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murió joe mantell


Actor. Trabajó, entre otras, en ‘Marty’ y ’Chinatown’.
[Keith Thursby] Murió Joe Mantell, actor que fue nominado a un Oscar por su papel en la película ‘Marty’, de 1955, y pronunció una de sus frases más famosas en ‘Chinatown’, informó su familia. Tenía 94 años.
Mantell falleció el miércoles, de neumonía, en el Centro Médico Providence Tarzana Medical Center, de Tarzana, informó su hija Cathy.
Mantell fue nominado a un Oscar en 1956 por su actuación como Angie, el mejor amigo de Ernest Borgnine en ‘Marty’. Su frase, tan frecuentemente repetida, a su deprimido amigo -"Bueno, ¿qué te gustaría hacer esta noche?"- es uno de los diálogos más memorables en la historia del cine.
En ‘Chinatown’ (1974), en la que fue el socio del detective Jack Gittes (Jack Nicholson), Mantell pronunció su última frase famosa: "Olvídalo, Jake. Esto es Hollywood".

Mantell nació el 21 de diciembre de 1915 en Nueva York y debutó en el cine en ‘Relato criminal’ [Undercover Man], en 1949.
Además de su hija, le sobreviven su esposa, Mary; su hija Jeanne; su hijo Roberto; y sus dos nietos.
9 de octubre de 2010
30 de septiembre de 2010
©los angeles times
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murió grace bradley boyd


Actriz. Viuda de William ’Hopalong Cassidy’ Boyd.
[Dennis McLellan] Murió Grace Bradley Boyd, una actriz que llegó a Hollywood contratada por Paramount a principio de los años treinta, pero abandonó su carrera después de casarse con el amor de su vida, William ‘Hopalong Cassidy’ Boyd. Tenía 97 años.
Boyd, que mantuvo viva la llama de ‘Hoppy’ después de la muerte en 1972 del héroe de las películas de cowboys que fue su marido durante 32 años, falleció por causas naturales el martes pasado, día de su cumpleaños, en su casa en Dana Point, informó Jane Mak, una amiga íntima de toda la vida.
Como Grace Bradley, Boyd apareció en 35 películas, entre ellas ‘Too Much Harmony’, con Bing Crosby; ‘Ondas musicales’ [The Big Broadcast of 1938], con W.C. Fields y Bob Hope; y ‘Come on Marines’, con Richard Arlen e Ida Lupino.
La menuda actriz de Brooklyn, que inició como bailarina su carrera en el mundo del espectáculo, fue contratada a menudo como mujer fatal, o como ‘la chica equivocada’, aunque representó toda una gama de personajes.
Sin embargo, su papel más perdurable lo tuvo fuera de la pantalla, como la esposa de William Boyd.

Nacida como Grace Bradley el 21 de septiembre de 1913, estudió para ser pianista concertista y a los quince representó al estado de Nueva York en el torneo anual de jóvenes pianistas en el Carnegie Hall. Aunque ganó el concurso, empezó a trabajar como modelo y a estudiar danza en una escuela vespertina.
Estaba bailando en la pista en el club nocturno Paradise en Manhattan en 1933 cuando fue divisada por el director de Paramount Pictures y contratada.
Grace Bradley ya había actuado en toda una serie de películas cuando recibió una llamada telefónica que cambiaría su vida.
Años antes, cuando era una colegiala de doce años, se había enamorado locamente por la elegante estrella del cine mudo, William Boyd.
Desde sus primeros éxitos, la carrera del guapo actor había caído en picado para volver a resurgir en 1935 después de que empezara a actuar como Hopalong Cassidy, el héroe de pelo plateado de las películas de vaquero, que se vestía de negro y montaba un caballo blanco como la nieve en una serie de películas de bajo presupuesto.
En 1937, un amigo mutuo en Hollywood le dijo a William Boyd que había una chica a la que tenía que conocer.
"Cuando el actor llamó a Bradley y dijo: ‘Soy Willian Boyd’", recordó la actriz en una entrevista con el diario Daily Pilot, de Costa Mesa, en 1976, pensó que era alguien que sabía que estaba loca por él y le estaba jugando una broma.
"¿Quiere decir William Boyd el actor?", preguntó.
Él se echó a reír, con la misma y distintiva risa campechana que le había oído en sus películas, y ella se quedó sin habla.
"Esa risa no te podía pasar desapercibida", dijo. "No había nadie que riera como el".
El actor la invitó a una pequeña fiesta en su casa en la playa en Malibú. Y cuando llegó a su casa en Beverly Hills a recogerla, su madre lo saludó en la puerta.
William Boyd estaba a los pies de la escalera cuando Grace bajó a saludarlo. Boyd extendió instintivamente los brazos, contó, "y entré derechamente en el clan".
Tres días después, Boyd le pidió que se casara con él. "Me dijo: ‘Te lo habría propuesto la primera noche, pero tenía miedo de que te asustaras’", recordó.
Se casaron tres semanas después de conocerse, y Grace Bradley se convirtió en la quinta, y última, señora de Boyd.
Como lo dijo una vez el director de Republic Studios, William Witney: "Conoció a su príncipe azul en un enorme caballo blanco".
Pese a la diferencia de edad -él tenía 42, ella veintitrés-, dijo, "estábamos hechos el uno para el otro".
Pronto Grace Boyd abandonó su propia carrera actoral para dedicarse a su marido.
Después de que el productor Harry ‘Pop’ Sherman dejara la producción de las películas de Hopalong Cassidy en 1944, William Boyd se propuso comprar los derechos de las viejas películas y el personaje Hoppy.
Para reunir los 350 mil dólares que necesitaba para comprar los derechos, los Boyd vendieron su rancho al norte de Malibú y se mudaron a un departamento en Hollywood.
"Nos quedamos en la calle", contó Grace Boyd en una entrevista con The Times en 1991.
En 1946, William Boyd formó su propia compañía de producción para empezar a producir nuevas películas de Hoppy.
Pero la inversión de los Boyd rindió frutos de un modo tan impresionante como inesperado.
En 1948, las viejas películas de Hoppy empezaron a ser proyectadas por el Canal 5 de KTLA-TV en Los Angeles y por otro canal en Nueva York. Pronto la NBC empezó a transmitirlos nacionalmente y los Boyd empezaron entonces a hacer nuevos episodios de treinta minutos para la televisión.
Como el primer y verdadero héroe de televisión de Estados Unidos, el sabio y rudo cowboy de sonrisa amistosa se convirtió en fenómeno de la industria del espectáculo.
Se produjeron más de dos mil productos con el nombre y apariencia de Hoppy, y Boyd, como Hoppy, apareció en las cubiertas de las revistas Life, Time y Look. Durante una gira, reunió a un millón de admiradores.
"Me propuse pasar inadvertida", dijo en la entrevista de 1976. "En cuanto a los chicos, Hoppy era Hoppy. No tenía ni esposa ni familia. Cuando uno de los más chicos preguntaba: ‘¿Quién eres tú?’, les decía: ‘Soy la mami de Hoppy’".
William Boyd se retiró de las pantallas en 1953 y murió en 1972, a los 77 años.
Desorientada después de su muerte, Grace Boyd empezó sus más de treinta y cinco años de trabajo voluntario en el hospital de Laguna Beach, donde su marido había pasado sus últimos días.
Pero Hopalong Cassidy fue siempre parte de su vida, incluyendo su victoria en una guerra legal por una querella por violación de derechos, y apareciendo en los homenajes a Hoppy.
"Anda todo el mundo buscando un héroe", dijo en el Festival de Cine de Lone Pine en 1995. "Dicen: ‘Ojalá volviese Hoppy’, o alguien como él. Los niños no tienen modelos de conducta. ¿A quién tenemos?"
Boyd no deja sobrevivientes.
Se realizó un funeral privado el jueves en el Parque del Recuerdo de Forest Lawn, en Glendale, donde fue sepultada junto a su marido.
7 de octubre de 2010
24 de septiembre de 2010
©los angeles times
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murió irving ravetch


Guionista. Fue uno de los guionistas de ‘Hud’ y ‘Norma Rae’. Con su esposa Harriet Frank Jr. escribieron más de una docena de películas, entre ellas ’El ruido y la furia’ y ’En la escalera oscura’.
[Dennis McLellan] Murió Irving Ravetch, guionista nominado dos veces a un Oscar -por ‘Hud, el más salvaje entre mil’ [Hud] y ‘Norma Rae’, que escribió con su esposa y colaboradora, Harriet Frank Jr. Tenía 89 años.
Ravetch falleció el domingo, de neumonía, en el Centro Médico Cedars-Sinai de Los Angeles, informó su sobrino Michael Frank.
En una colaboración que empezó con la película ‘El largo y ardiente verano’ [The Long, Hot Summer] en 1958, Ravetch y Frank escribieron los guiones de más de una docena de películas, entre ellas ‘El ruido y la furia’ [The Sound and the Fury], ‘En la escalera oscura’ [The Dark at the Top of the Stairs], ‘Hombre’, ‘Los rateros’ [The Reivers], ‘Los cowboys’ [The Cowboys], ‘Conrack’, ‘El romance de Murphy’ [Murphy’s Romance] y ‘Cartas a Iris’ [Stanley & Iris].
En 1946 compartieron nominaciones al Oscar por sus guiones para ‘Hud, el más salvaje entre mil’, un drama ambientado en la moderna Texas, con Paul Newman como el despiadado hijo de un viejo hacendado, y, en 1980, por ‘Norma Rae’, un drama con Sally Field en un papel que le significó un Oscar como un apasionado sindicalista sureño.
Ocho guiones de Ravetch-Frank Jr., incluyendo ‘Hud’ y ‘Norma Rae’, fueron dirigidos por el difunto Martin Ritt.
"No conozco a guionistas que escriban mejor que Irving Ravetch y Harriet Frank Jr.", dice Ritt en el prólogo del libro ‘Hud, Norma Rae and the Long, Hot Summer: Three Screenplays by Irving Ravetch and Harriet Frank Jr.’, de 1988.
"Son definitivamente los mejores, en todos los niveles", dice Ritt. "He disfrutado trabajando con ellos, y sé que han hecho buenas cosas, tan buenas como las que se hacen en Hollywood".
Mark Rydell, que dirigió ‘Los rateros’ y ‘Los cowboys’, dijeron el martes al Times que tenía "un gran respeto" por Ravetch, que "no sólo era un guionista, sino además un maestro, que me enseñó muchas de las cosas que tenía que saber".
"Lo primero que hice por ellos fue su adaptación de ‘Los rateros’, de William Faulkner", dijo Rydell. "No cambié ni una sola palabra, tan brillante era el guión".
"Era muy excitante conocer a Irving y Harriet, que son, en cierto sentido, los decanos de los guionistas estadounidenses. No hay nadie más preparado o más agudo o más piadoso que ellos".
En 1988, Ravetch y Frank Jr. recibieron el Premio Screen Laurel a su trayectoria, de la Asociación de Guionistas de Estados Unidos-West [Writers Guild of America, West].

Ravetch nació en Newark, Nueva Jersey, el 14 de noviembre de 1920. Su padre, un farmacéutico que llegó a ser rabí, había llegado de Rusia; y su madre, una profesora de hebreo, nació en lo que hoy es Israel.
De niño sufrió de un severo asma y la inclinación a enfermar de pulmonía todos los inviernos. En 1930, a Ravetch lo enviaron a vivir con una tía en Los Angeles. Su familia no se reuniría sino años después.
Estudió en el Long Beach City College y se licenció en literatura inglesa en la Universidad de California, Los Angeles. Debido a su asma, sirvió sólo brevemente en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial.
Ravetch estaba escribiendo temas breves para MGM en 1945 cuando conoció a Frank en el programa de escritura junior del estudio, donde su madre era editora de historias. Fascinado con Frank, Ravetch le pagó cincuenta dólares al hombre en la oficina junto a ella para que le cediera su escritorio.
Se casaron en 1946 y mantuvieron carreras separadas durante los primeros años de su matrimonio. En esa época, Ravetch también escribía teatro en un intento de lanzar su carrera en Broadway que, según dijo más tarde, "fue un feroz fracaso".
Ravetch y Frank empezaron su colaboración escribiendo el guión para la película de vaqueros de Randolph Scott, ‘Diez forajidos’ [Ten Wanted Men].
En una entrevista con Times en 1979, Frank dijo que ella y su marido tenían una "colaboración de renglón por renglón" que empezaba con semanas de hablarlo todo, tomar apuntes y discutir cada frase.
"Conozco a guionistas que trabajaban separados y se reunían más tarde en el día -de hecho, eso es lo más habitual-, pero eso destruye el motivo de la colaboración", dijo Ravetch. "Cuando las cosas se enredan, podemos parar hasta que lo superemos".
Frank agregó: "Tenemos dos energías funcionando, pero usted no puede colaborar, a menos que el resultado sea perfecto. Por supuesto tenemos desacuerdos, pero son profesionales, no es algo personal".
Ambos disfrutaban de su relación de trabajo.
"Un matrimonio que funciona como colaboración tiene que ser bueno, y al revés", dijo Frank.
"Trabajar juntos fue una muy buena decisión", dijo Ravetch. "¿Te lo dije, querida?"
"Sí, todos los días", dijo Frank.
Además de su esposa durante 63 años, a Ravetch le sobreviven su hermana Merona Ravetch Frank; y su hermano Herbert Ravetch.
4 de octubre de 2010
22 de septiembre de 2010
©los angeles times
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murió tony curtis


Adiós al conquistador de Hollywood. Tony Curtis (1925-2010) fue uno de los últimos sobrevivientes del sistema de estrellas. Casi tan prolífico en matrimonios como en películas, Curtis fue un actor carismático pero poco selectivo en su carrera, en la que predominaron las comedias inocuas. La gran excepción es ‘Una Eva y dos Adanes’, el único auténtico clásico de su filmografía.
[Luciano Monteagudo] Hubo una gran paradoja en el centro de la carrera de Tony Curtis, fallecido ayer a los 85 años, de un paro cardíaco, en su mansión cercana a la ciudad de Las Vegas. Fue un actor sin duda carismático, de fuerte presencia en la pantalla, incluso talentoso las pocas veces que pudo probarlo, pero se diría que casi siempre eligió mal, o no pudo elegir siquiera, tal como siempre estuvo, dulcemente sometido al viejo sistema de estudios de Hollywood. Revisando la larga lista –más de un centenar– de películas que conforman su prolífica, irregular carrera, son verdaderamente muy pocos los títulos memorables, aquellos que han logrado atravesar indemnes la prueba del tiempo. Entre ellos está por supuesto el clásico de Billy Wilder ‘Una Eva y dos Adanes’ (1959), junto a Marilyn Monroe y Jack Lemmon, pero también la estremecedora ‘El estrangulador de Boston’ (1968), de Richard Brooks, un film que se adelantó a su época y en el que Curtis mostró su costado más dramático y oscuro, muy distinto al excesivo derroche de simpatía por el que seguramente será recordado. Y con el que alcanzó su pico de popularidad gracias a la serie de TV ‘Dos tipos audaces’, un éxito de las temporadas 1971-1972, donde él y Roger Moore se divertían haciendo de playboys y aventureros por toda Europa.
Nacido el 3 de junio de 1925 en el Bronx como Bernard Schwartz, Curtis fue hijo de inmigrantes húngaros judíos. Cuenta la leyenda que su padre era sastre, él creció en la pobreza y supo integrar las pandillas callejeras del barrio. Pero a los 11 años, en un centro de asistencia social del Bronx, se subió a un escenario, del que ya no se querría bajar. Quizá la vida parecía más fácil vista desde allá arriba. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Marina y no bien pudo volver a casa se enroló en clases de actuación en Nueva York y empezó a trabajar en Broadway. Pero su ambición estaba puesta en el otro extremo del país, en Hollywood. Y no tardó en dar el salto.
En 1949, Curtis firmó su primer contrato con Universal-International, que por esa época se caracterizaba por convocar a muchachos jóvenes y apuestos, pero con escasa o ninguna experiencia actoral. Primero tenían que servir como galanes, eventualmente podrían llegar a ser actores. Al igual que Rock Hudson, Jeff Chandler y más tarde Clint Eastwood (todos ellos contratados por Universal), Tony Curtis encajaba perfectamente en este prototipo. Sus primeras apariciones en la pantalla no duraban más de unos minutos, como en ‘Sin ley y sin alma’ (1949, de Robert Siodmak) o ‘Winchester 73’ (1950, de Anthony Mann), que son sin embargo dos de las mejores películas de las que participó en toda su carrera. Gracias a la publicidad que le daba el estudio y su arrastre entre el público adolescente, hacia 1952 ya interpretaba protagónicos, entre ellos ‘Houdini’ (1953), una exitosa biografía del famoso escapista, que hizo junto a su primera esposa, Janet Leigh (en relación, Curtis fue casi tan prolífico en matrimonios como en películas: tuvo seis). La Universal, sin embargo, lo encasilló en películas de aventuras del tipo capa y espada o ‘Las Mil y Una Noches’, todas muy mediocres. La mejor película de Curtis en este período la hizo fuera de Universal: ‘Beachhead’ (1954), dirigida por Stuart Heisler.
Hacia 1957, se hartó de interpretar a califas, príncipes y espadachines y comenzó a trabajar en proyectos más ambiciosos, que le permitieran ampliar su rango interpretativo. Artísticamente, fue el mejor período de Curtis, aquel en el que le quiso demostrar al público (y quizás también a sí mismo) que podía ser un actor en serio. De ese momento son ‘La mentira maldita’ (1957, de Alexander Mackendrick), donde se animó a interpretar a un personaje bien desagradable; ‘Fuga en cadenas’ (1958, de Stanley Kramer), que le valió su única nominación al Oscar, como un convicto racista que debe arrastrar en su huida al negro Sidney Poiter; las intensas ‘Los vikingos’ (1958, de Richard Fleischer) y ‘Espartaco’ (1960, de Stanley Kubrick), donde secundó a su amigo Kirk Douglas y, por supuesto, la obra maestra de Billy Wilder ‘Una Eva y dos Adanes’ (1959), el único auténtico clásico de su filmografía.
Por aquellos años, Curtis también se prestó a trabajar con directores que recién despuntaban, como Blake Edwards (‘Mister Cory’, ‘Yo y ellas en París’, ‘Sirenas y tiburones’) y Robert Mulligan (‘The Rat Race’, ‘El gran impostor’). Y en 1961, junto a Yul Brinner, vino a la Argentina para filmar una adaptación del ‘Taras Bulba’ de Gogol, menos célebre por sus virtudes cinematográficas que por la ruptura que su coprotagonista, Christine Kauffman, provocó en el matrimonio con Janet Leigh.
Durante los años ’60, Curtis actuó casi exclusivamente en inocuas comedias sexies según el modelo impuesto por Rock Hudson y Doris Day. Una feliz excepción a ese largo letargo fue ‘La gran carrera’ (1965), divertido homenaje de Blake Edwards al mundo del slapstick. Y cuando nadie lo esperaba de él, Curtis sorprendió con ‘El estrangulador de Boston’ (1968, Richard Fleischer). La actuación de Curtis como el psicópata Albert DeSalvo, aquejado de desorden de personalidad múltiple, es de una complejidad estremecedora y de una modernidad inédita para su época. Las escenas finales, donde Curtis comienza a descubrir el horror en sí mismo, pueden considerarse el antecedente del apogeo de psicópatas asesinos que despuntó recién en los años ’90 con ‘El silencio de los inocentes’ y ‘American Psycho’.
1 de octubre de 2010
©página 12
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murió harold gould


Veterano actor de carácter. Conocido por sus actuaciones en ‘El golpe’ y ‘Las chicas de oro’.
[Dennis McLellan] Murió Harold Gould, veterano actor de carácter que fue el estafador Kid Twist en la película ’El golpe’ [The Sting] (1973), el padre de Valerie Harper en la serie de televisión ‘Rhoda’ y el novio de Betty White en ‘Las chicas de oro’ [The Golden Girls; Los años dorados]. Tenía 86 años.
Gould, que también era conocido por su trabajo en teatro, falleció el sábado en una residencia del Fondo de Cine y Televisión [Motion Picture and Television Fund] en Woodland Hills. La causa de su muerte fue un cáncer a la próstata, informó su nuera, Leah Gould.
Ex profesor universitario de teatro que inició su carrera frente a las cámaras a principio de los años sesenta, Gould apareció en películas como ‘Harper’; en el remake de ‘Primera plana’ [The Front Page] de 1974; ‘La última noche de Boris’ [Love and Death]; ‘La última locura de Mel Brooks’ [Silent Movie]; ‘Un viernes de locos’ [Freaky Friday; Pónte en mi lugar]; y en ‘Patch Adams’.
En una carrera de cincuenta años, apareció en decenas de series de televisión, entre ellas ‘Ruta 66’ [Route 66], ‘Perry Mason’, ‘Dr. Kildare’, ‘The Jack Benny Program’, ‘Valle de pasiones’ [The Big Valley], ‘Enredo’ [Soap], ‘Spencer, detective privado’ [Spencer] y, más recientemente, ‘Nip/Tuck’.
En televisión, Gould será recordado por su papel como Martin Morgenstern en la comedia ‘Rhoda’, 1974-1978, y como Miles Weber, en la comedia de situación, ‘Las chicas de oro’, 1985-1992.
"Era un gran actor y un hombre encantador", dijo White en una declaración el lunes en The Times. "Lo extrañaremos mucho".
En su papel como el "cariñoso y sufrido papá" en ‘Rhoda’, dijo Harper el lunes que "Harold tenía un humor extraordinario, clase, estilo y el brillo para crear el personaje de Martin Morgenstern’, que empezó en el ‘The Mary Tyler Moore Show’.
Describiendo a Gould como "un amigo y un colega", Harper dijo al Times que "era un hombre encantador, divertido y muy bueno en su oficio".
Gould fue nominado a cinco Emmys: en 1975 por un episodio de ‘Police Story’; en 1978 por un episodio de ‘Rhoda’; en 1980 por ‘La guerra por Escarlata O’Hara’ [The Scarlett O’Hara War]; en 1986 por ‘La señora Delafield quiere casarse’ [Mrs. Delafield Wants to Marry] (con Katharine Hepburn); y en 1990 por un episodio de ‘El teatro de Ray Bradbury’ [The Ray Bradbury Theater].
También fue Howard Cunningham, en un episodio de 1972 de ‘Love, American Style’, titulado ‘Love and Happy Days’, que precedió la prolongada y exitosa serie ‘Días felices’ [Happy Days]. Pero durante un retraso antes de la producción de la serie, Gould viajó al extranjero para actuar en una obra de teatro.
"Cuando estaba allá", contó al diario Post-Stanrdad, de Syracuse, Nueva York, en 2008, "recibí una llamada para que volviera, porque iban a empezar a rodar la serie. Bueno, yo siempre cumplo mis compromisos. Además yo tenía barba, que tendría que afeitármela, así que les dije que no, y le dieron mi papel a Tom Bosley".
Pese a sus extensas actuaciones en televisión, la gran pasión de Gould fue el teatro.
En Broadway apareció en ‘Fools’ [Tontos], de Neil Simon; ‘Grown Ups’ [Adultos], de Jules Feiffer; ‘Artist Descending a Staircase’ [Artista que desciende una escalera], de Tom Stoppard; y ‘Mixed Emotions’ [Emociones mezcladas], de Richard Baer.
En Off-Broadway originó el papel de Artie Shaughnessy en la pieza de John Guare, ‘La casa de las hojas azules’ [The House of Blue Leaves], y en 1970 ganó el Premio Obie por su rol como el Dr. Eduard Huml, en ‘La creciente dificultad de concentración’ [The Increased Difficulty of Concentration], de Vaclav Havel.
Gould continuó trabajando en teatro en todo el país, más recientemente en las producciones ‘Viagra Falls’ y ‘Martes con mi viejo profesor’ [Tuesdays with Morrie].
"Siempre he trabajado en teatro", dijo al diario de Nueva Jersey, Record, en 1996. "Ahí es donde están las satisfacciones íntimas, los descubrimientos de ti mismo que se te permiten durante un tiempo, con ensayos y actuaciones".

Nacido como Harold V. Goldstein el 20 de diciembre de 1923 en Schenectady, Nueva York, y creció en Albany, Gould se interesó en el teatro desde muy joven, pero fue estimulado por sus padres a buscar algo con ingresos más estables.
Después de servir en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial, en 1947 se tituló en pedagogía en la que es hoy la Universidad de Albany, la Universidad de Nueva York. Obtuvo su licenciatura y doctorado en teatro en la Universidad Cornell, donde enseñó teatro, diálogos y literatura de 1948 a 1953.
Gould también enseñó en lo que es hoy el Randolph College, en Lynchburg, Virginia, y en la UC Riverside, donde en 1960 pidió un permiso de un año para dedicarse a la actuación.
"Estaba a solo cien kilómetros de Los Angeles, así que dejé a mi mujer en Riverside, donde ella trabajaba como maestra", contó en 2007 al Palm Beach Post. "Me di un año. Todos mis colegas me decían: ‘¿Qué estás haciendo? Es una locura que dejes la docencia’. Pero yo tenía que intentarlo. Tenía que dar el salto".
Le sobreviven su esposa durante sesenta años, Lea; sus hijos Deborah Gould Harris, Joshua Gould y Lowell Gould; y cinco nietos.
29 de septiembre de 2010
14 de septiembre de 2010
©los angeles times
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nuevo documental sobre el che


Tristán Bauer adelanta cómo será el estreno de ‘Che, un hombre nuevo’. El premiado documental de Tristán Bauer sobre Ernesto Guevara se estrena a nivel nacional en Rosario el próximo domingo, con la presencia de su realizador y los hermanos del Che en una proyección en el Monumento a la Bandera.
[Leandro Arteaga] Argentina. "Para mí es una alegría muy grande viajar a Rosario y presentar allí la película, junto a los hermanos del Che. Ernesto Guevara nació allí y me pareció muy bueno que el estreno nacional se produzca, por un lado, en esa ciudad, y por otra parte en una proyección a cielo abierto en el Monumento a la Bandera, en forma libre y gratuita para todos", dijo a Rosario/12 el realizador Tristán Bauer.
El motivo no es menor. Se trata de la primera proyección, a nivel nacional, de la película ‘Che, un hombre nuevo’, ha realizarse el próximo domingo 3 de octubre, a las 20, en el Monumento a la Bandera. La actividad se encuentra organizada por el Centro de Estudios Latinoamericanos Ernesto Che Guevara y la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario. Además del realizador y de familiares de Ernesto Guevara, la proyección contará también con la presencia de Carolina Scaglione -responsable de la investigación del film- y de autoridades locales.
Tristán Bauer, presidente del Sistema Nacional de Medios Públicos de Argentina, viene de ser recientemente premiado con ‘Che, un hombre nuevo’ en la categoría Mejor Documental del Festival Internacional de Cine de Montreal. La figura de Ernesto Guevara pasa a ser, desde el film, otra de las muchas personalidades que el cine de Bauer elige como personaje propio, problemático, complejo. Historias y retratos de vida que el realizador ha narrado en títulos como ‘Cortázar’ (1994), ‘Evita, la tumba sin paz’ (1997), ‘Los libros y la noche’ (2000), además de ser el responsable de uno de los films más contundentes sobre la guerra de Malvinas con ‘Iluminados por el fuego’ (2005).
‘Che, un hombre nuevo’ es una coproducción entre Argentina (Universidad Nacional de San Martín, Incaa), Cuba y España. El guión, obra de Bauer y Carolina Scaglione, toma como base la investigación de Scaglione, quien contó con la asesoría general de Alfredo Guevara. El avance del film (cheunhombrenuevo.com.ar) permite indagar en múltiples registros, que van desde el blanco y negro de celuloides rayados, hasta el color digital actual: una hilación situacional, que anexa lo que se ve desde una problemática en curso, con la figura de Ernesto Guevara como su lugar de encuentro. Palabras, fragmentos de discursos, música y poemas.
"La revolución cubana se desarrolla más o menos a saltos respondiendo a la agresión de los poderes imperiales" se escucha decir al Che, amén de recordar "que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada". "Sobre todo sean siempre capaces de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo".

Pensar la figura del Che, que parece interminable, debe suponer un desafío particular ante tantos relatos, fílmicos y literarios. ¿Cómo te planteaste, en tu caso, su abordaje?
El desafío ha sido grande y creo que hay algunos aspectos que son distintivos, y que tienen que ver -como diría Neruda con la ardiente paciencia de tomarnos doce años para investigar y profundizar en su vida y en su pensamiento. Durante todo este tiempo estuvimos investigando, buscando materiales, hablando con aquellos que habían conocido o participado junto con el Che de las luchas de los años ’60, para después tamizar todo este material. Hay dos fuentes fundamentales, una de ellas es la viuda del Che, a la cual debo estar agradecido toda mi vida, Aleida March, su compañera, aquella muchacha que el Che conoce cuando entra a Santa Clara y que después se transforma en su mujer y en la madre de sus hijos. Aleida nos abrió todo el patrimonio personal, que era hasta ahora desconocido. La otra fuente es el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien nos permitió poder observar y tener acceso a los materiales secretos del ejército boliviano.

¿Con qué se han encontrado? ¿Qué les llamó, particularmente, la atención?
En lo que se refiere a su compañera, nos hemos encontrado fundamentalmente con la intimidad. Acerca de la despedida del Che para con Aleida, todos sabíamos que estaba esa famosa carta del Che a los hijos, a su papá y a su mamá, pero nadie sabía que había una cinta grabada en la cual el Che se despide diciendo: "y ahora para ti, Aleida, lo más íntimamente mío y lo más íntimo de los dos", y a partir de allí el Che empieza a leer una serie de poemas de Neruda, de Guillén, de César Vallejo. Tener acceso a este material tan íntimo, a sus manuscritos, sus libretas de las sierras, a las cartas que le va escribiendo a sus hijos, fotografías tanto personales como familiares, nos permitió sumergirnos en su intimidad. Por otro lado, el material de Bolivia nos dio acceso a sus últimos escritos, que hasta ahora no eran conocidos por nadie, y que nos muestran a un hombre todavía enamorado de la poesía y que al mismo tiempo reflexiona críticamente sobre el socialismo en América Latina.

¿Cuándo te planteaste el punto final de la película? ¿Costó tomar la decisión?
Costó tomarla. Borges era muy claro en eso, cuando le preguntaban por qué publicar, publicamos -decía para no seguir corrigiendo originales toda la vida. De alguna manera, con la función que yo asumí desde el gobierno, tuve que postergar un poco la culminación de la película, la creación de canal Encuentro me insumió mucho tiempo y dedicación. Después logré retomar un poco el trabajo durante las mañanas y las noches, y sentí que tenía que ponerle un punto final. También porque se trata de una coproducción con Cuba y con España, y los plazos se iban venciendo. Siento que hemos llegado a un punto, a un peldaño más en el conocimiento y en la profundización del pensamiento del Che.

Al abordar una personalidad inevitablemente aflora un personaje, ¿cuál es el personaje Guevara que asoma desde tu película?
Lo que creo es que es un personaje de una profundidad extraordinaria. Todos conocen la imagen del Che, aquella imagen que anda paseando por las calles en una remera, aquella que está en un póster colgada en un cuarto, o en el tatuaje de alguna piel. Creo que lo que revela esta película es al hombre profundo, intenso, de la vida breve, de treinta y nueve años, que piensa, profundiza en la palabra, que actúa como siente y como piensa. Son estas y muchas aristas más de pensamiento las que están presentes en las más de dos horas de relato.

Es muy importante todo el trabajo que venís desarrollando, donde la película cuenta como un eslabón más. En este sentido, también señalar canal Encuentro como un descubrimiento maravilloso para el televidente, que pudo darse cuenta de que un contenido cultural puede tener éxito.
Eso que decís es muy lindo. Ayer (jueves) en canal 7 hicimos la presentación de una exposición en la que se celebran los ciento cuarenta años de las bibliotecas populares. Cerró la presentación Osvaldo Bayer y dijo exactamente lo que está señalando vos, y eso es algo que celebramos todos, ¿no?- concluyó.
27 de septiembre de 2010
26 de septiembre de 2010
©rosario 12
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murió kevin mccarthy


Actor. Conocido, entre otras películas, por su papel en ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’.
[Anita Gates] Murió el sábado en el Cape Cod Hospital en Hyannis, Massachusetts, Kevin McCarthy, el afable actor de mandíbula cuadrada que cosechó elogios en el escenario y en la pantalla por su actuación en ‘La muerte de un viajante’ [Death of a Salesman], pero que será siempre mejor conocido como la estrella de la película de ciencia ficción de 1956, ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’ [Invasion of the Body Snatchers; Muertos vivos; La invasión de los usurpadores de cuerpos]. Tenía 96 años y vivía en Sherman Oaks, California.
Su deceso fue confirmado por su hija Lillah McCarthy.
McCarthy, cuya hermana fue la célebre escritora Mary McCarthy, tenía 35 años y era un veterano con siete obras en Broadway cuando Elia Kazan lo aproximó para el papel de Biff, el superficial hijo mayor de Willy Loman en el drama ‘Muerte de un viajante’ en Londres, la obra de 1949 sobre las ilusiones y el hombre corriente con que Arthur Miller ganara el Premio Pulitzer. Su retrato de Biff en la versión cinematográfica de 1951 le significó una nominación al Oscar al mejor actor secundario.
Cinco años y cuatro insignificantes películas más tarde, McCarthy fue contratado para una película B de bajo presupuesto sobre una pequeña ciudad de California donde los vecinos son gradualmente reemplazados por vainas del espacio exterior. Las vainas, parecidas a pepinos gigantes, echan burbujas y espuma a medida que se convierten lentamente en espeluznantes y huecos duplicados de los vecinos del pueblo.
Miles Bennell (Mr. McCarthy), un guapo médico soltero, y Becky Driscoll (Dana Wynter), una bella divorciada, pasan la película tratando de evitar convertirse en vainas (permaneciendo despiertos, porque la transformación toma lugar cuando la gente duerme) y avisando a los otros.
La película, seleccionada para el Registro Nacional de Cine [National Film Registry] en 1994 y declarada como una de las diez mejores películas de ciencia ficción de la historia del cine por el Instituto Americano del Cine [American Film Institute] en 2008, llegó a ser considerada como una metáfora de la paranoia de la época de la caza de brujas contra los comunistas.
Pero el actor principal, como otros muchos fans de cine de la época, lo veía de otro modo, como una advertencia contra el conformismo ciego.
"Realmente pensé que giraba sobre el inicio de un tipo de vida en que los ejecutivos tratan de decirte cómo vivir, qué hacer, cómo comportarte", dijo McCarthy al The Bangor Daily News en Maine en 1997.
Con los años, McCarthy pudo aceptar la inmortalidad que adquirió como actor de culto con ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’, aunque tuvo cientos de roles en otros largometrajes y series de televisión (incluyendo múltiples apariciones en series como ‘Studio One’ en los años cincuenta y ‘The District’, en 2000), al mismo tiempo que continuaba su carrera en el teatro. Recorrió Estados Unidos como Harry S. Truman en el espectáculo unipersonal ‘Give ’Em Hell, Harry’ durante veinte años.

Kevin McCarthy nació el 15 de febrero de 1914 en Seattle, hijo de Roy Winfield McCarthy y Therese Preston. Los dos murieron durante la epidemia de influenza de 1918 y sus cuatro hijos fueron enviados a vivir con familiares en Minneapolis. Después de cinco años de vivir en condiciones casi dickensianas, descritas por en las memorias de la señora McCarthy, los más pequeños se fueron vivir con la abuela paterna.
Tras terminar la secundaria en Wisconsin, McCarthy estudió en la Escuela de Servicio Exterior de la Universidad Georgetown, con la idea de iniciar una carrera diplomática. Sin embargo, cambió de opinión y cambió su universidad por la de Minnesota, donde se interesó en la actuación.
Tras mudarse a Nueva York, debutó en Broadway en 1938 en ‘Abe Lincoln in Illinois’. Su carrera fue interrumpida por la Segunda Guerra Mundial, en la que sirvió como agente de la policía militar. Después de su licenciamiento, se convirtió en un temprano miembro del Actors Studio, el bastión del Método en Nueva York.
Pese a sus éxitos en el cine y la televisión, McCarthy nunca dejó el teatro. Las dieciocho obras de Broadway en las que trabajó, incluyen ‘Winged History’, de Moss Hart (en la que fue anunciado como el Sargento Kevin McCarthy), el drama político ‘Advise and Consent’ [Tempestad sobre Washington], ‘Three Sisters’ [Tres hermanas], de Chejov, y la irreverente ‘Happy Birthday, Wanda June’ [Feliz cumpleaños, Wanda June], de Kurt Vonnegut.
McCarthy dominó rápidamente y destacó en roles como juez, general, político y otros hombres de poder -a veces no muy simpáticos. En ‘Flamingo Road’, la sensiblera serie de televisión de los años ochenta, fue un codicioso millonario de una pequeña ciudad de Florida. En la pantalla, ‘Loco por la novia’ [The Best Man] (1964), hizo de matón de un candidato a la presidencia, especializado en trucos sucios, y tuvo un rol político igualmente innoble en ‘Su distinguida Señoría’ [The Distinguished Gentleman] (1992). En ‘El chip prodigioso’ [Innerspace] (1987) fue un retorcido espía industrial; en ‘Buffalo Bill y los indios’ [Buffalo Bill and the Indians] (1976), un avaro publicista.
Y aunque no tuvo muchos papeles en ciencia ficción después de ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’, apareció en la comedia de horror ‘Piraña’ [Piranha] (1978), como un científico loco que cría un pez asesino. También apareció en un remake de 1978 de ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’ como un hombre que se arroja contra el coche conducido por Donald Sutherland (actor estelar del remake), gritando ‘¡Ayuda! ¡Ya llegaron! ¡Escuchenme!", sonando muy parecido a su personaje en la película original.
Sus tipos malos no eran siempre tan malos. Fue un rudo jugador de poker en ‘El destino también juega’ [A Big Hand for the Little Lady] (1966) y el atractivo pero distante ex marido de Marilyn Monroe en ‘Vidas rebeldes’ [The Misfits](1961).
McCarthy siguió actuando incluso después de llegar a los noventa. Sus últimas apariciones en la pantalla fueron en 2009, en ‘Wesley’ (2008), una película de época del siglo dieciocho, y en el cortometraje ‘I Do’.
Se casó con la actriz Augusta Dabney en 1941, y tuvieron tres hijos. Se divorciaron en 1961. (Dabney murió en 2008). En 1979 se casó con Kate Crane, abogado, y tuvieron dos hijos. Crane le sobrevive, así como sus tres hijas -Lillah, de Los Angeles; Mary Dabney McCarthy, de Cape Cod; y Tess McCarthy, de Nueva York; dos hijos -James Kevin McCarthy, de San Diego; y Patrick McCarthy, de Portland, Oregon; una hijastra -Kara Lichtman, de Boston; un hermano -Preston; y tres nietos. Su hermana murió en 1989.
Los entrevistadores rara vez le preguntaban sobre temas más allá de ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’. (Le encantaba contar la historia de que dejó un nostálgico mensaje telefónico desde el otro lado del Atlántico a la señora Wynter: "Becky, soy Miles. ¡Despierta!") Pero en 1991 le contó a un crítico de The San Diego Union-Tribune sobre su idea de que el trabajo era el remedio de muchos males. "Trato de conseguir todo el trabajo que puedo", dijo McCarthy, entonces de 77 años. "Me encanta trabajar. Me encanta estar metido en cosas".
26 de septiembre de 2010
12 de septiembre de 2010
©new york times
cc traducción mQh
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murió alain corneau


Aclamado director de cine francés.
Falleció el lunes Alain Corneau, el cineasta francés que saltó a la fama internacional con el éxito de taquilla ‘Todas las mañanas del mundo’ [Tous les Matins du Monde], informó la agencia de talentos Artmedia en París. Tenía 67 años y sufría de cáncer.
Durante una carrera que duró más de 35 años, Corneau digirió a muchas leyendas del cine francés, incluyendo a Catherine Deneuve y Gerard Depardieu.
Depardieu fue, junto con su hijo Guillaume, actor estelar de ‘Todas las mañanas del mundo’. La película, la historia de un músico del siglo diecisiete, fue elogiada por la crítica en casa y en el extranjero. Cosechó siete premios Cesar, el equivalente francés de las Academy Awards, y fue nominada al Globo de Oro a la mejor película extranjera.

Nacido el 7 de agosto de 1943, Corneau se sumergió en la música antes de empezar su carrera en el cine como asistente del director griego Costa-Gavras. Al principio de su carrera hizo una serie de películas policiales, incluyendo ‘La elección de las armas’ [Choice of Arms], una película de gángsteres de 1981, con Deneuve, Gerard Depardieu e Yves Montand.
Ávido lector de libros, Corneau llevó al cine siete adaptaciones de novelas. Dirigió dieciséis películas. Su última película, ‘Crimen de amor’ [Love Crime], con Kristin Scott Thomas, se estrenó en Francia a mediados de agosto.
16 de septiembre de 2010
31 de aghosto de 2010
©los angeles times
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