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historia de imagen final


Entrevista con Andrés Habegger, director de ‘Imagen final’. El cineasta explica el sentido del documental que recupera la historia de Leonardo Henrichsen, el camarógrafo que filmó su propia muerte durante el Tanquetazo contra Allende. Habegger investigó el suceso propiamente dicho y sus implicancias políticas posteriores.
[Óscar Ranzani] El 29 de junio de 1973 la ciudad de Santiago de Chile amaneció invadida por tanquetas conducidas por militares que intentaban derrocar al presidente constitucional Salvador Allende. Como es de público conocimiento, el del Tanquetazo fue un intento fallido, a diferencia del que sí logró su cometido el 11 de septiembre del mismo año, y que terminó aplastando al gobierno socialista elegido por la vía del voto popular. En el Tanquetazo murieron 22 civiles. Entre ellos, el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen que estaba realizando la cobertura para la Televisión Sueca. Henrichsen, que tenía una destacada trayectoria como corresponsal, filmó su propia muerte. O mejor dicho, al asesino que le disparó. Sin embargo, nunca hubo justicia. Y esa imagen recorrió el mundo. Henrichsen fue baleado por uno de los integrantes de una patrulla militar, a cargo del cabo Héctor Hernán Bustamante Gómez, según investigó el periodista chileno Ernesto Carmona. A este respetado periodista se lo podrá ver explicando cómo llegó a esa conclusión a partir del jueves 6 de agosto, fecha de estreno del documental ‘Imagen final’, dirigido por Andrés Habegger, que indaga en la historia de este camarógrafo, en el suceso propiamente dicho y en todas las implicancias posteriores.
La idea de realizar ‘Imagen final’ nació "de una conjunción de factores azarosos", comenta Habegger en la entrevista con Página/12. Hace unos años, el cineasta estaba realizando un documental sobre el noticiero cinematográfico Sucesos Argentinos para el ciclo Visionarios, que se emitía por Canal 7. Durante el tiempo que duró la investigación, Habegger se contactó con numerosos ex trabajadores de Sucesos Argentinos (donde había trabajado Henrichsen). Uno de ellos, Reinaldo Peralta, se desempeñó como camarógrafo en el mismo período que Henrichsen. "La conversación previa con Reinaldo derivó mucho en Leonardo a partir de fotografías, con la particularidad de que Reinaldo, aparte de ser colega, era muy amigo y conservaba una copia en 16 mm de la película y el chaleco que tenía puesto Leonardo en el momento en que lo mataron", relata Habegger. A partir de ahí, se puso manos a la obra. "Me llamaba la atención que siendo una imagen tan conocida en el momento en que circuló, no se había hecho ningún documental", cuenta Habegger.
‘Imagen final’ conforma un triángulo compuesto por Argentina, Chile y Suecia. "Estas tres puntas tienen inevitablemente que ver con la historia de Leonardo: él era argentino, toda su vida profesional, familiar y demás la tuvo en Argentina. Los hechos centrales suceden en Chile y hay un período de tres años en los que Leonardo trabajó para la Televisión Sueca. Entonces, era un triángulo central a la hora de realizar un documental como lo queríamos hacer", afirma Habegger. Tomando estos tres lugares para el desarrollo del film, Habegger sigue dos líneas: una más afectiva, donde la hermana y ex colegas lo recuerdan y cuentan situaciones compartidas. Allí aparece, entre otros, Reinaldo Peralta, quien señala que su amigo Henrichsen "era muy buen camarógrafo, detallista y perseverante, pero arriesgado". En Chile se desarrolla la investigación de Ernesto Carmona, quien ya había realizado otra investigación periodística durante diez años. Carmona indaga en las huellas del viejo expediente de la Justicia Militar que, tras los hechos, había iniciado una causa para indagar sobre los motivos del alzamiento, pero con el golpe, todo quedó en la nada. Sin embargo, en el expediente Carmona encontró varias pistas que lo llevaron a señalar que Héctor Hernán Bustamente Gómez (que falleció después de terminado el documental) era el jefe de la patrulla y el que ordenó disparar a los conscriptos que estaban en la camioneta sobre la que enfocaba la cámara de Henrichsen. Carmona va en busca de los viejos conscriptos, pero la mayoría prefiere el silencio. En Chile también está Eduardo Labarca, el periodista de Chile Films que vio cuando los militares arrojaron la cámara a una alcantarilla. Labarca relata cómo se hizo para que esa imagen finalmente fuera vista.
En Suecia habla Jan Sandquist, periodista de la televisión local y jefe de Henrichsen. Al hombre se lo nota muy conmovido, sobre todo cuando recuerda que el camarógrafo era "mucho más que un compañero de trabajo. Era realmente mi mejor amigo", dice. Y ofrece un valioso material de archivo, producto de haber compartido con Henrichsen coberturas de dieciséis golpes militares. Ese material inédito es una de las perlas de ‘Imagen final’, donde se ven, por ejemplo, imágenes a color de la Masacre de Ezeiza tomadas por Henrichsen, otras de Anastasio Somoza en Nicaragua y tomas de cuando fueron a filmar a las cárceles uruguayas, donde estaban presos los tupamaros. Pero en Suecia, también brinda su testimonio la periodista Gunilla Moli, quien estuvo al lado de Henrichsen en el momento en que sucedieron los hechos y cuenta con detalle cómo el camarógrafo que medía 1,90 metro la protegió para que no la mataran.
"Me interesaba, por un lado, la idea de restituirle a su autor la autoría de la imagen. En algún punto, la imagen había trascendido a su autor. De alguna manera, se comió a su autor. Entonces, me interesaba indagar quién estaba detrás de la cámara, quién había sido ese sujeto", subraya Habegger. "Por otro lado, estaba la cuestión de la imagen como evidencia clara y brutal de un asesinato con el rostro del que dispara en primer plano y, sin embargo, ese rostro tampoco tenía un nombre." Sobre ese nombre indaga ‘Imagen final’ a través de Carmona. Vale destacar que la familia de Henrichsen presentó una denuncia en 2005 pero la Justicia chilena interpretó que la causa estaba prescripta y este asesinato no fue considerado delito de lesa humanidad.

¿Cómo fue la reconstrucción del episodio?
A la hora de reconstruir el hecho, empezamos el trabajo con Carmona, a partir de las fotocopias del expediente de la Justicia Militar que él conserva. Esa fue como nuestra biblia, porque ahí había muchos datos, aunque muy desorganizados. Una vez que empezamos a dar con pistas y que varias personas nombraran a Bustamente como el sujeto que estaba en la esquina del crimen, yo tuve mucha esperanza de reconstruir el caso con los conscriptos. Básicamente, porque supuse que en esa camioneta había un cabo y doce o trece conscriptos y que esos soldados que en ese momento tenían diecisiete o dieciocho años serían los más fáciles de contactar o los que más naturalmente se podrían volcar a hablar. Fundamentalmente, porque no estaban dentro de la estructura militar sino circunstancialmente, y después, seguramente habían terminado la colimba y elegido cualquier otra profesión. Ahí residía nuestro objetivo central. Los hechos y la película demuestran que lo que nosotros creíamos que podía ser una punta de lanza para la reconstrucción no hizo más que bloquear los datos y la información para reconstruir el caso. Sin embargo, esto es muy interesante para entender cómo se construyen las redes de pequeñas complicidades en las dictaduras latinoamericanas: no sólo de los grandes responsables militares sino también todas estas chiquitas complicidades que, por temor, por miedo, por inseguridad o por un cúmulo de razones, no terminan de poder abrirse. A nosotros no nos terminó aportando desde lo concreto pero, de alguna manera, sella un círculo invisible de silencio.

La conclusión de la investigación de Carmona es que Héctor Hernán Bustamante Gómez fue el autor intelectual del crimen. ¿Nunca se llegó a certificar quién efectuó el disparo mortal?
No. Después de la lectura de la autopsia, por el tipo de bala y por la dirección con la que entra, Carmona intuye que también pudo haber llegado a ser el autor material, además del intelectual. Pero eso es algo que no está corroborado. La película logra mucho más que la Justicia. No porque hayamos sido unos genios, sino porque la Justicia no hizo prácticamente nada. Pero este caso no era muy difícil de resolver. Si se pusiera un especialista en balística y dos o tres personas que indagaran en torno de la autopsia y del tipo de orificio que tenía Leonardo, no sería muy difícil descubrir quién fue el autor material.

¿Y por qué cree que no se hace?
Básicamente, hay una cuestión formal y burocrática que frenó el juicio y que tiene que ver con la prescripción. El asesinato de Leonardo ocurrió el 29 de junio de 1973 durante el período democrático de Allende y, por más que haya sido un intento de golpe, ese crimen está considerado un homicidio simple. Por ende, a los diez años prescribe. Eso tiene que ver con la formalidad: la Justicia lo declaró prescripto justamente por eso. Entonces, no avanzó la investigación. Por otro lado, creo que hay una cuestión de decisión política de hasta dónde se investigan o no los crímenes de la dictadura en Chile. Creo que, en ese sentido, Chile ha avanzado unos cuantos casilleros menos que Argentina.

¿Qué hizo Allende cuando se enteró del asesinato?
A la cámara la rescata la guardia personal de Allende, va a parar a la casa del presidente y ahí hay una pequeña disputa entre la Televisión Nacional de Chile y Chile Films, donde intercede directamente Allende que le entrega la cámara y la película a Chile Films pensando que ellos tenían mejores equipamientos para revelarla. Ese mismo día, a la noche y desde el balcón de La Moneda, Allende cita en su discurso a los muertos civiles, producto del Tanquetazo, y lo nombra a Leonardo como una persona que estaba ejerciendo su profesión y que había sido brutalmente asesinado. Lo que pasa es que en ese período era tanto lo que estaba sucediendo en Chile que, en poco tiempo, vino el golpe del 11 de septiembre y eso fue un pie tan grande que tapó este ‘pequeño’ acontecimiento del 29 de junio.

¿En qué consistió la disputa entre Televisión Nacional de Chile y Chile Films?
Ninguno de ellos sabía hasta ese momento qué imágenes contenía la película que había dentro de la cámara. Estimaban que como había sido un corresponsal extranjero muerto por los militares, podía llegar a contener algo importante. Y yo creo que, para ambos, era como una especie de botín de guerra, en el sentido de que podían ser imágenes que les pudieran servir muy fuertemente para utilizarlas políticamente, como para demostrar la barbarie de los militares en contra de un gobierno constitucional. Y ahí se produjo una disputa, aunque los dos eran órganos del Estado, conducidos por personas vinculadas a Allende. Obviamente, cada uno de ellos quería tener la primicia de esa nota.

La cinta llegó a conocerse gracias a que Eduardo Labarca, periodista de Chile Films, vio que los militares arrojaban la cámara a una alcantarilla, pero Henrichsen trabajaba para la Televisión Sueca. ¿Qué pasó con la Televisión Sueca en este asunto?
Hay una serie de episodios muy confusos, algunas cosas que nunca se terminaron de dilucidar: principalmente cómo llegan esas imágenes a la televisión argentina, ya que fueron emitidas por Canal 11 y Canal 13. Finalmente, Allende se las entrega a Chile Films. Ese material era 16 mm color AGFA reversible y los laboratorios que tenía Chile Films no permitían el revelado de esa película. Viajan clandestinamente a Buenos Aires a los laboratorios Alex.

¿Por qué clandestinamente?
Porque Jan Sandquist, que era el jefe de Leonardo en la Televisión Sueca, se entera de que la película y la cámara están en propiedad de Chile Films. El tiene un contacto con el que en ese momento era el presidente de Chile Films, Coco Paredes. En ese contacto, Sandquist le dice: "Yo sé que ustedes tienen la cámara y la película y quisiera que me la devuelvan porque eso es propiedad de la Televisión Sueca. Leonardo era un empleado de la Televisión Sueca y estaba filmando para la Televisión Sueca". Coco Paredes le miente y le dice que ellos no la tienen. Y eso, de alguna manera, está insinuado por Labarca, con esta idea de que ellos se sentían propietarios de esa imagen. Mientras tanto, viajan a Buenos Aires, se revela en Alex, vuelven a Santiago de Chile, descubren que contenía esa imagen y, a partir de esto, Chile Films le otorga un valor político y de denuncia muy fuerte que, en realidad, trascendía la lógica de la propiedad. Los términos con los que cada uno se disputa la propiedad de esa imagen tienen que ver con conceptos muy diferentes: para Chile Films ése era un elemento que ayudaba a denunciar un intento de golpe y la brutalidad de los militares contra el gobierno constitucional. Era como una segunda instancia la propiedad material de la cámara y de la película.

¿Y cómo se llega a ver en Chile, en Argentina y en Suecia?
Con el material de Leonardo y otro que ellos tenían registrado, Chile Films hace un noticiero triple. Los noticieros comunes de ellos duraban diez minutos, que eran los que se emitían en las salas de cine, antes de las películas, como Sucesos Argentinos acá. Como éste era un acontecimiento muy importante por todo lo que había sucedido a partir del Tanquetazo, decidieron hacer un noticiero triple de casi treinta minutos. Se estrenó en las salas de cine de Santiago el 24 de julio, casi un mes después. En todo ese período, todavía Jan Sandquist seguía reclamando la cámara y la película y Chile Films miraba para otro lado. Un día antes de que ese noticiero saliera a la luz, el presidente de Chile Films, Coco Paredes, se junta con Jan Sandquist, le cuenta finalmente que ellos sí tienen la cámara y la película y le entrega una copia del original. Esa copia, Jan la remite a Suecia. Y al día siguiente, sale en el noticiero en las salas de Chile. Solamente tiene dos pasadas, porque como había un juicio por el caso del Tanquetazo que estaba llevando adelante el fiscal Saavedra, que era de la Justicia Militar y a esa imagen la consideraban prueba, la incautan.

¿Y en Argentina?
Lo que nunca se pudo dilucidar (y yo lo investigué mucho) es qué día, cercano a ese 24 de julio, fueron emitidas esas imágenes por Canal 11 y Canal 13. Todo hace suponer que en alguno de los viajes que hubo, alguna copia salió –no sé de qué forma– para algunos de los canales. Otra cosa extraña es que esa película estaba anunciada para ser pasada por el 13 a las ocho de la noche. Y la iba a emitir el 13 porque Leonardo había hecho muchos trabajos desde una productora que él había conformado con otros socios para el 13. Habían hecho los exteriores de Rolando Rivas taxista y algunas otras telenovelas. El 13 lo anunció para las ocho de la noche y una hora antes, el 11, pasó la misma imagen. Fue todo un misterio y nunca llegamos a dilucidar cómo llegó al 11 y al 13.

29 de julio de 2009
©página 12
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murió dallas mckennon


Actor dio voz a muchos personajes animados. Era fácilmente identificable en la pantalla, pero podía doblar su voz en infinitas variaciones para dar personalidad a una plétora de roles de sonido. El exuberante actor fue la voz de Gomosito, Archie Andrews, Buzz Buzzard y muchos otros.
[Claire Noland] Murió Dallas McKennon, exuberante actor de carácter y voz que ayudó a dar vida a Gomosito [Gumby], Archie Andrews, Buzz Buzzard y muchos otros personajes animados. Tenía 89 años.
McKennon, que fue el tabernero Cincinnatus en la serie de televisión de los años sesenta ‘Daniel Boone’ y decenas de otros matusalenos en cine y televisión, murió el martes por causas naturales en el Centro de Atención Willapa Harbor en Raymond, Washington, informó su hija Barbara Porter.
Alto, desgarbado y con una barba rebelde, McKennon era fácilmente identificable en la pantalla, pero podía doblar su voz en infinitas variaciones para dar personalidad a una plétora de roles de sonido. El pionero de los dibujos animados, Art Clokey, usó a McKennon para los altos tonos de la figura animada de arcilla verde, Gomosito, y el creador del Pájaro Loco [Woody Woodpecker], Walter Lantz, eligió a McKennon para el rival de Loquillo, Buzz Buzzard. McKennon también fue la voz de Archie Andrews, y grabó personajes para películas de Disney, como ‘La dama y el vagabundo’ [Lady and the Tramp], ‘Mary Poppins’ y ‘101 dálmatas’ [101 Dalmatians], entre otros títulos.
En los parques temáticos de Disney, la distintiva voz de McKennon advierte a los pasajeros del Tren de la Montaña del Gran Trueno [Big Thunder Mountain Railroad] sujetar sus gorros y gafas porque "este es el viaje más salvaje imaginable". Y en Disney’s Epcot, donde Ben Franklin, animado electrónicamente, habla en la exposición ‘Aventura Americana’, en realidad es McKennon el que habla.
"Era un animador", dijo al Times Will Ryan, amigo y colega del actor de voz. "Tenía algo de niño, independientemente de la edad.
"Tenía el talento de la mímica, pero con el espíritu que la anima... No se trataba solamente de que podía hacer diferentes voces, sino que podía hacer diferentes personalidades".
Llamado a veces Dal, McKennon imitaba sonidos desde que era niño en el campo al nordeste de Oregon.

Nació el 19 de julio de 1919 en La Grande, Oregon. Cuando era niño, su madre murió inesperadamente y McKennon fue enviado a vivir con sus tíos en una granja. Le fascinaban los animales.
"Aparte de hacer las tareas", contó McKennon al Lake Oswego Review hace algunos años, "me iba al corral a ver si podía imitar a los animales. Aprendí a imitar a los perros y a la mayoría de los sonidos animales".
En la secundaria se inscribió en la clase de teatro y llevó su talento para crear voces y sonidos diferentes a la radio local, donde empezó a trabajar grabando comerciales.
Estudió brevemente en la Universidad de Washington antes de enrolarse en el Cuerpo de Señales del Ejército durante la Segunda Guerra Mundial. Fue enviado a Alaska.
Después de la guerra McKennon volvió a Oregon y encontró una posición como presentador de un programa para niños en la radio KGW, de Portland, haciendo de Mr. Buttons.
Después de conseguir un rol en ‘Horizontes lejanos’ [Bend of the River], una película de vaqueros de 1951, con James Stewart, rodada en Oregon, McKennon se marchó a Los Angeles. Además de hacer la cola para trabajos de voz, fue el Captain Jet e introdujo dibujos animados en ‘Space Funnies’, un programa para niños emitido por la KNXT-TV a mediados de los años cincuenta.
Tuvo pequeños papeles en la película de suspenso de Alfred Hitchcock, ‘Los pájaros’ [The Birds], y en ‘Clambake’, de Elvis Presley, de 1967.
También tuvo papeles de malo en una serie de películas para cine y televisión, incluyendo ‘La ley del revólver’ [Gunsmoke], ‘El virginiano’ [The Virginian], ‘Caravana’ [Wagon Train] y ‘Bonanza’.
"Me especialicé en el incendio de graneros", dijo una vez a un entrevistador.
En 1968, McKennon y su esposas Betty, con la que se había casado en Portland en 1942, decidieron volver a Oregon con su familia de ocho hijos. Se establecieron en Cannon Beach. Debía viajar a Los Angeles para sus trabajos de actuación y de voz.
Le sobreviven la que fue su mujer durante 66 años, así como sus hijos: las hijas Dalene Lackaff, de Woolwich, Maine; Barbara Porter y Linda Strozyk, ambas de Raymond, Washington; Gayle McKennon, de Hyannis, Massachusettts; Tamara Rock, de South Bend, Washington; y Wendy McKennon, de North Bend, Oregon; y los hijos Jerald McKennon, de Tualatin, Oregon; y Steven McKennon, de Newberg, Oregon. También le sobreviven veintiún nietos y veinte biznietos.

27 de julio de 2009
18 de julio de 2009
©los angeles times 
cc traducción mQh
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vampiras lesbianas asesinas


Las vampiras lesbianas están impresas en el ADN mismo de las historias de seres sedientos de sangre. Más o menos explícita su sexualidad, los personajes femeninos no sólo aventajaron en casi cien años el nacimiento de Drácula, sino que además contaron con una inspiración en la vida real insoslayable: la sangrienta condesa Erzébet Bathory..
[Mariana Enriquez] En la zaga de las mejores vampiras amantes de mujeres, este año se estrenan dos películas: la excelente ‘Let The Right One in’ —con la primera vampira intersex— y la un tanto denostada ‘Lesbian Vampire Killers’. Y como bonus track, la serie ‘True Blood’ también presenta a su dama de dientes afilados y deseos lésbicos en la piel de la hermosa Evan Rachel Wood.
Las vampiresas son más raras que sus hermanos los vampiros o, mejor dicho, son menos famosas, menos visibles. En las mitologías abundan, pero se mezclan con otros monstruos femeninos. En la literatura, su presencia es mucho más temprana que el ‘Drácula’ de Bram Stoker, pero menos reconocida. Cosa extraña: fue nada menos que Goethe el primero en escribir un relato de vampiros (un lieder, en realidad) con protagonista femenina en 1797, con ‘La novia de Corinto’. Primera de las bellas damas impiadosas, mujer fatal primigenia, todavía es heterosexual, y viene en busca de la sangre de su amado. Lo mismo pasa con otra vampira célebre: la lúbrica cortesana Clarimonda del relato ‘La muerta enamorada’ de Teophile Gautier (1836, casi setenta años antes de Drácula).
Para entonces, de la mano del romanticismo, los relatos de vampiros (desde supersticiones campesinas hasta cuentos literarios) se volvían populares. Para que los vampiros hombres se volvieran gays hizo falta mucho: lo lograron recién a mediados del siglo XX, aunque por supuesto la sensualidad prohibida siempre llevó implícita la posibilidad de la androginia y de la diferencia. Pero para que las vampiras se encarnaran como lesbianas no hizo falta tanto: en 1872, el irlandés (Stoker también lo era, ¡cómo gustaba el vampirismo en Irlanda!) Joseph Sheridan Le Fanu publicó ‘Carmilla’, uno de los cuentos más famosos del género, y también uno de los más logrados. Dice la protagonista, una jovencita que recibe en casa a una desconocida, joven como ella, supuesta hija de una familia amiga: "Lo cierto es que yo sentía algo inexplicable por aquella hermosa forastera. Me sentía, como ella decía, atraída hacia ella, pero experimentaba también algo de repulsión. No obstante, en ese sentimiento ambiguo prevalecía enormemente la atracción. Era tan hermosa y tan indescriptiblemente atractiva que me intrigaba y me subyugaba". Y más tarde, cuando Carmilla la corresponde, el relato —si bien jamás explícito— se vuelve francamente erótico: "Jamás he estado enamorada de nadie, y nunca lo estaré —susurró—, salvo que lo esté de ti... Querida, querida mía —murmuró—. Yo vivo en ti y tú morirás por mí. Te amo tanto...".

‘Carmilla’ no tuvo una descendencia sostenida. Ese relato quedó allí, como un clásico, pero no se desprendió de él una legión de vampiresas lésbicas. Y eso que poseían un antecedente real capaz de desbancar a cualquier otro asesino con características vampíricas: la brutal condesa Erzébet Bathory, que hacia fines del siglo XVI aterrorizó Hungría con su intento de lograr la juventud eterna mediante baños en la sangre de muchachas jóvenes, la mayoría a su servicio.

Belleza Convulsiva
En 1962, la escritora francesa Valentine Penrose escribió un hermoso libro, mitad lirismo, mitad historia, llamado ‘La condesa sangrienta’, que describía la vida, muerte y crímenes de Erzébet. El relato de los crímenes, que la condesa perpetraba con ayuda de sus asistentes Darvulia y Jó Ilona, era bello y brutal: "...A las dos o tres jóvenes las dejaban completamente desnudas, con el pelo suelto. Eran hermosas, y siempre tenían menos de dieciocho años, a veces doce... Cuando la muchacha no era sino una llaga tumefacta, Dorkó tomaba una navaja de afeitar y hacía incisiones acá y acullá. La sangre brotaba de todas partes, las mangas blancas de Erzébet Bathory se teñían de ese diluvio rojo... La bóveda y las paredes chorreaban". En Argentina, el libro fascinó a Alejandra Pizarnik, que escribió su propio ‘La condesa sangrienta’ (1965), un homenaje que recuenta lo escrito por Penrose con el inconfundible estilo de la poeta: "El camino está nevado, y la sombría dama arrebujada en sus pieles dentro de la carroza se hastía. De repente formula el nombre de alguna muchacha de su séquito. Traen a la nombrada: la condesa la muerde frenética y le clava agujas".
Esta mujer insondable pudo haber sido lo que Vlad Tepes, cruel noble y guerrero húngaro nacido en 1410, fue para el Drácula de la literatura: una inspiración basada en crueldades históricas, en un gusto malsano por la tortura y la sangre. Pero no lo fue. Erzébet fue juzgada después de haber asesinado a unas 500 muchachas y emparedada hasta la muerte (ocurrida en 1610) en su castillo de Csejthe. Su caso ni siquiera tiene una película todavía —es decir, tiene algunas menores, como ‘Daughters of Darkness’ del belga Harry Kumel, estrenada en 1971. (Nada que ver, está claro, con los Drácula de Lugosi o Coppola.) Por lo menos hasta este año: Julie Delpy, la hermosa actriz de ‘Antes del amanecer’, acaba de estrenar en el último Festival de Berlín su versión de los hechos, que ella dirige y protagoniza. La película se llama ‘The Countess’, el trailer ya se puede ver online, y todavía no tiene fecha de estreno.

Vampiras Lesbianas en el Cine

La visibilidad de las chicas hambrientas de sangre y amándose entre ellas en el cine no es mucho mayor —salvo en el reino del cine porno a partir de los ’70, donde hay varias vampiras lésbicas en películas para hombres heterosexuales (como suele suceder)—. Antes de los ’70, los ejemplos de cine no abundan: la más famosa es la Condesa Zaleska, que interpretó Gloria Holden en la película ‘La hija de Drácula’ de 1935: hay una seducción clara e indudable a una jovencita de parte de la vampira. Pero la Condesa es una sufrida: nada que ver con ‘Et mourir de plaisir’ (1960) de Roger Vadim, la primera versión de ‘Carmilla’ para cine, con dos chicas hermosas. Popularidad, eso sí, todavía se les escamoteaba. Más bonitos aún y más populares fueron la trilogía basada en ‘Carmilla’ de la productora clásica Hammer Films: ‘The Vampire Lovers’ (1970), ‘Lust for a Vampire’ (1971), y ‘Twins of Evil’ (1972), película de explotación pura que tenía a dos conejistas de Playboy, Madeleine y Mary Collinson, mordiendo tetas turgentes.
Los ’80 trajeron a la gran película lésbica de vampiras: ‘El ansia’, de Tony Scott, basada en una novela del mismo nombre de Whitley Strieber. Era 1983 y a Catherine Deneuve (Miriam) se le moría su amante de siglos (John, interpretado por David Bowie). Miriam es egipcia (un poco raro eso, teniendo en cuenta la rubiez de la Denueve, pero bueno), y cuando su amante agoniza va en busca de la gerontóloga Sarah Roberts, interpretada por Susan Sarandon. Todo se precipita entonces: Miriam ya ha encontrado reemplazo de compañía eterna con la hermosa médica. ‘El ansia’ tiene una de las escenas lésbicas más famosas del cine: las dos mujeres espléndidas bebiendo su vino y luego apasionadas, en una cama de tules y telas, todo blanco y rojo. En la película todo es estilo, desde la exquisitez de Deneuve hasta Nueva York y aquella escena de club nocturno donde Bauhaus canta ‘Bela Lugosi’s Dead’. Susan Sarandon, en su momento, dijo que filmar la escena lésbica había sido un placer porque, bueno, era Catherine y su blanca hermosura. Pero, como la condesa, no hubo demasiada descendencia de ‘The Hunger’, salvo una serie erótica del mismo nombre a la que le fue pésimo con la crítica (con bastante justicia) a pesar de que tenía episodios escritos por especialistas como Harlan Ellison o Poppy Z. Brite.
En los ’90, el evento fueron las colecciones de cuentos de vampirismo lésbico erótico editadas por Pam Keesey (ya existían de vampirismo erótico a secas, editadas por Poppy Z Brite y llamadas ‘Love In Vein’). Las de Keesey fueron ‘Daughters of Darkness: Lesbian Vampire Tales’ de 1993, que tenía, claro, la seminal ‘Carmilla’ e incluía un curioso texto de Pat Califia, transexual y bisexual; le siguió ‘Dark Angels’ de 1995, que incluía una traducción de ‘La condesa sangrienta’ de Alejandra Pizarnik, y piezas de habitués en estas recopilaciones como Melanie Tem o Thomas S. Roche. Ninguna se consigue en castellano.

La revancha de las vampiras quizás ocurra finalmente este año. En TV, la serie ‘True Blood’ presenta en su segunda temporada a la reina Shopie Ann de Louisiana, una vampira lesbiana interpretada por Evan Rachel Wood, una actriz increíble (‘El luchador’, ‘A los 13’) y, famosamente, ex novia de Marilyn Manson. Estará en los últimos dos episodios: la serie de Alan Ball (creador de ‘Six Feet Under’, y gay) tiene cada vez más éxito, pero todavía no incluía a una amante de mujeres. Evan, con su belleza juvenil pero helada, es ideal para el papel.
Además, en 2002, ya había interpretado a una adolescente que despertaba a su sexualidad lésbica en la serie ‘Once and Again’, con dos famosos besos televisivos en los labios de la entonces también jovencísima Mischa Barton. En otro tono, este año también se estrena ‘Lesbian Vampire Killers’, una comedia de terror británica (para cine). Pero aquí la suerte no parece estar del lado de los realizadores: la crítica en general la destrozó, y un grupo de activistas llamado ‘Angry Lesbians’ habló de un retrato "insultante y estereotipado". Se trata de una comedia de muchachotes. Y finalmente, aunque retrasada ahora por la gripe A, llegará ‘Let The Right One In’ de Thomas Alfredsson, una maravilla de película sueca que además de buen cine es una historia de iniciación que incluye crítica social, perversión, brutalidad escolar, padres ausentes y quizá la primera vampira intersex (su género está indeterminado… o mejor callarse lo que sucede y dejar que el lector descubra): la ambigua y extraordinaria Eli (Lina Leandersson), la ambigua y extraordinaria Eli, un ángel de la muerte de 12 años que camina sobre la nieve sin dejar rastro. El director cuenta que le costó un año encontrar a esa niña andrógina, y que la espera valió la pena. No diremos más para no arruinar la trama del mejor estreno del año (así de buena es), pero quienes quieran anticiparse pueden recurrir a la novela en que se basó la película, ‘Déjame entrar’ de John Ajvide Lindqvist, un libro estremecedor, que corre los límites del horror y el vampirismo como metáfora tan pero tan lejos que seguramente pasará mucho tiempo hasta que otro escritor esté a la altura de tomar el guante.

18 de julio de 2009
©página 12
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la betti, ecce donna


El año es 1958. Pier Paolo Pasolini y Laura Betti acaban de conocerse por intermedio de Alberto Moravia y Elsa Morante, la pareja estrella de la intelectualidad romana.
[Juan Forn] La Betti viene huyendo de la corrección provinciana de Bolonia con su electrizante unipersonal de music-hall. Pasolini ha llegado a Roma para ser el escritor que el Friuli le impidió ser (además de arrebatarle su cargo de maestro en un ignominioso proceso judicial). Los dos se han reconocido instintiva e instantáneamente como almas gemelas, en esa Roma que ya es casa tomada por la dolce vita que Fellini en breve habrá de inmortalizar en celuloide (Fellini le regalará a Pier Paolo su primer coche, un Fiat 600, en agradecimiento por haberle presentado a la Betti, a quien colocará en 'Las noches de Cabiria' primero y en 'La dolce vita' después, permitiéndole en esa ocasión que se escriba ella misma los parlamentos de su personaje).
Los paparazzi la han bautizado La Giaguaro (‘La Mujer Jaguar’) por su casquete rubio platinado y sus ojos estirados por el maquillaje como dos comas hacia las sienes. En su show 'Giro a vuoto' (que podría traducirse como "giro de 360 grados" o "yiro absoluto") canta textos escritos especialmente para ella por Moravia, Italo Calvino, Vittorio De Sica, André Breton y Pasolini (‘Ballata dell suicidio’), musicalizados por Kurt Weill, Nino Rota y hasta Igor Stravinsky. Según la prensa, la Betti ha inventado una nueva forma de glamour, combinación de provocación y desprecio que deja sin aliento a su platea. La noche en que se conocen, es ella quien toma la iniciativa. Encara a Pasolini, que lleva un rato largo mirándola de lejos con los anteojos puestos, y le dice: "¿Qué es lo que te da miedo de mí?". Horas después, colgada de su brazo y a la deriva por la inconsumible noche romana, lo presenta como "mi marido". El acepta el juego: poco después se la presentará a Jean-Luc Godard, a Roland Barthes y a muchas personas más como "mi mujer no carnal".
Lo que empezó como un juego, un desafío a los prejuicios de la época, fue haciéndose cada vez más bizarramente cierto con el tiempo. Acompañarse no se reducía a farandulizar: Pasolini llevaba sus ragazzi di vita al departamento de Via del Babuino, donde la Betti vivía como una reina y recibía todas las noches a su claque de amigos, amantes y fans. La cocina era el VIP, y muchas fiestas terminaban cuando Pier Paolo y la Betti se encerraban ahí a conversar, dejando a los invitados sin comida ni bebida. Otras veces se peleaban a gritos delante de todo el mundo, con insultos vertiginosos e implacables. Elsa Morante les dijo una vez, cuando ya la tenían harta: "¿Por qué no se dejan de joder y fornican de una vez, en lugar de hacerlo con palabras?".
Pero cada vez que Pasolini era llevado a los tribunales (por su novela 'Una vida violenta', por su película 'Accatone', por sus incursiones nocturnas por el Trastevere), acusado de "psicópata del instinto", de "anómalo sexual", de "amenaza social", la Betti estaba siempre en primera fila, mirándolo sin parpadear para darle apoyo. Según Pasolini fue ella quien le regaló el hoy famoso verso "a un inocente no se le cree nunca" en una de esas batallas judiciales.
Con pocas personas se confesó Pasolini como con la Betti. Nomás conocerla le había dicho: "No puedo permitirme equivocarme en ninguna de mis obras. Mis enemigos me despedazarían y mis amigos dejarían de estimarme". Pero 'La Jaguara' fue de todo menos tolerante con él. Cuando él conoció a Ninetto Davoli y empezó a ir todos los días al gimnasio, ella lo increpó: "¿Dónde ha quedado toda aquella ternura dulcificada? ¿Prefieres ponerte la máscara de los músculos, como Mishima?". Cuando una úlcera perforada lo postró en cama durante meses y volvió a escribir, la Betti le dijo: "Me parece que no entiendes que eres un poeta. Ante ese hecho, el cine se convierte en un pálido sucedáneo, que sólo ofrece satisfacciones mundanas. Te prefiero como poeta antes que como cineasta, aunque me detestes por eso". (También Italo Calvino le decía lo mismo: "¿Es posible que no consigas abandonar el cine y la publicidad que se deriva de él para volver a ser el escritor que, ante todo, eres?")
Pero cuando Pasolini presentó ‘El Evangelio según Mateo’ en el Festival de Venecia y otorgaron el León de Oro a ‘El desierto rojo’ de Antonioni, fue la Betti (que, por supuesto, estaba a su lado, además de haber actuado en la película sin figurar en los créditos) la que consoló a Pasolini cuando éste anunció que abandonaba el cine. Fue ella quien le hizo ver que por fin había llegado al lugar donde quería llegar, que por fin podía filmar lo que quería. "¡Puedes hacer la vida de Gramsci! ¡Si se te antoja, puedes hacer hasta esa porca película sobre San Pablo!"
Pasolini no hizo ni la una ni la otra pero, como sabemos, no abandonó el cine. Tampoco dejó de apelar a la Betti como actriz: primero le pidió que estuviera a su lado cuando armó, para las películas grupales ‘Capricho a la italiana’ y ‘Las brujas’, el insólito dúo actoral de Totò y Ninetto ("Ayúdame a orquestar estos conciertos para Stradivarius y pito"). Después, en ‘Teorema’ le dio el papel de la sumisa empleada doméstica que le valió un premio a la mejor actriz en Venecia y que acabó con la paciencia de él (ella había amenazado suicidarse en medio del rodaje: "Niego haber tenido un comportamiento que no fuera poético. Y no puedo creer que tan luego tú no entendieras eso").
Aunque estuvieron casi dos años sin hablarse ("Extraño tus sublimes faltas de sensibilidad, añoro tu angustia egoísta. ¿Por qué no quieres verme?"), ella volvió a su lado cuando él la necesitó en 'Saló' ("Nadie quiere actuar en esta película. Quieren dejarme solo"). Y la última vez que se vieron, la tarde del 1º de noviembre de 1975, sólo horas antes de que lo asesinaran, también hablaron de cine: él quería convencerla de que aceptara hacer de Adolf Eichmann (¡!) en 'Porno-teo-kolossal', la delirante película-denuncia que quería filmar en Nueva York, Palestina y la China de Mao.
Desde 1975 hasta su muerte en 2004, Laura Betti dirigió la Fundación Pasolini (que ella misma había creado), coordinó la edición definitiva de sus libros, donó a la Cinemateca Italiana copias nuevas de todas sus películas, escribió un libro y filmó uno de los mejores documentales que existen sobre él (PPP, la razón de un sueño). Y hasta el final repitió la misma frase, cada vez que le preguntaban por él: "Su muerte me dejó sin histeria". Sólo ella podía lograr que los millones de homosexuales que idolatran a Pasolini en el mundo la aceptaran como su viuda.

17 de julio de 2009
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murió jan rubes


Actor. Trabajó en la película ‘Único testigo’.
El 29 de junio falleció en Toronto el actor y cantante canadiense Jan Rubes, que trabajó en la película ‘Único testigo’ [Testigo en peligro; Witness]. Tenía 89 años.
Sus otras actuaciones incluyen ‘Muerte en invierno’ [Dead of Winter], ‘Something About Love’, ‘The Outside Chance of Maxmilian Glick’, ‘Acción judicial’ [Class Action], ‘Engañada’ y ‘Nunca es demasiado tarde’ [Never Too Late].
En 1995, a la edad de 75 años, apareció en ‘Twelve Dreams’, de James Lapine, en el Lincoln Center Theater, de Nueva York.

Nacida en Checoslovaquia, Rubes emigró a Canadá en 1948. Egresado del Conservatorio de Música de Praga, fue miembro fundador de la Compañía de Ópera Canadiense, donde cantó más de mil veces entre 1949 y 1989.
Participó en la primera transmisión de televisión del canal CBC, con Glenn Gould en 1953, y cantó en las transmisiones iniciales de CTV, TVO, y CITY TV, así como en muchas óperas producidas especialmente para televisión.
Rubes era bien conocido en Canadá por su programa radial semanal ‘The Songs of My People’. También enseñó en varias universidades y dirigió compañías de ópera en todo Canadá.
Le sobreviven su esposa Susan, dos hijos y dos nietos.

16 de julio de 2009
5 de julio de 2009
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murió anna karen morrow


Actriz. Trabajó en series de televisión como ‘La caldera del diablo’, y en obras dramáticas como ‘Red Gloves’.
El 1 de julio murió en Los Angeles, Anna Karen Morrow, una actriz que apareció regularmente en el culebrón ‘La caldera del diablo’ [Peyton Place] y también en Broadway, en cine y en numerosas series de televisión. Tenía 94 años.
Trabajó, entre otras películas, en ‘The Price of Fear’, con Merle Oberon, ‘El hombre equivocado’ [Falso culpable; The Wrong Man], con Henry Fonda, y ‘Sucedió en Atenas’ [It Happened in Athens], con Jayne Mansfield.
En ‘La caldera del diablo’ fue la señora Chernak, la criada de la familia Harrington. Morrow también apareció en las series de televisión ‘Star Trek’, ‘La ley del revólver’ [Gunsmoke], ‘Hazel’ y ‘The Perry Como Show’, y en ‘Red Gloves’, en Broadway. Antes de actuar, trabajó como modelo en Nueva York.
Era la viuda de Jeff Morrow, que también era actor de cine y televisión y era, quizás, mejor conocido por sus apariciones en varias películas de ciencia ficción que alcanzaron nivel de cine de culto. Murió en 1993.
A Morrow la sobrevive una hija.

16 de julio de 2009
2 de julio de 2009
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murió gale storm


La chispeante actriz de televisión en los años cincuenta.
[Bob Thomas] Murió Gale Storm, cuyo sano aspecto y chispeante personalidad la convirtió en una de las primeras grandes estrellas de la televisión con ‘My Little Margie’ y ‘The Gale Storm Show’. Tenía 87 años.
Storm, que sufría de mala salud en los últimos años, murió el sábado en una clínica de reposo en Danville, informó su hijo Peter Bonnell.
Antes de conseguir el rol estelar de ‘My Little Margie’ en 1952, Storm apareció en numerosas películas B con estrellas como Roy Rogers, Eddie Albery y Jackie Cooper. Después de su última serie de televisión, ‘The Gale Storm Show’, que terminó en 1960, empezó una exitosa carrera como cantante, aunque continuó trabajando ocasionalmente para la televisión.
Storm era una chica de secundaria de Texas llamada Josephine Owaissa Cottle cuando participó en un concurso de talento para un programa de radio llamado ‘Gateway to Hollywood’ en 1940. Fue llevada a Los Angeles para la final, donde su saludable vivacidad conquistó la audiencia de oyentes y fue premiada con un contrato cinematográfico.
El ganador de la sección masculina del concurso fue un desgarbado aspirante a actor llamado Lee Bonnell, que más tarde se convertiría en su marido.
Bautizada con el extraño nombre de Gale Storm, pasó de RKO a Monogram y más tarde a Universal, apareciendo en películas de bajo presupuesto como ‘Where Are Your Children’, con Cooper y ‘Tom Brown’s School Days’, con Freddie Bartholomew.
Trabajó a menudo en películas de vaqueros como la chica abandonada por el cowboy, y apareció en películas B de frontera como ‘The Dude Goes West’, con Albert, ‘The Kid from Texas’ con Audie Murphy y ‘The Texas Rangers’, con George Montgomery.
"Le tenía miedo a los caballos", confesó en 2000. "Sólo me montaba en ellos porque eso era lo que tenía que hacer’.
Apareció en tres películas de vaqueros de Republic, con Rogers, y recordaba que el caballo del actor -Trigger- hacía lo imposible por meterla en problemas. Una vez mientras cabalgaba risueña junto a Rogers mientras el rey de los vaqueros entonaba una canción, Trigger (fuera de cámara) alargaría su cuello para morder a su caballo en el cuello.
Cuando empezó a declinar su carrera en el cine a principio de los años cincuenta, Storm siguió el camino de muchas estrellas en decadencia de la época y empezó a trabajar en televisión.

‘My Little Margie’ fue estrenada en 1952 por CBS como el remplazo de verano de ‘I Love Lucy’. Se convirtió rápidamente en favorita de la audiencia y empezó con su propio programa ese otoño en el canal NBC.
El argumento era común en las comedias de estonces: Charles Farrel era un ejecutivo y viudo casadero, y Storm su entrometida hija que lo protegía de las cazadoras.
Al año siguiente de ‘My Little Margie’, en 1955, continuó con la serie ‘The Gale Storm Show’ (también conocido como ‘Oh! Susanna’) que se prolongó hasta 1960. Esta vez fue Susanna Pomeroy, una insoportable directora social en un buque de lujo.
Storm, que había seguido lecciones de dicción, empezó a cantar en su segunda serie, y tres de sus discos se convirtieron en éxitos de venta: ‘I Hear You Knocking’, ‘Teenage Prayer’ y ‘Dark Moon’.
Después de ‘The Gale Storm Show’, sólo apareció esporádicamente en televisión, como actriz invitada de series como ‘El detective millonario’ [Burke’s Law], ‘El crucero del amor’ [The Love Boat] y ‘Se ha escrito un crimen’ [Murder, She Wrote].
Sin embargo, trabajó en numerosos musicales, entre otros en ‘La solterona y el ladrón’ [The Old Maid and the Thief] de Gian Carlo Menotti, en el Conservatorio de Música de Los Angeles. Otras actuaciones dramáticas incluyen ‘Molly Brown siempre a flote’ [Unsinkable Molly Brown] (como el personaje del título), ‘South Pacific’ y ‘El valle del arco iris’ [Finian’s Rainbow].
Aunque Storm había dejado de actuar en los últimos años, según Peter Bonnell su madre disfrutaba del contacto con sus fans y conocía a muchos de ellos.
Sus fans se sorprendieron cuando leyeron en su autobiografía de 1980, ‘I Ain’t Down Yet’, de que era alcohólica.
"Lo ocultaba a los demás, y nunca bebí antes de una actuación", contó. Después de seguir tratamientos en tres hospitales, encontró una terapia que la ayudó a romper con la adicción. En su página web agradeció a Bonnell, su marido durante 45 años, por ayudarla a sobrevivir ese oscuro período de su vida.

Nacida en abril de 1922, en Bloomington, Texas, Storm tenía sólo trece meses cuando murió su padre. Su madre mantuvo a sus cinco hijos trabajando como costurera.
El primer marido de Storm murió en 1987, y al año siguiente se casó con el ex ejecutivo de televisión Paul Masterson. Murió en 1996.
Storm y Bonnell tuvieron tres hijos: Peter y Paul, y una hija, Susanna. Le sobreviven sus hijos, ocho nietos y cuatro biznietos.

John Rogers contribuyó a este artículo.

11 de julio de 2009
29 de junio de 2009
©pocono record 
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murió howard dayton


Actor. Entre sus actuaciones se encuentra ‘El golpe’ y ‘Dinosaurio’.
El 31 de mayo murió en Los Angeles el actor de carácter Howard Dayton, que apareció en decenas de películas y series de televisión desde los años sesenta a los ochenta, de neumonía. Tenía 81 años.
Nacido en Atlantic City, Nueva Jersey, Dayton estudió en Nueva York y llegó a Hollywood en 1957.
Sus largometrajes incluyen ‘El golpe’ [The Sting], ‘Fuego en el cuerpo’ [Bob and Carol and Ted and Alice], ‘Dinosaurio’ [Dinosaurus!], ‘La cocina del infierno’ [Paradise Alley], ‘El capitán Newman’ [Captain Newman, M.D.] y ‘La camioneta’ [The Van].
En televisión apareció en series como ‘Cagney y Lacey’ [Cagney and Lacey], ‘Mannix’, ‘Quincy’ [Quincy M.E.], ‘Historias del más allá’ [Tales From the Darkside] y ‘Hospital General’ [General Hospital].
Dayton, que no deja sobrevivientes inmediatos, pasó sus últimos años con sus amigos en el Mercado Agrícola de Los Angeles.

7 de julio de 2009
17 de junio de 2009
©variety 
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