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asesinatos de indígenas en colombia


Crónica de varias masacres anunciadas. Tengo claro que por más que se advierta y se publique, la Fuerza Pública no logra detener el asesinato de líderes indígenas.
[Libardo José Ariza] Colombia. Edwin Legarda murió hace poco tiempo. Parece que, salvo las personas que le eran más cercanas, nada ni nadie lo recuerda. Su muerte tuvo lugar en la madrugada del martes 16 de diciembre del año 2008, en el territorio que está bajo la jurisdicción de las autoridades indígenas del pueblo Totoroes, en la carretera que conduce de Togoima a la ciudad de Popayán, a la altura del kilómetro 39. Allí se había asentado un retén militar rutinario del Batallón José Hilario López.
 Legarda conducía una camioneta roja propiedad del Consejo Regional Indígena del Cauca, e iba a Popayán a recoger a su esposa, Aída Quilcué. Ella había regresado de Ginebra, Suiza, a donde había participado, como Consejera Mayor del CRIC, en el Examen Periódico Universal realizado por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas sobre la situación de derechos humanos de Colombia.
Quilcué fue una de las líderes más destacadas de la Minga Indígena que recorrió miles de kilómetros para llegar a Bogotá y hacer visible ante la sociedad colombiana y el gobierno nacional la dramática situación de los pueblos indígenas de Colombia.
Legarda nunca llegó a Popayán, ni pudo regresar jamás al resguardo pickwe tha fiw del cual era miembro. Su viaje fue interrumpido por 105 disparos, de los cuales 15 impactaron en la parte lateral de la camioneta y 2 en el frente.
Según el comunicado emitido por el entonces ministro de Defensa Juan Manuel Santos, "la versión de un asesinato premeditado no tiene ni pies, ni cabeza", pues no existen órdenes de disparar a vehículos en los retenes y, por eso, concluyó que las armas que escupieron las balas fueron accionadas por error, sin órdenes ni motivo aparente.
Como lo señala el Informe de Verificación del Cinep, el general Justo Eliseo Peña señaló al día siguiente de los hechos que "Edgar Legarda murió al no acatar la orden de pare en un reten militar". La contradicción es evidente aunque se intente decir que este es un caso fortuito, de esos que suceden tanto en Colombia, pero que, casualmente, afecta a personas precisas, con un significado político concreto, que impacta al movimiento indígena como un todo y a sus dirigentes más comprometidos y destacados.
La muerte de Edwin Legarda se suma a las 496 muertes de personas pertenecientes a pueblos indígenas que se produjeron apenas durante los tres primeros años del gobierno del presidente Uribe.
 
Todos los actores del conflicto armado en Colombia encuentran una misma víctima: los pueblos indígenas. Sus líderes y miembros constantemente anuncian a la sociedad colombiana y al gobierno que los van a matar, que van a morir.
El reciente caso del pueblo Awa no deja de ser una vergonzante repetición de esta apatía gubernamental e impotencia social ante el peligro de muerte que enfrentan los pueblos indígenas. En Semana.com se anunció el peligro de muerte que corrían los miembros de este pueblo. La publicación del 7 de febrero cuenta que tres días antes fueron raptadas varias personas (hombres, mujeres y niños) pertenecientes al pueblo Awá; también dice que mientras huían otras diez personas fueron asesinadas, resumiendo la triste situación con la siguiente frase lapidaria: "Desde septiembre de 2008 hasta lo que va de 2009, han muerto, posiblemente bajo la estigmatización de ser colaboradores del Ejército, 44 indígenas Awá".
Pero las masacres no pararon, nadie las paró, se cumplieron tal y como habían sido anunciadas. En la edición del 17 de febrero de este mismo año se dijo que las Farc reconocían la muerte de ocho indígenas Awá. Una nueva Minga conformada por 470 personas salió en busca de los cuerpos, dijo la edición del 24 de marzo. El 12 de mayo se anunció que los paramilitares torturaron y mataron a dos indígenas Awá. Con el titular "Luto en Nariño por nueva masacre indígena", la edición del 26 de agosto narraba la espantosa masacre de 12 personas del pueblo Awá, "entre ellas cinco niños menores de 10 años".
No sé si las autoridades públicas leen las noticias que aparecen en los medios de comunicación. No me aventuro a decir que el Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo no es escuchado cuando es activado; me pregunto por qué las fuerzas de seguridad del Estado no han impedido esta sucesión de masacres que ponen al borde de la extinción a un pueblo al que le llevaron el conflicto a su territorio, al que metieron a la guerra.
Lo único que tengo claro es que los pueblos indígenas están siendo asesinados y que lo que cambia es quién, cómo y en qué cantidad los diezman. Posiblemente, la notoriedad creciente del movimiento indígena como un actor político local y nacional, así como la importancia de la frontera simbólica del territorio ancestral se reflejan, desafortunadamente, en la violencia de la que han sido victimas, tanto Edwin Legarda como los indígenas Awá.

Libardo José Ariza es investigador del Grupo de Interés Público de la Universidad de Los Andes.

5 de octubre de 2009
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el bombardeo de santo domingo


El bombardeo a Santo Domingo y su posterior encubrimiento le han dejado amargas lecciones a la Fuerza Aérea: sanciones internacionales, pérdida de credibilidad y ahora la condena de dos de sus pilotos a 31 años de cárcel por homicidio doloso.
Colombia. En el video se escucha cuando los pilotos norteamericanos dicen que los guerrilleros se cambiaron de ropa, pero se sorprenden cuando ven que un helicóptero dispara contra los civiles. En Santo Domingo murieron 17 personas por la explosión de la bomba ‘cluster’ y 21 quedaron gravemente lesionadas.
En la guerra se cometen errores. Y por excepcionales que sean las circunstancias, se paga por ellos, porque los militares saben mejor que nadie el daño que pueden causar. Ese es el mensaje que gravita en la sentencia con la que un juez de Bogotá condenó a dos oficiales de la Fuerza Aérea a 31 años de cárcel, por el homicidio doloso de 17 personas en Santo Domingo, Arauca, durante un bombardeo en 1998. Este caso ha sido crucial en las relaciones de Colombia con Estados Unidos, y partió en dos la historia de las operaciones militares en el país. Y aunque ya muchos militares lo analizan como el caso más grave de daños colaterales que se conozca en Colombia, pocos se esperaban una sentencia en la que se afirma que no se trató de un accidente, sino de un acto deliberado.
Todo empezó el 12 de diciembre de 1998, cuando se supo que una avioneta había aterrizado en una carretera de Arauca. Ese era un departamento bajo control guerrillero, las autoridades tenían información de que en ella llegarían armas y se embalaría cocaína.
El Ejército montó una gran operación y se trenzó en intensos combates con las Farc, en los alrededores de Santo Domingo, municipio de Tame. El teniente César Romero Pradilla, de la Fuerza Aérea, se trasladó desde Palanquero hasta Arauca para apoyar a las tropas. El 13 de diciembre, muy temprano, cinco helicópteros partieron desde Caño Limón, la sede la multinacional Occidental de Colombia, cargados de ametralladoras y cohetes. El Romero, un UH1H, llevaba dos bombas cluster, cada una con seis granadas.
Por encima de los helicópteros iba un avión contratado por la OXY, tripulado por dos norteamericanos, y un oficial de la Fuerza Aérea que les daba información sobre el terreno, pues la aeronave tenía una cámara incorporada que le permitía ver y grabar el escenario de guerra. Se le conocía como skymaster.
La misión de Romero y sus dos acompañantes, el copiloto Johan Valencia y el técnico Héctor Mario Hernández, era soltar la bomba en una mata de monte al norte del pueblo, para asegurar el área y permitir que los soldados pudieran avanzar. Era un día soleado, con buena visibilidad, que auguraba un combate rápido. Abajo se veía el caserío, al borde de una carretera; y al norte, la mata donde debía caer la cluster. A las 10 todo estaba listo. Dos minutos después, se produjo la orden, Hernández soltó la guaya. "Ya cayó, ya se ve el humo", dijo uno de los tripulantes. Después se hizo un denso silencio.
"Mi mamá estaba en la cocina con mi hermana Yurely cuando escuchamos algo que cayó del cielo y explotó, quedó negro, todo negro... yo tenía sangre en las piernas y quedé como sonámbula, cuando me pasó, al instante yo grité ¡mi niña, los niños! Mi mamá y mi hermana gritaban al tiempo ¡los niños! Cuando yo corrí al lado de mi niña ya estaba muerta", contó Mónica Alicia Bello, una sobreviviente. Los primeros testimonios coincidían en que varias bombas les habían caído encima.
Los habitantes empezaron a correr despavoridos. Cargaban a los heridos y los muertos en un carro, enarbolaban trapos blancos. Pero sorpresivamente recibieron disparos desde otro helicóptero, un arpía tripulado por el entonces mayor Sergio Garzón, hoy subcomandante de la base de Palanquero. Las escenas quedaron grabadas y en los audios se escucha la sorpresa de los gringos que dicen en inglés: "Jesucristo, está disparando contra los civiles".
Ese día los habitantes de Santo Domingo llegaron a Tame. El saldo era de 17 muertos, seis niños de entre 4 y 14 años, y 21 heridos de gravedad, muchos de ellos quedaron incapacitados de por vida.
Pero esta historia en la que ahora parecen encajar las piezas ha tenido un tortuoso camino lleno de manipulaciones, mentiras y dilaciones por más de una década. Desde el primer día la cúpula de la FAC, encabezada por el general Héctor Fabio Velasco, negó el bombardeo. En pocos días la justicia penal militar determinó que había hecho explosión un carro-bomba de las Farc. El caso, según los militares, quedaba cerrado.
Pero ese era apenas el principio de la investigación de la Fiscalía, que durante año y medio recogió evidencias y testimonios, las cuales fueron examinadas por el FBI. Se pudo establecer de que una bomba cluster había estallado en Santo Domingo y que las heridas provenían de este artefacto. La Fuerza Aérea admitió el uso de la bomba. Desde entonces los pilotos involucrados insisten en que fue lanzada a 600 metros del caserío, y no a 70, como lo estableció la justicia.
El proceso, que iba y venía de la justicia penal militar a la ordinaria, se quedó en ésta por orden de la Corte Constitucional. El tema era difícil de aclarar porque faltaba una de las pruebas más importantes: los videos del avión skymaster no aparecían. Que estaban en poder de la OXY, decían unos; que de las FAC, decían otros. Cuando por fin ésta los entregó, el audio había sido editado.
Mientras el proceso estaba en un laberinto, el problema había traspasado las fronteras. El caso había ocurrido en los albores del Plan Colombia y congresistas demócratas lo habían tomado como el peor ejemplo de violaciones de derechos humanos por las Fuerzas Militares, y de impunidad. Esos temores se confirmaron cuando aparecieron los videos completos y el audio revelaba lo que ocurrió.
Estados Unidos castigó la base aérea de Palanquero, y durante cinco años no pudo recibir recursos del Plan Colombia. Por la falta de transparencia, el gobierno de Estados Unidos pidió la cabeza de Velasco. Estaba en riesgo todo el apoyo al Plan Colombia.
Con las nuevas pruebas, los pilotos fueron juzgados por homicidio culposo y condenados en 2007 a cinco años de cárcel. Pero el Tribunal de Bogotá consideró que las nuevas evidencias obligaban a cambiar los cargos. Es decir, que estas personas no murieron por error, sino que los tripulantes lanzaron la bomba sabiendo el daño que podían causar. O no midieron las consecuencias de su acto, o las minimizaron.
No obstante que este caso está llegando a su fin, ni los inculpados, ni las fuerzas militares creen que se haya hecho justicia. Descartan que alguien se monte en un helicóptero para matar civiles,. Muchos se sostienen en la versión inicial: que hubo un carro bomba y que las piezas del proceso fueron manipuladas por la subversión. "La verdad sobre Santo Domingo nunca se sabrá", dice el capitán César Romero, quien espera con resignación su captura e insiste que en Santo Domingo "nunca hubo un bombardeo". Romero se queja de que aspectos de la investigación nunca fueron tenidos en cuenta. "¿Por qué llegaron cuerpos desnudos a Tame?", se pregunta y se queja de que muchas pruebas fueron manipuladas.
Algunos oficiales admiten que se trató de un error militar, que puede ser juzgado como un daño colateral, pero nunca como un homicidio doloso. Están convencidos de que los pilotos terminaron sacrificados para calmar a Washington. Pero la sentencia es exhaustiva en pruebas. Los intentos de encubrimiento de la cúpula de la Fuerza Aérea no hicieron más que quitarles crédito a las versiones de los pilotos, y actuaron en su contra.
Por eso de Santo Domingo no quedan más que lecciones para la Fuerza Aérea. La primera es que no todo vale en la guerra. Hoy la FACsólo ataca en promedio cuatro de 10 blancos potenciales, para no causar daño a los civiles. La otra, quizá, que no sirve mentir.
Con un juicio en curso y una condena garantizada, a nadie le sorprendió que el año pasado el Departamento de Estado volviera a certificar a Palanquero. Poco después se supo que Estados Unidos usaría siete bases militares en Colombia y que ésta sería la principal. De inmediato el Congreso gringo aprobó 42 millones de dólares para acondicionarla.
En Colombia se bombardea todos los días y aunque se siguen cometiendo errores, no volvió a ocurrir un episodio como éste. Gracias a él, los pilotos colombianos se han convertido en los más cuidadosos del mundo. Mientras tanto, en Irak y Afganistán mueren civiles todos los días en bombardeos. Sólo unos pocos soldados norteamericanos han sido enjuiciados por ello.

4 de octubre de 2009
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primo hermano de uribe será procesado


Corte Suprema de Justicia se queda con caso de Mario Uribe. Los nueve magistrados ratificaron que el ex senador y primo del presidente Uribe, será procesado por el alto tribunal por vínculos con grupos paramilitares.
Colombia. Luego de un cambio de jurisprudencia que hizo que la Corte Suprema de Justicia reasumiera los casos de políticos vinculados con grupos paramilitares cuyos procesos estaban en manos de la Fiscalía General,  la Corte  ratificó este martes que asumirá el caso de Mario Uribe Escobar.
Uribe, ex senador y primo del presidente Álvaro Uribe, era investigando por la Fiscalía luego de que varios paramilitares lo señalaran de tener nexos con las Autodefensas Unidas de Colombia. El caso fue iniciado por la Corte Suprema de Justicia que comenzó a investigarlo tras declaraciones de los paramilitares Salvatore Mancuso y Jairo Castillo Peralta, alias ’Pitirri’, quienes lo señalaron de haber usado a los ‘paras’ para comprar tierras baratas en Córdoba y sacar provecho electoral de la presencia paramilitar en las elecciones al Congreso.
El pasado julio, la Procuraduría pidió acusar a Uribe por concierto para delinquir por promover grupos paramilitares. Su petición se fundamenta en testimonios que dan cuenta de que el político habría hecho un pacto con la también ex congresista Eleonora Pineda, quien ante las autoridades confesó haber sido parte del ala política del paramilitarismo. Pineda fue condenada por las autoridades y quedó en libertad por pena cumplida.
El caso se remonta a las elecciones legislativas de marzo de 2002, cuando Mario Uribe aspiraba al Senado y Pineda a la Cámara de Representantes.
Según Mancuso, detenido en Estados Unidos por narcotráfico, Eleonora Pineda en ese entonces le presentó a Uribe Escobar y entre los tres se hizo una alianza política para esas elecciones. El ex senador Uribe, uno de los más fieles escuderos del Presidente de la República, siempre ha negado tales pactos.
El proceso de este antioqueño, quien llegó al Congreso en 2006 con el partido Colombia Democrática y obtuvo 66.407 votos, se encontraba en etapa de cierre y un fiscal especializado tenía que decidir si lo llamaba a juicio por el delito de concierto para delinquir.
Mario Uribe fue arrestado el 22 de abril pasado, luego de que pidiera asilo político a Costa Rica, que lo rechazó. La Fiscalía decidió dejarlo en libertad condicional en atención a una petición de la defensa del ex senador que pidió revocar la detención preventiva en que se encontraba.

4 de octubre de 2009
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el fanático anticomunista del das


La fiscalía vinculó a José Miguel Narváez a la investigación por el asesinato de Jaime Garzón. José Miguel Narváez, el polémico ex subdirector del DAS, puede ser la clave para llegar a los autores intelectuales de los crímenes de los paramilitares.
Colombia. Hasta hace poco, José Miguel Narváez era un completo desconocido para la mayoría de los colombianos. Sin embargo, desde hace varios meses su nombre ha ocupado en repetidas oportunidades los titulares de la prensa. Siempre vinculado con algunos de los más oscuros episodios de la historia reciente del país.
Hace algunas semanas apareció relacionado como uno de los responsables de haber creado el polémico grupo conocido como G-3, encargado de seguimientos y ’chuzadas’ ilegales a ONG, partidos de oposición y periodistas, entre otros, los cuales se hicieron desde el DAS. Por ese caso está detenido desde hace un mes. La semana pasada volvió a ser el protagonista principal de las noticias. Esta vez por cuenta de que la fiscalía lo vinculó a la investigación por el asesinato de Jaime Garzón, ocurrido hace 10 años.
Los testimonios de por lo menos cinco ex jefes paramilitares señalan que Narváez fue quien llevó a Carlos Castaño a dar la orden de asesinar a Garzón. Pero los señalamientos en su contra van mucho más allá del homicidio del humorista.
También está relacionado como uno de los personajes principales tras el secuestro de la senadora Piedad Córdoba por parte de los paramilitares. No menos comprometedor es que en las diferentes versiones de los ex comandantes de las AUC no sólo lo vinculan con esos episodios, entre otros, sino que también queda en evidencia que desde hace por lo menos una décadas fue instructor, ideólogo y un hombre que pudo influir en los paramilitares para ejecutar muchas de sus acciones. "Se reunió en varias ocasiones con Carlos Castaño y conmigo para enseñarnos a combatir a los comunistas. Estuvo en algunas escuelas de formación de cuadros de mando y tuvo la oportunidad de adoctrinar ideológicamente a esos hombres", dijo Salvatore Mancuso en su versión libre desde la cárcel en Estados Unidos en febrero de este año, al referirse a Narváez. "Él disparaba contra todo el mundo y decía que era lícito combatir comunistas, sin importar donde se encontraran. Nos sorprendió por la fogosidad con la que habló. Luego nos dijo que tomáramos nota y sacó una lista de 50 ONG que, según él, eran propiedad de la guerrilla. Después le dije a Carlos: ’ese señor es un gran terrorista’. Me sorprendió cuando lo vi de segundo de Noguera en el DAS", afirmó recientemente en diferentes medios Freddy Rendón, alias el ’Alemán’.
Testimonios similares a los de estos dos ex paramilitares también han rendido ante las autoridades Diego Murillo, alias ’Don Berna’; Iván Roberto Duque, alias ’Ernesto Báez’, y Jorge Iván Laverde, alias el ’Iguano’. Son estas versiones, entre otras pruebas, las que hoy tienen tras las rejas a Narváez. Lo sorprendente es que aunque algunas de esas versiones llevan años y algunos de los hechos que relacionaban a Narváez también son conocidos desde hace algún tiempo, sólo ahora la justicia ha puesto sus ojos sobre un personaje con una historia que puede abrir muchas puertas y dar respuesta a grandes preguntas que la justicia no ha podido resolver.
Narváez es un ex empresario, oficial de la reserva del Ejército, que durante varios años trabajó como asesor del Ministerio de Defensa en temas de inteligencia. Fue catedrático de la Escuela Superior de Guerra y subdirector del DAS durante unos pocos meses en la era de Noguera. En diferentes épocas ha sido asesor de la Federación de Ganaderos (Fedegán), cargo que ocupó hasta hace poco antes de ser arrestado. En las Fuerzas Militares siempre ha estado relacionado con los sectores más cuestionados, como el general Rito Alejo del Río.
El hecho de que Narváez tenga que enfrentar a la justicia para responder por los graves cargos sin duda es importante. Pero lo trascendental es que las investigaciones no se limiten a descubrir la punta del iceberg. Es evidente que Narváez no actuó solo. Por eso el reto de las autoridades es llegar a establecer quién o quiénes eran los que estaban detrás de las acciones de este polémico personaje.

4 de octubre de 2009
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reclutaba víctimas de ejecuciones


En octubre de 2008, fueron destituidos 27 militares por su presunta negligencia en procedimientos castrenses y que pudieron desembocar en este delito.
Colombia. Un juez de Sincelejo condenó a 17 años y tres meses de prisión a José Dionisio Ramos Castillo, alias ‘Joselito Carnaval’, hombre que "reclutó" a cerca de 50 jóvenes de Córdoba y Sucre que posteriormente aparecieron reportados por el ejército como muertos en combate.
El 1 de noviembre de 2007, en Galeras, municipio de Sucre, el ejército reportó como abatidos en combate a Fabio Alberto Sandoval y a Eleonay Manuel González, ambos habían recibido una oferta de empleo en Sincelejo de parte del ahora convicto.
"Ramos reconoció a la Fiscalía que estaba enterado de que algunos militares buscaban jóvenes para reportarlos como muertos en combate y que, supuestamente, un soldado adscrito a inteligencia de la Fuerza de Tarea Conjunta de Sucre ofrecía 100 mil pesos por cada muchacho que fuera entregado para esos fines", explicó el comunicado.
A finales de octubre del año pasado, fueron destituidos 27 militares, entre ellos a tres generales, por su presunta negligencia en procedimientos castrenses y que pudieron desembocar en las ejecuciones extrajudiciales de 11 hombres de Soacha.
La Fiscalía ha recibido denuncias de que más 1.700 personas pudieron haber muerto en las mismas circunstancias de los 11 hombres de Soacha.
Con información de AP.

2 de octubre de 2009
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investigan a ex subdirector del das


Ex subdirector del DAS, a indagatoria en caso de Jaime Garzón. José Miguel de Narváez, en prisión por el caso de interceptaciones ilegales desde el DAS, ahora tendrá que declarar por la muerte del humorista, ocurrida hace 10 años.
Colombia. Un nuevo protagonista en el asesinato del periodista y humorista Jaime Garzón acaba de entrar a la investigación que adelanta la Fiscalía. Se trata del ex subdirector del DAS, José Miguel de Narváez, el polémico funcionario que hoy está en la cárcel involucrado en la investigación por el seguimiento ilegal a políticos y magistrados.
El anuncio lo hizo el fiscal general encargado, Fernando Pareja Reinemer a partir de una versión que entregó el jefe paramilitar Jorge Iván Laverde, alias ‘El Iguano’, quien aseguró que Narvaéz había influido a ‘Carlos Castaño’ para que acabara con la vida de Garzón, el 13 de agosto de 1999.
En una entrevista publicada por El Espectador hace un mes, ‘El Iguano’ habla sobre la responsabilidad de Narváez en el homicidio de Garzón: "No puedo afirmarlo. Se lo escuché a Cero Cuatro, un comandante muy cercano a los Castaño que se desmovilizó, me dijo que Narváez era de los que más había ‘pedaleado’ la muerte de ese señor".
Esta no es la primera vez que ex paramilitares mencionan el nombre de José Miguel de Narváez en sus testimonios. En junio de 2008, ‘El Iguano’ también había hecho referencia a las clases que impartió De Narváez a las autodefensas en campamentos del Sur de Bolívar y Córdoba.
El propio Salvatore Mancuso dijo que entre 1998 y 2002, De Narváez, que para ese entonces se desempeñaba como profesor de la Escuela Superior de Guerra, dictó una cátedra llamada "¿Por qué es lícito matar comunistas en Colombia?" a un grupo de paramilitares entre los que se encontraban él y Carlos Castaño.
Sin embargo, según Mancuso, de Narváez tenía influencia sobre Carlos Castaño, aunque el jefe paramilitar tenía reservas sobre el ex subdirector del DAS y sus conceptos porque le parecían demasiado radicales: "Cree que todos son guerrilleros", le dijo.
Mancuso también había dicho al despacho octavo de la Unidad de Justicia y Paz que se reunió en más de cinco ocasiones con Narváez en las fincas "Veintiuno" y "Quince" de las autodefensas en Urabá, entre los años 1998 y 2002. "El hombre encargado de difundir los ideales de la democracia y la paz a los mayores de Colombia, se reunió en varias ocasiones con Carlos Castaño y conmigo para enseñarnos a combatir a los comunistas", aseguró.

2 de octubre de 2009
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paramilitares denuncian silenciamiento


Cartas de ‘Don Berna’ y de ‘El Mellizo’ desde Estados Unidos. En dos comunicados independientes los ex jefes paramilitares denuncian al gobierno por obstaculizar el proceso de Justicia y Paz.
Colombia. En menos de una semana Diego Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’, ex jefe del Bloque Cacique Nutibara y Miguel Ángel Mejía Múnera, alias ‘El Mellizo’, antiguo jefe del Bloque Vencedores de Arauca, escribieron comunicados en los que denuncian que el gobierno los silenció para que no se conozca toda la verdad sobre los crímenes que perpetraron y las alianzas que tuvieron.
‘Don Berna’, en su carta fechada el 17 de septiembre de 2009 y dirigida a la Corte Suprema de Justicia, declara que "hay muchos de sectores políticos, militares y económicos de personas que aún conservan inmensos márgenes de poder e infiltración (…) quienes están interesados en que la verdad de su participación no se conozca".
Murillo, que se desmovilizó en noviembre de 2003, se quejó que su aislamiento en las cárceles colombianas y su posterior extradición a Estados Unidos en 2008, fueron estrategias del gobierno colombiano para acallar sus vínculos con funcionarios, agentes de seguridad y políticos.
El ex jefe del Bloque Cacique Nutibara además reiteró las denuncias que había hecho en una carta de diciembre de 2008 contra Alonso Salazar, alcalde de Medellín, y que hasta ahora no ha fundamentado con pruebas. Volvió a asegurar ‘Don Berna’ que los paramilitares habrían financiado y ayudado a Salazar en su elección a la Alcaldía de Medellín a finales de 2007 y opinó que el Alcalde es culpable de la violencia que padece la capital antioqueña pues "destruyó para legitimarse todos los procesos de reincorporación [de los paramilitares]".
En varias ocasiones el alcalde de Medellín ha respondido a estas acusaciones de ‘Don Berna’, con el argumento de que los ex paramilitares buscan deslegitimar su gestión. Agregó que la carta de diciembre de 2008 de ‘Don Berna’ "mezcla verdades con verdades a medias y con mentiras, que no permiten otorgarle credibilidad al documento" y que "están en el juego que buscan jugar desde el comienzo que es no dejar gobernar a Alonso Salazar".

La Carta de ‘El Mellizo’
En una carta redactada desde su cárcel en Virginia, Estados Unidos, ‘El Mellizo’ también denunció la falta de voluntad del gobierno en el proceso de Justicia y Paz. Según dijo Múnera, extraditado en 2009 por narcotráfico, desde que los vínculos entre los paramilitares y los políticos, el DAS, la Policía, el Ejército se ventilaron en versiones libres, el proceso ha sufrido un frenazo.
Declaró que sólo 17 de los 500 hombres que se desmovilizaron del Bloque Vencedores de Arauca están rindiendo versión libre. En ese sentido ‘El Mellizo’, cuyo grupo es culpable de por lo menos 1000 asesinatos en Arauca, se comprometió a organizar sus ex subalternos para que en menos de seis meses se haga claridad total sobre de los crímenes que cometieron.
Según ha sido denunciado, Mejía Múnera ingresó a las autodefensas cuando compró una franquicia a Carlos Castaño pues estaba en disputa con el Cartel de Cali. En 2001 ’El Mellizo’ fundó el Bloque Vencedores de Arauca con 200 hombres que le envió Castaño y otros 200 pagados por él. El Bloque Vencedores de Arauca se desmovilizó en 2005, pero ‘El Mellizo’ siguió delinquiendo con la banda de ‘Los Nevados’ en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Mejía Múnera fue capturado en mayo de 2008, luego de una intensa cacería policial, y extraditado a Estados Unidos en marzo de 2009. Antes de ser extraditado alcanzó a participar en varias sesiones de confesión ante los fiscales de Justicia y Paz, y contribuyó a esclarecer varios crímenes cometidos en Arauca. Desde que está recluido en una cárcel de Virginia, EE.UU., ‘El Mellizo’ se comprometió a seguir colaborando el proceso de Justicia y Paz. Sin embargo, según sus abogados, los trámites para conseguir realizar una nueva audiencia con los fiscales son demorados y por ellos, se espera que sólo rinda versión libre hasta octubre.

29 de septiembre de 2009
24 de septiembre de 2009
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estado debe indemnizar a víctimas


Nación deberá indemnizar a víctimas de masacre del Bloque Calima.
Colombia. En la tarde del 10 de octubre de 2001,  unos 35 paramilitares del Bloque Calima llegaron a tres veredas del municipio de Buga, Valle. Allí se dividieron en dos grupos. El primero, de unos 10 hombres, irrumpió en la vereda La Habana y mató a ocho campesinos. Luego el otro grupo se fue para la vereda Alaska, donde ultimaron a 15 personas. Y por último, en La Magdalena, acabaron con la vida de otras dos.
La masacre ocurrió a media hora del Batallón Palacé del Ejército, y a unos 15 minutos de una estación de Policía de La Magdalena que contaba con 20 uniformados entrenados para actividades contraguerrilla. Tanto los unos como los otros estaban advertidos de la presencia de los hombres armados en la zona, pero nada hicieron para evitar que llegaran a estas veredas y mataran a estas personas.
La fuerza pública sólo llegó al lugar, cinco horas después de la matanza. "Es evidente que ni la Policía, ni el Ejército actuaron inmediatamente, cosa que favoreció que los autores materiales pudieran huir en la más absoluta impunidad del lugar de los hechos", señala la sentencia del Juzgado Segundo Administrativo de Buga.
Por tal razón, la Nación (el Ministerio de Defensa, el Ejército, la Policía, el departamento del Valle y el Ministerio del Interior) deberá pagar a los familiares de las víctimas entre cinco y 80 millones de pesos, dependiendo del daño que se le haya causado a cada una de las familias.
Según la sentencia, si bien la masacre fue hecha por los paramilitares, la ausencia de fuerza pública facilitó que el múltiple crimen se cometiera, lo que constituye una falla en el servicio.
Así mismo, el fallo (emitido el pasado 6 de agosto) ordena a la Nación construir en un lugar público de la vereda Alaska "un monumento apropiado y digno, para recordar tal masacre, a fin de rendir un homenaje a las víctimas y familiares de estos hechos y a su vez construir memoria".
El pasado mayo, por esta masacre fue capturado el comandante del Palacé, para la época, coronel Jorge Alberto Amor Páez, a quien el jefe paramilitar del Bloque Calima, Hebert Veloza, alias ‘HH’, acusó de ser el que entregó la lista a Armando Lugo, alias ‘El Cabezón’ (uno de los ejecutores del hecho) con los nombres de las personas asesinadas.
El coronel Amor también está sindicado de coordinar y facilitar actividades del Bloque Calima, proporcionar vehículos para el transporte de sus miembros y recibir dinero a cambio. Según ‘El Cabezón’ y otro paramilitar conocido con el alias de ’el Cabo’, el oficial estuvo en reuniones con ellos y con alias el ‘Tocayo’, enlace entre autoridades civiles y militares de la zona.

27 de septiembre de 2009
©semana 
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