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china

china encarcela a campesinos


[Edward Cody] Tribunal chino condena a campesinos que participaron en protestas cuando funcionarios locales confiscaron sus tierras.
Pekín, China. Un tribunal chino ha condenado este lunes a tres campesinos a penas de prisión de uno a cinco años tras encontrarles culpables de actos ilegales durante una revuelta campesina en abril pasado en la provincia de Zheijang, de acuerdo a abogados y campesinos.
La violenta revuelta en Huaxi, cerca de la ciudad de Dongyang, estalló en abril con las quejas de los campesinos cuando funcionarios locales confiscaron injustamente sus parcelas y permitieron que las tierras fueran usadas por plantas químicas que contaminaron el área. Decenas de agentes de policía resultaron heridos y cientos de ellos huyeron de la aldea cuando fueron atacados con piedras y ladrillos por unos tres mil campesinos.
La revuelta fue una de las miles que han estallado en toda China en los últimos dos años, a menudo en relación con disputas por confiscaciones de tierras. El sábado el presidente Hu Jintao y el Partido Comunista llamaron a los funcionarios a prestar particular atención a los casos de confiscaciones de tierras para el desarrollo urbano, advirtiendo que la corrupción entre las autoridades locales y el mundo de los negocios debe ser castigado severamente.
Tras la violencia en Huaxi fueron despedidos varios funcionarios locales y las plantas responsables de la polución fueron cerradas. En la primavera pasada, de las trece que operaban, sólo algunas seguían en operaciones, de acuerdo a los campesinos, que dijeron que la polución había disminuido notablemente.
Tras los disturbios, unos 50 residentes de Huaxi fueron detenidos y sometidos a largos interrogatorios; algunos fueron, según sus abogados, torturados. Finalmente, nueve de ellos fueron arrestados y acusados de agresiones o de incitar a los disturbios. Los nueve, incluyendo a un campesino que se convirtió en soplón, fueron juzgados el mes pasado en la cercana ciudad de Lanxi.
Wei Rujui, uno de los seis abogados de Pekín que participó en su defensa, dijo que Liu Huirong, 29, fue condenado a cinco años después de ser hallado culpable de agredir a un policía. Wang Zongliang, 34, fue sentenciado a un año, y Wang Liangping, 40, a 15 meses, los dos por incitar desórdenes sociales. Wei dijo que Liu Huirong y Wang Liangping pensaban recurrir la sentencia.
Los otros seis fueron condenados por causar disturbios y recibieron sentencias suspendidas, agregó el abogado.
La hermana de Wang Liangping, Wang Xiaofang, dijo que su hermano le había dicho que había aceptado las afirmaciones de la policía de que había participado en los ataques a la policía sólo para lograr que los interrogadores dejaran de golpearle. La hermana dijo en una entrevista reciente que Wang es mentalmente retardado y que escapó del área mucho antes de que se golpeara a los agentes.

10 de enero de 2004

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china reprimirá corrupción


[Edward Cody] Jefes comunistas reprimirán tratos ilícitos de funcionarios rurales.
Pekín, China. Frente al creciente descontento por la corrupción, importantes líderes del Partido Comunista de China llamaron el sábado a sus miembros a trabajar más arduamente para detener los sobornos entre hombres de negocios y funcionarios locales en las miles de ciudades, comunas y aldeas del país.
El llamado, en un comunicado emitido después de una reunión de dos días de la Inspección de Disciplina del Comité Central al que asistió el presidente Hu Jintao, ataca en especial a los funcionarios rurales corruptos cuyas transacciones ilegales han contribuido a generar una ola de disturbios y protestas campesinas en los últimos dos años. Gran parte de la violencia se ha originado en el descontento por las expropiaciones de tierras en las que, dicen los campesinos, funcionarios de las aldeas y comunas aceptan dinero de urbanistas comerciales a cambio de acuerdos favorables.
"Se realizarán más campañas de educación contra la corrupción entre los funcionarios de base, y los procedimientos de selección para la promoción de los funcionarios serán más estrictos", según el comunicado oficial citado por la Agencia de Prensa Nueva China.
En momentos en que China avanza desde el socialismo hacia una economía de mercado, los funcionarios locales del partido han adoptado el crecimiento económico como su principal objetivo, creando una alianza de hecho con empresarios privados. En la compartida carrera por los beneficios, se han multiplicado las oportunidades para las transacciones corruptas. Como resultado, los funcionarios del partido llamados a luchar contra la corrupción son en muchos casos los mismos que están implicados en ella.
Hu advirtió a los líderes comunistas que "la lucha contra la corrupción es de largo plazo, compleja y difícil", informó la agencia de prensa.
El comité también destacó la expansión de los sobornos en el sistema sanitario chino, una fuente de creciente descontento entre gente de la ciudad y del campo. Doctores y hospitales han empezado a cobrar pagos extras, por encima de las tarifas normales, antes de iniciar tratamientos médicos, se quejan los chinos. Esta práctica ha provocado el escándalo de la gente que en el pasado gozaba de cobertura médica gratuita.
Li Xi, el jefe de la inspección de disciplina del ministerio de Salud, dijo que en 2005 se castigó a 1248 personas de la profesión médica por mala conducta, que extrajeron pagos por más de 1.3 millones de dólares, según la agencia.

7 de enero de 2006

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condenan a inversores


[Philip P. Pan] A tres años, a empresarios que dirigieron protestas contra expropiaciones del gobierno.
Pekín, China. Un empresario que dirigió a miles de inversores en una campaña contra las expropiaciones del gobierno de valiosos yacimientos de petróleo en el norte de China fue condenado el jueves por organizar protestas ilegales y sentenciado a tres años de cárcel, dijeron sus familiares.
La condena de Feng Bingxian, 59, fue la culminación de una prolongada y bien observada batalla en la provincia de Shaanxi que se convirtió en una prueba de las intenciones del presidente Hu Jintao de proteger los derechos de propiedad privada, un principio que el Partido Comunista consagró recientemente en su constitución como parte de su intento de construir una economía de mercado.
Feng era de uno de los cerca de 60 mil inversores privados que desarrollaron pozos de petróleos en Shaanxi con la bendición de funcionarios locales a mediados de los años noventa. Pero los funcionarios confiscaron los pozos en 2003 después de que empezaran a generar beneficios estables, y los inversores presentaron este año una histórica demanda contra el gobierno.
La pelea por los pozos, que se dice valen unos 850 millones de dólares, gozó de una extensa cobertura en la prensa oficial, y Feng se convirtió en el portavoz oficioso de los inversores y uno de los más importantes defensores de la propiedad privada en el país.
Pero las autoridades locales se negaron a oír la demanda y convencieron a los censores de que prohibieran la cobertura periodística del asunto. Luego la policía detuvo al abogado que representaba a los demandantes y empezó a detener a los inversores más activos.
En escenas que evocaron los peores momentos de la Revolución Cultural, la televisión estatal mostró a funcionarios del partido obligando a los inversores a marchar entre muchedumbres que, con pancartas, condenaban el desarrollo privado de los pozos de petróleo. Estudiosos y activistas acudieron en apoyo de los inversores, muchos de los cuales eran campesinos de la localidad que habían perdido todos sus ahorros.
Feng logró escapar, pero fue arrestado en julio después de que detectives lo engañaran haciéndose pasar por periodistas y falsificando una dirección de correo electrónico de un importante periodista de Hong Kong, dijeron amigos y familiares.
Un tribunal de Jingbian, ubicado a unos 800 kilómetros al suroeste de Pekín, prohibió que los periodistas pudieran cubrir el mes pasado el juicio de un día de Feng y anunció su condena por los cargos de "organizar una turba para trastornar el orden social" en una sesión cerrada el jueves, dijo su hijo Feng Yanwei.
"Este tribunal, esta sentencia, no tiene ningún sentido", dijo, observando que tanto el presidente del tribunal como el fiscal de Jingbian eran miembros del destacamento del gobierno que expropió los pozos de petróleo a los inversores. "Mi padre ni siquiera está enfadado. Simplemente se siente impotente".
Agregó que su padre piensa recurrir la condena.
Los fiscales acusaron a Feng Bingxian de organizar las violentas protestas en las que participaron cientos de inversores antes las oficinas de gobierno en la cercana ciudad de Yulin y en la capital provincial de Xian.
Pero la defensa dijo que los inversores había acordado ir juntos a exigir una reconsideración a las oficinas del gobierno. También sostuvo que los mítines no interrumpieron nada, observando que los funcionarios invitaron a los representantes de los inversores a entrar al edificio para negociar.
Feng era el más declarado abierto de los 15 principales demandantes en el pleito de los inversores y sus partidarios dijeron que fue escogido para castigarlo e intimidar a los otros. La policía ha liberado a los otros bajo fianza y dicho a algunos que no serán perseguidos si renuncian a la demanda.
El abogado de los inversores, Zhu Jiuhu, fue dejado en libertad bajo fianza en septiembre después de que aceptara abandonar el caso.
En las últimas semanas el gobierno ha tratado de dividir a los inversores pagando a algunos dineros extras por los pozos confiscados. Pero la mayoría de sus reclamos de indemnización han sido ignorados.

6 de enero de 2006

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liberan a jiang weiping


[Philip P. Pan] China libera a periodista que denunció corrupción de funcionarios del Partido Comunista hace cinco años.
Pekín, China. El martes el gobierno chino dejó en libertad a un importante periodista, a pesar de que ha venido intensificando su represión de la prensa. La liberación anticipada del periodista parece querer apaciguar al gobierno de Bush, que lo había incluido en una breve lista de prisioneros políticos cuyo caso es consultado periódicamente con funcionarios chinos.
Jiang Weiping, 50, que pasó en la cárcel los últimos cinco años después de escribir para una revista de Hong Kong una serie de contundentes artículos sobre la corrupción en el gobierno, obtuvo una reducción de sentencia por buena conducta y liberado un año antes del cumplimiento de la condena, según su esposa Li Yanling.
Varios grupos de derechos humanos hicieron campaña pidiendo la liberación de Jiang, incluyendo al Comité por la Protección de los Periodistas de Nueva York [Committee to Protect Journalists], que le otorgó en 2001 su premio internacional a la libertad de prensa.
Es la primera liberación de un preso político prominente ordenada por el gobierno chino en más de nueve meses. Se produce varias semanas después de que funcionarios estadounidenses expresaran su frustración por la renuencia de China a liberar a un prisionero como un gesto de buena voluntad en anticipación de la visita del presidente Bush a Pekín en noviembre próximo.
Jiang estaba en una lista de 13 prisioneros que funcionarios estadounidenses entregaron a los chinos durante un encuentro en 2002 entre Bush y Jiang Zemin, el presidente de China en ese entonces. Altos funcionarios americanos pidieron la liberación del prisionero en varias reuniones posteriores, y el embajador norteamericano en China, Clark T. Randt Jr., tocó el tema en varios discursos.
John Kamm, director de la Fundación Dui Hua, de San Francisco, que cabildea con funcionarios chinos para obtener la libertad de los presos políticos, dijo que la decisión era una señal de la disponibilidad del gobierno chino para atender las críticas de Estados Unidos con respecto a su tratamiento de los derechos humanos en un período en que parecía reticente a hacer concesiones.
Jiang Weiping, un antiguo jefe de oficina para el periódico Wen Hui Bao, de Hong Kong, fue detenido en diciembre de 2000 después de escribir una serie de artículos para la revista Frontline denunciando la corrupción entre importantes funcionarios chinos en la provincia de Liaoning en el nordeste de China. Fue sentenciado a ocho años de cárcel por revelar secretos de estado e incitar a la subversión. Más tarde una corte de apelaciones redujo la sentencia a seis años.
Los partidarios de Jiang dijeron que había sido atacado por funcionarios del partido molestos por sus reportajes, que contribuyeron a revelar algunos de los casos de corrupción más escandalosos y pintorescos de los últimos tiempos. Informó, por ejemplo, que un alcalde local usó dineros fiscales para comprar apartamentos para sus 29 amantes, y que otro funcionario perdió casi 3.6 millones de dólares de fondos públicos en Macau. Este funcionario fue más tarde arrestado y ejecutado.
Jiang también informó que una de las estrellas emergentes del Partido Comunista, Bo Xilai, encubrió la corrupción de sus amigos y parientes durante su año como alcalde de la ciudad de Dalian. Bo, que es hijo del veterano del partido Bo Yibo, era gobernador de Liaoning cuando se publicaron los reportajes de Jiang, y es ahora el ministro de Comercio de China.
La liberación de Jiang se produce en momentos en que el gobierno está intensificando una campaña de represión de la libertad de expresión que empezó hace casi dos años. La semana pasada, las autoridades de Liaoning mantuvieron la condena de Zheng Yichum, un ensayista de internet que fue condenado a siete años de cárcel por escribir artículos en los que criticaba al gobierno. Ese mismo día, funcionarios de propaganda despidieron al editor jefe de uno de los diarios nacionales más osados, Noticias de Pekín, provocando una huelga de un día de más de cien periodistas.
El mes pasado, los fiscales preocupados de la publicación de secretos de estados acusaron a un reportero del New York Times, Zhao Yan, por cargos relacionados a sus investigaciones para el periódico. También se esperaba que los fiscales tomaran esta semana una decisión sobre si acusarán al periodista de Singapur, Ching Cheong, que ha estado detenido desde abril por sospechas de espionaje.

5 de enero de 2006

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ladrones de niños en china


[Mark Magnier] Miles de niños son secuestrados al año, para ser vendidos y adoptados en el extranjero, o para obligarlos a prostituirse o mendigar.
Xian, China. El escalofriante esbozo a lápiz de Cheng Ying, hecho por su padre una noche del verano pasado antes de que ella se durmiese, sigue estando en la pared por arriba de la cama.
Sus padres no han visto a su hija de 6 años desde que la enviaran a la escuela vestida con un chaquetón de cuadros blancos y negros hace dos meses. La escuela no les ha ayudado a encontrarla, dicen. Tampoco la policía, que se ha negado incluso a escribir un informe sobre su desaparición.
Cuando se aceraba el invierno, se dieron cuenta cabal de la horrenda verdad: Su hija, la niña por la que habían sacrificado todo, se había convertido probablemente en una de los miles de niños que son cada año robados a sus padres en China en el floreciente negocio de los secuestros de niños.
"Se podía ver por qué la querían secuestrar. Era tan guapa", dijo Chen Zhu, su padre. "Solamente espero que la cuiden, donde quiera que esté".
Algunos de los niños robados son bebés en armas. En julio 52 miembros de una banda fueron condenados en la sureña región de Guangxi después de que 28 bebitas, todas menores de 3 meses, fueran sedadas y envueltas en bolsas de lana de plástico para un viaje en bus de larga distancia. Una murió; las demás fueron llevadas a un orfanato.
Las razones detrás de este terrible crecimiento de la industria del tráfico de niños son tan variadas como perturbadoras. En un país que gana millones de dólares cada año con las adopciones extranjeras, algunos niños son criados fuera. Otros siguen en el país, especialmente en el campo chino, donde tener un hijo es visto como indispensable para la herencia, continuar la línea familiar y cuidar de los tumbas de los parientes muertos. Pero las niñas también son necesarias en áreas donde los hombres superan significativamente a las mujeres, para desempeñarse como esposas, cuidar a los parientes más viejos y para familias que ya tienen niños.
En el peor de los casos, dicen activistas y grupos no-gubernamentales, algunas son forzadas a trabajar como prostitutas, criadas o en bandas de mendigos.
China a menudo rehúsa entregar cifras embarazosas, incluyendo el número de sus ciudadanos más jóvenes que son secuestrados frente a las escuelas, en la calle y en los mercados atiborrados. Pero expertos dicen que el problema está creciendo a pesar de repetidas campañas del gobierno para reprimir a los traficantes. China ha revelado que ha rescatado a 3.488 niños secuestrados en 2004, de acuerdo a la agencia de noticias oficial Nueva China. Los expertos dicen que esos niños son sólo una fracción de los niños desaparecidos. Como sugiere el caso de Cheng, muchos casos ni siquiera son registrados.
El gobierno tiene otro incentivo para quitar importancia al problema: las lucrativas adopciones en el extranjero. Estados Unidos y otros países occidentales se niegan a permitir adopciones que involucren la venta de bebés.
China tiene leyes contra la compra de bebés y regulaciones estrictas para impedir que los niños que hayan sido comprados entren en los canales internacionales de adopción. Sin embargo, el orfelinato de Hengyang, en la provincia de Hunan, que ha proveído de niños a familias norteamericanas, fue recientemente sorprendido comprando bebés.
Funcionarios del Centro de Asuntos en Torno a la Adopción chino se negó a comentar los casos, mencionando reglas que les impiden hablar con periodistas extranjeros y el ministro de Asuntos Civiles tampoco quiso entregar comentarios, debido a que el caso estaba todavía siendo investigado.
"En la comunidad de adopción norteamericana existe una gran inquietud sobre este asunto", dijo Brian Stuy, un activista pro-adopción americano que encabeza la Research-China.Org. "Todos adoptan niños con la idea de que ellos necesitan un hogar. Incluso la sugerencia de que tienen sus familias en China, de que puede tratarse de niños comprados, constituye un gran problema".
La cantidad de dinero que reciben los orfelinatos chinos por concepto de adopciones extranjeras es de unos 3 mil dólares por niño, que supera con creces lo que reciben por adopciones nacionales, lo que crea un enorme incentivo para conseguir niños legal o ilegalmente y encaminarlos hacia canales extranjeros, de acuerdo a un ensayo de Research-China.Org sobre las finanzas de la adopción.
Refiriéndose al caso del orfelinato Hengyang, el ensayo dice: "Dada la naturaleza altamente lucrativa del programa internacional de adopciones, la pregunta no es cómo ocurrió, sino como es que no ocurre más a menudo".
Robar niños era prácticamente impensable hace 25 años cuando el comunismo era la ideología dominante y los vigilantes de los barrios observaban todos los movimientos de una persona. Desde entonces, la precipitada búsqueda de riqueza ha resultado en "problemas de transición", a medida que las costumbres sociales ceden ante la codicia, dicen los expertos.
"La moral ha desaparecido, y ahora la gente hace cualquier cosa por dinero", dijo Xia Xueluan, sociólogo de la Universidad de Pekín. "El secuestro de niños es realmente un terrible fenómeno, un problema social extremadamente grave".
De muchos modos, la familia Cheng tiene la típica historia de una familia de trabajadores inmigrantes. Cheng llegó a vivir en 1996 a los suburbios de Xian, famosa por sus soldados de terracota, y su esposa, Jin Lunju, de una miserable aldea, se unió a él un año más tarde. Ganan 200 dólares al mes, apenas suficiente para llegar a fin de mes, y viven en un apartamento de dos habitaciones sin calefacción ni lavabos. En invierno en casa usan sus abrigos.
Aunque tenían poco dinero, daban todo lo posible a su hija y la matricularon en una escuela básica especial a 5 kilómetros de distancia. Dada la realidad de las largas horas de trabajo y salarios bajos, le enseñaron a tomar el bus público a casa por sí misma. Retrospectivamente lamentan no haber sido más cuidadosos. Un testigo informó más tarde haber visto a un hombre con alguien que se ajustaba a la descripción de Yin, pero la policía no investigó esa pista.
La corrupción es un problema en los rangos más bajos del privilegiado servicio de seguridad pública de China, una organización que responde más a las presiones políticas o a los intereses personales que a la conciencia de tener una responsabilidad pública, dicen los analistas.
"La gran mayoría de las familias tienen pocas posibilidades de volver a ver nuevamente a sus hijos", dijo Zhou Xiaozheng, un sociólogo de la Universidad del Pueblo, de Pekín.
Sociólogos y otros padres que han perdido a sus hijos, dicen que la familia Cheng se ajusta al perfil de las víctimas. Los trabajadores inmigrantes que viven en los bordes de las grandes ciudades chinas en barrios pobres y atiborrados de gente desesperada, son víctimas ideales. Su falta de conexión con las autoridades reduce las posibilidades de capturar a los secuestradores. Y sus hijos a menudo obtienen precios más altos debido a que se piensa que son más listos y mejor educados que los niños de áreas rurales.
Los secuestros llegaron a las primeras planas a principios de los años noventa, dicen expertos en el tráfico de niños, y han aumentado prodigiosamente en los últimos años acorde el crecimiento de la riqueza y de la economía chinas. Padres y estudiosos dicen que a medida que se desarrolla el mercado y las ganancias se disparan, bandas relativamente sofisticadas están remplazando a los freelancers oportunistas o a bandas familiares en el negocio del robo de niños.
Algunos niños son vendidos voluntariamente por sus padres, sea con la esperanza de poder tener un hijo bajo la política china de un hijo por familia, o simplemente por dinero. En Henan, en mayo un padre fue sentenciado a 10 años de cárcel y una multa de 600 dólares por vender a su hijo infante por 1.100 dólares para comprar billetes de lotería.
Varios otros factores hacen aumentar la demanda. Comprar un niño y luego ‘legalizar’ la adopción con sobornos es a menudo mucho más fácil que seguir el proceso formal de adopciones en China.
"Realmente, las leyes de adopción deben ser revisadas", dijo Huang Jinxia, de Save the Children China, que supervisa los programas piloto en las provincias de Yunnan y Guangxi en el sur para informar a maestros y estudiantes sobre los riesgos de secuestro. "Bloqueada la ruta legal, mucha gente dice: ‘¿Por qué no comprar un niño?’"
Además, hacerlo a través del mercado negro es a menudo menos caro que pagar la multa por tener un segundo hijo, de acuerdo a la política china de un niño por familia.
Para quebrar su resistencia y mantenerlos tranquilos en los viajes largos, algunos de los niños secuestrados con violados o se les cuenta que sus padres se divorciaron y los abandonaron. En algunos casos, los niños pasan por las manos de siete o más intermediarios.
Los beneficios pueden ser substanciales. Los que se encargan del robo pueden ganar entre 36 a 60 dólares, de acuerdo a confesiones de algunos que han sido capturados, una suma importante en un país donde el ingreso promedio es de unos 100 dólares al mes. Los intermediarios los pueden vender por 400 o más dólares, y el comprador final puede pagar hasta 1.200 dólares por "mercaderías de baja calidad", o niñas, y 2 mil dólares por "productos de calidad", o niños.
Como si la pérdida de un hijo no fuera suficiente, los padres desesperados a menudo son asediados por estafadores cuando piden ayuda al público para ayudar a encontrar sus hijos. Estas estafas van de pequeños timos -Cheng perdió 5 dólares, casi el salario de un día, con alguien que le había dicho que había visto a su hija y podía entregar el retrato de ella y su secuestrador- hasta amenazas de muerte y exigencias de enormes rescates.
Los padres dicen que no pueden encontrar palabras para describir a la gente que puede ser tan ruin como para robar un niño. "Para un país, la pérdida de un niño es poca cosa", dijo Wang Chunkai, 33, un vendedor de leña cuya niña le fue robada frente a su casa. "Pero para una familia, lo es todo".
Wang dice que si encontrara alguna vez al secuestrador, le gustaría apuñalarlo, no una vez sino varias. Jiang Xinzhou, un ingeniero de 34 años cuya hijita de 2 fue robada de su casa mientras sus padres se encontraban dentro, dice que separaría a los criminales de sus propios hijos para que pudieran sentir algo del dolor.
La mayoría de los padres apoya decididamente al gobierno en su política de aplicar la pena de muerte para los ladrones de niños.
El gobierno ha realizado varias ejecuciones en los últimos años, y el año pasado condenó a muerte al jefe de una banda que envió decenas de niños a Singapur durante un período de cinco años.
Pero los padres de los desaparecidos dicen que el estado también debería reprimir a los que compran niños. Los compradores reciben condenas de hasta tres años de cárcel, pero esa ley no es implementada casi nunca.
Cuando Cheng y Jin miran su apartamento de dos habitaciones, son dominados por la tristeza. Muestran instantáneas de su hija, tocando su cara en la fotografía en un intento de hacer una conexión. Su imagen vuelve a ellos durante el día cuando se preguntan qué estará haciendo, si los echará de menos, si está llorando o si tiene hambre o está enferma.
"Nuestro dolor es tan grande que estoy paralizada y pienso en el suicidio", dijo Cheng. "Pero me doy cuenta que no sería justo para el resto de mi familia. Fracasamos como padres, pero no abandono las esperanzas de que vuelva. Nunca dejaré de tener esperanzas".
Yin Lijin contribuyó a este reportaje.

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dura pena de muerte en china


[Jim Yardley] Industria de la pena de muerte en China se aplica severamente y sin controles independientes en un contexto de terribles injusticias.
Yujigaou, China. En la celda de la prisión desde donde contemplaba las balas de los verdugos, un trabajador inmigrante llamado Wang Binyu contó el angustioso relato de su vida desperdiciada. Inesperadamente, y como un grito desgarrado, su historia se dejó oír en toda China.
Durante tres semanas los brutales asesinatos que cometió Wang después de no lograr que le pagaran sus salarios atrasados fueron contrastados en internet y en la prensa china con el injusto tratamiento que había soportado como trabajador inmigrante. La opinión pública clamaba por piedad, los abogados debatieron sobre la justicia de su sentencia de muerte. Otros vieron el caso como un sangriento síntoma de las duras desigualdades de la vida en China.
Pero entonces, a fines de septiembre, el furor desapareció tan inesperadamente como había empezado. Las discusiones online fueron censuradas y la cobertura periodísticas fue prohibida casi completamente. La apelación final de Wang fue llevada apresuradamente a la corte. Su padre, que nunca fue notificado, se enteró del juicio sólo por accidente. Al abogado defensor elegido por él le fue prohibido participar en el juicio.
"Todos ustedes están del mismo lado", gritó Wang, 28, durante el juicio, dijo su padre aquí en una entrevista en la casa familiar en un pueblo en la norteña provincia de Gansu. "Si queréis matarme, matadme de una vez".
Y lo hicieron, el19 de octubre. Wang fue ejecutado tan rápida y silenciosamente que pasaron semanas antes de que el mundo se enterara de que lo habían matado.
China ejecuta cada año a más gente que todo el resto del mundo. Según algunas estimaciones, el número de ejecuciones es de más de 10 mil al año: La implacable máquina de las sentencias de muerte del gobierno ha sido durante largo tiempo su herramienta más dura para conservar su control político y reducir el crimen y la corrupción.
Pero se ha convertido ahora en una llamativa incertidumbre sobre el respeto en China al imperio de la ley. Existen extendidas sospechas, incluso dentro del gobierno, de que demasiada gente inocente es condenada a muerte. Este año salieron a la luz un montón de casos en que juicios injustos habían terminado en sentencias de muerte o, en un caso muy publicitado, en la ejecución de un hombre inocente.
Reformar la pena capital se ha convertido en una prioridad dentro del sistema jurídico controlado por el Partido Comunista, en parte debido a la presión internacional para reducir los abusos. En el parlamento controlado por el partido, hay un amplio debate sobre cómo mejorar las leyes criminales. Pero lograr esas reformas es ciertamente difícil. Los conservadores se muestran poco dispuestos a restringir el poder de la policía y los tribunales adoptan una línea dura. Las reformas a la pena de muerte anunciadas por la Corte Suprema del Pueblo -y estruendosamente anunciadas en los medios de comunicación del estado- son en gran parte apenas un retorno al status quo de 1980.
El caso de Wang Binyu carece de la claridad moral de un hombre inocente condenado injustamente. Mató a cuatro personas en un ataque de ira después de una disputa sobre salarios. Pero su historia, marcada por los abusos y desprecio de sus patrones, resonaron profundamente en un público hastiado de la corrupción y la desigualdad y resentido con un sistema jurídico que percibe como protector de los ricos y los bien conectados.
"Wang fue obligado a luchar contra los que lo explotan y aplastan a los trabajadores", escribió una persona en un sitio en la red china. "¿Por qué será que la ley es tan severa con los pobres?"
El caso de Wang ilustra también un sistema construido para condenar que cuenta con pocas garantías o protecciones para los procesados que pueden ser condenados a muerte. Funcionarios del Tribunal Superior de la Región Autónoma de Ningxia, el área al occidente de China donde se vio el caso, rechazaron varias peticiones de entrevista. Pero Wu Shaozhi, el abogado de Pekín que intentó defender a Wang, dijo que los tribunales de Ningxia obviamente querían resultados rápidos.
Antes de la apelación, la familia de Wang firmó un poder para el abogado de Wu. Pero Wu dijo que funcionarios de la corte mintieron al principio, diciéndole que el plazo de la apelación había terminado. Luego se negaron a dejarle asistir al juicio. En lugar de eso, Wang fue representado por un abogado nombrado por la corte.
Entretanto, dijo Wu, los mismos jueces que oyeron la apelación trataron también al mismo tiempo la obligatoria revisión final del caso, lo que quiere decir que los jueces revisaron su propia resolución -una práctica que los juristas dicen que no es inusual y que proporciona pocos contrapesos para la aplicación de la pena de muerte.
"Un procedimiento injusto que indudablemente conducirá a más resultados injustos", dijo Wu.
China se muestra tan cautelosa de su sistema de sentencias de muerte que desde hace mucho tiempo el número de ejecuciones es un secreto de estado. Un indicio de esa cantidad se dio a conocer el año pasado cuando un delegado de alto nivel en el Congreso Nacional del Pueblo calculó públicamente que estaba "cercana a los 10 mil". En 2004, Amnistía Internacional documentó al menos 3.400 ejecuciones -de 3.797 en todo el mundo ese año-, pero advirtió que en China esa cifra era probablemente mucho más alta. Investigadores extranjeros han calculado esa cifra en unas 15.000 ejecuciones al año.
En octubre pasado, la Corte Suprema del Pueblo anunció que revocaría una decisión de principio de los años ochenta que entrega la revisión final sobre muchos casos de pena de muerte a las cortes superiores provinciales. Los juristas dicen que Den Xiaoping, entonces el líder supremo, ordenó la medida enfadado porque las cortes se mostraban demasiado lentas a la hora de reprimir la delincuencia. La medida sacó a la luz que los tribunales provinciales a menudo operaban sin ninguna supervisión.
Bajo la nueva medida, la Corte Suprema del Pueblo recobrará la responsabilidad de revisar todos los casos de pena capital. Los medios de comunicación del estado han calculado que las ejecuciones podrían disminuir en un 30 por ciento -un cálculo que no pudo ser verificado, pero que implica que había profundos vicios en el sistema actual.
"Piensan que se cometen errores en demasiados casos", dijo Yi Yanyou, profesor de la Facultad de Leyes de la Universidad de Tsinghua. Yi dijo que los nuevos cambios podrían ser importantes, pero no representaban ninguna reforma, debido a que se limitaban a restablecer el control central. Propuso cambiar el sistema de modo que en casos de pena capital se exigiese el consentimiento unánime de los miembros de los jurados que revisan las sentencias.
He Weifang, profesor de derecho constitucional de la Universidad de Pekín, dijo que los nuevos cambios mejorarían el proceso de revisión, pero alegó que sólo una reforma constitucional más profunda, que estableciera un poder judicial más independiente, podría retirar las presiones políticas que penetran muchos casos publicitados de pena de muerte.
En las áridas montañas del sur de Gansu, donde los campesinos apenas sobreviven cultivando una tierra tan fértil como la tiza, la familia de Wang no está al tanto de esos debates jurídicos. A los 15, Wang dejó su hogar para emigrar en busca de trabajo después de una infancia marcada por la miseria y la tragedia. Cuando era niño, su madre murió debido a una infección en una esterilización chapucera. Los funcionarios de planificación familiar habían ordenado la intervención después de que ella diera a luz a su segundo hijo. La familia entabló un juicio, pero sin ningún éxito.
Wang trabajó en una serie de trabajos de inmigrantes hasta que hace tres años consiguió un posición envolviendo tubos de acero en la central eléctrica de una fábrica de Ningxia. Su hermano menor, Binyin, que también trabajaba en la fábrica, describió a los patrones como hombres brutales que golpeaban a Binyu y se burlaban de él cuando enfermó de úlceras.
Los patrones también retuvieron el salario de Binyu durante dos años, un problema común que afecta a los trabajadores inmigrantes. Esta primavera, su padre lo llamó para decirle que necesitaba operarse urgentemente de una fractura en su pierna. Los hermanos decidieron renunciar y volver a casa. Pero primero necesitaban cobrar los más de mil dólares de salarios impagos.
Durante semanas Wang Binyu se acercó a los patrones a cobrar su dinero. En un momento, Wu Hua, un capataz, prometió pagarles si trabajaban algunas semanas más. Aceptaron, pero tampoco les pagaron. "Una vez mi hermano fue donde los patrones y les imploró, llorando, que les pagaran", dijo Wang Binyin.
Finalmente, en mayo, el patrón de la fábrica, Chen Jiwei, cedió y pagó los salarios de 2004, pero sólo después de hacer una enorme deducción por concepto de permisos y gastos de alojamiento. Pero se negó a pagar los salarios de 2005 hasta el próximo año.
Frustrado, Wang Binyu pidió ayuda a la oficina del trabajo local, pero le dijeron que no tenían jurisdicción. Se acercó a los tribunales, donde le dijeron que un pleito legal tomaría meses. Volvió entonces a la oficina del trabajo, donde un funcionario de alto nivel accedió a intervenir y convenció a su patrón, Wu Xinguo, de que pagara los salarios impagos en un plazo de cinco días. Parecía una victoria.
Pero después de salir de la oficina del trabajo, Wu Xinguo expulsó a los hermanos de su residencia. Más tarde esa noche, sin tener donde dormir, los hermanos empezaron a golpear a la puerta de Wu Xinguo exigiendo que les pagara. Se apareció Wu Hua, el capataz, y pronto llegaron otros a tratar de echar a los hermanos Wang. El grupo empezó a empujar y a dar manotazos a Wang Binyu hasta que estalló una gresca. Wang Binyu, que llevaba un machete, explotó en una ira que terminaría con cuatro personas muertas y un herido.
Wang Binyin dijo que había tratado de refrenar a su hermano. Recuerda haberle dicho: "No puedes hacer esto. Todavía tenemos a nuestro padre viejo en casa. ¿Qué haré yo solo?" Cuando terminó el ataque, Wang Binyu arrojó el cuchillo al Río Amarillo y se entregó en la comisaría de policía local. Los dos principales patrones -Chen y Wu Xinguo- resultaron ilesos.
El juicio inicial de Wang, el 29 de junio, terminó en sentencia de muerte. Su familia no fue notificada sobre la fecha del juicio y no asistió. Parecía destinado a ser una de las miles de personas que son ejecutadas en China cada año sin que llamen la atención del público. Pero el 4 de septiembre, la agencia de noticias Nueva China, el servicio de prensa del gobierno, publicó una entrevista con Wang en la cárcel que causó asombro, tanto por su contenido como por el mero hecho de que fuera publicada.
"Quiero morir", dijo Wang. "Cuando muera, nadie me podrá explotar".
Sobre su crimen, Wang dijo: "Ya no lo podía ser soportando. Ya les había aguantado bastante". Pero más tardé agregó: "No quería matarlos. No era mi intención".
Finalmente lamentó el destino de sus compañeros inmigrantes. "Mi vida vale poca cosa", dijo. "Espero que la sociedad nos preste atención y nos respete".
Periodistas chinos dicen que los autores del artículo escogieron el caso porque pensaban que encajaba con una campaña del primer ministro Wen Jiabao para ayudar a los campesinos. Los diarios, asumiendo que la entrevista indicaba su aprobación oficial, se abalanzaron sobre la historia.
Siguieron entrevistas con juristas, algunos argumentando que el sistema debería ser lo suficientemente ágil como para dar a Wang una sentencia menos severa. Los foros en internet se llenaron de comentarios de participantes indignados.
Pero la cobertura periodística fue detenida repentinamente. Los buscadores de internet fueron obligados a censurar el nombre de Wang Binyu y se ordenó a los diarios dejar caer la historia antes de que se viera su apelación a fines de septiembre. Más probablemente, la indignación pública alarmó a los funcionarios oficiales que no querían que se cuestionara tan abiertamente la pena de muerte. Desde su celda en la cárcel, Wang Binyu le dijo a su hermano menor que pensaba que los funcionarios locales estaban ansiosos por ejecutarlo, debido a que una revocación de la sentencia de muerte podría perjudicar sus carreras.
La apelación fue mantenida en secreto. El padre de Wang, Wang Liding, le había llevado unos días antes, casualmente, un par de zapatos. De otro modo no se habría enterado. En un momento el padre dijo que había gritado durante el juicio porque los fiscales dijeron que a su hijo le habían pagado todos sus salarios. El viejo Wang fue expulsado brevemente de la sala después de su exabrupto.
Ahora la familia todavía no recibe los salarios impagos de su hijo muerto. Las donaciones les han ayudado a construir un nuevo cuarto en su destartalada casa. El padre ha envuelto la libreta verde que certifica la cremación de su hijo en un papel. Es lo único que le queda de su hijo.
En octubre, antes de la ejecución, funcionarios del tribunal de Ningxia llamaron al padre para lo que él pensaba que era una buena noticia. Le dijeron que podía recoger los salarios impagos de su hijo. Viajó durante más de un día desde Ningxia a Gansu. Pero cuando llegó descubrió que la promesa de los salarios impagos era mentira. Los funcionarios querían simplemente que firmara el certificado de ejecución de su hijo.
Como es analfabeto, el padre sólo pudo estampar el papel con su pulgar.
"No debió matar a esa gente", dijo el padre. "Pero tenía un motivo".

1 de enero de 2006
©http://www.nytimes.com/2005/12/31/international/asia/31china.html?hp=&pagewanted=all
©traducción mQh

ejecuciones en china


[Mark Magnier] Miles de prisioneros son matados cada año, a menudo tras breves juicios cerrados al público.
Hulou, China. Zhang Huanzhi, 61, se abraza a un montículo de tierra que guarda las cenizas de su hijo. Lágrimas y mocos corren por su cara mientras llora: ¿Por qué nosotros, por qué nuestro hijo, por qué tanta injusticia?
Hace unos meses, un diario del estado informó que otro hombre había confesado la violación y asesinato por los que había sido ejecutado su hijo. Durante años, pocos la escucharon cuando insistía en que Nie Shubin, 20, había sido torturado para que se acusara falsamente, para luego ser condenado después de un juicio que duró dos horas. La única evidencia de cierto peso, dice, era la versión de un testigo que vio a alguien pasando en una bicicleta azul por el lugar de los hechos. Nie tenía una bicicleta azul.
"Si su bicicleta hubiera sido roja, o negra, hoy estaría vivo", dijo Zhang.
Casos como el de Nie han arrojado una dura luz sobre el extendido y a menudo cuestionable uso de la pena de muerte. Ahora, en medio de presiones de abogados, universitarios, Naciones Unidas y muchos países, el gobierno ha iniciado una reevaluación.
El martes, órganos de prensa del gobierno informaron que la Corte Suprema del Pueblo recuperará la autoridad perdida en 1983 para decidir sobre casos capitales. El cambio a principio de los ochenta fue animado por el deseo de una justicia rápida. De acuerdo al China Youth Daily, el tribunal supremo del país ha agregado tres tribunales penales para ocuparse de las revisiones de casos de pena de muerte de una manera "verdaderamente neutral".
Juristas calculan que este cambio puede reducir las ejecuciones en un 30 por ciento. El sistema actual conoce a jueces provinciales que dictan penas de muerte a un ritmo rápido y encarnizado.
Estadísticas completas sobre la pena de muerte son un secreto de estado, aunque las jurisdicciones locales anuncian las ejecuciones cuando se prestan para algún propósito político. Sin embargo, grupos de derechos humanos dicen que China ejecuta a más gente que el resto de los gobiernos del mundo combinados.
Amnistía Internacional encontró evidencias de 3.400 sentencias de muerte realizadas en 2004, dice que el número real debe ser cercano a las 10.000 al año -en comparación con 59 en Estados Unidos en 2004. Más de 70 países utilizan la pena de muerte, pero la mayoría la aplica solamente en casos de crímenes extremadamente violentos. China conoce la pena de muerte por 68 delitos, muchos de ellos no violentos, incluyendo el contrabando, evasión de impuestos, corrupción, "poner en peligro la seguridad nacional" y el separatismo, que implica abogar por la independencia del Tibet o Taiwán.
La prensa controlada por el estado ha pedido un sistema con "menos muertes y más cuidadosas", que se implantará quizás el próximo año. Más ampliamente, el Partido Comunista espera que un sistema jurídico creíble ayudará a canalizar la frustración pública en tribunales antes que en manifestaciones públicas.
El juicio de dos horas de Nie, que fue ejecutado meses después, no es inusual. Informes sugieren que ha habido juicios con pena capital que duraron menos de una hora. Lu Shile, acusado de homicidio en Qingdao, una ciudad al nordeste de China, fue condenado el año pasado, su recurso fue rechazado y fue ejecutado en un plazo de 24 horas, un resultado que el diario Qingdao Evening News elogió como "rápido y altamente eficiente".
En teoría, los casos que no implican secretos de estado, menores o la intimidad son abiertos al público. En la práctica, los jueces generalmente cierran sus tribunales al escrutinio exterior.
Como en muchos otros países, fiscales y policías presentan casos ante un juez. Pero detractores dicen que el recabamiento de evidencias, la sentencia y procedimientos jurídicos son a menudo flojos. No hay jurados, la policía tiene una enorme latitud y médicos forenses y expertos independientes son rara vez utilizados. Si un acusado muere o vive depende del momento, del lugar y de los vientos políticos. En provincias vecinas se aplican a veces diferentes sentencias por el mismo delito.
"Si ejerces presión política sobre un sistema que de por sí es endeble y buscas resultados, el riesgo de denegación de justicia y sentencias desproporcionadas es significativamente más alto", dijo Nicholas Becquelin, director de investigación de Human Rights for China, de Hong Kong.
Los verdugos chinos tienden a estar particularmente ocupados antes de cualquiera reunión importante del Partido Comunista, el día contra las drogas de Naciones Unidas, en batidas contra la delincuencia y durante las vacaciones de fin de año, y la prensa exalta las ejecuciones porque conducen a un "año nuevo feliz, seguro y alegre".
El sistema está construido contra los acusados.
Las relaciones, no la pericia jurídica, determinan a menudo quién es juez, y la corrupción es una preocupación permanente. Además, las apelaciones rara vez son tratadas porque son atendidas por el mismo tribunal que dicta la sentencia contra la que se recurre.
En el papel, los acusados son inocentes hasta que se demuestra su inocencia. En la práctica, dicen juristas, se asume que el gobierno tiene la razón. La ley china carece de distinciones en cuanto a homicidios de primero, segundo o tercer grado, de modo que a menudo la pena de muerte es la única opción.
La asesoría jurídica prácticamente no existe. Incluso los que pueden permitirse un abogado no están permitidos a reunirse con ellos sino después del interrogatorio policial, que puede durar semanas o incluso meses, a menudo en presencia de guardias.
Los abogados también dicen que defender demasiado bien a un acusado puede implicar que los abogados mismos sean detenidos, acosados o excluidos del oficio bajo el Artículo 306, una ley que prohíbe manipular las evidencias que el estado ha empleado contra los fiscales.
"Los abogados pueden ser acusados de defender a los acusados", dijo Nicola McBean, director ejecutivo de Rights Practice, un grupo de desarrollo con sede en Londres.
El sistema también enfatiza las confesiones, con la tortura como una amenaza permanente, dicen grupos de derechos humanos.
China anunció hace poco que varios cientos de agentes de policía habían sido reprendidos por el uso de "métodos impropios', una primera admisión de la dimensión del problema. "El hecho de que la gente sea ejecutada a diario en un sistema tan reconocidamente torcido, es increíble", dijo Ben Carrdus, investigador de Amnistía Internacional.
En una reforma reciente, China introdujo un examen nacional de leyes para jueces e impuso un límite de 12 horas a los interrogatorios de la policía, de 36 horas originales. Y en abril, la corte superior de apelaciones de la provincia de Sichuan, al sudoeste del país, resolvió lo que se ha llegado a conocer como la primera resolución en China que prohíbe las confesiones obtenidas por medio de la tortura.
Las leyes criminales chinas de 1979, que estipulan que las ejecuciones sean realizadas con un balazo a la cabeza, fue modificada en 1996 para incluir la inyección letal. A fines de los años noventa, China fue pionera en el uso de furgonetas de inyección letal. Los informes sugieren que su uso es particularmente frecuente durante campañas contra las drogas en la sureña provincia de Yunnan.
Los informes mencionan la persistencia de las ejecuciones públicas, aunque mucho menos frecuente que en el pasado. El año pasado, estudiantes de hasta 6 años se unieron a 2.500 espectadores en un gimnasio en Changsha, la capital de la provincia de Hunan en China Central, para presenciar la ejecución de seis hombres, de acuerdo a un informe chino en internet.
China gasta 87 dólares por ejecución, incluyendo el transporte, la cremación, las balas y esquelas funerarias, de acuerdo a un informe de 2003 en un sitio en internet en el servidor oficiales Xinhuanet. Las edades de los condenados van de 18 a 87 años.
La disposición de los cuerpos después de su ejecución es también un problema. Grupos de derechos humanos han acusado a China durante largo tiempo de usar sus órganos sin el consentimiento de las familias de los ejecutados.
En 2000, la madre de un asesino convicto, Yu Yonggang, demandó al gobierno en la provincia de Shanxi, diciendo que el tribunal y las autoridades médicas locales habían robado los órganos de su hijo después de su ejecución. Otro caso en la provincia de Gansu ese año resultó una indemnización de 250 dólares a una familia por un robo similar, de acuerdo al Morning Post de Lanzhou.
Juristas chinos reformistas han apelado a la billetera del país, diciendo que muchos países se muestran reacios a extraditar a funcionarios corruptos debido a la posibilidad de que sean ejecutados. El ministerio del Comercio calcula que 4.000 funcionarios corruptos han huido con 50 billones de dólares en fondos robados desde principio de los años ochenta.
La prensa controlada por el estado también empezó a prestar atención a casos vergonzosos. En junio, los diarios informaron que un campesino de la provincia de Hubei en China Central, que después de 10 días seguidos de interrogatorio, confesó haber asesinado a su esposa, tuvo que ser dejado en libertad cuando la mujer volvió a aparecer viva.Pekín ha dejado claro que los límites a la pena de muerte no irían demasiado lejos. La corrupción, el soborno y las violaciones a la seguridad nacional seguirán siendo delitos capitales, dijo un alto funcionario.
Más retrasos aumentan la posibilidad de más ejecuciones erróneas, dicen los juristas, y más dolor como el sufrido por la familia de Nie.
De niño, Nie era tímido y afable, y evitaba los conflictos, dicen amigos y familiares.
Un día dio un traspié contra un cubo de agua, recuerda su madre. Cuando ella le reprochó haberlo hecho intencionadamente, aceptó su castigo estoicamente hasta que ella se dio cuenta de que había sido un accidente.
"Era demasiado bueno para este mundo", dijo Zhang.
Después de la secundaria, Nie obtuvo un trabajo como soldador en una fábrica cercana. Un día de septiembre de 1994, la policía se apareció por su trabajo y lo arrestó. Fue acusado de violar y matar a Kang Juhua, 38, una vecina del pueblo cuyo cuerpo en acentuado estado de corrupción fue encontrado en un maizal.
A la familia de Nie no se le permitió visitarlo en prisión o hablar con él después de su detención. Nie supuestamente dijo a su abogado que fue interrogado y golpeado por la policía durante seis días. Su madre dice que cuando lo llevaban al tribunal, vio de uno de sus brazos estaba doblado de manera innatural. Las policías local, municipal y provincial dicen que no recuerdan el caso.
La familia se enteró de su ejecución a principios de 1995 sólo después de que un guardia les dijera que no perdieran más tiempo llevando jabón y cepillos de dientes porque su hijo ya estaba muerto. Una nota en el diario de esa época dice: "Después de una investigación de una semana en que la policía utilizó inteligentes técnicas psicológicas, los agentes finalmente lograron que el acusado confesara el crimen".
"¿Cómo puedes llamar a eso ‘técnicas inteligentes?'", pregunta su madre, Zhang.
El incidente devastó a la familia. El marido de Zhang intentó suicidarse con barbitúricos y, después de recuperarse, sufrió una depresión nerviosa.
"No hay justicia en China", dijo Nie Xuesheng, gritando y quejándose al mismo tiempo. "Mi hijo no puede morir así. Este sistema es corrupto".
La noticia de la inocencia de su hijo se dio a conocer antes este año cuando un trabajador inmigrante, Wang Shujin, confesara haber violado a seis mujeres, matando a cuatro de ellas, incluyendo a Kang, de acuerdo al gubernamental Henan Business News. El caso de Wang está todavía en tribunales, aunque los juristas dicen que es casi seguro que será condenado a muerte.
Entretanto, la familia de Nie se encuentra atrapada en un limbo jurídico. El tribunal dice que se requiere un certificado de la ejecución antes de reabrir el caso, pero la familia dice que nunca lo recibieron ni era exigido en esa época.
"Me siento tan impotente", dice Zhang. "Yo tenía una familia guapa, feliz, un marido bueno, todo era perfecto. De repente nuestro mundo se derrumbó".

30 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

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envoltorio de celofán


[Yiyun Li] Envoltorio suizo en China.
Después de la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989, el ministerio de Educación chino empezó a enviar a futuros estudiantes de la Universidad de Pekín, un semillero de protestas pro-democracia, al servicio militar durante un año. Así, en 1991, a los 18, en lugar de empezar a estudiar, entré al ejército. Allá, junto a otros 1.500 estudiantes, pasé horas de formación de adiestramiento y muchas más veces siendo indoctrinada sobre la inevitable derrota del capitalismo y de la victoria del comunismo.
A la primavera siguiente, el ejército nos envió a una marcha a través de la montaña Dabie para que conociéramos nuestro "legado revolucionario"; en los años veinte y treinta la montaña sirvió como base del Partido Comunista. La marcha fue dura, sin poder bañarnos durante semanas y con ampollas en nuestros pies; el aire de la montaña y los campos en primavera hicieron de la excursión una especie de aventura turística. Por eso entramos a un pueblo un noche sonriendo y elevando nuestras manos al cielo.
Éramos las únicas mujeres de la compañía, y marchábamos detrás de un batallón de chicos; el camino que cruzaba la aldea estaba envuelta en el polvo. Un búfalo, usado para apisonar, pastaba impertérrito. Un aldeano nos vio y gritó: "Ahora chicas soldados". Los aldeanos se asomaron a todas las puertas, con cuencos de arroz en sus manos, indicándonoslos con sus palillos para comer. "Niñas soldados", gritaban también los niños, corriendo junto a nosotros. Nosotras sonreíamos, saludábamos con la mano y seguíamos caminando. Una anciana estaba moliendo ajíes secos en un enorme mortero de piedra. La brisa esparcía el fino polvo y muchas de nosotras estornudamos; los aldeanos rieron.
En las afueras de la aldea nos ordenaron hacer un descanso. El polvo se asentó y cientos de figuras de uniformes verdes nos sentamos en fila india junto al serpenteante camino. La escena fue interrumpida pronto por los niños del pueblo, todos estirando sus manos, pidiendo caramelos y negándose a marcharse después de recibir su parte. Incluso los soldados más compasivos entre nosotros, empezaron a ahuyentar a los niños como si fueran moscas. Cuando otra niña se plantó frente a mí, le dije: "¿Cuántos necesitas para irte a casa?"
"¿Puede quedarme el envoltorio?", preguntó. Miré a la niña, demasiado pequeña para su blusa heredada. "¿Coleccionas envoltorios?", pregunté. Asintió y me mostró un manoseado libro. Entre las páginas había sobre todo envoltorios baratos, rojos y azules, con caracteres simples, tang guo (caramelo) impresos sobre ellos diagonalmente.
"¿Cuántos años tienes?", pregunté. "Ocho", dijo ella. "¿Vas a la escuela?" Se encogió de hombros. En la montaña no muchas niñas recibían educación. Trabajaban duramente para sus padres hasta que tenían edad suficiente para buscarse un marido. Hoy, supongo, si las niñas de esta región logran dejar sus aldeas, podrían tratar de participar en el auge económico chino convirtiéndose en obreras en una fábrica.
Le pasé una barra. Lo desenvolvió, sacó el envoltorio y me devolvió el chocolate. La miré cómo lo aplastaba entre sus manos. Había montañas nevadas y un cielo azul como telón de fondo, y una pequeña flor blanca floreciendo en el centro.
A su edad, yo también coleccionaba envoltorios de caramelos y entendí la alegría de tener un envoltorio de primera en tu colección. Yo tenía uno que me había dado un occidental, a fines de los años setenta, cuando las caras extranjeras eran todavía raras en Pekín. Estaba hecho de papel celofán con rayas doradas y plateadas transparentes, y si mirabas de través, podías ver un mundo dorado, mucho más bonito que la aburrida vida de todos los días.
Para cuando cumplí 10, estaba trabajando en los objetivos señalados por mis padres: destacarme con mis deberes escolares de modo que algún día pudiera marcharme a Estados Unidos. Asistí a la secundaria en Pekín que sólo admitía a estudiantes con los mejores resultados en el examen de admisión. Financiada por la UNESCO, tenía una piscina cubierta, televisión a color y un laboratorio científico.
No cambié mi vida simplemente por un envoltorio de caramelo, pero fue la semilla de un sueño que se convirtió en realidad: Dejé China hacia una universidad americana en 1996 y desde entonces vivo aquí.
La niña estudió el envoltorio antes de colocarlo en su libro. Me pregunté si nutriría sus ideas sobre otros mundos. Pero no le dije nada sobre mi colección. No le dije que el caramelo venía de Suiza. No pude explicarle que la flor en el envoltorio era la edelweiss o que aparecía en una canción en una película americana llamada ‘Sonrisas y Lágrimas' [The Sound of Music] -la había visto muchas veces en mi escuela, de modo que pudiéramos cantar las canciones cuando nos visitaran delegados occidentales.
Incluso a 18, a pesar de mi re-educación forzada en el ejército, yo sabía que yo era más feliz que ella, un transeúnte en la montaña y encaminada hacia un destino mejor. Yo sabía que nunca vería un edelweiss excepto en un envoltorio de celofán.

Yiyun Li es autora de un libro de cuentos, ‘A Thousand Years of Good Prayers', publicado esta semana por Random House.

27 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh