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revuelta mortal en china


[Philip P. Pan] Cientos de campesinos se niegan a entregar sus tierras.
Shengyou, China. Cientos de hombres armados con escopetas, palos y tubos atacaron el sábado a un grupo de campesinos que resistía las exigencias oficiales de que entregaran sus tierras a una centrale eléctrica del estado, dijeron testigos. Los hombres mataron a seis campesinos y dejaron a unas 100 personas gravemente heridas en uno de los casos más mortíferos de disturbio rural durante años.
Los campesinos, que habían levantado tiendas y excavado pozos y trincheras en las tierras en disputa para impedir que las autoridades se las apropiaran, dijeron que sospechaban que los agresores fueron contratados por funcionarios locales corruptos.
Dijeron que cientos de campesinos fueron golpeados o apuñalados y varios fueron impactados por balas en la espalda cuando huían.
Alcanzado telefónicamente, un portavoz del gobierno provincial dijo que no podía confirmar ni desmentir la agresión. "De momento se nos ha ordenado no dar informaciones sobre el asunto", dijo.
Grandes contingentes de policía habían sido apostados en los alrededores de Shengyou, a unos 160 kilómetros al sudoeste de Pekín, pero residentes amoratados y vendados lograron introducir el lunes a hurtadillas a un periodista en la aldea y lo llevaron a un amplio terreno sembrado de armas abandonadas, cartuchos de balas y ropa ensangrentada. También proporcionaron tomas de la agresión filmadas con una videocámara digital.
A pesar del ataque, los campesinos siguieron desafiantes y en control de las tierras disputadas. También ocuparon el cuartel general del gobernante Partido Comunista, donde colocaron los cuerpos de cinco de sus compatriotas asesinados. Una multitud de emocionados deudos llenaban el patio fuera; colgando sobre el portal había una bandera blanca con las palabras garabateadas en tinta negra: "Injusticia".
"Queremos saber quién dio las órdenes, quién los envió a atacarnos", dijo Niu Zhanzong, 50, un calvo y desconfiado campesino que hizo un video de parte del ataque antes de que los hombres lo empujaran al suelo, rompieran su cámara y le quebraran su brazo.
La ocupación de las tierras agrícolas a cargo de funcionarios locales para construir caminos, diques, fábricas y otros proyectos, a menudo para beneficio personal, ha surgido como un problema cada vez más volátil en el campo chino, donde el gobierno posee toda la tierra y proporciona a los campesinos arrendamientos de largo plazo. Los campesinos a menudo se quejan de que son insuficientemente compensados cuando los funcionarios expropian sus tierras, y han montado cientos de protestas sobre el problema en los últimos años.

15 de junio de 2005
©boston globe
©traducción mQh


revuelta en campo chino


[Edward Cody] Una rara victoria. Campesinos rechazan a policía en batalla sobre polución.
Huaxi, China. Había llovido violentamente durante casi toda la noche. Xu Juxian, la ensortijada esposa del campesino de desordenado pelo negro, dijo que el aguacero se había filtrado copiosamente en las andrajosas tiendas donde los avejentados manifestantes habían estado acampando durante más de dos semanas. Como resultado, dijo Xu, estaban todos entumecidos, incómodos y completamente despiertos justo antes del amanecer.
Así que Xu, 79, y los otros oyeron inmediatamente la conmoción cuando docenas de coches y buses del gobierno entraron serpenteando en Huaxi a las 4:30 de la mañana del 10 de abril, con unos 3.000 agentes de policía y civiles a los que se había ordenado que destruyeran las tiendas. Para dar la voz de alarma en esta arenosa ciudad agrícola, de que la policía estaba llegando, los vigilantes vecinos lanzaron cientos de cohetes de fuegos artificiales.
Para cuando amaneció, unos 20.000 campesinos de la media docena de aldeas que conforman el municipio de Huaxi habían respondido al llamado, dijeron participantes, y no estaban de ánimo de inclinarse ante las autoridades. Durante cuatro años se habían estado quejando de que la polución industrial estaba contaminando la tierra, atrofiando las cosechas y ensuciando el agua de su fértil valle rodeado de colinas forestadas a 193 kilómetros al sur de Hangzhou. Y ahora sus protestas -bloquear la entrada del parque industrial- estaban siendo acalladas por la fuerza.
Se originó una dura batalla esa húmeda mañana entre los enfurecidos campesinos y la policía, abrumadoramente superada. Hacia el fin del día, los funcionarios habían huido hacia sus sedanes negros y cientos de policías se habían dispersado en medio del pánico mientras los campesinos destruían sus vehículos. Fue un raro triunfo para los campesinos que se levantan contra el todopoderoso Partido Comunista.
El enfrentamiento fue también una muestra de la creciente fuerza que puede contribuir a modelar el futuro de China: el poder las protestas masivas espontáneas. Obreros y campesinos dejados en la estacada por el auge económico de China están recurriendo crecientemente al tipo de inquietud que encendió en Huaxi. Sus explosiones de rabia se han transformado en una fuente potencial de inestabilidad y una amenaza al monopolio del poder del partido, lo que preocupa a los líderes en Pekín. Según informaciones, ha habido miles de protestas similares en el año, a menudo reprimidas violentamente.
Los obreros y campesinos parecen no tener dónde volverse, excepto a la calle. Sus representantes en el parlamento hacen lo que ordena el gobierno; las organizaciones independientes son prohibidas por el sistema comunista chino; y los funcionarios del partido, centrados en el crecimiento económico, se han hecho socios de ansiosos empresarios más que actuar como defensores de los abandonados por el auge. La mayoría de los violentos estallidos de base han sido reprimidos severa y rápidamente. Este reportaje estudia el origen y desarrollo de una revuelta que no terminó mal. "Ganamos una gran victoria", declaró un campesino que habló sobre las protestas a condición de que se reservara su nombre, por temor a que la policía lo detenga como uno de los cabecillas. "Protegimos nuestra tierra. Y de todos modos el gobierno no debería haber enviado tanta gente a reprimirnos".

Oídos Sordos
Desde el principio, dijeron los aldeanos, se han opuesto al Parque Industrial Zhuxi, que se extiende sobre 33 hectáreas a orillas de la ciudad. Algunos temían la polución. Otros pensaron que renunciar así fuera a un poco de su tierra agrícola traicionaba su antiguo legado agricultor.
Los aldeanos describieron los orígenes de sus protestas en una serie de entrevistas recientes. Expresaron su ansiedad de que policías encubiertos estuvieran buscando ahora a los coordinadores de las protestas, revisando los corrales amurallados y casas de ladrillos de Huaxi. Dijeron que era probable que hubieran detenciones. Pero dijeron que la protesta era una victoria sobre la burocracia que debió haber ocurrido mucho antes. La mayoría de los aldeanos hablaron a condición de conservar el anonimato por temor a ser detenidos y encarcelados.
Cuando empezó el parque industrial, el gobierno municipal de la cercana ciudad de Dongyang, que tiene jurisdicción sobre Huaxi, ya poseía 20 hectáreas de la tierra necesitada. Los aldeanos cuyos campos se superponían con el sitio debieron cortar terrenos de sus propiedades para completar las restantes 33 hectáreas. A cambio, dijeron los aldeanos, cada familia perjudicada recibió 14.60 dólares al año durante 4 años, una suma que los aldeanos consideran espantosamente insuficiente.
A pesar de la oposición, el Parque Industrial Zhuxi fue inaugurado en 2001. Los consejos de aldea elegidos en Huaxi y el secretario del Partido Comunista de Huaxi fueron impotentes para detener la decisión impuesta por las autoridades municipales, dijeron los residentes. El ayuntamiento de la Ciudad de Dongyang y el comité central del Partido Comunista, que también gestionan el parque, cedió sitios a 13 fábricas privadas y conjuntas con el estado. Ocho de ellas producen productos químicos, dijeron los aldeanos, y otras trabajan con plásticos.
Las emisiones de gas empezaron pronto a pasar por la aldea, dijeron los vecinos, causando irritación de ojos y obligando a las familias a cerrar las ventanas para dormir. Efluentes de las fábricas se filtraron en el agua del que dependen los campesinos para el riego, se quejaron, y marchitaron las cosechas y los árboles. Un particular infractor, agregaron, era una fábrica de pesticidas que había sido instalada después de ser desalojada de Ciudad Dongyang debido a sus malos olores.
Pero los aldeanos se lamentaron de que nadie escuchaba sus peticiones de que las fábricas fueran cerradas.
No era porque no lo intentaran. Funcionarios de Huaxi, incluyendo al secretario del Partido, Wang Wei, visitaron otras fábricas de la región y advirtieron en un informe confidencial que la polución era un peligro para los residentes y la agricultura. Se filtró una copia del informe, que fue pegado para que todos lo pudieran ver. Parcialmente como resultado, los aldeanos escribieron una carta abierta al gobierno municipal de Dongyang exigiendo que el parque industrial fuera cerrado.
"El gobierno de Dongyang ha hecho oídos sordos", dijo uno de los participantes.
Frustrados, los aldeanos trataron de llegar más arriba en la jerarquía. Enviaron una delegación a los cuarteles generales provinciales de Zheijiang, en Hangzhou y a la capital nacional, Pekín, donde entregaron peticiones en el despacho del premier y en la Autoridad Estatal para la Protección del Medio-Ambiente. Nadie escuchó, dijeron.
Su paciencia se agotó y un grupo de granjeros entraron al parque en octubre de 2001, rompiendo ventanas y destrozando las maquinarias de la fábrica de pesticidas. Wang y otros 11 fueron arrestados posteriormente. Diez de los 12 fueron sentenciados a penas de prisión por desorden público. En el juicio, de acuerdo a uno de los sentenciados, el juez dijo que no quería oír hablar de los problemas de Huaxi con la polución.

Estrategia para Resistir
Los aldeanos resistieron durante los cuatro años siguientes, pero avanzaron poco. Finalmente, levantaron el 23 de marzo sus primeras tiendas de protesta a la entrada del parque industrial, utilizando papel de nailon rojo, blanco y azul estirados entre estructuras de bambú. Algunos aldeanos dijeron que habían pasado a la acción porque el alcalde de Dongyang, Chen Fengwei, se había negado a recibirlos durante una casa abierta del ayuntamiento el 15 de marzo. Otros dijeron que la decisión se tomó porque los residentes se enteraron de que otra fábrica contaminante estaba a punto de trasladarse al parque industrial.
Cualquiera haya sido el disparador, después de cuatro años de ser empujados a un lado, los aldeanos de Huaxi juraron que ya no lo aguantaban. No se permitiría que nadie entrara o saliera del parque industrial.
El Centro para la Tercera Edad de Huaxi, que admite a campesinos mayores de 60 tras el pago de una matrícula anual de 55 centavos de dólar, se ofreció para atender las tiendas. Los campesinos viejos, junto a hombres más jóvenes que dirigían la lucha, pensaron que la policía sería reluctante a pelear con hombres y mujeres viejos.
Estaban equivocados. El gobierno de la Ciudad de Dongyang envió a 100 agentes de policía y funcionarios civiles cinco días después de que montaran las tiendas, dijeron los aldeanos. La policía llegó a la hora de almuerzo, cuando muchos de los manifestantes viejos se habían retirado, arrastrando fuera a los manifestantes que quedaban y quemando las tiendas, dijeron los aldeanos.
Pero varios miles de encolerizados vecinos rodearon rápidamente al contingente policial, impidiendo que algunos oficiales pudieran volver a sus coches. Finalmente, se permitió que los agentes salieran sin ser molestados, dijo un participante, pero varios de sus vehículos no fueron entregados sino por la noche de ese día.
El enfrentamiento que venía ya tenía tono.
Al día siguiente, los campesinos de varias de las accidentadas aldeas de Huaxi se aparecieron a levantar más tiendas. Levantaron 19 en pocas horas, recordaron vecinos. Unas 200 personas, la mayoría de ellos viejos, empezaron a vivir ahí todo el tiempo, haciendo caso omiso de los avisos policiales.
Durante la primera semana de abril, dijeron los aldeanos, los viejos manifestantes campesinos recibieron la visita de todo un día de Chen, el alcalde de Dongyang; Tang Yong, el secretario del Partido Comunista de Dongyang; y un alto funcionario provincial, Zhejiang. Los funcionarios trataron de engatusar a los manifestantes usando un tono amistoso, dijeron testigos, instándoles a marcharse y prometiendo que las fábricas contaminantes serían cerradas.
Al mismo tiempo, dijeron los testigos, los funcionarios advirtieron que las protestas constituían una alteración ilegal del orden público. Además, informó un activista, ocho aldeanos fueron detenidos después de que se marcharan los funcionarios, acusados de haber lanzado fuegos artificiales anunciando la llegada de los funcionarios.
Había un sistema de alarma.

Venganza de los Campesinos
Cuando lanzaron los petardos el 10 de abril, dijo Xu, unas 50 agentes de policía y policías anti-disturbios irrumpieron en la tienda que compartía con otras 20 viejas de la aldea. Las agentes estaban gritando órdenes, recordó Xu, pero los manifestantes no entendían. Los gritos eran en mandarín, la lengua oficial de China, y los campesinos jubilados y sus esposas sólo hablan el dialecto local.
"Entonces trataron de sacarnos", dijo Xu, sentada en el patio de su endeble casa de madera mientras una pariente de edad media traducía sus recuerdos al mandarín. "Las que se negaron fueron golpeadas", agregó, mostrando moretones en su muslo izquierdo.
Cuando las agentes de policía y los agentes anti-disturbios, protegidos con cascos y escudos de plástico, arrastraron a los manifestantes hacia fuera, otros agentes empezaron a destruir las tiendas con lanzas y machetes, dijeron testigos. Las endebles construcciones se derrumbaron rápidamente formando pilas de nailon y bambú.
Xu dijo que fue llevada a la clínica local para examinar su pierna. Pero algunas de las mujeres que habían sido sacados de sus tiendas se sentaron en el camino de concreto y se negaron a levantarse, bloqueando a la policía que estaba tratando de cargar los escombros en un camión, dijeron testigos.
Entretanto, la mayoría de los manifestantes que habían inundado el área eran mantenidos detrás de la cinta lugar del crimen, dijo una pareja de granjeros que se unieron a la multitud cuando las mujeres montaron la sentada hacia las 5:30 de la mañana. Pero la vista de los viejos manifestantes siendo golpeados por la policía que trataba de despejar la carretera produjo una ola de indignación entre los excitados campesinos, dijeron, y muchos comenzaron a arrojar piedras contra la valla.
Otro manifestante dijo que la multitud explotó de cólera cuando uno de los gerentes de la fábrica, identificado como Wang Yuejin, trató de persuadir a la policía de que no golpearan a las ancianas, y fue golpeado con una cachiporra por sus sugerencias. Casi al mismo tiempo, dijo, un aldeano en la multitud, Wang Hongfa, fue golpeado por una piedra que había arrojada por las asediadas mujeres policías, abriendo un tajo sobre su ojo izquierdo. Además -más tarde los rumores resultaron ser incorrectos- empezó a circular el rumor de que dos ancianas habían muerto a causa de heridas causadas por la policía anti-disturbios.
"Después de eso, la gente se encolerizó", recordó un manifestante.

La Otra Cara de la Policía
Cuando las piedras llovieron sobre los agentes y la multitud se apretujaba casi a las 6:30 de la mañana, las líneas policiales colapsaron y los atemorizados agentes corrieron a su cuartel en el patio de una escuela a 150 metros de las tiendas. Algunos de ellos fueron golpeados en el camino, pero muchos llegaron al terreno amurallado y cerraron las puertas.
Dos campesinos, con las manos encallecidas y sucias uñas de los que trabajan la tierra, contaron más tarde lo que había ocurrido después en una larga conversación en una granja aislada rodeada de melocotoneros. Dijeron que fueron necesarios varios cientos de aldeanos para echar a bajo, empujando, la muralla de piedras de 2.40 metros de alto, pero se derrumbó a los minutos una vez que pusieron manos a la obra.
Cuando los campesinos entraron por la apertura de 6 metros, muchas de las agentes se habían refugiado en los buses y estaban rodeadas por hombres de la policía anti-disturbios con escudos y porras. Pero la creciente multitud de vociferantes campesinos asustó a los agentes, dijeron, y los buses también se desocuparon rápidamente.
Algunos agentes se sacaron sus uniformes y escaparon en ropa interior, contaron manifestantes. Otros se refugiaron en las aulas, dijeron, abriendo las puertas a patadas. "Vimos la otra cara de la policía", dijo uno de los dos campesinos. "Al principio, la gente tenía miedo. Pero luego fue la policía la que tuvo miedo".
Mientras algunos de los enfurecidos campesinos perseguía a los agentes en el edificio de la escuela, golpeando a los que podían y espantando al resto, otros se volcaron sobre los buses con piedras, ladrillos y herramientas. Primero destruyeron los buses, luego los sedanes.
"Nos tomó menos de dos horas destruir todos los vehículos", dijo uno de los campesinos. "Los agentes que estaban en la escuela no se atrevían a salir. Cuando trataban de salir, eran descubiertos y golpeados".
Chen Qixian, portavoz del ayuntamiento de Ciudad Dongyang, dijo que 30 funcionarios locales y mujeres policías habían sido heridas durante los enfrentamientos. Pero el Phoenix Weekly, una revista de propiedad de una compañía de Hong Kong, citó a funcionarios del hospital de Dongyang diciendo que habían tratado a 140 personas, por heridas, la mayoría de ellas policías y funcionarios. Chen dijo que sólo tres aldeanos habían sufrido heridas leves. Pero vecinos de Huaxi dijeron una mujer de 55 fue golpeada duramente en la cabeza cuando era sacada a rastras de la tienda y permaneció hospitalizada después de varias operaciones. Xu, el anciano de la choza cuya pierna quedó amoratada, dijo que policías armados con porras habían golpeado a varios ancianos más.

Funcionarios Advertidos
Mientras los aldeanos celebraban en el patio, los maestros de la localidad entraron al edificio y escoltaron fuera a los agentes de policía. En la tarde salieron de la ciudad los últimos policías, mientras los aldeanos triunfantes posaban para los fotógrafos mostrando trozos de los vehículos destrozados.
"Estábamos contentos con toda el alma", dijo uno de los campesinos, su sombrero de paja cónico a sus pies.
Más tarde esa noche, dijeron los aldeanos, algunos trabajadores inmigrantes entraron furtivamente al patio y empezaron a robar piezas de los vehículos destrozados. Indignados, los aldeanos llamaron a la policía. Los agentes se negaron a responder.
A los pocos días las tiendas volvieron a ser levantados. Veintiséis de ella bloquearon durante otro mes el parque industrial, obligando a las fábricas a seguir cerradas. La Asociación de la Tercera Edad de Huaxi envió a sus canosos manifestantes a vivir otra vez en las tiendas y los cohetes volvieron a estar listos para dar la señal de alarma.
Cuando el 12 de mayo dos camiones trataron de entrar entre las tiendas y avanzar hacia el parque industrial con suministros para la fábrica, dijeron los aldeanos, los fuegos artificiales fueron lanzados de inmediato y unos 10.000 campesinos se apresuraron a la escena. Con la ayuda de la policía, contaron los aldeanos, lograron hacer retroceder los camiones. Los agentes de policía advirtieron a los conductores que si lo intentaban nuevamente, serían acusados de causar desórdenes públicos, dijeron testigos.
Ansiosos de evitar problemas, la policía levantó un puesto de control en las afueras de la ciudad con un enorme letrero con las palabras: "Prohibidos los camiones con materiales para las fábricas".
Seis de las 13 fábricas fueron notificadas de abandonar Huaxi para siempre, y las autoridades de Dongyang organizaron "grupos de trabajo" de funcionarios locales y de fuera para visitar hogares campesinos e instarles a terminar con las protestas, sobre esa base, de acuerdo a Chen, el portavoz del ayuntamiento.
Hasta cierto punto, la diplomacia tuvo éxito. Con el beneplácito de los aldeanos los funcionarios locales desarmaron las tiendas el 20 de mayo. Policías y funcionarios locales -se pidió a las autoridades de Dongyang que se mantuvieran alejadas- escoltaron a los viejos manifestantes a casa y les impidieron regresar. Pero activistas dijeron que habían advertido al ayuntamiento y otros funcionarios que si las fábricas volvían a funcionar, ellos volverían a montar las tiendas.
De momento no se han producido detenciones, dijo Chen. Pero la policía -de paisano tanto como uniformados- ha establecido una fuerte presencia en Huaxi y los vecinos han sido llamados a participar en la cacería de los responsables de la rebelión campesina del 10 de abril. El gobierno de Dongyang ha dejado en claro que alguien tiene que pagar.
Se ha puesto en operación un "sistema de castigo y prevención" para crear una "sociedad armoniosa" en Huaxi, decía una declaración del ayuntamiento de Dongyang. "Nuestro siguiente paso es investigar a algunos miembros del partido que creemos son los líderes de la revuelta", agregaba.

13 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh

china detiene a escritor


[Philip P. Pan] El escritor quería realizar unas entrevistas secretas.
Hong Kong, China. China ha detenido a un prominente miembro del cuerpo de prensa internacional de Hong Kong que viajó al continente para realizar una serie de entrevistas secretas con un dirigente comunista purgado por oponerse a la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989.
Agentes de seguridad detuvieron a Ching Cheong, corresponsal jefe en China del diario de Singapur, Straits Times, el 12 de abril en la sureña ciudad de Guangzhou, donde debía reunirse con un informante que le había prometido una copia de un manuscrito políticamente delicado, de acuerdo a Mary Lau, la esposa del periodista.
Lau dijo que las autoridades chinas la advirtieron a ella y al Straits Times que no revelaran la detención de su marido y ella guardó silencio durante semanas con la esperanza de que fuera dejado en libertad. Dijo que decidió hacerlo público la semana pasada después de que un funcionario en el continente le dijera en privado que el gobierno estaba pensando acusarlo de "robar importantes secretos de Estado".
Si es acusado, Ching podría ser el segundo periodista de un diario extranjero detenido por el gobierno del presidente Hu Jintao el año pasado. Zhao Yan, investigador del despacho de Pekín del New York Times, fue detenido por el ministerio de Seguridad Interior en septiembre por cargos similares y ha sido mantenido desde entonces incomunicado y sin juicio.
Las detenciones pueden tener un escalofriante efecto para las operaciones periodísticas en China. El gobierno chino encarcela a menudo a periodistas y escritores chinos -el grupo de defensa Reporteros sin Fronteras dice que hay más periodistas en la cárcel en China que en cualquier parte del mundo- pero en el pasado se ha generalmente impedido de arrestar a individuos empleados por agencias de prensa extranjeras.
El Straits Times, que no ha publicado la detención de su corresponsal, dijo en una declaración escrita el domingo que había sido informado por la embajada china en Singapur que Ching "está ayudando a las autoridades de seguridad en Pekín en una investigación que no está relacionada con el Straits Times".
"Ching Cheong ha trabajado para nosotros con distinción como un corresponsal y analista bien informado", agregó el diario. "No tenemos motivos para dudar de que durante su período informando y comentando sobre China se ha conducido con el mayor profesionalismo".
No hubo una respuesta inmediata a la petición de comentario ante del ministerio chino de Asuntos Exteriores.
Ching, 55, ciudadano de Hong Kong y residente legal permanente en Singapur, es considerado ampliamente como el corresponsal de China más entendido y goza de amplios contactos en el gobierno y entre los militares, que ha cultivado en una carrera de 31 años.
Su detención podría generar protestas en Hong Kong, donde desde el retorno de la antigua colonia británica al gobierno chino en 1997, los residentes se han quejado de la ausencia de protecciones consulares cuando se viaja en el continente. Aunque China ha garantizado a los residentes de Hong Kong algunos derechos y privilegios especiales, son tratados como ciudadanos chinos en régimen de ley internacional.
En sus escritos y conversaciones Ching ha desarrollado una reputación como un nacionalista chino que apoya la reunificación del continente con Taiwán y objeta la interferencia de Estados Unidos en el Estrecho de Taiwán. Pasó 15 años trabajando para el Wen Wei Po, un diario de Hong Kong con fuertes vínculos con el Partido Comunista, pero renunció junto a otros 40 periodistas en protesta tras la violenta represión en 1989 de las manifestaciones en pro de la democracia en la Plaza de Tiananmen.
La detención de Ching parece estar relacionada con una investigación oficial de alta prioridad para impedir la publicación de una serie de entrevistas secretas realizadas en los últimos años con Zhao Ziyang, el antiguo premier y jefe del partido que se opuso a la masacre de Tiananmen y murió en enero después de casi 16 años bajo arresto domiciliario.
No se sabe lo que dijo Zhao en esas entrevistas, pero meses después de su muerte, los líderes comunistas chinos parecen preocupados de que sus palabras puedan representar una amenaza al dominio del partido al reavivar los recuerdos de la masacre de la Plaza de Tiananmen y desencadenar demandas frescas de reformas democráticas.
Las entrevistas fueron realizadas por Zong Fengmin, un funcionario jubilado del y largo tiempo asociado a Zhao, que logró visitar al líder caído regularmente mientras se encontraba bajo arresto domiciliario.
En una memoria publicada el año pasado, Zong citó brevemente de sus entrevistas con Zhao e indicó que estaba preparando un segundo libro titulado ‘Conversations with Zhao Ziyang in House Arrest'. Ching fue el primer periodista en conseguir las memorias de Zong y escribir sobre las observaciones de Zhao.
Localizado telefónicamente en Pekín, Zong confirmó que el gobierno le había presionado para no publicar el libro basado en sus conversaciones con Zhao. Dijo que no había terminado el manuscrito y se mostró sorprendido de que Ching pudiera haber sido detenido por tratar de obtener una copia. Negó haberse reunido en persona con Ching.
Xiang Chuxin, el editor de Zong, dijo que agentes de inteligencia chinos lo visitaron en su apartamento de Hong Kong en octubre y le hicieron preguntas corteses sobre la memoria de Zong. Pero después de la muerte de Zhao el 17 de enero, la policía lo detuvo en la sureña ciudad de Shenzhen y lo interrogó durante varias horas en un intento de descubrir quién le había llevado el libro, dijo.
La policía también decretó el arresto domiciliario de uno de los empleados de Xiang en el continente durante varias semanas. Localizado por teléfono, dijo que ella había dado una copia de las memorias a Ching a petición de Zong. También dijo que ella envió mensajes de texto al móvil de Ching, suplicándole ayuda mientras trataba de eludir a las autoridades, pero agregó que la policía no le preguntó nunca nada sobre él cuando la interrogaron.
Lau dijo que su marido se había enterado del segundo manuscrito de Zong el año pasado y que se había reunido con el editor Zong poco después de la muerte de Zhao. En esa época, el editor de Zong quería publicar el manuscrito pero estaba preocupado de que los agentes de seguridad lo interceptaran si intentaba usar a la misma gente que había publicado la memoria de Zong, dijo. Ching entonces accedió a llevar el manuscrito a Pekín, dijo Lau.
Lau dijo que su marido le dijo que un informante intentó mandarle varias veces el documento por e-mail, sin éxito. Entonces, a fines de abril, recibió una llamada de alguien pidiéndole que viajara a Guangzhou a recoger el manuscrito, dijo.
Lau dijo que Ching nunca le reveló la identidad del informante y que ella sospechaba que agentes de seguridad china lo habían hecho caer en una trampa para que viajara al continente. Un día después de su detención, dijo, él la llamó y le pidió que hiciera llegar su ordenador portátil al continente.
Agentes de seguridad han permitido a Ching llamarla cuatro veces más, dijo. En la última llamada, el domingo por la mañana, Ching le pidió que no dijera nada a los periodistas sobre su detención. Pero cuando un agente de seguridad tomó el teléfono e invitó a Lay a viajar a Pekín a ver a su marido, él cogió el teléfono y le dijo que se quedara en Hong Kong, dijo.
"Me dijo que trabajara por él en Hong Kong", dijo Lau. "Me dijo que visitara más a menudo a su madre y padre".

31 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh

malls gigantes en china


[David Barboza] Nuevo país de consumidores. China construye gigantescos centros comerciales.
Dongguan, China. Después de que los obreros de la construcción terminen de enyesar una réplica del Arco de Triunfo y sacar brillo a las calles de imitación de Hollywood, París y Amsterdam, un nuevo y gigantesco parque temático se proclamará a sí mismo el centro comercial más grande del mundo.
El South China Mall -un revoltijo de Disneyland y Las Vegas, la versión del paraíso y del infierno envueltos en uno de un comprador- será casi tres veces el tamaño del inmenso Mall of America en Minnesota. Es parte de otra nueva y sorprendente consecuencia más de un cuarto de siglo de auge económico: los grandes centros comerciales de China.
No hace mucho tiempo, comprar en China consistía la mayor parte del tiempo en hacer cola para implorar a malhumorados dependientes que aceptaran dinero a cambio de artículos feos que no eran de la talla. Pero ahora los chinos han empezado a hacer suyo el moderno ethos de Estados Unidos de "comprar hasta caer muerto" y están en medio del frenesí de comprar-en-el-mall.
En China ya hay cuatro centros comerciales más grandes que el Mall of America. Dos, incluyendo el South China Mall, son más grandes que el West Edmonton en Alberta, que acaba de ceder su posición como el más grande del mundo a un enorme centro de comercio detallista en Pekín. Y para 2010, se espera que China albergue a 7 de cada 10 de los centros comerciales más grandes del mundo.
Los chinos acuden en tropel a los malls, que usualmente tienen varios niveles elevados antes que extendidos como el típico estilo de dos pisos de la mayoría de los malls en Estados Unidos. Los consumidores chinos llegan en autobús y tren, y hay cada vez. En los días concurridos, un centro comercial en la sureña ciudad de Guangzhou atrae a unos 600.000 clientes.
Durante años los chinos exportaban los frutos de su labor, cosiendo zapatos, bolsos y vestidos que eran exportados a todo el mundo. Ahora, el creciente consumismo chino significa que su gente está a un paso o dos de comprar los billones de Cokes, lápices labiales Revlon, cámaras Kodak y cosas similares que las compañías extranjeras han soñado vender allá desde hace mucho tiempo.
"Olvídese de la idea de que los consumidores chinos no tienen suficiente dinero que gastar", dijo David Hand, un experto en propiedad inmobiliaria y comercio detallista de Jones LaSalle en Pekín. "Aquí hay gente con un montón de dinero. Y eso es lo que está sosteniendo el desarrollo de estos centros comerciales".
Hay a la venta una amplia gama de artículos favoritos: teléfonos celulares, reproductores de DVD, vaqueros, sofás y armarios para armar en casa. Hay alimentos y mercaderías de muchas regiones de China con nombres familiares -KFC, McDonald's y teatros IMAX. Tiendas sin pedigrí occidental venden Gucci y Louis Vuitton. Mientras los campesinos y trabajadores pobres pueden sólo admirar las vitrinas, se han unido a un peregrinaje periódico al centro comercial que ha hecho arder a constructores y urbanistas. Los urbanistas están gastando billones de dólares para crear estos centros comerciales gigantescos en las ciudades de mayor crecimiento del país apostando que el país del ahorro está a punto de convertirse también en un país de infatigables compradores.
De momento, el centro comercial más grande del mundo es el Golden Resources Mall de 558.00 metros cuadrados, que abrió sus puertas en octubre pasado al noroeste de Pekín. Ya ha despertado la envidia y una competitiva ambición entre los constructores de grandes malls del mundo, que se burlan hacia afuera del advenimiento de China al reino de los malls, incluso mientras traman sus propias estrategias para construir a esa escala en China.
¿Qué grande es 558.000 metros cuadrados? Ese centro comercial, que tras completarse habrá costado 1.3 billones de dólares, se extiende a lo largo de seis canchas de fútbol y excede fácilmente el plano del Pentágono, que con sus 344.000 metros cuadrados es el edificio de oficinas más grande del mundo. Es un simple y colosal edificio de cinco pisos -con hileras e hileras de tiendas encima de hileras e hileras de más tiendas- tan grande que es difícil orientarse entre las 1.000 tiendas y miles de compradores.
La juerga de la construcción de centros comerciales, como gran parte de las actividades económicas en China en estos días, es tan agresiva que algunos economistas han empezado a preocuparse de que podría ser otro signo de una economía recalentada, y que el frenesí constructor del país puede estar deslizándose hacia una caída.
De momento, sin embargo, no hay final a la vista -y ninguna evidencia de que el prolongado auge chino sufra algo más que una modesta recaída.
"Estos centros comerciales son simplemente grandes", dijo Radha Chadha, que gestiona la Chadha Strategy Consulting en Hong Kong, que estudia los centros comerciales y las ventas de artículos de lujo en Asia. "A China le gusta hacer las cosas en grande. Les gusta causar impacto".
Las ventas detallistas en China se han encumbrado en casi 50 por ciento en los últimos cuatro años, según indican por los más grandes detallistas del país, de acuerdo a datos del gobierno. Y con ingresos cada vez más altos, los chinos están gastando su dinero en zapatos, bolsos, ropa e incluso en paseos a parques temáticos.
"Este lugar nos gusta un montón", dijo Ruth Tong, 27, temprana visitante del South China Mall aquí en Dongguan, con su marido y su hijo de 5. "Tienen un montón de cosas divertidas. Tienen tiendas e incluso paseos. Sí, nos gusta, y volveremos".
El gobierno central ordenó recientemente a los bancos controlados por el estado que redujeran la financiación de grandes proyectos de centros comerciales. Pero eso no ha templado los agresivos planes de urbanistas y funcionarios de gobiernos locales para convertir grandes áreas de terrenos en enormes centros comerciales.
Después de todo, la demanda ciertamente está creciendo. El ingreso per cápita en China ha alcanzado el equivalente de 1.100 dólares al año, un aumento de un 50 por ciento desde 2000.
China es todavía un país de disparidades, aunque tiene una creciente clase media que se ha inflado hasta 70 millones de habitantes.
Y a medida que el país se urbaniza y moderniza rápidamente, los mercados de alimentos al aire libre y los antiguos grandes almacenes están siendo remplazados por supermercados gigantes y detallistas de artículos embalados.
Ikea y Carrefour, la cadena francesa de supermercados, están atestados de clientes. Y los jóvenes chinos cada vez con más recursos en China, están adoptando el hábito de los adolescentes americanos de pasar el rato en el mall.
Los grandes malls cerrados, que surgieron en Estados Unidos a fines de los años setenta y en Europa a fines de los ochenta, están apareciendo en todo China. De acuerdo a estudiosos del comercio detallista, en los últimos seis años se han construido en China más de 400 grandes centros comerciales.
Yen una época en que los malls más grandes en construcción en Estados Unidos miden unos 46.500 metros cuadrados, los urbanistas aquí están diseñando malls de 558.00, 651.000 y 744.000 metros cuadrados.
El actual titular, el Golden Resources Mall, donde trabajan 20.000 empleados, es la creación de Huang Rulun, un empresario que hizo una fortuna vendiendo propiedades inmobiliarias en la provincia costera de Fujian. Hace seis años, Huang compró un terreno de 177 hectáreas en las afueras de Pekín para crear una ciudad satélite virtual, que pronto tendrá 110 nuevos edificios de apartamentos, escuelas y oficinas plantadas como árboles en macetas en torno a su mall iluminado con luces de neón.
Quizás las construcciones más agresivas ocurren en la provincia de Guangdong en el sur, la sede de la floreciente región del delta del Río Perla de China. En enero, más de 400.000 personas se aparecieron en la principal ciudad, Guangzhou para la inauguración del Grandview Mall, que también se llama a sí mismo el mall más grande del mundo, de 279.000 metros cuadrados. Dice incluso que tiene la fuente de interiores más alta del mundo.
Está en discusión quién es exactamente el centro comercial más grande del mundo. Algunos malls chinos reclaman el plano más grande; otros cuentan el espacio alquilado. Todavía otros dicen que lo que cuenta es que haya un sólo techo.
En realidad, el Triple Five Group, que posee el Mall of America (232.500 metros cuadrados de espacio alquilado como espacio comercial) y el West Edmonton Mall en Canadá (297.600 metros cuadrados), no ha llamado a derrota.
"Son tiendas, como un bazar en Oriente Medio", dijo despreciativamente -y equivocadamente- Nader Ghermezian, uno de los directores de la compañía sobre el Golden Resources Mall, que está bajo un solo techo. "No deberían ser tomados en cuenta. Nosotros somos los más grandes del mundo".
Pero eso hace surgir otra pregunta: ¿Son los malls de este país demasiado grandes?
"No es fácil comprar en esos lugares", dijo Hand, de Jones Lang LaSalle. "La mayoría de los centros comerciales sobreviven con los clientes que vuelven. Con estos centros tan grandes y tan congestionados puede ser difícil que los clientes regresen".
Los urbanistas imploran para diferir.
"Los centros comerciales son un concepto nuevo en China, y estamos tratando de encontrar nuestro modo de hacerlo", dijo Cai Xunshan, vice-presidente de Golden Resources Mall. "No pensamos que haya más que copiar el formato de Estados Unidos".
En Dongguan, los urbanistas del South China Mall dicen que viajaron durante dos años por todo el mundo buscando el modelo adecuado. El resultado es una fantasía de 400 millones de dólares: 60 hectáreas de plazas comerciales con palmas, parques temáticos, hoteles, fuentes de agua, pirámides, puentes y molinos de viento gigantescos. Tratando de superar incluso algunas de las estrafalarias extravagancias de casinos en Las Vegas, ha construido un río artificial de 2 kilómetros que rodea el terreno, que incluye distritos inspirados en las siete "más famosas ciudades portuarias" del mundo, y una réplica de 26 metros del Arco de Triunfo.
"Tenemos excelente arquitectura de todo el mundo", dijo Tong Rui, el vice-presidente del Sanyuan Yinhui Investment and Development, el urbanista del mall, cuando visitaba la sección inspirada en París. "Esta arquitectura no la verá en ningún otro centro comercial".
Hu Guirong, el hombre detrás del proyecto, hizo fortuna vendiendo fideos y bizcochos en China. Sus ayudantes dicen que construyó su mall en Dongguan, una ciudad de rápido crecimiento cuya población se estima en 8 millones, con una de las ratios coche-familia más altas del país, debido que está situada en el cruce de dos activas metrópolis del sur de China: Shenzhen y Gaungzhou.
"Queríamos hacer algo innovador", dijo Tong, refiriéndose a su patrón. "Queríamos dejar nuestra huella en la historia".
Pero para impedir que el centro comercial de 651.000 metros cuadrados se vea desierto, dicen algunos expertos en comercio detallista, se necesitarán unos 50.000 o 70.000 visitantes al día.
Empleados del South China Mall dicen que ellos pueden superar fácilmente esas cifras.
Pero antes de que el mall abra completamente, el Triple Five Group está trabajando para recuperar su título mundial, con tres megamalls ahora en la fase de planificación que expandirá sus operaciones desde su base en América del Norte a China.
Dos de ellos, el Mall of China y el Triple Five Wenzhou Mall, tendrán cada uno 930.000 metros cuadrados.
"Ya verá", dijo Ghermezian, de Triple Five. "También estamos ampliando el Mall of America. Habrá una Fase 2".

26 de mayo de 2005
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campos de reeducación


[Jim Yardley] En China: campos de trabajo que operan fuera de los tribunales.
Zibo, China. Para el gobierno chino, que promete regularmente a sus ciudadanos una sociedad gobernada por el imperio de la ley, el caso de un hombre pulcramente vestido llamado Li es un recordatorio de lo que todavía sigue al otro lado de la ley.
Aquí, en un desolado tramo al este de China, Li, 40, pasó dos años en una cárcel llamada Campo de Reeducación Laboral Nº2 de Shandong.
Li, que habló a condición de que sólo se usara su nombre de pila, y otros seguidores del grupo religioso prohibido Falun Gong han sido encarcelados a pesar de que nunca tuvieron ni juicio ni abogados -derechos que garantizan las leyes chinas.
Eso es porque Shandong Nº2 es parte de un vasto sistema penal en China que está separado del sistema judicial. Los miembros de Falun Gong no son los únicos reclusos. Encerrados en más de 300 cárceles especiales hay unas 300.000 prostitutas, drogadictos, delincuentes comunes y prisioneros políticos que son despojados de todos sus derechos legales.
En un país no democrático como China, esos abusos de los derechos legales pueden no sorprender. Pero este sistema, una reliquia de la era de Mao, presenta un dilema al moderno Partido Comunista que hace frente a presiones en casa y en el extranjero para que cambie el sistema y que sin embargo sigue obsesionado con la seguridad y el control político.
Este año se espera que el gobierno empiece a considerar privadamente si, y cómo, cambiar el sistema.
Al mismo tiempo, la Unión Europea ha declarado que para que China alcance uno de sus objetivos diplomáticos más apreciados -terminar con el embargo de armas- necesita hacer un gesto significativo sobre derechos humanos.
Defensores de derechos humanos concuerdan en que pocos gestos serían más significativos que la abolición o cambio de este sistema, que es conocido como una reforma a través de la reeducación laboral. Pero a diferencia de liberar a un preso político, un gesto común de buena voluntad en China, cambiar la reeducación laboral podría obligar al Partido Comunista a renunciar a uno de sus principales instrumentos para mantener su poder.
"Para los gobernantes es importante mantener en pie el sistema de reeducación laboral", dijo Gao Zhisheng, abogado en Pekín y partidario del cambio del sistema legal.
La represión contra los seguidores de Falun Hong como Li son un caso en cuestión. El gobierno había prestado atención esporádica a Falun Gong hasta abril de 1999, cuando 10.000 seguidores participaron en una protesta no anunciada y rodearon el edificio de gobierno en Pekín. El gobierno ordenó rápidamente la represión del grupo.
La existencia de la reeducación laboral significó que la policía detuvo a enormes contingentes de personas sin el tiempo ni las complicaciones de un juicio ante tribunales. "Si hubieran querido encarcelar a esas decenas de miles de seguidores a través de procesos judiciales normales, habría sido imposible porque lo que hizo esa gente no es un delito", dijo Gao. De hecho el gobierno no aprobó una ley contra las sectas dirigida contra el grupo sino meses después de que se iniciara la represión.
Para los partidarios de cambiar el sistema legal chino, el corazón del debate no es Falun Gong sino un intento más amplio de un cambio sistemático para establecer "el imperio de la ley". Chen Xingliang, vice-decano de la Facultad de Leyes de la Universidad de Pekín, dijo que esos partidarios querían transformar la reeducación laboral por un sistema de delitos menores donde los detenidos tengan derecho a un abogado y a un juicio ante un juez.
Las sentencias, que pueden llegar a un máximo de cuatro años, deberían ser reducidas a unos 18 meses. Y, más importante, las autoridades deberían cambiar la rama judicial de China. "Creo que esto es crucial debido a que tiene que ver con la legitimidad misma del sistema correccional propuesto", dijo Chen.
El debate nacional ocurre cuando miembros claves de la Unión Europea expresaron este mes su reluctancia a levantar el embargo en junio, como habían sugerido antes. Funcionarios europeos han enfatizado que lo que quieren de China es que haga mejoramientos "concretos" en derechos humanos. Una idea que se sugirió es la ratificación del Convenio Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas.
"Los cerdos volarán antes de que lo ratifiquen reformando la reeducación laboral en vigor", dijo John Kamm, presidente de la Fundación Dui Hua, un grupo que negocia la liberación de los presos políticos de China. "Es una violación de todo debido proceso de todas las leyes de derechos humanos".
Los campos de reeducación laboral se abrieron en 1957. El sistema se transformó en un modo rápido y fácil para que la policía encarcelara a gente por infracciones del orden social. Los detractores dicen que el sistema da a la policía demasiada libertad para determinar arbitrariamente entablar cargos criminales contra alguien o simplemente encerrar a esa persona en un campo de reeducación.
Meng Hongwei, vice-ministro de seguridad pública, dijo que China había hecho progresos substanciales en el establecimiento del "imperio de la ley" y defendió la reeducación laboral como una herramienta necesaria para rehabilitar a jóvenes infractores.
"En muchas regiones del mundo existe un enorme malentendido del sistema", dijo, retratándolo como una intervención de corto plazo para impedir que la gente cometa en el futuro delitos más graves.
"Deberíamos tratarlos como trataría un doctor a sus pacientes, como un maestro a un alumno, y como los padres a un hijo que comete errores", dijo Meng en una entrevista el año pasado.
Las condiciones y tratamiento de las más de 300 cárceles del sistema varían de una cárcel a otra. Se supone que los reclusos deben realizar algún tipo de trabajo de fábrica o trabajos manuales. Algunos intelectuales encarcelados han descrito condiciones razonablemente suaves, mientras otros han denunciado tratamientos más severos.
Fuera de China, Falun Gong está llevando a cabo una agresiva campaña para hacer públicos sus denuncias de malos tratos, que el gobierno chino niega. Es posible probar todas las acusaciones -un catálogo de torturas, que Falun Gong muestras en carteles y octavillas.
Pero no hay duda de que Falun Gong sigue siendo prohibido en China.
En entrevistas en China, cinco seguidores de Falun Gong viajaron cientos de kilómetros para eludir a los agentes de seguridad del gobierno y describieron sus experiencias en campos de reeducación laboral.
Li llegó en 2000 después de pasar 10 días en un calabozo policial. Su familia no fue notificada sino cuando había empezado a cumplir una sentencia de dos años. Dijo que los guardias a menudo aplican a los reclusos con hierros eléctricos para el ganado para que renuncien a Falun Gong. "El dolor es indescriptible", dijo. "Di un salto en el aire".
Dos reclusas describieron repetidas humillaciones. Las mujeres con menstruación eran amarradas con grilletes a un madero y les impedían dormir o usar el retrete durante varios días.
Especialistas dicen que los presos políticos constituyen un 5 a 10 por ciento de la población de reclusos total de los campos de reeducación, mientras un 40 por ciento de los reclusos está por delitos asociados a las drogas. Se espera que los usuarios de drogas abandonen su hábito mientras están en los campos.
Xiao Xue, 33, una ex heroinómana, fue encarcelado durante dos años en un campo de reeducación para drogadictos en la occidental provincia de Yunán. Dijo que los reclusos no eran maltratados, pero tampoco recibían tratamiento. Dijo que ella había vuelto a usar drogas después de su liberación.
"Un montón de gente que ha estado en campos de reeducación laboral todavía usa drogas", dijo, refiriéndose a después de su liberación. Dijo que ella había abandonado más tarde el uso de drogas. Murray Scot Tanner, especialista en China en la RAND Corporation, una organización de consultoría pública, dijo que la facilidad con que la policía puede encarcelar a gente en campos de reeducación ha llevado a la policía a encerrar a gente "por un número creciente de problemas sociales". Agregó: "Es administrativamente conveniente porque permite al sistema chino evitar tener que ofrecer programas de rehabilitación y tratamiento más modernos".
Los costes de implementación de esos programas y la pregunta sobre qué debe hacerse con las 300.000 personas en los campos, son problemas que retrasan los intentos de cambios. Otro es la ausencia de una indignación más amplia contra el sistema.
"Un montón de gente también quiere más seguridad", dijo Mao Shoulong, profesor y especialista en administración pública en la Universidad Popular de Pekín, que quiere abolir el sistema pero observa que la actitud del público hacia los delincuentes comunes puede ser muy dura en China. "Cuando los chinos descubren a un ladrón, lo quieren golpear hasta matarlo".
El sistema judicial en China sigue siendo relativamente débil, pero partidarios de un sistema más fuerte han ganado hace poco algunas victorias al reducir las atribuciones de la policía para efectuar detenciones y al fortalecer los recursos en casos de pena de muerte para proteger los derechos de los acusados. Sin embargo, Chen, el vice-decano de la facultad de leyes, dijo que esos cambios "serán huecos si no se cambia la reeducación laboral".
"El procedimiento criminal ahora es muy limitado, pero la reeducación laboral es un hoyo negro", agregó.
Gao, el abogado de Pekín, dijo que los seguidores de Falun Gong estaban todavía siendo encarcelados y se estaban usando los campos de reeducación laboral para encarcelar a los que se quejan ante agencias de gobierno sobre corrupción o confiscaciones ilegales de tierra.
"A menos que haya cambios estructurales generales en el modo en que se organiza y distribuye el poder en China, no habrá ningún avance", dijo.

9 de mayo de 2005
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católicos salen del sótano


[Philip P. Pan] A pesar de la vigilancia oficial, los católicos chinos están avanzando.
Wuqiu, China. En un embarrado camino de este pueblo rural de la norteña provincia de Hebei en China, cerca de los verdes campos de trigo recién plantados, la policía hizo guardia en torno a una majestuosa catedral de ladrillos, impidiendo entrar a los visitantes. Pero después de medianoche, cuando los aldeanos con linternas empezaron a llegar para la misa, fue posible deslizarse dentro.
Julius Jia Zhiguo, 71, obispo de la clandestina iglesia católica china, estaba esperando. Un leve sonrisa cruzó su arrugada cara mientras explicaba que la policía había restringido sus movimientos durante más de una década. "No han cesado nunca de tratar de controlar la iglesia clandestina", dijo.
Entonces Jia se puso una sotana blanca y celebró misa en la catedral, que fue construida hace dos años con el beneplácito tácito de funcionarios de la localidad. Cientos de aldeanos se unieron a él, como hacen todas las noches en Wuqiu, y la policía no intentó impedirlo.
La escena ilustra el mezclado legado del Papa Juan Pablo II y el reto que espera a su sucesor, Benedicto XVI, en el país más populoso del mundo. Casi aplastados durante la persecución religiosa de la Revolución Cultural, los católicos de China montaron un extraordinario retorno durante el papado de Juan Pablo. Pero siguen separados del resto de la iglesia, y entre ellos, porque nunca logró su objetivo de normalizar las relaciones con China.
Unos 5 millones de católicos chinos pertenecen a las iglesias ‘patrióticas' aprobadas por el gobierno que rechazan la plena autoridad del Vaticano, de acuerdo al gobierno chino. El Vaticano calcula que otros 8 millones realizan su culto en iglesias ilegales clandestinas que han desafiado al Partido Comunista permaneciendo fieles al Papa.
Y sin embargo aquí la posición de la iglesia es probablemente la más fuerte desde la revolución comunista de 1949, cuando Pekín rompió vínculos con el Vaticano. Aunque la policía continúa acosando y encarcelando a sacerdotes y obispos de la iglesia clandestina, varios pueden operar abiertamente. Al mismo tiempo, el Vaticano ha infiltrado poco a poco a la iglesia oficial del gobierno, ganándose a muchos de sus clérigos y ejerciendo una influencia sin precedentes sobre sus operaciones.
Esos triunfos dan a Benedicto mayor influencia en sus esfuerzos por restaurar las relaciones diplomáticas con China y conciliar a los católicos del país con la iglesia. Pero también refuerzan la tradicional sospecha del gobierno chino de que la iglesia es una fuerza hostil que ayudó a subvertir el gobierno comunista de Europa del Este y está determinada a hacer lo mismo en China.

Aperturas y Represiones
Todos excepto 9 de los 70 obispos de la iglesia oficial del gobierno han declarado en secreto su lealtad a Roma y ahora reconocen al Vaticano, de acuerdo a Ren Yanli, el más importante estudioso chino de la iglesia. Y casi todos los nuevos obispos aprobados por el gobierno en los últimos cinco años fueron nombrados de antemano, secretamente, por Juan Pablo, dijo uno de los obispos, que habló a condición de mantener el anonimato.
"El gobierno sabe que sólo pedimos que aprueba a un obispo después de que el Papa lo ha aprobado primero", dijo. "No les gusta, pero no tienen opción. Saben que la gente no aceptará a un obispo que no haya sido nombrado por el Papa". De hecho, dijo Ren, "el gobierno ha perdido el control de la iglesia patriótica".
Los esfuerzos del gobierno por aplastar a la iglesia clandestina también han fracasado. Especialmente aquí en Hebei, hogar de casi un cuarto de todos los católicos de China, muchos clérigos clandestinos realizan ahora sus deberes tan abiertamente que llamarles ‘clandestinos' parece un término equivocado.
En los últimos años sacerdotes ordenados por el obispo Jia han construido espaciosas nuevas iglesias en varias aldeas cercanas, algunas de ellas más grandes que las iglesias aprobadas por el gobierno. Funcionarios locales hacen la vista gorda porque simpatizan con los feligreses o quieren cobrarles permisos y multas, dijeron sacerdotes.
"Las autoridades religiosas no están de acuerdo, pero a los otros funcionarios de aquí no les interesa", dijo uno de los jóvenes sacerdotes mientras dada un tour de su alta y recargada iglesia, una de las más grandes de la región. Dijo que se apresuró a construirla mientras el gobierno se ocupaba de la epidemia de SARS. "Sabíamos que si la terminábamos, no la echarían abajo", dijo.
Otro sacerdote clandestino, un enjuto octogenario que pidió ser identificado sólo por su nombre cristiano, José, recorre su parroquia en motocicleta, celebrando misa en un pueblo diferente cada día de la semana, usualmente en la casa de algún feligrés pero casi siempre con el conocimiento del gobierno. "Generalmente la policía no me molesta porque saben que no hago problemas", dijo.
En otras áreas, sin embargo, la policía no ha cesado de perseguir a la iglesia clandestina. Los católicos de la vecina ciudad de Baoding, por ejemplo, han soportado una dura represión durante varios años, y el obispo local, Su Zhimin, 72, está incomunicado desde 1997.
En Wuqiu, Jia dijo que había sido prisionero en su iglesia intermitentemente desde 1989. La policía normalmente lo sigue cuando le permiten salir del edificio, dijo, y a menudo lo detienen para interrogarlo durante semanas y a veces meses de una vez.
El miércoles docenas de policías cayeron sobre Wuqiu y arrestaron a siete sacerdotes clandestinos que había llegado para asistir a un retiro espiritual organizado por Jia, de acuerdo a la Fundación Cardenal Kung, un grupo monitor con sede en Estados Unidos.
Jia dijo que las autoridades también le dificultaban ocuparse del orfelinato de la iglesia, el hogar de más de 80 niños incapacitados. La policía trata de impedir que los visitantes entren al edificio y exigen una alta multa toda vez que alguien confía a un huérfano a su cuidado. También han ordenado a los hospitales locales no tratar a los niños, dijo.
Pero, en general, las condiciones están mejorando, dijo Jia.
Los signos de tolerancia se producen después de décadas de persecución de los católicos durante el gobierno de Mao Tse-Tung. En los años cincuenta la formación de Jia fue interrumpida cuando la policía cerró su seminario y arrestó a sus profesores. En 1963 el gobierno detuvo a Jia por tratar de proteger a un sacerdote y lo sentenció a 15 años de trabajos forzados.
Desde su liberación en 1978, dos años después de la muerte de Mao y cuando empezaba el papado de Juan Pablo II, Jia reinició sus estudios para el sacerdocio. Fue ordenado en la iglesia clandestina en el verano de 1980. Varios meses después, Juan Pablo lo nombró obispo de la diócesis de Zhending. El gobierno intentó convencerlo de que se uniera a la iglesia oficial pero él se negó.

Divisiones y Temores
La ruptura entre las dos iglesias católicas de China es a menudo personal, con miembros clandestinos que fueron encarcelados y torturados durante la Revolución Cultural china que no están dispuestos a perdonar a los vecinos que lo pasaron mejor porque se unieron a la iglesia oficial. La ruptura complica las conversaciones para la normalización.
El gobierno chino ha planteado dos condiciones para reiniciar los lazos con el Vaticano. Quiere que la Santa Sede suspenda sus relaciones con Taiwán y deje de interferir en los "asuntos internos" de China.
El Vaticano ha indicado que está dispuesto a cumplir la primera condición y ha disminuido sus lazos diplomáticos con Taiwán. Pero diplomáticos dijeron que la segunda exigencia de China era más problemática porque el Vaticano no estaba dispuesto a renunciar al poder del Papa para nombrar obispos. En su lugar propuso un compromiso que permitiría a China a controlar a los candidatos o nominar a finalistas para que el Papa eligiera. El Vaticano ha llegado a acuerdos similares con otros gobiernos autoritarios.
Pero Liy Bainan, el vice-presidente del cuerpo que gobierna a la iglesia católica, dijo que el gobierno se mostraba cauteloso. "Recordamos lo que pasó en Polonia y en la antigua Unión Soviética", dijo. "Nadie puede negar que el Papa y el Vaticano jugaron un importante papel allí y los que fomentaron los grandes cambios en Europa del Este quieren que eso ocurra también en China".
Lius dijo que el gobierno superó sus temores y estuvo tan cerca de llegar a un acuerdo con el Vaticano en 1999 que empezó a preparar la misa que celebraría Juan Pablo en el antiguo Templo del Cielo de Pekín.
Pero el acuerdo se desbarató cuando funcionarios chinos se apresuraron a nombrar a cinco obispos en enero de 2000, aparentemente para colocarlos en posición para controlar al Papa. Muchos obispos y sacerdotes de la iglesia oficiales reaccionaron boicoteando la ceremonia de ordenación. Los estudiantes del seminario nacional gestionado por el gobierno se negaron a asistir.
El incidente asombró a los líderes chinos porque parecía confirmar sus peores temores sobre la influencia del Papa, y los condujo a revaluar la idea de llegar a un acuerdo con el Vaticano, dijo gente familiarizada con las conversaciones. Las relaciones sufrieron otro bajón cuando Juan Pablo canonizó a docenas de católicos chinos, una decisión que Pekín condenó como interferencia.
Después, el partido lanzó una campaña para reafirmar el control de la iglesia, despidiendo a profesores y expulsando a estudiantes del seminario nacional. La represión fue reducida después de que los estudiantes de otro seminario se unieran y se negaran a responder preguntas sobre su lealtad, dijeron participantes.
En los últimos años, dijo Jia, ha dado su bendición a varios sacerdotes de la iglesia oficial que juraron discretamente su lealtad al Papa. Pero eso ha llevado a los sacerdotes clandestinos en su diócesis a acusarlo de traicionar al Vaticano.
"Si el Vaticano y China pudieran establecer relaciones, estos problemas podrían ser resueltos", dijo Jia. "Todos rogamos por ese día... Lo mismo que el Señor se arrastraba con el peso de la cruz a su espalda, nuestra iglesia se arrastra con la cruz y lo sigue".

1 de mayo de 2005
28 de abril de 2004
©washington post
©traducción mQh

los libros en china


[Mike Meyer] Ciudad del Libro, la librería más grande de China, alberga 230.000 títulos en cinco pisos.
Aquí hay un dinosaurio rojo que exige nuestra atención. El personaje de caricatura, llamado Gogo, da brinco en un monitor en la librería más grande de China. "¿Te gustan los donuts? ¿Te gustan las hamburguesas? ¿Te gustan los bocadillos?", canta en inglés.
"¡Sí, me gustan!", indica el subtítulo. Pero a la audiencia se le escapa el significado. Todos ignoran a Gogo: un montón de suéteres verdes tejidos a mano, coletas negras y cabezas agachadas... leyendo. Están estudiando historietas -traducciones de ‘Calvin y Hobbes' y de mangas japoneses -y los libros producidos localmente, ‘Leyenda de Nezha', que ocuparon 10 de los 11 primeros lugares de la lista de éxitos de venta chinos el año pasado. Otros hojean las páginas de un diccionario Garfield inglés-chino, que no incluye la entrada para lasaña, pero sí para tofu.
Cuarenta niños concentrados están de cuclillas en el cuarto piso de Ciudad de los Libros, y 40 más se reúnen en un rincón cercano, y 40 más después de eso. Es tranquilizante llegar a este oasis en el caos que es Ciudad del Libro, cuyos cinco pisos alojan 230.000 títulos.
Abajo la muchedumbre es densa y las yuxtaposiciones, chillonas. ‘Monica's Story' está junto a las autobiografías de Bill Clinton y Hillary Clinton. Una caja de libros sobre Hermann Goering se codea con ‘What's Behind Jewish Excellence?', títulos norteamericanos en traducciones chinas que van desde lo previsible -‘El Código Da Vinci' y la dieta de Atkins- hasta lo sorprendente: ‘Get in the Van', de Henry Rollins, una memoria de sus años punk, y una colección de libros de Woody Allen, cuyo título chino promete ‘Mensa Whores'.
Pero las traducciones al chino constituyen sólo el 6 por ciento de los 190.000 libros impresos en China en 2003. En lugar de eso, el mercado del libro de más rápido crecimiento del mundo -con ventas anuales estimadas en 300 millones de dólares- se nutre de libros de texto, que constituyen casi la mitad de todas las ventas. (Esto es de acuerdo al anuario estadístico chino y a un autoritativo libro sobre ediciones, que presenta las cifras más fiables disponibles sobre el ambiente de Salvaje Oeste del mercado del libro chino).
En Ciudad del Libro los clientes tienen todo un piso de materiales para aprender inglés. Uno, ‘Love English', ofrece frases de ligue y de almohada con claves culturales. Entre sus instrucciones: que "Estoy cansado" quiere decir en realidad: "¿Quieres hacer el amor?" Incluye casetes de práctica.
A la puerta del edificio, una pancarta roja pide a los clientes "Conservar el Carácter Avanzado de los Miembros del Partido Comunista". Esta es, después de todo, un local de propiedad del estado. Ochenta por ciento de los 72.000 vendedores de libros de China son particulares, pero las tiendas nacionalizadas se hacen con dos tercios de las ventas. En Ciudad del Libro, los folletos del Partido Comunista yacen ignorados. En lugar de eso, la muchedumbre avanza a empujones hacia un librero con títulos comerciales como ‘Confronting Reality', ‘New Leadership' y ‘Change the Tape of China'.
Ciudad del Libro es abrumadora. Los delgados y ansiosos clientes, las pilas endebles de libros de bolsillo grandes -los de tapas duras son menos comunes- cuyas cubiertas claman: "Yo Fui un Agente de la Policía Americana", "Sólo Te He Criado 18 años" y "Divorcio al Estilo Chino". También hay un éxito de 2000, ‘Harvard Girl', la historia de cómo dos dedicados padres chinos prepararon a su hija para que entrara a Harvard. La página de derechos dice: 63ª edición, 1.76 millones de ejemplares. Sólo cuesta 2.41 dólares, el precio promedio de un libro de interés general, lo que ilustra las dificultades que tienen editores extranjeros y chinos para sacar beneficios.
Los éxitos de venta chinos a menudo repiten los temas. Rápidamente ‘Harvard Girl' dio origen a ‘Harvard Boy', entre otros. Toda una manada de lupinos imitadores aparecieron tras la exitosa novela ‘Wolf Totem'. Hasta los libros prohibidos se venden bien. El revelador ‘China Peasant Survey' sobre las penurias de los campesinos chinos ha engendrado una imitación titulada ‘China Migrant Worker Survey'.
Fuera de Ciudad del Libro la vista es absolutamente Nuevo Pekín: más grandes, más amplio, más plano, más. Los edificios bajos todavía se ven nuevos; sobreviven recuerdos del viejo vecindario. Un hombre que recuerda que antes de que el Starbucks número 44 abriera al otro lado de esta plaza de césped marrón, antes de Ciudad del Libro, este era el sitio de la Muralla de la Democracia, donde los vecinos de Pekín podían colgar sus peticiones de apertura y reforma. Ahora, compran libros. De hecho, Ciudad del Libro tiene tantos clientes que aparece en la organización de las Olímpiadas de Pekín de 2008. Los planes contemplan ampliar al doble el edificio existente para que pueda recibir a 200.000 clientes a la vez.
Después de una década en China, pensé que lo había visto todo: asesinatos, cárcel, extranjeros, rodeo. Pero nada me había preparado para su industria editorial, en plena pubertad.
"Hacer negocios aquí es como jugar hockey sobre hielo sin árbitros", dice Toby Eady, un agente literario de Londres que representa a varios autores que han escrito sobre China. Entre ellos se encuentran Jung Chan, que escribió la popular novela ‘Wild Swans'; Ma Jian, un disidente que escribió un documental político, ‘Red Dust'; y Tim Clissold, el autor de una memoria comercial, ‘Mr. China'. En China, dice Eady, "un contrato es válido hasta que estás 10 centímetros fuera de la oficina".
Adrian Zackheim, editor del grupo editorial Penguin, Portfolio, tiene una opinión similar. "Cuando entro a una librería de Pekín me siento como un émigré ruso en Nueva York, cuando entra por primera vez a un supermercado", dice. "Publicar libros en China es deliciosamente complicado. Aunque no me parecería tan encantador si tuviera que ganarme la vida aquí".
Para muchas imprentas chinas es una lucha constante. "Mi primera preocupación es sobrevivir", dice Yan Ping, editor de la editorial privada Lightbooks, cuyo catálogo incluye libros de Paul Theroux y Dr, Phil. "En este momento, el éxito es secundario". Yan tiene motivos para preocuparse. Técnicamente, su imprenta -lo mismo que todos los editores privados de China- es ilegal.
"La edición en China se divide en tres sectores: edición, impresión y distribución", explica Xin Guangwei, director de la Administración General de Prensa y Publicaciones, el órgano regulador que supervisa las publicaciones. "Imprimir y distribuir están abiertas para la inversión privada y extranjera, y a partir de este mes también la venta detallista. La edición, sin embargo, sigue estando bajo el control de las 568 imprentas del estado".
Como autor de ‘Publishing in China: An Essential Guide' (Thomson, 2004), en la industria china Xin es el más avanzado puente hacia Occidente, una especie de efusiva Piedra Rosetta. Durante el té en la librería particular junto a la legislatura nacional, hizo lo que pudo diplomáticamente para mostrar que la industria era tan limpia y clara como los diagramas que dibujó para mí en el reverso de sus recortes de prensa.
En realidad, la situación está lejos de ser clara. El corazón del poder editorial del estado es su control del mercado nacional del Número Bibliográfico Standard Internacional ISBN, la cifra similar al código de barras que identifica a un libro para su consumo comercial. Sin él no se puede publicar un libro en China, con excepción de los folletos del partido y los textos religiosos autorizados por el estado. (Entre los libros religiosos a la venta en la Catedral de Xishiku en Pekín se encuentra la Biblia, el catecismo y ‘God, Country, Notre Dame', la autobiografía del ex presidente de la universidad).
Pero como en muchos otros sectores de la economía china, entre los estimados 30.000 editores particulares ha surgido de la noche a la mañana un mercado paralelo, no oficial, en códigos de ISBN. Conocidas como ‘casas de la cultura' o ‘librerías', actúan un poco como editoriales: encontrar títulos, comprar los derechos y venderlos a las editoriales estatales, que emitirán un ISBN por una tarifa que va de 1.250 a 2.500 dólares, y luego el libro es publicado bajo imprimátur estatal. Los acuerdos pueden también compartir los costes de producción, mercadeo y distribución.
Es considerado un sistema abiertamente ilegal, tolerado hasta cierto punto. Oficialmente está prohibido vender o comprar números ISBN. En una ronda de recientes discursos dirigidos a excluir la pornografía y otras "publicaciones ilegales que ponen en peligro la estabilidad social" funcionarios de gobierno juraron reprimir las casas culturales, llamándolas "tumores malignos que deben ser extirpados".
La pregunta es cuánto cuesta. "Los editores particulares hacen un trabajo increíblemente valioso", dice Andrew Nurnberg, cuya agencia literaria con sede en Londres se especializa en derechos extranjeros. En Occidente las editoriales son a menudo considerados "empleados", dice. Pero en China es al revés. Aunque el estado controla ostensiblemente la edición, descansa en casas culturales particulares para hacer el trabajo pesado.
Paul Richardson, fundador del Centro Internacional para el Estudio de la Edición, de Oxford, y un cuidadoso observador de la escena editorial china, anticipa que algún día la Administración General de Prensa y Publicaciones venderá ella misma los números, y "legitimará" todo el proceso. Hay "claros mensajes oficiales de que se implementará", dice.
De momento las casas culturales proporcionan a los empresarios privados la única puerta de acceso a la industria. Incluso así, es una lucha. Gao Yun, fotógrafo, y su esposa, Cheng Yanbin, editor, usaron los ahorros de toda la vida para crear las guías ‘China on Foot'. Encontraron un socio entusiasta en la más grande imprenta turística de China. "Invertimos 50.000 dólares en nuestras ideas", dice Cheng, toqueteando orgullosamente la cubierta del libro. "Este es nuestro coche; esta, nuestra casa".
La historia de Yang Erche Namu, una autora de Pekín y antigua cantante popular, es también significativa. Namu ha publicado 12 libros en chino, y su memoria, ‘Leaving Mother Lake', fue publicada en 2003 por Little, Brown. Después de que un editor le encargara su primer libro, a Namu le pasaron una bolsa con 10.000 dólares en contante -pero no los derechos. Ella cree que se han vendido dos millones de ejemplares, sin contar las ediciones piratas. En China, los autores y editores rara vez forjan vínculos duraderos. Para cada uno de sus sucesivos 11 libros, Namu ha trabajado con editores diferentes. Ahora le pagan adelantos sobre las regalías, pero, dada la falta de fiabilidad de los datos de ventas y los piratas, dice que todavía no puede vivir de lo que escribe. En lugar de eso, depende de los ingresos que obtiene de las casas de huéspedes que posee en su pueblo natal. También empezó una línea de lencería, para la que anda buscando socios. "Soy famosa, me conoce todo el mundo, pero no tengo dinero", dice, riendo.
Estas son las historias que hacen dar respingos a los agentes. Sin embargo, en comparación con Occidente, los agentes juegan un papel mucho menor en la industria china. Unas pocas docenas cubren todo el país, y sólo tres firmas representan derechos de traducción.
Agentes y editores estadounidenses dicen que la suma promedio que reciben por los derechos chinos son unos miserables 2.500 dólares, que es lo que pagó un editor chino por el inmensamente exitoso libro ‘¿Quién se ha llevado mi queso?' Se transformó en la obra mejor vendida de la historia de China, con ventas oficiales de dos millones de ejemplares.
"De nuestros 30.000 contratos, 60 por ciento está pagando", dice Luc Kwanten, director de la agencia literaria Big Apple Tuttle-Mori, que tiene sucursales en el continente y en Taiwán. "Los editores están conscientes del hecho de que hay que pagar regalías. Y los editores tienen dinero", dice. "Existe la tendencia a ver a China como un país pobre. Pero la industria no es pobre. Hay todavía un mercado ampliamente abierto, que funciona como una esponja seca. Siente el agua, pero no está empapada".
Las ventas de libros en Chila totalizaron unos 5.6 billones de dólares en 2003, comparado con los 23.4 billones en Estados Unidos. Las ventas por internet están recién surgiendo en China, debido en parte a la dependencia de los pagos en contante, pero los sitios en internet de venta de libros ofrecen fuertes descuentos del 40 por ciento normal incluido en el precio de venta general. Entre los portales populares están dangdang.com y joyo.com, que Amazon compró el año pasado por 75 millones de dólares. También hay clubes de libros. El Grupo Bertelsman gestiona uno en Shanghai con 1.5 millones de miembros. También ha invertido en una cadena de librerías.
Rastrear las ventas sigue siendo un reto, aunque la mayoría de los editores han hecho un gesto de transparencia mencionando las ediciones en la página de derechos de los libros. El Centro Consultor para el Mercado del Libro Abierto de Pekín clasifica los éxitos de venta por género en el semanal Informe Comercial del Libro Chino, y traza los datos de venta de las ventas detallistas. "Una vez fui a una librería en Londres", dice Zhu Xiaoli, gerente de OpenBook. "Era tan tranquila, con tan poca gente. Le pregunté a la vendedora: ‘¿Ganas algo?'"
Debido a la piratería la misma pregunta se hace constantemente en China. Nadie responde ansiosamente. Cuando le pregunté a un editor por la piratería, se zambulló en una polémica sobre mi exterminio de los indios americanos, apuñalando enojado la palma de su mano con su dedo. Xin Guanwei, la Piedra Rosetta del mundo editorial chino, compara la campaña para proteger los derechos de propiedad intelectuales con la guerra de Estados Unidos contra las drogas. "La piratería es nuestro problema con las drogas", dice.
No será fácil. En mi escritorio hay una cajetilla de Marlboros falsos, un medallón de plata de imitación Allen Iverson, un DVD de ‘El aviador' pirateado y una copia del éxitoso ‘No Excuse!', cuyo autor acreditado es Ferrar Cape, un graduado de West Point y orador por vocación, pero que se dice que es un invento chino.
Sin embargo, cada vez más se tratan casos de violación. En los últimos dos meses, los titulares de los derechos de Peter Rabbit y Garfield ganaron juicios contra la piratería. Uno de los más conocidos novelistas de China fue encontrado culpable de plagio de partes de la novela romántica ‘Falling Blossoms in Romantic Dreams'. Para colmo, el mes pasado un autor chino ganó un caso contra una página en la web que había publicado ilegalmente sus materiales. ¿El tema? La protección de los derechos de propiedad intelectual.
El control de los libros extranjeros también se está soltando, hasta cierto punto. El año pasado, un editor chino ofreció comprar los derechos de ‘River Town: Two Years on the Yangtze', de Peter Hessler, un escritor de Pekín que contribuye al New Yorker. Hessler pasó cuando se enteró de que partes no especificadas serían dejadas de lado. "El punto es que tienes que ser honesto con la gente sobre la que escribes", dice Hessler. "Es condescendiente hacia ellos permitir que el material sea suavizado. Tengo la esperanza de que algún día se traduzca directamente".
En realidad, el gobierno es ahora menos restrictivo en algunos géneros, entre ellos los de historia y salud -es decir, sexo- por escritores chinos, y leyes y pensamiento político por extranjeros. Lindsay Waters, editor de la Harvard University Press, recuerda que en 1998 se le acercó un antiguo guardia rojo: "Me dijo: ‘¿Sabías que yo me dedicaba a destruir libros? Ahora estoy ayudando a publicar ‘Una teoría de la justicia', de John Rawl'". El año pasado, Waters publicó ‘China's New Order', del cientista político Wang Hui, que no habría probablemente visto nunca la luz del día en China.
Cuando se trata de exportar cultura, no cosas, América goza de un inflado excedente comercial con China. De las estimadas 12.000 traducciones publicadas aquí en 2003, casi la mitad eran de libros americanos, una razón consistente en los últimos cinco años. Tratad de mencionar más de un puñado de libros de autores chinos publicados en Estados Unidos en el mismo período.
Lauren Wein, directora de derechos para Grove Atlantic dice que se sorprendió del rango de títulos que los chinos compraron de Grove, entre ellos ‘The Hungry Gene', sobre la obesidad, y un libro del escritor experimental gay Dennis Cooper. Pero en su mayor parte, "China quiere éxitos, como ‘Sexo en Nueva York' y ‘Cold Mountain'. Después de todo, dice, "todavía tienen que publicar ‘En el camino'".
De hecho, la primera edición china del clásico de Kerouac apareció en 1989. Durante años busqué a su traductor, el exclusivo mensajero de la generación beat en China. Finalmente lo intenté en Google.
Wen Chu'an respondió su teléfono en la Universidad de Sichuam, donde enseña, entre otras cosas, Estudios Beats. La foto en la solapa de su traducción de ‘Aullido' -‘Hai jiao'- muestra a un hombre de edad mediana con una peluca.
Antes de llamar había pasado el día revisando mis notas sobre las editoriales en China y mis ojos estaban nublados de tantas estadísticas. Todas estas charlas sobre el negocio de los libros -crecimiento potencial y problemas de infraestructuca- había transformado a los textos en mercaderías, iguales a coches y calcetines.
Luego le pregunté a Wen algo obvio. Sí, había presenciado la destrucción de los mejores cerebros en manos de la locura. Pero ¿por qué traducir a Kerouac y a Ginsberg? "Porque el impacto de estas ediciones beat sobre los lectores es formidable", dijo. "La gente joven china puede encontrar algo inspirador y alentador en el modo de vida beat: el ardiente amor de la libertad en palabras y acción, la firme postura contra todo lo que es inhumano, el dar prioridad a la vida espiritual y negar la posición de que el dinero lo es todo".
Los dos títulos de Ginsberg de Wen tienen un tiraje oficial de 20.000 ejemplares. De ‘En el camino', que Wen dice que está libremente disponible en la web en China, se habían vendido 30.000 copias para 2002. Poca cosa junto a las ventas chinas de guías empresariales como ‘The West Point Way of Leadership'.
Pero, esperad. "Creo que hay ediciones piratas de editores particulares no oficiales", continuó Wen. "Así que en realidad las cifras son mucho más altas".
Pero no sonaba enfadado.

Mike Meyer viajó a China en 1995, a través del Cuerpo de Paz. Está escribiendo un libro sobre la destrucción del Pekín histórico, donde vive.

27 de abril de 2005
13 de marzo de 2005©new york times
©traducción mQh
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