abusos judiciales en china
[Joseph Kahn] Sistema judicial con graves deficiencias, y poca justicia.
Anyang, China. Durante tres días y sus noches, la policías retorció los brazos de Qin Yanhong, arriba por detrás, trabaron sus rodillas con un afilado marco de metal, y le dieron patadas en las tripas cuando se dormía. El dolor era tan intenso que veía el sudor brotar de su cara y formar charcos en el suelo.
Al cuarto día, se quebró. "¿De qué color eran sus bragas?", le preguntaron. "Negras", jadeó, y sintió un porrazo en la cabeza. "Rojas", gritó, y recibió otro golpe. "Azules", trató. Entonces dejaron de golpearle.
Así es como Qin, 35, obrero metalúrgico en la provincia de Henan en China central, recordó haber gateado a tientas en la oscuridad de un cuarto de interrogatorios para deducir los detalles "correctos" de una violación y asesinato, poner fin a las torturas y dar a la policía la confesión que quería para archivar un caso molesto.
Solamente sobre la base de su confesión bajo coerción, los fiscales acusaron a Qin. Una comisión de jueces lo juzgó y condenó a muerte. Está vivo hoy exclusivamente debido a un raro giro del destino que demostró su inocencia y obligó a las autoridades a dejarlo en libertad, aunque no sin haber intentado antes ejecutarlo de todos modos.
La justicia en China es rápida, pero incierta. Las investigaciones criminales terminan casi siempre en confesiones. Los fiscales no pierden casi nunca los casos que llevan a tribunales. Pero revelaciones recientes, como la condena injusta de Qin, han dejado ver profundas fallas en un sistema judicial que a menudo acata más a líderes políticos que a la ley.
"Nuestro sistema de seguridad pública es un producto de una dictadura", escribió Qin a su familia cuando estaba en el corredor de la muerte. "La policía usa métodos dictatoriales contra cualquiera que se les resista. La gente común no tiene medios para defenderse".
La viabilidad del Partido Comunista Chino depende más que nunca de su capacidad de crear un sistema jurídico creíble. El partido necesita a la ley para controlar la corrupción, que ha erosionado su legitimidad. Las autoridades quieren que la gente recurra a tribunales antes echarse a la calle para resolver descontentos sociales que han hecho más volátil que nunca a este país desde el movimiento democrático de 1989.
En otras palabras, la policía se ha convertido en una avanzada de la lucha en China para modernizar el gobierno unipartidista. Sin embargo, el proceso de Qin y otros errores similares de la justicia que han salido a la luz este año sugieren que China está haciendo frente a una cuestión fundamental de la jurisprudencia: ¿Están los funcionarios al servicio de la ley, o está la policía al servicio de los funcionarios? O, para decirlo de otro modo, ¿crea el Partido Comunista la ley o gobierna de acuerdo a ella?
Veintiséis años después de que Den Xiaoping declarara al inicio de las reformas económicas de China, que "el país debe descansar en la ley", el Partido Comunista se da cuenta de que no puede gobernar con eficiencia una economía de mercado dirigida a menos que la gente confíe en la policía. Cientos de miles de nuevos abogados, tribunales más fuertes y un torrente de leyes de inspiración occidental, protegen la propiedad, hacen respetar contratos y limitan las atribuciones policiales.
Campesinos descontentos, propietarios urbanos desplazados y empresarios devenidos ricos, piden a las autoridades que respeten derechos constitucionales tratados durante largo tiempo como especulativos. Incluso dentro del sistema, algunos policías, fiscales y jueces han tratado de hacer de la policía una fuerza más independiente.
Pero la transición ha sido ardua, y el resultado sigue siendo incierto. Pekín fija los límites en los pleitos jurídicos contra funcionarios o agencias de gobierno importantes. Los tribunales rara vez, si acaso, resuelven a favor de los opositores políticos. Incluso en casos comerciales, la influencia política es a veces decisiva.
La ley criminal plantea uno de los retos más importantes -y las fuentes más declaradas de descontento. La policía y los tribunales todavía descansan principalmente en confesiones de antes del juicio y procedimientos judiciales superficiales para resolver casos criminales en lugar de la tradición occidental de analizar la evidencia forense y determinar la culpabilidad mediante juicios contenciosos.
Las leyes penales en China prohíben la tortura y exigen que los jueces consideren las evidencias más allá de la confesión del detenido. Pero abogados y juristas dicen que las confesiones forzadas siguen siendo endémicas en un sistema judicial que hace frente a la presión de mantener la "estabilidad social" a cualquier coste.
La policía y funcionarios de gobierno en Anyang, en la norteña capital del condado de Henan donde fue interrogado, y autoridades en Zhengzhou, la capital provincial, se negaron repetidas veces a discutir el caso.
Pero Qin, sus familiares y varias personas involucradas en su defensa dijeron que el caso demostraba cómo los motivos políticos y la colusión entre la policía, los fiscales y los tribunales podían convertir la ley en una fuente de terror para la gente sin la capacidad o el dinero para defenderse.
Una Investigación Sospechosa
Poco después del mediodía del 3 de agosto de 1998, Jia Hairong, 30, campesina, fue encontrada asesinada en la granja de su familia en la aldea de Donggaoping, a una hora de Anyang, de acuerdo a los expedientes. Sus bragas habían sido cortadas con una hoja de afeitar. Fue violada y estrangulada, y su cuerpo dejado detrás de unas altas plantas de maíz.
En el lugar de los hechos, la policía encontró un despertador de plástico y una hoja de afeitar. Determinaron que ambos objetos habían sido robados de una casa vecina poco antes de la agresión.
Los expedientes no dejan en claro si las evidencias físicas -huellas digitales, sangre, semen, fragmentos de ropa- pudieron haber identificado al asesino. Las pistas forenses que pudo haber, no habrían sido permitidas.
En lugar de eso, la policía descansó en la versión de tres niños que estaban jugando en la calle en Qinxiaotun, un pueblo a un kilómetro y medio al este de Donggaoping, muestran los archivos. Los niños recordaron haber visto a Qin, que vive en Qinxiaotun, caminando en dirección a Donggaoping esa tarde.
Hacia la medianoche del 4 de agosto llegaron cuatro agentes a la fundición donde Qin trabajaba en las noches y se lo llevaron para interrogarlo.
Qin es alto, tímido, un hombre de ojos de ciervo que rara vez viaja más allá de una vuelta en bicicleta de su casa con suelo de tierra en su pueblo natal. Cuando habla -sus amigos dicen que normalmente sólo habla cuando le hablan-, lo hace con un pesado acento local que hasta los vecinos de Anyang tienen problemas en entender.
La policía se negó a decirle por qué lo habían detenido. Pero durante las primeras horas de la mañana le contaron en detalle qué había hecho del 1 al 3 de agosto y especialmente la tarde del 3. Dijo que había estado en casa ese día antes de marcharse al trabajo por la noche.
Después de que la policía dijera que un testigo que les había contado que había cruzado el pueblo esa tarde, modificó su historia, diciendo que visitó la granja de su familia, a corta distancia de casa, para fertilizar las plantaciones.
"La granja está tan cerca que no es como salir de casa", dijo Qin más tarde. "Pero ellos pensaron que me habían pillado en una mentira".
Le pusieron las esposas y fue engrilletado. Todavía no tenía idea de qué era sospechoso. Pero oyó a algunos agentes y conductores comentar un asesinato en la localidad. Se preguntó si su detención no tendría relación con ese caso.
"Les pregunté de qué se trataba", dijo Qin. "Pero nadie me dijo nada".
Un detective veterano llamado Shen Jun se hizo cargo de su interrogatorio, según los expedientes. Qin dijo que Shen, al principio, era amable, incluso conciliatorio. El detective dijo que estaba investigando el robo de un despertador. Dijo que las huellas digitales de Qin correspondían con las encontradas en el reloj.
"Dijo que era un pequeño despertador barato y que no había razón para mentir", dijo Qin. "Que yo debería confesar. Entonces nos iríamos todos a casa".
Qin dijo que creía realmente que su detención había sido provocada por un pequeño robo. Pero su instinto le decía que no confesara algo que no había hecho. Así que la presión se intensificó.
Shen organizó cuatro equipos de dos agentes cada uno. Los equipos interrogaron a Qin en turnos de seis horas consecutivas, día y noche, durante tres días.
El interrogatorio se convirtió pronto en tortura. Qin dijo que lo hicieron sentarse durante horas en la estructura abierta de una silla de metal, sin respaldo. Sus pies y brazos fueron amarrados a las patas de la silla y su cuerpo empujado a través de la estructura del respaldo, obligándolo a doblar las rodillas y la parte de abajo de la espalda contra los afilados bordes. La técnica es conocida como "silla de tigre".
Alternativamente, las manos de Qin fueron esposadas por detrás y estiradas hasta por arriba de su cabeza; sus brazos se sentían como si se fueran a desprender de sus hombros. A eso se le llamaba "tomar un avión".
Describió el dolor como penetrantes. Pero dijo que sufrió todavía más por la falta de sueño. La policía le arrojaba agua gélida en su cabeza y lo aporreaban cuando cabeceaba. Llamaban a eso "encerrando al cerdo". Al tercer día de su detención, dijo, tenía delirios.
"Sólo un superhombre podría aguantar eso", dijo.
Finalmente, presionado para que especificara el color del despertador robado, hizo un intento: "Blanco". Un policía le golpeó en la cabeza y preguntó de nuevo: "¿De qué color era el reloj?" "Rojo", dijo, y le dieron otro golpe. Luego dijo: "Verde". Dejaron de pegarle.
Poco después, Shen dijo a Qin que el robo del despertador demostraba que él había asesinado a la señorita Jia. Ahora la policía tenía todas las pruebas que necesitaba, dijo, pero Qin debía cooperar completamente si quería evitar otros castigos peores. Eso significaba que debía entregar voluntariamente detalles del crimen, tres veces, y entregar una completa confesión.
Todavía aturdido, Qin inventó las respuestas -¿llevaba pantalones cortos o largos? ¿la estranguló con sus manos o con su cuerda?- hasta que le permitieron dormir.
En los ocho meses entre su detención y su juicio, Qin escribió una serie de angustiadas cartas a su hermano mayor a principios de 1999. "Hasta hoy, no tengo ni idea de cómo era la víctima, y ciertamente no sé de qué color eran sus pantalones".
Firme Convicción
En la cárcel, Qin estudió derecho penal por su cuenta. Sus cartas citaban pasajes que pensaba que podían ayudar a su defensa. El artículo 38 de la constitución china prohíbe extraer confesiones mediante la tortura y "estratagemas". El artículo 46 de la ley revisada de procedimiento penal de 1996 declara que las "confesiones orales" no son base suficiente para una condena. El artículo 12 establece que los sospechosos han de ser considerados inocentes hasta que se demuestre su culpabilidad.
Su indignación convenció a su hermano mayor, Qin Yanqing, que se convirtió en su infatigable defensor. Qin el mayor pidió a funcionarios en Anyang y Zhengzhou para revisar el caso. Gastó los ahorros de su familia en viajes y gastos en abogados.
Incluso visitó a Shen. Pero el detective expresó su firme convicción
"Pongo en juego mis 20 años de experiencia como jefe", dijo Qin el mayor, citando a Shen. "Si su hermano no cometió ese crimen, entonces yo merezco ser castigado".
Cuando empezó el juicio en abril de 1999, 50 familiares y aldeanos llegaron a Anyang para declarar a favor de Qin. Pero la junta de tres jueces ordenó que el juicio fuera a puertas cerradas y los excluyeron de la sala, dijeron los vecinos.
La fiscalía no presentó testigos, y Qin dijo que los jueces le impidieron llamar a los suyos. Qin se retractó enérgicamente de su confesión. Su abogado dijo que el caso de la fiscalía, que dependía enteramente de la confesión, era inválido. El juicio terminó antes de almuerzo.
Seis meses más tarde, un juez visitó a Qin en la cárcel y le entregó el veredicto: Qin era culpable de violación y homicidio, y sería ejecutado. Qin tenía derecho a recurrir la sentencia.
En el corredor de la muerte, en su celda había 15 presos y un retrete. Dijo que en los dos años que pasó allí, una docena de presos fueron sacados a tempranas horas de la mañana y ejecutados de un balazo en nuca.
Lo salvaron de ese destino no sus apelaciones, o nuevos análisis de ADN, sino un golpe de suerte que puede contar como milagro.
Un día de enero de 2001 un soldado licenciado llamado Yuan Qiufu entró a una comisaría de policía en Linzhou, una ciudad no muy lejos de Anyang y dijo al agente de servicio que él había violado, robado y estrangulado a 18 mujeres. Proporcionó un tesoro de detalles de su recorrido homicida que incluyó una indiscutible descripción de la violación y asesinato de Jia, y el robo del despertador verde.
Cambio de Fortuna
Incluso en el país más populoso del mundo, esas exoneraciones definitivas no son comunes. Pero en lo que va de año se han conocido una docena de cambios de fortuna similares, sugiriendo que los funcionarios jurídicos y los órganos de prensa del estado están prestando más atención a los problemas del sistema judicial -y que eso problemas tienen raíces profundas.
Por ejemplo, en mayo pasado, She Xianglin, 39, ex guardia de seguridad en la provincia de Hubei, fue dejado en libertad después de cumplir una sentencia de 11 años cuando su esposa, por cuyo asesinato lo habían condenado, volvió de visita al pueblo. En 1994 había escapado y vuelto a casar en otra provincia. La policía decidió que un cuerpo que habían encontrado debía ser el de su esposa y que She debía haberla matado.
En junio, un jornalero de 30 de la provincia de Shanxi fue liberado de prisión después de que un niño, del que había confesado que había asesinado y arrojado al río Amarillo, volvió a casa el año pasado. El niño se había marchado a una ciudad a buscar trabajo.
En julio, tres agentes de policía de la provincia de Yunán fueron condenados por torturar a hombre para que confesara que había asesinado a una prostituta. El hombre debía presentarse a juicio en 2002 cuando otro confesó el crimen.
Estadísticas oficiales muestran que esos abusos son numerosas. La Procuraduría Suprema del Pueblo, el ministerio de Justicia chino, declaró en julio que 4.645 criminales sospechosos habían sido víctimas de violaciones de derechos humanos, incluyendo la tortura durante los interrogatorios, en los 12 meses anteriores.
Importantes funcionarios están tratando de mejorar los procedimientos criminales. Algunos juristas dicen que una medida que se está considerando daría a los sospechosos el derecho a tener un abogado presente durante los interrogatorios.
Pero esos cambios, si se producen, tomarán tiempo. El parlamento del Partido Comunista ha sido llamado a considerar muchas nuevas garantías, como el derecho a no declarar. Pero esas propuestas no han llegado a ninguna parte porque la policía se opone firmemente a ellas.
La última vez que el gobierno revisó los procedimientos criminales, en 1996, endureció la prohibición existente de las confesiones forzadas, y declaró que los sospechosos gozaban de la presunción de inocencia. La actual campaña publicitaria reconoce efectivamente que las medidas de 1996 no tuvieron el efecto deseado.
Un obstáculo es la larga historia de China, en la que la ley penal es vista como una extensión del poder del emperador antes que como un código objetivo que se aplica a todos. La confesión constituía una sumisión a la autoridad, mientras que una declaración de inocencia era considerada como una forma de rebelión.
El código civil de la dinastía Tang, por ejemplo, especificaba que la culpa sólo podía determinada a través de la confesión, y que los casos no podían ser registrados oficialmente sin una confesión.
Li Bin, abogado defensor y ex fiscal del gobierno en Yunán, que estuvo involucrado en el juicio de los tres agentes por cargos de obtener una confesión por medios ilícitos, dijo que el problema era del sistema.
En el jerárquico sistema político chino, la policía, los fiscales y los jueces atacan mayormente los incentivos desde arriba, dijo Li. Pagan un precio mucho más alto si fracasan en cuanto a mantener las apariencias del orden social que por torturar a los detenidos, dijo.
"El sistema judicial está hecho para proteger a la autoridad del gobierno", dijo. "No se supone que proteja los derechos de los acusados".
Nada Personal
La revelación de que Yuan, el aserio en serie, había asesinado a Jia, hizo saltar la alarma entre los funcionarios de Anyang. Pero la preocupación era la posibilidad de que la injusta detención, proceso y condena de Qin pudiera dañar algunas carreras, dijeron familiares de Qin y un detective en el caso en Pekín.
La respuesta de los funcionarios fue suprimir las nuevas informaciones -y mantener a Qin en el corredor de la muerte.
El detective habló con los funcionarios locales implicados, pero pidió conservar el anonimato debido a las restricciones de hablar con periodistas. Dijo que las autoridades en Linzhou, que llevaban el caso de Yuan, y en Anyang, responsables del encarcelamiento de Qin, acordaron entre ellas mantener en secreto una parte de la confesión de Qin. Yuan sería procesado por 17 en lugar de 18 asesinatos, dejando intacta la condena de Qin.
"Su opinión era que si mi hermano era dejado en libertad, 20 funcionarios la pasarían mal", dijo Qin Yanqing, el hermano mayor de Qin. "Pero si era ejecutado, sólo sufriría él".
El acuerdo se mantuvo durante más de un año. Se descubrió sólo después de que un funcionario de Linzhou bromeara sobre el asunto con un periodista para una publicación nacional sobre asuntos jurídicos. Aunque el reportero no publicó nada sobre la materia, alertó a las autoridades en la capital, que ordenaron una pesquisa.
En mayo de 2002, una investigación jurídica a nivel provincial determinó que Qin debía ser liberado. Le dieron una suite en un hotel. La policía del condado de Anyang le organizó un banquete.
"Cuando volví a mi cuarto, me eché a llorar, y lloré y lloré", dijo. "No me podía controlar".
Pocos días después de su liberación, Qin entró a la comisaría de policía del condado y pidió ver a Shen. El detective salió a saludarlo, le dio la mano y pidió excusas profusamente, recordó Qin.
"Dijo que mi caso había sido una dura lección para todos ellos", dijo.
Pero si lo trataron de ese modo no está claro. Tomó a Qin y su hermano meses negociar una indemnización. Finalmente las autoridades locales accedieron a pagar un equivalente de 35.000 dólares por daños por cuatro años de cárcel sobre la base de cargos falsos.
Pero el pago se efectuó bajo condiciones estrictas. Qin había accedido a no hablar sobre el asunto con los medios de comunicación ni a apelar a autoridades superiores para obtener más dinero.
Inicialmente aceptó esas condiciones. Pero rompió el compromiso este año, dijo, porque las autoridades se habían negado a exonerarlo completamente. Aunque tiene una nota de la policía que confirma que fue detenido por error, la nota atribuye la detención a un "error laboral". Qin no ha sido declarado nunca inocente de haber cometido un homicidio.
"Esperan que esto desaparezca sin resentimiento y sin problemas para nadie", dijo.
La última vez que Qin visitó a la policía para exigir una plena restitución, descubrió que Shen había sido ascendido. Ya no es el inspector de un equipo, sino el jefe de policía del condado de Anyang.
22 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh
Anyang, China. Durante tres días y sus noches, la policías retorció los brazos de Qin Yanhong, arriba por detrás, trabaron sus rodillas con un afilado marco de metal, y le dieron patadas en las tripas cuando se dormía. El dolor era tan intenso que veía el sudor brotar de su cara y formar charcos en el suelo.Al cuarto día, se quebró. "¿De qué color eran sus bragas?", le preguntaron. "Negras", jadeó, y sintió un porrazo en la cabeza. "Rojas", gritó, y recibió otro golpe. "Azules", trató. Entonces dejaron de golpearle.
Así es como Qin, 35, obrero metalúrgico en la provincia de Henan en China central, recordó haber gateado a tientas en la oscuridad de un cuarto de interrogatorios para deducir los detalles "correctos" de una violación y asesinato, poner fin a las torturas y dar a la policía la confesión que quería para archivar un caso molesto.
Solamente sobre la base de su confesión bajo coerción, los fiscales acusaron a Qin. Una comisión de jueces lo juzgó y condenó a muerte. Está vivo hoy exclusivamente debido a un raro giro del destino que demostró su inocencia y obligó a las autoridades a dejarlo en libertad, aunque no sin haber intentado antes ejecutarlo de todos modos.
La justicia en China es rápida, pero incierta. Las investigaciones criminales terminan casi siempre en confesiones. Los fiscales no pierden casi nunca los casos que llevan a tribunales. Pero revelaciones recientes, como la condena injusta de Qin, han dejado ver profundas fallas en un sistema judicial que a menudo acata más a líderes políticos que a la ley.
"Nuestro sistema de seguridad pública es un producto de una dictadura", escribió Qin a su familia cuando estaba en el corredor de la muerte. "La policía usa métodos dictatoriales contra cualquiera que se les resista. La gente común no tiene medios para defenderse".
La viabilidad del Partido Comunista Chino depende más que nunca de su capacidad de crear un sistema jurídico creíble. El partido necesita a la ley para controlar la corrupción, que ha erosionado su legitimidad. Las autoridades quieren que la gente recurra a tribunales antes echarse a la calle para resolver descontentos sociales que han hecho más volátil que nunca a este país desde el movimiento democrático de 1989.
En otras palabras, la policía se ha convertido en una avanzada de la lucha en China para modernizar el gobierno unipartidista. Sin embargo, el proceso de Qin y otros errores similares de la justicia que han salido a la luz este año sugieren que China está haciendo frente a una cuestión fundamental de la jurisprudencia: ¿Están los funcionarios al servicio de la ley, o está la policía al servicio de los funcionarios? O, para decirlo de otro modo, ¿crea el Partido Comunista la ley o gobierna de acuerdo a ella?
Veintiséis años después de que Den Xiaoping declarara al inicio de las reformas económicas de China, que "el país debe descansar en la ley", el Partido Comunista se da cuenta de que no puede gobernar con eficiencia una economía de mercado dirigida a menos que la gente confíe en la policía. Cientos de miles de nuevos abogados, tribunales más fuertes y un torrente de leyes de inspiración occidental, protegen la propiedad, hacen respetar contratos y limitan las atribuciones policiales.
Campesinos descontentos, propietarios urbanos desplazados y empresarios devenidos ricos, piden a las autoridades que respeten derechos constitucionales tratados durante largo tiempo como especulativos. Incluso dentro del sistema, algunos policías, fiscales y jueces han tratado de hacer de la policía una fuerza más independiente.
Pero la transición ha sido ardua, y el resultado sigue siendo incierto. Pekín fija los límites en los pleitos jurídicos contra funcionarios o agencias de gobierno importantes. Los tribunales rara vez, si acaso, resuelven a favor de los opositores políticos. Incluso en casos comerciales, la influencia política es a veces decisiva.
La ley criminal plantea uno de los retos más importantes -y las fuentes más declaradas de descontento. La policía y los tribunales todavía descansan principalmente en confesiones de antes del juicio y procedimientos judiciales superficiales para resolver casos criminales en lugar de la tradición occidental de analizar la evidencia forense y determinar la culpabilidad mediante juicios contenciosos.
Las leyes penales en China prohíben la tortura y exigen que los jueces consideren las evidencias más allá de la confesión del detenido. Pero abogados y juristas dicen que las confesiones forzadas siguen siendo endémicas en un sistema judicial que hace frente a la presión de mantener la "estabilidad social" a cualquier coste.
La policía y funcionarios de gobierno en Anyang, en la norteña capital del condado de Henan donde fue interrogado, y autoridades en Zhengzhou, la capital provincial, se negaron repetidas veces a discutir el caso.
Pero Qin, sus familiares y varias personas involucradas en su defensa dijeron que el caso demostraba cómo los motivos políticos y la colusión entre la policía, los fiscales y los tribunales podían convertir la ley en una fuente de terror para la gente sin la capacidad o el dinero para defenderse.
Una Investigación Sospechosa
Poco después del mediodía del 3 de agosto de 1998, Jia Hairong, 30, campesina, fue encontrada asesinada en la granja de su familia en la aldea de Donggaoping, a una hora de Anyang, de acuerdo a los expedientes. Sus bragas habían sido cortadas con una hoja de afeitar. Fue violada y estrangulada, y su cuerpo dejado detrás de unas altas plantas de maíz.
En el lugar de los hechos, la policía encontró un despertador de plástico y una hoja de afeitar. Determinaron que ambos objetos habían sido robados de una casa vecina poco antes de la agresión.
Los expedientes no dejan en claro si las evidencias físicas -huellas digitales, sangre, semen, fragmentos de ropa- pudieron haber identificado al asesino. Las pistas forenses que pudo haber, no habrían sido permitidas.
En lugar de eso, la policía descansó en la versión de tres niños que estaban jugando en la calle en Qinxiaotun, un pueblo a un kilómetro y medio al este de Donggaoping, muestran los archivos. Los niños recordaron haber visto a Qin, que vive en Qinxiaotun, caminando en dirección a Donggaoping esa tarde.
Hacia la medianoche del 4 de agosto llegaron cuatro agentes a la fundición donde Qin trabajaba en las noches y se lo llevaron para interrogarlo.
Qin es alto, tímido, un hombre de ojos de ciervo que rara vez viaja más allá de una vuelta en bicicleta de su casa con suelo de tierra en su pueblo natal. Cuando habla -sus amigos dicen que normalmente sólo habla cuando le hablan-, lo hace con un pesado acento local que hasta los vecinos de Anyang tienen problemas en entender.
La policía se negó a decirle por qué lo habían detenido. Pero durante las primeras horas de la mañana le contaron en detalle qué había hecho del 1 al 3 de agosto y especialmente la tarde del 3. Dijo que había estado en casa ese día antes de marcharse al trabajo por la noche.
Después de que la policía dijera que un testigo que les había contado que había cruzado el pueblo esa tarde, modificó su historia, diciendo que visitó la granja de su familia, a corta distancia de casa, para fertilizar las plantaciones.
"La granja está tan cerca que no es como salir de casa", dijo Qin más tarde. "Pero ellos pensaron que me habían pillado en una mentira".
Le pusieron las esposas y fue engrilletado. Todavía no tenía idea de qué era sospechoso. Pero oyó a algunos agentes y conductores comentar un asesinato en la localidad. Se preguntó si su detención no tendría relación con ese caso.
"Les pregunté de qué se trataba", dijo Qin. "Pero nadie me dijo nada".
Un detective veterano llamado Shen Jun se hizo cargo de su interrogatorio, según los expedientes. Qin dijo que Shen, al principio, era amable, incluso conciliatorio. El detective dijo que estaba investigando el robo de un despertador. Dijo que las huellas digitales de Qin correspondían con las encontradas en el reloj.
"Dijo que era un pequeño despertador barato y que no había razón para mentir", dijo Qin. "Que yo debería confesar. Entonces nos iríamos todos a casa".
Qin dijo que creía realmente que su detención había sido provocada por un pequeño robo. Pero su instinto le decía que no confesara algo que no había hecho. Así que la presión se intensificó.
Shen organizó cuatro equipos de dos agentes cada uno. Los equipos interrogaron a Qin en turnos de seis horas consecutivas, día y noche, durante tres días.
El interrogatorio se convirtió pronto en tortura. Qin dijo que lo hicieron sentarse durante horas en la estructura abierta de una silla de metal, sin respaldo. Sus pies y brazos fueron amarrados a las patas de la silla y su cuerpo empujado a través de la estructura del respaldo, obligándolo a doblar las rodillas y la parte de abajo de la espalda contra los afilados bordes. La técnica es conocida como "silla de tigre".
Alternativamente, las manos de Qin fueron esposadas por detrás y estiradas hasta por arriba de su cabeza; sus brazos se sentían como si se fueran a desprender de sus hombros. A eso se le llamaba "tomar un avión".
Describió el dolor como penetrantes. Pero dijo que sufrió todavía más por la falta de sueño. La policía le arrojaba agua gélida en su cabeza y lo aporreaban cuando cabeceaba. Llamaban a eso "encerrando al cerdo". Al tercer día de su detención, dijo, tenía delirios.
"Sólo un superhombre podría aguantar eso", dijo.
Finalmente, presionado para que especificara el color del despertador robado, hizo un intento: "Blanco". Un policía le golpeó en la cabeza y preguntó de nuevo: "¿De qué color era el reloj?" "Rojo", dijo, y le dieron otro golpe. Luego dijo: "Verde". Dejaron de pegarle.
Poco después, Shen dijo a Qin que el robo del despertador demostraba que él había asesinado a la señorita Jia. Ahora la policía tenía todas las pruebas que necesitaba, dijo, pero Qin debía cooperar completamente si quería evitar otros castigos peores. Eso significaba que debía entregar voluntariamente detalles del crimen, tres veces, y entregar una completa confesión.
Todavía aturdido, Qin inventó las respuestas -¿llevaba pantalones cortos o largos? ¿la estranguló con sus manos o con su cuerda?- hasta que le permitieron dormir.
En los ocho meses entre su detención y su juicio, Qin escribió una serie de angustiadas cartas a su hermano mayor a principios de 1999. "Hasta hoy, no tengo ni idea de cómo era la víctima, y ciertamente no sé de qué color eran sus pantalones".
Firme Convicción
En la cárcel, Qin estudió derecho penal por su cuenta. Sus cartas citaban pasajes que pensaba que podían ayudar a su defensa. El artículo 38 de la constitución china prohíbe extraer confesiones mediante la tortura y "estratagemas". El artículo 46 de la ley revisada de procedimiento penal de 1996 declara que las "confesiones orales" no son base suficiente para una condena. El artículo 12 establece que los sospechosos han de ser considerados inocentes hasta que se demuestre su culpabilidad.
Su indignación convenció a su hermano mayor, Qin Yanqing, que se convirtió en su infatigable defensor. Qin el mayor pidió a funcionarios en Anyang y Zhengzhou para revisar el caso. Gastó los ahorros de su familia en viajes y gastos en abogados.
Incluso visitó a Shen. Pero el detective expresó su firme convicción
"Pongo en juego mis 20 años de experiencia como jefe", dijo Qin el mayor, citando a Shen. "Si su hermano no cometió ese crimen, entonces yo merezco ser castigado".
Cuando empezó el juicio en abril de 1999, 50 familiares y aldeanos llegaron a Anyang para declarar a favor de Qin. Pero la junta de tres jueces ordenó que el juicio fuera a puertas cerradas y los excluyeron de la sala, dijeron los vecinos.
La fiscalía no presentó testigos, y Qin dijo que los jueces le impidieron llamar a los suyos. Qin se retractó enérgicamente de su confesión. Su abogado dijo que el caso de la fiscalía, que dependía enteramente de la confesión, era inválido. El juicio terminó antes de almuerzo.
Seis meses más tarde, un juez visitó a Qin en la cárcel y le entregó el veredicto: Qin era culpable de violación y homicidio, y sería ejecutado. Qin tenía derecho a recurrir la sentencia.
En el corredor de la muerte, en su celda había 15 presos y un retrete. Dijo que en los dos años que pasó allí, una docena de presos fueron sacados a tempranas horas de la mañana y ejecutados de un balazo en nuca.
Lo salvaron de ese destino no sus apelaciones, o nuevos análisis de ADN, sino un golpe de suerte que puede contar como milagro.
Un día de enero de 2001 un soldado licenciado llamado Yuan Qiufu entró a una comisaría de policía en Linzhou, una ciudad no muy lejos de Anyang y dijo al agente de servicio que él había violado, robado y estrangulado a 18 mujeres. Proporcionó un tesoro de detalles de su recorrido homicida que incluyó una indiscutible descripción de la violación y asesinato de Jia, y el robo del despertador verde.
Cambio de Fortuna
Incluso en el país más populoso del mundo, esas exoneraciones definitivas no son comunes. Pero en lo que va de año se han conocido una docena de cambios de fortuna similares, sugiriendo que los funcionarios jurídicos y los órganos de prensa del estado están prestando más atención a los problemas del sistema judicial -y que eso problemas tienen raíces profundas.
Por ejemplo, en mayo pasado, She Xianglin, 39, ex guardia de seguridad en la provincia de Hubei, fue dejado en libertad después de cumplir una sentencia de 11 años cuando su esposa, por cuyo asesinato lo habían condenado, volvió de visita al pueblo. En 1994 había escapado y vuelto a casar en otra provincia. La policía decidió que un cuerpo que habían encontrado debía ser el de su esposa y que She debía haberla matado.
En junio, un jornalero de 30 de la provincia de Shanxi fue liberado de prisión después de que un niño, del que había confesado que había asesinado y arrojado al río Amarillo, volvió a casa el año pasado. El niño se había marchado a una ciudad a buscar trabajo.
En julio, tres agentes de policía de la provincia de Yunán fueron condenados por torturar a hombre para que confesara que había asesinado a una prostituta. El hombre debía presentarse a juicio en 2002 cuando otro confesó el crimen.
Estadísticas oficiales muestran que esos abusos son numerosas. La Procuraduría Suprema del Pueblo, el ministerio de Justicia chino, declaró en julio que 4.645 criminales sospechosos habían sido víctimas de violaciones de derechos humanos, incluyendo la tortura durante los interrogatorios, en los 12 meses anteriores.
Importantes funcionarios están tratando de mejorar los procedimientos criminales. Algunos juristas dicen que una medida que se está considerando daría a los sospechosos el derecho a tener un abogado presente durante los interrogatorios.
Pero esos cambios, si se producen, tomarán tiempo. El parlamento del Partido Comunista ha sido llamado a considerar muchas nuevas garantías, como el derecho a no declarar. Pero esas propuestas no han llegado a ninguna parte porque la policía se opone firmemente a ellas.
La última vez que el gobierno revisó los procedimientos criminales, en 1996, endureció la prohibición existente de las confesiones forzadas, y declaró que los sospechosos gozaban de la presunción de inocencia. La actual campaña publicitaria reconoce efectivamente que las medidas de 1996 no tuvieron el efecto deseado.
Un obstáculo es la larga historia de China, en la que la ley penal es vista como una extensión del poder del emperador antes que como un código objetivo que se aplica a todos. La confesión constituía una sumisión a la autoridad, mientras que una declaración de inocencia era considerada como una forma de rebelión.
El código civil de la dinastía Tang, por ejemplo, especificaba que la culpa sólo podía determinada a través de la confesión, y que los casos no podían ser registrados oficialmente sin una confesión.
Li Bin, abogado defensor y ex fiscal del gobierno en Yunán, que estuvo involucrado en el juicio de los tres agentes por cargos de obtener una confesión por medios ilícitos, dijo que el problema era del sistema.
En el jerárquico sistema político chino, la policía, los fiscales y los jueces atacan mayormente los incentivos desde arriba, dijo Li. Pagan un precio mucho más alto si fracasan en cuanto a mantener las apariencias del orden social que por torturar a los detenidos, dijo.
"El sistema judicial está hecho para proteger a la autoridad del gobierno", dijo. "No se supone que proteja los derechos de los acusados".
Nada Personal
La revelación de que Yuan, el aserio en serie, había asesinado a Jia, hizo saltar la alarma entre los funcionarios de Anyang. Pero la preocupación era la posibilidad de que la injusta detención, proceso y condena de Qin pudiera dañar algunas carreras, dijeron familiares de Qin y un detective en el caso en Pekín.
La respuesta de los funcionarios fue suprimir las nuevas informaciones -y mantener a Qin en el corredor de la muerte.
El detective habló con los funcionarios locales implicados, pero pidió conservar el anonimato debido a las restricciones de hablar con periodistas. Dijo que las autoridades en Linzhou, que llevaban el caso de Yuan, y en Anyang, responsables del encarcelamiento de Qin, acordaron entre ellas mantener en secreto una parte de la confesión de Qin. Yuan sería procesado por 17 en lugar de 18 asesinatos, dejando intacta la condena de Qin.
"Su opinión era que si mi hermano era dejado en libertad, 20 funcionarios la pasarían mal", dijo Qin Yanqing, el hermano mayor de Qin. "Pero si era ejecutado, sólo sufriría él".
El acuerdo se mantuvo durante más de un año. Se descubrió sólo después de que un funcionario de Linzhou bromeara sobre el asunto con un periodista para una publicación nacional sobre asuntos jurídicos. Aunque el reportero no publicó nada sobre la materia, alertó a las autoridades en la capital, que ordenaron una pesquisa.
En mayo de 2002, una investigación jurídica a nivel provincial determinó que Qin debía ser liberado. Le dieron una suite en un hotel. La policía del condado de Anyang le organizó un banquete.
"Cuando volví a mi cuarto, me eché a llorar, y lloré y lloré", dijo. "No me podía controlar".
Pocos días después de su liberación, Qin entró a la comisaría de policía del condado y pidió ver a Shen. El detective salió a saludarlo, le dio la mano y pidió excusas profusamente, recordó Qin.
"Dijo que mi caso había sido una dura lección para todos ellos", dijo.
Pero si lo trataron de ese modo no está claro. Tomó a Qin y su hermano meses negociar una indemnización. Finalmente las autoridades locales accedieron a pagar un equivalente de 35.000 dólares por daños por cuatro años de cárcel sobre la base de cargos falsos.
Pero el pago se efectuó bajo condiciones estrictas. Qin había accedido a no hablar sobre el asunto con los medios de comunicación ni a apelar a autoridades superiores para obtener más dinero.
Inicialmente aceptó esas condiciones. Pero rompió el compromiso este año, dijo, porque las autoridades se habían negado a exonerarlo completamente. Aunque tiene una nota de la policía que confirma que fue detenido por error, la nota atribuye la detención a un "error laboral". Qin no ha sido declarado nunca inocente de haber cometido un homicidio.
"Esperan que esto desaparezca sin resentimiento y sin problemas para nadie", dijo.
La última vez que Qin visitó a la policía para exigir una plena restitución, descubrió que Shen había sido ascendido. Ya no es el inspector de un equipo, sino el jefe de policía del condado de Anyang.
22 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh
nuevas maneras chinas
[Mark Magnier] El gobierno se ha propuesto la monumental tarea, previa a las Olímpiadas de 2008: enseñar buenas maneras a mil millones de personas.
Pekín, China. Hasta Miss Manners palidecería con la tarea a mano: una escuela de buenas maneras para mil millones de personas, un buen número de ellas convencidas de que la vida significa no decir nunca que lo sientes, excúseme o gracias.
No es un seminario sobre cómo usar el tenedor de pescado. Adelantándose a las Olimpíadas de 2008, el gobierno se ha embarcado en una campaña para enseñar buenas maneras al país más populoso del mundo. La campaña ha dejado a los estrategas del gobierno esforzándose por romper algunos de los hábitos más enraizados, incluyendo escupir y orinar en público, conducir como un Road Warrior' [Guerrero de la Carretera] y una inmoderada inclinación a saltarse la cola.
"Creo que están tarde para las Olimpíadas", dijo Zhu Wei, directora de Shanghai Boni Housekeeping Service, una agencia de criadas con referencias que utiliza mayordomos británicos para adiestrar a su personal. "Deberían haber empezado hace 20 años".
China no tiene el monopolio de la conducta grosera. Y muchos alaban a Pekín por intentarlo.
"Algunas maneras de la gente en China son atroces, pero tienes que empezar en alguna parte", dijo Yue-sai Kan, autora de Etiquette for the Modern Chinese'. "Creo que lo que está haciendo el gobierno es fantástico. Me gustaría que hiciera lo mismo el ayuntamiento de Nueva York".
Entre las varias iniciativas para mejorar las maneras se encuentran cursos televisados, esloganes, vallas publicitarias y torneos locales.
Sin embargo, el intento de llevar cortesía a China puede ser un reto mayor que en otras partes, debido a la historia del país. Después de que los comunistas tomaran el poder en 1949, las maneras no fueran dejadas de lado: fueron activamente erradicadas, dicen sociólogos. Eso fue particularmente verdad durante la caótica Revolución Cultural de 1966-1967, cuando el refinamiento fue condenado como un truco de las clases dominantes para inhibir a la gente y mantenerla sumisa.
Ahora China está tratando de ponerse al día a medida que se da cuenta de que para recibir el respeto del mundo debe hacer algo más que producir aparatos como salchichas y construyendo hoteles de cinco estrellas.
"La mayoría de los chinos tienen confianza sobre el hardware para las Olimpíadas de 2008", dijo Ge Chenhong, profesor de la Universidad del Pueblo y asesor del gobierno. "Pero toma más tiempo mejorar el software, especialmente la calidad de la conducta de la gente, y eso es un problema".
En un país donde las campañas masivas, los congresos orquestados por el partido y la pompa siguen siendo importantes, los líderes esperan evitar escenas embarazosas durante las Olimpíadas.
En abril, los referís reprendieron repetidas veces a los fans en un torneo mundial de billar aquí por su falta de maneras, ruidosos arrebatos y discordantes móviles. "La mala conducta no reprendida en los deportes puede crecer como un cáncer y destruir las Olimpíadas", advirtió al día siguiente el diario de gobierno China Daily.
Luego, en julio, en lo que la prensa estatal apodó una "noche de vergüenza", el público de un partido de balonmano se volvió balístico, arrojando objetos e insultando después de que se cometiera una falta contra un jugador chino en un partido contra Puerto Rico.
Aunque las Olimpíadas son un importante motivo para aprender maneras, no es el único. Mejores maneras pueden reducir las fricciones en una sociedad donde la corrupción, la creciente desigualdad de los ingresos y las expropiaciones de tierras se combinan en una explosiva mezcla.
"Las maneras son esenciales para la comunicación interpersonal", dijo Li Lulu, decano del departamento de sociología de la Universidad del Pueblo. "Sin reglas, todos terminamos abollados".
China no está ahorrando esfuerzos en su ofensiva de seducción. Programas de televisión diarios, melodramas y mini-cortos en horarios de máxima audiencia dan clases a nivel nacional sobre cualquier cosa, desde las riñas en público hasta el uso propio de los móviles.
Las universidades realizan torneos de etiqueta, los esloganes en las murallas de los pueblos instan a los campesinos a crear una sociedad civilizada, y los barrios participan en competencias de "comunidad cortés".
Para fines de año, "los malos hábitos de los ciudadanos de la localidad habrán sido erradicados", declaró optimista el China Daily al describir la campaña de seis años en Shanghai, Conviértete En Alguien Adorable'.
Arriba en la lista de las cosas insoportables en muchos sondeos locales es el escupir, que ni siquiera la campaña asociándolo con el síndrome respiratorio agudo grave SARS pudo parar. De hecho, algunos chinos dicen que mejora tu constitución.
Interrogado mientras escupía qué pensaba de la campaña de buenas maneras del gobierno, un vecino del barrio de Shijingshan de Pekín soltó un taco, y gritó: "¡No es nada que te concierna!", para proseguir su camino a toda prisa.
Otros objetivos de las varias campañas incluyen los empujones, los hombres que se pasean semi-desnudos en público, cocinar en la calle, saltarse en la cola y orinar en público.
"La etiqueta gastronómica es otro área importante", dijo el experto del departamento, Kan. "Comer haciendo ruidos, no saber para qué sirve una servilleta, arrojar los huesos a la mesa o al suelo. Pero cualquiera que haya visto los últimos 20 años sabe que puede ser mucho peor".
También era mucho mejor. Los historiadores observan con ironía que China -un país que perfeccionó las sutilezas del buen gusto y maneras hace miles de años- se ha quedado ahora atrás. Algunos lo atribuyen a la pobreza, poca educación y a la erradicación de la clase alta, tradicional adalid de las buenas maneras.
Otros señalan la inmensa huella de Mao Tse-tung, que a menudo despreciaba las convenciones. "Algunos lo pueden haber considerado grosero y vulgar", dijo sobre Mao el periodista americano Edgar Snow en su histórico libro, Estrella roja en China' [Red Star Over China].
Snow describió cómo Mao se rascaba, se sacaba la ropa y realizaba las reuniones desnudo cuando sentía calor, y en una ocasión, "distraídamente da vuelta el cinturón de los pantalones y empieza a buscar intrusos", exactamente piojos y pulgas.
En 1972 Mao asistió en pijama al funeral del Mariscal Chen Yi. Y en 1954, se reunió con el primer ministro británico Clement Attlee de pantalones viejos con parches en la parte de atrás. Un ayudante le preguntó si no quería nuevos pantalones, de acuerdo a la biografía del historiador Chen Jin, y replicó: "No importa. ¿Quién me va a mirar el culo?"
Durante la Revolución Cultural, ser llamado dalaocu, o gordo, o bruto, era un cumplido, cuando los líderes querían desterrar todo lo que estuviera asociado con la tradición. Las maneras no fueron las únicas cosas destruidas en esos años, dijo Guo Shixing, autor de una pieza en 1999 sobre la falta de respeto, titulada Bad Words Street'. "Al desechar las buenas maneras, China destruyó la confianza fundamental entre la gente, un legado que su sociedad todavía está pagando.
Hoy, la riqueza ha llegado tan rápidamente que algunos chinos no han tenido tiempo de absorberlo. "Aquí ves gente que se hizo millonaria de la noche a la mañana, y antes pasaba hambre", dijo June Jamada, decano de la "academia de elegancia" de Shanghai y autora de un libro de etiqueta y éxito de ventas, titulado Tell It Like It Is June'. "No tiene educación, pero tienen dinero. Pero todavía tomando un baño cada tres días".
La campaña de buenas maneras del gobierno tiene sus críticos. Algunos dicen que Pekín ha lanzado tantas campañas -seguid a los líderes, no juguéis a las apuestas, cread una sociedad armoniosa- que a menudo el impacto es insignificante. Otros alegan que los tabúes y prescripciones no logran terminar con las deficiencias más fundamentales, tales como la moral y la ética.
Otros sin embargo, como Peng Lin, profesor de historia y experto en estudios sobre Confucio en la Universidad de Tsinghua, de Pekín, cuestiona la precipitada adopción de China de las maneras occidentales como un modo de impresionar al mundo en 2008. La tendencia ignora las propias tradiciones chinas ricas en li y yi, con su foco en la piedad filial, las obligaciones mutuas y la modestia, dijo Peng.
El asesor del gobierno, Ge, dice que el objetivo principal son valores básicos más sólidos. Pero un mensaje como "Conviértete En una Persona Con Moral" es demasiado abstracto como para ser entendido en un corto publicitario de 15 segundos en la televisión, aunque agregó que tiene que empezar en algún lugar.
La academia de etiqueta de la decano Yamada prefiere empezar arriba. "Me gustaría enseñar a toda China, pero no podemos", dijo. "Así que nuestros servicios se limitan a la clase alta".
Una mañana un fin de semana reciente en Shanghai, ella y la profesora Gigi Pederosa, ex funcionaria de protocolo del gobierno en Perú, enseñó al personal de ventas chino sobre qué hacer con el exclusivo vendedor de relojes Patek Philippe. Durante varias horas de juego de rol, les enseñó a ser amables y acogedores y evitar seguir sumisamente a los clientes en la tienda. "No están vendiendo verduras", dijo.Yamada, hija de un padre taiwanés y madre japonesa, dijo que la academia florecía en parte debido a que los chinos querían aprender de una maestra extranjera.
"Muchas universidades tienen cursos de maneras, pero los estudiantes no se dejan engañar por esos instructores del Partido Comunista", dijo. "Esos viejos no saben ni lo que es. En realidad, deberían venir a mi academia".
También los hombres de negocios se están interesando cada vez más en la conducta apropiada, con la esperanza de aumentar los beneficios. El sitio chino lanzado en internet, Alibaba.com, en 1999, que relaciona a vendedores mayoristas chinos y extranjeros, se encontró pronto haciendo frente a una enorme brecha cultural. Mientras las compañías chinas avanzaban en la producción de montañas de artículos a bajo precio, muchos empleados carecen de maneras o sofisticación necesarias para ganarse la confianza de los clientes en Estados Unidos y Europa.
Desde entonces, Alibaba ha adiestrado a más de 5.000 empresas chinas en cuestiones básica como responder oportunamente, usar un lenguaje cortés y no engañar a los clientes.
"Estamos en una fase en la que las compañías chinas están empezando a pensar en una perspectiva de largo plazo", dijo Porter Erisman, vice-presidente de márketing de Alibaba. "La gente está empezando a entender que operar de buena fe, de modo ético y con buenas maneras ayuda a sobrevivir en el largo plazo".
Mientras los gobiernos educan a las masas, están también tratando de mejorar su propia actuación. Este verano, el gobierno municipal de Pekín lanzó "el mes de educación en maneras profesionales", una de varias campañas a nivel nacional. Más de 100.000 trabajadores están siendo formados para sonreír, ir al trabajo con calcetines y ser higiénicos, entre otras cosas. Una campaña similar en Shanghai aconseja a las mujeres a no teñirse de verde o llevar ropas raras.
Una de las cosas más oscuras que los burócratas esperan erradicar son los kaidangku, los pantalones de cremallera abierta usados por los niños chinos para que puedan desahogarse en cualquier parte. Aunque los pantalones tienden a llamar la atención de los extranjeros, sus defensores dicen que son cómodos, sanos y aceleran el proceso de control del cuerpo.
Huang Wei, 31, empleada de la red de televisión estatal china y madre de una niña de 4 meses, dijo que ella, su madre, su abuela e incontables generaciones los usaron, como lo hace ahora su hija.
Se eriza con la campaña para erradicarlos. Dice: "No veo la relación entre los kaidangku y las Olimpíadas. Es muy flojo. Creo que los burócratas deberían preocuparse más de los escupitajos".
Sin embargo, los kaidangku pueden tener un nuevo uso. Varios sitios chinos en internet promueven ahora los pantalones como potenciadores románticos para matrimonios. "De encaje, para usted y su pareja", promete un sitio. "Transparentes, verdes y encantadores", dice otro.
Yin Lijin contribuyó a este reportaje.
20 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Pekín, China. Hasta Miss Manners palidecería con la tarea a mano: una escuela de buenas maneras para mil millones de personas, un buen número de ellas convencidas de que la vida significa no decir nunca que lo sientes, excúseme o gracias.No es un seminario sobre cómo usar el tenedor de pescado. Adelantándose a las Olimpíadas de 2008, el gobierno se ha embarcado en una campaña para enseñar buenas maneras al país más populoso del mundo. La campaña ha dejado a los estrategas del gobierno esforzándose por romper algunos de los hábitos más enraizados, incluyendo escupir y orinar en público, conducir como un Road Warrior' [Guerrero de la Carretera] y una inmoderada inclinación a saltarse la cola.
"Creo que están tarde para las Olimpíadas", dijo Zhu Wei, directora de Shanghai Boni Housekeeping Service, una agencia de criadas con referencias que utiliza mayordomos británicos para adiestrar a su personal. "Deberían haber empezado hace 20 años".
China no tiene el monopolio de la conducta grosera. Y muchos alaban a Pekín por intentarlo.
"Algunas maneras de la gente en China son atroces, pero tienes que empezar en alguna parte", dijo Yue-sai Kan, autora de Etiquette for the Modern Chinese'. "Creo que lo que está haciendo el gobierno es fantástico. Me gustaría que hiciera lo mismo el ayuntamiento de Nueva York".
Entre las varias iniciativas para mejorar las maneras se encuentran cursos televisados, esloganes, vallas publicitarias y torneos locales.
Sin embargo, el intento de llevar cortesía a China puede ser un reto mayor que en otras partes, debido a la historia del país. Después de que los comunistas tomaran el poder en 1949, las maneras no fueran dejadas de lado: fueron activamente erradicadas, dicen sociólogos. Eso fue particularmente verdad durante la caótica Revolución Cultural de 1966-1967, cuando el refinamiento fue condenado como un truco de las clases dominantes para inhibir a la gente y mantenerla sumisa.
Ahora China está tratando de ponerse al día a medida que se da cuenta de que para recibir el respeto del mundo debe hacer algo más que producir aparatos como salchichas y construyendo hoteles de cinco estrellas.
"La mayoría de los chinos tienen confianza sobre el hardware para las Olimpíadas de 2008", dijo Ge Chenhong, profesor de la Universidad del Pueblo y asesor del gobierno. "Pero toma más tiempo mejorar el software, especialmente la calidad de la conducta de la gente, y eso es un problema".
En un país donde las campañas masivas, los congresos orquestados por el partido y la pompa siguen siendo importantes, los líderes esperan evitar escenas embarazosas durante las Olimpíadas.
En abril, los referís reprendieron repetidas veces a los fans en un torneo mundial de billar aquí por su falta de maneras, ruidosos arrebatos y discordantes móviles. "La mala conducta no reprendida en los deportes puede crecer como un cáncer y destruir las Olimpíadas", advirtió al día siguiente el diario de gobierno China Daily.
Luego, en julio, en lo que la prensa estatal apodó una "noche de vergüenza", el público de un partido de balonmano se volvió balístico, arrojando objetos e insultando después de que se cometiera una falta contra un jugador chino en un partido contra Puerto Rico.
Aunque las Olimpíadas son un importante motivo para aprender maneras, no es el único. Mejores maneras pueden reducir las fricciones en una sociedad donde la corrupción, la creciente desigualdad de los ingresos y las expropiaciones de tierras se combinan en una explosiva mezcla.
"Las maneras son esenciales para la comunicación interpersonal", dijo Li Lulu, decano del departamento de sociología de la Universidad del Pueblo. "Sin reglas, todos terminamos abollados".
China no está ahorrando esfuerzos en su ofensiva de seducción. Programas de televisión diarios, melodramas y mini-cortos en horarios de máxima audiencia dan clases a nivel nacional sobre cualquier cosa, desde las riñas en público hasta el uso propio de los móviles.
Las universidades realizan torneos de etiqueta, los esloganes en las murallas de los pueblos instan a los campesinos a crear una sociedad civilizada, y los barrios participan en competencias de "comunidad cortés".
Para fines de año, "los malos hábitos de los ciudadanos de la localidad habrán sido erradicados", declaró optimista el China Daily al describir la campaña de seis años en Shanghai, Conviértete En Alguien Adorable'.
Arriba en la lista de las cosas insoportables en muchos sondeos locales es el escupir, que ni siquiera la campaña asociándolo con el síndrome respiratorio agudo grave SARS pudo parar. De hecho, algunos chinos dicen que mejora tu constitución.
Interrogado mientras escupía qué pensaba de la campaña de buenas maneras del gobierno, un vecino del barrio de Shijingshan de Pekín soltó un taco, y gritó: "¡No es nada que te concierna!", para proseguir su camino a toda prisa.
Otros objetivos de las varias campañas incluyen los empujones, los hombres que se pasean semi-desnudos en público, cocinar en la calle, saltarse en la cola y orinar en público.
"La etiqueta gastronómica es otro área importante", dijo el experto del departamento, Kan. "Comer haciendo ruidos, no saber para qué sirve una servilleta, arrojar los huesos a la mesa o al suelo. Pero cualquiera que haya visto los últimos 20 años sabe que puede ser mucho peor".
También era mucho mejor. Los historiadores observan con ironía que China -un país que perfeccionó las sutilezas del buen gusto y maneras hace miles de años- se ha quedado ahora atrás. Algunos lo atribuyen a la pobreza, poca educación y a la erradicación de la clase alta, tradicional adalid de las buenas maneras.
Otros señalan la inmensa huella de Mao Tse-tung, que a menudo despreciaba las convenciones. "Algunos lo pueden haber considerado grosero y vulgar", dijo sobre Mao el periodista americano Edgar Snow en su histórico libro, Estrella roja en China' [Red Star Over China].
Snow describió cómo Mao se rascaba, se sacaba la ropa y realizaba las reuniones desnudo cuando sentía calor, y en una ocasión, "distraídamente da vuelta el cinturón de los pantalones y empieza a buscar intrusos", exactamente piojos y pulgas.
En 1972 Mao asistió en pijama al funeral del Mariscal Chen Yi. Y en 1954, se reunió con el primer ministro británico Clement Attlee de pantalones viejos con parches en la parte de atrás. Un ayudante le preguntó si no quería nuevos pantalones, de acuerdo a la biografía del historiador Chen Jin, y replicó: "No importa. ¿Quién me va a mirar el culo?"
Durante la Revolución Cultural, ser llamado dalaocu, o gordo, o bruto, era un cumplido, cuando los líderes querían desterrar todo lo que estuviera asociado con la tradición. Las maneras no fueron las únicas cosas destruidas en esos años, dijo Guo Shixing, autor de una pieza en 1999 sobre la falta de respeto, titulada Bad Words Street'. "Al desechar las buenas maneras, China destruyó la confianza fundamental entre la gente, un legado que su sociedad todavía está pagando.
Hoy, la riqueza ha llegado tan rápidamente que algunos chinos no han tenido tiempo de absorberlo. "Aquí ves gente que se hizo millonaria de la noche a la mañana, y antes pasaba hambre", dijo June Jamada, decano de la "academia de elegancia" de Shanghai y autora de un libro de etiqueta y éxito de ventas, titulado Tell It Like It Is June'. "No tiene educación, pero tienen dinero. Pero todavía tomando un baño cada tres días".
La campaña de buenas maneras del gobierno tiene sus críticos. Algunos dicen que Pekín ha lanzado tantas campañas -seguid a los líderes, no juguéis a las apuestas, cread una sociedad armoniosa- que a menudo el impacto es insignificante. Otros alegan que los tabúes y prescripciones no logran terminar con las deficiencias más fundamentales, tales como la moral y la ética.
Otros sin embargo, como Peng Lin, profesor de historia y experto en estudios sobre Confucio en la Universidad de Tsinghua, de Pekín, cuestiona la precipitada adopción de China de las maneras occidentales como un modo de impresionar al mundo en 2008. La tendencia ignora las propias tradiciones chinas ricas en li y yi, con su foco en la piedad filial, las obligaciones mutuas y la modestia, dijo Peng.
El asesor del gobierno, Ge, dice que el objetivo principal son valores básicos más sólidos. Pero un mensaje como "Conviértete En una Persona Con Moral" es demasiado abstracto como para ser entendido en un corto publicitario de 15 segundos en la televisión, aunque agregó que tiene que empezar en algún lugar.
La academia de etiqueta de la decano Yamada prefiere empezar arriba. "Me gustaría enseñar a toda China, pero no podemos", dijo. "Así que nuestros servicios se limitan a la clase alta".
Una mañana un fin de semana reciente en Shanghai, ella y la profesora Gigi Pederosa, ex funcionaria de protocolo del gobierno en Perú, enseñó al personal de ventas chino sobre qué hacer con el exclusivo vendedor de relojes Patek Philippe. Durante varias horas de juego de rol, les enseñó a ser amables y acogedores y evitar seguir sumisamente a los clientes en la tienda. "No están vendiendo verduras", dijo.Yamada, hija de un padre taiwanés y madre japonesa, dijo que la academia florecía en parte debido a que los chinos querían aprender de una maestra extranjera.
"Muchas universidades tienen cursos de maneras, pero los estudiantes no se dejan engañar por esos instructores del Partido Comunista", dijo. "Esos viejos no saben ni lo que es. En realidad, deberían venir a mi academia".
También los hombres de negocios se están interesando cada vez más en la conducta apropiada, con la esperanza de aumentar los beneficios. El sitio chino lanzado en internet, Alibaba.com, en 1999, que relaciona a vendedores mayoristas chinos y extranjeros, se encontró pronto haciendo frente a una enorme brecha cultural. Mientras las compañías chinas avanzaban en la producción de montañas de artículos a bajo precio, muchos empleados carecen de maneras o sofisticación necesarias para ganarse la confianza de los clientes en Estados Unidos y Europa.
Desde entonces, Alibaba ha adiestrado a más de 5.000 empresas chinas en cuestiones básica como responder oportunamente, usar un lenguaje cortés y no engañar a los clientes.
"Estamos en una fase en la que las compañías chinas están empezando a pensar en una perspectiva de largo plazo", dijo Porter Erisman, vice-presidente de márketing de Alibaba. "La gente está empezando a entender que operar de buena fe, de modo ético y con buenas maneras ayuda a sobrevivir en el largo plazo".
Mientras los gobiernos educan a las masas, están también tratando de mejorar su propia actuación. Este verano, el gobierno municipal de Pekín lanzó "el mes de educación en maneras profesionales", una de varias campañas a nivel nacional. Más de 100.000 trabajadores están siendo formados para sonreír, ir al trabajo con calcetines y ser higiénicos, entre otras cosas. Una campaña similar en Shanghai aconseja a las mujeres a no teñirse de verde o llevar ropas raras.
Una de las cosas más oscuras que los burócratas esperan erradicar son los kaidangku, los pantalones de cremallera abierta usados por los niños chinos para que puedan desahogarse en cualquier parte. Aunque los pantalones tienden a llamar la atención de los extranjeros, sus defensores dicen que son cómodos, sanos y aceleran el proceso de control del cuerpo.
Huang Wei, 31, empleada de la red de televisión estatal china y madre de una niña de 4 meses, dijo que ella, su madre, su abuela e incontables generaciones los usaron, como lo hace ahora su hija.
Se eriza con la campaña para erradicarlos. Dice: "No veo la relación entre los kaidangku y las Olimpíadas. Es muy flojo. Creo que los burócratas deberían preocuparse más de los escupitajos".
Sin embargo, los kaidangku pueden tener un nuevo uso. Varios sitios chinos en internet promueven ahora los pantalones como potenciadores románticos para matrimonios. "De encaje, para usted y su pareja", promete un sitio. "Transparentes, verdes y encantadores", dice otro.
Yin Lijin contribuyó a este reportaje.
20 de septiembre de 2005
©los angeles times
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persiste demencia serbia
[Roger Cohen] Ilusiones de una gran Serbia siguen en mentalidad de opinión pública.
Todos los meses, se pregunta a los oficiales de las fuerzas armadas de Serbia y Montenegro si han viajado al extranjero. La pregunta es una rutina, un resto de la era comunista.
Las respuestas mencionan unas vacaciones familiares en Turquía, una visita a la costa del Mar Negro. Más oficiales viajan en estos días, a menudo con pasaportes nuevos, aunque los salarios mensuales de 450 dólares (para un teniente coronel) limitan las estadías en el extranjero.
Pero existe un problema, y no es nuevo en Serbia, con definir que está dentro y qué fuera del país. Algunos oficiales que han visitado Bosnia son reluctantes a clasificar sus viajes como en el extranjero. Dicen que estuvieron asignados allá y no serán capaces nunca de considerar al antiguo territorio yugoslavo como "extranjero".
Las protestas son rechazadas sumariamente: Ahora un frontera internacional separa a Serbia de Bosnia. Pero esas pequeñas confrontaciones, presenciadas y narradas por un miembro del ejército, dicen mucho sobre la confusión de Serbia a medida que se aproxima el quinto aniversario del derrocamiento de Slobodan Milosevic, el 5 de octubre.
En su nivel más básico, está confusión se deriva de la geografía. Como parte de la gran pregunta de dónde termina Europa, un asunto de creciente debate en Bruselas, se encuentra en la pregunta menor pero más volátil sobre dónde termina Serbia.
El histórico error serbio de 1918, cuando el reino victorioso apostó por el gran país que tomaría el nombre de Yugoslavia, antes que consolidar el compacto estado de Serbia, continúa acosando a Belgrado. No está claro cómo completar la larga retirada de esta arrogante extralimitación.
El territorio gobernado por Belgrado sigue reduciéndose. El próximo año, bajo un acuerdo propuesto por el jefe de política de exterior de la Unión Europea, Javier Solana, Montenegro piensa llamar a un referéndum para decidir si separarse.
Su unión con Serbia ya tiene mucho de ilusoria -las dos repúblicas usan monedas diferentes- y muchos fatigados serbios se muestran inclinados a decir adiós a la divertida federación llamada a veces Solandia'.
Pero Vojislav Kostunica, el conservador primer ministro de Serbia, se opone a la independencia montenegrina. También se opone el ejército. Y también la Unión Europea, que no ve la necesidad de crear otro mini-estado europeo. Y también muchos montenegrinos que se preocupan de que puedan perder el acceso a los buenos hospitales de Belgrado y otros privilegios. Como resultado, el referéndum del 2006 sigue siendo incierto.
Esta incertidumbre es inútil. "Mientras más pronto deciden, cuanto mejor", dijo Goran Svilanovic, ex primer ministro. "Necesitamos saber la respuesta a esta pregunta: ¿Estás en mi país o no? La gente sufre de un problema de identidad crónico".
La naturaleza de ese problemas es suficientemente conocido. Belgrado es la capital de un país que está desapareciendo y que se estiraba antes hasta la frontera austriaca. El estuco desconchado de las paredes y los coches viejos son emblemáticos de la decadencia. Nadie necesita pensarlo demasiado para saber quién fue el gran perdedor de la desintegración de Yugoslavia. Eslovenia y Croacia han dejado a Serbia en el polvo.
Pero las ilusiones serbias persisten. Como sugiere la reluctancia de los oficiales de clasificar a Bosnia como país extranjero, la antigua grandeza es difícil se reconciliar con la pequeñez actual. Eso hace que la mediocre realidad sea más difícil de aceptar.
Parte de esta realidad es que Montenegro no está solo en contemplar una secesión. Es probable que las negociaciones sobre la posición de Kosovo empiecen más tarde este año -Kosovo es formalmente parte de Serbia, aunque en realidad es un distrito de la comunidad internacional, y según la opinión de casi todos sus ciudadanos albaneses étnicos, un estado independiente putativo.
Lo que se siembra, se cosecha. Kovoso fue la plataforma de lanzamiento del demente nacionalismo inventado por Milosevic cuando Yugoslavia empezó a desmoronarse. Ahora será, con toda probabilidad, el último pedazo que deje Serbia, pero no sin una amarga pelea sobre lo que muchos serbios llaman la cuna de su civilización.
Cuando el fin de semana pasada dos serbios murieron en un tiroteo en Kosovo, Kostunica y Boris Tadic, el presidente serbio, se apresuraron a emitir declaraciones de indignación. En esencia, sus mensajes eran que el incidente demostraba lo lejos que estaba Kosovo de las normas básicas exigidas por Europa y Estados Unidos para cualquier comunidad con ambiciones de auto-gobierno. Tenían un argumento.
Sin embargo, el problema es que Serbia, siempre rápida en su denuncia del "terrorismo" de los albaneses étnicos de Kosovo, apenas ha empezado a enfrentarse a los crímenes que cometió en gran escala en Croacia, Bosnia y Kosovo en los años noventa.
Un video que mostraba a serbios matando a musulmanes en Srebrenica, que apareció en junio en el tribunal por crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia de La Haya, provocó aquí consternación. Eso fue saludable. Fue también una terrible demostración del grado de ignorancia serbia una década después de la guerra de Bosnia. En el video se muestra el asesinato de seis musulmanes bosnios en 1995. ¡Seis! En los primeros meses de la guerra de Bosnia de 1992, decenas de miles de musulmanes fueron desalojados de sus casas, detenidos en campos y asesinados selectivamente. Sobre esa homicida campaña no se dice nada. Desde Kostunica para abajo, domina la ofuscación del tipo: "Ellos no mataron, nosotros los matamos".
"Si preguntas a la gente sobre si integrarse a la Unión Europea, todo el mundo está de acuerdo", dijo Dusan Pavlovic, cientista político. "Pero si preguntas sobre la responsabilidad serbia en los crímenes de guerra, la mayoría de la gente dice que no. Y si les preguntas cómo piensan integrarse a la Unión Europea sin aceptar esa responsabilidad, te quedan mirando sin nada que decir".
Por supuesto, el avance hacia la integración en la UE no ocurrirá hasta que dos de los principales protagonistas de la violencia serbia, el general Ratko Mladic y Radovan Karadzic, no sean entregados al tribunal internacional. Kostunica y Tadic han prometido su captura, pero los sentimientos nacionales están divididos.
Dentro del ejército, oficiales jóvenes, con un ojo en la integración potencial a la OTAN, aprueban la entrega de Mladic. Pero los más viejos no aceptan su captura. "Dicen que nunca aceptarán la detención de un hombre que luchó en Bosnia", dijo el miembro del ejército.
Eso es interesante. Una de las muchas invenciones de Serbia, y de Milosevic, era que el ejército yugoslavo nunca peleó en Bosnia y que la campaña no tenía nada que ver con Belgrado. Por supuesto, es un sin sentido, pero Serbia sigue ambivalente sobre la realidad.
E-mail: rcohen@iht.com
1 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh
Todos los meses, se pregunta a los oficiales de las fuerzas armadas de Serbia y Montenegro si han viajado al extranjero. La pregunta es una rutina, un resto de la era comunista.Las respuestas mencionan unas vacaciones familiares en Turquía, una visita a la costa del Mar Negro. Más oficiales viajan en estos días, a menudo con pasaportes nuevos, aunque los salarios mensuales de 450 dólares (para un teniente coronel) limitan las estadías en el extranjero.
Pero existe un problema, y no es nuevo en Serbia, con definir que está dentro y qué fuera del país. Algunos oficiales que han visitado Bosnia son reluctantes a clasificar sus viajes como en el extranjero. Dicen que estuvieron asignados allá y no serán capaces nunca de considerar al antiguo territorio yugoslavo como "extranjero".
Las protestas son rechazadas sumariamente: Ahora un frontera internacional separa a Serbia de Bosnia. Pero esas pequeñas confrontaciones, presenciadas y narradas por un miembro del ejército, dicen mucho sobre la confusión de Serbia a medida que se aproxima el quinto aniversario del derrocamiento de Slobodan Milosevic, el 5 de octubre.
En su nivel más básico, está confusión se deriva de la geografía. Como parte de la gran pregunta de dónde termina Europa, un asunto de creciente debate en Bruselas, se encuentra en la pregunta menor pero más volátil sobre dónde termina Serbia.
El histórico error serbio de 1918, cuando el reino victorioso apostó por el gran país que tomaría el nombre de Yugoslavia, antes que consolidar el compacto estado de Serbia, continúa acosando a Belgrado. No está claro cómo completar la larga retirada de esta arrogante extralimitación.
El territorio gobernado por Belgrado sigue reduciéndose. El próximo año, bajo un acuerdo propuesto por el jefe de política de exterior de la Unión Europea, Javier Solana, Montenegro piensa llamar a un referéndum para decidir si separarse.
Su unión con Serbia ya tiene mucho de ilusoria -las dos repúblicas usan monedas diferentes- y muchos fatigados serbios se muestran inclinados a decir adiós a la divertida federación llamada a veces Solandia'.
Pero Vojislav Kostunica, el conservador primer ministro de Serbia, se opone a la independencia montenegrina. También se opone el ejército. Y también la Unión Europea, que no ve la necesidad de crear otro mini-estado europeo. Y también muchos montenegrinos que se preocupan de que puedan perder el acceso a los buenos hospitales de Belgrado y otros privilegios. Como resultado, el referéndum del 2006 sigue siendo incierto.
Esta incertidumbre es inútil. "Mientras más pronto deciden, cuanto mejor", dijo Goran Svilanovic, ex primer ministro. "Necesitamos saber la respuesta a esta pregunta: ¿Estás en mi país o no? La gente sufre de un problema de identidad crónico".
La naturaleza de ese problemas es suficientemente conocido. Belgrado es la capital de un país que está desapareciendo y que se estiraba antes hasta la frontera austriaca. El estuco desconchado de las paredes y los coches viejos son emblemáticos de la decadencia. Nadie necesita pensarlo demasiado para saber quién fue el gran perdedor de la desintegración de Yugoslavia. Eslovenia y Croacia han dejado a Serbia en el polvo.
Pero las ilusiones serbias persisten. Como sugiere la reluctancia de los oficiales de clasificar a Bosnia como país extranjero, la antigua grandeza es difícil se reconciliar con la pequeñez actual. Eso hace que la mediocre realidad sea más difícil de aceptar.
Parte de esta realidad es que Montenegro no está solo en contemplar una secesión. Es probable que las negociaciones sobre la posición de Kosovo empiecen más tarde este año -Kosovo es formalmente parte de Serbia, aunque en realidad es un distrito de la comunidad internacional, y según la opinión de casi todos sus ciudadanos albaneses étnicos, un estado independiente putativo.
Lo que se siembra, se cosecha. Kovoso fue la plataforma de lanzamiento del demente nacionalismo inventado por Milosevic cuando Yugoslavia empezó a desmoronarse. Ahora será, con toda probabilidad, el último pedazo que deje Serbia, pero no sin una amarga pelea sobre lo que muchos serbios llaman la cuna de su civilización.
Cuando el fin de semana pasada dos serbios murieron en un tiroteo en Kosovo, Kostunica y Boris Tadic, el presidente serbio, se apresuraron a emitir declaraciones de indignación. En esencia, sus mensajes eran que el incidente demostraba lo lejos que estaba Kosovo de las normas básicas exigidas por Europa y Estados Unidos para cualquier comunidad con ambiciones de auto-gobierno. Tenían un argumento.
Sin embargo, el problema es que Serbia, siempre rápida en su denuncia del "terrorismo" de los albaneses étnicos de Kosovo, apenas ha empezado a enfrentarse a los crímenes que cometió en gran escala en Croacia, Bosnia y Kosovo en los años noventa.
Un video que mostraba a serbios matando a musulmanes en Srebrenica, que apareció en junio en el tribunal por crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia de La Haya, provocó aquí consternación. Eso fue saludable. Fue también una terrible demostración del grado de ignorancia serbia una década después de la guerra de Bosnia. En el video se muestra el asesinato de seis musulmanes bosnios en 1995. ¡Seis! En los primeros meses de la guerra de Bosnia de 1992, decenas de miles de musulmanes fueron desalojados de sus casas, detenidos en campos y asesinados selectivamente. Sobre esa homicida campaña no se dice nada. Desde Kostunica para abajo, domina la ofuscación del tipo: "Ellos no mataron, nosotros los matamos".
"Si preguntas a la gente sobre si integrarse a la Unión Europea, todo el mundo está de acuerdo", dijo Dusan Pavlovic, cientista político. "Pero si preguntas sobre la responsabilidad serbia en los crímenes de guerra, la mayoría de la gente dice que no. Y si les preguntas cómo piensan integrarse a la Unión Europea sin aceptar esa responsabilidad, te quedan mirando sin nada que decir".
Por supuesto, el avance hacia la integración en la UE no ocurrirá hasta que dos de los principales protagonistas de la violencia serbia, el general Ratko Mladic y Radovan Karadzic, no sean entregados al tribunal internacional. Kostunica y Tadic han prometido su captura, pero los sentimientos nacionales están divididos.
Dentro del ejército, oficiales jóvenes, con un ojo en la integración potencial a la OTAN, aprueban la entrega de Mladic. Pero los más viejos no aceptan su captura. "Dicen que nunca aceptarán la detención de un hombre que luchó en Bosnia", dijo el miembro del ejército.
Eso es interesante. Una de las muchas invenciones de Serbia, y de Milosevic, era que el ejército yugoslavo nunca peleó en Bosnia y que la campaña no tenía nada que ver con Belgrado. Por supuesto, es un sin sentido, pero Serbia sigue ambivalente sobre la realidad.
E-mail: rcohen@iht.com
1 de septiembre de 2005
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©traducción mQh
espionaje chino
[Mark Magnier] Defección ilustra modo chino de espiar. Chen Yonglin dice que supervisaba a 1.000 informantes en Australia.
Pekín, China. La deserción de un importante diplomático chino en Australia que dice haber colaborado en la supervisión de una vasta red de espías ha puesto en el centro de la atención las actividades de espionaje de China en un momento de crecientes tensiones comerciales globales y preocupación sobre el gasto militar de Pekín.
Chen Yonglin, primer secretario del Consulado General de China en Sidney, escogió un momento particularmente embarazoso para actuar públicamente contra su empleador: una manifestación el mes pasado en Australia en conmemoración del 16 aniversario de la represión de la Plaza de Tiananmen contra manifestantes que pedían democracia.
En una rueda de prensa improvisada poco después de que Australia rechazara su petición de asilo político, el libresco Chen anunció que había pasado los últimos cuatro años dirigiendo una red de 1.000 informantes y espías en Australia por orden del gobierno chino.
Agregó que su principal objetivo eran los miembros del Falun Gong, un grupo cuasi-religioso prohibido en China como una "secta demoníaca" y los que abogan por la independencia del Tibet, Taiwán y Turkmenistán del Este.
Pekín rechazó inmediatamente sus acusaciones y cargos similares de Hao Fengjun, un segundo funcionario chino que pidió un visado australiano. Las acusaciones son "fabricaciones y mentiras", dijo en Pekín el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Liu Jianchao. "Las relaciones sino-australianas no deberían verse afectadas por esas dos personas e incidentes".
"Tenemos algunos chinos que no quieren a China y quieren sacar provecho para sus propios planes", dijo la semana pasada el embajador chino en Australia, Fu Ying. Chen "parece odiar ahora tanto a China... sin embargo, China le ofreció lo mejor que puede desear un hombre joven".
El incidente podría tener repercusiones más allá de las costas australianas, dijeron analistas, animando a los críticos de China en momentos en que el ministro de Defensa estadounidense, Donald H. Rumsfeld y otros conservadores de Washington expresan crecientes preocupaciones sobre las intenciones de Pekín y cuestionando su creciente gasto militar.
El caso también ha incomodado al gobierno del primer ministro John Howard, de Australia, al que sus detractores acusan de ignorar los derechos humanos para evitar herir la susceptibilidad de Pekín, una acusación que el gobierno niega. China es el tercer socio comercial de Australia, con un comercio bilateral por un valor de 22.7 billones de dólares, y un voraz consumidor de sus recursos naturales. Los dos países también están negociando un acuerdo de libre comercio para fortalecer sus lazos.
Los legisladores de la oposición acusaron al gobierno de Howard de haber informado al gobierno chino inmediatamente cuando Chen presentó su solicitud y rechazó su petición de un lugar seguro para reunirse. El viernes pasado, Australia otorgó a Chen un visado permanente. Hao solicitó un visado de protección y su caso debe ser aún solucionado.
Parte de la ecuación, dijeron analistas, es que ni Chen ni Hao -que dice que ha trabajado en la ciudad china de Tianjin en una oficina de seguridad encargado de erradicar al Falung Gong antes de huir a Australia- parecen ser una captura valiosa para la inteligencia.
"Para las agencias de inteligencia occidentales, saber que China vigila a Falun Gong no es tan importante", dijo Steve Tsang, un académico chino en la Universidad de Oxford. "Yo sospecho que es por eso que rechazaron la primera petición de Chen. Si él estuviera involucrado en un programa misiles o de contraespionaje, probablemente sería diferente".
Como las de la mayoría de los países, las actividades de la inteligencia china emplean un sistema de círculos concéntricos, dijeron analistas. A diferencias de las agencias de inteligencia estadounidenses, con su dependencia de datos por satélite y alta tecnología, China es conocida por su inteligencia humana'.
"Ellos pueden enviar a miles de personas con misiones limitadas, inundando todo el país", dijo Larry M. Wortzel, ex agregado del ejército norteamericano en Pekín y ahora en la Heritage Foundation, un laboratorio conservador de Washington.
China tiene tres clases de espías, dijo Hao a periodistas australianos: "espías profesionales" pagados para reunir información, espías de "relaciones en el trabajo", que operan en círculos comerciales, y "amigos" en redes menos formales, una categoría que en la que se encuentran los 1.000 espías de Chen, dijeron analistas.
China emplea a un número relativamente pequeño de espías profesionales bien formados, dijeron analistas, encargados de hacerse con los secretos militares y políticas estratégicas más delicados.
En el segundo escalón, China descansa en compañías tapaderas y científicos para descubrir tecnologías claves, incluyendo productos duales, de uso civil y militar, que son más fáciles de adquirir que secretos militares.
"Pero tú utilizas compañías comerciales o de uso dual lo más lejos posible de la embajada", dijo un experto de inteligencia que se negó a ser identificado. "Son una enorme etiqueta radioactiva".
En un caso reciente, una pareja chino-americana de Wisconsin fue detenida por sospechas de vender a China medio millón de dólares en componentes de ordenadores con aplicaciones potenciales en sistemas de misiles modernos.
Pero el círculo concéntrico más grande de China a menudo cosecha mayor atención. Pekín es conocido por reunir pequeños fragmentos de información entre "amigos"-empresarios, estudiantes, delegaciones comerciales y turistas chinos-, que monta luego en una imagen mayor.
"Ellos extienden una red más bien amplia", dijo James R. Lilley, un ex jefe de estación de la CIA y embajador norteamericano en China. "A menudo hay una línea borrosa entre cooperador' y agente encubierto'".
La gente puede estar motivada a proporcionar información por el dinero, patriotismo, adulación o varias formas de persuasión, dijeron analistas. Se pueden acercar a un chino en el extranjero con familia en casa, dijo Tsang, de Oxford, y le pueden decir: "Entiendo que su hija quiere estudiar en la universidad. He oído que no es muy brillante, pero tengo un amigo en esa universidad que la puede recomendar".
El método de China, a veces conocido como los "1.000 granos de arena" ha complicado la vida a las agencias de contraespionaje extranjeras, ya agobiadas por la guerra contra el terrorismo declarada por Estados Unidos, dijeron analistas.
"Hay 150.000 estudiantes de China. Algunos de ellos son enviados aquí a trabajar y hacerse camino en las multinacionales", dijo el subdirector de contraespionaje, Dan Szady, a la Conferencia y Exposición de Inteligencia Nacional en Arlington, Virginia, en febrero. "Hay cerca de 300.000 visitantes chinos al año y 15.000 delegaciones que recorren cada año el país".
Muchas de estas personas son espías potenciales, agregó, que reúnen información o son interrogados cuando vuelven a China.
"Aunque aumentemos la cantidad de agentes, es imposible detectarlos a todos", dijo Szady.
Pero los expertos de inteligencia, que pidieron conservar el anonimato, dijeron que existía la tentación de creer que todos los que parecen remotamente chinos están ajetreadísimos enviando información a China. "Hay un montón de histeria", dijo, mencionando una afirmación no probada por una comisión bipartidista del congreso hace cinco años, de que China opera unas 3.000 compañías tapaderas en Estados Unidos.
"Es patrioterismo de primera clase", dijo. "También, lo que hacen apelando al patriotismo no es muy diferente de los franceses e israelíes. Los israelíes reaccionaron con los mismos llamados a la patria que con Jonathan Jay Pollard", un analista militar americano sentenciado a cadena perpetua en 1986 por filtrar secretos a Israel.
El espionaje trabaja en los dos lados. En 1965, la prensa australiana informó que la embajada china en Camberra, la capital, fue pinchada como parte de una operación de espionaje australiana-norteamericana. Y un Boeing 767 hecho en Estados Unidos para el entonces presidente de China, Jiang Zemin en 2000 contenía supuestamente más de 20 aparatos de espionaje.
Un analista dijo que incluso si la afirmación de Chen sobre sus 1.000 espías en Australia era correcta, no eran ciertamente agentes de terreno bien adiestrados. "La idea de que tienen semejante cantidad de gente trabajando para la inteligencia china parece un poco dudosa", dijo Jonathan D. Pollack, director de investigaciones estratégicas en la Academia Naval de Guerra en Newport, Rhode Island. "Es obvio que cualquier que deserta quiera aumentar su valor".
12 de agosto de 2005
15 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Pekín, China. La deserción de un importante diplomático chino en Australia que dice haber colaborado en la supervisión de una vasta red de espías ha puesto en el centro de la atención las actividades de espionaje de China en un momento de crecientes tensiones comerciales globales y preocupación sobre el gasto militar de Pekín.Chen Yonglin, primer secretario del Consulado General de China en Sidney, escogió un momento particularmente embarazoso para actuar públicamente contra su empleador: una manifestación el mes pasado en Australia en conmemoración del 16 aniversario de la represión de la Plaza de Tiananmen contra manifestantes que pedían democracia.
En una rueda de prensa improvisada poco después de que Australia rechazara su petición de asilo político, el libresco Chen anunció que había pasado los últimos cuatro años dirigiendo una red de 1.000 informantes y espías en Australia por orden del gobierno chino.
Agregó que su principal objetivo eran los miembros del Falun Gong, un grupo cuasi-religioso prohibido en China como una "secta demoníaca" y los que abogan por la independencia del Tibet, Taiwán y Turkmenistán del Este.
Pekín rechazó inmediatamente sus acusaciones y cargos similares de Hao Fengjun, un segundo funcionario chino que pidió un visado australiano. Las acusaciones son "fabricaciones y mentiras", dijo en Pekín el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Liu Jianchao. "Las relaciones sino-australianas no deberían verse afectadas por esas dos personas e incidentes".
"Tenemos algunos chinos que no quieren a China y quieren sacar provecho para sus propios planes", dijo la semana pasada el embajador chino en Australia, Fu Ying. Chen "parece odiar ahora tanto a China... sin embargo, China le ofreció lo mejor que puede desear un hombre joven".
El incidente podría tener repercusiones más allá de las costas australianas, dijeron analistas, animando a los críticos de China en momentos en que el ministro de Defensa estadounidense, Donald H. Rumsfeld y otros conservadores de Washington expresan crecientes preocupaciones sobre las intenciones de Pekín y cuestionando su creciente gasto militar.
El caso también ha incomodado al gobierno del primer ministro John Howard, de Australia, al que sus detractores acusan de ignorar los derechos humanos para evitar herir la susceptibilidad de Pekín, una acusación que el gobierno niega. China es el tercer socio comercial de Australia, con un comercio bilateral por un valor de 22.7 billones de dólares, y un voraz consumidor de sus recursos naturales. Los dos países también están negociando un acuerdo de libre comercio para fortalecer sus lazos.
Los legisladores de la oposición acusaron al gobierno de Howard de haber informado al gobierno chino inmediatamente cuando Chen presentó su solicitud y rechazó su petición de un lugar seguro para reunirse. El viernes pasado, Australia otorgó a Chen un visado permanente. Hao solicitó un visado de protección y su caso debe ser aún solucionado.
Parte de la ecuación, dijeron analistas, es que ni Chen ni Hao -que dice que ha trabajado en la ciudad china de Tianjin en una oficina de seguridad encargado de erradicar al Falung Gong antes de huir a Australia- parecen ser una captura valiosa para la inteligencia.
"Para las agencias de inteligencia occidentales, saber que China vigila a Falun Gong no es tan importante", dijo Steve Tsang, un académico chino en la Universidad de Oxford. "Yo sospecho que es por eso que rechazaron la primera petición de Chen. Si él estuviera involucrado en un programa misiles o de contraespionaje, probablemente sería diferente".
Como las de la mayoría de los países, las actividades de la inteligencia china emplean un sistema de círculos concéntricos, dijeron analistas. A diferencias de las agencias de inteligencia estadounidenses, con su dependencia de datos por satélite y alta tecnología, China es conocida por su inteligencia humana'.
"Ellos pueden enviar a miles de personas con misiones limitadas, inundando todo el país", dijo Larry M. Wortzel, ex agregado del ejército norteamericano en Pekín y ahora en la Heritage Foundation, un laboratorio conservador de Washington.
China tiene tres clases de espías, dijo Hao a periodistas australianos: "espías profesionales" pagados para reunir información, espías de "relaciones en el trabajo", que operan en círculos comerciales, y "amigos" en redes menos formales, una categoría que en la que se encuentran los 1.000 espías de Chen, dijeron analistas.
China emplea a un número relativamente pequeño de espías profesionales bien formados, dijeron analistas, encargados de hacerse con los secretos militares y políticas estratégicas más delicados.
En el segundo escalón, China descansa en compañías tapaderas y científicos para descubrir tecnologías claves, incluyendo productos duales, de uso civil y militar, que son más fáciles de adquirir que secretos militares.
"Pero tú utilizas compañías comerciales o de uso dual lo más lejos posible de la embajada", dijo un experto de inteligencia que se negó a ser identificado. "Son una enorme etiqueta radioactiva".
En un caso reciente, una pareja chino-americana de Wisconsin fue detenida por sospechas de vender a China medio millón de dólares en componentes de ordenadores con aplicaciones potenciales en sistemas de misiles modernos.
Pero el círculo concéntrico más grande de China a menudo cosecha mayor atención. Pekín es conocido por reunir pequeños fragmentos de información entre "amigos"-empresarios, estudiantes, delegaciones comerciales y turistas chinos-, que monta luego en una imagen mayor.
"Ellos extienden una red más bien amplia", dijo James R. Lilley, un ex jefe de estación de la CIA y embajador norteamericano en China. "A menudo hay una línea borrosa entre cooperador' y agente encubierto'".
La gente puede estar motivada a proporcionar información por el dinero, patriotismo, adulación o varias formas de persuasión, dijeron analistas. Se pueden acercar a un chino en el extranjero con familia en casa, dijo Tsang, de Oxford, y le pueden decir: "Entiendo que su hija quiere estudiar en la universidad. He oído que no es muy brillante, pero tengo un amigo en esa universidad que la puede recomendar".
El método de China, a veces conocido como los "1.000 granos de arena" ha complicado la vida a las agencias de contraespionaje extranjeras, ya agobiadas por la guerra contra el terrorismo declarada por Estados Unidos, dijeron analistas.
"Hay 150.000 estudiantes de China. Algunos de ellos son enviados aquí a trabajar y hacerse camino en las multinacionales", dijo el subdirector de contraespionaje, Dan Szady, a la Conferencia y Exposición de Inteligencia Nacional en Arlington, Virginia, en febrero. "Hay cerca de 300.000 visitantes chinos al año y 15.000 delegaciones que recorren cada año el país".
Muchas de estas personas son espías potenciales, agregó, que reúnen información o son interrogados cuando vuelven a China.
"Aunque aumentemos la cantidad de agentes, es imposible detectarlos a todos", dijo Szady.
Pero los expertos de inteligencia, que pidieron conservar el anonimato, dijeron que existía la tentación de creer que todos los que parecen remotamente chinos están ajetreadísimos enviando información a China. "Hay un montón de histeria", dijo, mencionando una afirmación no probada por una comisión bipartidista del congreso hace cinco años, de que China opera unas 3.000 compañías tapaderas en Estados Unidos.
"Es patrioterismo de primera clase", dijo. "También, lo que hacen apelando al patriotismo no es muy diferente de los franceses e israelíes. Los israelíes reaccionaron con los mismos llamados a la patria que con Jonathan Jay Pollard", un analista militar americano sentenciado a cadena perpetua en 1986 por filtrar secretos a Israel.
El espionaje trabaja en los dos lados. En 1965, la prensa australiana informó que la embajada china en Camberra, la capital, fue pinchada como parte de una operación de espionaje australiana-norteamericana. Y un Boeing 767 hecho en Estados Unidos para el entonces presidente de China, Jiang Zemin en 2000 contenía supuestamente más de 20 aparatos de espionaje.
Un analista dijo que incluso si la afirmación de Chen sobre sus 1.000 espías en Australia era correcta, no eran ciertamente agentes de terreno bien adiestrados. "La idea de que tienen semejante cantidad de gente trabajando para la inteligencia china parece un poco dudosa", dijo Jonathan D. Pollack, director de investigaciones estratégicas en la Academia Naval de Guerra en Newport, Rhode Island. "Es obvio que cualquier que deserta quiera aumentar su valor".
12 de agosto de 2005
15 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
pobres no comparten botín
[Peter S. Goodman] De los cambios en China. Suben los precios, baja nivel de vida.
Sanbaihi, China. La China que Wang Huazhong ve por televisión está en medio de una asombrosa transformación. En ciudades que no ha visitado nunca, los rascacielos se elevan entre autopistas atascadas y la gente se atocha en centros comerciales con paredes de cristal para comprar joyas y maletas simplemente para pasar el tiempo.
Aquí en su aldea en el noroeste del país, Wang mira el mismo reseco paisaje que no ha cambiado casi nada en sus 46 años. Un surcado camino de tierra se abre camino a través de montañas desnudas hacia la sede del cantón a 50 kilómetros de distancia, su frontera más lejana. Las plantas de sandía emergen a regañadientes de un suelo calcáreo, esperando lluvias que quizás no lleguen nunca. Una cocina de leña ocupa su suelo de tierra, y ha pintado sus paredes de hollín.
Pero el mundo de Wang está lejos de estar aislado de las grandes fuerzas que están moldeando las fortunas del país. Desde que China ingresara a la Organización Mundial del Comercio hace 3 años y medio, una agresiva industrialización combinada con un torrente de consumo ha subido los precios de todo, desde los fertilizantes hasta el transporte, gruesamente duplicando los costes del nivel de vida aquí.
Los que viven cerca de las prósperas ciudades costeras chinas se han visto compensados con nuevas oportunidades que han sacado a millones de personas de la pobreza -oportunidades como trabajos en fábricas que producen artículos para la exportación y mercados de frutas y verduras. Pero estas cosas buenas siguen estando fuera del alcance de esta comunidad rural y miles de otras como esta en este país todavía predominantemente rural. Los costes de la comida y del cultivo de sandías han aumentado más rápidamente de lo que Wang recibe por su cosecha. El ingreso familiar ha descendido en un 20 por ciento en los últimos cinco años, a cerca de 300 dólares al año.
"La vida es cada vez más difícil", dijo Wang, mientras su asno sondeaba el terreno cerca de la casa familiar a la busca de algún trigo extraviado. "Cada año se hace más difícil".
Un estudio reciente realizado por el Banco Mundial concluyó que el ingreso entre los chinos del campo -casi tres cuartos de la población- ha descendido ligeramente desde que China ingresara a la OMC, mientras los residentes urbanos han disfrutado de modestos aumentos.
Los economistas dicen que esta tendencia subraya el lado negativo de la globalización: Mientras el comercio libre se ha demostrado altamente eficiente en la generación de riqueza, ha fracasado en cuanto a compartir el botín, haciendo más profunda la brecha entre ricos y pobres, gente de la ciudad y del campo. En muchos casos, la nueva riqueza se acumula a expensas directas de los pobres, a medida que los gobiernos locales venden tierras para proyectos urbanísticos.
"Las compañías industriales se quedan con los beneficios, mientras la gente del campo pierde los elementos básicos de su subsistencia", dijo Wen Tiejun, decano de la Facultad de Economía Agrícola y Desarrollo Rural en la Universidad Popular de Pekín.
En China, la división entre ricos y pobres es más grande que antes de la revolución campesina que llevó al Partido Comunista al poder en 1949. El mes pasado, el gobierno chino anunció que la brecha en los ingresos había aumentado en los primeros tres meses del año, con el 10 por ciento más rico controlando el 45 por ciento de la riqueza del país y el 10 por ciento más pobre, menos del 1 por ciento, de acuerdo a la oficial Agencia de Noticias Nueva China.
En Pekín crece la preocupación de que los pobres del campo se quedan tan atrás que puedan retar la legitimidad del partido. Las manifestaciones se han transformado en ocurrencias casi diarias a medida que los campesinos protestan por la pérdida de sus tierras en beneficio de la urbanización y de impuestos excesivos. En respuesta, el gobierno central ha reducido los impuestos sobre los campesinos.
El año pasado, el Consejo de Estado de China, el equivalente de un gabinete ministerial, dio a conocer un documento público que describe una estrategia destinada a abreviar la brecha de ingresos entre el campo y la ciudad, incluyendo impuestos reducidos para los campesinos y fondos de desarrollo destinados a estimular el comercio en las áreas pobres. El presidente Hu Jintao y el premier Wen Jiabao son mencionados frecuentemente en la prensa oficial jurando aliviar la pobreza rural.
Algunos se preocupan de que la pobreza del agro sea una amenaza potencial para la economía china. China está agobiada por una producción excedente, a medida que inversiones extra-exuberantes crean demasiadas fábricas para producir más bienes de los que necesita el país. Los economistas cuentan con el consumo doméstico para absorber el excedente.
"Las áreas rurales no tienen poder de compra", dijo Yu Nanping, sociólogo en la Universidad Normal de Shanghai, al este de China. "Si los campesinos no tienen dinero, ¿quién va a comprar todos esos coches y aparatos?"
El reciente estudio del Banco Mundial observa que los campesinos chinos ya estaban sufriendo ingresos decrecientes antes del ingreso de China en la OMC. Pero el vínculo entre las fortunas de China y los mercados extranjeros ha aparentemente agravado la tendencia, especialmente cuando China remueve tarifas que en el pasado protegían de las importaciones a los campesinos locales. En algunas comarcas de la provincia de Liaoning, donde las importaciones de granos extranjeros están haciendo descender los precios para los granjeros locales, los ingresos han caído en más de un 5 por ciento, de acuerdo al estudio.
De modo crucial, esta aldea de 3.000 habitantes en la provincia de Gansu, una de las más pobres de China, ha visto algún progreso. El comunismo ha hecho camino para reformas de libre mercado, y los campesinos han podido acumular dinero vendiendo sus productos. Cuevas hechas por el hombre en las montañas, ahora abandonadas, recuerdan una época en que la gente no tenía otro refugio. Hoy, la mayoría de la gente vive en casas de adobe y ladrillos del mismo color y textura que la tierra reseca. Muchas casas exhiben parabólicas, trayendo las imágenes de la televisión desde la capital provincial de Lanzhou y las noticias nacionales desde Pekín.
"La vida de la gente ha mejorado un poco", dijo el secretario del Partido Comunista del pueblo, Yan Jiying, mientras sorbía de una botella refrigerada de refresco de naranjas en su casa, debajo de un destellante retrato del Presidente Mao que mira hacia un equipo de karaoke y un reproductor de video. "Antes, no nos podíamos siquiera alimentar a nosotros mismos. Ahora, tenemos comida".
El vínculo de China con la economía mundial ha producido un beneficio directo para esta aldea: Exporta cada vez más semillas de sandías, el principal cultivo de aquí y, secas, un popular tentempié en Asia. La demanda de semillas en Taiwán y Hong Kong ha disparado el precio de las cosechas locales en un 75 por ciento desde 2000. Sin embargo, los campesinos aquí están descontentos, afirmando que son engañados de una parte todavía mayor del precio de mercado por intermediarios que monopolizan el comercio. Los comerciantes tienen camiones para transportar las semillas a plantas procesadoras, de las que carecen los campesinos. Viviendo con lo mínimo, los campesinos no pueden permitirse almacenar el producto y esperar precios más altos.
"No tenemos poder de negociación", dijo Wang. "No es justo".
Los beneficios de los que están disfrutando han sido erosionados por la subida de los precios de prácticamente todo. Los fertilizantes han doblado su precio a medida que campesinos de las zonas costeras amplían sus operaciones para satisfacer la demanda de frutas y verduras en Japón y Corea -una opción prohibida para los campesinos de aquí, separados por más de 1.500 kilómetros del puerto marítimo más cercano.
La familia de Wang no puede comprar carne, y lo hacen solamente para el Año Nuevo chino. El resto del año se alimentan de las verduras que pueden cultivar y de fideos hechos de harina de trigo, un artículo ahora un tercio más caro que hace cinco años. En toda China los precios de los alimentos han aumentado en un 28 por ciento entre 2000 y 2004, de acuerdo a la Oficina Nacional de Estadísticas.
Los zapatos de Wang están llenos de hoyos. Tiene un solo par de pantalones. Los compró hace dos años en la sede cantonal, Jingyuan, por cerca de 3.50 dólares. Eso fue casi dos veces más que los pantalones que estaban remplazando, que había comprado en 2001.
En China más de 200 millones de campesinos han complementado sus ingresos encaminándose hacia las provincias costeras para trabajar en la construcción o en fábricas. Normalmente se marchan una o dos personas y envían dinero a familiares que se quedan en casa para cultivar la tierra.
Casi 360 habitantes de este pueblo trabajan fuera de la aldea, de acuerdo al secretario del partido, pero 80 por ciento de ellos trabajan en la provincia de Gansu, donde los salarios son bajos. El billete en tren o de autobús hacia la provincia de Guangdong cerca de Hong Kong, tradicionalmente la más importante fuente de trabajos bien pagados en la manufactura, cuesta unos 35 dólares, gruesamente un tercio de un ingreso per cápita local.
Los dos hijos mayores de Wang trabajan fuera de la aldea -su hijo de 22 como guardia de seguridad en un pueblo y su hija de 20 en Jingyuan como camarera. Pero ninguno de los dos gana más de 25 dólares al mes, dejándoles con nada para enviar a casa después de mantenerse a sí mismos.
Podrían ganar dos o tres veces más si fueran a la costa. Pero su padre no lo permite. No puede entender los boletines de prensa que ve en la casa del vecino porque no entiende el mandarín, la lengua nacional. No puede leer el diario porque es analfabeto. Pero ha oído historias sobre los explotadores dueños de fábricas en Guangdong.
"Tengo miedo de ponerles en peligro o de que los engañen, porque no han visto nunca el mundo", dijo Wang. "Me preocupa de que no vuelvan nunca más".
Wang ha depositado todas sus esperanzas en su hijo menor, ahora en la secundaria en Jingyuan. Es el primero de la familia en alcanzar ese nivel de educación. Los costes de mantenerlo en la escuela son monumentales: unos 250 dólares al año.
Cada año Wang pide ese dinero prestado a la cooperativa local de crédito, y cada año reúne unos 100 dólares entre sus amigos para pagar los intereses, de modo que puede pedir otro préstamo.
Su deuda total excede los 1.250 dólares -casi lo que una persona normal necesita aquí para vivir diez años. Sin embargo, la suya puede ser una estrategia racional para la época: Espera que su hijo entre a una universidad, consiga un trabajo de cuello blanco en la ciudad, y saque a su familia de la pobreza que todavía determina la realidad de gran parte de la China rural.
Jason Cai contribuyó a este reportaje.
1 de agosto de 2005
21 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh
Sanbaihi, China. La China que Wang Huazhong ve por televisión está en medio de una asombrosa transformación. En ciudades que no ha visitado nunca, los rascacielos se elevan entre autopistas atascadas y la gente se atocha en centros comerciales con paredes de cristal para comprar joyas y maletas simplemente para pasar el tiempo.Aquí en su aldea en el noroeste del país, Wang mira el mismo reseco paisaje que no ha cambiado casi nada en sus 46 años. Un surcado camino de tierra se abre camino a través de montañas desnudas hacia la sede del cantón a 50 kilómetros de distancia, su frontera más lejana. Las plantas de sandía emergen a regañadientes de un suelo calcáreo, esperando lluvias que quizás no lleguen nunca. Una cocina de leña ocupa su suelo de tierra, y ha pintado sus paredes de hollín.
Pero el mundo de Wang está lejos de estar aislado de las grandes fuerzas que están moldeando las fortunas del país. Desde que China ingresara a la Organización Mundial del Comercio hace 3 años y medio, una agresiva industrialización combinada con un torrente de consumo ha subido los precios de todo, desde los fertilizantes hasta el transporte, gruesamente duplicando los costes del nivel de vida aquí.
Los que viven cerca de las prósperas ciudades costeras chinas se han visto compensados con nuevas oportunidades que han sacado a millones de personas de la pobreza -oportunidades como trabajos en fábricas que producen artículos para la exportación y mercados de frutas y verduras. Pero estas cosas buenas siguen estando fuera del alcance de esta comunidad rural y miles de otras como esta en este país todavía predominantemente rural. Los costes de la comida y del cultivo de sandías han aumentado más rápidamente de lo que Wang recibe por su cosecha. El ingreso familiar ha descendido en un 20 por ciento en los últimos cinco años, a cerca de 300 dólares al año.
"La vida es cada vez más difícil", dijo Wang, mientras su asno sondeaba el terreno cerca de la casa familiar a la busca de algún trigo extraviado. "Cada año se hace más difícil".
Un estudio reciente realizado por el Banco Mundial concluyó que el ingreso entre los chinos del campo -casi tres cuartos de la población- ha descendido ligeramente desde que China ingresara a la OMC, mientras los residentes urbanos han disfrutado de modestos aumentos.
Los economistas dicen que esta tendencia subraya el lado negativo de la globalización: Mientras el comercio libre se ha demostrado altamente eficiente en la generación de riqueza, ha fracasado en cuanto a compartir el botín, haciendo más profunda la brecha entre ricos y pobres, gente de la ciudad y del campo. En muchos casos, la nueva riqueza se acumula a expensas directas de los pobres, a medida que los gobiernos locales venden tierras para proyectos urbanísticos.
"Las compañías industriales se quedan con los beneficios, mientras la gente del campo pierde los elementos básicos de su subsistencia", dijo Wen Tiejun, decano de la Facultad de Economía Agrícola y Desarrollo Rural en la Universidad Popular de Pekín.
En China, la división entre ricos y pobres es más grande que antes de la revolución campesina que llevó al Partido Comunista al poder en 1949. El mes pasado, el gobierno chino anunció que la brecha en los ingresos había aumentado en los primeros tres meses del año, con el 10 por ciento más rico controlando el 45 por ciento de la riqueza del país y el 10 por ciento más pobre, menos del 1 por ciento, de acuerdo a la oficial Agencia de Noticias Nueva China.
En Pekín crece la preocupación de que los pobres del campo se quedan tan atrás que puedan retar la legitimidad del partido. Las manifestaciones se han transformado en ocurrencias casi diarias a medida que los campesinos protestan por la pérdida de sus tierras en beneficio de la urbanización y de impuestos excesivos. En respuesta, el gobierno central ha reducido los impuestos sobre los campesinos.
El año pasado, el Consejo de Estado de China, el equivalente de un gabinete ministerial, dio a conocer un documento público que describe una estrategia destinada a abreviar la brecha de ingresos entre el campo y la ciudad, incluyendo impuestos reducidos para los campesinos y fondos de desarrollo destinados a estimular el comercio en las áreas pobres. El presidente Hu Jintao y el premier Wen Jiabao son mencionados frecuentemente en la prensa oficial jurando aliviar la pobreza rural.
Algunos se preocupan de que la pobreza del agro sea una amenaza potencial para la economía china. China está agobiada por una producción excedente, a medida que inversiones extra-exuberantes crean demasiadas fábricas para producir más bienes de los que necesita el país. Los economistas cuentan con el consumo doméstico para absorber el excedente.
"Las áreas rurales no tienen poder de compra", dijo Yu Nanping, sociólogo en la Universidad Normal de Shanghai, al este de China. "Si los campesinos no tienen dinero, ¿quién va a comprar todos esos coches y aparatos?"
El reciente estudio del Banco Mundial observa que los campesinos chinos ya estaban sufriendo ingresos decrecientes antes del ingreso de China en la OMC. Pero el vínculo entre las fortunas de China y los mercados extranjeros ha aparentemente agravado la tendencia, especialmente cuando China remueve tarifas que en el pasado protegían de las importaciones a los campesinos locales. En algunas comarcas de la provincia de Liaoning, donde las importaciones de granos extranjeros están haciendo descender los precios para los granjeros locales, los ingresos han caído en más de un 5 por ciento, de acuerdo al estudio.
De modo crucial, esta aldea de 3.000 habitantes en la provincia de Gansu, una de las más pobres de China, ha visto algún progreso. El comunismo ha hecho camino para reformas de libre mercado, y los campesinos han podido acumular dinero vendiendo sus productos. Cuevas hechas por el hombre en las montañas, ahora abandonadas, recuerdan una época en que la gente no tenía otro refugio. Hoy, la mayoría de la gente vive en casas de adobe y ladrillos del mismo color y textura que la tierra reseca. Muchas casas exhiben parabólicas, trayendo las imágenes de la televisión desde la capital provincial de Lanzhou y las noticias nacionales desde Pekín.
"La vida de la gente ha mejorado un poco", dijo el secretario del Partido Comunista del pueblo, Yan Jiying, mientras sorbía de una botella refrigerada de refresco de naranjas en su casa, debajo de un destellante retrato del Presidente Mao que mira hacia un equipo de karaoke y un reproductor de video. "Antes, no nos podíamos siquiera alimentar a nosotros mismos. Ahora, tenemos comida".
El vínculo de China con la economía mundial ha producido un beneficio directo para esta aldea: Exporta cada vez más semillas de sandías, el principal cultivo de aquí y, secas, un popular tentempié en Asia. La demanda de semillas en Taiwán y Hong Kong ha disparado el precio de las cosechas locales en un 75 por ciento desde 2000. Sin embargo, los campesinos aquí están descontentos, afirmando que son engañados de una parte todavía mayor del precio de mercado por intermediarios que monopolizan el comercio. Los comerciantes tienen camiones para transportar las semillas a plantas procesadoras, de las que carecen los campesinos. Viviendo con lo mínimo, los campesinos no pueden permitirse almacenar el producto y esperar precios más altos.
"No tenemos poder de negociación", dijo Wang. "No es justo".
Los beneficios de los que están disfrutando han sido erosionados por la subida de los precios de prácticamente todo. Los fertilizantes han doblado su precio a medida que campesinos de las zonas costeras amplían sus operaciones para satisfacer la demanda de frutas y verduras en Japón y Corea -una opción prohibida para los campesinos de aquí, separados por más de 1.500 kilómetros del puerto marítimo más cercano.
La familia de Wang no puede comprar carne, y lo hacen solamente para el Año Nuevo chino. El resto del año se alimentan de las verduras que pueden cultivar y de fideos hechos de harina de trigo, un artículo ahora un tercio más caro que hace cinco años. En toda China los precios de los alimentos han aumentado en un 28 por ciento entre 2000 y 2004, de acuerdo a la Oficina Nacional de Estadísticas.
Los zapatos de Wang están llenos de hoyos. Tiene un solo par de pantalones. Los compró hace dos años en la sede cantonal, Jingyuan, por cerca de 3.50 dólares. Eso fue casi dos veces más que los pantalones que estaban remplazando, que había comprado en 2001.
En China más de 200 millones de campesinos han complementado sus ingresos encaminándose hacia las provincias costeras para trabajar en la construcción o en fábricas. Normalmente se marchan una o dos personas y envían dinero a familiares que se quedan en casa para cultivar la tierra.
Casi 360 habitantes de este pueblo trabajan fuera de la aldea, de acuerdo al secretario del partido, pero 80 por ciento de ellos trabajan en la provincia de Gansu, donde los salarios son bajos. El billete en tren o de autobús hacia la provincia de Guangdong cerca de Hong Kong, tradicionalmente la más importante fuente de trabajos bien pagados en la manufactura, cuesta unos 35 dólares, gruesamente un tercio de un ingreso per cápita local.
Los dos hijos mayores de Wang trabajan fuera de la aldea -su hijo de 22 como guardia de seguridad en un pueblo y su hija de 20 en Jingyuan como camarera. Pero ninguno de los dos gana más de 25 dólares al mes, dejándoles con nada para enviar a casa después de mantenerse a sí mismos.
Podrían ganar dos o tres veces más si fueran a la costa. Pero su padre no lo permite. No puede entender los boletines de prensa que ve en la casa del vecino porque no entiende el mandarín, la lengua nacional. No puede leer el diario porque es analfabeto. Pero ha oído historias sobre los explotadores dueños de fábricas en Guangdong.
"Tengo miedo de ponerles en peligro o de que los engañen, porque no han visto nunca el mundo", dijo Wang. "Me preocupa de que no vuelvan nunca más".
Wang ha depositado todas sus esperanzas en su hijo menor, ahora en la secundaria en Jingyuan. Es el primero de la familia en alcanzar ese nivel de educación. Los costes de mantenerlo en la escuela son monumentales: unos 250 dólares al año.
Cada año Wang pide ese dinero prestado a la cooperativa local de crédito, y cada año reúne unos 100 dólares entre sus amigos para pagar los intereses, de modo que puede pedir otro préstamo.
Su deuda total excede los 1.250 dólares -casi lo que una persona normal necesita aquí para vivir diez años. Sin embargo, la suya puede ser una estrategia racional para la época: Espera que su hijo entre a una universidad, consiga un trabajo de cuello blanco en la ciudad, y saque a su familia de la pobreza que todavía determina la realidad de gran parte de la China rural.
Jason Cai contribuyó a este reportaje.
1 de agosto de 2005
21 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh
revuelta obrera en china
[Edward Cody] Sin un canal normal para quejarse, los trabajadores textiles optan por la huelga.
Xizhou, China. Un flaco trabajador con una camiseta roja se agachó junto a una aporreada motocicleta de la policía y, estirando la mano con un mechero, puso fuego a la gasolina que goteaba. Las llamas inmediatamente envolvieron al vehículo, recordaron unos testigos, y un negro humo se elevó como una aceitosa nube, señalando que la huelga salvaje de la Fábrica de Textiles Futai se había convertido en una revuelta.
Antes de que terminara el día, cientos de policías anti-disturbios habían lanzado bombas lacrimógenas y golpeado con porras a una muchedumbre de 3.000 encolerizados obreros, los que, dijeron testigos, habían atacado coches y buses con piedras, ladrillos y cáscaras de sandía. Gritando demandas de salarios más altos, los trabajadores pelearon como pudieron, pero finalmente la mayoría de ellos huyó. Unos pocos heridos terminaron en el hospital, dijeron amigos y familiares, y unos 20 fueron detenidos.
Los disturbios, en la mañana del 3 de junio, tuvieron sus orígenes en la posición del gobierno chino que no permite la formación de organizaciones independientes, incluyendo los sindicatos no-gubernamentales, como canales independientes y fiables de las quejas de los trabajadores. Fueron los primeros para la consternada Xizhou, una zona industrial en el borde nordeste de la ciudad de Guangzhou, en el bochornoso Delta del Río Perla. Pero en China hay miles de estallidos semejantes cada año -por campesinos que han perdido sus tierras, obreros despedidos y aldeanos que se sienten engañados por funcionarios corruptos.
Las protestas se han convertido en una importante preocupación para el gobierno del Partido Comunista en Pekín en una época de meteórico crecimiento económico y masiva emigración de las aldeas a las fábricas, aumentando las perspectivas de una amplia inestabilidad que podría potencialmente minar el control del estado por el partido. En aparente reconocimiento del peligro, el presidente Hu Jintao y sus lugartenientes han hecho llamados a "una sociedad armónica" y "estabilidad social", un refrán de sus apariciones en público.
Trabajadores y campesinos chinos corren un alto riesgo de ser encarcelados cuando recurren a las protestas. Sin embargo, un análisis de los disturbios muestra por qué, con creciente frecuencia, siguen protestando. Como en otros incidentes, la violencia de Futai implicó a gente pobre y de pocos estudios que sentían que se les había hecho una injusticia y no tenían representantes para hacer algo sobre el asunto. En algún momento, su desazón se convirtió en enfado, y el enfado en ira.
Reducción de la Paga
Los problemas en Futai empezaron el último día de mayo, cuando los trabajadores recibieron sus salarios mensuales a eso de las 4 de la tarde. Para muchos, los recibos de pago generados por ordenador contenían intolerables noticias. Antes recibían al mes entre 60 y 100 dólares por tejer suéteres; ahora les estaban pagando entre 40 y 50 dólares, e incluso menos, dijeron.
Eso, se quejaron los trabajadores, no era suficiente compensación para turnos de trabajo de 11 horas y un solo día de descanso al mes -el día después de la paga. Así que esta vez, en lugar de marcharse a la lavandería o entrar a un café cibernético, muchos de los jóvenes trabajadores inmigrantes pasaron su 1 de junio libre en largas y enfadadas conversaciones.
A pesar de los sentimientos agrios, el 2 de junio los trabajadores volvieron como de costumbre a las máquinas tejedoras. Desde entonces se les paga por cada docena de suéteres que tejen; pero si producen menos, no se les paga.
Pero había refunfuños entre las hileras de máquinas. Al poco tiempo, de acuerdo a los que estuvieron presentes, los trabajadores cuyos salarios habían sido reducidos se alejaron de las máquinas y se quedaron parados, sin hacer nada. A medida que pasaba el tiempo, se unieron un creciente número de obreros. Los testigos dijeron que obreros que habían participado en la interrupción del trabajo, acosaron a los que habían tratado de seguir trabajando. Hacia el mediodía, dijeron, casi la mitad de los trabajadores de la fábrica se negaban a seguir tejiendo suéteres.
"¡La paga no es razonable!", gritaron los activistas, de acuerdo a varios trabajadores que estaban en el taller de la fábrica. "¡Paremos el trabajo!"
Ese día, los obreros en huelga, dirigidos por los que más vieron reducidos sus salarios, entregaron una lista escrita de reivindicaciones a sus capataces de unidad y les pidieron que las entregaran a la gerencia de la fábrica. Pidieron más dinero y garantías de que no habría fluctuaciones abruptas de sus salarios.
Sus demandas fueron respondidas por la policía.
La dirección de Futai reaccionó a las reivindicaciones fijando una reunión de ejecutivos para el día siguiente, y discutir la posibilidad de subir los salarios. Pero nadie se lo dijo a los trabajadores.
Wu Huihai, jefe de operaciones de la compañía que es propietaria de la fábrica, fue informado del problema en curso en la tarde del 2 de junio, recordó, y rápidamente llamó a los directores a una reunión para el 3 de junio. Expresó asombro de que los trabajadores pensaran que sus exigencias estaban siendo ignoradas.
"Si yo simplemente me tapara los oídos, podría ser", dijo. "Pero no. Yo fijé una reunión para el día siguiente".
Wu Huiquan, cuyo Grupo Fu Xun, con sede en Hong Kong, posee la Fábrica de Textiles Futai, dijo que las relaciones de su compañía con los trabajadores eran tan buenas que, en contraste con otras fábricas de la región, no tenía problemas en mantener a suficientes trabajadores para que la compañía funcionara a toda capacidad.
"Si las condiciones no fueran buenas, los trabajadores no vendrían", dijo Wu Huihai, que fue entrevistado en la sede de la compañía en Hong Kong.
Los trabajadores de la fábrica Futai, una de las 10 gestionadas por Fu Xin en un negocio de 100 millones de dólares al año, ganan un promedio de 85 a 105 dólares al mes, y los que son más ágiles y con más experiencia ganan considerablemente más, dijo Wu Huihai.
Kenneth Wan, director de ventas de subproductos de Fu Xin, dijo que la reducción salarial de mayo para algunos trabajadores, especialmente los con menos experiencia, se debió a fluctuaciones estacionales. Wan dijo que sus pagas fueron afectadas por la anual escasez de pedidos a principios de la primavera. Los cheques del 31, dijo, reflejaban la cantidad de suéteres hechos en abril, normalmente un mes flojo.
"Todos los años es lo mismo", dijo. "Febrero, marzo, abril, siempre ocurre eso. El problema siempre empieza en abril o en marzo".
Reivindicaciones Ignoradas
Cuando el 3 de junio a las 7 de la mañana los trabajadores empezaron a llenar de nuevo el inmenso taller de Futai, el resentimiento se respiraba. Un obrero llamado Liu, que accedió a contar lo que había pasado a condición de que se usara solamente su nombre de pila, dijo que esa húmeda mañana la acción laboral estaba en la cabeza de todo el mundo.
Hace mucho tiempo que las huelgas son prohibidas en China. Liu y los otros sabían que cualquiera que fuera identificado como dirigente podía terminar en la cárcel. Además, todos necesitaban trabajar; trabajar en la fábrica fue la razón por la que dejaron sus pueblos natales, en primer lugar.
Pero se había alcanzado el punto de ebullición. Liu, 28, un gordo con una imagen de su ex novia tatuada en su brazo, dijo que la petición del día anterior de salarios más altos todavía no había sido respondida, por lo menos que se supiera en la fábrica.
"Si hubiese habido una respuesta, no habría habido huelga", dijo uno de los activistas.
A pesar de las palabras de estímulo de los capataces, casi nadie empezó a tejer esa mañana. Los obreros del Grupo 3, una de las cinco unidades de la fábrica, empezaron a gritar: "¡No aumento, no trabajo!" Los obreros del Grupo 4 se unieron rápidamente, de acuerdo a los presentes, y los gritos se extendieron a los otros grupos.
Entonces los trabajadores del Grupo 5 cortaron la electricidad del Grupo 3, dijeron los obreros, por lo que la gente del Grupo 3 se apresuró a cortar al Grupo 1. En ese punto, por razones todavía desconocidas, se cortó todo el suministro de electricidad del barrio, de acuerdo a trabajadores y directores de la fábrica, y todas las máquinas dejaron de funcionar.
"¡Se acabó el trabajo!", gritó uno de los capataces, dijo un obrero, y todos cruzaron las puertas de la fábrica hacia las polvorientas calles.
Rabia en las Calles
Fuera de la puerta de rejas de hierro, la mayoría de los trabajadores se habían reunido en un cruce donde los vendedores callejeros rebosan las aceras. Gritaron sus demandas de salarios más altos. El tráfico empezó a atascarse en tres direcciones; las bocinas chillaban, los conductores despotricaban. Algunos obreros respondieron arrojando cáscaras de sandías que encontraron debajo de los mostradores de los vendedores. Al poco rato, de acuerdo a trabajadores en el lugar de los incidentes, la ruidosa turba empezó a arrojar piedras.
Al ver eso, dijeron los trabajadores, una media docena de miembros desarmados del Personal de Seguridad y Protección de Xizhou, llegaron con sus motocicletas rojas y empezaron a empujar a los arremolinados trabajadores con sus bastones rojo-blanco-azul de 1 metro y medio de largo. Los obreros en huelga se enteraron luego de que un automovilista molesto había llamado a la policía para quejarse de que el cruce estaba bloqueado y de que les estaban lanzando piedras.
Los guardias de seguridad, en sus uniformes verde claro, son ampliamente despreciados por el cuerpo de trabajadores inmigrantes de Futai. Pagados por la comunidad para mantener el orden y proteger los edificios, chocaban frecuentemente con los jóvenes trabajadores de fuera de la ciudad. Además, recibían de cada trabajador 2 dólares al mes por concepto de "sanitación" -a cambio de nada, se quejaron los trabajadores- y a menudo visitaban los dormitorios a las 2 o 3 de la mañana para controlar si los que estaban dentro habían pagado sus cuotas.
Lo que había sido una situación volátil, se transformó en confrontación. Muchos obreros empezaron a pelear de vuelta, lanzando piedras a los guardias de seguridad. En respuesta, los guardias empezaron a golpear con sus bastones a la gente.
"La rabia de la gente estaba explotando como un incendio", dijo un trabajador que estaba en la multitud. "Un montón de gente odia a los tipos de seguridad, porque están siempre intimidando a los trabajadores. Nos quitan el dinero sin darnos una buena razón".
Superados en números, los guardias tenían pocas posibilidades. Huyeron, abandonando sus motocicletas. Los trabajadores las cogieron de inmediato, dijeron Liu y los otros, dándoles de patadas y aporreándolas con piedras.
Cuando los guardias huían, llegó una furgoneta con policías regulares, y fueron recibidos con una lluvia de piedras. A la misma hora, cerca de las 9 de la mañana, los trabajadores dijeron que habían oído a un director gritar por la ventana del segundo piso: "Si no volvéis ahora, no llegaremos a nada".
Liu dijo que un agente de policía le pidió ayuda para persuadir a los trabajadores a que volviesen al terreno de la fábrica antes de que la violencia empeorara. "Yo dije: ¿Cómo? Son miles'", dijo. La respuesta a las dos preguntas fueron más piedras, de acuerdo a obreros en el lugar. Los agentes trataron de dispersar a la muchedumbre con porras y persiguieron a los trabajadores dentro del terreno de la fábrica.
Fue entonces que el humo negro empezó a elevarse de la motocicleta quemada, señalando un serio rompimiento de la ley y el cruce de una línea. Muchos trabajadores retrocedieron, temerosos de que el vehículo en llamas explotara. Pero pronto volvieron a avanzar, arrojando piedras contra los choques bloqueados, la furgoneta y los policías con bastones.
El enfrentamiento de cuatro horas terminó sólo cuando aparecieron varios cientos de policías anti-disturbios con uniformes de camuflaje. Vadearon entre la muchedumbre, dijeron los trabajadores, y lanzaron gases lacrimógenos a cualquier grupo de gente, deteniendo a cualquiera que se opusiera. Muchos trabajadores fueron golpeados con bastones negros, dijeron testigos, y al menos dos jóvenes con camisetas rojas fueron detenidos.
"Si te negabas a salir, te arrestaban, incluso si no habías hecho otra cosa que estar parado ahí", dijo Liu. Para escapar de la redada, se escondió en una librería.
Hacia las 11 de la mañana, la multitud había desaparecido. La policía anti-disturbios se quedó haciendo guardia para asegurarse de que los obreros no volvieran. La mayoría de los trabajadores se marchó a almorzar, y luego se arrastraron hacia sus máquinas de coser, en pequeños grupos, en la tarde.
La mayoría de los arrestados fueron dejados en libertad a las 9 de la noche, dijeron los trabajadores, después de largos interrogatorios por la policía para identificar a los que habían dirigido la huelga, y a los que habían prendido fuego a la motocicleta. Pero unos 20 siguieron detenidos durante semanas, dijeron colegas y familiares, sin que se permitiera visitarlos o llevarles dinero o ropa.
Tres de los prisioneros -sus cabezas rapadas, con manos y pies esposados, con uniformes grises parecidos a pijamas- fueron llevados, siete días después, a las puertas de la fábrica y fueron obligados a posar para que la policía sacara fotos, dijeron unos vendedores de frutas.
Pero los obreros no vieron ese episodio. Para entonces, estaban todos dentro cosiendo suéteres y esperando ver cuánto les pagarían a fines de junio.
La reunión de los directivos para el 3 de junio nunca se realizó. Pero esa tarde, mientras la policía se arremolinaba en la calle llena de basura, un aviso de la compañía fue colgado en una pared de la fábrica. Los directores revisarían la situación, prometía la nota, y tratarían de mejorar los niveles salariales de la temporada floja.
19 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh
Xizhou, China. Un flaco trabajador con una camiseta roja se agachó junto a una aporreada motocicleta de la policía y, estirando la mano con un mechero, puso fuego a la gasolina que goteaba. Las llamas inmediatamente envolvieron al vehículo, recordaron unos testigos, y un negro humo se elevó como una aceitosa nube, señalando que la huelga salvaje de la Fábrica de Textiles Futai se había convertido en una revuelta.Antes de que terminara el día, cientos de policías anti-disturbios habían lanzado bombas lacrimógenas y golpeado con porras a una muchedumbre de 3.000 encolerizados obreros, los que, dijeron testigos, habían atacado coches y buses con piedras, ladrillos y cáscaras de sandía. Gritando demandas de salarios más altos, los trabajadores pelearon como pudieron, pero finalmente la mayoría de ellos huyó. Unos pocos heridos terminaron en el hospital, dijeron amigos y familiares, y unos 20 fueron detenidos.
Los disturbios, en la mañana del 3 de junio, tuvieron sus orígenes en la posición del gobierno chino que no permite la formación de organizaciones independientes, incluyendo los sindicatos no-gubernamentales, como canales independientes y fiables de las quejas de los trabajadores. Fueron los primeros para la consternada Xizhou, una zona industrial en el borde nordeste de la ciudad de Guangzhou, en el bochornoso Delta del Río Perla. Pero en China hay miles de estallidos semejantes cada año -por campesinos que han perdido sus tierras, obreros despedidos y aldeanos que se sienten engañados por funcionarios corruptos.
Las protestas se han convertido en una importante preocupación para el gobierno del Partido Comunista en Pekín en una época de meteórico crecimiento económico y masiva emigración de las aldeas a las fábricas, aumentando las perspectivas de una amplia inestabilidad que podría potencialmente minar el control del estado por el partido. En aparente reconocimiento del peligro, el presidente Hu Jintao y sus lugartenientes han hecho llamados a "una sociedad armónica" y "estabilidad social", un refrán de sus apariciones en público.
Trabajadores y campesinos chinos corren un alto riesgo de ser encarcelados cuando recurren a las protestas. Sin embargo, un análisis de los disturbios muestra por qué, con creciente frecuencia, siguen protestando. Como en otros incidentes, la violencia de Futai implicó a gente pobre y de pocos estudios que sentían que se les había hecho una injusticia y no tenían representantes para hacer algo sobre el asunto. En algún momento, su desazón se convirtió en enfado, y el enfado en ira.
Reducción de la Paga
Los problemas en Futai empezaron el último día de mayo, cuando los trabajadores recibieron sus salarios mensuales a eso de las 4 de la tarde. Para muchos, los recibos de pago generados por ordenador contenían intolerables noticias. Antes recibían al mes entre 60 y 100 dólares por tejer suéteres; ahora les estaban pagando entre 40 y 50 dólares, e incluso menos, dijeron.
Eso, se quejaron los trabajadores, no era suficiente compensación para turnos de trabajo de 11 horas y un solo día de descanso al mes -el día después de la paga. Así que esta vez, en lugar de marcharse a la lavandería o entrar a un café cibernético, muchos de los jóvenes trabajadores inmigrantes pasaron su 1 de junio libre en largas y enfadadas conversaciones.
A pesar de los sentimientos agrios, el 2 de junio los trabajadores volvieron como de costumbre a las máquinas tejedoras. Desde entonces se les paga por cada docena de suéteres que tejen; pero si producen menos, no se les paga.
Pero había refunfuños entre las hileras de máquinas. Al poco tiempo, de acuerdo a los que estuvieron presentes, los trabajadores cuyos salarios habían sido reducidos se alejaron de las máquinas y se quedaron parados, sin hacer nada. A medida que pasaba el tiempo, se unieron un creciente número de obreros. Los testigos dijeron que obreros que habían participado en la interrupción del trabajo, acosaron a los que habían tratado de seguir trabajando. Hacia el mediodía, dijeron, casi la mitad de los trabajadores de la fábrica se negaban a seguir tejiendo suéteres.
"¡La paga no es razonable!", gritaron los activistas, de acuerdo a varios trabajadores que estaban en el taller de la fábrica. "¡Paremos el trabajo!"
Ese día, los obreros en huelga, dirigidos por los que más vieron reducidos sus salarios, entregaron una lista escrita de reivindicaciones a sus capataces de unidad y les pidieron que las entregaran a la gerencia de la fábrica. Pidieron más dinero y garantías de que no habría fluctuaciones abruptas de sus salarios.
Sus demandas fueron respondidas por la policía.
La dirección de Futai reaccionó a las reivindicaciones fijando una reunión de ejecutivos para el día siguiente, y discutir la posibilidad de subir los salarios. Pero nadie se lo dijo a los trabajadores.
Wu Huihai, jefe de operaciones de la compañía que es propietaria de la fábrica, fue informado del problema en curso en la tarde del 2 de junio, recordó, y rápidamente llamó a los directores a una reunión para el 3 de junio. Expresó asombro de que los trabajadores pensaran que sus exigencias estaban siendo ignoradas.
"Si yo simplemente me tapara los oídos, podría ser", dijo. "Pero no. Yo fijé una reunión para el día siguiente".
Wu Huiquan, cuyo Grupo Fu Xun, con sede en Hong Kong, posee la Fábrica de Textiles Futai, dijo que las relaciones de su compañía con los trabajadores eran tan buenas que, en contraste con otras fábricas de la región, no tenía problemas en mantener a suficientes trabajadores para que la compañía funcionara a toda capacidad.
"Si las condiciones no fueran buenas, los trabajadores no vendrían", dijo Wu Huihai, que fue entrevistado en la sede de la compañía en Hong Kong.
Los trabajadores de la fábrica Futai, una de las 10 gestionadas por Fu Xin en un negocio de 100 millones de dólares al año, ganan un promedio de 85 a 105 dólares al mes, y los que son más ágiles y con más experiencia ganan considerablemente más, dijo Wu Huihai.
Kenneth Wan, director de ventas de subproductos de Fu Xin, dijo que la reducción salarial de mayo para algunos trabajadores, especialmente los con menos experiencia, se debió a fluctuaciones estacionales. Wan dijo que sus pagas fueron afectadas por la anual escasez de pedidos a principios de la primavera. Los cheques del 31, dijo, reflejaban la cantidad de suéteres hechos en abril, normalmente un mes flojo.
"Todos los años es lo mismo", dijo. "Febrero, marzo, abril, siempre ocurre eso. El problema siempre empieza en abril o en marzo".
Reivindicaciones Ignoradas
Cuando el 3 de junio a las 7 de la mañana los trabajadores empezaron a llenar de nuevo el inmenso taller de Futai, el resentimiento se respiraba. Un obrero llamado Liu, que accedió a contar lo que había pasado a condición de que se usara solamente su nombre de pila, dijo que esa húmeda mañana la acción laboral estaba en la cabeza de todo el mundo.
Hace mucho tiempo que las huelgas son prohibidas en China. Liu y los otros sabían que cualquiera que fuera identificado como dirigente podía terminar en la cárcel. Además, todos necesitaban trabajar; trabajar en la fábrica fue la razón por la que dejaron sus pueblos natales, en primer lugar.
Pero se había alcanzado el punto de ebullición. Liu, 28, un gordo con una imagen de su ex novia tatuada en su brazo, dijo que la petición del día anterior de salarios más altos todavía no había sido respondida, por lo menos que se supiera en la fábrica.
"Si hubiese habido una respuesta, no habría habido huelga", dijo uno de los activistas.
A pesar de las palabras de estímulo de los capataces, casi nadie empezó a tejer esa mañana. Los obreros del Grupo 3, una de las cinco unidades de la fábrica, empezaron a gritar: "¡No aumento, no trabajo!" Los obreros del Grupo 4 se unieron rápidamente, de acuerdo a los presentes, y los gritos se extendieron a los otros grupos.
Entonces los trabajadores del Grupo 5 cortaron la electricidad del Grupo 3, dijeron los obreros, por lo que la gente del Grupo 3 se apresuró a cortar al Grupo 1. En ese punto, por razones todavía desconocidas, se cortó todo el suministro de electricidad del barrio, de acuerdo a trabajadores y directores de la fábrica, y todas las máquinas dejaron de funcionar.
"¡Se acabó el trabajo!", gritó uno de los capataces, dijo un obrero, y todos cruzaron las puertas de la fábrica hacia las polvorientas calles.
Rabia en las Calles
Fuera de la puerta de rejas de hierro, la mayoría de los trabajadores se habían reunido en un cruce donde los vendedores callejeros rebosan las aceras. Gritaron sus demandas de salarios más altos. El tráfico empezó a atascarse en tres direcciones; las bocinas chillaban, los conductores despotricaban. Algunos obreros respondieron arrojando cáscaras de sandías que encontraron debajo de los mostradores de los vendedores. Al poco rato, de acuerdo a trabajadores en el lugar de los incidentes, la ruidosa turba empezó a arrojar piedras.
Al ver eso, dijeron los trabajadores, una media docena de miembros desarmados del Personal de Seguridad y Protección de Xizhou, llegaron con sus motocicletas rojas y empezaron a empujar a los arremolinados trabajadores con sus bastones rojo-blanco-azul de 1 metro y medio de largo. Los obreros en huelga se enteraron luego de que un automovilista molesto había llamado a la policía para quejarse de que el cruce estaba bloqueado y de que les estaban lanzando piedras.
Los guardias de seguridad, en sus uniformes verde claro, son ampliamente despreciados por el cuerpo de trabajadores inmigrantes de Futai. Pagados por la comunidad para mantener el orden y proteger los edificios, chocaban frecuentemente con los jóvenes trabajadores de fuera de la ciudad. Además, recibían de cada trabajador 2 dólares al mes por concepto de "sanitación" -a cambio de nada, se quejaron los trabajadores- y a menudo visitaban los dormitorios a las 2 o 3 de la mañana para controlar si los que estaban dentro habían pagado sus cuotas.
Lo que había sido una situación volátil, se transformó en confrontación. Muchos obreros empezaron a pelear de vuelta, lanzando piedras a los guardias de seguridad. En respuesta, los guardias empezaron a golpear con sus bastones a la gente.
"La rabia de la gente estaba explotando como un incendio", dijo un trabajador que estaba en la multitud. "Un montón de gente odia a los tipos de seguridad, porque están siempre intimidando a los trabajadores. Nos quitan el dinero sin darnos una buena razón".
Superados en números, los guardias tenían pocas posibilidades. Huyeron, abandonando sus motocicletas. Los trabajadores las cogieron de inmediato, dijeron Liu y los otros, dándoles de patadas y aporreándolas con piedras.
Cuando los guardias huían, llegó una furgoneta con policías regulares, y fueron recibidos con una lluvia de piedras. A la misma hora, cerca de las 9 de la mañana, los trabajadores dijeron que habían oído a un director gritar por la ventana del segundo piso: "Si no volvéis ahora, no llegaremos a nada".
Liu dijo que un agente de policía le pidió ayuda para persuadir a los trabajadores a que volviesen al terreno de la fábrica antes de que la violencia empeorara. "Yo dije: ¿Cómo? Son miles'", dijo. La respuesta a las dos preguntas fueron más piedras, de acuerdo a obreros en el lugar. Los agentes trataron de dispersar a la muchedumbre con porras y persiguieron a los trabajadores dentro del terreno de la fábrica.
Fue entonces que el humo negro empezó a elevarse de la motocicleta quemada, señalando un serio rompimiento de la ley y el cruce de una línea. Muchos trabajadores retrocedieron, temerosos de que el vehículo en llamas explotara. Pero pronto volvieron a avanzar, arrojando piedras contra los choques bloqueados, la furgoneta y los policías con bastones.
El enfrentamiento de cuatro horas terminó sólo cuando aparecieron varios cientos de policías anti-disturbios con uniformes de camuflaje. Vadearon entre la muchedumbre, dijeron los trabajadores, y lanzaron gases lacrimógenos a cualquier grupo de gente, deteniendo a cualquiera que se opusiera. Muchos trabajadores fueron golpeados con bastones negros, dijeron testigos, y al menos dos jóvenes con camisetas rojas fueron detenidos.
"Si te negabas a salir, te arrestaban, incluso si no habías hecho otra cosa que estar parado ahí", dijo Liu. Para escapar de la redada, se escondió en una librería.
Hacia las 11 de la mañana, la multitud había desaparecido. La policía anti-disturbios se quedó haciendo guardia para asegurarse de que los obreros no volvieran. La mayoría de los trabajadores se marchó a almorzar, y luego se arrastraron hacia sus máquinas de coser, en pequeños grupos, en la tarde.
La mayoría de los arrestados fueron dejados en libertad a las 9 de la noche, dijeron los trabajadores, después de largos interrogatorios por la policía para identificar a los que habían dirigido la huelga, y a los que habían prendido fuego a la motocicleta. Pero unos 20 siguieron detenidos durante semanas, dijeron colegas y familiares, sin que se permitiera visitarlos o llevarles dinero o ropa.
Tres de los prisioneros -sus cabezas rapadas, con manos y pies esposados, con uniformes grises parecidos a pijamas- fueron llevados, siete días después, a las puertas de la fábrica y fueron obligados a posar para que la policía sacara fotos, dijeron unos vendedores de frutas.
Pero los obreros no vieron ese episodio. Para entonces, estaban todos dentro cosiendo suéteres y esperando ver cuánto les pagarían a fines de junio.
La reunión de los directivos para el 3 de junio nunca se realizó. Pero esa tarde, mientras la policía se arremolinaba en la calle llena de basura, un aviso de la compañía fue colgado en una pared de la fábrica. Los directores revisarían la situación, prometía la nota, y tratarían de mejorar los niveles salariales de la temporada floja.
19 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh
violador de niñas
[Jim Yardley] Violación en China: La pesadilla de 26 colegialas que duró tres meses.
Xinji, China. El maestro siempre enviaba a una niña a comprar sus cigarrillos. Dejaba la clase sin supervisión y esperaba en su oficina. Cuando la niña volvía con las mejillas enrojecidas y el pelo desordenado, los otros alumnos no decían nada.
Durante casi tres meses, el maestro, Li Guang, violó a 26 niñas de cuarto y quinto básico en esta aldea rural, dijeron familiares y funcionarios del tribunal. Algunas niñas fueron violadas más de una vez, ya que Li las atacaba según un sistema de rotación. Fue descubierto cuando una niña de 14 años se negó a ir a la escuela por miedo a que en la mañana le tocara su "turno". No quería ser violada una tercera vez.
"La escuela es donde nuestros hijas aprenden", dijo Cheng Junyin, la madre de la niña de 14. "Pensábamos que era el lugar más seguro para ellas".
Es el tipo de terrible caso que en muchos países sería un escándalo nacional pero en China ha desaparecido en el amortiguado silencio de la censura estatal. Ese silencio corresponde al silencio en el corazón del asunto: el hecho de que los estudiantes tenían al maestro por tan poderoso que no se atrevían a hablar.
En realidad, incluso si las convenciones de la sociedad china se sacuden con el tumulto de la modernización, el respeto confuciano hacia los maestros sigue siendo fuerte, especialmente en áreas aisladas, como este pueblo rural en la provincia de Gansu al occidente de China. Los padres dan a los maestros carta blanca, algunos incluso aprueban las golpizas, y los estudiantes son adiestrados para honrar y obedecer a los maestros, y no oponerse nunca a ellos.
"La autoridad absoluta de los maestros en las escuelas es una de las razones culturales por la que los maestros hacen lo que quieren", dijo Yang Dongping, un importante experto sobre el sistema educacional chino.
Sin embargo, la modernización ha alejado a muchos maestros de las áreas más pobres, como Gansu. Los bajos salarios en las áreas rurales y las mejores oportunidades en las ciudades, han producido escasez de maestros en muchas áreas pobres. Un estudio concluyó que 35 por ciento de los maestros de la aldea la abandonan dentro de tres años.
Las escuelas más pobres deben contratar a maestros más baratos, muchos de ellos sólo marginalmente calificados, una tendencia que coincide con una serie de casos de abusos sexuales. Yang cree que las violaciones son raras, mucho menos comunes que las palizas, pero observó que en 2003 el ministerio de Educación publicó una lista de 10 casos en los que los maestros violaron a las estudiantes.
En diciembre de 2003 un maestro en la rural provincia de Shaanxi fue ejecutado por violar a 58 niñas en 15 años. En octubre pasado una adolescente en el campo de China central trató de suicidarse después de que una maestro la obligara a presenciar la violación de su prima.
Li, 28, puede ser llevado a juicio a fines de junio, de acuerdo a un funcionario del tribunal en Dingxi, la ciudad donde se oirá el caso. Si es condenado, lo puede ser al menos a 10 años, o incluso a la pena de muerte.
Los funcionarios locales de educación, así los fiscales, se negaron a ser entrevistados sobre el caso, excepto para confirmar que el juicio se realizaría pronto. La prensa china -que es dominada por el estado- ha guardado silencio, excepto un breve artículo inicial que informó de la detención de Li.
Pero una visita a este pueblo encontró a familias que ventearon su indignación ante semejanza abuso de confianza. La aldea está a casi seis horas de la capital provincial, Lanzhou, las últimas tres horas a través de un camino de tierra en las montañas. Las ruinas de viejas fortificaciones en las cimas son un recordatorio de los clanes que alguna vez gobernaron estas tierras remotas.
La agricultura es la principal actividad, aunque proporciona subsistencia para sólo algunas familias, que a menudo demoran en enviar su hijo a las escuela por no pagar las matrículas. Las niñas son las que primero son dejadas en casa, y algunas no van a la escuela sino hasta los 9 o 10 años. La clase de cuarto, de Li, tenía unos 50 alumnos, de los cuales 26 niñas, de edades de 10 a 14. En total, la escuela tiene más de 900 estudiantes, provenientes de aldeas cercanas.
Zhang Shengxia, 10, era la menor de las niñas de la clase de cuarto de Li y, como resultó, una de las más afortunadas. Dijo que las violaciones habían comenzado en el otoño pasado cuando el maestro empezó a elegir a las alumnas, una tras otra. Las niñas hablaron entre ellas sobre lo que estaba pasando, pero no se atrevieron a decírselo a alguien.
En el aula, dijo Shengxia, Li a veces abusaba físicamente de alumnos y alumnas, haciéndoles apilarse unos encima de otros en su escritorio. "Incluso entonces", dijo, "teníamos miedo de llorar".
A medida que pasaban las semanas, Li enviaba a las niñas a por cigarrillos, o simplemente las llamaba a su oficina todos los días. "Cuando el maestro llamaba a una alumna, las niñas trataban de huir o gritar", dijo Shengxia. El día que la llamó a ella, dijo: "Me dijo: No prestes atención a las cosas malas que dicen los otros estudiantes sobre mí'". La envió fuera a por cigarrillos y ella corrió hasta su casa. Nunca fue violada.
"Yo tenía miedo", dijo. "Lo odio".
"Odio la escuela", dijo Zheng Gaiguo, 40, madre de una niña de quinto. Su hija tiene 14 y fue violada una vez. "El maestro llevó a mi hija a su oficina y le dijo: No tengas miedo. Tu madre y tu padre hacen lo mismo'".
Las violaciones duraron al menos tres meses, hasta la mañana en que la hija de 14 de Cheng Junyins se negó a ir a la escuela. La voz corrió por el pueblo y las otras madres empezaron a oír espantosas historias. Jiao Zhencai, 35, dijo que su hija de 12 había sido violada dos veces. Sin embargo, dijo que las niñas tenían demasiado miedo como para denunciar al maestro. En lugar de eso, dijo Jiao, algunas de las niñas se intercambiaban datos para escapar de la oficina del maestro escondiendo la llave.
Los detalles exactos de los antecedentes de Li son inciertos. Creció en Xinji y tuvo su primer trabajo como maestro en la aldea de Qingpu, a unas horas. Más tarde volvió a su empleo como maestro de primaria en su pueblo natal. Los aldeanos dicen que su primo trabajaba como director de instrucción, un lazo que dicen que fue esencial para obtener ese empleo.
"Cualquiera con conexiones en el gobierno puede convertirse en maestro, sin importar si tienes educación universitaria o simplemente vocacional", dijo Tian Ziming, 40, tío de la niña, Shengxia, que no fue violada. "No es difícil conseguir un certificado".
Las autoridades no proporcionaron información sobre Li, pero algunos aldeanos dicen que está también siendo investigado por posibles violaciones en su escuela en Qingpu. Otros nueve maestros fueron despedidos de la escuela de la aldea aquí, incluyendo al primo de Li y al director. No se dio ninguna explicación de por qué se despedía a tantos maestros.
En la conservadora cultura de China rural, la vergüenza de la violación ha sido devastadora para muchas familias. Algunas se han negado a hablar con los fiscales o a involucrarse en el caso. Otras temen que sus hijas queden afectadas para siempre, sobre todo cuando lleguen a la edad de casarse y puede ser estigmatizadas.
Jiao, la madre cuya hija fue violada dos veces, puede pasar un tiempo difícil tratando de olvidar lo que pasó. Sus vecinos son los padres de Li. Dijo que habían ido a su casa poco después de la detención de su hijo y advertido no hablar con nadie sobre el caso.
"Sus padres vinieron aquí y me preguntaron: ¿Cuánta gente sabe sobre esto?'", dijo Jiao. "Yo dije: En la escuela lo saben todos los niños'".
Les dijo: "Todos tenemos hijos. ¿Os gustaría que les hubiera pasado a los vuestros?"
22 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh
Xinji, China. El maestro siempre enviaba a una niña a comprar sus cigarrillos. Dejaba la clase sin supervisión y esperaba en su oficina. Cuando la niña volvía con las mejillas enrojecidas y el pelo desordenado, los otros alumnos no decían nada.Durante casi tres meses, el maestro, Li Guang, violó a 26 niñas de cuarto y quinto básico en esta aldea rural, dijeron familiares y funcionarios del tribunal. Algunas niñas fueron violadas más de una vez, ya que Li las atacaba según un sistema de rotación. Fue descubierto cuando una niña de 14 años se negó a ir a la escuela por miedo a que en la mañana le tocara su "turno". No quería ser violada una tercera vez.
"La escuela es donde nuestros hijas aprenden", dijo Cheng Junyin, la madre de la niña de 14. "Pensábamos que era el lugar más seguro para ellas".
Es el tipo de terrible caso que en muchos países sería un escándalo nacional pero en China ha desaparecido en el amortiguado silencio de la censura estatal. Ese silencio corresponde al silencio en el corazón del asunto: el hecho de que los estudiantes tenían al maestro por tan poderoso que no se atrevían a hablar.
En realidad, incluso si las convenciones de la sociedad china se sacuden con el tumulto de la modernización, el respeto confuciano hacia los maestros sigue siendo fuerte, especialmente en áreas aisladas, como este pueblo rural en la provincia de Gansu al occidente de China. Los padres dan a los maestros carta blanca, algunos incluso aprueban las golpizas, y los estudiantes son adiestrados para honrar y obedecer a los maestros, y no oponerse nunca a ellos.
"La autoridad absoluta de los maestros en las escuelas es una de las razones culturales por la que los maestros hacen lo que quieren", dijo Yang Dongping, un importante experto sobre el sistema educacional chino.
Sin embargo, la modernización ha alejado a muchos maestros de las áreas más pobres, como Gansu. Los bajos salarios en las áreas rurales y las mejores oportunidades en las ciudades, han producido escasez de maestros en muchas áreas pobres. Un estudio concluyó que 35 por ciento de los maestros de la aldea la abandonan dentro de tres años.
Las escuelas más pobres deben contratar a maestros más baratos, muchos de ellos sólo marginalmente calificados, una tendencia que coincide con una serie de casos de abusos sexuales. Yang cree que las violaciones son raras, mucho menos comunes que las palizas, pero observó que en 2003 el ministerio de Educación publicó una lista de 10 casos en los que los maestros violaron a las estudiantes.
En diciembre de 2003 un maestro en la rural provincia de Shaanxi fue ejecutado por violar a 58 niñas en 15 años. En octubre pasado una adolescente en el campo de China central trató de suicidarse después de que una maestro la obligara a presenciar la violación de su prima.
Li, 28, puede ser llevado a juicio a fines de junio, de acuerdo a un funcionario del tribunal en Dingxi, la ciudad donde se oirá el caso. Si es condenado, lo puede ser al menos a 10 años, o incluso a la pena de muerte.
Los funcionarios locales de educación, así los fiscales, se negaron a ser entrevistados sobre el caso, excepto para confirmar que el juicio se realizaría pronto. La prensa china -que es dominada por el estado- ha guardado silencio, excepto un breve artículo inicial que informó de la detención de Li.
Pero una visita a este pueblo encontró a familias que ventearon su indignación ante semejanza abuso de confianza. La aldea está a casi seis horas de la capital provincial, Lanzhou, las últimas tres horas a través de un camino de tierra en las montañas. Las ruinas de viejas fortificaciones en las cimas son un recordatorio de los clanes que alguna vez gobernaron estas tierras remotas.
La agricultura es la principal actividad, aunque proporciona subsistencia para sólo algunas familias, que a menudo demoran en enviar su hijo a las escuela por no pagar las matrículas. Las niñas son las que primero son dejadas en casa, y algunas no van a la escuela sino hasta los 9 o 10 años. La clase de cuarto, de Li, tenía unos 50 alumnos, de los cuales 26 niñas, de edades de 10 a 14. En total, la escuela tiene más de 900 estudiantes, provenientes de aldeas cercanas.
Zhang Shengxia, 10, era la menor de las niñas de la clase de cuarto de Li y, como resultó, una de las más afortunadas. Dijo que las violaciones habían comenzado en el otoño pasado cuando el maestro empezó a elegir a las alumnas, una tras otra. Las niñas hablaron entre ellas sobre lo que estaba pasando, pero no se atrevieron a decírselo a alguien.
En el aula, dijo Shengxia, Li a veces abusaba físicamente de alumnos y alumnas, haciéndoles apilarse unos encima de otros en su escritorio. "Incluso entonces", dijo, "teníamos miedo de llorar".
A medida que pasaban las semanas, Li enviaba a las niñas a por cigarrillos, o simplemente las llamaba a su oficina todos los días. "Cuando el maestro llamaba a una alumna, las niñas trataban de huir o gritar", dijo Shengxia. El día que la llamó a ella, dijo: "Me dijo: No prestes atención a las cosas malas que dicen los otros estudiantes sobre mí'". La envió fuera a por cigarrillos y ella corrió hasta su casa. Nunca fue violada.
"Yo tenía miedo", dijo. "Lo odio".
"Odio la escuela", dijo Zheng Gaiguo, 40, madre de una niña de quinto. Su hija tiene 14 y fue violada una vez. "El maestro llevó a mi hija a su oficina y le dijo: No tengas miedo. Tu madre y tu padre hacen lo mismo'".
Las violaciones duraron al menos tres meses, hasta la mañana en que la hija de 14 de Cheng Junyins se negó a ir a la escuela. La voz corrió por el pueblo y las otras madres empezaron a oír espantosas historias. Jiao Zhencai, 35, dijo que su hija de 12 había sido violada dos veces. Sin embargo, dijo que las niñas tenían demasiado miedo como para denunciar al maestro. En lugar de eso, dijo Jiao, algunas de las niñas se intercambiaban datos para escapar de la oficina del maestro escondiendo la llave.
Los detalles exactos de los antecedentes de Li son inciertos. Creció en Xinji y tuvo su primer trabajo como maestro en la aldea de Qingpu, a unas horas. Más tarde volvió a su empleo como maestro de primaria en su pueblo natal. Los aldeanos dicen que su primo trabajaba como director de instrucción, un lazo que dicen que fue esencial para obtener ese empleo.
"Cualquiera con conexiones en el gobierno puede convertirse en maestro, sin importar si tienes educación universitaria o simplemente vocacional", dijo Tian Ziming, 40, tío de la niña, Shengxia, que no fue violada. "No es difícil conseguir un certificado".
Las autoridades no proporcionaron información sobre Li, pero algunos aldeanos dicen que está también siendo investigado por posibles violaciones en su escuela en Qingpu. Otros nueve maestros fueron despedidos de la escuela de la aldea aquí, incluyendo al primo de Li y al director. No se dio ninguna explicación de por qué se despedía a tantos maestros.
En la conservadora cultura de China rural, la vergüenza de la violación ha sido devastadora para muchas familias. Algunas se han negado a hablar con los fiscales o a involucrarse en el caso. Otras temen que sus hijas queden afectadas para siempre, sobre todo cuando lleguen a la edad de casarse y puede ser estigmatizadas.
Jiao, la madre cuya hija fue violada dos veces, puede pasar un tiempo difícil tratando de olvidar lo que pasó. Sus vecinos son los padres de Li. Dijo que habían ido a su casa poco después de la detención de su hijo y advertido no hablar con nadie sobre el caso.
"Sus padres vinieron aquí y me preguntaron: ¿Cuánta gente sabe sobre esto?'", dijo Jiao. "Yo dije: En la escuela lo saben todos los niños'".
Les dijo: "Todos tenemos hijos. ¿Os gustaría que les hubiera pasado a los vuestros?"
22 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh
experimento en democracia
[Howard W. French] La democracia y la disensión.
Zeguo, China. Con su ropa de moda, el pelo secado con secador y un discurso salpicado de referencias a Rousseau, Voltaire y Montesquieu, Jiang Zhaohua, el joven secretario del Partido Comunista de este próspero municipio, no se parece en nada al político chino corriente.
Bajo su dirección el municipio de Jiang, de unos 110.000 habitantes, se embarcó recientemente en un experimento en el gobierno, permitiendo que las preferencias de los ciudadanos determinen, después de detalladas consultas sobre los pros y contras, qué importantes proyectos seguirán adelante y cómo se gastará su dinero.
"Lo normal era que el gobierno decidiera todo, y sólo anunciaba después los resultados a la gente", dijo Jiang inocentemente, con un amplio gesto con su brazo para sugerir la arrogancia oficial. "Nunca sabíamos lo que pensaba la gente. Eran 20 personas en un cuarto que decidían todo".
El lado negativo de ese método, común en China, ha sido una falta de transparencia, galopante corrupción y, en años recientes, una explosión de intranquilidad a veces violenta en municipios y aldeas. Indignados por los abusos de poder, los chinos en el campo, comunicándose incluso con móviles y ordenadores, han tomado las cosas en sus manos.
De hecho, en agudo contraste con Zeguo, se encuentra Dongyang, una ciudad a pocas horas de la carretera en la misma provincia costera, Zhejiang.
Esta primavera, después de que funcionarios locales simplemente entregaron 65 hectáreas de tierra a 13 plantas químicas privadas y estatales, los campesinos desplazados levantaron barricadas en torno a las plantas. Unos 30.000 aldeanos pelearon con más de 1.000 agentes de policía anti-disturbios. Quedaron muchos heridos; las plantas fueron paralizadas.
[En una de las disputas sobre tierras más reciente, 22 personas fueron detenidas por un ataque contra los vecinos de Dingzhou, una ciudad de la provincia de Hebei, informó el sábado la agencia France-Presse, citando informes oficiales. El 11 de junio unos 300 matones descendieron allá para expulsar a los campesinos que se negaban a admitir una nueva planta eléctrica. Murieron 6 campesinos y 51 quedaron heridos].
Aunque no quiso discutir los problemas de Dongyang, Jiang dijo que había llegado a la firme conclusión a raíz de la expansión de conflictos violentos. Y aunque insistió en que no quería dar lecciones, sus palabras sonaron como una clara coda del último siglo en China, un período marcado por catastróficos errores políticos, como el Gran Paso Adelante.
"No importa lo listo que seamos, nosotros los funcionarios tenemos informaciones limitadas", dijo. "El modo más fácil de evitar los errores es tener más decisiones democráticas".
El experimento político de Zeguo implicó el sondeo de 257 personas elegidas aleatoriamente, y fue realizado en gran parte con la asesoría de un politólogo de la Universidad de Stanford, James S. Fishkin, que fue llevado contratado como asesor. Después de largas reuniones sobre los pros y contras de una larga lista de posible proyectos municipales, los votantes mostraron una decidida preferencia por las obras ambientales, incluyendo plantas para el tratamiento de aguas servidas y parques públicos.
Aunque único en su género, el experimento de Zeguo ocurre contra el telón de fondo de una amplia efervescencia de ideas democráticas burbujeando en la política local en toda China.
Según unas estimaciones, habría 300.000 elecciones de comités de aldea en las 18 provincias de China solamente este año. En muchas áreas los funcionarios están haciendo esfuerzos para hacer participar a ciudadanos corrientes en la toma de decisiones a nivel local.
"Los experimentos los estamos haciendo aquí y son muy importantes, porque las reformas económicas de China empezaron de la misma manera", dijo Li Fan, director del Instituto del China y el Mundo, un instituto no-gubernamental de Pekín que estudia la reforma electoral. "El gobierno central no sabía cómo llevarlos a cabo, así que recurrió a los gobiernos locales".
Sin embargo, Li dijo que el avance más importante se produciría cuando las asambleas existentes -grupos locales, provinciales y nacionales conocidos como congresos populares- tuvieran una participación real, en lugar de reunirse un día al año, como es normal, para respaldar las decisiones del gobierno. "El Partido Comunista se opone, porque tienen miedo de que los congresos critiquen al gobierno", dijo Li. "Ellos preferirían apoyarlo automáticamente".
Hoy en Dongyang los vecinos parecen haber ganado la partida contra las fábricas de químicos, que dicen que han arruinado las tierras y aguas del área. Destruyeron 14 vehículos oficiales y 40 autobuses, según un informe; 30 agentes de policía fueron hospitalizados y un puñado de vecinos quedaron heridos.
La mayoría de los vecinos que participaron era viejos. La gente más joven, temiendo ser detenidos, se mantuvieron apartados, y hoy siguen con sus vidas. Son los vecinos más viejos lo que continúan levantando barricadas para impedir al acceso a las plantas.
"No tenemos otros medios", dijo hace poco un hombre en sus 70, vestido con el áspero pantalón azul de los campesinos y haciendo guardia debajo de la barricada de paja y bambú. Se negó a dar su nombre. El gobierno, dijo, "quiere recaudar impuestos, y si hay suficiente dinero, podrán ignorar la salud de la gente".
Otro hombre, en sus 60 y con un viejo traje marrón, ofreció su evaluación. "El gobierno siempre nos engaña. Hoy te dirán que trasladarán las fábricas a otro lugar; mañana dicen que las cerrarán. La gente ya no cree en el gobierno".
19 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh
Zeguo, China. Con su ropa de moda, el pelo secado con secador y un discurso salpicado de referencias a Rousseau, Voltaire y Montesquieu, Jiang Zhaohua, el joven secretario del Partido Comunista de este próspero municipio, no se parece en nada al político chino corriente.Bajo su dirección el municipio de Jiang, de unos 110.000 habitantes, se embarcó recientemente en un experimento en el gobierno, permitiendo que las preferencias de los ciudadanos determinen, después de detalladas consultas sobre los pros y contras, qué importantes proyectos seguirán adelante y cómo se gastará su dinero.
"Lo normal era que el gobierno decidiera todo, y sólo anunciaba después los resultados a la gente", dijo Jiang inocentemente, con un amplio gesto con su brazo para sugerir la arrogancia oficial. "Nunca sabíamos lo que pensaba la gente. Eran 20 personas en un cuarto que decidían todo".
El lado negativo de ese método, común en China, ha sido una falta de transparencia, galopante corrupción y, en años recientes, una explosión de intranquilidad a veces violenta en municipios y aldeas. Indignados por los abusos de poder, los chinos en el campo, comunicándose incluso con móviles y ordenadores, han tomado las cosas en sus manos.
De hecho, en agudo contraste con Zeguo, se encuentra Dongyang, una ciudad a pocas horas de la carretera en la misma provincia costera, Zhejiang.
Esta primavera, después de que funcionarios locales simplemente entregaron 65 hectáreas de tierra a 13 plantas químicas privadas y estatales, los campesinos desplazados levantaron barricadas en torno a las plantas. Unos 30.000 aldeanos pelearon con más de 1.000 agentes de policía anti-disturbios. Quedaron muchos heridos; las plantas fueron paralizadas.
[En una de las disputas sobre tierras más reciente, 22 personas fueron detenidas por un ataque contra los vecinos de Dingzhou, una ciudad de la provincia de Hebei, informó el sábado la agencia France-Presse, citando informes oficiales. El 11 de junio unos 300 matones descendieron allá para expulsar a los campesinos que se negaban a admitir una nueva planta eléctrica. Murieron 6 campesinos y 51 quedaron heridos].
Aunque no quiso discutir los problemas de Dongyang, Jiang dijo que había llegado a la firme conclusión a raíz de la expansión de conflictos violentos. Y aunque insistió en que no quería dar lecciones, sus palabras sonaron como una clara coda del último siglo en China, un período marcado por catastróficos errores políticos, como el Gran Paso Adelante.
"No importa lo listo que seamos, nosotros los funcionarios tenemos informaciones limitadas", dijo. "El modo más fácil de evitar los errores es tener más decisiones democráticas".
El experimento político de Zeguo implicó el sondeo de 257 personas elegidas aleatoriamente, y fue realizado en gran parte con la asesoría de un politólogo de la Universidad de Stanford, James S. Fishkin, que fue llevado contratado como asesor. Después de largas reuniones sobre los pros y contras de una larga lista de posible proyectos municipales, los votantes mostraron una decidida preferencia por las obras ambientales, incluyendo plantas para el tratamiento de aguas servidas y parques públicos.
Aunque único en su género, el experimento de Zeguo ocurre contra el telón de fondo de una amplia efervescencia de ideas democráticas burbujeando en la política local en toda China.
Según unas estimaciones, habría 300.000 elecciones de comités de aldea en las 18 provincias de China solamente este año. En muchas áreas los funcionarios están haciendo esfuerzos para hacer participar a ciudadanos corrientes en la toma de decisiones a nivel local.
"Los experimentos los estamos haciendo aquí y son muy importantes, porque las reformas económicas de China empezaron de la misma manera", dijo Li Fan, director del Instituto del China y el Mundo, un instituto no-gubernamental de Pekín que estudia la reforma electoral. "El gobierno central no sabía cómo llevarlos a cabo, así que recurrió a los gobiernos locales".
Sin embargo, Li dijo que el avance más importante se produciría cuando las asambleas existentes -grupos locales, provinciales y nacionales conocidos como congresos populares- tuvieran una participación real, en lugar de reunirse un día al año, como es normal, para respaldar las decisiones del gobierno. "El Partido Comunista se opone, porque tienen miedo de que los congresos critiquen al gobierno", dijo Li. "Ellos preferirían apoyarlo automáticamente".
Hoy en Dongyang los vecinos parecen haber ganado la partida contra las fábricas de químicos, que dicen que han arruinado las tierras y aguas del área. Destruyeron 14 vehículos oficiales y 40 autobuses, según un informe; 30 agentes de policía fueron hospitalizados y un puñado de vecinos quedaron heridos.
La mayoría de los vecinos que participaron era viejos. La gente más joven, temiendo ser detenidos, se mantuvieron apartados, y hoy siguen con sus vidas. Son los vecinos más viejos lo que continúan levantando barricadas para impedir al acceso a las plantas.
"No tenemos otros medios", dijo hace poco un hombre en sus 70, vestido con el áspero pantalón azul de los campesinos y haciendo guardia debajo de la barricada de paja y bambú. Se negó a dar su nombre. El gobierno, dijo, "quiere recaudar impuestos, y si hay suficiente dinero, podrán ignorar la salud de la gente".
Otro hombre, en sus 60 y con un viejo traje marrón, ofreció su evaluación. "El gobierno siempre nos engaña. Hoy te dirán que trasladarán las fábricas a otro lugar; mañana dicen que las cerrarán. La gente ya no cree en el gobierno".
19 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh