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murió marie osborne yeats


Actriz. Trabajó en las primeras películas mudas.
[Dennis McLellan] Murió Marie Osborne Yeats, niña actriz de la era del cine mudo que, bajo el nombre de Baby Marie Osborne apareció en películas como ‘Little Mary Sunshine’. Tenía 99 años.
Yeats, que trabajó más tarde como encargada de vestuario en un estudio de cine, murió el 11 de noviembre en su casa en San Clemente, informó su hija, Joan Young. En los últimos años, Yeats había sufrido tres derrames.
En 1915 tenía tres años cuando fue descubierta por el director Henry King en la Balboa Amusement Producing Co. en Long Beach, donde su padre estaba a cargo del zoológico del estudio y su madre adoptiva trabajaba como extra.
Un día King se encontraba en aprietos y necesitaba a un niño actor para un papel en ‘The Maid of the Wild’, una película corta en la que también actuaba King.
"Yo estaba allá, y llevaba corte holandés, así que me vistieron de niño", recordó Yeats en una entrevista con el Times en 2001.
King quedó impresionado con el trabajo de la agraciada niñita frente a las cámaras.
"Él pensaba que ella tenía una gran presencia de pantalla -era una natural- y quería promocionarla", dijo Jean-Jacques Jura, que entrevistó a Yeats para su libro ‘Balboa Films: A History and Filmography of the Silent Film Studio’, de 1999, escrito en colaboración con Rodney Norman Bardin II.
King empujó a Baby Marie al estrellato con ‘Little Mary Sunshine’, una película de 1916 escrita especialmente para ella.
‘Little Mary Sunshine’ fue la primera de una serie de largometrajes rodados en los Estudios Balboa, con Baby Marie Osborne en el papel estelar.
Un artículo en un diario de la época incluía este entre sus titulares: ‘Baby Marie Osborne, la Actriz Principal Más Joven del Mundo’.
Sobre su actuación en ‘Little Mary Sunshine’, el escritor del artículo observó que la actriz "nunca se pasa con la parte azucarada" y "su absoluta e impersonal conciencia es una revelación artística".
"Tuvo un gran éxito", dijo Jura.
La fama de la joven actriz se extendió a Europa, y empezó a realizar giras nacionales. Incluso aparecieron muñecas y muñecos de papel Baby Marie.
Balboa Films hizo lo imposible por dar en los estudios un tratamiento propio a su valorada niña prodigio, como descubrieron Jura y Bardin cuando hacían investigación para su libro. Entre las directivas del estudio se encuentran las siguientes:

"No debe ser fastidiada nunca".

"No se la debe gritar ni dirigirse a ella en coa".

"No debe ser mimada ni tocada innecesariamente. La idea de la dirección es no tocarla. Debes adorarla desde lejos".

En 1917, después de que expirara el contrato de Baby Marie con Balboa Films, dijo Jura, los Osborne y un socio compraron los viejos Estudios Kalem en Glendale, el que rebautizaron como Estudios Diando, para hacer sus propias películas con la niña como estrella.
Desgraciadamente, los días de gloria de Baby Marie como niña estrella fueron pocos, y terminaron después de ser la actriz principal en la comedia corta ‘Miss Gingersnap’, de 1919.
"Había un fondo fiduciario, pero no me parece que yo haya recibido algo", dijo al Times en 2001. "No importaba. Mi madre adoptiva me compraba ropa bonita. Vivieron bien, mientras duró. Se divorciaron cuando yo tenía siete u ocho años. Empecé a vivir yendo de uno al otro. Luego vivó con mi padre adoptivo".

Nació como Helen Alice Myres en Denver el 5 de noviembre de 1911, y se convirtió pronto en la hija de acogida de Leon y Edyth Osborn. (Rebautizaron a Marie y, más tarde, agregaron una ‘e’ a su nombre.)
"Me retiraron de la residencia de niños a cargo del estado de Colorado cuando tenía como tres meses", contó Yeats al Times en 2001. "Mi padre adoptivo administraba un teatro en Colorado Springs. Ignoro por qué mis se marcharon a California".
En los años treinta y cuarenta, Yeats trabajó ocasional y anónimamente en algunas películas, así como doble de Ginger Rogers, Deanna Durbin y Betty Hutton.
Empezando con un aprendizaje en la Western Costume Co. en 1952, tuvo una carrera de más de dos décadas como directora y diseñadora de vestuario de estudio en películas como ‘Ellos y ellas’ [Guys and Dolls], ‘Espartaco’ [Spartacus], ‘Cleopatra’ (estuvo a cargo de la guardarropa de Elizabeth Taylor), ‘Tal como éramos’ [The Way We Were], ‘Mame’ y ‘El Padrino II’.
"Debo ser franca contigo: prefería eso antes que actuar", dijo Yeats, que se jubiló en 1976, en la entrevista con Times. "He tenido una vida fascinante, maravillosa".
El matrimonio de Yeats con Frank Dempsey, con el que tuvo una hija, terminó en divorcio en 1937. Su matrimonio con Murray Yeats en 1945 terminó con su muerte, en 1975.
Además de su hija, le sobreviven cinco nietos.
3 de diciembre de 2010
18 de noviembre de 2010
©los angeles times
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murió mario monicelli


A los 95 años, se suicidó el director italiano Mario Monicelli. Inventor de la commedia all’italiana, responsable de clásicos como Los desconocidos de siempre y Un burgués pequeño, pequeño estaba artística y públicamente activo. Se le había descubierto un cáncer de próstata: se lanzó desde su cuarto de hospital.
[Horacio Bernades] Como si hubiera querido reescribir a último momento ‘El difunto Matías Pascal’, de la cual dirigió una versión en los ’80, en lugar de fingir su suicidio para seguir viviendo –como el personaje de Pirandello– Mario Monicelli fingió durante toda su vida ser el más improbable candidato al suicidio, para terminar tirándose por la ventana en una noche romana. A los 95, hacía rato que el autor de ‘Los desconocidos de siempre’ bromeaba con la edad y la muerte, como corresponde a quien en buena parte de su vida supo reírse de cosas bastante más pasajeras. Cuando todo parecía encaminarlo a una muerte calma y dichosa, el hombre que supo disfrutar de la vida como toscano de pura cepa decidió no seguir esperando, y se tiró. Lo hizo desde una ventana del cuarto piso del hospital San Giovanni, donde estaba internado por un cáncer de próstata. ¿Fue el golpe de tragedia de un especialista en la comedia o una última broma amarga, al estilo de los protagonistas de Amigos míos? En cualquier caso corresponde despedirlo entre chistes y risotadas, como hacían los amici con el amico muerto en aquella película de los ’70.
Más llama la atención su extemporánea decisión final, teniendo en cuenta que este inventor de la commedia all’italiana no estaba retirado. Cuando vino al Festival de Mar del Plata, hace tres años, no fue como guardián de su propio museo sino como cineasta en activo, trayendo un corto recién filmado. Filmado, para más datos, como lo hacen los jóvenes: con una camarita digital y en las calles de su barrio romano, sin guión ni nada. El año pasado se hizo presente en el Festival de Venecia y el anterior había estado en San Sebastián, acompañando una retrospectiva completa de su carrera, que abarcaba desde las primeras comedias codirigidas con Steno hasta las últimas. Una de éstas, su última de ficción, fue también la postrera en conocerse en Argentina, después de años de desaparición de la cartelera local: ‘La rosa del desierto’, de 2006, estrenada aquí en 2009.
Tampoco estaba retirado de la vida pública: pocos meses atrás produjo un revuelo en Italia al reaccionar airadamente contra los recortes berlusconianos en la cultura. Genio y figura de quien desde joven supo aunar las risas con el compromiso: ver no sólo la dorada ‘Los compañeros’, sino también esa ferocidad llamada ‘Un burgués pequeño pequeño’ y la francamente política ‘Vogliamo i colonnelli’, también de los ‘70. Ganador en tres ocasiones del Oso de Plata en Berlín, de un León de Oro en Venecia y tres nominaciones al Oscar (por ‘Los desconocidos’..., ‘La gran guerra’ y ‘La ragazza con la pistola’), la gloria de este toscano de Viareggio reside en su condición de nombre mayor –junto con Dino Risi, una inolvidable camada de capocómicos y un escuadrón de brillantes guionistas– de un género que ayudó a fundar.
Heredero a la distancia de la commedia dell’arte y la picaresca, encarnación quintaesencial de la lúdica corrosividad italiana, Monicelli dirigió un corto y un mediometraje a los 19 y 20 años, interrumpió su vocación temprana gracias al fascismo y la guerra y la retomó tras la caída del Duce. A fines de los ’40 se alió en la dirección con Stefano Vanzina (Steno) y en la escritura de guiones con Angenore Incroci (que firmaba Age), Furio Scarpelli, Ruggero Maccari, Sergio Amidei y Ennio Flaiano. La crema misma de esa suma de observación, irrisión y corrosión que pasaría a conocerse como commedia all’italiana. Completada, claro, con las presencias insustituibles de Totò, Fabrizi, Sordi, Mastroianni, Gassman, Tognazzi e tutti gli altri.
El Monicelli esencial va de ‘Los desconocidos de siempre’ (1958) a ‘Un burgués pequeño pequeño’ (1977), incluyendo clásicos inoxidables como ‘La gran guerra’ (1959), ‘Los compañeros’ (1963), ‘La Armada Brancaleone’ (1966), ‘Brancaleone en las Cruzadas’ (1970), ‘Amigos míos’ (1975) y, por qué no, el par de negrísimos episodios que dirigió para ‘Los nuevos monstruos’ (1977). La negrura, el espíritu crítico, la aguda observación de personajes populares son claves de un estilo que admite la seriedad (como en ‘I compagni’) e incluso la bilis (como en ‘Un borghese’...), pero nunca como camino sin retorno. Posiblemente uno de los grandes films políticos de su tiempo, ‘Los compañeros’, no deja de ser una comedia lúdica entre amigos, mientras que en ‘Amigos míos’ sucede lo contrario: el carácter de comedia lúdica entre amigos, compinche y desternillante, no bloquea el patetismo de unos cincuentones dedicados a las bromas pesadas. Dedicados tan por entero, tan fanáticamente, que también puede vérselos como anárquicos héroes antisociales.
De paradojas semejantes está hecha la carrera de este taurino nacido el 15 de mayo de 1915. Como todos sus compañeros de ruta (ver la obra de Risi, pero también las de Age, Scarpelli y compañía), la obra de Monicelli se tensa entre lo culto y lo popular, entre la expresión personal y el resbalón de compromiso, entre el cálculo comercial y la fidelidad a sí mismo. La diferencia con algunos colegas es que, más allá de inevitables altos y bajos, Monicelli no conoció la decadencia, tanto en sentido artístico como en el personal. Así como hasta último momento mantuvo la coherencia civil, a los 70 años produjo films tan atendibles como ‘El difunto Matías Pascal’ o ‘Esperemos que sea mujer’, cerca de los ’80 se aventuró con la negrura de la aquí inédita Parenti serpenti, y pasados los ’90 se despidió con ‘La rosa del desierto’. Que no habrá sido uno de sus films mayores, pero sí uno sólido y dignísimo. Hasta que a los 95 decidió homenajear imprevistamente a su colega Marco Bellocchio, dando un salto al vacío que no se esperaba de él.
30 de noviembre de 2010
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murió ingrid pitt


Una de las actrices del cine de horror británico mejor conocidas.
Murió el martes en Londres, sólo tres días después de cumplir 73 años, la actriz Ingrid Pitt, que sobrevivió un campo de concentración nazi y escapó de la policía comunista para convertirse en una de las estrellas del cine de horror británico mejor conocidas.
Su hija, Steffanie Pitt, dijo que su madre colapsó en camino a un banquete de cumpleaños celebrado en su honor durante el fin de semana. No se conoce la causa de su muerte, pero Pitt sufría de mala salud últimamente.
Conocida en Gran Bretaña principalmente como la pechugona vampiresa de ‘Las amantes vampiro’ [Vampire Lovers] y ‘Condesa Drácula’ [Countess Dracula], Ingrid Pitt empezó su carrera actoral con un papel en la película de aventuras ‘Donde las águilas se atreven’ [Where Eagles Dare; El desafío de las águilas] de 1968, que contó con Richard Burton y Clint Eastwood en los roles protagónicos.
Contratada por la británica Hammer Films -también la productora del ‘Dracula’ de Christopher Lee- trabajó con la leyenda del cine de horror en las películas ‘La mansión de los crímenes’ [The House That Dripped Blood] de 1971 y ‘El hombre de mimbre’ [The Wicker Man].

El nacimiento de Pitt en Polonia el 21 de noviembre de 1937 interrumpió los intentos de sus padres de escapar de la Alemania nazi hacia Gran Bretaña.
Atrapadas por los alemanes, Pitt y su madre, que era de descendencia judía, fueron internadas en el campo de concentración de Stutthof. Pitt sobrevivió la guerra y se incorporó al Berliner Ensemble, donde trabajó con la actriz Helene Wiegel, la viuda del dramaturgo alemán Bertolt Brecht.
Pero el clima política en la Alemania del Este no convenció a Pitt, que era muy explícita en sus críticas de los funcionarios comunistas.
Abandonó Berlín la noche de su debut en el teatro, se zambuyó en el río Spree, que atraviesa la capital alemana. Pitt fue rescatada por un guapo oficial estadounidense, con el que se casaría más tarde.
Pitt se mudó a Estados Unidos y -después del fracaso de su matrimonio- a España, donde apareció en sus primeras películas, pese a su escaso dominio del idioma. Descubierta cuando presenciaba una corrida de toros, empezó poco después su carrera en las películas de horror de Hollywood y británicas.
Aunque Pitt tuvo varios otros papeles en cine y televisión, fueron sus películas de vampiros de los años setenta las que la convirtieron en una estrella de culto.
En una entrevista de 2006 confesó al entrevistador que no le atraían demasiado las películas de horror.
"De niña estuve en un campo de concentración y no quiero ver el horror", dijo Pitt. "Creo que es asombroso que yo haga películas de horror después de haber tenido una infancia tan espantosa. Pero quizá es por eso que lo hago bien".
Además de su hija, la sobreviven su segundo marido y una nieta.
28 de noviembre de 2010
25 de noviembre de 2010
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papeles perdidos de marilyn


¿Qué no se dijo de Marilyn? Decenas de biografías sobre su infancia trágica y sus matrimonios desgraciados. Investigaciones sobre el rol de la CIA y los Kennedy en su muerte. Retratos de autores como Truman Capote y Norman Mailer tratando de capturar su gracia infinita.
[Juan Ignacio Boido] Cuadros de Warhol, Dalí y De Kooning tratando de capturar su misterio. Y sin embargo, Marilyn Monroe sigue siendo más grande, más misteriosa y más encantadora que cualquier cosa que pueda decirse de ella. Por eso, la publicación a cargo de la familia Strasberg (descendientes de su mentor Lee, en el Actors’ Studio) de ‘Fragmentos’ (Seix Barral), una serie de papeles, cuadernos, poemas, cartas y anotaciones que permanecieron desconocidos hasta ahora, escritos por Marilyn, fue anunciada como la aparición de una faceta insospechada de la actriz. ¿Puede la propia Marilyn explicar su mito?

Marilyn Monroe tiene un sueño: sueña que es Marilyn Monroe, que está en un quirófano y Lee Strasberg está por operarla. La Dra. Hohenberg, su psiquiatra, coincide con Strasberg: operarla es el único modo de curarla de la terrible enfermedad que la aqueja y devolverla a la vida. Afuera, su marido, Arthur Miller, espera ansioso el resultado de la intervención. La Dra. Hohenberg es la encargada de administrarle la anestesia. Strasberg procede, toma un bisturí y la abre. Pero no encuentra absolutamente nada, la operación es un fracaso: Strasberg queda profundamente decepcionado, la Dra. Hohenberg está atónita y Miller, triste y abandonado. Alrededor de la camilla yace desparramado el relleno que cayó de Marilyn después de la intervención: aserrín.
Marilyn Monroe anotó este sueño en 1955, en uno de los innumerables cuadernos y hojas membretadas que comenzaba y dejaba. Marilyn ya era Marilyn, y todavía faltaban siete años para que efectivamente la encontraran muerta en una cama rodeada de lo mismo que tenía dentro: pastillas, barbitúricos, un teléfono descolgado, el encanto muerto y desparramado. Pero ya en ese sueño podría decirse que está todo: su entrega ciega al gurú del Actors’ Studio, su miedo a ser una decepción, los fracasos de su terapia para tender puentes entre sus traumas y el mundo exterior, su incapacidad para amar completamente a un hombre sin abandonarlo, el doloroso esfuerzo por mostrar que había algo debajo de ese encanto imposible de diseccionar. Pero lo más sorprendente tal vez sea no que Marilyn se pregunte lo mismo que el mundo se viene preguntando desde su muerte, ¿quién era la persona dentro de Marilyn Monroe?, sino que ella misma ofrezca una respuesta: No importa, Marilyn Monroe es Marilyn Monroe, y el resto es relleno.

No es que lo que sepamos o podamos saber sobre ella no importe. Sabemos de su padre ausente y desconocido, de una madre internada en clínicas psiquiátricas, de una infancia en familias adoptivas, de los abusos sexuales en una de esas familias, de su primer matrimonio a los 16 años para evitar el orfanato, del fantasma de la locura familiar hereditaria. Pero, ¿cuántas chicas lindas con infancias trágicas hay que no terminan siendo Marilyn Monroe? Sabemos que a los 20 años, después de firmar contrato con la Fox, dejó caer su Norma Jean Mortenson y se envolvió como una boa de plumas el nombre de Marilyn Monroe, en homenaje a la actriz Marilyn Miller y al apellido de soltera de su madre. Pero, ¿cuántas actrices se cambian el nombre al empezar? La diferencia está, quizás, en que mientras muchas se cambian el nombre para dejar atrás quienes son, Marilyn Monroe parece cambiarse de nombre para empezar a ser quien siempre fue. Años después, cuando sale a la luz el calendario de sus días como modelo pin up para el que posó desnuda, poniendo en peligro su carrera, Marilyn sellará su prehistoria mítica y su romance con América pronunciando una frase que podría cerrar cualquier gran novela de Steinbeck, Dos Passos o Faulkner durante la Depresión y la guerra: "Tenía hambre". Hambre, aserrín o pastillas: el relleno dice mucho de ella, pero no explica quién es, qué significa. A Marilyn Monroe nada la llena. Todos se enamoran de Marilyn, pero a Marilyn nada le alcanza: ni Jim Daugherty, ni Joe Di Maggio, ni Arthur Miller, ni Frank Sinatra, ni Yves Montand, ni los taxistas anónimos a los que se entregaba, ni JFK. Uno tiene la sensación de que, de haber sobrevivido a sí misma esa noche de 1962, Marilyn Monroe hubiera tenido más maridos que Elizabeth Taylor. Y peores. Incluso en sus comienzos, Elizabeth Taylor fue menos trágica, más dramática, pero nunca así de mítica. Liz Taylor era morocha en la era del color, y era del violeta de sus ojos de donde emanaba su cualidad única. En cambio, Marilyn Monroe resplandecía toda: ella resplandecía y eran los ojos de los otros los que se encendían. Si Marilyn Monroe tuvo un matrimonio feliz, fue con el Kodachrome. Esa piel hecha de luz, casi traslúcida, y ese rubio platinado que por fin no le debía nada prestado al blanco y negro. Marilyn Monroe no es parecida a ninguna de las rubias de Hollywood hasta entonces: no es Veronica Lake, no es Gloria Grahame, no es Jean Harlow (a la que estuvo a punto de interpretar en una biopic), ni es ninguna de esas rubias fatales del cine noir que le pedían a la noche que hiciera nido en su pelo para ser rubias en pantalla. Marilyn Monroe era la primera rubia fatal a la luz del día: una rubia con luz propia. Una rubia que no necesitaba hacer policiales noir porque terminó viviendo el film más negro de todos, el gran policial de la era color: el que transcurre en la Casa Blanca y termina con el presidente muerto. Por la misma época, con una piel así nacarada, un pasado de infancia trágica, un ascenso de hambre y junto a otro futuro presidente, Eva Perón también transitaba esa transformación hacia el mito. Mientras una enfrentaría a "la oligarquía", la otra enfrentaría a "los estudios". Si Evita era la rubia del Pueblo, Marilyn Monroe era la rubia de América.

¿Qué mito, entonces, encarna Marilyn Monroe que la hace quedar así adherida al siglo XX, junto con Los Beatles, pero sin los discos?
No es simplemente la gracia burbujeante del champagne cuando empieza la noche, ni un alma embriagada por su pena hasta la cirrosis. Marilyn Monroe es una mezcla de las dos cosas: es una gracia en pena. Es el ejemplar perfecto de esa estirpe única que es la chica norteamericana: la Daisy Miller de Henry James, la Daisy de Fitzgerald en ‘El gran Gatsby’, la Marilyn Monroe de Truman Capote en ‘Música para camaleones’: una gracia irreductible, con una pena inconsolable. Rubias hermosas, algo irreales, indescifrables. Marilyn Monroe es el eslabón perdido entre Daisy Miller y la conejita Playboy. Marilyn Monroe fue la primera tapa de Playboy y Marilyn Monroe es la conejita del siglo. ¿Es cándida o perversa? Cuando uno la mira cantarle a Kennedy ‘Happy birthday, Mr. President’, enfundada en ese vestido que, como ella mismo dijo, "sólo puede usar Marilyn Monroe", ¿no intuimos acaso un pompón blanco asomando por atrás? Y cuando uno la escucha ahí, cantando ante el mundo, con esa voz susurrante, entre la agonía y el éxtasis, ¿por qué sentimos más pena por ella que por Jackie, la mujer más engañada en público de Estados Unidos, la cornuda de América? Tal vez porque en Jackie Kennedy siempre veremos a una mujer, y en Marilyn a una chica (incluso aunque uno prefiera a la chica).
¿Y qué siente esa chica? ¿Qué siente la mujer más deseada y sola de los años ’50?
Esta pregunta es lo que aparentemente viene a responder Marilyn Monroe. Fragmentos: poemas, notas personales, cartas. ¿Y cuál es la respuesta? Sorpresa: que adentro de Marilyn Monroe lo que hay es... Marilyn Monroe. Hambre, aserrín, pastillas.
El libro recopila en escaneos directos, y sus correspondientes transcripciones y traducciones, una serie de cuadernos, libretas, agendas, cartas, papeles sueltos y membretados en los que Marilyn escribió a lo largo de los años. Sobrevuela la idea y la intención de encontrar en estos fragmentos los rastros de una intelectual en formación, de una poeta viviendo debajo de la atmósfera resplandeciente de su celebridad, la idea de ver en Marilyn Monroe una Sylvia Plath en potencia. Una idea tan arriesgada como creer que si Sylvia Plath hubiese sido más linda, habría sido Marilyn Monroe. El libro es, sobre todo, un souvenir, una colección de memorabilia, un montaje impecable que intercala páginas escritas con su letra y fotos de Marilyn leyendo y escribiendo, fotos de pudor intelectual en las que Marilyn, que parecía entregarle todo al mundo, comparte con ella misma eso que no le entregaba a nadie: el paisaje desolado en el que parecía habitar adentro suyo.

Por las páginas pasan poemas, fragmentos, fulguraciones, sensaciones, epigramas, epifanías. Escuchamos de su propia voz el asco sexual que le despertaban los primeros hombres. Su miedo a ser la segunda en discordia y el terror a ser tonta ("podía aguantar el rechazo, pero mi orgullo no soportaba haber quedado como una tonta"). Los momentos de hiperconciencia en que actuar y vivir se vuelven lo mismo ("supongo que a lo mejor soy capaz de mirarla a los ojos y decirle ‘te quiero’ con un gesto de odio o algo parecido", escribe como si hablara de copiar a Bette Davis). Su temor a ser castigada o reprimida por ser quien es arriba del escenario. Su esperanza de poder reírse de todo "sin ese falso tono protector". Su certeza de que jamás se suicidaría marcando su cuerpo. Su obsesión por explorar más y más los traumas del pasado. Su duda permanente, la vacilación ante la incertidumbre de si podrá mejorar. Asistimos a su esfuerzo impenitente por educarse: se anota en cursos universitarios incluso cuando ya es famosa, se pone a las órdenes de Strasberg, arma listas de música clásica para escuchar, lee incansablemente clásicos, vanguardias y contemporáneos. Asistimos a su entrega incondicional al psicoanálisis. A su soledad desesperante. Marilyn escribe, anota, corrige. En sus imágenes hay pies, puentes y fantasías: una simbología sencilla pero clara para alguien desgarrada entre las ilusiones y la realidad ("No he tenido Fe en la Vida, entiéndase: la Realidad"). Conmueve leer su miedo, una herida en la infancia que no deja de sangrar, su terror a la desesperación, la fe en el amor que se marchita, la cara en el espejo que se arruga (Marilyn Monroe se arruga), la tristeza de saber que nunca se conoce completamente a otro, la decepción sentimental, su boca que dice "no me beses, no juegues conmigo, soy una bailarina que no puede bailar". La conclusión de que "lo mejor es amar con valentía y aceptar tanto como una pueda aguantar".
Norman Rosten, el amigo de Arthur Miller que la alentó a escribir, dijo que Marilyn escribía con instinto y reflejos de poeta, aunque sin la maestría. El tema con los papeles recogidos en ‘Fragmentos’ no es que sean buenos o malos: es que no se leen para saber lo que Marilyn dice sino lo que ellos dicen de Marilyn.
Marilyn pasea por los recuerdos truculentos de su infancia como si fueran escenas de una película, anota indicaciones de Lee Strasberg en sus clases del Actors’ Studio como si fueran consejos para la vida, anota consejos para la vida como si fueran indicaciones para actuar: el mundo interior de Marilyn Monroe parece un guión para ser Marilyn Monroe. Y Marilyn Monroe actúa en sus cuadernos como actúa en la vida, haciendo ese mismo papel que hace como nadie, que hace siempre y que hizo como nunca en una de sus mejores escenas, bailando con Elia Kazan, Montgomery Clift y Clark Gable –pero que podían ser también Joe Di Maggio, Jim Daugherty y Arthur Miller– en ‘Los inadaptados’ de John Huston, en una escena que parece grabada muchas botellas después de haberle cantado el Happy Birthday a Mr. President y en la que ella pronuncia una de sus mejores líneas, un diálogo escrito por Arthur Miller mientras el matrimonio de ambos se hundía y que podría haber sido de ella y que contiene todo el candor y la sabiduría de su belleza: "Tu mujer murió y nunca supo que podías bailar. En algún punto, tal vez eran extraños el uno para el otro. No te enojes... Sólo quiero decir que si la amabas, le podrías haber enseñado a bailar. Porque todos nos estamos muriendo, ¿no? Todos los maridos y todas las esposas. Cada minuto. Y no nos estamos enseñando lo que realmente sabemos. ¿O sí?"

Marilyn Monroe baila en las páginas de sus cuadernos, baila como Marilyn Monroe, con su gracia y con su pena. Baila sola entre sus fotos.
Y es en una de esas fotos en la que, sin darse cuenta, Marilyn parece deponer a Marilyn sin dejar de ser Marilyn, como esas otras en las que se ve a Lennon y a McCartney en un estudio, olvidándose de quiénes son para ser ellos. Es una foto increíble en la que convergen a la perfección las dos mitades del siglo XX: en ella vemos a Marilyn absorta, al sol, con una musculosa de colores, leyendo las últimas páginas del ‘Ulises’ de Joyce, donde se despliega el monólogo de Molly Bloom, el final por todo lo alto de uno de los libros más importantes del siglo, las palabras de una mujer que habita insatisfecha su mundo mientras afuera los hombres, su marido, todos los maridos, las ignoran y se las disputan haciendo sus cosas de hombres. Uno mira a Marilyn leyendo el ‘Ulises’ y no puede sino preguntarse: ¿entenderá algo?, ¿o lo entenderá todo? Ahí está, en una de sus cartas, su intención de darles la espalda a los estudios que la dejan insatisfecha con sus cosas de hombres, para formar una compañía de actores nueva junto a Marlon Brando, y su proyecto de interpretar todos los papeles shakespeareanos, desde Julieta hasta Lady Macbeth. Ahí estén quizá los verdaderos papeles perdidos de Marilyn. Los que se perdieron para siempre esa noche de 1962 en que apareció muerta, desnuda, entre los blisters de barbitúricos con los que combatía el insomnio que la liberaba de la pesadilla de ser, también en sueños, Marilyn Monroe.

Taaaantas luces en la oscuridad convirtiendo en esqueletos los edificios y la vida de las calles.
¿Qué era lo que iba pensando ayer por la calle?
Parece tan lejano, hace mucho y la luna.
Menos mal que me explicaron de niña lo que era
porque ahora no podría entenderlo.
Ruidos de impaciencia de los taxistas manejando que deben manejar -
calles calurosas, polvorientas, heladas, para poder comer, y quizás ahorrar para unas vacaciones, en las que puedan llevar a sus mujeres a la otra punta del país para ver a la familia.
Entonces el río - la parte hecha de pepsi cola - el parque - gracias a dios por el parque.
Aunque no estoy mirando nada de esto,
estoy buscando a mi amante.
Menos mal que me explicaron de niña lo que era la luna.
Ese río silencioso que se agita y se hincha con todo lo que pasa por encima de él
el viento, la lluvia, los grandes navíos.
Amo el río - nunca inmóvil por nada.
Está tranquilo ahora
y el silencio está solo
salvo por el ensordecedor estruendo de cosas desconocidas,
tambores lejanos muy presentes
excepto por los penetrantes aullidos
y los susurros de las cosas
los sonidos agudos y luego de pronto acallados
hasta convertirse en sollozos más allá de la tristeza - en terror más allá del miedo.
El grito de las cosas indeciso y demasiado joven para ser conocido aún.
Los sollozos de la propia vida.

Tienes que sufrir -
la pérdida de tu oscuro dorado cuando hasta tu cobertura de hojas muertas te abandone
fuerte y desnuda debes permanecer -
viva - mientras miras adelante, aunque el viento te haga inclinarte
y llevar el dolor y la alegría
de lo nuevo en tus miembros.

Soledad - permanece quieta.

El mejor de los cirujanos - Strasberg me va a abrir lo cual no me importa porque la Dra. H me preparó - me puso la anestesia y diagnosticó el caso y coincide en lo que debe hacerse - una operación - para devolverme a la vida y curarme esta terrible enfermedad sea lo que demonios fuere -
Arthur es el único que está esperando afuera - preocupado y deseando que la operación vaya bien por muchas razones - por mí - por su obra y por él mismo indirectamente.
Hedda - preocupada - no para de llamar por teléfono durante la operación - Norman - pasa una y otra vez por el hospital para ver si estoy bien, pero más que nada para consolar a Art que está muy preocupado.
Milton llama desde su enorme despacho, muy espacioso y todo de muy buen gusto - y lleva sus asuntos de un modo novedoso con estilo - y suena música y él está relajado y disfrutando, aunque también esté muy preocupado al mismo tiempo - hay una cámara encima de su mesa, pero ya no hace fotos salvo de grandes pinturas.
Strasberg me abre después de haberme puesto la anestesia la Dra. H. y trata de consolarme de un modo clínico - todo en la habitación es blanco, de hecho no veo a nadie, sólo objetos blancos - me abren - Strasberg con la asistencia de Hohenberg. Y no hay absolutamente nada - Strasberg está profundamente decepcionado e incluso - académicamente sorprendido de haber cometido semejante error. Creyó que iba haber tantísimo - más de lo que nunca soñó posible en casi nadie, pero no había absolutamente nada - vacío de todo sentimiento humano vivo - lo único que salió fue aserrín finamente cortado - como de dentro de una muñeca Raggedy Ann - y el aserrín se desparrama por el suelo y la mesa, y la Dra. H está atónita porque de pronto se da cuenta de que éste es un nuevo tipo de alumno (o de estudiante, iba a escribir).
El caso del paciente totalmente vacío.
Los sueños y esperanzas de Strasberg sobre el teatro se han derrumbado.
Los sueños y esperanzas de la Dra. H de una cura psiquiátrica permanente son resignados - Arthur está decepcionado - abandonado -

Hedda se hizo muy amiga de Marilyn en 1955 y durante un tiempo fue su asistente. Norman es el marido de Hedda. La Dra H. es Hohenberg, su psiquiatra. Art es Miller.

Dejé mi casa de madera sin pulir -
un sofá de terciopelo azul con el que sueño todavía.
Un arbusto oscuro y resplandeciente justo a la izquierda de la puerta.
Al final del camino los crujidos mientras mi muñeca
en su cochecito pasaba sobre las grietas - "Nos iremos lejos".

Los prados son enormes la tierra (será) dura
a mis espaldas. La hierba tocaba
el azul y nubes aún blancas cambiaban la forma
de un anciano por la de un perro sonriente con las orejas desplegadas.

Mira -
Los prados se extienden - están tocando el cielo.
Dejamos nuestros contornos sobre la hierba aplastada.
Morirá más pronto porque estamos aquí - ¿habrá
crecido algo más?

No llores muñeca no llores
te tengo en brazos y te acuno hasta que te duermes.
Calla calla sólo estaba fingiendo que no soy (era)
tu madre que murió.

Te alimentaré del arbusto oscuro y resplandeciente
justo a la izquierda de la puerta.
26 de noviembre de 2010
22 de noviembre de 2010
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murió monica jonhson


Guionista de cine y televisión.
[Dennis McLellan] Murió Monica Johnson, guionista de cine y televisión mejor conocida por sus colaboraciones con el escritor y guionista Albert Brooks en ‘Un romance de hoy’ [Modern Romance; Idilio presente], ‘Perdidos en América’ [Lost in America; Desaparecidos en América] y otras comedias con Brooks. Tenía 64 años.
Johnson, residente de Palm Springs, falleció el lunes a causa de un cáncer al esófago en el Centro Médico Cedars-Sinai Medical Center en Los Angeles, informó su hija Heidi Johnson.
Hermana del difunto escritor de comedias Jerry Belson, Jonhson empezó su carrera literaria hace casi cuarenta años en los años setenta cuando escribió episodios para ‘The Mary Tyler Moore Show’, ‘Laverne & Shirley’ y otras series de televisión.
Primero formó equipo con Brooks para escribir (con Harry Shearer) ‘La vida real’ [Real Life], una comedia de 1979 que fue el debut cinematográfico de Brooks.
En los siguientes veinte años, Brooks y Johnson escribieron cuatro películas más, dirigidas y protagonizadas por Brooks: ‘Un romance de hoy’ (1981), ‘Perdidos en América’ [Lost in America] (1985), ‘Las manías de mamá’ [Mother] (1996) y ‘La musa’ [The Muse] (1999).
También escribieron (con Andrew Bergman) ‘El cazatalentos’ [The Scout], una comedia dirigida por Michael Ritchie en 1994, con la actuación de Brooks y Brendan Fraser.
"Monica Johnson era una persona extraordinaria", dijo Brooks en una declaración. "Divertida, inteligente, y era muy agradable trabajar con ella. El mundo ha perdido un gran sentido del humor".
Después de que ‘Las manías de mamá’, con Debbie Reynolds en el papel estelar, reportara a Brooks y Johnson el Premio del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York a la mejor película, un artículo en el Daily Variety observaba que la gente estaba preguntándose: "¿Qué Monica?"
"Pensaban que yo no existía. Pensaba que era Albert Brooks con otro nombre", dijo Johnson al diario del gremio.
Debido a que Brooks dirigía y protagonizaba las películas que escribían, Johnson dijo que Brooks "eclipsaba todo. Entretanto, yo podía ser su mujer misteriosa. La prensa hablaba solamente sobre Albert".
Sobre su primer encuentro con Brooks en los años setenta, dijo: "Éramos como dos gotas de agua. Él pensaba lo mismo que yo sobre el humor derivado de la realidad".

Nacida en Colorado el 21 de febrero de 1946, Johnson creció en El Centro, California.
Una breve biografía que escribió hace algunas semanas para su página web dice que estudió para ser asistente médico-dental "con la sólida determinación de casarse con un dentista. (Podría haber estudiado medicina, pero no tenía suficiente confianza en sí misma).
"Luego tuvo un golpe de suerte: el despotismo. Su hermano la introdujo al mundo de la comedia, y no ha vuelto a mirar atrás, excepto ocasionalmente cuando recoge su abrigo en la puerta".
Su hermano Jerry Johnson, un guionista que ganó tres veces un Emmy y murió de cáncer a la próstata en 2006, escribió toda la vida con Garry Marshall. Juntos llegaron a convertirse en productores ejecutivos de ‘La extraña pareja’ [The Odd Couple].
Johnson era una madre soltera y estaba trabajando como oficinista en una oficina de servicios sociales en Los Angeles cuando empezó a ganar dinero extra tipeando los guiones de ‘La extraña pareja’ para su hermano.
Al transcribir, "intervenía los guiones y se dio cuenta de lo divertida que era su hermana", contó Heidi Johnson. "Jerry la introdujo a la guionista Marilyn Suzanne Miller para que escribiera un guión para ‘Mary Tyler Moore’.
Johnson escribió para las comedias ‘The Paul Lynde Show’, ‘Paul Sand in Friends and Lovers’ y ‘Laverne & Shirley’, de las que también fue productora.
Penny Marshall, que fue Laverne en las exitosas series, recordó que Johnson y Jerry Belson tenían un sentido de humor "totalmente diferente".
"Él era mucho más amargo en su humor; era más duro", dijo Marshall, un cercano amigo de toda la vida de Johnson, al Times el miércoles. "Y era excéntrica".
La excentricidad de Johnson se extendía a sus atuendos.
"Llegaba en bata a trabajar y siempre llevaba cuatro tubos en su pelo", explicó Marshall. "Era su modo de ser.
"Era única, una persona única y divertida. Es una enorme pérdida para la comedia".
Johnson escribió después para la serie de televisión ‘It’s Garry Shandling’s Show’ y fue guionista y productora supervisora de la serie ‘Good Sports’ de 1991.
También fue una de las guionistas de la comedia ‘Americathon’, de 1979, y de la comedia dirigida por Jerry Belson, ‘Jekyll y Hyde... hasta que la risa los separe’ [Jekyll and Hyde … Together Again], de 1982.
Además de su hija, le sobreviven su séptimo marido Charles Lohr; y su hermano Gordon Belson.
26 de noviembre de 2010
4 de noviembre de 2010
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murió arthur bernard lewis


Guionista y productor de ‘Dallas’. Guionista de ’Hawai 5-0’ y de largometrajes como ’Dallas: el regreso de J.R.’

Falleció el 30 de octubre en el Sherman Oaks Hospital, a consecuencia de complicaciones de una neumonía, el veterano guionista de televisión Arthur Bernard Lewis, que llegó a escribir 69 episodios de ‘Dallas’ y también fue editor y productor supervisor de la prolongada serie de televisión de CBS, comunicó su familia. Tenía 84 años.
Lewis trabajó en ‘Dallas’ como guionista y editor narrativo a partir de 1978, en su primera temporada. Fue productor supervisor durante 113 episodios, desde 1981. Después de que terminara la serie en 1991, Lewis volvió a escribir los guiones de las películas ‘Dallas: el regreso de J.R.’ [Dallas: J.R. Returns] (1996) y ‘Dallas: La guerra de los Ewing’ [Dallas: The War of the Ewings] (1998).

Lewis, que nació el 15 de enero de 1926 y creció en Nueva York, escribió para ‘Hawai 5-0’ [Hawaii Five-0] y varias otras series de televisión antes de dedicarse a ‘Dallas’. También trabajó para la serie dramática ‘Hospital General’ [General Hospital] de ABC.
23 de noviembre de 2010
6 de noviembre de 2010
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murió jill clayburgh


Actriz. Fue dos veces nominada a un Oscar.
Murió el viernes la actriz Jill Clayburgh, cuya carrera en Hollywood brilló con sus roles en las películas ‘Una mujer descasada’ [An Unmarried Woman] y ‘Comenzar de nuevo’ [Starting Over], en los años setenta. Tenía 66 años.
Su marido, el galardonado dramaturgo David Rabe, dijo que murió después de una guerra de veintiún años con una leucemia linfocítica crónica. Falleció rodeada por sus familiares en su casa en Lakeville, Connecticut.
Se enfrentó con coraje a su enfermedad, discreta y silenciosamente, dijo Rabe, y se condujo con una enorme gracia y "la convirtió en una oportunidad para que sus hijos crecieran y fueran humanos".
En ‘Una mujer descasada’ (1978), dirigida por Paul Mazursky, Clayburgh apareció junto a Alan Bates y Michael Murphy como una divorciada que explora su sexualidad. Fue nominada a un Oscar a la mejor actriz, pero lo perdió ante Jane Fonda, en ‘El regreso’ [Coming Home]. Su segunda nominación a un Oscar llegó con ‘Comenzar de nuevo’ (1979), la comedia de Alan J. Pakula sobre un divorciado (Burt Reynolds) que se enamora, pero no puede separarse de su ex esposa (Candice Bergen). (Lo ganó Sally Field, por su rol en ‘Norma Rae’.)
También trabajó en ‘Dos más uno igual a dos’ [Semi-Tough], ‘Deletreo lo más rápido que puedo’ [I’m Dancing As Fast As I Can; La encrucijada de Lisa], ‘El expreso de Chicago’ [Silver Streak], ‘Mi querida señor juez’ [First Monday in October] y ‘Recortes de mi vida’ [Running With Scissors]. En Broadway apareció en ‘Design for Living’, de Noel Coward, en la producción original de ‘Jumpers’, de Tom Stoppard y en los musicales (ambos galardonados con un Tony) ‘Pippin’ y ‘The Rothschilds".
Trabajó en series de televisión como ‘Sexy Money’ [Dirty Sexy Money] y fue dos veces nominada a un Emmy: a la mejor actriz por su trabajo en ‘Hustling’, en 1975, y a la mejor actriz invitada en ‘Nip/Tuck’, en FX, en 2005.

Nacida el 30 de abril de 1944 en Nueva York, Clayburgh provenía de una familia privilegiada. Su padre era vicepresidente de dos importantes compañías y su madre era secretaria de David Merrick, productor de Broadway. Su abuela, Alma Clayburgh, era cantante de ópera y bohemia. Vivían en Nueva York.
La extasió ver a Jean Arthur en ‘Peter Pan’, en Broadway, y ella y una amiga de la escuela representaban sus propias piezas en casa. En el Sarah Lawrence College estudió religión, filosofía y literatura.
Clayburgh también estudió teatro en el Sarah Lawrence. Ella y su amigo Robert De Niro actuaron en la película ‘Boda sangrienda’ [The Wedding Party], dirigida por un egresado del Sarah Lawrence, Brian DePalma. Tras estudiar bellas artes, empezó a actuar en una compañía de teatro de repertorio y en musicales de Broadway como ‘The Rothschilds’ y ‘Pippin’.
Con Richard Thomas, encabezó el elenco de ‘A Naked Girl on the Appian Way’ (Broadway, 2005), la comedia de Richard Greenberg sobre las inusuales tribulaciones domésticas de una familia.
El director Doug Hughes, que la dirigió en una producción de ‘Todos eran mis hijos’ [All My Sons], de Arthur Miller, en el Westport Country Playhouse hace dos años, la llamó para ‘A Naked Girl’.
"Que tenga el tiempo de hacer una temporada de una obra es de gran ayuda, porque tuve el placer de verla actuar preciosamente en el rol de un personaje genuinamente trágico y tuve el placer de dirigirla en una comedia muy, muy ligera e inteligente, y actuó brillantemente", dijo en 2005.
Durante una entrevista ese año, Clayburgh explicó el lado poco elegante de la actuación.
"Una de las cosas divertidas que tienen los actores es que la gente mira sus carreras en retrospectiva, como si tuvieran un plan", dijo.
"La mayor parte de las veces te llaman por teléfono. Has estado esperando que te llamen, pensando: ‘Oh, Dios mío, nunca volveré a trabajar. Dios mío, estoy demasiado vieja. Quizás debería trabajar para Howard Dean’. Y todo eso cambia de repente".
Además de su marido, le sobreviven su hija, la actriz Lily Rabe; su hijo Michael Rabe; y su hijastro, Jason Rabe.
17 de noviembre de 2010
6 de noviembre de 2010
©los angeles times
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murió luis garcía berlanga


A los 89 años, falleció Luis García Berlanga, uno de los grandes nombres del cine hispanoparlante. Autor de una obra cáustica y popular, enraizada en los esperpentos de Valle Inclán y en las pinturas negras de Goya, García Berlanga creó varias de las mejores películas de toda la historia del cine español.
[Luciano Monteagudo] "Los yanquis han venido/ olé salero, con mil regalos/ y a las niñas bonitas van a obsequiarlas con aeroplanos/ con aeroplanos de chorro libre/ que corta el aire/ y también rascacielos, bien conservaos/ en frigidaire." Corren tiempos duros de posguerra y con esta canción, improvisada a las apuradas, las fuerzas vivas de un minúsculo pueblito castellano –alcalde, cura, boticario, comerciantes, maestra, todos disfrazados a la manera andaluza– piensan congraciarse con una delegación estadounidense que promete pasar por el lugar. Es la fiebre del Plan Marshall y sueñan con un puñado de dólares y una modernidad made in Hollywood. Lo que no saben es que después de tanto ajetreo y preparativo, la comitiva extranjera pasará a toda velocidad, dejando a su paso apenas una estela de polvo.
La película se titula ‘Bienvenido Mr. Marshall’, se rodó en 1953, en plena dictadura franquista, y en su humor familiar pero corrosivo –capaz de cargarse tanto a la falsa caridad imperialista como al folklore for export español– ya se manifiesta la cáustica personalidad de su director, Luis García Berlanga (1921-2010), quien no tardaría en convertirse en uno de los grandes directores del cine español. "No ha habido nadie igual, creo que solamente Buñuel puede mirarle a los ojos", señaló ayer el presidente de la Academia Española de Cine, Alex de la Iglesia, en el sepelio de Berlanga, fallecido a los 89 en su casa de Pozuelo, Castilla-La Mancha. Autor de un cine tan cáustico como popular, enraizado en los esperpentos de Valle Inclán y en las pinturas negras de Goya, fue el creador de varias de las mejores películas de la historia del cine español, entre ellas ‘Plácido’ (1961), ‘El verdugo’ (1963) y la serie iniciada por ‘La escopeta nacional’ (1978), todas en tándem con su guionista y amigo Rafael Azcona, otro maestro de la comedia satírica.
"Con Berlanga desaparece un testimonio fundamental de la España del siglo XX", expresó el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Y agregó: "Su genio inconfundible, su estilo provocador, irónico y lúcido forman ya parte de nuestro vocabulario cotidiano, de nuestra mirada al mundo. Berlanga elevó la comedia al más alto rango de la creación y, como en la sabia tradición clásica, supo hacernos reír señalando el espíritu de una época con una profundidad extraordinaria".
Nacido en Valencia el 12 de junio de 1921, en una familia acomodada (su padre fue gobernador de Valencia durante la República), García Berlanga cursó estudios de Derecho y Filosofía y Letras, aunque los abandonó para ingresar, en 1947, en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid, donde más tarde sería profesor. Allí hizo amistad con Juan Antonio Bardem, con quien realizaría en conjunto su primer largo, ‘Esa extraña pareja’, en 1951. Dos años después, con ‘Bienvenido Mr.Marshall’ no sólo compitió en Cannes (donde provocó la queja de Edward G. Robinson por un plano en el que la bandera estadounidense se arrastraba por el fango), sino también se impuso como renovador del cine español, en un momento en el cual la sombra de la censura franquista parecía ahogar toda experiencia por afuera del academicismo y la zarzuela filmada.
Con el aval de ese éxito, Berlanga se lanzó a realizar una serie de comedias tan divertidas como mordaces, que a través del humor lograron escapar de las tijeras del régimen: ‘Novio a la vista’ (1954), ‘Calabuch’ (1956) y ‘Los jueves, milagro’ (1957). La moral recalcitrante e hipócrita de la sociedad española bajo el falangismo, tutelada por la Iglesia, el otro gran enemigo histórico de Berlanga, empezaba a ser expuesta en todas sus debilidades. "Lo que hay en mis películas es pesimismo, aunque he tenido la suerte de recubrirlo con un sainete cómico, de modo que diga lo que diga la gente se ríe, o se sonríe", señaló alguna vez el director.
En 1961, con ‘Plácido’, Berlanga se asoció con Azcona y ambos se potenciaron mutuamente. La comedia –que llegó a competir por el Oscar– surgió a partir de una campaña ideada por el régimen franquista que, bajo el lema "siente un pobre a su mesa", pretendía hacer crecer en el pueblo un sentimiento de caridad cristiana hacia los desheredados, pero que en realidad escondía una manera mojigata de limpiar conciencias burguesas. Dos años después, la dupla subiría la apuesta con ‘El verdugo’, una tragicomedia como ninguna, cumbre del humor negro y la crítica social. Un empleado de pompas fúnebres (Nino Manfredi), que no encuentra novia, pues todas las chicas huyen de él cuando se enteran de su trabajo, se casa con la hija (Emma Penella) del verdugo oficial (impagable José Isbert), que tiene el mismo problema, ya que todos sus pretendientes escapan al saber quién es su padre. Y aunque el joven abjure de la profesión de su suegro terminará reemplazándolo; y en la memorable escena final será llevado a rastras al garrote vil como si fuese el condenado y no el verdugo. Para escándalo de Franco, ese final estaba inspirado en el caso real de un verdugo del régimen quien, tras saber que se iba a ejecutar a una mujer, se negó a hacerlo y hubo que emborracharlo para llevarlo al patíbulo.
Escapando de la censura, que se la hizo difícil, en 1967 Berlanga llegó a Buenos Aires, donde junto a Rodolfo Bebán, Marilina Ross y Ana María Campoy rodó ‘Las pirañas’, un film que nunca tuvo buena prensa pero que debería ser revisado para una justa valoración. Y en 1974 filmó en ‘París Tamaño natural’, donde Michel Piccoli se enamoraba de un maniquí, que cumplía los requisitos que el hombre esperaba de una buena mujer: atractiva, muda y sumisa. Erotómano célebre (fue creador de la colección de literatura erótica ‘La sonrisa vertical’, que editaba Tusquets), Berlanga sin embargo declaró: "No creo que el cine sea un vehículo del erotismo. Ni siquiera el porno. El único vehículo del erotismo es el libro. El libro te excita la imaginación".
Tras la muerte de Franco y con la democracia, Berlanga volvió a rodar en España y se abocó a la delirante serie iniciada por ‘La escopeta nacional’ (1977) y que continuó ‘Patrimonio nacional’ (1981) y ‘Nacional III’ (1982), sarcásticos frescos sociales dominados por la aristocrática figura en decadencia del marqués de Leguineche. El estilo coral –y el virtuosismo de sus planos secuencia– alcanzaría su culminación en ‘La vaquilla’ (1985), última colaboración con Azcona, en la que retrató la Guerra Civil como un oscuro retablo de agridulces miserias. "Al tercer día de nacer –confesó en 2005 a El País– ya me estaba cagando en la sociedad española. Es lo que he hecho toda mi vida. Siempre he tenido la sensación de que no iba a tener nada positivo. Y he intentado crearme válvulas de escape. La principal es el erotismo. Es lo más importante de mi vida, una de las pocas cosas que me ascienden desde el nivel del barro y la mierda de esta sociedad que me ha tocado..."
16 de noviembre de 2010
©página 12
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