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murió elaine stewart


Sensual actriz de los años cincuenta.
[Dennis Hevesi] Murió el lunes en su casa en Beverly Hills, California, la sensual actriz de Hollywood, Elaine Stewart, que era publicitada como la ‘Marilyn Monroe morena’ en sus papeles en películas de los años cincuenta como ‘Cautivos del mal’ [The Bad and the Beautiful] y ‘Los amantes persas’ [The Adventures of Hajji Baba; Amazonas negras.] Tenía 81 años.
Según informó su representante Fred Wostbrock, falleció después de una larga enfermedad.
Stewart, que sería más tarde presentadora de un juego de televisión, trabajó en dieciocho películas en los años cincuenta, inspirando reseñas que la describieron como "provocadora", "voluptuosa" y "tentadora."
En una escena de un minuto en ‘Cautivos del mal,’ Stewart pasa de la cama a una escalera, descalza y con un martini en la mano, en un ceñidísimo camisón, "ofreciendo a Lana Turner pruebas convincentes de que Kirk Douglas estaba en realidad jugueteando con otra señora", escribió la revista Cue en 1953.
"Fue suficiente para envolver en un aluvión de cartas a los ejecutivos de MGM, preguntando quién era la chica, cuál era su próxima película y dónde había estado escondiéndose", continuaba el artículo.
Al año siguiente, con John Dereck, Stewart fue la Princesa Fawzia en ‘Los amantes persas’, una fábula sobre un joven cazador de dotes que apuesta que puede seducir a la hija del califa, que se opone a las restricciones y quiere elegir a su propio marido. Con sus duelos de espadachines, persecuciones en el desierto y besos a la luz de la luna, la película se ha convertido en algo parecido a un clásico del cine de culto.
Cuando fue Charleen, la esposa adúltera en ‘El vestido de jirones’ [The Tattered Dress] -un drama policial de 1957 sobre un abogado cínico que cree que puede influir en el jurado con artimañas jurídicas-, escribió A. H. Weiler en el New York Times, "Elaine Stewart se ve suficientemente provocadora en ese ‘vestido de jirones’ como para distraer a un misógino confeso."

Elsy Steinberg nació en Montclair, Nueva Jersey, el 31 de mayo de 1930. Era adolescente cuando firmó contrato con la agencia de modelos Conover y cambió su nombre. Poco después, el productor de cine, Hal Wallis, le ofreció doscientos dólares a la semana para ser una enfermera en la comedia de Dean Martin-Jerry Lewis, ‘Vaya par de marinos’ [Sailor Beware]. También trabajó en ‘La reina virgen’ [Young Bess] (1953), ‘Hombres de infantería’ [Take the High Ground!] (1953), ‘Brigadoon’ (1954) y ‘La última bala’ [Night Passage] (1957). En los años sesenta, trabajó en varias series de televisión, entre ellas ‘Bat Masterson’ y ‘Perry Mason.’
Stewart se casó con el creador de programas de juego, Merrill Heatter, en 1964, que fuera galardonado con un Emmy. En 1972 se convirtió en la anfitriona del programa de juegos ‘Gambit’, de Heatter-Quigley, con Wink Martindale como M.C. Más tarde fue la presentadora de la producción nocturna de la compañía, ‘High Rollers,’ con Alex Trebek.
Le sobreviven su marido; un hijo -Stewart; y una hija -Gabrielle.
Un momento importante en la carrera de Stewart fue cuando, en 1953, reclinándose, con una mirada arrasadora, llenó la portada del número 23 de la revista Life, de marzo. El titular decía: "Nueva Estrella Visita a la Gente en Jersey."
10 de julio de 2011
28 de junio de 2011
©new york times
cc traducción mQh

murió peter falk


Actor famoso por su personaje ‘Columbo.’ En una carrera de más de cincuenta años, que incluyó películas, teatro y televisión, el desaliñado teniente Columbo se convirtió en uno de los personajes más memorables de la televisión.
[Dennis McLellan] Murió el jueves Peter Falk, el actor de voz cascajosa que se convirtió en un símbolo permanente de la televisión como el teniente Columbo, el detective de gabardina arrugada del departamento de homicidios de la policía de Los Angeles que tenía siempre "una pregunta más" para los sospechosos. Tenía 83 años.
Falk, del que se dice que sufría de demencia, falleció en su casa en Beverly Hills, informó en una declaración Larry Larson, amigo y abogado de la esposa de Falk, Shera.
En una carrera que se extendió durante más de cincuenta años, que incluyó Broadway, películas y la televisión, Falk apareció en más de cincuenta largometrajes, entre otros en ‘Una mujer bajo la influencia’ [A Woman Under the Influence; Neurosis de mujer], ‘Maridos’ [Husbands], ‘Luv... quiere decir amor’ [Luv], ‘Mikey y Nicky’ [Mikey and Nicky], ‘Los suegros’ [The In-Laws; No disparen, soy dentista], ‘Las alas del deseo’ [Wings of Desire], ‘La carrera del siglo’ [The Great Race], ‘El detective barato’ [The Cheap Detective], ‘Mi rebelde Cookie’ [Cookie] y ‘La princesa prometida’ [The Princess Bride; El pirata y la princesa.]
‘Maridos’ (1970) y ‘Neurosis de mujer’ (1974), escritas y dirigidas ambas por un íntimo amigo de Falk, John Cassavetes, le dieron a Falk dos de sus papeles dramáticos mejor conocidos.
Pero fue en su papel como el obrero y hombre de familia que trata de hacer frente a su mujer mentalmente inestable (Gena Rowlands) en ‘Neurosis de mujer’ que creó lo que el ex crítico de cine del Times, Charles Champlin, definió como "uno de los retratos más complejos y contradictorios de su carrera."
A través de un portavoz, Rowlands dijo el viernes al Times: "Hoy hemos perdido a alguien que era muy especial y ocupaba un lugar en mi corazón. Fue no solamente un gran actor, sino también un gran amigo."
Al principio de su carrera, Falk ganó dos nominaciones al Oscar al mejor actor secundario -por su papel como un vicioso asesino a sueldo de la mafia en ‘El sindicato del crimen’ [Murder, Inc.] (1960) y por su retrato del hombre de confianza de un gángster en el drama y comedia ‘Un gángster para un milagro’ [Pocketful of Miracles; Milagro por un día] (1961) de Frank Capra.
En la pantalla, la combinación que hacía Falk de dureza y amabilidad llevó a la columnista de Hollywood, Hedda Hopper, a etiquetar al actor nacido en Nueva York como "otro James Cagney o John Garfield: un hombre que reemplaza a los irremplazables."
En 1962, Falk ganó el primero de los cinco Emmys que recibió, por su papel como el camionero que se hace amigo de una chica solitaria y embarazada en ‘El precio de los tomates’ [The Price of Tomatoes], un episodio de ‘The Dick Powell Show.’
Diez años después, recibió elogios en Broadway como el desgastado ejecutivo publicitario de Nueva York en la exitosa comedia de Neil Simon, ‘El prisionero de la Segunda Avenida’ [The Prisoner of Second Avenue.]
Pero nada que haya hecho Falk lo acercó nunca a la fama y popularidad que cosechó con el retrato en ‘Columbo’, el drama policial por el que recibió cuatro Emmys.
Lanzada con dos películas de televisión con Falk -‘Prescripción: asesinato’ [Prescription: Murder] en 1968 y ‘Rescate por un muerto’ [Ransom for a Dead Man] en 1971-, ‘Columbo’ empezó en el otoño de 1971 como uno de los tres programas de noventa minutos de ‘NBC Sunday Mystery Movie’, alternando con ‘McMillan y esposa’ [McMillan and Wife], con Rock Hudson y Susan Saint James, y ‘McCloud’, con Dennis Weaver.
‘Columbo’, sin embargo, se convirtió en la parte más sobresaliente de la serie. "No existe ningún detective en la televisión que pueda tocarlo, sea en estilo o en audiencia", escribió un crítico sobre Falk.
El formato de la serie, creada por Richard Levinson y William Link, invertía la fórmula del detective clásico: el público de televisión ya sabía quién lo había hecho cuando Columbo llegaba al sitio del suceso. El disfrute de los espectadores era ver cómo Columbo unía obstinadamente las piezas del enigma. Como dijo en un episodio: "Tengo un mosquito que me obliga a atar los cabos sueltos."
Columbo, que nunca tuvo nombre de pila, se convirtió en uno de los personajes más memorables de la televisión: fue el número 7 de la lista de los ‘TV’s Fifty Greatest Characters Ever’ [Los 50 personajes más grandes de la historia de la televisión], de la TV Guide de 1999.
Con sus cabellos castaño oscuro despeinados, un cigarro barato incrustado entre sus dedos y su desgastada gabardina color canela, el simpático teniente era tan poco atractivo como su viejo y desteñido Peugeot.
En realidad, cuando Columbo tocó el tema de la ropa de hombre y la vanidad masculina en uno de los primeros episodios, la estrella invitada, Suzanne Pleshette, como en el título del episodio ‘Witness to a Murder’ [Testigo de un asesinato], miró al desaliñado detective y observó: "A algunos hombres, teniente, no les gusta verse como una cama todavía por hacer."
La serie a menudo recalcaba la falta de sentido de la moda de Columbo. Tomando nota de la desgastada ropa del detective, un sospechoso le preguntó una vez: "¿Eres un agente encubierto?" Columbo replicó: "No, pero sí mal pagado." [Juego de palabras entre ‘undercover’ (encubierto) y ‘underpaid’ (mal pagado).
En otro episodio, una monja de un comedor parroquial donde Columbo estaba entrevistando a un testigo echó una mirada a su raída gabardina, lo confundió con un indigente e insistió en buscarle un impermeable en buen estado en la colección de ropa usada del refugio.
Columbo: "Sabe usted, realmente aprecio lo que hace por mí, en serio, pero esta gabardina la estoy usando hace siete años."
Hermana: "¡Oh, pobrecito!"
Reprendido por la hermana de que no debía sentirse avergonzado por su raído impermeable, Columdo le dice: "No, me siento muy orgulloso con él."
Pero más allá de su arrugada apariencia, su franca e infantil curiosidad y aparente despiste generalizado -pierde frecuentemente su lápiz y tiene que pedir prestado uno para hacer sus apuntes-, nunca hubo ninguna duda de que Columbo era el hombre indicado para el trabajo que hacía.
Con la cabeza ladeada, ligeramente encorvado y rascándose de vez en vez su arrugada frente, daba la impresión de no estar entendiendo nada, pero no se perdía ningún detalle.
Para un sospechoso, eso no quedaba nunca tan claro como cuando Columbo se dirigía hacia la puerta, paraba y con su grave voz, decía: "Oh, quiero preguntarle una sola cosa más..."
Falk consideraba a Columbo su mejor personaje, al que nunca se cansó de representar.
"Lo adoro", dijo a TV Guide en 2000. "Es un excéntrico, totalmente indiferente a la impresión que causa en la gente. Su obsesión la oculta su simpatía. Tiene un pícaro sentido del humor, es amable por naturaleza y totalmente desprovisto de pretensiones. Pero que Dios ayude al que cometa un crimen en Los Angeles."
En 1989, Falk volvió en la nueva serie de ‘Columbo’ como parte de ‘The ABC Mystery Movie’, una nueva serie de tres dramas de dos horas. Después del fin de la serie en 1990, continuó apareciendo periódicamente en las películas de ‘Columbo’ para la televisión, hasta 2003.
En 2000, después de representar a su famoso personaje de televisión durante más de tres décadas, Falk reconoció que se habían hecho solo cambios ligeros.
"Es más difícil encender una cerilla; hay algunas manchas de ketchup más en la gabardina", dijo a TV Guide. "Aparte eso, todavía nos morimos por saber qué está pensando."

Falk nació en Nueva York el 16 de septiembre de 1927 y creció en Ossining, Nueva York, donde sus padres eran dueños de una boutique. (Décadas más tarde, Ossining dio su nombre a una calle -Peter Falk Place-, cuya placa fue descubierta jalando una gabardina estilo Columbo.)
A los tres, Falk fue operado para removerle un tumor maligno que le costó su ojo derecho. Más tarde recordó que tenía miedo de que le preguntaran qué le había pasado a su ojo. Pero para cuando alcanzó la adolescencia, su timidez desapareció cuando se dio cuenta de que podía reírse con ello.
Una vez, cuando le cobraron injustamente en un partido de béisbol, Falk se sacó su ojo de cristal y se lo pasó al árbitro, diciéndole: "Usted lo necesita mucho más que yo."
En la secundaria, fue un atleta de tres letras (béisbol, baloncesto y carreras) , miembro del equipo de debates y presidente del último curso.
Falk, que actuó primero en teatro en un musical de campamento de verano, también tuvo roles secundarios en producciones dramáticas en la secundaria.
"Pero", dijo a la revista People en 1991, "no podía contarle a ninguno de los tipos que eran mis amigos que quería ser actor. Habría sido demasiado raro."
Tras terminar la secundaria en 1945, Falk consiguió un trabajo de un año como cocinero en la marina mercante. Estudió en el Hamilton College, de Clinton, Nueva York, de 1946 a 1948, y después en la New School for Social Research, de Nueva York, donde terminó ciencias políticas en 1951.
Dos años después se licenció en administración pública en la Universidad de Siracusa y empezó a trabajar como experto en eficiencia en el Connecticut State Budget Bureau en Hartford.
En su tiempo libre, se unió a un grupo de teatro comunitario en Hartford, el Mark Twain Maskers, y estudió con la famosa actriz Eva Le Gallienne en el White Barn Theatre en Westport.
Apoyado por Le Gallienne para que se convirtiera en actor profesional, Falk dejó su trabajo y se mudó a Nueva York.
Falk, que siguió estudiando actuación en Nueva York, llamó primero la atención por su papel como tabernero en un revival en off-Broadway de ‘El repartidor de hielo’ [The Iceman Cometh], de Eugene O’Neill, en 1956, con Jason Robards.
Hizo su debut en Broadway representando al soldado inglés en ‘Saint Joan’ en 1956 y apareció en programas de televisión como ‘Studio One’ y ‘La ciudad desnuda’ [Naked City.]
Aunque Falk hizo una prueba de cámara para Columbia Pictures a fines de los años cincuenta, el jefe del estudio, Harry Cohn, lo rechazó diciendo: "Por el mismo dinero me consigo un actor con dos ojos."
Pero su ojo de cristal nunca fue un obstáculo.
Después de dos actuaciones nominadas a un Oscar y a un Emmy a principio de los años sesenta, a Falk le ofrecieron -y rechazó- varios roles en series de televisión.
Pero aceptó ‘The Trials of O’Brien’, una serie jurídica en la que fue un talentoso abogado de Nueva York con una vida personal mucho menos exitosa. Aunque fue un éxito entre los críticos, la serie tuvo mala audiencia y fue terminada en 1966 después de la primera temporada.
Para Falk, que había representado a personajes pesados en el curso de los años, ‘Columbo’ fue un cambio bienvenido.
"He hecho demasiadas series en las que entro a un cuarto de hospital donde hay un hombre en la cama y me acerco y apago el oxígeno", dijo a TV Guide en 1972, "Le he disparado a gente, he apuñalado y golpeado a personas en muchas escenas sangrientas. No es nada divertido. Me gusta hacer cosas optimistas, en las que la gente trata de vivir, no de morir."
Durante su largo papel como Columbo, Falk recibió un montón de correspondencia de agentes de policía.
"Hay polis que te dicen: ‘Uso la técnica de Columbo’", dijo al Times en 1990. "O puedes estar en un lugar y se acerca un poli a decirte: ‘Tenemos un Columbo en el cuerpo, y lo llamamos Columbo. Para su cumpleaños le compramos una gabardina.’ Me mandan fotos de polis vestidos como Columbo. Así que es algo que les gusta."
Aunque es difícil imaginar a otro actor en el papel del personaje, los creadores de ‘Columbo’, Levinson y Link, le ofrecieron el rol a Bing Crosby, entonces de 67 años, que lo rechazó.
Como decía Falk a menudo: "Gracias a Dios que tenía un campeonato de golf."
Falk se casó con su primera esposa, Alyce, en 1960, y adoptó dos hijas -Catherine y Jackie. Al año después la pareja se divorció en 1976 y el actor se casó con la actriz Shera Danese.
A fines de 2008, Catherine Falk solicitó la tutoría de su padre, argumentando que no le habían permitido verlo desde que lo operaron de la cadera antes ese mismo año. Más tarde retiró una petición para hacerse con el control de sus finanzas.
En 2009, la corte permitió que su esposa se ocupara de su cuidado personal y asuntos, pero ordenó también que su hija pudiera ver a su padre durante treinta minutos mes de por medio, un mandato que se respetó hasta el momento de su muerte.
Le sobreviven entre otros su esposa y sus dos hijas.
[Valerie J. Nelson contribuyó a este artículo.]
4 de julio de 2011
24 de junio de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

murió david rayfield


Guionista que colaboraba con Sidney Pollack.
[Valerie J. Nelson] Murió David Rayfiel, el guionista que dejó su huella -a menudo sin ser reconocido- en las películas de Sydney Pollack en las que aparecía frecuentemente Robert Redford, incluyendo ‘Los tres días del cóndor’ [Three Days of the Condor], ‘Tal como éramos’ [The Way We Were] y ‘Memorias de África’ [Out of Africa; África mía]. Tenía 87 años.
Rayfiel falleció el miércoles con el Mount Sinai Medical Center en Nueva York debido a una insuficiencia cardiaca congestiva, informó su hija Eliza Roberts.
La rica colaboración entre Pollack y Rayfield empezó a principio de los años sesenta, perduró durante más de cuarenta años e implicó al menos quince películas.
"Mi papá no fue nunca el mismo después de la muerte de Sydney" a los 73 años en 2008, "pero siguió trabajando", contó su hija.
Cuando ‘Memorias de África’ (1985) ganó un Oscar a la mejor película, Pollack agradeció a Rayfield por "mantenernos honestos". Kurt Luedtke, al aceptar el Oscar por su guión, también agradeció a Rayfield.
La película fue una de las varias que nacieron de una alianza que incluía a Redford, que apareció en ‘Habana’ [Havana] (1990), ‘El jinete eléctrico’ [The Electric Horseman] (1979) y ‘Las aventuras de Jeremías Johnson’ [Jeremiah Johnson] (1972), de Pollack, escritas o rescritas todas por Rayfield.
Redford consideraba a Rayfield como "el héroe olvidado de casi todas las películas que Sydney Pollack y yo hicimos juntos", dijo Redford al New York Times en 1986.
La mayoría de los guionistas "escriben sobre la superficie", dijo Pollack en el artículo de 1986. "Si quieren que sepas algo sobre un personaje, simplemente le hacen decirlo y hacen que otro personaje lo diga. David no hace eso. Escribe elípticamente, de modo que se produce orgánicamente, como te enterarías de algo sobre alguien en la vida real."
Barbra Streisand, que buscó la colaboración de Rayfield para su película ‘Yentl’, de 1983, dijo en el New York Times en 1986, que podría mostrar fricción en una relación simplemente haciendo que la pareja hablara "sobre "las semillas en su jugo de naranja cuando lo que están diciendo es que el matrimonio terminó. En eso es David muy bueno."
Con su manejo fluido del francés, Rayfield trabajó con el director francés Bertrand Tavernier en el drama futurista ‘La sombra del mal’ [Death Watch] (1980) y ‘Alrededor de la medianoche’ [Round Midnight], una bien recibida película de 1986 sobre un autodestructivo músico de jazz estadounidense que vive en París.
El director Ingmar Bergman pidió la ayuda de Rayfield para su película de 1977, ‘El huevo de la serpiente’ [The Serpent’s Egg], como hizo igualmente el director Sidney Lumet para su película de misterio de 1986, ‘A la mañana siguiente’ [The Morning After], con Jane Fonda como una actriz alcohólica.
En el mundo del cine, Lumet dijo al New York Times en 1986 que "se decía que si tenías problemas con tu película, que hablaras con David."

Nacido el 9 de septiembre de 1923 en Nueva York, fue el segundo de los tres hijos de Leo F. y Flora Rayfiel. Su padre era juez y había sido elegido para el Congreso.
Después de crecer en Brooklyn, estudió en el Brooklyn College pero lo abandonó para enrolarse en el ejército en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
Rayfield egresó del Brooklyn College en 1947 y estudió teatro en la Universidad de Yale, donde se licenció en 1950. Ese mismo año se casó con una compañera de estudios, la actriz Lila Paris. Tuvieron una hija, Eliza, y se divorciaron en 1953.
Durante los años cincuenta trabajó fundamentalmente en la televisión, escribiendo para el programa nocturno ‘America After Dark’ y para el programa de juegos ‘En quién confías’ [Who Do You Trust?]
La obra de Rayfield, ‘P.S. 193’, fue representada en off-Broadway en 1962 y lo llevó a escribir varios dramas para la televisión, incluyendo uno dirigido por Pollack.
Después de que Pollack dirigiera ‘P.S. 193’ en UCLA en 1964, el dúo colaboró en el debut de Pollack como director de cine, en ‘La vida vale más’ [The Slender Thread], de 1965, con Sidney Poitier y Anne Bancroft.
Entre las películas favoritas de Rayfield, que hizo con Pollack, se encuentra el drama bélico de 1996, ‘La fortaleza’ [Castle Keep] y la película de suspenso sobre la CIA, ‘Los tres días del cóndor’, de 1965, informó su hija.
4 de julio de 2011
24 de junio de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

hombres de ideas avanzadas


El film de Diego Fidalgo plantea, por un lado, la historia de Joaquín Penina, anarquista fusilado durante la dictadura de Uriburu. Por el otro, la aparición de ‘El fusilamiento de Penina’, libro de Aldo Oliva quemado en los 70 por el Proceso.
[Leandro Arteaga] Argentina. En el Espacio Santafesino de Cine El Cairo, y como resultado del Premio Estímulo a la Producción Audiovisual que entrega el Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia, se estrena hoy, a las 20.30, ‘Hombres de ideas avanzadas’, film dirigido por Diego Fidalgo. El documental se inscribe desde la doble historia que suponen la vida de Joaquín Penina -anarquista catalán fusilado en las barrancas de Saladillo durante la dictadura de Uriburu- y el libro que con el título ‘El fusilamiento de Penina’ Aldo Oliva escribiera en los años ’70, cuya edición fuera quemada de manera íntegra por la última dictadura militar.
"El documental trabaja en tres tiempos históricos: la época de Penina, la década del ’70 -cuando se escribe el libro-, y el rescate que en el año 2003 se lleva adelante con el descubrimiento del libro perdido. La película lo acompaña a Antonio en la búsqueda del libro y de su reedición en España", comenta a Rosario/12 el realizador. "Uno de los jalones tiene que ver con la experiencia de la biblioteca Vigil, que fue la que editó el libro de mi padre, biblioteca que fuera intervenida por los militares en el año ’77. Una de las expresiones más fuertes de la represión sobre ella fue la quema de libros y la desaparición de la totalidad de la edición del libro de mi viejo", agrega Antonio Oliva.

En el transcurso del film, cada una de las instancias que refieren encuentra su correlato necesario en las otras.
Antonio Oliva: Lo que se rescata desde la película es que en realidad, y ante el enorme avance del olvido, siempre hay un punto de donde tirar la cuerda de la memoria. La película cae siempre en una especie de foja cero pero puede continuar porque lo que aparece es la memoria. Es un poco ese pasaje de caída que en general las sociedades sufren a partir del olvido, pero siempre hay alguien que sigue contando, que sigue relatando.

Como ese encuentro casi fortuito del único ejemplar, que narra la película.
A.O: El libro aparece desde el seguir preguntando. Mi padre lo había escrito más o menos en 1975, sabía que los ejemplares habían sido incinerados y no se había quedado con los originales. Cuando vuelve a Rosario, luego de su autoexilio en España, comienza a preguntar sobre el ejemplar, pero nadie tiene noticias.

Diego Fidalgo: Mientras que los otros cuatro libros que integraban esa colección ya habían aparecido.
A.O.: El fallece antes de que aparezca, en el 2003, y gracias a Raúl Frutos, el bibliotecario mayor de Vigil, que fue un poco el que siguió indagando. Resulta que uno de los contadores de la Vigil, Cacho Rodríguez, encuentra en una caja de cosas viejas de Vigil un libro sin tapas y con los datos editoriales arrancados a propósito. Era éste libro.

¿Qué te ocurrió al encontrar el libro?
A.O.: La impresión fue de bastante conmoción, porque se trataba de un relato que mi padre hacía siempre sobre un material que no existía. Que reapareciera suponía, en un principio, que había que hacer algo con un libro que nadie había leído, el único que realmente sabía lo que allí se decía era mi papá. Es así que lo mandamos con un prólogo mío y de Roberto Frutos -hijo de Raúl-, y un reportaje a Rubén Naranjo, quien era el editor, a Cataluña, a Barcelona. A la editorial Viejo Topo le interesó y lo reeditó.

¿Cómo abordaste el relato, desde qué intenciones narrativas?
D.F.: Un poco era tratar de ir agotando todos los caminos que nos llevaron a Penina, la película da cuenta de esa búsqueda en tiempo presente. No siempre esos caminos conducen a algo, pero eso es parte de la investigación y queda plasmado. También hay una especie de relato que tiene que ver más con el ensayo en torno a los conceptos de memoria y de memoria histórica, en esa búsqueda uno va encontrando lugares que puede materializarlos desde algún resquicio del personaje -por dónde estuvo, dónde resonó su nombre. A ello se suman la distancia y dificultad histórica de hablar de un personaje de casi cien años, los pocos archivos y testimonios, y algo que siempre hablamos y que tiene que ver con el hecho de que la memoria histórica del movimiento obrero casi siempre es oral, no hay mucho registro escrito. También eso es parte de la materia de la película: el aporte que permiten las voces y los silencios, que siempre están diciendo.
1 de julio de 2011
30 de junio de 2011
©rosario 12

el personaje carlos


Olivier Assayas filmó la vida del más famoso terrorista internacional de los ’70. El director francés eligió atenerse a los hechos documentados acerca de Ilich Ramírez Sánchez. "La estructura de la película es la de un film de espionaje, porque así es como funcionaba él", dice.
[Horacio Bernades] París, Francia. "Antes de comenzar el rodaje fui a verlo a la prisión donde cumple cadena perpetua, para aclarar una serie de puntos oscuros. Estuvimos reunidos varias horas, yo pregunté y él respondió. Eso sí: es imposible saber cuánto de lo que me contó es verdad y cuánto no." En las oficinas que Unifrance, organización de apoyo al cine francés en el extranjero, tiene en la zona de Montmartre, Olivier Assayas recuerda su único encuentro con Ilich Ramírez Sánchez, un día de 2009, cuando salió de la prisión de Clairvaux haciéndose más preguntas de las que tenía al entrar. Tal vez le suceda lo mismo al espectador de Carlos, al salir del cine. Como dijo alguna vez Borges sobre Churchill, como ocurre seguramente con cualquier figura prominente de la alta política, el venezolano Ilich Ramírez Sánchez es –siempre fue– "un misterio dentro de otro misterio". En lugar de intentar aclararlo, al abordar la figura del más famoso terrorista internacional de los años ’70 Assayas ha preferido desplegar, a lo largo de casi tres horas, los hechos que una abundante documentación permite dar por ciertos.
Atenerse a lo documentado, ser lo más fiel posible a la verdad histórica, reducir al mínimo toda ficcionalización parecen haber sido las mayores obsesiones de Assayas, a la hora de encarar su primer film basado en hechos reales. ‘Carlos’ es también la primera película que el realizador de ‘Los destinos sentimentales’ y ‘Las horas del verano’ filma para la televisión. La primera miniserie, en verdad: ése es el formato original de Carlos, cuya duración original (330 minutos, repartidos en tres partes) el propio realizador redujo más tarde, para su exhibición en salas. De hecho, cuando se la exhibió en Cannes fuera de competencia, en mayo del año pasado, se lo hizo en simultáneo con su transmisión televisiva, por la pantalla de Canal +. Nacido en París en 1955, Assayas es algo así como el entrevistado ideal. No sólo muestra la mejor predisposición a la conversación, sino que además su condición de ex crítico de cine (fue parte de la redacción de Cahiers du Cinéma durante los ’80) le permite hablar de su trabajo con un infrecuente grado de autoconciencia. Como además entiende perfectamente el castellano (su padre, el guionista Jacques Rémy, vivió un tiempo en la Argentina), el diálogo fluye sin necesidad de traducción.

Carlos es su primera película basada en hechos reales. ¿Qué fue lo que le atrajo del personaje, como para dedicarle una miniserie completa?
Justamente el hecho de no haber abordado nunca un personaje real fue lo primero que me interesó. La necesidad de informarme, de leer libros, de chequear documentación, de contrastar fuentes y versiones: todo eso me resultó apasionante. Con ayuda de un asesor histórico llamado Stephen Smith consulté biografías, informes policiales en los archivos de la Securité francesa, las actas del juicio de mediados de los ’90. Por suerte está todo documentado. Pero además el propio personaje era fascinante, único. Un tipo absolutamente cinematográfico, por la complejidad de sus motivaciones, por su costado aventurero, por su condición de hombre de acción y de espía, por su vinculación con la alta política internacional y con lo secreto.

Más allá de su singularidad, ¿en qué medida Carlos representa la época que le tocó vivir?
Creo que en él puede leerse la trayectoria de muchos jóvenes que decidieron abrazar la política y la lucha armada en los ’70. Hay que tener en cuenta que, más allá de que termine convertido en algo así como un "mercenario de izquierda", Carlos tiene, en sus comienzos, todas las marcas del militante, del que combate por una causa. Más allá de los rasgos hasta caricaturescos que va a tomar, el propio modo en que ese idealismo inicial va derivando hacia el militarismo, el aventurerismo y la locura política también es representativo de la forma en que se dieron las cosas históricamente. En ese sentido puede decirse que su trayectoria refleja no sólo los ’70, sino también los ’80 y ’90, que es cuando concluye.

Sin embargo, usted no lo juzga, hasta el punto de que ni una sola vez en toda la película se menciona el seudónimo "El Chacal" que se le dio en la época.
Evitamos hacerlo, porque me parece un calificativo discutible. En cuanto a la toma de posición, no era lo que nos interesaba. Nos interesaba el personaje, tratamos de ser lo más fieles posibles a los hechos. Hay que tener en cuenta que prácticamente toda su vida está documentada, por lo cual esa fidelidad era posible. Sólo allí donde encontramos huecos de información recurrimos a la ficción.

Usted aclara eso en un cartel inicial.
Sí, nos pareció lo más honesto.

¿Tuvo presente la cuestión árabe, teniendo en cuenta que Carlos luchaba al servicio de esa causa?
Traté de atenerme a los hechos, más que a las interpretaciones. No creo que pueda interpretarse la película como proárabe o antiárabe: hablamos de determinados personajes, emprendiendo determinadas acciones en un momento determinado. En tal caso, lo que mostramos del mundo árabe es su complejidad. La causa palestina, por ejemplo: no todos la apoyaban del mismo modo, con las mismas políticas o la misma consecuencia. Incluso los que la apoyaban decididamente en un momento, más tarde dejaron de hacerlo, o viceversa. Se trata de realidades políticas muy cambiantes y diversas, hasta el punto de que hablar de "cuestión árabe", así, en singular, puede llamar a engaño.

Carlos es una película curiosa, en tanto funciona como film político y una de acción al mismo tiempo.
Intentamos que el personaje impusiera el carácter de la película. Por eso a veces digo que ‘Carlos’ está dirigida por Carlos: lo único que hice yo fue poner en escena los hechos que él protagonizó. Esa fusión entre política y acción está en él, no es que yo en algún momento haya intentado definir si estaba haciendo un film político o uno de acción.

¿No puede verse también como una de Bond en versión documentalista?
La estructura de la película es básicamente la de un film de espionaje, porque así es como funcionaba el personaje y quienes lo rodeaban.

Incluso el costado de sex-symbol hace pensar en Carlos como un James Bond de izquierda.
Es que Carlos era así, tal como lo muestro. El sexo y las mujeres ocupaban un lugar importante en su vida.

Es interesante el modo en que usted expande y contrae los tiempos del relato. En la versión cinematográfica se narran más de veinte años en algo más de dos horas y media. Sin embargo, de pronto usted le dedica casi una hora a la toma del cuartel central de la OPEP, casi como si fuera una película dentro de otra.
Tratamos de poner en escena todo aquello que estaba documentado. Dejamos afuera años enteros de la vida de Carlos porque sobre ellos no había mucha información, o la información que había no era confiable. A su vez, para la versión cinematográfica tuvimos que dejar afuera otro montón de cosas, ya que dura la mitad de la miniserie. Así que fue un trabajo delicado, que exigió toda una dosificación de tiempos y de ritmos en la mesa de montaje.

El montajista es un héroe. ¿Cómo se llama?
Trabajé con dos montajistas, que se deslomaron. Se llaman Luc Barnier y Marion Monnier. Volviendo al tema de los tiempos, en los momentos en que nos parecía que teníamos que "quedarnos" en la escena, lo hacíamos, no importaba cuánto durara. Dejamos que lo dramático impusiera las duraciones. En este sentido, intentamos no hacer una biopic al estilo de las del cine estadounidense, que son como un recorrido a través de una serie de hitos obligados.

Sus películas –las que no son de época, al menos– se caracterizan por la presencia de una cámara muy nerviosa, que parecería imponerles su inquietud a los personajes. En ‘Carlos’ da la impresión de que es al revés, que los personajes le imponen una dinámica a la cámara.
La idea era, efectivamente, que la cámara siguiera a los personajes. Si estaban quietos, se quedaba quieta. Si se movían, la cámara también lo hacía. O las cámaras, mejor dicho, ya que como suelo hacerlo, esta vez volví a filmar cada escena con varias, para tener más puntos de vista. Las escenas de acción están filmadas con el mismo criterio, sin buscar una espectacularidad "a la americana", sino siguiendo las acciones de los personajes. La otra diferencia reside en el tamaño de cuadro y en las lentes que usé. En lugar de filmar con teleobjetivo, que desenfoca los fondos, usamos lentes normales, que dan un foco parejo. Y los encuadres son más grandes que los que suelo usar. Más planos generales y americanos que planos cortos. En ambos casos –las lentes y el tamaño de cuadro–, la idea es relacionar a los personajes con el ambiente, con lo que los rodea, ya que estábamos filmando personajes históricos, y en cine la historia se manifiesta en términos espaciales.
17 de junio de 2011
16 de junio de 2011
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carlos, el terrorista


‘Carlos’ capta magistralmente el clima de época de los ’70. Ateniéndose siempre a datos y testimonios de la realidad y apelando a un estilo que por momentos parece casi documental, Assayas logra una película que impresiona por su homogeneidad.
[Luciano Monteagudo] No han transcurrido ni diez minutos de película y el relato ya ha pasado de París a Beirut y de Beirut a Londres y de un atentado con bomba a otro a punta de pistola. Corre el año 1973 y ese vértigo y esa violencia son el clima de época que tan bien –con tanta precisión, con tanto nervio, con tanto vuelo cinematográfico– registra ‘Carlos’, la estupenda realización del director francés Olivier Assayas dedicada a una de las figuras más enigmáticas, controvertidas e inasibles del terrorismo internacional de aquel momento.
El ‘Carlos’ del título es el venezolano Ilich Ramírez Sánchez, que si no fuera porque existió y existe en la realidad (actualmente cumple cadena perpetua en Francia, se diría que es un personaje de ficción, la creación de un guionista afiebrado, una criatura puramente cinematográfica. Su irrupción en la escena de comienzos de los ’70 marca un punto de inflexión en la violencia política de aquel momento, que no era poca y que a partir de entonces se exacerba, al menos para los parámetros europeos, acostumbrados a ver de lejos los conflictos del Tercer Mundo, hasta que ese campo de batalla en los márgenes se desplaza hacia su centro.
"Para mí las manifestaciones no sirven para nada, esto es una guerra y las guerras no se ganan desfilando", le dice Ilich a su novia chilena cuando ella le recrimina que no ha ido a marchar contra el golpe militar de Pinochet. "Ya no es tiempo de palabras, es tiempo de pasar a la acción", concluye. Y no podría ser más literal. Autoconvocado como soldado del Frente Popular para la Liberación de Palestina, demuestra primero su compromiso con la causa intentando primero asesinar a un alto representante del sionismo en su propia mansión y luego arrojando una bomba en un banco de origen israelí, ambos atentados en Londres, donde por entonces vivía este hijo de un abogado marxista, capaz de hablar varios idiomas y de moverse por el mundo como si fuera apenas su casa. Su traslado a París profundizará aún más su compromiso con el FPLP (enemigo de la OLP de Yasser Arafat, a quien consideraban un traidor) y radicalizará aún más sus acciones. Para entonces, su nom de guerre ya se ha hecho famoso en todo el mundo: Carlos.
Es notable la manera en que Assayas y su tremendo actor Edgar Ramírez –un venezolano de quien hasta ahora no se tenían casi noticias y que tiene un papel muy menor en el ‘Che’ de Steven Soderbergh– retratan la figura de Carlos. Ateniéndose siempre a datos y testimonios de la realidad y apelando a un estilo que por momentos parece casi documental, ambos logran hacer de Carlos una suerte de rock star de la guerrilla urbana. No por nada el personaje confiesa en sus comienzos que aspira a la "gloria", como si hablara de su consagración arriba de un escenario. Y si hay algo que sabe Carlos es que él no nació para figura secundaria: lo suyo es el centro de la escena, la tapa de los diarios. Y no tarda en conseguirlo, como cuando después de liquidar de un solo golpe a tres agentes de la policía política francesa, al día siguiente el legendario matutino Libération titula: ‘Match: Carlos 3, DTS 0’.
Basándose también en su rosario de conquistas amorosas, el film de Assayas aporta una lectura erótica del personaje, en principio enamorado solamente de sí mismo, como lo prueba la satisfacción con que se admira a sí mismo, a su apolíneo cuerpo desnudo, después de haber cometido un atentado. En ‘Carlos’ no hay ninguna comparación fácil entre las pulsiones sexuales de Carlos y la seducción fálica de las armas, pero aun así su sexualidad, su genitalidad incluso, está muy presente en el film, tanto en el apogeo de sus inicios como en sus días finales, cuando ya está gordo y fuera de forma y en un remoto dispensario de Sudán, último refugio de quien ha terminado convirtiéndose en un paria internacional, esos testículos de los que siempre se sintió tan orgulloso son examinados sin piedad por un médico que sólo le causa dolor cuando le diagnostica varicocele.
En un film que abarca más de dos décadas en la vida del personaje y cuyas casi tres horas de duración pasan como un rayo –al ritmo de la música de los grupos New Order y Wire– es difícil señalar una escena en particular o una actuación secundaria (el casting, que reúne actores de cuatro continentes, es impecable). La tremenda homogeneidad del conjunto es lo que impresiona.

‘Carlos’
(Francia/Alemania, 2010)
Dirección: Olivier Assayas.
Guión: Olivier Assayas y Dan Franck, basado en una idea de Daniel Leconte.
Fotografía: Yorick Le Saux y Denis Lenoir.
Intérpretes: Edgar Ramírez, Juana Acosta, Alexander Scheer, Nora von Waldstätten, Ahmad Kaabour.
17 de junio de 2011
16 de junio de 2011
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ulrike ottinger en buenos aires


A partir del próximo martes se ofrecerá en Buenos Aires la primera retrospectiva local del cine y la fotografía de Ulrike Ottinger, autora total de una obra personalísima.
[Moira Soto] Ave rara, migratoria, desprendida de la bandada y, sin embargo, implicada a través de sus creaciones, Ulrike Ottinger –afortunadamente– aterrizará en Buenos Aires la semana que viene, representada por 11 de sus films y una muestra fotográfica que le pertenece. Artista visual, diseñadora de escenografía, guionista, puestista teatral y operística, cineasta, Ottinger se suma a la tradición de aventureras viajeras que arrancó probablemente con Egeria, la monja gallega peregrina que en pleno siglo IV se lanzó durante tres años por los caminos del Cercano Oriente, siguiendo la pista de los lugares bíblicos y dejando constancia escrita –se adelantó con un primer libro de viajes al mismísimo Marco Polo– de su audaz gesto de suprema libertad. A Egeria la siguieron varias damas exploradoras tan intrépidas como Catalina Erauso –la Monja Alférez– en el XVII y, más adelante, ya en el XIX, esa serie de ladies con Mary Kingsley a la cabeza por su arrojo y desprejuicio, seguida de Ida Pfeiffer, Alexine Tinne, May Sheldon y otras bravas expedicionarias que enfilaron hacia África, mientras que Mary Montagu, Hester Stanhope o Anne Blunt emprendieron rutas orientales, todas sorteando incontables obstáculos. Ese espíritu curioso, buscador, temerario acaso encontró su máxima expresión en Isabelle Eberhardt, la bella joven suiza que encontró su identidad antes de morir a los 27 en el sur de Argelia, entre los beduinos, con ropas masculinas árabes, convertida al Islam...
Ulrike Ottinger (Constanza, Alemania, 1942) se incorpora gozosamente a estas huestes en pos de nuevos horizontes, ya en la segunda mitad del siglo XX, cuando comienza la eclosión del feminismo y el despertar cada vez más extendido de las mujeres acelera la conquista de algunos derechos elementales en Europa y los Estados Unidos. Por cierto, Ulrike siempre fue una feminista atípica, tirando a marginal que –por ejemplo– cuando algunas cineastas comprometidas con la causa hacían películas un tanto ombliguistas sobre cuestiones específicamente femeninas, o didácticamente agitadoras, ella se permitía realizar ‘Madame X’, una soberana absoluta (1978), sobre una pirata china que maneja su propio juego con el poder aprovechándose de estructuras patriarcales, o ‘Retrato de una alcohólica’ (1979), donde una hermosa y digna señora decide dejar París un día de sol, abandonar su pasado y cumplir el deseo de vivir bebiendo en una ciudad desconocida, Berlín, siguiendo un folleto turístico, que emplea como itinerario alcohólico...
De ‘Madame X’ dijo enfervorizada la escritora Patricia Highsmith: "Severa e implacable belleza, cruel reina sin corona en el Mar de China, ella promete oro-aventura-amor apelando a todas las mujeres para que se atrevan a cambiar sus cómodas vidas insoportablemente aburridas, por un mundo lleno de peligros e incertidumbres, pero también de amor y aventuras. ¡Reivindico a Madame X, ingeniosa y sarcástica, y a pesar de todo, romántica!". De su propio y personal ideario declara UO: "Siempre me he sentido feminista. En los ’70, cuando tantas mujeres se reconocían parte del movimiento, me decían que yo no lo era por causa de films como ‘Madame X’. Ahora que sucede lo contrario, que pocas mujeres se reconocen feministas, resulta que muchos se refieren a mí como una famosa feminista... Tal y como tengo entendido el feminismo, las mujeres deben tener derecho a todas las alternativas posibles, a la liberación para hacer cosas maravillosas. En consecuencia, creo que soy feminista. Por otra parte, mi trabajo parece ir de acuerdo con lo que se ha dado en llamar la práctica del queering: quizás esta apreciación se deba a que muestro el mundo desde una perspectiva diferente a la percepción convencionalmente establecida".
Ottinger permaneció en Constanza durante su infancia y adolescencia. Hija de un padre pintor que la llevaba a exposiciones y de una madre que le aportaba la música y el lenguaje, su gusto por las artes visuales y la literatura se despabiló tempranamente. De hecho, la niña Ulrike fue un poco forzada a aprender el violín (un tío violinista había muerto en Auschwitz y había que retomar esa herencia), pero ella supo rebelarse: a los 12, antes de dar un concierto, mandó a pasear su violín por el Rin, la corriente se lo llevó... Mujer muy independiente, traductora de varios idiomas, la madre inicia a la chica en la pasión por los viajes: van juntas a Suiza, España, Holanda, Portugal. Ulrike recuerda un barco para doce pasajeros entre los cuales una señora lánguidamente instalada en su reposera recitaba de memoria fragmentos de ‘La montaña mágica’, de Thomas Mann, con el segundo oficial rendido a sus pies.
En Constanza, zona de ocupación francesa, la adolescente conoció a un grupo de jóvenes de ese origen, pos surrealistas que la alentaron a irse a París a los 19, donde estuvo de 1961 a 1969, conociendo a personajes legendarios como Ré Soupault ("Una diosa en los círculos vanguardistas no solo por sus trabajos fotográficos y sus inquietudes etnográficas, sino también por su actitud político-artística") o Fritz Picard (exiliado de Berlín desde 1938) y su fantástica librería donde "los volúmenes apilados formaban columnas hasta el techo, como sosteniendo la bóveda". En París, Ottinger estudia historia del arte, pinta, expone, se enamora del cine, adora las películas de Erich von Stroheim ("¡Ahí quiero ir!", afirma que pensaba por ese entonces). Y se decide: "La idea de convertirme en cineasta me vino cuando conocí el cine expresionista alemán, Luis Buñuel, la Nouvelle Vague".
Desde 1973, UO, cuando no viaja, vive en Berlín. Ha hecho 13 films incomparables, que van desde los 10 a los 501 minutos, navegando entre el documental y la ficción. Ha tomado miles de fotografías y ha estudiado otras culturas, se ha interesado por la historia de las religiones. Y también ha encontrado tiempo y energías para hacer la régie de una ópera en Bonn, ‘Effi Briest’, de Iris Schiphorst y Helmut Dehring (sobre la novela de Theodor Fontane que filmara Rainer Werner Fassbinder), en 2002; también para dirigir tres obras de Elfriede Jelinek: ‘Los adioses’ (2000) con el Berliner Ensamble, ‘Deseo y permiso de conducir’ (1986) y ‘Clara S’ (1983, tragedia musical sobre la mujer de Robert Schumann, Clara Wieck, pianista y compositora de talento, postergada a la sombra de su célebre marido). En 1999, Ottinger llevó a escena la farsa mágica ‘La fiesta de compromiso en el reino de las hadas’, de Johann Nestroy. En todos los casos, la artista diseñó las correspondientes escenografías.

Juguemos en el Mundo
Desde sus primeras producciones cinematográficas –‘Fiebre de Berlín’ (12’, 1973), ‘La seducción de los marineros azules’ (50’, 1975), ‘Laoconte & Hijos’, ‘La historia de la transformación de Esmeralda del Río’ (50’, 1975)– Ulrike Ottinger desarrolló una autonomía infrecuente en el medio, y la mantuvo contra vientos y mareas del mercado, conquistando el respeto y la admiración de exigentes críticos, reconocimientos dentro y fuera de su país. Retrospectivas de su obra fílmica y fotográfica se han ofrecido, entre otros lugares de prestigio, en la Bienal de Venecia y en Documenta Kassel, la Cinemateca Francesa y el Centro Pompidou, en el MoMA de Nueva York y el Museo Reina Sofía de Madrid.
Curiosa y sin preconceptos, juguetona y humorística, siempre abriéndose a nuevos temas, a paisajes desconocidos, capturando las resonancias de la historia en la actualidad, sensible a rituales y mitologías, recurriendo desinhibidamente a todas las artes, siempre con un oído finísimo y muy entrenado para las bandas de sonido de esas películas suyas que conjugan culturas y épocas diferentes. Y que remiten a viajes en el tiempo y el espacio, a estaciones, a trenes, barcos, aviones... "Mi trabajo abarca intereses diversos –dice ella–. Hay temas que me parecen tan interesantes que no los puedo agotar en un solo trabajo. Entonces, los abordo desde diferentes lados: hago una película de ficción y un documental, también puedo tomar fotografías. El cine tiene sus propias leyes, a lo largo de la tarea se va advirtiendo qué es lo que encaja bien y lo que no. Para crear un mosaico, tengo que tomar cada piedrita cinco veces en la mano, hasta que se ensamble: un trabajo sumamente complejo lograr que cada piedrita complemente a la otra en la imagen. A veces, aparto las piedras preciosas que pueden ser una joya por sí mismas, pero que no se integran al todo."
La polémica suscitada en 1978 por ‘Madame X’, una soberana absoluta (141’) resultó finalmente favorable para la difusión de esta producción protagonizada por Tabea Blummenschein que Ottinger realizó en plan de comedia, con trasfondo crítico, según su propia interpretación del feminismo: "Yo misma fui actora y de ninguna manera estaba en contra. En todo caso, me oponía a –¿cómo llamarlo?– un marxismo vulgar. Formulé mi escepticismo con humor en una comedia con espíritu de pertenencia, pero también haciendo un análisis no complaciente. Creo que para muchas mujeres fue algo nuevo y revulsivo imaginarse distintas y más libres. Por eso se dio esa reacción vehemente contra este film, en contra y a favor". A años luz de toda solemnidad, ‘Madame X’ incita a dar vuelta como un guante el patriarcado, a sacar partido de lo que hay para transformarlo. Ulrike Ottinger, con simpatía por las mujeres piratas en general, se inspiró en historias de bucaneras reales chinas. Y se hizo a la mar, pero no en la China –por problemas de costos– como habría deseado, sino en el lago de su Constanza natal. Igual se divirtió un montón, asegura, filmando estas extravagantes aventuras lésbicas, siempre sabiendo que aunque el momento de la ruptura es excitante, "era necesario dejar en claro que el entusiasmo del despertar puede no ser duradero. Y que es muy importante que los deseos de liberación y cambio permanezcan".
Desde luego, la indómita Ottinger no se achicó frente a las críticas de parte del feminismo un tanto formal de fines de los ’70 y dobló la apuesta con el ‘Retrato de una alcohólica’ que se compra un pasaje de ida, resuelta a emborracharse hasta morir, parando en todas las estaciones del exceso etílico, con Magdalena Moctezuma encontrando la horma de su zapato, Nina Hagen. Y a continuación una insólita visita a Virginia Woolf a través de Freak Orlando –‘Pequeño teatro del mundo en cinco episodios’–. Travesía a través de los siglos de Orlando varón, Orlando mujer, la continuidad entre pasado y presente con un descacharrante despliegue de barroquismo visual, de colores restallantes, citando libremente a Walter Benjamin. Como una Diane Arbus con humor, freaks y flagelantes, la Inquisición española y la psiquiatría del siglo XX. El maridaje entre la naturaleza y el artificio: en el arranque, el-la protagonista se topa, antes de entrar en Freak City, anunciada con un letrero de neón en medio de la nada, con una chica –los brazos en alto– que parece brotar, desde la cintura, del musgo que en verdad es una tela verde... Pasa Orlando –varón, mujer qué más da– le deja un besito galante en el pecho desnudo y sigue su camino entre enanos, santas, seres mitológicos, guiños a Buñuel, procesiones de penitentes que marchan con ritmo militar, guiños a Tod Browning, la cabalgata del circo de la historia y la leyenda, donde un Cristo crucificado puede ser la propia mujer barbuda dentro de una iconografía religiosa audazmente reciclada...

Cuadros de una Exposición
Luego de reinventar a Orlando en otros contextos, Ulrike encuentra otra musa en Oscar Wilde, de cuya obra brota en plenos ’80, ‘Dorian Gray en el reflejo de la prensa amarilla’ (150’), con la glamorosa top model de los ’70 Verushka (von Lehndorff) como el ambiguo Dorian, Delphine Seyryg (otro talismán de la directora) en el rol de Frau Doktor Mabuse, una formadora de opinión decidida a crear una figura mediática, mientras que en esos tríos de mujeres que tanto le gustan a Ottinger, aquí, como las diosas del Destino: Irm Hermann, Magdalena Montezuma y Bárbara Valentin. Para la ocasión, la cineasta crea una escenografía con motivos del pintor Gustave Moreau y dispone escenas de ópera dentro del cine, al aire libre, con un marco teatral recreando el espacio: una vez más, invierte los términos de la convención y transforma en escenografía el paisaje "natural", real (piedras, montañas). Dice Ulrike que la alusión a Fritz Lang a través del nombre Mabuse solo representa "un recuerdo de la tiranía".
La siguiente obra, ‘Superbia’, apenas dura un cuarto de hora y, sin embargo, no alcanzan ni los ojos ni los oídos para aprehender, abarcar tanta riqueza visual y auditiva, tanta alegoría suelta que atraviesa la pantalla, tanto desparpajo para entreverar, ligar ficción de rasgos operísticos con imágenes documentales de desfiles y reuniones masivas (donde no faltan Perón, Isabelita, López Rega en un palco). Este film se regodea con la exposición de los siete pecados capitales que conducen directamente a los infiernos, amenaza que sin duda divierte a Ottinger, quien prosigue su ajuste de cuentas con la Iglesia Católica oficial. Todo comienza con una altisonante proclama de la Soberbia: "Soy la orgullosa raíz de todos los males, el primero de los siete pecados capitales. De mí nació el árbol del vicio, cuyos frutos pecadores son mis seis hijas: Gula, Pereza, Avaricia, Ira, Envidia, Lujuria...". Acompañada de su alucinante cortejo, Lucifera Soberbia también lleva a su sirvienta Blasfemia...
La serie de documentales –a la manera de UO, claro– se inicia en 1986 con ‘China. Las Artes. La vida cotidiana’. Una descripción fílmica de un viaje en tres capítulos, de 270’. Una película que Ulrike Ottinger considera una exploración de campo para otra posterior, ‘Juana de Arco en Mongolia’: "Podría decir que el documental es el encuentro con el Otro, extranjero, y Juana la representación, la puesta en escena donde sucede un nuevo realismo que se apoya en un extenso trabajo preliminar. Es decir, la liberación de suficientes espacios para que de verdad se produzca el encuentro.
Dos cortos, ‘Usinimage’, un paseo exploratorio por la arquitectura urbana e industrial, y ‘Countdown’, un reflejo de la primera etapa de la reunificación de Berlín, preceden a la imponente ‘Taiga’, un viaje a los nómadas de yak y renos en la región septentrional de Mongolia, de 1992. Un minucioso periplo por pueblos nómadas donde aún existe el poder de los chamanes, deteniéndose en cada localidad, su historia, su vida diaria, dedicándoles generosamente 8 horas y media de metraje ...
Según su costumbre, alerta a temáticas poco frecuentadas, que conciernen a marginales y a marginados, en general a gente nómada por distintas causas, Ottinger toma en ‘Exilio Shanghai’, durante más de 4 horas, seis historias de judíos alemanes, austríacos y rusos que se cruzan en Shanghai, ciudad donde se refugiaron durante el nazismo, la última puerta que se les abrió. No por azar, en 2002 la artista realiza ‘Ester’, un juego Purim en Berlín, de apenas media hora: la fiesta judía narrada por Gyorgy Konrad (el escritor húngaro cuya familia fue asesinada por el nazismo) y actuada por inmigrantes de países del centro y sureste europeo.
‘Prater’, de 2007 y duración "normal" (104’) es una fantástica excursión a un histórico parque de diversiones de Viena, desde sus orígenes hasta la actualidad, mediante documentos testimonios y las escenas in situ tomadas por Ulrike, más citas cinéfilas y literarias. Entre las cuales, Josef von Sternberg, Elias Canetti, Elfriede Jelinek (quien además aparece junto a la silueta de un gran gorila). Un monstruo mecánico hace la clásica invitación: "¡Pasen y vean!". En este mundo paralelo se despliega una imaginería cara a UO: fenómenos y clowns, luchadores y acróbatas, ilusionistas y marionetas, comida y bebida... Y el fresón de la torta: Verushka caracterizada de vistosa Barbie entre las atracciones. ‘El cofre nupcial coreano’ (2008), último documental cierra la retrospectiva que se proyectará en la Sala Lugones: esta vez le toca a Corea ser visitada por la mirada atenta, cordial, igualitaria, respetuosa, dispuesta a descubrir de Ottinger. Como ella dice: "Lo que me interesa de estos viajes es la experiencia con otras culturas. Una tiene que involucrarse, si no fracasa, de esto estoy muy convencida. Debe una acercarse a la gente sin una postura, sin expectativas preestablecidas y averiguar qué se puede hacer juntos".
La última ficción realizada por la cineasta es ‘Doce sillas’ (vista en el Festival de Mar del Plata en 2005, con la presencia de Ulrike), película que según Laurence A. Rickets "resume, cita, revisa y se construye sobre la obra fílmica anterior de la directora", con rastros de ‘8 y 1/2’ de Fellini, de ‘Once hijos’ de Franz Kafka, está basada en la novela de Ilya Ilf y Yevgeny Petrov, de 1927. Tres buscadores de un tesoro escondido durante la Revolución Rusa en un juego de sillas forradas de chintz inglés: un excelente pretexto para viajar por Ucrania a lo largo de doce estaciones, con distintas épocas conviviendo en pantalla, siguiendo el modelo del teatro mongol.

Aventuras Transformadoras
"Tundra, la venganza de una huérfana rusa, salvaje y cruel tundra", susurrra la voz seductoramente persuasiva de Delphine Seyryg mientras que en la pantalla, simulando un travelling, circulan imágenes de árboles pelados, azotados por la nieves, pintados en fríos tonos azulados. La cámara se aleja y comprobamos que esa proyección hace las veces de ventanilla de un lujoso tren donde viaja la elegantísima lady Windermere (Seyryg), etnóloga aficionada, erudita independiente detrás de la cual cuelga una estampa japonesa. Ella va en el legendario Transiberiano evocando su construcción, los 11 mil kilómetros que recorría en tiempos en que la realeza y la diplomacia lo tomaban como un hotel de lujo. "Durante más de cien años la gente viajó aquí de Occidente a Oriente", musita la mujer rodeada de cuadros y objetos artísticos. Ella recuerda a los chinos que hace muchísimo tiempo se atrevieron a llegar hasta la tundra dejando señales por el camino, "primer intento de domar el paisaje salvaje mediante la naturaleza cultivada". En este prólogo cautivante se condensan los temas del film, las obsesiones de Ulrike Ottinger sobre encuentros y transferencias de culturas, sobre el posible intercambio entre realidad e imaginación.
Otras tres viajeras son presentadas: Fanny Ziegfeld (Gillian Scalici), estrella del musical de Broadway de los ’40 que viene de hacer la exitosa ‘Green Dreams’; Giovanna (Inés Sastrte), preciosa joven contemporánea con su mochila que va en clase popular, entre soldados y campesinos, un ganso en un canasto, una cabra de pie; la señora Muller-Vohwinkel, catedrática de instituto, según reza su tarjeta sobre la mesa. En todas las ventanillas se ve la misma proyección sin fin de los árboles pintados, y el tren va parando en estaciones aun más escenográficas que las del film ‘El expreso de Shanghai’ (1932), de Josef von Sternberg. En el Transiberiano están también las hermanas Kalinka, suerte de Andrew Sisters que amenizan el viaje con piano, guitarra y canto. Este trío que fue inventado por Ottinger juntando a una cantante de rock y jazz, a una pianista que vio en un concurso y a una argentina –llamada Jacinta, a secas– emigrada a París en el ’78, cantante de temas yiddish y también actriz. De las tres morochas, es la más petisa, de boca más carnosa y cejas más espesas...
Lady W le echa raudamente el ojo a la agreste Giovanna y empieza a hechizarla: "No se mueva, usted me recuerda a aquella princesa de Mongolia que montada en una espada mágica volaba sobre desiertos y estepas". ¿Quién podría resistírsele? No Giovanna, precisamente. Lady W sigue envolviéndola con palabras sobre las siete pruebas, las siete serpientes, los siete tigres, las siete danzas, los siete deseos... Giovanna acepta la invitación a cenar. En el coche comedor, además de Fanny, la señora Muller, las Kalinka y otros pasajeros, está Mickey Katz, rechoncho y muy maquillado tenor judío-americano, sibarita, que se derrite ante platos despampanantes, increíbles delicias rusas, distintos caviares. La gastronomía se sigue cultivando luego en el salón privado de Lady W que ofrece té con frutillas salvajes y crema fresca, gâteau campesino comprado en el andén, bizcochos de centeno y miel, mientras sigue coqueteando con Giovanna que ya durmió en su camarote. "No tengo el Eros pedagógico tan desarrollado como usted", le dice con cierto resentimiento la señora Muller...
Todo va sobre rieles hasta que las imágenes que se ven por la ventanilla se vuelven reales y soleadas, en medio del desierto y las montañas: amazonas de Mongolia avanzan con armas de guerra, detienen el tren y gracias a la traducción de Lady W, las viajeras se enteran de que son rehenes de las jinetas ataviadas con suntuosas prendas. Aquí comienzan las verdaderas aventuras transformadoras de las siete mujeres (incluidas las Kalinka). Aventuras que llegarán más lejos que los saberes de una, la imaginación de otra... A partir del momento en que la gran princesa Ulun Igal las convida con leche de yeguas blancas bendecidas el noveno día del tercer mes de primavera, se inicia la inmersión en una cultura que nunca es presentada como exótica sino como otra forma de vida, de entender el arte, la vida cotidiana, de tener una estética que se manifiesta hasta en la más pequeña pieza del colorido y complejo vestuario. Pero las distancias no son tan grandes ni tan insalvables: Lady W le comenta a la gran princesa que Luis XV ordenó cierta vez a toda la corte vestirse a la manera china, y su interlocutora le responde: "En el espejo de nuestro palacio de verano las cortesanas tomaban el té en traje rococó". Lady W cierra: "Nuestro rococó sería impensable sin las chinoiseries".
En verdad, aunque se presenta en la retrospectiva con el título traducido, el original debería ser respetado porque juega con la fusión de leguas: Johanna d’Arc of Mongolia, así como todo el film celebra las diferentes músicas, los rituales. Contrariamente a lo que se podría sospechar desde Occidente, Ulrike Ottinger asegura que "las mujeres son bastante poderosas en Mongolia: es una sociedad diferente de la china, muy libre. Viajan con los rebaños en sus yurtas rodantes. Creo que es una sociedad muy sabia, claro que endurecida porque la naturaleza lo exige. Para mí, los nómades pueden ser mongoles, desempleados, intelectuales, artistas judíos, refugiados, viajeros en busca de conocimientos y aventuras. Veo la ruta del Transiberiano como una especie de libro de visitas a culturas con influencias diversas. El tema central de Johanna es lo contagiosas que pueden ser las ideas nómades".
9 de junio de 2011
8 de junio de 2011
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murió adolfas mekas


Cineasta vanguardista y docente.
[Bruce Weber] Murió el martes en Poughkeepsie, Nueva York, el inmigrante lituano Adolfas Mekas, el que se convirtió en un influyente cineasta de vanguardia y maestro que, con su hermano Jonas, fundó Film Culture, la seminal revista para cineastas. Tenía 85.
Según su esposa, Pola Chapelle, la causa de su muerte fue una insuficiencia cardiaca.
Aunque Jonas Mekas, prolífico director y archivista de cine de vanguardia, era el mejor conocido de los hermanos Mekas. Adolfas Mekas hizo un puñado de películas que han sido descritas como hitos históricos del cine de vanguardia. La mejor conocida es ‘Aleluya las colinas’ [Hallelujah the Hills], una comedia en la que se parodiaba la historia del cine con una trama sobre dos jóvenes y su cómico cortejo de la misma chica, que fue uno de los éxitos populares y entre críticos en el primer Festival de Cine de Nueva York en 1963.
‘Aleluya...’ fue elogiada en el festival junto con las películas ‘Muriel’, de Alain Resnais; ‘El cuchillo en el agua’ [Knife in the Water], de Roman Polansky; ‘El ángel exterminador’ [The Exterminating Angel], de Luis Buñuel; y ‘El sirviente’ [The Servant], de Joseph Losey.
El New York Times describió la película como "una modesta y pequeña farsa hecha en Vermont" que "sorprende y deleita" al público "afirmando bulliciosamente que la vida puede ser un baile y que hacer una película puede ser divertido".
Mekas y su hermano llegaron a Nueva York en 1949 después de sobrevivir un campo de trabajos forzados nazi al final de la Segunda Guerra Mundial. Hijos de un campesino que adoraba los libros y las películas, se zambulleron ambos en la vida bohemia intelectual de la ciudad a principio de los años cincuenta, fundaron  Film Culture, la revolucionaria revista que empezó en 1955 con la entonces presuntuosa idea de que el cine era un arte serio e influía potentemente en la cultura en general.
Con colaboradores como Andrew Sarris, Stan Brakhage, Richard Leacock, Rudolf Arnheim, Arlene Croce y Peter Bogdanovich, definió la vanguardia, aunque prestó una reflexiva cobertura al cine tradicional. (La revista dejó de existir en los años noventa.)
Mekas, que vivía en Rhinebeck, Nueva York, fue miembro fundador del departamento de cine del Bard College en Annandale-on-Hudson, Nueva York, y enseñó allá de 1971 a 2004; dirigió su programa de cine de 1971 a 1994.

Adolfas Mekas nació en un villorrio lituano llamado Semeniskiai el 30 de septiembre de 1925. Durante el último año de la Segunda Guerra Mundial, él y Jonas se marchaban de Lituania para unirse a un tío en Austria, cuando fueron capturados por los alemanes y enviados a un campo de trabajos forzados. Tras el fin de la guerra vivieron en campamentos de refugiados, uno de los cuales estaba en Mainz, cerca de Frankfurt, donde pudieron estudiar en la universidad. Al principio pensaban marcharse a Israel -"No eran judíos", dijo Chapelle, pero les parecía romántico luchar por un nuevo país-, pero en lugar de eso emigraron a Estados Unidos, asentándose en Williamsburg, en Brooklyn.
"Todo era miseria y desplazamiento y sufrimiento y pérdida", escribió Jonas Mekas sobre sus primeros años en Europa. Pero llegar a Nueva York les cambió la vida.
"Ahora, de repente, todo era brillante, excitante y estaba disponible", escribió. "Las calles de Nueva York eran ferias, muy parecidas a las de El Cairo. En nuestro primer día compramos tres o cuatro naranjas. ¡La pesadilla había terminado! ¡Podemos comprar fruta!"
En 1971, los hermanos Mekas volvieron a Lituania por primera vez desde su partida, y cada uno hizo una película sobre el viaje: ‘Reminiscencias de un viaje a Lituania’ [Reminiscences of a Journey to Lithuania], de Jonas, y ‘Going Home’, de Adolfas. "Se proyectaron juntas en el Festival de Cine de Nueva York de 1972, un evento que Vincent Canby describió en el Times como "más desbordante de Mekases de lo que uno esperaría, y sin embargo sucesivamente conmovedores, indulgentes, bellos, poéticos, banales, repetitivos y audaz y descuidadamente irresponsables".
Además de su hermano, que vive todavía en Brooklyn, ahora en Greenpoint, y su esposa, a la que conoció en una proyección de cine y se casaron en 1965, a Mekas le sobreviven su otro hermano, Costas, de Semeniskiai, y un hijo, Sean, de Rhinebeck.
Entre sus otras películas se encuentran ‘The Brig’ (1964), la que, dirigida por ambos hermanos, es una adaptación de una deprimente pieza montada por el Living Theater sobre los marines confinados en una cárcel militar, y ‘Windflower’ (1968), una elegía, una historia ambientada en la era de la Guerra de Vietnam sobre un prófugo que es asesinado cuando trata de escapar de las garras del FBI.
A su muerte, Mekas estaba trabajando en una película sobre Giordano Bruno, un pensador italiano que fue quemado en la hoguera por herejía en 1600. Mekas describió a Bruno como "el primer beatnik" y tituló la película, con típico descaro, ‘Burn, Bruno, Burn’.
Su esposa dijo que inicialmente se sintió atraída por él por su inesperado y demostrativo humor; en su primera cita, arrojó su sombrero por la ventanilla de un taxi, contó. Otra vez, después de la première de una película en el Museo Arte Moderno, enrolló la alfombra roja, la puso debajo de un brazo y se marchó con ella, como si se la llevara a casa. (Nadie lo paró y la llevó de vuelta.)
"Esos dos tíos", dijo sobre los hermanos Mekas. "Siempre le dije a nuestro hijo: ‘Llegaron al país con diez dólares. No hablaban el idioma, y empezaron su primera revista seria sobre cine en ingles. Nada de mal."
5 de junio de 2011
2 de junio de 2011
©new york times
cc traducción mQh