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murió tom runyon


Escritor y actor que compartía nombre con un cañón de Hollywood Hills.
[Valerie J. Nelson] Murió Tom Runyon, que compartía su apellido con un cañón de Hollywood Hills y su simple menú en su rústico restaurante de carretera en Mulholland Highway con los famosos e interesantes. Tenía 89 años.
Runyon, escritor y actor ocasional, murió el 17 de julio, de cáncer, en su casa de toda la vida en Malibú, informó su hijo Morgan.
Sus vínculos con el desfiladero en el corazón de Hollywood Hills se remontan a 1919 -el año en que nació- cuando su tío, el barón del carbón Carmen Runyon, compró lo que entonces se conocía como el No Man’s Canyon, le dio su nombre y construyó una cabaña de cazadores.
El joven Tom aprendió a cazar en el Cañón Runyon, lo que le hizo apreciar la vida al aire libre. Cuando estudiaba en University High, ocultaba su rifle en el casillero para cazar palomas en su trayecto a su casa en Brentwood, y poder alimentar a los halcones que criaba, contó su hijo.
El Old Place, el bar-restaurante que abrió con su esposa Barbara, en Agoura en 1969, reflejaba un Viejo Oeste que había desaparecido hace mucho, del mismo modo que había desaparecido el paisaje urbano de su juventud. Había jugado en los plantaciones de aguacate en Hollywood Boulevard y adquirido su predilección por las habas que se cultivaban junto a su casa en Brentwood.
El restaurante bautizado apropiadamente como Old Place se instaló en una estructura construida hacia 1914 en el empalme de Mulholland Highway y Troutdale Drive. En el pasado albergó una tienda de abarrotes y una oficina de correos para Cornell, un villorrio que se fundió con Agoura hace mucho tiempo.
"Podría perfectamente tratarse de Yukon", concluyó una reseña del restaurante en 1985. "A la moda y rudo, asientos tan rústicos como un establo, un macizo mesón de madera y un montón de gente bebiendo cerveza donde los hombres son hombres y las mujeres, mujeres..."
El Old Place, descrito invariablemente como "destartalado", tenía cinco mesas, dos platos (bife y almejas) y una sola camarera, Barbara. Tom era el cocinero y el lavaplatos.
"Era comida sencilla y bien hecha", dijo su hijo, que piensa reabrir el restaurante que ha estado cerrado en las últimas semanas. "Decían: ‘Te sirven lo que te sirven, y no te quejas’".
Frecuentaba el Old Place la actriz Ali MacGraw, con el actor Steve McQueen, cuando eran una pareja casada en los años setenta y vivían en el Cañón Trancas.
"Había puertas batientes que se abrían de repente y quién sabe quién entraba", contó MacGraw al Times la semana pasada. "Era simplemente el opuesto de Malibú 2010... Nadie usaba tacón de aguja ni el peinado de la semana. Era una guarida".
Había "locura en el lugar", dijo MacGraw, y "atraía a una extraordinaria colección de personas", a los "renegados de Malibú".
Los famosos -como el actor Robert Mitchum, el cantante Bob Dylan, el director Sam Peckinpah- compartían con motociclistas y otros parroquianos que no desmerecerían en una película. En 1972, el actor Jason Robards se dirigía a casa desde Old Place cuando tuvo un accidente que casi le costó la vida. Se dice que el restaurante era visitado frecuentemente por Ronald y Nancy Reagan cuando poseían un rancho en las cercanías.
Runyon "era todo un personaje", dijo MacGraw. "Lo adoraba todo el mundo y era muy inteligente".

Thomas Mercein Runyon nació el 27 de abril de 1920 en Washington D.C., y su familia se mudó a Hollywood cuando él tenía tres años.
Su padre, Charles Runyon II, era un abogado del Departamento de Estado y su madre, Cornelia, artista y escultora. Su hermano mayor, Charles, fue decano adjunto de la Facultad de Leyes de Yale de 1958 a 1963.
Tras la muerte de su padre cuando Runyon tenía siete, su familia se mudó a Brentwood. Runyon pasó la mayor parte de sus años de adolescencia en Cate, un internado en Carpinteria.
Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Fuerza Aérea del Ejército y ascendió hasta el grado de mayor, pilotando misiones de cargo en África del Norte e Italia.
Después de la guerra, estudió literatura en la Universidad de Columbia y escribió para la revista Argosy.
A fines de los años cincuenta y principios de los sesenta, alquiló un departamento encima del carrusel del Muelle de Santa Mónica. Se casó con Barbara en 1961 y la pareja se mudó finalmente a la casa en el lado oeste de Malibú que había construido su madre en 1937.
Tuvo roles en varias películas, en parte porque podía volar hacia los lugares donde sus amigos rodaban sus películas, y le pagaban esencialmente para representarse a sí mismo, contó su hijo.
Peckinpah contrató a Runyon "para un maravilloso rol en ‘La huida’ [The Getaway]", dijo MacGraw sobre la película que hizo con McQueen en 1972. "Se robó todas las escenas cuando fue uno de los malos".
Además de su esposa, le sobreviven un hija -Alessandra, artista, de Santa Fe, Nuevo México-; su hijo Morgan, director artístico de comerciales y videos musicales, del Cañón Topanga y Malibú; y tres nietos.

18 de agosto de 2009
3 de agosto de 2009
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murió emilio gaete


A los 96 años murió el recordado actor Emilio Gaete. El alcalde de ‘La pérgola de las flores’ y sempiterna pareja actoral de Silvia Piñeiro falleció por causas naturales en su casa. "Fue uno de los grandes actores de Chile y sobre todo un pionero de la radionovela", dice su amiga Nelly Meruane.
Santiago, Chile. Hoy a las 13 horas volarán los últimos pétalos por Emilio Gaete, cuando comience el funeral para el más célebre alcalde de la obra ‘La pérgola de las flores’. El actor falleció en la madrugada de ayer por causas naturales, contando 96 años, siete de ellos enfrentado a las secuelas de un infarto cerebral que sufrió en 2002.
Gaete participó en el estreno de ‘La pérgola de las flores’, en 1960, donde compartió escenario con las actrices Ana González, Silvia Piñeiro y Carmen Barros. Fue justamente con Piñeiro que inauguró una de las sociedades más queridas de la temprana pantalla nacional con la serie ‘Juani en sociedad’. La dupla venía probada en obras de los años 60 como ‘100 mujeres y un playboy’ y ‘Adán y Eva en La Mayor’. Y fue la muerte de su amiga Silvia Piñeiro en 2003, uno de los golpes más fuertes en la vida de un actor que durante los últimos años poco salía de la cama y que no titubeaba a la hora de criticar a la televisión contemporánea.
En junio de 2003, por ejemplo, comentó con La Estrella de Arica sobre los nacientes reality shows, en esos años representados por ‘Protagonistas de la fama’: "¡Vayan a bañarse! que me cuenten el cuento a mí. En un mes no se puede ser actor".
Gaete nunca estudió teatro, pero ya en los años 40 su voz se entrenaba en los radioteatros nacionales, inaugurando su biografía artística con el papel del padre Francisco en ‘Las llaves del reino’. "Era tan real, que las viejas llegaban a confesarse y yo le decía al portero: mire, las viejas no; pero si hay alguna chiquilla bonita, yo la confieso", recordó en Arica. Y de ahí, su nombre se asoció a las luminarias del cine en español: en los cincuenta se trasladó a México y luego a Argentina, donde compartió créditos con Libertad Lamarque, Pedro Armendáriz, Mirtha Legrand y María Felix, de quien conservaba una foto juntos en su casa.

Caballero Aristócrata
La desaparición de Gaete se suma a la de otras figuras de sus dos obras más emblemáticas, ‘La pérgola de las flores’ y ‘Juani en sociedad’, como Ana González y la propia Piñeiro, además de Jorge Guerra y Sonia Viveros. Paradójicamente, el funeral de su madre unió a una de las parejas más añosas del teatro y la televisión: Juan Carlos Bistoto y Nelly Meruane.
"Le fui a dar el pésame y me invitó a ver ‘Juani...’, vi a Nelly y a los 45 días nos casamos".
La aludida está triste. "Me viene una melancolía por todos los años que trabajamos juntos. Y me doy cuenta que de esa obra estoy quedando sólo yo. La Sonia, Silvia y ahora Emilio, que era un caballero por donde se le mirara y tenía una voz privilegiada".
Para la actriz fue uno de los grandes actores de Chile y, sobre todo, "un pionero de la radionovela junto a Mireya Latorre. Hicieron las grandes radionovelas de este país".
En eso coincide Héctor Noguera, quien alguna vez hizo de yerno de Gaete en ‘Juani...’. "Era muy aristócrata", dice Tito, quien admite que a pesar de no haber hecho "un personaje de carácter sino, el mismo papel de galán toda la vida, desde niño lo admiré por sus obras de radioteatro".

17 de agosto de 2009
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judy garland y los enanos


A 70 años de ‘El Mago de Oz’, un repaso de sus misterios, rumores, leyendas y mitos. La película es una de las más populares de la historia y también una usina de leyendas que arranca con el salvaje comportamiento que habrían tenido los enanos que personificaron a los Munchkins. ¿Cuánto hay de verdad en tanta historia?
[Andrew Johnson y David Randall] Hace este mes setenta años, el estreno de ‘El mago de Oz’ comenzó una carrera en la que fue vista por más gente que ninguna otra película. Pero tiene también otra gran distinción: ningún otro film de Hollywood ha sido más perseguido por los rumores, leyendas y mitos. Para marcar el aniversario de una de las películas más famosas del mundo, bien puede repasarse qué hay de cierto, cuánta sustancia hay en esas teorías, entrevistando a casi todos los miembros supervivientes del elenco que encarnaron a los Munchkins: la versión 2009 sobre lo que realmente sucedió en el Camino de Ladrillos Amarillos.
Los Munchkins eran unos borrachos y fiesteros inmanejables. A través de los años se aseguró que los actores enanos que los personificaron convirtieron el hotel de Culver City en una bacanal de 24 horas. La leyenda parece haber comenzado con la declaración que hizo el productor Mervyn LeRoy apenas terminó el rodaje: "Tenían orgías en el hotel, tuvimos que poner policías casi en cada piso". Varios años después, Judy Garland contribuyó: "Eran unos borrachines. Quedaban hechos polvo, la policía tenía que pescarlos con redes". Notorios cuenteros de Hollywood como David Niven agregaron sus propios embellecimientos. Hubo historias como la de un alemán tan borracho como para caerse en la taza del inodoro (una imposibilidad fisiológica, aun para alguien de un metro de altura); hubo otras que hablaban de enanos de ojos rojos que debían ser rescatados por bomberos del techo del hotel, otra vez con esas redes que parecían soportarlo todo. Hace algunos años, Irvine Welsh llegó a escribir una obra de teatro basada en esas historias.
Pero Margaret Pellegrini, que hoy tiene 85 años y fue una de los Munchkins, dice: "Había varios a los que les gustaba salir y tomarse unas copas, pero nada fuera de control. Todos la estaban pasando bien, disfrutando. No había locuras como las que se mencionan. Esas historias son bastante irritantes". Jerry Maren, hoy con 89 años, fue uno de los que le cantaban a Dorothy a su llegada a Oz. "Había un par de alemanes a los que les gustaba tomar cerveza", admite. "Tomaban cerveza de mañana, de tarde y de noche, y se metieron en algunos problemas menores. Querían conocer chicas. Pero eran los únicos."
Un integrante del elenco se suicidó. Cierta leyenda urbana cinematográfica insiste con que, en el fondo de la escena en la que Dorothy conoce al Hombre de Hojalata, se puede ver a un Munchkin colgado de un árbol de utilería. Más allá de lo improbable de que semejante escena quedara en la edición final, no hay ningún registro de semejante muerte. La figura en realidad parece ser un gran pájaro domesticado, puesto allí para darle vida al bosque de decoración. Pero sí hubo un veterano de Oz que tomó su propia vida: varios años después de la filmación, en abril de 1962, Clara Blandick, quien interpretaba a la Tía Em, se deprimió a causa de su creciente ceguera y sus achaques. Se puso un lujoso vestido azul, colocó sus reportes de prensa alrededor suyo en la cama y tomó una sobredosis de pastillas para dormir. Tenía 81 años.
A los Munchkins se les pagaba menos que al perro. Completamente cierto: cobraban 50 dólares por semana, mientras que Terry, el terrier de cuatro años que encarnaba a Toto (la mascota de Dorothy) cobraba 125 dólares por semana..., o al menos su entrenador. Aun así, Margaret Pellegrini insiste en que Oz fue una experiencia maravillosa. "Mi padre trabajaba en un hotel y ganaba unos 5 dólares por semana. Yo recibía 50. Tomó ocho semanas realizar las escenas de Munchkinlandia, tras lo cual me quedé de turista en Hollywood durante un mes." Jerry Maren agrega: "Nunca había conocido a otros enanos. Yo era la única persona pequeña en la familia. Participar de la película fue lo más divertido que hice en mi vida".
La Bruja Malvada no era muy malvada en la vida real. Margaret Hamilton, la actriz detrás del maquillaje verde, era una maestra jardinera cuyo interés en la enseñanza la llevó posteriormente a servir en el Comité de Educación de Beverly Hills. Pero los niños la encontraban atemorizadora en el rol de bruja y debió esforzarse para convencerlos de que era sólo una película, que ella no era de verdad una bruja malvada.
Billie Burke, la Bruja Buena, no era una adolescente. Cierto. En estos días, el rol de Glinda, la bruja hermosa, sería interpretado por alguna joven actriz de fresco rostro. Metro Goldwyn Mayer prefirió elegir a Burke, quien a los 54 años era aún muy atractiva. Nacida en Washington DC, se hizo un nombre en los escenarios ingleses. Tras mudarse a Estados Unidos, se casó con el empresario de Broadway Flo Ziegfield: cuando filmó Oz ya había enviudado.
El estudio quería a Shirley Temple para el rol principal. De hecho lo intentó, pero las historias sobre por qué no fue Dorothy varían entre que sus habilidades para el canto no eran suficientes y que hubo problemas contractuales con el estudio de Temple, 20th. Century Fox. Pero la historias de elenco no terminan allí. La cantante Gracie Fields fue considerada para el rol de Glinda, la Bruja Buena, y Gale Sondergaard pudo haber sido la Bruja Malvada, pero quería vestirse como una vamp y no usar el horrible maquillaje.
Los Munchkins fueron doblados. Falso. Muchas partes de canto y algunas partes de diálogo fueron dobladas por profesionales, pero no todo. Meinhardt Raabe, de 92 años, fue el encuestador: "Audicionaron a varios Munchkins para ese personaje, pero la mayoría murmuraba. Como yo tenía cierta habilidad para hablar en público, podía pronunciar con claridad, entonces me eligieron. Fui el único que pudieron entender".
Judy Garland era insoportable. Los Munchkins insisten con que era considerada todo el tiempo. Jerry Maren dice que "la conocimos, y era un ángel. Era una estrella del cine y me imaginé que tratarla sería un dolor de estómago. Pero ella estaba contenta de conocernos y nosotros de conocerla a ella". Margaret Pellegrini dice que la estrella "era muy dulce y amable": "En los descansos me sentaba en el Camino de Ladrillos Amarillos y hablaba con Judy. Ella estaba excitada de estar con tanta gente pequeña". Otros actores que fueron Munchkins coinciden; nadie tiene una mala palabra para decir de ella. Al final del rodaje, Garland, que entonces tenía 16 años, les regaló a los 124 actores una foto autografiada y una caja de bombones.
El jefe del estudio quería descartar ‘Somewhere over The Rainbow’. Cierto. Louis B. Mayer creía que era demasiado adulta para que la cantara la adolescente Judy Garland. Terminaron prevaleciendo opiniones más sensatas.
A los Munchkins les costó conseguir otros trabajos. Bueno, en Hollywood hay un número limitado de roles para actores de menos de un metro. Pero muchos tuvieron buenas carreras y la mayoría dice haber tenido una vida feliz. Margaret Pellegrini se unió a una pareja para hacer shows de enanos. "Trabajé con ellos hasta que me casé en 1943, y me dediqué a criar una familia." En 1985 empezó a ir a convenciones sobre Oz. "Cada año, ‘El mago de Oz’ se vuelve más y más grande. En el momento pensaba que era sólo un film, y que estaba haciendo dinero. Ahora me doy cuenta de lo grande que fue." Jerry Maren dice: "Estaba a punto de abandonar y me dijeron ‘Mr. Maren, tenemos otra película, Tiny Troubles, y usted sería la estrella.’ Les tomó una semana hacerla –eran bastante rápidos en esos días– y estaba a punto de irme cuando me dijeron que me necesitaban para Los Hermanos Marx en el circo. Con lo que me quedé en el negocio. Hice trabajos de doble –allí está la plata de verdad–, hice un montón de dinero". Aún va a los festivales Garland y Oz. "Me dieron una buena vida y disfruté cada minuto", señala.
Ruth Duccini, hoy de 91 años, estuvo en otras películas antes de casarse. Meinhardt Raabe, uno de los pocos Munchkins graduados en la universidad, trabajó en el mercado de la carne hasta su retiro; era también piloto de avión. Karl Slover, quien tuvo cuatro personajes en la película –Munchkin, trompetista, soldado y uno de los "cabezas soñolientas"– tiene 90 años, y aún va a los eventos centrados en Oz: "Mis amigos y yo nunca pensamos que la película iba a durar". ¿Y el Munchkin perdido? Es Olga Nardone, la más pequeña de todos, hoy inubicable: se dice que vive como una reclusa en Boston.

17 de agosto de 2009
4 de agosto de 2009
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murió virginia carroll


Actriz protagonista y de carácter.
De muerte natural falleció el 23 de julio, en una residencia de ancianos de Santa Bárbara, la actriz de carácter y protagonista de películas de vaqueros de serie B, Virginia Carroll, que actuaba con vaqueros famosos como Don ‘Red’ Barry y Tex Ritter, informó su hija Carroll Byrd Evangeline. Tenía 95 años.
Modelo en unos grandes almacenes cuando inició su carrera cinematográfica con un papel secundario como modelo en la película de 1935, ‘Roberta’, Carroll apareció en su primera película de vaqueros en 1936, con Jack La Rue, en ‘A Tenderfoot Goes West’.
Combinando papeles de protagonista con secundarios y de carácter, Carroll trabajó en películas que vaqueros con Gene Autry, Johnny Mack Brown, Bill Elliott, Roy Rogers, Whip Wilson y otras estrellas. Más tarde trabajó en series de televisión como ‘Las aventuras de Wild Bill Hickok’ [The Adventures of Wild Bill Hickok], ‘The Roy Rogers Show’, ‘Dragnet’ y ‘Perry Mason’.

Carroll nació en Los Angeles el 2 de diciembre de 1913. Se casó con el actor Ralph Byrd, que representaba a Dick Tracy en una serial y en la televisión, desde 1936 hasta su muerte en 1952. Se casó con su segundo marido, Lloyd McLean, operador de la 20th Century Fox, desde 1957 hasta su muerte en 1969.

17 de agosto de 2009
30 de julio de 2009
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murió víctor mix


Falleció Víctor Mix, actor de clásicos del cine y teatro.
Ayer murió Víctor Mix (84), actor secundario en cine y televisión -‘El último grumete’, ‘Caluga o menta’, ‘La madrastra’-, pero parte de obras de teatro fundamentales: ‘La remolienda’, ‘Entre gallos y medianoche’ y ‘Tragaluz’, por la que fue candidato al Premio Nacional de Artes en 1970.
En el filme ‘Fiestapatria’ interpretó a un viejo pinochetista, todo lo contrario a quien iba a protagonizar ‘La vida y obra de Luis Emilio Recabarren’ en Televisión Nacional cuando vino el golpe militar.
"Siempre estuvo ligado al teatro poblacional y sindical", dijo su hijo Tomás, sobre el también actor del clásico teatral de Fernando Gallardo, ‘Carrascal 4.000’ (1981).

11 de agosto de 2009
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el cine mudo argentino


Los muchachos de antes no usaban sonido. A comienzos del siglo XX, hubo en la Argentina una extraordinaria y extravagante industria de cine mudo que igualaba e incluso superaba en vanguardismo, experimentación e intrepidez al que se hacía por entonces en otras partes del mundo.
[Mariano Kairuz] El primer robo al tren y los tortazos en la cara fueron patrimonio del cine mudo norteamericano. El viaje a la Luna y el ilusionismo, del francés. La primera femme fatale robótica de la explotación capitalista y la prefiguración del Mal, estuvo en manos del alemán. Pero el cine mudo argentino también tuvo sus hitos, algunos de ellos únicos en la historia: tuvimos al primer presidente convertido en dibujo animado, vimos pasar un conjunto impar de pobladores originarios despojados de su tierra, oligarcas inescrupulosos, policías mano dura, atorrantes porteños, y nos tomamos cada tanto un respiro al ritmo frenético de un malambo. Lo que no es poco: en su diversidad, las películas argentinas del período mudo –que fueron muchas pero de las que quedan pocas– ofrecen un reflejo fragmentario pero único de aquella sociedad local. Son films que devuelven la imagen de un momento de modernización, de expectativas de democratización y expansión económica que no sólo no tenía precedentes sino que no se repetiría a lo largo del siglo destartalado en su sucesión de dictaduras militares.
Con el prometedor título ‘Colección Mosaico Criollo: primera antología de cine mudo argentino’ acaba de editarse una caja con tres dvd que contienen films nacionales de ese período recuperados y reconstruidos, hasta ahora en su mayoría casi imposibles de ver. Con más de diez títulos rescatados entre largometrajes, medios y cortos, un total de ocho horas de material, esta edición producida en colaboración por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken es una iniciativa inédita, y el destino final del largo trabajo que vienen realizando desde hace años dos de los mayores especialistas argentinos en preservación cinematográfica: Paula Félix-Didier (actual directora del Museo del Cine) y Fernando Martín Peña (programador del cine del Malba y cofundador de la Filmoteca Buenos Aires). A la gestión de ambos se sumaron la participación activa de la Asociación de Apoyo al Patrimonio Audiovisual (Aprocinain), consagrada a esta tarea de rescate desde hace una década, y un equipo de producción armado para este trabajo desde el Museo, encabezado por Evangelina Loguercio y Graciela Mazza.
‘Mosaico Criollo’ toma su título de una de las "revistas musicales filmadas" producidas a fines de los ‘20 por el pionero Federico Valle, y por las que desfilan figuras del canto y el baile. Los dvd vienen acompañados de un libro que incluye un artículo destinado a contextualizar la aparición de cada una de las películas, y a facilitar su comprensión al espectador que las enfrenta por primera vez. No debería hacer falta insistir demasiado en la importancia de este rescate cultural: basta echarles un vistazo a los noticieros de actualidades de los pioneros de la Casa Lepage, o a las Actualidades Valle. En los primeros pueden verse actos institucionales de 1913 –inauguraciones de estaciones ferroviarias, de hogares para ancianos, servicios fúnebres– que sirven como registro histórico y social: allí se ven los sombreros, las boinas y los bombines de las gentes de alcurnia, los vestidos y los plumones de las señoronas. En suma, retratos sociales visuales de la Argentina, que no podrían ser suplidos con la misma eficacia e inmediatez por otro medio. Es el cine como registro de la historia y de imaginarios de otras épocas.

La República Perdida
Y aunque a pocos historiadores parece haberles importado, el cine argentino es casi tan antiguo como lo es el cine en el mundo. De ese espíritu pionero habrían resultado más de 200 largos argumentales (además de innumerables documentales y noticieros y ficciones de distintas duraciones) a lo largo de tres décadas, de los cuales se conservan muy pocos. En la presentación del ciclo del Malba que dará a conocer al público los dvd durante las próximas semanas, Peña señala el papel jugado en la pérdida por "el desinterés manifiesto de críticos y especialistas. El especialista Domingo Di Núbila, cuya ‘Historia del cine argentino’ data de 1959, otorgó al período mudo el carácter de "prehistoria" y lo liquidó en poco más de veinte páginas. Esa actitud tuvo varios continuadores y la solitaria excepción de Couselo. Jorge Miguel Couselo es autor del capítulo del cine mudo en el libro ‘Historia del cine argentino’, además de un par de tomos sobre Leopoldo Torres Ríos y José Agustín Ferreyra. Existe también un libro editado por la Cinemateca Argentina, titulado ‘Historia de los primeros años de cine en Argentina’, más algunos artículos dispersos en revistas, alguna producción académica, y muy poco más. El interesado en estudiar este período del cine nacional se encontrará entonces con un gran vacío.
"Una razón por la que nunca se difundió siquiera la noción de que existe un cine argentino mudo", explica Peña en conversación con Radar, "es en parte que durante muchos años hubo una especie de complejo de inferioridad con nuestro cine. No lo digo desde un punto de vista pseudonacionalista, sino porque he comprobado que cuando uno empieza a ver las obras con desprejuicio, se encuentra con materiales muy singulares. Es el caso de ‘El último malón’, de Alcides Greca, que se anticipa en cuatro años a Robert Flaherty en términos de cine documental, entre muchas otras cosas: en los últimos diez años hubo una tendencia a borrar los límites entre ficción y documental, y esto lo hizo en 1918 Alcides Greca, un hombre que no volvió a filmar nunca nada en su vida ni había filmado nunca antes. Es raro: hay pioneros que desarrollaron filmografías con alguna continuidad y también hay gente que filmó muy poquito, pero eso lo que filmó merecería haberse conservado porque tiene rasgos absolutamente originales. Que uno no encuentra en ninguna otra película de esa época de ningún otro país".
El caso testigo de este conjunto de pérdidas irreparables es ‘El Apóstol’, el primer largo de animación de la historia, que se produjo en Argentina en 1917. Testigo ausente: no queda ni un fotograma. Realizado por Quirino Cristiani cuando Yrigoyen recién asumía la presidencia, se sabe que lo tenía al radical de protagonista, que viajaba al cielo y le decía a Dios lo mismo que había dicho en su discurso de asunción: "He recibido una pesada herencia", en relación al estado en que le habían dejado el país los conservadores. Entonces Dios le proveía el fuego divino para que destruyera todo y empezara de cero. "Tiene de interesante el hecho de que no estaba destinado a un público infantil –dice Peña–, sino que tomó la tradición de la caricatura política gráfica, que acá es muy antigua, y la transformó en un largo de animación. Tenía el plus de ser algo que sólo puede haber surgido de nuestra cultura. Al no haberse conservado, el que quedó como primer largo es ‘Las aventuras del príncipe Achmed’, que es una fantasía genial, pero no es una caricatura política. Sería fantástico tener ‘El Apóstol’: no sólo porque es la primera, sino porque su contenido no se parece a ninguna otra película de animación hecha en ningún otro lado."
Otra película pionerísima y que a diferencia de ‘El Apóstol’ sí podrá verse es ‘Afrodita’, de Luis Moglia Barth, primer avatar de un erotismo softcore bastante improbable en su época. Una película que "sobrevivió de casualidad, incompleta", dice Peña. "No existe nada parecido en 1918: una película de argumento cuyo tema principal es el sexo. Había hardcore, pero clandestino, para ver en privado y como actividad ilegal. Pero ‘Afrodita’ estaba hecha para verse en salas, adaptada de una obra literaria muy influyente y difundida en ese momento de Pierre Louÿs, el autor de ‘La mujer y el pelele’, y con lo que sus autores llamaban ‘desnudos artísticos’. Y estaba filmada de una manera desprejuiciada, como lo era la novela, a la que es absolutamente fiel. Eso es algo que se podía hacer acá porque no hubo ningún tipo de censura hasta 1930. Lo que queda claro es que cada vez que uno se sumerge en el tema del cine mudo se encuentra con ejemplos de estos. Lo que existe, por lo tanto, despierta la intriga sobre lo que no existe. Supongo que una razón por la que los historiadores no le han dado mucha importancia es que les cuesta mucho interesarse en algo que no pueden ver, evaluar los valores artísticos de algo que no existe más."

Los Colores Encontrados
Como viene haciéndose desde hace unos años en el Malba con los rescates mudos, la experiencia se recrea completa, con la precisión de antropólogos del cine que caracteriza a sus responsables. Con el objetivo de reproducir la manera en que se concebía en su época la exhibición de estas películas, y debido a que las copias tienen procedencias diversas y no siempre se encontraron en estado óptimo, en muchos casos debieron corregirse o restituirse intertítulos dañados o ausentes. También se colorearon algunas imágenes, recomponiendo el virado monocromático que era uno de los recursos expresivos característicos de aquel cine: un azul para una escena nocturna, o el sepiado general, o el rojo para intensificar alguna escena particularmente dramática, como el incendio que se ve en el final de ‘En el infierno del Chaco’. Se ajustaron velocidades de proyección. Y cuando faltó alguna escena entera, se intentó suplirla con textos y fotos, en un intento por completar el sentido de los fragmentos irrecuperables. Y, por supuesto, se las musicalizó, ya que el cine mudo era una experiencia colectiva nada silente. La tarea estuvo a cargo de Fernando Kabusacki y Matías Mango, que asumieron un desafío demencial: para ‘La quena de la muerte’, por ejemplo, consiguieron la participación de músicos especializados en el yaraví, género que interpreta la quena del título. Las imágenes de aviones y batallas de ‘En el infierno del Chaco’ les sugirieron una banda de efectos sonoros y ruidos ambientales. En el libro, Kabusacki describe la experiencia: "Tratamos cada película como si fuera una partitura".
Rescate, entonces. Reconstrucción. Divulgación. "En lo que insistimos es en no usar la palabra restauración", dice Peña. "Hay reconstrucción digital en algunos casos, pero es imposible restaurar porque se han perdido los originales. Muchas veces se hicieron reducciones a 16mm. y se tiraron los originales en 35mm. Se puede restaurar un original pero no la copia de un original: no hay tecnología posible que te permita sacarle las rayas a una película cuando esas rayas están fotografiadas. Paula tiene una analogía que funciona bien: Podés limpiar un vidrio sucio, no la fotografía de un vidrio sucio. Pero no podemos dejar que ésa sea una excusa para no ocuparnos del cine argentino que se conserva. Lo que hacemos es sólo detener el deterioro, pero es esto o se pierde todo".
Un dato más nada menor: la caja ‘Mosaico Criollo’ no está a la venta, sino que se trata de una edición limitada que se reparte de manera gratuita entre diversas instituciones, escuelas de cine, estudiosos del tema. La idea es que, como su objetivo a largo plazo, ya cumplido, es garantizar la preservación de las películas que contiene, éstas estarán disponibles en estas instituciones para copiarlas, y también en Internet para su descarga online gratuita. De manera tal que aquel primer cine, acusado tan a la ligera de ‘mudo’, puede desplegarse y hablarnos con toda su elocuencia del país que hubo una vez, un siglo atrás.
La presentación de la colección ‘Mosaico criollo’ será el viernes 21 de agosto a las 21, en el Malba, Av. Figueroa Alcorta 3415. Entrada libre y gratuita.
Varias de las películas que integran el ciclo y la caja podrán verse en el programa Filmoteca —conducido por Peña y Fabio Manes— durante esta semana. Se darán: el lunes ‘El último malón’; el martes ‘La mosca y sus peligros’ y ‘Nobleza gaucha’, el miércoles ‘La vuelta al bulín’, ‘Mosaico criollo’, ‘El adiós del unitario’, y ‘Mi alazán tostao’; el jueves ‘La quena de la muerte’; y el viernes: ‘Hasta después de muerta’. De lunes a jueves a la 1 y viernes a las 2.30, por canal 7.

11 de agosto de 2009
9 de agosto de 2009
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Cómo será la película sobre un ‘teatral’ campo de concentración en Ritoque. ‘Melinka’: ríe mientras todos te torturan.
[Gabriel Bahamondes] Santiago, Chile. En plena dictadura militar, un personaje revoluciona un campo de prisioneros de guerra en la V Región. Óscar ‘Cuervo’ Castro protagoniza ‘Melinka’, el filme dirigido por Patricio Paniagua basado en hechos reales sobre las vivencias del realizador y el actor en su cautiverio, donde montan una compañía de teatro, establecen sus propias leyes y crean el territorio libre de Ritoque.
Durante la Unidad Popular se construyeron 18 centros de vacaciones para trabajadores y sus familias a lo largo de Chile. Dos de ellos, Puchuncaví y Ritoque, fueron allanados y transformados por los militares durante la dictadura de Augusto Pinochet, en campos de concentración cercados por completo con alambres de púas y casetas de vigilancia. En uno de ellos, Roberto Paniagua y Óscar ‘Cuervo’ Castro vivieron y sufrieron la represión, la persecución y la detención política. Juntos, como director y actor, respectivamente, vuelven a Ritoque para parir ‘Melinka’.
Eran días negros, eran días complejos, era 1974. Roberto Paniagua, dirigente de las Juventudes Comunistas, fue tomado detenido en octubre tras una función mientras trabajaba con la compañía Teatro Joven. Óscar Castro, director del Teatro Aleph, corrió la misma suerte en diciembre de ese año mientras montaba "Al principio existía la vida", un evidente homenaje al Presidente Salvador Allende. Después de pasar por diversas casas de tortura de la DINA, ambos terminan en el campo de concentración de Ritoque en la V Región, donde rápidamente deciden formar la compañía artística Teja: Teatro, Jaulas y Abarrotes.
"Nos dimos cuenta de que cuando se presentaba una obra escrita por Óscar Castro, el comandante se ponía muy saltón. Así que inventamos un dramaturgo llamado Emil Kan, un judío polaco que había estado preso durante la Segunda Guerra Mundial en Alemania. Que era un sobreviviente y que en ese minuto vivía en Argentina ya retirado, después de recibir el Premio Nobel en los años cincuenta", cuenta el director Roberto Paniagua sobre ‘Melinka’, filme que comenzaría a rodarse los primeros meses del próximo año en Pichidangui (por su similitud a Ritoque) y que además cuenta con un elenco de lujo: Héctor Noguera, Fernando Gómez Rovira (como Óscar Castro joven), Adela Secall, Elsa Poblete y Jaime Azócar.

Reír para No Morir
En el filme, ganador de un fondo Corfo para desarrollo de proyecto, Francisco ‘Cuervo’ (interpretados por Óscar Castro y Fernando Gómez Rovira) regresa a Chile para reconocer los restos encontrados de su esposa desaparecida (en la vida real, su madre) en dictadura. En los días previos, decide viajar a Ritoque mientras espera los resultados de la prueba de ADN. En el lugar, revivirá los mejores y peores momentos de su cautiverio en este campo de concentración que marcó su vida y la de muchos. "Los montajes siempre partían con la presentación de Óscar dando los créditos al gran dramaturgo Emil Kan y su biografía respectiva. De repente, el comandante se para y dice: ‘Pero si este dramaturgo es bastante conocido, no me lo vayan a desnaturalizar’. Yo me largo a reír y Óscar me dice ‘no te rías, huevón, que a lo mejor este fulano existe y los ignorantes somos nosotros", asegura Paniagua entre carcajadas.
El humor, las risas, las intervenciones artísticas y sus propias leyes, eran la única forma de sobrevivir. Todos los presos de Ritoque asumieron y crearon su mundo aparte, su república independiente. "Recuerdo que un compañero me dijo una vez en Ritoque, ‘el jueves me comienzo a excitar porque el viernes sé que hay una pieza de teatro. El sábado me recuerdo de la pieza de teatro y pienso en las visitas que llegarán el domingo. El lunes estoy todavía con el calor de las visitas. Así que finalmente estamos presos martes y miércoles y eso no es tanto’", comenta Óscar Castro desde Francia, país donde se encuentra radicado desde hace más de treinta años.

Pagar Deudas
Ritoque pasó a convertirse en un pueblo independiente con sus propias leyes, sus propias normas, su propio consejo de ancianos y su propio alcalde, el inquieto y multifacético ‘Cuervo’ Castro, vestido tipo lord inglés con sombrero de copa y una banda presidencial tricolor. Pero todo este juego de soberanía llegaba su fin de la noche a la mañana y sin previo aviso. "Algunos compañeros eran mordidos por perros cuando los militares los hacían correr hasta perder el conocimiento. Eso era una actividad permanente de amenaza cotidiana. Además estaban los zafarranchos de combate, donde de la nada empezaba una balacera enorme. Toda esa humillación debe recordarse. Esta película es sin duda un aporte a la memoria y a la historia política de nuestro país", dice Castro. Hoy, en compañía de Patricio Paniagua, el ‘Cuervo’ comienza a saldar su deuda con la historia y con el destino. ¿El primer paso?, ‘Melinka’.

9 de agosto de 2009
©la nación 
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la muerte en directo de un cineasta


‘Imagen final’, de Andrés Habegger, sobre Leonardo Henrichsen. El documental reabre el caso Henrichsen, el camarógrafo argentino que en 1973 filmó en Chile al grupo de militares que le disparaban y que le dieron muerte, una imagen que dio la vuelta al mundo como un símbolo de la violencia golpista en América latina.
[Luciano Monteagudo] Fue una de esas imágenes en movimiento que –como la del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, o la del primer hombre en la Luna, tan trajinada en los últimos días– marcaron a fuego a quienes la vieron en su momento. El 29 de junio de 1973, en Santiago de Chile, el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen cubría para la televisión sueca el primer alzamiento militar contra el gobierno democrático de Salvador Allende cuando fue asesinado a sangre fría por un grupo de soldados que disparaban contra la población civil. La cámara de Henrichsen registra el preciso momento en que los soldados, ubicados a menos de cien metros del camarógrafo, lo ubican entre la multitud que se dispersa, le apuntan y le disparan, primero uno –presumiblemente al mando– con una pistola y luego los otros, a bordo de un camión, con fusiles. La cámara –impávida– sostiene su mirada sobre ese improvisado pelotón de fusilamiento con una firmeza que va más allá del coraje, la ingenuidad o la imprudencia. Allí, en esa mirada impasible, hay indignación ciudadana, hay denuncia política, hay condena social. Hasta que, súbitamente, esa mirada se desploma y la imagen se vuelve negra. "Fue ver cómo, a través de sus ojos, lo mataban", sintetiza hoy su hermana, Leticia Henrichsen, en el documental Imagen final, dirigido por Andrés Habegger.
Allá por 1973, todavía no había ‘directo’ en los noticieros de televisión: se filmaba en 16mm. reversible y había que esperar el revelado para ponerlo al aire. Pero esa ‘muerte en directo’ fue quizá la primera –y, a la vez, la más brutal– experiencia de televisión en vivo, como si esos pocos segundos filmados por Henrichsen eternizaran para siempre la sensación de tiempo presente. No deja de ser una paradoja que esas imágenes –que dieron varias veces la vuelta al mundo como símbolo de la violencia de las dictaduras militares en América latina– nunca hayan servido para condenar judicialmente a los asesinos. No hay prueba más contundente que el testimonio cinematográfico que registró la propia víctima. Y, sin embargo, el sumario militar que se inició en julio de 1973 quedó casi inmediatamente cerrado, sin condenas de ningún tipo, después del golpe del 11 de septiembre. Lo que hace el film de Habegger –junto al periodista Ernesto Carmona y organizaciones chilenas de derechos humanos– es reabrir la causa e ir en busca de los asesinos de Henrichsen, más de treinta años después.
"El deseo de matar de esos militares fue evidente y dio una idea de cómo sería luego el golpe", reflexiona Carmona en el comienzo de ’Imagen final’. Dedicado a preservar la memoria de los periodistas desaparecidos y asesinados durante la dictadura de Pinochet, Carmona sin embargo señala que el caso de Henrichsen es particularmente significativo, "una víctima de segunda clase", porque la Justicia chilena considera que los crímenes previos al golpe fueron producto de la violencia política de la época y que ya han prescripto, algo a lo que él se resiste. Revisando una y otra vez el expediente y el film mismo de Henrichsen, Carmona –siempre seguido de cerca por Habegger– se tropieza no sólo con la memoria corta de la sociedad chilena en general sino también, en particular, con el manto de impunidad con que están cubiertos los responsables del crimen, que aún hoy lo niegan, a pesar de las evidencias palmarias. "Si no hay justicia, habrá funa", arenga Carmona delante de la casa donde se esconde el ex cabo segundo Héctor Bustamante, en alusión a la modalidad del escrache a la chilena.
Paralelamente a esta investigación, ’Imagen final’ va trazando un retrato de Henrichsen, quien se había iniciado como cadete en el noticiero Sucesos Argentinos para llegar a cameraman y ser contratado luego por la TV sueca. En Estocolmo, el film encuentra a Jan Sandquist y Gunilla Molin, que fueron los compañeros de Henrichsen en la cobertura periodística de América latina ("Cubrimos juntos dieciséis golpes de Estado", recuerda Sandquist) y que estuvieron junto a él en Chile en el momento de su muerte. En Santiago, presenta a un camarógrafo chileno que fue quien encontró la cámara y rescató el rollo final de Henrichsen. Y en Buenos Aires, a un grupo de ex compañeros de Leonardo en Sucesos Argentinos. Este último costado es el más anecdótico y el menos interesante del film; lo demora innecesariamente en su investigación y lo empuja en su tramo final hacia cierto sentimentalismo que acentúa la música grave y luctuosa en exceso de Pedro Onetto.
Queda, sin embargo, la pintura de un hombre íntegro, que no debió haber muerto a los 33 años, pero que en el instante en que lo hizo parece haber adherido al concepto de Rilke de la "muerte propia", que es una muerte noble.

Imagen final
Argentina/Chile/Dinamarca/Suecia, 2008
Dirección y guión: Andrés Habegger
Fotografía y cámara: Göran Gester
Música: Pedro Onetto
Producción ejecutiva: Maxi Dubois para Habitación 1520
Estreno de hoy en el ArteCinema, Espacio Incaa Gaumont, Malba.

6 de agosto de 2009
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