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condenados por falsos positivos


Nuevos condenados por ‘falsos positivos’. Según la ONU, estás ejecuciones no forman parte de las políticas del gobierno de Uribe.
Bogotá, Colombia. Un juzgado de Medellín, en Colombia, condenó a 15 militares a penas de hasta 30 años de cárcel por presentar ‘falsos positivos’.
Los soldados, miembros de la brigada 41 de esta ciudad, mataron a civiles y les vistieron como rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
El juez condenó a 30 años de prisión a 10 militares por su responsabilidad directa en la muerte en 2006 de dos hermanos, que fueron asesinados cuando hacían un reparto de comida.
Al día siguiente fueron presentados ante las autoridades forenses como guerrilleros de las FARC muertos en combate.
El resto de militares tendrán que hacer frente a una condena de cuatro años de cárcel por encubrir este crimen.
En una reciente entrevista con BBC Mundo, el vicepresidente Francisco Santos dijo que el gobierno colombiano se ha tomado "en serio" las denuncias de "falsos positivos" y recordó que, además de haber juicios por esos delitos, se han relevado a generales.
"Asimismo, las operaciones del ejército y su doctrina entraron en un proceso de profunda revisión, que se está implementando en todas las unidades militares", completó Santos.

Más de 1.000 Casos
La mayoría de las víctimas de estas prácticas, explicó el corresponsal de la BBC, suelen ser miembros de familias muy pobres o mendigos a los que se les engaña ofreciéndoles puestos de trabajo.
Según explicó el corresponsal de la BBC en Medellín, Jeremy McDermott, estas condenas se enmarcan en los más de 1.000 casos de ‘falsos positivos’ que la fiscalía colombiana está investigando.
Los ‘falsos positivos’ son "sistemáticos" en este país andino, pero "no son una política oficial" del gobierno del presidente Álvaro Uribe, según le dijo el profesor Philip Alston, relator especial de las Naciones Unidas (ONU) sobre las ejecuciones extrajudiciales, al corresponsal de BBC Mundo Hernando Salazar.
"No puedo descartar la posibilidad de que algunos falsos positivos fueran de hecho guerrilleros, pero aparte de afirmaciones contundentes, el gobierno no me ha dado prueba alguna en este sentido", expresó Alston en el informe preliminar de una visita a Colombia.

3 de agosto de 2009
©bbc
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paramilitares confiesan 21 mil asesinatos


Ex paramilitares colombianos han confesado 21.000 crímenes y falta mucho.
[Pablo Rodríguez] Bogotá, Colombia. Los paramilitares de extrema derecha colombianos confesaron 21.000 homicidios cometidos durante los años de guerra contra las guerrillas izquierdistas, anunció el lunes la fiscalía, que considera la cifra como la punta del "iceberg" de aquel "horror".
"Hasta la fecha hemos obtenido la confesión de 21.000 crímenes cometidos entre 1987 y 2005 por algo más de 600 paramilitares desmovilizados", dijo el jefe de la unidad de Justicia y Paz de la fiscalía, Luis González, a la AFP.
Pese a los 21.000 asesinatos admitidos, sólo una persona ha sido condenada, otras 14 aguardan sentencia y la fiscalía formuló cargos a 186, detalló González.
Las confesiones se lograron en el marco de una controvertida ley, denominada ’justicia y paz’, que garantiza penas máximas de 8 años de cárcel a los ex paramilitares que confiesen todos los delitos, incluso de lesa humanidad, y reparen a las familias de sus víctimas. Esa ley, que entró en vigencia el 25 de julio de 2005, fue impulsada por el gobierno del presidente Álvaro Uribe y permitió, según el gobierno, la desmovilización de unos 32.000 integrantes de las otrora temidas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, extrema derecha).
"Cuando empezó a regir esa ley nadie dimensionó lo que pasaría judicialmente", añadió González, quien aseguró que pese a ello se ha "logrado algo que parecía impensable: que la justicia los esté alcanzado" (a los ex paramilitares). "Hemos documentado alrededor de 246.000 hechos que ocurrieron en estas regiones donde hacían presencia grupos de autodefensa", de los cuales 26.000 han sido reconocidos, agregó el funcionario. Sin embargo, admitió: "Hasta ahora, estamos empezando". El "horror" puede ser mayor "porque faltan muchos homicidios por confesar", advirtió.
En los casi tres años de su vigencia, la ley ha permitido además recuperar los restos de 2.400 personas hallados en 1.906 fosas, e identificar y entregar a sus familiares 650 cadáveres, añadió González. "Además hemos logrado depurar a 22.000 las estadísticas de personas desaparecidas entre 1985 y 2005", apuntó para desvirtuar las críticas.
Varias organizaciones no gubernamentales (ONG) defensoras de los derechos humanos consideran "laxa" la ley.
Aunque destacó el "enorme esfuerzo presupuestal" del gobierno, González indicó que el fenómeno del paramilitarismo "superó todas las expectativas".
En cuanto a 14 de los máximos jefes de las AUC extraditados a Estados Unidos en mayo de 2008, porque el gobierno de Uribe consideró que seguían delinquiendo desde la cárcel en Colombia, el funcionario dijo que "falta más colaboración".
Uno de esos comandantes, Salvatore Mancuso, ha confesado cerca de 800 crímenes y revelado que muchos cuerpos fueron incinerados en hornos para borrar todo rastro, recordó el responsable.
La ONG que reúne a los familiares de las víctimas de las AUC rechazó las extradiciones, alegando que impiden que se "conozca la verdad".
Bogotá y Washington firmaron un acuerdo de cooperación con tal fin, y recientemente el embajador de Estados Unidos en Colombia, William Brownfield, advirtió de que si los ex paramilitares extraditados no colaboran con la justicia colombiana, se exponen en Estados Unidos a penas de hasta 50 años de cárcel.

4 de agosto de 2009
14 de julio de 2009
©afp
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bases norteamericanas en colombia


Según el acuerdo, el país andino aceptará las operaciones de 800 militares y 600 contratistas extranjeros. Washington supliría las operaciones antidrogas que dejará de realizar a partir de hoy en Manta, Ecuador. El Congreso y el Consejo de Estado colombianos reaccionaron porque no se los consultó.
[Katalina Vásquez Guzmán] Medellín, Colombia. Colombia y Estados Unidos firmaron un acuerdo para que más militares norteamericanos se instalen en el país latino. Serían 800 militares y 600 contratistas extranjeros en tres bases de Colombia. El Consejo de Estado y el Congreso de la República, que está de vacaciones, no fueron consultados al respecto, lo que suscitó fuertes críticas en estos estamentos y la oposición. Además, la decisión fue interpretada por muchos como una reacción por el cierre de la base militar en Manta, Ecuador, pues hoy vence el plazo para que un contingente norteamericano que ocupa el país vecino desde 1999 se retire del territorio, como lo ordenó el presidente Rafael Correa hace un año.
El ministro de Defensa de Colombia, general Fredy Padilla, negó que los hechos tengan relación y dijo que se trata de "un esquema de cooperación moderna". El presidente Alvaro Uribe afirmó que "obtener acuerdos con países como los Estados Unidos para que, con todo el respeto a la Constitución colombiana y a la autonomía de Colombia, nos ayuden en esta batalla contra el terrorismo, contra el narcotráfico, es de la mayor conveniencia para el país".
Por su parte, el Consejo de Estado se manifestó preocupado por la decisión y pidió explicaciones. Rafael Ostau Delafont, presidente del Consejo, le recordó a la prensa un artículo de la Constitución del que "el Ejecutivo debe tener pleno conocimiento". El artículo 189 dice que corresponde al presidente de la República "permitir, en receso del Senado, previo dictamen del Consejo de Estado, el tránsito de tropas extranjeras por el territorio de la República", lo que contradice la afirmación de Uribe sobre el respeto a la Constitución. A última hora de ayer, llegó una suerte de reparación. En un comunicado, el Ministerio de Relaciones Internacionales abrió un diálogo preliminar con el mencionado Consejo.
Los militares de Estados Unidos se asentarán en el Caribe colombiano de Malambo, puerto al Norte, la localidad de Palanquero (Centro) y la base de Apiay (Suroeste). Y en próximos días podrían sumarse también las bases de Tolemaida (Centro) y Larandia (Sur), según el general Padilla. En Colombia, actualmente hay presencia de militares norteamericanos desde el Norte hasta el Sur del país. La base más grande está en Tres Esquinas, Caquetá (Sur); hay una más en Villavicencio, Meta (Centro), y en Florencia está la base de la Hacienda Larandia, donde se ubica la llamada "inteligencia técnica" del Pentágono.
El ministro del Interior y de Justicia, Fabio Valencia Cossio, explicó que el acuerdo de ayer no significa que habrá más bases militares estadounidenses en Colombia. En Caracol Radio afirmó que la autorización de llegada de militares norteamericanas tiene el fin de prestar una asesoría técnica con operación de mando de las Fuerzas Militares colombianas. "No habrá ninguna restricción en ninguna base para las autoridades colombianas, solamente se aceptará esa asesoría", indicó agregando que "no tiene nada que ver la base de Manta".
Varios parlamentarios rechazaron la autorización y dijeron que para los tratados internacionales en ese sentido es obligatorio el concepto del Congreso. Así lo expresaron el senador liberal Juan Manuel Galán y Jairo Clopatofsky, del Partido de la U. Para la oposición, la "soberanía colombiana está marchita, estamos entregando la soberanía, nos estamos comportando como un país súbdito de Estados Unidos", según dijo Carlos Gaviria, del Polo Democrático Alternativo.
Según AFP, "Estados Unidos supliría desde tres bases militares colombianas las operaciones antidrogas que dejará de realizar el viernes desde la base ecuatoriana de Manta, según un acuerdo que negocian Bogotá y Washington, sin ninguna prisa por parte de Colombia". En el Palacio de Nariño se repitió que en el acuerdo "se cumple la Constitución y la ley" y que no se trata de una imposición de Estados Unidos.

17 de julio de 2009
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ejército colaboró con los paras


En el primer año de la incursión paramilitar al Catatumbo, Norte de Santander, dejó más de 20.000 desplazados, un número incierto de desaparecidos y 800 civiles asesinados, la mayoría de ellos en masacres. Fueron seis años de barbarie, sin mayor control estatal.
[Colombia] Por primera vez un alto oficial reconoce públicamente cómo participó en una de las más sangrientas incursiones de los paramilitares. Su declaración, justo una década después de sucedidos los hechos, involucra a altos comandantes de la Fuerza Pública, algunos de ellos aún activos.
Las denuncias de la prensa local despertaron la atención del gobierno de Estados Unidos. Documentos confidenciales de ese país consignan indicios de la responsabilidad de miembros de la Fuerza Pública. Carlos Castaño, en una entrevista dos meses antes de la incursión, anunció sus planes, pero el Estado no fue capaz de contener tamaña advertencia.
En los próximos días el coronel (r) del Ejército Víctor Hugo Matamoros será llamado a juicio, acusado de facilitarles a los paramilitares su ingreso a la región del Catatumbo, en Norte de Santander, donde llegaron en 1999 y cometieron varias de sus peores atrocidades. Sólo en el primer año de incursión hubo 800 civiles asesinados, muchos de ellos en masacres; un número incierto de desaparecidos, y al menos 20.000 desplazados.
El caso de este coronel se convertiría en la primera de una serie de acciones de la justicia sobre los mismos hechos, que podría involucrar al menos a cuatro generales y un coronel del Ejército, y a un coronel y un capitán de la Policía. Algunos de ellos aún son activos, o, pese a estar retirados, mantienen altos cargos en sus instituciones.
El testigo clave de este proceso accedió a hablar con Semana. Se trata de Mauricio Llorente Chávez, quien en 1999 era mayor del Ejército y comandante del Batallón Héroes de Saraguro, en Tibú, la puerta de entrada al Catatumbo. Llorente lleva 10 años en la cárcel y fue absuelto en dos instancias por estas acusaciones, pero la Corte Suprema, en casación, lo condenó a 40 años. El mayor, que hasta hace poco negaba su participación en estos crímenes, ahora se convirtió en el ventilador de un escándalo de impredecibles consecuencias.
La fiscalía considera confiable su testimonio, entre otras cosas, porque coincide con versiones que han dado paramilitares desmovilizados en otros expedientes. Aun así, y aunque esta revista confirmó varios de los hechos narrados con otras fuentes independientes, y a que habló con la mayoría de los mencionados por Llorente, en esta publicación se omiten los nombres de los oficiales que aún la justicia no vincula en procesos relacionados con los seis años de presencia paramilitar en esa región.
La declaración de Llorente coincide con el anuncio del jefe paramilitar extraditado Salvatore Mancuso de que las revelaciones de la relación de su grupo con la Fuerza Pública sería un "capítulo doloroso" para el país, y un episodio de mayor calado de lo que ha significado la para-política.

Varios Camiones
Una de las primeras cosas que confirma el relato de Llorente es la forma como llegaron los paramilitares al Catatumbo. En una operación sin precedentes, varios camiones llevaron desde Córdoba a unos 200 paramilitares fuertemente armados y, sin mayor obstáculo, cruzaron cinco departamentos: tenían la misión de llegar hasta La Gabarra, en el Catatumbo, el 29 de mayo de 1999. De acuerdo con versiones de desmovilizados, en la reunión de planeación participaron dos generales quienes, con Mancuso y Carlos Castaño, diseñaron la estrategia. Llorente menciona a otro general que habría solicitado información de cartografía al ahora investigado coronel Víctor Hugo Matamoros, en esa época comandante del Grupo Mecanizado Maza, batallón acantonado en Cúcuta.
Según varios testimonios, el único retén que encontró esta caravana de la muerte fue en Sardinata, en el desvío hacia Tibú. "Fueron seis camiones ’carevaca’ diesel, 12 varillas los que salieron de Montería. Adelante iba una camioneta azul, y era la que abría el paso. Sólo cuando llegamos a Sardinata (Norte de Santander) un ’suiche’ (subteniente del Ejército) nos detuvo. Llamó y le dieron la orden de que siguiéramos, que ya estaba todo cuadrado".
La toma del Catatumbo estuvo marcada por varias masacres. Tres de ellas son las que se consideran decisivas del ingreso para.
La primera fue ese mismo 29 de mayo. Al paso de la flotilla de camiones, los paramilitares asesinaron al menos cinco personas y las dejaron tiradas en el camino con el fin de sembrar terror. Al cruzar Tibú, pasaron por un retén de la Policía a cargo del capitán Luis Alexánder Gutiérrez Castro, según el proceso que se le sigue por estos hechos. Allí se dice que mientras los paramilitares pasaban, la Policía requisaba los vehículos particulares, y que Gutiérrez en eso recibió una llamada para alertarlo sobre la caravana, y dijo: "Ya todo está coordinado por arriba, estábamos esperándolos desde hacía 20 días". La misión de llegar a La Gabarra se truncó en el sitio Socuavo, donde la guerrilla les cerró el paso a los camiones, y hubo combates.
La segunda masacre fue el 17 de julio. Para ese momento el mayor Llorente dice que se había reunido con los paras porque decían ir referidos por el coronel Matamoros, y asegura que presenció llamadas que le hacían a éste y al coronel de la Policía a cargo del departamento. En su defensa, Matamoros expone que la zona de las masacres no era su jurisdicción, y que pese a ser de un rango superior, Llorente no estaba en su línea de mando. Esto es parte de lo que quiere que valore un juez, por lo que su defensa pidió que el caso sea llevado a juicio. Según Llorente, las cosas se facilitaron pues recibió órdenes del general a cargo de la división de enviar de gran parte de sus tropas, con lo que, sin mayor justificación, dejó su batallón debilitado.
Dice Llorente en su testimonio: "Yo planeo la incursión con David (alias del sobrino de Mancuso y quien estuvo al tanto de todas las acciones). Le dije que lo único que necesitaba era realizar un simulacro de un hostigamiento al batallón, para justificar que no podía salir a atender otras situaciones. Coordiné todo con el capitán que estaba de segundo al mando de mi batallón, que hoy es un coronel activo y que ya venía trabajando con las autodefensas. Nos reunimos con él y me dijo que lo importante era disminuir aun más el personal, por eso montamos una operación al lado opuesto del lugar de retirada de las autodefensas. Esto lo hicimos para que cuando comenzaran a investigarnos, tuviéramos cómo decir que no teníamos personal para apoyar. Nos reunimos con el capitán y 15 soldados de los más antiguos para reforzar los puestos esa noche, porque si colocábamos un soldado muy nuevo, de pronto respondía al escuchar los disparos de las autodefensas y ahí se podía formar un problema. Les pregunté a los soldados si estaban de acuerdo en que las autodefensas entraran al casco urbano, y me dijeron: ’Mi mayor, estamos con ustedes’. Ellos se quedaron en las garitas y dejarían quietos los fusiles cuando escucharan los disparos, y uno que otro haría un tiro como si estuviéramos respondiendo. Las autodefensas dispararon a un sector donde queda la pista de gimnasia, para que no le hiciera daño a nada, y el acuerdo es que mientras ellos hacían esto, las otras autodefensas harían su incursión a Tibú".
En el pueblo, los paramilitares fueron en tres camiones. Unos 65 hombres. Llegaron a la plaza principal de Tibú, sacaron a las personas de los establecimientos, y una informante que llevaban encapuchada señalaba quiénes iban a morir. Esto sucedió a una cuadra de la estación de Policía.
Pusieron a las mujeres en la primera fila y a los señalados los tiraron al suelo y les dispararon con fusil a la cabeza. "Salía sangre para todos lados", cuenta un testigo. Nueve personas murieron allí. Luego los paramilitares robaron el dinero de los negocios y se llevaron a cuatro más en uno de los vehículos. Fueron dejando sus cuerpos a su retirada, milagrosamente uno de ellos, a pesar de la gravedad de las heridas, sobrevivió y hoy desde el exilio es otro de los testigos clave.
"Hubo una tormenta impresionante -dice Llorente- y se empezaron a escuchar disparos. Se fue la luz. Todo eso ayudó para lo que iba a pasar esa noche. Inmediatamente ocurre todo, recibo una llamada de un señor de una de la alcabalas, le digo que qué pasó, me dice: ’Mayor, por acá pasaron unas personas, entre ellas una mujer’. Y le pregunte quiénes eran y me dijo que creía que eran paramilitares, pero yo le dije que las autodefensas no tenían mujeres en sus filas. Le dije que ya le iba a enviar refuerzos. Nunca los envié porque no los tenía, y fuera de eso no tenía la intención porque yo ya sabía qué estaba pasando. Le pregunté: ¿Ya pasaron por ahí, me dijo: ’Sí’. Entonces yo me dije: ’Ya pasó todo’".
La tercera masacre fue un mes después, el 21 de agosto. Sin resistencia alguna, los paramilitares finalmente lograron llegar al municipio de La Gabarra y asesinaron a 35 personas. El entonces capitán del Ejército Luis Fernando Campuzano, quien estaba al frente de la guarnición y debía proteger al pueblo, ya fue condenado por estos hechos. La Corte Suprema de Justicia revocó dos disposiciones previas, pues encontró que Campuzano retiró el retén que estaba en la entrada del pueblo, lo que facilitó el ingreso de los paras, no atendió los llamados de auxilio ni fue diligente en la persecución.

Mayor Dolor
A partir de este momento, vinieron los cinco años de mayor dolor para los habitantes de la región del Catatumbo. "Luego de todo esto, las autodefensas empiezan a patrullar conjuntamente con el Batallón. Ya empiezan a causarle bajas a la guerrilla, a ocasionar combates, pero juntos", dice Llorente. Esta incursión paramilitar fue presentada como una estrategia militar contrainsurgente, pero en la práctica estaba más orientada a ejercer control sobre el negocio del narcotráfico, al sacar a la guerrilla de los cultivos y del control de las rutas hacia Venezuela. En 2002 Carlos Castaño confesó en una entrevista con Semana cómo el 70 por ciento de sus ingresos provenía del Catatumbo.
En 2005, esta revista reveló documentos secretos del gobierno de Estados Unidos que fueron desclasificados. En ellos el embajador de Estados Unidos de ese momento, Curtis Kamman, muestra su preocupación sobre Santander: "Argumentando tener pocos recursos y demasiadas misiones, la unidad del Ejército local se negó a combatir a los paramilitares en esa área". Sobre las primeras acciones de la incursión paramilitar de La Gabarra dice: "La oficina del Vicepresidente reportó privadamente que soldados del Ejército se pusieron brazaletes de las AUC y participaron activamente en las mismas masacres... ¿Cómo pueden ocurrir siete masacres bajo las narices de varios cientos de miembros de las fuerzas de seguridad?".
Justo por esta época se cumple una década de la incursión paramilitar al Catatumbo. Una dosis de verdad parece asomar su rostro con el testimonio de Llorente, pero faltan muchas más, y en más regiones. Mucha agua ha corrido desde ese momento y, por fortuna, es muy distinta la situación que hoy vive la Fuerza Pública. Algunos piensan que este tipo de revelaciones desestabilizan, pero la acción de la justicia y el conocimiento de la verdad por dolorosa que sea, le permite a la democracia salir más robustecida de lo que en su momento la dejaron las miopes acciones de los violentos.

6 de julio de 2009
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fue crimen de estado


Procuraduría pide declarar asesinato de Galán como crimen de Estado. Según el Ministerio Público, en el magnicidio Galán participaron agentes del Estado, y en particular, del DAS. La familia del líder pide celeridad a la justicia.
Bogotá, Colombia. El procurador delegado para el Ministerio Público, Gabriel Jaimes, explicó en qué consiste la petición que la procuraduría le hizo a la fiscalía de declarar el asesinato del fundador del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán, un crimen de Estado. Según el procurador Jaimes, agentes del DAS participaron de manera activa en el magnicidio.
Además explicó por qué razón desde el punto de vista de la justicia penal este homicidio está a punto de quedar en la impunidad por el vencimiento de los términos, luego de que se cumplieran 20 años de la muerte de Galán.
Jaimes advirtió la preocupación del Ministerio Público de que la fiscalía no hubiera hecho uso de la figura de la captura al general Miguel Maza Márquez, ex director del DAS, sino que lo hubiera citado a indagatoria a pesar de que se trata de un caso de homicidio agravado. A esta preocupación se suma el hecho de que la citación está programada para dos días después de que el fiscal Mario Iguarán deje su cargo en julio próximo.
En Caracol Radio, Carlos Fernando Galán, concejal de Bogotá e hijo de Luis Carlos Galán, dijo que su familia tiene la esperanza de que esta nueva línea de investigación del asesinato de su padre sirva para esclarecer completamente los interrogantes sobre el homicidio.
Según el concejal, el DAS tendrá que explicar no solamente lo que tiene que ver con la seguridad que tenía que prestarle en Soacha al ex candidato presidencial, sitio donde fue asesinado el 18 de agosto de 1989, sino también por la desviación de la investigación.
Con relación al ex director del DAS, el general retirado Miguel Maza Márquez, Carlos Fernando Galán dijo que el cambio de escoltas les pareció muy extraño, porque su papá había solicitado un reforzamiento en su esquema de seguridad y no un cambio.
La semana pasada la fiscalía vinculó a Maza Márquez a la investigación por el asesinato de Galán, después de que en los últimos meses encontrara "referencias, menciones y elementos que permiten vincular a indagatoria al general Maza", según afirmó el fiscal general, Mario Iguarán.
Igualmente, Carlos Fernando Galán agregó que el nuevo jefe de escoltas asignado en ese momento, Jacobo Torregrosa, cambió los escoltas que tenían confianza con la familia Galán y les aseguró que la seguridad del entonces candidato presidencial estaba garantizada en Soacha. No sólo eso no fue así, sino que además Torregrosa desapareció la noche del asesinato.
El hijo menor de Luis Carlos Galán cree que el magnicidio fue un complot de varios intereses en donde están presentes el narcotráfico y su componente político, los paramilitares y agentes del Estado. En su opinión, el asesinato de su padre es un crimen de lesa humanidad porque hace parte del intento eliminar de manera sistemática y masiva a miembros del Nuevo Liberalismo.
También dijo que la participación directa de agentes del Estado en el homicidio de su padre lo convierte en crimen de Estado y pidió celeridad para aclarar este proceso.

25 de junio de 2009
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sobre las ejecuciones extrajudiciales


Declaración del Profesor Philip Alston, Relator Especial de las Naciones Unidas para las ejecuciones arbitrarias. Misión a Colombia del 8 al 18 de junio de 2009.
Colombia. He llevado a cabo una misión de investigación sobre ejecuciones extrajudiciales a Colombia del 8 al 18 de junio de 2009. Estuve en Bogotá, Antioquia (Medellín), Santander (Bucaramanga) y Meta (Villavicencio).
Estoy muy agradecido con el gobierno de Colombia por haberme invitado, y por su cooperación plena y sostenida para con mi misión. Estoy particularmente agradecido con el Presidente Álvaro Uribe Vélez por haber tenido una discusión muy extensa y comprometida conmigo, acerca de algunos de los temas clave. También me reuní con el Vicepresidente y con los Ministros de Asuntos Exteriores, Defensa, los Viceministros de Defensa y de Justicia. También celebré reuniones con la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Superior de la Judicatura, el Procurador General de la Nación, el Fiscal General de la Nación, el Defensor del Pueblo, y la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.
Me reuní con el Comandante del Ejército y con los Comandantes de la Segunda, Cuarta y Séptima divisiones, como también con asesores jurídicos militares y jueces militares. Asimismo me reuní con el gobernador de Antioquia, personeros provenientes de todas partes del país, varios senadores y congresistas, y numerosas organizaciones de la sociedad civil. Llevé a cabo más de 100 entrevistas con testigos, víctimas y supervivientes. Estoy particularmente agradecido con los oficiales tan competentes, dedicados y ponderados de la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos en Colombia por la ayudada brindada a mi misión. Sin embargo, éstos no tienen responsabilidad alguna por las conclusiones a las que yo he llegado.
Como experto independiente que presenta informes al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas mi mandato consiste en investigar los homicidios cometidos en violación de los derechos humanos o del derecho humanitario; determinar la extensión y las causas de la impunidad de dichas matanzas; y proponer reformas específicas y constructivas para disminuir los homicidios y promover la rendición de cuentas. En Colombia me he centrado en los homicidios cometidos por las fuerzas de seguridad, paramilitares y otros agentes armados no estatales, y examiné la eficacia de los sistemas de justicia penal, civil y militar en relación a esos homicidios. Cabe destacar desde el principio, que las ejecuciones perpetuadas por estos actores repercuten de manera desproporcionada en las poblaciones rurales y pobres, pueblos indígenas, afrocolombianos, sindicalistas, defensores de derechos humanos, y líderes comunitarios .
Los hallazgos que presento hoy son preliminares. Mi informe completo se publicará dentro de unos 4 a 5 meses, y tendrá en cuenta la información que el gobierno suministrará en el transcurso de aproximadamente un mes como parte de un diálogo continuo . Hoy me dedicaré a una gama limitada de temas.
Quiero comenzar reconociendo la mejora dramática en la situación de la seguridad desde el 2002. La cantidad total de homicidios ha disminuido mucho, y se han transformado los niveles de seguridad en muchas partes del país. Sin embargo queda mucho por hacer.

Ejecuciones Extrajudiciales por los Grupos de la Guerrilla
Los guerrilleros de las FARC y del ELN siguen llevando a cabo cantidades significativas de homicidios ilegales, especialmente para controlar y sembrar el miedo en las poblaciones, rurales, intimidar a los oficiales elegidos, y castigar a aquellos que se supone colaboran con el gobierno, o para promover objetivos criminales. Su uso indiscriminado e inhumano de minas antipersonales también mata y atemoriza a numerosas personas.

Ejecuciones Extrajudiciales por las Fuerzas de Seguridas
La preocupación más preponderante es la incidencia de los llamados "falsos positivos", y los ejemplos que más publicidad han recibido, es decir, los homicidios de jóvenes de Soacha en 2008.
El fenómeno es muy conocido. Un "reclutador" engaña a la víctima con falsas pretensiones y la lleva a una localidad remota. Allá, al poco tiempo de llegar, miembros del ejército matan al individuo. Luego se manipula el lugar de los hechos para que parezca que la persona fue dada de baja legítimamente en el fragor de un combate. A menudo se hace una fotografía en la que sale vistiendo uniforme de guerrillero con un arma o granada en la mano. Las víctimas suelen ser enterradas de manera anónima en fosas comunes , y los asesinos son premiados por los resultados conseguidos en la lucha contra la guerrilla.
Sin embargo hay dos problemas con el relato que se centra en los falsos positivos y en Soacha. El primero se debe a que la expresión "falsos positivos" brinda una suerte de aura técnica para describir una práctica que se caracterizaría mejor como el asesinato a sangre fría y premeditado de civiles inocentes, con fines de beneficio. El segundo es que el enfoque en torno al caso de Soacha fomenta la percepción de que se trata de un fenómeno limitado, tanto geográficamente, como en el tiempo. Aunque las matanzas de Soacha fueron flagrantes y obscenas, mis investigaciones demuestran que son simplemente la punta del iceberg. He entrevistado a testigos y a supervivientes que describieron matanzas muy similares en los departamentos de Antioquia, Arauca, Valle del Cauca, Casanare, Cesar, Córdoba, Huila, Meta, Norte de Santander, Putumayo, Santander, Sucre y Vichada. Una cantidad importante de unidades militares estaban involucradas en ello.
Algunos funcionarios siguen afirmando que muchos de los casos son bajas legítimas de guerrilleros u otros. Pero las pruebas –incluyendo informes de balística y forenses, declaraciones de testigos oculares, y el testimonio de soldados- indican firmemente que ese no es el caso. Entre los "peligrosos guerrilleros" que fueron dados de baja hay adolescentes de 16 y 17 años, un hombre joven con una edad mental de 9 años, un padre de familia abnegado, cuyos dos cuñados están en servicio militar activo, y un joven soldado de licencia por vacaciones, que visitaba a su familia. No puedo descartar la posibilidad que algunos falsos positivos fueran de hecho, guerrilleros, pero aparte de afirmaciones contundentes, el gobierno no me ha dado prueba alguna en este sentido. Las pruebas que muestran a las víctimas vestidas con ropa de camuflaje recién planchada, o calzando botas de campo 4 tallas más grandes que su tamaño, o zurdos llevando una pistola en su mano derecha, u hombres con una única bala disparada en el cuello, menoscaban aún más la sugerencia de que se trata de guerrilleros muertos en combate.
Un problema adicional tiene que ver con el hostigamiento sistemático de los militares hacia los supervivientes. Una mujer de Soacha relató como en el 2008 unos de sus hijos había desaparecido y luego dado de baja en combate dos días después. Otro de sus hijos empezó a llevar adelante el caso con ahínco y recibió una serie de amenazas de muerte. Murió de un disparo hace unos meses. Desde entonces la madre también ha recibido amenazas de muerte, igualmente. Esto forma parte de un patrón común.
La pregunta clave es ¿quién es responsable de estas matanzas premeditadas? Por una parte, no he encontrado pruebas que indiquen que estas ejecuciones se llevaron a cabo como política oficial del gobierno, o que fueron dirigidas o llevadas a cabo a sabiendas del Presidente o de los sucesivos Ministros de Defensa. Por otra parte, la explicación que prefieren muchos en el gobierno – que las matanzas fueron llevadas a cabo a pequeña escala por unas cuantas pocas "manzanas podridas" –es igualmente insostenible. Las cantidades mismas de casos, su repartición geográfica y la diversidad de unidas militares implicadas, indican que éstas fueron llevadas a cabo de una manera más o menos sistemática, por una cantidad significativa de elementos dentro del ejército.
A partir del 2007, el gobierno ha tomado medidas importantes para parar y responder a estos homicidios. Entre ellas hay medidas disciplinarias, una mayor cooperación con el CICR y la ONU, la incorporación de asesores jurídicos operacionales para asesorar acerca de operaciones militares específicas, una mayor supervisión de los pagos efectuados a informantes, el nombramiento de la Comisión provisional Especial Suárez, el nombramiento de inspectores delegados a divisiones del ejército, la exigencia de que las bajas en combate sean investigadas primero por la policía judicial, la modificación de los criterios para premios, y la creación de una unidad especial en la Fiscalía.
Estas medidas alentadoras demuestran el esfuerzo de buena fe que despliega el gobierno para hacer frente a los homicidios del pasado y para prevenir que sucedan en el futuro. Sin embargo sigue habiendo una brecha preocupante entre las políticas y la práctica. La cantidad en enjuiciamientos exitosos sigue siendo muy baja, aunque se espera que haya mejores resultados en el próximo año. Cabe destacar tres problemas. El primero es que la Fiscalía , y sobre todo su unidad de derechos humanos no tiene suficiente personal, recursos o formación. Es esencial aumentar sustancialmente sus recursos. El segundo es que en algunas zonas los jueces militares hacen caso omiso a los dictámenes de la Corte Constitucional y hacen todo lo que está en su poder para impedir la transferencia de casos claros de derechos humanos al sistema de justicia ordinaria. Se demora u obstruye la transferencia de información, se arreglan los enfrentamientos de jurisdicción cada vez que se encuentra la oportunidad, y las tácticas de dilación son de uso común. Como resultado de todo esto hay demoras, que frecuentemente son de meses o años y ponen en peligro el valor de los testimonios y de las pruebas.
Hay una buena noticia: ha habido una reducción significativa en la cantidad de alegatos de ejecuciones extrajudiciales registrados por la justicia militar en los últimos 6 a 9 meses. Si se confirma esta tendencia supondría un cambio de rumbo, que cabría celebrar, aunque todavía tiene que abordarse el problema de la impunidad en relación a las matanzas del pasado.

Ejecuciones Extrajudiciales por Paramilitares y Otros Grupos Armados Ilegales
A pesar de las importantes medidas que el gobierno ha tomado para reducir la violencia paramilitar, las ejecuciones llevadas a cabo por esos grupos, que incluyen a paramilitares desmovilizados, continúan produciéndose en gran número a través del país. El gobierno tiene que abordar la resurgencia de estos grupos con políticas exhaustivas que se centren en el cumplimiento de la ley (incluyendo el fortalecimiento de las funciones de investigación y de persecución) y la protección y participación sostenida de las comunidades afectadas.
Según la posición del gobierno, estos grupos son bandas criminales y tienen que ser tratadas como tales. Aunque este enfoque sea el apropiado para ciertos lugares, no aborda plenamente la naturaleza y la amenaza que plantean estos actores no estatales en distintas regiones. Independiente del nombre que se les dé, el descuidar las razones por las cuales han surgido estos grupos y la medida en que se infiltran en las instituciones del Estado y aterrorizan a la población civil, amenaza con poner en peligro los importantes logros de seguridad alcanzados por el gobierno. Deben mejorarse de manera urgente los esfuerzos para investigar, enjuiciar y castigar las ejecuciones cometidas por estas fuerzas con eficacia y celeridad.
Según todos los indicios, los paramilitares desmovilizados forman una parte preponderante de los grupos armados ilegales. Las desmovilizaciones efectuadas después del 2003 y las políticas de reintegración no han logrado evitar que antiguos paramilitares maten y participen en otros actos criminales. Aunque han sido detenidos paramilitares de alto nivel, no parece ser que se hayan desmantelado completa y eficazmente las estructuras económicas, de mando y de control de los paramilitares. Además hay un nivel alarmante de impunidad en relación a antiguos paramilitares, y la investigación y enjuiciamiento de ejecuciones extrajudiciales y otras violaciones de derechos humanos cometidas por ex paramilitares dejan mucho que desear.

Las Instituciones del Gobierno
La Fiscalía tiene un papel fundamental dentro de la compleja y sofisticada estructura jurídica de Colombia. La Corte Suprema de Justicia nombra al Fiscal General a partir de una terna que propone el Presidente. Es esencial, habida cuenta de la función central y clave de la Fiscalía, que el próximo Fiscal General sea una persona independiente, fuerte y de prestigio.

Defensores de Derechos Humanos
La sociedad civil colombiana es vibrante y diversa. Hace contribuciones de valor inconmensurable al discurso público y a la concientización en derechos humanos. Sin embargo, los defensores de derechos humanos suelen ser intimidados y amenazados, y a veces asesinados, a menudo por actores privados. Hay funcionarios de alto nivel que los acusan de ser guerrilleros o terroristas, o de ser cercanos a ellos. Estas declaraciones también se han hecho contra fiscales y jueces. Estas declaraciones estigmatizan a aquellos que trabajan para promover los derechos humanos, y propician un entorno en el que pueden llevarse a cabo actos específicos de amenazas o asesinatos por parte de actores privados. Es importante que los funcionarios de alto rango pongan fin a la estigmatización de estos grupos.
También es importante que se fomente un espacio constructivo para que en el mismo se puedan comunicar las organizaciones de la sociedad civil y el gobierno. Me llamó la atención la polarización que existe en Colombia en relación a las posiciones de las ONG y del gobierno.

Compensación a las Víctimas
Tengo entndido que el actual proyecto de ley sobre los derechos de las víctimas-que fue aprobado por la Comisión creada para reconciliar los textos en el Senado y en la Cámara de Representantes – contiene una definición de víctima que incluye a las víctimas de agentes estatales y en general las coloca en pie de igualdad con las víctimas de los paramilitares. Es imperativo que al llevar adelante el proyecto de ley las víctimas tanto de actores estatales, como no estatales sigan siendo tratadas con igualdad.

Otras Cuestiones
En mi informe completo abordaré varias reformas, entre ellas:
- directrices presidenciales al sistema de justicia militar para que cumpla con la letra y el espíritu de la ley de competencia de jurisdicción.
-la realización de una investigación independiente de los procedimientos y resultados del sistema de justicia militar en casos de derechos humanos.
-la supresión de todo tipo de incentivo para los militares por ejecuciones.
-la necesidad de promover una mayor coordinación, especialmente en cuanto al seguimiento y rastreo de casos de presuntas ejecuciones extrajudiciales entre las instituciones encargadas de investigar dichos alegatos.
-la no prescripción de los procedimientos civiles contra funcionarios en casos de ejecuciones extrajudiciales.
-la necesidad de seguir respaldando firmemente a la oficina del Fiscal General de la Nación , con más personal, apoyo y formación.

19 de junio de 2009
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gobierno deja sin ley a víctimas


El proyecto de Ley de Víctimas fue radicado en 2007 por el senador liberal Juen Fernando Cristo. Tras casi dos años de debates, el proyecto de Ley que buscaba la reparación de las víctimas del conflicto fue sepultado. El gobierno dijo que era demasiado costoso aprobarlo, pero es posible que la razón verdadera haya sido otra.
Bogotá, Colombia. El proyecto de Ley de Víctimas que buscaba la reparación integral de quienes han padecido por el conflicto armado fue sepultado este jueves por la mayoría de la bancada uribista del Senado. Desde el Ministerio del Interior, el gobierno convocó a los parlamentarios para pedirles que en la votación del informe hundieran la iniciativa. Argumentó que era demasiado costoso y que costaba 75 billones de pesos. Además la Presidencia emitió un comunicado para pedirle al Congreso que no votara la iniciativa y explicó sus razones.
Sin embargo, para muchos observadores, la verdadera razón de pedir que la hundieran fue que el gobierno no podía aceptar la Ley como la había aprobado este miércoles la comisión de conciliación que adoptó el texto del proyecto original del Senado. Éste incluía en el universo de víctimas a las que han sido vulneradas por policías y militares y otro agentes del Estado, como los jóvenes desaparecidos y posteriormente ejecutados de Soacha.
Desde el comienzo de las discusiones, el gobierno mostró su desacuerdo con la iniciativa e intentó pasar un proyecto que excluía a las víctimas de agentes de Estado y no reconocía la responsabilidad de este por no haber garantizado la protección de sus derechos. Decía que si reparaba a las víctimas era por solidaridad, no por haber incumplido su promesa de protegerlas como reza la Constitución.
Durante la discusión de la votación de este proyecto el ministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga, dijo que el proyecto no era viable fiscalmente y pidió su votación negativa.
Según él la iniciativa costaría tres veces más de lo que estaba presupuestado en la Ley propuesta por el gobierno, pero que fue derrotada en la conciliación. Es decir, 50 billones de pesos más.
Horas antes de que se negara la iniciativa, el presidente Álvaro Uribe pronunció estas palabras, durante un seminario de pobreza en Bogotá: "Aquella (ley) que no podemos aprobar costaría 80 billones, y además les daría el mismo tratamiento a las víctimas derivadas de funcionarios del Estado y a las víctimas de grupos terroristas". En el mismo discurso defendió la necesidad de hacer sostenible la política de seguridad democrática a través de un nuevo impuesto.
No obstante, el argumento del costo de la Ley no convenció del todo a la bancada uribista. El senador Samuel Arrieta, de Convergencia Ciudadana, por ejemplo dijo que esta cifra nunca fue mencionada en los debates. El senador de La U, Armando Benedetti quien fue uno de los firmantes del informe de conciliación también se mostró descontento porque el gobierno no quiso apoyar la reparación de las víctimas, sin discriminación en razón de quien fue el agresor.
En el mismo sentido el senador Liberal, Juan Fernando Cristo, quien fue el impulsor del proyecto desde el principio, dijo que al gobierno le interesaban más los victimarios que las víctimas y lo calificó de discriminatorio.
El ministro del Interior y de Justicia, Fabio Valencia, dijo que el gobierno se comprometería a incluir un nuevo proyecto en la próxima legislatura, pero que fuera viable fiscalmente. Agregó que "no se pueden poner en igualdad de condiciones a los criminales con los agentes del Estado".
La posición del gobierno ha sido contraria a lo que han expresado organismos internacionales. Esta mañana durante la rueda de prensa que ofreció Philip Alston, relator para las Ejecuciones Extrajudiciales de la ONU, había advertido que era "imperativo que al llevar adelante el proyecto de ley de víctimas tanto de actores estatales, como no estatales sigan siendo tratadas con igualdad".
No obstante, no valieron los aportes de las organizaciones de víctimas, ni recomendaciones de la oficina de derechos humanos de la ONU, ni las declaraciones de Alston para aprobar el proyecto.
En el fondo quedó la sensación de que toda la discusión del proyecto se trató de una pelea por imponer una visión ideológica sobre el conflicto colombiano, que según el gobierno, no es un conflicto armado, sino una "una amenaza terrorista" o un problema de delincuencia.

19 de junio de 2009
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más que pocas manzanas podridas


"Ejecuciones, más que pocas manzanas podridas", dice Phillip Alston, relator de Naciones Unidas para ejecuciones arbitrarias. Los civiles presentados como guerrilleros muertos en combate es una práctica "más o menos sistemática" en el Ejército colombiano.
Bogotá, Colombia. Philip Alston, el relator de Naciones Unidas para las ejecuciones arbitrarias, hizo una presentación diplomática, pero directa en su informe parcial de la visita que hizo a Colombia desde el 8 al 18 de junio.
"No puedo descartar la posibilidad de que algunos falsos positivos fueran, de hecho, guerrilleros, pero aparte de las afirmaciones contundentes, el gobierno no me ha dado prueba alguna en ese sentido", dijo Alston, en la rueda de prensa que ofreció antes de abandonar el país.
Sin embargo, algunos funcionarios insisten en que muchas de estas denuncias son falsas. Así lo reiteró el viceministro de Defensa Sergio Jaramillo al decir que "tenemos información de inteligencia nuestra y de organismos internacionales que dicen que las Farc les han pedido a las familias que cada muerto en combate debe ser presentado como falso positivo. Aquí hay muchos campos para la especulación y es la justicia la que debe definirlo. Pero que hay denuncias falsas, las hay".
La visita de este relator consistió en recopilar información para redactar un extenso informe sobre las ejecuciones arbitrarias en Colombia que le entregará al Consejo de Derechos Humanos de la ONU dentro de cinco meses. Su mayor preocupación eran las muertes de civiles por parte del Ejército que fueron presentados como guerrilleros muertos en combate, aunque también indagó por las ejecuciones cometidas por las guerrillas y los paramilitares.

Así Murieron
Con base en lo investigado, dijo que "entre los ‘peligrosos guerilleros’ que fueron dados de baja hay adolescentes de 16 y 17 años, un hombre joven con una edad mental de 9 años, un padre de familia abnegado, cuyos cuñados están en servicio militar activo, y un joven soldado de licencia por vacaciones, que visitaba a su familia".
Y, contrario a lo que suele ocurrir aquí en el país, él sí le dio crédito a pruebas que hablan de "víctimas vestidas con ropa de camuflaje recién planchada (cuando se dijo que habían muerto en combate), o calzando botas de campo cuatro tallas más grandes que su tamaño, o zurdos llevando una pistola en su mano derecha, u hombres con una única bala disparada en el cuello". Para Alston, estos hechos "menoscaban aún más la sugerencia de que se trata de guerrilleros muertos en combate".
La manera como han ocurrido algunas de estas muertes, de acuerdo con el relator, son por vía de un reclutador que engaña a las víctimas con falsos ofrecimientos y se los lleva a una localidad remota. Allá los recibe un grupo de soldados y los matan y luego manipulan el lugar para que pareciera que la muerte ocurrió en medio de un combate. "A menudo, se hace una fotografía en la que sale vistiendo uniforme de guerrillero con un arma o granada en la mano", observa Alston. Y describe que las víctimas suelen ser enterradas de manera anónima en fosas comunes, "y los asesinos son premiados por los resultados perseguidos en la lucha contra la guerrilla", anota. Así ocurrieron las sonadas ejecuciones de Soacha.

Ejecuciones Más o Menos Sistemáticas
Después de conocer varios casos así, detectó dos problemas. El primero, es que la expresión ‘falsos positivos’ "brinda una especie de aura técnica para describir una práctica que se caracteriza mejor como un asesinato a sangre fría y premeditado de civiles inocentes, con fines de beneficio". Es decir, usar el término de ‘falsos positivos’ como que matiza la gravedad de estas muertes.
El segundo problema es que el caso de Soacha ocurrido en 2008 y que fue tan sonado y publicitado, da la sensación de que se trata de un asunto limitado a unos pocos casos, con ubicación y tiempo específico. Pero para el Relator, este caso es apenas "la punta del iceberg".
"He entrevistado a sobrevivientes que describieron matanzas muy similares en los departamentos de Antioquia, Arauca, Valle del Cauca, Casanare, Cesar, Córdoba, Huila, Meta, Norte de Santander, Putumayo, Santander, Sucre y Vichada. Una cantidad importante de unidades militares estaban involucradas en ello", dijo. A menudo, los familiares que reclaman por estas acciones son amenazados de muerte. "Esto forma un patrón común", dijo.
Para responder a la pregunta de ¿quién es responsable de estas matanzas premeditadas?, Alston dijo que no tiene pruebas para decir que se trata de una política del gobierno, pero que decir que se trata de "unas cuantas pocas manzanas podridas", como dice el gobierno, también es insostenible. "Las cantidades mismas de casos, su repartición geográfica y la diversidad de unidades militares implicadas, indican que éstas fueron llevadas a cabo de una manera más o menos sistemática, por una cantidad significativa de elementos dentro del Ejército", comentó.
En la discusión sobre si se trata de una política del gobierno, le fue inevitable hablar de la Directiva 029 de 2005 emitida por el Ministerio de Defensa. Se trata de un documento secreto que reglamentó los estímulos y premios para los militares que presenten resultados en la lucha contra las guerrillas.
A este respecto, Alston vaciló un poco. Primero, dijo que le gustaría que le dijeran que esta directiva no está vigente hoy y que se han eliminado los incentivos para los militares, pero que no ha recibido información al respecto.
Sin embargo, como una de las acciones que ha tomado el gobierno para responder a estas muertes, Alston enumeró "la modificación de los criterios para los premios".
Finalmente, opinó que "para mí es imposible manifestar con exactitud qué papel desempeñó el sistema de premios. Pero quedé con un sentimiento claro de que personas involucradas en las ejecuciones estaban incentivados por los premios, muchos de ellos por un monto bajo".
El viceministro Jaramillo dijo a este respecto que el Ministerio de Defensa no tiene evidencias de que esta directiva haya incentivado las ejecuciones de civiles para presentarlos como guerrilleros muertos en combate. "No puedo decir que no haya un solo caso, pero no tengo evidencia de ello ni nos lo ha dicho la fiscalía. Yo sé que para mucha gente es fácil decir que estas muertes están ocurriendo por las recompensas, que por supuesto que las estamos dando porque precisamente gracias a estas se dieron los resultados conocidos en los últimos meses, en los que nos ayudó la inteligencia humana".
Y explicó que "el punto que hay que entender es que el sistema de recompensas tiene una arquitectura de controles. Cada acción tiene una revisión para poder hacerse el pago. Todo pago tiene que tener una revisión".

Buena Voluntad
Tal vez con base en esas explicaciones, el Relator dijo que "el Ejército ha hecho gala de buena voluntad. Esos problemas los tienen todos los gobiernos en el mundo. A hoy no he sentido aceptación de estos hechos por parte del Ejército. Lo lamentan y van a agilizar enjuiciamientos para superar la situación y seguir por el buen camino".
También resaltó medidas que ha tomado el gobierno para hacerle frente a tan desastrosa situación. Las calificó como "importantes para responder a estos homicidios". Entre ellas, resalta la cooperación que ha habido entre las Fuerzas Armadas y el Comité Internacional de la Cruz Roja y la ONU, la incorporación de asesores jurídicos en las operaciones militares, una mayor supervisión a los pagos a los informantes y la creación de una comisión de inspectores delegados a algunas divisiones del Ejército. Además, está dada la orden de que las bajas en combate primero deben ser investigadas por la policía judicial y la creación de una unidad especial en la fiscalía.
"Estas medidas alentadoras demuestran el esfuerzo de buena fe que despliega el gobierno para hacer frente a los homicidios del pasado y para prevenir que sucedan en el futuro. Sin embargo, sigue habiendo una brecha preocupante entre las políticas y la práctica", comentó el relator.
Se refirió puntualmente a las dificultades para llegar a un enjuiciamiento exitoso de los responsables, que se dan por tres razones. Primero, porque la unidad de derechos humanos de la fiscalía no tiene suficiente personal ni recursos. Segundo, porque algunos jueces militares han demorado los trámites para pasar los casos de la justicia militar a la ordinaria, que es la que debe juzgar estas ejecuciones. Esto lleva a la tercera razón, que es la tardanza para desarrollar las investigaciones y el consecuente peligro en que quedan los testimonios y las pruebas, pues pueden perderse.
Para el relator, gracias a las acciones del gobierno se han disminuido las denuncias por ejecuciones de civiles presentados como muertos en combate, pero dijo que no iba a celebrar plenamente porque necesita ver si aquella disminución está relacionada con el incremento de desapariciones. Es decir, que los militares estén dejando de presentar a civiles como muertos en combate y, en cambio, estén ocultando sus cuerpos. "Es importante ver qué pasa en los próximos días", comentó.
Respecto a las ejecuciones realizadas por guerrilleros y paramilitares, dijo que siguen ocurriendo y calificó como grave que estén pasando.

19 de junio de 2009
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