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condenan a chacal de chengue


Uber Enrique Bánquez Martínez, alias ‘Juancho Dique’, fue condenado por el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Sincelejo a 23 años y ocho meses de prisión, por su responsabilidad en la masacre de 28 campesinos del corregimiento Chengue, municipio de Ovejas (Sucre).
Colombia. Ante un fiscal de Derechos Humanos y DIH, alias ’Juancho Dique’ reconoció haber sido responsable de la masacre y aceptó los cargos por los delitos de homicidio agravado, concierto para delinquir, desplazamiento forzado, y hurto calificado y agravado.
La masacre de Chengue fue realizada por paramilitares del Frente ‘Héroes de Los Montes de María’ de las Auc, quienes en la madrugada del 17 de enero de 2001 sacaron a los pobladores de sus viviendas y luego de llevarlos al parque del poblado asesinaron a 28 de ellos.
Alias ‘Juancho Dique’, preso en la cárcel Modelo de Barranquilla, también fue condenado a multa de 2.507 salarios mínimos legales mensuales vigentes.
En julio de 2008, el juzgado Cuarto Administrativo del Circuito de Sincelejo condenó a la Nación a pagar a cada una de las víctimas de esta tragedia 300 salarios mínimos mensuales.
El Juzgado concluyó que los daños sufridos por los demandantes les son imputables a las entidades demandadas, en este caso a la Nación, al Ministerio de Defensa y Policía Nacional, por omisión debido a la ausencia de fuerza pública en Chenque y sus alrededores.
En otro fallo, la Procuraduría General de la Nación sancionó disciplinariamente al contralmirante Rodrigo Quiñónez, quien a la fecha (17 de enero) se desempeñaba como comandante de la Primera Brigada de Infantería de Marina con sede en Sincelejo,.
Igualmente, fueron sancionados el capitán de Fragata Óscar Saavedra Calixto, el capitán de Corbeta Camilo Martínez Moreno, el suboficial de Infantería de Marina Rafael Bossa Mendoza y el suboficial segundo Rubén Darío Rojas Bolívar.
Según la Procuraduría se pudo demostrar que la Fuerza Pública no realizó las operaciones debidas, pese a que las poblaciones de Chengue, Don Gabriel y Salitral en Ovejas habían alertado de un ataque paramilitar.
Esta masacre se realizó en una época en la que se dio la expansión paramilitar en Sucre con la colaboración de políticos y militares. Entre el año 2000 y el año 2004, los paramilitares realizaron 16 masacres, que dejaron como saldo un total de 77 víctimas. Estos acontecimientos a su vez precedieron episodios de desplazamiento masivo de familias del departamento hacía distintas zonas del país, ocasionando una grave crisis humanitaria.
El 7 de Noviembre de 2005 el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo presentó una denuncia ante la Comisión Interamericana por la masacre, alegando que el Estado colombiano violó varias normas consagradas en la Convención Americana. El 23 de Julio de 2007, la Comisión aprobó el Informe de Admisibilidad y se espera que analice la demanda.

La Masacre de Chengue
La investigación de la Procuraduría sobre la masacre da cuenta de que en la mañana del 16 de enero de 2001, un suboficial de la Armada se reunió con el paramilitar Rodrigo Pelufo, alias ‘Cadena’, jefe del bloque Montes de María. El encuentro ocurrió en la finca El Palmar, en el municipio de San Onofre, donde el militar le entregó armas, camuflados y municiones a cambio de "un fajo de billetes".
A las 11 de la noche del mismo día, dos policías reportaron haber visto tres camiones llenos de hombres vestidos de camuflado y armamento de largo alcance en la vía que de San Onofre conduce a Toluviejo.
En los libros de comando de la Policía de Sucre consta que antes de las 12, el coronel Rodrigo Quiñónez, entonces comandante de la primera brigada de Infantería de Marina, fue informado del tránsito de los vehículos con paramilitares.
Después, él les ordenó a sus subalternos verificar la información, a pesar de que "desde ese momento podía ser calificada como clara, actual y seria", según lo considera la Procuraduría. "Se tornaba irrelevante e inocua una labor de análisis y verificación de los datos", señala ese ente de control.
Por eso, a la compañía Dragón, que se encontraba cerca de Chengue, a unos ocho kilómetros, nunca le dijeron nada sobre los tres camiones que viajaban por la vía hacia ese corregimiento.
La Procuraduría consideró en su momento, que desde cuando le avisaron al coronel Quiñónez de la presencia de los paramilitares, hasta la hora de la masacre (4:45 de la mañana, aproximadamente), tuvo suficiente tiempo para que sus tropas reaccionaran. Además, "tenía a su disposición los recursos logísticos idóneos para impedir el hecho, y concretamente camiones y helicópteros para transportar la tropa".
Para el ente de control, los militares sólo reaccionaron después de haberse cometido la masacre. Por eso, ordenó sanciones disciplinarias contra cinco oficiales y suboficiales de la Armada Nacional.
En 2005, el entonces representante Gustavo Petro hizo un debate sobre el paramilitarismo en Sucre. En su intervención, dijo que no entendía por qué la Procuraduría había sido tan drástica con los militares y no con los policías. Para él, éstos fueron quienes realmente permitieron el tránsito de los hombres que masacraron a los campesinos de Chengue.
Según dice, hay evidencias de que en los libros de la Policía de Sucre fueron borradas las horas en que vieron los camiones con hombres armados y vestidos de camuflado. "Eso ocurrió a las 7 y media de la noche, y no a las 11, como dicen", manifestó Petro.
Con base en testimonios, el entonces representantes denunció que "hasta hubo intercambio de gritos entre los uniformados y los hombres de los camiones". Pero "sólo vinieron a comunicarle la presencia de los paramilitares a los oficiales de la Armada a las 11, cuando ya ellos estaban en Chengue. Allí esperaron para atacar al amanecer". Luego, aseveró que "no hay sanciones contra los policías y sí contra los militares, que fueron los únicos que se movieron esa noche".

Horrible Amanecer
Lo cierto de todo es que, sin mayores tropiezos, los paramilitares llegaron a Chengue en la madrugada del 17 de enero. Allí "se vivía bueno", según sus habitantes. La población se sostenía, principalmente, del cultivo y la venta de aguacates y maíz, cuya calidad era reconocida en la región. Las casas tenían servicios de energía y agua, y estaba en proceso la construcción de un alcantarillado.
Sí los visitaban guerrilleros del frente 37 de las Farc, al mando de ‘Martín Caballero’, que era el grupo que tuvo presencia durante mucho tiempo en la zona. Sin embargo, nunca vivieron una escena tan violenta en el corregimiento.
María vivía feliz. De hecho, a sus 42 años jamás había probado habitar en ningún otro sitio. Su matrimonio con Jaime Meriño duró 27 años, hasta el día de la masacre. Siempre estuvo tan enamorada como el día en que lo aceptó por esposo ante el cura. A punta de amor, lograron conseguir un patrimonio, lo que les ayudaba a ser más felices aún. "Teníamos una casa propia con los muebles en la sala, el comedor, la nevera, la licuadora, el abanico... lo teníamos todo".
Pero en aquel inolvidable amanecer, despertó de un brinco cuando sintió que golpearon violentamente la puerta de su casa. Eran hombres armados que les ordenaron salir a la plaza a ella, su esposo y sus dos hijos. Estaba oscuro. Los ‘paras’ habían cortado la energía antes de pasar por cada vivienda. En el parque estaban otras familias del corregimiento. A los hombres los hicieron tenderse en el suelo, bocabajo.
Uno por uno, los ‘paras’ hicieron pasar a los señores a otro lugar de la plaza, dizque donde estaba el computador. Pero María ya sabía que iban hacia la muerte. Ninguno regresaba. Se desesperó viendo que en el suelo estaban 10 varones de su familia, incluido Jaime, su esposo. Suplicando, les dijo a los ‘paras’ que la mataran a ella, que no iba a ser capaz de seguir viviendo sola, sin apoyo, sin sus parientes y con dos hijos por sacar adelante.
Pero la ignoraron y, pronto, empezaron a decirles a sus familiares que fueran a donde estaba el computador. Cuando ellos llegaron allí, encontraron que en realidad se trataba de un ‘matadero’, donde ya habían muerto sus vecinos, después de haber sido sindicados de auxiliadores de la guerrilla. Todos recibieron golpes en la cabeza con mazos de moler piedra. Así murieron 24 campesinos. Pocos alcanzaron a escapar. A otros tres se los llevaron y aparecieron muertos al rato.

Condenados al Destierro
Después de provocar un verdadero ‘océano’ de sangre, los paramilitares pintaron en las paredes de algunas casas letreros que decían "fuera, guerrilla comunista".
Luego saquearon y quemaron algunas viviendas. Antes de partir, les dijeron a las mujeres y a los niños que se hicieran a la idea "de que ya perdieron este pueblo. Si a la próxima regresamos y los encontramos, terminamos con todos ustedes".
Al escuchar eso, María salió corriendo con su hijo, de 15 años, y su niña, de 8. Todo lo que representaba su alegría, quedó atrás. Eso les pasó a las otras 300 personas que tuvieron que salir esa noche. Cuando se inició el éxodo, aparecieron en el aire helicópteros, disparando.
María corrió mucho; se fue por matorrales; pasó el día caminando, huyendo. De repente, se sintió sola. No veía ni a sus hijos, ni a sus vecinos, ni a su familia. Entonces volvió a correr desesperada por matorrales que no conocía, tratando de hallar alguna pista de los suyos. Hasta que llegó a Ovejas a las 9 de la noche. Allí supo que los vecinos le habían llevado por buen camino a sus hijos.
Era apenas el comienzo del sufrimiento. María, acostumbrada a tener su casa, sus enseres, empezó a pagar arriendo, a dormir en colchonetas. Aún está sin cultivos ni de aguacate, ni de maíz.
Lo único que le queda es su fuerza de trabajo, que vende en el servicio doméstico "por muy poquita plata, porque eso lo pagan muy mal". Para cubrir los gastos de alimentación, estudio de los muchachos y servicios, hace pasteles y los vende en la calle. A pesar de tantos esfuerzos, sus hijos han tenido que dejar de estudiar por largas temporadas, debido a la falta de dinero. Así han sido los últimos siete años para ella.

Sin Justicia
Mientras tanto, el caso de la masacre se rodeaba de misterio, de injusticia. La fiscal Yolanda Paternina quedó encargada de la investigación. Cinco días después de la matanza, supo que los 80 hombres que asesinaron a los campesinos de Chengue estaban acampando en el predio Chile, en San Onofre.
La funcionaria les manifestó a los militares "su voluntad de intentar la captura de los responsables de la masacre. Sin embargo, no encontró respaldo", según la investigación de la Procuraduría. Pese a todo, los hallazgos de la funcionaria fueron revelando cada vez más verdades sobre el caso.
En agosto de ese mismo año, Luis Camilo Osorio asumió como Fiscal General de la Nación. Según le dijo un fiscal a la ONG Human Right Watch, una de las primeras consignas del nuevo funcionario a sus subalternos fue que "redujeran la atención que se les da a los casos de actividad paramilitar".
Según esa organización, Osorio despidió o hizo renunciar a varios fiscales que llevaban casos de graves violaciones a los derechos humanos. A otros les quitó los expedientes cuando ya tenían bien avanzadas sus investigaciones.
Por esos días, también apareció Jairo Castillo, conocido con el alias de ‘Pitirri’, que hoy es el testigo estrella del caso de la para-política. Él señaló al coronel Quiñónez y a ‘Cadena’ como los responsables de la masacre.
Su testimonio era de vital aporte para las averiguaciones que ya había hecho la fiscal Paternina. Confirmaba lo que años más tarde reveló Petro en el Congreso: la relación entre políticos de la región con los grupos paramilitares que perpetraron la masacre. La verdad a la que estaba llegando la funcionaria era producto de un trabajo coordinado con otros investigadores. Dos de ellos desaparecieron en junio. Su paradero es incierto.
En realidad, la fiscal estaba adentrándose en terrenos oscuros, tenebrosos. Y eso le costó la vida. El 29 de agosto, hombres armados la mataron en Sincelejo, cuando llegaba a su apartamento en compañía de su esposo y sus hijos. Más tarde, ‘Pitirri’ declaró que el gobernador de Sucre, Salvador Arana, fue quien ordenó el homicidio y que lo ejecutó ‘Cadena’.
Tras la muerte de la fiscal, la investigación quedó en manos de Oswaldo Enrique Borja, del CTI. Un año más tarde, el primero de julio de 2002, fue muerto a tiros cuando salía de su casa en Sincelejo. Todo esto, daba cuenta de que quien tocara los folios, derramaría sangre.
En últimas, el expediente pasó de mano en mano y se perdió tiempo valioso para adelantar la investigación, según deduce la Human Right Watch. Osorio terminó absolviendo al coronel Quiñónez de cualquier responsabilidad penal sobre la masacre.
Mientras tanto, toda la región de los Montes de María seguía impregnándose de terror. Al miedo por las masacres, las desapariciones y los uniformes camuflados y verde oliva, se sumó la desconfianza en la justicia. Las víctimas siempre estuvieron al tanto de lo que ocurría con los procesos, bien fuera porque sus abogados llegaban con las malas nuevas, o por los medios de comunicación.

Colón Trajo Confianza
Por esos días, ya era famoso el nombre del coronel Rafael Colón, de la primera brigada de Infantería de Marina, que se había convertido en una amenaza para los narcotraficantes, paramilitares y guerrilleros de los Montes de María.
Al poco tiempo, llegó el proceso de desmovilización de los ‘paras’. ‘Cadena’ fue a dar a Santa Fe Ralito, después de ser acorralado por los hombres de Colón.
Con él, la Armada inició una campaña para que la gente perdiera sus miedos hacia los militares. Fue una ardua labor. Lo primero que hizo fue reportar logros en las operaciones contra los grupos armados. Los persiguieron por tierra, mar y aire. Hicieron capturas. Allanaron sus propiedades y, con minuciosa inteligencia, lograron incautar en menos de un año 3,5 toneladas de cocaína en el golfo de Morrosquillo.
El coronel Colón tenía en una mano los recursos y los hombres para dar golpes militares a los grupos ilegales. En la otra, debía tener algo que parecía un imposible: la confianza de la gente. Quiso agarrarla. Para lograrlo, visitó casa por casa de cada poblado por donde pasaba. Dedicó largas horas al diálogo con la gente. Escuchó sus temores. Planteó soluciones.
Se fue ganando a la gente y, al mismo tiempo, se volvió una incomodidad para algunos políticos cercanos a ‘Cadena’. Algunos, incluso, movieron influencias para sacarlo de la zona, argumentando que sólo perseguía a los paramilitares, pero que estaba olvidándose de los guerrilleros. A lo que el oficial respondió que "el 95 por ciento de la tropa está destinado a las zonas donde operan las Farc y apenas 5 por ciento en la lucha contra las AUC".
Quienes quisieron tumbarlo, no lo lograron. Al contrario, en 2005 el coronel Colón quedó a cargo del comando de la primera brigada de Infantería de Marina, el mismo puesto que hacía pocos años había ocupado el coronel Quiñónez.
Cuando Colón acababa de asumir su nuevo cargo, ‘Cadena’ estaba ausente, concentrado en el proceso de desmovilización en Ralito. Pero en noviembre de ese año, se desapareció. No se sabe si está muerto o vivo. Lo cierto es que la gente de la región tiene confianza en que, si vuelve, no habrá motivo para pensar que está aliado con Colón.
Él les ha sabido inspirar tranquilidad. Líderes y habitantes hablan de una percepción muy diferente sobre el camuflado. "Tenemos buena relación con los soldados. Incluso, uno los ve por ahí a cada rato y nos tratamos bien", comenta Dulis Acevedo, una líder de Chengue que está coordinando el retorno de sus vecinos desplazados.

Difícil Regreso
Por eso han vuelto 22 de las 60 familias que huyeron de Chengue tras la masacre. Junto con Acción Social de la Presidencia, se están haciendo labores para acondicionar el pueblo para quienes decidan volver.
María aun no se le mide al retorno porque ya compró una casa de 12 millones de pesos en Ovejas con un subsidio que le dio el Gobierno. No tiene muebles ni una cocina dotada, pero la siente como su nuevo hogar.
Volver a Chengue, para ella, es empezar de nuevo. El corregimiento está sin energía, sin agua y el proyecto de alcantarillado está quieto. Las casas, por mucho, tienen puertas y ventanas. Ya no es lo que fue. Y menos con la imagen latente de los 24 cuerpos tendidos en el suelo, muertos y bañados en sangre.
María tardó dos años en visitar a Chengue. Cuando volvió, fue duro. Revivió la escena que no quería repetir. Pero debía volver porque allí sigue teniendo su finca, donde los árboles de aguacate siguen dando frutos. De vez en cuando va, echa un vistazo, recoge lo que pueda llevarse y sale de nuevo hacia Ovejas.

Ni Justicia, Ni Perdón
El deterioro del pueblo va más rápido que la justicia. Tanto, que ya no hay esperanza de que ésta llegue. En febrero de 2007 se abrió una esperanza. La Fiscalía encontró que había suficientes motivos para vincular al coronel Norman Arango, que para la fecha de la masacre era comandante de la Policía de Sucre, a un oficial y un suboficial.
Los cargos son por omisión, al no entregarle la información oportuna a la Armada sobre el tránsito de los tres camiones cargados con paramilitares que iban hacia Chengue, tal y como lo denunció Petro en 2005.
Son muchos los vinculados en la masacre. Muchos los investigados. Pero sólo hay dos condenados y hacen parte del grupo de 80 ‘paras’ que perpetraron la matanza. Por eso, ya nadie sueña con justicia. Con reparación, menos porque apenas hace unos meses el paramilitar ‘Juancho Dique’ reconoció en versión libre su participación en la mortandad. Y lo que sigue es largo.
Lo único que está al alcance es que alguien siquiera se digne a pedir perdón. Eso esperaban en Chengue en el séptimo aniversario de la matanza. Y no llegó. Quién sabe si será posible que escuchen algo que tantas personas deben pedirles y que están dispuestos a conceder sin siquiera pensarlo, porque unos cuantos, quizá menos que los implicados en el crimen, han sabido inspirarles confianza.

18 de junio de 2009
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perpetua para violadores de niños


Casi listo el referendo de cadena perpetua a violadores.
Bogotá, Colombia. El proyecto de ley que permitiría consultar a la ciudadanía si quiere que se sancione hasta con cadena perpetua a los asesinos y violadores de niños fue aprobado en la plenaria del Senado. Con este debate el proyecto cumplió sus cuatro discusiones reglamentarias, pero deberá ser conciliado antes del viernes por ambas corporaciones y de ahí pasará al control de la Corte Constitucional.
Este proyecto de referendo fue, de tres proyectos semejantes, el único que salió sin mayores contratiempos de su trámite en esta legislatura. El proyecto de referendo reeleccionista está enredado en el proceso de conciliación de su texto entre las dos cámaras, pues los congresistas temen perder la investidura si participan en ese trámite.
Y, el proyecto de referendo del agua fue devuelto a la Comisión Primera de la Cámara para que comience nuevamente su discusión, pues esta célula legislativa lo modificó en su espíritu inicial y la decisión fue apelada por los ponentes ante la Comisión de Ética.
Si el proyecto de referendo para la cadena perpetua de acosadores de niños sale del Legislativo después de su conciliación deberá pasar a la Corte Constitucional para su revisión. Luego, más de 7 millones de votantes deberán acudir a las urnas y más de la mitad deberá votar por el sí, para que la Justicia pueda imponer hasta la cadena perpetua a quienes cometan "delitos de homicidio doloso, violación y explotación sexual, lesiones personales agravadas y secuestro cometidos contra menores de 14 años y menores de edad con discapacidad física y/o mental", según reza la propuesta.
En el recinto se encontraba el fiscal Mario Iguarán y la concejala de Bogotá, Gilma Jiménez, quienes fueron algunos de los impulsores de la iniciativa. No obstante, por decisión de la mesa directiva fueron retirados del recinto mientras se discutió el proyecto de Ley que busca poner en cintura la venta y promoción del tabaco.
En las tribunas del Salón Boyacá, donde se llevó a cabo la sesión, también estaban los padres de la niña Katherine Huertas, quien fue asesinada y abusada sexualmente en 2004.
En entrevista con Semana.com Gregorio Huertas, padre de la niña, expresó su satisfacción por la aprobación de la iniciativa. "Las demás personas, que no han sufrido el abuso de uno de sus familiares, tal vez no entienden. Pero uno como padre sí espera que haya justicia", dijo.
La imagen de la niña fue uno de los símbolos de la campaña, que le dio la vuelta a todo el mundo.
El pasado 29 de abril, la Interpol capturó al responsable de los hechos, Ruddy Suárez Corrales, en Grecia. Un juez lo había condenado a cuarenta años.
"Yo espero que no haya ninguna rebaja de penas por lo que hizo, pues si la ciudadanía vota el referendo positivamente, a él (Suárez) no lo alcanza a cobijar la cadena perpetua, por eso insistimos en que no tenga ningún beneficio de la justicia", dijo Huertas.
El proyecto fue modificado en la Comisión I del Senado en donde se incluyó la palabra "hasta" en su redacción. Así un juez podrá aplicar hasta la cadena perpetua, como pena máxima para los violadores de niños, según su consideración. Como fue radicado en un principio, el juez no hubiera podido disponer de otra pena distinta.
Como se aprobó la norma es menos polémica. La original que buscaban los promotores del referendo que obligaba al juez a imponer cadena perpetua a todos los agresores de lo niños, según temían algunos, podía llevar a que se cometieran graves injusticias, sobre todo en un país donde la justicia es tan débil como Colombia.

18 de junio de 2009
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onu investiga ejecuciones extrajudiciales


Relator de ejecuciones extrajudiciales de la ONU llega a Colombia. La Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas evaluará el informe que el relator presentará en su sesión del próximo año.
Bogotá, Colombia. La Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas evaluará el informe que el relator presentará en su sesión del próximo año.
El emisario de la ONU recopilará información sobre falsos positivos y otros crímenes que presentará ante el Consejo de Derechos Humanos de esa organización en 2010. Se reunirá con funcionarios del gobierno y organizaciones sociales.
Philip Alston, Relator Especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias de Naciones Unidas, empezó este lunes una visita a Colombia, donde estará hasta el 18 de junio.
El relator estará en Bogotá, Antioquia, Meta y Santander, lugares particularmente afectados por ejecuciones de civiles por parte de la Fuerza Pública.
Alston también recogerá información sobre el estado de las investigaciones de asesinatos cometidos tanto por los grupos armados ilegales, como guerrilla y paramillitares.
"Quiero recalcar que iré más allá y me ocuparé de todas las ejecuciones de la Policía, de las Fuerza Armadas, y también ejecuciones cometidas por otros grupos de la sociedad que han quedado impunes", señaló Alston hoy en el Congreso de la República durante la audiencia pública sobre ejecuciones extrajudiciales.
"No me ocupó sólo de falsos positivos", recalcó Alston.
Las funciones entregadas a este relator por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU son investigar y presentar informes sobre ejecuciones arbitrarias, investigar e informar sobre las medidas legales que se hayan tomado para castigar a los responsables de éstas.
Su informe final será presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2010.
Durante su visita de 10 días, Alston se reunirá con organizaciones de la sociedad civil quienes expondrán la situación de derechos humanos, paramilitarismo, guerrilla, impunidad y casos de ejecuciones extrajudiciales.
En el mismo espacio, las organizaciones internacionales harán un llamado al relator para que se garantice el ejercicio de las organizaciones de derechos humanos.
El 12 de junio el relator iniciará un recorrido por las ciudades de Medellín, Bucaramanga y Villavicencio donde sostendrá reuniones con familiares de víctimas de diferentes regiones, y recibirá de primera mano sus testimonios. También se reunirá con funcionarios del gobierno, congresistas, magistrados, víctimas, testigos de asesinatos y organizaciones de la sociedad civil.
El pasado mes de septiembre, la mesa sobre ejecuciones extrajudiciales de la Coordinación Colombia- Europa -Estados Unidos, una alianza de Ongs, presentó un informe detallado sobre los casos ocurridos por parte de la fuerza pública durante el periodo 2007-2008 el cuál evidenció la gravedad de la situación.
Ese mismo mes, el Gobierno Nacional adoptó una serie de medidas para corregir este fenómeno, entre ellas la destitución de 17 militares de alto rango.

15 de junio de 2009
8 de junio de 2009
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ecuador demanda a colombia


Por la presunta ejecución de Franklin Aisalla (ecuatoriano) por el ejército colombiano durante la operación en la que murió Raúl Reyes, Ecuador demandó a Colombia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Franklyn Aisalla murió tras el ataque de tropas colombianas a un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano.
[Hernando Salazar] Bogotá, Colombia. Ecuador demandó este jueves a Colombia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, por la muerte de Franklin Aisalla Molina durante la operación en que se abatió al guerrillero Raúl Reyes, el primero de marzo de 2008.
El procurador de Ecuador, Diego García, fue el encargado de presentar el reclamo en la sede de la CIDH en Washington. Tras una reunión de media hora con el secretario general de la CIDH, Santiago Cantón, García dijo a la prensa que "lo que busca Ecuador es que se reconozca la violación a los derechos fundamentales de Aizalla y su familia" por lo que definió como una "ejecución sumaria".
La demanda, un texto de 90 folios conocido en su integridad por BBC Mundo, asegura que la muerte de Aisalla, un ecuatoriano de 38 años, fue una ejecución extrajudicial y no producto del bombardeo de la Fuerza Aérea Colombiana contra el campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ubicado en la provincia de Sucumbíos, Ecuador.
En ese campamento, a 1,8 kilómetros de la frontera con Colombia, se encontraba Reyes, el número 3 de las FARC, con cerca de medio centenar de personas, cuando se produjo el bombardeo.
Las fuerzas militares de Colombia sostienen que Reyes huyó de territorio colombiano hacia Ecuador una vez que se inició una operación militar en la que participaron 3.000 hombres del Ejército, la Armada y la Policía, así como aviones de la Fuerza Aérea.
El balance del número de muertos depende de la fuente. Colombia informa sobre 18 y Ecuador contabiliza 25. Además del ecuatoriano Aisalla, en la Operación Fénix fallecieron cuatro ciudadanos mexicanos, que eran estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Otra estudiante de la UNAM, Lucía Moretti, y dos colombianas resultaron heridas y auxiliadas por las fuerzas militares de Ecuador.
Inicialmente el cadáver de Aisalla fue llevado, junto con el de Raúl Reyes, a Bogotá. Las autoridades colombianas presumían que Aisalla era un guerrillero conocido como Julián Conrado, pero después establecieron su verdadera identidad y lo entregaron a sus familiares.

¿Muerte a Golpes?
Basado en un análisis hecho en Ecuador, y elaborado por los forenses franceses Bertrand Ludes y Tania Delabarde, la demanda ante la CIDH sostiene que Aisalla murió por "los golpes infligidos y reiterativos con fuerza en el cráneo".
Ecuador culpa de esos golpes a los hombres del ejército, la policía y la armada colombiana que entraron a su territorio después del bombardeo.
"El Estado de Colombia tuvo control sobre áreas del territorio de Ecuador, durante el desarrollo del Operativo militar, que se extendió desde las 00:00 horas del primero de marzo hasta aproximadamente las 08:00 horas del 2 marzo de 2008, teniendo así jurisdicción, ergo responsabilidad", señala la demanda.
En mayo de 2008, cuando se conocieron las conclusiones de los forenses franceses, el gobierno colombiano calificó como "falaces" las afirmaciones del gobierno ecuatoriano e insistió en que Aisalla murió durante el bombardeo.
La Operación Fénix produjo el rompimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países y la más grave crisis diplomática entre Ecuador y Colombia, que sigue sin superarse.
La CIDH está encargada de velar por el cumplimiento de la Convención Americana de Derechos Humanos y de acusar ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos a los estados que no acaten sus informes.
Esta es la segunda demanda de Ecuador contra Colombia, después de que en 2008 el gobierno de Quito inició una acción legal contra Bogotá en el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya por los supuestos efectos negativos de las fumigaciones con glifosato en la frontera entre los dos países.

El Papel de la CIDH
La demanda ante la CIDH alega que en el caso de Franklin Aisalla el estado colombiano violó los derechos a la vida, a las garantías judiciales y a la protección judicial contemplados en la Convención Americana de Derechos Humanos.
La demanda, dirigida al secretario ejecutivo de la CIDH, Santiago Cantón, y firmada por el procurador general de Ecuador, Diego García Carrión, será entregada personalmente en Washington por el canciller de ese país, Fander Falconí.
Para acudir ante la CIDH los demandantes deben demostrar que se han agotado los recursos internos en un país para investigar y sancionar los hechos.
Ecuador alega que, pese a que el certificado de defunción de Aisalla fue expedido en Colombia, el estado colombiano no ha investigado, ni penal ni disciplinariamente, la muerte de Aisalla.
"A pesar de los múltiples requerimientos de asistencia penal internacional, hechos por el Ministerio Fiscal General de la República de Ecuador, a través de exhortos a las autoridades colombianas, estas han omitido dar respuesta a los requerimientos formulados, con lo que han bloqueado y obstruido la acción de la justicia en Ecuador, en tanto no han permitido, ni posibilitado, la individualización e identificación del personal que actuó como autor material o intelectual de la ejecución extrajudicial de Franklin Guillermo Aisalla Molina", dice el alegato.
La CIDH deberá evaluar si admite o no la demanda. Esto podría tomar hasta tres años, si se tiene en cuenta que la comisión recibe numerosos casos y cuenta con poco personal.
Sin embargo, teniendo en cuenta que se tata de la demanda de un estado contra otro, no se descarta que el trámite se acelere.

Un Trámite Largo
En caso de admitir la demanda, la CIDH se toma al menos dos años más para producir un informe, luego de escuchar a las partes. Ese informe equivale a un fallo, que las partes deben acatar.
Si la Comisión Interamerciana considera que su informe no es acatado por las partes, puede llevar el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde el proceso podría tomar al menos un año y medio más.
En su demanda, Ecuador formula nueve peticiones ante la CIDH. Quiere que se le ordene a Colombia que investigue y juzgue "a todos los responsables materiales e intelectuales de la ejecución extrajudicial de Franklin Aisalla Molina".
Ecuador también busca que se repare "adecuada e integralmente" a los familiares de Aisalla, que se realice un acto público para presentar disculpas a las víctimas y sus familiares y al Estado de Ecuador, que se emita un documental por televisión, que el Estado colombiano garantice la no repetición de hechos como los del primero de marzo de 2008 y que se instaure en los colegios de Colombia "una cátedra relacionada con los derechos a la autodeterminación y soberanía de los Estados, así como las prohibiciones existentes para los Estados, de promover actos de agresión y crímenes internacionales".
El caso apenas empieza y aún no se conoce una respuesta del estado colombiano.
Los expertos consultados por BBC Mundo anticipan que, independientemente de las conclusiones a que llegue la CIDH, la discusión será larga y dispendiosa.

15 de junio de 2009
11 de junio de 2009
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ley de víctimas en entredicho


Que se hunda la ley de víctimas, si no se ajusta: las víctimas. En la plenaria de la Cámara comenzó el cuarto debate del proyecto de ley que busca reparar a las víctimas del conflicto. Más de seis mil cartas pidieron que la propuesta se hunda porque no cumple con la jurisprudencia vigente.
[León Darío Peláez] Bogotá, Colombia. Con carteles y fotografías que recordaban a sus seres queridos,se presentaron algunas víctimas del conflicto armado en la Cámara de Representantes durante el cuarto debate del proyecto de ley que busca regular la reparación a quienes han padecido por el conflicto.
Las víctimas, además, radicaron más de 6 mil cartas en las que pidieron al Congreso que hundiera el proyecto de ley que está en discusión. La razón: según las organizaciones de víctimas, como fue aprobado el proyecto en su debate anterior, no cumple con los cánones para la reparación.
La sesión terminó este martes pasadas las diez de la noche. Durante varias horas los representantes escucharon a los ponentes: el representante liberal Guillermo Rivera, y el representante conservador Humberto Mantilla.
El primero defendió los principios que incluyó el proyecto al momento de ser concebido: que la reparación tiene que ser integral, que no se puede limitar a lo establecido por el gobierno en el decreto 1290, que se debe incluir dentro de las víctimas a aquellas que lo han sido por los agentes del Estado (soldados, policías, etc.), que el Estado debe reparar porque es su responsabilidad, y que la restitución a las víctimas no debe incluir solamente sus tierras sino sus bienes e inmuebles. El representante Rivera pidió al gobierno que derogara el decreto 1290 por no estar ajustado a lo que dice la ley y recordó que varias sentencias de la Corte Constitucional han dado la razón a las víctimas del conflicto que han demandado que el Estado no los ha reparado integralmente.
Mantilla expuso la ponencia mayoritaria del gobierno, en la que se establece que el Estado repara por "solidaridad"; excluye las víctimas de agentes de Estado de la reparación administrativa; fija los montos de reparación según los topes definidos en el decreto 1290; y exige una prueba para que la víctima pueda considerarse como tal. La coalición de gobierno fue más lejos y aseguró que los fallos de tutelas, en los que la Corte Constitucional le han dado la razón a las víctimas, no se deben vincular en la creación del proyecto de ley.
El Ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, intervino para defender la actuación del gobierno en el tema de la reparación. Dijo que el gobierno repararía por vía administrativa, en los próximos días, a 10 mil víctimas.
También dijo que el gobierno no toleraba la violación de los derechos humanos "sea quien sea el victimario". No obstante, advirtió que no se debía aprobar un proyecto de Ley que no cuenta con los recursos. Y reiteró que las víctimas de agentes de Estado debían vencer en juicio a sus victimarios para acceder a la reparación. En respuesta a la petición de Rivera de derogar el decreto 1290, dijo que era "indignante" su insinuación.
Para Iván Cepeda, presidente del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, excluir del universo de víctimas a las de agentes del Estado es ir contra postulados internacionales de reparación.
 Por esta razón, desde ya las organizaciones sociales planean sendas demandas ante la Corte Constitucional, una vez sea probado el proyecto. Otras prefieren que el proyecto, como fue aprobado por la mayoría del gobierno en su tránsito por la Comisión I de la Cámara, no se apruebe.
El debate continuará el próximo martes.

3 de junio de 2009
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nuevas perspectivas en caso galán


Caso de Luis Carlos Galán podría tomar nuevo rumbo. La revisión del fallo de absolución al ex senador Alberto Santofimio por la muerte del candidato presidencial, podría darle un nuevo aire a la investigación que tras veinte años no ha encontrado al verdadero culpable.
Bogotá, Colombia. Este martes la Corte Suprema de Justicia aceptó las casaciones interpuestas por la familia Galán y la fiscalía para que se reconsidere el segundo fallo que absolvió al ex parlamentario liberal, Alberto Santofimio de una condena de 24 años de cárcel que le dictó el Juzgado 1 Penal del Circuito Especializado de Cundinamarca por su supuesta participación en la muerte del ex candidato presidencial, Luis Carlos Galán Sarmiento.
Esta mañana el abogado penalista Yesid Reyes, explicó en La W que esta decisión de la Corte no implica un pronunciamiento de fondo sobre el proceso de Santofimio. Lo único que demuestra, por ahora, es que el recurso de casación interpuesto por la familia Galán y la fiscalía fueron bien presentadas y que iniciará una revisión detallada.
Según este abogado, la Corte podría anular la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá en la que absuelve a Santofimio y eventualmente condenar a Alberto Santofimio.
Por último, aclaró que en esta demanda de casación la Corte no podrá tener en cuenta nuevas pruebas o testimonios, porque el material probatorio de este caso ya fue recogido y evaluado en su momento.
El senador liberal Juan Manuel Galán, hijo de Luis Carlos, recordó en La FM la presunta responsabilidad que agentes del Estado tienen en el crimen de su padre, ocurrido hace casi 20 años, y su convicción de que Alberto Santofimio Botero es uno de los autores intelectuales del magnicidio.
Ante el temor de varios sectores por la posible prescripción del caso que cumple en agosto próximo 20 años, el fiscal Mario Iguarán se pronunció y negó dicha posibilidad.
"En ningún momento la investigación que se adelanta por el asesinato del ex candidato a la Presidencia de la República, Luis Carlos Galán Sarmiento, prescribirá o tendrá vencimiento de términos, pues se trata de un delito de lesa humanidad", indicó el fiscal.
Además recordó que "de acuerdo a la doctrina internacional para que se pueda predicar o aducir el dolo en el genocidio no es necesario aniquilar, acabar y asesinar a la totalidad del grupo, ya que es suficiente para imputarlo (el dolo) con que se acabe, se ultime o se asesine al líder o directivo del grupo que se trate".

3 de junio de 2009
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54 militares presos por falsos positivos


Se eleva a 54 el número de militares presos por falsos positivos en Soacha.
[Libardo Cardona] Bogotá, Colombia. Luego de una maratónica sesión, que comenzó el martes temprano y se extendió hasta la medianoche, un juez ordenó la detención de 17 militares del ejército, incluyendo un coronel retirado, por la muerte en marzo del 2008 de un joven de un grupo de hombres ejecutados extrajudicialmente.
La muerte de Julián Oviedo Monroy, de 19 años, fue tratada en esta audiencia como parte del proceso que se viene realizando en torno a las ejecuciones de los 11 hombres, quienes fueron reportados como rebeldes muertos en combate, sin que lo fueran.
Tanto acusadores como acusados mantuvieron sus posiciones al ser consultados por la AP en intervalos de la audiencia: la fiscalía sostiene que los militares, con engaños como ofrecimientos de trabajo, hicieron que los 11 hombres --entre quienes no había relación-- salieran a inicios del 2008 de la barriada de Soacha, al sur de Bogotá.
Luego los mataron en una región del noreste colombiano haciéndolos pasar por rebeldes, paramilitares o traficantes de drogas caídos en combate.
Los militares, sin embargo, proclaman su inocencia.
En un acto es una escuela militar al norte de Bogotá, el presidente Álvaro Uribe dijo en un discurso frente al alto mando que una ejecución extrajudicial "que tenga soporte nosotros lo tenemos que sancionar con toda la dureza".
Pero ratificó que algunas denuncias de nuevos casos de ejecuciones podrían ser "falsas" y que eso también debía ser combatido por los mandos castrenses.
"Así como nosotros hemos tenido toda la determinación de sancionar la acusación que tiene sustento, tenemos que demostrar toda la beligerancia para denunciar la acusación falsa", dijo el mandatario sin detallar a cuáles falsas acusaciones se refería o por parte de quién.
Con la decisión del martes de Nelson Gutiérrez el total de oficiales y suboficiales acusados y presos por las ejecuciones de los 11 hombres se elevó a 54.
"Por mi parte, creo que ya estamos terminando" la investigación, manifestó la fiscal María Cecilia Jaimes, quien encabeza la indagación.
Para cerrar su trabajo a Jaimes sólo le falta una audiencia de formulación de cargos contra otros siete militares.
"Sólo le puedo decir que soy inocente", dijo el coronel retirado Álvaro Tamayo, uno de los 17 detenidos tras la audiencia.
La fiscalía formuló al grupo de militares cargos por delitos como falsedad en documento público, concierto para delinquir, homicidio agravado y desaparición forzada agravada.
Durante la audiencia, la fiscal Jaimes narró ante el juez Gutiérrez que Tamayo les pedía a sus subalternos dinero, en un monto que no precisó, para pagar el transporte y el alojamiento de los hombres que, engañados con promesas de inexistentes trabajos, eran trasladados desde Soacha hasta el municipio de Ocaña, en el departamento de Norte de Santander y a unos 380 kilómetros al noreste de Bogotá.
Una vez llegados a Ocaña, en diferentes fechas, los hombres fueron asesinados.
Como ’pago’ por los asesinatos, explicó Jaimes en la audiencia, Tamayo les daba a sus subordinados días de descanso, lo que fue negado por el oficial retirado.
"La fiscalía no tiene pruebas de eso", dijo Tamayo.
La denuncia de los asesinatos de los hombres de Soacha, surgida en medios locales a fines del 2008, desembocó en uno de los mayores escándalos de las fuerzas armadas colombianas: el reclutamiento forzado de civiles y su posterior asesinato para presentarlos como "bajas" de enfrentamientos y así mostrar resultados en la lucha contra los grupos armados irregulares, según la fiscalía.
El escándalo llevó a que el gobierno de Uribe destituyera en octubre a más de una veintena de militares, entre ellos a Tamayo y a tres generales del ejército.

3 de junio de 2009
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