per cápita más alto que cualquiera ciudad en China.Happy Valley, un parque de diversiones en Shenzhen, una bullente ciudad a apenas una hora en autobús desde Guangzhou a Hong Kong, cobra 14.50 dólares a los adultos y 7.25 los niños por sobre un metro de estatura. El parque de 35 hectáreas se parece e imita a Disneyland, incluyendo sus propias versiones de Tierra de Fronteras y Pueblo de las Caricaturas, que Happy Valley llama Calle de las Caricaturas.
Las copias presentan un reto especialmente duro para marcas de primera como Disney, ya que rebajan los precios y abaratan el original valor creativo y cultural. Incluso antes de la película de Disney-Pixar, ‘Los increíbles', fuera lanzada en China en febrero, los vendedores callejeros estaban vendiendo copias DVDs a 60 centavos -un décimo del precio de entrada a un cine.
Sin embargo, Disney y otras compañías de diversión apuestan a que el público chino quiere la cosa verdadera. "Creo... que el parque Disney [en Hong Kong] tendrá temas y personajes más inteligentes", dice Li Dan, 22, una estudiante universitaria de Guangzhou que estaba visitando Happy Valley un sábado reciente.
Los niños chinos dicen que les gustan los personajes Disney porque son divertidos, originales y a menudo hacen cosas sorprendentes. Huang Huishan, directora de la escuela Tierra Linda, es un fan de Mickey. Dice que para ella no fue una decisión difícil permitir a Disney que realizara un evento promocional en su escuela. En su opinión, no hay una brecha cultural, al menos no con Mi Laoshu.
"Independientemente del Este o de Occidente, el Ratón Mickey tiene la naturaleza de los niños", dice Huang. "Puede cometer errores, pero es encantador... El personaje es realmente encantador y mono".
Pero otros en China no ven a Disney de la misma manera. Algunos no han olvidado a ‘Mulan', la película animada de Disney que fue criticada por adaptar una clásica historia china a gustos occidentales. Esa película de 1988 es la historia de una valiente niña que va a la guerra a cambio de su padre. Algunos dicen que con su largo cuello, ojos grandes y redondos y su cara oval, se parece más a Pocahontas.
"La cara de Mulan no es la típica belleza china", dice Yvonne Gong, una mujer de Pekín a fines de sus veinte que trabaja para una compañía consultora extranjera. "Incluso aunque tuve una educación occidental, crecí en un ambiente chino tradicional. Y sin embargo creo que la ropa y los colores deberían ser chinos".

Cao Jun en Shanghai contribuyó a este reportaje.

21 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

china sobre derechos humanos


[Edward Cody] Pekín menciona progresos en derechos humanos. Procesó a guardias que maltrataron a reclusos.
Pekín, China. El gobierno chino, frecuentemente criticado por su historial en derechos humanos, declaró ayer que ha puesto "bajo control" las violaciones a los derechos humanos procesando a más de 1.500 funcionarios acusados de maltratar a prisioneros o de detenerlos sin bases legales.
La afirmación aparece en un libro blanco sobre derechos humanos publicado un mes después de un acuerdo chino-estadounidense mediante el cual el gobierno dejó en libertad a una detenida, Rebiya Kadeer, a cambio de una promesa del gobierno de Bush de abstenerse de exigir una resolución de condena a China de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra. Cumpliendo esa promesa, funcionarios norteamericanos presentaron ayer una resolución en Ginebra instando a la comisión condenar a Cuba, pero guardaron silencio sobre China.
El documento, el octavo de una serie desde 1991, describió las violaciones de los derechos humanos por órganos de seguridad chinos como aberraciones criminales de funcionarios descarriados. La policía, dijo, realizó una campaña de "severas medidas" en 2004 para asegurarse de que la policía y las autoridades penitenciarias fueran castigadas por cualquier detención ilegal, tortura, interrupción de las elecciones o negligencias que hayan provocado pérdidas de vida o de propiedad.
"En total, 1.595 funcionarios de gobierno acusados de actividades criminales fueron investigados y procesados, poniendo así bajo control efectivo los abusos o transgresión de derechos", dice el documento.
Organizaciones de derechos humanos y gobiernos extranjeros han dicho repetidas veces que las violaciones de los derechos humanos en China son un reflejo de las medidas del gobierno. Los tribunales y la policía, han observado, están bajo el control del gobierno y del Partido Comunista, privando a los ciudadanos del recurso a una autoridad independiente en casos de abusos oficiales.
Kadeer había sido condenada a una pena de prisión de ocho años bajo una ley que declara ilegal revelar "información de estado" a extranjeros, incluyendo informaciones contenidas en recortes de diarios censurados que ella envió a su marido en Estados Unidos. Pero sus partidarios dicen que fue perseguida por denunciar las acciones del gobierno que favorecen a la etnia mayoritaria de China, la etnia han, por encima de sus minorías musulmanas en su provincia natal de Xinjiang.
Dos grupos de derechos humanos con sede en Estados Unidos, Human Rights Watch y Human Rights en China, dijeron el jueves que Pekín está haciendo una "campaña de represión religiosa" contra los musulmanes del grupo étnico de habla turca de Xinjiang, la etnia uigur bajo el pretexto de combatir el separatismo y el terrorismo.
"China está usando la represión religiosa como un látigo contra los uigur que retan o incluso rechazan el dominio chino en Xinjiang", dijo en una declaración Brad Adams, director de Human Rights Watch. "En otras partes de China, la gente tiene un poco más de espacio para practicar sus cultos. Pero los musulmanes uigur se enfrentan a una discriminación ordenada por el estado".

14 de abril de 2005
©boston globe
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revuelta contra polución


[Jim Yardley] Campo chino se rebela cuando policía trata de terminar con protesta contra la polución.
Pekín, China. Miles de personas participaron en una revuelta el domingo en una aldea del sudeste de China, volcando coches policiales y empujando a los agentes que habían tratado de detener a ancianos de la aldea cuando protestaban contra la polución que causan fábricas cercanas, dijeron testigos el miércoles.
El miércoles por la tarde, dijeron los testigos, una multitud se congregó en la aldea Huaxi, en la provincia de Zhejiang, para mirar con asombro un impresionante cuadro de coches policiales destrozados y ventanales rotos. Se informó que los agentes de policía estaban impidiendo que los periodistas se acercaran a la escena, pero gente de la localidad localizada por teléfono dijo que los aldeanos controlaban el área de los disturbios.
"Los aldeanos no cesarán de movilizarse mientras no haya acciones concretas para sacar a las fábricas de ahí", dijo Lu, aldeano que presenció parte del enfrentamiento. "La multitud empezó a crecer. Había al menos 50.000 o 60.000 personas". No quiso revelar su nombre completo.
Otros aldeanos proporcionaron cifras substancialmente más bajas. Pero estuvieron de acuerdo en la historia general del choque que se produjo cuando los aldeanos dijeron que habían tratado en vano durante dos años de frenar la polución de las plantas químicas de un cercano parque industrial.
Un informe en el diario oficial de la localidad acusó a agitadores locales de los disturbios y dijo que miles de personas habían atacado a empleados de gobierno con piedras y palos.
Hubo informes contradictorios sobre las lesiones y Lu dijo que dos ancianas manifestantes habían resultado gravemente heridas después de ser atropelladas por un coche policial. Un artículo en el Dongyang Daily dijo que más de 30 empleados de gobierno habían sido hospitalizados, incluyendo 5 con lesiones graves. Ningunas de las informaciones pudo ser confirmada.
Una periodista del diario en lengua inglesa de Hong Kong, The South China Morning Post, visitó el lugar de los disturbios y describió buses volcados y coches destrozados, y agregó que "un uniforme de policía estaba extendido sobre un coche, como un trofeo". La periodista cuyo reportaje fue publicado el miércoles fue detenido por la policía después de salir de la aldea y liberado tras la confiscación de sus apuntes.
También varios miles de personas en Pekín y Guangzhou protestaron contra Japón el fin de semana pasado. En contraste, esas protestas fueron oficialmente autorizadas, y jóvenes residentes gritaron esloganes y lanzaron botellas contra la embajada japonesa en momentos en que suben las tensiones diplomáticas entre los dos países.
Pero los disturbios descritos en Huaxi son más un síntoma del extendido descontento social en el campo chino, que se ha transformado en una seria preocupación para los líderes. El año pasado, decenas de miles de manifestantes en la occidental provincia de Sichuan se enfrentaron con la policía por la construcción de un dique. Pequeñas protestas rurales son habituales y menos violentas.
Huaxi está a unas horas al sur de Hangzhou, la capital provincial de la costera Zheijiang. Está a poca distancia de la Zona Industrial de Zhuxi, el parque industrial local que según los aldeanos aloja a 13 fábricas químicas.
"El aire apesta debido a las fábricas", dijo una aldeana, Wang Yuehe. Dijo que el río de la localidad está lleno de agentes que han contaminado la tierra agrícola local. "No podemos plantar nuestros cultivos. Las fábricas habían prometido respetar el medio-ambiente, pero no han hecho nada".
Wang dijo que los aldeanos habían reunido dinero durante dos años y enviado representantes a presentar quejas a las oficinas de quejas del gobierno en la provincia de Zheijang y en Pekín. "Pero de momento no tenemos resultados", dijo.
El 24 de marzo un grupo de ancianos, la mayoría de ellos mujeres, levantaron barricadas en la carretera que conduce a las fábricas. El 2 de abril el gobierno cerró temporalmente las fábricas. Pero el domingo los funcionarios locales enviaron agentes de policía y trabajadores a romper las protestas. Los aldeanos dijeron que llegaron hasta 3.000 agentes en cientos de coches y buses.
El enfrentamiento aparentemente se produjo después de que los agentes ya habían desmantelado las tiendas. Los aldeanos dijeron que miles de personas se habían acercado al lugar después de que la policía atacara a algunos de los manifestantes. La turba rodeó a los trabajadores y agentes, dijeron testigos y un reportaje en el diario.
Algunos funcionarios de la localidad que se habían retirado a una escuela vecina fueron atacados cuando trataron de marcharse a pie. "Vi unos diez cuerpos en el suelo, tanto de funcionarios como de aldeanos", dijo Lu.
Algunos aldeanos dijeron que los funcionarios locales poseían acciones en varias de las fábricas. Pero de acuerdo al artículo en el diario oficial, los funcionarios locales "prestaban gran atención" a problemas medioambientales y habían pagado compensaciones por descargas pasadas de agentes contaminantes en el río.
El reportaje también dijo que los funcionarios decidieron reprimir las protestas del domingo debido a que estaban preocupados de que "el aire frío y cambios drásticos de temperatura pusieran en peligro la salud de las frágiles ancianas".

14 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh

ser chico en china


[Ching-Ching Ni] En la nueva sociedad competitiva ser chico puede significar ser pasado por alto. Para alguna gente, la respuesta reside en una dolorosa cirugía que agrega algunas pulgadas.
Pekín, China. Ella estudia arte dramático y usa una silla de ruedas. Él tiene una maestría en económicas y camina con muletas.
Los dos pidieron voluntariamente a un médico que les rompiera las piernas e insertara pernos de acero en los huesos justo debajo de las rodillas y por encima de los tobillos. Los pernos están sujetos a un voluminoso artefacto que parece una jaula de metal. Durante seis meses usarán este artefacto estirador, a pesar de que los terribles dolores que provoca sólo se alivian con medicamentos.
Ajustan los botones diariamente, forzando los extremos de los miembros quebrados a que se estiren a medida que curan. Cuando el nuevo hueso crece, el artefacto lo estira nuevamente, lo que resulta en que el nuevo hueso llena el hueco. Los pacientes del artefacto ganan unas 3 pulgadas en seis meses.
Suena como tortura medieval, pero la gente determinada a verse más alta dice que es como un milagro.
A unos 6.000 dólares, el tratamiento está fuera del alcance del chino promedio, que gana algo más de 1.100 dólares al año. Pero para los que tienen dinero, es un precio que están dispuestos a pagar. En esta sociedad cada vez más competitiva, la altura ha emergido como uno de los criterios más visibles de movilidad social ascendente.
"No tenía la altura suficiente para matricularme en la academia de cine", dijo la estudiante de cine, 20, que fue aceptada en la Academia de Cine de Pekín después de agregar 3 pulgadas a su esqueleto de 1 metro 55. El sitio en la web de la escuela dice que los postulantes al departamento de actuación deben medir al menos 1 metro 61.
"Dejé la escuela durante un año para dedicarme a esto", dijo el estudiante de económicas, 22, preocupado de que su metro 54 le impida conseguir uno de los codiciados trabajos de cuello blanco. "Quiero sentirme mejor sobre mí mismo". Como la mayoría de los que siguen el tratamiento, los estudiantes pidieron no ser identificados, por razones de timidez.
Durante décadas, la estatura no fue un gran problema en China. Deng Xiaoping era uno de los gigantes de la historia moderna del país, incluso aunque sólo medía 1 metro 52.
Pero entonces llegaron las reformas orientadas hacia el mercado de los años ochenta, y los chinos empezaron a hacer frente a una explosión de elecciones de estilo de vida. La cirugía plástica y otras industrias relacionadas con la apariencia se transformaron en grandes negocios.
En estos días, China se ve inundada con imágenes de historias de éxitos de gente con piernas largas. En las revistas de moda, en vallas publicitarias y en programas de televisión, la gente joven admira a iconos como Lu Yan, un super modelo internacional que mide 1 metro 82, y a la estrella de la NBA, Yao Ming, que con sus 2 metros 31 es aclamado como la Gran Muralla China andante.
Para ayudar a producir un país más alto, Pekín ha estado fomentando el consumo de más leche de los niños en edad escolar. La mujer china promedio mide 1 metro 58, el hombre 1 metro 70. Parcialmente el resultado de una mejor nutrición y condiciones de vida, son unos 2 centímetros más altos que hace una década, haciendo de los chinos el pueblo de más rápido crecimiento del mundo.
La obsesión del país con la estatura ha creado un mercado para artículos como suplementos de calcio, tónicos de hierbas y zapatos especiales con suelas ortopédicas. Las más modernas máquinas de ejercicios que se venden aquí incluyen energía infrarroja que estimula el crecimiento de las hormonas.
Ahora las extensiones de pierna han llevado al negocio de la belleza a nuevas alturas.
"Antes de que las reformas económicas cambiaran China, no teníamos suficientes alimentos, así que prestábamos poca atención a cómo nos veíamos", dijo Zhang Chunjiang, portavoz de una importante empresa consultora de Pekín. "Hoy tenemos suficientes alimentos y nos preocupamos de cómo nos vemos".
Utilizar la cirugía para aumentar la estatura de gente de otro modo sana es un concepto relativamente nuevo. La tecnología se basa en el trabajo de un médico ruso y fue originalmente diseñada para corregir extremidades desiguales. La cirugía se ofrece en una docena de países, incluyendo Estados Unidos. La mayoría de los médicos fuera de China se muestran reticentes a utilizarla por razones puramente cosméticas.
"Hacemos más estiramientos de pierna que en cualquier otro lugar del mundo, pero sólo un 5 por ciento se hace con propósitos cosméticos", dijo el doctor Dror Paley, director del Centro Internacional de Estiramiento de Extremidades, de Baltimore, que ha realizado unos 8.000 tratamientos de estiramiento de piernas desde 1987. La mayoría de las operaciones se realizan a pacientes que sufren de defectos de nacimiento o traumas, dijo Paley, agregando que él exige extensas evaluaciones psicológicas antes de iniciar un tratamiento por razones cosméticas.
"A diferencia de la mayoría de las operaciones plásticas, los riesgos aquí son altos", dijo. "Puedes quedar lisiado para toda la vida".
Aparentemente en China un número creciente de gente piensa que el riesgo vale la pena.
En los viejos días, cuando el gobierno controlaba los empleos más codiciados, muchos chinos educados en la universidad no tenían que preocuparse de encontrar trabajo por sí mismos. Pero ahora el mercado laboral es un mercado de ofertantes, y factores aparentemente irrelevantes, tales como la estatura, juegan un papel a la hora de decidir quién es contratado.
"En China, la competencia por los trabajos es terrible", dijo Xia Hetao, uno de los pocos médicos en el país especializado en estiramiento de piernas. "Todas las cosas iguales, la estatura se transforma en un factor decisivo". Muchos empleadores explicitan la estatura deseada en las descripciones de sus funciones. En los anuncios de ofertas de trabajo abundan los ejemplos.
Hace poco, un fabricante de ropa buscaba una secretaria para su oficina de Pekín. Arriba en la lista de requisitos estaba la edad -entre 25 y 40- y la estatura -al menos 1 metro 64.
Un anuncio de la cadena de restaurantes TGI del viernes, era más indulgente: por sobre 1 metro 55 las mujeres, por sobre 1 metro 64 los hombres.
Los cursistas de conducción deben también aprobar un examen de estatura. De acuerdo a la página en la web de la Oficina de Seguridad Pública de la Administración del Tráfico de Pekín, los solicitantes deben medir al menos 1 metro 55 para conducir un coche y 1 metro 64 para conducir un camión o un autobús.
Aunque muchas instituciones de la enseñanza están tratando de aumentar sus matrículas y ya no exigen estaturas determinadas, otras, como la Academia de Cine de Pekín continúan buscando candidatos de una altura específica.
En el ministerio de Asuntos Exteriores, se da por sentado que la mayoría de los postulantes deben cumplir con una norma informal de estatura, dijo aquí un funcionario.
"Es un tema de imagen", dijo el funcionario. "Si eres muy chico o tienes algún defecto en tu cara, por ejemplo, podría afectar la imagen del gobierno".
Así, luchar contra el prejuicio contra "la pequeñez" no ha sido fácil. En un caso, una mujer inició un juicio cuando fue rechazada para un trabajo en el gobierno en la sureña ciudad de Shenzhen debido a su estatura. La denuncia fue desechada el año pasado por el tribunal, diciendo que no tenía poder para controlar las prácticas internas de las agencias gubernamentales.
"La ley dice que todos tenemos derecho al trabajo, pero la sociedad debe formular algunos límites debido a que nuestros recursos son muy limitados", dijo Sun Dongdong, profesor de derecho de la Universidad de Pekín. "Eliminar los requisitos de estatura es poco realista. Si un empleador tiene una posición y muchos candidatos, tiene el derecho de contratar a quien crea que es el más apropiado".
Dejando los beneficios de la altura de lado, los que piensan en estirarse las piernas tienen buenas razones para pensarlo dos veces. Los medios de comunicación estatales no se han reprimido a la hora de informar sobre operaciones chapuceras. Algunos de los que han seguido el tratamiento han sufrido lesiones en los nervios y en los tejidos, infecciones o recuperación inadecuada de los huesos, dejándolos incapacitados para caminar o incluso estar parados.
Sin embargo, si se hace propiamente el tratamiento tendría una tasa de error muy baja, dijo Xia, el médico. Dijo que había realizado más de 1.400 operaciones desde 1996, habitualmente entre 100 y 180 al año. Sólo ocho pacientes no se recuperaron completamente, dijo.
Zhang Wanzhong, cirujano de la ciudad de Hangzhou, dijo que había realizado más de 2.000 tratamientos, llegando a un total de cerca del 10 por ciento de su firma ortopédica.
"Yo trato de disuadir a la gente de hacerlo", dijo Zhang. "Pero algunos insisten en que sufren demasiado por la discriminación y se sienten inseguros, deprimidos y hasta con tendencias suicidas. Se ha transformado en una especie de enfermedad mental".
Xia recuerda un paciente que era más bajo que su novia. Los padres de la novia dijeron que preferían morir antes que ver casada a la pareja. El pretendiente se hizo internar en la clínica de Xia, y una vez que superó en altura a su novia, se casaron.
El más viejo paciente de Xia fue una ingeniera jubilada de 52 años al que le gustaban los bailes de salón pero era tan pequeña que no podía encontrar pareja.
"Alguna gente pregunta por qué no me contento con pacientes de verdad. Yo digo que ellos son pacientes de verdad y que sufren de verdad", dijo Xia.
La mayoría de los pacientes son operados en secreto y pasan su tiempo de "crecimiento" en la privacidad de un hospital o en casa. Aunque sufren dolores, dicen, tratan de concentrarse en los resultados.
"No puedo esperar a comprar nuevas ropas, especialmente pantalones -los míos me quedarán cortos", dijo Dong Mei, paciente de Xia. "Ya no necesitaré llevar esos incómodos zapatos de taco alto".
Todos los días la cosmetóloga de 24 años practica dar pasos de bebé con la ayuda de un andador, avanzando poco a poco en sus puntales de metal, que a veces cubre con un calientapiés tejido.
"Hago maquillajes y tratamientos de piel para mis clientes", dijo. "Si no me veo bien, ¿Cómo puedo convencer a mis clientes de que los haré más guapos?"
Dong, que medía 1 metro 49, dijo que había crecido 5 pulgadas.
"La diferencia es obvia", dijo Dong, a pocas semanas de sacarse los refuerzos. "Yo era más chica que mi cuñada. Ahora soy un poco más alta. Me gusta cantar y bailar. Dicen que quizás podría aparecer en una novela. Ahora puedo hacer muchas más cosas con mi vida".

31 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

muerte del callejón de la seda


[Peter S. Goodman] Vendedores chinos pierden mercado que habían construido. El Callejón de la Seda de Pekín ha desaparecido; vendedores denuncian juego sucio.
Pekín, China. En una fría mañana de diciembre pasado, Zhu Dingya se reunió con otros comerciantes frente al mercado del Callejón de la Seda, una de las atracciones más importantes de la ciudad, y leyeron un aviso clavado en la entrada. Sus temores se vieron confirmados: El gobierno local desmantelaría el lugar.
Zhu ardía de cólera por lo que no se decía. El aviso decía que los puestos constituían un riesgo de incendio. No decía que el edificio con fachada de cristal vecino albergaría a un nuevo mercado del Callejón de la Seda, con alquileres mucho más altos y cobrados por una empresa comercial entre cuyos accionistas originales se encontraban funcionarios del Partido Comunista local. No decía que los urbanizadores habían conseguido del gobierno el terreno para el nuevo edificio, con un alto descuento.
Durante más de dos décadas, a medida que el comunismo dejaba lugar a un capitalismo cada vez más desbocado en China, Zhu vendió ropas en el popular mercado descubierto a unas pocas manzanas de la Plaza de Tiananmen. Su negocio era un arquetipo del espíritu emprendedor que se suponía debía alentar las reformas en el país: Había dejado su trabajo en la construcción en una empresa estatal y renunciado a la pensión del gobierno para ganarse la vida por sí mismo. Ahora había sido desplazado de los negocios, no por el mercado libre, sino por un rasgo inalterado del pasado de China: jefes del partido que conservan el control sobre la tierra y capitales, y que a menudo lo usan para beneficio personal.
"Es completamente injusto", dijo Zhu. "Antes creíamos que el gobierno quería ayudarnos. Todos hemos sido traicionados por esos funcionarios".
Desde granjeros que venden verduras en todas las ciudades chinas o agentes comerciales que venden áticos en paisajes urbanos con luces de neón, la empresa libre ha penetrado en la vida china. Pero el cierre del mercado del Callejón de la Seda, uno de los primeros experimentos en el capitalismo moderno de China, muestra cómo ganadores y perdedores son ha menudo determinados no por la oferta y la demanda, sino por los dictados de funcionarios del partido.
"Es bastante típico", dijo Jiang Zezhong, economista de la Universidad Capital de Económicas y Negocios de Pekín. "El gobierno tiene el poder y los inversores, el dinero. Se unen y juntos acaparan todos los beneficios".
El mercado del Callejón de la Seda nació a principios de los años ochenta, cuando las dogmáticas políticas de Mao Zedong dieron camino a las reformas mercantilistas de Deng Xiaoping. Mientras antes se consideraba que los beneficios eran contrarrevolucionarios, ahora se permitía operar abiertamente a los mercados comerciales.
Zhu, 50, era un pionero. Creció en Pekín central, donde su padre trabajaba en los altos hornos del estado y su madre repartía raciones de vinagre. Él y sus padres, su hermano y hermana vivían apiñados en dos habitaciones asignadas por el estado. La calefacción era un bracero de carbón que llenaba el aire con un cáustico humo. Cocinaban en un pasillo junto a varias otras familias, y usaban unos servicios públicos.
Después de terminar la escuela secundaria en 1971, Zhu fue asignado a un trabajo como obrero de la construcción, ganando unos 5 dólares al mes. Comprar cualquier cosa que estuviera más allá de las raciones normales, exigía ahorros diligentes. Hacia 1983, se había casado y tenía un hijo de dos años. Los discursos del partido sobre la alabada lucha revolucionaria estaba dando lugar a conversaciones sobre el mejoramiento de las condiciones de vida. Él se arriesgó, dejó su trabajo y se transformó en un vendedor callejero.
"Mi familia estaba muy en desacuerdo", dijo Zhu. "Me dijeron que no sería una vida segura".
Se acercó a unos hombres a los que había visto vendiendo relojes. Lo presentaron a un distribuidor que se los ofreció a 65 centavos cada uno. Compró 10. Los vendió todos en una semana.
Se veía a sí mismo como un empresario; su familia lo veía a través de la lente de los ideales comunistas. "Ellos pensaban que yo estaba engañando a la gente", dijo. Compró 50 relojes más y los vendió en algunas semanas. Al año siguiente, empezó a vender verduras, recorriendo el campo en bicicleta durante tres horas para volver con sacos de cebollas.
Ese mismo año, empezó a vender sus productos en una calle metida en el vecindario de las embajadas, a sólo unas cuadras de donde un gigantesco retrato del Presidente Mao miraba hacia la Plaza de Tiananmen: el Callejón de la Seda. Al principio, fue ilegal. Cuando se acercaba la policía, los comerciantes escapaban. En 1985, el ayuntamiento empezó a entregar certificados y a construir pequeños tenderetes, alquilándolos a los comerciantes por unos 2 dólares al mes.
Con los años, Zhu comenzó a vender ropa, y el Callejón de la Seda floreció hasta convertirse en algo característico de Pekín, un bullente ensamblaje de 400 puestos que era una visita obligada de los todos los turistas. Los lugareños compraban abrigos para el invierno y maletas, muchas de las cuales eran imitaciones ilegales de versiones de marcas importantes. Los extranjeros se llevaban chucherías y vestidos de seda, y cambiaban dólares en el mercado negro. En los últimos años, el Callejón de la Seda hizo pingües negocios con películas de Hollywood pirateadas.
Pero a mediados de los años noventa, Zhu llevaba a casa hasta unos 600 dólares al mes. En 1989 se compró un televisor, y un teléfono dos años después. En 1995 agregó aire acondicionado, y un sedán Volkswagen. En 1998 se mudó a un apartamento con cocina privada y retrete con cisterna.
Para entonces, el gobierno de Pekín estaba hablando abiertamente de desmantelar los mercados descubiertos de la ciudad. La capital china estaba en medio de un impulso modernizador. Los cerdos sacrificados colgando de ganchos y vendedores gritando precios no se ajustaban con la elegancia de la nueva imagen. Cuando los gobiernos occidentales ejercieron presión sobre Pekín para reprimir la venta de artículos de contrabando, los mercados descubiertos fueron los blancos más obvios.
El ayuntamiento empezó a cerrar algunos de ellos en 1998. Los funcionarios dijeron a los comerciantes del Callejón de la Seda que se prepararan para partir a otra parte. Pero los economistas organizaron conferencias y escribieron artículos de opinión criticando el plan como injusto para los comerciantes. El Callejón de la Seda continuó.
"Esta gente vive de sus ventas", dijo Jiang, el economista de la Universidad Capital. "Si cierras el mercado, los dejas sin trabajo".
Pero la presión continuó, en parte porque el Callejón de la Seda se ubicaba en propiedad inmobiliaria de primera clase en el centro de la ciudad y los urbanizadores presionaron al gobierno para desalojarlos, dijo Jiang.
En octubre de 2002, Jiang vio un documento declarando que el consejo del barrio de Chaoyang había presentado una petición ante la Comisión Municipal de Planificación Urbana de Pekín pidiendo permiso para remplazar el mercado por un nuevo edificio, dijo.
"En China, si hay un documento formal, es que el trato ya ha sido cerrado", dijo Jiang.
Los primeros signos públicos se produjeron el 29 de julio de 2003, con un aviso claveteado a la entrada del Callejón de la Seda. Un agente urbano llamado Xinya anunció que pronto demolería las casas adyacentes, sin decir si las obras afectarían o no al mercado.
Zhu y varios otros comerciantes se dirigieron al distrito de Chaoyang para investigar. Les dijeron que el proyecto no tenía nada que ver con el gobierno, dijo Zhu.
Pero los funcionarios locales estaban íntimamente vinculados al proyecto y pronto tomarían intereses indirectos en él, de acuerdo a los documentos examinados por el Washington Post.
En junio de 2004 se creó una compañía para gestionar el mercado del Callejón de la Seda. De acuerdo a la inscripción presentada al gobierno municipal, la nueva compañía tenía dos accionistas: el agente de urbanización, Xinya Shuntianfu Commercial Franchise Corp., y Guo Liwen, secretario del partido. También aparecía como la nueva directora general de la compañía. Guo y otros funcionarios no respondieron repetidas peticiones para que comentaran sobre el reportaje.
La nueva firma, la Compañía del Mercado de Ropas Xiushui Haoseng de Pekín, recibió las pagas que los comerciantes habían pagado previamente al ayuntamiento, dijo Zhang Yongping, presidente de Xinya. Las antiguas tarifas habían sido pagadas por unos 400 comerciantes y llegaban a unos 500 dólares al mes. Cuando a mediados de marzo se inaugure el nuevo edificio de cuatro pisos, unos 1.500 comerciantes deberán pagar cada uno unos 1.500 dólares al mes. Zhang justificó el aumento observando que el nuevo edificio tenía calefacción y aire acondicionado.
Cuando empezaron las obras del nuevo edificio en el otoño de 2003, los comerciantes visitaron repetidas veces al agente urbano y a funcionarios locales. Se les dijo cada vez que la nueva estructura no tenía relación con el Callejón de la Seda, dijo Zhu.
"Pensábamos que era un absurdo", dijo. Zhu y varios otros comerciantes contrataron a un abogado para que investigara el asunto. La primavera pasada descubrió documentos que mostraban la creación de Haoseng y sus vínculos con funcionarios locales.
Pero mientras los funcionarios transfirieron más tarde sus acciones en Tianwei a una mujer llamada Zhang Donghong, eso no ocurrió sino tres meses más tarde, el 18 de noviembre de 2004, de acuerdo a un documento presentado al gobierno local. Zhang Donghong no respondió nuestros mensajes telefónicos.
Dos semanas después de la reunión, Zhu leyó en el diario chino Youth Daily que el agente urbano, Xinya, había comprado los derechos del terreno del nuevo edificio -unas 2.5 hectáreas- por 6.2 millones de dólares, menos de un tercio del precio de un sitio similar en el área.
Zhang, el presidente de Xinya, confirmó la compra pero rechazó la sugerencia de que era impropio. Dijo que el descuento se justificaba por la enorme inversión de la compañía en la creación de un servicio para la ciudad. "Adquirimos el terreno de acuerdo a la ley", dijo.
La mañana del 20 de diciembre de 2004, cuatro coches de policía aparcaron en el Callejón de la Seda llevando a más de una docena de agentes y a un funcionario de gobierno del subdistrito que colocó la noticia: El mercado sería demolido.
"Si no os vais de propia cuenta, nuestra agencia se verá obligada a desalojarles de acuerdo a la ley", decía el aviso. "Todo aquel que interfiera con nuestra acción será castigado". Estaba firmado por la Unidad de Regulación y Supervisión Urbana del Distrito de Chaoyang.
El 6 de enero aparecieron las excavadoras y destruyeron los puestos.
En estos días, Zhu y otros comerciantes están buscando nuevos lugares donde vender sus mercaderías, mientras exploran opciones legales para pedir compensación -una perspectiva sobre la que su abogado, Chen Xiaobing, no se muestra optimista.
"Los comerciantes son débiles", dijo Chen. "El gobierno es demasiado fuerte".

9 de marzo de 2005
22 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh

periodista chino en peligro


Lleva meses de incomunicación por el improbable delito de dar a conocer entonces un secreto público: el retiro de Jiang Zemin.
Los periodistas chinos no gozan de demasiada protección legal, incluso si trabajan para órganos de prensa internacionales respetados. Considerad el caso de nuestro colega Zhao Yan, investigador de la oficina de Pekín del New York Times. En los últimos seis meses ha sido mantenido incomunicado por el gobierno chino, le han impedido hablar con abogados, familiares y colegas del Times.
Zhao Yan está lejos de ser el único periodista encerrado ahora en una cárcel china por ejercer su profesión, pero sentimos muy de cerca la detención de Zhao. Está acusado de proporcionar secretos de estado a extranjeros, una vaga acusación que sirve para todo, que las autoridades chinas esgriman a menudo después de informes de algún tipo de asunto público que Pekín hubiese preferido tener oculto. En septiembre pasado, funcionarios chinos se enfadaron con un artículo en Times que predecía precisamente el inminente retiro de un veterano líder del Partido Comunista, Jiang Zemin. Pueden haber elegido a Zhao al azar, para descargar su rabia.
A medida que China se propone corregir algunas distorsiones que han plagado su impulso modernizador, necesita un periodismo más preciso, informativo y audaz que nunca -para arrojar luz sobre la toma de decisiones oficial, combatir la corrupción e identificar los problemas que necesitan atención pública. También necesita fortalecer el imperio de la ley, incluyendo garantías de una prensa libre. El rápido progreso material de China es visible para todo el mundo. Esta caso muestra lo lejos que tiene que ir todavía su sistema jurídico y político para ponerse al día.
quizás crean los líderes chinos de que después de mantener incomunicado a Zhao durante tantos meses, la preocupación internacional sobre su caso empezaría a desvanecerse. Necesitan que se les recuerde que eso no ocurrirá.

17 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh

campesinos en pekín


[Jehangir S. Pocha] En su lucha por ser oídos, los campesinos se acercan a Pekín, a exigir atención oficial.
Pekín, China. El Congreso Nacional del Pueblo, el parlamento en gran parte ceremonial de China, terminó ayer su sesión legislativa anual con promesas de reforma para aliviar las vidas de los chinos de a pie.
En otras partes en Pekín, más allá de las murallas con frescos del Gran Salón del Pueblo en la Plaza de Tiananmen, donde se habían reunido los delegados, la gente estaba luchando por ponerse en contacto con los líderes de la nación para contarles sus historias de privaciones y batallas con la burocracia china.
Miles de campesinos llegaron a Pekín a pedir a sus representantes que les ayudaran en problemas tales como pensiones no pagadas, casas demolidas ilegalmente y funcionarios locales corruptos. Pero muchos dijeron que los guardias de seguridad los golpearon y les amenazaron si presentaban sus denuncias.
"Incluso si te ven dando vueltas o tratando de entregar una petición, te rodean y empiezan a empujarte y a golpearte", dijo Bao Shi Gao, 39, un mecánico de bicicletas del pueblo de Dong Zhi en la provincia de Anhui al sudeste, que vino a Pekín con dinero prestado para tratar de resolver una letanía de quejas.
A principios de los años ochenta, cuando China empezó sus cambios económicos, Bao dijo que había empezado una pequeña empresa pesquera en su pueblo natal de Ba Li Cun en Anhui. Pero el recién iniciado negocio fue "ocupado por un hombre poderoso de mi pueblo", dijo. Desanimado, Bao se mudó a Dong Zhi en 1991 y se transformó en mecánico de bicicletas. Pero tuvo un conflicto con un funcionario local del que dijo que le cobraba el doble por la electricidad porque no le pagaba unas comidas. "Cuando me quejé un día, envió a matones que me pegaron y destruyeron mi casa".
Cuando Bao llegó a Pekín la semana pasada, dijo, los pocos funcionarios de bajo nivel que pudo ver, le dijeron que volviera a Anhui. Después de que se negara a ello, dijo, fue golpeado en la calle por un grupo de hombres mientras los agentes de policía miraban sin hacer nada.
Los otros demandantes a su alrededor asintieron compasivos.
Cada vez que hay un acontecimiento de gobierno mayor, miles llegan a la ciudad con la esperanza de ganar la atención de los líderes del país. En Pekín ha surgido una enorme colonia llamada la Aldea de los Demandantes, junto a la estación de trenes más grande de la ciudad, para alojarlos. Esperanzados suplicantes pueden compartir una diminuta habitación con cinco otros por medio dólar la noche.
Pero pocos peticionarios parecen tener éxito. En la Plaza de Tiananmen y en torno a otros edificios de gobierno, las calles son bloqueadas cuando hay congresos o reuniones importantes. Furgonetas blindadas de vigilancia patrullan el área, así como agentes de paisano y uniformados que alejan a los curiosos. La policía también patrulla los ferrocarriles y terminales de buses para detectar a peticionarios y aumenta la vigilancia de internet, que es siempre fuerte en China.
"He estado viniendo aquí los últimos tres años, y nunca he logrado hablar con nadie", dijo Wang Heng Mao, 35, del pueblo de Yao Du en la provincia de Anhui. Está suplicando a los funcionarios para que le paguen unos 1.200 dólares en salarios atrasados de un banco estatal que lo despidió hace tres años.
Wang dijo que él inicialmente pensaba que resolver el asunto sería algo simple debido a que tenía toda la documentación relevante y otras pruebas. "Primero fui al ayuntamiento, donde me dijeron que acudiera a los tribunales", dijo. "En los tribunales me dijeron que me dirigiera al banco, y en el banco que volviera a los tribunales. Entonces alguien me dijo que viniera a Pekín. Cuando me recibió aquí un funcionario, me dijo que volviera a mi comarca. Es algo horrible tener que mendigar por algo que te pertenece, pero no tenemos alternativas".
No son solamente los pobres los que acusan a los funcionarios de corrupción.
"Yo era el hombre más rico de mi ciudad. Tenía un buen coche, y todo", dijo Zhou Jun Qi, 45, un peticionario de la ciudad de Liu Zhou en la sureña provincia de Guangxi.
Dijo que había empezado con una fábrica de calcetines en 1993 con un socio americanos e invirtió unos 250.000 dólares, pero peleó con el socio en 1996 y llevó el pleito a tribunales.
"El juez me pidió una mordida, pero me negué", dijo. Poco después, el juez ordenó cerrar la fábrica. Cuando se dio a conocer la resolución en 1998, era a favor de Zhou, pero dijo que cuando abrió las puertas de la fábrica, descubrió que todos sus bienes habían desaparecido.
"Ahora no tengo dinero ni para comer", dijo Zhou, cuya familia extendida vive en la sureña provincia de Guangdong. Debido a que la familia es la única red real de seguridad social en China y Zhou no está cerca, depende de amigos para comer y tener algo de dinero.
Sin embargo, Zhou, como Wang y Bao, conserva alguna fe en el sistema y dijo que piensa que se podrían resolver todos sus problemas si pudiera hablar con algún jefe importante, como el presidente Hu Jintao o el premier Wen Jiabao, que han sido más visibles y más dispuestos que líderes anteriores a intervenir en favor de campesinos pisoteados o engañados.
"Hu Jintao y Wen Jiabao se preocupan realmente de la gente", dijo Zhou. "Son los funcionarios de bajo nivel los que les ocultan las cosas, y nos impiden acercarnos a ellos".
En la rueda de prensa final del parlamento ayer, Wen declaró: "Este será un año de reformas".
Minimizando los problemas internacionales -tales como la renuncia del jefe del ejecutivo Tung Chee-hwa de Hong Kong y la aprobación de una polémica ley anti-secesión que ha aumentado las tensiones con Taiwán-, Wen se concentró en la situación interna.
"Nuestra prioridad es transformar el funcionamiento del gobierno" y aliviar las condiciones de vida los empobrecidos y cada vez más inquietos campesinos de China, dijo.
En el congreso del año pasado, Hu y Wen enmendaron la Constitución china consagrando en ella el término ‘derechos humanos' y extendiendo los derechos de propiedad de los ciudadanos.
Aunque los cambios no han creado un nuevo sistema de supervisión para implementar estas reglas y no ha cambiado mucho a nivel de base, las acciones dieron a peticionarios como Zhou alguna esperanza.
"Tienen que hacer algo por nosotros", dijo. "Tengo plena confianza de que finalmente ganaré mi caso. Estoy decidido a volver el próximo año".

13 de marzo de 2005
16 de marzo de 2005
©boston globe
©traducción mQh