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karl marx superstar


A fines de los años ’20, después de quedar casi ciego tras el monumental montaje de Octubre, el inmenso director ruso Sergei Eisenstein sólo veía una nueva obra posible: inventar un tipo de cine nuevo para llevar a la pantalla ‘El Capital de Karl Marx’.
[Mariano Kairuz] Escribió al respecto, habló de ello en charlas, viajó a Estados Unidos en busca de financiación y hasta llegó a reunirse con James Joyce para trabajar juntos en el guión. Pero la Gran Depresión y lo complejo del proyecto lo volvieron imposible. Ochenta años después, el alemán Alexandre Kluge retomó la posta y consiguió lo que parecía imposible: un homenaje a Eisenstein, una discusión sobre ‘El Capital’ hoy y una reflexión sobre cómo filmar algo que lo explique a los obreros dentro de 200 años. Una versión especial de una hora y media (la original dura casi diez) se verá en el noveno DocBsAs que empieza este mes. Y es francamente imperdible.
Con su película de nueve horas y media y el título apropiadamente extenso de ‘Noticias de antigüedad ideológica: Marx - Eisenstein - El Capital’, el director alemán Alexander Kluge se metió de lleno en uno de los agujeros negros de la historia del cine y también de la cultura contemporánea: ‘El Capital’ (1867-1894), libro y símbolo que atravesó todo el siglo XX. Desde el punto de vista del cine, representa la idea misma de lo infilmable, aquello que no puede ser trasladado a la pantalla, y que sin embargo fue un proyecto bien concreto de Sergei Eisenstein sobre el final de la década del ‘20. Y es justamente todo eso –el texto inabarcable, inadaptable, y la historia del intento frustrado– lo que entra en la película de Kluge, cuya versión abreviada a algo menos de una hora y media por su autor podrá verse en la próxima edición del DocBsAs, el foro de cine documental porteño que se realiza desde hace nueve años, a partir del 15 de este mes.
Abogado, alumno de Theodor Adorno, autor de películas como ‘Los artistas bajo la carpa del circo: perplejos’, la futurista ‘El gran lío’ (1971) y ‘En peligro y máximo apuro el compromiso lleva a la muerte’ (1974), Kluge (1932) fue en los años ‘60 el principal promotor del ‘Manifiesto de Oberhausen’, parricida declaración de principios de los miembros más conspicuos del Nuevo Cine Alemán –Fassbinder, Edgar Reitz–, aunque abandonó el cine a mediados de los ‘80 con el objetivo de seguir filmando para la televisión, o como en el caso de su última película, con un lanzamiento en dvd en mente.
Se sabe que Sergei Mijailovich Eisenstein, el director de ‘El acorazado Potemkin’, se reunió con James Joyce en Londres, en noviembre de 1929, pocos días después del crac de la Bolsa de Nueva York. Suele contarse, también, que el escritor había insistido en ver ‘Potemkin’ incluso cuando ya había perdido buena parte de su visión. Según explica en el film de Kluge la historiadora Oksana Bulgakova, el director ruso había declarado su intención de filmar el libro de Marx el año anterior, medio ciego por el agotamiento en que lo había dejado el montaje del monstruoso material rodado para ‘Octubre’ (1928). "Después de esto, sólo podría filmar ‘El Capital’", dijo. Poco más tarde lo anunció en una conferencia que dio en La Sorbona en la que, a pesar de la larga lista de proyectos frustrados que había acumulado y seguiría acumulando (entre ellos, un film sobre el libertador de Haití titulado ‘Napoleón negro’, y una adaptación del libro ‘Le chemin de Buenos Aires’, de Albert Londres, además del ‘Ulises’), dijo que estaría en condiciones de llevar a cabo esta empresa en un par de años, una vez que hubiera viajado a Estados Unidos. Todo lo que necesitaba era conseguir el dinero, y ese dinero debería provenir de Hollywood, que para eso el cineasta de Lenin viajó a Estados Unidos y hasta llegó a firmar un contrato con Paramount para conseguir financiación. Al momento de su encuentro con Joyce, estaba maravillado por un capítulo del ‘Ulises’ en el que pensaba inspirarse. "Está escrito de manera escolástica-catequística", anotó, "en el que se formulan preguntas y se dan las respuestas. Por ejemplo, hay preguntas como: ¿Cómo se enciende una lámpara de kerosén? Y las respuestas son de índole metafísico."
Su idea, entonces, consistía en encadenar una serie de acontecimientos, de la que el primero podría ser una situación absolutamente "banal", como "la jornada laboral de un hombre". Se cree que de eso hablaron, entre otros asuntos, el escritor y el cineasta que se profesaban mutua admiración. Se sabe que Joyce le leyó pasajes de ‘Ulises’, y que Eisenstein sintió de pronto que sólo lo había entendido a un nivel superficial. Estaba nuevamente deslumbrado por un libro que había leído varias veces antes del encuentro, mientras que el escritor se declaraba convencido de que el cine era el medio ideal para el monólogo interior que tan bien él había consumado en su libro.
En su recuento de los numerosos proyectos truncos de Eisenstein, la escritora inglesa Mary Seton –amiga, confidente y biógrafa del director ruso–, recuerda cómo éste, en 1934, con 36 años pero frustrado y avejentado (moriría 14 años después), se expresaba a menudo sobre aquello que se había convertido en una obsesión: "Todo lo que me resta hacer es analizar lo hecho y crear con ello una síntesis de conocimiento". Eisenstein, cuenta Seton, ambicionaba dejar una obra perdurable que les fuera útiles a los jóvenes uno o dos siglos más tarde. "En la conferencia que dio en La Sorbona, mencionó ‘El Capital’ como un ejemplo de film intelectual que, dijo, es lo único capaz de superar la discordia entre el lenguaje de la lógica y el lenguaje de la imaginación. Con la base del lenguaje de la dialéctica cinematográfica, el cine intelectual será el cine de los conceptos. A la fórmula científica se le puede dar la calidad emocional de un poema. Intentaré filmar ‘El Capital’ para que el obrero humilde o el campesino puedan comprenderlo en forma dialéctica." Lejos de conseguirle productores, su presentación alarmó a alguna gente de la industria del cine europeo, que esperaba capitalizar su talento en películas más comerciales. Uno de los problemas de Eisenstein, dice Seton, fue "no haber encarado el problema de estar adelantado a su tiempo".
Y corte a 79 años más tarde. A fines de 2008, el mundo tiembla y se habla de un crac bursátil mundial con peligrosas reminiscencias de Nueva York 1929. En noviembre, la editorial Suhrkamp edita en Alemania la caja de dvds con las casi diez horas de ‘Noticias de antigüedad ideológica: Marx - Eisenstein - El Capital’, de Kluge. Inesperadamente para muchos, se convierte en un éxito de ventas, asegurando una segunda edición. Al parecer, también se están vendiendo bien las reediciones de la obra de Marx: es la crisis, se argumenta. La versión filmada de ‘El Capital’ no será una revolución cinematográfica, pero se le acerca. Si no se puede filmar ‘El Capital’, Kluge ha empezado a hacerlo abordando esa dificultad con un experimento, un ensayo sobre el problema de filmar ‘El Capital’. Habla de Marx, Joyce y Eisenstein. "El plan de Eisenstein me conmovió tanto que quise rendirle un pequeño tributo", dijo Kluge a los diarios de su país, y aclaró: "Pero no quise resucitar a Marx. Mi título habla de antigüedades y de eso se trata: de hablar de igual a igual con alguien nacido en 1818, Marx, y con quien a fines de los ‘20 planeó filmar su obra, Eisenstein".
En su versión abreviada (que se presenta en estreno para América latina), y como parte de su demente montaje de fragmentos y personajes, puede asistirse a una entrevista entre Kluge y el filósofo Hans Magnus Enzensberger. Hablan sobre la crisis del ‘29, año de nacimiento de este último. Discuten la incapacidad de Eisenstein para tratar con productores y con las instituciones en general; se interrogan sobre la posibilidad "de poetizar el Viernes Negro", sobre los infinitos problemas de representación del capitalismo, sobre la dificultad para dar con una imagen que exprese cabalmente el significado de una abstracción conceptual como "el dinero". A la conversación con Enzensberger, le suceden, entre otros testimonios,la apuesta más alta de la película: un cortometraje extraordinario llamado ‘El hombre en la cosa’, dirigido por Tom Tykwer. A partir de una foto aparentemente común y corriente (una mujer cualquiera pasando por una calle cualquiera), nos zambulle, de manera literal, casi en un ataque sensorial, en el terreno de lo inabarcable, la red infinita de historias y relaciones y sistemas políticos y económicos que quedan entrelazados en los numerosos elementos que aparecen, más o menos a la vista, en la foto. Desde el origen de la tela de la que está hecha el vestido de la mujer, hasta la red de distribución de agua corriente que provee a los vecinos del edificio que se ve en el fondo. Pero es imposible describirlo: hay que verlo para creerlo, y uno diría que ahí empieza a tomar forma la experiencia de ‘El Capital’ hecho cine. A quien le sorprenda como una película atípica proveniendo del director de ‘Corre Lola corre’, deberá recordar que su película más reciente, ‘Agente internacional’ no es sólo una film de aventuras sino que uno de sus ejes argumentales es el comportamiento perverso que convierte a las entidades financieras en los principales agentes del terrorismo mundial. Hay mucho más, y a la película no le falta humor: Karl Marx puede convertirse en uno de los hermanos de Groucho.
Así como puede aparecer un grupo de hombres de Neanderthal leyendo perplejos al autor de ‘El Capital’, hacia cuya tumba en un cementerio londinense se dirigen las cámaras de Kluge sobre el final de la película, sólo para encontrarse con una situación llamativa: que el cuerpo de Marx se encuentra enterrado en un espacio difícil de encontrar. Un monumento enorme distrae la mirada del lugar en que se encuentra el verdadero sepulcro. Y, podría decirse, se trata de un momento de enorme poder sugestivo, por decir lo menos: el hombre real oculto debajo de su representación ideal, de su fantasma.

16 de octubre de 2009
4 de octubre de 2009
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murió arnold laven


Director y productor. Entre sus obras se encuentran series de televisión como ‘El hombre del rifle’ y ‘Valle de pasiones’, y películas de vaqueros y de horror para la gran pantalla.
Murió Arnold Laven, director de cine y televisión que también fue socio de la compañía de producción que produjo las series de televisión ‘El hombre del rifle’ [The Rifleman] y ‘Valle de pasiones’ [The Big Valley]. Tenía 87 años.
Laven falleció el 13 de septiembre por complicaciones de una neumonía en el Centro Médico Tarzana, informó Steven H. Gardner, un amigo de la familia.
Con Jules V. Levy y Arthur Gardner y sus socios, lanzaron la compañía que más tarde sería conocida como Levy-Gardner-Laven Productions, empezando con ‘Llegan sin avisar’ [Without Warning!], una película policial de suspenso de bajo presupuesto, dirigida por Laven en 1952.
En los siguientes treinta años, su compañía produjo más de veinte películas, incluyendo ‘Cambalache’ [Clambake], ‘Camino de la venganza’ [The Scalphunters], ‘La sombra del cazador’ [The Hunting Party], ‘Brannigan’, ‘McQ’, ‘Sam Whiskey’, ‘Los traficantes’ [White Lightning], ‘Gator’ y ‘Kansas City Bomber’.
La compañía también produjo las películas de horror de bajo presupuesto de los años cincuenta: ‘El hombre vampiro’ [The Vampire], ‘El retorno de Drácula’ [The Return of Dracula] y ‘El monstruo que desafió al mundo’ [The Monster That Challenged the World].
En los años cincuenta y sesenta produjo cuatro series para la televisión: ‘Law of the Plainsman’, ‘El hombre del rifle’, ‘Los detectives’ [The Detectives, Starring Robert Taylor] y ‘Valle de pasiones’.
Cuando Laven y sus socios estaban desarrollando ‘El hombre del rifle’, Laven se inspiró en su propia relación con su hijo Larry y le dijo al escritor Sam Peckinpah que elaborara sobre una relación entre padre e hijo.
La serie de vaqueros nominada a un Emmy, que emitió el canal ABC desde 1958 a 1963, contó con Chuck Connors como el colono de Nuevo México, Lucas McCain, y Johnny Crawford como su hijo huérfano de madre, Mark.
Tras la muerte de Connors en 1992 a los 71, Laven dijo a la revista People: "La relación de Chuck y Johnny era justamente lo que andábamos buscando, dura y franca, con amor, pero también con la idea de preparar a un niño para su crecimiento".
Laven dirigió episodios de ‘El hombre del rifle’ y ‘Valle de pasiones’, así como episodios de ‘Mannix’, ‘Ironside’, ‘El hombre nuclear’ [El hombre de seis millones de dólares; The Six Million Dollar Man], ‘Los casos de Rockford’ [The Rockford Files], ‘La isla de la fantasía’ [Fantasy Island], ‘Con ocho basta’ [Eight Is Enough], ‘Chips, patrulla motorizada’ [ChiPs], ‘Canción triste de Hill Street’ [Hill Street Blues], ‘Los magníficos’ [The A-Team], y otras.
En sus largometrajes como director se encuentran ‘No hay crimen impune’ [Down Three Dark Streets], ‘Traidor a su patria’ [The Rack], ‘El monstruo que desafió al mundo’, ‘Matanza en la Décima Avenida’ [Slaughter on Tenth Avenue], ‘Anna Lucasta’, ‘Gerónimo, una leyenda’ [Geronimo], ‘Gloriosos camaradas’ [The Glory Guys] y ‘Sam Whiskey’.
"El hecho de que fuera mi socio significaba que yo podía seguir y seguir", dijo Arthur Gardner en una entrevista. "Además de ser un tipo con mucho talento, era un hombre muy cálido, amistoso, amable y le caía bien a todo el mundo".

Nacido el 23 de febrero de 1922 en Chicago, Laden se mudó con su familia a Los Angeles a fines de los años treinta y pronto inició su carrera en Hollywood como mensajero de la sala de correos de la Warner Bros.
Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en películas de adiestramiento como miembro de la Primera Unidad de Cine de la Fuerza Aérea del Ejército en los Hal Roach Studios en Culver City, donde sus futuros socios -Levy y Gardner- eran también miembros.
Después de la guerra, Laven trabajó como supervisor de guiones antes de asociarse con Levy y Gardner.
A Laven le sobreviven su esposa durante 58 años, Wally; su hija Barbara Laven; su hijo Larry; y su hermana Rennei Skepner.

12 de octubre de 2009
9 de septiembre de 2009
©los angeles times
cc traducción mQh
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murió dorothy wellman


Actriz y bailarina de Hollywood.
El miércoles murió en su casa en Brentwood la actriz y bailarina de Busby Berkeley, Dorothy ‘Dottie’ Wellman, que fue la quinta y última esposa del director de cine de Hollywood, William Wellman, informó su hijo William Wellman Jr. Tenía 95 años.
Nacida el 25 de noviembre de 1913 en Minneapolis, se mudó con su familia a Los Angeles cuando era niña. Siguió clases de baile y a los catorce abandonó la escuela cuando obtuvo un rol como bailarina en la película ‘Show of Shows’ (1929), de la Warner Bros. Luego bailó en las secuencias coreografiadas por Berkeley en películas como ‘Torero a la fuerza’ [The Kid From Spain] (1932), ‘La calle 42’ (1933) y ‘Vampiresas 1933’ [Gold Diggers de 1933] (1933).
Estaba trabajando en ‘Vampiresas 1933’ cuando conoció a Wellman, un prolífico director que llevó la película ‘Alas’ [Wings], de 1927, al primer premio de la Academia a la mejor película. La contrató para la película de 1933, ‘Wild Boys of the Road’ y se casaron al año siguiente.
Dorothy Coonan dejó la actuación para dedicarse a su familia y tuvo siete hijos, todos los cuales hicieron carrera en el mundo del espectáculo. La pareja se mantuvo casada hasta la muerte de Wellman en 1975.
Además de su hijo William, le sobreviven otros dos hijos, Mike y Tim; cuatro hijas, Cissy Wellman Guydus, Kitty Wellman, Maggie Cerminaro y Patricia Lawe; vientidós nietos y doce biznietos.

8 de octubre de 2009
19 de septiembre de 2009
©los angeles times
©traducción mQh
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patrick swayze


Estrella de ‘Dirty Dancing’ y ‘Ghost’. El año pasado le habían diagnosticado cáncer al páncreas. Estaba escribiendo sus memorias.
[Valerie J. Nelson] Falleció Patrick Swayze, actor y bailarín de ballet clásico cuyo papel en la perdurablemente popular ‘Dirty Dancing’ lo convirtió en una estrella de cine y debió luchar contra la alienación de la fama y contra su caracterización como actor protagonista. Tenía 57 años.
Swayze, que también fue protagonista de la exitosa película ‘Ghost, la sombra del amor’ [Ghost], murió en Los Angeles rodeado por sus familiares, informó su publicista Annett Wolf.
Le diagnosticaron cáncer al páncreas a principios del año pasado, dos semanas después de que la producción aceptara el piloto de ‘La bestia’ [The Beast], una serie de A&E en la que representaba a un poco convencional agente del FBI.
Aunque el cáncer estaba avanzado, sus médicos le informaron que tenía una forma más controlada de la enfermedad y convenció al canal para que continuara con la serie.
La serie se rodó en cinco meses en Chicago, mientras Swayze era sometido a quimioterapia e ingería un fármaco experimental que combatía los tumores.
"Estoy orgulloso de lo que estoy haciendo", dijo Swayze al New York Times, en octubre. "¿Cómo mantener una actitud positiva cuando todas las estadísticas dicen que te estás muriendo? Seguir trabajando".
Días antes de que la serie debutara en enero, Swayze fue internado con neumonía en un hospital, un desarrollo que empañó el lanzamiento de la serie. Le dieron de alta después de una semana y volvió a casa para recuperarse.
Su fama se convirtió en un obstáculo cuando, en sus últimos meses, luchaba contra lo que llamó un "implacable periodismo" que anunciaba regularmente que estaba a punto de morir. Esa cobertura periodística era equivalente a "crueldad emocional", dijo, "en momentos en que la esperanza es tan valiosa".
Cuando se estrenó ‘Dirty Dancing’ en 1987, fue un éxito inesperado debido en gran parte debido al considerable carisma y talento artístico de Swayze. Los críticos elogiaron la rufianesca hidalguía que dio al personaje de Johnny Castle, un sensual y sensible profesor de baile en el lado equivocado del mundo.
También observaron la ardiente relación entre Swayze y su pupila adolescente, apodada Baby (Jennifer Grey). Sus exuberantes actuaciones fueron consideradas fundamentales para sus carreras.
Para Swayze, la musical historia de amor ambientada en el balneario de Catskills funcionó porque la gente volvía a vivir "esos momentos maravillosamente dolorosos... cuando necesitas amar a alguien con todo tu corazón, y que te correspondan... Además, era una película muy erótica", dijo al Times en 1997.
En la escena culminante de ‘Dirty Dancing’, Swayze dice una frase con arrogante perfección. "Nadie pone a Baby en un rincón", dice, mientras desafía a su padre (de ella) y la saca a bailar por una inspirada y final secuencia de baile. Los fans dijeron que esa escena consolidó el lugar de la película en el panteón de las mejores películas de citas amorosas de la historia.
Rechazó una oferta de siete millones de dólares para hacer la secuela de ‘Dirty Dancing’ y rechazó igualmente papeles que lo caracterizaban como un hombretón con corazón de oro.
"Me gustan los retos", dijo Swayze al Chicago Tribune en 1989.
Después de aparecer como un rudo agente de policía en ‘Con su propia ley’ [Next of Kin] y un duro gorila en ‘De profesión duro’ [Road House] -dos películas de 1989 que fueron un fracaso-, luchó por conseguir el papel principal de la romántica y sensiblera ‘Ghost’. Swayze dijo a un entrevistador que pensaba que ese papel le ayudaría a ser visto como actor, antes que como ‘bailarín’ o ‘actor de acción’.
En la película, Swayze es un inversionista bancario que es asesinado y retorna como fantasma para resolver su asesinato y expresar más cabalmente su amor por su novia, Demi Moore. Whoopi Goldberg, en un papel que le mereció un Oscar, es la reluctante médium que transmite sus mensajes. La película tocó la vena seductora del público y fue un éxito instantáneo.
‘Ghost’ confirmó la condición de ídolo de Swayze -la antigua crítica de cine del Times, Sheila Benson, se preguntaba en su reseña de 1990 si algunas escenas habían sido diseñadas especialmente para que Swayze apareciera sin camisa, porque en muchas escenas se lo ve sin ninguna. Pero la película confirmó la legitimidad de Swayze como actor.
La película parecía que aseguraría su carrera como actor protagonista, pero se encaminó en otra dirección.
Protagonizó, con Keanu Reeves, ‘Le llaman Bodhi’ [Point Break] (1991), una película de acción en la que fue un paracaidista de caída libre profesional y surfista. En la noble ‘La ciudad de la alegría’ [City of Joy] (1992), Swayze fue un médico estadounidense idealista en Calcuta; los críticos dijeron que fue una mala opción, pero que la sobrevivió bastante bien.
En ‘A Wong Foo, gracias por todo Julie Newmar’ [To Wong Foo, Thanks for Everything, Julie Newmar] (1995), representó a una reinona. Fue una mala decisión. Defendiendo sus opciones, Swayze dijo que estaba "hastiado de la mentalidad taquillera de Hollywood".
Las películas de culto "me han dado una carrera de treinta años. No habría valido la pena que me hubiese estancado como actor protagonista o bailarín", dijo, de acuerdo a un reportaje publicado en el London Daily Express el año pasado.
"La soledad de la fama" fue un tema que trató a menudo, advirtiendo en Playboy en 1992: La fama te puede hacer "sentir que te has mandado una terrible estafa y que toda tu vida es una mentira. Toda la conmoción terminó convirtiéndome en un cínico, y me transformó en un borracho no muy simpático".
Atribuyó a su esposa, Lisa Niemi, una bailarina a la que conoció en Texas para casarse con ella en 1976, haberle ayudado con su alcoholismo que dijo que había empezado después de la muerte de su padre en 1982 y parecía mantener el ritmo con su creciente fama.
Rodeado por una multitud en el estreno de una película en 1989, Swayze destruyó la habitación del hotel donde se hospedaba y se dio cuenta de que tenía que dejar de beber, contó a la revista People en 1990. Dijo que dejó de beber al día siguiente.
Pero su problema con el alcohol volvió a emerger y tuvo que superar una depresión que adquirió después de que su hermana mayor Vicki se suicidara en 1994 y tras la muerte de varios amigos. Un ultimátum de su mujer lo envió a rehabilitación, dijo al Sunday Times de Londres en 2006.
"Tengo un lado salvaje", dijo Swayze una vez. "Si mi vida se ve bien, empiezo a sabotearla".
Escapó de la fama en un rancho de 2.5 hectáreas que la pareja bautizó como Rancho Bizarro en las laderas de las Montañas de San Gabriel. Se dedicaron a la crianza de caballos árabes y pavos reales.

Nació el 18 de agosto de 1952 en Houston, el segundo de los cinco hijos de Jesse y Patsy Swayze.
Su madre era profesora de baile y coreógrafa de ballet profesional. Se encargó de la coreografía de la película de 1980, ‘Cowboy de ciudad’ [Urban Cowboy]. Su padre era dibujante técnico. Swayze lo definía como un "vaquero cortés".
Su madre le enseñó a bailar a temprana edad y fue implacablemente hostigado debido a ello. "Tuve que pelear desde que era pequeño", dijo Swayze en el reportaje del Sunday Times.
Después de dos años en el San Jacinto College de Houston, Swayze abandonó los estudios para hacer de Príncipe Azul en el espectáculo sobre hielo ‘Disney on Parade’ que salía de gira.
En 1972 se mudó a Nueva York con la intención de labrarse una carrera en el ballet.
Su futura esposa, Niemi, a la que conoció en la academia de baile de su madre, era cinco años menor que él. Ella lo siguió después de egresar de la secundaria en 1975.
Los dos consiguieron trabajo en la segunda compañía de Joffrey Ballet.
En 1976 Swayze se incorporó a la Eliot Feld Ballet Company, pero después de un año como bailarín principal, una lesión en la rodilla de los días en que jugaba fútbol americano en la secundaria volvió a inflamarse, poniendo fin a su carrera como bailarín.
Se dedicó exclusivamente a la actuación y fue contratado para el papel protagónico de ‘Brillantina’ [Grease] en Broadway, un papel que previamente había ayudado a convertir en estrellas a John Travolta y Barry Bostwick.
El año en que se mudó a Los Angeles, Swayze apareció en su primera película, ‘La fiebre del patín’ [Skatetown, U.S.A.], de 1979, como el cabecilla de una pandilla de patinadores y bailarines.
La película ha sido llamada "afablemente mala", pero su actuación fue comentada positivamente por Kevin Thomas, del Times: "Desde que Valentino hiciera su tango en ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’ [The Four Horsemen of the Apocalypse] que no se producía semejante exhibición de sexualidad masculina como cuando un ágil recién llegado al cine llamado Patrick Swayze se lanza a la pista".
En 1983 apareció con Matt Dillon y otras estrellas emergentes en ‘Rebeldes’ [The Outsiders], de Francis Ford Coppola, que dio un empujón a la carrera de Swayze.
En 1984, fue protagonista de la primera película distribuida ampliamente con una calificación de Guía Parental para mayores de trece años, ‘Amanecer rojo’ [Red Dawn]. La violenta película ambientada en la Guerra Fría fue en gran parte desechada por los críticos como inverosímil, pero la actuación de Swayze como un joven que se convierte rápidamente en líder de un grupo de rebeldes fue elogiada por comunicar convincentemente su tormento emocional. Grey, con el que aparecería en ‘Dirty Dancing’, también estuvo en el reparto.
Consideraba que su primer gran papel en el cine fue su actuación como el soldado confederado Orry Main, en la miniserie del ABC sobre la Guerra Civil en Estados Unidos, ‘North and South’, en 1985.
Con su esposa fue protagonista de la futurística ‘El guerrero del amanecer’ [Steel Dawn], que fue estrenada en 1987 después de ‘Dirty Dancing’, pero no tuvo gran acogida.
Ocasionalmente componía para películas, incluyendo el guión y las canciones de ‘She’s Like the Wind’ en ‘Dirty Dancing’ y ejecutando música de fondo en ‘De profesión duro’.
Durante los años noventa apareció esporádicamente en películas, aunque prefirió permanecer fuera del alcance de los focos. Se cayó de un caballo en 1997, quebrándose las piernas y el hombro izquierdo. Su reconstrucción le tomó doce operaciones.
Swayze creía en varias formas de espiritualismo y siempre se apresuraba a decir que era dichoso en su matrimonio. La pareja no tuvo hijos.
En 2003 cumplió su sueño de hacer una película de baile con su esposa, titulada ‘El último baile’ [One Last Dance], basada en su obra semi-autobiográfica sobre dos bailarinas que envejecen.
Swayze la llamó su "canto del cine... la última vez que pude bailar de esa manera".
Cuando en 2004 le preguntaron qué hacía en su tiempo libre, dijo al Times que no lo tenía -ser ranchero, ecologista y director-actor lo mantenía siempre ocupado.
"Siento que perdí tiempo cuando fui esa estrella de los años ochenta", dijo Swayze. "Ahora lo quiero todo. Quiero hacer todo lo que pueda".
Le sobreviven su esposa Lisa, y su madre, Patsy.

John Horn contribuyó a este artículo.

6 de octubre de 2009
15 de septiembre de 2009
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©traducción mQh
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gueto para extraterrestres


‘Sector 9’, de Neill Blomkamp, producida por Peter Jackson. Que el ghetto donde son recluidos un millón de alienígenas no sea muy diferente al apartheid que hizo tristemente célebre a Sudáfrica es uno de los varios aciertos de un director nativo de Johannesburgo que sabe muy bien de qué está hablando.
[Luciano Monteagudo] ¡Al fin! Por una vez, la invasión alienígena no se produce en Nueva York, Los Angeles o Washington DC. La inmensa nave nodriza que oscurece el cielo se posa ahora apenas a unos cientos de metros sobre la línea de rascacielos de Johanesburgo. Y, a diferencia de lo que sucedía en ‘Día de la Independencia’, estos extraterrestres parecen haber venido en son de paz. O al menos no están en condiciones de hacer la guerra. Pertenecientes a una sumisa colonia obrera, desnutridos y hacinados en las bodegas de una embarcación que se quedó sin combustible para volver allí de donde ha venido, más de un millón de "langostinos" –como los nombra la sabiduría popular, por su horrible aspecto crustáceo– pasan a habitar el ‘Sector 9’ de la ciudad. Que este sector no sea muy diferente al apartheid que hizo tristemente célebre a Sudáfrica es uno de los varios aciertos de la ópera prima de Neill Blomkamp, un nativo de Johanesburgo que sabe muy bien de qué está hablando.
Peter Jackson se dio cuenta cuando vio su corto ‘Alive in Joburg’, un borrador de su primer largo que Blomkamp filmó cuando tenía apenas 26 años. Y antes de que cumpliera los 29 ya tenía como productor al director de ‘El señor de los anillos’, que puso su nombre y sus recursos detrás de ‘District 9’. El primer acierto de la película es que sus ideas –que no son pocas– nunca se dejan ganar por la solemnidad. Hay un humor cáustico, muy corrosivo en casi toda la película que la hace aún más eficaz. Y ese humor empieza por concebir todo el proyecto como si fuera un informe especial para la televisión, con todos los clisés, simplificaciones y amarillismos a los que suelen ser afectos los noticieros de TV.
Este informe tiene la palabra supuestamente autorizada de periodistas, científicos y expertos, pero su protagonista es Wikus van der Merwe (Sharlto Copley), un funcionario más bien ridículo del consorcio privado Multi-National United al que el gobierno sudafricano ha asignado la seguridad del Sector 9 (un poco en la misma línea en que operan los ejércitos privados en Iraq). Marido devoto de la hija del dueño de la empresa, que lo usa como un títere, Wikus es esencialmente un burócrata: cuando empieza la película se dedica a recorrer choza por choza el apartheid para que los "langostinos" –que ya llevan 20 años reproduciéndose en el Sector 9– firmen un consentimiento de desalojo por el cual van a ser removidos a un Sector 10, que promete tener comodidades y servicios equivalentes a los de Guantánamo.
Sucede que los "langostinos" no están muy dispuestos a colaborar y menos aún los nigerianos, otros descastados que no sólo comparten con los alienígenas el mismo ghetto sino que también lucran con la situación, vendiéndoles comida enlatada de gato –la favorita de los aliens–, armas y sexo. "Ya se sabe, donde hay pobreza extrema también hay corrupción", afirma muy seria a cámara una de las entrevistadas por el documental televisivo. Mientras tanto, en sus infructuosos intentos por llenar los formularios, Wikus se contagia con la sangre alienígena, convirtiéndose en un preciado mutante, perseguido por la propia compañía a la que pertenece, que quiere experimentar con él. No es de extrañar, sin embargo, que la televisión lo presente como a un peligroso terrorista y que se le pida a la población que lo denuncie y colabore en su captura a través de la línea gratuita 0-800-STOP-WIKUS.
Si el salvajismo con el que el MNU elimina a los "langostinos" no es muy distinto a la manera en que se vuelan las cabezas de los muertos-vivos en las películas de George Romero, la estética trash de ‘Sector 9’ viene a recordar una película injustamente olvidada del holandés Paul Verhoeven, ‘Invasión’ (1997), basada en la novela de Robert Heinlein. Es una pena que en su tramo final el film de Blomkamp se vuelva convencional y reduzca su efecto al de una mera película de acción, con Wikus como héroe-transformer, intentando que al menos un "langostino" y su pequeño hijo puedan escapar de la esclavitud a la que son sometidos en la Tierra. A pesar de quedarse sin combustible, como la nave que obtura el cielo de Johanesburgo, brilla tanto la primera mitad de Sector 9 que justifica una visita al ghetto.

Ficha
8-Sector 9
(District 9, Estados Unidos/Nueva Zelanda/Sudáfrica, 2009.)
Dirección: Neill Blomkamp.
Guión: Neill Blomkamp y Terri Tatchell.
Fotografía: Trent Opaloch.
Música: Clinton Shorter.
Producción: Peter Jackson.
Intérpretes: Sharlto Copley, Jason Cope, Nathalie Boltt, Sylvaine Strike, John Summer, William Allen Young.

2 de octubre de 2009
©24 de septiembre de 2009
©página 12
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murió frank coghlan jr.


El actor fue Billy Batson en la histórica película por entregas ‘Aventuras del Capitán Maravilla’. La serie fue la primera en llevar a un héroe de historieta a la gran pantalla.

[Dennis McLellan] Murió Frank Coghlan Jr., niño actor del cine mudo que más tarde fue el joven Billy Batson, que se transformaba en el Capitán Maravilla pronunciando la palabra mágica "¡Shazam!" en la histórica película por entregas ‘Aventuras del Capitán Maravilla’ [Adventures of Captain Marvel], de 1941. Tenía 93 años.
Coghlan murió durmiendo el 7 de septiembre en su casa en un recinto de vivienda asistida en Saugus, informó su hijo Pat.
"Fue uno de los niños actores más solicitado entre fines de los años veinte y los treinta", dijo el historiador y crítico de cine Leonard Maltin. "Poseía el típico atractivo de un niño norteamericano, pecoso y espontáneo".
Maltin, que entrevistó a Coghlan numerosas veces en sus últimos años y lo encontró a menudo en reuniones nostálgicas, dijo que Coghlan "era un tipo muy dulce".
"Cuando nos veíamos", dijo Maltin, "le encantaba recordar los viejos tiempos, le encantaba encontrarse con sus fans y lo hacía feliz estar asociado con lo que sabía que era la mejor serie de películas por entregas de la historia. La matrícula de su coche decía "Shazam".
La serie de doce entregas ‘Las aventuras del Capitán Maravilla’, de Republic Pictures, fue la primera vez que un héroe de cómic fue llevado a la gran pantalla.
En el capítulo uno, Batson participa en una expedición hacia el Valle de las Tumbas en Siam cuando un chamán le proporciona la capacidad de transformarse en el Capitán Maravilla.
Coghlan estaba trabajando en la película ‘La ciudad de los muchachos’ [Men of Boys Town], de la MGM, en 1941, cuando lo llamó su representante para decirle que Republic quería entrevistarlo para el papel.
Fue sólo después de que fuera entrevistado por el productor de la serie y dos directores que entró a una droguería y compró la revista del héroe.
"Me dije a mí mismo: ‘Hey, me parezco a ese chico’", recordó.
Toda vez que Batson decía "¡Shazam!", se producía un enorme resplandor y una nube de humo blanco. Y cuando el humo se disolvía, Batson se había convertido en el poderoso Capitán Maravilla (Tom Tyler).
"Cada vez que lo hacíamos, encendían ese polvo brillante", recordó Coghlan. "Y si tenía viento en contra, el polvo me llegaba en la cara y yo perdía algunos pelos de mis cejas".

Coghlan nació el 15 de marzo de 1916 en New Haven, Connecticut. Después de que sus padres se mudaran a Los Angeles, empezó a trabajar en películas a los tres años -como extra.
Anunciado como Junior Coghlan, tuvo pequeños roles en películas como ‘La bailarina española" (1923), con Pola Negri; y fue el niño no acreditado de la película de Charles Chaplin, ‘Una mujer de París’, de 1923, con Edna Purviance.
El director Cecil B. DeMille, que contrató a Coghlan por cinco años, lo llamó "el perfecto ejemplo de un niño abandonado".
Entre las últimas actuaciones de Coghlan en la época del cine mudo se encuentra el drama de DeMille de 1927, ‘The Yankee Clipper’, con William Boyd; ‘Slide, Kelly, Slide’, una comedia sobre béisbol de 1927, con William Haines. Coghlan fue luego el personaje Tom Powers, de James Cagney, como niño en ‘El enemigo público’ (1931), y apareció, con Harry Carey, en ‘El último mohicano’ (1932).
Pero posteriormente mucho de los papeles que tuvo en los años treinta y cuarenta no fueron reconocidos, incluyendo su rol como un soldado confederado desplomándose en ‘Lo que el viento se llevó’ [Gone with the Wind] y otros pequeños papeles en películas como ‘El idilio de Andy Hardy’ [The Courtship of Andy Hardy] y ‘La doble vida de Andy Hardy’ [Andy Hardy’s Double Life].
Aviador naval durante la Segunda Guerra Mundial, Coghlan continuó su carrera en la Armada después de la guerra y más tarde trabajó varios años en enlace de la Armada en Hollywood para proyectos de cine, televisión y radio.
Después de retirarse como capitán de corbeta en 1965, reanudó su carrera de actor principalmente en anuncios, incluyendo la representación de Curtis Mathes en televisión. También trabajó como relacionador público del Zoológico de Los Angeles y el Puerto de Los Angeles.
Residente toda la vida de Los Alamitos, Coghlan escribió en 1992 su autobiografía ‘They Still Call Me Junior’.
La primera esposa de Coghlan, Betty, murió en 1974; su segunda esposa, Letha, en 2001.
Además de su hijo, le sobreviven tres hijas -Libbey Gagnon, Cathy Farley y Judy Coghlan; tres hijos adoptivos -Gary, Ron y Ken Schwarzrock; y seis nietos.

28 de septiembre de 2009
17 de septiembre de 2009
©los angeles times
©traducción mQh
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los zoológicos humanos


Humanos tras los barrotes. El film que se exhibirá hoy en el Ecunhi, como parte del II Festival Argentina Negra, es un auténtico paseo por el horror, al poner el foco en los zoológicos humanos que proliferaron por toda Europa entre 1870 y 1930, exhibiendo a los negros como animales.
[Óscar Ranzani] Las estadísticas indican que más de 400 millones de personas asistieron a los zoológicos humanos que proliferaron en Europa entre 1870 y 1930. Aunque cueste creerlo, en esa etapa de civilización moderna se reclutaban negros africanos y de otras regiones para ser exhibidos en espacios al aire libre perimetrados por alambres como si fueran animales salvajes. Lejos de despertar la indignación, los visitantes fueron en franco aumento: así se los pudo observar en Lyon, Torino, Londres, Hamburgo, Bruselas, Ginebra y París, entre otras ciudades. Sobre esta tremenda experiencia gestada por Occidente en plena época de conquista de colonias, focaliza el documental francés ‘Zoos Humains’, dirigido por Pascal Blanchard y Eric Deroo, que podrá verse hoy a las 16, como parte de la numerosa programación del II Festival Argentina Negra en el Ecunhi, Av. del Libertador 8465, con entrada gratuita.
Las imágenes son impactantes: algunas de ellas pertenecen a ‘Baño de negros’, película filmada por los hermanos Lumière en el Jardín de Aclimatación de París en 1896. En los inicios, el "espectáculo" consistía en organizar un baño, depositar a los niños en canoa y como parte del "juego" arrojar monedas al agua para que los chicos las recogieran. No eran únicamente los negros las víctimas de semejante idea racista: había también liliputienses y enanos y hasta una mujer barbuda que era exhibida casi como un trofeo de guerra. El objetivo era provocar el asombro del público y, además, complacerlo. Es por eso que los organizadores no tenían ningún reparo en exhibir a las mujeres con los senos desnudos.
Carl Hagenbeck era un importador de animales y su trabajo consistía en vender los ejemplares a los zoológicos: era el boom de los zoos franceses, ingleses y alemanes. A fines del siglo XIX, St. Paulí se caracterizaba por ser un barrio poblado de teatros, cafés, museos de cera y cabarets. Estaba situado en Hamburgo. En esa ciudad comenzó a funcionar la Casa Hagenbeck en 1848. Años después, en 1874, se inauguró el Zoo de Hagenbeck. Allí empezaron los primeras exhibiciones étnicas que luego continuaron por toda Europa. Desde entonces, el "espectáculo antropozoológico", como lo llamaba Hagenbeck, se convirtió en un éxito masivo y numerosos empresarios recorrieron Asia, América y, fundamentalmente, Africa, en busca de poblaciones cada vez más "exóticas" que eran consideradas "salvajes". Transportados como animales raros, "¿sabían estos hombres que, a su pesar, serían los actores del imaginario de Occidente?", se pregunta un entrevistado en el documental.
El éxito de las exhibiciones racistas en los zoos humanos puede entenderse por la convergencia de varios factores señalados en el documental: la gente quería ver "espectáculos" pero también eran muchos los curiosos por contemplar "al diferente". Por otro lado, verlo detrás de una reja le permitía al público entender las nociones de poder y jerarquía. Pero los zoos humanos iban más allá del "espectáculo": los grandes estados europeos los mencionaban en sus discursos coloniales.
El cambio de siglo significó también una modificación en los zoos humanos: ya no eran espacios cerrados, dejaba de existir la barrera de separación entre el visitante y el visitado. Se hacía menos hincapié en el encierro, como si los organizadores estuvieran preocupados por la libertad de los individuos que reclutaban. Nada más alejado de eso. Los empresarios querían montar shows más producidos y traían lo que se denomina en el documental grupos itinerantes de "diversión". Muchos de esos grupos provenían de Senegal y se exhibían por toda Europa. También se hacían giras por ciudades balnearias. Si había habido una guerra en la región donde vivían las víctimas, ahora el "espectáculo" consistía en hacerlos actuar al aire libre y sin cercos lo que habían vivido en carne propia. Con el tiempo, fueron desapareciendo estos recintos del terror antropológico, donde los ciudadanos europeos solían divertirse mientras otros seres humanos sufrían la humillación, la degradación de la condición humana y el castigo del hombre convertido en objeto.

26 de septiembre de 2009
©página 12 
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murió paul burke


El actor apareció en una osada serie de televisión, ‘Naked City’. El actor nominado a un Emmy también trabajó en la serie ‘12 O’Clock High’ y en las películas ‘El valle de las muñecas’ y ‘El secreto de Thomas Crown’. En los años ochenta, trabajó en ‘Dinastía’.
[Dennis McLellan] Falleció Paul Burke, que nominado dos veces a un Emmy a principio de los años sesenta por su papel como el detective Adam Flint, en la aclamada serie policial ‘Ciudad desnuda’ [Naked City] y más tarde trabajó como un coronel de la Fuerza Aérea del Ejército durante la Segunda Guerra Mundial en la serie de acción y aventuras, ‘Comandos aéreos’ [Twelve O’Clock High]. Tenía 83 años.
Burke, que sufría de leucemia y linfoma non-Hodgkins, falleció el domingo en su casa de Palm Springs, acompañado por su esposa, informó la portavoz de la familia, Daniela Ryan.
Durante una carrera de cuarenta años que incluyó roles en las películas ‘El valle de las muñecas’ [Valley of the Dolls] (1967) y ‘El secreto de Thomas Brown’ [The  Thomas Crown Affair], Burke fue el coronel Joe Gallagher de la U.S. 8th Air Force en ‘Comandos aéreos’, que se transmitió de 1964 a 1967.
También fue un frecuente actor invitado en series de televisión y tuvo el rol recurrente del congresista Neal McVane en ‘Dinastía] [Dynasty] en los años ochenta.
Uno de los roles que más enorgullecía a Burke fue el de Flint en ‘Ciudad desnuda’, la serie de ABC de 1958 a 1963, rodada en locaciones en Nueva York y conocida por su rudo realismo. Se unió a la serie en 1960, el año en que se expandió de media hora a una.
Cuando la serie terminó, el columnista de televisión de Los Angeles Times, Cecil Smith, escribió que "podría ser recordada como la mejor hora semanal de televisión".
"Tomó a la policía y la trató con dignidad y una compasión que a veces se acercó a la alta tragedia", escribió Smith. "Hizo la serie en los estrechos esquemas de televisión, tratando de cumplir con fechas de cierre imposibles. Pero el resultado final eran películas y producciones de una calidad que competía con las mejores películas de pantalla grande".
Burke hizo numerosas acrobacias para la serie, incluyendo escalar el 59th Street Bridge.
"En otra ocasión", le contó a la columnista de Hollywood, Hedda Hopper, en 1963, "tuve que saltar de un tejado a otro cuando el doble se negó a hacerlo porque estaba demasiado ventoso".
Para prepararse para el papel, Burke acompañó a detectives de la policía de Nueva York en allanamientos y detenciones.
"Conozco zonas de la ciudad que son verdaderas selvas", dijo. "No sería detective ni aunque me pagaran mil dólares al día".
Para un episodio en que su personaje detective es enviado a la prisión de Sing Sing para presenciar la ejecución de un hombre al que había detenido, Burke pasó una noche en ese lugar.
"La zona de los condenados tiene ventanas con rejas que dan hacia Hudson", le dijo a Smith en 1963. "Puedes ver pasar a los trenes -como para enfatizar que te están privando de la vida exterior. Antes de hacer el programa yo no estaba contra la pena capital -pero ahora, no sé".
"Son experiencias como esa en ‘Ciudad desnuda’ las que hacen difícil ver el final", dijo Burke sobre la serie. "Iba más allá de lo monetario -era algo con lo que te enorgullecía que te asociaran".

Burke nació el 21 de julio de 1926 en Nueva Orleans, como hijo del boxeador profesional Martin Burke, que trabajó más tarde como promotor y dueño de un club nocturno. Cuado era niño, su familia era dueña el popular club nocturno French Quarter y el restaurante Marty Burke’s.
Después de mudarse a Hollywood cuando era joven a fines de los cuarenta, Burke estudió actuación en la Pasadena Playhouse durante dos años. El director de cine Lloyd Bacon, amigo del padre de Burke, le consiguió su primer papel: un papel no reconocido en el musical de Betty Grable de 1951, ‘Call Me Sister’.
Le siguieron pequeños roles en películas como ‘Francisquito en la Armada’ [Francis in the Navy] y roles como invitado en series como ‘Patrulla de caminos’ [Highway Patrol], ‘Navy Log’ y ‘Dragnet’.
Burke también trabajó en la breve serie de 1957-57, ‘Noah’s Ark’ y en la serie ‘Harbourmaster’, de 1957-58.
Actuó por última vez en la película de 1990, ‘El especulador’ [The Fool].
Además de su esposa durante treinta años, le sobreviven sus tres hijos de su primer matrimonio, Paula Burke-López, Paul Brian Burke y Dina Burke-Shawkat; seis nietos y dos biznietos.

18 de septiembre de 2009
15 de septiembre de 2009
©los angeles times
cc traducción mQh
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